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Conozco a este hombre, William Clark Quantrell.
No estoy orgulloso de ello.
Ambos nacimos en el mismo pueblo, Canal Dover, Ohio, en 1837.
Pero agradezco a Dios no haber nacido bajo el mismo signo.
La crueldad y el ego�smo aparecieron en �l a temprana edad.
De peque�o, recuerdo bien verle disparar a un cerdo en las orejas...
s�lo para verlo correr.
El dolor, animal o humano, le proporcionaba placer.
Siempre estaba buscando pelea.
Cog�a cualquier cosa que pudiese echarle la mano encima...
con una desesperaci�n que mantuvo toda su infame vida.
En el a�o en que abr� este peri�dico,
su fotograf�a fue impresa en los diarios por primera vez.
Pero no por �ltima vez.
Aquella vez, consigui� un empleo como maestro en la escuela de Canal Dover.
Por qu� lo dej� al a�o siguiente, nadie parece saberlo.
Su trabajo era satisfactorio y era querido por alumnos y profesores.
Dentro de su cruel mente, ya hab�a hecho planes...
que afectar�an a miles de personas antes de encontrar un violento final.
Despu�s de dejar su trabajo de profesor aqu� en Ohio,
se fue a Kansas.
All� descubri� que robar era m�s f�cil que ser profesor.
Como era anti-abolicionista,
fund� un peque�o grupo cuyo �nico cometido era...
devolver esclavos fugitivos a sus propietarios.
S�lo que los esclavos que Quantrell y sus hombres atrapaban...
nunca parec�an volver a sus due�os.
Las miserias humanas parec�an ser...
su sustento desde una edad joven.
Cuando hubo una ruptura entre el Norte y el Sur se declar� la guerra.
Con el pretexto del patriotismo...
Quantrell form� lo que se conoci� como los rufianes fronterizos de Quantrell.
Bajo el mando de Quantrell,
sus hombres se declararon simpatizantes del Sur...
actuando contra peque�as fuerzas de la Uni�n,
o capturando a soldados de la Uni�n para matarlos.
Esa era la idea de Quantrell del verdadero patriotismo confederado.
Era un hombre desesperado, �vido de cr�menes.
Jugaba un doble papel ante la gente de la vecindad.
Era un rufi�n fronterizo y un revolucionario ultra radical.
Fue en esa �poca cuando �l y sus hombres se unieron a las guerrillas...
que recorr�an el �rea fronteriza entre Kansas y Missouri.
Con la guerra en marcha, el asesinato y el robo...
quedaban, en su opini�n, bajo los art�culos de la guerra.
Y lo consideraba un deber patri�tico.
Ahora ten�a a varios centenares de hombres bajo su mando.
Todo aquel que era buscado por la ley se un�a a �l buscando protecci�n.
Eran una banda dura, que ten�a el robo y el asesinato como modo de vida.
Quantrell decidi� ir a Richmond,
para prestar juramento como coronel de las fuerzas confederadas.
En su desvirtuada visi�n, con su promoci�n le mandar�an al Este.
Pero su recepci�n en Richmond fue tibia.
Para �l era dif�cil entender que...
otras cosas suced�an en el Sur,
t sus victorias en algunos ataques...
en la frontera no se ve�an como algo tan importante.
Tambi�n su pasado de robos y asesinatos...
era bien conocida por los mandos sudistas.
Rechazaron su nombramiento...
con la advertencia de que disolviese sus tropas...
y retirase a sus hombres de la frontera.
�l volvi� al mando, pero muchos de sus hombres hab�an desertado.
Su banda se hab�a separado en dos o tres grupos peque�os.
Fue un Quantrell desilusionado el que volvi� a reunir a sus hombres,
y el rechazo de los mandos confederados apareci� en sus retorcidos pensamientos.
Ahora s�lo le interesaba una cosa, la venganza.
Lawrence, Kansas; martilleaba su mente.
Unos a�os antes hab�a tenido algunos problemas en Lawrence.
Se emitieron �rdenes contra �l por robo y asesinato,
y Quantrell tuvo que huir de la ciudad perseguido por el sheriff.
Podr�a haber sido apresado y ahorcado.
Su orgullo y dignidad estaban en juego.
La venganza segu�a martilleando en su mente...
Lawrence, Kansas. Lawrence, Kansas.
Agosto de 1863.
450 hombres a caballo visitaban una peque�a ciudad de 2.000 habitantes.
Quantrell cabalgaba en cabeza contra esta indefensa ciudad.
Era una visi�n familiar hacia la que cabalgada.
Secuestr� a un negro libre.
Ya hab�a quemado su casa cuando mand� montar a sus amigos bandidos.
Cuando los incursores se detuvieron y vieron Lawrence,
�l mir� hacia las calles por donde hab�a caminado orgulloso.
Su rostro estaba sombr�o cuando vio el camino por el que huy�...
cuando el Sheriff Walker, con su arma en mano,
le persigui� por la ciudad como a un perro loco.
En el tribunal de Lawrence hab�a �rdenes de prisi�n para �l por sus oscuros actos.
Ahora estaba listo para convertirse en...
amo, monstruo y vengador de su propia revancha.
Una sensaci�n de maldad le llen� cuando dio la orden de cargar.
Atacaron poco antes de amanecer.
Las �rdenes Quantrell: "Matad, matad y no cometed errores.
hay que limpiar Lawrence, y la �nica...
manera de limpiarla es matar. �Matar!"
La masacre, los asesinatos,
la sangre en las calles est�n escritos de forma notoria...
en la historia americana.
Cinco horas m�s tarde, tan r�pido como llegaron,
la ciudad fue quemada hasta los cimientos.
Todo hombre de Lawrence que pod�a sostener un arma estaba muerto.
Por su culpa, viudas gem�an, hu�rfanos gritaban, mujeres lloraban,
mientras retiraban los cuerpos ensangrentados...
de sus seres queridos del sangriento suelo.
Los llev� prematuramente a la tumba.
Quantrell ten�a un extra�o c�digo de honor.
No tocaron a ninguna mujer de Lawrence.
No sufrieron ninguna muestra de crueldad.
En su enferma mente, significaba que estaban exentas de todo pecado.
S�lo consideraba a los hombres sus enemigos.
Pero iba a descubrir que siempre hay alguien que har�a pagar la injustica.
Lawrence ser�a vengado.
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