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Original subtitles

Tengo que conseguirlo.

Vamos.

No sé cómo lo hacen.

Vamos a ver. Salta.

No lo hago tan bien como esos viajantes, pero mejoro.

¿Seguro que eran viajantes?

Sí. Llevaban sus muestrarios: encajes y ligas.

Creía saber dónde estaba la reina y me costó 20 dólares equivocarme.

Me dejaron las cartas para practicar.

Acabará jugando.

Lo haré con mis amigos hasta recuperar el dinero.

Puede que empiece ya mismo.

-20 dólares si descubre a la reina. - Hecho.

- Eres profesional. - No, pero lo seré.

Usted sí que lo es. Maneja las cartas a la perfección.

Tú no puedes quejarte.

- ¿Cómo te llamas? - Mark Fallon. ¿Y usted?

Polly Kansas John. Llámame cómo mejor te parezca.

- ¿Has oído hablar de mí? - No.

- No eres de por aquí. - No, de Nueva York.

- ¿Se juega mucho por allí? - Bastante.

Siempre había una partida en la academia de esgrima de mi padre.

En todos estos años algo he aprendido.

Tienes cara de ser un hombre decente.

¿Por qué quieres meterte en una vida tan azarosa?

No pienso hacerlo. Tengo una idea distinta del juego.

- Mis cartas no estarán marcadas. - Eso sí que será nuevo en este río.

Espero que tengas suerte. Hay mucha competencia.

Fíjate en ese.

Yo en tu lugar no me acercaría al Sr. Caldwell.

¡Chico! ¡Subid las maletas al barco!

¿Qué te parece si subimos nosotros?

- ¿Cuánto dinero tienes? -600 dólares.

Eres muy osado, hijo.

¡Detén a esos caballos!

- Hemos llegado a tiempo. He ganado. - Estás loca. Casi nos matamos.

Me debes 10 dólares y una botella de vino.

Sí, ya.

Quietos.

Tranquilos. Eso es.

Gracias.

Ha podido matar a alguien.

- Los pura sangre necesitan mano suave. - ¿No me diga?

Siempre he tenido caballos de pura sangre y sé cómo tratarlos.

No lo dudo.

A veces un silbido asusta a los caballos y las mujeres bonitas.

Es un experto en ambas cosas.

Me interesan mucho las dos.

Lo que le interese le tiene sin cuidado a mi hermana.

Así parece.

Deberían darle unos azotes a esa presumida.

- No se trata así a los caballos. - No conoces a las mujeres.

20 dólares a que se vuelve a mirarnos.

Así recuperaré mi dinero.

Te harás rico.

Esto sí que es suerte. Creí que tenía ases.

- Caballeros, ¿puedo unirme al juego? - Claro que sí, será un placer.

- Cuantos más seamos, más bote habrá. - ¿Me permiten?

Las apuestas le parecerán altas.

Mucho mejor para mí.

¿Nos pueden traer cartas nuevas?

¿Cree que están marcadas?

Puede que a usted le guste perder, yo prefiero ganar.

- No soy un tramposo. - ¡Caballeros!

Si se trata de acusar a alguien es a mí, señor...

¿Cómo se llama?

Mark Fallon, Sr. Caldwell.

Pedí esas cartas nuevas al camarero.

Las puso sobre la mesa y jugamos.

A veces los camareros no saben distinguir a un caballero.

Gracias.

- ¿Por qué nos ha dado estas cartas? - ¿Qué tienen de malo?

El caballero ha descubierto que están marcadas.

- Discúlpeme, pero no sé... - ¡Al diablo con que no lo sabe!

Si vuelvo a ver a bordo una baraja así informaré al capitán.

Traiga una como debe ser.

Sí, señor.

Una carta.

A mí también.

Qué casualidad, yo también.

Voy.

300 dólares.

Subo otros 300.

No tengo suficiente aquí. Discúlpenme.

Por supuesto.

- Sr. Fallon, ¿nos firmará un pagaré? - Nunca apuesto lo que no tengo.

600 no dan para mucho. Te han limpiado.

Con mis cartas gano la partida. ¿Me respaldas?

- Son 600, ¿no? - Así es.

Y 600 más.

Aquí están mis 900.

Y 200 más.

Voy.

Voy.

Doble pareja de reyes.

Trío de ases.

Full de dieces.

- Gracias. Buenas noches. - Buenas para usted.

- Le he hecho esperar demasiado. - No mucho.

- ¿Cuánto? -4.100. Repase las cuentas.

Esto lo cubrirá.

No acostumbro a mentir. Está valorado en 7.000.

- Es una herencia de familia... - No le importa a quien pertenece.

¿Satisface la deuda?

Sí, gracias.

- Es nuevo en el río. - Sí. Es una vida muy atractiva.

Cambiará del todo de opinión

si repite lo que ha hecho esta noche.

¿Cree que no debí ganar?

Creo que no se descubre a un jugador ni las cartas que usa.

Tenemos un código de honor.

- ¿Cómo deletrea esa palabra? - Esa nunca ha sido la respuesta.

Las aguas del Mississippi son muy traicioneras.

Muchos desgraciados han caído por la borda de noche.

Sus cuerpos no han sido recuperados. Felices sueños.

Sr. Caldwell.

Dígales a los caballeros que estaré aquí mucho tiempo.

Y que cualquiera que haga trampas será descubierto y echado.

Cuando esos hombres se enfrentan a mí nunca caen por la borda.

Saltan. Buenas noches.

Nos hospedaremos en el mejor hotel de Nueva Orleans.

Si tenemos suerte.

- ¿Cuánto tiempo te quedarás? - Dos semanas. Hasta que quiebre.

- ¿Cómo es eso? - El faro.

Es un juego amañado, pero me domina. Y eso a mi edad es terrible.

- Perdona. - Con tus años yo haría lo mismo.

Srta. Dureau.

Siento molestarla, pero su hermano cometió un error anoche.

¿Esto es suyo?

Sí.

Quería devolvérselo.

¿Cómo que un error?

Jugamos a las cartas.

- Bebió un poco y creo que... - Nunca coge nada sin mi permiso.

De eso estoy seguro.

- Es una mujer leal. Aun así... - Sr. Fallon.

Creo que es su apellido. No hablo con desconocidos.

Y no acepto caridad de ningún jugador.

- Buenos días. - ¿Cómo has podido robarme el collar?

- ¿Qué collar? - Se lo diste a ese jugador.

- Lo siento. Tuve que hacerlo. - ¿Por qué?

Fui un estúpido. Caí en la trampa de los profesionales.

- Perdí lo que llevaba y más. - Y cogiste la joya que más quiero.

Eres un estúpido.

¿Qué iba a hacer?

- Todo iba bien hasta que llegó Fallon. - ¿Por qué le pagaste?

Pidió cartas nuevas y no le cogí en nada.

Una deuda de juego es una deuda de honor.

Mis otras joyas, mis anillos.

¿Por qué cogiste ese collar? Era de mamá y antes de la abuela.

Le destrozará el corazón a papá.

- Qué susto. - Lo siento.

Soy tu hermano. ¿Me echarás la culpa a mí y no a él?

- A él le odio por lo de las riendas. - Eso está mejor.

Yo también.

Nada debe interponerse entre nosotros. Ninguna pelea debe separarnos.

Ninguna. Jamás.

Hola, Polly.

- Hola, Spuds. - Deme una mano. Solo una.

- ¿Algún problema? - Yo siempre tengo.

¿Recuerda cuando respondió por mí jugando al faro?

Le devolveré el favor.

- ¿Ese tipo es amigo suyo? - ¿Fallon? Sí.

Dígale que se cuide. Creen que ganó con cartas marcadas.

¿Hay también un collar?

Sí. ¡Tú ganas!

- Hasta otra. - Gracias.

Coge tus cosas. Nos largamos.

Unos tipejos te van a matar. Esa mano no la ganas.

- No estoy seguro. - Hay demasiados.

El cuchillo es silencioso y saben usarlo.

¿Y qué haremos? ¿Nadar?

El capitán nos dejará en un recodo del río. No quiere asesinatos a bordo.

Tienen que estar a bordo. Hay que encontrarles antes de llegar.

Registra el lado de babor. Tres a la sala de máquinas.

Ahí están.

Todo a estribor.

Espero que nos deje cerca de la orilla. No sé nadar.

Yo llevaré la bolsa.

¡Salta, Polly!

¡Polly!

¡Polly!

- Por poco no sales. - He tenido que dejar el oro.

- ¿Qué? - Me hundía en ese maldito lodo.

Hubiera pagado por verte la cara.

He ido mucho a Nueva Orleans pero nunca a pie.

El color, la línea... Perfecto. Perdón, Monsieur.

Vaya ciudad, hasta los nombres de las calles tienen magia.

- Por favor. - Pues no has visto nada aún.

Ya que estamos tan guapos, iremos a cenar a Antoine.

- Magnifique. ¿Está contento? - Bien, excelente.

Nos vemos allí a las ocho. Iré a ver si practico esgrima.

- Quieres ver Exchange Alley. - He soñado con ello desde niño.

Aquí están las mejores escuelas fuera de París, decía mi padre.

Es la calle de los maestros de esgrima.

¡Mark!

Recuerdo que aquí hay muchos tipos como el del collar.

- Se baten en duelo por nada. - Me portaré bien, señor.

- Si quiere, puedo tirar la ropa vieja. - Ni hablar.

Límpielo y guárdemelo. Es mi traje de trabajo.

¡Touche! Buen golpe.

Me falta mucha destreza.

¡Touche!

- Monsieur Dureau, caballeros. - Buenas tardes, maestro.

- ¿Quién es ese joven? - Monsieur Fallon, de Nueva York.

- Es sorprendente. - Cierto.

¡Touche!

Otra vez la misma línea baja.

- Felicidades. - Gracias. Le agradezco sus palabras.

- Ese golpe en la línea baja me suena. - Es muy raro.

Estoy felizmente irritado. Usted ha sido maestro y yo, alumno.

Perdone. Buenas tardes.

- Buena pelea. - Merci, Monsieur.

- Le presento a Monsieur Dureau. - Encantado.

Le felicito.

Ha sido un placer verle manejar el florete con tal destreza.

- Muy amable. - Es un crítico muy severo.

Tiene un sentido preciso de la distancia. ¿Se ejercitará conmigo

- cuando haya descansado? - Ahora mismo, si quiere.

- Ninguno obtiene ventaja. - Dejémoslo y que sigan dudando.

Me parece bien.

Hablarán de esto mucho tiempo.

Por fin he encontrado un hombre. Estoy harto de petimetres

que confunden honor con estupidez y manejan el florete como una sombrilla.

- Ettiene no es uno de ellos. - No, es una asombrosa excepción.

- ¿Con quién aprendió usted? - Con mi padre.

Fallon... Eso es.

¿No enseñaba en París?

Sí. Hace años.

Ya decía que recordaba el ataque a la línea baja.

Estuve a menudo en su academia.

- Espero que esté bien. - Murió hace poco en Nueva York.

Lo siento. Mis condolencias.

También recuerdo a un niño de dos años

que corría por el jardín de la casa. Su padre le quería mucho.

Sí.

Me gustaría que viniera a casa.

- ¿Laurent Dureau es hijo suyo? - Sí, ¿le conoce?

Le conocí a él y a su hija en un barco.

No creo que les guste.

¿No?

- Soy un jugador del río. - Eso es ridículo.

Un hombre como usted no pasa tiempo en una mesa de juego.

- ¿Lleva mucho en el río? - Cinco días.

- Eso lo explica. Mañana a las cuatro. - Gracias.

¿Crees que lograré escoltas?

- Está esperando un cumplido. - No es cierto.

No te dejes engañar, George. Lo compró en St. Louis.

No he comprado nada. Lasalle me lo hizo.

No le hagas caso. Estás preciosa.

Gracias, Monsieur.

Te gusta desde los cinco años.

¿Por qué no te casas con él, Angelique? Es alegre, guapo

y baila muy bien. Su padre tiene un banco.

- Y es un perfecto amigo. - Cierto.

Y hasta soportaré a este estúpido como padrino.

- ¿Cuándo te casarás conmigo? - Dentro de muchos años.

Es demasiado.

Pero pasaré la noche con vosotros si vamos a los bailes vudú.

- Lo haremos encantados. - No.

- Soy Mark Fallon. - Monsieur Dureau le espera.

- ¿Quiere aguardar aquí? - Gracias.

- Bienvenido a mi casa. - Es un honor, señor.

- Siéntese. - Gracias.

Papá, iremos a Victor's a cenar y después a Congo.

Pasa, querida.

No deseo saludar al Sr. Fallon otra vez.

¡Angelique!

¿Qué esperas de mí, papá?

Sabía que los caballeros tratan con jugadores en cafés y casas de juego,

pero no que los inviten a su casa y les presenten a sus hijas.

Elijo muy bien a la gente que traigo a mi casa.

Y tú debes demostrarles cortesía.

Le pido disculpas por su comportamiento.

Creo que estaba avergonzada de que le devolviera esto.

Su hermano lo perdió en el barco.

Al ver ese retrato supe que representaba mucho para usted.

Así es.

Debió cubrir una deuda. ¿De cuánto?

4100.

Mi banco se lo abonará mañana.

No quiero nada por él. Y la deuda no es suya.

Pues no puedo aceptarlo.

Siéntese.

- ¿Le apetece una copa de Oporto? - Gracias.

Mi vida es mi propia trampa.

Por desgracia, mi agitada juventud es una leyenda en Nueva Orleans.

Mis hijos siguen mis huellas.

Se quedaron sin madre desde que Angelique nació.

Nunca les he sometido a disciplina.

La primera vez que la vi le dije que un pura sangre necesita mano suave.

No pude decirle nada más.

Otra de las razones de su visita es ella.

Sí.

Cena en Victor's y después a Congo.

Creo que debemos buscarnos dos preciosas damas

y dar un paseo esta noche.

Si voy a perderte tan temprano, mejor que te secuestre ahora.

No miráis el baile. ¿Es posible que no os interese?

- Lo hemos visto mil veces. - ¿Qué ves en la danza?

Un día te lo diré.

- Ahora a Antoine, Moreau y Michelle. - ¿Y luego?

Seremos la envidia de todos.

Adelante.

- Me alegro de que vengas. - ¿Es que te gusta mi compañía

- o así evitas que George se declare? - Las dos cosas.

Quiere anunciarlo en el baile. No oigo otra cosa desde que es presidente.

Ha prometido sentar cabeza, trabajar mucho, me ama y todo eso.

- ¿Y eso no te interesa? - No es eso.

Creo que aún soy muy joven para casarme.

Su padre también espera que os caséis.

¿Y tú no?

Creo que lo que hagas estará bien. Tienes edad para decidir.

¿No te interesará Mark?

¿Ese jugador? Claro que no. ¿Cómo se te ha ocurrido?

Su nombre casi te hace saltar de la silla.

Igual que una espina.

Le has llamado Mark.

Ceno con él cuando está aquí. Tiene mucho éxito.

No quiero oír hablar de él.

¿Por qué lo has mencionado?

Porque...

Quiero que te pongas esto.

Tu madre lo llevaba siempre al baile del gobernador.

Estás preciosa.

Eres su vivo retrato.

Por favor, papá, perdóname. Estoy avergonzada.

No podía decírtelo. Sabía cuánto te dolería.

Laurent y yo no te merecemos. Nos portamos muy mal contigo.

No sé por qué. Lo llevamos en la sangre: fiebre de locura.

Está en nuestra sangre. No tengo de qué perdonaros.

Vosotros sois angelitos comparados conmigo a vuestra edad.

Ánimo. ¿Qué pensará el gobernador si te ve con los ojos llenos de lágrimas?

- Edmun. - Madame Lisanne.

- ¿Puedo anunciar el compromiso? - Esta noche no, por favor.

Discúlpenme.

Angelique.

Bienvenida. Ahora el baile será un éxito.

- Excelencia. - Edmund, amigo mío.

- George. - Buenas noches, excelencia.

Te presento a mi buen amigo el señor Fallon. La Srta. Dureau.

- Señor Fallon. - Ya tengo el placer de conocerla.

¿Se conocían? Espléndido.

- Mar, ¿cómo estás? - Bien. ¿Y usted?

¿No conoces al Sr. Elmwood? El señor Fallon.

Sr. Elmwood.

Es un placer.

¿Cómo está? ¿Nos disculpa?

Claro. Desperdiciar un baile con ella es ser culpable de traición.

Le adoro, excelencia.

¿Me concede otro baile?

- El mío es el cuarto. - No, ese es el mío. Es el quinto.

- ¿Dónde está Laurent? - Ocupado con el champán.

- ¿Quieres venir a cabalgar el domingo? - Me encantaría.

Mark, la he invitado a la cacería. ¿Nos acompañará?

- Me gustaría. Pero embarco mañana. - Los negocios primero.

No esta noche. Srta. Dureau, ¿me concede este baile?

Bueno...

No temas que te pise. He oído que es excelente bailarín.

Gracias.

- Déselas al gobernador. - Lo haré.

- Hubiera sido un placer negarme. - Lo sé. Por eso aproveché.

Le sienta tan bien el collar como a su madre.

Me asombra que se lo haya devuelto a mi padre.

¿No pudo venderlo?

- ¿Cree usted eso realmente? - Sí.

Pues se equivoca, me pagó lo que valía.

¿Puedo preguntarle algo antes de dejarle plantado?

Sabiendo cuánto le desprecio, ¿por qué me ha rogado bailar?

Por simple cortesía.

Si un hombre le pide a una mujer que se humille, él también lo hace.

No lo entiendo.

Usted y yo nos amamos y siempre nos amaremos.

Lo supimos desde el momento en que nos conocimos.

Pero no está preparada para casarse y no se lo pediré hasta que venga a mí.

- Es usted un completo ególatra. - Sí. Se deduce de mis palabras.

Pero es la única manera de que seamos felices.

¡Angelique!

- ¿Estás cansado? - ¿Tratas de matarme?

- O mandarme al hospital. - Es un buen ejercicio. Te hará dormir.

No tengo problemas para dormir.

Este lugar me encanta. El río se ve precioso.

Los barcos parecen de juguete y al pasar dejan su estela.

¿Desde cuándo los barcos te ponen sentimental?

¿O son los pasajeros?

Eso es una estupidez. Desde aquí la vista es preciosa.

¿La descubriste ayer?

- George me comentó que te trajo. - ¿Y por qué no? Son tierras de papá.

Aquí construiré una casa.

¿Tú?

- ¿Qué diablos te pasa? - Nada.

¿Vigilas las balas de algodón?

No, pienso en el dinero que me has hecho meter en un banco

y que manejan otros tipos. No estoy acostumbrado.

¿Sabes qué construiré?

- ¿Qué? - Un restaurante casa de juego.

El mejor local de Nueva Orleans.

Rico, distinguido, lujoso, a gusto de las mujeres.

¿Jugar las mujeres? Qué idea tan descabellada.

¿Qué hacen cuando sus esposos juegan? Estar en casa o tomar té.

Se aburren. Y quieren divertirse igual que sus maridos.

- Ya me darás la razón. - Ni hablar.

Pon en marcha lo que quieras que a mí no me sacas del río.

Quédate si quieres. Pero aparecerás en cuanto monte las mesas de faro.

Me gusta más jugar en los barcos.

- ¿Cuánto tiempo llevas en el río? - Unos 30 años.

- ¿No crees que es una vida solitaria? - Sí. Cuando era joven

deseé que una de esas chicas subiera a bordo

en vez de quedarse en casa.

Muchas noches miraba las ventanas que aún tenían luces encendidas

e imaginaba cosas.

Especialmente cuando apagaban la luz.

Entonces me sentía más solo que nunca.

- ¿Dejarás el barco? - No, me voy a dentro.

Polly, cinco cartas sin marcar.

Sí, me has convencido.

Pero a veces siento la tentación de hacer trampas a esos idiotas.

No llegaremos a la conferencia. Atracaremos a la una y media.

- Estupendo. Más tiempo para el póquer. - Permítame presentarme.

- Me llamo Julián Conant. - Encantado.

He oído que en su mesa se juega limpio.

Sí, es cierto.

- Me gustaría sentarme a la mesa. - Será un placer.

- La partida se hará más interesante. - Gracias.

Va a ser un juego interesante.

200.

Voy y 300 más.

Paso.

No deje que nos aprovechemos de su mala racha.

- Mañana tendrá más suerte. - Gracias.

Pero creo que ya ha cambiado. 600 más.

- Voy. - Dos para mí.

- Voy. - Voy.

Una carta.

Yo estoy servido.

Yo también.

Usted habla.

Mil dólares.

- Voy. - Paso.

Tres reyes.

Tres ases.

- ¿Puedo hacerle una pregunta? - Claro.

Cuando pagó sabía que sus cartas eran mejores que las mías.

- Estaba seguro. - ¿Pero cómo?

He notado que solo cuando va de farol

toca con su pulgar el filo de las cartas.

Caballeros.

¡Sr. Conant!

- ¿Por qué se ha matado? - Perdió todo su dinero.

- No sé cómo se lo diré a su hermana. - Quisiera ir con usted.

Encárgate de él.

- ¿Quién es? - El capitán Evers.

Adelante.

- Buenas noches, capitán. - Buenas noches.

Traigo malas noticias. Su hermano...

- Julián. ¿Qué ha ocurrido? - Se ha suicidado.

- ¿Dónde está? Tengo que verle. - Es inútil.

No puede hacer nada.

No.

No puede ser verdad.

Él no haría una cosa así, no hay razón.

¿Tiene algún pariente al que podamos comunicárselo?

No tenemos parientes.

No puedo creerlo.

Julián jamás lo haría.

Llevaba mucho dinero de su empresa. Debieron matarlo para robarle.

Eso tuvo que ser.

No, era muy precavido.

Le dio el dinero al capitán para que lo guardara.

Soy amigo del capitán, Mark Fallon. Deseo ayudarla.

Todo lo que pueda hacer.

Le estoy muy agradecida. No conozco a nadie allí.

Firme aquí, por favor.

Firma en nombre de su hermano.

Siento pedírselo en este momento.

Hubiera ido al hotel, pero necesitaba el certificado

- de que la entrega se hizo a tiempo. - Entiendo.

Cuéntelo, por favor.

Sr. Elmwood, verifique los contratos y haga el depósito.

- George. - Hola, Laurent.

Acabo enseguida.

- ¿Quién está con Fallon? - La Srta. Ann Conant.

- Es preciosa. - Sí.

- Preséntamela. - Acaba de perder a su hermano.

- El funeral ha sido esta mañana. - Lo siento mucho.

Es lo más hermoso que he visto.

Por favor, preséntamela.

Bueno, vamos.

Todo en orden.

Gracias de nuevo.

Y discúlpeme.

- Sr. Fallon. - Adiós.

Le presento a mi amigo Laurent Dureau.

- Encantado. - Srta. Conant.

- Disculpe, pero debe volver al hotel. - Lo comprendo. Mi sentido pésame.

- Si necesita algo, quisiera ayudarla. - Gracias.

¡Polly!

Buenas tardes.

He hablado con el gerente. Tendrá habitación en una hora.

Hemos pensado que le gustaría almorzar con nosotros.

Gracias.

Se han portado muy bien conmigo. No podré pagarles su ayuda.

Con su amistad nos sentimos pagados.

Ann, Polly y yo embarcamos la próxima semana.

¿Quiere que la llevemos a casa?

No hay razón para que vuelva a Springfield ahora.

Vivía allí porque allí Julián trabajaba.

Quisiera quedarme aquí si encontrar un pisito adecuado.

- Es una ciudad muy bonita. - Le gustará vivir aquí.

Hay gente muy atractiva que le encantará. ¿Sí?

Sí.

Bien.

Empezaremos a buscarle algo.

- ¿Se ausentarán mucho tiempo? - No, pronto llamaremos a su puerta.

Es muy guapa. Cuando la vean, estará tan ocupada que nos olvidará.

No, eso jamás.

- Para la Srta. Connant. - Gracias.

A usted, señor.

Son preciosas.

¿Laurent Dureau?

El joven del banco.

Es muy amable.

Ya la han visto en público.

- Hace trampas. - Miente.

No mataría a un hombre sin dejarle desenfundar.

Lárguese.

Tenías razón. Es más excitante jugar con cartas sin marcar.

- Camelias de parte de Monsieur Dureau. - Gracias.

Son preciosas.

- Como todas. Mi casa parece un jardín. - Paso todos los días

y miro sus ventanas con la esperanza de que se asome.

- ¿Quién es esa que está con Laurent? - No lo sabemos.

Averigüémoslo.

- ¿Has visto a Laurent celoso? - No.

No le obligues a presentártela o se pondrá furioso.

- No admite competencia. - No.

- ¿Le gusta la ópera? - No he visto ninguna.

¿De veras? Permítame invitarla el sábado por la noche.

Julia Calve en el teatro de Orleans.

Lo siento, pero esa noche no puedo.

El Sr. Fallon y el Sr. Polly regresan y quiero ir a esperarles.

- Por favor, significa tanto para mí. - Iremos en otra ocasión.

Esperaré impaciente.

Es un día encantador. Me gustaría que no acabara.

- Me alegro de que tuvieras razón. - ¿Sobre qué?

Soy feliz en Nueva Orleans.

Adoro los rincones de la ciudad.

Sus hermosas casas, las típicas chimeneas

y los balcones con filigranas de hierro.

Me siento con más ansias de vivir. A saber quién ha habitado estas casas.

Has nacido para historiadora o para construir casas.

Creo que para construir casas.

Es la hermana de Laurent, Angelique Dureau.

Es tan encantadora como su nombre. Me gustará conocerla.

- ¿Te gustará? - Sí, y a su padre.

Laurent me ha invitado a ir a su casa.

- ¿Te molesta? - Su padre es un caballero.

¿Qué hay, nervioso?

Preocupado. Por Ann.

Por lo que siente por ti.

Ya le ha dado la vida un buen golpe.

Este juego no podrás ganarlo.

Si miras a muchas ventanas iluminadas, mal.

Y si miras a una sola, mucho peor.

¡Laurent!

- Pero si no estábamos citados. - Tenía que verte.

No podía pasar un día más sin ti.

- Esas formalidades de visitar... - ¿Formalidades?

- Si solo será una visita social. - No.

No, quiero casarme contigo. Te amo, Ann. No puedo esperar.

¿Cómo puedes estar seguro de lo que dices?

Me conoces de unos días.

El tiempo no significa nada.

Estoy enamorado de ti desde el momento en que te vi.

Jamás me había enamorado. No creí que algo tan maravilloso

fuera también una tortura.

Deseo entregarte mi vida. ¿Quieres casarte conmigo? Ahora.

- Lo siento. Eres maravilloso, pero... - No.

No me rechaces, por favor.

No debí pedírtelo tan pronto.

Contéstame cuando me conozcas mejor.

No, debo decírtelo ahora.

Por favor, no te hagas ilusiones. Nunca podré enamorarme de ti.

- Porque estás enamorada de otro. - Sí, eso es.

- ¿No será Fallon? - Sí.

No puedes amarle.

Es un ser despreciable.

Te ha engañado, como a todos.

¿Te ha dicho que ama a mi hermana?

Angelique.

Se enamoró de ella cuando la vio.

Cómo amarle si él no te quiere.

Se puede amar locamente sin ser correspondido.

- Ven a cenar con nosotros. - Déjame en paz.

- ¿Qué le ocurre? - No lo sé, pero está borracho.

Iré a por su carruaje y lo llevamos a casa.

Buenas noches, Sr. Fallon.

¿Cuántas mujeres quiere tener?

- ¿No le basta con mi hermana? - Sr. Dureau!

¡Calle!

Le ha mentido a Ann sobre mí. Trata de separarnos.

- La quiere para usted en su pisito. - Está borracho. Hablaremos luego.

Nos batiremos cuando quiera si tiene valor para enfrentarse a mí.

- Será un placer. - Le visitarán mis padrinos.

Vámonos.

Monsieur Fallon.

- Estás loco. - No eres rival para él.

- Soy mejor que vosotros. - Es cierto, pero...

Es culpa mía. Déjame hablar con él.

No tiene nada que ver contigo.

Me odia desde hace tiempo.

¿Qué es esto? No hace falta. Le ganarías con las manos atadas.

Nos deja todo lo que tiene a ti y a mí. Tonterías.

¿Crees que puede ocurrirte algo?

Quiero que seas mi padrino.

Y trae a tu amigo Osemer.

Y no apuestes ni a favor ni en contra.

- ¿Sr. Fallon? - Adelante.

Soy Pierre Lagnier. El Sr. Andre Briant.

Representamos a Laurent Dureau.

La Srta. Connant. El Sr. Polly.

Hablen con libertad.

- ¿Podríamos conocer a sus padrinos? - Dejémonos de formalidades.

- ¿Qué les parece a las 6:oo? - Muy bien.

- Como retado, puede elegir arma. - Pistolas.

Gracias.

Pistolas. Estás loco.

No te preocupes.

Adelante.

¿Va a matar a Laurent?

Quizá él me mate a mí.

¿Viene a pedirme que no vaya?

No.

¿Es tan hábil con la pistola como con el florete?

No.

Quizá ha venido porque cree que mañana estaré muerto.

He venido a agradecerle que no se aprovechara de su ventaja.

Ignoraba que no tendría esa ventaja hasta ahora.

¡Angelique!

¿Cuándo admitirá que usa a su hermano de escudo?

Porque le tiene miedo a la vida, a los hombres.

¿Es porque su madre murió al dar a luz?

Tiene una gran vitalidad y grandes ansias de vivir.

Espero que le mate.

A sus puestos caballeros.

Cada uno dará diez pasos.

Empieza la cuenta. Uno,

dos, tres, cuatro, cinco, seis,

siete, ocho, nueve, diez.

Contaré hasta tres.

Cuando diga tres, se darán la vuelta y dispararán.

¿Listos?

Uno, dos...

Puede disparar.

Ahora viene, señor.

- He llamado a Laurent. - Me ha contado lo que pasó.

Laurent, coge tus cosas y vete lo antes posible.

Papá, no puedes decirle eso.

¡Laurent!

En estos momentos es cuando más te necesita.

Toda la ciudad le volverá la espalda.

¿Dejarás que George Elmwood sea el único que le apoye y su padre no?

No tengo nada más que decir.

Si él se va, me iré con él.

Esta casa estará triste sin ti.

¡Su Excelencia el gobernador Paul O. Monnet!

¡Solicita su presencia en el matrimonio de Angelique Dureau con George Elmwood!

¡Que tendrá lugar en la tarde del miércoles 16 de diciembre de 1864!

¡En la residencia del gobernador.!

Espérame fuera.

¿Te ocurre algo?

Un mes más y adiós a la vida social.

He rechazado invitaciones por no incluir a Laurent.

Bien. Sigue rechazándolas. Son una pandilla de aburridos.

Pero tú espíritu que no decaiga. Mantenlo en alto.

Entras en los restaurantes con Laurent y conmigo

como una reina, ignorando desplantes.

Eres maravillosa.

Tú y tu madre sí que sois maravillosos.

- Las invitaciones de boda han llegado. - Estupendo.

El matrimonio de Angelique Dureau con...

Precioso nombre, el de la chica.

¿No se casará con él porque se ha acostumbrado a vivir en su casa?

Y porque le ha sido leal toda la vida.

El ser más dulce y querido que ha conocido.

¿Y no hay un poco de amor escondido?

Estoy segura.

Te adoro.

¡Angelique!

No podía consentir que solo te llegara la invitación.

Me alegro.

No avanzaré hacia el altar sino de tu brazo.

¿Me entregarás?

Claro.

- ¿Estás segura? - ¿De que me acompañes?

De que no te equivocas.

Claro que no. ¿Cómo preguntas eso?

Crecimos juntos y siempre se esperó que nos casaríamos.

Toda Nueva Orleans cree que somos la pareja perfecta.

Sí, es cierto. ¿Pero le amas?

Sí.

- Yo también he recibido una. - ¿La amas?

Sí.

Pues evita esto.

¿De verdad cree que no se casaría porque yo se lo pidiera?

No. Era solo una esperanza.

Queridísimos hijos,

estamos reunidos aquí, ante los ojos de Dios y en presencia de la comunidad

para unir a este hombre y a esta mujer en santo matrimonio.

Han acudido a mí George y Angelique para que una sus vidas para siempre.

Si alguien conoce algún impedimento para que esta pareja no se una,

Que hable ahora o calles sus labios para siempre.

Yo requiero y exhorto a los dos

a responder igual que el justo día del juicio final

cuando los secretos de todos los corazones serán expuestos

y así vuestras vidas juntas en este mundo

y en el que tiene que venir sean colmadas de felicidad.

Amén.

Felicidades, George.

Este arco debe ser más abierto para que la gente

tenga una vista panorámica de la sala de juego desde el comedor.

Si alguien gana y hay emoción quiero que se enteren.

Comer menos y jugar más. Le haré un arco doble.

Bien.

Estaré un tiempo en el río. Ella se encargará de la decoración.

Mobiliario, cortinajes, todo.

Será un placer.

¿No quieres administrarlo?

No. Yo invierto, pero no cuentes conmigo.

No me pondré trajes de pingüino, parecen vacas espantando moscas.

Yo lo pensaría dos veces.

Podrías jugar al faro en tus mesas y nunca perderías.

- ¿Dónde pondrás el faro? - Se lo enseñaré y me dará ideas.

¡Es un complot!

Eso es. Un doble arco será perfecto.

- Quisiera que no tuvieras que irte. - Yo también.

Pero no tengo dinero para responder a una mesa con una pérdida importante.

Quizá convenzamos a Polly. Las mesas de faro le han animado.

¡Angelique! ¡Angelique!

Nunca habla de su hermano. ¿Sabéis dónde está?

- No. - No lo sabemos.

¡Angelique!

Solo un minuto.

¡Llegaremos tarde.!

Se debe llegar tarde para llamar la atención.

Nuestros vestidos de París son de ensueño. Nos odiarán.

- ¿Dónde estás? - ¿Cómo que dónde estoy? Aquí.

No, ¿dónde estás?

Cuando te abrazo te veo a miles de kilómetros.

Poseo tu cuerpo, pero tu espíritu está muy lejos de mí.

George, no digas eso.

- Estréchame en tus brazos. Estoy aquí. - Nunca estás aquí, no estamos solos.

Desde la boda vamos de un lado para otro. Siempre hay gente.

Te amo, pero no llego a ti.

¿Qué sucede?

No sé a qué te refieres.

Cuando Laurent desapareció, me asusté. Pero ya pasó.

Te quiero. Trato de hacerte feliz y de que estés orgulloso de mí.

Dime que no he fracasado.

No, cariño. No quiero entristecerte.

Exijo demasiado de ti. No quiero que te separen de mi lado.

¡George! ¡Angelique! ¡Vamos!

Fallon tiene suerte en el juego y con la querida. Es una preciosidad.

Eso es mentira.

Ella es una dama y Mark Fallon un perfecto e íntegro caballero.

Retráctese de esa calumnia.

Ingenuo. Uno no compra un piso a una mujer por razones platónicas

ni le deja decorar palacios de juego. No me retracto.

- Le enviaré a mis padrinos. - Será un placer.

- Lástima. Me habría gustado seguir. - Sí.

Ha sido una gran partida y Mark ha sabido jugarla.

- ¿Qué nombre le pondrá a su negocio? - La Louisianne.

Haremos un viaje para verlo.

¡Cuidado, Mark!

¡Dureau!

¿Quién es? ¿Por qué ha intentado matarle?

No le había visto en la vida.

Que tengas suerte con tu negocio. Iremos a jugar unas partidas.

Hola, Polly. Te añoré.

- ¿Qué ocurre? - Siento darte malas noticias.

- Habla. - El Sr. Dureau.

Un tipo comentó algo sobre ti y Ann y su brazo ya no es tan firme.

Está mal herido.

Mark.

Ven, siéntate.

No te vayas, Angelique.

Le agradezco que defendiera a Ann.

Pero debió esperarme.

Nunca he permitido que insultaran a una dama.

Quizá por eso mi vida ha estado llena de duelos.

Póngase bien.

Me dio su palabra de estar en la inauguración.

No, no podré asistir.

No lo lamento. He vivido intensamente

y ahora he perdido reflejos y agilidad.

La época de la espada se irá conmigo.

Una vez me dijo que ninguna sombra debía interponerse entre nosotros.

He de enfrentarme a un deber muy amargo,

el de decirle que yo...

¿Laurent?

Subió al Memphis con un cuchillo.

No le reconocí, llevaba barba.

Todo sucedió deprisa.

Yo no iba armado. Traté de detenerle.

Luchamos.

Cayó.

Se clavó su cuchillo.

Murió en el acto.

Gracias por decírmelo.

Tú no eres responsable de lo ocurrido.

- Prométeme una cosa. - Lo que quiera.

Protege a Angelique. Siempre.

Le doy mi palabra.

Angelique.

Creí que las apuestas estaban a mi favor.

Pero parece que mi destino es destruir lo que ama.

Tal vez siempre lo supo.

No la molestaré más.

¡Mark!

Sanford.

- El golpe de línea baja es perfecto. - Muy amable, gracias.

- ¿Y esas caras serias? - ¿Trabajas con el banco de Elmwood?

- Sí. - Sácalo mañana. Nosotros lo haremos.

- ¿Por qué? - Ha derrochado el dinero.

- Compra muebles de París. - ¿Has visto los diamantes de su mujer?

- ¿Y qué? Tiene su fortuna. - Que no es tan grande.

Pensadlo bien. Si retiráis el dinero puede que cunda el pánico.

No hay más remedio. Mira este informe.

Angelique le ha transferido su capital esta mañana.

Su padre era del Southern Federal.

Normal. Una esposa pone su dinero en el banco de su marido.

Para evitar discusiones.

¡Elmer!

Cuatro vasos grandes para tres financieros nerviosos.

Y os diré más.

No solo dejaré el dinero allí, sino que iré a ver cómo lo sacáis.

Bien, no te arrepientas.

Lo siento. Están cenando y no se les puede molestar.

- ¿El mayordomo no le dio mi mensaje? - Lo siento, señor.

- No importa. Cierre la puerta. - Sí, señor.

Tengo que decirle algo importante.

John Sanford y los demás retirarán el dinero de sus cuentas mañana.

- ¿Su banco lo resistirá? - Mi banco está perfectamente.

Puede sacar el suyo también.

No debió transferir la cuenta de su señora a su banco.

Mi esposo no tuvo nada que ver en eso.

Cambié la cuenta porque deseaba hacerlo.

Sanford y los demás le esperarán. Prepárese por si cunde el pánico.

Si tiene alguna otra sugerencia, vaya al banco en horas de oficina.

¿No prometió a mi esposa no molestarla más?

También le hice una promesa a su padre.

George, ¿hay algún peligro?

Claro que no.

¿Por qué me pediste que pasará mi cuenta a tu banco?

¿Es que crees en su palabra?

- Varios clientes retiran fondos. - Tranquilícese, todo va bien.

- Sr. Galbreth. - George.

- Siéntese, por favor. - Gracias.

- Hay mucho movimiento. - Sí.

El Consejo Bancario está inquieto por los rumores que se esparcen.

No tienen fundamento. La estabilidad del banco no está en duda.

Pero esos rumores pueden perjudicar a otros bancos.

Sí, es posible.

Hay que cortarlos en seco.

Mañana vendrán los auditores, inspeccionarán los libros

y harán una declaración oficial para tranquilizar al público.

¿No es lo mejor?

- Sí, desde luego. - Bien.

Hasta mañana.

Adiós, señor.

El presidente George Elmwood desaparece.

Hay un desfalco de 200 mil dólares.

George Elmwood ha desaparecido de la ciudad.

- Bueno, habrá que esperar. - Sí.

Seguiré jugando al faro, es donde más rápido se pierde.

Siento haberte arrastrado en mi caída.

¿Qué dices? Tenías dinero ayer y aún lo tendrías de no ser por ese idiota.

Olvídalo. Ya te dije que depositar dinero me ponía nervioso.

Y con lo que has trabajado.

Solo me hubiera gustado ver colgada una de esas preciosas cortinas.

Sí, y las mesas de faro.

Algún día lo terminarás.

Empecemos ahora mismo. ¿Tienes una baraja nueva?

¿En serio?

Las tengo a docenas y el Sultán zarpa esta noche.

- Has comprobado los horarios. - Estoy deseando subir a bordo.

Y yo.

Iré a reservarnos plazas.

No quisiera dejarte sola. Eres parte de nuestros planes.

Lo sé, pero no es mi destino.

Mientras viva te estaré agradecida, pero no tengo derecho sobre ti.

Ni este local te hubiera retenido aquí.

Así que si logro veros de vez en cuando...

Deseo que todo os vaya muy bien.

Eres maravillosa.

Firma la escritura de venta.

Los Larouchet no tiene prisa. Quédate el tiempo que quieras.

Me iré la próxima semana.

Cuánto me alegro de que te deshagas de esta casa.

Está ligada a tu desgracia.

¿Volverás a casa?

No lo sé.

No has estado allí desde que murió tu padre.

A él le hubiera gustado que vivieras allí. Avísame.

Sí. Gracias.

Adiós.

- Capitán. - Sr. Fallon.

Corre el rumor de que volverá al río.

- Cuente conmigo desde ahora. - Bravo.

Con usted es más interesante.

Más provechoso es para mí.

- ¿Has sabido algo de ella? - Sí.

Esta vez deberías ir tú.

La han dejado libre.

Le prometiste a su padre cuidarla.

Así que hazlo. Trata de verla.

No, eso no resultaría.

Es mejor así.

Nunca he visto a un hombre ganar todas sus apuestas.

¡¿Cuándo admitirá que usa a su hermano de escudo?!

¡Le tiene miedo a la vida!

¡¿Es porque su madre murió al dar a luz?!

¡Nosotros nos amamos y siempre nos amaremos!

¡Te quiero a ti y tu felicidad!

Larguen amarras.

¡Despacio a estribor!

Larguen amarras.

¡Despacio a estribor!

Te amo.

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