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(Música)
(Música)
(Canción tradicional)
¿Cansada? No.
Ya está.
Empieza a bajar la luz y se me ha terminado el blanco,
tendré que bajar a Granada a comprarlo.
¿Te vas?
Es un momento, el tiempo de ir y venir.
¿Vuelves a tener miedo de quedarte sola?
No, miedo no. ¿Entonces?
No sé.
Además, no te quedas sola,
tienes a nuestra hija para defenderte.
¿Por qué hemos vuelto, Pedro?
Porque es aquí en Granada bajo este cielo
donde yo tenía que pintarte, donde te conocí.
En ningún otro sitio podría encontrar esta inspiración.
¿Qué temes ya?
Al cabo de tanto tiempo
los gitanos se habrán olvidado ya de ti.
Los calés no olvidan,
y hay quien no me perdona que lo dejara para casarme contigo,
que no eres de los nuestros. ¿Manuel?
Manuel.
Ayer lo han visto en Granada en la fragua
de su hermano Juan del Sur.
Bah, al cabo de tanto tiempo...
Hasta ahora.
No tengas miedo, ¿eh? Vuelvo enseguida.
Pedro, Pedro.
¿Qué te parece el talentazo que tiene tu padre, Angustica?
-Mamá guapa.
(RÍE) -Ay...
Manuel.
(GRITA)
¿Qué haces aquí?
No sabía que hubieran salido, ya me chocaba que estuviese cerrado.
La señorita no ha salido.
He llamado varias veces, no contesta nadie.
No te habrá oído.
Papá, papá.
Manuel malo, malo Manuel.
-Señorito, qué desgracia más grande.
¿Qué va usted a hacer, señorito?
Si no volviera, hazte cargo de la niña,
ya sabrás de mí. Señorito, no...
Señorito, por Dios.
(Música tensión)
(CANTA FLAMENCO)
Primero sospecharán de él,
cuando hable, estaré yo en Almería camino de Orán.
-Pero... -No hablemos más,
tú eres mi hermano y tienes que ayudarme.
-¿Qué no haré yo por ti?
Manuel Molina, vengo a matarte.
Quieto, es una guerra de hombre a hombre.
(FORCEJEAN)
Manuel, Manolillo.
Contesta.
Contes...
Vamos por él.
-Señor.
Ahí fuera en la calle tengo un caballo, sálvese usted.
Pero... No me diga usted nada, sálvese.
Por aquí.
Pero ¿quién es usted? Cualquiera.
Juan Miguel el Platero, me llaman.
Algún día le pagaré lo que hace usted por mí, Juan Miguel.
Adiós. Gracias.
(Disparo)
Y el señorito salió sin decirme más.
-¿A qué hora fue eso? -Serían ya las siete.
-Está bien, ¿ha escrito usted? -Sí, señor juez.
-¿Me puedo marchar ya? -Espere.
-Es que me he dejado la casa llena de gitanos
que han ido a velar a la señorita,
y como la niña se ha quedado allí sola...
-Aguarde, tiene usted que firmar la declaración.
-¿Escribir?
-Ya he hecho ir a los otros testigos.
-Si el señor me deja, voy y vuelvo y...
-Le he dicho a usted que espere,
que aguarde ahí fuera hasta que se le llame.
(Guitarra)
(RECITA) "La flor de las fraguas, la alegría de los gitanos.
¿Dónde está esa clavellina?
Sangre de mi sangre.
Bonita como ninguna,
luna clara, ¿por qué has muerto?
¿Por qué te entregaste a un payo?
¿Por qué olvidaste la ley de los calés?"
(Música)
(Guitarra)
¿Quién es esta vara de nardo? La hija de Rocío.
Corazón mío, no hay fallo que pueda borrar la sangre.
Abandonadita se ha quedado la pobre criatura.
Su padre ha nacido para acordarse de ella.
Abandonadita no, para eso está aquí Soleá la Itálica,
para velar por ella.
(Bullicio)
Vamos a hacer todo lo que le mande su madre, ¿eh?
Esa...
Olé, olé, el salero.
Olé lo menudito, ay, niña.
Ay, que me la voy a comer con papas.
Arsa, arsa, arsa, arsa.
Dale, olé, olé, olé.
Venga ese salero, venga ese salero, eso es.
Ay, qué María, ay. Dale, dale.
A mí eso no me gusta mucho,
esto hay que echarle muchísimas castañas pilongas
para que esto tenga la cuestión y...
Vamos a ver, vamos a palmitas.
Arsa, arsa.
El bracito siempre en alto, ¿eh? Eso es.
(CANTA) "Mira, mira, mira". Eso digo yo.
Hasta ahí, toma.
Toma, toma, toma, toma.
Vamos, dale tú.
Vamos a ver tú, vamos a ver tú, arsa.
Toma, olé. Niña, palmitas, arsa.
Hasta que se le caiga la baba hasta el cochino.
Eso es, eso es.
¡Ay, mi María!
¡Ay, ay, olé, olé, que toma salero!
¡Tome usted!
Arsa, arsa, arsa.
Olé, mira.
Vamos ahí, toma.
A ver tú. Claro.
Sí, señor. Vamos allá.
A ver.
Con salero, con salero.
(CANTA) "Que a mis niños les gusta el puchero,
viva su mare, viva su abuelo".
Olé, olé, venga, venga ahí con gracia esa cabeza,
ese bracito, olé, don José.
Don José, don José, don José.
No cabe nada, ya sabes tanto como yo,
si de algo te sirve lo que te he enseñado.
Tu hermana, ya ves, dentro de nada va a bailar en Granada.
Cuando volvamos hay un marqués que está loco por ella,
a ver tú qué haces, que nombre de teatro
ya tuve buen cuidado con él, María de la O.
Sí, no es mi nombre,
ya has conseguido de que todos me llamen así.
No te enfades, mi alma.
Vámonos ya, que la romería del Rocío está que echa humo
y a ver cuándo quiere Dios que mi Mary Cruz y tú
me quitéis de esta vida harta. Vamos ya, mi alma.
Las canastas no dan para un coche como ese
y tú tienes que ganártelo
porque Juan Miguel no te lo va a dar.
¿Otra vez Juan Miguel?
Otra vez y todas las que hagan falta,
¿qué te va a dar ese desmayado? Pero válgame Dios, madre.
(Música)
Mira la romería.
Cómo me gusta y alegra la romería del Rocío.
Así se explica que a verte vengamos todo el señorío.
Anda, a ver qué encuentras, pero no te me vayas con Juan Miguel.
Hazme caso a mí,
tú has nacido para hembra de lujo, ¿estamos?
Ea, pues ya lo sabes.
(Continúa música)
Dame unos pasteles. Será para un panecillo.
Para unos dulces, todo roñoso.
Pero ¿para qué pides tú para tanto?
Te pido para unos pasteles porque es el día de mi santo,
y como te embico con este pico que tienes
de que tú tienes mucho parné,
me vas a tener que dar alguna perrilla, hombre.
Dame alguna cosita, hombre, no seas pesado.
No te vayas, no te vayas.
Anda, con los bastones rompíos, Roquefort.
(Música)
¿Para qué has venido? Déjame.
Escucha, mujer, ven. No lo suelto, voy.
Juan Miguel, ¿para qué has venido?
Ay, un botijito bueno para mi casa, hermano.
¿Cuánto vale? Dos duros.
¿Dos duros? ¿Qué música tienes? Agua que no es de beber...
Fin tenga tu cuerpo, mala sombra.
Permitan los dioses tragues un pavo vivo,
que te hagan en la barriguita la rueda y que cada plumita
se te vuelva una navajita de afeitar.
¡Te vas o llamo a los civiles! Claro...
Ya sabes que no puede ser,
nuestro cariño ha sido castillo en el aire.
El mío no.
Corta de raíz tu querer y olvídame ya, gitano.
¿Para qué me has hecho señal,
para venir a despertarme a mitad de sueño?
Déjame ya, Juan Miguel,
sigue tú por tu camino de calé honrado
y a mí déjame volar.
María, mi María,
¿quién habrá sido la mala persona que te dio tantas alas?
¿Qué te importa eso a ti?
Mira, Juan Miguel, el hombre que a mí me quiera
tiene que darme la luna que yo le pida,
para mis manos, tumbadas de precio,
ajorcas de plata labrada para mis brazos,
y para que los luzca mi cuerpo, vestidos de seda,
mantones bordados, eso es lo que yo deseo.
Tú, tú no me lo puedes dar.
Mal fin tenga el sueño loco que me ha robado tu querer.
Mal fin tengas tú, platero de estaño.
Y tú, Rosita de Jericó,
sigue pidiendo platería y piedras talladas,
bendita sea tu boca.
¿Estaba usted escuchando, madre? Desde la primera tumbada.
Ya estará usted contenta, ya ha conseguido separarla de mí.
¿Yo?
Usted, que la ha metido en la cabeza todas esas ambiciones.
A ti sí que te voy a meter la cabeza en un pilón
para que se te refresque la azotea y pienses un poco, relojero,
¡que lo que tú eres es un relojero!
¿Es que tengo que decirle yo a esa clavellina de olor
cuáles son sus conveniencias?
Óyelo bien, Juan Miguel,
no son los consejos que me puede dar mi madre
los que me han decidido,
soy yo misma la que me paro a pensar.
Por un lado veo el bienestar, los ayeres, el lujo,
por otro, los trabajos, la miseria, el hambre.
Si para ser gitana pura hay que pasar perifatigas,
no quiero ser gitana canastera.
Yo no necesito rodar por esos caminos.
¿Quién te ha dicho a ti que a mi vera
ibas a rodar por esos caminos?
No quiero que se marchite mi juventud
sin gozar todo lo bueno que tiene la vida.
Está bien, mujer. Ya lo creo que está bien,
lo que has dicho es el Evangelio. Vámonos, tú.
(CANTA) "La alondra de la mañana
y tendió el vuelo y..."
Copla, eso es lo que es Juan Miguel, un saco de coplas.
"Alondra de la mañana,
muy alto subes, gitana,
muy bajo vas a caer".
(Bullicio)
"Muy bajo vas a caer".
(Música)
Oye, avisa al míster ese que ha llegado esta mañana
que está aquí el Gote esperándole para enseñarle Granada.
-Muy bien.
(Afilador)
Este es el Arco de las Pesas, árabe puro, míster.
Estas cosas no las hay en América, ¿eh, míster?
Y ahora le voy a usted a enseñar canela fina,
la iglesia de San Bartolomé, con un...
Con un campanario mudéjar que tiene que...
¿Y esta casa?
No se me había olvidado,
es que a uno, ¿sabe usted, míster?, con vivos todo lo que quiera,
pero con...
La casa de la Dolorosa la llaman, tiene su historia.
Es de un pintor que se tragó la tierra
y hay un cuadro, y hubo un crimen,
y dicen que viene todas las noches el fantasma de una mujer.
Cosas de la gente, el fantasma no lo ha visto nadie, claro,
¿Es la mujer del cuadro?
Sí, míster, viene todas las noches.
No es que uno crea, pero vamos, que no entraba yo en la casa de noche
ni por 1000 Pts, y eso que son muchas pesetas 1000 pelañís, ¿eh, míster?
¿Sabe usted la historia? De punta a rabo.
Se la contaré a usted por el camino, míster, que se hace tarde,
y ya debe estar la zambra que ha encargado usted
Cuando volvió el criado a la casa, no pudo encontrar a la chiquilla,
no supo nunca mientras vivió cómo ni dónde contestar al pintor,
que por su parte mandaba el dinero puntualmente.
¿Qué fue de la niña?
Cualquiera lo sabe, no hay como los gitanos para ocultar
lo que ellos quieren tener bien escondido.
Estará en alguna caravana
o en algún tablao... o en algún sitio peor.
(Bullicio)
(JALEAN) ¡Olé, olé!
(Flamenco)
¡Olé, vivan mis niñas!
Así se baila.
¿Míster, viste que sultanas?
Las mejores faraonas del Sacromonte.
(Continúa música)
¡María!
(JALEAN)
(CANTAN FLAMENCO)
(JALEAN)
(Música flamenco)
(CANTAN)
(JALEAN) ¡María!
-¡Que vengan todos los ingleses!
¡Mi niña!
¡Olé la chiquilla, arsa!
¡Vengan los pintores y todos los extranjis de la Philadelphia!
¡Que viva el ferrocarril transalpino!
-¡La María, para que rabien los viudos!
-¡Anda, Mari!
-¡La María, para que rabien los viudos!
(JALEAN)
¡A mi hermana! ¡Olé!
(JALEAN)
¡Olé!
¡Esa María!
-¡Que se van los barcos a pique!
(JALEAN)
(JALEAN)
(Aplausos)
(Música)
(JALEAN) ¡Olé, olé! ¡Anda, hija! ¡Maestro, valiente!
(Cantan flamenco)
(JALEAN) ¡Olé, olé!
Señores, esto se ha acabado.
Has bailado como los propios ángeles.
Como bailes así en el Kursaal,
va a bailar la Sandra, tan buena que en gloria esté.
Y tú, no estés tan triste,
y espanta las moscas de los malos pensamientos,
que el moscón más grande ya te lo he espantado yo.
Tú, comisión de festejos,
¿quién paga las artes de estas reinas de allí?
Aquí, el míster.
Bendito sea el viento que te echó para Granada, todo rumboso.
Tienes cara de gobernador.
Y tú, niña, dale las gracias a este caballero,
que paga al ensayo sin decirle nada.
Muchas gracias.
"Viejo en caló".
Tú no seas llorrorí,
no pienses más en la platería y en el platero.
Cómo esta la chavalilla.
Es una cosa seria la gachí para camelarla.
Soy pintor, quisiera pintarla, es una modelo ideal.
El truco del cuadro está ya muy gastado por aquí, míster.
No hay nada que hacer.
Esa chiquilla es la flor de la sal,
y además, hay un gitano de por medio, y eso ata mucho.
Si por la madre fuera...
La madre es otra cosa, con dinero, hecho.
No es eso, Argote. Yo quisiera pintarla de verdad.
No es otra cosa, soy pintor.
Usted perdone, míster.
Yo creí que lo de la pintura era guasa que usted se traía.
Si es así, mejor que hablemos con el muchacho.
Aquí cerca vive, y como él no quiera, no hay cuadro.
Los gitanos miran mucho esas cosas.
Vamos, entonces.
Quisiera pintar con ella esa Dolorosa gitana
de la casa del fantasma, y usted va a ayudarme.
¿Yo? Como no sea a limpiar los pinceles...
Dijo usted que no entraría en la casa por 1000 pesetas.
De noche, ni por 2000. Bueno, por 2000...
Vayan las 2000 esta noche.
¿Tiene que ser de noche? Tiene usted que traerme ese lienzo.
¿Robar? ¿Le asusta a usted robar?
Cuadros no han caído nunca, eso es embarazoso.
Esta vez no está mal pagado.
En habiendo turismo de por medio...
Entonces, esta noche me trae usted el cuadro.
Y ya de paso, si quiere usted que le traiga otra cosilla...
Esta es la casa.
Me parece reconocer el sitio.
Lo habrá visto usted en alguna tarjeta postal.
Juan Miguel, aquí te traigo un míster que quiere pintar a María de la O,
pero pintarla de verdad, con lienzo y colores.
El míster es un caballero, además de pintor.
Le hace falta tu María de la O para un museo de Nueva York.
¿María de la O? Se han informado mal ustedes.
¿Pero no eres tú su novio, no a ti a quien quiere?
Me quiere a su manera si me quiere, eso sí,
no ha camelado a nadie más que a mí.
Pero es agua pasada, su madre anda por medio.
¿La Itálica? No le dije yo a usted, míster.
Vendió ya una hija a un ganadero de Córdoba,
que creo que es hasta marqués.
Y hará lo mismo con María sin que yo puedo hacer nada
porque me falta corazón para matarla.
¿Cierto que ella le ha querido? Sí, pero María de la O
está embrujada por todos los lujos que la pintan,
y se dejará camelar. Como Pepe Mairena tiene ese capricho...
Por ella vino a Granada con el marqués
para el debut de Mary Cruz en el Kursaal"
Pues allí nos veremos, pero usted tiene que hacer algo antes.
Esta noche. Es verdad, míster.
¿No se podría dejar para mañana con sol?
Tiene que ser esta noche, de modo que...
¿no está bien pagado? Eso, sí.
¿No podría usted correrse algo de las 2000?
Aunque sean 20 calas para un par de botas.
Tenga usted en cuenta que hay fantasmas.
¿Para qué quiere usted las botas? Toma, para correr.
Le doy 100 más. "Thank you", míster.
Adiós, tú.
¿Se queda usted? Sí, un instante.
Quiero apreciar unas cosillas. ¡Ea, con Dios!
(SILBA)
Oiga usted.
¿Esto es lo que le interesa? Le haré un buen precio.
Lo que yo quiero saber vale más.
De un hombre que vivía en esta casa y quisiera volver a encontrar.
Su nombre es Juan Miguel, platero. Ese soy yo.
Aquel era más viejo, de esto hace unos 15 años.
Sería mi padre. ¿Su padre?
Dios le haiga perdonado.
Su padre se portó como un hombre conmigo en una ocasión, Juan Miguel.
Es una historia antigua. Yo juré pagarle,
y he llegado demasiado tarde, pero puedo hacer algo por ti.
¿Tú quieres a María de la O? Con toda mi alma.
¿Pero qué puede hacer un probe gitano enamorado
cuando hay quien ya la ofrece camino de brillantes?
Y si tú además, le das ese camino de brillantes...
¿Yo? Te ofrezco mi ayuda
para pagar esa deuda que contraje con tu padre.
Te digo que esa mujer será para ti,
para eso tengo todo el dinero que haga falta.
¿Y todo eso a cambio de qué? ¿Por qué?
No preguntes, Juan Miguel.
Acepta las cosas sin querer saber qué hay detrás de ellas.
Todos los hombres llevamos dentro un dolor o un misterio.
Esta noche vienes conmigo.
(Música)
(Música charlestón)
(Aplausos)
¿Dónde vas?
A llevarle a mi niña este vestido y esta esencia de acacia.
¿Pero es que nos vamos a quedar aquí solos yo y este
toda la noche? ¿Es que no vamos a ver cantar a mi Mary Cruz?
A ella, sí, pero esa pescadilla que está delante, no.
Menuda guerra va a dar tu niña cuando yo la lleve a Madrid.
¡Ozú, la mejor! -¿Es usted su agente?
Es su novio, el marqués de Villamiel.
El ganadero de Córdoba. -Olé, el mismo.
Los mejores toros de España los crío yo
para que los mate este. -A usted sí que lo conozco yo.
Ya lo creo. ¿Y quién no conoce a Pepe Mairena?
Y que no es grande ni nada, el mejor torero del mundo.
Está dispuesto a regalarle a mi niña la Alhambra.
¿A Mary Cruz? A María de la O,
que bebe los vientos por él, aunque ella lo disimula.
Ella ha salido muy honradísima.
Es muy decente, que yo no sé a quién habrá salido.
(RÍEN)
¿Para las señoras, qué va a ser? A mí no me traigas nada.
¿Estás mala, Soledad? Estoy niervosa con esto del dibujo.
Si acaso, luego me trae un botijo que esté fresco.
¿Con agua? ¿Con agua para mí, malaje?
Échale dos botellitas de cazalla, pero que esté fresquito.
Como las balas. -Niño, la guita para mí.
A mí, donde esté el cazalla que se quite hasta el "viriditino",
y eso que es cosa de Dios, y me voy.
No se le olvide a usted decirle a María de la O que estoy aquí
y que le he traído una sorpresa. ¿Una sorpresa, rayadito?
Bizca se va a quedar usted cuando la vea.
Ay, pues no me la enseñe, pare, que no hay prenda como la vista.
Y me voy, que va a salir la niña, ¿eh?
Aquí se queda la Castaña, que alterna mejor que una duquesa.
Y olé. Adiós, gitanita.
Ya está ahí ese gitano aburrido. -¿Y a ti, qué?
¿Vas a reparar desde tu altura en esa insignificancia?
-Es que viene por María de la O. -María de la O no lo quiere ya pa'na.
-¿Pero os vais a comparar? -¡Claro, hombre!
Entre un gitano platero sin dos reales,
y un torero con más duros que el banco de España.
¿Qué te pasa, muchacho? A la vista está.
¿Para qué hemos venido aquí esta noche?
Para ver si es verdad que esa mujer es capaz
de hacerle caro a un hombre por el dinero.
No es de ella toda la culpa, ¿sabe usted?
Si su cariño es de ley, no habrá brillantes que la cieguen.
Y si la ciegan, ponle puente de plata y olvídala.
Olvidarla, eso es muy fácil decirlo.
Pero cuando se lleva en los labios el sabor de su boca,
y toda ella metida en la sangre, es muy difícil arrancársela de aquí.
¿Querían ustedes sentarse? Sí.
Tengo para ustedes el mejor palco del Kursaal.
Vamos allá.
¡Ozú, cómo está el patio! Ya estamos aquí todos.
Como que hasta de California han venido
para ver a mi Mary Cruz.
¿Y María de la O?
Ahora sale, sultán de Persia. ¿No le ha dicho usted...?
Que le traes un regalo digno de una emperatriz.
Cosas que no pueden hacer otros.
Vámonos, míster. Espera.
Olé, tú. ¿Quién es el otro?
Un inglés que ha venido de las Californias
con más onzas de un virrey.
(Timbre)
Ya, ya. Ahí está.
(Música)
(Aplausos)
Niña, niña, sujétate bien el collar.
Es Mary Cruz la mocita,
la más bonita del barrio de Santa Cruz.
El viejo barrio judío, rosal florido,
me ha dado sus rosas de luz.
Y desde la Macarena la vienen a contemplar,
pues su carita morena hizo a los hombres soñar.
Y una noche de luna,
el silencio rompió...
Así cantaba yo cuando tenía 20 años. Si me hubieras visto...
Vamos, anda, que entonces no había yo nacido.
¿Qué no habías nacido? Y te la había pegado tu mujer,
que todo se sabe...
Mary Cruz, maravilla de mujer.
Del barrio de Santa Cruz,
eres un rojo clavel.
Mi vida solo eres tú y por jurarte yo eso
me diste en la boca un beso
que aún me quema, Mary Cruz.
Ay, Maricruz, ay, Maricruz.
Del barrio de Santa Cruz, eres un rojo clavel,
mi vida solo eres tú y por jurarte yo eso...
La cuenta del 4.
Me diste en la boca un beso
que aún me quema, Maricruz.
Ay, Maricruz, ay, Maricruz.
(Aplausos)
¡Ay, qué de éxito, para ataque de mi alma!
¡Ahí queda eso, el ramo! El ramo. Y el árnica, ¿qué?
El árnica que te sirvan con sifón, para que te haga falta,
pero dame el ramo. Dame el ramo, ya está.
Marqués de mi alma, valiente ramo.
20 duros en flores. ¡Olé mi marqués, olé!
¡Por el éxito, olé!
Ahí vienen ya, ahí vienen ya.
Mary Cruz...
-¡Ven acá, ven acá, que te como!
¡Viva la madre que te parió, aunque sea yo, y olé!
Y los moños que va a quitar esto. Una tontería.
Oye, tú, a esta, a este, que está impaciente por darte algo.
¿A mí?
Anda, abre, anda ya, ¿qué esperas?
¡Ay, madre! En el mundo.
-Vaya alhaja. -¡Qué preciosidad!
-Superior. Qué pureza de diamante.
Qué brillos hace, es tela marinera. Es una joya de gran valor.
¿Pero es posible que esto sea tan rebuenísimo?
Claro, mujer, superior. -Si es curiosidad,
aquí cerca tiene a quien entiende de eso y pueda salir.
Eso no, madre. Déjame, mujer.
¿Y por qué no lo voy a preguntar? Venga, démelo usted que lo tase.
Eso ha costado lo menos 1000 duros.
Es una alhaja bonita y de precio,
vale lo que ha dicho el señor marqués, 1000 duros.
Pero su verdadero valor no soy yo quien se lo tengo que dar,
sino quien lo va a recibir y lo tiene que pagar.
Tómalo, María de la O.
Eso vale muy poco para ti. Bien dicho, Juan Miguel.
Eso no vale nada para usted. Cuando se quiere obsequiar
a una criatura tan bonita como usted, no se regala bisutería.
¿Bisutería eso?
Para empezar, por lo menos, se regala una cosa así.
(Música)
Un collar de perlas.
¡Ozú, a mí todo me da vueltas!
Oye, ¿no será esto de los chinos?
(Continúa la música)
Eso vale 10 000 duros.
Eso no es nada para lo que vale ella.
Que conste que no soy yo, sino Juan Miguel, mi amigo,
quien se lo ofrece. No importa que Juan Miguel sea pobre,
para eso estoy aquí, que soy rico.
¿De verdad me ofrece esto en nombre de Juan Miguel?
Sí, señorita.
(Continúa la música)
Es la única.
-Yo no admito lecciones de ningún inglés.
¿Ustedes conocéis mi casa del patio Banderas en Sevilla?
-Claro, hombre. -Tuya es, María de la O,
te la regalo. -¡Olé los toreros!
-Mañana te puedes ir a vivir a ella, porque te pertenece.
-¿Señor?
(Continúa la música)
¿Quién te ha dado esto? Uno que ya se iba.
Gracias.
(Continúa la música)
Argote.
¿Es María de la O de veras la hija de esa mujer?
Entre gitanos, cualquiera sabe nunca la verdad.
¿Se las regalas con coches y todo? ¡Con mis coches y autos!
-¿Hay quien dé más? Sí, yo.
Tengo un capricho de pintor y doy por ella el doble
de lo que otro de.
Doy su peso en oro. ¿Su peso en oro?
¿Y no le daría a usted lo mismo que me pesara yo?
María, ¿quieres venir conmigo mañana
a la casa que he comprado en Sevilla?
Sí, señor, que nos queremos ir.
Pero nos tiene usted que llevar en el "slippy car".
¿Y tu toleras esto?
¿Tú lo permites sin que se te caiga la cara de vergüenza?
¿Y eso por qué? Estos hombres dan por mí todo lo que tienen.
¿Qué me ofreces tú, Juan Miguel?
Hasta hoy te había ofrecido mi vida,
ya no tengo para ti más que desprecio.
Y usted, usted... Vamos, hombre.
¿No le ha oído decir que da el doble de lo que otros den?
Argote, ¿vas de viaje? -¿Impórtate mucho?
-A mí, nada. -Pues todo eso te lo digo.
Me voy a Sevilla contratado. -¿Es que va a haber títeres?
-Sí, pero tú no haces falta, es sin elefante.
-Ya te vi anoche alternando en el Kursaal.
-Sí, con un americano que le echa más rumbo que un...
-¿Estás tú seguro de que es un americano?
¿Le has oído hablar inglés? -Digo. Y fíjate si lo hablará bien,
que ya no le entendí una palabra. -¿Y va a estar aquí muchos días?
-Se ha ido esta mañana para Sevilla. -Con María de la O.
-Oye, ¿para qué preguntas tú tanto?
-Por curiosidad. -Ah, entonces, bueno, sí, señor.
Se ha llevado a María de la O para engarzarla en brillantes.
Y a mí me ha contratado para que le termine de enseñar
la península ibérica, de modo que esta tarde, en el mixto...
-A Sevilla. -A Sevilla.
-Allí nos veremos. -¿Vas a ir tú también?
-Te digo que nos veremos, tengo que ir a cobrar una deuda.
-Pues entonces, hasta la vista. -Con Dios.
-Oye, y puede ser que allí no te hable, ¿sabes?
Como ahora me trato con tan buena gente...
(Música)
Sin par mi Sevilla
de nuestra piel
lleva de mantilla el Guadalquivir.
Junto al albero, Torre del Oro,
un patio moro, voy a decir,
entre paredes y mantilla,
olé chiquilla, quiero ir.
(Continúa la música)
Ea, se acabó por hoy.
¿Qué te pasa, por qué tan triste?
¿No estás contenta en Sevilla, no tienes todo lo que quieres?
Como mis ambiciones.
Ha adivinado mis caprichos, me ha llenado de lujo y riquezas,
pero eso tú...
No te entiendo. La verdad, tengo miedo,
me parece que algún mal me ronda.
Ni siquiera me tranquiliza que me hayas traído a Sevilla.
Él va a venir tras de mí, y Juan Miguel.
¿Tú crees que le han venido con malas ideas?
¿Si me ocurriese algo, tú me defenderías?
Claro que sí, mujer, tienes que tener confianza en mi cariño.
¿Tu cariño? ¿Pero qué cariño es el tuyo?
Me tienes como una reina y tus besos no han bajado de mi frente.
Si yo supiera la verdad, María, si yo estuviera seguro de quién eres...
No te entiendo. No te entenderé nunca.
¿Cómo eres tú de verdad, por qué me hablas así?
Cada hombre es un mundo.
¿Acaso tú misma sabes lo que quieres?
Yo quiero lo que tú quieras, mi voluntad, todo hace tuya.
¡Cállate!
Achipén, que el maldito inglés no me deja entrar
en casa de María de la O. La ha tomado conmigo, hombre.
Y todo por ser buena madre. ¿Y Mary Cruz?
Ay, Mary Cruz. Eso ya es otra cosa. Ella y el marqués
me han comprado una casita en Alcalá de los Panaderos,
que es un rincón del paraíso terrenal,
con un mobilario... Ay, qué mobilario.
Todo estilo del "Remordimiento" español.
Ay, Mairena de mis entrañas. Oye, el marqués da una fiesta
mañana a la noche en su casa, ha invitado a todo lo mejor
de Sevilla, canela fina. Ay, allí podrás tú ver
a tu María de la O, que está invitada con míster "Moren".
Ahí esta ese.
Déjalo, eso corre mi cuenta. Bueno, pues mañana nos veremos.
Me voy, que tengo que hacer unas comprillas
para la fiesta del marqués. Por decirte que la veo hasta medianoche,
el "sultanati de cocati", por la gloria de mi madre,
Mairena de mi alma, adiós, hijo.
Ea, buenas tardes la compaña.
Adiós, Compi, hija, la compaña. Buenas tardes.
Oye, tú.
Tráeme una botella.
Tengo orden de no servirle más si no paga.
¿Por qué? Es orden del amo,
y uno no puede hacer más que lo que manda.
-Todo lo que aquí pida está pagado.
Tráete otra botella. -Voy volando.
-Tenemos que beber juntos, por Dios, una mujer por la que estuvimos
a punto de matarnos y nos engañó a los dos.
Ya puede estar contenta. No lo está, no lo puede estar.
Desgraciada es teniéndolo todo. ¿Desgraciada?
Yo bien la he visto reír. Se quiere reír,
y hasta los ojitos los tiene morados de tanto sufrir.
Dice la copla.
¿Es verdad, Juan Miguel, que me han dicho
que le ha sacado una copla a María de la O?
Daría cualquier cosa por escucharla.
¿Por qué? Capricho.
Me han dicho que tiene sentimiento.
Cántamela, hombre. No.
¿Por qué no? ¿No somos hermanos de la misma traición?
Nadie la va a oír, y si la oyen, mejor.
Mañana la repetirá todo el mundo.
El nombre de María de la O rodará por los colmados.
Esa puede ser tu venganza, nuestra venganza.
Dices bien, Pepe Mairena,
ahí va la copla. Venga. Tú, chino.
Ven con la guitarra.
Tú, pianista, a ver si me cazas la música,
y tú me escribes en los periódicos,
quédate con la letra, que yo ando muy mal de memoria.
(Música)
Para tus manos, tumbagas, pa' tus caprichos, monedas.
Y pa' tu cuerpo lucirlo, mantones bordados, vestidos de seda.
La luna que tú pidas, la luna que te he dado.
Que pa' eso tu payo ha visto más parnés que tiene un sultán.
"Envidio tu suerte", te dicen algunas al verte lucir.
Y no saben, pobres, la envidia que ellas te causan a ti.
María de la O, qué desgraciadita gitana tú eres teniéndolo to'.
Te quieres reír y hasta los ojitos tienes morados de tanto sufrir.
Maldito parné, que por su culpita
dejaste al gitano que fue tu querer.
Castigo de Dios, castigo de Dios,
es la crucecita que llevas a cuestas, María de la O.
¡Olé! -¡Muy bien!
-¡Ole! -¡Muy bien!
-No está mal, Juan Miguel.
Dice lo que a ti y a mí nos está sangrando en el corazón:
"Para tus manos, tumbagas, pa' tus caprichos, monedas...".
¡Eh! -Voy.
-Toma.
Pa' ti. -Gracias.
(SILBA "MARÍA DE LA O")
(Sevillana)
Buenas noches. Buenas noches.
A tu salud, María de la O.
Va, eso es alegría.
Esta noche va a ser una noche muy alegre,
te guardo una sorpresa, María.
¿Qué quiere decir? Cualquiera lo sabe.
¿Te quiere todavía?
No me ha querido nunca, está despechado.
Había puesto en mí toda su vanidad de hombre, nada más,
como todos.
Empiezo a creer que tienes razón,
hay que temer algo de toda esta gente.
Tú, no.
Yo, más que ninguno.
Tú no debes a nadie.
Tengo una cuenta, María,
una cuenta antigua, que no puedo pagar con dinero,
sino con un pedazo de mi corazón.
(Sevillana)
Hola, buenas noches. ¿Qué tal, marques?
Pero, hombre, ¿qué hacen ustedes aquí?
Venid conmigo, que tengo ahí un sitio superior para ustedes.
(Sevillana)
¿Qué te pasa?
Después de que por ti me he gastado 80 duros en farolillos,
y le he echado de comer en mi casa a media Sevilla, ¿me pones esa cara?
-No me has hecho caso en toda la noche.
-He tenido que hacer los honores.
-¿No te da vergüenza que el inglés atienda a mi hermana más que tú a mí?
-Sí.
-¿Pero quién te va a regalar a ti un cortijo con toros, y todo?
Anda, Mary Cruz, que vas a ser la primera ganadera de España.
Y desde ahora mismo, te juro que no me separo de ti ni un minuto.
Oye, espérame un momento.
(DAN PALMAS, JALEAN)
(Aplausos)
-Tiene usted que bailar. -Nunca ha querido.
-Me han dicho que baila usted admirablemente.
-María, no se haga usted de rogar.
-¿Cómo quiere que se lo pidamos?
-¿Pero es que no vas a bailar en mi casa? No faltaba más.
Vamos, anda, que tienes a todo el mundo impaciente por verte.
¡A ver, música!
(Aplausos)
-¡Vamos, María de la O, hale, ese baile gitano!
-¡Hale, la gitana guapa, vamos a ver!
¡Vamos a ver, María!
-¡Ande, levante!
-¡Vivan los gitanos bonitos! -¡No levantes, no levantes!
-¡Venga! -¡Va!
-¡Vamos, fenómeno!
¡De la diosa del baile, hale!
Que yo bastante te he querido,
que a otro que te quiera,
que bastante te he querido.
Me has hecho mucho de sufrir,
y la culpa yo la he tenido,
por hacerte caso a ti, ay.
-¡Ay, María, qué bonita eres!
-¡Talento, talento! -María de la O, ¡hale!
-¡Viva el niño del arte, y María de la O!
-¡Hale, mira quién sabe bailar gitano!
-¡Guapa! -¡Ole!
(JALEAN, DAN PALMAS)
(PÚBLICO) ¡Guapa, guapa, guapa!
-¡Venga!
(Aplausos)
-¿Quién se va a comer esos rizos juguetones?
¿Quién se va a sorber esa boquita de helado de fresa?
-Pero so "esmañado", ¿tú no piensas más que en tragelar?
Si tú no quieres comerte ni esto, ni esto...
-¿Por qué?
-Esto.
-Y no crees tú que ya que tienes a las dos niñas acomodadas,
¿lo que tú necesitas es un hombre que no viva más que para ti,
y que te sirva de administrador? -¿Serías tú capaz?
-¿Quién se va a comer la casa que has comprado, Mary Cruz, en Alcalá?
-Ahora va a cantar la mejor garganta de Andalucía, la Niña Linares.
(Aplausos)
-¿Qué canto? -Canta lo que quieras.
-Cantaré la canción que ha compuesto Juan Miguel el Platero,
tan de moda en todos los colmados de Sevilla,
hasta la van a poner en disco.
-Venga, ahí.
(Guitarra)
Para mis manos, tumbagas,
pa' mis caprichos, monedas.
Y pa' mi cuerpo lucirlo, mantones bordados, vestidos de seda.
La luna que yo pida, la luna que me das.
Que pa' eso mi payo ha visto más parnés que tiene un sultán.
Que envidian mi suerte, me dicen algunas al verme lucir.
Y no saben, pobres, la que ellas me causan a mí.
María de la O, qué desgraciadita gitana tú eres teniéndolo to'.
Te quieres reír y hasta los ojitos tienes morados de tanto sufrir.
Maldito parné, que por su culpita
dejaste al gitano que fue tu querer.
Castigo de Dios, castigo de Dios,
es la crucecita que llevas a cuestas...
¡Basta!
Daría la vida por que fueras un hombre.
Si busca usted un hombre, mire usted, aquí hay uno.
Quien hace lo que tú has hecho, no es un hombre.
(GRITA)
-¿Qué es esto?
¡En mi casa no se le pega a nadie!
-Habrá sido todas estas noches, señor marqués.
(Música)
(SILBA "MARÍA DE LA O")
(CANTA) "María de la O, desgraciadita gitana tú eres, teniéndolo to'.
(CANTAN) "Te quieres reír,
y hasta los ojitos los tienes morados, de tanto sufrir".
(CANTAN) "Maldito parné, que por su culpita
dejaste al gitano que fue tu querer".
(CANTA) -"Castigo de Dios, castigo de Dios,
es la crucecita que llevas a cuestas, María de la O".
("María de la O", organillo)
(CANTA) -"Te quieres reír,
y hasta los ojitos los tienes morados, de tanto sufrir".
("María de la O", orquestina)
(SILBA "MARÍA DE LA O")
(CANTAN) "Es la crucecita que llevas a cuestas, María de la O.
María de la O, qué desgraciadita gitana tú eres, teniéndolo to'.
Te quieres reír, y hasta los ojitos tienes morados, de tanto sufrir.
Maldito parné,
que por su culpita dejaste al gitano que fue tu querer.
Castigo de Dios, castigo de Dios,
es la crucecita que llevas a cuestas, María de la O".
(Música)
No llores, mujer. Déjalo.
¿Qué te importa que llore?
¿No querías pintar una dolorosa gitana? Aquí la tienes.
Yo te prometo hacer callar esas voces, esa canción.
No hay quien pueda hacer volver atrás los ríos,
todo el oro del mundo no puede borrar la copla en el aire.
¿Dónde vas? No sé.
Quizás hoy encuentre al que estoy buscando,
al que te pregona por un mal querer, en una mala hora.
¿Para matarlo? Para lo que tú quieras:
para partirle el corazón, o para traerlo a tu lado,
si todavía le tienes ley. No, no lo quiero.
¿Qué sabes tú?
(Música)
A su lado vivo rodeada de sombras, todos son secretos, silencios.
Lo tengo todo, sí, y soy dueña de todo, y ya ves,
en ese cuarto donde guarda los colores,
me tiene prohibida la entrada. Yo que tú, entraría.
Me lo ha prohibido. Pues por eso mismo,
a ver los misterios que guarda ese hombre.
¿Te atreves?
Pero está cerrado con llave, mujer. ¿Con llave?
Con una horquilla, no se me pone a mí por delante ninguna cerradura.
¿No te digo?
Anda. Yo no me atrevo.
Pues yo sí, ve tú delante, verás si me atrevo, o no.
¡Ah!
Era otra mujer cariño de su vida,
que es para lo que me ha querido pintar a mí.
Mi cuerpo es lo que se ve en el cuadro, el alma es de la otra.
Me voy.
(Música)
Sin mantones bordados, sin vestidos de lujo, como yo entré en esta casa.
(Continúa música)
María.
¡María!
(Música)
¡María!
(Continúa música)
Hola, sultán.
¿Qué manda y ordena mi soberana?
Tu soberana está asustada de cómo llegó anoche María de la O.
¿No se ha levantado todavía? Llorando se pasó la noche.
¿Qué ha pasado entre el inglés y ella?
Que han acabado para siempre. Incompatibilidad de caracteres.
Qué bien hablas, y bien enseñado, que me hablas en difícil.
Que no la camela el chipén. Algo de eso hay, mi alma.
Esto tiene que arreglarse como sea, porque a ti te va muy bien así,
y yo tengo que mirar por tu tranquilidad.
Por mi tranquilidad, que es la tuya, guía de mi vida.
¿Tú te has fijado cómo yo estoy?
Con los pies que son dos gallinas de guinea.
Olé.
Me iba a poner "kaimono" para que me vieras, pero dije:
"No, me pondré el matiné".
Huele aquí.
Perfumada con la esencia de recotín recotán,
y más bañada que un perro de aguas.
¿A mí me lo vas a decir, que ahora hasta me ducho?
Ay, granuja. Pistolera.
Te quiero. Oye, ¿has avisado a Pepe Mairena?
Ya lo creo que le he avisado, y vendrá, te encargas de Juan Miguel.
A ese malaje lo mando yo a Granada otra vez, como me llamo Argote.
Ozú, nombrando al ruin de Roma...
Déjame tú a mí con él.
¿Y María de la O? Oye, pregunta por la niña.
No está en mi casa, demasiado sabes tú dónde está, en casa del inglés.
¡Mentira!
Y aunque estuviera, no saldría, con que desembucha, y lárgate.
Déjelo usted, madre.
Lo que Juan Miguel tenga que decir es a mí a quien debe decirlo,
y tú, vete de aquí, que mis ojos no te ven.
Estas cosas se dejan para después de la siesta.
Ten cuidado de los niños. Que son muchos niños.
¿No querías hablarme? Habla, que te escucho.
Me había jurado no verte ni oírte más,
pero hoy han cambiado todas las cosas para mí. Di lo que sea.
Es que no sé cómo disculparme ante tus ojos.
Ante mí, ¿de qué? De lo pensado malamente de ti,
de lo que yo mismo he pregonado por los caminos.
No has dicho más que la verdad.
¿Es que vas a echarte tierra encima?
¿Es que quieres convencerme a mí de lo que no es verdad?
Pues bien que lo creías ayer, y lo pregonabas.
Vivía engañado, y ciego de celos.
Pero para mí se ha hecho la luz, y vuelvo a verte en lo alto
de un altar entre varadas de plata.
Gracias, Argote.
-Y ahora, tú te las arreglas.
-Venga la copla.
¿Quieres casarte conmigo?
Para tus manos...
La copla.
¿No quieres ser mi compañera?
¿Es que ya no me quieres?
Para tu cuerpo lucirlo...
Ya sabes que te quiero.
Te quiero, y no he camelado a nadie más que a ti.
Pero estoy pregonada por los míos, que son los tuyos.
Mi nombre por las esquinas está escrito,
mi vida en coplas han puesto, que bocas de payos y calés cantan.
Cuando tú cierres esa boca, cortes esa lengua, borres todo ese chisme,
dejes correr el aire que me precede,
entonces vuelves a por mí, aquí te espero, Juan Miguel, tanto como tal.
Te juro que callarán todas esas lenguas que te ofenden,
y he de matar al infame que me arrancó esa copla del corazón.
¿Dónde vas, Juan?
María de la O, qué desgraciadita gitana tú eres, teniéndolo to'.
Te quieres reír, y los ojitos tienes morados, de tanto sufrir.
Juan Miguel, yo no he sido, uno es mandado.
¡Canalla!
(Disparo)
Juan Miguel, gitano mío, sangre de mi sangre bebe,
bebe para hacerme tuya,
tuya, nada más que tuya.
¿Cómo está? Bien, mujer, no ha sido nada.
Lo que pasa es que los tiros son muy aparentes.
En menos de ocho días lo tienes en la calle,
para lo que gustes mandar.
(Teléfono)
Bueno, bueno.
¿Quién?
Sí, soy yo, míster Moore.
¿Míster Moore, o más bien Pedro Lucas?
¿Qué dice? ¿Quién eres?
¿Qué importa? Un hombre que te espera desde hace 15 años.
Juan del Sur.
¿Quieres matarme?
No, los años me han hecho pensar mucho.
Algo te importa más, tu hija, la encontraste y has vuelto a perderla,
porque te faltó el valor de decirle la verdad.
La estoy buscando para decírselo.
¿Sabes tú dónde está? Lo sé, pero no te atreverás.
Cuando ella sepa que eres su padre, todo el mundo sabrá
que eres Pedro Lucas, un hombre reclamado por la justicia.
No me importa, haz lo que quieras, pero dime dónde está mi hija.
En Alcalá, en casa de la Itálica,
y mañana se casa con Juan Miguel el Platero.
Ve si te atreves, míster Moore,
las bodas gitanas son muy interesantes para los ingleses.
¿Sí, sí? ¡Oye, espera!
Y por eso míster Moore, que no podía revelar su nombre,
tuvo que comprar a su hija y fingir como culpa
lo que era el amor más puro de la vida.
¡Padre!
(SOLLOZA) Perdón.
Bueno, bueno.
¿Y ahora?
Ahora vamos para dentro.
(Conversaciones superpuestas)
Gitanos que habéis venido a ver a mi hija casar,
desde la Sierra de Córdoba, del Campo de Gibraltar,
de las salinas de Cádiz, y las cuevas de Granada.
Aquellos que la pregonan, subid, a ver si está honrada,
y el azahar que le quitasteis, volvédselo a colocar.
Sube tú, María Francisca, que vienes de Puerto Real.
Castaña, la de Triana.
Angustias, la de Granada.
Y dos hombres con vergüenza también la han de coronar.
Si está honrada, decidlo a voces, mas si no la veis honrada,
que corra sangre gitana desde Sevilla hasta el mar.
Eh, tú, ¿a dónde vas?
-Ha pedido dos hombres de vergüenza. -Vamos, hombre, no seas optimista,
no has tenido vergüenza en tu vida.
(Música)
Dios te salve, María gitana,
rosita temprana, de pitiminí.
Dios te salve, divino lucero,
rosal tempranero, de mayo y abril.
Alegría, gitanos honrados, que ya a la novia han coronado.
(TODOS) ¡Olé!
(VITOREAN)
-Media vara de cinta, ha tenido para coronar a todita la familia.
(VITOREAN)
-"En un verde prado tendí mi pañuelo,
salieron tres rosas, como tres luceros".
(TODOS) ¡Olé!
(VITOREAN)
Dichosa la madre que tiene que dar rosas y jazmines por la madrugada.
(TODOS) ¡Olé!
(VITOREAN)
-¡Vamos ya, ole!
-¡Ele, ele, vivan las gitanas valientes!
(DAN PALMAS, CANTAN)
¡Olé salero, olé salero!
(DAN PALMAS, CANTAN)
-¡Ole, ole, viva Granada, viva Granada!
-Aquí es.
-Un momento, señores.
¿Está entre ustedes un tal Pedro Lucas?
-Ahí fuera tengo un caballo, sálvese usted.
Igual que tu padre, gracias. ¿Qué va usted a hacer, Juan del Sur?
¿Viene usted a aguar la fiesta de mi boda, y a matar mi felicidad?
¿Conoce alguien a Pedro Lucas?
-Nos hemos equivocado,
no debe ser aquí, ustedes disculpen.
(Murmullos)
-¡Señores, aquí no ha pasado nada, siga la fiesta!
(GRITAN CONTENTOS)
(DAN PALMAS, CANTAN)
-¡Vamos a tomar una copita!
(VITOREAN)
El platero, a su prometida le va a regalar...
-Como soy platero, con un peine de plata te vas a peinar,
como soy platero, espejo de plata para verte tendrás.
Quiéreme, que te camelo solo a ti,
y ahora tengo toda mi plata para ti,
y la cama, mi niña.
Y la cama de boda, mi niña, de plata tendrás.
Como soy platero, de plata, mi niña, te quiero engastar.
Vivan los novios, que vivan los novios...
(Música créditos)
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