All language subtitles for Don Quijote cabalga de nuevo 1973 ESP

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Original subtitles

(Música dramática)

(Música inquietante)

(Música dramática)

(Música inquietante)

(RELINCHA)

(GRITA)

(Música medieval)

(Música árabe)

(RELINCHA)

En cuanto se acerque ataca.

¿Y usted cómo sabe que trae secuestrada a una princesa?

Los caballeros andantes olfateamos la injusticia.

Es un don. ¿Y cómo se llama esa princesa?

Blancaflor.

¿Y es guapa? De las más hermosas del mundo.

¿Y por qué la traen secuestrada?

Quieren casarla con un príncipe.

Pero ella ama a Gerineldo.

Vaya nombrecito.

¡Juro entregarla a Gerineldo o moriré en el empeño!

Calma, calma, señor, la casaremos.

¿Y en qué trabaja ese Gerineldo? Es trovador.

¿Y lo quiere cambiar por un príncipe?

Pues yo creo que ha de estar loca.

¿Porque qué porvenir tiene un trovador?

Apenas ganará tres doblones al mes. Que no alcanzan ni desdoblándolos.

Ella sigue los impulsos de su corazón.

Pues qué corazón tan impulsativo. Uno tiene sus impulsos y ¿qué?

¿Cómo te atreves?

Señor, es que da coraje jugarse la vida por un impuso ajeno.

Ahora que usted quiera, pues le entramos.

(GRITA)

¡Oh, Pentapolín, ayúdame una vez más!

(Música dramática)

¡Alto, si no quieres perder la vida!

¡Animal, he podido arrollarte!

¡Estúpido, mamarracho! ¿De qué vas vestido?

¿Estamos en carnaval? Fuera, que tengo prisa.

¡Llegarás pronto al infierno!

Está loco. Ay, madre. No, no, no.

Ay, madre. Está loco. ¡Está loco!

Ya hemos salvado a la princesa.

Yo no estoy herido. ¿Y usted cómo se encuentra, señor?

Ha sido una batalla feroz.

Estáis libre, hermosa princesa.

¿Qué quieren de mí? Pero si parece un hombre.

Salid, señora. Déjenme seguir.

Se lo suplico. Y tiene voz de hombre.

Ea, salid, princesa. Soy... soy un pobre notario.

Por Dios, señores, déjenme tranquilo.

¿Y Gerineldo se enamoró de esto?

¿Esto? Es una lindísima mujer.

Sancho, ¿es que aún no conoces las tretas de Frestón?

Pero usted me había dicho

que transformaba una princesa en cisne, en jazmín, en ruiseñor.

Pero eso tiene más de señor Ruíz que de ruiseñor.

Le juro que soy notario.

Confieso que jamás leí que las transformase en notarios.

Nunca imaginé tanta maldad. Está loco.

Pues está muy bien hecha la transformación

porque mire cómo lo dejó. Toda desdentada.

Mire usted qué flaca, mire usted qué piernas.

¿Quién se va a casar con esta porquería?

Tengo dinero. No, no, no.

Yo ni con dinero, chiquita. No, no. No temáis nada.

Yo os protejo.

Muchísimas gracias, señor. Muchas gracias.

Soy don Quijote de la Mancha.

Yo Baldomero Fernández, encantado.

Eso sí lo sabemos, ¿verdad, señor? ¿Cómo?

Que estáis encantada, princesa Blancaflor.

Baldomero... Princesita Blancaflor...

Ay, ay, ay. No me diga que no, no me diga que no.

Sancho, súbala al burro con delicadeza y partamos.

Voy a echaros en los brazos del hombre que amáis.

No, no, no, no me deis las gracias.

Mi oficio, bella niña,

es remediar lágrimas y suspiros. ¿Qué dice?

Ya oyó... Adelántate, Sancho.

Y solicita asilo en aquel castillo

que diviso en la lejanía.

¿Castillo? Oiga usted, parece delta.

Pero no, no, no me diga nada, el mago Frestón.

Ya oyó, princesita, que la voy a llevar a los brazos de Gerineldo

que está loco por sus huesos.

Y lo que va a tener. Y más de lo que él piensa.

Si me llamo Baldomero. Te llamas princesita.

No sea respondona. Todas son iguales, todas son iguales.

Princesita... ¡Que me llamo Baldomero!, hombre.

Soy Baldomero. Baldomero.

¿Quieres que me lave los pies, granuja?

¿Por qué no te lo comes tú? ¡No hay derecho!

¡Posadero del demonio!

¡Maldita sea! ¡Carne, echa carne ahí!

-¡Ladrón, sinvergüenza! -¡Canalla!

-¡Caldo! -¡Solo hay caldo, granuja!

¡Bébelo tú y ahógate con él!

¿Y la carne? ¿Dónde está la carne?

Hemos pedido un caldero, ¿entiendes? ¡Un caldero!

-¡Y lo he traído! ¿No lo veis? -Lleno de caldo.

Caldero viene de caldo. He obedecido.

-¿Qué dices, bestia? -Que caldero viene de caldo.

¿O no? Pregúntale al bachiller.

Amigo bachiller, ¿caldero viene de caldo?

Y moneda viene de mono.

Y el mono viene del árbol.

Y el árbol viene de la tierra.

Pagadle con un poco de tierra y que se quede con el cambio.

¡Esperad!, ¿veis el caldero?

Pues este caldero...

¡Buenos días! Buenos días.

Pues este caldero... ¿Está el dueño del castillo?

¿De qué castillo?

Pues de este.

Contésteme pronto, ¿está el dueño o no?

¿Pero oís lo que yo?

¿Pero qué dices? ¿No ves que es una venta?

Usted deje en paz lo que yo vea que sé lo que estoy viendo.

Y dígame, ¿tengo el supremo honor de practicar con el dueño

o usted es un cualquiera?

Claro que soy el dueño.

Pues eso se dice, hombre. ¿Por qué anda con tapujos?

Y ahora oigan las órdenes de mi señor.

Quiere un recibimiento sencillo.

O sea, con los uniformes de diario.

¿Verdad? Y que preparen la alcoba real para la princesa.

¿Para quién has dicho? Para la princesa.

¿Qué princesa? Blancaflor. Ahí viene en mi burro.

¿Que viene aquí? ¿Una princesa?

¿Pero de carne y hueso?

Más bien hueso. ¡Aldonza! ¡Aldonza!

¡Aldonza!, que viene una princesa.

¡Quita ese fuego! ¡Aldonza!

Apúrense, que viene una princesa, hombre.

Sancho...

Señor bachiller. ¿Pero estás de criado de alguien?

De criado no, de escudero que es muy distinto.

Y de don Quijote de la Mancha. ¿De quién?

De don Quijote de la Mancha. Usted lo conoce.

Es un señor muy flaquito.

Así como... como un tipo muy distinguido.

Que siempre está muy triste, muy triste.

Creo que antes se llamaba don Alonso Quijano.

¿El hidalgo? El mismo.

Ya ve cómo sí lo conoce.

Pues ahora se ha metido a caballero andante.

¿A qué? Caballero andante.

O sea que andamos los dos por el mundo,

secando suspiros, quintando lágrimas

y repartiendo felicidad.

Pero viera cómo es la gente.

Hay muchos que ni se dejan. Ah, me da una rabia...

¡Aldonza!, quita esos cerdos, maldita sea, que viene una princesa.

¿Dónde estás, guarra?

¿Qué ha dicho de una princesa?

Estará borracho. ¡Ven aquí!

¡Suelta!

¿Dónde estás? Ven acá. Suelta, déjame.

A quitar los cerdos que para eso me pagan.

¿Y yo? ¿No te voy a pagar, zorra?

Sí, como todos.

El doble que todos.

¿De veras? Sí, claro.

Te espero en la siesta.

En vez de una patada, dos.

Y ahora que conquiste un reino,

que va a ser muy pronto porque anda muy entusiasmado,

me va a hacer conde, duque o gobernador.

Ahí vienen.

(Música dramática)

Derechito, mi señor, derechito. Derechito. Eso es.

Eso es.

Ay, ay. Derechito, derechito.

Derechito. Eso es.

(Música épica)

Agradezco este recibimiento de guardia formada

con banda de tízalos.

Solicito albergue para una noche para la gentil princesa Blancaflor.

¿Para dormir aquí?

Solo tengo el desván y lo ocupan esos arrieros.

¡Oiga, por favor!

¡Ayúdenme, hombre! (CHISTA)

Estese callada, no sea latosa, hombre.

Preguntadle a esa deliciosa dama

si quiere compartir su lecho con la princesa.

¿Qué dama? La que rodean los lebreles.

¿Venís de alguna cacería?

¿Pero qué dice?

¿Tenéis inconveniente en dormir con ella?

¿Yo? Hombre, inconveniente...

El inconveniente lo tengo yo.

¿Pero esto qué es? ¿Dónde demonios está la princesa?

¡Soy yo!

¿Qué significa esto?

¡Por Pentapolín que pagaréis cara esta ofensa!

¡Que se escapa la princesa!

(Disparo)

¿Qué pasa aquí?

Nada importante, excelencia.

Nada importante y por nada me lo matan.

Una broma entre amigos.

-¿Está herido? -Qué va...

Se ha lastimado un poco, como lleva esa armadura.

¿Armadura?

Apártense.

Don Quijote de la Mancha.

Así se llamaba. Sí, señor.

Ya lo hemos encontrado.

Corchetes, deténganlo en nombre del rey.

Escribano, ordene a esos hombres que preparen una jaula

-para llevárnoslo. -Sí, señor juez.

-¿Dónde va a juzgarle? -En su pueblo.

Necesitaré testigos. ¿Que va usted a detener a mi señor

y lo va a llevar usted detenido dentro de una jaula

como si fuera pájaro?

Es un pájaro... ¡de cuenta!

Ah, no, señor, discúlpeme, pero no puede detener a un hombre

que hace un mes anda por el universo haciendo justicia,

desfaciendo entuertos y no se da abasto.

Porque según el código 77, porque yo también sé de leyes...

Eh, ¿se llama Sancho Panza?

Sí, sí me llamo. Deténganlo también.

Escribano, únale al sumario como prueba número uno.

-¡Ventero! -Sí, señoría.

-¡Deme algo de beber! -Por aquí, señoría.

Queda usted detenido. Ah, ¿yo también...? ¿Y por qué?

Entonces se va la autoridad así sin dar explicaciones.

¿Cómo se puede detener a un hombre? ¿En qué legalidad estamos?

¿En qué fundamento se funda el señor juez para detener...?

¿Por qué...? Según, no, ahora resulta...

de que qué casualidad detienen al inocente

y dejan en libertad a los malosos,

los culpables que querían asesinar a mi señor

y a mí se me detiene. Porque esos son los culpables.

Oye, oye, tarugo.

Que la culpa es vuestra. ¿Te enteras? Y sobre todo tuya.

Primeramente yo no soy tarugo.

Y además a mí no se me grito porque soy escudero.

Pero será tarugo...

¡Niños, traed una manta que a este le manteamos!

-Ayúdame. -¡Está detenido!

Y herido. ¿Cree que se le va a escapar?

(GRITAN)

(Música festiva)

(TODOS) ¡A la de una, dos y a la de tres...!

¡A la una, a las dos...!

Ay, mamacita.

(TODOS) ¡A la de una, dos, adentro!

Ay, mamacita.

(TODOS) ¡Una, dos, arriba!

¡Ay, mamacita!

¿Por qué me llamó a mí deliciosa dama?

Por burla, ¿no?

A lo mejor está enamorado de ti.

¿Que le gusto? He dicho, enamorado.

¿Y eso qué es? Más.

Que le gustas por fuera y por dentro.

Nunca me ha visto por dentro.

Me acordaría.

Ya necesitas memoria, ¿eh?

¿Y por qué va vestido tan raro?

Porque es un caballero andante.

¿Qué es eso? Pues... uno que salva princesas.

Y todas se enamoran de él.

Menos hoy, que él se ha enamorado de ti.

Pero yo no soy una princesa. Ah, ¿no?

No. Cuido cerdos.

Anda, súbete un cubo de agua.

¿Qué ha pasado? Está usted herido.

Fue una batalla feroz.

¿Muchos muertos? ¿Se acuerda de mí? Soy de su pueblo.

Claro, Sansón Carrasco.

Nuestro bachiller. El mismo, señor.

¿Vienes de Salamanca? Sí, señor.

Acabé en la universidad. Aldonza, trae vinagre para cortar la sangre.

Esperad, deliciosa dama.

Añadid al vinagre aceite, sal y una docena de ajos.

Es la fórmula del bálsamo de Fierabrás.

Con un trago se cura todo.

Oí hablar de ese bálsamo.

Y lo oí contar a un ciego que no sé quien partido en dos

tomó un trago y se curó.

Auténtico. Le ocurrió a un amigo mío de la Tabla Redonda.

Pobre, se lo cree todo.

Es lógico, cuidando cerdos...

¿Pe... pero usted sabe que cuida cerdos?

¿Me crees tonto? La he visto abajo rodeada de ellos.

¿Pero entonces "deliciosa dama"? Estoy seguro que lo es.

Porque este castillo está embrujado.

¡Por el mago Frestón!

Ay, mis riñones. Ay, mamacita. Bandidos, malandrines.

Señor, me quiere decir por qué no embrujó los puñetazos.

¿Qué puñetazos?

Los que me atizó el mulero.

El que creíste mulero.

Las cosas, Sancho, parece que son pero no son.

¿Que los puñetazos no son?

Ja. ¿Entonces por qué me duelen los riñones que sí son?

Porque si el mulero atiza puñetazos que no son

en mis riñones que sí son...

Ah, eso sí que no.

O nos embrujamos todos o yo ya no sé quien soy.

Yo creo, Sancho, que los embrujados son tus riñones.

¡Maldito Frestón!

Juro arrancarle su diabólico poder.

Eso es imposible. Ah, no.

Para mi señor todo es posible.

Y lo imposible, lo hace más rápido.

Demuéstrelo desembrujando a la doncella.

Los más valientes caballeros fracasaron.

Está embrujadísima.

¿Qué es lo que tiene que hacer mi señor?

Debe ir a la cuadra a la hora de la siesta y hablarle de amor.

Pero solo si le besa en los labios

volverá a ser su majestad la emperatriz de la Mancha.

¿La emperatriz de la Mancha?

Yo la desembrujaré.

Le hablaré de amor.

Y me besará en los labios.

Es muy difícil, señor.

No hay amor en esa mujer. Se lo pondré.

Donde no hay amor

con amor y sacarás amor.

No cree que está loco.

Supone que hay algo detrás de todo esto.

-¿Algo de qué? -Para el Santo Oficio.

Herejía.

Este sospecha hasta de las superioras de las Ursulinas.

Usted ha sido soldado.

¿Lo dice por lo de mi mano?

Parece un acaudalado.

-En Lepanto. -¡Cervantes!

-Señoría. -¿Ha terminado la jaula?

-Aún no, señoría. -"Aún no, señoría. Aún no, señoría".

¡Dígales que es una jaula!

-No El Escorial. -Sí, señoría.

Cervantes, su nombre me suena.

-Quizá. -Ahí sale.

(Música dramática)

Hola, animal.

Estoy aquí para servirte.

Sé que además de cuidar cerdos eres otras cosa.

Ya se lo ha dicho el ventero.

Que muchos han probado antes, pero yo triunfaré.

Este es mi oficio. ¿Oficio?

Nunca creí que fuera un oficio.

El más noble.

Hasta dedicarme a él por entero tardé mucho en decidirme.

No creas que es fácil.

Hombre, fácil, fácil... Requiere destreza.

agilidad, desprecio a la vida, buena puntería.

Vista de águila. ¿Vista de águila?

¿Recuerdas a Frestón?

¿Frestón? ¿Uno pícaro de viruelas? Sé lo que hizo contigo.

¿Se lo contó?

Qué chismoso.

Pero como no me importa. Lo que te hizo fue diabólico.

¿Diabólico?

Ese presume mucho.

Yo he venido a superarle. A hacerte olvidar su hazaña.

A transformarte en otra mujer haciéndote inmensamente feliz.

Y esta será una tarde gloriosa para la Mancha.

Bueno, no tiene por qué molestarse.

Todo el mundo sabrá lo que ocurra aquí esta tarde.

Lo contaré por todos los caminos de la tierra.

¿También lo va a contar?

El orbe entero conocerá todos los detalles.

Para que luego los poetas lo escriban en verso.

Y además en verso.

Y hablaba del otro bocazas.

Usted es como todos. Mejor que todos.

Me recordarás mientras vivas.

Tampoco exagere.

Nunca hablé de amor a una mujer.

Tú eres la primera.

Pero mi amor es casto. No quiero rozarte ni una mano.

Solo quiero llevarme la bendita luz de tus ojos.

Y cuando mi vida peligre su recuerdo me hará luchar y vencer.

¿Recuerdo de mis ojos?

Serán dos estrellas que me guíen hasta un nuevo portal de Belén.

Hasta la justicia y el amo entre los hombres.

Que es a lo que he dedicado mi vida.

¿Por qué me dice estas cosas?

¿Por qué no quiere lo que los demás?

Porque yo no soy como los demás.

¿No le gusto?

Sí. ¿Entonces?

También me gusta el horizonte y si me acerco lo pierdo.

Quiero como jamás se quiso a nadie.

Cada golpe de mi sangre va pronunciando tu nombre.

Dulcinea. Dulcinea...

Aldonza.

Dirá Aldonza Lorenzo.

Soy del Toboso.

Dulcinea del Toboso.

Mi Dulcinea del Toboso.

Mi emperatriz de la Mancha.

¡No le peques!

¡No!

¡Bandido!

Lo han matado. ¡Cervantes!

¡Cervantes!, ¿dónde anda?

Señor... Sostenle la cabeza.

Voy a mojar esto.

Mi señor...

Es embrujada.

(Música dramática)

¡En marcha!

¿Qué le hará?

Le juzgarán.

Y quizás se cure.

¿Curarse? ¿De qué?

Está loco.

¿O es que no te has dado cuenta?

¿O por qué crees que te hizo su emperatriz de la Mancha?

Que siga loco.

Resultando que el procesado Alonso Quijano,

alias el Bueno, de 60 años,

soltero, hidalgo, sin antecedentes penales.

Abandonó su aldea con armadura, espada y lanza.

Dedicándose a alterar el orden público,

con asaltos, destrozos y robos.

E incitando a la rebelión por la nostalgia,

con discursos tendenciosos

a pastores y cabreros.

Resultando

que hubo intención de destrozar nuestra riqueza ganadera,

molinera y vinícola.

Así como poner en entredicho

nuestras relaciones con la santa madre Iglesia.

Basta. Procédase a leer los cargos.

Sí, señor.

Destrozo de aspas de molino a lanzazos.

Destrozo de un rebaño de corderos causando 23 bajas

entre muertos, heridos y desaparecidos.

Ataque a 11 pellejos de vino a estocadas.

Persecución con lanza de dos frailes de don Benito

cuyo paradero aún se desconoce.

Robo de una vacía de barbero

valorado en un real de a ocho.

Soborno, arrastrándole a la delincuencia

a su convecino Sancho Panza.

¿Y qué clase de soborno y delincuencia es andar con mi señor

por el universo ayudando a que el débil sea fuerte

y al fuerte a que sea débil...? ¡Cállese!

¡Silencio!

Pues entonces ¿qué clase de justicia se hace aquí?

Donde nada más no hay como quien dice que digamos,

no hay ni un dime ni te diré entre ambos dos.

No, tampoco así se vale.

Procédase a llamar a los testigos de cargo.

¿Alguien declara contra el acusado?

¿Alguien declara a favor del acusado?

-¿No vais a hablar a su favor? -¡Silencio!

¿Así pagáis sus bondades?

Coaccione, señor cura.

¡Es vergonzoso, señoría!

-¿Usted declara a su favor? -Naturalmente.

-¡Y yo! -Tome su filiación.

Pero Pérez, cura párroco.

Maese Nicolás, barbero.

Expliquen esos delitos.

Pues un momento de... de... de locura.

Todos los que mandé al verdugo se disculparon así.

Pero si se cree caballero andante.

Esta empeñado en ayudar a los pobres.

-¿Usted lo encuentra normal? -Y mata corderos...

Y persigue a los frailes de Don Benito.

¿Es que tengo cara de estúpido?

Quizá los de esa orden no les caen bien.

Hay mucho hereje.

¿Cómo se lleva con la iglesia?

Como un devotísimo hijo.

Pregunte a la gente. Pregunte a Sancho.

Ven acá, Sancho.

Habla claro porque a veces no se te entiende.

Pues cada cual habla como puede.

Porque no es lo mismo que el prójimo hable mal

que hablar mal del prójimo.

¿A quién se encomendaba tu señor todas las noches?

A Pentapolín. ¿A quién?

A Pentapolín.

Pero al verse en algún peligro se arrodillaba.

Y miraba al cielo.

Al cielo y para todos lados.

¿Y murmuraba por lo bajo?

Sí, con mucha devoción. Acabáramos.

¿Y qué decía? Dilo claro a este señor.

Oh, Pentapolín, ayúdame una vez más.

¿Quién es ese Pentapolín?

Pues el que mandaba el ejército.

¿Qué ejército?

Pues el de las 23 bajas de la factura que pasaron por aquí.

¿O ya no se acuerda usted?

¿Pero eso no es lo del rebaño de corderos?

Pero si eran corderos, Sancho. ¿Es que no los conoces?

Parecían corderos.

Porque venían, yo los vi, si venían hasta cencerros y haciendo

(BALA)

Y si no eran...

Porque cuando mi señor dice algo él sabe por qué lo dice.

Tampoco muchas veces a usted le habrá pasado, señor juez,

que las cosas no se ven como son, ni son como ven.

Que usted porque aplica la justicia tiene que verlo de una forma

de conforme la jurisdicción jurídica de la ley.

Pero hay que ver bajo el sentimiento humano de la humanidad.

El que sufre y sigue sufriendo.

El que aguanta y sigue aguantando.

No.

Y entonces porque digamos...

como yo digo si ustedes ven las cosas

de acuerdo conforme a lo legal

pues ya ve que el pobre si quiera como pobre

vea las cosas como las quiere ver.

Como me pasó a mí cuando conquistó el Yelmo del Mambrino.

Yo antes veía una vacía de barbero.

Hasta sucia. Y ahora en cambio

veo un yelmo de puro oro.

Mire como brilla. Mire como brilla

con sus esmeraldas, sus incrustaciones de rubís.

Sus incrustaciones de zafiro.

Sus incrustaciones de...

de... de... ¿Ve, señoría, como todo es locura?

Esa es su intención, hacerse el loco.

Pero si lo está. Tiene razón el señor juez.

Todo lo hizo con intención.

Yo no quería decir la verdad porque soy su escudero,

pero tampoco voy a cargar con culpas ajenas.

¿Confesión completa? Completa.

¿Contándolo todo?

Todo. ¿Todo lo de su vida?

Y todo lo de bajada.

-Tú no vas a... -¡Silencio! Apártense los dos.

No queda nada.

Dado que de las acusaciones

que obran en el folio...

-42. -42.

Responden en un todo a la verdad.

Dado que la responsabilidad mental y jurídica del acusado

no ofrece duda.

Dado que de los cargos

despréndese dolo para los infraescrita,

¿qué motivo racional impulsó al hecho delictivo?

Y dado que las acusaciones o impulsos jurídicos

son demostraciones de dolo.

Y dado que ese dolo no es acusativo

ni nativo dativo,

tampoco se pase usted de la raya

y venga a insultar con eso del dolo.

Porque si sacamos los trapos sucios

usted también es algo doloso y ni quien se lo desniegue.

Y dado lo que ya se ha dado, se dio y falta por dar,

yo me pregunto. "¿Tenía mi señor intenciones de atacar

molinos, corderos o frailes?".

Y yo me respondo: "No las tenía".

¿Qué...? ¿Qué intención tenía?

Si nos preguntamos los dos al mismo tiempo

no nos vamos a entender.

Entonces me vuelvo a preguntar:

"Entonces mi señor por qué hizo lo que hizo".

Y yo me respondo:

"Por culpa... de quien yo me sé".

Dígalo.

Frestón. Frestón.

¿Profesión? Mago.

Mago. ¿Católico...?

¿Cómo mago? Sí.

Odia a mi señor.

Convirtió a los gigantes en molinos. Al ejército en corderos.

Y ha armado todo este lío que no hay quien lo desembrolle.

¡Cállese!

Cállese o le proceso también.

Pido venia para una denuncia.

Este juicio es ilegal.

Era lo que me estaba yo supongando. ¿Qué dice?

Que el que es casa por su juez empieza.

Y que no hay derecho que de la leña caída todos hagan árbol.

Al revés. Es más difícil.

Porque a diente dado no se le mira al caballo.

Y agua que no has de beber déjala correr.

¿No es verdad? Claro.

Y no por mucho tempranear amanece más madruga.

Y camino somos y en el arriero andamos.

Van a volverme loco.

Quieren hablarme claro.

Pues más gallo no canta un claro.

Porque en mosca cerrada no entran bocas.

¿Cómo puede juzgarse a un hombre sin alguien que le defienda?

¿Quién le ha dicho eso?

¿Quiere que le detenga por ofensa a este tribunal?

Quiero que me diga quien le defiende.

El cura, el barbero y con su silencio toda esta gente.

Ni el cura, ni el barbero, ni esa gente conocen a este hombre.

Solo Sancho.

Y su señoría amenaza con procesarle también.

Se lo estoy diciendo.

Conocen al hidalgo Alonso Quijano.

Pero no al caballero don Quijote de la Mancha.

Perdón, señoría, esto es absurdo.

Defienden a Alonso Quijano al que nadie acusa,

y acusan a don Quijote al que nadie defiende.

Son la misma persona.

Don Quijote es un alias.

Un alias es como una pluma añadida al sombrero.

-Pero aquí no es una pluma. -¿Entonces qué es?

Es otro sombrero. Justo.

Alonso Quijano vive para sí.

Don Quijote para los demás.

Alonso Quijano duerme ahí.

Don Quijote bajo las estrellas.

Alonso Quijano ayuda al bien.

Don Quijote ataca al mal.

A Alonso Quijano le besan en la mano.

A don Quijote... le pegan.

Y en qué forma.

Señor, ¿no es verdad que nos han pegado muchas veces?

Sancho, la vida de los caballeros andantes es un purgatorio.

Pero después del purgatorio está siempre la gloria.

Busque otra disculpa.

Los caballeros andantes nunca existieron.

¿Nunca existió la fe?

¿Qué tiene que ver la fe?

Fe y caballero andante son una misma cosa.

Fe ¿en qué?

En la verdad.

En la belleza. En la justicia.

¿En la justicia?

Entonces yo también soy caballero andante, ¿eh?

Os falta el furor.

Un caballero andante es un furor de fe.

¿Ve como son distintas?

Alonso Quijano nunca salió.

¿Y de dónde salió don Quijote?

Pues de la habitación de al lado. Justo.

De la del al lado. La de los sueños.

La que tenemos pared aquí.

A un lado la realidad y al otro los sueños.

Don Quijote rompió la pared y ocupó las dos habitaciones.

Es como si rompe usted su tabique.

¿Qué dice?

Que es como si rompe usted su tabique.

Yo no tengo tabique.

Y cállese.

Ay, pero no se ponga usted así por un tabique, hombre.

Claro que lo tiene.

¿A que se debe su constante mal humor?

A que su profesión no corresponde con su ideal.

¿Es que no tiene una ilusión?

¿No tiene sueños?

Ay, qué va a tener sueños, tendrá pesadillas.

Porque al otro lado del tabique... No hay un juez.

Tiene razón Sancho.

Quizá...

quizá hay un audaz aventurero

por el que las mujeres mueren de amor.

Entonces don Quijote

es un sueño.

-No es un ser. -Don Quijote es un modo de ser.

Que destroza un molino. Era un gigante.

Pues cada quien se viste como quiere.

-Pero le atacó jugándose la vida. -Pero era falso.

Su valor no. Él vio un gigante.

Pero era un molino.

Pues juzgue usted al molino y no juzgue usted a mi señor.

¿Sabe por qué sacrificó su vida y se hizo caballero andante?

Por cobrar una herencia, fíjese.

¿Una herencia?

¡Por fin!, te cacé.

Soltaste el motivo.

¿Y ese era su sacrificio? ¿Su furor de fe?

¿Su amor a la justicia? ¿Su purgatorio?

¿Pero por qué miente, Sancho?

No miento, señor bachiller. ¿Y quién le dejó la herencia?

Los caballeros de la Tabla Redonda.

El rey don Arturo.

Una docena de los 12 pares de Francia.

Y ese... el señor Carlos Mango.

Sí, él mismo me lo dijo allá en la biblioteca.

Señor Quijano.

Señor Quijano.

¿Quién sois? Soy Sancho Panza.

Ah, sí, sí.

Te he mandado llamar porque hoy puede ser un día glorioso para ti.

Quiero que vayas a la inmortalidad.

¿A estas horas? Ya está todo cerrado.

Me han dado una herencia.

¿Sí?

Soy el más afortunado de la tierra.

¿Que le cayó una herencia?

Oiga qué suerte porque no a cualquiera le cae.

¿Y de alguna tía lejana?

De los caballeros de la Tabla Redonda,

el rey Arturo, Los doce pares de Francia,

Carlo Magno, Amadís de Gaula, Tirante el Blanco

y los nueve de la fama. Aquí están.

Oiga usted, pues son muchos.

Y por algo que le deje cada uno pues siempre es algo.

Una inmensa riqueza.

Y si no es indiscreción así por encimita,

no aproximándose mucho, ¿como a cuánto sube?

A luchar y a sufrir toda mi vida.

Sudaré sangre por los caminos.

Pasaré hambre, calor y frío.

No hay derecho. Qué sinvergüenzas. Eso no se le deja a nadie.

Y menos de herencia. Y menos a usted que no está para esos trotes.

Le deben tener mucha rabia. Al contrario.

Es que sabe que soy el único capaz de resucitar su obra.

El único capaz de hacer justicia por los caminos.

El único que ayudará a los pobres y a los tristes.

¿Sabes el honor que me hacen?

Pues sí será mucho honor, pues yo que usted les decía que,

de buena forma, que está usted ocupado,

que no puede, que no está en condiciones.

No hay mayor honor que sufrir por los demás.

Pues que de repente los demás sufran por uno.

Esta noche resucita en mí la caballería andante.

Me llamaré desde hoy don Quijote de la Mancha.

Mi caballo Rocinante.

Mi dama se llamará Dulcinea.

Aún no sé quien es.

Pero la amo con todo mi ser.

Y ella también me ama.

No se fie mucho de las mujeres. ¿Dudas de su amor?

Pues usted mismo dice que todavía no la conoce.

La conoceré. A las mujeres no las conoce nunca.

Pero nunca.

Los de la Tabla Redonda tuvieron su dama.

Los doce pares de Francia y Tirante el Blanco.

Pues ese que acaba de citar trama quedarse con su casa,

con su dinero, con el galgo, con los de la Tabla Redonda,

con los tirantes blancos

y con los doce pares de zapatos de Francia.

No, si las mujeres son una cosita que no hay que tenerles mucha fe.

Eso es lo primero que haré,

restablecer la fe en nuestros semejantes.

¿Las mujeres son como nuestros semejantes?

Acabaré con el egoísmo.

Pondré la caridad con la espada si es necesario.

Quiero salvar a la humanidad que cree que progresa.

¡Mentira!

Todavía son siete los pecados capitales.

¿Es esto progreso?

No dejaré una lágrima detrás de mi caballo.

Eso sí puede ser negocio para que vea.

Porque a tanto la lágrima se hace usted millonario.

¿Millonario en lágrimas?

Pues como todos los millonarios.

Ellos por ponerlas y usted por quitarlas.

No necesito que me paguen.

Me basta con su mirada.

¿Te vienes conmigo de escudero?

Pues siempre y cuando me pague un sueldo porque

si me va a pagar con las puras miradas no me alcanza.

Pronto conquistaré un reino y te haré gobernador.

¿Gobernador? ¿Gobernador de a de veras?

Con la dignidad de gobernador.

Quiere decir que puedo poner multas, perdonar impuestos.

Volver a perdonar multas. Perdonar contribuciones.

Volverlas a poner. Así que yo pueda hacer lo que yo quiera hacer.

Seré el gobernador de los pobres.

¿Y cómo cuánto tardará usted en conquistar ese reino?

Porque... no es que le apresure pero hoy es jueves.

Sancho, prepárate a ver milagros.

¿Y vio algún milagro? No, pero no me importa.

A la defensa le convendría que hubiera milagros, ¿no?

-Lo siento. -Los hubo, señoría.

¿Por qué no te importa?

Porque con él he aprendido algo que...

que no sé explicar. Aunque no te haga gobernador.

Aunque no me haga gobernador. Aunque pases hambre.

Aunque pase hambre. Aunque te sacudan palos.

No le aunque. Estaré siempre a su lado, con él.

¿Quiere más milagro?

Y vi otro. Hizo brotar una flor de un montón de paja y estiércol.

Y si la princesa no se escapa, la casa.

Lo que pasa es que corría como una liebre,

quien la iba a alcanzar.

Se refiere al notario don Baldomero Fernández.

La misma, nada más que se empeñaba en llamarse así.

Al que asaltaron para robarle, ¿no es así?

No es así, señor juez, nosotros nunca hemos robado.

Y no es más cierto que lo secuestraron.

Y no es más cierto que eso no es cierto

porque salvamos a la princesa.

¿Qué princesa ni qué niño muerto?

Bueno, lo del niño sería después

porque no se le notaba que esperase a la cigüeña.

La culpa fue del señor Fernández.

-¿Encima? -En medio.

¿Por qué se puso en medio?

Don Quijote vio a una princesa en peligro

y atacó para evitar la canallada.

Porque era canallada casarla con el príncipe.

Pero es que ya ¿ni el amor se respeta, señoría?

¿Y quién estropeó esa hazaña metiéndose donde nadie le llamó?

El señor Fernández.

¿Quién estropeó esa flor

que había a hace en esa tierra podrida?

El señor Fernández.

¿Por qué, señoría,

hay siempre un señor Fernández que estropea lo heroico y poético?

El causante es el mago Frestón. Ese es el causante.

¿También cree en Frestón?

Usa varios nombres.

Yo le conozco por egoísmo.

Trasforma el hombre en lobo.

Al amor en negocio.

Su obra es muy difícil.

Nada menos que volver hacer del hombre un ser humano.

Ojalá no sea flor

sino semilla.

Perdóneme, señoría, el atrevimiento de defenderle.

Quieto.

¿Dónde va?

Se va.

Me deja echo un lío y se va.

No, no, no.

Si al materialismo,

alias mago Frestón, no le puedo poner la mano encima,

¿a quién diablos castigo yo?

Usted se queda aquí,

inventando.

O le meto en la cárcel.

Castigue a los que le hicieron soñar.

Esta no es época de sueños sino de pesadillas.

Los de la Tabla Redonda, el rey Arturo...

Los doce pares de Francia.

Carlo Magno...

Culpables con el agravante de nocturnidad.

-¿Y cómo los empapelo? -Ya están empapelados.

Y encuadernados.

En la biblioteca.

Condénelos en la hoguera.

Es cierto.

Lo ordeno.

Firmo y rubrico.

(Música festiva)

(GRITAN)

¿Seguirá loco?

Quizá ya no. ¿Verdad?

Déjame en paz.

Sancho, ¿cómo está?

Triste. ¿Triste?

¿Y siempre está así?

Siempre, muy triste.

Parece el caballero de la triste figura.

¿Pero se curó?

¿De qué?

De como dicen que está.

Así...

¿Mi señor?

Si tú lo conocieras como yo lo conozco.

Lo que pasa es que no les gusta que haga lo que hace.

Ayudar a los que no tienen nada. Claro.

Por eso dicen que está así.

Porque quiere reírse muy fuerte

para no oír lo que dice.

(GRITAN)

¡Al fuego! ¡A quemarlos!

(GRITAN)

¡Al fuego! ¡A quemarlos!

(Música dramática)

(Música festiva)

(Música inquietante)

(Música religiosa)

-¡Sálvanos, don Quijote! -¡Don Quijote!

-¡Don Quijote! -¡Sálvanos!

-¡Sálvanos! -¡Socorre a la caballería andante!

¡Sálvanos del fuego!

-¡Don Quijote! -¡Soy el rey Arturo!

-¡Sálvanos! -¡Sálvanos!

-¡Sálvanos! -¡Sálvanos!

Ya no tiene sangre.

-Virgen santísima. -Se muere.

-Se muere. -¿Qué hacemos?

¿Qué dice la ciencia en estos casos?

Nada.

Lo que está enfermo es su espíritu.

Y si no encontramos algo que le devuelva las ganas de vivir

no hay salvación.

No solo queman libros,

están quemando también el respeto que le tenían.

Y es mía la culpa.

Hubiera sido mejor la cárcel o el manicomio.

No llores, Sancho.

-Tío. -¿Cómo se encuentra, señor Quijano?

Bendito sea Dios.

Sancho...

Ese mostrenco no está. Solo estamos su ama, su sobrina y sus amigos.

Debes alegrarte mi buen escudero.

Por el camino que hoy cabalgaré

no hay malos...

Voy a morir.

Y terminan mis sufrimientos.

Y los tuyos.

Hija mía...

No diga eso, señor.

Él nunca va a morir.

Y no es porque le dé cobre ni porque me gusten los palos,

pero es que andando con usted ni me duelen.

Hijo...

De nada.

Está delirando.

¿Y tiene que delirar con ese mostrenco?

No pude hacerte gobernador.

Pero quiero recompensarte en mi testamento.

Llamad a un escribano

para dictar mi testamento.

¿Recompensará a ese hijo del demonio?

¿Al causante de todo esto?

¿Al que le sacó de su casa con engaños?

Ahora sí veo que está usted loco.

Si es hijo del demonio será hijo tuyo.

Pudiendo dejar el dinero a su sobrina o a su ama por ejemplo.

Yo no quiero nada.

¡Gandul! ¡Sin vergüenza! Largo de aquí.

Pero si el testamento de un loco no es válido.

Claro que no.

También dejaré una parte a la Iglesia.

¿Sí? Muchísimas gracias.

-¿Pero no ha dicho que no vale? -Hombre, en ciertos casos...

No, no hay caso que valga. No es válido.

No puede, señor hidalgo, ¿me oye?

Su testamento no vale porque está usted lo...

Y otra a mi vieja ama.

Gruñona pero buena.

Bendito Dios que le ha devuelto el juicio tan de repente.

Ha sido un milagro. ¿No cree, señor cura?

-Ya está sano. -Vete a buscar deprisa un escribano.

-Vaya a buscarle con el caballo. -Dígale que es para el señor Quijano.

El señor Quijano no, don Quijote.

¿Verdad, señor?

(Tambores)

(Gallo)

¡Oíd al caballero de los Espejos!

¡Oíd al orgullo de Europa!

¡Oíd al terror de torneos y justas!

¡Oíd al amor de damas y doncellas!

¡Oídme, pueblo canalla!

¿Dónde estás, don Quijote?

¿Por qué te escondes, cobarde?

¡Voy a clavarte como un sapo con mi lanza!

¡Sal si tienes valor!

¡Canalla!

¡Vergüenza de la caballería andante!

¿Qué es esto?

Sancho. Sancho.

¡Aquí estoy! ¿Me reconoces?

Pues yo...

Jamás te vi, oh, caballero de los Espejos.

¡Mientes!

¿Ya no te acuerdas del castillo del Diablo?

¿No recuerdas a la condesa Enlutada y a sus 100 enanos?

¿Sus 100 qué?

Enanos. Calla, Sancho.

¿Ya no te acuerdas de quién se reía ella y sus 100 enanos?

Pues no, no me acuerdo.

¡Se reían de ti, farsante!

Al verte correr pidiéndome perdón. ¡Mientes tú!

¡Jamás estuve en el castillo del Diablo!

¡Jamás vi a la condesa Enlutada y sus 100 enanos!

Jamás nadie pudo reírse porque jamás reí ante nadie.

Me confundes con otro.

Tu nombre es don Quijote, tu dama es Dulcinea.

Tu caballo es Rocinante.

¿Me confundo, maldita sea?

Y a ver, ¿cómo me llamo yo? ¡Imbécil!

Ay, sí me conoció...

Yo no aguanto eso. Calla, Sancho.

Pero es que nos pone como a trapos. O baja usted o bajo yo.

Adivino que Frestón te ha engañado para desacreditarme.

Pero no importa. ¿Qué quieres?

Matarte. ¿Por qué?

Por no cumplir lo que te obligué a jurar.

Ir a arrodillarte delante de mi dama,

y confesar que vale 1000 veces más que Dulcinea.

Yo no blasfemo. Tienes ligera la lengua.

¡La espada más! ¿Y el valor?

¡Más que la lengua y la espada!

Espera que me vista y nos arrancaremos la vida.

¡En las afueras estoy!

Que no sea muy en las afueras, que no te vaya a encontrar mi señor.

Pero si nunca estuvimos en el castillo de Satanás.

Del diablo. ¿No me iba yo a acordar?

Y luego esos 100 enanos que se estaban riendo

por muy enanos que fueran ¿qué no los iba a ver?

Trae la armadura y ensilla a Rocinante.

¡Rápido!

¿Qué es eso tío, virgen santísima?

¡Usted no sale de aquí! ¿Dónde puso la armadura?

La tiré. Vieja condenada del demonio,

malandrina. O me entrega la armadura

o le doy una estocada que... ¡Ay!

Con que no existían caballeros andantes.

¿Y ese qué es? Ya sabía yo que me estaba haciendo meter la pata.

(Música épica)

(Tambores)

¡Pueblo,

oíd mi pensamiento!

Si le venzo quedo obligado para recuperar su honor de caballero

a no salir de esta aldea durante un año.

A no leer otro libro que la Biblia.

Y a dedicarse a la caza y administrar sus bienes.

¡Pueblo, oíd mi pensamiento!

Si le venzo, le mato.

(Música dramática)

(JALEAN)

Gracias, Dulcinea.

Vencido estás, insensato.

¿No has oído hablar de mi diabólica destreza?

Espere, ¿qué va a hacer, demonio?

Apártese, padre.

Este no es momento de piedad. Ayúdame, Sancho.

Fuera, padre.

O le mato.

Confiesa que jamás me venciste.

Confiesa que jamás se rio de mí la condesa Enlutada,

oh, caballero,

Confieso.

Has de arrodillarte delante de Dulcinea.

Le dirás que vale un millón de veces más que tu dama.

Le entregarás uno de esos espejos.

Que se mire en él, y viendo su infinita hermosura

comprenderá mi infinito amor por ella.

¡Pueblo, oíd mi pensamiento!

El que ría el último, ríe mejor.

Y cuando pase mi señor hay que quitarse el sombrero.

(Música medieval)

Señor cura, si es el bachiller.

Bueno,...

todo mi plan me salió mal.

Pero al menos le he devuelto el respeto de su pueblo.

Y la gana de vivir.

(Música dramática)

Señor.

¿Usted cree que haya aquí algún alma aparte de las nuestras?

Porque si la hay será un alma del purgatorio.

¿Qué te pasa? (CHISTA)

No hable fuerte. ¿Por qué?

Tengo miedo. Una roca me acaba de cerrar un ojo.

¿Qué ojo? Qué más da.

Pero hay que estar prevenidos porque más vale un por si acaso

que un quién lo iba a pensar. Pero, si esto es Sierra Morena.

Parece... ¡Es!

Señor, ¿cuándo se va a acostumbrar

a ver las cosas como son,

y no como quiere Frestón que las vea?

(Música dramática)

Estate quieta, mujer.

¡Ay, mamacita!

¡Ay, mamacita!

Señor, señor, señor.

¡Ay, señor, me llevan, me llevan, señor!

¡Ay!, ¿qué pasa? ¡Ay, ¿qué es esto?

¡Arrepentíos de vuestros pecados!

La hora final ha llegado.

¡Mirad por vuestra salvación!

¡Escuchad los gritos del infierno!

¡Del infierno!

¿Dónde nos llevan, señor?

¿A dónde nos llevan? Yo soy la lujuria. ¡La lujuria!

Abandónate en mis brazos.

Y reclina tu cabeza en mi pecho.

-¡Ven! -¡Yo soy Merlín!

¡El que tuvo por padre al diablo!

Por madre la gran bruja.

Y por hermanos los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Cómicos.

¡La gran compañía de Angulo el Malo!

Servidor.

¡Altisidora! ¡Duque!

¿Qué pasa? He cazado algo mejor.

¿El qué? Os presento al famoso actor

Angulo el Malo.

Hombre, me apetecen cómicos.

¿Os parece? Muy bien.

Excelencia, mi gran compañía. ¡Inclinarse!

Venid al castillo, os doy bolsa y comida.

¿Lleváis obras picantes? A mí me gustan las picantes.

Obras muy humanas.

-Arte. -Pero ¿picante?

Obras hermosas.

Comprobadlo, excelencia.

Ajá.

¿En qué época vivimos que se llama arte a la desvergüenza?

¿Qué tiempos son estos donde gusta el teatro que llaman humano

porque se recrea en historias de degenerados y mujerzuelas?

Se usan palabras soeces

que solo satisfacen a hipócritas reprimidos.

Historias de bestias deberían llamarse.

Oye, trabajas muy bien.

Tienes una voz estupenda. Poco natural.

No es de mi compañía.

¿En qué compañía vas? En la mía.

¿Y tú qué eres? Escudero andante.

Él es mi señor.

Excelencia, soy don Quijote de la Mancha,

caballero andante.

-Bravo, bravo. -Bravo.

¿De qué trata tu obra?

De hacer la justicia en el mundo.

Bueno, y luego ¿qué más?

Ay, ¿les parece poco?

Quiero hacer del hombre un ser humano.

Es poco argumento. No gustará.

Os tirarán tomates. ¿Tomates?

Piedras, señora, y así de gordas.

Parece una historia de curas.

Los curas y los caballeros andantes somos la misma oración.

Ellos quieta, nosotros en marcha.

Deja ya de interpretar. ¿Quieres burlarte?

Creo que habla en serio.

¿De veras eres caballero andante? Ese es mi honor, señora.

¿Osas jurar, oh, caballero, que eres el verdadero don Quijote?

Si alguien lo duda llevo

las credenciales en el filo de mi espada.

Al fin te encontré.

Es él, oh, duques.

el que anhelaba mi pecho sediento de amor.

Alzaos, mi señor.

Un momento, porque esto tiene su maña.

Hay que echarle aceite. Hasta vinagre, señor.

Invítale al castillo, duque.

Quiero sentirle cerca, me enloquecen sus encantos.

Envía por delante a un emisario para recibirles como se merecen.

¿Me haces el honor de venir a mi castillo?

Se lo hacemos.

Ya era tiempo de que alguien nos invitara.

Porque nosotros venga a quitar pecados capitales.

Sufre y sufre. Y la gente ni un mendrugo,

ni una mala cama. ¿Qué es eso? Calla, Sancho.

No, si está bien que seamos una oración en marcha.

Eso está bien. Pero si no dormimos,

no comemos en la madre tierra, que será muy madre,

pero es muy dura, pues no hay oración que aguante.

Yo os daré de comer.

A los caballeros andantes nos alimenta el fervor.

No, pero de vez en cuando el hervor de un buen puchero.

Por eso cuando mi señor me haga gobernador

voy a hacer que la cosa sea más pareja, como Dios manda.

A repartir como debe de ser.

Que no siempre le toque a los mismos el hervor

y a los otros el olor al hervor.

Emperatriz de la Mancha,

hermosa Dulcinea,

cumplo el mandato de don Quijote de la Mancha.

Vales un millón de veces más que mi dama.

Te entrego este espejo

para que viendo tu infinita hermosura

comprendas su infinito amor por ti.

Sí.

Soy yo.

No quise burlarme, solo ayudarle, pero...

me salió mal.

Está loco, ya te lo dije.

Pero te quiere.

Lo que pasa es que...

Verás, él... tiene aquí dos habitaciones.

¿No me oíste decírselo al juez?

Y tú estás con él en una de ellas.

¿Entiendes?

Oye, deja de llorar.

Tú estás en una de las habitaciones.

La de la locura.

Quiero llevarle a la otra habitación.

Donde yo no estoy.

Quiero curarle, Aldonza.

¿Por qué nos tiene tanta rabia?

¿Por qué quiere que nos quedemos solos?

¿Quiénes? ¡Los pobres!

¡Los que él defiende!

La gente se ríe de él.

Y le pega.

Ya lo viste tú.

Y pasa hambre.

Un día le darán un mal garrotazo y quedará muerto en cualquier camino.

¿Te acuerdas de aquel loco que iba por las ferias?

¿El que clavaron los mozos? ¿Quieres que acabe así?

¿Por qué no me ayudas?

¿Quieres que le curemos entre los dos?

Ven conmigo.

Pero fíjate, si le curamos,

o sea, cuando vuelva a ser el hidalgo,

ya no te conocerá.

Él volverá a ocupar esta habitación de aquí.

Y tú te quedarás olvidada en la otra con don Quijote.

Ya no te volverá a mirar.

Ni se acordará de tu nombre.

Ni siquiera que una vez te habló aquí.

Junto a esta paja.

Pasará por tu lado sin conocerte.

¿Le quieres tanto como para hacer ese sacrificio,

Dulcinea?

(Música épica)

Esto sí que es un castillo.

Y si no es porque ese mago Frestón se mete donde puede.

¡Aleluya, aleluya! ¡Hoy es día de gloria!

Ha llegado el mejor espada del mundo.

¡El temerario, el audaz, don Quijote de la Mancha!

¡Miradle!

¡No! Tú, no.

¿Yo no? ¿Pero cómo no?

Si yo sé mejor que nadie lo que usted vale.

Lo audaz, lo temerario, lo...

lo aleluya que es usted. Y que me perdone el señor duque,

pero en eso que es la mejor espada del mundo,

se quedó corto. Porque mi señor aquí donde lo ve usted,

es la mejor espada del globo terrario.

¿Y alguien de los que están aquí de cuerpo presente

sabe lo de los reyes? ¿Qué reyes?

Los que nos siguen para descubrir su estocada secreta.

Tienes una estocada secreta, ¿eh?

Secreta y misteriosa.

¿Me la enseñarás a mí? No, tampoco vamos a divulgar

nuestros secretos así con cualquiera.

Yo soy Grande de España.

No, si no es por el tamaño.

Es que nos acaban de presentar y aún no simpatizamos.

¿Verdad, mi señor?

De que pase el tiempo, algunos añitos

y entonces de que haya confianza a lo mejor empezamos

a descubrir nuestros secretos,

que son muchos.

Vamos. Vamos.

¿Esto es de caridad, señor, o lo hizo el mago Frestón?

No, Sancho, todo esto es cierto.

Mire qué cama tan bonita, señor.

Quizá aquí durmió el rey Arturo.

Con doña Artura.

Y mire qué grande, con razón nacen los Grandes de España.

¿Y qué es eso de la estocada secreta

que no hay demonio quien lo entienda?

El demonio yo qué sé pero el duque sí.

Y tiene que cuidarse porque lo noto desmejorado.

Anoche tosió mucho. Y ha enflacado mucho mi señor.

Ya la armadura le queda muy floja.

Señor, tenemos que pasarnos una temporadita aquí.

Que viva el castillo, que viva el duque.

Que viva usted. Que viva el rey Arturo.

Que vivan los pares y nones de Francia.

Porque ahora sí somos caballeros andantes

y bailantes.

Y bailantes. Baile, baile.

No, Sancho, no. Sí, baile.

Mi señor, baile, baile.

(Música festiva)

Baile, baile.

Vengo a darte una importante noticia.

Un mensajero me anuncia que mi ciudad de Barataria

acaba de quedarse sin gobernador.

Y recordando tus deseos de hacer gobernador a tu escudero,

nadie mejor que él para ocupar el cargo.

¿Puedo dárselo?

¿Eres capaz de sacrificarte renunciando a su valioso servicio?

Es sacrificio y doloroso.

Pero deseo su felicidad.

Sancho, híncate a sus pies.

Yo, el duque, te nombro gobernador de Barataria.

Ordeno a sus 1000 habitantes obedezcan lo que tú dispongas.

¡Viva el nuevo gobernados!

(TODOS) ¡Viva!

Dios tenga en su gloria al otro gobernador.

¿Murió? Le cortaron la cabeza.

¿Quién? El pueblo de Barataria.

Matar gobernadores es un tic nervioso de ese pueblo.

Y es lástima porque tiene unos alrededores preciosos.

¿Y yo qué voy a hacer con los alrededores?

¿No tiene otro pueblo que no tenga ese tic tac?

De 1000 habitantes, no.

Pues que sean dos de a 500.

Tampoco.

Jamás en toda mi vida de aventuras oí hablar

de ese tic nervioso.

¿Hace mucho que lo padece?

Pues van caídos unos...

104 gobernadores.

¿Y no matan alcaldes?

Solo gobernadores. Alcaldes hay más.

Estoy segura de que resistirás la prueba.

¿Me... van a hacer una prueba?

No es prueba de hacha sino de justicia.

Si haces justicia a su gusto, te salvas.

Te prometo presidir personalmente tu entierro.

-¡Viva el nuevo gobernador! -(TODOS) ¡Viva!

(Música épica)

Señor gobernador,

ya envíe un correo a Barataria, te harán un gran reconocimiento.

¿Puedo despedirme de mi señor?

Señor, su bendición.

Que Dios se contigo.

(Música épica)

(Tambores)

Bienvenido, excelencia.

Soy su gran chambelán, vuestro cetro.

¿Cómo dice que dijo? Que soy su gran chambelán,

¿Mi gran chambelán? ¿Y este es el gran recibimiento?

Esto está más vacío que mi estómago.

Ni que fuera yo el recaudador de impuestos para que se escondan.

Voy a ser como un padre cariñoso

y lo menos que podían hacer es disparar cohetes a mi llegada.

No se pueden hacer esos gastos, excelencia.

El verdugo cobra mucho.

(Música dramática)

Cada vez que actúa, primas dobles.

¿Y esa gente?

Han madrugado para coger buen sitio, excelencia.

El resto os espera en la sala de justicia.

Pero antes habrá que comer, ¿no? No, excelencia.

Por si se ahorran la comida.

Excelencia, os presento a las fuerzas vivas.

Las que quedan.

(Música dramática)

Qué bien se conserva aquí el vino. El vino no, excelencia.

Aquí se conservan los gobernadores.

Vea.

López López gobernó 16 días.

Calixto Fernández gobernó tres horas.

¿Y eso qué es? Es la vuestra, excelencia.

(Música dramática)

¿Podemos comenzar, excelencia?

Échame una manita, no me dejes solo.

No me dejes solo... ¡Justicia!

¡Justicia, señor gobernador!

¡Justicia! ¡Quiero justicia!

Soy una pobre mujer y han abusado de mi cuerpo.

Es el desvergonzado que se ha llevado lo que guardaba hace 20 años.

No es verdad, excelencia.

-¡Es verdad, sin vergüenza! -¡Mentira!

-¡Verdad! -¿Cómo te atreves a decirlo?

¡Por partes! (MURMULLAN)

Escriba.

Habiendo comparecido ante mí, punto.

Cierta joven muy agraciada.

Pero que muy, muy... Muy pónganlo con mayúsculas.

Y abran signos de admiración.

Punto y coma.

Dos puntos. Rayas laterales.

Y puntos suspensorios.

Y habiendo notado la interfecta.

que le faltaba algo que guardaba desde hace...

¿Como cuántos añitos me dijo? 20 primaveras.

20 con su prima Vera.

Y sospechando de cierto sujeto que la acompaña.

Paso a interrogar al sujetario.

¿No es verdad que es el autor de esta desvergüenza?

No, excelencia. Yo me la encontré en el campo.

Apunte. Si es una encontrada no puede ser una perdida.

Pero me sonrió...

Ah, usted también le sonrió.

Comenzaron a carcajearse juntos. Ay, chiquitos, ¿no fue así?

Así fue, excelencia. Pero le pagué.

Y entonces, si usted le pagó,

¿qué es lo que usted reclama?

Créame, su excelencia, crea a esta pobre mujer.

¿Ve alguna mentira en estos ojos?

Se nota tanto que es usted experto en mujeres.

(MURMURAN)

Y no digo quien es el mentiroso porque no quiero tomar partido.

(TODOS) ¡Fuera, fuera, fuera!

(TODOS) ¡Fuera, fuera, fuera!

Esto ya se puso feo.

¿Qué hago? Testamento, excelencia.

De esta no sale.

(TODOS) ¡Fuera, fuera, fuera!

A ver, que se presenten los testigos de carga y descarga.

No hubo testigos, excelencia.

¿Cómo no va a haber testigos?

¿Entonces qué clase de delito es este?

Entonces estamos fuera de lo legal.

Porque los delitos tienen que tener testigos.

Los delitos tienen que tener comprobación.

¿Entonces a dónde vamos?

Ustedes que son hombres de letras deberían saberlo.

Porque ya están grandotes y ya están muy letreados.

¡Todo delito que no tiene testigos, está fuera de lo legal!

Y esto viene siendo así como...

como este... recontradelito.

Un momento, un momento, un momento.

También puedo resolver los recontradelitos.

Y como gobernador...

condeno a este hombre

por haberlo capturado con las manos en la moza.

En la masa. En la moza.

Y lo condeno por caradura.

Y lo condeno porque me cae muy mal.

De manera que entréguele la bolsa con dinero

a esta inocente y pura criatura.

Y que sea rápido porque se me está acabando la paciencia.

¡Gracias, excelencia!

¡Gracias, señor gobernador!

Quítele la bolsa. Pero usted me dijo que...

¡Viva su excelencia!

(Música medieval)

Mire, excelencia.

Mire como el desvergonzado ha obedecido vuestras órdenes.

Me la quería quitar. ¿Ve como no respeta nada?

¿Lo ve? Sí, sí.

Pero veo que no se la ha quitado. ¿A mí?

Aún no ha nacido el hombre capaz de quitarme cualquier cosa.

Y menos esta birria canija.

De eso estoy seguro.

De eso estoy seguro.

Deme el cuerpo del delito, deme la bolsa.

Estimada, agraciada y forzuda joven,

estoy seguro y todo el pueblo lo ha visto

que si hubiera defendido con igual coraje y músculos

lo que hace 20 años guardaba con tanto recelo,

nadie le hubiera quitado nada. ¿Me oyó?

¡Nadie!

¡Lárguese de aquí, desvergonzada, que no quiero volverla a ver! Fuera.

(GRITAN)

(VITOREAN)

Estimado pueblo,

creo que nos hemos encontrado.

Y digan lo que digan otros gobernantes,

nada hay más fácil que encontrar al pueblo cuando se le busca.

O que cómo demonios se va a encontrar lo que no se busca.

Y como se va a buscar lo que no se encuentra.

Pero ya estamos juntos.

Juntos pero no revueltos.

Pero caminaremos juntos.

Con el paso corto pero seguro,

que me ha enseñando mi burro.

Porque hasta de los que rebuznan

se puede aprender siempre y cuando rebuznen

con buena intención.

¿Nos van a subir los impuestos? No, señor.

Ustedes subirán por ellos porque ya están grandecitos.

Tengo muchos planes para este pueblo.

Y os los iré soltando poco a poco.

Lo primero que haré será una escuela tan grande como un comedor.

Y un comedor tan grande como una escuela.

(VITOREAN)

¡Viva!

¡Viva el gobernador!

¡Viva! -Viva!

Para que los niños

coman.

Para que los niños estudien.

Para que los niños se desenrollen.

Porque los niños

son el presente del pasado y el futuro del porvenir.

-¡Viva el señor gobernador! -(TODOS) ¡Viva!

(VITOREAN)

Porque los niños son la felicidad de los pueblos.

Son la felicidad del universo.

Y porque yo quiero que este pueblo sea feliz

voy a quitar al condenado verdugo

que me cayó mal desde que lo vi.

Y voy a quitar la pena de muerte. Porque la muerte no vale la pena.

Lo que vale la pena es la vida.

Y una vida tranquila, y una vida descansada.

Por eso a los que trabajen, que deberían ser todos,

les daré tres días de descanso a la semana.

Pero, señor gobernador, tres días... Usted no se meta

porque si Dios que es fuerte y todopoderoso descansó un día,

¿por qué nosotros que somos más debiluchos,

no vamos a descansar tres?

(VITOREAN)

Ah, pero eso sí.

En este pueblo no quiero vagos ni holgazanes.

Cuando se diga a trabajar, a trabajar.

Porque no es lo mismo ganarse el pan con el sudor de su frente,

que ganarse el pan con el sudor de el de enfrente.

-¡Viva el señor gobernador! -¡Viva!

¡Viva el gobernador!

¡Pueblo! ¡Pueblo!

He dicho. ¡Muy bien!

(Música medieval)

Soy fuego. Soy fuego...

Soy fuego.

Aquí estoy, verdugo mío.

Aquí me tienes, Nerón.

Haz de mí una nueva Roma.

Incéndiame

de pasión.

Oh, don Quijote.

Oh, caballero de la triste figura.

Es mi amor una locura.

Apágame, te lo ruego.

Soy fuego.

Soy fuego.

Soy fuego.

Te busqué, amor mío,

de castillo en castillo.

Pregunté a caballeros, pajes, trovadores.

Pero ya te tengo aquí, bien mío.

¿Qué os sucede, señora? Tutéame.

¿Qué te sucede? Soy fuego.

¿Qué tienes don Quijote que despiertas en mí este amor?

Dímelo, dímelo.

Pues os aseguro... De tú, de tú.

Te aseguro que no sabía que lo despertase.

Despertáis insomnio.

Insomnio parece mi amor

y sufro... ¿Por qué eres así, tormento mío?

Lo hago sin darme cuenta, lo lamento.

No lo lamentes, lo paso muy bien sufriendo.

¿Tú sufres de amor?

Sí. ¿Sufres ahora?

Sufro desde que la vi, señora.

¿De veras? Llámame Altisidora.

Llámame Dora.

Dorita.

Repítelo. Quiero oírtelo de nuevo.

Sufro de amor...

desde que la vi.

Y no cambio este sufrimiento por nada.

Amar es sufrir.

Y mi alma es un desgarro continuo.

Desde que mis ojos vieron sus ojos.

Y mis labios dijeron su nombre.

Pero si aún no he logrado oírtelo.

Pronúncialo y hazme feliz.

Dulcinea.

Dulcinea del Toboso.

¿Quién es Dulcinea? La dama de mis pensamientos.

Como caballero andante yo estoy donde termina la tierra.

Ella donde empieza el cielo.

¿Amas a otra? ¿Y yo qué?

Te he dicho que soy fuego.

Lamento daros este disgusto.

Pero soy de Dulcinea.

Comprendedlo. No quiero comprender nada.

Soy fuego. Lo sé. Lo sé.

¿No me... no me encuentras bien?

Francamente bien. Pues aquí me tienes, verdugo mío.

Tigre.

Agradezco esta gentil invitación, pero...

Serás mío.

Soy de la otra. La otra no se enterará.

Pero me enteraría yo. Hombre...

Quiero decir, mi conciencia.

Mi fe de caballero.

La mataré. Mataré a esa Dulcinea y serás mío.

Te abrasará mi fuego.

Quiero que veas el fuego que te has perdido.

¡Así es!

(Música dramática)

Excelencia.

Por favor, excelencia.

-Perdón. -¿Qué quieres?

-Tenéis visita, excelencia. -Que vuelva mañana.

-¿Quién es? -Otro caballero andante.

¿Otro?

Su excelencia se digna a recibirte.

Tú sí, ella no.

¿Por qué?

-Está asquerosa. -¿Asquerosa?

¿Es que no te das cuenta de que es un disfraz?

-¿Un disfraz? -De cuidadora de cerdos.

Ah, huele mal.

Es que es muy concienzuda en los disfraces.

He debido de avisar a su excelencia de la clase de disfraz.

No te preocupes, percibirá el olor.

Su excelencia no conoce el olor a cerdo.

¿No eres tú su hombre de confianza? Bastará que se lo expliques.

Espera.

Yo debo ir delante.

Tres pasos antes de llegar a su excelencia os inclináis.

-¿Entendido? -Entendido.

-No le habléis sin que lo ordene. -Entendido.

Y tratadle siempre de excelencia. Quieto.

Debo anunciaros antes.

-¿Entendido? -Entendido.

Voy a consultar con su excelencia a ver si puede pasar la muchacha.

Entendido.

¡Eh, mayordomo!

¿Qué hace ese caballo ahí?

¿Caballo? ¿Dónde?

Gracias, señor, por recibirnos.

Oh, caballero, ¿a quién tengo el honor de acoger en esta fortaleza?

A Sansón Carrasco. Bachiller.

Vaya, otro caballero andante. Aleluya...

Lo de caballero fue para que me recibieras.

Deseo hablar de don Quijote.

Sé por unos cómicos que está aquí

y quisiera llevármelo con el permiso de su excelencia.

¿Y para eso me molestas?

-¡Échalos! -Sí, excelencia.

¡Échalos, échalos!

-Por favor, excelencia. -¡Fuera!

Espera...

¿Eres de su familia?

¿Entonces con qué derecho intervienes?

Con ningún derecho.

Con deber. Él me lo enseñó.

Ayuda al prójimo aunque no seas de la familia.

Soy de su pueblo. Le respeto y le quiero desde niño.

¿Permitís que me lo lleve?

No, no, no. Lo estamos pasando muy bien. Muy bien.

Y él. Le doy de comer. Duerme en cama blanda. No creo que se queje.

Además, dejé ir a los cómicos, no voy a quedarme sin diversión.

Y cuando su excelencia se canse,

cuando ya no le haga gracia, a su excelencia...

Otros lo recogerán.

Se lo puedo recomendar a mi primo.

En fin, no sé.

Al final le voy a dar un dinero, ¿eh?

No aceptará.

Yo siempre pago a los que me hacen reír.

Él no comprende que se dé dinero a la risa.

Si no a las lágrimas.

Creo que debemos dejar que se lo lleve, duque.

Y nuestra diversión ¿qué?

Ya nos hemos divertido bastante.

-Además, él no querrá irse. -Yo sé como lograrlo.

-¿Quieren ayudarme? -¿Y esta quién es?

Dulcinea del Toboso.

Emperatriz de la Mancha.

Ahí la tienes.

Tu rival. ¿No querías matarla?

Hala, Altisidora.

Pero qué elegante es esta emperatriz.

¿No veis? ¿No veis?

Y qué bien huele.

¿Perfume francés?

¿Se enamoró de tu olor, majestad?

Está loco por ti, majestad.

¿Quieres verle, majestad?

Está en la cama. Uy, qué idea tan picante se me ha ocurrido.

-¡Eso! Que vaya. ¿No? -(TODOS) ¡Sí!

-Que vaya. -Que vaya.

¡No!

Sé que quieren ustedes.

No es que a mí me importe ir.

Pero no quiero que se rían de él.

Ríanse de mí.

Yo no sé leer.

Soy burra y...

Y seguro que les haré gracia.

Había prometido que nunca más...

Pues... si a alguno le gusto.

Ya sé que huelo mal, a cerdos,

mejorando lo presente.

(Música dramática)

¡Todos, en guardia!

(GRITAN)

¡Deprisa! ¡Corre, huye! ¡Quiere cortarte la cabeza!

¿Quién? El caballero de la Blanca Luna.

De la blanca ¿qué? ¡Luna!

Baja, corre. escóndete.

-Huye. ¡Huye, don Quijote! -Ya vienen.

¡Dese prisa!

Póngase el peto. Ha saltado el castillo, el patio.

Está lleno de muertos, sangre... Le odia.

No le conozco de nada. No te pongas el peto.

Júramelo. Sé de tu valor pero huye.

Vamos, huye.

No. No cojas la espada. No la cojas.

¿Estás loco? ¿No ves que te matará?

-¡Te matará! -¿Dónde estás, don Quijote?

-¡No te escondas! -Es él. Estamos perdidos.

Sálvanos, Dios mío.

El caballero de la Blanca Luna.

Voy a cortarte la cabeza y a sacarte los ojos.

-¡Canalla! -¡No salgas!

No, a la puerta no. Hazlo por mí. Por tu amigo el duque.

Por la duquesa. ¡No salgas!

(Música dramática)

Pero tú no morirás así.

Voy a rebanarte lentamente el cuello.

Quiero que mueras despacio

para que Dulcinea vea tu agonía.

(RÍE)

Ayer tomé la ciudad del Toboso.

La dejé ardiendo.

Dulcinea está en mi poder.

¡Mientes! ¡Ahí la tienes!

(Música dramática)

Te creías, indigno,

¿que una mujer así iba a a ser tuya?

Será mía esta noche.

Aunque tenga que clavarle las espuelas.

(Música dramática)

Sáquenme de aquí.

¡Por favor, no puedo más!

¡Sáquenme de aquí!

¡Sáquenme de aquí!

Sáqueme de aquí. ¿Qué te pasa?

No quiero verlo, déjeme salir.

Es una broma, mujer. Lo sé, pero no quiero verlo.

Ábrame. Abra.

¿Se ha hecho daño, señor hidalgo?

¿Qué le pasa?

Por favor, no llore.

Me has vencido.

Tuya es Dulcinea.

Perdóneme, señor hidalgo, yo no...

Cláveme su espada.

Soy el más desgraciado de los caballeros.

Está usted equivocado. Es que yo...

Está bien. No lo estropee.

Vamos.

Vamos.

Este es mi castigo, caballero vencido.

Si no juras cumplirlo diré al mundo entero que no tienes honor.

Te condeno a volver a tu pueblo y a no salir de él en un año.

A no leer otro libro que la Biblia.

Y a dedicarte a administrar tus bienes.

Y a hacer vida sana.

Comprendo que esto es muy duro.

Pero sabes que te he vencido.

Jura.

Lo juro.

¡Deprisa! ¡Venid todos!

Se ha clavado una navaja

en el vientre. ¿Quién?

Ella. Esa muchacha. Dulcinea.

Dijo que si no era de don Quijote prefería morir.

(Música dramática)

Perdóname

si no supe defenderte.

Pronto estaré contigo.

Donde la vida no sea tan dura.

Espérame, amor.

Voy al destierro.

A cumplir como un caballero.

Y a morir.

Quiero morir.

Quiero morir deprisa para estar pronto a tu lado.

(Música dramática)

Yo no quiero que muera.

Me dijeron que esto era para curarle.

No para morir.

Estúpida.

Lo ha estropeado.

Esto es demasiado cruel.

Yo también creo que es demasiado.

Y me pusieron este vestido.

Pero es todo una broma, ¿comprende?

Es que quieren curarle.

¡Milagro! ¡Milagro!

¡El amor la ha resucitado!

¡Milagro! ¡Milagro!

¿Lo ve? Es todo una broma.

No les haga caso.

Don Quijote es el más grande caballero.

Es más que caballero.

Es santo.

Hagámosle santo.

-¡Viva el santo! -¡Viva!

¿Sabe quién está ahí?

El bachiller.

¿Sabe quién es el bachiller?

El caballero de la Blanca Luna.

Cállate, Aldonza.

¿Reconoce su voz?

¿No oye cómo me llama?

Aldonza.

Mi nombre es Aldonza.

Si a usted le gusta más Dulcinea...

¿Quién eres?

En Barataria, el día de hoy.

A la hora tal.

Sin saber si es viernes 10 o 10 a la viernes,

tres puntos.

Mi querida esposa, Teresa Panza,

y mi querida hija Sanchica:

Mucho os echo de menos

al no poderos recordar de más.

Pero es que aquí me he propuesto ahorrar, hasta en los recuerdos.

Y haz la letra chica que también la tinta cuesta.

Y si hay que abrir interrogación, mejor la cierra que es más seguro.

Como os prometí, ya soy gobernador.

Y tengo de todo.

Un chambelán grande.

Y un vecindario con quien me traigo muy bien.

Y no digo me llevo...

porque esa palabra no se oye bien en boca de un gobernador.

Ahora sí estoy durmiendo muy bien.

Porque tengo una cama con dos sábanas.

Una arriba y otra abajo

para cuando me doy la vuelta.

Y me doy cada volteadota...

Más despacio, excelencia, no lo agarro todo.

Tanto mejor porque en el palacio de gobierno

hay que agarrar lo menos posible.

Punto y seguido.

De otro punto, coma y comillas entre cortadas.

También estoy castigando

a los funcionarios inmorales.

Inmoral lo pone con acento esdrújulo.

No lleva. Pues ahora va a llevar.

Porque últimamente se acentúa mucho la inmoralidad.

Y a mí no me discute usted. Porque cuando dice esto, así debe de ser.

Pero aunque tengo tantas cosas,

de repente me siento solo.

Claro, me faltan ustedes.

Y anoche lloré.

Lloré como la Magdalena.

Como la Magdalena, la mujer del barbero.

Pero me extraña que no te acuerdes, aquella rechonchita,

guapetona, que siempre,

que por cierto una noche que tú no estabas...

No puedo seguirle, excelencia, va muy deprisa.

¿Hasta dónde llegó? Hasta "una noche que tú no estabas".

Hasta ahí. Hasta ahí se queda.

Pone punto para que nadie se entere de lo que pasó aquella noche.

También tengo mi traje de gobernador.

Que es muy bonito. Lo estoy viendo.

Pero también he traído mi traje antiguo.

El mío.

Porque no quiero olvidar quien soy,

ni de donde vengo.

Como hay muchos que cuando están arriba se olvidan de los de abajo.

Por eso cuando caen se dan un batacazo padre.

¿Ya puso padre? Sí, excelencia.

Pues póngale madre.

Excelencia, un mensaje urgente del castillo del señor duque.

Léalo.

"Querido Sancho: Tu señor te necesita.

Ya no es don Quijote de la Mancha.

Ha vuelto a ser el hidalgo Alonso Quijano.

Ya está sano y no volverá a cabalgar por los caminos.

Pero te necesita más que nunca.

Va hacia el pueblo. Alcánzale, Sancho,

y cabalga a su lado, aunque sea por última vez.

Tu triste amigo, el bachiller".

¿Hay respuesta, excelencia?

(Música dramática)

¡Mi burro! ¡Mi traje!

Mi señor me necesita. ¿No están oyendo?

Tengo que alcanzarlo. ¡Mi traje, mi burro! ¡Rápido!

Demonios, por qué no me vienen a decir...

Mi señor lo van a volver loco.

Su traje, excelencia. Este no.

¡El de Sancho! ¡Y mi burro! Rápido, rápido.

¿Pero qué le han hecho, señor? ¿Qué le han hecho?

¿Qué le han hecho?

Su traje, excelencia.

Ay, mi señor. No debería haberlo dejado. Nunca, nunca.

Tiene caballos en la cuadra. No quiero el caballo del gobernador.

Quiero el burro de Sancho. Sí, señor.

El burro de Sancho. Mi señor me necesita.

¿Por qué lo dejé solo, Señor? Excelencia,

¿acabo la carta? Escriba.

Y despidiéndome para siempre de Barataria

porque mi señor me necesita.

Y dejándoles también el cargo de gobernador,

rompo esta carta.

Rómpala.

Ya he dejado el gobierno. Yo me voy con mi señor.

(Música dramática)

Señor, aquí estoy otra vez y para siempre.

Ya no nos volveremos a separar nunca, ¿verdad, señor?

Y seguiremos nuestras aventuras juntos, como siempre.

¿Verdad, señor?

Aunque nos tiren de piedras, y cuanto más grandes mejor.

Al fin que en su compañía hasta me gusta

Todo sea por ellos, por los pobres y desgraciados

que nos están esperando. ¿Se acuerda de ellos, señor?

¿Se acuerda que no tienen a nadie que los defienda salvo nosotros?

¿Se acuerda? ¿Se acuerda, señor?

¿Por qué lo quieren meter al pueblo a meterse a su casa?

Lo quieren volver loco, señor.

No se deje, no les haga caso.

Ahora mismo le arreglo su armadura,

que ya se estaba oxidando de tantas lágrimas enjuagadas.

Porque tenemos que seguir cabalgando, ¿verdad, señor?

Tenemos que seguir.

Tenemos que seguir, señor. Nos espera mucha gente.

El universo está lleno de pobres.

Que nos están llamando para hacerles justicia.

No podemos abandonarlo.

No podemos abandonar a los débiles, a los humildes.

Usted me lo ha dicho, señor don Quijote,

y tiene que acordarse.

Tiene que acordarse.

¿Qué le han hecho, señor? ¿Qué le han hecho?

¿Se acuerda de Dulcinea?

No se acuerda. ¿Se acuerda de mí? ¿De Sancho?

Su fiel escudero.

Su fiel escudero.

Tenemos que cabalgar, señor.

Por bien de la humanidad.

Cabalgue, señor. Cabalgue.

(Música dramática)

Sancho...

(Música dramática)

Curado.

(Música dramática)

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