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Don Quijote de la Mancha,
el cual me mand� que me presentase ante la vuestra merced
para que la vuestra grandeza disponga de m� a su talante!".
Otra vez esos desalmados libros.
-Dos d�as con dos noches lleva leyendo.
-Y del poco dormir y mucho leer se le sec� el cerebro.
-Avisad al se�or cura y a maese Nicol�s, el barbero,
del mal estado del se�or. -�A estas horas?
-Buena hora ser� si logran sosegarlo.
(Estruendo)
�Qu� sucedi�, t�o? �Qu� ruidos son estos?
�Has de saber, sobrina, que en este mismo lugar
he muerto a cuatro gigantes como cuatro torres!
Ya se ve que fue dura jornada, as� sud�is.
�No es sudor,
sino sangre de las heridas que he recibido en la batalla!
Sobrina,
dame de aquella preciosa bebida que trajo el sabio Alquife,
el grande encantador amigo m�o. Para que qued�is sano y sosegado.
�Qu� le parece a vuestra merced, se�or cura, de nuestra desgracia?
-�Sigue dando cuchilladas? -Ya termin�.
All� voy con este agua fr�a que �l toma como b�lsamo divino.
�C�mo os encontr�is? �Trae, trae!
Este precioso licor, obra de un encantador amigo m�o,
no deja huella de herida ni se�al de la fatiga del combate.
�Gran fortuna para un caballero!
S� que lo ser�, porque me parece conveniente y necesario,
para el aumento de mi honra y el servicio de mi rep�blica,
hacerme caballero andante.
Idea digna del mismo Cid Ruy D�az. Buen caballero fue.
�Pero no tiene que ver con el de la Ardiente Espada,
que de un solo rev�s parti� dos fieros y descomunales gigantes!
�Estaba por ventura entre ellos el traidor de Galal�n?
�Callad! �Por darle una mano de coces,
diera yo al ama que tengo y aun a mi sobrina de a�adidura!
Bien lo merec�a. Mas ahora tal vez fuese prudente retiraros a descansar.
�No tal, sino a coger mis armas y caballo y buscar aventuras
deshaciendo todo g�nero de agravios!
�Y poni�ndome en ocasiones y peligros donde, acab�ndoles,
cobre eterno nombre y fama!
�Gloria al caballero don Alonso de Quijano el Bueno!
�No! �En lo sucesivo me he de llamar Don Quijote de la Mancha!
�Nombre con el que a mi parecer declaro mi linaje y patria!
�Y vuestro caballo? �Rocinante!
�Nombre alto, sonoro y significativo de lo que ha sido cuando fue roc�n!
Veo que est�is muy adelantado en vuestros prop�sitos.
�No me falta otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarme!
�Porque caballero andante sin amores es �rbol sin hojas y sin fruto
y cuerpo sin alma! �Y la hallasteis?
�S�, amada a la que di t�tulo de se�ora de mis pensamientos!
�No la conoc�is? �No lo sospech�is?
�Es la altiva, la �nica,
la simpar Dulcinea del Toboso!
Dulcinea del Toboso... -A lo que yo creo,
una moza labradora de muy buen parecer
de quien un tiempo anduvo enamorado.
-�Aldonza Lorenzo? -Ah, �lo sab�ais?
Yo creo que nuestro vecino har� ese disparate con que sue�a.
-Ma�ana amanecer� Dios, y ser� ocasi�n de impedirlo.
Debi� dormirse ya. -Eso parece.
-Dios nos d� buena ma�ana.
(M�sica suspense)
�Dichosa edad y siglo dicho aquel en que saldr�n a la luz
las famosas haza�as m�as, dignas de entallarse en bronce,
de esculpirse en m�rmoles y pintarse en tablas
para memoria en lo futuro!
�Oh, t�, sabio encantador, quienquiera que seas,
a quien ha de tocar ser cronista de esta peregrina historia,
ru�gote que no te olvides de mi buen Rocinante,
compa�ero eterno m�o en todos mis caminos y carreras!
(Risas)
(R�EN) �Jes�s!
�No huyan vuestras mercedes ni teman desaguisado alguno!
�Qu� ocurre?
Bien parece la mesura de las hermosas.
Y es mucha sandez la risa que de leve causa procede.
Si vuestra merced, se�or caballero, busca posada, am�n de lecho,
porque en esta posada no hay ninguno,
todo lo dem�s se hallar� en ella en mucha abundancia.
Para m�, se�or castellano, cualquier cosa me basta,
porque mis arreos son las armas; mi descanso, el pelear.
Siendo as�, bien se puede apear
en la seguridad de que ha de hallar en esta choza
ocasiones para no dormir en todo el a�o,
cuanto m�s en una noche. Tened cuidado de mi caballo
porque es la mejor pieza que come pan en el mundo.
Nunca vi otro que fuera ni la mitad de lo que este parece.
-�Venid ac�, caballero, que os desnudemos de estos hierros!
Nunca fuera caballero de damas tan bien servido
como fuera Don Quijote cuando de su aldea vino.
Doncellas curaban de �l; princesas, de su rocino,
o Rocinante, que este es el nombre, se�oras m�as, de mi caballo;
y Don Quijote de la Mancha, el m�o. Con este morri�n no hay quien pueda.
-Si cortamos estas cintas... No lo consentir� en ninguna manera.
Bien est� la celada y no hace falta quitarla.
�Quer�is comer alguna cosa? Cualquiera yantar�a yo,
porque a lo que entiendo me har�a mucho al caso.
�Comer� vuestra merced truchuela, que hoy es viernes
y no hay otro pescado que darle? Me placen las truchuelas.
(R�EN)
(M�sica c�mica)
Imposible.
�Dadme de beber! �Dadme de beber!
Para todo hay remedio. �Ayudadme!
�Ayudadme!
�Ah, sois vos!
No me levantar� jam�s de donde estoy, valeroso caballero,
hasta que vuestra cortes�a me otorgue un don que quiero pedir.
Alzaos, buen caballero, que yo os otorgar�
cuantos dones est�n en mi mano para vuestro mejor servicio.
No esperaba menos de la gran magnificencia vuestra, se�or m�o.
Y as� os digo que el don que os he pedido
y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado
es que ma�ana me hab�is de armar caballero.
�Armar caballero?
Esta noche, en vuestro palacio, velar� las armas,
y ma�ana se cumplir� lo que tanto deseo.
La verdad es que en este castillo
no hay capilla donde velar las armas,
porque est� derribada para hacerla de nuevo.
Qu� contrariedad.
Claro que, en caso de necesidad, se puede velar donde quiera.
Y esta noche las podr� velar en un patio del castillo,
y a la ma�ana, siendo Dios servido, se har�n las debidas ceremonias
para que qued�is armado caballero.
Y tan caballero que no pudiese ser m�s en el mundo.
Mostradme ese patio. Vamos all�.
Aqu� pueden quedar las armas.
Por cierto, �tra�is dineros?
�Dineros? No traigo blanca.
Nunca le� en las historias de los caballeros andantes
que ninguno las hubiese tra�do. Se enga�a vuestra merced.
Si en las historias no se escribe es que a los autores les ha parecido
que no era menester escribir cosa tan clara y necesaria
como son el dinero y camisas limpias.
Yo os prometo traerlo todo como aconsej�is con puntualidad.
Quedad con Dios. Que nos d� buena guardia.
�Un nuevo g�nero de locura, armarse caballero!
-�Se�or castellano! �Cu�ntos tuertos hab�is hecho?
-�A cu�ntas viudas hab�is recostado? -�Miradle! �Miradle!
�T�, quienquiera que seas!
�Atrevido caballero que llegas a tocar las armas
del m�s valeroso andante que jam�s ci�� espada!
�Mira lo que haces y no lo toques
si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento!
(Risas)
�Socorredme, se�ora m�a, en esta primera afrenta
que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece!
(GRITA)
-�Lo descalabr�! -�Vamos, al loco!
(M�sica tensi�n)
�Deteneos! �Alevosos, traidores! �Vamos con �l!
�Deteneos, gente malnacida!
�Y vos, se�or del castillo, malnacido caballero!,
�as� consent�s que se trate a los andantes caballeros?
�Dejadle, que por loco se librar� aunque nos mate a todos!
-Bueno, le dejaremos, pero que nos deje retirarle.
-Caballero, dejad retirar al herido,
que os prometo daros la orden de caballer�a
antes de que otra desgracia suceda. �Y esos jayanes?
Disculpad la insolencia que esta gente baja ha usado
sin que yo supiese cosa alguna.
Pero bien castigados quedan por su atrevimiento.
�Que se lleven esta carro�a! Estoy pronto a obedeceros.
�Y conste que si otra vez fuese acometido
y me viese armado caballero,
no pienso dejar persona viva en el castillo!
Excepto aquellos que vos mand�is, que por vuestro respeto dejare.
Arrodillaos.
Vosotras, venid.
(HABLA EN LAT�N)
Levantaos.
Ce�idle vos la espada.
-Dios os haga a vuestra merced mi venturoso caballero.
�C�mo os llam�is, se�ora? La Tolosa.
Soy hija de un remend�n natural de Toledo,
y dondequiera que est�, os servir� y os tendr� por se�or.
Por mi amor, hacerme merced de aqu� en adelante de poneros don
y llamaros do�a Tolosa. As� lo har�.
-Calzadle vos la espuela.
Y a vos, mi se�ora, �c�mo habr� de llamaros?
La Molinera, que soy hija de un honrado molinero de Antequera.
Os ruego teng�is a bien poneros don y llamaros do�a Molinera.
Por este don, yo os ofrezco nuevos servicios y mercedes.
Yo soy quien os lo debo, se�ora, por el bien que me hicisteis.
La fortuna os depare aventuras dignas de vuestro esforzado brazo.
Muchacho, trae su caballo.
He de regresar a mi casa por seguir vuestro consejo
sobre los dineros y las camisas limpias,
y buscar escudero. �Id en buena hora!
(Risas)
�Todo el mundo se tenga si todo el mundo no confiesa
que no hay en el mundo todo doncella m�s hermosa
que la emperatriz de la Mancha, la simpar Dulcinea del Toboso!
Quieto. �No ves que es un loco?
Se�or caballero,
nosotros no conocemos qui�n sea esa buena se�ora que dec�s.
Mostradnos alg�n retrato, aunque sea tama�o de un grano de trigo,
y aunque sea tuerta de un ojo y del otro le emane bermell�n...
�No le emana, canalla infame, sino �mbar y algalia!
�Pero vosotros pagar�is la gran blasfemia que hab�is dicho
contra tama�a beldad como es mi se�ora!
(R�EN)
�No huy�is, gente cobarde! �Gente cautiva!
�Sigamos!
�Confesad todo cuanto os exig�!
�Atended, que no por culpa m�a,
sino de mi caballo, estoy aqu� tendido!
�Toma! �Caballeros andantes a m�!
�Socorredme, mi se�ora!
�Ay!
�D�nde est�s, se�ora m�a, que no te duele mi mal?
�O no lo sabes, se�ora, o eres falsa y desleal!
�Se�or Quijano!
�Se�or Quijano!
�Qui�n ha puesto a vuestra merced de esta suerte?
�Ten�is alguna herida?
�Oh, noble marqu�s de Mantua, mi t�o y se�or carnal!
Mire vuestra merced, se�or, pecador de m�,
que no soy el marqu�s de Mantua, sino Pedro Alonso, vuestro vecino.
Venid conmigo al pueblo.
�Abran vuesas mercedes al se�or marqu�s de Mantua,
que viene malherido!
-�Qu� pasa? -�Qu� os pas�, se�or?
�D�nde lo hallasteis? -�Est�s herido?
V�nganse todos, que vengo malherido por culpa de mi caballo.
Ll�venme a mi lecho y ll�mese si fuera posible
a la sabia Urganda, que cure mis heridas.
Mira si sab�a yo de qu� pie cojeaba mi se�or.
Tome vuestra merced, se�or cura. Roc�e el aposento con agua bendita.
No est� aqu� alg�n encantador de los muchos de estos libros.
(R�E) -D�dmelos uno a uno, pues podemos hallar alguno
que no merezca castigo de fuego. -No hay por qu� perdonar ninguno.
-Al menos leeremos los t�tulos. -Trae.
"Los cuatro de Amad�s de Gaula". -Se le otorga la vida por ahora.
-"Sergas de Esplandi�n". -Tomad, se�ora ama.
Abrid esa ventana y echadle al corral,
y d� principio al mont�n de la hoguera que se ha de hacer.
�Abrid, valerosos caballeros! �Dios m�o, otra vez!
�Es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos,
que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!
Calle vuestra merced, se�or compadre,
que Dios ser� servido, que la suerte se mude
y lo que se pierda hoy se gane ma�ana.
�Por cierto, se�or arzobispo Turp�n,
que es gran mengua de los que nos llamamos Doce Pares...!
Atienda a su salud por ahora.
-Debe estar demasiado cansado si ya no es que est� malherido.
Herido, no; pero molido y quebrantado, no hay duda de ello.
Por ahora tr�iganme de comer, que es lo que har� m�s al caso.
�Y qu�dese lo de vengarme a mi cargo!
El ama le est� preparando una olla con algo m�s de vaca que carnero
y un palomino de a�adidura.
-Coma vuestra merced, y vengan duelos y quebrantos.
-Dej�mosle ganar fuerzas, que las necesitar� para el torneo.
�Torneo tenemos?
-Aqu� abrir� esta puerta como yo estoy en Babia.
�Antonia! �Ama!
�Abrid al caballero Don Quijote de la Mancha,
al que el mundo espera para su mayor asombro!
Est� don Alonso como todos los d�as. Vete a saber qui�n tendr� raz�n.
�Sabio Alquife, grande encantador y amigo m�o,
ac�rreme de estar en cuita como es verme privado de libertad!
�Cuidad, Sancho!
�Ay!
�Ay!
�Ay, mis lomos!
�Ya sab�a yo, poderoso encantador,
que no hab�ais de dejar a este vuestro amigo
en tan grave prisi�n? �Encantador yo? Infeliz de m�.
Repare vuestra merced que soy Sancho Panza,
del linaje de los Panzas, �ay!, y rentero de esta casa.
Aunque t� no lo sepas, Sancho, un grande encantador te ha enviado
para hacer el gran servicio que es sacarme de esta c�rcel.
Por donde entiendo que mi amigo el sabio Alquife
te se�ala como el escudero que preciso
y que me depara mi buena fortuna.
�Y qu� me dir� la se�ora si lo llegara a saber?
�Tanto la temes?
Tanto que, por no discutir con ella, pago vuestra renta con sahumerio.
Ten en cuenta que yo te ofrezco, a fe de caballero andante,
elevarte a tan alta dignidad
que no haya otra semejante en gran parte de la tierra.
�Tanto pueden los caballeros andantes?
Tanto que tal vez me pueda suceder aventura
en la que gane en un qu�tame all� esas pajas alguna �nsula
y te deje por gobernador. Siendo as�...
Si tantos presagios me aventuran y vuestra merced tanto promete...
�Te determinas a seguirme? Est� determinado.
Ir� con vuestra merced y le servir� de escudero.
Prep�rate a salir esta noche y ay�dame a descolgar por el balc�n.
Lleva alforjas, que yo llevar� dinero y camisas limpias.
Tambi�n llevar� mi asno, que es muy bueno,
porque no estoy ducho en andar mucho a pie.
No recuerdo que ning�n caballero andante
trajese escudero caballero asnalmente.
Entonces... �Ll�valo!
�Que yo quitar� el caballo al primer descort�s caballero que toque!
(Ronquidos)
Se�or, no se olvide lo que de la �nsula me tiene prometido,
que yo la sabr� gobernar por grande que sea.
Has de saber, amigo Sancho Panza, que, si t� vives y yo vivo,
bien podr�a ser que antes de seis d�as ganase yo tal reino
que viniese de molde para coronarte por rey.
Si yo fuera rey, Teresa, mi mujer, vendr�a a ser reina;
y mis hijos, infantes. Pues, �qui�n lo duda?
Yo lo dudo. Aunque lloviesen reinos sobre la tierra,
ninguno asentar�a bien sobre la cabeza de Teresa Panza.
Sepa, se�or, que no vale dos maraved�s para reina.
Condesa le caer�a mejor, y aun Dios y ayuda.
�La ventura gu�a nuestras cosas mejor
de lo que acert�ramos a desear!
�Ves all�, amigo Sancho Panza, treinta desaforados gigantes?
�Por ellos pienso entablar batalla y quitarles a todos la vida!
�Qu� gigantes? �Aquellos que ves con brazos largos
de casi dos leguas! Mire, vuestra merced,
que aquellos que se aparecen no son gigante,
sino molinos de viento.
Y lo que parecen brazos son las aspas.
Bien parece que no est�s cursado en esto de las aventuras.
�Ellos son gigantes!
�Y si tienes miedo, qu�tate y ponte en oraci�n,
que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla!
�Det�ngase, vuestra merced, que no son gigantes!
�No huy�is, cobardes y viles criaturas,
que un solo caballero es el que os acomete!
�Aunque mov�is m�s brazos que los del gigante Briareo,
me las hab�is de pagar!
�Oh, Dulcinea del Toboso, socorredme!
(M�sica tensi�n)
�V�lgame Dios!
�Sancho!
�No le dije a vuestra merced que eran molinos de viento
y que no lo pod�a ignorar
sino quien llevase otros tales en la cabeza?
Calla. Yo pienso que el sabio Frest�n
ha vuelto a estos gigantes en molinos
para quitarme la gloria de su vencimiento.
�Mas han de poder poco sus malas artes
contra la voluntad de mi espada! Dios lo haga como puede.
Advierte, Sancho, que aunque me veas en los mayores peligros del mundo,
no has de poner mano a tu espada para defenderme
si ves que mis ofensores son caballeros.
Digo que as� lo har�.
Y guardar� ese precepto tan bien como el d�a del domingo.
O yo me enga�o,
o se me presenta la m�s famosa ventura que se haya visto.
Aquellos bultos negros son sin duda alguna encantadores
que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche.
�Peor ser� esto que los molinos de viento!
Mire, se�or, que aquellos son frailes de San Benito,
y el coche debe ser de gente pasajera.
Ya te dije que sabes poco de achaques de aventuras.
�Ahora ver�s!
Gente endiablada y descomunal,
dejad al punto las altas princesas que en ese coche llev�is forzadas;
si no, aparejaos a recibir presta muerte,
por justo castigo de vuestras malas obras.
Se�or caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales,
sino dos frailes que vienen de camino
y no sabemos si en ese coche vienen o no princesas.
Para conmigo no hay palabras blandas,
que ya yo os conozco, fementida canalla.
�Ave Mar�a!
Nobles se�oras m�as,
la soberbia de vuestros robadores
yace por el suelo derribada por este mi noble brazo.
Anda, caballero que mal andes, por el Dios que cri�me que,
si no dejas coche, as� te mates, como est�s ah� vizca�no.
Si fueras caballero como no lo eres,
ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura.
�Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano.
Si lanza arrojas y espada sacas
al agua cu�n presto ver�s que el gato llevas.
Ahora lo ver�is.
Tomad, puede servir de escudo.
(M�sica acci�n)
Oh, Dulcinea, flor de la hermosura, socorred a este vuestro caballero.
Rend�os, o por Dios que os corto la cabeza.
Por piedad, hacednos la gran merced
de perdonara vida de nuestro escudero.
Yo soy muy contento de hacer lo que me ped�s.
Mas este caballero ha de ir al lugar del Toboso
y all� presentarse ante la sin par Dulcinea
para que ella haga de �l lo que m�s fuere su voluntad.
Nosotras prometemos por �l. Pues en fe de esa palabra
yo no le har� m�s da�o.
(M�sica triunfal)
�Sancho, he vencido!
�Gracias, Dios m�o! �Sancho, hermano!
Sea vuestra merced servido de darme el gobierno de la �nsula
que en esta pendencia de ha ganado. Hermano Sancho, ten paciencia.
Entonces lo que ruego a vuestra merced es que se cure,
que le va mucha sangre de esa oreja.
Aqu� traigo hilas y un poco de ung�ento en las alforjas.
Todo eso fuera bien escusado
si yo recordara hacer una redoma del b�lsamo de Fierabr�s.
�Qu� redoma y b�lsamo es ese?
Es un b�lsamo con el cu�l no hay que temer a la muerte,
ni hay que pensar en morir de herida alguna.
Yo hago juramento al creador de todas las cosas
de no comer pan a manteles
hasta tanto que quite por fuerza otro casco
tal y tan bueno como este a alg�n caballero
o el mism�simo yelmo de Mambrino.
Mire vuestra merced, que por estos caminos
no andan hombres armados sino arrieros y carreteros
que no solo no traen casco sino que quiz� no lo han o�do
en todos los d�as de su vida.
Pero este es el d�a en que se ha de mostrar el valor de mi brazo.
�Ves aquella polvareda que all� se levanta?
Pues toda es cuajada de un copios�simo ej�rcito
que por all� viene marchando. A esa cuenta dos deben ser,
porque por esta parte contraria se levanta otra semejante polvareda.
As� es la verdad y al�grome,
porque son dos ej�rcitos que vienen a embestirse
y a encontrarse en mitad de esa espaciosa llanura.
Se�or, pues �qu� hemos de hacer nosotros?
Favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos.
Y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestro frente
lo conduce o gu�a el gran emperador Alifanfar�n,
se�or de la grande isla de Trapobana.
Este otro que a mi derecha marcha es la de su enemigo,
el rey de los garamantas, Pentapol�n del Arremangado Brazo,
porque siempre entra en las batallas con el brazo derecho desnudo.
�Por qu� se quieren tan mal estos dos se�ores?
Qui�rense mal porque este Alifanfar�n es un furibundo pagano
y est� enamorado de la hija de Pentapol�n,
que es muy hermosa y cristiana, y su padre no se la quiere entregar
si no deja primero la ley de su falso profeta Mahoma.
�Por mis barbas, si no hace muy bien Pentapol�n,
y que le tengo que ayudar en cuanto pudiere!
En eso har�s lo que debes, Sancho,
porque para entrar en batallas semejantes
no se requiere ser armado caballero.
Se�or, encomiendo al diablo cuanto vuestra merced dice.
A lo menos yo o lo veo. �C�mo dices?
�No oyes el relinchar de los caballos,
el tocar de los clarines, el ruido de los atambores?
No oigo otra cosa sino muchos balidos de ovejas y carneros.
El miedo que tienes, Sancho, te hace que ni veas ni oigas a derechas.
Vu�lvase vuestra merced,
que son carneros y ovejas las que va a embestir.
�Caballeros del valeroso emperador Pentapol�n del Arremangado Brazo,
seguidme todos! �Ver�is cu�n f�cilmente le doy venganza
de su enemigo Alifanfar�n de la Trapobana!
(M�sica acci�n)
�Ad�nde est�s, soberbio Alifanfar�n?
Ven a m�, que un solo caballero soy.
�Quietos! �Qu� locura es esta! �No, eso no! �Ay! �No, eso no!
�No le dec�a yo a vuestra merced que los que iba a acometer
no eran ej�rcitos sino manadas de carneros?
Como eso puede desaparecer
y contrahacer aquel ladr�n del sabio mi enemigo.
S�bete, Sancho, que es f�cil a los tales
hacernos parecer lo que quieren,
y este maligno ha vuelto los escuadrones en manadas de ovejas.
Ser� de menester de tu favor y ayuda.
Mira cu�ntas muelas y dientes me faltan.
�Cu�ntas muelas sol�a vuestra merced tener en esta parte?
Cuatro. Todas enteras y muy sanas.
Mire bien vuestra merced lo que dice, se�or.
Digo cuatro, sino eran cinco.
Pues en esta parte de abajo no tiene vuestra merced
m�s que dos muelas y media; y en la de arriba, ni media ni ninguna,
que est� toda rasa como la palma de la mano.
Las heridas que se reciben en las batallas
antes dan honra que la quitan.
As� que Panza, amigo, lev�ntame lo mejor que pudieres,
ponme encima de tu jumento y vamos de aqu� antes de que la noche venga
y nos asalte en este despoblado. Vamos, se�or.
Bendito sea Dios... �una venta! No es venta sino castillo.
Tan castillo es como mi madre. Venta y mala por a�adidura.
Castillo te digo. Y castillo principal, por lo que se muestras.
Sea lo que fuere, vamos all� sin m�s averiguaciones.
�Qu� mal trae el caballero?
No es nada, sino que ha ca�do de una pe�a abajo
y viene algo brumadas las costillas.
Pobre se�or, ven, hija, y le llevamos a la cama para curarle.
-�Y en qu� cama, madre? -Arriba, en la del arriero.
Virgen bendita, qu� de cardenales. M�s parecen golpes que ca�da.
No son golpes, sino que la pe�a ten�a muchos picos y tropezones
y cada uno hizo su cardenal. �C�mo se llama ese caballero?
Don Quijote de la Mancha y es caballero aventurero.
�Y qu� es caballero aventurero?
�Tan nueva sois en el mundo que no lo sab�is vos?
Pues sabed que es una cosa que en dos palabras
se ve apaleado y emperador.
Creedme, hermosa se�ora, que os pod�is llamar venturosa
por haber alojado en este vuestro castillo a mi persona.
Mi escudero os dir� qui�n soy.
Solo os digo
que llevar� eternamente escrito en mi memoria
el servicio que me hab�is hecho.
Y si el amor no me tuviera sujeto a sus leyes
los ojos de esta hermosa doncella fueran se�ores de mi libertad.
Gracias, se�or caballero. Y adi�s, que ya qued�is curado.
-�Qu� dijo, madre?
-As� lo entend�, como si me hablase en griego.
-�Ya de retirada? -S�, �vendr�s?
-Esp�rame pasada la medianoche.
(M�sica suave)
Estoy tan molido y quebrantado, hermosa y alta se�ora,
que aunque mi voluntad quisiera satisfacer la vuestra,
fuera imposible. �Qu� dice?
Adem�s de la prometida fe que tengo dada
a la sin par Dulcinea del Toboso.
Que si esto no hubiera de por medio, no dejara pasar en blanco
la venturosa ocasi�n en que vuestra gran bondad me ha puesto.
�Pero qui�n sois? �Dejadme!
(GRITA)
�Miserable!
�Villano!
�Malandr�n!
�Traidor!
�Villano y mil veces villano!
(M�sica)
�Ay! �Ay!
-Cosas de maritornes.
(Cristales)
(Contin�a la m�sica)
�Engancha a la justicia! �Ahora la Santa Hermandad!
-Maritornes, �d�nde est�s?
�D�nde est�s?
�Cierren las puertas de la venta!
�No salga nadie que aqu� ha muerto!
�At�nganse a la Santa Hermandad!
�At�nganse a la Santa Hermandad!
�Duermes, amigo Sancho? �Qu� tengo de dormir?
Si parece que todos los diablos han andado conmigo esta noche.
Pues has de saber que a poco
vino a m� la hija del se�or de este castillo.
Y qu� te dir� de sus cosas ocultas, que por guardar
la fe que debo a mi se�ora Dulcinea del Toboso,
dejar� pasar intactas y en silencio.
S�, la m�s apuesta y hermosa doncella
que pueda hallarse en gran parte de la Tierra.
M�s sin que yo viese ni supiese por d�nde ven�a,
vino una mano pegada a alg�n brazo de alg�n gigante
y asest�me una pu�alada en las quijadas tal
que las tengo ba�adas en sangre, por donde conjeturo
que el tesoro de la hermosura de esta doncella
lo debe guardar alg�n encantado moro y no debe ser para m�.
Ni para m� tampoco.
Que m�s de 400 moros me aporrearon de tal manera
que el movimiento de las estacas fue tortas y pan pintado.
No tengas pena que yo har� el precioso b�lsamo que sabes.
(CHISTA)
(SUSURRA) �Se�or, ser� este el moro encantado
que se dej� algo en el tintero? �C�mo va, buen hombre?
Hablar yo m�s bien, criado.
�Usas en esta tierra hablar de esa suerte
a los caballeros andantes, majadero? No cabe duda que est� bien vivo.
Sin duda que es el moro encantado y debe guardar el tesoro para otros
y para nosotros solo guarda las pu�adas y los candilazos.
As� es. Lev�ntate, Sancho, si puedes.
Llama al alcaide de esta fortaleza y procura que se de
un poco de aceite, vino, sal y romero
para hacer el salut�fero b�lsamo.
Aceite.
Romero.
Sal.
Y vino. Ahora hay que ponerlo a cocer.
Un buen espacio.
Dice mi se�or que es un b�lsamo divino.
Pero le faltar� alg�n conjuro.
Porque yo no s� que estas cosas hagan milagros.
"Pater noster qui es in clis".
Y ahora dame la aceitera que el b�lsamo est� apunto.
"In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti".
Es maravillo.
Sancho.
Sancho. �Sancho!
�Qu� quiere, vuestra merced?
El b�lsamo ha obrado sus maravillas y me encuentro tan aliviado y sano
que quiero salir luego en busca de aventuras.
Yo no me puedo mover.
Para el m� el b�lsamo me result� ponzo�a.
Yo creo que todo este mal te viene de no ser armado caballero.
Porque tengo para m� que ese licor
no debe aprovechar a los que no lo son.
Si eso sab�a vuestra merced, malaya yo y toda mi parentela,
�por qu� consinti� que lo gustase? Estate ah�.
Yo mismo ensillar� a Rocinante y pondr� la albarda a tu Rucio.
Muchas y muy grandes mercedes, se�or alcaide,
que en este castillo he recibido, y quedo obligad�simo
agradec�roslas todos los d�as de mi vida.
Solo es menester que su merced me pague el gasto
que esta noche ha hecho en mi venta.
As� de la paja y cebada de vuestras bestias,
como de la cena y camas. Luego venta es esta.
�Y muy honrada! �Enga�ado he vivido hasta aqu�!
Que en verdad pens� que era castillo y no malo.
Lo que se podr� por ahora es esperar por la paga.
Que yo no puedo contravenir a la Orden de los Caballeros andantes
de los cuales s� de cierto �que jam�s pagaron posada!
�Poco tengo yo que ver con eso!
�P�gueseme lo que se me debe! �Dej�monos de cuentos y caballer�a!
�Vos sois un sandio y mal hostelero!
�Entonces, vos pagar�is por los dos! Pues mi se�or no ha querido pagar.
Tampoco yo pagar�. �Y por qu�?
Porque soy escudero andante y por la misma regla y raz�n
que mi amo, no debo pagar cosa alguna
en mesones y ventas. �No?
�No! �Insist�s en no pagar?
Insisto. �De verdad?
De verdad. �A m�! �Mi se�or! �No te oye!
�Ay de m�! �Si no tengo un maraved�! �A la una...! �A las dos...!
(R�EN) �A la una...! �A las dos...!
(R�EN) �A la una...! �A las dos...! �Deteneos!
�Gente malnacida!
�Que de no encontrarme encantado os hiciera respetar a mi escudero!
(R�EN) �A la una...! �A las dos...! �Ahora!
�A la una...! �A las dos...! �Ahora!
-�Vamos a dejarlo! (R�EN)
(DOLORIDO) Tomad.
�Sancho, hijo!
�No bebas agua, que te matar�!
Aqu� tengo el sant�simo b�lsamo. Ha olvidado que no soy caballero.
�O quiere que acabe de arrojar las entra�as que me quedaron anoche?
�No podr�a ser vino?
Lo que ser�a mejor y m�s acertado, seg�n mi poco entendimiento,
fuera volver a nuestro lugar ahora que es tiempo de trigo.
Poco sabes, Sancho, de achaques de caballer�a.
Qu� gusto poder ganar una batalla y al de triunfar a su enemigo.
As� debe ser, solo que jam�s hemos vencido
batalla alguna si no fue la del vizca�no.
Par�ceme, Sancho,
que donde una puerta se cierra, otra se abre.
Si no me enga�o, hacia nosotros viene uno
que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino sobre
el que yo hice el juramento. Mire bien lo que dice.
�No ves aquel caballero sobre un caballo rubio rodado
que trae en su cabeza puesto un yelmo de oro?
Lo que yo veo es un hombre sobre un asno como el m�o
que trae sobre la cabeza algo que relumbra.
�Pues ese es el yelmo de Mambrino! �Ap�rtate a alguna parte!
�Y ver�s c�mo queda por m�o el yelmo que tanto he deseado!
�Quiera Dios que or�gano sea! �Defi�ndete cautiva criatura!
�Entr�game por voluntad lo que con tanta raz�n se me debe!
(M�sica)
El pagano ha andado discreto. Alza el yelmo.
Por Dios que la bac�a es buena y que vale un real como un maraved�.
(R�E)
�De qu� te r�es, Sancho? Me r�o de considerar que ese almete
no semeja sino a una bac�a de barbero pintiparada.
Sea lo que fuere que para m� que la conozco,
no hace al caso su transmutaci�n, yo la dejar� en el primer lugar
que haya herrero y ser� bastante para defenderme de alguna pedrada.
Eso ser� si no tiran con honda como tiraron
en la pelea de los ej�rcitos cuando le santiguaron
a vuestra merced las muelas. (R�E)
�Qu� son aquellos?
Esta es cadena de galeotes, gentes forzadas del rey
que van a galeras. �C�mo gente forzada?
�Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?
No digo eso, sino que es gente que por sus delitos
va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza.
En resoluci�n: esa gente va no por su voluntad.
As� es.
He sacado en limpio que aunque os han castigado por vuestras culpas
las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto
y quiero rogar a los se�ores guardianes y comisarios
se sirvan desataros y dejaros ir en paz,
porque me parece duro hacer esclavos
a los que Dios y la naturaleza hizo libres.
Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar al malo
ni de premiar al bueno. Y no es justo que los hombres honrados
sean verdugos de los otros hombre. V�yase, vuestra merced, se�or.
Ender�cese ese bac�n que trae en la cabeza
y no ande buscando tres pies al gato.
Vos soy el gato, el rato y el bellaco.
(M�sica acci�n)
Soltadle ya. El camino es ancho. No intent�is ni volver la cabeza.
(R�EN)
All� hay buenas rocas para romper las cadenas.
Huyamos, que la Santa Hermandad buscar� a los delincuentes.
Vamos de aqu� y nos emboscaremos en la sierra.
Bien est� eso, pero yo s� lo que conviene que ahora se haga.
Se�ores, de gentes bien nacidas
es agradecer los beneficios que se reciben.
D�golo porque es mi voluntad que os pong�is en camino del Toboso
y all� os present�is ante la se�ora Dulcinea
y le dig�is que su Caballero de la Triste Figura
se le env�a a encomendar.
(R�EN)
Siempre he o�do decir, Sancho, que hacer bien a villanos
es echar agua en la mar, pero ya est� hecho.
Paciencia...
y escarmentar para de aqu� en adelante.
As� escarmentara vuestra merced como yo soy turco.
Y vamos a la sierra, que la Santa Hermandad se le da,
por cuantos caballeros andantes hay, dos maraved�s.
Naturalmente eres cobarde, Sancho.
Pero esta vez quiero tomar tu consejo
y apartarme de la furia que tanto temes.
M�s ha de ser con una condici�n. �Cu�l es ella?
Que jam�s has de decir que yo me apart� de este peligro por miedo,
sino por complacer a tus ruegos.
Se�or, el retirarse no es huir.
Este es el lugar, oh, cielos, que escojo para llorar mi desventura.
�Qu� es lo que vuestra merced quiere hacer en tan remoto lugar?
Sancho, no te he dicho que quiero imitar a Amadis
haciendo aqu� del desesperado, del loco y del furioso.
No ha fe, pero vuestra merced �qu� causa tiene para volverse loco?
�Es que la se�ora Dulcinea ha hecho alguna ni�er�a con moro o cristiano?
El toque est� en dar a entender a mi amada que si en seco hago esto,
�qu� hiciera sobre mojado?
Loco soy y loco he de ser.
Hasta tanto que tu vuelvas con la respuesta de una carta
que contigo pienso mandar a mi se�ora Dulcinea.
Yo ir� de buena gana. De aqu� a tres d�as partir�s.
Porque quiero que en este tiempo veas lo que por ella hago y digo.
�Pues qu� m�s tengo que ver que lo que he visto?
Ahora me falta rasgar las vestiduras,
esparcir las armas y darme de calabazadas por estas pe�as.
Mire vuestra merced c�mo se da esas calabazadas,
que a tal pe�a podr� llegar
que con la primera se acabase esa penitencia.
Venga, la carta... y adi�s, que me mudo.
Mi buen escudero Sancho te dar� entera relaci�n,
�oh bella amada ingrata enemiga m�a!,
del modo que por tu causa quedo;
Si gustares de acorrerme, tuyo soy;
y si no, con acabar mi vida habr� satisfecho a tu crueldad
y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte,
el Caballero de la Triste Figura.
Por vida de mi padre que es la m�s alta cosa que he o�do.
Y ahora vuestra merced, �cheme su bendici�n.
Por lo menos, Sancho, quiero que me veas en cueros
y hacer una o dos docenas de locuras.
Por amor de Dios, se�or m�o, que no vea yo en cueros a vuestra merced
que me dar� mucha l�stima y no podr� dejar de llorar.
Adi�s. Cu�dese de vuestra merced.
Digo, se�or, que para que pueda jurar que le he visto hacer locuras
ser�a bien que le viera siquiera una.
Esp�rate, Sancho, que en un credo las har�.
Ya lo creo que puedo jurar que est� loco.
Dios te salve, Mar�a, llena eres de gracia, el Se�or es contigo...
El caso es que aqu� hemos perdido sus huellas y sabe Dios por d�nde andar�.
-�Y qu� podemos hacer? -Esperar lo que Dios quiera.
-D�game, se�or cura, �aquel no es Sancho Panza?
-S�, es. (GRITAN) �Sacho! �Sancho!
Amigo Sancho Panza, �d�nde queda vuestro amo?
En cierta parte ocupado de cierta cosa de mucha importancia.
Sancho, si vos no dec�s d�nde queda,
imaginaremos que vos lo hab�is muerto y robado.
Yo no soy hombre de robo ni mato a nadie.
Mi amo queda haciendo penitencia en la mitad de esa monta�a.
�Y vos por qu� le abandonasteis?
Porque llevo una carta para la se�ora Dulcinea del Toboso
de qui�n est� enamorado hasta los h�gados.
Ense�ad la carta y veremos si es verdad.
�Malaventurado de m�!
�He perdido la carta para Dulcinea!
Decidla, Sancho, y la trasladaremos.
En principio dec�a...
"Alta y sobajada se�ora..."
y no s� qu� de "salud y enfermedad" que la enviaba.
Y por aqu� se iba escurriendo hasta acabar en "vuestro hasta la muerte,
el Caballero de la Triste Figura". Buena memoria.
Pasad. Y tranquilo contadnos cuanto nos teng�is que contar.
-Y como lo importante es sacar a don Quijote de la sierra
y ponerle en camino de ser rey o emperador...
As� podr� hacer merced a su escudero de la �nsula que me prometi�.
Eso es, pero ser� preciso ir a buscarle al lugar en que se haya.
Vos nos guiar�is. �Y si me pregunta si entregu�
la carta a la se�ora Dulcinea? Le dec�s que s�.
Y que demanda aqu� al momento se venga al Toboso a verse con ella
para cosa que importa mucho. Tened por seguro que as�n sale.
Si vamos disfrazados no se extra�e los trajes en que nos ve�is
ni dig�is que nos hab�is conocido.
Todo es importante para que don Quijote gane el imperio que merece.
Por m�...
Ya muy cerca hemos de hallar a mi se�or.
Llevadle vos la respuesta que dimos en nombre de Dulcinea.
Y si a�n as� no saliere, avisadnos, aqu� os esperamos.
Es seguro que saldr�.
(M�sica)
�Qui�n sois? -�A qu� ven�s?
-Si tienen algo de comer, por el amor de Dios que me lo den.
-Tomad hasta que os saci�is.
(M�sica)
Decidme, �c�mo hab�is llegado a ese extremo?
-Si quer�is que os diga la inmensidad de mi desventura,
prometed que no interrumpir�is el hilo de mi triste historia,
porque en el punto que lo hag�is,
en ese se quedar�. -Lo prometo en nombre de los dos.
-Mi nombre es Cardenio,
mi patria, una ciudad de las mejores de esta Andaluc�a.
Mi linaje noble, mis padres, ricos.
Viv�a en estas tierras un cielo, Luscinda,
doncella tan rica y tan noble como yo.
La am� y ella me quiso a m�.
Sab�an nuestros padres nuestros intentos y no les pesaban.
Es pues el caso que yo era grande amigo del segundo hijo
del duque de mi lugar, llamado Fernando.
Este quer�a una labradora vasalla de su padre
y le dio palabra de ser su esposo.
Yo le alab� la hermosura de Luscinda de tal manera que mis alabanzas
movieron en �l deseos de verla.
La vio, y qued� tan enamorado de mi amada
que la pidi� a su padre por esposa
y esta accedi� a que hiciese la m�s negra traici�n.
Enloquec� y hu� sin saber lo que hac�a.
Un amanecer me encontr� en estas tierras por las que camino.
Mi habitaci�n es el hueco de un alcornoque y de esta manera,
paso mi miserable vida. -�Y no esperasteis a saber
si la boda de Fernando y Luscinda se celebr�?
-Nunca supe m�s de mi desgracia.
�Qui�n mejorar� mi suerte?
La muerte.
Y el bien de amor, �qui�n le alcanza?
Mudanza.
Y sus males, �qui�n los cura?
Locura.
De ese modo, no es cordura
querer curar la pasi�n,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.
�Qui�n menoscaba mis bienes?
Desdenes.
�Y qui�n aumenta mis duelos?
Los celos.
�Y qui�n prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
ning�n remedio me alcanza.
Pues me matan la...
Deteneos, se�ora, que los que aqu� veis
solo tienen intenci�n de serviros.
Lo que vuestro traje nos niega, vuestros cabellos lo descubren.
En balde ser�a fingir.
Mas porque no ande vacilando mi honra
o habr� de decir lo que quisiera callar.
Yo, se�ores, pasaba mi vida tan recatada en casa de mis padres,
que no ve�a m�s tierra que aquella en que pon�a los pies.
Y con todo eso, los ojos del amor me vieron en don Fernando,
hijo menor del duque y se�or de mi lugar.
Don Fernando, para declararme su voluntad
soborn� a la gente de mi casa.
Y una noche, estando en mi aposento con la compa��a de una doncella,
me le hall� delante.
Dorotea, me dijo...
-�Dorotea es vuestro nombre? -As� es.
-Y tomando don Fernando una imagen que en aposento estaba
la puso por testigo de nuestro desposorio.
Y con esto
y con salirse del aposento mi doncella,
yo dej� de serlo.
Y �l acab� de ser traidor y fementido.
-�Y despu�s?
-De all� a pocos d�as se dijo en el lugar
que se casaba con una doncella que se llamaba Luscinda.
Pero que durante la boda se le hall� un papel en que declaraba
que no pod�a ser esposa de don Fernando
porque lo era ya de Cardenio, caballero principal de la ciudad.
-�Eres Dorotea, la hija de Clenardo? -S�.
Por huir de mi verg�enza me puse este traje y me entr� por estas monta�as,
sin llevar otro pensamiento que esconderme y huir de mi padre.
Pero, �qui�n sois vos que sab�is el nombre de mi padre?
-Aquel sin ventura que Luscinda dijo que era su esposo.
Soy Cardenio.
Yo tambi�n hu� sin saber el final de mi desgracia.
Y si Luscinda no se cas� con don Fernando,
bien esperamos que el cielo nos restituya lo que es nuestro.
�Se�or cura!
�Maese Nicol�s! �Sancho!
�Encontrasteis a vuestro se�or? S�, donde lo dej�.
Flaco, amarillo,
muerto de hambre y suspirando por su se�ora Dulcinea.
�Y no le disteis el recado? S� que lo di.
Respondi� que pensaba comparecer ante su hermosura
hasta haber hecho haza�as dignas de su gracia.
F�jate.
Ese mancebo, que es una hermosa se�ora,
es la heredera por l�nea directa de var�n del reino de Micomic�n,
la cual viene en busca de vuestro amo
a pedirle que el deshaga de un entuerto
que un mal gigante le tiene hecho.
�Verdad, maese Nicol�s? -As� es, como dec�s.
Dichoso hallazgo,
pero quiero suplicar a vuestra merced
que aconseje a mi amo que se case luego con esta princesa
y as� vendr� a su imperio y yo al gobierno de mi �nsula.
En lo de casarse vuestro amo yo har� todos mis poder�os.
La buena suerte se muda en favor nuestro
pues se os ha comenzado a abrir puerta para vuestro remedio
y a nosotros se nos ha facilitado lo que hab�amos menester.
-�Qu� quer�is decir? -Oculto en esta sierra,
haciendo locura, se haya un hidalgo amigo nuestro.
El pobre Don Quijote que huy� de su casa
por culpa de los libros de caballer�a.
Nuestro prop�sito era traerle a su casa
haci�ndole creer que maese Nicol�s,
esta cuitada doncella, necesitaba de la fuerza de su brazo.
-Comprendo.
Dorotea har� de doncella menesterosa mejor que vuestro compadre.
-Y yo lo har� gustosa.
Tanto que tengo aqu� vestidos con que hacerlo al natural.
-Entonces, maese Nicol�s,
vestid el disfraz de escudero que tra�a en mi hatillo.
(M�sica)
Ah� est�.
De aqu� no me levantar�, valeroso y esforzado caballero,
hasta que vuestra bondad me otorgue un don.
No responder� palabra, hermosa se�ora,
hasta que os levant�is de tierra.
No me levantar� si no me es otorgado el don que pido.
Os lo otorgo y concedo,
como no se haya de cumplir en da�o y mengua de mi rey, de mi patria,
y de aquella que de mi coraz�n y libertad tiene la llave.
Pues el don que pido es que vuestra magn�nima persona me prometa
que no se ha de entrometer en otra aventura
hasta darme venganza de un traidor que me tiene usurpado mi reino.
�As� lo otorgo!
Y con la ayuda de Dios y la de mi brazo
os ver�is restituida a vuestro reino
a pesar y despecho de los follones que contradecirlo quisiere.
�rmame y vamos de aqu� en nombre de Dios a favorecer a esta gran se�ora.
Para bien sea hallado el espejo de la caballer�a.
Don Quijote de la Mancha, quinta esencia de los caballeros andantes.
-Sed bienvenido a mi casa. -�Qu� tal llega mi se�or Don Quijote?
Muy quebrantado.
Aderezadme un lecho mejor que el de la vez pasada.
Como lo pagu�is mejor, os lo dar� de pr�ncipes.
-�Est�is repuesto del manteamiento?
-�Le despertamos para yantar?
-M�s provecho le har� dormir que comer.
-Ciertamente, viene sin aliento.
�Acudid, se�ores, y socorred a mi se�or!
Anda envuelto en la m�s re�ida batalla que he visto.
�Qu� sucede?
Ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la princesa micomicona,
que le ha tajado la cabeza como si fuera un nabo.
�Ladr�n, malandr�n!
�Aqu� te tengo!
�Muere!
(M�sica)
�No me muero! �Mire mi cosecha!
�Mis cueros! �Mi vino!
�Soltad la espada, maldito caballero...!
-Esto tiene remedio.
-�Maldito caballero!
�Por los huesos de mi padre que me lo hab�is de pagar
pues yo no me llamar�a como me llamo...
�Quer�is aguarme el vino?
Gran batalla vive el cielo.
�Lo viste, Sancho? Tranquilizaos.
Y la sangre corr�a como una fuente.
�Qu� sangre dices, enemigo de Dios y de los santos?
�No ves que esa sangre no es otra cosa
que el vino tinto que nada en este aposento?
S� que por no hallar esta cabeza,
se ha de deshacer mi condado como la sal en el agua.
Vuestra merced se sosiegue, se�or m�o.
-As�, tranquilizaos.
-Os conviene dormir. Acostaos.
�Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa se�ora,
vivir segura de que no le puede causar ning�n mal
esta malnacida criatura!
�Se�or padre! �Llega una hermosa tropa de hu�spedes!
-Vamos, vamos.
Sed bienvenidos, nobles caballeros.
En esta venta os damos todos la bienvenida.
-Preparad algo de comer.
-Ser�n bien servidas vuestras mercedes.
(LLORA)
�Qu� mal sent�s, se�ora?
Por mi parte os ofrezco una buena voluntad de serviros.
-No os cans�is en ofrecer nada a esta mujer,
ni procur�is que os responda si no quer�is o�r una mentira.
-�Jam�s la dije! Y de esto mismo vos sois testigo.
-�Luscinda!
-�Cardenio!
-�Dejadme, don Fernando!
Ya que el cielo me ha puesto a mi verdadero esposo delante.
Quiz�s con la muerte quedar�s satisfecho de la fe
que te mantuve hasta el �ltimo... -�Luscinda!
-�Qu� pens�is hacer? No veis que sois mi �nico refugio.
-Levantaos, se�ora m�a.
No es justo que est� arrodillada aquella que un d�a jur� amar.
Bien se echa de ver vuestra ilustre sangre.
-Luego no os casasteis.
-Hu� a un convento. -Del que por fuerza la saqu�
para venir a esta venta donde todo el mal quedar� reparado.
Volved los ojos a Luscinda,
que yo rogar� al cielo me deje vivir con mi Dorotea.
Bien puede vuestra merced dormir todo lo que quisiere
que ya est� todo concluido. Eso creo yo.
Porque he tenido con el gigante la m�s desaforada batalla
que pienso tener en todos los d�as de mi vida.
Sepa que el gigante muerto es un cuero horadado
y la sangre 6 arrobas de vino.
�Est�s en tu seso?
Lev�ntese y ver� a la reina convertida en una dama
llamada Dorotea. No me maravilla nada de eso.
Si bien te acuerdas,
todo cuanto aqu� suced�a eran cosas de encantamiento.
Dame de vestir.
En definitiva, si hemos de salvar al caballero,
Luscinda puede representar el papel que represent� Dorotea
hasta dejarle en su casa. -No ha de ser as�.
Que Dorotea siga su invenci�n
como no est� muy lejos el lugar de ese caballero.
-A dos jornadas.
-Aunque estuviese a m�s... -�Callad! Parece que bajan.
Estoy informado, hermosa se�ora,
que os hab�is vuelto en una particular doncella.
Quien quiera que os dijo que yo me hab�a mudado de mi ser,
no os dijo lo cierto. -�Basta!
Si la princesa quiere que se camine ma�ana, h�gase as�.
Y esta noche la pasaremos en buena conversaci�n.
Me ofrezco a hacer la guardia del castillo
porque de alg�n gigante u otro malandante foll�n
no seamos acometidos. Como os plazca.
Verdaderamente, si bien se considera, se�ores m�os,
grandes inauditas cosas ven
los que profesan la orden de la andante caballer�a,
que tiene por objeto y fin la paz,
que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.
Y as�, las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y los hombres
fue aquellas que dieron los �ngeles la noche que fue nuestro d�a,
cuando cantaron en los aires:
"Gloria sea en las alturas
y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".
A esto responden mis armas
que la paz no se podr� sustentar sin ellas,
porque con las armas se defienden las rep�blicas,
se conservan los reinos, se guardan las ciudades,
se despejan los mares y se aseguran los caminos.
Si no, cu�l de los vivientes habr� en el mundo
que por la puerta de este castillo entrara,
que no viese al caballero de la triste figura
que anda por ah� en boca de la fama
velando el sue�o de la gran reina que todos sabemos.
(M�sica)
(GRITA) �Ha de la venta!
�Caballeros! �No ten�is por qu� llamar a las puertas del castillo!
�Esperad hasta que veamos si sea justo que se os abran o no!
�Qu� diablo de castillo es este? Si sois el ventero, que nos abran.
�Tengo yo talle de ventero? No s� de qu� ten�is talle,
pero dec�s disparates al llamar castillo a esta venta.
-�Apartad!
Pasad, pasad, sed bienvenidos.
-�Ah! �Don ladr�n que aqu� os tengo!
�Venga mi bac�a y mi albarda que con mis aparejos me robaste!
�Aqu� del rey y la justicia!
�Que me quiere matar ese ladr�n y salteador de caminos!
�Ment�s! En buena guerra gan� mi se�or estos despojos.
Esta albarda es m�a como la muerte que debo a Dios.
Y ah� est� mi asno que no me dejar� mentir.
Y el mismo d�a me quitaron una bac�a de az�far nueva.
�Falso!
Vean vuesas mercedes el error en que est� este buen escudero.
Pues llama bac�a a lo que es y ser� yelmo de mambrino.
En lo de la albarda no me entremeto. �Saca el yelmo!
Juro por la orden de caballer�a que profeso
que este yelmo fue el mismo que yo le quit�.
Sin haber a�adido ni quitado cosa alguna.
En eso no hay duda.
�Qu� les parece a vuestras mercedes, se�ores?
Pues a�n porf�an que no es bac�a, sino yelmo.
Y quien lo contrario dijere,
le har� yo conocer que miente, si es caballero.
�Y si escudero, que remiente mil veces!
�Sabe, se�or barbero? Que yo tambi�n soy de vuestro oficio.
Conozco bien los instrumentos de la barber�a
y digo que esta pieza no es bac�a.
Tambi�n digo, que aunque yelmo, no hay yelmo entero.
No, por cierto,
porque le falta la mitad que es la babera.
As� es.
-�V�lgame Dios! �Y es posible que tanta gente honrada
diga que esto no es bac�a, sino yelmo?
Entonces tambi�n ser� esta albarda jaez de caballo.
A m� albarda me parece, pero he dicho que no me entremeto.
El se�or Don Quijote ha dicho muy bien y nos toca la definici�n.
Tomar� en secreto los votos de estos se�ores
y de lo que resulte dar� noticia.
(R�EN)
No hay ninguno que no me diga que no es albarda, sino jaez de caballo,
y de caballo castizo.
Entonces aqu� no hay m�s que hacer, sino que cada cual tome lo suyo.
Y a quien Dios se la d�, San Pedro se la bendiga.
�Tan albarda es como mi padre!
�Y el que otra cosa dijere, debe estar hecho uva!
�Ment�s como bellaco, villano!
(M�sica)
�Det�nganse todos!
�Todos envainen! Todos se sosieguen.
�iganme todos, si todos quieren quedar con vida.
Que uno haga de rey Agramante y otro de rey sobrino,
y p�ngannos en paz. No tengo porqu� escucharos.
En nuestro poder obra un mandamiento de la Santa Hermandad
para que se os prenda por salteador de caminos.
-Escuchad. -�Dadnos nuestro preso!
-Ni le hab�is de llevar.
Ni �l dejar� llevarse, a lo que entiendo.
-Y aunque le prenden, luego le han de dejar por loco.
-Es verdad.
-Yo pagar� a ese infeliz barbero 8 reales por la bac�a
m�s lo que sea de raz�n por la albarda.
Y no se hable m�s de ello.
-Pero ser� bien evitar que haga m�s locuras.
-Descuidad que le llevaremos a su lugar por arte de encantamiento
y esta noche, cuando est� dormido...
(M�sica suspense)
�Oh, Caballero de la Triste Figura!
No te aflija la prisi�n en que vas,
que as� conviene para acabar m�s presto la aventura
en que tu gran esfuerzo te puso.
�Oh, t�, quien quiera que seas,
que tanto bien me has pronosticado,
ru�gote que digas al sabio encantador,
que mis cosas tiene a su cargo,
que no me deje perecer en esta prisi�n
hasta ver cumplidas tales promesas!
(M�sica)
Muchas historias he le�do de caballeros andantes,
pero jam�s que a los encantados los lleven de esta manera,
al paso de estos perezosos animales. No s� lo que me parece.
Pero estas visiones que por aqu� andan no son del todo cat�licas.
�Cat�licas? Mi padre.
C�mo han de ser cat�licas, si son demonios.
No llor�is, mis buenas se�oras.
Perdonad si alg�n desaguisado os he hecho.
�Y rogad a Dios para que me saque de estas prisiones
donde un malintencionado encantador me ha puesto!
(Contin�a la m�sica)
�Ama! �Se�ora Noelia!
�Que viene su hijo en una jaula! -�Qu� dices?
-�Mi hijo? -�C�mo has dicho que viene mi se�or?
-�En un carro de bueyes! -�V�lgame Dios!
(Risas burlonas)
(M�sica)
Si da pena verlo. -�Ay, Se�or!
En mala hora quemen a los que escribieron libros de caballer�a.
(M�sica)
Que Dios se lo pague. -�l le libre de todo mal.
Ya sabr�n a su debido tiempo lo que nos ha costado hallarle
y devolverle a su casa. -�Y pens�is que viene curado?
Mire esos ojos atravesados.
Como si no acabase de entender d�nde est�.
Cuidadle bien.
Regaladle con buena mesa.
�A m�, caballeros!
�Que la andante caballer�a escribir� con letras de oro nuestras haza�as!
�Y al esfuerzo de mi valor y de mi brazo
se ha de deber el dar cita a las m�s portentosas aventuras
que vieron los siglos!
�Caballero andante soy!
�Y no de aquellos de cuyo nombre
jam�s la gloria se acord� para eternizarlos en su memoria,
sino de aquellos que a despecho y pesar de la misma envidia
y de cuantos magos cri� Persia,
han de poner su nombre en el templo de la inmortalidad
para que sirva de ejemplo en los venideros siglos,
y donde los caballeros andantes vean los pasos que han de seguir
si quisieran llegar a la cumbre y al tel�n rosa de las armas!
(M�sica)
(LEE) "Las voces de Don Quijote,
repetidas por las lenguas de la fama, se extendieron por todo el mundo.
Y sucedi� que un sabio historiador ar�bigo,
conocedor de sus haza�as, las dio a la imprenta.
Los ni�os las manosearon, los mozos las leyeron,
los hombres las entendieron y los viejos las celebraron.
Y, finalmente, fue la historia m�s trillada, le�da y sabida
de todo g�nero de gentes.
As� lleg� a Salamanca,
lumbrera del saber y luz del mundo,
y de all� la trajo el bachiller Sans�n Carrasco,
graduado en �rdenes y muy socarr�n,
en cuyas manos lleg� al lugar el primer libro
del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
que daba a conocer a todos la gran locura de su vecino".
Anoche lleg� el hijo de Bartolom� Carrasco,
que viene de estudiar de Salamanca bachiller,
y me dijo que ya anda en libros su historia
con el nombre del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Y dice que me mientan a m� con el mismo nombre de Sancho Panza
y a la se�ora Dulcinea del Toboso.
Te aseguro que debe ser alg�n sabio encantador
el autor de nuestra historia.
Seg�n dice Sans�n Carrasco, que as� se llama el bachiller,
el autor de esa historia es Cide Hamete Berengena.
Ese nombre es de moro. Bien podr�a ser.
Y si vuestra merced gusta que haga venir al bachiller...
Hazlo venir.
Deme vuestra grandeza las manos, se�or Don Quijote de la Mancha.
Que es vuestra merced uno de los m�s famosos caballeros andantes
que ha habido en toda la redondez de la tierra.
Bien haya Cide Hamete Berengeli
de la historia de vuestra grandeza dej� escrita.
Sentaos.
De esa manera es verdad que hay historia m�a
y fue moro y sabio quien la compuso.
Es tan verdad, se�or,
que est�n impresos m�s de 12 000 libros con tal historia.
�Y qu� haza�as m�as son las que m�s se ponderan?
Sobre eso hay diferentes opiniones.
Unos se atienen a la aventura de los molinos de viento.
Estos dicen que a todas aventaja la de la libertad de los galeotes.
Otros, que ninguna iguala la de los dos gigantes benitos
con la pendencia del valeroso vizca�no.
Y d�game, se�or bachiller, �entran las aventuras de la venta?
No se dej� nada el sabio en el tintero, todo lo dijo.
Hasta lo de las cabriolas que el buen Sancho hizo en la manta.
�Y por ventura promete el autor segunda parte?
S� promete, pero dice que no la ha hallado,
ni sabe qui�n la tiene. �Qui�n la ha de tener sino yo?
Que soy quien escribe tales haza�as sobre la faz de la tierra.
(Relincho)
�Oyes a Rocinante?
(Relincho)
He aqu� un feliz ag�ero que me determina hacer una salida
de aqu� a 3 o 4 d�as.
Mas quiero que me deis consejo
de la parte por donde debo comenzar mi jornada
despu�s de marchar a el Toboso para encomendarme
y rendir homenaje a mi se�ora Dulcinea.
Mi parecer es que vuestra merced debe ir al reino de Arag�n
y a la ciudad de Zaragoza,
donde por las fiestas de San Jorge
podr� ganar fama sobre todos los caballeros aragoneses,
que ser� ganarla sobre todos los del mundo.
As� lo pienso hacer.
Mas tenedlo secreto para mi Ama y sobrina.
�Oh! Flor de la andante caballer�a,
antes hoy que ma�ana se ponga vuestra merced en camino
y si fuera necesidad servir a tal magnificencia de escudero,
lo tendr� por felic�sima aventura.
�No te dije yo, Sancho, que me habr�an de sobrar escuderos?
Yo me ofrezco a servir a vuestra merced, tambi�n y mejor,
que cuantos escuderos han podido servir a caballeros andantes.
No consentir� yo, Sancho, amigo, que malos encantos nos separen.
Dios proteja a vuestra merced.
Entonces, de aqu� a 3 d�as y al anochecer.
Tomar�is el camino del Toboso,
y no dej�is de avisarme vuestra buena o mala suerte.
Os lo prometo.
As� me alegrar� con aquella o me entristecer� con esta,
como cumplen las leyes de la buena amistad.
Adi�s, bachiller.
Dios os guarde.
-�Ya est�is de vuelta?
-Amo y criado quedaron en el camino del Toboso.
-Que el cielo os perdone de haberles incitado de nuevo a esta locura.
-Escuchadme, si vos ingeniasteis una historia
para sacarle de Sierra Morena,
yo he pensado algo para que vuelva a su casa
y nunca m�s salga de ella.
Mi prop�sito es...
(M�sica)
La noche entrada m�s andada, pero gu�ame al palacio de Dulcinea.
Quiz� la hallemos despierta. �A qu� palacio tengo que guiar
si en el que yo la vi era una casa muy peque�a?
Deb�a estar retirada en alg�n peque�o apartamento de su alc�zar
solaz�ndose a solas con sus doncellas.
�Ah�?
Con la iglesia hemos dado, Sancho. Ya lo veo.
Y plegue a Dios que no demos con nuestra sepultura.
�Por qu�?
Lo mejor ser� que salgamos de la ciudad
y se embosque en alguna floresta cercana.
Y yo volver� de d�a y buscar� la casa alc�zar o palacio de mi se�ora.
Yo recibo tu consejo.
"Sepamos ahora, Sancho, hermano,
�a d�nde va vuestra merced?
�Va a buscar alg�n jumento que se le haya perdido?"
No, por cierto. "�Pues qu� va a buscar?"
Voy a buscar, como quien no dice nada, a una princesa
y en ella el sol de la hermosura y todo el cielo junto.
"�Y d�nde pens�is hallar eso que dec�s?"
�D�nde? En la gran ciudad del Toboso.
"�Y hab�isla visto alg�n d�a por ventura?"
Ni yo ni mi amo la hemos visto nunca,
pero como este, mi amo, por mil se�ales que he visto,
es un loco de atar,
no me ser� dif�cil hacerle creer que una labradora,
la primera que topare por aqu�, es la se�ora Dulcinea del Toboso.
"�Y cuando �l no lo crea?" Jurar� yo.
"�Y si �l lo jurare?"
Porfiar� yo m�s y de manera que venga lo que viniere...
�Venga lo que viniere...!
Se�or.
�Qu� hay, Sancho, amigo? �Traes buenas nuevas?
Tan buenas que no tiene m�s que hacer vuestra merced
sino picar a Rocinante
y salir a ver a la se�ora Dulcinea del Toboso,
que con dos doncellas viene a ver a vuestra merced.
�Santo Dios! �Qu� me dice, Sancho, amigo? �No me enga�es!
�Qu� sacar�a yo con enga�ar a vuestra merced?
Venga y ver� venir a la princesa con sus dos doncellas.
�Todas son una ascua de oro!
�D�nde est�n? �No ve que aqu� vienen,
resplandecientes como el mismo sol del mediod�a?
Yo no veo sino tres labradoras sobre tres pollinos.
A lo menos a m� tales me parecen.
Calle y venga a hacer reverencia a la se�ora de sus pensamientos,
que ya llega cerca.
(Risas)
Reina y princesa y duquesa de la hermosura,
vuestra grandeza sea servida de recibir en su gracia
al caballero Don Quijote de la Mancha.
Yo soy Sancho Panza, su escudero.
�Ap�rtese del camino y d�jenos pasar que llevamos prisa!
�Oh, �nico remedio de este afligido coraz�n que te adora!
Ya que el maligno encantador me persigue
y ha puesto nubes en mis ojos.
Y para solo ellos ha transformado tu sin igual hermosura y rostro
en el de una labradora pobre,
no dejes de mirarme blanda y amorosamente.
�Toma, que mi abuelo!
�Amiguita soy yo de o�r resquebrajos!
(R�E)
(SE CARCAJEA)
�Ap�rtese y d�jenos ir!
(R�EN)
Sancho,
�qu� te parece cuando al visto soy de encantadores?
Cuando llegu� a subir a Dulcinea sobre su acanea,
me dio un olor de ajos crudos
que me encalabrin� y atosig� el alma.
�Canalla!
Encantadores, aciagos y malintencionados,
�y qui�n os viera a todos ensartados por las agallas como sardinas?
Ahora torno a decir y dir� mil veces
que soy el m�s desdichado de los hombres.
(M�sica)
Amigo, quita los frenos a los caballos.
-As� har�, como vuestra merced ordena.
-Que este sitio abunda, a mi parecer,
del silencio y la soledad que han de menester mis amorosos pensamientos.
Hermano Sancho, aventura tenemos. Dios nos la d� buena.
�Y d�nde est�? �A d�nde, Sancho?
Vuelve los ojos y ver�s tendido un andante caballero.
Oh, la m�s ingrata y la m�s hermosa mujer del orbe,
Casildea de Vandalia,
�no basta ya que te confiesen por la m�s hermosa del mundo
todos lo caballeros de Navarra,
todos los castellanos, los leoneses
y, finalmente, todos los caballeros de la Mancha?
�Eso no! �Que yo soy de la Mancha
y jam�s he confesado una cosa tan perjudicial
a la belleza de mi se�ora! �Qui�n va?
�Qu� gente?
�Sois por ventura del n�mero de los contentos o de los afligidos?
De los afligidos.
Por ventura, caballero, �sois enamorado?
Por desventura, lo soy. Ah, s�, es verdad
que nos turban la raz�n y el entendimiento los desde�es.
Nunca fui desde�ado de mi se�ora.
Si ya me sab�is, caballero y afligido,
no necesitar�is entrar en antecedentes
de por qu� mi destino me trajo a enamorar
de la simpar Casildea de Vandalia,
que me ha mandado que haga confesar a todos los andantes caballeros
que ella sola es la m�s hermosa de cuantas viven.
Y en cuya demanda he vencido a muchos caballeros.
Pero de lo que m�s me aprecio y ufano
es de haber vencido en singular batalla a aquel afamado caballero,
Don Quijote de la Mancha.
Y �chole confesar que es m�s hermosa mi Casildea
que su Dulcinea.
De que vuestra merced haya vencido a los caballeros andantes del mundo
no os digo nada,
pero de que haya vencido a Don Quijote de la Mancha,
p�ngolo en duda. �C�mo no?
Por el cielo que nos cubre que pele� con Don Quijote
y le venc� y rend�. Sosegaos y escuchadme.
Hab�is de saber que Don Quijote tiene muchos enemigos encantadores
y alguno de ellos habr� tomado su figura para dejarse vencer.
�Y aqu� est� el propio Don Quijote de la Mancha
que lo sustentar� con sus armas, a pie o a caballo!
El que una vez pudo venceros transformado,
bien puede tener la esperanza de rendiros en vuestro propio ser.
Esperemos al d�a.
Y ha de ser condici�n de nuestra batalla
que el vencido ha de quedar a voluntad del vencedor.
Soy m�s que contento de esa condici�n.
Est� bien. Amanecer� Dios y medraremos.
(M�sica)
�Ay!
Acude, Sancho, y advierte lo que puede la magia.
Lo que pueden los hechiceros y encantadores.
Por s� o por no, meta la espada a este que parece Sans�n Carrasco.
Quiz� matar� en �l alguno de sus enemigos.
No dices mal. �Det�ngase, se�or!
Mire lo que hace, Don Quijote,
que este que tiene a los pies es el bachiller Sans�n Carrasco.
�Y las narices? Aqu� las tengo, en la faldriquera.
�Santa Mar�a y valme!
�No es Tom� Cecial, mi vecino y compadre?
�C�mo si lo soy!
�Ven!
Muerto sois si no confes�is que la simpar Dulcinea del Toboso
se aventaja en belleza a la vuestra Casildea de Vandalia.
Lo confieso.
Tambi�n hab�is de confesar y creer que aquel caballero que vencisteis
no fue ni puede ser Don Quijote de la Mancha.
Todo lo confieso.
Dejadme levantar.
�Ay! Si me lo permite el golpe de mi ca�da.
Alzaos.
Y nosotros, Sancho, seguiremos nuestra ruta hacia Zaragoza.
Par�ceme, se�or Sans�n Carrasco, que tenemos nuestro merecido.
�Cu�l es m�s loco?
�El que lo es por no poder menos o el que lo es por su voluntad?
-El que lo es por fuerza, lo ser� siempre.
El de grado, lo dejar� cuando quisiere.
-Yo fui por mi voluntad loco cuando quise hacerme escudero.
Y por la misma quiero dejar de serlo y volver a mi casa.
-Eso os cumple,
porque pensar que he de volver a la m�a
hasta haber molido a palos a Don Quijote, es pensar en lo imposible.
(M�sica)
(Ladridos)
Corre, Sancho, y di a esa se�ora que yo,
el Caballero de la Triste Figura, beso las manos de su gran hermosura.
No es la primera vez que he llevado embajadas
a altas y crecidas se�oras.
Hermosa se�ora,
aquel caballero llamado el Caballero de la Triste Figura
es mi amo y yo soy un escudero suyo a quien llaman Sancho Panza.
�No es uno de quien anda impresa una historia
que se llama "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha"?
El mismo.
Id y decid a vuestro se�or
que sea bienvenido a los estados del duque, mi marido.
Ya dec�a yo que ol�ais a duquesa a media legua.
Voy a dec�rselo a mi amo.
Llamad.
(Corneta)
�Qu� dese�is, se�ora?
-�Sab�is qui�n acaba de presentarme sus respetos
por boca de su escudero? El mismo Don Quijote de la Mancha,
que por all� llega a besarme las manos.
(R�E) -Y a divertirnos.
Ver�is las burlas que habremos de prepararles
no m�s tarde que esta misma noche.
(Ladridos)
(Risas)
Levantad al caballero.
A m� me pesa, se�or Caballero de la Triste Figura,
que la primera que vuestra merced ha hecho en mis tierras
hay sido tan mala.
Aunque mi ca�da no parase hasta el profundo de los abismos,
de ella he de sacar a la gloria de haberos visto.
Pero ca�do o levantado,
siempre estar� al servicio vuestro y al de mi se�ora la duquesa.
Venga el se�or caballero a un castillo m�o que est� aqu� cerca
donde se le har� el recibimiento
que a tan alta persona se debe justamente.
-�Orden del duque, nuestro se�or!
-Aderezad el castillo con todo su esplendor
para recibir a Don Quijote de la Mancha que con �l viene.
-�El de la Triste Figura?
-El mismo, que hoy lleg� a los estados de nuestro se�or.
Disponed criados, m�sicos y bufones, flores a las doncellas.
-Decid al duque que el caballero no echar� de menos
ninguna de sus fantas�as.
(M�sica)
Do�a Rodr�guez de Grijalba, me llaman.
�Qu� es lo que dese�is, hermano?
Querr�a que saliese a la puerta del castillo,
donde hallar� un asno m�o,
y sea servida de ponerlo en la caballeriza.
Las due�as de esta casa no estamos acostumbradas a semejantes haciendas.
Pues he o�do decir a mi amo que Lanzarote, cuando de Breta�a vino,
las damas curaban de �l, las due�as de su rocino.
Hermano, guardad vuestras gracias para donde os las paguen.
(Risas)
-Hacednos la merced de que os desnudemos.
�Por qu� motivo? Para ponerse una camisa.
�No!
Que la honestidad parece tambi�n en los caballeros andantes
como la valent�a.
Dad la camisa a Sancho que yo la vestir�.
(Risas)
(M�sica)
Honradnos, se�or caballero, tomando la cabecera de nuestra mesa.
Es dignidad que no me corresponde ante tan altos se�ores.
No es eso lo que pregonan las lenguas de la fama.
-Y decidme, �qu� nuevas ten�is de la se�ora Dulcinea?
Se�ora, mis desgracias, aunque tuvieron principio,
nunca tendr�n fin.
Dulcinea est� encantada
y vuelta en la m�s fea labradora que imaginarse puede.
A m� me parece la m�s hermosa criatura del mundo.
�La hab�is visto encantada, Sancho? Y c�mo si la he visto.
Pues qui�n sino yo cay� en el achaque del encantorio.
Tan encantada est� como mi padre. (R�EN)
�Por ventura sois aquel Sancho Panza que dice,
a quien vuestro amo tiene prometida una �nsula?
S� soy. Y viva �l y viva yo.
Que no le faltar�n imperios que mandar ni a m� �nsulas que gobernar.
No por cierto, amigo Sancho.
Que yo en nombre de Don Quijote
os mando al gobierno de una que tengo de nones, de no peque�a calidad.
H�ncate de rodillas y besa los pies de su excelencia
por la gran merced que te ha hecho.
Ahora comamos.
Y m�s tarde seguiremos la cacer�a hasta que caiga la noche.
(M�sica)
Lo que yo pienso es llevarme a mi rucio a la �nsula.
que he visto ir m�s de dos asnos a los gobiernos
y llevar el m�o no ser�a cosa nueva.
(R�EN)
Bien pod�is llevar el asno
y ser un gran gobernador, siempre que vuestra intenci�n sea honesta.
Que del dicho al hecho hay...
Haya lo que hubiere, que al buen pagador no le duelen prendas.
Y m�s vale al que Dios ayuda que al que mucho madruga.
Y tripas llevan pies, que no pies tripas.
Si no, p�nganme un dedo en la boca a ver si aprieto o no.
�Maldito seas de Dios y todos sus santos, Sancho maldito!
Y cu�ndo ser� el d�a que te vea hablar sin refranes
una raz�n corriente y concertada.
(Corneta)
�Qui�n sois? �A d�nde vais?
�Y qu� gente de guerra es la que por este bosque atraviesa?
-Yo soy el demonio
y voy en busca de Don Quijote de la Mancha.
-Si fuerais diablo, como dec�s,
ya hubierais conocido a Don Quijote de la Mancha,
pues le ten�is delante.
-A ti, Caballero de la Triste Figura,
me env�a el sabio Merl�n,
que trae consigo a la que llaman Dulcinea del Toboso,
con orden de darle la que es menester para desencantarla.
-Salgamos, mi se�or Don Quijote,
donde podamos saber lo que el diablo ordena.
(M�sica intriga)
�Yo soy el sabio Lingardeo!
-Yo soy el sabio Alquife,
el grande amigo de Urganda la Desconocida.
(M�sica intriga)
-Yo soy Arcal�us el Encantador,
enemigo mortal de Amad�s de Gaula y de toda su parentela.
-Yo soy Merl�n,
aquel que las historias dicen que tuve por mi padre al diablo.
A ti digo, discreto Don Quijote,
que para recobrar su primer estado la simpar Dulcinea del Toboso
es menester que tu escudero
se d� 3000 y 300 azotes en ambas sus valientes posaderas.
No s� qu� tienen que ver mis posas con los encantos.
Tomaros he yo, don villano, harto de ajos,
y no digo 3000 y 300 azotes os dar�, sino 6000 y 600 tan bien pegados
que no es os caigan ni a 3000 y 300 tirones.
No ha de ser as� porque los azotes han de ser por voluntad
y no por fuerza. �Azotarme yo? �Abrenuncio!
�Oh, malaventurado escudero,
hacer caso de 3000 y 300 azotes
que no hay ni�o de la doctrina, por ruin que sea,
que no se los lleve cada mes,
espanta a todas las piadosas entra�as de los que lo escuchan.
-�Qu� dec�s a eso, Sancho? Que los azotes abrenuncio.
Pues si no os abland�is m�s,
no hab�is de empu�ar el gobierno de la �nsula.
Pues todos me lo dicen, aunque yo no lo veo,
estoy contento de darme los 3000 y 300 azotes
con la condici�n de d�rmelos cuando yo quisiera.
Sancho amigo, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho sincero.
�He de proclamarte el mejor entre todos los escuderos
de la andante caballer�a!
(M�sica)
�Hab�is pensado ya cu�ndo hab�is de empezar a azotaros?
-Dejad a mi buen amigo Sancho libre de cuidados esta noche.
Viniendo de la cacer�a ya me he dado 5 azotes.
�Con qu�? Con la mano.
Eso m�s es darse palmadas que azotes.
Y a pesar de ello, �no deja Sancho a su amo?
Si fuera discreto, a d�as que lo hubiera dejado,
pero esta fue mi suerte y esta mi mal andanza.
No puedo m�s. Seguirle tengo.
Somos de un mismo lugar. He comido su pan.
Qui�role bien, es agradecido y sobre todo yo soy fiel
Y as� es imposible que nos pueda separar otro suceso
que el de la pala y el azad�n.
(Tambores)
Alt�simo y poderoso se�or,
a m� me llaman Trifald�n, el de la barba blanca.
Soy escudero de la condesa Trifaldi,
por otro nombre llamada la Due�a Dolorida,
que quiere saber si est� en vuestro castillo el valeroso
y jam�s vencido caballero Don Quijote de la Mancha
en cuya busca viene.
-Pod�is decir a vuestra se�ora que entre.
Que aqu� est� el valiente caballero que busca
de cuya condici�n generosa puede prometerse todo amparo.
(Tambores)
No querr�a yo que esta se�ora due�a pusiera alg�n tropiezo
a la promesa de mi gobierno.
(M�sica)
Do�a Dolorida, levantaos y decid vuestra cuita.
-Del famoso reino de Candaya, es heredera la infanta Antonomasia,
la cual se cri� y creci� bajo mi tutela.
A la edad de 14 a�os se enamor� de su hermosura
un caballero particular que en la corte estaba.
Mi mucha ignorancia y mi poco advertimiento
abrieron el camino a don Clavijo, que este era el nombre del caballero,
y as�, siendo yo mediadera, �l se hall� una y muchas veces
en la estancia de la enga�ada Antonomasia
como verdadero esposo. Dese prisa, se�ora Trifaldi,
que es tarde y muero por saber el final de esta historia.
Por fin la infanta se decidi� en favor de don Clavijo
y se entreg� por su leg�tima esposa en lo que recibi� con tanto enojo
la reina Maguncia, que dentro de 3 d�as la enterraba.
Debi� de morir sin duda. Claro est�.
Apenas la cubrimos con la tierra,
cuando sobre un caballo de madera apareci� el gigante Malambruno,
el cual, para castigo de don Clavijo y Antonomasia,
les dej� encantados sobre la misma sepultura.
A ella, convertida en una simia de bronce,
y a �l, en un espantoso cocodrilo de un metal no conocido.
-�Qu� horror! -No cobrar�n su forma
estos amantes, dijo Malambruno, hasta que el valeroso manchego
venga conmigo a las manos en singular batalla.
Ved, se�ora, qu� tengo que hacer, que el �nimo est� presto a serviros.
Escuchad, hizo traer a todas las due�as de palacio
y dej�nos de la manera que ahora veis.
�A d�nde podr�a ir una due�a con barba?
Yo me pegar�a las m�as si no remediase las vuestras.
Malambruno dijo que cuando la suerte me deparase al caballero libertador,
�l me enviar�a un caballo de madera, el cual se rige por una clavija
en la frente, y que le sirve de freno y vuela por los aires.
Clavile�o el Al�gero, se llama. Mi se�or se puede ir solo,
y buen provecho le haga. Con todo eso le hab�is de acompa�ar.
Sancho har� lo que yo le mandare, ya viniese Clavile�o,
ya me viese con Malambruno. �Oh, gigante Malambruno,
env�anos al sin par Clavile�o, para que nuestra desdicha acabe!
(M�sica)
Suba sobre esta m�quina el caballero que tuviera �nimo para ello.
Ah� yo no subo porque ni tengo �nimo ni soy caballero.
Que ocupe las ancas el escudero si es que lo tiene
y f�ese del valeroso Malambruno.
-Valeroso caballero, el caballo est� en casa,
nuestras barbas crecen, subid a �l con vuestro escudero
y deis feliz principio a vuestro viaje.
Eso har� yo, condesa Trifaldi, de muy buen grado.
No, eso no har� de ning�n modo, �qu� dir�n mis insulanos
cuando sepan que su gobernador se anda paseando por los vientos?
Siempre que volviereis, hallar�is vuestra �nsula donde la dej�is,
y a vuestros insulanos con el mismo deseo de recibiros.
No m�s, se�or, suba mi amo, t�penme los ojos
y encomi�ndenme a Dios.
(V�tores)
�Dios te gu�e, valeroso caballero! -�Sea contigo, escudero intr�pido!
(V�tores)
�Ya vais por esos aires rompi�ndoles con m�s velocidad que una saeta!
Se�or, �c�mo dicen estos que vamos tan altos
si est�n hablando junto a nosotros? No repares en eso, Sancho,
que como estas volater�as van fuera de los cursos ordinarios,
de 1000 leguas ver�s y oir�s lo que quisieres.
La cosa va como debe ir,
y el viento llevamos en popa.
Es verdad que por esta parte me da un viento tan recio
que parece que con 100 fuelles me est�n soplando.
Si de esta manera seguimos subiendo,
pronto daremos con la regi�n del fuego.
Y no s� c�mo templar esta clavija
para que no subamos donde nos abrasemos.
�Ay, que me maten si no estamos ya en el lugar del fuego,
porque siento que una gran parte de mi barba se me est� chamuscando!
�Ay, ay! �Ay, Se�or!
(M�sica acci�n)
(M�sica intriga)
(M�sica triunfal)
�Gran se�or, buen �nimo, que todo es nada!
La aventura ya es acabada, como lo muestra el escrito
que en este padr�n est� puesto. �D�nde est� la due�a Dolorida?
Ya se fue, rapada y sin ca�ones. �Y qu� tal os fue tan largo viaje?
-La aventura es acabada con gloria y bueno ser� descansar
a fin de que Sancho marche ma�ana a su �nsula.
(M�sica triunfal)
Sancho, si mal gobernares, tuya ser� la culpa y m�a la verg�enza.
Mas consu�lame que he hecho lo que deb�a en aconsejarte
con las veras y con la discreci�n en m� posibles.
Se�or, si a vuestra merced le parece que no soy de propar este gobierno.
Hijo, en tu gobierno has de temer a Dios,
pues en temerle est� la sabidur�a, y siendo sabio no podr�s errar nada.
Dadme, se�or, vuestra bendici�n y escuchadme una duda.
Yo te bendigo y escucho. Se�or, o a m� me ha de llevar
el diablo o el rostro de este mayordomo
es el mismo de la due�a Dolorida.
El rostro de la due�a Dolorida es el del mayordomo,
pero no por eso el mayordomo es la Dolorida.
Hay que rogar a nuestro Se�or muy de veras
que nos libre de tales hechiceros. As� lo har�.
Adi�s, hijo. Dadme aviso de todo cuanto sucediese
y de todo aquello que en el gobierno te sucediera.
�Viva el gobernador Sancho Panza, se�or de la �nsula de Barataria!
(V�tores)
�De qu� est�is triste, es por la ausencia de Sancho?
Verdad es, se�ora m�a. No ha de ser as�,
que os han de servir 4 doncellas de las m�as hermosas como flores,
y dejad que Sancho gane fama en su gobierno.
(V�tores)
Toda esa gordura no ser� m�s que un postal de malicia.
Para que no de con la �nsula patas arriba.
(M�sica triunfal)
�Ll�guense los siguientes!
(Risas)
(Cencerros)
Se�or gobernador, yo soy sastre, y este hombre lleg� ayer a mi tienda,
y poni�ndome un trozo de pa�o en la mano, me pregunt�:
�Habr� en esto pa�o suficiente para hacerme una caperuza?
-Y �l me respondi� que s�. -Pero �l se imagin� que quer�a hurtar
parte del pa�o. y me replic� que mirase si hab�a para dos.
-Y volvi� a decir que s�. -�l fue a�adiendo caperuzas,
y yo a�adiendo s�es hasta que llegamos a cinco, y ahora,
no me las quiere pagar. �Es todo eso as�, hermano?
S�, se�or, pero h�gale vuestra merced que muestre las 5 caperuzas.
-De buena gana.
(Risas)
Doy por sentencia que el sastre pague las hechuras
y el labrador el pa�o, y las caperuzas se lleven
a los presos de la c�rcel.
�Ll�guense los siguientes!
-Se�or, yo soy un pobre ganadero de cerdas
y ayer vend�, con perd�n sea dicho, 4 puercos.
Top� en el camino con esta due�a y el diablo, que todo lo cuece,
hizo que retoz�ramos juntos. Paguela lo suficiente,
pero ella asi� de m� y no par� hasta traerme a este puesto.
-�Miente! La verdad, se�or gobernador,
es que me tom� por fuerza.
�Ay de m�, pobre hu�rfana!
-�Juro que lo que dije es toda la verdad sin faltar ni miaja!
Veamos, buen hombre.
�Tra�is con vos alg�n dinero en plata?
Aqu� traigo hasta 20 ducados en una bolsa.
Dad la bolsa tal como est� a la querellante.
�Dios proteja la vida del se�or gobernador
porque as� vela por las doncellas desgraciadas!
Marchaos, y vos, acercaos.
Id tras esa mujer, quitadle la bolsa aunque no quiera
y volved con ella.
(M�sica, risas)
(ELLA) �Justicia! �Ladr�n, soltadme! �No, no, justicia!
�Justicia de Dios y del mundo!
Este desalmado, en mitad de vuestro tribunal,
me ha querido quitar la bolsa que vuestra merced le mand� darme.
�Y os la ha quitado? �C�mo quitarme!
Antes me dejaba yo quitar la vida que la bolsa, bonica es la ni�a.
-Tiene raz�n, no he tenido fuerza bastante para quit�rsela.
Hermana, si el mismo aliento y valor que hab�is mostrado
para defender la bolsa, lo mostraseis con vuestro cuerpo,
las fuerzas de H�rcules no se hicieran fuerza.
�Andad en hora mala, churrillera, desvergonzada, envaidora!
Y vos tomad vuestro dinero y que no os venga en voluntad
refocilaros con nadie.
(R�EN)
Y m�ndese copia de esta sentencia y de todas a mi se�or don Quijote.
�Ll�guense los siguientes!
(M�sica)
�igame vuestra merced, �c�mo hay que comer esta comida?
Como es uso y costumbre en otras �nsulas donde hay gobernador.
�Y qu� es eso de la varita? Yo soy m�dico y lo principal que hago
es asistir a cenas y a comidas y dejaros comer
lo que me parece que os conviene.
�Y por qu� manda quitar el plato de la fruta?
Por ser demasiadamente h�medo. �Y el plato de ese otro manjar?
Por ser demasiadamente caliente y tener muchas especias.
De esa manera, aquel plato de perdices no me har� ning�n da�o.
Esas no las probar� el se�or gobernador en tanto yo tuviera vida.
�Pues por qu�? "Omnis saturatis mala,
perdicis auntin p�sima". Si ello es as�,
de cuantos manjares hay en esta mesa,
�cu�l me har� m�s provecho? Unas tajadicas de carne de membrillo
que le asienten el est�mago y le ayuden en la digesti�n.
�C�mo os llam�is? Doctor Pedro Recio de Ag�ero,
graduado en Osuna. Pues se�or Pedro Recio de mal ag�ero
qu�teseme de delante, que si no, voto al sol que tomo un garrote
y a garrotazos no ha de quedar m�dico en toda la �nsula.
Correo del duque, mi se�or.
�Qui�n es aqu� mi secretario? Yo, se�or, porque s� leer y escribir
y adem�s soy vizca�no. Con esa a�adidura bien podr�ais ser
secretario del mismo emperador. �Mirad lo que dice!
"A mi noticia ha llegado, se�or don Sancho Panza,
que unos enemigos m�os y de esa �nsula la han de dar
un asalto furioso no s� qu� noche. Velad y estad alerta
porque no os tomen desapercibidos. Yo tendr� cuidado de socorreros
si os viereis en trabajo. El Duque". Lo que ahora hay que hacer
es meter en el calabozo al doctor Recio, que si alguno
me ha de matar, ha de ser �l. Y dadle un pedazo de pan
y 4 libras de uvas que en ellas no podr� venir veneno,
�que me voy a la cama!
(Corneta)
�Arma, arma, se�or gobernador!
�Arma, han entrado infinitos enemigos en la �nsula!
-�Estamos perdidos si vuestro valor no nos socorre!
��rmese si no quiere perderse y que esta �nsula se pierda!
�Tengo que armarme, qu� s� yo de armas ni de socorro!
��rmese, se�or gobernador, tenemos armas ofensivas y defensivas!
��rmenme en hora buena! �Ay, ay!
(M�sica tensi�n)
�C�mo tengo que caminar, desventurado yo,
si me lo impiden estas tablas que tan cosidas tengo a mis carnes?
�Ahora vamos a la laucha!
(GRITOS, V�TORES)
(M�sica acci�n)
�Aqu� los nuestros! -�Aquella puerta se cierre!
-�Aquel portillo se guarde! Si mi Se�or fuese servido
que se acabase ya de perder esta �nsula.
(M�sica acci�n)
Se�or gobernador, vamos a gozar ya del vencimiento.
El enemigo que yo he vencido quiero que me lo claven en la frente.
Yo no deseo sino que me den un trago de vino que me seco,
y me enjuguen este sudor, que me hago agua.
Fue demasiada la burla. -Est� como muerto.
(M�sica acci�n)
Venid a m�, compa�ero y amigo m�o,
y conllevador de mis trabajos y miserias.
�As� nos abandona, se�or gobernador?
Se�ores, yo no nac� para ser gobernador,
ni para defender �nsulas ni ciudades.
Mejor se me entiende a m� de arar y cavar.
D�jenme salir, que se me hace tarde. �Dese�is algo para vuestra persona?
Un poco de cebada para el rucio
y medio pan y medio queso para m�.
Se�ores, desnudo salgo.
No es menester dar otra se�al para entender
que he gobernado como un �ngel.
(M�sica)
Porque lo quiso as� vuestra grandeza, fui a gobernar
vuestra �nsula de Barataria en la cual entr� desnudo
y desnudo me hallo, ni pierdo ni gano.
Me pesa en el alma que tan presto hay�is dejado el gobierno.
En ese tiempo ya he tanteado las cargas que trae consigo
y las obligaciones de gobernar.
Beso a vuestras mercedes los pies
y me paso al servicio de mi se�or don Quijote.
Ya me parece a m� que es bien salir de tanta ociosidad
como en este castillo tengo, y as�, pido licencia a vuestras grandezas
para partir a Barcelona, pues s� que un falso historiador
cuenta que un don Quijote se hall� en un torneo en Zaragoza
y as� echar�n de ver las gentes
que yo no soy el don Quijote que �l dice.
Contad con ella aunque me pesa que nos dej�is.
Mayordomo. -�Se�or?
-Dar�is a Sancho 200 escudos de oro
para suplir los menesteres del camino.
(M�sica)
�Cu�nta agua! Sancho, amigo, esto es el mar.
Pues m�s largo que las lagunas de Ruidera que vi en La Mancha.
(M�sica)
(V�tores)
Tal es la prerrogativa de la andante caballer�a,
hasta la gente de esta ciudad sin nunca haberme visto, me conoce.
(M�sica, v�tores)
�Emisario del virrey!
Su se�or�a el virrey que en este momento visita las galeras,
enterado de la llegada del valeroso Don Quijote de La Mancha,
os invita a acompa�arle para daros as� albricias.
Diga a su mercede el virrey que yo no tendr� otra voluntad que la suya.
�Detenos, insigne caballero Don Quijote de La Mancha!
�Yo soy el Caballero de la Blanca Luna,
cuyas inauditas haza�as te lo habr�n tra�do a la memoria!
�Vengo a contender contigo para hacerte confesar que mi dama,
sea quien fuere, es sin comparaci�n, m�s hermosa
que tu Dulcinea del Toboso! �Caballero de la Blanca Luna!
�Yo os har� jurar que jam�s hab�is visto a la ilustre Dulcinea!
Si la hubieseis visto, su vista os desenga�ara que no ha habido
ni puede haber belleza que se pueda comparar con la suya.
Si yo te venciera, no quiero otra satisfacci�n
sino que dejando las armas, te retires a tu lugar por un a�o
donde has de vivir sin echar mano a la espada.
�Sea como quer�is, pero sea pronto!
(M�sica acci�n)
Que Dios se la de a quien quiera,
pero que San Pedro se la de a mi amo.
(M�sica, gritos)
Vencido sois, caballero.
Y aun muerto,
si no confes�is las condiciones de nuestro desaf�o.
Dulcinea del Toboso... �es la m�s hermosa mujer del mundo!
Y yo, el m�s desdichado caballero de la tierra.
Aprieta, caballero, la lanza y qu�tame la vida,
pues me has quitado la honra. �Viva la fama de la hermosura
de la se�ora Dulcinea del Toboso! Que solo me contento
con que el gran don Quijote se retire a su lugar un a�o,
como concertamos antes de entrar en batalla.
Como no se me pida cosa en perjuicio de Dulcinea,
todo lo dem�s cumplir� como caballero puntual y verdadero.
Esa palabra me basta.
(Gritos)
�De cierto no conoc�is al de la Blanca Luna?
-Es la primera vez que le vi. -Seguidle a la ciudad,
averiguad qui�n es y el significado de esta estupenda batalla.
(Gritos)
(M�sica)
Se�or, a m� me llaman el bachiller Sans�n Carrasco.
Soy paisano de don Quijote y porque le quiero bien
y su locura me da l�stima, creyendo que est� su salud
en su reposo, har� tres meses que le sal� al camino
como caballero andante, llam�ndome el Caballero de los Espejos.
Mi intenci�n era luchar con �l y vencerle.
Lo que pensaba pedirle era que volviera a su lugar.
-�Y luchasteis? -S�, pero me venci� �l a m�.
No por eso se me quit� el deseo de volverle a buscar
y vencerle para que tuviese efecto mi pensamiento.
-Imagino que toda la industria del se�or bachiller
no ha de ser bastante a volver cuerdo a un hombre tan loco.
-Un a�o de paz en la aldea puede hacer el milagro.
Y como �l es tan puntual en guardar las �rdenes de la caballer�a,
bien puede guardar la que le he dado en cumplimiento de su palabra.
Camina, Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra
el a�o de noviciado, para volver despu�s al ejercicio de las armas.
Se�or, no es cosa tan gustosa el caminar a pie
que me incite a hacer grandes jornadas.
Querr�a que nos convirti�semos en pastores si quiera el tiempo
que tengo que estar recogido.
Yo comprar� algunas ovejas.
Llam�ndome yo el pastor Quijotriz, y t� el pastor Panzino,
nos andaremos por los montes cantando y endechando.
Pardiez que me ha cuadrado a m� siempre tal g�nero de vida
y Sanchica, mi hija, nos llevar� la comida al hato.
Y eso que hay pastores maliciosos y no querr�a yo que fuese por lana
y volviese trasquilada.
(M�sica)
�Mi se�or don Alonso! -�Albricias, mi se�or don Quijote!
La aldea se regocija al ver a su m�s preclaro hijo,
flor y nata de la andante caballer�a. Dejaos de lisonjas,
que vencido vengo del cuerpo y el alma.
Ahora nos vamos a hacer pastores enamorados.
(R�E) -Qu� desalientos son esos...
Los que cumplen a mi condici�n.
Un a�o de estar sin empu�ar las armas.
Pero vamos a casa,
que all� podr� darles cuenta de mis desventuras.
Y en suma,
el de la Blanca Luna me derrib� y me oblig�
a un a�o de retiro en casa.
�Y pens�is cumplirlo? -Al pie de la letra.
�No es as�? As� es.
He pensado hacerme pastor y entretener en la soledad
de los campos mis amorosos pensamientos.
Me parece discreto.
Y hasta me ofrezco por compa�ero en vuestro ejercicio.
Yo comprar� ovejas y ganado suficiente.
En cuanto a nombres, los tengo pensados que ni de molde.
Yo me he de llamar el pastor Quijotriz...
�Y yo? El pastor Carrasc�n.
Y el pastor Curiambro, vuestra merced.
Sancho ser� el pastor Panzino. �Qu� es esto, t�o?
�Se nos quiere meter en nuevos laberintos haci�ndose pastor?
-�Y podr� vuestra merced pasar en el campo
las siestas del verano, los serenos del invierno
y el aullido de los lobos? Callad, hijas,
que yo s� bien lo que me cumple.
Llevadme al lecho, que me parece que no estoy bueno.
(M�sica)
Avisad a Sacho, que traiga al m�dico.
Del pensar de ser vencido
o porque Dios as� lo ordena tiene calenturas.
-Por s� o por no, atienda a la salud del alma
porque la del cuerpo corre peligro.
Consolaos y dejadme solo.
Que quiero dormir un poco.
(M�sica)
"Bondad de Dios,
aquellos no fueron gigantes, sino molinos de viento.
Y reba�os los ej�rcitos, el castillo lleno de encantos
una venta solitaria en el camino.
La jaula embrujada fue burla llena de buenas intenciones,
lo mismo que el Caballero de los Espejos
naci� de la bondad del bachiller. Despu�s,
fueron ganapanes disfrazados los encantadores
y las due�as del cortejo de la Florida
y Clavile�o no vol� nunca m�s que en sue�os.
De toda aquella malandanza,
queda el dolor del vencimiento.
Sancho...
Sancho, bueno y fiel.
Y Dulcinea,
ideal que permanece a�n ahora en que se alejan los desatinos
de una locura ilusionada.
Dulcinea...".
(REZAN) "Dios te salve, Mar�a. Llena eres de gracia.
El Se�or es contigo. Bendita t� eres,
entre todas las mujeres...".
Parece que se va a quedar sin el sue�o. (LLORA)
"Santa Mar�a, Madre de Dios...".
Bendito sea del poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho.
Sus misericordias no tienen l�mite. �Qu� dice vuestra meced?
�Qu� misericordias son estas? Las misericordias...
son las que ha usado Dios conmigo.
Yo tengo juicio ya libre y claro.
Conozco los disparates de los libros de caballer�as.
�Bendito sea el Se�or!
Yo me siento, sobrina, en trance de muerte.
Querr�a hacerla de tal modo que no dejase renombre de loco.
(SUSURRA) Dadme albricias, buenos se�ores.
Que no soy Don Quijote de la Mancha,
sino Alonso Quijano,
a quien mis costumbres dieron renombre de Bueno.
Ahora, se�or don Quijote, que tenemos nueva
que est� desencantada Dulcinea, �sale vuestra merced con eso?
Yo, se�ores...
siento que me voy muriendo
a toda prisa.
D�jense de burlas aparte
y tr�iganme un confesor
que me confiese.
Que, en trances como este,
no se ha de burlar el hombre con el alma.
Se�or cura...
Ave Mar�a pur�sima. Sin pecado concebida.
(M�sica tr�gica)
Verdaderamente se muere.
Y verdaderamente est� cuerdo Alonso Quijano el Bueno.
(M�sica)
(CON DIFICULTAD) Sancho...
Perd�name, amigo,
de la ocasi�n que te he dado de parecer loco, como yo,
haci�ndote caer
en el error que yo he ca�do. No se muera vuestra merced.
Se�or m�o,
sino tome mi consejo y viva muchos a�os
porque la mayor locura que puede hacer un hombre
es dejarse morir sin m�s ni m�s.
As� es.
Y el buen Sancho Panza est� en la verdad de estos casos.
Se�ores, v�monos poco a poco.
Pues ya en los nidos de anta�o...
no hay p�jaros hoga�o.
Yo fui loco...
y ya soy cuerdo.
Quede con vuestras mercedes...
mi arrepentimiento...
y mi verdad.
Volverme la estimaci�n
que de m� se ten�a.
Jes�s...
Jes�s...
(MURMURA) Jes�s...
(LLORAN)
(LLORA)
(LLORAN)
(M�sica)
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