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(Olga) "La tierra no olvida" es mucho más
que el título de esta exposición.
No es sobre la batalla, ni sobre los héroes
ni sobre los caídos.
Es sobre los supervivientes, sobre los que se quedaron aquí,
en esta tierra sembrada de muerte y que, poco a poco,
la hicieron renacer.
Sr. Tomás del Bosque, uno de nuestros sponsors.
- Encantada. - Muchos mexicanos
murieron en esta tierra.
(Olga) Esta pareja vino y un día le pegaron un tiro en la cabeza.
No sé, a veces la venganza es ciega.
(Grau) Han entrado en mi casa. Estoy seguro de que es un robo.
Envíen una patrulla, por favor.
Hemos encontrado algo. Un móvil de prepago.
Y hay una llamada a uno de los sicarios.
Pero ¿estaba en esta caja?
- (asiente) - ¿Seguro?
Están intentando incriminarle.
¿Quién pudo entrar en su casa a dejar ese móvil?
¿Tú por qué no me dices que tenemos un topo?
Porque no estaba seguro.
(Barrera) El juez, con los últimos hallazgos de Grau,
ha sido muy claro: no se puede acceder a las pruebas.
Deja eso.
(Vivales) Mira dónde estás.
Tienes una mujer de la hostia, una niña que es para comérsela.
¿Te lo quieres jugar? ¿Quieres perder todo esto?
Si de verdad quieres hacer algo por Rosario,
cuídalas.
Una ambulancia, por favor.
¡Una ambulancia!
(Olga) Me han enviado un becario.
No, perdón.
Es que va ahí.
Sí, sí, ese es su sitio. Muchas gracias.
Yo he trabajado en una biblioteca.
- Ah, ¿sí? - Sí.
¿Dónde?
En las afueras de Barcelona.
Bueno, pues te dejo, que seguro que sabes encontrar lo que quieres.
En realidad, me vendría bien que me pudieras recomendar algo.
¿Qué buscas?
Una novela.
¿Y de qué tipo?
Pues mi favorita esLos miserables.
Ven.
He buscado muchas de ese estilo y algunas me han gustado, pero...
ninguna como esa.
Seguro que, cuando la encontraste, no la estabas buscando.
No.
Esa es mi recomendación:
no busques, prueba algo nuevo y no esperes nada.
Ese es mi libro.
Puede parecer exagerado, pero me cambió la vida.
Lo entiendo.
Y cada año releo partes.
George Eliot. No le conozco.
Bueno, es que en realidad es un seudónimo.
Se llama Mary Ann Evans.
¿Y de qué va?
Mejor léelo.
Podríamos decir que es complementario.
EnLos miserableshay personas humildes que hacen cosas heroicas.
Y en este los héroes lo son por hacer cosas humildes.
Tiene buena pinta.
(Olga) ¿Quieres?
No te cortes, que tengo un montón.
Gracias.
- Hola. - Hola.
¿Qué tal?
Bien.
Es increíble que sigan apareciendo restos de la guerra.
Sí. Es que, además, toda esta zona, Gandesa, Corbera,
fue la zona más bombardeada de la guerra.
Mi padre siempre decía que esta tierra está sembrada
de muerte, de chatarra y de venganzas.
Te interesa mucho el tema, ¿no?
Sí.
Vi tu portalápices en la biblioteca.
Eso lo hizo mi padre.
Él se ganaba la vida
convirtiendo la chatarra de guerra en cosas útiles.
Mmm...
No sé, algún día me gustaría hacer una exposición de todo esto.
- ¿Por tu padre? - Sí.
Por él y por... No sé, por tratar de calmar el odio de la guerra.
Yo creo que es normal que se odien.
Después de todo lo que pasó...
Sí, pero yo creo que odiar es como...
Como beber un vaso de veneno.
Cuando hagas la exposición, voy a ser el primero en ir a verla.
- No hace falta. - Sí.
- No. - Te lo debo.
No, no me debes nada.
¿Por qué?
Bueno, por todos los libros que me has recomendado.
Es mi trabajo.
Y los que me vas a recomendar.
("This Is the Last Time", The National)
(cesa la canción)
(vibración de móvil)
(tose)
(continúa la vibración)
¿Sí?
(Vivales)¿Cómo estás?
Mejor.
(Cosette) ¿Es papá?
Sí.
(Melchor)Pásamela.
¿Quieres hablar un momento con papá?
Sí.
Hola, papá.
Hola, mi amor.
¿Cómo estás?
(Cosette)¿Cuánto tiempo voy a tener que estar con el abu?
Poco. Muy poco, ya verás.
(Cosette)¿Y mamá?
¿Por qué no quiere hablar conmigo?
No, mi amor, no es que no quiera hablar contigo,
es que ahora no puede.
Cosette.
(Cosette)¿Qué?
Que te echo mucho de menos.
Te quiero, mi amor.
Sí. Sí, un susto. Tu puta madre.
Te dije que me encargaba yo. ¿Te lo dije o no te lo dije?
Te dije que no hagas nada. ¿Te lo dije o no te lo dije?
Bueno, pues es lo que tienen las ideas de mierda, que salen mal.
Te juro que me apetece hablar...
Me apetece hablar y mandarlo todo a la mierda.
¡Que no me salgas ahora con el dinero, imbécil!
(Blai) El juez ha dejado libre al tipo que ha hecho esto.
Dice que fue un accidente.
Homicidio imprudente.
Como mucho, le van a caer cuatro años.
(chista)
Ven aquí.
Lo siento mucho. De verdad.
Vuelve con tu hija.
Y no te tortures, ¿me oyes?
(música de intriga)
Sebastián.
¿Sabes quién soy?
¿Quién te pagó?
¿Quién te pagó?
(grita con furia)
¡Eh!
¡Para!
¡Para!
(Melchor grita con furia)
(puerta abriéndose)
Le dejaron el dinero en el buzón
y un mensaje con lo que tenía que hacer.
Asustar a Olga.
Pero iba tan colocado que se le fue el coche.
He conseguido un permiso
para que puedas ir mañana al funeral.
Luego hay que volver aquí.
Cosette... pregunta por ti.
Y por Olga.
Le he dicho que estáis fuera, que volveréis pronto, pero...
no es tonta.
Y me ha pedido por favor que...
Que te dé esto.
Sé que es muy duro, pero, además de pensar en los que se han ido,
tienes que pensar también en los que se han quedado aquí.
Vale, gracias.
Me toca a mí traerte y llevarte.
Salom, no fue un accidente.
A ese tío le pagaron para que matara a Olga.
Le pagaron porque yo estaba muy cerca...
Que no te hagas eso, no es culpa tuya.
No es culpa tuya lo que hizo ese hijo de puta, no lo es.
Yo ya no puedo hacer nada.
Pero si tú puedes averiguar quién estaba manipulando las pruebas...
¿Por qué no te olvidas un poquito de esta mierda
y te centras más en Cosette?
Que te necesita, Melchor.
Ya me encargo yo de buscar
a ver quién hizo desaparecer la huella del archivo y todo eso.
¿Eh? Vamos.
Venga.
Vamos.
Qué bonito tu dibujo. Me encantó.
- ¿Sí? - Sí.
Os espero abajo.
Mi amor, tú te vas a ir con el abu, ¿vale?
No, yo quiero ir contigo.
No, pero yo te veo allí.
(susurrando) Ya sé que mamá no va a volver.
Pero no me dejes tú también.
No, yo nunca.
(emocionado) Nunca.
(la besa)
(Melchor) Muchas gracias a todos por venir.
(emocionado) Olga era una persona especial.
Yo conocí a Olga aquí.
Este era su libro favorito.
Y...
creo que parte de ella siempre estará entre estas líneas.
En mí, Cosette...
Y en todos.
Bueno, no se me da muy bien hablar, así que voy a leer un fragmento.
"El efecto de ella en quienes la rodeaban fue incalculable.
Fue difuso y profundo.
El creciente bien de este mundo
depende de pequeñas acciones que no dejan huella en la historia.
Que las cosas no nos vayan tan mal como podrían haber sido
se debe en parte a los que vivieron fielmente
una vida escondida y humilde,
y que descansan en tumbas no visitadas por multitudes.
Solo por quienes tuvimos la fortuna de compartir nuestra vida
con alguien así".
Qué guapa eres.
(Vivales) No te preocupes, Melchor, confía en mí.
Solo será una noche más.
Mañana el juez te dará la provisional
y podrás volver con Cosette.
Necesito que me dejes tu coche, por favor.
Hostia, tío, no me jodas.
No voy a dejar libre al que ha hecho esto.
Es por Cosette.
Si en el futuro se siente amenazado, irá a por ella,
y no pienso dejar que mi hija corra peligro.
Vamos a ver, Melchor.
- Piénsalo un poco. - Déjame las llaves.
- No puedo. - (Barrera) Salom.
(Vivales) ¿Qué vas a hacer?
No, que ya sé que es una mierda, porque, claro,
él querría estar más tiempo con su hija, pero...
Bueno, hay que ir pensando en volver con Melchor a comisaría.
- ¿De acuerdo? - Sí.
- ¿Melchor? - ¿Mmm?
¿Melchor? Estaba hablando contigo aquí ahora. ¿Dónde ha ido?
- ¿Melchor? - Sí.
Eh... No sé.
(música de intriga)
Mierda.
Gracias por venir.
No he podido ir al funeral
porque el juez me ha liado toda la mañana.
Joder.
Siento mucho lo que ha pasado.
También te agradezco que no hayas venido con un par de agentes.
No te creas que no lo pensé.
¿Para qué me has llamado?
Necesito que me ayudes a cazar al que está detrás de todo esto.
Solo puedo confiar en ti.
Melchor, estás en busca y captura.
Sería cómplice de un prófugo.
Puede que lo que saquemos no sirva para nada.
Hasta podríamos acabar los dos en la cárcel.
¿Puedo contar contigo?
Yo qué sé. Le han visto en Tortosa. Después, en Corbera.
En dos sitios a la vez no puede estar.
No, Melchor no es tonto.
Si no quiere que lo encontremos, no lo encontraremos.
No entiendo por qué lo hace.
Con lo de su mujer, el juez habría tenido manga ancha.
Pero es que así... Joder, no.
No me jodas.
(música dramática)
He ido a pedirle ayuda a Gomá.
- ¿A Gomá? - Sí.
Pero si yo ya estoy con esto.
¿Y has conseguido algo?
No, aún no.
Si borraron esa huella es por algo.
Porque pertenecía al culpable.
Pero una huella no se identifica a simple vista.
Tuvieron que procesarla.
¿Crees que es alguien de Científica?
Seguramente.
O sea, en el listado de pruebas yo...
No vi nada raro.
Lo habrá modificado.
Pero en el servidor se guarda una copia de los originales.
¿Seguro?
Sí.
Me lo confirmó Blai.
Y supongo que se entrará
como cuando miramos los correos con él, ¿te acuerdas?
Sí.
Pues vale. Pues... busco ahí.
(música de intriga)
Aquí.
(timbre de microondas)
(llaman a la puerta)
¿Qué haces aquí?
(respira agitado)
Cuando entramos en el almacén de pruebas,
te dije que faltaba una.
Pero no te dije de qué tipo.
Cuando viniste a verme al calabozo, tú sabías que era una huella.
Eso fue lo que te delató.
Entonces todo se ordenó en mi cabeza.
Los emails, el teléfono en casa de Grau...
La huella.
El cómo siempre ibais por delante.
¿A quién estás protegiendo?
Yo sé perfectamente quién es, pero quiero que me lo digas tú.
Que lo digas.
A Albert Ferrer.
Si los viejos vendían, él lo perdía todo.
- ¿Y tú le ayudaste a...? - No.
No, yo no tenía ni puta idea.
Estaba procesando las huellas y vi la suya en el sistema de seguridad.
- No fue el jardinero. - No.
Joder.
Vio cómo Ferrer desconectaba la alarma.
Lo chantajeó y por eso lo mataron.
Pero yo no tuve nada que ver con las muertes, Melchor.
Solo le ayudaba para que no le pillarais.
Borré la huella, los correos...
Le informaba, nada más.
¿Por qué?
Porque era mi amigo.
Estaba acojonado.
Y me pidió ayuda.
Y me ofreció dinero.
Saben que mis hijas estudian fuera y que eso es una pasta.
Es una pasta para un sueldo de mierda como el nuestro.
¿Y Olga?
Melchor...
Te juro por mis hijas que no tengo nada que ver.
En mi puta vida le hubiese hecho daño a Olga, y lo sabes.
Sé lo que es perder a alguien, ¿eh?
Lo siento.
Te he jodido la vida.
Pero yo también se la he jodido a mis hijas.
- Sí. - Sí.
Lo siento.
Lo siento mucho.
(música melancólica)
Vamos.
Baja.
¿Qué haces aquí?
Necesito hablar contigo.
- No tengo nada que hablar contigo. - Por favor, Rosa, no tengo tiempo.
Tenemos que hablar, es importante.
Y ya han detenido a Salom.
Por eso quería que lo supieras por mí
antes de que vengan a detenerme.
Te...
Te juro que jamás he dejado de pensar en vosotras.
Que vuestro bien ha sido siempre lo más importante para mí.
Por eso jamás me voy a perdonar
lo que os he hecho a ti y a las niñas.
Jamás...
me voy a perdonar haber destruido lo que teníamos.
(música melancólica)
(la música se intensifica)
(cesa la música)
(Boris) Buenas noches, Sr. Marín.
Me gustaría que nos acompañara.
¿Para qué?
Tenemos información
sobre el asesinato de los Adell y de su esposa
que puede interesarle.
Le aseguro que no le va a pasar nada.
(música de intriga)
Disculpe que lo hayamos traído de esta forma.
Al final esto va más allá de la Terra Alta, ¿no?
Ferrer era solo una herramienta.
Así es.
Por nuestros contactos en España
supimos que los Adell tenían intención de vender su empresa
al Opus Dei.
Ferrer se vio en la calle, lleno de deudas
y, lo peor de todo, humillado.
Se convirtió así en alguien fácil de manipular
para llevar a cabo nuestro plan de acabar con los Adell.
¿Por qué no les ha delatado?
Albert Ferrer ha hecho la primera cosa valiente en su vida:
callar y cargar con toda la culpa.
Por miedo.
Para proteger a su mujer y a sus hijas.
Acompáñeme.
(música de intriga)
Aquí está.
Gracias.
(pitido intermitente)
Melchor Marín.
Le presento a Daniel Armengol.
Lamentamos lo brusco e inesperado de esta reunión,
pero el tiempo no es un bien
del que podamos disponer a nuestro antojo.
El trayecto que ha recorrido y que le ha traído hasta aquí
ha sido especialmente duro para usted, Sr. Marín.
Por eso merece conocer toda la verdad.
Se lo debemos.
Y, para que entienda esta historia,
tenemos que remontarnos al principio de la Guerra Civil,
cuando fusilaron a los padres de Francisco Adell.
Aquella cruel ejecución sembró en él un odio profundo,
que fue creciendo con el paso de los años.
Pero los responsables de aquellas muertes huyeron
cuando la guerra cambió de signo.
Y él no tuvo en quien descargar esa rabia.
Muchos años después de la Guerra Civil
los padres del Sr. Armengol regresaron del exilio en Francia,
con él, que tan solo era un niño.
A Gandesa, a su pueblo.
Ellos no habían tenido nada que ver con los fusilamientos.
Tan solo habían trabajado en el ayuntamiento
durante la república.
Pero a Francisco Adell le bastó con que fueran del mismo bando
de los que habían fusilado a sus padres.
Y dio salida a su odio matándolos a tiros en medio de la plaza.
Delante de su hijo.
Una venganza... ciega.
E injusta.
Usted es el niño de la foto que estaba en la exposición.
Usted sabe lo que es perder así a una madre.
Y lo que es ver como un ser querido muere en sus brazos.
Usted conoce esa forma de odiar.
La misma que sintió ese niño en aquel momento
y que alimentó su deseo de venganza contra los Adell.
Daniel Armengol dejó España e hizo fortuna en México.
Creía haber olvidado.
Hasta que se encontró con Albert Ferrer
y supo de nuevo de los Adell.
Ahora sí que los tenía a su alcance.
No importaba que hubieran pasado décadas.
Los hombres que mataron a los Adell recibieron órdenes
de que esta venganza causara el mismo daño
que el Sr. Armengol había sufrido.
Un dolor... que usted conoce bien.
Un dolor indescriptible.
¿Habéis matado a mi mujer?
Fue cosa de Ferrer.
Pero el Sr. Armengol es consciente
de que si él no hubiera continuado con su venganza,
su mujer aún estaría viva.
Porque él, como usted,
no eligió hacer de la venganza...
el sentido de su vida.
Es la propia violencia que respira esta tierra la que eligió por él.
Por eso, aunque pudiera volver atrás,
él sabe que todo acabaría igual
y que volvería a hacer lo mismo.
La tierra no olvida.
¿No decía eso su mujer?
Es bonito pensar que podemos escapar de este ciclo fatídico.
Pero no es así.
Estamos atados a él con cadenas irrompibles.
Sr. Marín, tiene todo el derecho del mundo a odiarle.
Y él le pide que lo haga.
Con la misma rabia con la que él odiaba a los Adell.
Pero que también se pregunte
qué habría hecho usted si hubiera dado con los asesinos de su madre,
qué no haría usted para vengar la muerte de su mujer.
Lo único que el Sr. Armengol puede ofrecerle para aliviar su dolor...
es su propia vida.
Esa máquina le mantiene vivo.
Nadie va a hacerle nada si decide desconectarla.
Les dejo a solas.
(muy débil) Hágalo.
Hágalo.
(música dramática)
(pitido intermitente)
(pitido continuado)
(cesa la música)
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