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Original subtitles

- (Melchor) ¿Dónde está mi madre? - (Vivales) La han asesinado.

La encontraron en la playa de la cementera.

La gente para la que trabaja tu abogado se cargó a tu compañero,

y harán exactamente lo mismo contigo.

No viene a defenderte, sino a asegurarse de que no hables.

Vivales, necesito información del abogado de los sicarios.

Diez años preparando esta exposición y me parece que no llego.

Claro que vas a llegar. Siempre llegas a todo.

(Salom) Queremos saber si Rosa Adell estuvo aquí la noche del domingo.

Esa noche solo había una persona y aún sigue en el hotel.

- Alejandra Marini. - Sí, soy yo.

¿La madrugada del domingo se vio con Rosa Adell?

¿Rosa?

No fue Rosa, fue Albert Ferrer, ¿verdad?

Sí, así fue.

¿Por qué se vieron?

Somos amigos.

¿Sabes quién es?

No, no sé quién es, no.

No, no le conozco.

"Yo, Francisco Adell, en pleno juicio

y en mi sano entendimiento, designo...".

Disculpen.

(vibración de móvil)

(suspira) Lo lamento,

pero tenemos que suspender la lectura del testamento.

¿Por qué?

Acabo de recibir una llamada que pone en duda su validez.

No tiene sentido ejecutar un testamento

que no corresponde con la realidad.

Ese día fui a llevar el contrato a casa del Sr. Adell

y ya estaba revisado por sus abogados y por los nuestros.

Entiendo.

Si nos ayuda a dar con ese contrato,

pasará a ser el director general de la empresa

con un 15 % más de las acciones.

(música de intriga)

(hombre)Una agente ha venido a consultar

el expediente n.º 3313/2013.

Melchor Marín.

De la comisaría de Cambrils.

(continúa la música)

(cesa la música)

Disculpa, ¿aquí seguro que no falta nada?

No debería.

¿Quién fue la última persona que revisó el expediente?

Un momento...

Nadie. Tú eres el primero.

(Melchor) No hay nada.

Están las fotos que me enseñaste y faltan páginas en el expediente.

Alguien lo ha manipulado.

- Lo quieren tapar. - No. No culpes a la maldad

de lo que pueda explicar la incompetencia.

Yo también he estado investigando un poco.

Bigara. El inspector Bigara fue el que llevó el caso de tu madre.

(resopla) Me tocó un par de veces defender a chorizos

que él había detenido y era un auténtico chollo.

Siempre con faltas, amonestaciones...

Nunca cerraba un caso a derechas.

Era un completo desastre.

Vago, putero, alcohólico...

Pues eso, perfecto para que no se sepa quién mató a mi madre.

¿Dónde está?

Murió hace poco. Se cayó al agua en el Port Vell.

Dijeron que iba borracho como una cuba.

Pero hay otro hilo del que tirar.

Un colega mío de la fiscalía me dijo que en el caso de tu madre

llamaron a declarar a un chulo.

¿El chulo para el que trabajaba ella?

No. Rosario iba por libre.

Pero él estaba ahí la noche en que se la llevaron.

- ¿Cómo se llama? - En la zona todo el mundo le conoce.

Le llaman "el Zar".

(música de baile)

(música de intriga)

(grita)

(gritos de discusión)

¡Eh! ¡Eh!

Pero ¿qué cojones, tío?

¡Rosario Marín!

(música trepidante)

¡Que no sé quién es, joder! ¡No sé quién es!

- Rosario Marín. - No sé quién es.

La encontraron muerta en la playa de la cementera hace cuatro años.

- Vale. Ya sé. - ¿Te acuerdas?

- Bien. - Ya le dije a los Mossos

- todo lo de que sabía. - ¡Pues cuéntamelo a mí!

Se fue con unos tíos en un coche.

- ¿Qué coche? - Uno grande, oscuro, de marca.

- ¿Qué marca? - No sé, no me acuerdo.

¡No me acuerdo, joder! Era un coche de esos, de ricos, ¿vale?

- ¿Cuántos eran? - Tres o cuatro.

- El coche iba lleno, pero no les vi. - ¿Alguien más los pudo ver?

Rosario iba con una amiga. Las dos estaban juntas en el coche.

- A lo mejor ella vio algo. - ¿Cómo se llama?

No me acuerdo.

- Sí te acuerdas. - No me acuerdo... Vale, sí. ¡Sí!

Carmen.

Carmen, le dicen "la Niña" o "la Niñata", algo así.

¿Dónde puedo encontrarla?

Después de eso se fue de Barcelona. A Murcia, creo.

Te juro que no sé nada más, te lo juro. Te lo juro, tío.

(respira jadeante)

(tose)

(gime dolorido)

(puerta abriéndose)

(ladridos a lo lejos)

(puerta cerrándose)

Tu madre siempre cuidó de mí.

Y la desgracia que le pasó me salvó la vida.

Si no fuera por ella...

aún estaría ahí.

- (Melchor) ¿Por qué volviste? - Me asusté.

Pero aquella noche viste algo.

La segunda vez que pasó el coche, cuando tu madre subió,

vi el rostro de uno de aquellos chavales.

¿Le reconocerías?

No, no lo sé. Fue hace mucho y no volví a verlo.

- Te puedo enseñar fotos si quieres. - No, la policía ya lo hizo y nada.

Los ricos no suelen estar fichados.

En casa, cuando alguien muere,

a Pepe y a mí nos gusta plantar algo.

Lo hice con mi suegro, pero...

aún no lo he hecho por Rosario.

(música emotiva)

Tu madre y yo hablábamos muchísimo.

Yo le contaba mis sueños,

que se parecen mucho a lo que tengo ahora.

Pero ella solo me hablaba de una cosa. De ti.

De lo que quería para su hijo.

Un trabajo decente y que fueses feliz.

Si te viese, estaría muy orgullosa.

No te obsesiones con buscar justicia.

Si quieres honrarla, sé feliz.

(música de intriga)

Hijos de puta.

Carlos.

Soy Grau.

Deberíamos hablar.

(graznidos)

(Olga) "La tierra no olvida" es mucho más que el título

de esta exposición, es algo que también decía mi padre.

Él hacía estas piezas con la chatarra que desenterraba

de los montes tras la guerra.

Pero esta exposición no es sobre la batalla,

ni sobre los héroes ni sobre los caídos,

es sobre los supervivientes, sobre los que se quedaron aquí,

en esta tierra sembrada de muerte y que, poco a poco,

desde la más profunda de las miserias...

Y que, poco a poco,

desde la más profunda de las miserias... ¿Qué? ¿Qué?

"La hicieron revivir". Claro, la hicieron revivir.

Efectivamente.

Poco a poco, desde la más profunda de las miserias la hicieron revivir.

Oh. ¿Por qué haces frases tan largas, Olga?

Vamos allá otra vez. (carraspea)

"La tierra no olvida" no solo es el nombre de esta exposición...

(Olga continúa a lo lejos)

Desde la más profunda de las miserias la hicieron revivir.

¡Toma, sí!

(canturrea contenta)

Vale, pues lo tengo todo. "La tierra no olvida".

No como tú, Olga.

Venga, otra vez. Vamos allá.

- "La tierra no olvida" no es solo... - ¿Papá?

Que también decía mi padre.

Él hacía estas piezas con la chatarra...

¡Cosette! ¡Hija, no, no!

Ay, cuidado, hija, que la...

Que la plancha no se toca, mi amor. Te puedes quemar.

Pero si tú me dijiste que sí se podía.

Sí, pero no con esta plancha.

- Con otra, una que es para el pelo. - ¿Qué pasa?

Se estaba planchando el pelo.

La has dejado sola con la plancha encendida.

Perdón, es que me he ido un segundo. Estoy con el careo.

No...

Ya está, mi amor. Ven, vamos a pintar.

Lo siento, de verdad.

(Olga) ¿Somos nosotros?

- ¿Este es el abu? - (Cosette) Sí.

(Olga) Te has asustado, ¿verdad?

- (Cosette) Sí. - (Olga) Yo también.

Conocí a Alejandra en uno de mis viajes para la empresa.

En México.

¿Hace cuánto?

Hará unos seis meses.

(agente) ¿Siempre se ven en ese hotel?

No, no, solo cuando ella viene.

Otras veces nos vemos allí o en Barcelona.

(agente) ¿Su mujer?

¿Sabe algo de esto?

No. No, claro que no.

Y, por favor, les pido discreción. Rosa no puede enterarse.

(música de intriga)

(Melchor) Fue entonces cuando vi

cómo el acusado disparaba varias veces

y mataba a Aurelio Pascual.

Justo cuando este iba a contarme lo que sabía.

Gracias, agente Marín. ¿El abogado de la defensa tiene alguna pregunta?

No, señoría.

(juez) Bien.

En vista de que el señor letrado de la defensa

no va a hacer ninguna pregunta, damos por cerrado este careo.

Por favor, despejen la sala. Gracias.

(Gomá) Esa gente actuó por orden de alguien, estoy segura.

(juez) ¿Tienes pruebas de eso?

- Aún no, pero si me das unos días... - Pues no, lo siento.

Me están apretando mucho y ya tengo la confesión de los asesinos.

Si no me traes nada nuevo, tendré que cerrar el caso.

Lo siento.

Buenos días.

¿Qué tal?

Tu testimonio, muy bien.

Entonces, ¿qué pasa?

Ven.

- Van a cerrar el caso. - ¿Por qué?

Porque ya tienen la confesión del asesino

y las pruebas lo corroboran.

El sicario y el jardinero han muerto porque iban a hablar.

Lo sé, pero eso no basta.

Hay que investigar al abogado.

¿A qué abogado?

- ¿Al abogado de la defensa? - Sí. No le ha preguntado nada

porque quiere que los sicarios queden como los únicos culpables.

Está protegiendo a quien les ha pagado.

Pero si le investigamos, nos llevará a su cliente.

Y ese es el verdadero culpable, inspectora.

¿En qué coño estás pensando?

Melchor, mírame.

(respira profundamente)

Dime que no te vas a acercar a ese abogado.

(puerta cerrándose)

(música de intriga)

Rosa.

Esta mañana has salido muy temprano.

Sí, vine al despacho.

- ¿A tu despacho? - Claro.

Pues vine a verte esta mañana,

para buscar los papeles de la expansión de México,

y no estabas.

Me los dio tu secretaria.

Sí, bueno, luego tuve que salir, sí.

Buenos días.

- Buenos días. - Buenos días.

Lo del testamento ya está en manos de nuestros abogados.

Bien.

¿Crees que mis padres llegaron a firmar el contrato de venta?

Tengo pendiente una reunión en la que espero saberlo.

Pero no te preocupes.

El futuro de la empresa estará en las manos adecuadas.

En las de mi mujer.

Así que quizá sea el momento

de retomar lo de nuestra expansión por México.

Ya sabes mi opinión, Albert.

Sí, no creo que haya nadie en esta empresa que no la conozca.

Es quijotesco.

Aunque don Quijote al menos tenía buenas intenciones.

Gracias, Josep, pero esa decisión ya no es tuya.

Ni de mis suegros. Es de mi mujer.

Perdonad.

Perdonad.

Rosa y yo estamos convencidos

de que esta expansión es lo mejor para la empresa.

- ¿Rosa? - Sí. Sí, sí, sí.

Quiero estudiarla bien, pero sí.

Pero, cariño, ya lo hemos hablado.

Sabes que es lo mejor. ¿A qué viene esto?

No, no, no viene a nada.

Sencillamente, que quiero leerme el contrato antes de firmarlo.

Lo leo y ya está.

(Olga)Hola. ¿Cómo ha ido el careo?

Bien.

¿Y Cosette cómo está?

Bien, ya se le ha pasado el susto.

Y espero que haya aprendido, la verdad.

Mire, hay que subir un poquito el lado derecho.

Eso es. Gracias.

(Melchor)¿Y tú?

Pues un poco de los nervios, la verdad.

Pero ya está todo listo.

¿Ves como te iba a dar tiempo?

Sí.

(susurrando) Muy bien, Alberto. Gracias.

Oye, esta mañana me he despistado un segundo. Perdóname.

No sé qué me ha pasado.

No te preocupes, pero quiero que estés más presente.

¿Vale?

Lo sé.

Lo estaré.

(Olga)¿Vas a poder venir?

Hombre, no me perdería tu exposición por nada del mundo.

Además, te lo prometí.

Te veo ahí.

Vale, te quiero.

- Te quiero. - Chao.

(suspira)

(música de intriga)

Un policía me está siguiendo.

(hablan, ininteligible)

Vale.

Me reiría si no fuera por que lo que estás haciendo es muy grave.

¿Qué estoy haciendo?

Estás jugando con fuego.

Y no te conviene tenerme de enemigo.

No me lo puedo creer.

Qué hijo de puta.

A ver, perdóname, ¿tienes para muchos?

No.

No ¿qué? No ¿cuánto?

No mires ahí dentro, está todo bien y tengo prisa, por favor.

- Cambia la rueda, que son cuatro. - ¡Melchor! A ver.

Como le sigas metiendo prisa, solo vas a conseguir que vaya más lento.

- Es que llego tarde a la exposición. - Bueno, tranquilo, llegarás.

Yo quedé con Olga en que iré mañana.

De todas formas, esta noche la llamo para felicitarla.

¿Sabes algo de Alberto Buj, el abogado?

Sí, y no es un abogado de penal. Nunca ha defendido a asesinos.

No ahora tampoco. Solo quiere empapelarlos cuanto antes.

Esa es una acusación bastante grave.

Si lo hubieras visto en el juicio, pensarías como yo.

¿Qué más sabes de él?

Su especialidad es el derecho fiscal, internacional...

O sea, blanqueo de dinero, evasión de impuestos...

Todo delitos de cuello blanco.

Si está trabajando para los sicarios

no es porque ellos lo hayan contratado.

No creo.

Le hace un favor a un cliente más importante.

- Es lo que he pensado. - ¿Quiénes son sus clientes?

Estoy en ello. Un colega mío ha tenido pleitos con él.

Mañana te consigo un informe.

No, joder, mañana es demasiado tarde, lo necesitaba para hoy.

Mañana a primera hora te lo traigo.

"La tierra no olvida" es mucho más que el título de esta exposición,

es algo que siempre decía también mi padre.

Él hacía estas piezas con la chatarra que desenterraba

de los montes tras la guerra.

No era una afición, era supervivencia.

Si fabricaba un paraguas con el cañón de un fusil

es porque no había otro metal.

Si de la tierra solo sacaba armamento

es porque no daba otros frutos.

Pero esta exposición no es sobre la batalla,

ni sobre sus héroes ni sobre los caídos,

es sobre los supervivientes.

Sobre los que se quedaron aquí, en esta tierra sembrada de muerte,

y que, poco a poco, desde la más profunda de las miserias

la hicieron renacer.

Memoria no es recordar los hechos históricos,

sino las personas tras ellos.

Es dar voz a quienes no la tuvieron.

Es recordar a las personas olvidadas por el tiempo.

Esta exposición consta de tres partes.

En la primera podremos ver las piezas de artesanía

que fabricaba gente como mi padre.

Es increíble ver cómo esos objetos construidos para matar

se convirtieron...

- Se convirtieron en objetos... - Inspectora.

Inofensivos como lámparas, cacerolas.

¿Cerrado? ¿Ya?

No, no, por favor, tiene que haber algo que podamos hacer.

Ya, lo entiendo.

Gracias.

Lo entiendo, pero es que hay que conseguir alguna prueba.

Muchas gracias. Muchas gracias.

Gracias.

Muy bien.

Gracias.

Muchas gracias. Muy amable, gracias.

- Olga. - ¡Rosa!

Qué bien que hayas podido venir. Muchas gracias.

Enhorabuena, me ha gustado mucho el discurso.

¿Sí? Gracias. Estaba tan nerviosa...

Pues no se te ha notado nada.

¿No? Menos mal.

¿Cómo estás?

Bueno...

Eres fuerte, Rosa, siempre lo has sido.

Y...

No sé, si quieres... Cualquier cosa, lo que sea, aquí estoy, ¿vale?

¿Sabes quién es esa chica que está ahí?

No, ni idea. Una periodista, supongo.

Ah.

- ¿Quieres tomarte un champán o algo? - No, estoy bien. Muchas gracias.

- Y felicidades. - Gracias, guapa, gracias.

Es en Gandesa, pero en Corbera también hay.

- Olga. - Hay muchas.

Sr. Tomás del Bosque, uno de nuestrossponsors.

- Encantada. - Mucho gusto.

- Ha hecho un gran trabajo. - Muchas gracias.

Me hace especial ilusión que un banco mexicano nos haya apoyado.

Allí fueron muchos exiliados.

Y muchos mexicanos murieron en esta tierra.

- Sí. - Precisamente el abuelo de mi esposa

luchó aquí en la Brigada Lincoln.

Qué horror ver morir así a tus padres en la guerra.

Es terrible.

Bueno, esto no fue en la guerra, fue...

En la dictadura dejaron volver

a los republicanos que no tuvieran las manos manchadas de sangre.

Esta pareja vino y un día le pegaron un tiro en la cabeza

delante de su hijo.

¿Y qué habían hecho?

No sé, a veces la venganza es ciega.

Si me disculpan...

- Ha ido muy bien, ¿no? - ¿Qué ha pasado?

Tenía una llamada de trabajo.

¿Y era tan importante que no podías esperar dos minutos?

Lo siento, Olga.

Hace unas horas me has dicho que ibas a estar presente,

que venías aquí para apoyarme, no para ponerme nerviosa.

Bueno, luego lo hablamos en casa, ¿vale?

Vale, te espero aquí.

Tengo que hablar con un periodista.

(música de intriga)

- Uf. Qué ganas de sofá. - Sí.

Sí.

Tanta gente, tanto tiempo de pie...

- Es agotador. - Ya.

- Pero la exposición ha ido bien. - Sí, y me alegro por Olga.

Mmm.

¿Te apetece un vino?

Mmm. Sí.

Gracias.

(mujer)¿Albert? ¿Quieres que nos veamos?

Tengo todo el derecho a estar enfadada, pero no lo estoy.

Lo que estoy es preocupada, que es peor,

porque al final un cabreo se pasa, pero esto... Es que...

No sé, lo de esta mañana de Cosette...

Ha sido un despiste, Olga.

No, no ha sido un despiste. Esto es otra cosa.

Y cada vez va a más.

Hasta tu hija lo ha notado, me ha preguntado qué te pasa.

Pero...

da igual lo que yo te diga

si tú no eres consciente de lo que pasa.

Eres tú el que tiene que querer estar presente.

Es que yo ahí no puedo hacer nada.

Yo quiero estar más presente.

Sé que todo esto tiene que ver con el caso.

- Sé todo lo que te remueve. - Lo han cerrado.

¿Qué?

Han cerrado el caso.

Lo siento.

Siempre la misma mierda...

Sé lo que esto significa para ti.

Pero, si lo han cerrado, tienes que dejarlo atrás.

Ya no es tu responsabilidad. Tu hija sí.

Nosotros también.

Y yo siento...

Siento que estamos perdiendo algo que habíamos construido.

Siento que se nos está escapando de las manos, y no quiero.

No quiero perderte.

Yo tampoco.

¿Qué haces?

Nada.

Me he levantado porque tenía sed.

Toma, cariño.

¿Qué pasa?

- (llaman a la puerta) - Pues...

- Abro yo. - Vale.

No pongas esa cara.

Vengo a la exposición de una amiga.

Y lo más importante: a traerle un regalo a esta renacuaja.

¡Abu!

(exclama alegre) Ay...

Me encantó tu dibujo.

(ríe)

Hola.

- Mira lo que te traigo. - (Olga) A ver.

Vas a ver.

A ver si lo he traído...

(ríe)

- ¡Hala! - ¡Qué chulo!

- Para que me hagas más dibujos. - ¡Gracias! ¿Lo puedo abrir?

Cuando vuelvas del cole, ¿vale?

Venga, os acompaño. Así te llevo la mochila.

Venga, vamos a peinarnos.

Qué bien huele este café.

Pues te pongo uno si quieres.

¿Lo tienes?

¿El qué?

La información del abogado de los sicarios, ¿lo tienes?

Lo traía, pero no te lo voy a dar.

¿Por qué?

Lo primero, porque el caso está cerrado.

Y lo segundo y más importante,

anoche hablé con Olga y la noté...

No sé, preocupada.

- ¿Qué cojones? Está asustada. - No exageres, Vivales.

- No es para tanto. - No, no exagero.

Y me jode porque parte de la culpa es mía por ayudarte.

(suspira)

Mira de dónde vienes y mira dónde estás.

Tienes una mujer de la hostia, una niña que es para comérsela.

¿Te lo quieres jugar? ¿Quieres perder todo esto?

Lo que querría tu madre es verte aquí, feliz con la familia.

Si de verdad quieres hacer algo por Rosario, cuídalas.

Céntrate en ellas.

Melchor, mírame.

Dime que lo has entendido.

No puedes volver a lo de antes.

(conversaciones y teléfonos)

(Gomá)No me lo pongas más difícil, Melchor.

Yo también siento que el caso se cierre así.

- Pero no podemos hacer nada más. - ¿Seguro?

Estamos muy cerca, lo sé.

- Tiene que haber algo. - Nada que podamos hacer nosotros.

Melchor.

Prométeme que no te vas a meter en más líos.

Lo de seguirme ha sido la gota que colma el vaso.

Ese agente se está sobrepasando.

(hombre) Ya veo.

Pero es mejor que hable directamente con su comisaría o con el juez.

Al juez tendré que darle argumentos muy sólidos.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

He estado buscando información sobre ese agente por todos lados

y apenas hay nada.

Solo un pequeño incidente con Asuntos Internos

hace algunos años.

Y ahí estaba su nombre.

Mire, yo necesito pararle los pies a ese agente.

Muy bien.

Dejémonos de misterios. ¿De qué agente estamos hablando?

Bueno.

Espero no volver a verla en mucho tiempo.

- Es una buena inspectora. - Ah, ¿sí?

- Sí. - Pues toda para ti.

Bueno, a nosotros nos toca volver al tajo.

Hay que estar muy pendientes con lo del tema del incendio,

sobre todo si se acerca a las casas.

Hablad con los bomberos, con el Seprona,

a ver qué necesitan, ¿de acuerdo?

- (Salom) Vale. - Venga.

Melchor.

- Melchor. - Sí.

- Lo has oído, ¿no? - Sí.

Ahora vuelvo.

Ya me como yo el marrón, tranquilo.

(música de intriga)

(continúa la música de intriga)

(cesa la música)

Rosa.

¿Ocurre algo?

A partir de ahora, voy a llevar yo la empresa.

Yo sola.

¿Y Albert?

No.

- De acuerdo. - Grau.

Tú siempre has estado junto a mi padre,

y ahora te necesito a mi lado, más que nunca.

Eres la única familia que me queda.

Cuento contigo.

(pasos alejándose)

(música de intriga)

¿Ha traído el contrato?

Lo siento, pero me temo que me precipité al llamarle.

Ese contrato no existe.

Si Rosa Adell le ha hecho alguna oferta,

que sepa que nosotros podemos mejorarla.

La Srta. Adell no sabe nada esto.

Entonces, no lo entiendo.

Porque hay cosas que quizá a ustedes les cueste entender.

La lealtad está por encima del dinero.

Pero ¿qué lealtad? ¿La que los Adell le tenían?

Negociaron sin tenerle en cuenta, lo ningunearon.

Le aseguro que en nuestras conversaciones

jamás pensaron en usted.

Rosa Adell es como una hija para mí.

Me da igual lo que hayan hecho sus padres.

Ella no le tratará tan bien como nosotros.

Es que no se trata de lo que me pueda dar,

sino de lo que necesita, y no voy a fallarle.

Además, esta conversación se está alargando sin motivo.

Ese contrato no existe.

Sabe lo grave que sería destruir un documento como ese.

He venido hasta aquí

por deferencia a la generosa oferta que ustedes me hicieron.

Pero ya no se puede hacer nada.

Y nuestros abogados no tardarán

en levantar esa demanda sobre el testamento.

Adiós y buenos días.

Nos encantan.

- Anda. - ¡Papá! Mira lo que he hecho.

Somos los tres.

Pero qué chulo.

Oye, ¿y yo dónde estoy?

¿Eh?

(Cosette) Tú estás comprando helados.

- (Vivales ríe) - ¿Ya has terminado el turno?

No, he venido a veros y a descansar un rato.

Me vuelvo pronto, que tengo lío con lo del incendio.

¿Y cómo estás?

Bien.

(Cosette) Hace así y después...

Bueno, subo a por algo de beber y bajo con vosotros, ¿vale?

- (Olga) Vale. - Muy bien.

¿En serio no me vas a dibujar?

(tintineo de llaves)

(Cosette habla a lo lejos)

(móvil)

Bueno... ¿Dónde estabas?

Salom, escúchame. He conseguido algo, tengo una pista.

El caso está cerrado, Melchor.

Grau es cliente del mismo abogado que defiende a los sicarios.

Ha trabajado para él hace poco.

Bueno, ¿y cómo lo sabes?

(Melchor)Estoy muy cerca. No puedo parar ahora.

Pero necesito que me cubras.

Estászumbao.

Salom, por favor.

Vale, pero no me la líes.

Por lo menos, no me la líes mucho.

- Gracias. - Venga.

(la familia habla a lo lejos)

Igual que la gallina.

¿Igual que la gallina?

(música de intriga)

Hey, ¿puedes hablar?

Melchor no va a parar.

No. No, no, ni se te ocurra, ¿me oyes?

No, yo me encar... ¿Me escuchas?

Que no va a descubrir nada. Tranquilo, ¿vale?

Yo me encargo.

Vale.

(música de intriga)

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