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(mujer) Hay gente que aprovecha para estudiar
o que aprende un oficio.
- Tú eres muy listo, Melchor. - Parece que te guste verme aquí.
Soy tu madre. Claro que no me gusta verte aquí.
Toma. Los miserables.
A ver si tienes huevos de leerlo.
Ella quería... que fuese tu abogado.
¿Dónde está mi madre?
La han asesinado.
Voy a hacer todo lo posible para sacarte de aquí.
(mujer) El crimen se produjo
entre las tres y las cuatro de la madrugada.
Salvo la criada, los cuerpos tienen numerosos hematomas,
cortes superficiales y algunas uñas arrancadas.
Solo cuando las víctimas estaban al borde de la muerte,
las mataron de un disparo en la frente.
Y hay algo más.
¿La familia sabía que Rosa Puig tenía cáncer?
¿Qué le pasa a Salom?
No puede hacerle más preguntas.
Estábamos hablando, nada más.
A partir de ahora, las preguntas me las hacen a mí.
¿El que va trajeado? Albert Ferrer. El yerno.
Rosa Adell. Iba para heredera, pero se dedica a traducir libros.
Josep Grau. El gerente del grupo Adell.
Solo hay dos llaves que den acceso a ese sistema.
Una la tenía don Francisco.
- ¿Y la otra? - Aurelio, el jardinero.
¡Cuidado!
Aurelio, ese hombre ha venido a matarte.
Quiere asegurarse de que no hables.
¡No!
Ponte de rodillas y levanta las manos.
¿Quién te contrató?
(olas y graznidos de gaviota)
(Vivales) La encontraron en la playa de la cementera.
Pero, según la autopsia, la mataron en otro lado.
¿Quién?
Hablan de un coche caro que se la llevó.
Pero nadie vio nada más. O si lo vieron, no lo dicen.
Si hay gente de pasta por medio, jodido.
Nadie se la va a jugar por...
Por una puta.
Por alguien humilde.
Te dije que no era una buena idea.
¿Y tú por qué haces esto?
Era una amiga.
Me caía bien.
Punto.
Mi madre era puta.
Las putas no tienen amigos.
Tú te la estabas follando.
- Melchor, no te hagas mala sangre. - Dilo.
Dilo.
¿Qué?
- ¡Dilo! - ¡Me cago en la hostia!
- ¡Dilo! - ¡Quietos! ¡Quietos!
¡Te la estabas follando! ¡Dilo!
¡Tranqui! ¡Tranquilo! ¡Mírame! Mírame. ¿Eh? ¿Eh?
Melchor, nos ha costado mucho que solo te caigan tres años.
Va, no la jodas ahora.
Es lo último que quería tu madre.
Va.
Mírame.
Va, va, va.
Ya está, ya está.
Gracias, Antonio.
(Melchor solloza)
Melchor...
(Melchor continúa llorando)
(música dramática)
Ah...
(cesa la música)
(inspira)
Ya me han contado.
Lo siento mucho, ¿eh?
Sé que no hay nada que pueda decirte...
que te sirva de consuelo.
Pero...
No quiero leer, gracias.
Es coñac de verdad, ¿eh?
No esa mierda de chicha que hacen los de cocina.
(en francés) ¿Y bien?
Mi madre no bebía.
Lo aguantaba todo sobria.
Mmm.
Seguro que ella estaría muy orgullosa de ti
con este gesto tan absurdo.
Por suerte nadie está orgulloso de mí.
(silba)
¿Sabes qué fue lo último que le dije?
No. Ni quiero oírlo.
Ni tú deberías pensar en ello.
Un libro no es su última frase.
Y una vida tampoco.
Poco importa lo que le dijiste a tu madre.
Seguro que ella no lo tuvo en cuenta.
Mira, mis hijos me odian.
Pero yo soy feliz.
Porque sé que les va bien en la vida.
Es lo único que queremos los padres.
Pero ¿tienes hijos?
Por aquí.
Ni tengo ni quiero tener.
(suspira)
(música tranquila)
(ruido de pulverización de agua)
Quiero otro igual.
(ríe) No hay otroLos miserables.
Dame.
A ver qué te puedo dar.
¿Qué te puedo dar?
Eso sí, no vas a encontrar otro personaje
como Jean Valjean, ¿eh?
- No es mi favorito. - ¿Cómo que no?
Es el protagonista.
Es un preso como nosotros y, además, le da una segunda oportunidad.
Javert.
¿Javert?
¿El policía?
Javert.
Le importa una mierda si el culpable es rico o pobre.
Y no para hasta pillarlo.
Ah, ya veo por dónde vas, ya.
Pero recuerda cómo acaba, ¿eh?
Y, además, no es fácil ser Javert y Jean Valjean al mismo tiempo.
(pasos alejándose)
(timbre de apertura de puerta)
(trinos y graznidos)
¿Lo tienes?
(resopla) ¿Estás seguro?
Empezar de nuevo con una mentira no es una buena idea.
Llevo tres años estudiando para ser policía,
no voy a esperar otros tres a que me quiten los antecedentes.
Ten mucho cuidado con lo que haces.
Si te pillan con un certificado de penales falso..., se acabó.
Volverás aquí dentro.
(Gomá) Aurelio Pascual.
Comenzó a trabajar para los Adell hace cuatro años.
Vivía solo, sin pareja ni hijos.
En su casa encontramos 15 000 euros.
En los billetes solo hemos identificado sus huellas. ¿Viñas?
Por el rastreo de la posición de su móvil,
estaba en casa de los Adell
en el momento en el que se desconectó la alarma.
¿Tú tienes algo más?
Entre sus llamadas hay cuatro al teléfono de César Silverio.
Su asesino.
(Gomá) Melchor, ¿quieres interrogarlo tú?
No, este tío no va a hablar. La clave es el otro.
(Gomá) Melchor.
Inspectora, mientras esté solo en la cárcel,
es vulnerable y puedo conseguir que hable.
Cuando entre el otro, se acabó.
- Necesito que me autorice... - (Gomá) No.
El abogado lo ha dejado bien claro:
no podemos hablar con Diego Mejías.
(música dramática)
Mejías, visita.
Tu abogado.
Tú no eres mi abogado.
No, pero a lo mejor te conviene que lo sea.
Tu abogado te está jodiendo bien. Yo te puedo ayudar.
¿En qué?
Han cogido a tu compañero. Le han ofrecido un trato.
No creo.
- No va a hablar. - ¿No?
Pues en estos momentos está negociando
para que te caiga todo el marrón a ti.
Mira, aquí las cosas funcionan así: el primero que hable gana.
El otro se come la permanente revisable.
¿Sabes lo que significa "permanente revisable"?
Que te vas a pudrir en este agujero hasta que te mueras.
Pero si tú hablas antes con la policía,
yo te puedo conseguir la reducción de un tercio de la condena.
Vamos a ver, para que nos entendamos.
El mundial de fútbol se celebra cada cuatro años.
Muy bien. Voy a ser sincero contigo.
Vas a chuparte aquí los tres próximos mundiales.
Pero el cuarto... Te prometo que podrás verlo en el estadio.
¿Qué me dices?
No me gusta el fútbol.
Muy bien.
No me gusta perder el tiempo
ni hacérselo perder a mis clientes, así que...
Tú mismo.
- (timbre) - (Mejías) Abogado.
(Salom) Ah, estás aquí.
- ¿Qué pasa? - Han encontrado algo
en una de las cámaras de seguridad de los Adell.
(Viñas) El día del crimen, a las seis de la tarde,
llegó este hombre a casa de los Adell.
Estuvo una hora y se fue antes de que llegaran los otros a la cena.
¿Sabemos quién es?
He preguntado a la cocinera y no lo sabe.
Estaba muy atareada. Ni siquiera lo vio.
Pásale la foto a la Central.
Y al resto de cuerpos, a ver si tienen algo.
Hay que preguntar a la familia.
Está en el velatorio. Hoy es el funeral.
Pues encárgate. Si es un conocido de la familia, seguro que asiste.
(Salom) Okey.
A ver si no me pasa.
¿El qué?
Lo del "¿qué tal?".
Cuando voy a un funeral o a un entierro,
digo: "¿Qué tal?".
¿Sabes? En vez de decir "lo siento". No.
"¿Qué tal?".
Y es una mierda porque la gente te mira en plan:
"¿A este tío qué le pasa?".
Y lo intento, ¿eh? Intento... "Salom, piensa decir otra cosa".
No. "¿Qué tal?".
No lo llevo bien.
Es raro.
Pues cuenta hasta tres antes de hablar.
Quizás te viene bien.
Gracias.
(vibrador de móvil)
- Dime. - (Vivales)Está hecho.
Quiere hablar contigo. Vente para aquí cagando hostias.
Voy.
Me tengo que ir, te veo ahora.
¿Adónde?
(puerta abriéndose y cerrándose)
Vale.
(música tranquila y solemne)
- Mi sentido pésame. - Gracias.
Lo siento.
¿Qué tal?
Poco a poco.
- Muchas gracias por venir. - No...
Muchas gracias.
Gracias.
(continúa la música)
Aquí no.
Aquí no, por favor. Va.
(Salom)Mira, ¿sabes quién es?
(conversaciones en voz baja de fondo)
No, no sé quién es, no.
Tampoco.
Antes de la cena estuvo aquí.
Eso es muy raro. Mis suegros no suelen invitar gente a casa.
No sé, puede ser un político... ¿Un empresario?
Lo habría recibido en la empresa, no en la casa.
Claro...
Bueno, perdonad.
- Claro. - Gracias.
Espérame un momento.
(música de intriga)
(continúa la música)
Vamos, vamos.
- ¿Entramos directamente? - Sí. Sí, sí. Ven conmigo.
(timbre de apertura de puerta)
Esperen por aquí, que ahora lo traigo.
(Vivales) Gracias.
(alarma)
Hostias...
No... No, no. ¡Joder!
- ¡Eh, eh! ¡Tranquilo! ¡Tranquilo! - Perdón, perdón.
Vamos, vamos.
Tranquilo.
(música de intriga)
La criada se asustó y huyó a su habitación.
Él la siguió y le disparó en la cabeza a corta distancia.
La gente para la que trabaja tu abogado
se ha cargado a tu compañero y van a hacer lo mismo contigo.
- (Gomá) Melchor. - No puede estar aquí.
¿Quién te pagó para hacerlo? ¡No le mires, mírame a mí!
- No puede estar aquí. - ¿Quién te pagó?
- Salga de aquí, por favor. - Melchor.
Sé bien lo que estás haciendo aquí. A mí no me engañas.
- Salga inmediatamente. - Para. Disculpe.
- ¡A mi despacho! - Aún podemos protegerte. Cuéntamelo.
¡A mi despacho!
No está aquí para defenderte, está para asegurarse de que no hables.
¿En qué estás pensando?
Han matado a Diego Mejías. Esta gente no va a parar.
¿Y qué te crees, que no lo sé?
Nuestro trabajo no es encontrar la verdad.
Es demostrarla. Y con pruebas que le sirvan a un juez.
Con cosas como esta todo nuestro trabajo se va a la mierda.
No solo el tuyo. El mío y el de todos tus compañeros.
¿Y sabes por qué ha muerto Diego Mejías?
Porque has hecho las cosas a tu rollo, sin contar con nadie.
Eres un buen policía.
Pero así no.
Que esta sea la última.
Otra y te saco fuera del caso. ¿Entendido?
Necesito oírlo.
Lo he entendido.
(sirenas)
Vivales.
Necesito que me consigas información del abogado de los sicarios.
Alberto Buj.
Cuanto antes. Gracias.
Bueno...
Firma.
Ustedes mataron a Diego.
Yo ya no puedo confiar en ustedes.
Yo creo que la mejor opción que tengo
es contarle a la policía todo lo que sé.
Por eso murió tu amigo.
Lo mataron porque quería hablar con la policía.
Y es lo mismo que te pasará a ti si quieres hacerlo.
Pero tengo una buena noticia.
Si firmas y te callas,
no te pasará nada.
Si yo firmo, quedo igual que Diego. Usted lo sabe.
Mi cliente puede ser un jodido pero tiene palabra.
Si firmas,
haré todo lo posible para que salgas de aquí cuanto antes.
Y, cuando regreses, serás el hombre más rico de tu pueblo.
El otro camino ya lo conoces y... es muy breve.
El dinero quiero que se lo entreguen a mi hermana.
Cuidaremos de ella y de toda la familia.
No les faltará nada.
Y ahora...
firma.
(cesa la música)
(cigarras)
Ahora que nuestros hermanos Franciso Adell y Rosa Puig
han dejado este mundo, encomendamos sus almas
y depositamos sus cuerpos en tierra de Dios.
Tierra a la tierra,
ceniza a la ceniza,
polvo al polvo,
en la esperanza de la resurrección a la vida eterna
a través de nuestro Señor Jesucristo.
Fuisteis hechos de tierra y tierra habréis de volver a ser.
Jesucristo os convocará a la resurrección
el día del juicio final.
Tenga Él misericordia de vosotros
y os conduzca a una vida nueva
- bajo un cielo nuevo... - Mira.
Es el entierro de Jenica, la cocinera.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
(locutora)Pero este calor,
unido a las persistente sequía de las últimas semanas,
ha obligado, a lo que se refiere a riesgos de incendios,
a decretar la alerta roja en toda la comarca.
Por eso han aumentado las dotaciones terrestres de bomberos...
(llaman a la puerta)
al Departamento de Interior de la Generalitat de Cataluña
que se envíe más vigilancia a la zona.
(TV a lo lejos)
- ¿Ha pasado algo? - No.
Que Olga ha hecho cabrito y te quería traer.
Ah, mira, muchas gracias. No hacía falta.
Porque...
- Pero ¿me dejas pasar o...? - Sí, hombre. Claro, coño.
(ladridos a lo lejos)
- Toma. - Gracias.
Está muy bueno.
¿Tú no quieres, seguro?
- No, yo ceno pronto con la niña. - Claro.
Pero te lo guardas para mañana.
Está muy bueno. (ríe)
¿Qué?
Que cómo estás.
Te he visto mal hoy en el cementerio.
Y el otro día en la morgue también.
No son sitios alegres, ¿no?
- No. - No.
Nos pasamos la vida buscando...
y, cuando por fin encuentras a la persona,
eres feliz.
Y un día te dice que tiene cáncer de páncreas.
Pero te lo dice tarde.
Para no preocuparte.
Y ya no te puedes enfadar.
Con Elena era imposible.
Era la hostia.
Bueno... U Olga.
Tengo suerte.
Mucha.
Pues voy a guardar un poquito para mañana.
Yo me voy a acostar a Cosette, que, hoy que puedo, aprovecho.
- (Salom) Gracias por venir. - Nada.
Salom.
Cuando quieras, me llamas.
Y vengo.
Gracias.
(música relajante)
Superbién. Sí, esto sí.
(suspira)
¿Cómo lo llevas?
(resopla)
Diez años preparando esta exposición y me parece que no llego.
Claro que vas a llegar. Si siempre llegas a todo.
Anda, exagerado. Pásame esa que tienes ahí.
- ¿Esta? - Sí.
Vale. Y pon en el hueco esa de tu pierna.
¿Y tú cómo estás?
(resopla)
¿Qué ha pasado?
He discutido con la inspectora.
¿Mal?
No. El problema es que creo que tiene razón.
¿Qué ha pasado?
Creo que la he cagado.
Bueno...
Solo hay una manera de no cagarla y es no hacer nada.
Y tú no eres así. Y eso me encanta de ti.
Aunque a veces te afecte tanto.
Ven, ayúdame.
(trinos)
¿Qué haces despierto tan temprano?
Llevamos cinco muertos ya.
Nadie ha visto nada, nadie dice nada.
(campanada)
No sé qué hacer.
Hay una cita de Chaucer que dice: "Los prados tienen ojos.
Los bosques, oídos".
Siempre hay alguien que ha visto algo.
Ya.
Pero ¿quién?
No sé...
¿Te fijaste en lo distintos que eran los entierros ayer?
El de los ricos, lleno de gente. El de los pobres, casi vacío.
Nadie habla del asesinato de Jenica.
Para ellos era invisible.
Y nadie se fija en los invisibles.
Los chóferes, en los jardineros...
En el servicio doméstico...
Esta gente acaba hablando de ellos como si no existiesen.
Y yo creo que acaban sabiendo más de lo que creemos.
(música dramática)
Mmm.
(Melchor) Es el hijo de Jenica, la criada.
(Salom) Pues dímelo.
¿Iván?
¡Iván!
¿Qué tal?
Discúlpame. Sentimos lo de tu madre.
Gracias.
(Melchor) ¿Te importa si te hacemos unas preguntas?
No, claro.
¿Tú conocías a Aurelio, el jardinero?
Sí. Sí, sí. Bueno, pero poco.
Lo han matado, ¿no?
¿Tu madre te habló de él?
Sí, sí. Algo me dijo.
Sé que estuvo en la cárcel. Y era muy educado.
¿Te suena de algo este hombre?
Sí. Sí, lo he visto.
- ¿Dónde? - Lo vi en el jardín.
Paseando con la señora.
Yo a veces iba a buscar a mi madre
y la esperaba fuera, en el coche, y...
- Y desde ahí le vi. - No fue el día que los mataron, ¿no?
No, no, qué va. Esto fue hace un mes o así.
No, el día que los mataron no... No, no fui a buscarla.
(suspira)
O sea, mi madre me llamó para decirme que...
Que esa noche se quedaba en casa de los señores.
¿Te dijo por qué?
Sí, sí. Justo antes de la cena había pasado algo.
Sí, como una bronca muy bestia o algo así.
Y la señora estaba muy afectada.
- ¿Sabes con quién discutía? - No, no me lo dijo.
Mi madre se quedó y...
Si se hubiera vuelto a casa, ahora...
Perdonen, tengo que seguir trabajando.
(Salom) Claro, claro.
- Vámonos. - Gracias.
Nos han mentido.
No me creo que no le conozcan.
- ¿Quiénes? - La familia.
Voy yo con Rosa y tú, con los de la empresa.
Vale.
- Vamos. - Vamos.
Nos reunimos para llevar a cabo la lectura
del testamento de Francisco Adell...
- (móvil) - Perdón.
De Francisco Adell y Rosa Puig, redactado en 2019,
expresando sus deseos finales
con respecto a la distribución de sus bienes y propiedades.
"Yo, Francisco Adell,
en pleno juicio y en mi sano entendimiento,
designo a Rosa Adell Puig
como heredera universal de todas mis propiedades y bienes.
En lo que respecta a la dirección general de Gráficas Adell S. L.
Y todas sus empresa subsidiarias,
mi voluntad es que a la cabeza de las mismas me sustituya...
mi hija Rosa Adell Puig.
(vibración de móvil)
Disculpen.
¿Sí?
Mmm.
De acuerdo.
Lo lamento, pero tenemos que suspender la lectura del testamento.
¿Por qué?
Acabo de recibir una llamada que pone en duda su validez.
(música dramática)
- ¿Crees que han sido ellos? - (Grau) Claro que sí.
¿Cómo lo sabes?
Por los abogados que estaban revisando el contrato.
¿Has estado espiando a los viejos?
Lo primero, no les llames así.
Lo segundo, siempre he sido leal a la familia, Adell.
Esto lo he hecho por el bien de todos.
"Por el bien de todos".
Mi suegro nunca ha tenido suerte con su gente de confianza.
Esta discusión no tiene sentido.
Tú y yo deberíamos hacer una tregua.
Claro, ahora que Rosa va a estar al mando. Qué cara más dura tienes.
Me has estado poniendo la zancadilla todos estos meses.
Envenenado la cabeza de mi suegro. Y ahora vienes de amigo.
No hacía falta que le dijera nada a don Francisco.
Tu plan era un desastre.
Y yo tenía que mirar por el bien de la empresa.
No me vengas con esas, coño, Grau.
Todo lo que yo digo es una mierda, ¿eh?
Para ti soy un donnadie que dio un braguetazo.
Yo nunca he dicho eso.
Pero lo piensas.
En lo de la tregua tengo razón.
Lo podemos perder todo.
Sí, supongo. Ahora lo más importa es saber qué han hecho los viejos.
Te he dicho que no les llames así.
(llaman a la puerta)
¿Sí, Montse?
El caporal Salom quiere hablar con ustedes.
Que pase.
Buenos días.
- Buenos días. - Buenos días.
(trinos y cigarras)
Señora, hay un policía que quiere verla.
Ya me ha dicho Olga que te gusta mucho leer.
Sí.
Una biblioteca dice mucho de una persona.
¿Y cómo es la tuya?
Pública.
Eso también dice mucho.
Esa es mi peor traducción. Ni se te ocurra leerla.
Te han dado premios.
Mmm.
Los libros me han dado muchas cosas buenas.
Pero también es uno de los motivos
por los que me distancié de mi padre.
¿Por qué?
Porque quería que estudiase Empresariales,
que me hiciera cargo de la empresa.
Y eso a mí no me va nada.
Ya.
Bueno, tienen todos tus libros en su casa.
Estaban orgullosos.
Eso era mi madre.
Con ella siempre tuve una relación más cercana.
¿Y el otro?
- ¿Qué? - Has dicho "uno de los motivos".
Ah.
Mi marido.
- Nunca le gustó. - Ya.
Siempre le pareció poca cosa para su hija.
Tu madre...
¿Cómo estaba últimamente?
¿La notaste más nerviosa de lo normal o...?
No, como siempre.
El día que murió tuvo una discusión.
Una discusión que la afectó mucho.
(música dramática)
Fue contigo.
Lo último que se llevó de mí fueron gritos y malas palabras.
Un libro no es su última frase.
Y una vida tampoco.
Perdona que te insista, pero ¿por qué discutisteis?
Fue por...
(Ferrer) Fue por mi culpa.
(cesa la música)
Discutieron por mi culpa.
Mi suegro, que en paz descanse,
era de la vieja escuela.
Yo iba a firmar una expansión en México
que iba a ser muy buena para la empresa.
Pero mi suegro y Grau no paraban de ponerme palos en las ruedas.
A Rosa eso no le parecía bien.
Habló con su madre y acabaron fatal.
Este hombre... ¿te suena?
Ya le he insistido a Salom en que no le conocemos.
Perdona, la pregunta era para Rosa.
- No. - Rosa, a este hombre le han visto
en casa de tus padres varias veces.
Paseando con tu madre por el jardín.
Nosotros nunca lo hemos visto.
- No. - (Melchor) ¿No te suena de nada?
En casa de tus padres había bastantes libros de religión.
¿Siempre han sido tan religiosos?
Claro. Claro, como todos por aquí. Sí, lo normal.
Tenía uno del Opus Dei,
dedicado por un tal Carlos.
No sé. No lo sé. A ver, mi madre últimamente iba mucho más a misa.
Pero supongo que es por hacerse mayor...
Por la cercanía de la muerte...
Por la enfermedad quizás también.
¿Qué enfermedad?
Lo siento.
Perdón. Eh...
La autopsia ha revelado que el...
Tu madre tenía un cáncer de páncreas en fase 4.
Lo siento.
(música dramática)
No sabíamos nada.
Pero si nunca dijo nada.
Supongo que no quería preocuparte, cariño.
Pero, ay, Dios mío, todo lo que le dije esa última noche.
- Tranquila. - Ay, Dios mío.
- Perdón, ¿eh? - No.
Ay, Dios mío. (solloza)
Viñas, ¿tienes las imágenes?
Ahí las tienes.
Gracias.
¿Qué buscas?
Algo.
No me digas.
Aquí. Mira.
Es la cámara que hay junto a la casa de Rosa.
- Y ese es el coche de Rosa. - Sí.
Salió a la una de la mañana de su casa.
¿Y dónde coño iba?
¿Tenemos imágenes de la carretera que lleva a casa de sus padres?
Ahí las tienes.
Yo también busco.
No, aquí no hay nada.
Es que Rosa no tiene nada que ver con la muerte de sus padres.
Si la conozco desde que era una cría, coño.
Chicos, chicos. Ahí está.
Vale, ¿adónde va esta carretera?
Esto es la carretera que va al hotel.
¿Qué hotel?
Al hotel Las Viñas.
¿Vamos? Gracias.
(música dramática)
¿Hola?
¿Andrea?
- ¡Ey! - Hombre, ¿qué tal?
- ¿Cómo estás? - Muy bien. ¿Y tú?
Bien. Hola.
- Melchor. - Andrea. Mucho gusto.
Oye, ¿cómo les va a Claudia y a Mireia
- por Barcelona? - Bien.
- ¿Sí? - Estudiando mucho.
- O eso es dicen ellas. - Dales recuerdos.
De tu parte.
Pues, bueno, vosotros diréis. ¿En qué puedo ayudaros?
Sí, necesitamos saber si Rosa Adell estuvo aquí la noche del domingo.
¿Es por la muerte de sus padres?
- ¿Es cierto que...? - Andrea.
- ¿Qué? - ¿Estuvo Rosa?
Hospedada ya te digo que no.
- ¿No? - ¿Pudo verse con alguien aquí?
Supongo.
A ver...
Esa noche solo había una persona y aún sigue en el hotel.
Pero justo ahora no está, salió hace un rato.
- ¿Es esta persona? - A ver...
No, y además es una mujer.
Alejandra Marini.
Mmm... Muy bien. ¿Te importa si la esperamos fuera?
No, por supuesto, estáis en vuestra casa.
- Gracias, Andrea. - De nada.
Hasta ahora.
Alejandra Marini. ¿Alguna amiga de Rosa?
Creo que no.
- ¿Y alguien del pueblo? - Tampoco.
- ¿No te suena? - No.
Llévate tú el coche, yo me quedo.
- Me quedo. - A mí no me espera nadie en casa.
Que me quedo contigo.
(cigarras)
¿Qué llevas aquí, siete años?
Sí.
¿Y alguna vez te cruzaste con los Adell por la calle o...?
Creo que no.
Yo llevo toda la vida.
Encima soy amigo del yerno.
Y creo que una vez me los crucé, y de refilón.
Dos mundos separados por un muro.
Y es como que solo la violencia puede derrumbar ese muro
para que se encuentren los dos mundos.
Bueno, levantar esos muros también es una forma de violencia.
Sí, bueno, tú igual has visto muchas cosas en Barcelona, pero yo...
Qué manera de matar.
Qué salvaje.
Lo peor es pagar para que maten por ti.
Eso sí que lo he visto en Barcelona.
Los peores criminales tienen todos las manos limpias.
Puede ser.
(silla arrastrando)
¿Y Cosette? Bueno, muy pequeña ella, pero...
¿Ya sabe lo que quiere ser de mayor?
Pues...
El otro día le preguntamos
y nos dijo que de mayor quiere ser más alta.
Qué mona.
Mireia con cinco años ya lo tenía clarísimo.
Astronauta.
Hostia...
Sí, pero mírala. Estudiando Ingeniería Aeroespacial.
Y el padre, poli.
Padre, madero. Abuelo, madero.
Tú, madero.
Tú, madero, ¿por qué?
Por un libro.
Los miserables.
- ¿Lo has leído? - No.
Hay un personaje que se llama Javert.
Y yo lo admiraba mucho por su determinación.
Pero confundía la justicia con la ley.
(música de intriga)
Disculpe.
¿Alejandra Marini?
- Sí, soy yo. - ¿Podemos hacerle unas preguntas?
Claro.
¿La madrugada del domingo se vio con Rosa Adell?
¿Rosa?
No me he visto con ella. Ni siquiera la conozco.
Bueno, tenemos unas imágenes del coche de Rosa llegando aquí.
No fue Rosa, fue Albert Ferrer, ¿verdad?
Sí, así fue.
¿Por qué se vieron?
Somos amigos.
(motor de coche acercándose)
Carlos Vilamajor.
Estaba de viaje y me resultó imposible acudir al funeral,
pero reciba mi más sentido pésame.
Lo que he recibido ha sido su demanda.
Cobramos así... por la urgencia.
No tiene sentido ejecutar un testamento
que ya no corresponde con la realidad.
- Sabrá... - Que estaban en conversaciones. Sí.
Las conversaciones ya habían acabado.
Ese día fui a llevar el contrato a casa del Sr. Adell
y ya estaba revisado por sus abogados y por los nuestros.
Esa misma tarde iba a firmarlo.
Lamentablemente...
Entiendo.
Espero que sí.
La gente a la que represento está dispuesta a esperar
dadas las circunstancias, pero...
no tiene una paciencia infinita.
¿Sabe a lo que me refiero?
- Me hago una idea. - No...
No se la hace.
Pero esto puede ayudarle.
(música de intriga)
Si nos ayuda a dar con ese contrato,
pasará a ser el director general de la empresa
con un 15 % más de las acciones.
Don Francisco...
nunca lo tuvo en la consideración que se merece.
Nosotros sí.
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