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Chef, va el parmesano.
Refrigeremos parmesano y apurémosle, por favor.
- Se me va a pasar esa masa. - Mesa cuatro.
Gracias.
¿Necesita algo más?
- No, muchas gracias. - Bueno, buen provecho.
Gracias.
¡Señores! Señoras.
Un momento de su atención, por favor.
- Tres fetuchini... - Tengo algo para decir.
Necesito meseros. Tengo tiramisús.
- Tengo sopas, pastas. -¡Chef, listo!
Uno para entrar...
...y otro para salir.
Fuerte viaje, compañero.
Todavía no me acuerdo muy bien de todo.
Ya va a ir a recordar poco a poco.
Usted abrió la puerta
y dejó salir la sombra.
No la resista.
Fuerza.
En ese camino no lo puede acompañar nadie.
León, soy yo.
Abra.
Doña Ruth me dijo que estaba ahí.
León, ¿está bien?
¿Necesita ayuda?
Vine a despedirme.
Cuídese.
Dígame la verdad, papá.
¿Yo estaba con usted cuando se lo llevaron?
¿Por qué no me acuerdo nada de ese día?
Papá, yo necesito saber.
Yo he empezado a recordar cosas,
pero yo necesito saber qué pasó.
¿Nos torturaron a los dos?
¿Camilo?
¿Cuántos días estuvimos ahí? ¿Cuánto tiempo? Dígame.
Camilo, ábrame la puerta.
¿Los reconoce? ¿Fueron estos hijueputas? ¿Fueron ellos?
-¿Los reconoce? - Abra.
- Porque sé dónde viven, papá. -¡Ábrame la puerta, carajo!
Mami, ¿qué pasa?
Busque unas llaves que tengo en la mesita de noche. Rápido.
¡Hábleme! ¿Qué le hicieron?
¿Qué nos hicieron? Dígame, papá. ¡Dígame!
¿Los reconoce?
¿Fueron estos hijueputas, estos malparidos?
¿Ellos se lo llevaron? ¡Dígame, papá!
¡Camilo, ábrame!
¡Rápido! ¡Apúrele!
- Dígame qué nos hicieron... -¡Ábrame!
-¡Papá, cálmese! -¡Camilo!
¿Qué está haciendo?
¡Camilo, abra!
¡Pare, pare!
¡Ya, pare! ¡Pare, papá!
¡Pare! ¡Pare!
- Papá. -¡Camilo!
-¿Qué hace? -¡No estoy haciendo nada!
¡Llame a una ambulancia!
Ya no es su casa.
- Tranquilo. - Todo estaba bien.
¿No lo podía dejar en paz?
Elena, espere.
Espere un momento. Espéreme. Hablamos, ¿sí?
Perdón. Perdón, yo...
Yo la necesito. Usted sabe, ¿no?
Usted sabe que es muy importante para mí, ¿no?
Y... Y...
Pues usted sabe que, pues, a mí a veces me pasa eso,
que, pues, se me van las luces y...
Y ya, pero no es tan grave.
- No fue tan grave. - No.
¿Y no fue tan grave?
León, me lastimó.
Y yo he intentado ayudarlo de muchas maneras,
pero ya no lo reconozco.
Yo lo veo, y ya no es usted.
¿Qué pasó con la universidad?
Me suspendieron.
¿Y su sueño de ser escritor?
¿Todavía es lo que quiere?
Usted lo dejó muy claro: mis cuentos es mejor que nadie los lea.
¿Eso fue lo que entendió?
Entonces no soy la persona que lo va a poder ayudar.
Buenos días, Lucía.
Buenos días.
Aquí le traje al jefe las traducciones
de los cables internacionales.
Y estos son los crucigramas.
Oye, yo nunca he podido llenar uno de tus crucigramas.
Son dificilísimos.
Y...
Y esto es para ti.
¿Para mí?
Gracias.
¿Y eso?
¿Frankenstein?
El otro día, en la cartelera,
vi que habías estado de cumpleaños.
Gracias.
Con gusto.
Mmm... Bueno.
Feliz día.
Ven, ¿y no prefieres entregarle el sobre directamente al jefe?
Espere y verá. Siéntese.
Doctor.
Es que me encuentro acá fuera con el Sr. Salgado,
viene a entregarle unos sobres directamente.
¿Le digo que siga?
Ah, sí, señor.
No, no se preocupe. Ya mismo le informo.
No hay problema.
Que en cinco minuticos lo atiende.
Le dije.
¿Cafecito mientras tanto?
Sí. Gracias.
¿Lucía?
¿Yo le puedo hacer una pregunta?
Dime.
Buenas noches, Diego.
Siga, por favor.
Su mesa está lista, como la pidió.
Muchas gracias.
¿Desea que le traiga algo o prefiere esperar a la dama?
Mejor la esperamos, ¿no?
Me parece perfecto.
- Permiso. - Muchas gracias.
Con gusto.
¡Lucía!
¡Hola!
No, es que yo siempre le digo a mi prima,
claro, sí, trabajar en el periódico es chévere,
uy, pero ¡muy duro!
Es que todos tienen unos egos enormes.
Bueno, todos... No todos.
¿Para qué? Jeremías no.
Él es el más tranquilo de todos. ¿Cierto?
Porque...
Bueno, a Fabiana, la verdad, Jeremías, le ha tocado muy duro.
Porque, si en el periódico los horarios son pesados,
no le quiero ni contar cómo son
los de la fábrica esa de muebles donde ella trabaja.
Uy, no...
¿Cierto?
Pues... normal.
Como todo el mundo.
No. No, no es normal.
A usted le toca durísimo. Yo soy testigo de eso. ¡Claro que sí!
¡Ay! ¿Y el libro que me regalaste?
¡Ella lo tiene!
¡Le encanta! Es su libro preferido.
Se lo ha leído... ¿como unas cinco veces, me dijiste?
Y los crucigramas le fascinan.
Y es buenísima llenándolos, no como yo...
Voy al baño.
- Lucita... -¿Qué?
Don Jeremías se puso como bravo, ¿no?
No, no, lo que pasa es que él es así,
medio seriecito.
¿En serio?
Su cuenta, señor Jeremías.
Gracias.
¿Qué tal todo por acá?
Había venido una vez, pero hace mucho tiempo,
y, la verdad, me encantó.
Me pareció mucho más rico.
Qué bueno. Me alegra muchísimo.
Muchas gracias, don Jeremías.
Señor Jeremías, qué pena con usted,
pero tenemos un problema.
Se nos acabó el papel carbón,
y, como usted paga con tarjeta de crédito,
creo que no vamos a poder hacerle la transacción hoy.
Pero, como usted es de la casa, si para usted está bien,
nos puede cancelar mañana.
¿Seguro no hay ningún problema, Diego?
Seguro, don Jeremías.
No hay ningún problema.
- Gracias. - Es con mucho gusto.
Su abrigo.
Gracias.
Ya les traigo sus abrigos.
- Permiso. - Siga.
Bueno...
¿No te parece si pedimos un taxi?
¿No? Y nos vamos todos juntos.
Así, de paso, conoces donde vive mi prima, ¿eh?
Yo prefiero caminar.
Feliz noche.
Mira cómo te pones.
Mira... No me toques.
Mira cómo te pones.
Y toda tu familia es igual.
Con tu carita de niña inocente y tus ojos llorosos...
Siempre es igual contigo. Siempre que intento decir algo...
¡Déjame hablar!
Nunca vas a cambiar, vas a ser igual.
Nunca has cambiado y nunca vas a cambiar.
¡Suelta! ¡Suéltame!
¡Ya está!
Escríbale una carta a la persona que usted quiera.
Pero ¿a quién?
No sé, a la primera persona que se le venga a la cabeza.
-¿Todo bien? - Gracias. Sí.
Gracias, doña Nidia.
¿Cómo se dice "idiota"?
Asshole.
No, pero espere.
Ponga...
Fucking asshole.
Fucking. C, K.
Fucking.
Eso.
El amor siempre es una tortura.
Bien lo decía Baudelaire.
Aun cuando los dos amantes
estuvieran muy enamorados
y muy llenos de deseos recíprocos,
uno de los dos siempre está más tranquilo
o menos poseído que el otro.
¿Por qué me está diciendo eso?
Para que piense muy bien
en qué grupo quiere estar.
Le traje mi tesis.
Quiero que se la lea.
Es sobre un asesino escritor.
Y mire.
¿Y eso?
Un nuevo trabajo.
Uy...
¡Felicidades!
¿Significa que no me podrá seguir dando clases?
Jamás.
¿Cómo se le ocurre?
Aquí voy a estar siempre, muy puntual.
Bueno, siga.
Sí, señor. Ya le comunico.
Señorita.
Siga.
Psicóloga de profesión, separada.
Un hijo adolescente, Nicolás,
que vive con el papá.
Diez años trabajó como perito
para la Dirección Nacional de Instrucción Criminal.
Hace años la suspendieron
por entregar información confidencial de un paciente
para ayudar a resolver un caso. Gracias.
Durante tres años, sostuvo una relación extramarital
con el agente Antonio Mora.
¿Y por eso me hizo venir hasta acá? ¿Para hablar de mi vida privada?
Porque no sabía que una infidelidad era asunto de Estado.
Conocí a Salgado hace muchos años en Estados Unidos,
en el ejército americano.
En las últimas semanas, Salgado tenía un comportamiento errático,
rasgos paranoides,
discursos de conspiración.
Cuando nos dimos cuenta de que era una persona completamente inestable,
peligrosa, diría yo, comenzamos a seguirlo.
Así nos dimos cuenta de su amistad
con Camilo León, su discípulo.
Si tenían sospechas de que haría lo que hizo, ¿por qué no lo detuvieron?
No podíamos saber cuál era su plan.
Usted todavía puede detener a Camilo León.
No, hermano. No puedo detener a nadie, no soy policía.
Pero es psicóloga.
Y, si usted no tuviera sospecha
sobre la complicidad de León con Salgado,
no estaría sacando información a través de Polanía
en un caso que está oficialmente cerrado.
¿Por qué no más bien me dice de frente qué es lo que me está proponiendo?
Se lo voy a poner de esta forma.
Si usted deja ir a León
sabiendo de su complicidad con Salgado,
será su responsabilidad
cuando él cometa su propio San Marzino.
Buen día.
Cuando entraron a robar
el cuarto de su amigo León,
el ladrón encontró algunas cosas de interés.
Esto seguro le puede ayudar a cambiar de opinión.
¿Cree que yo voy a ser tan huevona
de hacerle caso a un desconocido que, palabras más, palabras menos,
me pide que me deshaga de León?
Porque no, según él, pues es peligroso. Gracias, hermano.
Esos tipos creen que Jeremías
le entregó alguna información confidencial a León.
-¿No le ha dicho nada a usted, nada raro? - No.
El pelado tiene fugas.
Amnesia disociativa.
Tan conveniente, ¿no?
Apenas el culo para los calzones. Ahora resultó loco.
¿Usted no fue el que me dijo que era una psicóloga de la berraca? ¿Mmm?
¿Cree que me voy a dejar huevonear por un paciente?
No es su paciente.
Ni su amigo.
Ni su hijo.
Indira, todos,
en algún momento, alguna vez,
nos dejamos engañar.
¿Qué? ¿Ahora le dio caracacá?
¿No va a ser capaz de abrir la caja de Pandora?
Píllese eso.
Y esto.
Estos son colegas míos.
¿Qué hace su amigo León con esto?
¿Ah?
Buenos días.
"...que su alma hierva en el Flegetonte,
para luego invitar al padre a que renavegue en sus ríos de sangre".
Son mis cuentos...
"El extraño placer de acabar
con la inocencia de una joven.
Luego, imagina la pena en los ojos del padre,
cuando descubra que su hija no es ajena a la crueldad.
Que el dolor sí se multiplica.
Yo soy la bestia".
¿Eso qué es?
Eso es lo que me gustaría saber a mí. ¿Mmm?
¿Esto qué es?
¿Ustedes planearon juntos la masacre de San Marzino?
- Deme eso. -¿Qué? ¿Eso qué?
¿Qué es lo que quiere que le dé? ¿Su cuaderno?
¿Su cuaderno de qué? ¿De cuentos, como le llama usted?
Con anotaciones de Jeremías.
Esa es su letra.
No le di ese cuaderno nunca a Jeremías.
- Probablemente lo cogió cuando entró... - "Esta ciudad merece que alguien
les recuerde que nada
de lo que crece aquí
puede dar buen fruto.
Que despierten,
porque llevan mucho tiempo dormidos.
Cuento las horas para el estallido".
¿Ustedes usaban esto para alimentar sus ideas perturbadas?
No.
No, eso... eso es un ejercicio.
Era un ejercicio para el Club del Crimen.
Pero yo... yo nunca me imaginé que eso podría ser real.
Yo...
Yo...
¿Usted cree que no... que no me atormenta
saber... saber que yo pude hacer algo?
¿Que Jeremías me lo dijo de todas las formas posibles
y yo no lo escuché?
- Ya no estoy segura de que sea inocente. - Yo tampoco, Indira.
Ese es el problema.
Yo los tengo encima, ¿sí?
Tengo encima cada muerto de Jeremías.
Sí, pero es que también esta oscuridad no pasó de un día para el otro, hermano.
A ver...
¿Cuándo comenzó la violencia?
Cuando Jeremías me llevó al monte.
Pero ese día también pensé que nuestra relación, ya,
nuestra amistad se había acabado.
Pero se reconciliaron.
Esa carta lo demuestra.
"Mentiría...
como he mentido en esta vida antes,
porque el interlocutor no merece mi verdad...".
"...si le dijera que no sabía a qué lo estaba llevando
ese día que estuvimos en la montaña...
Quería enfrentarlo a su propio valor, León...
...porque ningún hombre descubre su fuerza sin medir su miedo.
Mi forma de agradecer su presencia en mi solitaria existencia
es prepararlo para la debacle que se avecina...
para que, juntos, seamos el ángel exterminador".
Don Jeremías, su cuenta.
Muchas gracias por lo de esa noche, Diego.
No se preocupe, don Jeremías.
Fue con mucho gusto.
Esto es lo que le debía.
Esto es lo de hoy.
Y su propina.
Muchísimas gracias, don Jeremías.
Joven, ¿cómo le va? Bien pueda, siga.
- Gracias. - Con gusto.
Gracias por venir, León.
No espere buena compañía.
¿Para qué me llevó a la montaña?
Hace parte de su entrenamiento, León.
Necesito que esté preparado.
¿Para la guerra de la que habla todo el tiempo?
¿Sí ve a toda esta gente?
Obsérvelos bien.
Ahí están...
sentados, perdiendo el tiempo
en sus conversaciones triviales,
mientras afuera reina el caos.
Por eso alguien tiene que venir
y hacerles ver a estos miserables
lo poco que le aportan al mundo.
Y ese alguien se tiene que sacrificar
para sacudirlos,
como Jesús de Nazaret.
Jeremías...
Yo quiero vengarme.
Tengo unas ganas que me pudren.
Yo quiero que Ocampo sufra como me hizo sufrir a mí y a mi familia.
Usted no está solo, León.
La venganza contra Ocampo
solo será el principio.
¿Esto qué es?
Ábrala.
Es un plan mucho más grande,
uno que tengo reservado para los dos.
Pero primero lo primero.
Hay que enfrentar a sus fantasmas.
Usted todavía puede.
Mi papá era ingeniero agropecuario.
Antes de que se lo llevaran,
les trabajaba como consultor a varias fincas lecheras.
El primer domingo de todos los meses, nosotros teníamos un plan solo de los dos.
Nos íbamos a acampar a una finca que teníamos en Tabio.
Yo creo que fue yendo para allá que nos pasó eso.
¿Qué es eso?
Son fragmentos de recuerdos.
¿Son unas vacas? ¿Como en un corral o qué?
Señor, una pregunta. ¿Por acá no habrá un sitio de ordeño
o donde haya muchas vacas?
Sí, donde don William. El portón verde, al fondo.
- Sí, ahí, en la esquina. - Gracias.
- Bueno. Que esté bien. - Gracias.
¿Sí se le hace conocido o no?
¡Paren!
¡No le peguen a mi papá!
¡Déjenlo!
¡No!
¡Paren!
¡Suelten a mi papá!
- Suelten al niño. -¡El niño se queda!
Por favor.
¡Paren!
Venga, León.
Ya.
No...
Esos hijueputas...
Esos hijueputas...
Yo sé.
Tienen que pagar.
Todos van a tener que pagar.
¿Y se llenaron de rabia juntos?
La rabia ya estaba ahí.
Con Jeremías, era porque no encontró un lugar.
Y conmigo es porque me lo quitaron cuando era muy niño.
Vea, León. Ustedes no son unas víctimas.
Construyeron el relato juntos,
como el juego del cadáver exquisito.
Ese es un mapa.
Ahí están las mesas,
la ubicación...
Estaba en su casa.
Es el plano de la masacre.
Yo la recibí sin pensar, Indira.
Estaba ocupado en otro tema.
¿En cuál?
Hijueputa, León. ¿En cuál?
¡Carajo, que me diga! ¡Me tiene mamada!
¿Que en cuál?
No se mueva.
Pero ni un milímetro, ¿me entendió?
¿Aló?
El tipo con el que se reunió es el mayor Guillermo Perea.
El man trabaja en inteligencia militar.
Parece que se reunía con Jeremías en una oficina en el centro.
¿Y de qué hablaban?
Eso sí no sé.
Lo que sí me averigüé
es que los archivos de Jeremías no están cerrados.
Están clasificados, ¿me entiende?
Parece que, cuando el tipo estuvo en los Estados Unidos,
hizo parte de un proyecto experimental.
Eso es una vaina que no está documentada ni nada.
No, no... Son rumores.
Que dicen que el ejército de los Estados Unidos
utilizó la psicología como arma.
Entonces muchos de esos soldados fueron sometidos a...
a hipnosis, a deprivación sensorial,
electrochoques, torturas...
El tipo se fritó en Estados Unidos y vino y explotó acá.
Vea, tome aire, porque lo que viene es peor.
¿Se acuerda de los expedientes esos que...
encontramos dentro de los documentos de León?
Que yo reconocí como agentes del F2.
Sí. Están relacionados con nuestro caso.
Esos dos hijueputas
fueron los torturadores del papá de León.
Me imagino que no le contó a usted eso,
como me imagino que no le confesó
que él, León,
estuvo siguiendo a la hija de uno de esos tipos,
a... Teresa Ocampo se llama.
Una niña, una adolescente.
Pues esa niña está desaparecida,
y a que no adivina quién es el principal sospechoso de eso.
¿Qué hicieron con la niña?
Y no me diga que no la conoce.
"Ha muerto Teresa".
Jeremías no estaba buscando un amigo.
Estaba buscando un cómplice.
Estoy teniendo sueños donde hago cosas.
Conozco esos sueños.
Estuve en su cuarto, leí sus cuentos.
Están muy bien. Va muy bien.
Y me alegró mucho saber que usted es un gran escritor.
Ser capaz de pensar
que la mejor forma de torturar a Ocampo es
haciendo sufrir a su hija
es una idea tan genial como su cuento.
Puedo escribir lo que quisiera hacerle a Ocampo,
pero soy incapaz de hacerlo en la vida real.
Pero no tiene nada de malo querer restaurar el orden del mundo.
Yo puedo ayudarle
a vengarse de Ocampo a través de Teresa.
- Es una niña. - ¿Y qué?
Los hijos heredan los pecados del padre.
Está en la Biblia.
"Yo soy Jehová, tu Dios,
fuerte,
celoso,
que visito los males de los padres sobre los hijos
hasta la tercera y cuarta generación
de los que me aborrecen".
No existen las jóvenes inocentes,
si eso es lo que le preocupa.
Créame.
El crimen perfecto sí existe.
También me gustan las flores.
¿Y cuál es su favorita?
Las gardenias me gustan mucho,
pero mi favorita es la margarita, porque es la flor más bonita.
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