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[sirena]
[música ominosa]
- ¡Doña Carmenza! - [ladridos]
¡Doña Carmenza!
- [bebé llora] - [mujer por radio] Aquí B3.
Tiene que llamar a los bomberos. No tengo nada que hacer.
¿Cómo? ¿No entrarán?
¿Usted ve que hay humo? Es un 931, central.
Es un incendio, corresponde a los bomberos.
¿Se quedarán ahí parados sin hacer nada?
Señor agente, esto es una urgencia.
Si quiere, con gusto, la acompaño a llamar a los bomberos.
No, pues no ayude tanto.
[conversación indistinta por radio]
[música de suspenso]
[susurro de viento]
[Jeremías] ¡Este es el verdadero campo de batalla!
¡Es aquí donde las decisiones que se toman son de vida o muerte! ¿Me entiende?
Dispáreles.
¡Dispáreles!
[hombre 1] No le haga caso a ese man, mono.
¡Mono, no haga eso!
[hombre 2] No, monito...
[se atenúa la música]
[Jeremías] Allá abajo todos están dormidos.
Creen que están despiertos,
pero están totalmente dormidos.
- ¡Camilo! - [cesa la música]
¿No me escucha?
Era la ponencia principal.
La cen... [tose] La central.
La presencia del decano.
Usted no solamente se iba a lucir
en lo personal, hombre.
Iba a representar a la universidad.
Yo confié en usted.
Maestro, yo le juro por mi vida
que yo quería ir.
León,
¿qué es lo que le está pasando, hombre?
Faltando a mis clases...
Sus últimos trabajos
los siento menos precisos,
en un tono diferente,
erráticos, incoherentes.
¿Qué le pasa, hombre?
Tengo temas.
Pero nada justifica que no haya ido.
Ahí está su amigo, el doctor Bonilla.
Está pidiéndole al comité estudiantil
que evalúe una posible sanción.
Maestro.
Lo que más me duele es haberle fallado a usted.
[música dramática suave]
Y lo que yo más lamento
es que usted se haya fallado.
Mire, si necesita un amigo para hablar,
no dude en buscarme.
Llámeme, hombre.
Lucía, ¿está segura de que el que me está buscando
es el jefe de Noticias Internacionales?
- ¿No será el de Entretenimiento? - Estoy segura.
¿Cómo me voy a equivocar de esa manera?
La última vez estaba segura
de que yo estaba en una lista, y no estaba.
[conversaciones indistintas]
Sí.
Sí, yo le debo una disculpa. Perdón.
No tengo la culpa de que el jefe haya descabezado un montón de invitados
y haya quitado gente de la lista.
Yo de verdad quería que usted estuviera ahí.
Si no, no lo hubiera invitado,
me hubiera quedado callada, no le hubiera dicho nada, ¿o no?
Igual, lo importante es que, pues, él la pasó bien.
- Estaba feliz con el aporte de todos y... - [teléfono]
[Lucía] Dígame, doctor.
Ah, claro que sí.
Con gusto.
Yo creo
que te van a ofrecer un nuevo puesto. [asiente]
[ríe suavemente] Sí.
Vas a ver.
[Elena] ¿Dónde estaba?
Lo llamé varias veces y no me contestó.
¿Por qué no fue al evento?
La cagué.
Viera la cara de Vidal.
¿Fue muy terrible?
Sí, flaco, estuvo mal.
Vidal lo excusó
al frente de todo el mundo y luego...
pasó Bonilla a presentar la ponencia.
¿Bonilla?
O sea, ¿no lo hizo otro estudiante ni siquiera?
No, sabe que se iba a aprovechar
de la oportunidad de hacerse sentir importante.
¿Me va a contar qué pasó,
dónde estaba?
[música siniestra]
¿Qué hubo, huevón?
- [Elena] Flaco. - Lo estaba buscando.
[Elena] León.
- ¿Qué pasó? - ¿Cuál era el plan, huevón?
¿Para qué me llevó allá? ¿Quería que me violaran? ¿Quería joderme?
Yo no sé de qué me habla.
- No se haga el idiota, estúpido. - [Elena] Vámonos.
No, espere un momentico. Usted sabía.
Sabía, hijueputa, dónde me estaba metiendo.
- Se calla, por favor. - [hombre] Silencio.
- Hablemos afuera. - No, acá.
¿Usted por qué me dio esos nombres? ¿Para qué? ¿Cuál es su plan?
- ¿Cuáles nombres, León? - ¡No se haga el estúpido!
- ¡Sabe de qué hablo! - [Elena] Suéltelo.
- ¡Esos nombres, huevón! Esos nombres... - Suélteme. Suélteme.
- [gritos] - [León gruñe]
¡Suélteme, suélteme! ¡Suélteme! [gruñe] ¡Huevón, suélteme!
¡Suélteme!
[masculla] Suélteme, hijueputa.
¡Suélteme, huevón!
¡Hijueputa!
[música de tensión]
[guardia] Ya no más.
Déjelo en paz.
León no está solo.
Él tiene gente que lo cuida.
[conversaciones indistintas]
[se intensifica la música]
[se desvanece la música]
[TV amortiguada]
Uy, no, Elena, yo quiero estar solo, de verdad.
[Elena] Vine a traerle esto.
¿Me va a contar qué fue todo eso de la biblioteca?
Nada.
¿Jeremías lo iba a violar?
[chasca la lengua] Si va a decir estupideces...
Lo dijo usted, no yo.
[perro ladra afuera]
¿Usted ha seguido espiando al torturador de su papá?
No.
No me diga mentiras, que leí sus escritos.
¿Son cuentos o es una confesión?
¿Por qué está siguiendo a la hija de uno de esos tipos?
León, lo que está escribiendo son cosas horribles.
De torturas, de sacarle los ojos a alguien...
Eso son ejercicios, son para el Club del Crimen.
- No, hay algo más en esos escritos. - Son ejercicios.
Hay algo muy honesto y muy personal,
y eso es lo que me da miedo.
Venga, yo en serio no necesito esto ahora.
Elena, por favor,
váyase, ¿sí?
Margarita me contó lo que le dijo en la fiesta.
Que tenía miedo de eso en que se estaba convirtiendo.
- ¿Por qué hablan de mí? - ¿En qué se está convirtiendo?
- ¿Por qué están hablando de mí? - Estamos preocupadas.
[música de tensión]
"Respirar el último aliento de la niña,
[con eco] que, entre sus brazos, suplica por su vida.
Dejar que su alma hierva en el Flegetonte
para luego invitar al padre
a que navegue en sus ríos de sangre.
Ha muerto Teresa".
No será la niña la que se hundirá en el séptimo anillo del infierno.
Es usted, si sigue alimentando todas estas fantasías.
- Pare ya. - Deme eso. Venga.
Deje... ¿Qué está haciendo?
[Elena gruñe]
[perro ladra afuera]
[Elena exhala]
Perdón. Le dije que quería estar solo, Elena.
- Sí, me queda muy claro, León. - Perdón.
[pasos en escalera]
[música siniestra]
León, ¿tú qué?
[se desvanece la música]
[susurra] ¿Qué estás haciendo?
[música de suspenso]
Está mi mamá.
[Margarita gime]
[León sisea]
[Margarita gime]
Entonces, ¿le van a pagar más?
Claro, si ahora tiene que traducir
las noticias de los cables internacionales,
pues las condiciones tienen que ser mejores.
Eso no es lo mismo que... ay, hacer crucigramas.
Muy merecido, en todo caso, porque usted se ha esmerado mucho
con todo ese tema de los idiomas.
Podríamos hacer una comida para celebrar.
[música de tensión]
Celebrar, ¿quiénes?
¿Usted y yo?
Coma, más bien.
[conversación indistinta]
Yo lamento decirle esto,
pero, hasta que el comité no decida si va a ser suspendido o no...
No puedo entrar a clase.
Tranquila, Lorencita. De todas formas, no iba a volver.
¿Qué?
¿Cómo así? ¿Por qué?
No desfallezca, le falta un semestre.
Y luego, ¿qué?
Yo no entiendo.
Yo lo vi esforzarse desde el primer semestre.
Usted es uno de los mejores alumnos de esta facultad.
Yo no sé, Lorencita.
Creo que la academia no me hará mejor escritor.
Eso lo tengo claro.
[suspira]
¿Sabe qué? Perdóneme.
De verdad, perdóneme,
pero ese discurso no le va.
Yo lo vi desde que llegó a esta universidad.
Uno desde acá aprende a leer los ojos de los que llegan a esta facultad
con esa ilusión de vivir para la literatura.
Ingenuos, Lorencita.
Puede ser,
pero es un tremendo y valiente acto de fe
que todavía este mundo necesita,
y seguramente uno escoge
dónde poner su fuente creativa
y dónde perder el tiempo, o no.
Así que yo lamento mucho haberle hecho desperdiciar su tiempo.
No, Lorencita.
Siempre es un placer verla.
Creo que por eso no me quería graduar.
Me hubiera perdido el placer de verla todos los días.
Camilito.
Aquí le dejó Vidal.
[música dramática melancólica]
[Vidal] "Para todo mal, literatura.
Para todo bien, literatura.
Tabla de salvación de los inmortales para los mortales.
Vuelva a ella, León".
[golpean puerta]
[se desvanece la música]
¿León?
Mucho gusto. Yo soy Carmenza,
la mamá de Jeremías Salgado.
Mi hijo me ha hablado de usted.
Le tiene admiración.
Yo sé que ustedes comparten
libros y escritos.
Por eso me tomé el atrevimiento
de averiguar su dirección en la facultad,
porque quería conocerlo.
Su hijo es muy buen amigo,
y es aún mejor lector.
¡Uy! Eso lo ha sido siempre.
Cuando era niño,
prefería estar leyendo que estar jugando.
Y sobre todo después de que murió el papá.
¿Él no le ha contado mucho a usted de eso?
No, solo que falleció cuando era niño.
[Carmenza] Ah.
Jeremías siempre ha sido diferente.
Él no es fácil. [niega]
El mundo no está hecho para personas así.
Cuando estaba en el ejército,
yo creí que él había encontrado su camino,
pero volvió...
volvió más... [duda]
distinto.
Bueno, es de suponer
que, después de una guerra,
cualquiera cambia.
[chasca la lengua]
Por eso me alegró tanto saber
que, por fin, había encontrado a alguien
con quien compartir su pasión.
Algunas veces, los hijos se demoran demasiado tiempo
encontrando su camino.
Hay que tener paciencia.
Como los amigos.
Hay que saber perdonar y entender.
[música sombría]
O quererlos sin entender.
Supongo que usted sabe que a él le dieron
un ascenso en el periódico.
No, no sabía.
Yo quiero hacerle una comida para celebrar.
Por eso vine hasta acá
a invitarlo personalmente.
Para que no me diga que no.
Yo sé que él se va a sentir muy bien.
Pero, por favor...
por favor, no le diga que yo se lo pedí.
- No, llegue como... - ¿Como de sorpresa?
[susurra] Eso.
De sorpresa.
[continúa música sombría]
[se abre y se cierra puerta]
[Jeremías] ¿Cómo le va?
Bien, gracias.
[Jeremías] ¿Y esto?
[se desvanece la música]
Arroz con camarones para celebrar su nuevo puesto.
¿Y por qué hizo tanto?
[Jeremías] Ah... ¿vino también?
Tres botellas.
¿Usted invitó a alguien más o qué?
Como le gustan tanto los camarones,
pues yo pensé hacerle algo especial.
Sí, pero hizo como para un batallón.
Ay, Jeremías.
Con usted sí es que, definitivamente, no se puede nada, ¿no?
Entonces, ¿qué? Una semana comiendo camarones.
Aprenda a medirse, señora.
Pero, claro, como la plata no es suya...
Tranquilo.
No se los tiene que comer.
[música siniestra]
[se intensifica la música]
Tranquilo.
[con eco] Tranquilo.
[timbre]
- [cesa la música] - [timbres]
[música siniestra]
Siéntese.
Jeremías, no.
Que se siente, ¡le estoy diciendo!
¡Siéntese!
- Se lo come. - No.
- Se lo come. - ¡No!
En esta casa, no se desperdicia nada. ¡Se lo come!
- ¡No! - ¡Se lo come, le estoy diciendo!
¡Es una orden! ¡Ya!
[Carmenza gimotea]
[timbres]
[se desvanece la música]
¿Dónde lo tiene?
Hermano, dígame dónde tiene el cuerpo.
Pero ahora mismo. Si no, me va a tocar decirle a esa gente que no es cura.
Alguien me demandó, se dieron cuenta de que no soy cura.
Me denunció por estafa, pero no es que sea un ladrón.
Nunca he robado a nadie.
A ustedes les puede parecer raro, pero siempre he querido ser cura.
- Y yo pensé que... - ¿Qué pasó con Jeremías?
[Parra carraspea]
Vean, les voy a decir la verdad a ustedes.
Hace unos días vinieron unas personas y me dijeron que...
[suspira] podían retirar los cargos
si yo sacaba el cuerpo de Medicina Legal y...
y pues lo traía hasta acá, y ya.
Esa misma noche vinieron, retiraron el cuerpo y ya.
Yo no sé nada más. Hasta ahí sé yo...
[música de tensión]
¿Quiénes?
No, no sé...
Pues no eran los mismos de la vez pasada.
Tenían perfiles diferentes. De hecho, ni me dirigieron la palabra.
Solo lo que ya les dije.
Vinieron, retiraron el cuerpo y se fueron. No sé qué más decirles.
[continúa música de tensión]
Gracias, hermano.
[León] Jeremías era ciudadano norteamericano.
Y estuvo en el ejército.
De pronto se lo llevaron los gringos.
¿Usted cree?
Yo ya le dije, un cadáver dice muchas cosas.
De pronto no querían que el de Jeremías contara tanto.
Mucha cosita les enseñan a ustedes en Literatura.
[Indira] Carmenza Posada de Salgado,
nacida en Bogotá el 11 de enero de 1916.
Su papá era un importador
y dueño de una cadena de almacenes de telas.
Y el papá de Jeremías
era vendedor y comerciante.
Ella se veía muy distinguida.
- Yo la conocí una vez. - Matricidio.
Ese sí que es el crimen mayor, ¿oyó?
Hay que tener de verdad un odio... visceral
por la mamá para matarla de esta manera.
¿Por qué se la odiaba tanto?
No sé. Yo...
de verdad no conocía a Jeremías, ahora que pienso. Era muy reservado.
Pero vivían juntos,
así que algún tipo de relación codependiente debían de tener.
Debe ser muy horrible para una mamá saber que el hijo la odia tanto.
No todos los hijos saben perdonar.
Pero una mamá no se puede rendir.
A ver, no todas las mamás son santas.
Eso es un pensamiento muy infantil.
¿De qué estábamos hablando?
¿Sí ve? Por estar hablando pendejadas, ya... [duda]
El... ¡Ah, ya! A ver.
Hasta el momento, ¿qué sabemos con certeza
que sucedió los días previos a la masacre?
Usted tenía razón.
Estuve en el restaurante el día de la masacre.
[música de suspenso]
Estaba esperando a Jeremías, pero, como no llegó, me fui.
[se desvanece la música]
[teléfono]
[Indira suspira]
¿Aló?
Sí, un minutico.
Es para usted.
[música ominosa]
[León] ¿Está bien?
Qué bueno verlo, León.
Lastimosamente, no tengo mucho tiempo.
Una amiga. Indira.
[Jaime] No me dijo que venía con alguien.
Solo quiero saber si usted estuvo en el cuarto hace un par de días,
cuando se armó un tiroteo.
[Jaime] Sí estuve, huevón.
Yo fui para ver si usted me daba otra vez posada.
Y, cuando llegué,
la puerta de su pieza estaba abierta.
Había un tipo.
Estaba buscando entre sus libros,
sus escritos.
También pudo haber sido por mis panfletos.
No tengo certeza, pero es una posibilidad.
Y, si es así, perdón por haberlo metido en problemas.
[crujido de papeles]
[continúa música ominosa]
¿Qué?
¿Qué de qué?
Puta, hijueputa...
- [disparo] - [gruñe]
[gritos a la distancia]
[hombre] ¡Por Dios! ¿Qué pasó?
¿Qué está pasando?
[barullo a la distancia]
[Jaime] Casi me matan.
Me alegra que usted esté bien.
Hierba mala...
[Indira] ¿Qué se llevaron?
[Jaime] No me quedó tiempo para entrevistarlo.
[asiente]
Cuídese mucho.
[Indira] ¿Qué se llevaron?
[se desvanece la música]
Diez años como perito, ¿y cree que no aprendí nada?
Su amigo estaba diciendo mentiras para protegerlo.
Si usted no me dice, no lo voy a poder ayudar.
[chillido de aves]
Un revólver.
No sé por qué lo tenía ni qué era lo que iba a hacer.
[música sombría]
Ay, ¿qué fue?
¿Qué le pasó?
¿Está bien, mi amor?
[León] Sí.
[Inés] Gracias a Dios.
Venga.
[tono de llamada]
[se enciende motor]
[tono de llamada]
- Hola, soy Nico. - Nico. ¿Qué hubo, papito?
En este momento no podemos contestar, deja tu mensaje después del tono.
- ¿Nico? - [pitido]
¿Está ahí?
Mmm.
Bueno, no, pues nada. [duda]
Llamaba... Llamaba para saber cómo estaba,
en qué andaba, cómo iban sus cosas.
¿Mmm?
Me hace falta, mi amor.
Lo quiero mucho, ¿oyó?
Que no se le olvide.
Y llámeme.
Llámeme, pues, cuando quiera,
que usted se sabe el número.
O... eso creo.
Mmm.
[se desvanece la música]
[teléfono]
¿Papito?
[Mario entrecortado] Quieren hablar con...
- ¿Qué? - ...adelantando.
Bájeles a las revoluciones, no le entiendo un culo, hermano. ¿Qué?
Quieren hablar con usted de la investigación
que estamos llevando a cabo.
¿Quiénes?
Eh, anote la dirección.
¿Está solo?
[conversación indistinta en inglés]
Indirita.
[música de suspenso]
No se le olvide que usted está en deuda conmigo, ¿no?
[Indira] No está solo.
Yo veré.
De usted depende
que las vainas no terminen mal.
[ríe suavemente] ¿Me entiende?
Yo sí pensé que ese señor era muy mayor para ser amigo suyo,
pero ¿como que raro raro?
No, yo no lo vi así como para...
para hacer lo que hizo, para matar a toda esa gente, no.
¿Por qué haría algo así?
No sé.
[música inquietante]
De milagro no nos mató a nosotros.
No me diga eso.
Mató a 30 personas, Camilo.
Mató a la mamá.
¿Qué tipo de psicópata
tiene la sangre fría para hacer algo así?
- Pero no vino a matarnos. - Yo, entre más...
analizo y analizo,
y le doy vueltas a lo que pasó...
Le pudo haber hecho algo malo a su papá.
Pero es importante, ma,
que usted me diga qué se acuerda de ese día.
Después del almuerzo, ¿yo la llamé o yo volví?
¿Usted supo algo de mí?
¿Volvieron las fugas?
[vendedor a la distancia] ¡La mazamorra!
¡La mazamorra!
¡Se viene la mazamorra!
[campanilla a la distancia]
[casera] León no está.
- Buenas tardes. - [asiente]
¿Se demora?
¿Usted qué cree? ¿Qué voy a saber? ¿Es que acaso yo soy la portera?
Pendejo.
[TV amortiguada]
[crujido de puerta]
[perro ladra a la distancia]
[música de suspenso]
[TV amortiguada]
[continúa música de suspenso]
[anciana] ...si son los apóstoles del Señor Jesucristo.
Tres y cuatro, siete.
Siete son las trompetas
que anuncian el apocalipsis.
[en voz baja y con eco] Cuatro son
los caballos del apocalipsis...
La gente les teme mucho
a las enfermedades mentales.
Todavía existe la falsa creencia
de que estas enfermedades
son como la peste y se pueden pegar,
o que, necesariamente, se tienen que heredar.
A mí lo que realmente me preocupa es que mi esposo no avance,
sino que, al contrario, retroceda, ¿no?
Porque, pues, en la casa,
él, mal o bien, es
una persona tranquila... si no lo joden.
Aquí va a estar contenido
para que no se haga daño a él mismo
ni le haga daño a nadie más.
Pero no lo van a curar.
Yo ya se lo he explicado otras veces.
Los traumas son cicatrices:
algunas heridas cierran bien,
otras se quedan abiertas.
Su esposo lleva mucho tiempo
sin poder elaborar la experiencia que lo llevó
al lugar donde se encuentra ahora.
[música de tensión]
Yo me comprometo
a darle calidad de vida.
[música psicodélica]
[médico con eco] Hay eventos que lo marcan a uno para toda la vida.
Se lo suplico.
Cementerio Central, tumba de Leo Kopp.
Llévele flores
y dígale que me tiene que sacar de aquí.
Elsa, ven...
Leonardo Kopp.
Que me haga el milagrito.
- Que me saque. - Doña Elsa...
Tranquila, ahí lo va a hacer. Qué pena, disculpe.
Tranquila, ya.
¿Qué le pasó?
[Elsa en voz baja] Siete son las trompetas
que anuncian el apocalipsis.
No vamos a traer a su papá a este lugar.
Nunca.
[se desvanece la música]
[cura 1] ♪ Oremos. ♪
♪ Señor Dios, ♪
♪ que nos mandaste a escuchar ♪
♪ a tu Hijo muy amado. ♪
[llantos]
♪ Dígnate alimentarnos íntimamente con tu palabra ♪
♪ para que, ya purificada nuestra mirada interior, ♪
♪ nos alegremos en la contemplación de tu gloria. ♪
♪ Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, ♪
♪ que contigo vive y reina ♪
♪ en la unidad del Espíritu Santo... ♪
[mujer] Amén.
[cura 2] Dales, Señor, el descanso eterno.
[personas] Y brille para ellos la luz perpetua.
Dales, Señor, el descanso eterno.
Y brille para ellos la luz perpetua.
[cura 2] Dales, Señor, el descanso eterno.
[personas] Y brille para ellos la luz perpetua.
[conversación indistinta]
[cura 1 continúa orando]
[músicos cantan canción triste]
♪ ...y paso las madrugadas buscando un rayo de luz. ♪
♪ ¿Por qué la noche es tan larga? ♪
♪ Guitarra, dímelo tú. ♪
[conversaciones indistintas]
[se desvanece canción]
De parte de la mujer que cuenta los días para que la saque del manicomio.
Dice que solo usted la puede sacar.
Y libéreme de los malos pensamientos
y de las ideas oscuras
que me visitan últimamente.
Y hágame buen escritor.
[músico] Buen día, joven.
Estamos para servirle.
Nos comunicamos con los que ya no están.
Y a los que están en el limbo, ¿también los ayuda?
[chirrido metálico]
[se abre y se cierra puerta]
Buenas, comadre.
[mujer] Buenas, compadre.
[Josué] Hija, buenas.
Hágame un favor.
Gracias.
Don Luis, otra vez en pie.
- Me alegra mucho. - [tintineo de llaves]
[Josué] Bienvenido, joven.
Adelante.
[afinación de guitarras]
[Josué] Siéntese.
Un buen sorbo de esto
ayuda a limpiar las energías.
[continúa afinación de guitarras]
[Josué] Tómelo todo.
¿Está seguro de que su papá está dormido a esta hora?
Es importante que esté dormido
para que nos conectemos con él a través del sueño.
Sí.
Sí, a esta hora le dan el medicamento de la tarde.
[Josué] Respire profundo.
Relájese...
y déjese llevar por la música.
[acorde de guitarra]
[música acústica inquietante]
[continúa música acústica inquietante]
[se intensifica la música]
[se superpone música dramática]
[continúa música dramática]
[se intensifica la música]
[se desvanece la música]
[música acústica inquietante]
Yo estaba ahí cuando se lo llevaron.
Yo estaba ahí.
[se desvanece la música]
[susurro de viento]
[ruido de agua]
[nota ominosa suave]
[nota ominosa]
[nota ominosa]
[continúa susurro de viento]
[continúa ruido de agua]
[silencio]
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