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Va... Por favor.
Aquí Central. Atenta a confirmación. Cambio.
Reporte. QD4.
QD8. QD8.
Independiente 18-15.
QD8, repito, QD8. Por favor, Central, comunicación.
Aquí Central. Ya le confirmo.
Otro año ya se ha ido. Cuántas cosas han pasado.
Algo hemos aprendido y algo hemos olvidado.
-¡Pare! - Este hijueputa...
¿Qué le pasa, hermano? ¿Se ahuevó o qué?
Lléveme, por favor, al restaurante San Marzino. Rápido.
Por favor, no pueden pasar.
Las lucecitas de mi árbol
parece que hablan de ti.
Y, entre piñatas y sonrisas,
siento que no estés aquí...
Permiso. ¡Esperen!
¡Déjenmela ver! ¡Déjenmela ver! ¡Es mi hija! ¡Déjenmela ver!
En la agonía de este año, siento que muero con él.
¡Ay, no! ¿Quién lo hizo?
Llega Navidad, y yo, sin ti
en esta soledad.
Recuerdo el día que te perdí.
No sé en dónde estés.
Pero, en verdad,
por tu felicidad
hoy brindo en esta Navidad.
Feliz Navidad.
"Alejandra Castro, 16 años.
Otra víctima más de la masacre de San Marzino.
Salió esa noche a comer con la familia de su mejor amiga.
Su padre, Luis, contó que su esposa y madre de la niña
sufrió un infarto con la noticia,
y se encuentra en el hospital con un pronóstico reservado".
Mario, ¿para cuándo me tiene más información de San Marzino?
¿Cuándo va a tener acceso a todo el resto, hermano?
Está berraco, porque ese caso está cerrado.
Como a Salgado le dieron de baja, ya.
Frito el pollo, ahí no hay nada que investigar.
Mm. No hay nada que investigar.
Una tragedia berraca, sí.
Vea, Indira, este...
es un caso que está abierto.
Yo debo investigarlo. Necesito que usted me asesore en este.
Es una cagada, Mario.
A ver, ¿qué es esto?
A mí esto me parece una mierda, Mario.
Lo que realmente me parece sospechoso
es que hayan cerrado el caso de San Marzino.
Póngase a pensar.
Un evento tan particular
que lo comete un tipo que no tiene ningún antecedente
y, encima, la mayoría de las víctimas son mujeres,
pero no hay nada que investigar.
Jeremías Salgado
era veterano de la guerra de Vietnam.
¿Usted...? ¿Usted sabe lo que es eso?
Los que volvieron vivos de allá volvieron chiflados.
Vietnam fue hace diez años.
¿Ah? Entonces, ¿qué?
¿Se le corrió el champú una década después?
¿A usted no le parece muy raro?
San Marzino...
Usted no se imagina lo que fue eso.
Estar allá adentro.
Parecía un...
...un campo de batalla.
Ahí hay algo más.
Hay algo más, y se acordará de mí.
No, hermano. Qué cara la que trae.
No me diga que la cagó.
Venga, yo necesito un favor.
¿Otro favor?
¿No fue suficiente con el de la vez pasada?
¿No se acuerda?
No.
No, ese es el problema. No recuerdo qué hice los últimos días.
Pues no sé usted qué habrá hecho, pero el 3 de diciembre
vino acá y me pidió un arma.
Yo le presté la mía, la que siempre guardo para el apocalipsis.
¿Y usted se acuerda a qué horas vine?
En la tarde.
Me dijo que la necesitaba para defenderse
y, huevón, yo a usted lo vi cagado del susto.
¿Y el revólver tenía ya un tiro hecho?
Mm mm.
¿Por qué? ¿Necesita más balas?
"La primera puñalada siempre te toma por sorpresa.
No entiendes que lo que estás sintiendo es dolor.
La segunda te da tiempo para preocuparte.
Piensas que la vida se te irá por un agujero.
- Era tarde y no pudo...". - Pare, no siga.
¿Qué piensa?
Lo oigo...
monótono.
Manido, como afectado.
Escuche.
"Se observa cuerpo del sexo masculino
de aproximadamente 24 años de edad.
La cavidad de la herida
denota precisión en el ataque.
La herida en el hígado y la vena porta
dio origen a una hemorragia masiva y mortal".
Pero pues no sé. Si este va a ser el primer ejercicio de El Club del Crimen,
¿no deberíamos agregarle poesía a la descripción?
¿Más literatura?
Pensemos...
qué es lo realmente interesante.
¿Por qué fuimos al anfiteatro?
Porque los cuerpos,
los cadáveres que han muerto de forma violenta
no nos hablan tanto de su vida,
sino de quién los mató.
Tres puñaladas,
¿y qué hizo el victimario?
Dejó que la persona se desangrara.
Esa no es una muerte particularmente dolorosa, ¿o sí?
No se puede comparar con morir quemado o desollado.
¿Alguna hipótesis?
Okey.
¿Querían que muriera?
Sí.
Pero poco o nada les importaba si sufría o no.
¿Eso qué quiere decir?
Que el asesino no es un torturador.
¿Y eso se lo enseñan a un técnico en medicina?
Le dije que tengo experiencia en estos temas.
¿En autopsias o en asesinatos?
¿Cómo así?
Que si...
Lo suyo no es el humor, ¿no?
No, fresco, todo bien. Fresco.
Sr. Young, cuéntele sobre las leyes.
Lo haré. Es el año de...
- Entonces, lo dejaremos por ahora, ¿no? - Así es.
Gracias por venir, Sr. Young.
- Cuídese. - Nos vemos luego.
Guillermo lo está esperando.
Gracias.
Sargento Salgado.
Mi mayor.
¿Cómo va todo?
Pues bien, compañero.
Esperando la llamada.
La próxima misión.
Usted sabe cómo es esto.
Debe ser paciente.
Sí, yo sé, pero...
es que ya vamos para cuatro años.
¿Ya se cansó de leer poesía?
Eso de ser poeta nunca ha sido fácil.
No, es en serio, Guillermo. Ayúdeme.
Usted sabe que en este cagado país
un hombre inteligente nunca llega a ser nada.
Esto es un territorio estéril y yo no merezco hundirme aquí.
Déjeme ver qué puedo hacer, Jeremías.
Se lo recomiendo mucho.
Gracias.
Jeremías.
Soplón, acusador,
chivato, siete letras. Vertical.
Delator.
¡Huevón!
Tranquila, Bertita, que yo se los cuido muy bien.
¡Carmencita!
Dime. Se lo recomiendo de todas maneras.
Y cuídese mucho, ¿no?
-¿Cómo se llama su sobrina? - Inés.
¡Ah, Jeremías!
¿Cómo le va?
¿Sí vio cómo dejaron la pared los de su trasteo?
Dígales que tengan cuidado.
Cuide a su mamá.
¿Y eso?
Son solo dos días
mientras la sobrina de Berta viene a recogerlos.
A ver, Adán y Eva. ¡Saluden!
Los pájaros dejan mucha mugre.
Tranquilo. Yo limpio.
¿Nadie me ha llamado?
Nadie.
Buenas.
¿Qué hubo?
- Soy yo. - ¿Jaime?
Huevón...
Casi no lo reconozco.
¿Por la ruana? Ya.
No, por lo flaco. Y, sí, está todo mechudo.
Está todo cambiado.
¿No le dan comida en el monte? ¿Qué le ofrezco?
Ay, pelado. Lo que quiera.
La vida allá en el monte es dura, ¿sabe?
Más bien, perdón.
Perdón caerle así de sorpresa sin avisar, pero tengo que hacer una vuelta.
Tranquilo, que no me voy a demorar. Mañana me voy.
No quiero meterlo en problemas.
Huevón, fresco, que usted sabe que esta es su casa.
Gracias.
Pero, Jaime, ¿no ha pensado en volver a la vida?
No, ¿sabe que no?
Por fin siento que estoy haciendo algo por esta sociedad.
¿La universidad?
Pura demagogia, pero así nadie va a cambiar a un país.
El país...
Si el país no cambia. Cambian las personas.
Qué lástima que, para ser tan brillante, me haya salido tan artista.
- ¿Le parece? - Sí.
¿Y qué?
¿Dónde es la fiesta hoy?
¿La universidad, los textos lo consumieron?
Tan huevón...
- ¿Qué? ¿Ya encontró una o qué? - No. No.
- Que no me vea Elena. - Escóndase. Sí, escóndase.
¡Elen!
¡Elen!
Vea la sorpresa.
¿Qué hubo?
Qué bueno verla.
No sabía que estaba por aquí.
Vine apenas un par de días.
Bueno, ¿y qué se quieren tomar?
Es que yo...
- Cortesía de la casa. - ¿Sí?
- Por el regalo. - Gracias. Sí.
- Cerveza. - ¡Santi!
Usted no sabe toda la falta que me hizo allá.
Ah, ¿sí?
- Mucha. - ¡Salud!
¿Qué? ¿Se toma otra?
Sí.
- Le voy a decir a Elena que me fíe. - Dígale. Dígale.
¿Escritor y bailarín?
Dígame la verdad. ¿Me está siguiendo?
Sí, necesito saber cómo termina el cuento ese que no tenía fin.
Ah, no, es que no termina nunca.
Lo suyo es el suspenso.
¿Y el novio? No lo veo por aquí.
No es mi novio.
Y está en salida de campo. Es antropólogo.
¿Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta?
¡Qué mal chiste!
Sí, ¿no? Y de mal gusto también.
- ¿Sabe qué pienso? - ¿Mm?
Pienso, es como que,
pues es el destino que quiso que nos volviéramos a encontrar.
¿Y usted vive por aquí cerquita?
Sí.
Sí, si quiere, vamos.
Digo, cuando quiera.
Y pues nos tomamos un café, hablamos.
Usted me cuenta bien qué hace, a qué se dedica, qué es lo que estudia.
¿Trabaja? ¿Su segundo apellido? ¿Cuándo leerá otro cuento mío?
A ver.
Eh, Arbeláez Monroy.
Y estudio Antropología.
Y nunca voy a un bar a hablar con desconocidos.
Me gustaría que se quedara.
Mm.
¿Me prestas el baño y una camiseta?
Yo creo que hoy mejor me voy a quedar solo.
¿Pasó algo?
Mañana tengo que levantarme muy temprano.
Okey. No pasa nada.
Perdón.
Abro esa vaina y me encuentro con esas vainas, ¿y qué? ¿Ah?
- ¡Me cagué del susto! - Tienes razón...
Tengo razón, obviamente. Me voy a calmar.
La cagó, Jaime. Tiene huevo ahí, sí.
Pero ¿cómo me va a meter esa vaina ahí sin decirme? ¿Esa era la idea?
La idea era haber sacado eso hoy. Lo siento.
No sé por qué me metió esa vaina. Coja las...
No necesita las llaves, pero coja y me saca esa mierda ya.
- ¡Ya! - Qué cagada.
- Sí, huevón. - Perdón.
Qué cagada. Qué cagada.
Baje, no necesita que todos se enteren.
¿Para qué mete esa mierda?
- Gonzalo. - Sí, Gonzalo es feo.
Van a ser 50. En total le traeré 50.
- Sí. - Voy a invitar a 50 personas.
- Uno tras otro, en doble. - A ver...
- No. ¡No! - ¿Sí o qué?
¡No, Cata! ¡Otra vez no! De verdad.
- Pero ¿por qué no? - Es que...
- Qué aburrida... - Pero ¿por qué tanta gente?
Tú y yo nos vamos a hacer un fiestón de tres días.
Ya es la hora de la pastilla.
¿Ya la encontró?
Sí, acá está.
Hoy amaneció mal.
Vino el médico.
¿Y qué dijo?
Lo mismo de siempre,
que lo mejor sería internarlo en una clínica psiquiátrica,
pero como yo soy el único que está de acuerdo...
- Los procesos son bien difíciles. - ¡Ay!
¿Y usted cómo sabe?
¿Luego ya estuvo en uno de esos?
¿Y para qué necesita el historial médico de mi papá?
Es con un amigo que estamos montando un Club del Crimen.
¿Y eso qué es?
Es como un homenaje a Sir Arthur Conan Doyle.
Hay que leer, pelado.
Eso fue como por allá en 1903.
Sir Arthur Conan Doyle fue el socio fundador del Club del Crimen.
Reunían médicos, abogados,
periodistas,
policías,
y la idea era resolver crímenes de la época.
¿Y es que piensa resolver el crimen de mi papá o qué?
"Los dolores de cabeza constantes,
el vértigo,
la pérdida de la visión del ojo izquierdo y la afasia
son el resultado del trauma craneoencefálico
provocado por golpe con objeto contundente".
¿Qué piensa?
¿Eso es todo?
Y la víctima tiene amputación en tres dedos de la mano derecha.
¿Qué tipo de persona podría hacer algo así?
Fíjese.
Los cortes en los dedos son precisos.
Eso quiere decir que sabían lo que hacían.
¿Y el golpe en la cabeza?
Lo querían matar, ¿cierto?
No.
Matarlo, no.
Querían torturarlo
y lo hicieron con sevicia.
Yo diría que no le cortaron
los dedos de la mano el mismo día.
Hicieron que sufriera muy lentamente.
¿De quién es esta historia clínica?
De mi papá.
- ¿De su papá? - Sí...
Se lo llevaron cuando estaba muy chiquito y duró como dos semanas desaparecido.
Nosotros pensamos que ya estaba muerto,
pero cuando lo encontraron en una cuneta...
estaba así.
O sea, ya no habla.
Le dieron tan duro en la cabeza que...
perdió la mayoría de sus facultades.
Y pues, obvio, en Colombia...
no hubo una investigación. Nadie está pagando
por lo que le hicieron a mi papá.
En la cloaca corrupta que es este país
casi nadie nunca paga por nada.
Sí. Me voy a echar un cigarrillo.
Vea lo que me encontré.
Las memorias de Vidocq, un Sherlock de la vida real.
Pasó de criminal a ser el padre de la criminalística.
MIS MEMORIAS DE EUGÉNE-FRANÇOIS VIDOCQ
Ya sé, me ha dicho que me vaya a Cali a vivir con usted,
y seguro allá estaría mejor, pero...
tampoco soy capaz de dejarlo.
Sí.
Se lo prometo, sí, hermana, lo voy a pensar.
¿Aló? ¿Carmenza?
¿Con quién hablaba?
Con los pajaritos.
¿Cuándo es que los van a llevar?
Mañana me avisan.
¿Alguien me ha llamado?
Usted sabe muy bien que a esta casa no llama nadie.
Raro, porque estuve revisando
las facturas del teléfono y ha subido mucho.
Todo sube.
Si sigue subiendo, le voy a poner candado al teléfono.
Para que lo sepa.
El colgado.
Es una carta que indica transición interna.
Tiene la oportunidad de una perspectiva nueva.
Saque otra carta.
El diablo, como la oscuridad, nos puede drenar,
como un vampiro,
y es una figura que termina por destapar su propia oscuridad.
Una influencia
que lo está invitando a abarcar este viaje.
Saque otras dos cartas.
Flaco, usted va a poner a prueba su fe.
Va a poner a prueba sus creencias.
Va a dejarlo todo y a todos.
- Y sí, fue grave, pero... - No me digas.
Fue grave, obviamente, contigo. Fue muy grave.
- Ajá... - Pero no... no va a volver a pasar.
- Evidentemente. - No va a pasar.
Simplemente, cuando esté perdido, recuerde
que cuando se le arroja luz al vampiro,
este se convierte en polvo.
Conocí a un joven
que podría ser un muy buen candidato para el programa.
Es inteligente, comprometido.
Está fracturado.
Es vulnerable.
Salgado...
¿Usted no estará por ahí
compartiendo toda la información
del programa con su amigo?
No, claro que no.
Lo que sí he estado haciendo es grabar el método, mi mayor.
¿Grabar? ¿Cómo así?
Sí, en un casete, con una grabadora.
Me parece importante dejar memoria.
Jeremías...
todo lo referente al programa
es estrictamente confidencial.
Y lo tengo claro.
Pero, como van las cosas en este país, hay que estar preparados.
Mañana se monta la guerrilla, ¿y qué?
Hay que dejar constancia.
Este muchacho que le digo que conocí tiene una historia de violencia,
por eso es importante que me ayude a conseguir una información
para poder activarlo.
¡Uy! Perdón.
¡Ay!
Lorencita me dijo que me estaba buscando.
Qué pena no haber ido a la clase, es que tenía un tema familiar...
Señor León,
sus asuntos familiares no son un tema que me desvele.
No se preocupe, gracias.
Igual, tiene la falta.
Vea, profe... Bonilla.
Sé que las cosas entre los dos han estado un poco tensas
y, pues, no son exactamente las mejores relaciones,
- pero yo sí de verdad necesito graduarme... - A ver, a ver, señor León. Eh...
Para empezar,
entre los dos no hay cosas.
Usted ocúpese de lo que tiene que ocuparse y ya está.
No lo mandé llamar por el tema de la inasistencia.
Eso no es mi problema.
Lo que sí es mi problema
es que hace una hora estuvieron aquí en la facultad
preguntando por su excompañero de estudios, Jaime Linares.
Tienen información de que anda por Bogotá.
¿Y quiénes preguntaron?
También preguntaron por sus amigos más cercanos.
Yo, obviamente, le dije a estos agentes
que no tengo la más mínima idea de la vida privada de mis estudiantes,
pero, señor León,
lo último que yo quiero para esta facultad
es que nos ensucien con temas políticos.
Este es el universo del arte, de la cultura, de la literatura,
y no vamos a patrocinar ningún facineroso, directo o indirecto.
A la más mínima sospecha
de que usted o alguien se está involucrando con esos temas,
no nos va a temblar la mano para expulsar al estudiante,
no sin antes haberlo entregado a las autoridades,
por más que el bandido se crea un poeta.
¿Entiende lo que le estoy diciendo?
¿No era la llamada que estaba esperando?
Apuntes para la implementación del programa, día diez.
El candidato baja la guardia a medida que el Club del Crimen avanza.
Queda demostrado que los ejercicios literarios
son una herramienta eficaz en este caso.
Es fundamental encontrar sus puntos de interés,
fortalezas y debilidades.
Son puertas de entrada a su mente.
"Dos meses en los que, lentamente, le iban a deshojar la piel
como hojas de una margarita.
Este solo sería el principio.
Luego vendrían los demás.
Los responsables de haber cometido el peor pecado capital.
Darse la vuelta para no mirar".
¿Y estos escritos dónde los encontraron?
Algunos entre libros y entre otros objetos
que la policía descubrió en el cuarto del asesino, de Salgado.
Después dicen que son...
¿Cómo le llaman a esta mierda?
"Ejercicios literarios".
O parte de un plan.
Acuérdese de que no podemos descartar nada.
Bueno, hágale, a ver. Hágale, a ver. Suéltela.
¿Cuáles son las hipótesis?
Pues, bueno, la más obvia: un brote psicótico.
Y la más enredada, pero muy posible,
es que Salgado hubiera estado buscando a alguien en particular en ese restaurante
y que se le hubiera salido de control.
O tal vez que este tipo...
este tipo tenía un historial desconocido.
Que había podido cometer crímenes antes, incluso fuera de Colombia,
y eso había pasado desapercibido.
Como un asesino serial.
O asesino a sueldo. Podría ser.
Venga.
¿A usted por qué le interesa tanto este caso?
Porque me parece que aquí hay una oportunidad.
Ay, ya sé.
Ya sé por dónde va el agua al molino.
Mario...
Detrás de este caso hay una historia
y una historia grande. Todos mis instintos me lo dicen.
¿Sus instintos no le dicen que jamás le van a devolver
la licencia de psicóloga
y que nunca la van a restituir en su puesto de perito judicial?
Si eso es lo que está buscando.
Era la mejor.
La mejor, y usted lo sabe.
Por eso me viene a pedir ayuda con esa mierda de casos de ahí...
No, usted no era la mejor.
Usted es la mejor, pero tiene que abrir la cabeza
a la idea de que jamás va a poder volver.
¿Y usted qué? ¿Mm?
¿Va a seguir ahí en interceptaciones
el resto de su vida en vez de hacer lo que realmente ha querido hacer?
Por favor.
Usted es un tipo brillante.
Investiguemos, ¿ah?
Arriesguémonos juntos.
A mí este caso... no me gusta.
Por alguna razón lo cerraron.
Precisamente por eso
es que nuestra misión es que lo vuelvan a abrir.
¿Mm?
Elena.
Me gustaría que nos viéramos y poder hablar, y...
Y yo necesito hacerle unas preguntas de cosas que no me acuerdo.
Elena, contésteme.
Bueno, chao.
Gracias por venir, maestro.
Yo también quería hablar con usted.
Gracias.
- Mire... - ¿Por qué Jeremías lo hizo?
Usted lo conocía mejor que yo.
Y lo que hizo Jeremías fue tétrico.
Fue horrible.
- Pero de todas formas... - Lamenta su muerte, hombre. Sí.
No se culpe, hombre.
No podíamos saberlo.
No estoy tan seguro, profe.
No estoy tan seguro porque no me acuerdo.
No me acuerdo de qué hice los días antes de la masacre.
¿Por qué no se acuerda?
Porque yo sufro una condición
desde lo de mi papá,
y hace rato que no me había vuelto a pasar, pero...
Pero sufro de fugas y amnesia disociativa,
y hay días en donde no me acuerdo de en dónde estuve
o qué hice, o quién soy.
Y a veces tengo imágenes...
pero esta vez es como un agujero negro.
Y tengo miedo, maestro.
En este caso, su miedo es señal de cordura.
Tranquilo,
aunque la cordura y la felicidad no combinen.
Y no lo dije yo.
Alguien lo dijo. No me acuerdo de quién.
Oye, recíbame esto, que está muy caliente.
Voy a estar un tiempo por fuera...
¿Se va de viaje?
Algo así.
Solo quería que supiera que, de todos mis alumnos,
fue por usted
por el que yo aposté como escritor.
No se le olvide eso, ¿ah?
¿Está bien, señor?
Sí, llamen a la ambulancia, por favor.
No lo levanten.
- Cuidado. - ¿Está bien? Perdón.
Qué pena. Qué vergüenza, se me fue el freno.
- Sí... - Levántele de la espalda.
Venga, lo llevo a una clínica.
¿Y si tiene la espalda jodida? ¡Ambulancia!
- Ya. - Todo torcido...
Oiga, venga...
¡Jefe! ¡Camine y lo llevo a una clínica!
¡Aprenda a manejar!¡Ah!
¡Marica! ¡Me asustó!
¿Qué fue todo eso?
Ese man lo estaba siguiendo.
Vea, yo sé que usted no es periodista, ¿sí?
Si no me dice la verdad, esta conversación se acaba ya.
- Si no es policía, ¿por qué está armada? - Porque ando en un taxi y soy mujer.
¿No le parece suficiente razón para andar armada?
Mire...
Yo también sé cosas suyas.
Yo sé, por ejemplo, que estuvo el día de la masacre en San Marzino.
¿Está segura?
No sea divino.
¿Dirá que no se acuerda? Porque ese cuento no me lo como.
¿Sabe qué? Yo tampoco me le como su cuento.
Ahí están los tipos que torturaron a su papá.
Jorge Ocampo Piedrahíta
y Rodrigo Azuero Giraldo.
Los dos están vivos.
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