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¡Alce!
¿Listos? Esta vez a por el récord. Uno, dos...
- ¡Un alce! - ¡Sticks!
¡Estaba a punto de ganar un juego sin sentido y sin importancia!
Gracias por nada.
¡He visto un alce!
- ¡Un alce bizco! - ¿Y?
Cruzarse en el camino con un alce bizco
trae una maldición a quien se ha cruzado con él y a sus amigos.
¿Es que no sabéis nada de ciencia?
Sticks, las maldiciones no existen.
¿Y por qué has perdido la competición de apnea?
¡La maldición! Ahora todo tiene sentido.
Podéis dudar de mí, pero os protegeré igualmente
porque soy buena amiga.
Y me distrae de los agentes del Gobierno
que sustituyen mis plantas por violines.
¡Exacto! ¡Os tengo fichados!
- ¡Mi jarrón! - He ganado.
Puede que la maldición haya roto el jarrón, ¿no?
Sí. La maldición del tejón loco.
¿Ahora hay dos maldiciones?
Pero qué...
Oye, Tails, tu casa está...
¿Rodeada de absurdas trampas de Sticks?
Sí.
Sonic, ¿cómo estás?
Colgado.
No, no me he dado cuenta de nada.
Aunque ahora que lo dices...
Esto me está cansando.
Sí. Y esta vez ni siquiera he traído un bocadillo.
Vale, sé lo que estáis pensando.
Los espíritus malos no han puesto las trampas.
¡He sido yo! Para protegeros.
¿Del peligro de que llamen a la puerta?
No, de los espíritus malignos que he mencionado anteriormente.
¿No prestáis atención? No se trae nada bueno.
Os devorarán el alma, la masticarán y las escupirán.
Esta maldición es espantosa y asquerosa.
¿Hay una manera menos intrusiva de protegernos?
Cuenta la leyenda que si encontramos un tití
con una raya blanca en la espalda y una cola en forma de “W”...
¿En forma de “W”?
¿Te importa? ¿Por dónde iba?
Solo un mono así podría romper la maldición.
¿Qué preferís? ¿Las trampas o el mono?
¿Es este el camino más fácil?
¿Más seguro que...? No lo sé. ¿Aquel de allí?
¿Cómo? La maldición nos alcanzará en campo abierto.
Este camino nos protege de la mala suerte.
Y de los volcanes. Y de los malditos mosquitos.
Y de la razón, de la lógica. De las máquinas de chocolatinas.
Estoy de acuerdo con ser cauteloso, pero...
¿Me echáis una mano?
¡Lo conseguimos! Menos mal que cogimos el camino seguro.
Sí.
Menos mal.
- Disculpe, señor, nosotros... - A ver si lo adivino.
Habéis visto un alce bizco y creéis que existe una maldición.
- ¡Sí! Yo... - Pues sí que la hay. La mía.
Mi maldición es que los crédulos creen en estas cosas y me molestan.
Pero yo ya no trabajo en el campo de las maldiciones.
Todo ha ido bien. Ahora vámonos a casa.
¡No! ¡Estaré maldita para siempre!
¡Ayúdeme, por favor! ¡Por favor, por favor!
¿Vas a seguir aporreando la puerta hasta que te ayude?
Más o menos.
¿Por qué me haría rompe-maldiciones?
Debí haber sido dermatólogo como mi hermano.
Nunca se enfrenta a asuntos desagradables.
Está bien, está bien. Romperé la última maldición.
¡Gracias! Gracias, gracias.
No hagas que me arrepienta de mi decisión.
¡Lo siento! Lo siento, lo siento.
Lo siento.
De acuerdo, si quieres que rompa la maldición,
tú y tus amigos tenéis que demostrar que sois dignos de ello.
¿Cómo?
Os asignaré una serie de tareas
para que demostréis que sois de corazón puro.
Si las realizáis con éxito,
os liberaré de la terrible maldición del alce bizco.
Pero os aviso,
muchos lo han intentado y han fracasado.
¡Lo lograremos! Garantizado al cien por cien por Sonic.
Vale, muy bien. Esta es la lista.
Tenéis que acabar antes de las cinco. Tengo una cena. ¡Hasta luego!
Antes de que se vaya, ¿puede echar un vistazo a este sarpullido?
Creo que soy alérgico a la saliva de pez.
¡Pues sal de ese pez!
¿Recoger aguacates demuestra que nuestro corazón es puro?
¿Y cómo demostramos que nuestros aguacates son puros?
Acabo de confundirme a mí mismo.
Si esto es lo que quiere para romper la maldición,
deberíamos hacerlo sin preguntas. ¿Ahora tenemos que exprimir limones?
Técnicamente, has hecho una pregunta.
Técnicamente, cállate.
"¿Buscar los tomates más maduros en el bosque?"
Luego machacarlos con la piedra más dura de la montaña.
Un momento...
Nos ha hecho hacer guacamole.
¡Y habéis tardado un montón!
Espero que esto demuestre que somos dignos.
Aún no. También tenéis que...
...lavar esta ropa en las aguas más puras del río...
Vale. También le haremos la colada.
Estoy empezando a pensar que ese tití es la maldición.
Más vale que huela a limpio.
Los titíes son unos animales muy sucios.
He venido por una maldición de un alce bizco.
¡Ya no trabajo rompiendo maldiciones!
Yo no creo en las maldiciones.
Pero mi contable me aconseja diversificar los negocios,
y he pensado en romper maldiciones. Y tú trabajarás para mí.
No, gracias.
¿En serio? Mi risa diabólica suele ser convincente.
Ya veo, quieres negociar. Un tira y afloja. Un toma y daca.
Vale, empiezo yo. Secuaces, ¡al ataque!
¿Eggman?
Nunca pensé que diría esto, pero ¡es un placer verte!
Acababa de plegarla.
Eso es por la colada.
¡Me habéis tirado la ropa al suelo!
¿Qué pasa con la responsabilidad personal?
Tú vienes conmigo, mono.
Para ti, señor mono. Y también para los demás.
Mis padres eran hippies,
y me pusieron uno de esos nombres de moda.
¿Está bien?
Como una rosa. Me encanta que un loco destruya mi casa.
¿Estás chiflada?
Si no le gusta nuestra ayuda,
seguro que habrán más titíes encantados de ayudarnos.
Yo soy el único, pero te entiendo.
Haré lo que queráis con tal de que os deshagáis de él.
Como decía mi tía abuela, ni retirada, ni rendición.
¡Retirada! ¡Rendición!
Nos veremos, carahuevo.
Mirad qué desastre.
¿Y eso de: "haré lo que queráis"?
Habéis estropeado mi colada, pero me habéis salvado la vida.
Así que romperé la maldición del alce bizco.
¡Sí!
Levanta la mano derecha.
Espera, eso en las bodas.
Quedaos ahí y no pongáis cara de bobos.
Blabidi bla bla bla.
Dongiddy diddy do. Wabba wabbabam. ¡Eh!
La maldición está rota. Ya está.
- ¡Hecho! - ¿Ya está? ¿Todo ha terminado?
¿Qué esperabas? ¿Un desfile? Ya no hay maldición. ¡Largaos!
El guacamole no se va a comer solo.
¡Soy libre! ¡Libre de la maldición!
¡Libre para vivir en libertad! ¡En libertad!
Y nosotros libres de tus supersticiones.
¡No! Una araña de siete patas y de color malva.
Por favor.
¡Son once años de mala suerte!
Hay que ir al lago Yennyhaha y bañarnos en el barro.
¡Bum! Fuera maldición.
Subtítulos traducidos por Mercedes Del-Alcazar
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