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Salai Dororah,
Idororah, Idororah Salai
Dororah
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Pues son frases que dije que quiero conservar. Son frases
cariñosas, llenas de amor sincero. Es una pena
oculta por la que muero, muero.
Con este son ya nueve los atentados cometidos esta semana en la costa
mediterránea. Numerosos contingentes policiales vigilan permanentemente las
instalaciones turísticas para impedir la actuación de los comandos terroristas.
Esta vez tampoco hay que lamentar víctimas puesto que el hotel pudo ser
desalojado ya que previamente...
la organización terrorista había anunciado mediante una llamada
colocación del artefacto explosivo.
Yo tengo muy emocionado el encargado.
Sorry. Yo vendré otro día.
Si te portas bien con lo de la pasta, claro.
Porque hay money.
Here you are.
Thank you very much, lady.
Su Martini, señora Marquesa.
Gracias, Pepe.
Yo no soy Pepe. Ese es mi compañero. Yo soy Rafael.
Ah, es verdad.
Pues gracias, Rafael.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa a ti?
Salud.
Estamos desalojando el hotel.
Hay una amenaza de bombas. Tiene que abandonar la habitación, señora.
Vámonos, entretenga. Puede estar aquí en su misma habitación. Vamos, vamos, de
prisa.
Venga, vamos, vamos, de prisa.
Pero, coño, ¿qué haces tú aquí?
Tranquilidad, señores. Calma. No ha pasado nada.
La bomba ya ha estallado sin daño para nadie. No hay ningún peligro. Los
clientes del hotel pueden volver cuando quieran a sus habitaciones. No hay
ningún peligro.
Toma.
Atención, por favor.
Señoras y señores.
Pásese por la oficina a recoger la cuenta.
Está despedido.
Sí,
dígame. Soy yo, Rafael.
¡Hombre! ¿Cuándo has llegado?
Pues ahora mismo. Acabo de llegar.
No creas que es fácil encontrar trabajo aquí, tal y como están las cosas, ¿eh?
Pues vaya ruina.
Mira, ¿te gusta?
Tienes gracia, muñequito.
En una almoneda te darán algo por esto.
Ando mal de dinero, ¿sabes?
Me gustaría poderte ayudar más, pero... No, déjelo.
Yo no quiero dinero.
Lo que me gustaría es que me encontrara un trabajo.
Ya sé que es difícil.
Pero usted conocerá a gente importante.
Y seguro que... Eres un buen chico, Rafael.
Yo he conocido a muchos muchachos como tú, ¿sabes? A muchos.
Mañana intentaré conseguirte un empleo. ¿Dónde?
Voy a comer a casa de Fernández Herrador. ¿Sabes quién es?
El ministro, hombre.
¿Ah, sí? ¿Y me dará trabajo?
Bueno, en su casa siempre necesitan servicio.
Creo que será posible.
Tal y como estoy, cualquier cosa me vendría bien.
El paro no es únicamente un problema nuestro.
Todos los países lo sufren.
Claro que ya se sabe.
Es un buen pretexto para la demagogia de unos y otros.
Si es que sois un gobierno cada vez más débil. Dejáis que los obreros hagan
huelgas, que se rían de los empresarios, incluso hasta que les amenacen. Y eso
no puede ser, Antonio.
Tú lo sabes tan bien como yo.
Pero otra vez estáis discutiendo de política.
¿Y tú, Leonor?
¿Qué tal las vacaciones?
Aún no me has contado nada.
Me imagino que pasarías muchísimo miedo el día de la bomba.
¡Uy! Fue horrible, horrible.
No os podéis imaginar qué impresión. Estaba yo en la habitación cuando de
repente empezamos a oír golpes en la puerta.
Empezasteis. ¿Pero con quién estabas?
Pues con mi perrito.
¡Ay, qué barbaridad!
¡Qué susto más horroroso!
Perdón, señor.
Ha venido un hombre que insiste en verle. Pero, Angelina...
¿No le ha dicho que hoy no se reciba en visita? Sí, señora, ya se lo he dicho.
Pero me ha dado esta tarjeta para usted.
Dice que es muy urgente.
Hágale pasar a la biblioteca.
Enseguida la recibo.
¿Ocurre algo, Antonio? No, nada.
Disculpadme, enseguida estoy con vosotras.
Ya ves, Leonor.
Ni los domingos le dejan en paz.
Claro. Ellos se creían que gobernar este país les iba a ser fácil.
No me explico cómo se le ha ocurrido venir a mi casa.
Y en un día de fiesta.
Lo siento, señor ministro, pero hay novedades muy graves, muy alarmantes.
¿Qué ha sucedido?
Un funcionario de su ministerio ha descubierto datos muy comprometedores.
¿Cómo que un funcionario? Sí, señor ministro.
Pues habrá que hablar inmediatamente con él. No creo que resulte difícil. Sí,
señor ministro, muy difícil.
Sabemos que es un infiltrado de la oposición.
¿Pero cómo no se habían dado cuenta antes?
En todos los ministerios hay funcionarios que militan en la
ustedes dicen, constitucionalmente inevitable.
Lo que no teníamos detectado es que este hombre no era un simple militante. Es
un agente comunista.
¿Qué ha descubierto exactamente ese funcionario?
Todo.
Verás, Teresa, me gustaría pedirte un favor ahora que no está Antonio.
Bueno, quiero decir que me lo puedes hacer tú mejor que él.
Pues dime, Leonor. No te preocupes, no se trata de dinero.
Ni tampoco en esta ocasión quiero vender nada.
Quiero pedirte un trabajo para un amigo mío. Pero, Leonor, eso tienes que
hablarlo con Antonio.
No, un trabajo aquí, en la casa.
A ver, explícame cómo es ese amigo tuyo. Pues es un chico de 23 años.
Trabajaba de camarero en el hotel de la costa. ¿Dónde la bomba?
Exacto.
Le estoy muy agradecida, ¿sabes? Se portó conmigo como un auténtico héroe.
sí? Sí.
¿Y casi se puede decir que le debo la vida?
No sabíamos que hubieses pasado tanto peligro.
Por favor, Teresa.
Te agradecería mucho que le dieras un trabajo.
Te lo agradecería muchísimo.
¿Podría trabajar en el jardín?
Desde que se os murió aquel jardinero tan viejecito, lo tenéis muy descuidado.
Pero él sabe de jardinería.
Bueno, es un chico muy listo. Enseguida aprenderá.
En fin, ya veremos.
Que venga a hablar con Mar.
Menuda lata me ha dado la de Montenegro.
¿Y qué quería esta vez?
Quiere que le demos trabajo de jardinero a un amiguito suyo.
¿Y tú qué le has dicho?
Que se pase por aquí.
Realmente necesitamos a alguien que cuide el jardín.
Tú verás. Pero ten cuidado. Ya sabes lo liante que es esa mujer.
No te preocupes.
Marta se encargará de ver qué pinta tiene ese muchacho.
Ya sabes que tiene mucho tacto para elegir el personal.
Bueno, vosotras sabréis.
Por cierto, Antonio.
Esa visita tan urgente... ¿Qué era?
¿Alguna noticia grave?
No, nada.
Cosas del ministerio.
Perdón. Está preparada la cena, señores. Cuando ustedes deseen. Ahora mismo
vamos, Angelina.
Hola, Rafael.
Hola.
¿Qué hay de ese trabajo?
Creo que te van a colocar en casa del ministro.
¿Seguro?
Hombre, eso creo. Esta tarde tienes que pasarte a hablar con la secretaria.
Pero, ¿usted con quién ha hablado?
Directamente con la señora de la casa. Está casi convencida. Lo malo es que
Marta, la secretaria, no me puede ni ver. Y basta que vayas de mi parte... En
fin, tú procura causarle buena impresión.
Aunque dudo que hasta a ti a ningún hombre le cause buena impresión.
¿Tiene experiencia en jardinería?
Pues, verá, yo... En realidad nunca he sido jardinero, pero... Entonces lo
siento mucho, pero no nos sirve.
Necesitamos a alguien con experiencia.
Este no es un trabajo sencillo.
Buenas tardes, Teresa.
Buenas tardes. Buenas tardes. Este es el joven que envía a la marquesa de
Montenegro para ocupar el puesto de jardinero. Pero es que no puede ser,
no conoce el oficio.
Bueno, yo me he criado en el campo.
En mi pueblo había muchas plantas y flores.
Otra cosa no habría, pero flores no vea. ¿De dónde eres?
De Betina Clara, provincia de... De Betina Clara, de por allí era mi abuelo.
¿Ah, sí? ¿De dónde? De Almohacín.
Vaya, pues... Pues bien cerquita que está de mi pueblo, sí, señora.
Si vieras qué jardín más bonito tenía mi abuelo.
Todo lleno de bugambillas, de nardos, de jazmines, de adelfas.
Di que sí, hombre.
Allí sí que hay flores bonitas.
Me encantaría tener un jardín como el de mi abuelo.
Tendrás que arreglarlo mucho.
Desde que murió el señor Julián aquí no ha vivido nadie.
Toma.
Ya me apañaré.
No vea lo bien que me viene ahorrarme la pensión.
A ver si te portas bien, ¿eh?
Que has entrado en una buena casa.
Y a ver, hasta el alojamiento te soluciona. Me lo haré lo mejor que
preocupe.
Chema, ¿qué haces ahí?
Bájate inmediatamente.
¿No te he dicho que no te subas a los árboles? Vale, mamá.
Querida madre y hermana, espero que al recibirla presente estéis bien. Yo aquí
me encuentro muy contento y el trabajo me gusta mucho.
Aunque no es lo que a mí me gustaría hacer, pero me imagino que pronto
encontraré algún apaño mejor.
Estoy conociendo a gente muy importante y eso es lo que más vale.
En cuanto cobre, os mandaré algo de dinero.
Os quiere mucho y os manda muchos besos.
Vuestro hijo y hermano Rafael.
¿Qué pasa, colega? Dándole a la manguera, ¿eh?
¿Ya ves?
Pues móntatelo bien, porque esta casa es la hostia. Sobre todo en el que al
señor lo han hecho ministro.
Y a todo esto, ¿tú de qué trabajas aquí?
Yo, pero si yo no curro, tío.
¿Entonces?
Mi madre, ya la conoce.
Es la chacha de confianza.
Lleva en la casa la tira.
Ah, la señora Angelina.
Mira, tío, ahí las tienes.
La señora está buena, pero la secreta de Bute.
Pero, ¿de quién es secretaria?
¿De ella o del ministro?
A saber, colega. Lo que es descarado es que la secreta es la que manda en la
casa. Y no vean la mala leche que se gasta.
Para mí, colega, que hasta dos lavar el bollo en cantidad.
Ya sabe el ministro con las cosas. Voy a abrir la verja.
Tía, qué movida.
¿Se encuentra bien, superministro? Sí, estoy bien. Los cristales blindados han
resistido perfectamente.
Pero se han descoscarillado un poco. Atentado en casa del ministro Fernández
Herrador.
Atentado en casa del ministro Fernández Herrador. Al jardinero le han dado.
Bate la ambulancia, bate la ambulancia.
Rápido, por favor, rápido.
Ya ven ustedes que yo estoy perfectamente bien.
Después haré todas las declaraciones.
1,
2, 3, probando.
Oye, venga, nena, que ya puse el micro.
Pregunta. Ministro, ¿es cierto que había recibido varias amenazas antes del
atentado? No, no, en absoluto.
Bueno, por lo menos nunca a título personal.
¿En qué estado se encuentra el jardinero herido en el atentado?
Bueno, esta pregunta podrá contestársela mejor el doctor Arlindey.
¿Sería tan amable de responderme, doctor?
Presento una herida de bala de poca importancia en el hombro derecho.
Casi a la altura del cuello. Estará dado de alta en pocos días. Gracias.
¿Qué tal te encuentras? Pues muy bien, señor.
Llevo ese visado a tu casa y le hemos dicho a tu madre y a tu hermana que te
encuentras perfectamente bien.
Vamos, Rafael, que no se diga que uno de Medina Clara se asusta por un rasguño.
Es que no, señora, que yo no me asusto de nada.
Paso, paso, déjeme pasar. Rafael, pobre chiquillo mío.
¿Pero qué te han hecho? Pues ya ve.
Un héroe.
Este chico es un héroe.
Una víctima más del terrorismo. Una medalla habría que darle. No, señora,
no he hecho nada.
Yo estaba al lado de la verja y...
Heroico y humilde como los auténticos trabajadores.
No como esos que tanto piden y piden.
Vamos, Leonor, tampoco hay que exagerar. El chico está muy bien.
¿Qué pasa? No saludas más que a los héroes. Ay, Teresa.
Perdóname, pero es que realmente estoy muy turbada.
Hola, Marta.
Bueno, Leonor, a mí no me dices nada. Yo también he sido un poco héroe.
Si te lo decía yo el otro día, ¿se atreven a haceros de estas canalladas?
sois un gobierno débil.
Hola.
Buenos días, señora.
¿Cómo te encuentras?
Pues ya estoy bien del todo.
No deberías trabajar con la podadora.
Se te puede resentir la herida.
Eva, además me ha dicho el médico que me conviene hacer ejercicio.
Ya tengo ganas de quitarme esta venda.
Tranquilo.
Espera que te lo diga el médico.
Relájate.
¿Sabes que hace casi tres meses que Antonio y yo no hacemos el amor?
Bueno, ya sabes.
Algunos hombres cuando consiguen el poder ya tienen suficiente con eso.
No es un problema nuevo.
Me ocurría ya antes de ser ministro.
Vamos que... Siempre ha sido así.
Me lo imaginaba. Lo que pasa es que tú nunca me has querido hablar de estos
temas.
Pues ya ves.
Eres la persona en quien más confío.
Si no te lo he contado a ti es que no se lo he contado a nadie.
Ni siquiera a mí misma.
¿Y ahora?
¿Qué ocurre?
¿Por qué me lo dices?
Esta mañana me ha ocurrido algo extraño. ¿Ah, sí?
Estaba hablando con Rafael y... ¿Con el jardinero?
¿Y qué pasó?
Nada. Te parecerá una idiotez.
Pero viéndole, no sé.
Sentí aquellas sensaciones de cuando tenía 15 años y empezaba a descubrir el
sexo.
De pronto vas a pensar que soy tonta, ¿verdad?
No, Teresa.
Que va, es normal que te acaben ocurriendo esas cosas.
Buenas noches, Rafa. Buenas noches.
Quería hablar contigo. ¿Puedo pasar? Claro.
Gracias.
Mire, precisamente acabo de preparar café.
¿Te apetece?
Bueno.
Mira, yo en esta casa no solo soy una secretaria particular.
Superviso el funcionamiento de todo.
Como las antiguas amas de llave.
Ya.
Por eso quería hablar contigo.
Me gustaría saber qué tal te resulta el trabajo.
Ah, yo estoy muy contento.
Lo que quisiera saber es si los señores tienen alguna queja de mí.
No, no, todo lo contrario.
Los señores se preocuparon mucho cuando te hirieron en el atentado.
Pero estate tranquilo.
Se han aumentado las medidas de seguridad y es muy difícil que vuelva a
una cosa así.
¿Te has acostado muchas veces con la Marquesa de Montenegro?
¿Cómo?
Hombre, que yo sé cómo se las gasta esa señora.
También sé que no se conforma fácilmente.
Todas las mujeres que se acuestan conmigo se quedan conformes y muy
¿De qué se ríe?
Me hace gracia el entusiasmo que le echas.
Se ve que eres un buen profesional.
¿A qué ha venido?
¿Arriesga de mí?
No, Rafael.
He venido para saber hasta qué punto eres fácil de conseguir.
Yo soy un hombre.
Y cuando una mujer me busca, me encuentra.
¡Ah! ¡Qué macho eres, eh!
Eres tan macho que te puede encontrar hasta una vieja como la Marqueja de
Montenegro. Oiga, yo lo que... Mira, Rafael, tú eres un chulo.
Pero... Rafael, para lo que yo quiero proponerte...
Es mejor que todo esté muy claro.
¿Qué me va a proponer?
No es posible.
No es posible. ¿Cómo ha podido enterarse ese funcionario?
Entonces lo sabe todo, ¿no?
Un oscuro.
Un insignificante funcionario.
Y están seguros de que milita con ellos.
¿Y cómo le han dejado llegar hasta aquí?
¿Cómo? ¿Cómo?
Antonio, ¿qué te pasa?
Estamos hablando entre sueños.
Tenía una pesadilla.
A sus órdenes y que cerraran.
¿Alguna novedad?
Ninguna. Todo está tranquilo.
Bien.
¿Qué pasó ayer con la checa?
No, voy a tratar unas cosas de trabajo.
Ya, esa aunque vaya torta y se la debe tragar de volar.
Venga, tú, chiquillo, déjame en paz.
Tengo mucho que hacer.
Vale, vale, colega, que para eso te pagan.
Para que le dé bien con la manguera.
Mira, Rafa, yo siempre he estado segura de que esas dos mujeres están liadas.
Llevan juntas toda la vida.
Sí, porque Teresa y Marta... Eran las dos secretarias de Antonio antes de que
fuera ministro.
Las dos trabajaban como secretarias. Y de repente, pues mira, Teresa lo cazó.
Y menuda boda, chico. De secretaria a señora importante.
Pero se le nota, ¿eh? Yo hay veces que la veo así, muy bien vestida, y me
digo... Muy elegante, pero en el fondo sigue teniendo pinta de mecanógrafa.
parece que el ministro se casó con las dos.
Uy, no te creas. Por lo que yo sé, ese ni con una sola puede.
Pero ¿sabes lo que pasó? Que cuando Teresa se casó con él, lo primero que
fue meter en casa a Marta. De relaciones públicas o vete tú a saber de qué.
Pero entonces yo, ¿qué hago metido en medio de todo este rollo?
¿Qué pinto yo en todo esto?
Aprovechate, tonto.
Aprovechate.
Eres demasiado joven y demasiado guapo.
Y te mereces algo más que ser jardinero y tener un amante como yo.
Te mereces algo mejor, Rafael.
Volver a ganarle, Marta.
Sí, Marta acaba ganándole siempre.
Por cierto, Teresa, no me has enseñado el jardín. Y he visto al entrar que está
muy mejorado. Pues vamos, te lo enseño ahora mismo.
Mira, aquí hemos plantado rosales.
Rojos, rosas, blancos.
Y además de distintos tamaños. Pues cuando te florezcan todos vas a tener un
jardín maravilloso.
Oye, Teresa, ¿cuándo vas a venir por casa a tomar el té?
Hace mucho que no vienes.
Estos días estoy muy ocupada, Leonor.
Ya sabes, mi casa debe traerte buenos recuerdos.
Allí fue donde formalizasteis vuestras relaciones, Antonio y tú, ¿no te
acuerdas? Mira, aquí hemos plantado petuñas.
Mi casa sigue siendo un sitio muy discreto.
Sin un guardaespaldas detrás de cada puerta, como aquí.
Oye, Teresa...
Rafael libra los viernes por la tarde, ¿no?
No sé.
No seas chiquilla.
Ya sabes que yo conozco muy bien la vida.
Y además soy amiga de mis amigos.
Y muy discreta.
Tanto como mi casa.
Ya te he dicho que estos días ando muy ocupada preparando la fiesta de
cumpleaños de Antonio.
Bueno, pues cuando pase lo de la fiesta.
¿Qué peinado crees que me iría mejor?
Recogido por detrás. Sí.
Con la frente despejada.
Estás guapísima, Teresa.
Te sienta muy bien ese vestido.
¿Puedes estar seguro de que te va a salir carísimo? ¿Viene por fin el
presidente? Sí, llegará aproximadamente a las diez.
Parece que se retrasa el precio.
Estará pensando qué chaqueta ponerse esta noche.
Hola. Buenas noches. ¿Qué tal? Mi general.
Muchas felicidades. Mi esposa. Hola.
Encantado. A sus órdenes.
Hasta luego.
Ya sea por muchos años, Antonio. Gracias, José Pedro. Y tú que lo veas.
ayer en el Congreso. ¿Qué tal, Raquel? Muy bien.
Hola. Martín.
¿Cómo estás? Felicidades.
Luego nos vemos.
Feliz cumpleaños. Adiós.
Bueno, profesor. Felicidades, Antonio.
Felicidades. Muchas felicidades, Antonio. Gracias.
Eminencia.
Mi esposa. Mucho gusto, señora.
Felicidades, señor ministro. Su santidad me ha pedido que le transmita su
felicitación. Muchas gracias. Y a usted también, señora.
Menuda movida han dado los jefes, ¿eh?
Le pilla un costo guapísimo.
¿Qué, te hace un chile?
Vale, pero ten cuidado.
Buah, está la casa llena de maderos. Pero yo paso de ellos, colega.
¿Y qué?
¿Te has quedado ya en la menestra?
Va, déjate de tonterías y líate el canuto.
¿Qué tal, Paco?
Muchas felicidades, Antonio.
Gracias, presidente.
Gracias por venir.
A un panal de rica miel.
Cien mil moscas acudieron.
¿Decía algo, señora Marquesa?
Nada. Viendo cómo se apiñan junto al presidente, me estaba acordando de una
vieja fábula.
Ah, ya.
Nunca le he caído yo a usted bien, ¿verdad?
Yo soy una profesional, señora Marquesa.
Tengo la obligación de que me caigan bien todas las amistades de esta casa.
Estoy segura de ello.
A lo que se ve es usted una fiel cumplidora, incluso para los más
servicios. ¿Qué quiere decir?
Mire, Marta, usted también me cae a mí bastante mal.
Pero creo que va a ser necesario que olvidemos nuestras antipatías.
Usted y yo tenemos que hablar.
¿De qué? De lo que más nos interesa a las dos.
Teresa y Rafael.
¿Cómo pega este costo, eh?
Oye, Chema, tú no tienes padre, ¿verdad?
Hombre, colega, padres tenemos todos.
Bueno, quiero decir que la señora Angelina es soltera, ¿no?
Mi vieja se olvidó que antes de que yo naciera.
Y un día apareció con una tripa en casa.
Y los señores que iban de buenos, pues la dijeron, nada de abortar a Angelina.
Debes parir y te dejaremos que te traigas para aquí al crío.
Y para mí, que la dejaron preñada en esta misma casa.
O si no, ¿de qué?
¿Quién? ¿El ministro?
Buah, qué va, eso es un picha fría.
Pero cuando estaba soltero, organizaba unos guateques con sus amigotes, que no
veas. Y para mí, que uno de ellos se la entoligó una noche, y zas, la puso
una varita. Y ale, aquí me tienes.
Rafael.
Rafael.
Ay, qué fiesta más horrible.
No hay quien aguante ahí dentro.
¿Puedes venir un momento conmigo?
Oye, ven mañana a mi casa a las cinco.
Te tengo preparada una sorpresa.
Las cinco y media. Me tengo que ir a una cita urgentemente. Bueno, nos vamos
todos, ¿no? Por Dios, Teresa.
Estáis en vuestra casa.
Todavía no he perdido la costumbre de hablarle en francés.
No os preocupéis, no os dará nada de lata.
Además, es muy amigo de Rafael.
Cuídamelo bien, ¿eh?
Ah, estaré de vuelta a las ocho y media.
Hasta luego.
Buenas tardes.
Señora Marquesa, ha vuelto el cobrador de la luz y ha dicho que como no pague
mañana, se la corta.
Mira,
ahora...
Qué gracioso es.
Ya, demasiado palagoso.
No morderá, ¿eh? Morder con esta birria de dientes que tiene.
¿Sí? Señor ministro, ha llegado la marquesa de Montenegro.
Dígale que no puedo recibirla, estoy muy ocupado.
Estaba citada hoy con usted, señor ministro.
Es verdad.
Bueno, hágala pasar dentro de diez minutos.
¿Y bien, Leonor? ¿De qué me quieres hablar?
Prefieres que hablemos sin rodeos, ¿verdad?
Por favor, nos conocemos de sobra.
Ya sabes que estoy pasando una situación económica muy mala.
Bueno, ya en otras ocasiones he tratado de ayudarte.
Pues esta vez me tienes que ayudar mucho más.
Necesito que me facilites un crédito de cinco millones, Antonio.
Leonor, en estos momentos los créditos están muy restringidos.
Hay una gran inflación.
La economía del país no... De sobra, sí, como tenéis la economía del país.
Mira, Antonio, hemos quedado en hablar, claro.
Hace 15 años, tu familia estaba tan arruinada como yo ahora. Y hasta la casa
teníais hipotecada. En una de aquellas fiestas que organizabais, que por
luego os veíais negros para pagar las facturas, yo te presenté a quien tú
Y a partir de entonces todo te empezó a ir bien.
Empezaste a colaborar con ese grupo bancario importante y que en definitiva
acabó haciéndote ministro.
Porque yo, en eso de los votos, ya sabes que no creo.
Mira, Leonor, dentro de media hora tengo que estar en el Congreso de los
Diputados. Será mejor que sigamos esta conversación en otro momento.
Claro, claro, el Congreso.
Tenéis mucho que hablar, mucho que discutir.
Ay, Antonio, el día menos pensado, cuando estéis todos allí reuniditos,
discutir, que si patatín, que si patatán, entrará un grupo de valientes
uniforme bien puesto y os dirán, señores, esto se ha acabado.
Entonces, tendrás que recurrir otra vez a tu vieja amiga, la Marquesa de
Montenegro. Y te darás cuenta de que estos cinco millones no han sido una
inversión.
Se llama Rafael Gómez García.
Nació hace 23 años en Medinaquilla.
Hasta ahora nunca había tenido ningún trabajo fijo.
En los veranos se contrataba eventualmente como camarero en los
costa.
Frecuentemente mantenía relaciones sexuales con mujeres mayores, incluso
a cambio de dinero.
Aunque tampoco se puede decir que fuera un gigolo profesional.
¿Se le conoce alguna militancia o actividad política?
Ninguna. ¿Hace mucho tiempo que se acuesta con la mujer de Fernández
Desde hace tres meses aproximadamente.
Te estoy apuntando con una pistola.
Casi no llevo dinero. No te queremos atracar, queremos que nos acompañes. ¿A
dónde? Venga, vamos.
Pero, ¿qué quieren hacerme?
Tranquilo. Solo queremos que no veas a dónde te llevamos. Cuantas menos cosas
sepas, correrás menos peligro.
No, si yo... Yo no quiero saber nada.
Estate tranquilo.
Venga.
Desatado.
Pero, ¿para qué me han traído aquí?
Tranquilízate. Si no haces ninguna tontería, no tienes nada que temer.
Nosotros sabemos muchas cosas sobre ti.
Sabemos, por ejemplo, que trabajas en casa del ministro Fernández Herrado.
Y también conocemos otros detalles más particulares.
Por ejemplo, que te acuestas con su mujer.
Pero, ¿quiénes ha contado a ustedes eso?
No te pongas nervioso, hombre.
¿Quiénes son ustedes?
Pertenecemos a un grupo armado y luchamos por la liberación de la clase
trabajadora. Porque somos trabajadores, como tú.
No debes sentirte entre enemigos.
Tus enemigos son los mismos que los nuestros, aunque tú no lo sepas.
Son ustedes terroristas, ¿no?
No vamos a entrar en detalles. Ya te informaremos.
Algún día tú y todos los trabajadores como tú comprenderéis que los
no somos nosotros.
Que los terroristas son ellos.
¿Quiénes?
Por el momento queremos que tengas claras dos cosas.
Una, que te vamos a necesitar.
Y otra, que no tienes más remedio que apedezarnos.
No se te ocurra hablar con nadie de esto.
Si nos denuncias, puedes darte por muerto. Te escondas donde te escondas.
Déjame ver que nosotros, los terroristas, estamos en todas partes.
¿Quieres?
¿Se te curó bien la herida?
Sentimos que te alcanzará esa vara.
Puedes estar seguro que no iba dirigida a ti.
¿Qué pasa, colega? ¿Es que te abres?
Me largo esta tarde para mi pueblo.
¿A mucho tiempo?
No pienso volver.
¿Qué pasa? ¿Es que te he dado puerta a la ministra o qué?
Tengo mucha prisa, chaval. Por favor, déjame en paz.
Un billete para Medina Clara.
Hola, Rafael.
¿Qué pasa?
¿Te ibas de viaje?
Aquí lo tiene, son 863.
Son 863.
Que son 863.
Oiga, ¿usted quiere el billete o no?
No, no lo quiere, es demasiado caro.
Se lo podían haber pensado antes, ¿no? ¿Qué pasa, que se quieren quedar
La madre que me dio a mi a luz.
Vamos.
Ya te hemos dicho que no te sería fácil escaparte de nosotros.
Estuvimos dudando entre venir aquí o ir a esperarte a tu pueblo.
Pero no quisimos complicar a tu familia.
Tú tampoco querrás, ¿verdad?
No, no, por favor.
Mi madre y mi hermana, ellas no tienen la culpa.
Ni tú tampoco.
Lo último que quisiéramos es que tú te sintieras culpable de algo.
¿Pero por qué querías marcharte?
Ya te hemos dicho que si nos obedeces no te pasaría nada.
¿Pero qué quieren que yo haga?
Ya lo sabrás.
Nada que sea peligroso para ti.
Ahí los tienes.
Puedes llamarlos y contárselo todo.
Te sería muy fácil, ¿verdad?
Bastaría con que dieras un grito.
Pero nosotros sabemos que tú eres un chico listo y que ya te has dado cuenta
que eso no te convendría ni a ti ni a tu familia. ¿A qué te has dado cuenta?
Venga, vamos, vuelve a tu trabajo.
La mujer de Fernández Cerrador se llevará una alegría, ya lo verás.
Y estate tranquilo, Rafael.
Nunca te pediremos nada que la pueda perjudicar.
Tampoco tenemos nada en contra de ella.
¿Pero por qué querías marcharte?
Estaba asustado.
¿Asustado?
¿Por qué?
Lo estamos haciendo muy discretamente.
No tenemos por qué preocuparnos.
¿Pero por qué te has enrollado conmigo?
Podrías haberte buscado otro hombre más importante.
Más justo.
Más... Tú me gustas, Rafael.
No sé.
Quizá porque eres todo lo contrario a mi marido.
¿Y eso te gusta?
Pues sí.
¿Te parece raro?
La verdad es que todo me parece raro.
Pero que te pare.
Llevamos meses acostándonos juntos.
De repente te entran las preocupaciones, te quieres marchar.
Luego vuelves con estas dudas.
Vamos, Rafael.
Dime de una vez lo que te pasa.
Es que me da miedo decírtelo.
¿Pero miedo? ¿Por qué?
Mira, Teresa.
¿Leonor, eres tú?
Soy Marta.
Sal un momento, por favor.
Necesito hablar contigo urgentemente.
¿Ha pasado algo? Sí, Teresa.
Tu padre.
Se ha puesto muy grave.
Le acaban de ingresar en la clínica.
¿Será grave lo del padre de Teresa?
Pues no sé.
Siéntate.
Hace mucho que no tomas una copa a solas conmigo.
Bueno.
¿Tú sabías que el padre de Teresa estuvo muchos años en la cárcel? ¿Sí?
¿Por qué?
Siempre ha sido un hombre peligroso. Pero que muy peligroso.
Durante la guerra fue un jefazo de los rojos. Cuando ganamos, a punto
de fusilarlo.
Pero entonces... El padre de Teresa será amigo de los terroristas.
Naturalmente. Ellos lo niegan. Pero desde que se les ha dejado rienda
así va el país.
Y como encima el gobierno anda con paños calientes, pues...
Yo es que, la verdad, no entiendo ni papa de política.
Y entonces, ¿cómo es que Teresa se casó con un ministro?
Bueno, para empezar, entonces no era ministro. Al contrario.
Antonio, durante los últimos años del régimen, era uno de esos chaqueteros que
jugaban a ser de la oposición. Y claro, para hacerse el demócrata, le venía muy
bien casarse con una chica pobre, pero culta. Y que encima era hija de un
intelectual de izquierdas.
Ahora sí que no entiendo nada.
Haces bien no entendiendo nada de estas cosas, Rafael.
Nunca te metas en líos de política.
Esta es la que me gana. Esta y esta.
Me juego las millas de las dos mil contra un valiente que diga para mí.
Esta es la que me gana.
Un valiente. Dos mil contra mil.
¿Va? Un valiente, señores. Esta y esta. Dolly, dolly, por la mañana temprano.
¿Ela?
¡Ele!
Vamos, valiente. Dos mil contra mil. Puede ser esta, puede ser esta, o esta.
Coño, Rafa, ¿qué haces tú por aquí?
Ya ves, paseando. ¿Y tú?
Pues ya ves, voy a ir a ver si pillo algo para hacernos canutos.
¿Por qué no me dejas dos napos para pillar dos talegos de choco?
¿Mil pelas? Tú estás pirado, Chema.
Venga, coño, Rafa, no seas buitre.
Vale, te dejo mil pelas, que bien pensado también me vendrá bien a mí
un poco y pasar de tanto rollo.
Gabute, Rafa, vamos a ir a un bar que hay al lado, que seguro que hay un
mío que pasa un costume guapísimo. Ah, vamos para allá.
Estos vienen aquí.
Policía, ¿dónde vais?
Aquí, a tomar una cerveza. Ya, ya, con que a tomar una cerveza, ¿eh? Ya nos
hemos llevado a todos de dentro. Venga, a la documentación.
¡Que no llevo nada!
Muy bien, llévate estos dos pájaros para la comisaría. Venga, vamos.
Buen servicio.
Gracias.
Vamos a esperar un rato, que caerá...
¿Pero qué hacéis vosotros aquí?
Pues, ¿verdad?
Íbamos a tomar una cerveza y creyeron que íbamos a comprar drogas. ¡Qué golfos
sois!
¿Conoce usted a estos, señor comisario?
Sí.
Trabajan en la casa del ministro Fernández Cerrador.
A este fue al que le alcanzó una bala cuando le ha sentado.
Hombre, ¿cómo nos lo has dicho antes?
Nosotros no sabíamos que... Anda, venid a mi despacho.
Pasad. Pero bueno, ¿cómo se os ocurrió ir a ese tugurio en busca de hachís?
¿Qué va? Si es que íbamos a tomar una cerveza. Venga, hombre, sentaos.
¿Qué os parece?
Hostias, menor postura.
Chaval, esto es para quemarlo.
Lo hemos quemado todo ayer.
¿Y con eso qué pasa?
¿Se quedó en las aguas?
Hemos guardado un poco para que lo analicen en el laboratorio.
Pues ya me podía buscar un enchufe en ese laboratorio.
Parece mentira, Chema, que habiendo sido educado en una casa tan importante y
con una madre tan seria, haya salido tan golfo. Pues ya ves, menudo rey es esa
casa. Para mí quise usted bien enlargarse.
Porque el día menos pensado nos van a poner una bomba y a tomar por culos
por ahí.
¡Qué va, hombre!
En esa casa estáis muy seguros.
Esos ya no vuelven.
No te preocupes.
Yo dejé ese servicio porque me ascendieron a comisario y me trasladaron
Pues no les salió bien ese cambio.
En vez de estar allí con el rollo del ministro y los terroristas, ala, aquí
el chocolate, los camellos y las putas.
Cómo se lo monta, ¿eh?
Señor Lara,
¿está usted seguro de que...
¿Esos no volverán?
¿Quién?
¿Los terroristas?
Espero que no.
¿Por qué me lo preguntas?
Que sí, tío, que el día menos pensado verás qué bombazo nos meten.
Cáete tú, que estoy hablando en serio.
Rafael, yo comprendo que después de lo sucedido...
Este es un poco acojonado.
Mira, es que... ¿Te ocurre algo?
La verdad es que sí.
Pues cuéntamelo.
¿Vamos?
No.
Yo... La verdad es que no.
No me ocurre nada.
Tienes razón.
Desde entonces estoy un poco acojonado.
Pues ánimo, hombre.
Ya verás como si sigues en esa casa acabarás labrándote un porvenir.
Debías irte a dormir, hija. No te preocupes, papá. No tengo sueño.
Me gustaría hacerte una pregunta.
Pues venga.
Tú no eres feliz con Antonio, ¿verdad?
Pero papá, ¿qué preguntas se te ocurren a estas horas?
Ándale, duérmete.
Ya hablaremos de esto otro día.
¿Otro día?
No.
Nunca ha sido feliz.
Es imposible ser feliz con ellos.
Me he arrepentido muchas veces de haberte aconsejado que te casaras con
No te preocupes de eso ahora.
Qué gran error.
Qué gran error.
Yo es que en aquella época era cuando todos
hablábamos.
cuando volví de México después de tantos años de exilio pensé
que hombres como Antonio que no estaban aparentemente relacionados con la
dictadura podían ser necesarios para reconstruir el país
de verdad lo creía y el día
De tu boda.
Cuando yo estaba en la iglesia de tu brazo, con aquel chaqué tan incómodo,
ridículo, iba pensando, ¿por qué?
¿Por qué no va a ser feliz con él?
Al fin y al cabo, nos estamos reconciliando todos.
Pero qué difícil resulta.
Estoy engañando a Antonio.
Le estoy engañando con un chico que trabaja en la casa.
Y además quiero tener un hijo con ese chico.
Pero... Yo no soy estéril, papá.
Lo es Antonio.
Si no hemos tenido hijos hasta ahora, ha sido por culpa suya.
Me tengo que ir, Teresa.
Dentro de diez minutos comienza el consejo de ministros y ya llego tarde.
No sabes cuánto siento no poderos acompañar al cementerio.
Pero el consejo de hoy es muy importante.
No te preocupes, Antonio.
Lo comprendo.
¿Qué? ¿Te llevamos a algún sitio?
No, es que... Estoy esperando el autobús.
Venga, hombre, no te asustes.
Esta vez no pensamos secuestrarte.
Vamos, Rafael.
Sube.
Venga, rápido.
Estos días verás poco a la ministra.
Estará muy afectada por lo de su padre.
No era un mal tipo el profesor Solana.
Lástima que a última hora se convirtiera en un revisionista.
¿En un qué?
Da igual, no lo ibas a entender.
Como ves, no te perdemos la pista.
Nuestro plan va muy avanzado.
Dentro de poco te informaremos con todo detalle de cuál es tu cometido.
¿A todo esto no nos has dicho dónde quieres que te llevemos?
Bueno...
Yo voy a Correos a poner un giro a mi madre.
Estupendo, nos viene de paso.
Lo normal es que se lo hubiera contado a Teresa antes que a nadie.
Pero con lo de su padre no he podido.
Además, bastante tiene ahora encima.
Pero ya no podía aguantar más.
Tenía que hablar de esto con alguien.
Es que no sé qué hacer, de verdad.
No sé qué hacer.
Pobrecillo. No tienen derecho a hacer esto contigo. No te preocupes.
Conozco gente muy importante en la policía. Les pediré inmediatamente una
protección especial.
No, no, no. Si ellos se enteran de que he ido con el cuento a la poli, me
liquidan. Y a lo mejor también a mi familia.
Mira, Rafael, en estos casos no hay más remedio que actuar con decisión.
En cuanto se enteren de que he cantado, me matan.
Seguro que me matan.
Me siguen a todas partes.
Me los encuentro a cada momento Tranquilízate Yo hablaré con un hombre
importante del Ministerio del Interior Buscaremos la forma de que tú no te
comprometas en nada
¿El despacho del director general de seguridad?
Dígame.
Soy la marquesa de Montenegro.
Quisiera hablar con el señor director general.
Lo siento, señora marquesa. No ha llegado todavía.
¿Sabe si tardará mucho en llegar?
Debe estar a punto, señora.
Por favor, dígale que me llame en cuanto llegue.
Tengo que hablar con él urgentemente.
Se trata de un asunto de suma importancia.
No, no es necesario.
Él lo tiene.
Recuerde, señorita, Marquesa de Montenegro, para un asunto de suma
De acuerdo, señora Marquesa. Se lo diré en cuanto llegue.
Gracias.
A mí también me costaba trabajo creérmelo.
Los terroristas no suelen actuar así.
Generalmente utilizan armas de fuego.
Pero a Leonor la mataron con auténtico sadismo.
Como si el autor fuera uno de esos extraños maníacos.
Pero la policía está realmente segura de que ha sido un crimen político.
Por lo que se ve, todos los indicios hacen pensar que es así.
Qué extraño.
Leonor no tenía ninguna actividad política.
Eso es lo que creíamos.
Pero se ha descubierto que sí.
Estaba muy vinculada a una organización ultraderechista.
Se ocupaba de buscar ayudas económicas para ese grupo armado que ellos llaman
Batallón Patriótico Antiseparatista.
Mira, Teresa, son datos muy confidenciales.
Te ruego que no los comentes con nadie.
La amistad que tenía con nosotros y con otros ministros, incluso con el
presidente, ya sabes, hace que tengamos que tratar este asunto con mucha
discreción.
No se te ocurra hablar de esto con nadie.
Ni siquiera con Marta.
De acuerdo.
Vamos dentro, Antonio.
Pero si hace una noche muy agradable.
Es que estoy muy cansada.
Me voy a acostar, ¿no te importa?
Como quieras. Yo voy a dar una vuelta por el jardín. Buenas noches.
Hasta mañana.
Buenos días, Teresa.
Buenos días, Marta.
¿Qué hora es?
Van a ser las diez.
Vengo de la clínica.
Me han dado tus análisis.
¿Y qué?
Ha dado positivo.
Estás embarazada, Teresa.
¿Qué hago?
¿Te doy la enhorabuena o te digo que lo siento?
¿Y crees que el chico es mío?
Sí, Rafael.
Hace meses que yo no tengo relaciones con Antón.
Solo puede ser tuyo.
¿Y qué piensas hacer?
Quiero que nazca.
Quiero tener ese hijo.
Pero entonces, ¿tu marido se dará cuenta de que le estás poniendo los cuernos?
Mira, Rafael.
A mi marido le llaman cabrón todos los días. Varios millones de personas.
No creo que se vaya a asustar por eso.
Teresa.
necesito hablar contigo.
Tengo que contártelo todo.
Es algo muy importante, muy grave.
Y tienes que saberlo de una vez.
Hola, Rafael.
Perdona un momento. Voy a ponerme el pantalón.
No te preocupes. Ya sabes de su obra que a mí un hombre desnudo ni me asusta ni
me interesa.
Bueno, Teresa me lo ha contado todo.
¿Y qué piensa usted?
¿Tú estás realmente seguro de que son terroristas?
Claro que sí.
Mira, Rafael.
La muerte de la marquesa ha levantado muchas sospechas.
A ella la mataron el mismo día que yo se lo conté todo.
Eso es muy significativo, desde luego.
Claro que también puede ser una casualidad.
Porque vamos a ver, Rafael, esos hombres qué ideología tienen.
¿Son de extrema derecha o de extrema izquierda?
Yo de eso lo entiendo.
Pero algo te habrán dicho, ¿no?
Bueno.
Ellos dicen que luchan por la libertad del pueblo y esas cosas.
También dicen que fueron ellos los que dispararon aquella vez.
Contra el ministro.
El día que me dio la bala.
Entonces no hay duda.
Son ellos.
¿Y exactamente qué quieren de ti?
Siempre me dicen que más adelante me lo contarán.
Pero todavía no me han dicho nada.
En fin.
Tenemos que conservar todos la calma.
Yo ya le he aconsejado a Teresa que por el momento no diga nada a su marido ni
de esto.
Ni de sus relaciones contigo.
Ni lo del embarazo.
Vamos a esperar.
Vamos a esperar hasta saber qué es exactamente lo que esos hombres
¿Qué? ¿Otra carta para tu madre? Sí. Les escribes todas las semanas.
Te preocupas mucho por tu familia, ¿no?
Mi madre y mi hermana viven solas y no tienen más ayuda que la tuya. Ya lo
sabemos, Rafael.
Esta sociedad es así de cabrona. Por eso nosotros queremos cambiarla.
Pero a mi madre y a mi hermana no les harán ustedes nada, ¿verdad? Claro que
hombre. No acabas de entendernos. A no ser que tú nos obligaras a ello. ¿Ves
furgoneta? Otra vez tienes que acompañarnos. Vamos a dar un paseo.
No sabes cuánto sentimos el hacerte pasar todos estos malos ratos.
A nosotros no nos gusta la violencia, pero no nos queda más remedio.
Ustedes mataron a la marquera, ¿verdad?
Esa mujer tarde o temprano tenía que acabar ahí.
Era una individua peligrosa. Pero si era una cachonda.
Si lo único que quería era follar con tíos jóvenes.
Hay muchas cosas de la vida de esa mujer que tú desconoces.
Pero muchas.
En todo caso, si eso te tranquiliza, te podemos asegurar que nosotros no la
hemos matado. ¿Ah, no?
No.
No nos interesaba acabar con ella. Al contrario.
Nos vería muy bien que te siguiera citando en su casa con la mujer del
Os teníamos muy bien localizados.
Pero entonces, ¿quién la mató?
No hay de todo saber.
Bueno, dejemos ese tema.
Rafael, ha llegado el momento de informarte con exactitud de qué es lo
queremos.
¿Sí? ¿Por fin vas a saber cuál es tu misión en todo este asunto?
¿Qué quieres?
Necesito hablar con la señora.
Pues creo que estará ocupada.
Avísala, tengo que hablar con ella.
Teresa.
Señora, tengo que hablar con usted.
¿Qué hay, Rafael?
¿Has conseguido las semillas de esas flores?
Pero pasa, pasa.
Vamos al gabinete.
¿Entonces crees que esta es una buena época para plantarlas?
Vieja, pásame 40 duros. Ya estamos.
Te estás haciendo un golfo, niño, desde que tratas con ese descarado.
¿Con quién, mamá?
Con el jardinero.
Descarad ese pardillo.
Venga ya, mamá.
¿Le he visto entrar? ¿Qué quería?
Venía a hablar de flores con la señora.
De flores. No sería de capullos.
Toma.
Y piérdete por ahí.
Dabuti, vieja.
¿Entonces lo que quieren es secuestrarse?
Sí. Quieren secuestrar al ministro.
¿Pero a ti?
¿Para qué te necesitan?
Para que les tenga el corriente de todo lo que hace.
Para que les diga a qué hora entra, a qué hora sale, qué hace los fines de
semana. Todo eso.
Claro, por medidas de seguridad.
Antonio cambia diarios sus itinerarios y eso debe tenerles muy desconcertados.
Y quieren que les tengas informados con exactitud de todos sus movimientos.
¿Y qué podemos hacer?
Ahora ya no te queda más remedio que contárselo todo a tu marido.
Sí, dígame.
Un momento, por favor.
Señor ministro, es una llamada de su casa.
Pásenlo.
¿Sí?
Dime, Teresa.
Sí, pero... ¿es muy urgente?
Es que ahora voy a la inauguración de la central nuclear.
Tranquilízate. En cuanto acabe la inauguración voy para casa.
No te preocupes. A las ocho estaré allí.
Toda una vida luchando por mi país.
Luchando por el bienestar de todos.
Y de repente, una noche, descubro que soy un fracasado.
Y... un absoluto fracasado.
¿Te imaginas?
Yo, subido a una tribuna y diciendo a los electores... Queridos conciudadanos,
aquí donde me veis, soy un estúpido cornudo.
Sí, sí, mi mujer me engaña.
¿Y sabéis con quién?
¿Con otro ministro?
¿Con un diputado?
¿Con un embajador?
Pues no, nada de eso.
Con el jardinero.
Igual que en los folletines por entregas.
Como lo oí.
Y encima, se queda embarazada de él.
Sí.
La mujer del ministro preñada por el jardinero.
Y por si eso fuera poco.
Unos enemigos desconocidos.
Unos hombres a los que yo no he hecho nunca nada.
Quieren atentar otra vez contra mí.
Contra mí.
Que he defendido las libertades.
Que he defendido la democracia.
Yo que estuve a favor de la amnistía.
Que abogué por la legalización de todos los partidos. De todas las banderas.
Que fui partidario hasta de las autonomías. Basta, Antonio.
Ya sé que te salen muy bien los discursos.
Pero a mí, tus discursos nunca me han convencido.
Y para demostrarme lo has tenido que organizar todo esto.
Todo no.
Yo de lo único que te puedo responder es de mi relación con ese pico.
Lo de los terroristas no es asunto mío.
Mira, Teresa.
Me parece bien que a ti nunca te hayan convencido mis discursos. A mí tampoco
cinismo.
Lo de los terroristas lo acepto como un gaje del oficio. Claro, y el que te
ponga los cuernos lo tienes que aceptar como un gaje de tu impotencia.
Está bien.
Necesitabas un buen semental, ¿no? Pues ya lo tienes.
Lo que no estoy dispuesto a permitir es que tengas ese hijo.
Un aborto, ¿no?
¿Dónde te parece mejor?
¿En Londres?
¿En Amsterdam?
¿En Ginebra?
¿O es que por fin nos vais a animar a legalizar el aborto aquí?
Escucha, Teresa, no es momento para... No, Antonio, no.
No pienso abortar.
Lo que sí podemos hacer es divorciarnos.
Eso al menos ya lo pensáis legalizar.
Y además, sería un divorcio como a vosotros os gusta.
Por motivos graves.
Porque el hecho de que yo sea adúltera y tú impotente es un motivo grave.
¿O no?
Lo dice en serio.
¿De verdad piensas que podemos divorciarnos?
¿Qué ocurre?
Eso no te conviene, claro.
Saldrían demasiados trapos sucios a la luz.
Si lo que buscas es organizar un escándalo y lo que pretendes es acabar
carrera, dímelo claramente.
No, Antonio, no tengo el menor interés.
Al contrario, me encantaría que llegaras pronto a ser presidente del gobierno.
Y creo que llegarás.
Tienes madera.
Pero no pienso abortar.
Quiero tener un hijo.
Ya ves, a mí me sobran todas las leyes antiabortistas.
Buenos días, señor ministro. Buenos días.
Buenos días.
Ah, dígale al servicio, escolta, que antes de ir al ministerio tengo que ver
presidente del gobierno.
De acuerdo.
Compréndeme, es una situación muy delicada.
Sabemos que me quieren secuestrar únicamente por la información que nos ha
ese joven.
Y ya te he explicado la relación que hay entre él y Teresa.
Te puedo asegurar y te aseguro que yo estoy tan interesado como tú en evitar
todo tipo de escándalo.
Quizás lo mejor sería que te presentase la dimisión.
No, Antonio.
De sobra sabes que la dimisión es en política una baza muy importante y que
que saber jugarla en su momento oportuno.
Pero esto no es tu caso.
Tú no puedes dimitir de una forma heroica.
Tal y como están las cosas, que un ministro económico como tú dimita iba a
difícil de explicar.
Calma.
Puede llegar el día en que nos toque dimitir a todos.
Pero hasta que llegue ese día, hay que seguir aquí.
Cada uno en su puesto.
¿Qué puedo hacer entonces?
Mira, Antonio, los problemas de Teresa con ese muchacho son un asunto
particular.
Basta con que sepas imponer una gran discreción.
Eso ya lo sé.
Incluso estoy dispuesto a permitir que tenga ese hijo y a reconocerlo como mío.
Tampoco me preocupan las relaciones que pueda tener con ese joven.
Lo realmente importante es que esté por medio de este comando terrorista.
Por supuesto, por supuesto.
Y hay que actuar de inmediato.
¿Crees que es conveniente que intervenga la policía?
No. En la policía hay muchas filtraciones.
¿Entonces? Esto lo puede solucionar Romero.
¿Quién es Romero?
Lo tienes que conocer.
Fue durante mucho tiempo comisario en la Brigada Político -Social.
Ahora trabaja como agente en los servicios de seguridad del Estado.
Oficialmente ya no pertenece a la policía.
Ya.
Estate tranquila.
Romero y sus hombres podrán intervenir con total garantía de eficacia y
discreción.
Por cierto, ¿dónde me lleva usted?
Estate tranquilo.
Ya te he explicado al señor ministro que tienes que confiar en mí.
¿Y a este lo has visto?
No. ¿Seguro?
Seguro. Nunca lo he visto.
Este.
Este, este.
Es uno de ellos. ¿Para mí qué traje aquí?
Mira, ya da con él. Joder, ya da ahora.
¿Sabe usted quién es?
Creo que sí.
Pero de todos modos, vamos a ver.
Sí.
Es el comando Teiza.
Pasamos a la segunda prueba.
Preparen al joven para el interrogatorio.
¿Para qué me ponen esto?
Tranquilo, hombre, tranquilo. Que no es nada.
Relájate.
Sí, señor ministro. El comando ha sido totalmente identificado.
Efectivamente, ya habíamos detectado su presencia desde hace varios meses.
Sí, le hemos seguido la pista desde que cometieron el atentado contra usted.
Bueno, cabe la posibilidad de que el joven esté dándonos datos falsos.
Incluso es posible que se trate de un infiltrado.
Sí, señor, lo vamos a comprobar inmediatamente.
Le acaba de ser aplicada una dosis de betapen total.
Bajo sus efectos es casi imposible que nos mienta, señor.
Sí, señor ministro. Le tendría usted informado.
Muy bien.
No.
No.
Yo nunca he tenido ninguna actividad política.
Nunca.
Pero nosotros sabemos que en Medina Clara y en toda su comarca hay mucha
agitación política.
El año pasado, en el pueblo, proponían hacer una huelga
de hambre contra el paro.
Yo me fui fuera del pueblo.
Las turistas viejas me daban dinero.
Muchas veces sentía asco.
Muchas veces era difícil empalmarme.
Mucho asco.
Difícil empalmarme.
Tres mil, cinco mil... Me daban dinero.
Por eso lo hacía con ellas.
Tenían la carne muy blanca.
Muy blanca.
Y muy blanda.
Blanda.
Tres mil.
Cinco mil.
Pero nunca... Ella no.
Teresa es diferente.
No.
Ella no. Es diferente.
Teresa va a tener un hijo mío.
Mi hijo será rico.
Mi hijo será rico.
Nunca.
Nunca.
Me marché del pueblo.
Yo no quería.
Mi hijo será rico.
Bueno, superada la prueba.
Podemos confiar en él.
¿Había usted que abrir las taquillas para el concierto? No hay concierto. El
violinista está enfermo.
¿Cuáles son las instrucciones?
Se suspende el plan, al parecer os han descubierto.
Se ha recibido información de que ese joven nos ha delatado.
¿Qué tenemos que hacer? Ida ahora mismo al punto de cita 24.
Allí estará un coche rojo matrícula de suiza. El conductor os dará las
instrucciones. De acuerdo.
Atención, atención. Todo dispuesto para operación 3 liberados.
Repito, todo dispuesto para la operación 3 liberados. Cambio.
Entendido. Corto.
Atención, atención.
Operación 3 liberados concluida positivamente. Repito, operación 3
concluida positivamente.
Corto.
¿Reconoces? Sí.
Saque los otros.
¿Y a estos?
También. Son los otros dos.
¿Los han matado ustedes?
No.
Ha debido ser un ajuste de cuentas dentro de su propia organización.
Seguramente estaban trabajando fuera de control de sus jefes. Ya puede cerrar,
gracias.
Vamos, tranquilo, hombre.
Lo más probable es que te olvides de esto.
¿Usted lee?
Eso espero.
Vamos.
¿Y dónde está este paracete?
Justo detrás de la finca del ministro Fernández Herrador.
¿Lo han investigado bien?
Al parecer, sí.
Cuando el inspector Lara estaba al mando de la escolta del ministro, registró
minuciosamente todos los alrededores de la casa y no encontró nada sospechoso.
De todos modos, no estaría mal que nosotros le echáramos un vistazo.
Aunque no.
Será mejor que yo mismo hable con Lara.
Sí, dígame.
Hola, Lara.
¿Cómo estás?
Soy Romero.
Hola, Romero. ¿Cuánto tiempo sin verte?
No me extraña, como ahora eres tan importante.
Pues mira, me gustaría que me dieras algunos informes de cuando estabas al
de la escolta del ministro Fernández Herrador.
Ya sabes que me han destinado a la brigada de estupefacientes. No, ahora ya
me ocupo de eso.
Sí, sí, ya sé que pediste el traslado, sí.
Pero nunca está de más que dos viejos amigos se vuelvan a encontrar.
Muy bien, como quieras.
Yo al salir de la comisaría siempre me paso por el bar La Estrella.
Estupendo. Entonces, dentro de dos horas quedamos allí, ¿eh? En la terraza.
De acuerdo.
Tenemos muchas cosas de que hablar, Lara.
Muchas cosas.
Hasta luego entonces, ¿eh?
Hasta luego.
No tan bien como tú, pero en fin.
¿Qué vas a tomar?
Un whisky, como siempre.
Siéntate. Rogelio, tráenos un whisky y un café, por favor.
Ahora mismo, señor.
Ahora mismo.
Bien, Romero.
¿Tú dirás?
Para empezar, me gustaría que me hablaras de ese palacete en ruinas que
detrás de la cinta de Fernández Cerrador.
Bueno, en su día hice un informe.
No encontré nada sospechoso allí.
No encontraste nada.
¿Estás seguro?
¿Seguro? Le llaman por teléfono, señor Romero. ¿A mí?
Sí, señor.
Dicen que es muy urgente.
Gracias.
Perdona, vuelvo a seguir.
Ya no lleves el whisky, Rogelio.
Estoy mucho más tranquilo.
Ese policía o lo que sea me ha dicho que seguramente ya no tendré ningún
problema.
¿Estás seguro, Rafael?
Bueno, esos tres hombres están muertos.
Claro. Entonces... En todo caso, lo que sí es cierto es que te queda muy poco
tiempo para tener problemas.
Me juro.
No hagas ningún movimiento extraño.
Vas a hacer todo lo que te diga.
Vamos a salir con naturalidad por la puerta trasera del jardín.
¿Dónde me lleva?
Al palacete que hay al otro lado del Pinar.
Si ahí no vive nadie.
Eso es lo que tú te creías.
Ese es el lugar secreto al que te llevaban con los ojos tapados.
Abre.
Así que era aquí mismo.
En el chalet de al lado.
No te preocupes.
Esta noche por fin vas a entenderlo todo.
¿Qué quieres, niño? Hay que avisar a los señores.
¿A los señores?
Sí, mamá. Es que he visto a la secret que le estaba apuntando con una pistola
Rafael. ¿Qué dices, niño?
¿Has vuelto a tomar drogas de esas o qué? Que no, mamá.
Le apuntaba con una pistola y se lo llevaba hacia el caserón.
Vamos a ver, muchacho.
Cuéntame todo lo que has visto.
Ya no te vamos a molestar más.
Créeme que lo siento, Rafael, pero tenemos que acabar contigo.
Pero... ¿Usted es terrorista? Aquí nadie es terrorista.
Nuestro plan se debe a otro tipo de motivaciones.
¿Pero para qué me han utilizado a mí? Usted sabía muchas más cosas del
de las que yo pudiera contarles.
Mira, tú no servías únicamente para correr el rumor de que un grupo
pretendía secuestrar a Fernández Cerrador.
¿No crees que ha sido solamente a ti a quien hemos tenido que engañar?
Ha habido que barajar muchos elementos.
Pero ya está todo a punto.
Este fin de semana el ministro va a ser secuestrado tal y como estaba previsto.
Y todos, el presidente del gobierno, los servicios de seguridad y, por supuesto,
también los medios de comunicación, estarán convencidos de que el
sido un grupo terrorista.
En fin, ya has informado al chico de todo.
¿Ahora qué hacemos?
Pon el silenciador.
Y dispárale en la nuca.
Levante las manos y esté quieta, señorita.
Le felicito, Romero. Ha sido un gran servicio.
En realidad, fue gracias a ese chiquillo que nos avisó a tiempo.
Bueno, ahora solo nos queda avisar a la policía y al juez de guardia.
Todavía no.
Pero, señor ministro, la policía tiene que hacerse cargo de la secretaria.
Y el juzgado tendrá que levantar el cadáver de ese individuo.
Romero, ya sabe que esto es un servicio especial.
Antes que nada hay que informar al presidente.
De acuerdo, señor ministro.
Diga a sus hombres que hagan pasar a la secretaria.
Como usted diga.
Traed a la señorita.
Por favor, déjenos a solas con ella.
Pero, señor ministro... No se preocupe.
Le he dicho que nos deje a solas.
Vamos.
Hace días que le quité las balas.
Temía que perdieses los nervios.
No me queda otra solución, Marta. Ha fallado todo.
No, Antonio.
Todavía puede haber soluciones.
Hay que hablar con ellos.
Señor ministro, necesito hablar con usted.
De acuerdo.
Acompáñeme a la biblioteca.
Bien, usted dirá.
Hace unos días, señor ministro, hemos detectado que ese comando terrorista
estaba siendo manejado por elementos ajenos a su organización.
¿Qué quiere decir?
Lo que usted sabe de sobra.
Es falso que lo quieran secuestrar.
Usted se lo ha inventado todo.
Como se atreve a... Mire, señor ministro.
Pongamos las cartas boca arriba.
También hemos detectado que la oposición parlamentaria está preparando un
informe en el cual se le acusa a usted de haber aceptado un soborno de 3 .000
millones. a cambio de la concesión que su ministerio ha dado ya a una empresa
multinacional para construir cinco centrales nucleares.
Está bien.
Vamos a poner las cartas boca arriba.
Todo eso es cierto.
Pero el problema es mucho más complejo.
Siéntese, Romero, por favor.
Todo estaba perfectamente planeado.
A mí me iban a secuestrar estos supuestos terroristas.
Y después plantearían al gobierno unas condiciones totalmente inaceptables.
¿Y qué iba a ocurrir cuando el gobierno se negara a pactar con ellos?
Que mi cadáver aparecería en un coche abandonado. ¿Su cadáver?
¿Pero estaba usted dispuesto a dejarse matar?
Naturalmente que no.
Se trataría de un cadáver irreconocible.
Con mi ropa y con mi documentación.
¿Y a dónde pensaba ir usted?
Tenía prevista la huida a un país sudamericano.
Entiendo.
Y después de algún tiempo usted volvería con el rostro hábilmente cambiado por
la cirugía, con una nueva identidad, con miles de millones y... Y con lo que es
más importante, con el apoyo incondicional de una organización tan
para manejar los resortes del poder, tanto aquí como en cualquier parte.
¿Tanta fuerza tiene esa multinacional?
De sobra sabe usted, Romero, lo que hay detrás de esas multinacionales.
Sobre todo cuando se trata de controlar una energía tan poderosa como la
nuclear.
Tres mil millones.
Es mucho dinero, ¿verdad?
No se crea.
Tal y como está la vida...
Recuérdelo, Romero.
No se trata de una simple multinacional que corrompa a altos funcionarios, como
en el caso de la Lookit.
¿De qué se trata, entonces?
Ellos quieren controlar la energía nuclear, porque eso les supone seguir
los dueños de la economía occidental.
Y en estos casos, amigo Romero, no se repara en gastos.
Usted lo ha dicho, señor ministro.
La vida está muy cara.
Desde luego.
Y su trabajo muy mal pagado.
Sobre todo para lo arriesgado que es.
Sería terrible, pero usted puede acabar asesinado cualquier día por uno de esos
comandos terroristas.
Seguro que está usted deseando cambiar de empleo.
Se olvida usted de una cosa, señor ministro.
Yo soy un hombre de confianza del presidente del gobierno.
Yo también, Romero.
Yo también.
No me extraña que aceptara el soborno.
Lo que no acabo de entender es dónde está el fondo de toda esta mentira.
Antonio oficialmente habría muerto.
Y además de una forma gloriosa.
Como una víctima más del terrorismo.
Pasaría a ser intocable.
Su nombre merecería el respeto de todos.
De todos.
Porque atacarle a él sería tanto como defender al terrorismo.
Y la oposición nunca se atrevería a hacerlo.
¿Y tú por qué te prestaste a ayudarle?
¿Por dinero?
No solo por eso.
Yo sé lo mucho que tú le aborreces.
Casi tanto como yo.
Le ayudaba porque quería que él desapareciese.
Tú y yo tendríamos todo solucionado para siempre.
Las dos juntas.
Empezaríamos de nuevo la vida.
¿Y qué va a pasar ahora con Rafael?
Romero le ha ordenado que no salga de la guerra.
Hasta que él le avise.
Rafael ha sido la víctima de todos.
Tú estabas dispuesta a matarle.
O sea, sí.
Sois todos unos asesinos.
Escápate, Rafael.
Escápate.
Aquí son todos unos asesinos.
Pero tú tienes que salvarte.
Tienes que salvarte.
en la que comunica su firme decisión de no entablar ningún tipo de negociaciones
con los secuestradores.
Asimismo, el partido del gobierno y los partidos de la oposición han emitido un
comunicado conjunto condenando sin paliativos este nuevo acto terrorista
atenta directamente contra la libertad y la democracia, a la vez que exigen la
inmediata liberación del señor Fernández Cerrador.
Deme un billete, por favor.
¿Para dónde?
¿Para dónde?
¿Que para dónde?
¿Que dónde quiere ir?
¿Pero qué pasa?
¿No sabe dónde quiere ir?
¿Eh? ¿No sabe?
No. No lo sabe.
Por eso se va a quedar.
Venga, vamos.
A mí la cara de este pollo me suena a abrase visto.
Pues ya podría ir a tomarle el pelazo puñetera madre, no te digo. Va.
Pero... ¿Qué quieren de mí?
Tranquilo, hombre.
Vengo a proponerte un trabajo.
Siento yo dentro de mí que mi vida se está agotando, que mis ojos se están
llorando, que la muerte me está llegando.
Siento yo dentro de mí que te necesito a mi lado, que mis labios se están
temblando, que la muerte me está llegando.
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