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[asistente] ¿Y? ¿Estás un poquito nerviosa?
- Por verte. - Bueno, dale.
¿Estás nerviosa o no?
Te voy a servir una copita.
Tómatelo de un trago. Mandátelo todo de una.
Te va a hacer bien.
[Selva] Mmm.
[gime]
[suspira] Uf.
[asistente] Eso.
- No, la llevo yo. - [parloteo]
Más bien de carnero degollado, te diría.
Te escuché.
No hablaba de vos.
[productora] Cinco, cuatro, tres, dos.
No vuela una mosca en el estudio.
Y es comprensible.
¿Se están pellizcando?
Gordo, pellízcame a ver si estoy soñando.
No, no estás soñando. No.
Estoy acá y al lado mío está...
Selva Pérez.
Buenas noches, Selva.
Buenas noches, Grace.
[carraspea]
Cristo... [suspira] en la cruz...
decía: [suspira]
“Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.
Quiero decir algo y decírselo al Padre:
“Padre...
perdónala,
porque no sabía lo que hacía”.
[solloza]
¿Me traes un pañuelito, querida?
- [asistente] Tomá. - [Grace] Gracias, mi amor.
Muchas gracias. Perdón. Muchas gracias.
- [asistente] De nada. - Gracias.
Y aquí estamos.
Yo les quiero contar algo...
Selva sufrió mucho y hoy está aquí.
Resurgida.
[suspira]
Hoy,
solo puedo decirte: gracias.
Cuando creen que nosotros, las personas públicas, todo nos es fácil,
se equivocan.
No nos es tan fácil.
Es difícil ver a una analista pasando por un momento de...
de debilidad, de vulnerabilidad.
Pero quiero permitirme hablar de algo que yo no puedo hablar en mi consultorio.
Lo voy a hacer acá.
Voy a hablar de mí.
[Selva] ¿Otra más?
No, bueno, pero esta es por su vuelta a la televisión, Selva.
Anoche, la hemos visto con la mamá. Estuvo muy bien.
Tan bien que han pedido entrevistas, la están llamando para felicitarla.
No sé cómo va a hacer.
Tiene olor a pis.
¿Cómo va a tener olor a pis?
¿Hablaste con Grisel?
¡Ah! Sí hemos hablado.
Mmm. ¿Y?
- ¿Yo le había dicho Mar del Plata? - Mm-jmm.
Eh, bueno, Grisel ha visto una promoción en una agencia de turismo
para...
¿Para?
Eh... prefiere Río.
¿Y no era que no conocían el mar?
De Janeiro.
¡Ah! ¡Ah! ¿Río de Janeiro?
No, pero si es un exceso, Mar del Plata está muy bien.
[timbre suena]
¿Timbre?
Andá a abrir.
Es la Serena y el Darío.
Abriles.
- [teléfono suena] - [Miguel] Suban.
¿Pero es que tienen que seguir viniendo?
Yo pensé que ya no venían más y...
¿No lo habían dejado a Amadeo?
Falta un paso más.
Ah. No sabía.
[Selva] De a uno, por favor.
- [inhala] - [Selva] La última vez que nos vimos...
estabas mareado, un poco enojado.
- [Darío] Me pegaste un pelotazo. - Mm-jmm. ¿Quieres que hablemos de eso?
No.
[Selva] Serena.
¿Qué? ¿Qué?
Vos tampoco estabas muy bien.
- No, y sigo peor. - [Selva] Mmm.
Cuando ustedes vinieron por primera vez a mi departamento... a su departamento,
me dijeron que eran dos patas de una mesa de tres.
- ¿Mm-jmm? - [Serena] Sí. ¿Qué pasa?
Selva, ¿podría ser un whisky, porfa?
Se terminaron los whiskies.
Vale.
[inhala] Vamos a hacer un juego, ¿sí?
¿Se pueden poner enfrentados, por favor?
- [Darío] Claro. - [Serena carraspea]
Ahí. No me mires a mí, míralo a él.
Quiero que se miren a los ojos.
[Serena, Darío suspiran]
Y sin repetir y sin soplar...
- No me mires. - [resopla]
Quiero que con una palabra definan la relación que tienen entre ustedes.
Primero uno, después el otro. ¿Listos? ¡Ya!
- [Serena] ¿Quién empieza? - No importa. Vamos.
[Darío] Eh... Compañerismo.
Respeto.
[aplaude] Dale.
Eh... Cuidado.
Honestidad.
[resopla] Parecen publicidad de una empresa de seguros, por favor.
No hay manera de que no parezca un cliché cuando lo decimos.
[Serena] Es muy difícil. Son un montón de años.
- Poner en palabras es difícil. - [Darío] Muchos. Sí.
Bueno, perfecto. Me lo van a explicar de otra manera.
- [Darío] ¿De qué manera? - [Serena tose]
Vamos a salir.
No, perdón, no estoy para salir ahora.
No, ahora no, ahora no.
Vamos a ir a un lugar muy especial. Vamos a ir a una fiesta.
[Darío] ¿A qué lugar?
- Ya se van a enterar adónde vamos a ir. - ¿Y cuándo?
Los va a llamar Miguel Ángel y les va a decir.
- [Serena] ¿Para qué vamos? - Lo van a ver ahí.
- [Darío suspira] - [aplaude]
- ¿Terminó ya o...? - Sí, sí, sí.
Una cosa les quiero pedir.
Quiero que vengan elegantes, ¿mmm?
Elegantes de verdad. ¿Mmm? Traje, vestido. No me hagan pasar vergüenza.
[ríe] Ahora les abre Miguel Ángel.
[Serena suspira]
- [parloteo] - [Lisa] La cuestión fue así.
Jesi, la asistente de producción, se comunicó conmigo,
me mandó un mail. Grace me quiere ver.
- [Facundo] Uh. - [amiga] Mmm.
Me tembló todo. Me bajó la presión.
- [amiga] Me imagino. - [Facundo ríe]
¿Había empezado La chorra del amor?
- [amigos ríen] - [Lisa] Sí.
- Y recién arrancadas. - Perdón, Selva. No quise ofenderte. [ríe]
- No te preocupes. No me ofendés. - [Lisa] Bueno. [ríe]
La chorra del amor era el segmento que más rating tenía.
[Facundo] Alta tránsfuga vos también.
- [amiga 2] Sí, sí. - No, fue trabajo.
- Es trabajo. - [amiga] Ah.
Grace había leído la nota del libro de ella.
Se llamaba “El castigo de una sociedad hipócrita”.
- [ríe] - Pero después la conocí y me cayó bien.
- Yo leí esa nota. - [amiga] Mmm.
Selva parecía uno de esos personajes apasionantes, pero también aterradores.
- [ríe] - [risas]
Me encontré con Grace. Yo estaba nerviosa, pero ella me llenó de halagos.
Dijo que tenía un plan, que me necesitaba.
Dijo: “Entrenala y traela de vuelta al programa”.
- Ah. Tarea nada fácil. - [Lisa] Imaginate.
A mí me pasó lo mismo cuando yo...
Ella me contactó para trabajar con ella.
Estaba haciendo un programa de radio y no lo escuchaba nadie.
- Tenía una participación muy pequeña. - [ríe]
Ella me llamó porque quería juntarse conmigo.
No se llega a ser Grace de casualidad. [ríe]
[amiga] No, es un lince.
Perdón, pero ya era bastante guacha, yo. Tengo otra confesión para hacer.
- Ah. ¿Otra más? - [ríe]
- Sí. - [ríe]
La noche que conociste a Facundo, le dije que estábamos en ese bar.
Sí.
- Te quería conocer. - [amiga] Ey.
- Lo sabía. - [Lisa ríe]
- No. - Sí que lo sabía.
- ¿Lo sabías? ¿En serio? - [amiga] Eh, sí.
¿Subo un rato y me voy?
No. No, no, prefiero que no.
¿La pasaste muy mal?
No, no, nada que ver.
Me tengo que levantar muy temprano mañana.
[Selva inhala]
Bajá la ventanilla, por favor.
- ¿Me lo abrís? - Sí. Deme.
[suspira]
Ah, Miguelo, te quería decir esto que estuve pensando.
No quiero que te vayas de viaje con tu mamá
porque, si no, yo llamo a las tarjetas y desconozco los gastos.
[corcho truena]
[Miguel] Ahí.
Gracias. [suspira]
Hola, mamá.
Eh... ¿Cómo es?
Eh... Me parece que lo que te he dicho de... de Brasil no va a poder ser.
¿Visto? A lo mejor, esta vez yo voy solo con la Grisel, ¿sí?
[teléfono suena]
[puerta se abre]
- Hola. - [Miguel] Hola. Pasen.
- ¿Cómo está? - [Miguel] Bien.
Hay lugar de sobra.
[Serena] Hola.
[Selva] Pasen. Hola, adelante, por favor.
- [Serena suspira] Ay. - [Selva] Pasen.
- Bienvenidos a bordo. - Hola.
- Pónganse cómodos. Disfruten. - [Serena suspira]
[olfatea]
- Antes de nada. - [Serena suspira]
Nos gustaría... pues aclarar un par de cositas, ¿no?
Sí.
Sí, porque...
en el consultorio, tal vez, pudimos dar a entender alguna cuestión o...
- o, tal vez, vos creíste... - [tartamudea] Sí, sí.
Hablamos muchas cosas en el consultorio
y no nos gustaría que se mezclaran las cosas.
[Serena] Sí.
- No nos vamos a acostar con vos. - [Darío] No.
Como con los pacientes de tu libro.
“En el marco de sus prácticas profesionales,
los psicólogos no se involucrarán sexualmente con sus consultantes”.
- Ay, no sean pesados. Beban. - [Serena, Darío suspiran]
[puerta se abre]
[Faustina] Permiso.
- [Darío] Eh, sí. Perdón. - [Serena] ¿Acá?
[suspira] Estamos llegando tarde.
¿Te lo decís a vos?
¿Por qué te demoraste?
Porque casi no vengo. [suspira]
- Hola. - Hola. ¿Qué tal?
[Faustina ríe]
[Serena olfatea]
[continúa olfateando]
- Vos sos la dueña de la bufanda. - Faustina se llama.
- Te presento. Darío y Serena. - [Serena suspira]
¿Qué tal?
- ¿Un chocolate? - [Serena] No.
No. No, gracias.
- [Selva] ¿No querés? - [ambos] No.
Hay de todo.
[líquido se vierte]
[Selva] ¿Sirvo otro poco?
- [Serena] Sí. Poquito. - [Darío] Gracias.
¿Es como si se estuviera ahogando, la limusina?
¿Qué pasa, Miguelo?
[neumáticos chirrían]
- [siseo] - [puerta se abre, se cierra]
[Selva] ¿Qué pasó? ¿Miguelo?
[jazz]
[parloteo]
[Selva jadea]
[Darío] Espero que valga la pena.
[Selva] Los casamientos siempre valen la pena.
[Serena] ¿Qué? ¿Quién se casa?
- [Darío] ¿Quién se casa, Selva? - Amadeo.
Corran.
Buenas tardes a todos. Gracias por estar hoy acá.
Vamos a celebrar esta unión de Amadeo y Marina.
Es un gusto tenerlos a todos ustedes.
- [Darío] ¿Desde cuándo lo sabes? - ¿Por qué no nos dijiste nada?
Yo no tengo que dar explicaciones acá.
Si nos avisabas, dejábamos de perder el tiempo con él.
Y de perder dinero contigo.
- [Susana] ¿Qué pasó? - Susana.
Se me rompió el auto.
- No tiene suerte con los autos. - Para nada.
Llegó el momento tan esperado por todos.
Les pido un fuerte aplauso para que Amadeo y Marina...
Todo el amor de sus seres queridos que están acá.
- ¿Quién es Marina? - La persona que amo.
[Selva] Alto acá.
Vamos a hacer lo siguiente.
Vos y vos van a venir conmigo.
- [tartamudea] Vos me ayudas. - Sí.
Te los llevas allá. Se van a esconder atrás de esos árboles.
- ¿Y por qué? - ¿Por qué?
[Selva] Porque sí.
¿No vinieron a mí porque querían recuperar a Amadeo? Entonces me hacen caso. Ya.
[Susana] No llores.
[Faustina llora] Es que no quiero estar acá. Me quiero ir.
[Susana] Vamos a hablar con Marina. No, no te irás a ningún lado.
[Faustina continúa llorando]
- [Selva] Tranquilizate un poco. - Pasen.
- Ahora te doy agua y te sentís mejor. - [llora] No quiero nada.
Dejá de llorar, calmate. Confiá en mí.
[solloza]
- Susana, ¿se quedan acá? - Sí.
- [César] Señora, su hija... - [Carlota] No me hables así.
[César] Hacerse cargo de lo que hay que hacerse cargo.
- [Carlota] ¡Que no me hablaras así! - [vidrio se estrella]
[suspira]
- Día de emociones fuertes. - Ay, qué susto.
Qué sorpresa. Ah. Mmm.
No sabía que estabas invitada. [inhala]
Le dije que no me pusieran en la lista.
- De fóbica que soy. - Ah. Y famosa. Claro.
- Mmm. - Vi que volviste a la tele.
- La carne es débil. - [Carlota ríe, sorbe la nariz]
Qué macana como te embarraste.
Sí. Tuve un percance ahí en el camino y bueno...
- Otra vez. [ríe] - Mmm.
Estás distinta vos. Algo te pasa.
- No. - Sí.
Sí. Me parece. Bah. Yo sé de estas cosas.
Vine porque como no bajaban los chicos, dije, tal vez,
pasaba algo, necesitaban algo.
- ¿Querés que hable con tu hija? - [sorbe la nariz] Mmm. [traga]
Sí, por favor.
[solloza]
Si te tenés fe, entrá y hablá con ella
porque yo no puedo más.
Yo no puedo más.
Voy a tomarme algo fuerte. [sorbe la nariz]
A la fiesta.
[carraspea, suspira, sorbe la nariz]
[Marina llora]
[Marina solloza]
- [Selva] Marina. - [solloza, resuella]
Selva. [suspira]
[llora]
Siempre me están cagando la vida.
La extraño mucho.
La necesito.
- Lo sé. - [resuella]
- Pero creeme. - [suspira]
Lo mejor que podés hacer es casarte.
[suspira, gime] ¿Vos también?
[resopla, suspira]
No necesito escuchar lo mismo.
- [Selva] Confía en mí. - [suspira, sorbe la nariz]
[Amadeo] ¿Qué hacés acá?
Ay, Amadeo.
¿No nos podés dejar en paz?
- Cásense. - [Marina sorbe la nariz]
Yo sé lo que les digo. Ahora no.
Cuando estén ahí en el altar, van a entender.
Sabés algo de Faustina, ¿no? [suspira]
Va a estar todo bien.
[gemidos, jadeos]
- Ah. - [parloteo]
Bueno, después no me pidan que no confunda las cosas.
Ay.
Es que son muchos sentimientos. [jadea]
¿Faustina dónde está?
[Darío] Aquí, como tú comprenderás, no está.
[Selva] ¿Dónde está Faustina?
- [Miguel] Ni idea. ¿Estaba con ustedes? - [Selva] No. Con Susana.
[animador] Queridos invitados, les pido que se pongan de pie
- porque veo venir a nuestra feliz pareja. - Es ahora.
- Aplauso. - [Serena] No, no.
¿Qué vamos a hacer? Porque no quiero ver cómo se casa Amadeo.
No, yo sí voy a ir. Yo sí quiero, sí.
[Selva] Vamos, vamos, vamos.
- [Serena gime] - ¿Dónde está?
[Serena] Esperame.
[jueza] Estamos reunidos para celebrar el matrimonio de Marina y Amadeo.
Realmente creo que es un día de celebración, ¿sí?
Porque, si bien el acto del matrimonio es un acto puramente administrativo,
burocrático a veces, también es un acto voluntario.
Así que, como amiga de Carlota, de César, y de gran parte de la familia,
mi deseo es que cada 29 de julio, solitos o con seres queridos,
puedan celebrar este amor.
Si querés, quedate, yo no aguanto más. Me estoy ahogando.
¿Cómo nos vamos a ir si estamos a tomar por culo de casa?
- No nos podemos ir. - No sé.
Selva.
- No encuentro a Faustina. - [Carlota] Vivan los novios.
- [César] Ay. [ríe] - [Carlota ríe]
- ¡Vivan los novios! - [invitados aplauden]
[jueza] Muy bien. El momento que todos estábamos esperando.
- ¿Quiere decir algo? - Sí. Perdone.
Eh... ¿En esta boda se dice eso de si hay alguien que se opone o...?
- [parloteo] - ¿Quién es este tipo?
[Carlota] No sé. No tengo la más puta idea.
Amadeo, a pesar de que estoy muy enfadado contigo,
tengo que pedirte que no te cases.
- Darío, por favor. - [parloteo]
No. Por favor no. O sea, nos mentiste, Amadeo.
O sea, como mínimo, déjame expresar lo que pienso.
[César] No, no. Amadeo, yo no sé qué está pasando acá.
Decile a tu amigo que se calle. Me está subiendo la mostaza a la cabeza.
Perdone, pero no soy su amigo. Soy su pareja.
- [invitados vociferan] - ¿Qué, gallego idiota?
No soy gallego. Soy andaluz, de Málaga, concretamente.
A mí me soban bien los huevos de dónde mierda sos.
Bueno, le soban las bolas,
pero quisiera aprovechar para decirle a todos los argentinos
que no todos los españoles que venimos aquí somos de Galicia.
- [César] No, bueno. - No, eh, César.
- Selva, por favor. - [Amadeo] No.
Te pido, por favor, aclará, decinos que esto es una broma.
- ¿Qué está diciendo este estúpido? - [Amadeo] Darío.
[Serena] Mi marido no es estúpido.
- [Carlota] ¿Eh? - [Serena] Es verdad.
Amadeo, Darío y yo éramos una trieja hasta que él nos abandonó.
- [Carlota] Ah. - ¿Una qué?
Vieja, ¿qué es una trieja?
- [Darío] Una trieja... - No sé.
...es una pareja de tres, como su nombre indica.
Tri, prefijo, dice tres.
- [Amadeo] ¿En serio? - Sí.
- [César] ¿Sos puto? - [Amadeo suspira]
Darío, Serena, váyanse. En serio lo digo.
- Selva, vos también, andate. - [César] No, no.
- ¿Y qué miran todos? - [César] No, se acabó.
- Como si fueran santos. - [Marina suspira]
Ama, [resuella] no te cases.
- Los imaginaba distintos. - [Carlota] Por favor.
- Pare el acto. - [vidrio estalla]
Es que esto es una vergüenza es esto. [suspira]
Darío, Serena...
Nosotros tres la pasamos muy bien.
Fue una experiencia intensa, fue muy linda, fue divertida.
Pero fue irreal.
estoy enamorado de Marina.
Y me voy a casar con ella.
Perdónenme.
Momento. Hay alguien que quiere decir algo importante.
[tartamudea] ¿Y esta qué hace acá?
[llora]
[Faustina solloza]
Te amo.
[resuella] Yo también, mi amor. Te amo.
- [papá de Faustina] Oh. - [gritos ahogados]
[César] Ay, ay, ay.
- [Faustina, Marina se besan] - [mamá de Faustina gruñe]
[Amadeo suspira]
- Ahora sí estoy lista. [ríe, suspira] - Sí, sí.
- Vamos. Es la hora. - [jueza] ¿Seguros?
- Sí, sí, sí, absolutamente. - Sí.
[jueza] Bueno, entonces,
- Marina, ¿aceptás por esposo...? - [Marina] Sí, quiero.
[jueza] Ah, Amadeo,
- ¿A... aceptás por esposa...? Ah, bueno. - Sí. Sí quiero.
[invitados gritan]
[César] ¡Se van todos ya mismo a la reputísima madre que los remil parió!
[invitados gritan, vociferan]
- [César] Me tienen los huevos al plato. - [balazo]
[suspira]
[suspira]
[suspira]
[director] Selva, ¿cómo estás?
Hace días que tengo anotado llamarte y no encuentro el hueco.
Así que para no demorar más te grabo.
Qué bichas la que se mandaron con Grace.
Son tremendas aliadas.
Tu libro ¡pum! para arriba. No para de subir. Estamos recontentos.
Eh, pero bueno, escuchame. ¿Tenés un tiempito?
Porque acá hay una persona que te quiere ver.
Y te adelanto que te vas a sorprender mucho.
Pero mucho.
[Selva suspira]
[suspira]
[Octavio tararea]
[continúa tarareando]
[serrucha]
- Ah. - Bravo.
[suspira] Casi me hacés infartar.
Gracias.
¿Qué hacés acá?
No quería interrumpirte, pero bueno. Te tenía que aplaudir.
No sé, no sé. Vine.
Viniste.
¿Te ayudo con alguna cosa?
Y sí. Podés juntar las maderitas, acá,
más o menos por el mismo tamaño, las atás con las sogas de ahí.
- ¿Está bien? - Sí. Sí, sí.
Yo ya voy llevando esa leña para allá.
Quizá te suene un poco abrupto esto que te voy a decir,
pero es importante que lo sepas.
No tengo interés sexual en vos.
[ríe]
Yo tampoco. Es mutuo.
Entonces, salud.
Estoy viendo a alguien.
Ajá.
Bastante seguido.
Bien.
Sí.
Y también hace mucho que no sueño...
esos sueños.
[Octavio] Mmm.
No se me aparecen ni mis pacientes muertos ni Gloria.
Y a Luis...
lo dejé ir.
Todas buenas noticias.
¿Sí?
¿No?
[inhala] No sé.
Siento que tengo que tomarme vacaciones o hacer un viaje.
Estoy fallando, mucho, no me puedo concentrar.
Vos no tenés que ir a ningún lado.
¿Sabés por qué querés viajar?
No. ¿Por?
Porque vos usás los viajes para desarmar lo que construiste.
Vos pensás que alejándote todo esto que te está pasando va a desaparecer.
¿Qué sería todo esto?
No tengo la más pálida idea.
Y dicho todo esto, me voy a dormir, ¿mmm?
- Agarrate una cama. - Mm-jmm.
La que más te parezca. No hay problema, ¿mmm?
Bueno.
Que descanses, Selva.
[suspira]
Ir de a dos es también una manera de preservarse uno
y preservar al otro.
Ir de a dos, de a tres, de a cuatro. Un grupito en un hábitat.
Como los animalitos, sí.
Yo siento que muchas veces andamos con una balanza invisible
que nos permite discernir qué deseo nos pesa más.
Como la balanza de la justicia que, en términos generales, no existe,
como tampoco existe el cumplimiento del deseo.
¿Y qué nos queda? La honestidad con nosotros mismos.
A veces esa honestidad nos hace decir todo para poder romper con los moldes.
[Cuki] La noticia de la homosexualidad puede preocupar a nuestros clubes,
elegir la pelota y enamorarse de un hombre son cosas que no van juntas.
[Pimpi] Y acá estamos.
[Cuki] Para nosotros lo más importante acá es el hincha,
pero también, queremos poder tener una persona querida
sin andar escondiéndonos como si fuéramos los malos,
¿me explico?
Así que, por favor, les pido que nos banquen una vez más en esta.
Siempre vamos a estar muy agradecidos.
Les dejo un abrazo gigante y de gol. Muy amables.
[Selva] Porque en esa balanza invisible apostamos a un cambio real.
[Faustina ríe]
- [Peter ríe] No me quebrás más. - [Fernando] ¿Sabés lo que pasa?
[Selva] Otras veces esa honestidad nos pide que le marquemos hasta dónde...
porque no todos tienen atracción por la aventura.
- [Serena suspira] - [teléfono suena]
Hay aventuras que no tienen vuelta atrás, cosechan tempestades.
Y otras veces, esa balanza está en equilibrio.
Como todos saben, quien siembra vientos...
[Darío suspira]
La verdad, ni en mis sueños me imaginé ocupar el lugar que ocupo en la editorial.
- Y eso es gracias a vos. - Ah, ¿sí?
[Malena] Mm-jmm.
También es verdad que estás loca y lo sabemos todos. [ríe]
Pero
después de mi terapia con vos y de mi experiencia con Elías,
mi vida dio un vuelco,
que muchas veces imaginé, pero... pero no creí que fuera posible.
Así que quería agradecerte.
Me vienen muy bien tus palabras. De verdad.
[ambas ríen]
Me alegra. Mm.
Último trago. [carraspea]
Necesito que estemos sobrias para hacerte una propuesta.
[ríe]
Después de tu libro, edité biografías y se vendieron muy bien.
Mm-jmm.
Y el otro día estaba en casa y apareciste vos, en lo de Grace.
Estabas muy linda. [ríe]
Decías que querías empezar a hablar un poco más de vos
y estaba en mi casa y dije: "¿Por qué no la biografía de Selva?".
[inhala]
¿Qué pensás?
¿Y entonces?
Y entonces, como dice el refrán:
"Quien no se aventura, no pasa la mar".
[Betty, a lo lejos] ¿Vos creés que para mí es agradable despertar
y ver que estás?
¿Comer y verte?
[Raúl] ¿Y vos qué te pensás que me pasa a mí?
¿Sabés la cantidad de años que hace que no te soporto?
- ¿Por qué no te vas y me dejás en paz? - [tictac]
[teléfono pita]
[continúa pitando]
[inhala profundo]
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