All language subtitles for Il pirati di Capri (1949) Spanish subtitles(1)

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Original subtitles

El viento está amainando. Tenemos que llegar a Nápoles antes de la noche.

- Izad la bandera ya. - Sí, señor.

¡Todos a cubierta! ¡Izad las velas!

Es extraño. Ni una nave a la vista.

Virad tres cuartos a la derecha.

Tres cuartos a la derecha.

¡Estúpido liante! ¡Teniente!

Ocho latigazos a este hombre.

- Teniente, ¿cuál es nuestra posición? - Estamos en Capri, comodoro.

Bien, el ejército francés avanza. Las armas estarán en Nápoles esta noche.

Sí, señor.

¿Qué es ese jaleo?

Son los acróbatas y los bailarines, señor.

Ensayan para la función en la Corte.

Todo para la Corte: acróbatas, cantantes, bailarines...

...y ahora una novia para el conde de Amalfi.

La reina no parece tomarse la guerra en serio.

¿Dónde has estado? Por Dios, siéntate.

Sí, tía Anastasia.

Ahora, escuchadme.

Silbaré apenas reciba señal de la isla.

Vosotros atacaréis a los guardias

y yo me ocuparé de los pasajeros.

Gracias, damas y caballeros.

Gracias. Gracias.

¡Muchas gracias!

Y ahora, damas y caballeros,

y señorita,

nuestro mejor número.

¡Los acróbatas!

¡Qué bonito perro!

Con el permiso del comodoro.

Comenzaremos.

Damas y caballeros,

y señorita,

aquí estoy de nuevo. Vuestro bufón. ¡Peppino!

Atención, por favor.

Y ahora ante ustedes, el momento más importante,

la parte más peligrosa.

La danza del fuego.

Espera a la señal de Peppino.

- Es la señal. - Adelante.

Damas y caballeros, no os preocupéis.

Este es el número más excitante.

Nada de trucos, todo es verdad.

¡Atrás todo el mundo!

¡Atrás!

Nadie saldrá herido.

Buenas tardes, comodoro Van Diel.

- ¡Capitán Sirocco! - ¡Ah, me conocéis!

Bien. Quiero ahorraros la molestia de llevar vuestro barco a Nápoles.

Las armas me servirán más a mí que a la reina.

¡Sobre mi cadáver!

¿Sobre vuestro cadáver? Lástima, me hubiese gustado charlar.

¡Prendedle!

Al primer puente.

Coged a este hombre y llevadle a la gruta.

Hasta luego, comodoro.

¡Vamos!

¡Lleváoslos o los mato!

¡Dejad aquí las armas!

- ¿Cómo vamos, capitán? - Muy bien, Peppino.

- ¿Dónde está el resto de los hombres? - Creo que fuera.

Fue duro, capitán, al principio pensé que no lo lograríamos.

Los hemos reunido a todos abajo.

- ¿Alguna otra orden, capitán? - Sí, cargad todo en los botes.

- ¿Dónde están los pasajeros? - Los traeré, capitán.

¡No me toques, bruto! ¡Suéltame!

¿Dónde está el cabecilla?

Déjala.

Haré que os ahorquen por esto.

Se encargará mi prometido, el conde de Amalfi.

Oh, así que sois la futura esposa de Amalfi.

¡Vaya, vaya!

No está mal.

No está nada mal.

Demasiado bonita para Amalfi.

¡Cómo os atrevéis? ¡Moriréis por esto!

Espléndido, señorita, admiro vuestro valor tanto como vuestra belleza.

Sabéis, enfadada estáis aún más hermosa.

Es afortunado ese Amalfi.

Si yo fuese el conde...

¡Alejaos del cañón!

Abandonad la nave, rápido. Esto alarmará a la flota en Nápoles.

¡Saltad a los botes!

Me habéis abofeteado, señorita, y debéis ser castigada.

Esta nave os llevará a vuestro castigo.

Iréis a Nápoles y os casaréis con el conde Amalfi.

¡Ahí está Sirocco!

- ¿Dónde? - Ahí. En el primer bote.

Ya le veo, pero es rubio. Papá dijo que su pelo era oscuro.

Esta vez han apresado al comodoro. Mirad.

¡No hay tiempo que perder! ¡Descargad las armas!

¡Ayudad a descargar las armas!

Sirocco, ¿quién es en realidad?

Mi padre dice que nunca se quita la máscara.

Así es.

Nunca, desde que llegó a Capri hace dos años.

Ya la llevaba aquella noche. Yo le vi.

- ¿De dónde es? - Nadie lo sabe.

Llegó en una noche de tormenta.

Entonces la corona de la reina comenzó a temblar en su cabeza.

Eso es todo. Ahora, marchaos.

- ¿Cómo os ha ido? - Como siempre, suave como un guante.

Toma, te he traído un pequeño regalo.

- ¡Oh, Nicola! - Tienes que pagar por él.

Demasiado barato, quiero un beso por cada perla.

¡Se necesitarían años!

¡Oh, es precioso!

- Llevo a Van Diel a la gruta. - Iré enseguida.

Por favor, déjeme a mí, capitán. Le haré hablar.

Tengo mi propio método de tortura. Mire,

girando el pulgar, y un golpe de dedos, así...

- ¿No me cree? - No.

¿No?

No.

¿Qué hacéis vosotros dos aquí? ¿Por qué no ayudáis a los demás?

¿De dónde has sacado eso?

¿Se lo has dado tú?

- Lo robaste del barco, ¿verdad? - No ha sido un robo exactamente.

Sabes que no hacemos esas cosas.

Perjudicas a la causa si te pones a robar.

- Hay que devolverlo. ¿De quién es? - De la prometida de Amalfi.

Dámelo.

Por favor, déjemelo, capitán.

- Dámelo. - Pero, capitán, es un regalo.

Es precioso. Nunca había visto nada igual en mi vida.

¿Puedo quedármelo por esta vez?

¿Quién te ha dicho que luchamos por las perlas?

Ahora una pregunta más.

Estoy harto de tus preguntas, idiota.

¿Por qué no te limitas a tu papel?

Porque ya no quiero ser actor.

Es interesante. Pero prefiero ser pirata.

Así que ten cuidado.

Tengo un método personal de tortura.

Mira, con un giro del pulgar

y un golpe con los dedos,...

¿Tienes miedo? - ¡No! ¿Qué más quieres de mí?

Mi jefe quiere mucho más de ti.

A propósito, ¿sabes que él...?

¿Por qué iba a saberlo? ¡Yo no frecuento piratas!

¿No te recuerda a nadie a quien conozcas?

No, nunca le he visto antes.

¡Conde Amalfi!

Responded a mis preguntas, comodoro,

¿qué le pasó a mi hermano?

¿Vuestro hermano? ¡No sé de qué habláis!

Sí que lo sabéis.

Iba en vuestra nave cuando desapareció, hace cuatro años.

- ¿Qué le pasó? - Cayó por la borda y desapareció.

No, fue asesinado.

- Fue culpa suya. - Eso es mentira.

Tres de sus amigos fueron ahorcados por ser liberales, como él.

Le matasteis vos, Van Diel.

- No tuve nada que ver. - ¿Entonces quién?

He dicho que no lo sé.

Entiendo, una pérdida de memoria, ¿verdad?

Puede que un baño frío os ayude a recuperarla.

Tenéis más suerte que él, Van Diel.

Mirad lo que los bestias de vuestros amigos le hicieron a ese.

Peppino, la cuerda.

- Bien, ¿os acordáis? - No.

- ¿Os acordáis ahora? - No.

- ¿Vais a hablar? - Sí.

Bien, ¿cómo murió?

El jefe de Policía...

...de Nápoles...

...el barón Holstein...

...se lo llevé a él. - ¡Holstein!

Lo sabía.

Lo siento, barón Holstein, no hemos conseguido sacarle nada.

Un policía experto siempre consigue las pruebas.

- ¿Habéis leído a Voltaire? - No, Excelencia.

Deberíais.

Un arrogante entretenido

escribió una vez,

"Si los guardias no existiesen, habría que inventarlos. "

Si no tenemos una auténtica confesión, tendremos que inventárnosla.

Recordadlo siempre.

- Excelencia. - ¿Y bien, qué habéis descubierto?

Esto es lo que dicen en la taberna.

Los marineros de la Santa Bárbara hablan de una señorita española

muy amiga de los acróbatas.

- ¿Cómo se llama? - Mercedes Villalta y López.

Bien, tenedla bien vigilada hasta nueva orden.

Ahora pasemos a algo más interesante.

¿Están nuestros amigos del navío en mi despacho?

Sí, Excelencia.

Caballeros,

su informe es extremadamente confuso.

No se le puede dar crédito.

Estoy seguro de que pueden hacerlo mejor.

- ¿Quién autorizó la representación? - El comodoro Van Diel.

¿Están seguros de que fue el comodoro Van Diel quién dio la orden o...?

Un momento.

¿Qué tiene que ver la señorita Mercedes Villalta y López?

Excelencia, el actor principal pidió permiso para los acróbatas

y el comodoro dio su aprobación.

Me decepcionan, caballeros.

Se ha cometido un crimen, pero no tenemos un culpable.

Un crimen sin criminal es imposible.

Me temo que tendré que pedirles su cooperación hasta tener al culpable.

Por orden de Su Majestad María Carolina, Reina de Nápoles,

les arresto por alta traición,

por haber entregado armas y municiones al enemigo.

Gracias, caballeros, por su colaboración.

Leed para mí, querido Amalfi.

No tiene armadura el caballero sin nombre,

el valor y el peligro le acompañan. Como el viento, no tiene fronteras.

Majestad, siento que Sirocco es una referencia.

Mi querido Amalfi, ¿por qué mencionar siempre ese nombre terrible?

Sirocco, siempre Sirocco.

¿No podéis escribir un poema más agradable?

Si su Majestad me permite, quisiera hacer...

...algo más que escribir poesías para vos.

¿Por qué debe ser esa mi única obligación?

Sucede que he mencionado a Sirocco sólo porque estoy preocupado por vos.

Sois muy amable,

pero he confiado mi seguridad al barón Holstein

y a su policía tan eficiente.

¿Holstein? Majestad, ese hombre es insoportable.

Cree que puede resolverlo todo con la porra.

¿Me estáis sugiriendo que retire a Holstein

y os ponga a vos en su puesto?

¿Por qué no? Sería un excelente jefe de policía.

Sois un excelente poeta y os aconsejo limitaros a eso.

Por supuesto.

Su Majestad sabrá cuánto desprecia el pueblo a Holstein.

¡El pueblo!

Os prohibo que volváis a utilizar esa palabra en mi presencia.

Perdonadme, Majestad, lo había olvidado.

Habéis olvidado que mi hermana, María Antonieta,

fue decapitada por el pueblo,

que las tropas de la República Francesa

están acampadas en los suburbios de Nápoles

y que sus espías están en contacto con nuestros rebeldes.

No tengáis miedo, Majestad.

Sol y cielo despejado no es clima apropiado para la revolución.

Nápoles no es París.

Toda Europa se está convirtiendo en París.

La infección se extiende.

Por la noche me parece oír a los carros rodar.

¡No puedo dormir!

¿Por qué hablar de asuntos tan desagradables?

Contadme algo divertido, querido Amalfi.

¿Alguna novedad sobre el baile de la próxima semana?

Sí, Majestad, un pequeño entreacto que considero mi obra maestra.

¿Todo lo que hacéis lo consideráis una obra maestra?

Es una maldición, Majestad, estar condenado a un exceso de ingenio.

Ya que sois tan brillante esta noche.

¿Sabréis decirme quién está en la puerta?

Por supuesto, Holstein, como siempre.

Os equivocáis, Amalfi, es vuestra prometida.

La dama que habéis elegido para mí.

Tengo razones para creer que la elección ha sido excelente.

Pero si aún no la habéis visto.

Majestad.

Conde de Amalfi.

La Marquesa Villalta y López.

Vuestra prometida.

La señorita Mercedes.

¡Una joya, una auténtica joya!

Os doy las gracias, Majestad. Me habéis tratado mejor de lo que merezco.

Una modestia así no os cuadra, Amalfi.

Mirad, habéis provocado un efecto positivo en su carácter.

Su Majestad bromea. Encontraréis en mí un modelo de virtud.

Y no creo que podáis mejorar mi carácter.

El barón Holstein,

la señorita Mercedes, Marquesa de Villalta y López.

Aprovecho la ocasión, Majestad,

para pedir excusas a la señorita por el incidente de Sirocco.

Otro asalto de Sirocco, ¡pobre de mí! ¡Qué interesante!

Decidme, barón, ¿qué sucedió? ¿Ese hombre lo ha hecho otra vez?

¡Amalfi!

Me alegro, conde, por vuestra suerte.

No podéis pedir una reina más generosa ni una prometida más hermosa.

Oh, gracias, gracias. Vuestros cumplidos me son muy valiosos.

Majestad, tengo que hablar con vos inmediatamente. Es urgente.

El barón es un hombre excepcional. Me divierte.

Tiene la sensibilidad y el encanto de una cobra.

Acabo de obtener la prueba de que hay una conexión

entre los piratas de Sirocco y los rebeldes de Nápoles.

Sirocco no es sólo un pirata, como suponíamos.

- ¿Queréis decir que los ataques...? - Sí.

Se han apoderado de las armas para el ataque final.

Si el último cargamento llegase a los...

...rebeldes, las situación sería explosiva.

Tengo que partir enseguida... para Palermo.

Esta misma noche.

No, Majestad, sería un grave error.

Tenéis que estar en el baile.

Vuestra desaparición despertaría sospechas.

No temáis, Majestad. Estoy aquí para protegeros.

Tenéis mi palabra.

Amalfi, llevad a la señorita a su villa.

Iréis escoltados por una guardia especial. ¡No, no! ¡Insisto!

- Barón, ocupaos vos. - A vuestras órdenes.

No es nada. Las precauciones habituales.

La reina no deja que nos movamos sin escolta. ¡Qué aburrimiento!

Querida, qué horrible experiencia.

Decidme, ¿os hicieron algún daño?

¡Oh, no, no, en absoluto!

No os habréis encontrado con Sirocco, ¿verdad?

La verdad es que sí, sólo un momento.

Querida, ¿os molestó? Sé que puede ser muy grosero con las mujeres.

Le vi solo un momento. Luego, desapareció.

Ya, dicen que es como una luciérnaga, aparece y desaparece.

Un tipo sorprendente. Me gustaría conocerle alguna vez.

Creo que le encontraríais un poco rudo para vuestro gusto.

No sabéis, querida mía, que yo también puedo ser rudo a veces.

¿Quiénes son esos pobres diablos?

Pobres diablos, decís, querida. Esos hombres son revolucionarios.

Con vuestro permiso.

¡A la carga!

¿A qué estás esperando? Continúa.

Estoy terriblemente afligido. Perdonadme, señorita.

Por favor, llevadme a casa.

Por supuesto.

- ¿A qué hora es la reunión? - A las nueve.

- Será mejor que nos demos prisa. - Esta noche voy solo.

¿Solo?

Nos veremos más tarde. Fuera de la villa de la señorita.

Te expones a un riesgo enorme.

¿Y por qué? ¿Por devolver un collar?

Lo llevaré yo, déjame correr el riesgo a mí.

- Mi prometida me interesa. - Claro, y a mí también.

Todas las mujeres me interesan y, créeme, cuando era joven,

si alguna me gustaba, era capaz de...

No hay razón para arriesgarse tanto.

La ciudad está llena de espías esta noche.

Si lo piensas, es extraordinario que una chica con tales orígenes,

con una educación tradicional en la corte española...

Podrías pensar que su compasión se ha secado.

En cambio, hoy en la carroza ha demostrado que tiene corazón.

¿Cómo lo explicas, amigo filósofo?

Bueno, su padre sólo le ha dejado el título. Puede que sea eso.

Tonterías. ¿Mides los ideales de un hombre por el oro que tiene?

- No lo sé. Me confundes. - ¿Por qué?

Me haces pensar y al final me confundo,

porque cada vez que lo hago...

- Este no, idiota - Es lo que quería decir.

Me confundo.

No sé lo que pasa.

Ese es el problema.

Nunca sé qué papel interpretas.

¿Sirocco o Amalfi? ¿Amalfi o Sirocco?

Deja de gruñir.

Está bien, como quieras.

¿Puedo hablar contigo, amigo mío?

Ya ves, Sirocco y Amalfi y Amalfi y Sirocco. La cosa me pone nervioso,

sobre todo cuando las dos partes se mezclan.

- ¿Qué farfullas? - Nada. Hablo con un amigo.

A veces es duro como el hierro,

otras tierno como la mantequilla.

Por ejemplo, si me hubieras dejado usar mi sistema,

con un giro del pulgar y un golpe de los dedos...

¿De qué hablas? Nos lo ha dicho todo.

Cierto que lo ha dicho todo,

pero nosotros le hemos dicho

más de lo que debe saber.

Ahora sabe quién eres,

y eso es demasiado,

porque nunca debe volver con Holstein...

No te preocupes, está seguro en Capri.

Eso espero.

Y esta tarde, en la carroza,

dejaste que la guardia cargara contra la muchedumbre,

arriesgando la vida de personas inocentes,

sólo para poner a prueba a la muchacha.

¡Sólo para descubrir que tiene corazón!

¿Después de todos estos años juntos, todavía no me conoces?

Cuando soy Amalfi, debo comportarme como tal.

No es fácil y no siempre es agradable.

¿Crees que me gustó ver aquella carga?

¿Piensas que me gusta hacer de petimetre

y aparecer como un juguetito a los ojos de la reina?

El ingenioso Amalfi, el encantador Amalfi.

Detesto engañarla.

Bueno, si te sientes tan apegado a la reina,

¿por qué intentas destronarla?

No intento destronarla, intento salvarla.

No sabe lo que está pasando.

Mejor perder la corona que la cabeza, que es tan hermosa.

¿Quién salvó la cabeza de tu hermano?

Piénsalo. También tenía una hermosa cabeza.

- Nunca hizo mascaradas. - No, nunca hizo mascaradas.

Salió de la corte y fue asesinado por Holstein.

¿Quieres que repita su error? ¡No! Deja que me consideren un dandy.

¿Habríamos conocido la existencia de las armas sin la confianza de la reina?

Tengo una tarea más difícil que la de mi hermano.

Tengo que hacer el doble juego y recoger información secreta.

¿Cuántas veces tengo que repetirlo?

Me he vuelto a equivocar.

En mi cerebro hay algo que no va,

y está cada día más cansado.

Por favor, perdóname.

A veces pierdo los estribos con un viejo amigo. Lo siento.

Recuerda. Fuera de la villa, a medianoche.

Pignatelli dejó su casa hace media hora.

Le dijo al cochero que fuera al palacio de Capo di Monte.

- ¿Qué viento sopla? - Sirocco.

La policía ha arrestado a más de 40 de los nuestros en Vittoria.

Sí, pero por cada uno arrestado, otros veinte se han unido a nosotros.

Antes tenemos que conseguir el arsenal.

Sí, es el único modo de cazar al déspota extranjero

y traer paz, justicia y dignidad a nuestro pueblo.

¿Qué hacen en nuestro país con una lengua y unas costumbres extranjeras?

Ese es un lenguaje que entenderán.

Él es ciego,

y ella no sabe lo que pasa. Los impuestos, la horca...

Llegarán por el callejón. Escuchad, tened cuidado. Nada de errores.

Mirad,

este es el sitio donde tenemos que alzar la barricada.

Si cerramos esa calle, bloquearemos a la policía durante una hora.

La reina no es mejor que los demás, ¿no es verdad, capitán?

- Lo justo es ganar. - Estás equivocada, Cynthia.

Reunid a los hombres en Angelo.

Tendremos cerca seis carros.

Llegarán desde el callejón.

Dejad de preocuparos por los niños.

Una vez tomadas las armas, seremos los dueños del puerto.

Claro, cuando las tengamos. Pero ¿cuándo? Estoy harto de tanta charla.

Se hará pronto. Yo conozco la razón.

Nuestro plan, capitán.

- Aquí está la lista. - Gracias.

¿No más collares de perlas?

- ¿Ha comprendido el plan? - Sí. Atacamos el cuartel de Holstein

mientras vosotros atacáis el palacio. - Exacto.

- ¿Tenéis las armas? - Sí.

Esta es una lista del botín capturado.

Bien.

- ¿Cuándo? - En una semana a partir de mañana.

Los cabecillas recibirán las armas la noche anterior.

Avisa a los cabecillas.

Empezaremos por aquí.

¡Fuera!

- ¡Fuera he dicho! - Quíteme las manos de encima.

No es necesario.

Señorita, sé que puedo fiarme de vos.

¿Me permitís? Tenemos que hablar una cosa en privado.

¿Por qué usar el puño cuando basta con el guante?

- De eso quería hablaros exactamente. - ¿Qué queréis decir?

Queréis garantizar la inmunidad de la reina cuanto ataquemos el palacio.

El ataque debe ir dirigido contra Holstein y su guardia.

Cuando tomemos el puerto y el palacio no hará falta derramar más sangre.

Nada nace sin derramamiento de sangre.

¿O es demasiado repugnante para el conde de Amalfi?

- ¿Dudáis de mi lealtad? - De la de todos, incluso de la mía.

Lo único que me interesa es la victoria.

No comparto vuestros escrúpulos sobre la reina y otros nobles.

Permíteme que os diga una cosa con toda franqueza,

cuando vinisteis a nosotros,

tuve serias dudas.

No me gustan los aristócratas que...

...llevan máscara y juegan a la revolución.

No pido que os guste, juzgadme por mis acciones y no por mi título.

El conde de Amalfi murió cuando mi hermano fue asesinado.

Aquel día nació Sirocco.

Os equivocáis con la reina. No es una mujer malvada.

Está dominada por Holstein y tiene mucho miedo.

Teme la misma suerte que su hermana, la guillotina es su pesadilla.

¡La policía, rápido, rápido!

Que salgan por el paso subterráneo. Yo los entretendré por otro lado.

¡Bloquead la calle por ambos lados! ¡Las puertas! ¡Abrid las puertas!

¡Fuera todos! ¡Fuera!

¡Por el paso subterráneo!

¡Bloquead el pasaje! ¡Que no salga nadie!

¡Perseguidle!

¡Rápido, un grupo por aquí!

¡Están huyendo por el paso subterráneo!

¡Deprisa!

¡Disparadle!

¡Arriba, fuego!

¡No es él!

¡Cuidado!

¡Ahí está!

No le veo por ningún lado.

¡Ha desaparecido!

¡Detenedle! ¡Detenedle!

- Llevo esperando desde medianoche. - Nos han atacado.

¿Han detenido a alguien?

Aún no lo sé. Me han perseguido por todo Nápoles.

- Larguémonos. - Antes tengo que hacer una cosa.

No es el momento de interpretar Romeo y Julieta.

¿Quién es? ¿Quién es?

¡Vos! ¡Sirocco!

Buenas noches, señorita. Me siento halagado de que me hayáis reconocido.

- ¿Qué queréis? - ¿Yo? No quiero nada.

Sólo he venido a devolveros una cosa.

- ¿Qué? - Esto.

Os lo aseguro, señorita, las perlas no me interesan.

- No os acerquéis. - Cogedlas, son vuestras.

¿Por qué tanto miedo? No soy tan horrible.

No tengo miedo.

- No, parecéis muy valiente. - ¿Por qué? ¿Qué esperáis que haga?

Quería haber venido antes,

pero Holstein quería ejercitar a los suyos esta noche

y me han perseguido por todos los techos de Nápoles.

Estoy muy cansado.

¿Puedo sentarme?

Gracias.

Gracias.

Estoy protegida por los guardias de la reina. Si grito...

- ¿Sí? - No lograréis escapar.

¡Qué lástima!

- Bueno, ¿por qué no gritáis? - Lo haré, si no os vais enseguida.

Señorita, herís mis sentimientos.

Yo he tenido mucho cuidado con los vuestros.

¿Qué queréis decir?

Nada.

- ¿Habéis recibido vuestro castigo? - ¿Qué castigo?

Os dije que seríais castigada.

- ¿De qué habláis? - Del conde de Amalfi.

¿Qué importa el conde de Amalfi?

- ¿Os gusta? - No os importa.

Oh, sí, estoy muy interesado en Amalfi.

Es un tipo fascinante. Un hombre de ciudad, bastante inteligente,

poeta y empresario, mecenas del arte,

un poco egoísta y bastante snob.

Pero os diré que será un marido excelente.

- Bueno, ¿no lo creéis? - ¡Oh, sí!

- No parecéis muy convencida. - Sí, lo estoy.

Entonces, sois una muchacha afortunada.

Y yo creo que vos un impertinente.

Oh, sí, impertinente... y por eso seré ahorcado.

- ¿Ahorcado? - Sí, ¿no os acordáis?

Me sorprendió mucho escuchar palabras tan horribles

de labios tan hermosos y delicados.

- ¿Gritaréis si os beso? - Sí.

No, no lo creo.

Me temo que tengo que irme, señorita. Gracias por la espléndida velada.

Date la vuelta. Deja que vea tu bonita cara.

No, date la vuelta.

- ¿Quién es? - Un cazador de patos.

Se creía un pato.

Vámonos de aquí, estamos en la luz.

Arrójale desde el puente.

En la celda de los presos políticos,

nada de visita de abogados

hasta que el barón Holstein no les haya interrogado.

Estos errores no se tolerarían en Londres.

Haríais mejor en entenderlo de una vez por todas.

Vuestras incursiones son ridículas, de torpes aficionados.

- ¿Cuánto se entrena la policía? - Tres veces a la semana, Excelencia.

¡A partir de ahora, seis! Tienen que aprender a apuntar.

O seguirán alcanzando a muy pocos. - Estaba oscuro, Excelencia.

No es excusa. Yo puedo luchar con la espada en la oscuridad.

¡Estos informes son una porquería!

Ni una palabra sobre Sirocco, sobre quién es,

a dónde ha llevado las armas,

y eso es lo que cuenta.

El grupo que habéis arrestado es insignificante.

Queremos a los cabecillas.

Nosotros no lanzamos las redes

para pescar... para pescar peces pequeños.

¿Y bien?

- ¿Qué ha dicho? - Nada, Excelencia. No ha hablado.

- ¿Has seguido mis instrucciones? - Sí, todas.

Vuelve mañana.

Así que no quiere hablar.

Bien...

Hay formas... y formas.

¿Sigues diciendo que no sabes nada?

¿No sabes adónde han llevado las armas?

¿Ni has oído hablar jamás de Sirocco?

Para ti sólo es un nombre.

¿Ahora tenemos ideales y morimos por ellos?

La última vez que te vi en una prisión, la acusación era...

- Vagabundeo. - Sí, vagabundeo.

¿Qué ocurre, has perdido la lengua?

Sabes...

Me sorprendes,

una muchacha con un pasado así...

...¿por qué nos obligas a seguir con esta desagradable situación?

¿Dónde están las armas?

Dilo.

Dilo.

¡Dilo!

¡No lo sé!

¡No lo sé!

Sabes, estoy dispuesto a creerte.

Traed a la otra.

No es una hermosa visión, ¿verdad?

Tu amiga acaba de decirnos que sabes dónde están las armas.

¡Es mentira!

- ¿Dónde está el escondite? - No lo sé.

- ¿Dónde? - No lo sé.

¡Basta, lo diré todo!

No la escuchéis, no sabe nada.

Dejad que se vaya, lo diré todo.

Empieza.

Empieza.

Nosotros estamos aquí.

Partiréis inmediatamente a Capri. Llevaos cuantos hombres necesitéis.

Rodead y capturad a los piratas y traed las armas de vuelta a Nápoles.

Van Diel tiene que ser llevado inmediatamente a mi despacho.

- ¿Está claro? - Sí, señor.

Vigilaréis que los hombres tengan mejor puntería esta vez.

Sólo tolero errores una vez.

Os llevaréis a la muchacha. Si ha mentido,

ya sabéis qué hacer.

Retiraos.

Vos os quedáis aquí.

Tengo otra noticia que en verdad os agradará.

Aseguraos de que mañana se pueda encontrar en toda Nápoles

el siguiente anuncio: "Tras la última redada,

Sirocco ha sido capturado. " - ¿Qué?

Exacto.

La proclama anunciará su ejecución pública

pasado mañana en San Telmo, junto con los demás.

Pero no comprendo, señor...

...yo estuve en aquella redada y creí que Sirocco había escapado.

Y escapó.

Entonces, ¿cuándo ha sido capturado?

No ha sido capturado.

Mi querido amigo,

es bastante sencillo.

Nos enfrentamos a una rebelión armada.

La reina es débil,

y sólo piensa en huir, precisamente lo que quieren los rebeldes.

Debemos contraatacar ahora.

Pero, Excelencia, ¿cómo ahorcamos a un hombre que no ha sido capturado?

Si no tenemos al verdadero Sirocco,

imagino que tendremos que inventarnos uno.

Cualquier bribón enmascarado irá bien.

El efecto será el mismo.

Después de todo, ¿quién es Sirocco...

...si no una máscara famosa?

El anuncio de la captura de Sirocco

desvertebrará la revolución.

¿Qué te pasa?

¿Sabes que vas a ser ahorcado pasado mañana?

¿Ahorcado? Interesante.

¿No me crees? Lee ésto.

A las seis, el martes, no me queda mucho tiempo.

Estás muy tranquilo para ser alguien que va a morir.

Tienes que ser fatalista, no se vive para siempre.

Un momento. No pueden ahorcarte si no te han capturado.

Exacto. No te desilusiones.

Pueden ahorcar al resto.

¿Piensas que pueden...

...colgar a otro en tu lugar?

Sí, pueden.

Hay más detrás de esto.

Holstein podría pensar que con otro hombre...

Me olvidaba, la muchacha está aquí.

- ¿Qué muchacha? - Tu prometida.

- ¿Por qué no me lo has dicho? - La emoción...

Dile que espere. Vuelvo enseguida.

Una visita inesperada, señorita.

Estoy encantado.

Conde, vengo a pediros un favor.

Oh, siempre a vuestro servicio. Para mí es un placer.

- Por favor, lo digo muy en serio. - Yo también.

Soy muy serio cuando soy frívolo.

¿Qué favor solicitáis?

Conde de Amalfi, ¿sabéis que el capitán Sirocco ha sido capturado?

Eso tengo entendido.

Divertido, ¿verdad? El bribón ha corrido un riesgo excesivo.

¿Un riesgo excesivo?

Sí, fue arrestado cuando escalaba al tocador de una dama.

Una visita en horas tardías...

El amigo debería saber que el crimen y el amor no se mezclan.

Pero, querida, ¿he dicho algo que os haya molestado?

No es nada, nada.

Conde Amalfi, me parece haber oído que tenéis gran influencia sobre la reina.

Sí, creo que sí.

Si vos intercedéis a favor de alguien condenado a muerte...

¡Querida mía!

¿Me estáis pidiendo que salve la vida de Sirocco?

Sí, así es.

Es por eso por lo que estoy aquí.

Me sorprende de vos, una muchacha con vuestra educación...

¡Es increíble!

Debe ser una idea romántica haceros defender por un criminal... un bandido.

- No es un bandido. - ¿No?

Un hombre que robó las naves de su Majestad, su cargamento,

y aterrorizó nuestros mares durante años.

Si no es un bandido, yo no soy el conde de Amalfi.

¿Cómo puedo haceros comprender?

¿Habéis oído lo que dice la gente, su dolor, su ira?

Qué desgracia.

No me sorprende que intercedáis por él, si escucháis a la gente.

Es extraña vuestra preocupación por ese bribón.

Personalmente, me sentiré feliz de verle ahorcado.

Será una gran fiesta.

¿Una fiesta?

¿Cómo puede brillar la muerte de alguien

que tiene más corazón y coraje que ningún otro hombre en Nápoles?

¿Más corazón?

¿No estaréis enamorada...?

¡Eso es imposible!

Querida mía, no soy celoso, no espero que me queráis,

en el fondo nuestra boda ha sido concertada.

Espero que después de la boda descubráis mis propias virtudes.

El amor antes del matrimonio es una idea infantil.

- Pero entenderéis mi curiosidad. - No sé qué es lo que debo entender.

Por favor, ¿haréis esto por mí?

Si lo deseáis, hablaré con su Majestad.

Puedo conseguir que se conmute la pena y será mi regalo de bodas para vos.

A condición de que no mencionéis esta conversación con la reina.

¿Estáis de acuerdo?

Sí, estoy de acuerdo.

Buenos días, conde. Recordad vuestra promesa.

Y vos la vuestra.

¡Estamos entrando! ¡Virad hacia la torre!

¡Idiota, es lo que quería!

Ahora ha dado la alarma.

¡Vienen los hombres de Holstein!

¡Vienen los hombres de Holstein!

¡Alarma!

¡Sálvese quien pueda!

¡Fuego! Tú, encárgate de la gente, captúralos.

Vosotros, tomad la torre y mantened a los prisioneros.

¡Vosotros, venid conmigo!

¡Aquí arriba!

¡Echadla abajo!

¡Romped las cadenas!

¡Vamos!

- Las armas han desaparecido, señor. - ¿Qué?

- La gruta está vacía. - Busca los botes. ¿A qué esperas?

Los botes han zarpado. No queda nadie.

¡Quemadlo todo!

¡Quemadlo todo! ¡Quemadlo todo!

¡Todos los botes al agua!

¡Todos a bordo!

¡Regresamos a Nápoles!

Las siguientes personas han sido sorprendidas en actos subversivos,

traición y rebelión armada.

Serán ahorcadas en la plaza de San Telmo,

mañana por la mañana, a las seis.

Antonio Corelli, Nicolò Rondone, Luisa Corsetti,

Andrea Rolando, Giovanni Santoro...

El príncipe y la princesa Gragnano.

El conde y la condesa Depergné.

Lady Helmon y lord Helmon.

El príncipe y la princesa Gianseveri.

El conde y la condesa Marinoli.

El príncipe y la princesa Rodiani.

El príncipe y la princesa de Austerlitz.

Lord y lady Melinger.

Si fuese el jefe de policía,

hace ya un año que Sirocco habría sido ahorcado.

Habría instaurado la ley marcial,

organizado un asedio y establecido el toque de queda.

Habría dirigido alguno de mis antiguos batallones

apresando a ese diablo antes de que pudiera hacer nada.

¡Revolucionarios!

¡Ojalá tuviéramos más hombres como vos, coronel!

Dejad que os diga,

podremos cuadrar el balance de una vez por todas

si cobrásemos realmente el impuesto sobre el trigo.

Hemos sido demasiado indulgentes con esos campesinos.

Su Majestad, la reina.

La última vez, el barón me felicitó.

Ahora es mi turno de felicitarle.

Sirocco, querido mío, Sirocco.

No pensé que tendría éxito.

El oso y la mariposa, ¿sabéis?

Creí que era demasiado rápido para vos.

Había subestimado vuestro talento.

Subestimáis el de todos, excepto el vuestro.

¿A qué hora será la ceremonia?

Amalfi...

Bromeáis demasiado.

No me sentiré segura hasta que no lo vea en la horca.

Lo veréis, Majestad, mañana a las seis en punto. No temáis.

¿A las seis en punto?

Es prontísimo para ahorcar a un hombre.

Me gustaría estar, pero a las seis... Me temo que no lo conseguiré.

Con permiso.

¿Todavía no habéis hecho nada? Lo prometisteis.

No os preocupéis, ya pensaré algo.

¿Pensaréis? ¡Le ahorcarán mañana!

Lo dudo.

¿Es así como cumplís vuestra palabra?

No puedo hablar con la reina estando Holstein presente.

No hago promesas a la ligera.

Os aseguro que mañana estará libre como...

...como lo estoy yo.

Ciertamente, este es vuestro poema más hermoso, querido Amalfi.

Sí, lo declamaré con fidelidad

durante el resto de mi vida.

Todo está listo en el escenario, conde.

Sí, claro.

Disculpadme, querida mía.

No os preocupéis, recuerdo mi promesa.

Felicitaciones, señorita.

Es un hombre interesante y elegante.

Sí, la corte está llena de ellos esta noche.

Un vestido, ¡qué lástima! Deberías bailar vestida de Venus.

¿Venus? ¿Cómo iba vestida?

Muy bien.

Con permiso de Su Majestad

y la benevolencia de todos, damas y caballeros,

les presento mi nuevo ballet.

Su Majestad verá algo único en el mundo de la danza.

Lo he titulado "La Bella y la bestia. "

O "El malvado jefe de policía y la oveja negra".

Tengo que pediros excusas. Mi primer bailarín ha tenido un accidente,

y para salvar el espectáculo, voy a intentar lo imposible,

le sustituiré yo mismo.

Su Majestad apreciará mi espíritu de sacrificio...

...y vos, damas y caballeros,

toleren a un bailarín sin experiencia.

Bailarín de ballet, ¿qué otra cosa se le ocurrirá?

¡Oh, barón, no seáis envidioso!

Calmaos, no seáis desagradable.

- ¿Has perdido el juicio? - No te preocupes.

Tres de los nuestros van a ser ahorcados, ¿y es momento de bailar?

No te preocupes y haz lo que te he dicho.

¿Por qué tengo que bailar en tu lugar?

Tomemos las armas. ¿Por qué perdemos el tiempo aquí?

- Si me lo pidieras... - Bailarías.

Volveré a tiempo del último número. Sigue tú hasta que yo llegue.

Sé que el espectáculo debe continuar, he sido actor durante 30 años.

Era conocido en toda Italia,

pero abandoné el escenario y elegí luchar a tu lado,

y una lucha dura, capitán.

Ahora vuelvo al punto de partida,

a bailar como un oso loco.

Por supuesto, disfrutarás de este baile antes del final.

Volveré, si no sabes lo que hacer.

Claro que lo sé.

Estoy orgulloso de vosotros y vuestros...

...soldados son mejores que los de Holstein.

Vamos, adelante.

Por orden de Su Excelencia, el barón Holstein,

confiamos al pirata Sirocco a vuestra custodia.

¡Abrid la puerta!

- ¿Tenéis los papeles? - ¡Sí, aquí están!

¡Matadlos!

Tengo que admitirlo. El conde es un bailarín extraordinario, Majestad.

Si me lo permitís, iré a felicitarle.

Tendréis mucho tiempo cuando el ballet acabe.

Majestad, debo pediros que me disculpéis un momento.

Si insistís, pero ¿por qué estáis tan nervioso?

Buenas noches, Amalfi.

He venido a felicitaros por vuestra excelente actuación.

Gracias, barón.

Estoy casi sin aliento. Necesito hacer más ejercicio.

Al contrario, bailáis como un profesional.

Vuestra actuación ha sido tan notable, conde,

que he estado a punto de creer que no erais vos.

Gracias, barón. Me alegro de que os haya gustado.

Estaba especialmente dedicada a vos.

Ahora, perdonadme, tengo que cambiarme. La reina me espera.

Ayúdame, faltan sólo cinco minutos.

Sabía que volverías.

No he pasado miedo.

No...

- ¿Qué ocurre? - Majestad, Sirocco ha escapado.

¿Qué?

Sí, Majestad. Todos los presos políticos han huido con Sirocco.

Al final no tendré que hacer uso de mi influencia.

Él solo lo ha resuelto todo.

- ¿Cómo pudisteis saberlo? - A veces tengo extrañas intuiciones.

Vuestro traje para el ballet

fue una excelente elección.

- ¿También fue una intuición? - No, una coincidencia.

¡Debo partir! ¡Debo partir al instante!

Majestad, la situación es muy seria.

He doblado la guardia y cuando encuentre al responsable...

- No estará muy lejos. - Será fusilado.

Confiad en mi protección. Mañana habrá una nave preparada...

- Mañana puede que sea demasiado tarde. - No lo creo.

Ni siquiera creíais que Sirocco escaparía.

Amalfi, no es momento para vuestras agudezas.

Haced que se vayan todos. Voy a retirarme.

Damas y caballeros, el baile ha terminado.

Pignatelli, ¿no sabéis que me siguen a todas partes?

El tiempo de los miramientos ha terminado.

Dentro de pocas horas, se descubrirá vuestra identidad.

¿Qué ha sucedido?

- ¿Podemos hablar aquí? - Sí.

Tenemos que atacar esta noche.

¿Esta noche? La fecha se señaló entre muchas opciones.

Los cabecillas fijan las fechas, pero la gente las ignora.

Hambre y rabia no conocen fechas, ahora no se les puede detener.

Vos habéis encendido la mecha y ahora no podéis apagarla.

La rebelión estallará con o sin vuestra dirección.

- ¿Los cabecillas están en sus puestos? - Sí, sólo esperan vuestras órdenes.

¿Y si no les diésemos las armas?

La rebelión comenzaría de todos modos.

¡Con palos, con horcas, con los puños desnudos!

- ¿Sabéis lo que eso significa? - Sí. Que perderemos.

Exactamente.

Mantenedles a raya, no ataquéis hasta que haya visto a la reina.

¿Así que todavía insistís en el plan de protegerla?

Sí, para hacer que firme una amnistía y os nombre primer ministro.

Como queráis, pero recordad que ya no lograremos frenar al pueblo.

Si no conseguís la firma antes de las diez y media de esta noche,

atacaremos el palacio.

De acuerdo.

Señorita, tengo un mensaje urgente para vos.

¿Sí?

El conde Amalfi os aconseja que abandonéis rápidamente Nápoles.

¿Abandonar? ¿Por qué?

Esta noche estallará una rebelión.

Esta ciudad no será segura para las damas de bien.

¿Una insurrección? ¿Te lo ha dicho el conde de Amalfi?

Sí, señorita, tenemos...

Es decir, él tiene información de primera mano.

El conde posee un extraño don para la profecía.

La otra noche predijo que Sirocco no iba a ser ahorcado. Y así fue.

Ahora la información sobre una rebelión que aún no ha estallado.

Es un hombre verdaderamente brillante, señorita.

Ya sabéis, es...

- Sí. - Sí.

¿Desde cuándo estás a su servicio, Peppino?

Oh, desde hace muchos años.

¿Por tierra y por mar?

- ¿Perdón? - ¿También le has seguido por mar?

¡Oh, no, no, Su Excelencia nunca sale en barco!

Se marea con sólo mirar el océano.

¿Estás seguro?

¡Que me caiga del caballo y me rompa el cuello si miento!

Muy, muy extraño.

¿Y el conde está huyendo de Nápoles?

Oh... no lo sé, señorita.

No lo ha dicho, pero ha ido a palacio a organizar la partida de la reina.

¿He de comunicarle vuestra partida para esta noche?

Dile al conde que acostumbro a decidir por mí misma.

Un informe brillante, sensacional.

¡Vacío como vuestra cabeza!

Decís que las armas ya han sido distribuidas.

¿Dónde?

¿Cuántas?

¿Quién las ha recibido?

¿Quién las ha entregado?

Si no conocéis esos detalles, ¿cómo vais a arrestar a nadie?

Todo tranquilo, ¿eh?

Calma total por todas partes.

Ningún incidente.

Ni un sólo hombre por la calle.

¿Es correcto?

¡Imbéciles! ¿Qué tengo que hacer con vosotros?

¡Coronel!

Esto es una emergencia. En nombre de Su Majestad, proclamo la ley marcial.

La ciudad queda bajo mi responsabilidad.

El decreto tendrá efectos inmediatos.

Llevad cinco regimientos a la guarnición

y ocupad los puntos estratégicos de la ciudad.

Retiraos.

Reforzad el arsenal.

Quiero hablar con vos.

Un momento, por favor.

Doblad la guardia en el puerto y en palacio.

Retiraos.

Así que queréis hablar conmigo.

Tal vez sea yo quién tenga algo que deciros.

¿Por qué me he quedado pudriéndome en las grutas de Capri?

¿Qué policía es esta?

No sabíamos dónde estabais.

¿Cómo íbamos a liberar a un hombre que no sabíamos dónde estaba?

No os creo, barón.

Lo creáis o no, es la verdad.

Habéis hecho vuestro juego sucio a mi expensas durante mucho tiempo.

¡A vuestras expensas!

¿Me estáis hablando de expensas?

Merecéis todas mis felicitaciones, comodoro.

Uno de los mejores navíos de la reina asaltado,

el cargamento completo de armas desaparecido,

su comandante secuestrado

y ahora, gracias a vuestra estupidez, tengo una revolución entre las manos.

Dadme una sola razón por la que no deberíais ser retirado del mando.

Responderé de mi conducta ante la reina, no ante vos.

¿Sabéis cómo descubrieron los piratas las armas?

¿Qué protección nos dio vuestra policía?

Sé cómo desempeñar mis funciones.

Claro.

Sentado en vuestro lujoso despacho,

y tenéis la desfachatez de criticar al que corre los riesgos.

¿Sois o no sois el capitán de vuestra nave?

¿Quién hizo subir a los piratas? ¿Quién organizó la función?

¿Quién cayó en su trampa?

El comodoro, en nombre de Su Majestad.

Engañado por un grupo de acróbatas.

Os advierto, Holstein,

sigo vuestras sucias intrigas desde hace años.

Cualquiera que se hubiera interpuesto...

...entre vos y la reina habría sido eliminado.

Pues bien...

No os libraréis de mí tan fácilmente.

Conservo una información que interesará a Su Majestad

y que pondrá fin a vuestras maniobras en la corte.

¿Sí?

¿Se puede saber cuál es esa misteriosa información?

Sé quién es Sirocco.

¿Eso es todo?

Llegáis un poco tarde, comodoro. Lo sé desde hace tiempo.

Es mentira. Si lo supierais, ¿por qué no le habéis hecho arrestar?

En realidad, lo he hecho.

Al parecer, no estáis al corriente.

¿Por eso me dejasteis pudrirme en Capri?

Pensasteis que Amalfi me culparía de la muerte de su hermano.

Os equivocasteis. Le dije quién era el responsable.

No tengo intención de pagar vuestro delito con mi piel.

Qué jefe de policía tan brillante,

permitir que un petimetre con su peluca y sus perlas

traicione a la reina en su mismo tocador.

A la reina le interesará mucho conocer vuestra excelente protección.

Haced lo que queráis.

Obviamente daré mi informe a Su Majestad a su debido tiempo.

No lo dudo.

Señora, no temáis. Las tropas están en todos los lugares estratégicos.

Sí, es lo que dicen todos.

- Majestad, he venido a ayudaros. - Sabía que podía confiar en vos.

Señora, no podéis huir a Palermo.

Me niego a permanecer en Nápoles.

Desde que Sirocco escapó, hay una calma terrible.

¿Qué significa esa calma?

Es la que precede a la tempestad, Majestad.

¿Qué decís? Nunca sé cuándo tomaros en serio.

Os ruego que lo hagáis ahora.

La ciudad está en calma y desierta porque está a la espera.

¿A la espera?

¿A la espera de qué?

Hablad, ¿a la espera de qué?

De una señal para que comience la revolución.

Sí, para que comience la revolución.

Os prohíbo hablar así.

Todos están contra mí.

Y el barón Holstein me ha dejado sola todo el día.

- No puedo fiarme de nadie. - De mí sí, Majestad.

Lo sé, pero para mi seguridad no puedo contar con vos.

Tengo que dejar Nápoles.

Por favor, no quiero acabar como María Antonieta.

Evitad sus errores.

Os digo, Majestad, que nunca llegaréis al barco.

La ciudad está rodeada por los franceses...

...y la gente dispuesta a atacar.

¿Qué queréis decirme?

Habláis de un modo extraño. No sois vos, Amalfi.

Al contrario, Majestad, por primera vez soy yo mismo.

Yo mismo, ¿entendéis? ¿Qué es un hombre, una peluca, un atuendo?

¿Estáis tan cegada por el brillo

que no reconocéis la verdad?

Venid conmigo.

Abajo, en la calle,

en los callejones, en las esquinas, hay miles de hombres.

Hombres armados.

Holstein afirmó que las armas estaban en lugar seguro. Holstein...

Holstein es un embustero.

No es verdad que las armas estuvieran en lugar seguro,

ni que hubiese capturado a Sirocco,

ni que pueda evitar la revolución...

No lo entiendo. ¿Por qué iba a mentirme?

Para mantener su posición.

Quiere proclamarse primer ministro y engañaros a vos y a los demás.

Vos le veis aquí rodeado de brocado y seda,

pero ¿le habéis visto aplastar las cabezas de hombres inocentes?

¿Nunca habéis estado tan desesperada como para preferir la muerte a la vida?

Ha permitido que dejara que me odiase el pueblo.

¡No lo sabía! ¡No lo sabía!

Majestad, el pueblo no os odia.

No os conoce y vos no lo conocéis a él.

- ¿Por qué me decís esto ahora? - Habéis estado ciega demasiado tiempo.

Majestad, todavía podemos evitar un derramamiento de sangre.

Si le mostramos vuestro corazón, el pueblo os mostrará el suyo.

Sí. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?

Firmad este documento, proclamad la amnistía general,

nombrad primer ministro a Pignatelli

y el pueblo, agradecido, respetará vuestra vida.

Sirocco os garantiza un paso seguro a través de las líneas.

¿La garantía de Sirocco?

¿La garantía de Sirocco?

¿Ahora me traéis mensajes de Sirocco?

Majestad.

- Yo soy Sirocco. - ¿Vos? ¿Sirocco?

¡Mi poeta! ¡Mi cortesano favorito!

¡Siempre habéis intrigado contra mí!

No, Majestad, no he intrigado contra vos.

He intentado salvaros de vuestra debilidad.

¡No os creo! ¡No os creo!

Necesito tiempo para pensar.

Necesito tiempo para pensar.

Señora, no hay tiempo.

¿Qué ha sucedido? ¿La reina?

Su Majestad va a partir. ¿Estáis preparada?

- ¿Vos vendréis con nosotras? - No.

Basta de preguntas. Mi carroza está esperando.

Uno de los míos os llevará al barco. Saldréis para Palermo con la reina.

Desde allí podréis seguir hasta España, si lo deseáis.

He cambiado de idea.

No me voy.

Quiero quedarme en Nápoles, con vos.

¿Conmigo?

- Creía que me odiabais. - Odiaba al conde de Amalfi.

Dejaos de enigmas, haríais mejor en subir a la carroza.

La otra noche, en el baile,

algo había cambiado en vos.

- Tal vez el cambio fuese el vuestro. - Tal vez.

¿Cómo sabíais que Sirocco había huido?

- No lo sabía. - Sí, lo sabíais.

Estuvisteis completamente seguro toda la noche.

Era como si... Decidme, ¿quién sois en realidad?

- Yo os lo diré. - No es necesario, barón.

No tenéis ninguna posibilidad, Amalfi-Sirocco,

Vuestro doble juego ha terminado. Cuando Su Majestad...

Lo sabe ya y ha nombrado a Pignatelli primer ministro. Sois vos el acabado.

¡Guardias, capturad a los dos!

¡Cogedle vivo!

¡La reina está sola en palacio, Excelencia!

¡Están atacando el palacio!

¡Son miles!

¡Estamos atrapados, no hay salida!

- ¡Llamad a retirada! - ¡A las ventanas!

¡Traedle! ¡Al teatro, deprisa!

¡Abrid! ¡Abrid!

¡Capitán!

¡Detened la lucha!

¡Escuchad!

Por el bien de nuestro querido pueblo,

Su Majestad María Carolina, por la gracia de Dios, Reina de Nápoles...

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