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Zulu
Damas y caballeros,
reciban con un fuerte aplauso a Kevin Heart.
Vaya.
Bueno…
Quiero empezar diciendo que estoy de un humor excelente.
La vida me está tratando de maravilla.
Mi mujer está contenta. Mis hijos también.
Yo me llevo mejor con mis parientes.
Desde hace poco, soy yo quien organiza las quedadas.
Si tenemos que reunirnos, yo me ocupo.
Quedadas familiares, celebraciones, cenas… yo lo organizo todo.
Mentiría si dijera que no es un engorro. A veces lo es.
Hace nada, un sobrino me dijo que tenía que contarnos una cosa.
Me pidió que montara una quedada.
"Hecho".
Les llamé a todos y fuimos a un restaurante,
a un salón privado.
Nada más llegar, mi sobrino dice:
"Os he reunido aquí para contaros que soy gay".
Se dio prisa.
Se dio prisa.
No nos dejó ni sentarnos. Se dio mucha prisa.
Lo soltó y nadie dijo nada. Todo el mundo se quedó callado.
Alguien debía decir algo, joder. Había que romper el hielo.
Soy el organizador. Era yo quien debía decir algo.
Le dije: "Mira, sobrino,
creo que hablo en nombre de toda la familia, ¿no?
¿Verdad? Hablo en nombre de todos cuando digo que como familia…
Estoy segu… Oye, mira…
Estoy seguro de que…
ya lo sabíamos.
No es una sorpresa.
No es algo que nos sorprenda a ninguno".
Llevaba puesto un top que era como una banda ancha
con la leyenda "Mi culo es negro".
Pues claro que eres gay, joder.
Nos importa un pito. Te queremos.
Mi tía trató de apuntarse al momento.
"Ya que nos estamos sincerando, mi peso me preocupa.
Me parece que soy obesa".
Volvió a no oírse una mosca. Todos estaban callados.
Otra vez tenía que romper el hielo y decir algo yo.
Le dije: "Pat, planta ese culo gordo que tienes en la silla". Tal cual.
"Planta ese culo gordo en la silla, Pat. Estás tan gorda como siempre".
Pat está gorda desde los 12 años. Siempre ha estado así.
"Planta el culo en la silla. No eres obesa".
Es difícil mantener unida a la familia. Cuesta mucho. Hay que tener paciencia.
Hasta en tu propia casa. Tengo cuatro hijos. Suelo hablar de ellos.
Ser famoso te mete mucha presión.
Aunque, si soy sincero, soy yo quien se mete presión.
Es así. ¿Sabéis por qué? Porque al menos uno tiene que triunfar.
No espero que lo hagan los cuatro. No.
Cualquiera que tenga al menos cuatro hijos sabe cuáles triunfarán y cuáles no.
Se nota. "Este chaval de aquí…
Deja preparado el dinero para su fianza".
Mirad, no quiero promocionar a un inútil.
No quiero ser uno de esos famosos.
Los hijos de algunos famosos no aprovechan los recursos
que tienen al alcance de la mano.
Paso de hijos así.
Quiero que los míos aprovechen lo que tienen.
No quiero promocionar a un inútil. Y hay famosos que sí lo han hecho.
Vosotros no pensáis en ello. Yo sí.
Os doy nombres sin ningún problema.
Por eso os he quitado los móviles, para hablar claro.
Para hablar claro y ser sincero.
Si se lo contáis a alguien, lo negaré todo.
Os voy a decir quién ha promocionado a un inútil.
Michael Jordan.
Michael Jordan ha promocionado a un inútil.
Me da igual vuestra opinión. Michael lo sabe. Lo sé.
¿Creéis que a Michael no le afecta ver a Dell Curry celebrando las canastas
de Steph y Seth Curry?
¿Os habéis fijado en Dell Curry?
"¡Mis hijos juegan en la NBA!".
Cuando Michael vea a Marcus y Jeffrey
en el sofá, seguro que les dice que no valen una mierda.
"Estáis ahí tirados con unas Jordan de colores
jugando al Fortnite todos los putos días. Hay que joderse".
Es un buen momento para decir que Michael y yo no nos llevamos bien.
Estas cosas que digo se deben a una situación un poco rara.
Michael lleva años mosqueado conmigo. Lleva años cabreado conmigo.
Presenté un acto para famosos al que él llegó tarde.
Yo tenía dos chistes en la recámara.
En cuanto lo vi, solté el primero.
Enseguida, pero de buen rollo.
Todo el mundo sabe que Michael Jordan viste fatal.
Los vaqueros más feos que he visto nunca los llevaba él.
De esos con bolsillos traseros enormes.
Le cabe un Dell en uno de esos bolsillos.
"Joder, Mike, ¿llevas un Dell en ese bolsillo trasero?
La Virgen, Mike. ¿Y eso es un módem? Carajo".
Llegó tarde y lo recibí con un chiste.
"Michael se viste como una lesbiana preñada". No sé por qué.
Los pantalones le cubrían el pecho.
Y tenía algo de chicha aquí, justo encima del pito.
Desde entonces no nos hablamos.
No es que me importe.
Me la pela caer bien o no.
A estas alturas, es difícil cabrearme.
Tengo 45 años. Cuanto más viejo eres, más te la suda todo. Es así.
Cuanto más viejo eres, más te la suda todo.
Salvo mi familia o mi desarrollo vital, los demás no merece mi atención.
De verdad. He cambiado. Y mis amigos también.
Madre mía, recuerdo cómo éramos antes.
Siempre andábamos con lo mismo sin parar.
¿Dónde están las tías? ¿Por dónde salimos? ¿Y las copas?
¿Y las copas? ¿Por dónde salimos? ¿Dónde están las tías?
A diario.
Ahora, con 45, solo hablamos de lesiones y de medicamentos. Tal cual.
Después de los 40, siempre te has hecho algo.
Siempre. Solo que no sabes cómo.
Todas las conversaciones empiezan
con una lesión que no sabes cómo pasó.
"No sé qué he hecho, pero me he jodido el cuello".
Todos tus colegas cuarentones quieren ayudarte.
"¿Cómo crees que ha sido?". "Ni idea. Ha debido de ser en la autopista
porque sigo los carteles con la mirada así".
Todos te aconsejan. Todos se creen médicos.
"Eso se te pasa con cúrcuma".
"Date un masaje en el cuello con aceite de pescado".
"Toma una cucharada de ajo y mete un pie en agua caliente diez minutos".
"¿Me tomas por un vampiro? ¿Qué coño dices?".
Siempre te has hecho algo.
Lo malo es que ya nunca te recuperas del todo.
Con cada lesión pierdes algo.
Nunca te recuperas del todo.
Os lo voy a demostrar. Fijaos. Lo subo hasta arriba. ¿Veis? Del todo.
Este no. Mirad. Llega hasta ahí.
Se lo enseñé al médico. "Usa el otro lado", me dijo.
"¡Arréglalo, mamón!
Me has dejado asimétrico. ¡Arréglalo, joder!".
Les tengo mucha envidia a los jóvenes.
Se lesionan y se levantan como si nada.
Jugando al baloncesto con unos,
vi a uno torcerse el tobillo. Se le dobló hasta tocar el suelo así.
Vi cómo se le doblaba y tocaba la cancha. Pensé que se lo había roto seguro.
¿Sabéis cómo lo resolvió allí mismo?
Se agachó, se apretó las deportivas y dio unos saltos.
"No me he hecho nada.
Puedo acabar el partido". "¿Acabar el partido?", dije yo.
Si eres cuarentón, no puedes hacer nada parecido.
Te tuerces el tobillo así
y te inmovilizan hasta la cadera con la bota esa.
- "¿Qué pasa, gente?". - "¡Hostia, Joe!
- ¿No es una lesión de tobillo?". - "Son el menisco y el tendón de Aquiles.
Eso me ha provocado ciática y tengo para ocho meses".
"¿Ocho meses?
¿Ocho meses? Hostia, Joe.
Si no estabas jugando".
"Ya. Por lo visto, me senté muy deprisa.
Tenéis que sentaros despacito cuando salís de la cancha. Sin prisa".
"Hostia, Joe". Es muy fácil lesionarse.
La gente no se da cuenta de lo fácil que es.
El otro día, bajé tres peldaños derrapando.
No me caí, pero derrapé con el talón sobre ellos.
¿Sabéis a qué me refiero? A ese: "Ay, madre".
Me cagué de miedo.
Por cierto, prefiero caerme.
Porque te caes y ya está.
Con lo otro, tienes tiempo de pensar
lo grave que va a ser el trompazo que te acabas dando.
"Me voy a abrir la cabeza contra un puto peldaño".
Y tú lesionas a otros. Empujé escaleras abajo a un pobre señora.
Me asusté.
Lo único que oí fue: "¡Ah!".
Las escaleras son peligrosas.
No sé para qué queremos tantas.
Hay un montón de escaleras por todas partes.
Subirlas, vale. El problema es bajarlas.
Cuanto mayor eres, más miedo dan.
Mi hijo iba el otro día bajando unas saltando un escalón entre medias.
Tiene que ser un Vengador. Menudas rodillas tiene.
¿De dónde ha sacado esas rodillas?
Yo las bajo de lado. Te haces viejo y vas cambiando.
"Adelantadme. ¿Tenéis prisa? Rodeadme.
No me voy a hacer daño por vosotros".
Es demasiado fácil lesionarse. El otro día, resbalé en la ducha. Joder.
Me cagué de miedo. Tenía un abismo entre las piernas.
Jamás las había separado tanto. Madre mía.
No le das importancia al trasto ese para agarrarse. Hasta que te hace falta.
No sabes para qué son las barras de la ducha hasta que necesitas una.
Me resbalé, casi me abro la cabeza, y me agarré a la barrita esa.
"Gracias, barra salvavidas de negros canijos".
Pues sí. Es una "barra salvavidas de negros canijos".
No conseguí agarrarme a la grande.
Intenté cogerme a ella,
pero no llegué a la muy cabrona.
La leche. Así que para eso eran las dos barras.
Me da miedo caerme en la ducha.
Es de los peores accidentes que puedes tener.
¿Una caída en la ducha? Joder.
Me da pavor caerme y hacerme algo que me impide moverme,
pero de forma que quedo debajo de la alcachofa,
está saliendo el agua
y me tiro seis horas tratando de no morir.
Me paso seis horas así.
Me encuentran así.
Con un cacahuete por pito porque llevo seis horas a remojo.
Madre mía. ¿Os lo imagináis?
A punto de morir y lo último que oyes es: "Qué grima. Fijaos en el pito".
No me jodas, hostia. Mejor pegadme un tiro ya.
"¿Por qué tiene el pito así? Qué asco".
Te sale una toallita con mierda del culo porque es lo que te estabas lavando.
"Hay mierda en la toallita, qué grima.
Yo no toco a ese tío de polla ridícula". Que me estoy muriendo, joder.
¿Sabéis por qué pienso en estas cosas? Por mi última lesión, que me jodió tela.
Me rompí la polla. Es la mejor forma de explicarlo.
Es la verdad. No os voy a ocultar nada.
Me hice daño echando una carrera.
No fue en una pista.
No había una cinta en la meta ni nos iban a dar un trofeo. Qué va.
Fue una carrera a las 2:00 entre dos negros borrachos.
Reté a un ex corredor de fútbol americano porque sí. Surgió sobre la marcha.
Estábamos en una barbacoa y lo oí hablar con otra gente.
Estaba diciendo que echaba mucho de menos el fútbol.
"Mi vida ya no es la misma. Daría cualquier cosa por volver a jugar.
Dejé una parte de mí mismo en el campo cuando me retiré".
Sin venir a cuento, le dije: "Te echo una carrera, mamón".
"¿Qué? ¿De verdad quieres echar una carrera?".
"Sí, mamón, vamos a correr".
Y me dijo: "Si quieres, vale".
Pasé por alto todas las señales…
de que aquello no era buena idea.
Por ejemplo, su forma de estirar
comparada con la mía.
Estiró un montón. Hizo estiramientos laterales de cadera,
giros para las ingles, algo así para las rodillas
que me recordó a cuando te sirves helado.
Siguió con patadas en el culo. Estiró un montón.
Yo fui hacia él y sacudí un par de veces las piernas. Listo.
"¡A correr!".
Si eres cuarentón, lo peor es tener colegas de tu edad.
Los colegas cuarentones son terribles. Ante cualquier idiotez,
te van a apoyar a muerte.
Cuando sacudí las piernas así, empezaron:
"¡Así! ¡A por él, Kev!".
Se iba a enterar.
De entrada le dije:
"Eres deportista profesional y tienes técnica.
Eso te hace creer que vas con ventaja, pero te equivocas.
Yo soy un corredor innato, tengo ese don.
Y te voy a ganar".
Tengo un arma secreta cuando corro. Pego los dedos así.
Y… Perdonad.
Mi arma secreta es pegar los dedos
y cortar el aire así,
como si fuera una tarta.
Hay tarta para todos cuando corro.
Todo el mundo corre así, dejando pasar el aire.
Fijaos qué montón de aire.
A mí no me pasa. Fijaos.
Mandamos a un crío al final de la manzana. Levantó los brazos.
Cuando los bajara, había que echar a correr.
Fuimos a la línea de salida. Sabía que el tío tenía técnica.
Él se colocó con una mano en el suelo, la otra en alto y la cabeza así.
Yo, como cualquier corredor callejero.
Listo para adelantarlo en la salida.
Y ya.
Madre mía. El crío dijo: "Preparados, listos…". Y bajó los brazos.
Salió antes que yo.
Cuando corro, empiezo con la cabeza baja.
Empiezo así y acabo levantándola.
Cuando la levanto, siempre vamos hombro con hombro
o yo voy por delante.
Siempre vamos igualados o yo voy en primera posición.
Por primera vez en mi vida, levanté la cabeza y le vi la nuca.
¡Coño, que iba perdiendo!
Allí pasaba algo raro. No podía ser. Era imposible que fuera perdiendo.
Me miré los dedos. Estaban un poco separados.
Los junté.
Cuanto más viejo eres, más ruidos haces.
Mis amigos me gritaban: "¡Venga, Kev, espabila!
- ¡Sube las rodillas! ¡Lo tienes cerca!". - "¡Ya lo intento, joder!".
No le daba alcance. Quedaba poco e iba hablando conmigo mismo.
"Venga, Kev, rodillas arriba. Joder, tío, ¡dale la vuelta a esto!".
En la penúltima zancada lo noté. ¡Zas!
Lo noté, joder.
Tuve la sensación de que la polla había salido disparada al seto.
Me pareció que la polla había salido volando al seto.
Me paré en seco.
Puse la clásica cara con la que miras a alguien cuando te lesionas.
- Mi entrenador dijo: "¿Estás bien?". - "No. Me he hecho un destrozo".
A quién pides que avisen indica lo grave que es.
Mis amigos estaban todos allí,
y yo pedí que fueran a buscar a mi mujer enseguida.
Eso es señal de que quieres poner todo en orden
y firmar papeles: el fideicomiso familiar, el testamento, lo que sea.
Mi polla estaba en un seto. No tenía ganas de seguir viviendo.
Fueron a por mi mujer. Llegó fina. Menudo cabreo tenía.
Llegó oscilando la cabeza así.
"A ver qué gilipollez has hecho ahora".
"Hazme un favor. A ver si ves mi polla en ese seto".
"¿Qué?".
"Acércate a ese seto. A ver si ves mi polla".
- "Tu polla no está en ese seto". - "Que sí".
Como soy bajito, me echó mano.
"A ver. Tu polla está ahí. La estoy tocando".
"Imposible. Eso son las bolas. Estás tocándome las bolas.
Mi polla está en ese seto y no me voy a poner a discutir.
Voy a llamar al médico ahora mismo". Llamé a mi médico. "Doctor, es grave.
No puedo andar. Mi polla está en un seto.
Le he hecho una foto al seto porque mi mujer no quiere buscarla".
Voy al hospital, pero entraré por atrás. No quiero que me vean así. No puedo andar.
Me dijo: "Lo que necesites". No miento.
Me sentaron en el coche. Llegamos al hospital. Qué pesadilla.
Parecía un episodio de una serie mala de médicos.
Me pusieron en una camilla, echamos a correr por el hospital,
empezaron a rajarme los pantalones
y se pusieron a hablar en chino.
"Pásame tres TCE con ocho IVA".
Ni repajolera idea de qué decían.
Alguien gritó que me hicieran una resonancia para ver qué tenía.
No sé por qué, pero llevo fatal las resonancias.
Solo que nunca aviso. Miento.
Me metieron en la máquina. "Kev, ¿estás listo?".
"Por supuesto. Dele caña". Cerró la puerta y empezaron los pitidos.
Se me fue la pinza.
Me puse a gritar que me estaban robando el ADN.
Se me fue la puta pinza.
Tuvieron que sedarme.
Me sedaron. Cuando desperté, mi médico estaba allí.
"Kevin, se confirma lo que temías. Es una lesión grave.
- Te has desgarrado los dos abductores". - "¡Joder!
¿Los dos?".
Empecé a echar lagrimones.
Estaba llorando como una Madalena.
Es que no tenía ni idea de qué me había hecho.
Jamás había oído aquello. Me puse en lo peor.
"¿Cómo? ¿Que no tengo ovarios?
¿Me habéis quitado los ovarios, cabrón? ¿Me habéis quitado los ovarios?".
Fue triste.
Me dieron una silla de ruedas. Pasé seis semanas en silla de ruedas.
Era una de hospital. Seguro que no las hay peores.
Una de esas que se pliegan.
Hay que estar como un toro para conseguirlo.
Tienes que abrirla de un puñetazo.
Los frenos están atrás y hay que pisarlos con fuerza.
Respeto aún más a quienes van en silla de ruedas.
Siempre los he respetado, pero ahora todavía más.
¿Sabéis dónde está a clave? En quien te empuja.
Si no lo hace bien, tu vida en la silla es un horror.
Necesitas a alguien que lo haga bien. La primera persona lo hacía fatal.
¿La primera? Horrible.
Fue mi mujer. Menuda capulla, así lo digo.
Es lo que hay. No voy a mentir.
El primer día, me aparcó delante de una ventana.
Puso los frenos y me dijo: "Ahora vengo".
Me dejó siete horas delante de la puta ventana.
¡Siete! No sé cuándo fue la última vez que mirasteis por una ventana siete horas,
pero vi de todo ese día.
Parecía era una serie trágica hecha por negros.
Me meé y me cagué encima y no me cambió nadie. ¡No me jodas!
Es duro estar en la silla. En vez de mi mujer,
decidí que prefería a mi hijo, que se ocuparía mejor de mí.
Solo que no lo hizo mejor. Se dedicaba a jugar.
Empujaba la silla con fuerza, la mandaba lejos,
y luego echaba a correr y se subía de un salto. Y yo así.
Nada acojona más que el que alguien lance la silla
y veas cómo te acercas a la calzada. "¡Eh! ¡Oye!".
Descubrí por qué quienes van en silla de ruedas llevan guantes.
Pensaba que era para infundir respeto.
Creía que me iban a atropellar y me puse a frenar con las manos.
Me hice una quemadura de impresión en la palma.
Enfrente había un señor en silla de ruedas. Me miró.
"Te conviene usar guantes, canijo".
Le pedí unos guantes a mi mujer. "Mira. Me he quemado. Necesito guantes".
Me dijo que guantes no, pero que teníamos unas manoplas arriba.
Me los puse. Más tarde, salimos a pasear.
Vi al hombre que me aconsejó los guantes
y quise darle las gracias por preocuparse por mí.
"El consejo para protegerme las manos ha sido un detallazo. Hay que ayudarse".
Este gesto es ofensivo para quienes van en silla.
Esto significa algo. Se puso furioso.
"A mí no me metes tú el dedo en el culo". "¿Qué?
¿Qué coño dices? Nadie quiere metértelo.
"Te estoy dando las gracias por tu consejo. Gracias".
"¿De qué vas, cabrón?". Y cargó contra mí.
Era mi primera pelea en silla de ruedas.
No sabía qué hacer. Mi hijo había puesto los frenos.
Me preparé para el impacto. Nos estábamos mirando a los ojos.
Me tiró de la silla. ¡Joder!
Me levanté cabreado. "¿Por qué has hecho eso?".
Alguien gritó: "Está haciendo teatro. Puede caminar".
"No es teatro.
Me han abducido y me han quitado los ovarios.
No sabes lo duro que es no tener ovarios.
No tengo ovarios".
Vosotros os reís, pero a mí me afecta.
Empecé a caminar de nuevo a las seis semanas y media. A caminar.
Porque, la verdad es que pensé
mientras caminaba, que durante ese tiempo,
no se me había puesto dura ni una vez. Qué acojone.
¿Y si iba a seguir así para siempre? Joder. ¿Era mi nueva normalidad?
¿Y si mi mujer quiere echar un polvo y no me funciona la polla?
No suelo agobiarme, pero cuando lo hago, es a tope.
Me agobié, ¿vale? Y las cosas se salieron de madre.
Y me compré pastillas engordapolla.
Es la verdad. No me avergüenzo de reconocer que las he tomado.
Todos los hombres deben tomarlas en algún momento
y zumbar a sus señoras con la polla que te ponen las pastis.
Contárselo a ellas es otra cosa. Mejor no.
Mi mujer no tiene ni idea.
A ver, se enterará cuando vea esto, pero aún no lo sabe.
Hay que entender las normas y el contexto en que tomas las pastis.
Con una buena pastilla, la fiesta dura tres días.
Primera norma. Los fuegos artificiales no son por ti. No lo olvidéis, tíos.
El mérito es de la pastilla engordapolla, no vuestro. ¿Queda claro?
El mérito es suyo.
No mezcléis vuestra polla de siempre con la otra.
Son dos pollas diferentes y vais a salir escaldados.
Se os joderá la autoestima. Hay que aprender a organizar los días.
El día en que la tomas hay que sentar las bases.
Ella no sabe lo que habéis tomado. Tenéis que ir de sobrados.
"Sigue por aquí pidiendo guerra,
que te vas a enterar.
Se te ha debido de olvidar de lo que soy capaz.
Te voy a poner mirando a Cuenca.
Sigue así, que verás cómo te refresco la memoria".
"Que sí, Kevin, que sí. Tú y tus gilipolleces de siempre".
Ahora tienes que cumplir tu promesa
y que sea el polvazo del siglo.
El segundo día es importante rematar. "¿Te lo dije o no?
¿No te dije que me funciona a voluntad,
como si tuviera un interruptor?
No disfrutas de esa polla siempre
porque no te la mereces. Por eso.
Si te portarás bien, la cosa cambiaría".
"Me portaré bien.
¿Qué tengo que hacer para portarme bien?".
"Empieza por cerrar el pico".
Si te has tomado una de esas pastis, eres otro tío. No eres el de siempre.
Te pones chulo de otra forma.
Dices barbaridades que nunca imaginaste.
"¿Cómo me llamo, joder?". "Kevin".
"¡No! ¿Cómo es mi nombre completo?".
"Kevin Darnell Hart."
"¡Eso es!".
- "Dime mi número de la Seguridad Social". - "No me lo sé".
"Dime el número o saco la polla".
"No, no la saques".
"Ay, por favor".
"1743222".
"¡Eso es!
- Arriba la mano si te gusta mi polla". - "Me gusta tu polla".
Olvídate de hacer esto con tu polla normal. Te harán polvo.
Nada más empezar, te dará un golpe bajo.
Tan pronto como se la metas. "¿La tienes dura? No la noto como ayer".
"¿Qué coño me acabas de decir?".
"¿Qué coño has dicho?". "No la noto como ayer.
No la noto tan gorda como ayer.
Si me portaba bien, me darías esa polla. Me he portado bien.
Te ayudaré a animarte.
Kevin Darnell Hart".
"Calla, capulla. ¿Para qué dices mi nombre completo?".
"17432221".
"No digas mi número de la Seguridad Social.
¿Llevas un micro? ¿Para quién trabajas?".
"Quiero la otra polla".
"Baja la mano, hostia".
Todo esto ha hecho que se te baje.
Acabas de perder la erección con la mujer que quieres. Joder.
La cosa está muy jodida.
Tienes motivos de sobra para un ataque de pánico.
Hay que salvar la situación.
Debes recurrir al ordeño.
Caballero, ¿usted sabe qué es el ordeño? Es la última bala.
Es lo único que quizá salve la situación.
Hay que apretar la base con fuerza para que la sangre llene aquello.
Te conviertes en un Transformer.
Necesitas que reaccione.
"¿Qué haces?" "¡Calla, que me cortas el rollo!".
Los tíos de aquí sabéis de qué hablo. Ahora ya sabéis cómo se llama. De nada.
Esta noche, os van a preguntar si os estáis ordeñando.
"A mí me parece que sí".
¿Sabéis cuál era el problema? Mi suministrador de las pastillas,
de dónde las sacaba. No quise pedírselas al médico.
No quería que me hicieran una receta.
Era demasiado radical que me recetaran las pastis, joder.
A ver qué haces cuando deja de hacerte la receta.
Ya no puedes hacerlo más. Tu médico ya no te hace la receta.
Qué vergüenza.
¿Cómo llevas esa conversación? "Ya, lo sé, doctor.
Ni siquiera follo tanto como antes. Se lo juro. Se acabó.
Esta es la última vez. No me deje así".
No quería verme en esa situación.
Así que las compraba en la gasolinera.
No lo hice a propósito. No fue una compra premeditada.
Eché gasolina y quise comprar patatas fritas.
Las pastis engordapolla estaban al lado. A la mierda. Me tragué una.
Me tomé una bebida energética y noté el subidón.
El problema era el dependiente.
Quería hacerle un montón de preguntas.
A veces me pongo nervioso.
Me puse a hablar con el tío de la gasolinera como si fuera médico.
"Oiga, perdone, ¿qué diferencia hay
entre las Rinoceronte XL y las Lomo Plateado 45 Pro?
Ah, a usted le gustan las Rinoceronte.
Soy alérgico al marisco. ¿Debo tenerlo en cuenta?
¿No? ¿Ningún problema?
¿Qué le dicen los clientes? ¿Repiten? ¿Vienen a por más?
¿Les encantan y compran más?".
Habló claro.
"Hay un tío que se mete todas en un bolsillo trasero y se va".
Le dije que solo hay un bolsillo trasero de esa capacidad.
Michael Jordan, serás cabrón.
Michael "Pastis Engordapolla" Jordan, ¡serás cabrón!
Mike me va a matar cuando vea esto. Qué ganas.
Ya leeréis la noticia de la pelea.
Lo inflaré a puñetazos en el bolsillo trasero.
"Jódete, que sé dónde llevas el ordenador".
Me da miedo engancharme a las pastis.
Me da mucho miedo de verdad
porque soy negro y tengo 45 años.
Es el momento de pensar en la salud y el bienestar. Cuidaos.
Cuidaos cuando aún no sea imprescindible.
No esperéis a no tener más remedio. Pensad en ello.
Cuidaos cuando aún no sea imprescindible.
La salud y el bienestar son muy importantes.
Me tomo muy en serio cuidarme porque en mi familia hay cosas chungas.
Muchas. Tenemos de todo. Lo que digáis. Alguien lo tiene.
Diabetes, cáncer de mierda, tensión alta, hipertensión, gota,
un montón de derrames cerebrales… Lo que digáis. Alguien lo tiene.
No quiero que me pase eso y me cuido.
Prefiero cambiar ahora en vez de más adelante.
Eso es lo que quiero, mi objetivo.
Les…
Les digo a mis amigos… Deben de ser los tíos más tontos del planeta
si hablamos de la salud y el bienestar. Se las pasan por el arco de Trajano.
El peor de todos es Spank.
Estábamos de cena hace un mes. Se tomó una copa de vino
y empezó a decir que cada vez que bebía vino se mareaba,
se le nublaba la vista y no sentía una mano.
"Parece que me crece la mejilla izquierda,
se me duerme el brazo y no siento la pierna.
Siento pinchazos en el pie".
"Gilipollas, eso es un derrame cerebral".
"No es nada. Ahora en casa me tomo un ginger-ale".
"¿Qué?".
"Que ahora me tomo un ginger-ale".
No sé quién convenció a los negros de que el ginger-ale es un medicamento.
Quiero descubrir quién eres y darte un puñetazo en la garganta.
¡No es un medicamento!
¡Es un refresco, coño! ¡Es un refresco!
¿Sabéis qué lleva? Nada que cure.
¿Cómo es posible? Solo son burbujas.
Hay quien tiene botellas de ginger-ale en el botiquín.
¡Que es un refresco, imbéciles!
Para él, lo cura todo.
A todos se lo parece. Harry tiene las rodillas jodidas.
Sé que es el menisco. Lo sé.
Según él, ha dormido en mala postura y las tiene agarrotadas.
Spank le aconseja un ginger-ale.
Harry le pregunta: "¿Funciona?". En serio.
"Que sí. Tómate un ginger-ale".
Se lo pide, lo bebe, se pone de pie y empieza: "Joder, pues sí.
Se nota". Serás mentiroso, cabrón.
Como no sean las burbujas, a ver qué coño notas.
Al final, todo se resume en lo que puedes comer y lo que no.
Es una batalla perdida para todo el mundo. Lo que puedes comer y lo que no.
A los viejos se la pela.
¿Habéis intentado que coma bien un viejo? "Yayo, no puedes probar la sal".
"Ya lo sé. ¿Crees que me importa lo que digáis tú o el médico?".
Se la bufa.
Yo sé lo que puedo comer y lo que no.
El bocata de pollo picante de Chick-fil-A.
No puedo probarlo, pero me chifla. Es mi favorito, pero no puedo comerlo.
Ese bocata siempre derrota a mi cuerpo.
Cada vez que lo como, sale como un cañonazo por el culo.
Fuera.
Ni siquiera miro. Sé que se ha montado un Cristo.
Lo que me cabrea es que lo mastico bien.
No sé cómo ese cabrón se recompone y sale entero otra vez.
El pan está en la taza, la hamburguesa de pollo por el suelo…
Tengo que recogerlo todo y tirarlo por la taza.
A la mierda ese bocadillo. Es un bombazo.
Cuanto más viejo eres, peor.
El estómago cada vez tolera menos cosas.
Hay que tener precaución. Las cenas con ancianos son la risa.
Se ponen a explicarles a los camareros todo lo que no pueden tomar.
A veces, cosas normalísimas. "Disculpe, ¿el agua lleva limón?
Llévesela por favor. Eso me deja hecho polvo el resto del mes.
No dejaré de cagar durante días".
"¿El limón te suelta la tripa?".
"¿El pan lleva semillas de sésamo? Lléveselo de aquí.
Como lo pruebe estaré hecho polvo todo el año".
"¿Qué?
¿Todo el año? ¡Joder!".
Envejecer es divertido.
Qué ganas de estar de vuelta de todo.
Hay que saber qué versión de anciano quieres ser.
Yo sé cómo quiero ser y cómo no.
He hablado con mi familia. Según cómo sea la cosa, paso de vivir.
No quiero llegar a este punto.
Parece que alguien acaba de llamarte.
Paso de vivir así.
Tienen que recordarte lo que te gusta.
"¿Te apetecen unas tortitas, yayo?". "No". "Pero si te encantan".
"Es verdad. Me encantan las tortitas".
Llevadme a la parte de atrás y pegadme un tiro.
No quiero pasarme la vida así.
"Que alguien se lo cargue".
No quiero necesitar un pastillero.
No. Me refiero al pastillero gigante con los días de la semana.
Prefiero morirme.
Prefiero morirme a tener que sacar eso en una cena.
"Ay, madre.
¿Alguien sabe qué día es?
¿Jueves? ¡No! Creía que era martes".
Pegadme un tiro.
Paso de vivir.
Si no puedo apagar las velas de mi tarta de cumpleaños, paso de vivir.
Es lo peor que le podéis hacer a alguien que cumple 83 u 85,
las tartas esas enormes a reventar de velas.
Ochenta y cinco velas en una tarta.
"Felicidades, yaya. Sopla las velas".
"¡Tú puedes, yaya!". ¡No, no puede!
¡Llevamos 45 minutos esperando a que las sople!
¡Tengo que irme a trabajar!
"Tú puedes, yaya".
Paso de vivir.
Quiero llegar a ese momento en el que dices lo que quieres.
A eso sí quiero llegar.
Llega un momento en el que dices lo que te parece. Te la pela todo.
Estás de vuelta de todo. Algunos ancianos lo bordan.
Como el legendario Quincy Jones.
Que en paz descanse Quincy "la Releche" Jones.
La releche.
Quincy soltaba cualquier cosa de viejo.
Si queréis reíros, ved sus cuatro o cinco últimas entrevistas.
Contaba cosas que no tenían nada que ver con la pregunta.
Estaba en su propia galaxia. Iba a lo suyo.
Le preguntaron qué significaba la música para él.
Respuesta: "Me tiré a todas las Supremes". "¿Cómo dices? ¿Qué dices, Quincy?".
"Me la pela.
Todas las Supremes tenían un chichi fabuloso.
Me he metido coca durante 60 años". "Ay, la hostia.
Quincy…
Quincy, calla. No digas nada más".
"¿Crees que me importa? La gente debe saberlo.
Sé muchas cosas.
Ahora verás. Stevie Wonder no es ciego.
Siempre ha fingido serlo.
Me preguntó hace años cómo podía competir con Ray Charles.
Le dije que hiciera mejor de ciego. Y eso fue lo que hizo Stevie.
Ve las teclas perfectamente.
Finge ser ciego.
Joe, déjalo ya. Ya vale.
Yo le dije a Joe Jackson que zurrara a sus hijos". "¿Qué?".
"No dejó de hacerlo ni un día.
Y una cosa más.
Una cosa más.
Yo le blanqueé la piel a Michael. Fui yo.
Quería cantar en solitario. Así no iba a triunfar.
'Blanquéate'. Fui yo".
Ser viejo así mola. Así, sí quiero.
Quiero decir lo que se me pase por la cabeza. Ya ando cerca.
No sabía si hacer la siguiente broma o no, pero vamos con ella.
Yo la suelto.
¿Recordáis la cena de la que hablé antes,
la que organicé por mi sobrino?
Terminamos de cenar y viene el camarero.
Es cierto. "¿Les apetece algún postre?".
Se vuelven locos. Quieren postre.
"Tarta de boniato". "Tarta de limón y merengue".
"Tarta de chocolate". "Un cupcake Red Velvet.
No, mejor tarta de manzana. Voy a probarla".
"Helado de vainilla con zarzaparrilla".
"¿Y usted, Sr. Hart?".
"Nada, gracias. No tomo dulce".
Mi tío se cabreó. "Vaya con el Sr. Hollywood.
Vaya con el Sr. Hollywood.
¿No somos dignos de que tomes el postre con nosotros?
Como eres perfecto. Dime por qué no puedes tomar algo dulce con tu familia.
¿Por qué no puedes tomarte un postre con tu familia?".
"No sé. Tal vez porque solo hay pies izquierdos bajo la mesa.
Plantéatelo".
¿Lo habéis pillado?
Iba por la diabetes.
En las familias negras, si alguien tiene diabetes,
lo primero que pierde es un pie.
Si mirabas debajo de la mesa, solo había pies izquierdos,
a todos les han cortado el derecho. ¿Lo pilláis? ¿Sí?
Lo bueno del chiste es la cara de desconcierto de los blancos.
"¿Por qué coño les cortan los pies a esta gente?".
No lo entienden. "¿Qué? ¿Cómo?".
No sé si dejarlo en el guion.
Es que mi tío solo tiene un pie.
Cuando lo vea ahora, estará mosqueado.
"Te crees muy gracioso, ¿verdad, Kevin?
Te crees graciosísimo.
Dame una buena razón para que no te dé una patada en el culo".
Es que lo acaban de amputar.
Y aún no lo ha procesado. Lo sé.
Sigue hablando como si tuviera dos piernas.
Se le escapan esas cosas. Soy cómico. No puedo pasarlo por alto.
El otro día salimos de casa. Abrí el coche.
Me dijo: "Qué frío. Voy a por mi abrigo corriendo".
Le contesté…
"Dirás de salto en salto,
porque corriendo no".
Es un buen momento para asegurarme de que os dais cuenta
de cuál es el hilo que une estas historias. La edad.
Quería llamar la atención sobre la importancia de la vejez.
Todo el mundo quiere rejuvenecer,
hacer que el reloj retroceda. Nadie celebra hacerse mayor.
La vejez es sinónimo de haber vivido, de experiencia y sabiduría.
Sin eso, la vida no es un éxito.
Eso es tener éxito en la vida.
Llegar a viejo es una bendición.
No hay garantía de llegar a viejo.
No la hay.
Cuando cumpláis 50, 60, 70, 80… Nadie promete que haya más.
Sois uno de los pocos afortunados.
Celebrad vuestra vida bien
cuando lleguéis a esa edad.
Que no os dé miedo seguir por el carril de vuestra edad.
No intentéis cambiar de carril. No lo hagáis.
Así me lesioné y me rompí la polla. Por cambiar de carril.
¿Qué pintaba corriendo con ese tío? Nada.
Me jodí todo el verano. Tiré todo el verano a la basura.
Mi familia y yo íbamos a pasar el verano viajando.
Como me lesioné, solo hicimos un viaje. Fuimos a Ruanda.
Quería que experimentáramos algo nuevo.
Algo que recordáramos siempre
y que nos culturizara, que nos hiciera entender otro entorno.
Cuando vamos de vacaciones, la palabra "no" no existe.
Lo primero que nos sugirieron fue una excursión para ver gorilas.
Nos dijeron que nos lo podíamos perder.
Para quienes no sepáis cómo va la cosa,
trataré de explicarlo.
Consiste en ir a caminar por la selva,
localizar huellas de gorila
y seguirlas para dar con el hábitat natural
de gorilas de verdad.
Me apunté de inmediato.
Estaba convencido de que habría un cristal en medio, ¿no?
Habría un cristal.
Nunca he estado con gorilas sin un cristal. Seguro que lo había.
Nuestros hijos pequeños no podían ir.
Fui con mi mujer y los dos adolescentes.
Había otros dos grupos.
Una familia blanca de cuatro y otro grupo de cuatro amigos blancos.
Éramos 12 en total.
Hay que caminar por un parque
y llegas a la selva. Esto fue tal cual lo cuento.
Al llegar a la selva, se nos unieron militares.
Llevaban AK-47, ametralladoras, equipo táctico y pistolas en las piernas.
Como es normal, me entró curiosidad.
"Perdone, ¿para qué es todo eso? ¿Por qué han venido?
¿Qué vamos a hacer?".
"Han venido por si los gorilas se desmadran y hay que matarlos".
"Pero ¿qué hacen? ¿Golpear el cristal?
¿Pueden romperlo?".
Como nadie me respondió, supuse que era así.
En esto, aparece el guía, Antoine.
Antoine ha dedicado su vida a comprender a los gorilas.
Lo sabe todo de los gorilas.
Es uno de esos negros que no quiero que los blancos descubran.
Es lo más parecido a un gorila humano que he visto en mi vida.
Parece que me he vuelto loco, pero ahora explico por qué.
Él era quien nos daba las instrucciones sobre cómo comportarnos con los gorilas.
Esto fue lo que nos dijo exactamente.
"A ver, escuchadme.
Regla número uno. No miréis a un gorila a los ojos.
Si él os mira, bajad la mirada. Someteos.
Debéis someteros al gorila. Él es poderoso y vosotros, no.
No tenéis nada que hacer contra él.
Tenéis que demostrarle que él tiene el poder.
Vosotros, no.
Regla número dos.
Tenéis que ser uno con el gorila
y hacer lo que el gorila haga".
Empezó a transformarse en gorila en directo.
No daba crédito a lo que veía.
Me molestó que un negro hiciera de gorila delante de unos blancos. Me cabreé.
Los blancos estaban tomando notas.
Le pregunté a una qué hostia apuntaban. Y me calló. "Presta atención".
"Te machaco. No me digas que preste atención.
¿Qué coño apuntas en el cuaderno?". Antoine sigue así.
Salta y golpea el suelo.
Cuando termina, le dice a mi hijo que pruebe él.
Le dije que ni de coña.
Mi hijo no se iba a comportar como un gorila
delante de gente que podía joderle la vida
como a los Jordan.
"A mi hijo no le haces eso.
Eso no se lo haces a mi hijo".
"Como quieras", me dijo.
Corrió a un árbol, le arrancó la corteza
y empezó a lamer el azúcar.
"Les chifla el azúcar. A vosotros también debe chiflaros".
Cogió un puñado de hojas de eucalipto y empezó a restregárselas por el cuerpo.
"Les encanta el olor del eucalipto. Debéis oler a eucalipto. En marcha".
Y echa a correr por la puta selva.
¡Joder!
Teníamos que seguirlo.
Íbamos por la selva. Lo juro sobre la Biblia.
A los 15 o 20 minutos, se para y dice: "Alto".
Y suelta, tal cual: "Están aquí".
Pregunté: "¿Y el cristal? ¿Cómo me pongo detrás del cristal?
¿Y el cristal?".
Me giré a la izquierda.
Vi a unas siete o nueve hembras de gorila salir de la vegetación.
Caminaban erguidas, sobre dos patas.
Jamás había visto algo así. Me sometí. Levanté una mano.
Me eché al suelo y me sometí.
Antoine intentó levantarme. "Kevin, ponte de pie".
"No. Déjame en paz. No tengo ningún poder.
Yo no tengo ningún poder. Ellas, sí".
Miro al otro lado y veo mi mujer con el móvil así,
haciendo vídeos. Quiere hacer vídeos.
Le di así. "Coño, agáchate.
Agáchate y sométete.
Nosotros no tenemos ningún poder. Lo tienen todo ellas".
Ya había como unos 15 gorilas.
Eran una familia: sobrinas, sobrinos, tías y tíos.
Se pusieron a caminar a nuestro alrededor.
Todo pasó muy deprisa.
Uno me tocó la frente.
No fue un golpe. Me estiró la frente
y me abrió los ojos más que jamás antes en mi vida.
Se me veía toda la esfera blanca.
Entonces, vi a un soldado.
Estaba allí mismo. "Dispara, joder. ¿A qué cojones esperas?
Dispara. Me está atacando, coño.
Quiere arrancarme la frente. No sé qué hace".
Los gorilas estaban jugando y armando bulla.
De repente, se pusieron todos de pie
y echaron a correr a la selva. Antoine estaba como loco.
"¿A que es una maravilla ver a los gorilas de verdad?
Vamos a rastrearlos para ver cómo viven.
Vamos a seguirlos".
"Joder, tío, anda ya", le dije.
"No voy a seguirlos. Yo me largo.
Mi familia y yo nos vamos. Con un soldado valiente, no como ese de ahí.
Eres un cobarde. Sí, hablo de ti.
Eres un cobarde. Casi me arranca la frente".
Antoine me dijo que había que terminar la excursión.
"No. Yo me largo".
"Ay, el jefe". "Genial, quiero hablar con tu jefe
y contarle cómo nos has tratado".
Lo juro sobre la Biblia. Me giré.
Un lomo plateado salió de entre la vegetación.
La leche. Era un lomo plateado de verdad.
Todo torso. No tenía piernas.
Jamás había tenido piernas. Era todo torso.
Si algún gorila fuera a la cárcel, tendría esa pinta.
Nunca había visto algo igual.
Tocó un árbol y el árbol se desplomó.
Lo tiró al suelo.
No me podía creer
que estuviera a un metro de un lomo plateado.
Estaba flipando.
El resto estaban todos en el suelo, sometiéndose.
Era el único que estaba de pie, mirándolo.
Mi hijo me hizo reaccionar.
Me tocó la pierna.
Mi giré y me dijo:
"Adiós, papá". "Pero ¿qué…?
¿Cómo que 'adiós, papá'?".
Ay, mi madre. Caí en la cuenta.
La regla número uno.
"No miréis a un lomo plateado a los ojos",
que era lo que yo lo estaba haciendo.
Estaba acojonado. No sabía qué hacer.
Me giré hacia Antoine para preguntarle,
pero ya no estaba. Antoine se había ido.
Antoine corría. Estaba en plena forma.
Y llevaba los dedos bien pegaditos.
Iba serrando el aire,
cortándolo a rebanadas como una tarta.
Ya no sabía qué hacer. Que pasara lo que tuviera que pasar.
Mire al lomo plateado. Él me miró a mí. Nunca he sido un cobarde.
No iba a empezar a serlo entonces.
Mientras lo miraba, decidió decirme algo. E hizo esto.
Cuando un lomo plateado hace eso, quiere que sepas lo fuerte que es.
Así miden quién es el más fuerte antes de la pelea.
Otra cosa. Si dos lomos plateados pelean, el que pierde, lo pierde todo:
pierdes a tu mujer y a tus hijos.
Si pierdes, te vas a la selva sin nada.
Tienes que replantearte la vida. No tienes nada, ¿vale?
Por eso tienen tantos hijos y tantas mujeres,
ha derrotado a un montón de lomos plateados.
Os voy a hacer una pregunta.
No me contestéis ahora. Pensadlo.
¿De verdad eso es malo? Si peleamos y… ¿no?
Si peleamos y pierdo, ¿te quedas con mi mujer y mis hijos,
tú te vas por ahí y yo por allí? ¿Gratis?
¿Es eso? Porque tan mal no suena.
Total, que nos estábamos mirando.
A ver, no me iba a golpear el pecho.
Sabría que soy un tirillas. Eso no.
Hice lo que cualquier hombre haría.
Vosotros habríais hecho lo mismo en esa situación.
Miré al gorila a los ojos y seguí las instrucciones de Antoine.
Salté, golpeé el suelo, le arranqué la corteza a un árbol,
me pasé hojas de eucalipto por el culo… Solo lo cuento porque sé
que los blancos lo grabaron.
Es cuestión de tiempo que salga.
Prefiero contarlo yo antes.
Hice lo necesario para salvar a mi familia.
Ese día aprendí que debería haber comprado las otras pastis.
Debería haber comprado las Lomo Plateado 45 Pro.
Son mucho más potentes. Gracias, Miami. Sois estupendos.
Muchas gracias por venir.
Me llamo Kevin Hart y os quiero. Buenas noches.
GUION E INTERPRETACIÓN DE KEVIN HART
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