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Sé perfectamente bien quién es ella.
Ella es la enfermera que va a cuidar a doña Eloisa. Nos presentó mi mamá en la
cocina.
Aitana, ya estoy cansada. Me quiero ir a acostar.
Sí, señor.
Permiso.
Oye, pues cuentas conmigo para lo que necesites. Gracias.
Y de mujer a mujer te quería dar un consejo.
Que no vayas a descuidar a Luciano para que no te pase lo que a mí.
¿Cómo? ¿A qué te refieres?
Bueno, no sé si sabes que Íñigo me puso el cuerno cuando Jana era una bebé.
Sí, algo escuché, pero creo que era solamente un chisme. No, fue verdad.
Y en el fondo, no sé, siento que parte fue mi culpa.
Ay, no.
No puedes decir eso. ¿Por qué?
Pues sí, porque estaba muy al pendiente de mis hijas, de sus actividades, de
las cosas de la casa. Y entonces se me olvidó mimarlo, se me olvidó atenderlo.
Y pues me echó de menos como mujer.
Bueno, y eso no es una justificación.
No, pero... Yo sé que tengo que asumir mi parte.
¿Supiste con quién tengo miedo?
No.
Nunca supe quién fue esa tipa, pero no sé qué hubiera hecho.
Ya.
Ya me tengo que ir. Sí, ya.
Muchas gracias por el café, por la compañía, las galletitas. Me encantó
contigo. Igualmente. Y gracias por este recibimiento tan bonito. Oye, voy a
invitar a Luciano y a ti a cenar, ¿te parece?
Ah, sí, felices.
Organizo la cena. Te acompaño.
¿Y la señora?
La señora ya se durmió. Ah, qué bueno. Voy a aprovechar para salir a dar una
vuelta.
¿A estas horas va a salir?
Sí.
Me gusta muchísimo caminar antes de irme a dormir.
Pues no se preocupe, me llevo mi celular por si algo se ofrece. Ah, muy bien.
Bueno, con permiso. Sí, propio.
Gracias.
¿Qué? ¿Vas a salir? ¿A dónde vas?
Quedé a verme con mis hermanos.
Pero estuviste con ellos toda la tarde. Sí, sí, pero por trabajo.
Ahora vamos a festejar la boda de Luciano.
Yo pensé que querías estar conmigo.
¿Nulia?
No te vas a poner celosa de mis hermanos, ¿verdad?
¿A qué hora llegas?
No sé.
Seguramente tarde, no me esperes.
¿Y van a estar ahí en la hacienda o van a ir a algún bar de la ciudad?
Acabamos de vernos en la hacienda, ¿sí? Ahí vamos a decidir.
Por favor, deja de controlarme. No, no, solamente quiero saber dónde vas a estar
porque se ofrece algo.
Si se ofrece algo, Nuria, me hablas al celular.
Así es que ¿qué importa dónde esté? Eso no va a ser ningún problema, te
contesto. Y por favor, deja de tratarme como un niño, ¿sí? Pues tú fuiste quien
hizo que te perdiera la confianza, ¿no te acuerdas?
Le preparé su infusión.
Mire, le puse un poco de lavanda.
Esta ayuda para calmar las tensiones.
Un toque de hierba, Luisa.
Ay, huele muy bien.
Esto es para curar el insomnio.
¿Y?
¿Me prestas tu mano?
Unos pétalos de jazmín.
Para la presión sanguínea.
Eso quedó en el pasado.
Tienes que superarlo.
¿Qué es lo que yo he hecho desde que eso sucedió?
Consentirte. Dedicarme a ti, ¿no es cierto? ¿Y sabes por qué?
Porque tú, Nuria, eres lo más importante para mí.
Ojo, no lo eches todo a perder.
Estamos mejor que nunca.
Con esa desconfianza, tú... Tú lo puedes arruinar todo, ¿no crees?
Eso.
Sí, ya, ya, mamá, ya.
Ya estoy instalada en la casa de mi nueva paciente.
Sí, la familia... Pues... Bien, también.
No te preocupes, ma.
Está bien, yo te hablo.
Mamá.
Te quiero mucho.
¡Lobo! ¡Lobito!
Oye, perdóname.
Perdóname por haberte tratado mal.
Nunca imaginé que siguieras vivo y que él estuviera en la tienda.
Oye, no sé cómo lo reconociste. Eras un cachorrito cuando nos dejamos de ver.
El lobito.
Esto es un milagro.
No puedo creer que estés aquí, Adriana.
No lo puedo creer.
Te dije que me estás confundiendo. Yo no soy Adriana. No, no, tú eres.
Escúchame, si no dije nada enfrente de los Lizárraga fue porque vi tus ojos.
Y fue claro que me decías con la mirada que querías que me quedara callado, ¿eh?
Oye, espérate, no te vayas, espérame. ¿Por qué me mientes?
Escúchame, pero oye, no sigas negándolo.
Desde que te vi supe que eras tú.
Podría pasar una eternidad y te habría reconocido. Tú eres Adriana.
Eres Adriana Rodríguez, mi novia de hace 18 años.
No moriste en el incendio.
Esto está delicioso, Jimena.
Tienes mucho talento. Gracias.
Gracias, señor.
Si no se lo ofrece nada más, me retiro.
¿Vas a ver a Zacarías?
Sí. Vamos a cenar en casa de sus papás.
No cae duda que es muy afortunado.
Con permiso. Propio.
Deja de decir que te confundí y que no eres Adriana, porque sí eres. Ya déjame,
déjame, por favor. No, no, no, si tú no te vas a ir de aquí hasta que me
expliques. ¿Por qué me mientes?
¿Por qué volviste con otro nombre después de tanto tiempo?
¿Dónde estabas?
¿Dónde estabas? Yo no sabía si te habías muerto con tu papá en el incendio en tu
casa o si te habías ido sin despedirte, sin que yo te importara. Ya, ya, ya, por
favor. Dime, por favor.
Ya, ya, ya, no me expliques ni siquiera nada, por favor. Dime tu respuesta.
Las necesito, porque aunque seguí con mi vida, yo nunca dejé de pensar en ti.
Yo nunca te pude sacar de mi mente ni de mi corazón.
Sí te amaba con todo mi corazón, con toda mi alma.
Dime, Adriana.
No, ya, por favor, no me digas Adriana.
Es que ¿por qué no? ¿Por qué no?
¿Por qué? No te puedo decir por qué.
No te puedo decir nada.
Por favor, confía en mí.
Sea lo que sea, yo te juro que voy a tratar de entenderlo y de entenderte.
No. Confía.
No.
Es mejor que no sepas nada.
No, es que no me puedes hacer esto.
Adriana, ¿qué es lo que pretendes entonces?
¿Eh? ¡Dime! ¡Pero que te olvides de Adriana!
¡Olvídate de ella!
¡Ella se murió! ¡Se murió para siempre!
¡En ese incendio se murió! ¡Pero está viva! ¡Si la estoy viendo! ¡Está
de mí! ¡Está viva!
Yo no tengo ninguna duda de que eres tú.
Y luego tampoco.
¿Nuestro lobo?
Recuerda de él, de nuestro lobo.
¿Cómo sigues el brazo, mi amor?
Bien.
Ya no estés enojada conmigo, ándale.
Pues es que tú dices que soy lo más importante para ti. Sí, amor, sí lo
Claro que lo eres.
Pero los hechos dicen otra cosa.
¿Por qué? ¿Por qué dices eso?
Porque pudiste haberme hecho tu cómplice y compartir conmigo antes que con nadie
que le habías dado el anillo de compromiso a Larisa en París. ¿No te
Sí, tienes toda la razón y te pido una disculpa.
El problema es que tus disculpas ya no me sirven de nada.
¿Y sabes qué? Ya, ya me quiero dormir. Tengo sueño.
Buenas noches.
¿Estás bien?
¿Estás bien, Mariana?
No soy Adriana.
Nunca pensé que seguirías trabajando aquí. Que el lobo estuviera vivo.
Y tú siempre dijiste que te irías de aquí.
En cuanto pudieras. Y te quedaste por el puesto, por el dinero.
Las cosas a veces no salen como uno las imagina.
Pero no se trata de mí. No quiero hablar de mí, sino de ti. ¿Qué fue lo que
pasó? ¿Por qué dejaste de ser Adriana?
Dime, ¿qué pasó?
Porque a ella la mataron.
La mataron.
La última noche que nos vimos la mataron.
Y estoy aquí es porque la vida al fin me dio la oportunidad de hacer justicia.
Gracias, plano.
Buenas.
Hasta que llegaste, por fin.
¿Ya solo falta el festejado?
Sí. ¿Dónde anda Luciano?
No sé, pero ya va a aparecer. Sírvete una copa.
Y ya decidimos qué vamos a hacer.
Yo le puedo marcar si quieren para ver dónde está. No hay ninguna prisa.
Seguramente está revisando lo de la nueva maquinaria.
Ya ve lo perfeccionista y responsable que es.
¿Cómo que hacer justicia?
No te entiendo, ¿de qué hablas?
Ya te dije que cuanto menos sepas, mejor.
No, no, no, no. Déjame hacerme preguntas. No, no, no, no puedo.
No, no puedo.
No, me tienen que decir por qué dicen que vienes a hacer justicia.
Porque ellos son los culpables. ¿Ellos quiénes? Ellos, los hermanos Lizárraga.
¿Qué hicieron ellos?
¿Qué te hicieron? Me robaron todo.
Todo. Mis sueños, mis ilusiones. Todo.
Todo. Mis ganas de vivir. Todo.
¡Todo!
Abusaron de mí.
Y después me... Me dejaron tirada.
Me abandonaron en el campo.
De camino a mi casa ellos pasaron junto a mí en la camioneta de Luciana y
me ofrecieron un aventón a mi casa, pero les dije que no porque yo no tenía
trato con ellos. Sí sabía quiénes eran, pero venían borrachos.
Pero mi negativa solo sirvió para provocarlos y para que abusaran de mí.
¿Eres serio que íbamos a celebrar? Por supuesto.
Y para no terminar peleándonos como siempre, queda prohibido hablar de
de familia y de política.
¿Nosotros? ¿Entonces de qué vamos a hablar?
¿De mujeres?
¿De placeres? Pues claro, ¿de qué otra cosa vas a hablar? Si le tienes la onda
cada mujer que se te cruza.
Cuidadito, Bruno. Que no te vaya a oír, Nuria, me causas un problemón. Bueno,
pues aquí los libres somos Mateo y yo. Podemos hacer lo que quieras. Sí, así
Pero, oigan, les quiero advertir que se mantengan alejados de la enfermera de mi
mamá. No quiero que haya ningún problema con ella mientras esté trabajando aquí.
¿Está claro?
Como ven.
Bájale al sermón, San Luciano.
A ver.
No, no sueño tanto.
Está bien, pero siempre he respetado esta casa.
Nosotros también hemos respetado esta casa.
Es sagrada.
Además, como decía mi papá, los caballeros no tenemos memoria.
Pero... Las mujeres sí tienen un pasado.
¿Se acuerdan?
Ahora entiendo.
Todo, entiendo tantas cosas.
¿Y por qué no me dijiste? Yo pude haber hecho algo por ti, me hubieras dicho.
No, no se podía hacer nada.
Nada, porque el daño ya estaba hecho.
Ahora sí puedes hacer algo por mí.
¿Qué tú quieras?
Lo que sea, lo que tú quieras.
Necesito que te quedes callado.
Que hagas como si no me conociera.
Como si no te hubiera contado nada.
No, no, no, no, no. ¿Cómo me pides eso? No, no, no. Es mi secreto. Es mi
secreto, Zacarías. ¿Cómo me pides algo así?
No se lo puedes decir a nadie.
A nadie. ¿Y qué vas a hacer?
¿Cómo planeas vengarte? ¿Qué vas a hacer? Dime.
Zacarías.
¿Dónde estás, Zacarías?
Ya, ya, Luciano, bájale.
Una ronda más.
Una más.
Una. Bueno, varias más. No, que sean varias. Y vamos a empezar de una manera,
con un brindis. ¿Por quién va a ser?
Por San Luciano.
Por San Luciano.
Sírveselo doble, por favor. Ya anda medio tenso. En esa. Ya, relájate.
Guárdame el secreto.
Por favor.
Te lo suplico.
¿Dónde está?
Prométeme que no vas a decir nada de lo que te acabo de contar.
Prométemelo.
¿Sacarías?
¿Sacarías?
¿Eres tú?
¿Con quién hablabas?
¿Sacarías? ¿Te pasa algo?
No... No, nada.
Don Luciano.
Tenemos un tema.
No hemos hablado de su despedida de soltero. ¿Qué quiere el chamaco? ¿A
quiere que lo llevemos?
¿De qué se va a tratar?
¿Bailarina?
¿Conejita? ¿No?
¿O enfermera?
No, al fin que ya tenemos una aquí.
Ahí está.
Qué nivel de mujer podría decirlo, ¿eh? ¿Y qué vas a hacer? ¿Te la vas a ligar o
qué?
¿Quién sigue ahí?
Buenas noches.
¿Ey?
¿Aitana?
Ahora sí, ya estamos todos.
¿Estos dos ya querían empezar a cenar?
¿Qué pasa, mijo? ¿Por qué traes esa cara?
Viste que no son ideas mías.
Estás muy pálido.
¿Es un fantasma o qué te pasó? No, no pasó nada. Estoy cansado, nada más.
Entonces vamos a cenar para que te vayas a descansar a tu plano.
Con la panza llena y el corazón contentoso.
La verdad es que sí fue un día muy pesado para todos.
Y eso que solo estaba la familia.
No había invitados como en otras ocasiones.
Ya me imagino si la boda del señor Luciano está en la hacienda.
El trabajo al que vamos a tener.
Pero vamos a estar muy contentos de servirlo y de verlo feliz.
Gracias.
Gracias. Dice, poquito para tu papá.
Salí a caminar un poco.
¿Quieres tomarte algo con nosotros?
No. No, no, gracias.
Bueno, pero pásale, saluda. Ven, ven. Un ratito, pásale.
Ven.
Mira, te recuerdo que hoy es sábado.
Y mira, tal vez podemos estar rodeados de puro viejito, pero tú y yo no lo
somos. Podemos salir, podemos divertirnos.
Bruno, Bruno.
No es buena idea ofrecer el alcohol a la enfermera de mi mamá. No seas
inconsciente. No exageres.
No, realmente a mí me alegra que estén festejando, pero... Pero pues usted me
entenderá que yo solamente vine a trabajar a esta casa.
Así que no los quise interrumpir. Sigan disfrutando.
Con permiso. Claro.
Espérate, Aitana.
¿Qué dijiste?
Su voz. Yo te conozco.
No lo creo.
No, sí.
Fue hace años, ¿verdad?
¿De dónde la conoces?
Fue en otra vida.
Ya. Yo era tu faraón.
Ya. Tú mi princesa. Yo era brutal.
Ya, no inventes. No inventes, Bruno, ya.
Ay,
el señor Luciano la pasó tan mal cuando falleció su esposa que se merece toda la
dicha del mundo.
Hasta estamos brindando por él, ¿verdad, hijo?
No todo es lo que parece.
¿Por qué dices eso, hijo?
Porque uno nunca termina de conocer a la gente, mamá.
Uno cree que son de una manera y luego te llevas grandes sorpresas.
Pero no con el señor Luciano.
Él es un pan de Dios y lo conocemos de toda la vida.
Siempre ha sido como un hermano mayor para ti, hijo. Yo no tengo hermanos
mayores, y menos uno de los Lizárraga. ¿Y eso?
Tú siempre defiendes a los Lizárraga. Pero ya no lo voy a hacer.
Hay que saber cuál es nuestro lugar en esta familia. Somos sus empleados y nada
más.
Nosotros tenemos costumbres y valores muy diferentes a los de ellos.
Voy al baño.
¿Y a este?
¿El mosco le picó?
Si no se les ofrece nada más, me voy a ir a descansar. Sí. Hasta mañana,
Y gracias por curar a mi hija.
No tiene nada que agradecer. Buenas noches. Buenas noches. Chao.
No, no, no.
Bájale, bájale.
No se los quiero repetir. No se los... A ver, el trato con la enfermera debe ser
estrictamente laboral.
Oigan, dejamos la celebración para otro día. Estoy agotado. Ey, no. No, no, no.
A ver, ¿qué te pasa?
Si estamos aquí reunidos es por ti. Y todavía falta que hagamos algo, no sé,
a algún lugar, pasar un buen rato.
No, festejamos otro día si quieren. En serio, en serio, hoy prefiero irme a
dormir. Bueno, pues yo sí voy a salir.
Si alguien quiere, pues está bienvenido.
¿Vas a la ciudad?
Pues sí, ¿qué? No voy a ir a la cantina, el pueblo.
Bruno, me estás tomando, no puedes manejar. ¿Sabes qué? Yo te llevo.
Y te quedas a dormir en mi casa, si no corre ningún riesgo.
Me parece excelente.
Tengo poca esperanza, duda, siento que me vas a decir que sí, pero estoy seguro
que me vas a decir que no. No, no, si el festejado no va, yo tampoco.
Tengo un libro buenísimo que me han terminado.
Sí, voy a aprovechar.
Descansen. Se diste muy rápido.
Me a quien irle. Con cuidado. Buenas noches.
Cuídense.
Que descanses.
Tú también.
Y ojalá mañana estés de mejor humor.
Hoy de plano estuviste como de malas y ni siquiera sé por qué.
Ya te dije que no tengo nada.
Solo estoy cansado.
No es la primera vez que estás cansado, Zacarías.
Pero sí es la primera vez que te veo así.
Estoy bien.
Hasta mañana.
Yo también.
Servido.
Bruno.
Mándame un mensaje antes de que vayas para la casa.
Caray, ¿me vas a esperar despierto o qué?
Digamos que no quiero darle problemas a Nuria.
Así que no quiero que la despiertes y sí, voy a estar atento de ti.
De bueno, hermano.
Perdóname por haberte sacado de la cama. Yo sé que aún estás con todo eso del
jet lag, pero necesitamos hablar.
La verdad es que no entiendo qué pasa.
Nunca te importó que yo estuviera con tu hermano, pero justo ahora que me voy a
casar con él, resulta que te vuelves a interesar a mí.
¿Qué pasó?
¿Estás ardido? Porque estoy enamorada de él.
A ver, tú te quieres casar con mi hermano porque crees que será el marido
perfecto, ¿sí? Que te dará hijos perfectos, ¿no?
Quizá el varón que todos deseamos para perpetuar el apellido Lizárraga.
También porque crees que vas a vivir en una casa llena de lujos, sí.
Pero no trates de convencerme de que lo amas. Ay, eso es algo que tú nunca vas a
saber y por supuesto, sí.
Mi amor, estoy aquí con Bruno. Vamos a entrar a un bar a tomarnos un par de
tragos. Ya duérmete.
Te había dicho que no me esperaras despierta. Sí, sí, yo también.
Vete.
¡Aitana! ¡Ábreme la ventana! ¡No, espérate!
Oye, Tana.
¿En qué estábamos? ¿En qué me vas a decir qué es lo que quieres ya?
Que estemos juntos.
Al menos una última vez. No, eso no va a pasar nunca.
Entonces me vas a obligar a contarlo todo.
Por supuesto, al principio me van a odiar.
Pero después, es mi familia, me entenderán.
Y después, seguro que hasta me lo van a agradecer.
¿Sabes por qué? Porque todos creen que el estúpido Luciano se está casando con
una mujerita chable.
Sí, sí, sí, también ya sé que seguramente Nuri y yo nos vamos a
eso no me preocupa. Sí, tendría sus ventajas.
Porque yo volvería a ser libre, imagínate.
Salgo ganando.
¿Sabes quién es la única que saldría perdiendo todo?
Tú.
Es que mejor no quiten.
Espérame. ¡Te dije que no!
Mañana temprano te aviso la hora y el lugar.
Ya lárgate.
Oye, adiós, hermoso.
Karime, ya estoy en la hacienda.
No sabes lo que pasó.
He estado preocupada por ti todo el día.
Dime que estás bien. Que nadie te descubrió.
Los Lizárraga no tienen idea de quién soy.
Zacarías está aquí.
Cuéntame.
Crisis en el sector ganadero.
Sigue agravándose por falta de incentivos.
¿Qué te parece, mamá?
No me gusta empezar el día con malas noticias. Ya lo sé, pero tenemos que
bien informados.
¿O qué?
¿Ya no te gusta que te lea las noticias en las mañanas?
Buenos días.
¿Se puede?
Sí, adelante.
Gracias. Por nada.
Señora, le traigo su desayuno.
¿De verdad pretenden que ese sea mi desayuno?
Con permiso.
Señora, el doctor Mendiola fue muy claro con la dieta que le dejó.
Y mi deber es cumplir sus indicaciones, pero si no está de acuerdo, ¿quiere que
hablemos con él?
Señora Eloisa, el té de valeriana es ideal para bajar la presión arterial.
fresca. Yo misma la corté en el huerto esta mañana.
Aitana. Sí. Jimena es nuestra experta en todos los secretos de la naturaleza,
¿verdad? Perfecto.
Oigan, pues muchas gracias por dejarme quedar a dormir aquí y estar con
Es mucho mejor que estar con Luciano regañándome.
Luciano te regaña e Íñigo te solapa.
Ey, no, no es que lo solape, pero Bruno es joven, tiene derecho a divertirse,
¿no? Ay, bueno, él sí, pero tú no.
Si eres un hombre casado, con hijas, y que te vayas al antro con él y llegues a
la misma hora, no me parece. Ay, en serio, niña, vengan, díganle a su madre
no me esté regañando.
Sí, vengan, vengan, hermosos. Ay, mire quién está aquí.
Váyanos al barco.
¿Cómo están, chamacas? Muy bien.
Papi, ¿a qué hora nos vamos a la feria?
No va a poder llevarla a tu papá.
Exacto. ¿Por qué no, ma?
Bueno, porque tengo que ver un asunto de negocios con sus tíos.
¿En domingo?
Sí, en domingo. Ya ves cómo es tu tío Luciano.
Bueno. Pero nosotros vamos a ir a ver a los abuelos, así que nos lavamos los
dientes y vamos por un suéter. Sí.
Lávense sus dientes, lávense sus dientes y que se diviertan en casa de los
abuelos.
Parece que le caíste bien a mis hijos.
En mi trabajo lo más importante después del paciente es un entorno familiar.
Claro.
Confío en que vas a saber darte tu lugar y mantener la distancia con ellos, ¿eh?
Por supuesto, señora. No se preocupe.
Eso espero.
En cuanto acabe de desayunar, vas a la cocina para hacerlo tú también.
Gracias, señora.
Señor, esto... Muy bien.
Que no me gusta andarte solapando tus mentiras.
Yo no sé a dónde te fuiste después de que me dejaste en el antro.
Solo espero que no me estés poniendo el cuerno a Nuria otra vez. Ya, ya, ya.
Bájale, bájale. No se te olvide algo, ¿eh?
Tu lealtad es conmigo, no con ellas, con nadie más.
Gracias.
Jimena, tengo unos libros de botánica que me gustaría darte. Y estoy seguro
te ayudarían para el huerto.
Sí, claro. Muchas gracias.
Me encantaría leerlos, señor Mateo, porque... Bueno, todo lo que hace no lo
aprendí de los libros, sino de lo que me enseñó mi abuela.
Que era una mujer muy sabia y se dejaba guiar por la intuición como lo hago yo.
También conocía a la perfección las plantas medicinales.
Jimena, nunca está de más aprender cosas buenas.
Buenos días.
Buenos días, ¿todo bien? ¿Me pasaron bien en el rancho?
No traes buena cara.
Todo está bien en el rancho, pero necesito hablar con Jimena, por eso vine
buscarla. Zacarías, tú sabes que Jimena está en horario laboral, así que búscala
más tarde.
Lo siento, señor, pero es algo urgente. No le voy a quitar mucho tiempo.
Vamos.
¡Vamos!
¿Pero qué se te pasa?
Tenemos que hablar.
¿Quién se fue este imbécil?
Necesito que me digas la verdad, Jimena.
En el tiempo que llevas aquí, ¿los señores alguna vez te han faltado al
o te han querido sobrepasar contigo?
¿Por qué me preguntas eso? Bueno, sí o no.
Respóndeme, sí o no. Por supuesto que no, Zacarías.
Ellos siempre me han tratado bien y jamás me han faltado en nada. Segura.
¿Segura? ¿Qué es lo que te pasa, Zacarías?
¿Por qué me preguntas eso?
¿De qué estarán discutiendo Zacarías y Jimena?
¿Sabes que desde anoche nuestro hijo anda bien raro?
No, pues no lo sé, pero no me gusta la actitud que traes. A mí lo que no me
gusta es que estén de chismosos y perdiendo el tiempo, ¿eh?
Ah, Micaela.
Es la señora. Me acaba de mandar un mensaje. ¿Quiere que usted la suba a
Porque quiere ir a misa. Ah, claro.
De inmediato. Bueno, aquí lo dejo.
Yo en un momento... Sí, sí, claro.
No,
no, no te preocupes.
Subo con la patrona. Yo me encargo de eso.
Gracias.
Con permiso.
Gopio.
Oye, vieja.
¿Tú crees que debe insistir con Zacarías?
No, no, no. Deja que se le pase.
Su cambio de actitud tiene que ver con la nueva enfermera.
¿Por qué dices eso?
Te puedo asegurar que el que la haya confundido con Adriana, su antigua
es lo que lo tiene así.
Es que no entiendo, Zacarías.
¿De dónde sacas que los patrones se pueden sobrepasar conmigo?
Porque no son buenas personas.
Por eso.
Zacarías, de verdad no te estoy entendiendo.
¿Por qué de la noche a la mañana cambiaste tu opinión sobre ellos?
Porque me enteré que han causado mucho daño.
Y yo no me perdonaría si te llegaran a hacer algo.
Margarita, me estás asustando.
Dime de qué te enteraste.
¿Qué hicieron?
Hola, perdón.
Perdón que los interrumpa.
Jimena, la señora quiere que le prepares otro té.
¿Te acuerdas? Como el té de dulce en el desayuno.
Sí, claro. En un momento te lo llevo.
Gracias.
Ve. Después seguimos hablando.
Ve.
Está bien.
¿Qué te pasa? No la vayas a regar, por favor.
No, no, espérame. No puedo hablar ahorita porque la señora me está
Pero cuando regrese de misa te voy a buscar.
Y mientras tanto, no hables con nadie de lo que te conté. No te lo suplico,
¿entiende? Por favor, Zacarías.
No, no insistas. No voy a despedir a nadie.
La mayoría de nuestros trabajadores están aquí desde que mi papá empezó este
negocio. A ver, pero mi papá ya no está.
¿Sí? Y si él hubiera sabido que ibas a manejar el negocio así, con tanto
sentimentalismo, quizá no te hubiera dejado a cargo.
Quizá, pero estoy al frente.
Sí.
Lo que te estoy diciendo es algo en lo que mi mamá también está de acuerdo.
Lo siento.
Yo soy el responsable de tomar esas decisiones. Bueno, ya fue. Ya. Aquí no
puede arreglar nada sin llegar a una discusión. Mejor no hay que moverle.
es imposible, Bruno. Esto ha pasado toda la vida.
Lo único que yo sí les voy a pedir es que no le causen problemas a mi mamá
porque ella necesita estar tranquila. Buen punto.
Solo que para que ella esté tranquila necesita saber que este es un negocio
es productivo con ganancias.
No se les olvide que todos nosotros vivimos de lo que este rancho produce.
Sí, eso no está en discusión.
Sí lo está.
Sí lo está. Y te voy a decir por qué. Porque no estoy de acuerdo en que se
invertido entonces tanto dinero en maquinaria y que ahora, pues qué,
los mismos presupuestos, los mismos gastos y la misma cantidad de empleados.
Lo que va a suceder, Luciano, es que tú nos vas a llevar a la ruina. ¿Lo sabes?
Tampoco exageres, Iñigo.
Te estoy diciendo la verdad.
Es increíble que opines sin haber revisado la información.
El balance es más que positivo.
No tengo que revisar nada.
¿Sí? Sí.
No, no, no, no, no toque nada. Yo ahorita voy para allá.
Sí.
¿Qué pasó, Mateo?
Un problema en uno de los corrales. Hay un animal herido.
Voy por mi maletín y lo dejo en la sienda.
El señor es mi pastor.
Nada me faltará.
Él me hace recostar en verdes prados.
me conduce a manantiales y me restaura.
Señor,
ayúdame a dar justicia.
Esperamos tanto este momento y ahora tengo que lograrlo a
pesar de que Zacarías me haya descubierto.
Mientras tanto, aprovecha.
y échale un vistazo a los balances y después me dices que estoy llevando el
negocio a la ruina.
Oye, ¿por qué?
¿Por qué nunca le llevas la contraria a Luciano? ¿No te cansas de serio de ser
tan servil? Inigo, por favor, no te desquites conmigo. Yo no dije nada. No,
me desquito.
Además, así que, ¿verdad? Mientras te caiga tu cheque, tú estás perfectamente
tranquilo. No, no tienes que ser la... No, yo nada más te voy a decir una cosa.
El día que pase lo que le estoy diciendo, no vengas a llorar.
¿Está?
No entiendo por qué está tan raro, suegra. No se preocupe. Ya se le pasará.
Eso espero.
Porque anda con ideas muy raras. Llamando feces de los patrones.
Pero además sabe lo que me dijo.
Que los patrones no eran buenas personas.
Porque habían causado mucho daño.
¡Gael! ¡Gael!
Hola, mi amor. ¿Qué pasó, patrón?
Hay un problema en los corrales.
¿Sabes dónde está Zacarías?
No, patrón, no lo he visto en todo el día.
Gracias.
Tú, mi amor, ¿sabes algo?
Yo lo vi hace rato en las caballerizas, pero ¿crees que podamos hablar rápido?
¿Qué pasó?
Que estuve pensando las cosas y solo porque te quiero mucho voy a intentar
llevarme bien con Laris.
Así que la quiero invitar a montar.
¿En serio?
Sí, pero... Pues ella tiene que aceptar, ¿no? A ver qué dice.
Gracias,
mi amor, sí.
De nada.
Extraño. ¿Y no te dijo a quién le habían hecho daño los hermanos Bizarra?
No, no me lo dijo.
Yo pensé que usted lo sabría porque los conoce de toda la vida.
No, yo no sé nada.
Y me extraña muchísimo que mi hijo piense así de los muchachos.
Señor Mateo.
Perdón, es que fui por mi maletín y no pude evitar escuchar su conversación.
Y la verdad me saca mucho de onda. ¿Qué sacaría? Estoy diciendo que los de
Itárraga estamos haciendo mucho daño.
No, señor Mateo, esto no fue lo que dijo. Yo sé que lo quieres.
Yo sé que lo quieres proteger.
Pero escuché claramente como si lo acabas de decir a Clementín.
Ahora, por suerte, fui yo el que las escuché y no a mi mamá.
Oí.
Zacarias le tiene mucho cariño y respeto a todos ustedes.
Y ha dado su vida a esta hacienda y a este rancho. Sí, y yo también le tengo
aprecio, Clementina.
Y mi familia le tiene aprecio.
Así que va a ser mejor que yo le pregunte a Zacarias por qué está
estas cosas de mi familia.
Seguro es una tontería. No, no es una tontería.
Es una acusación muy grave la que está diciendo.
Así que va a ser mejor que yo le pregunte directamente a él.
¿Qué quieres?
¿Qué quieres? ¿Qué estás haciendo aquí? Hola, Larija.
Dime algo.
¿Estás con alguien?
Íñigo, no sé qué estás haciendo aquí. Por favor, vete. ¿Qué estoy haciendo
en verdad?
¿No te lo imaginas?
Ay, Íñigo, por favor. ¿Estás loco?
Te mandé mensajes. No te dignas a leerlos.
Tranquila. Ya chequé. Y afuera no está el coche de mi hermano.
Nadie también me vio entrar, ¿sí? ¿Te digo una cosa?
Debes ser hermosa.
Ya, Íñigo, por favor. Sí, es la verdad.
Jamás debí haber terminado contigo, hermoso.
Íñigo, Íñigo, por favor, vete de mi casa. No puedes estar aquí.
¿Qué es esto, eh?
Sabes que es un disgusto, ¿verdad?
Íñigo, Íñigo, pero no, por favor.
Te pedí que no te metieras, Zacarías.
Es que no me puedes pedir que me quede de brazos cruzados cuando los hermanos
Lizárraga abusaron de ti.
Por favor, bájala. No, tranquila, no va a venir nadie, tranquila. No me van a
escuchar, no hay nadie.
Por favor, por favor, te lo suplico.
Entiéndeme, yo no te quiero involucrar.
Por favor.
Ya te dije, lo único que necesito de ti es que hagas de cuenta que no me
conociste. Como si no supieras quién soy. No puedo, no puedo hacer lo que me
pides.
Siento una culpa horrible por haberte dejado sola esa noche. Y una rabia
infinita por lo que te hicieron. No, no, no. Tú no tienes la culpa de nada.
Nos peleamos como se pelean todos los novios.
Y el que yo me hubiera ido sola a mi casa no les daba el derecho a esos
infelices de abusar de mí.
Pero si no hubiéramos discutido, si yo no me hubiera peleado contigo, yo te
hubiera llevado a tu casa y nadie te hubiera hecho daño.
Pero te dejé sola.
Y por una estupidez.
Ven, hijo.
No, no, no, no, no, no, no. No puedo, por favor, no puedo, no.
Mírame, mírame.
No, no, tío, no.
Ay,
no, Luciano.
Luciano, tú, hijo, por favor.
Ay, dímelo, dímelo otra vez. Es una ofrenda, mamá. Ay, no, por favor. Estás
acabando de hacer un amor con tu hermano, por favor.
Me encanta.
Me encanta mucho más.
Tú tienes que prometerme que no le vas a decir a nadie quién soy.
Ni lo que me pasó.
Por favor, júrame que no me vas a delatar.
No te voy a delatar.
Necesito que me cuentes qué fue lo que pasó después de que esos infelices te
violaron.
Esta noche me quedé mucho tiempo ahí en el campo.
Estaba devastada.
No tenía fuerza.
Perdí la noción del tiempo. No sabía dónde estaba.
Como pude me paré.
Caminé para llegar a mi casa.
Traía toda la ropa desgarrada.
Mi cuerpo estaba muy adolorido en cuanto mi papá me vio.
Fue porque algo muy malo me había pasado.
Le tuve que contar lo que me hicieron los Lizárraga.
Abusaron de mí, papá.
Les dije que no me tocaran, papá. Me tocaron, me hicieron mal, papá.
¿Quién fue? Él se enfureció. ¡Vamos, carajo! ¡Dime quién fue! Y te juro
que yo vi cómo... cómo se le partió el alma
a mi papá de verme así. Pero a pesar de eso, recuerdo que tomamos la decisión de
ir a denunciarlos, pero ya no... ya no pudimos.
¿Por qué? ¿Por qué no lo hicieron?
Empezó el incendio.
Nos quedamos atrapados.
Y ya no pudimos salir porque... Porque nos querían matar.
¿Estás diciendo que ellos provocaron el incendio?
¿A quién más le interesaba eliminarnos para que no quedara evidencia del
A ellos.
¿Estás segura?
Ellos son como lobos.
Se cuidan.
Como si fueran una manada.
Por eso nos querían eliminar.
Porque no iban a permitir que se descubriera su delito.
Ya no tengo pruebas, pero... Yo sé que fueron ellos.
Qué horror, de verdad, que esto no debía pasar.
¿No?
¿A que los dos lo deseaban?
¿Esperas a alguien? No.
Voy a ver.
¿Y cómo
es que estás viva?
Porque me pude escapar por una ventana.
Pero mi papá ya no pudo.
Me cayó una viga encima y... Lo dejo atrapado.
Quise rescatarlo y...
Mi
papá me decía que me fuera, que... Que
me salvara, pero yo no podía irme sin él.
Lo intenté todo.
Ya no pude hacer nada.
Ya no pude hacer nada.
Mi papá.
¿Por qué tardaste tanto tiempo en regresar para hacer justicia? ¿Por qué?
créeme... Créeme que estos años han sido... Han sido eternos
para mí.
Y no estaré por gusto.
Yo buscaba, pero no... No pude encontrar la manera de... De regresar, de... De
hacer algo, porque ellos son poderosos.
Cuando estaba... A punto de vencerme.
Llegó esta oportunidad.
La de hacerte enfermera de doña Eloisa. Y cuando ella llegó al hospital de la
Ciudad de México, donde yo trabajaba... Casi se me sale
el corazón del cuerpo.
Y me di cuenta de que lo que tanto había esperado... Al fin llegaba.
Y yo para entonces... Me había cambiado el nombre...
Me registré con el apellido de mi mamá para que los Lizárraga no dieran
Pero tú sí con ellos.
Sí, sí.
Y... Y entonces tuve que mover cielo, mar y tierra para poderme quedar como la
enfermera de la señora Eloisa.
Porque su hijo, el señor Lizárraga, había contratado a otra enfermera.
Una compañera mía, pero... Pero fui con ella. Le supliqué y la convencí de que
me dejara su puesto.
Porque era la única manera de regresar a la vida de Lodri Zárraga.
Y poderme adentrar.
Sin que ellos supieran mi verdadera identidad.
Has sufrido mucho. Yo lo que quiero ahora es... Es consolarte.
Aliviarte.
Ayudarte a sacar todo. Ese dolor que tienes... Que tienes acumulado, Adriana.
Déjame ayudar. No me digas Adriana.
Soy... Aitana.
Y nada va a poder aliviar mi dolor hasta que esos tipos paguen por lo que me
hicieron. Lo que quiero dejar sola.
Así que no me pidas que me aparte de ti porque no lo voy a hacer. No, no, no.
Olvídate de mí.
¿Cómo le hago ahora?
¿Cómo le hago para olvidarte ahora que te volví a encontrar y que sé qué fue lo
que pasó? ¿Cómo?
Dime cómo.
que invade mi calma
así la vida
tan de repente juega con nosotros dos
el amor que llega cuando
menos piensas
Cambiando todo, cambiándome la vida.
Abrázame y besa así mis labios con esta
pasión. ¿No ves que estoy partida entre los...
Ay, Dios mío.
Ay, seguro que sí. Ay, mi bota.
Espérame, ya.
No, no siento que saber que estoy aquí. Bueno, entonces, ¿qué vamos a hacer,
Rosita? ¿Qué estás haciendo aquí?
¿Qué hago?
¿Qué vamos a hacer? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?
Aléjate de mí.
No me digas eso.
No.
En mi corazón solo hay odio.
Nada más eso.
Entiendo, sí.
Entiendo que haya odio para ellos, pero los que te queremos, los que jamás te
hemos hecho daño, ¿qué?
No, Zacarías, estoy muerta.
Estoy muerta en todos los sentidos. No tengo nada bueno que darte.
A nadie.
Llevo años, años, esperando esta oportunidad para regresar.
Así que no la pienso desaprovechar.
Pero, ¿y si te descubren?
¿Como lo hice yo?
No, no, eso no va a suceder.
Porque para ellos, ¿sabes qué? Fui... Fui un objeto.
Una cosa.
Una cosa que desecharon.
Como si yo fuera algo inservible.
Así que los voy a destruir.
Voy a destruir la vida de los hermanos Lizárraga uno por uno.
Y cuando estén acabados y sientan la humillación que yo sentí,
Entonces sabrán quién soy. Y les voy a restregar en la cara lo que me hicieron.
No, no. Tú no te puedes quedar aquí. Porque si ya una vez te hicieron tanto
daño, lo pueden volver a hacer. Te tienes que ir de aquí. No, ya no. Porque
no soy esa muchacha ingenua.
Y llena de sueños.
A la que esos tipos destruyeron la vida.
Ahora soy una mujer a la que solo la mueve el odio.
Así que olvídate de mí, Zacarías.
Olvídate de mí.
No, espera.
Tú no te puedes quedar aquí.
¡No suéltame!
¡Suéltame! ¡No me vuelvas a tocar!
¿Qué está pasando aquí?
que estoy partida entre el odio y el amor.
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