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(Graznidos)
(Claxon)
Me toca a mí.
(HABLAN A LA VEZ)
¿Por qué no dejas que venga tu padre, so maricón?
Vaya lengua, vaya lengua. Tú no tienes niños, ¿no?
Tampoco es para tanto.
Aire, venga.
(TOCA LA PUERTA)
(TOCA LA PUERTA)
Más vale que bajes. ¿Por qué no vas tú?
Ni siquiera puedo abrir los ojos.
(TOCA LA PUERTA)
¿No nos oían o qué? Es que estábamos ocupados.
Manolín, ¿qué haces tú en el pueblo?
Me lo he bajado, porque le toca ir al médico.
¿Te apetece una infusión de ortigas? No, gracias, ya hemos tomado café.
El café es malísimo para el corazón
y con azúcar, un auténtico veneno.
¿Ah sí? Pues vale. ¿Dónde está la caja?
La caja. Ahí fuera.
Gracias, vámonos, Manolito. Siéntate ahí, hijo.
Mira lo que he traído.
No te vayas a mear, ¿eh, Manolo? Si te entran las ganas, me lo dices.
No vayamos a hacer ahora un número que no veas.
¿Qué ha pasado aquí?
Nada, que vinieron a cenar la otra noche unos amigos.
He tenido que achicar el taller para hacer el estudio de Michael.
Eso es lo primero que hay que acabar.
¿Y cuándo necesita el cuarto su marido?
No, no es mi marido.
Me gustaría que estuviera acabado para esta tarde si es posible.
Michael tiene que trabajar enseguida.
Yo no sé, porque voy a necesitar tiempo, ¿sabes?
Bueno, lo antes posible. Eso sí.
Manolito, hijo, ay qué guapo te estás portando, madre.
¿Y este? Qué hombre tan guapo.
Michael está escribiendo un libro sobre él.
Fue un escritor inglés que se perdió por esta zona hace mucho tiempo.
¿Que se perdió? Sí o desapareció o algo así.
Ay, el pescado. Pepa, Pepa.
¿Qué?
Ten mucho cuidado con esta habitación,
hay libros muy valiosos, ¿eh? Que sí.
¿Qué pasa ahora? Pasa que son las 10 de la mañana
y que dentro de un momento vas a tener el estudio blanqueado
y listo para empezar a trabajar.
¿Y no hay otra forma de decirlo?
Es la única que conozco y aún así no me sirve de nada.
Te mataría.
¿Por qué eres tan maravilloso por las noches
y tan horrible por las mañanas? Nadie es perfecto.
¿Por qué no? Mírame a mí. Tú estás loca de remate.
Hola. -¿Quieres una copa?
-No, no tengo tiempo, voy a la compra.
-¿Qué nos preparas para comer el día de la patrona?
-Ya lo veréis, una cena típicamente andaluza.
-Espero que no sea como la del año pasado.
Hola.
Hace buen día, ¿eh?
¿Qué pasa, estás esperando algo?
Bueno, con tu permiso.
En esta casa no hay ducha.
Las comodidades no son lo suficientemente típicas para ella.
¿Quieres hacerlo tú? Toma.
(Puerta)
Espera, espera, voy a ver quién es.
Buenos días, míster. Qué hay Paco, buenos días.
Gracias. Con Dios.
Ahí dentro no se oye nada.
¿Y este agua? Mira, no lo quiero ni ver,
es que no lo quiero ni saber.
Manolo, ¿tú has cogido la manguera?
Hijo, por Dios, Manolo, estas cosas no me las hacías antes.
¿Quién te manda coger esto? Mira cómo te has puesto.
Por Dios. Hay que ver.
Qué salero tienes, hijo.
Ya verás como se entere La Sabina de lo que has hecho.
¿Has visto usted lo malo que es?
Ya sé dónde ibas tú. ¿Café?
La señora me dio algo ya.
Por eso necesitas café, para quitarte el sabor.
Bueno, pues gracias.
(Música)
Está bueno.
Negro, exprés y malísimo para el corazón.
Y con azúcar.
(Música)
Tú debes ser Pepa. Yo sí y usted es Michael.
¿Quién ha dibujado este mapa?
Aquí lo tienes. El guapo ese.
Está todo aquí, la montaña, el pueblo, el río aquí abajo.
Solo se le ha olvidado una cosa. ¿El qué?
Nada.
Eres una chica lista.
Entiendes un mapa aunque esté en inglés.
En inglés, después de haberle aguantado a usted tantos años.
Yo llevo poco tiempo aquí.
Mire, yo no soy ni lista ni tonta.
Me habría gustado estudiar, eso sí que es verdad.
Y lo digo.
Fíjese, lo que me ha caído.
Por cierto, ¿con qué le amenazabas antes?
¿Yo? Yo no he amenazado a nadie.
Pues claro que sí, hace un momento.
Por lo de la manguera.
¿Qué dice? ¿Por qué voy a asustar yo a la criatura? A ver.
Pero si lo he oído.
Usted no ha podido oír nada.
Así es que no le dé más vueltas.
Eh, ¿de dónde sales tú?
Hola.
Hola, ¿estabas aquí? No te encontraba.
Morronguito.
Daisy, ¿quién es La Sabina? Pepa no lo quiere decir.
Oiga, si yo ni la he mentado. Ya lo imagino.
Morronguito.
Bueno, ¿qué pasa con la tal Sabina?
Es un dragón. Dragona, que es una hembra.
Como es una hembra, le gustan solo los machos.
Le pones una oveja, no le hace ni caso. No le gusta.
Qué primitiva.
Pues ustedes no se tomen a broma estas cosas.
Por ejemplo, durante la guerra nuestra,
no sabe los moros que se comió. Maqui, de todo comía.
Si es que...
¿Tú sabes dónde vive? No, yo no.
Qué lástima, podría ser interesante para mi libro.
Pero mi tío conoce la cueva porque es pastor.
¿Cuándo vas a ver a tu tío? No lo sé, Manolo se sube mañana.
Pero los civiles me han dicho que lo subían ellos.
Michael, cielo, ¿por qué no los llevas tú?
Sí, es una buena idea. Os subo con mucho gusto.
Y así Pepa te puede presentar a su tío.
¿Y entonces qué hacemos con el estudio?
¿Es que no os corría tanta prisa?
Ay, Dios mío, qué gente esta. Por Dios.
(MAÚLLA)
-Morronguito.
(Música flamenca)
¿A qué hora nos esperan? Yo dije al cabo que sobre las once.
Ah, ¿y qué pasa con el Judas?
No hay problema, están siempre en el corral.
¿Contenta? Pues claro que sí, ¿y usted?
Mucho, más que tú, probablemente.
¿Y eso cómo lo sabe usted?
Porque ayer tú no querías venir. Eso era ayer.
Ah.
Mira aquel pico. Aljacín.
Hayat describió un poema sobre esta montaña.
¿Quién? ¿El que se comió La Sabina?
Algún día con los jirones que de mí han quedado en tus zarzas, Aljacín,
alguien hilará seda de sangre.
(LADRA)
Mira.
Manolo, dile algo.
(LADRA)
Tío, ¿cómo anda usted?
Tía.
Me alegro me verte, hija. Qué guapa.
Me alegro de verte.
Este es Michael y estos son mis tíos.
Hola, buenos días. Ya estábamos intranquilos.
Hay un trecho, ¿cómo está usted señora?
Qué guapa estás, hija. Demasiado, tía.
¿Cómo querrías estar? Yo como Daisy, por lo menos.
Pues vaya esqueleto. ¿Pero qué dice, mujer?
Para qué tendrán que hablar las mujeres.
Pero si tiene razón.
Son los números que recogieron el recado.
Tío, ¿dónde están las mulas? Tenemos mucha prisa.
Ahí las tienes, ya está todo listo.
¿Es que solo hay dos mulas?
¿Y cuántas querías? Esto no es cosa para mujeres.
Hombre, eso lo dirá usted, ¿no?
Podemos volver otro día. No, hombre, ni hablar.
Ya está hecha la comida y todo.
Además, otro día puede cambiar el tiempo. Venga, arriba.
-La merienda.
Chiquillo, que te dejas la merienda.
A él le gusta.
Antes venía por aquí mucha gente, había más curiosidad.
Ahora no le interesa a nadie nada de esto.
Parece ser que la montaña está hueca
y el agua se escapa por cualquier parte.
Hicieron las entradas y fue un fracaso.
Así va la luz.
(LADRA)
No sé si le gustará, es cabrito, aquí no hay para variar.
Gracias.
Quita.
Oye, tú, el postre.
(LADRA)
Entonces, ¿usted ha visto o no ha visto La Sabina?
Verla no, pero he oído, eso sí, los bufidos que pega
y el resplandor que suelta.
¿Y no va a hacerlo hoy?
Lo peor es que eso ocurre siempre al amanecer
o a la caída del sol y tendríamos que pasar la noche aquí.
Ya.
Lo que seguramente oiremos serán lamentos y suspiros amorosos.
Eso es muy frecuente. ¿Suspiros?
Será el viento, ¿qué va a ser si no?
La gente dice que son su amante.
Mire, si no he dejado que suba la sobrina,
es porque a mí no me gusta tratar ciertos temas delante de una niña
como lo es ella aún para mí.
La Sabina no solo se come a los hombres,
sino que los goza.
A pesar de ser una bestia, es una amante muy buena,
que jode muy bien, ea.
Y solo los mata cuando se ha cansado de ellos
o cuando se han hecho viejos, porque también dicen o decían
que los guardan durante años y que ellos se sienten felices con ella.
Tenga, beba.
Gracias.
En mi tiempo y sobre todo mucho antes
había gente de la legión, gente desesperada se entiende,
que en vez de ahorcarse o pegarse un tiro,
venían y se metían dentro.
Se desnudaban, se daban aceite de romero en sus partes
para que La Sabina sintiera que eran varones
y no los matara de un golpe y se metían allí.
Bueno, pues vamos a verlo ya.
No pretenderá bajar en mulo, ¿verdad? ¿Por qué no?
Porque las bestias se niegan. ¿Qué dice?
Bueno, haga la prueba. Yo le acompaño andando.
¿Ve cómo baja la mula? Ya me lo dirá, ya.
Yo creía que La Sabina rechazaba a las hembras.
Qué va.
Ella se come lo que le echen, lo que pasa es que mujer, al fin y al cabo,
solo disfruta con los varones. Arre, mula.
Vamos, arre, mula. Vamos.
¡Arre!
Si ya se lo dije. Déjeme, ¿se ha hecho daño?
No. Ha sido culpa mía.
(Graznidos)
¿Oye?
(LADRA)
-¿Pero no lo oye?
No siga más. No tenga miedo, no pasa nada.
Oiga.
Es como si estuvieran haciendo el amor.
¡Eh!
¿No hay un sitio para mí?
Tráelo, que se ha vuelto loco.
(LADRA)
Bueno, está bien, ya vamos.
¿Está usted enfadado? ¿Yo?
¿Por qué iba a estarlo? Pues lo parece.
Y la enfadada soy yo. ¿Tú?
A ver, ustedes me han dejado tirada como una colilla.
Yo no he tenido la culpa. Un poquito la ha tenido.
Podría haberle dicho algo a mi tío.
Dame uno.
El último.
(Motor)
(RÍE) Ni que fuera un porro.
No, esto no. Déjeme.
Pepa.
Vamos a ver, escúchame.
No pienso en otra cosa
desde el momento en que te vi por primera vez.
Ya lo sé, pero no puede ser.
Yo tengo novio formal y no me gusta hacerle ningún daño.
Pero si estamos solos aquí.
Qué gracia, y Antonio viene dentro de dos días,
y además, aunque no viniera, es lo mismo.
Que me dejes en paz.
(Música)
Venga, sube. ¿Para qué? Déjelo.
Sé ir andando. Que subas.
Muy bien, pero con formalidad.
(Música)
Pepa. ¿Qué?
Lo siento.
No pretendía ofenderte.
¿Nos volveremos a ver pronto?
Yo tengo que blanquear toda la casa, quedé en eso.
Buenas tardes.
(Música)
Ya verás qué bonito queda el mantel.
Lo estrenaremos para el día de la patrona.
Lo pasaremos muy bien esa noche, la casa estará muy bonita,
vendrá mucha gente.
Y tú no me dejes sola.
Quita.
Mierda, así no acabaremos nunca.
(MAÚLLA)
¿Estás triste? Yo también.
-Voy a cambiar de negocio.
Voy a cerrar el bar y voy a poner una tienda de velas.
Y yo me voy a casa, buenas noches. ¿Y la revancha?
No, mañana.
(Motor)
No haga eso, es cal viva esto.
No te rías, déjame, anda, ya me siento bastante ridículo.
(Música)
Sabía que iba a venir.
(Música)
Te quiero.
Te quise desde el primer momento en el que te vi.
(Música)
No vamos a entrar en detalle de...
Váyase. ¿Pero qué estás diciendo?
Que se tiene que ir.
¿Cuándo podré volver? Cuando esté abierta la puerta.
No, ahora no, por Dios, váyase.
Michael. Michael, estás vivo.
Creí que te había comido La Sabina. ¿No se te ocurre algo más gracioso?
Sí, pero no te lo digo.
Toma, de tu mujer.
¿Y qué es lo que hace tu novio en Londres?
Es camarero.
Ah, pues si es el chico que yo creo, es muy guapo.
Lo que es es normal.
¿Y tú le quieres?
¿Usted se cree que si no me iba a casar con él?
Bueno, ya me entiendes, mujer.
Bueno, conozco a Antonio desde que éramos críos
y yo creo que ya jugábamos a casar y todo.
Son tantos años que...
Antonio. Pero chiquilla, ¿qué haces tú aquí?
Qué guapa te veo, qué guapa.
Doña Daisy, este es mi Antonio.
¿Cómo está usted? -Muy bien, ¿y tú?
-Bien.
-¿Qué tal el viaje? -Mucho mejor que el de Navidad.
-Me alegro, vamos, te dejamos en casa.
Perdone, ¿usted vive aquí? Sí, ¿por qué? ¿Deseaban algo?
Qué suerte.
¿Podría decirnos cómo se llega al pueblo de Jarros?
Suele haber un taxi ahí fuera.
¿Has oído, cielín? Hay un taxi. Gracias.
Vámonos.
¿Ese era el taxi? Sí, creo que sí.
Nosotros vamos al mismo pueblo, pueden subir.
Gracias, muy amable.
¿Cabremos todos? Si no, nos encojemos.
Gracias.
¿Llevas mi bolsa? Sí, sí, aquí la tengo.
(Motor)
¿Está en casa? Supongo.
Oye, me subo a buscarte esta tarde. Ya veremos.
¿Cómo que ya veremos? Yo he venido a la feria.
¿Conoce a Michael Maxwell?
Claro que sí.
Tú eres Daisy. Sí, ¿pero cómo...?
Yo soy Mónica y este es Philip. ¿De verdad?
Pero, bueno, qué casualidad. ¿Cómo estáis? Es increíble.
(Música)
Fíjate, Philip, qué maravilla.
(Música)
Michael, Michael, Michael, cariño, tenemos visita.
Michael. Ya voy yo para la cocina a ver.
Michael, ¿pero dónde estás? Escondido, seguramente.
Con el blanqueo lo tengo todo revuelto, qué barbaridad.
Pasad a mi taller, allí estaremos...
En la cocina no hay nadie,
¿yo qué hago? ¿Sigo pintando entonces o qué?
Sí, sí, sí. Vale.
Qué desastre.
¿Queréis tomar algo? No sé lo que habrá.
Limonada, coca cola, vino. Sí, limonada, por favor.
Necesito algo más fuerte, vino.
Pero, ¿qué hacéis ahí? Sentaos.
Pepa, Pepa.
Tienes que traer vino, limonada y deprisa.
¿Dónde estará Michael? ¡Michael!
Tu mujer y tu amigo. Ya los he visto.
¿Qué va a pasar ahora?
Nada, supongo que se quedarán a comer.
Vaya, una sorpresa que de verdad es una sorpresa.
Oh, Michael.
Tienes muy buen aspecto. Tampoco tú estás mal.
Y Philip, ¿qué tal? Vamos tirando.
Usted no ha desayunado, ¿no? ¿Le traigo el café?
No, vino.
Gazpacho, sardinas.
Espero que a esa bruja le guste el gazpacho.
Si no le gusta, mejor.
Toma, Pepa, ayúdame. Ya blanquearemos mañana.
Vale, como usted diga.
Mira que presentarse aquí, es increíble.
¿Pero usted no se habrá creído que Don Michael la quiere todavía?
No lo sé y además no importa. Le quiero tanto, soy una imbécil.
Cuando le conocí, era una ruina.
Le traje a esta casa y le di todo, todo cuanto yo tenía.
Claro, que en este mundo unos han nacido para dar
y otros para recibir. Y otros para trabajar.
Perdóname.
¿Cuándo piensas casarte? ¿Casarme?
Te voy a hacer un regalo. Di, ¿cuándo te casas?
Yo qué sé, eso no se puede saber.
¿Y desapareció así, por las buenas, sin dejar ningún rastro?
Esta es una copia de la última carta que su médico recibió.
El matasellos es de aquí. Le habla del pueblo, 17 de mayo de 1865.
Y luego, nada. Nada.
Unos dicen que murió de cólera
y otros que lo mataron los bandoleros.
Ni una ni otra explicación se pudo demostrar.
¿Y has descubierto algo más?
Pues sí, que estaba enamorado de alguien.
No has llegado muy lejos, teniendo en cuenta que él mismo
lo dice en sus poemas. Ah, los has leído, ¿qué tal son?
Execrables.
Era un escritor romántico, pero aún así
sus impresiones sobre este país fueron válidas
y lo siguen siendo todavía, cien años más tarde.
Bueno, no tenemos mucho tiempo, así que vamos a lo importante.
Qué pena, ahora que empezábamos a divertirnos.
¿Qué te parece, Michael? ¿Se aburre uno tanto?
Más me aburre la gente que no puede hablar en serio.
¿Qué vas a hacer, Michael? ¿Hacer con qué?
Con el libro sobre Lady Otolin, por ejemplo.
Necesito recordarte que se ha cobrado ya la mitad por adelantado
y que los editores no están dispuestos a esperar más.
De ese dinero, yo no he visto ningún céntimo.
Si lo habéis gastado vosotros,
resolved vosotros también el problema.
¿Se puede?
Don Michael, que le llaman por ahí.
Paco, buenos días. Écheme una firmita.
Lo he traído antes de comer por se acaso era urgente.
Ten dos durillos. Con Dios.
Adiós, Paco, hijo.
¿Cuándo voy a verte?
No puedo, Antonio está aquí, no puedo.
No, por favor. Michael, por cierto, ¿tú sabes...?
Vuestro telegrama.
Bueno, ¿entonces cuál es la solución?
Muy sencilla, Philip escribe el libro y tú cobras el dinero.
Pero él no puede escribirlo solo. No sé por qué no ha de poder.
¿No iba él siempre el primero en el colegio en todo?
El resentimiento es un veneno lento.
Schopenhauer.
Y la venganza, un placer para los enanos.
Peter Pan.
(RÍE)
Me gustaría ver esa risa delante de los editores.
¿No puede celebrar alguien algo que tiene gracia?
En tu caso, no.
¿Y quieres saber por qué Philip no puede acabar el libro?
Por la misma razón por la que tú
nunca escribirás el tuyo sobre Hayat,
porque está comprobado que no podéis hacer nada
el uno sin el otro.
Y si me equivoco, dinos qué has hecho este año, enséñalo.
Mónica, por favor, no te pases. No me paso.
Tenemos todos muchas horas de vuelo
y nos conocemos muy bien. Si ha escrito algo, que lo enseñe.
He tomado notas.
¿Qué te crees que es todo esto? ¿Papel en blanco?
De acuerdo, enséñalas.
Señores, si quieren pasar a la cocina.
Muy bien, cuando tú quieras.
Está toda la casa revuelta, no podemos comer en otro sitio.
En comparación con esto, la Inquisición era un juego de niños.
El hombre inventa sus propios verdugos.
Mónica, espero que te guste el gazpacho.
Sí, me gusta mucho.
Creí que éramos cinco. No, Pepa no come con nosotros.
¿No? ¿Por qué no?
Déjelo, ustedes tendrán muchas cosas de qué hablar.
Ya nos hemos dicho todo lo que había que decirse.
Que no, de verdad, que no puedo quedarme.
Pepa, siéntate.
¿Para qué? Si tengo que irme enseguida para casa.
Pepa, si no te sientas con nosotros, yo tampoco me siento.
Pepa, por favor, que no comemos. Como quieran ustedes.
Gracias.
¿Te gusta? Sí, está bueno.
¿No temes una indisposición?
Otras cosas me dan indisposición.
Todo eso por no decir cagalera. ¿Qué?
Cagalera.
Pepa, por favor, bebe un poco de agua.
(RÍE)
La virgen cuando se asoma.
Quieto, quieto, quieto.
Tú, los palos más altos, tú, no te arrincones, vete hacia allá
y tú, que se oiga la guitarra. Arriba, fuera.
Venga, otra vez.
La virgen cuando se asoma.
Es una maravilla.
Los días claros hasta se puede ver hasta Granada.
Hoy está claro. Sí, pero no entiendo lo que pasa.
Mónica, ¿vas a buscar editorial para el libro de Michael?
Primero tendría que leerlo.
Además, no estoy segura de que hoy en día
Hayat pueda seguir interesando a nadie.
La verdad, es un escritor que no conozco.
¿Ah no? Yo tampoco.
Michael, cuéntanos, ¿de qué habla Hayat?
Los libros no se cuentan, querida.
Habla del enigma histórico que supone...
(Música)
¿Y qué decía Hayat sobre la decadencia de España?
¿En serio te interesa saberlo? Sí, en serio.
Pues, según él,
fue el propio espíritu del país lo que lo destruyó.
¿Su espíritu?
Sí, o su mentalidad, como quieras llamarlo.
Qué tontería.
Cualquiera sabe que bajo toda cuestión política,
late siempre otra razón económica. Para Hayat es al revés.
Dice que una mentalidad realista, positiva,
puede transformar una economía.
En cambio, el idealismo a ultranza y la intransigencia la destruyen.
(RÍE) Un concepto romántico o algo peor.
Puede ser.
Bueno, tenéis que iros ya, se está haciendo tarde.
¿Os quedaréis algunos días más en Granada?
¿Por qué no volvéis para mi cena de la patrona?
Viene un grupo de pintores muy interesante.
No creo que resulten atractivos para nadie.
¿Quiénes? ¿Los pintores o nosotros?
Lo mismo da. Gracias, Michael.
Sigues tan encantador como siempre.
Casi no puedes conmigo, ya.
Tan pocos días son muy pocos días. Más vale algo que nada.
Y te merecía la pena el gasto, ¿no? ¿Tú que crees? Di, contesta.
Yo no sé nada.
Luego vamos a echar en falta el dinero.
Ya veremos. Toma, para ti.
Tu señorito otra vez. No es mi señorito, no tengo de eso.
¿Pero ese tío se ha vuelto loco? Déjale, cualquier cosa.
Apúntatelo.
-Buenas tardes.
-Hoy no juega usted, ¿don Mico? No.
Quince más.
-45. -La vida, don Mico.
-¿Qué vas a hacer mañana? Pintar, ¿tú?
Voy al ensayo. Eso está muy bien.
Me voy para arriba.
Pepa, ¿me quieres? Anda ya.
(TOCA LA PUERTA)
¡Abre la puerta! ¡Sé que estás ahí!
A ver, ¿qué quiere usted? Necesito hablar contigo ahora mismo.
Es muy tarde hoy ya. Mañana, ¿eh?
Por favor. Con las ganas que me tiene la gente de este pueblo.
Déjame entrar. ¿Cómo que le deje entrar?
Solo faltaba eso ahora. Quite.
Oiga, mire, esto no puede ser.
Ustedes tienen diferentes costumbres y diferentes formas de ver la vida
y a mí no me va.
¿Eso lo dices por mi mujer y mi amigo?
No, señor, lo digo por lo que lo digo.
Pero es que yo te quiero. Te quiero, Pepa.
Y te necesito.
¿Yo qué puedo hacer? No sé.
El otro día parecía que...
Mire, no me recuerde lo del otro día que fue un momento débil mío.
Por favor.
(Música)
Suélteme, ya está bien de locuras.
Venga.
No te vayas. Déjame.
No me toque más.
Venga aquí, tengo que explicarte muchas cosas.
Suélteme o grito.
(Música)
(Claxon)
¿El señor Nortum? -¿Michael? Pase.
Hola Michael, cuánto has tardado. Gracias.
Señora.
Bueno, ¿puede saberse lo que estáis haciendo en esta ciudad?
¿Y por qué tenía que venir yo con tanta prisa?
Ahora lo vas a ver.
(LEE) "Anoche, querida amiga, no pude dormir.
Todas las cosas, España, mi hogar inglés, la juventud pasada
han perdido importancia comparadas con el amor que siento por usted".
No, no, espera.
"Un amor loco que me embarga y me arrastra
sin miramiento alguno
por caminos que a ratos son de gozo
y a ratos, los más, de desesperación".
Debía ser algo inconstante la tal Carmelita.
Daba una de cal y otra de arena hasta volverle loco al final.
Aquí está.
"Leo una y otra vez su mensaje de anoche, mi amor,
y me resisto a aceptar que sea el último.
¿Por qué, Carmelita, por qué?"
52 cartas en total.
Si Hayat fuera tan importante como dices,
el hallazgo supondría una fortuna. Lástima que no lo sea.
Pero para este país sí que lo es.
Michael, como mucho, 500 ejemplares la edición.
A los españoles les tiene sin cuidado.
De todas formas, "touché".
Has hecho más en tres días que yo en todo un año.
No creas que ha sido tan difícil.
¿Cómo podría Hayat citar a tantos escritores españoles de memoria?
Aún hoy esta es la única biblioteca decente de la comarca.
Han sido ustedes muy amables, muchas gracias.
-Son ustedes encantadores.
-Es tan divertido pensar que a lo mejor
el miembro más destacado de la familia
en todo el siglo XIX o en el XVIII también, quién sabe,
resulta que fue precisamente la tía Carmelita.
-La posteridad da muchas sorpresas, querida.
Si ustedes me lo permiten, voy a aportar
mi granito de arena a la investigación, vamos a ver.
-Vaya, por Dios, también se les va la luz en Jarros.
-Claro, igual que aquí. -Pues es una vergüenza.
¿Esta es ella? Vea la fecha y el nombre.
Siempre escribían el nombre de cada uno al dorso.
Ahí lo tiene, ¿ve? Carmelita.
Es fantástico, Alberto.
Perdóname...
Yo que creía que no os gustaba airear los trapos sucios de la familia.
-Tampoco me parece a mí que rechazar a un escritor inglés
pueda considerarse exactamente un trapo sucio.
Con el perdón de nuestros amigos, claro.
-Cómo eres...
No lo he dicho con mala intención.
Tiene una que andar con un cuidado contigo.
¿Y por qué cree usted que ella rechazó a Hayat?
¿Por qué no aceptó sus proposiciones?
Por miedo. -¿Cómo? ¿Por miedo?
-Sí, exacto. O mejor, una sensación de inseguridad.
Él era extranjero, tenía una religión diferente.
Por otra parte, era lo que se llamaba una parienta pobre
y se sentía indefensa.
Como lo estaban entonces todas las mujeres que no tenían dinero.
-¿Solo entonces?
-¿Y se sabe qué fue de ella?
-Sí, murió soltera, muy vieja. Más de 50 años después.
Mis hermanos mayores todavía la conocieron.
-Lo dicho, trapos sucios.
¿Y qué fue de Hayat?
Según la tradición de la familia, la Sabina se lo tragó.
¿La Sabina? ¿Cómo?
¿Aún no le han contado nada de ella?
¿Les importaría a ustedes que volviera ahora a la biblioteca?
Por supuesto que no. ¡Claudio!
Muchas gracias. Con su permiso.
Es una historia antigua.
-No tanto.
Hay un muchacho que en la Sabina atacó
y del susto quedó mudo.
-No es eso, sino que se adueñó de él.
Ahora es su servidor.
Bueno, pero le mordió. A lo mejor fue una caricia.
Vaya caricia. Sí, un tanto...
Se llevó medio pito. -Alberto, por Dios.
Qué manera de decirlo.
-Se trata de una leyenda anterior al mismo cristianismo.
Hay una estatua que encontraron muy cerca,
y en realidad es el mismo.
¿Por qué, Carmelita, por qué?
(LEE) "Si no hallo respuesta a la pregunta,
mucho temo que tampoco pueda encontrar una
para mi vida entera.
Suyo siempre, William S. Hayat".
Sin duda, tu admirado Hayat se equivocó de táctica.
¿Ah, sí? ¿Y qué hubieras hecho tú?
Justo lo contrario.
Primero me habría acostado con ella
y luego hubiera escrito las 52 cartas.
Buenas noches, Michael. Buenas noches.
Pasa, hombre. No tengas miedo.
Recuerda que aquí el matrimonio somos tú y yo.
Muy bien, pero no creas por un momento que...
No creo nada.
Philip tiene otra habitación. Mónica, no seas ridícula.
Aquí el único ridículo eres tú.
¿Qué vas a hacer?
¿Pedir otro cuarto o irte a dormir con Philip?
Le diré que venga aquí.
Habrá que esperar a que estén dormidos.
¿Podrías ofrecer? ¿No te importa que sea negro?
Por lo menos es algo.
Vamos, Michael, sonríe.
No te enfades.
Philip está ayudándote.
Supongo que todo esto ha sido cosa tuya.
Mira...
Creo que ahora lo justo es que le ayudes tú un poco a él.
Cada uno debe tirar por su propio camino.
Bueno, ¿cómo se presenta la noche?
La primera parte ha sido un espanto. ¿Y nuestro hombre?
¿Tienes tabaco? No.
¿Y ese?
Ah, ¿ya puedo irme a tu cuarto?
Espera, Michael. Este es un buen momento para que hablemos.
Siéntate.
¿Quién de los dos se pone, por fin, el bonito pijama?
(RÍE) ¿Os vais a pegar?
Eso me rejuvenecería. Sería como si volviésemos a los viejos tiempos.
No tan viejos.
Para mí, sí. Para mí, no.
Recuerdo cada momento
y creo que fueron los días más felices de mi vida.
¿Ya no nos quieres, Michael? ¿Cómo es posible?
Mónica, sabes muy bien que cada cosa tiene su tiempo
y aquel ya pasó.
No, Michael, no se trata de eso. Claro que sí.
Y él lo sabe. Qué va.
Solo se trata de que seamos amigos como antes.
Eso es todo. Vamos, daos la mano.
Daos la mano.
Pero esto es absurdo. Aunque lo sea.
Esperad, no os soltéis.
Vente con nosotros, Michael.
Aquí lo que haces es desperdiciar el tiempo, perder tu vida.
Ya verás cómo nunca llegas a escribir ese libro.
Ya lo sé, me gusta el país.
Y sobre todo me gusta la gente.
Son puros, inocentes, de verdad.
Son puros porque son pobres.
Dentro de 50 o 100 años
alguien como tu querida Pepa estará en una cama
entre dos hombres como nosotros ahora.
Además, si tanto te importa esa gente,
¿por qué no haces algo por ellos?
De momento, solo te preocupas de beberte su vino.
Hago lo que puedo.
Vivo a su lado.
Desde un punto de vista literario muy hermoso.
Socialmente hablando, inútil por completo.
Lo que tú digas.
Bien...
Buenas noches.
(Ladridos)
(Jadeos)
¡Eh, Sabina!
¡Tú, puta del diablo, ven aquí a morderme!
¿Qué te pasa?
¿Tienes miedo a envenenarte o qué? ¡¡Sabina!!
(Gruñidos)
(Orina)
¿Hay alguien ahí?
¿Quién es?
Manolín... ¿Pero qué haces tú aquí?
¿Te has escapado?
Bueno, vamos.
Anda...
Venga... Bájate.
Que te bajes.
Ya estás en casa.
Me parece que a este paso tú y yo no vamos a ser amigos.
Vamos, vamos.
Y no lo intentes otra vez, al pueblo no te llevo.
No me faltaba nada más que eso...
Sí, hombre...
Ahora ponte delante.
(Campanas)
Más o menos.
(Golpean la puerta)
Pasa.
Es que no estaban en la iglesia. No creo que tarden.
¿Qué es eso? Una cosa que le traigo.
¿No habéis terminado? Ay, por Dios, qué susto.
Ya...
¿Se habrá secado para esta noche? No sé.
Con esta calor que hace y abriendo las puertas
yo creo que sí.
Gracias.
(Guitarra)
¿Es que no me vas a perdonar lo de la otra noche?
Yo no tengo nada que perdonarle.
No te fías de mí, ¿verdad?
Piensas que cualquier día desapareceré del pueblo.
Y, en cambio, tu novio es un chico...
tan formal, tan seguro...
Usted se lo dice todo.
Lo malo es que el amor no puede sustituirse con nada.
Sin él ni siquiera merece la pena vivir.
Vas a cometer un error y lo sabes.
Yo lo único que sé es que no puedo hacer daño a nadie.
Ya está.
Pero me lo haces a mí.
A penas vivo ni duermo pensando siempre en lo mismo.
Y te lo haces a ti también. Ya, yo no digo que no.
Pero me aguanto.
¿Y por qué hay que aguantarse, Pepa?
¿Por qué no podemos ser felices los dos si nos queremos?
Contéstame. Porque no. Déjame.
¡No puedo!
(Golpean la puerta)
Hola...
Hace un día maravilloso.
La patrona ya está en la calle, ¿no vais a verla?
Ahí los tienes.
Luego te vas para casa, no vayamos a joderla.
(CANTA) "María cuando está sola,
a la puerta de la ciudad.
María cuando está sola...
Cargadito de azahar.
María cuando está sola".
(Guitarra)
(Cantos)
Este año hay poco dinero.
El año pasado las fiestas fueron mejores.
El año pasado yo no estaba aquí. Qué vamos a hacerle.
Jacinto, pon otra copa. Esto no lo tiene usted en América.
Yo soy inglés. Bueno, de donde sea.
Manolín. Has conseguido bajar, ¿eh?
¿Quieres una copa?
¿Y tú también? Gracias, don Michael.
Dos copas más.
Oye, no tenga prisa. Le sentará bien.
No creo que lo mate. Una más.
¿Y qué? ¿Cuándo te marchas?
Esta noche.
Pasado mañana, sin falta, tengo que estar en su tierra otra vez.
Qué lástima.
El próximo viaje será ya para la boda.
Hemos decidido casarnos.
Por la Navidad.
¿Por la Navidad?
Toma.
Salud.
Trae para acá.
Qué poco talento tienes, hijo. ¿Y usted, que no se entera de nada?
Pasa adentro, venga... Que te voy a ajustar yo a ti las cuentas.
(GRITA)
Qué pasa ahora.
Antonio y don Michael, que le estaban dando de beber.
¡Eso pasaba!
¿No ves que no puedes dejarte hacer esto?
¡Me vas a volver loca!
Pepa, ¿puedes ayudarme?
Es precioso.
Qué pena me da que lo vayan a manchar esta noche.
Para eso está, ¿no?
Gracias, Pepa, eres un sol.
Usted también es muy buena, señorita...
Daisy. Pues Daisy.
Y alegra esa cara, mujer.
Esto está del revés.
En estos días me pongo más triste que nada.
(SUSPIRA) Eso pasa con todas las fiestas.
Oye, ¿por qué no hacéis una cosa?
¿Por qué no venís Antonio y tú esta noche después
a tomar una copa?
Antonio se va de madrugada, ¿se lo pregunto?
Sí, pero haz por venir, ¿eh? Vale.
Vamos, hay mucho que hacer. Venga, sí, a trabajar.
Manolín.
Enséñamela.
Anda, hombre, enséñamela.
(Música)
Michael...
Oh...
O sea que habéis vuelto.
Pero ¿qué queréis vosotros de mí? Vamos a ver...
Supongo que devolverte al redil. ¿A cuál de ellos?
Tengo tantos... De momento al de Daisy.
No me interesa.
Vamos... Está bien, está bien.
Pero antes tienes que tomar una copa conmigo.
Al fin y al cabo,
la triste verdad es que yo soy el único amigo que tú tienes.
Bébetelo. No lo necesito.
Bébetelo. Es café.
Vale.
¿Qué tal la cena?
¿Ha sido auténticamente andaluza?
Vamos.
Siempre, siempre es distinto.
Necesito a Pepa.
Lo significa todo para mí.
La quiero.
¡Te quiero, Pepa!
Tiene que saberlo.
Que se enteren todos de una vez.
(BALBUCEA) Philip...
No creas que has perdido a tu mejor...
digo, a tu único amigo.
La verdad es que, en el fondo, te estoy muy agradecido
por haberte quedado con mi mujer.
No creas...
Philip...
¿Qué te parece?
¿Por qué no mandamos a todas las mujeres a la mierda
y nos dedicamos a escribir tú y yo lo que nos dé la gana?
Al fin y al cabo, nuestro primer libro lo hicimos así.
¿No es cierto?
Arréglate un poco.
Pero...
Bueno, dime. ¿Qué te parece la idea?
Brillante.
Impropia de ti.
(RÍE)
Oye, Antonio, acércame eso. Hazme el favor.
Vamos allá.
Aquí está.
Muchachos, venga alegría, alegría.
Vamos.
(CANTAN)
"Amores,
corazones,
partidos
yo quise... Te quiero.
Cuando te vi,
el mío di.
Corazones,
amores"...
"Saben lo que yo he pensado.
No olvides que te he querido,
que puede ser que no seas
que yo a ti te haya querido.
Ay, ay".
(Quejíos)
Lo siento.
No te preocupes.
Olvídate de eso. Déjame en paz.
Estás completamente borracho. Sí, ¿y qué pasa?
Es mi única forma de poder decir que todo es un asco.
Las mujeres, los amigos...
Esta mierda de país.
Todo.
Y tú eres la zorra más grande que me he echado a la cara.
Déjame decirlo de una vez.
Nos equivocamos y yo soy la primera en admitirlo.
A quien quiero es a ti... y si sigo con Philip es...
¿Por qué la tiene más larga que yo? ¡Imbécil!
No puedo perderos a los dos.
Y tenerle a él es casi como tenerte a ti,
pero a quien quiero es a ti y tú me necesitas.
¿Qué es esto, si no? Instinto.
Lo único que nos queda de verdad. Entonces adelante.
Quiéreme o jódeme. Todo es lo mismo.
(CANTAN) "Ya tenemos enfrente a los enemigos...
Ya tenemos enfrente a los enemigos".
Ya, venga.
Oh, no.
Precisamente cuando empezábamos a animarnos.
-Es que es muy tarde.
-No quiero...
Pero vosotros os quedáis.
Si total, es ir a la estación y Pepa vuelve enseguida.
Antonio, a ti no te importa, ¿verdad? -¿Y don Michael?
Me gustaría despedirme de él. -Ah, sí. Ven por aquí.
Si queréis os puedo llevar. ¿Eh? ¿En el coche?
Ajá. Bueno...
Bueno, al fin y al cabo...
Por algo es su mujer.
Adiós, Antonio, que tengas suerte. -Muchas gracias.
-Hombre, ya estáis aquí.
Venga, vamos ya.
(Tren)
Vamos, chiquillo. Venga, ligero.
Adiós, hijo. -Ten cuidado, niña.
Escríbeme.
Te escribiré. ¿Cómo no te voy a escribir?
-¡Venga, que te vas!
Adiós, adiós, adiós.
Pero bueno, ¿también el día de la patrona esto?
Es un desastre, ¿eh?
Pero Pepa, si Antonio va a volver muy pronto.
No es por eso.
¿Por qué entonces?
Tonterías mías.
Usted es muy amigo de don Michael, ¿verdad?
Pues sí.
Nos queremos y nos odiamos de corazón desde que éramos unos niños.
Lo del uno ha sido siempre del otro.
¿Por qué lo preguntas?
No, por nada.
¿Qué te pasa, Pepa? A mí... nada.
¿Qué me va a pasar?
Que no me encuentro a mí misma. Que estoy ya cansada.
(SOLLOZA)
(CHISTA) Pepa, chiquilla.
Pero he aquí mi alegría. Mi amigo y yo somos uno.
Luego dulce ventura es a mí solo a quien ella ama.
¿De dónde es eso? ¿Del "Quijote"?
Casi.
(Música)
"La amas porque sabes que yo la amaba.
Y por amor hacía mí me engañó ella de ese modo,
permitiendo a mi amigo justificar su conducta
con su amor para conmigo".
(Cantos)
¿Qué pasa? Nos ha visto alguien.
¿Quién?
¿Quién era? Nadie, pero hay que irse ya.
Nos van a echar en falta.
Y además...
tengo que recoger a Manolín.
(Guitarra y cantos)
Muy bien.
Gracias. Estaba bueno, ¿eh?
Ay, Pepa, menos mal.
Se han tomado todo el chocolate y ahora resulta que quieren más.
¿Ah, sí?
Bueno, ¿entonces qué hacemos ahora? -Lo ideal es ir a la Bemol.
-Pero si allí no habrá nadie. Yo tengo una idea mejor.
¿Sí? ¿Qué idea es esa? Subir a la Sabina.
¿No lo dirá en serio? -¿A qué, a dormir la borrachera?
-Qué idea tan absurda.
Al amanecer es cuando mejor se ven las llamas que suelta.
¿No esperarás que yo me meta allí, verdad?
No, seremos Philip y yo quienes entremos.
Supongo que te interesa saber cómo murió Hayat.
¿Y qué crees que vas a descubrir allí, su esqueleto?
Ya veremos. ¿Tú qué vas a meterte ahí?
No tienes cojones.
Por si acaso será mejor que no lo intente.
Sí, sí, sí, iremos todos. ¿Se puede subir en coche?
-Por subir se puede. -Entonces yo me marcho.
-Oh, no, ¿por qué? -Ahí no hay nada que ver.
¿Vienes, Pepa? ¿Yo? ¿Estás loco?
Oh, sí, Pepa. Anda, mujer, ven con nosotros.
Tú conoces el camino.
Ah, sí, pero nunca he llegado hasta allí.
Se fue don Michael. No importa...
Además, tenemos que subir a Manolín con tus tíos.
Muy bien.
-Déjeme, que de esto he hecho mucho en mi vida.
No.
-Sí, un poquito.
Tú, dame otro plato, anda.
¿Quieren una copita? -Bueno, gracias.
-Muchas gracias. -Hace frío.
-Esta es la hora peor.
(TOSE)
-Está un poco fuerte, ¿verdad? -No, está bien.
-Otra.
-Sí que hace frío. -Más que frío, humedad.
-Bueno, ¿y quién ha organizado todo esto?
-Yo qué sé. A mí me han avisado y me he venido para acá.
Nos va a pillar el sol. -Listo.
-¿Serán fuertes las cuerdas? Solo vamos a asomarnos.
¿No se desnuda? Yo había traído el aceite.
No es necesario. Como quiera, allá usted.
Pero yo en su caso...
Venga, las tradiciones hay que cumplirlas.
Adelante. ¿Tiene que ser del todo?
Cuanto más se vea, mejor.
-Vuélvanse, señoras. ¿Por qué?
¿Tan mal hecho estoy?
No, yo paso.
-¿Y usted?
Yo no.
Entonces yo tampoco.
O todos o ninguno.
Bueno, ustedes verán.
-Un beso, dame un beso.
Michael, has bebido mucho, ten cuidado.
No seas tonta.
Espero que os portéis mejor con la Sabina
que conmigo.
(Música)
(Lluvia)
Escucha.
¿Por dónde entra el viento?
Hay otras aberturas, es como una flauta.
La flauta mágica.
¿Y el río? Va por abajo.
¿Estos huesos de qué son? ¿De animales?
O de hombres... Quién sabe.
Gente desgraciada que vino a morir aquí.
¿Entonces tú crees que Hayat...? También se suicidó.
No cabe duda. Luego, en cierta forma era verdad.
Se lo comió la Sabina.
Como tú dices...
El hombre crea sus propios verdugos.
¿Has oído? Es profundo.
Michael, la cuerda.
La he cortado yo. ¿Qué significa eso?
Muy sencillo.
Que también nosotros vamos a morir.
Estás loco.
Por lo menos, en esta ocasión, esperaba algo más original de ti.
¡Socorro, socorro!
¡Socorro, socorro!
Cuanto más llores y grites mucho mejor,
porque los de ahí fuera pensarán que la Sabina
ha empezado a gozarnos ya y la tradición habrá vuelto a cumplirse.
¡Hijo de puta!
Esta vez me has hecho mucho daño.
Como lo seguirías haciendo siempre...
Y tampoco podemos separarnos ya.
(GRITA)
(Estruendo)
¿Por qué lo ha hecho?
¿Por qué lo ha hecho?
¡Basta, por favor!
¡Michael!
¡Michael!
¡¡Michael!!
(GRITA)
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