All language subtitles for La rivolta dei mercenari

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Original subtitles

Marco, ¿es ese el pueblo? Sí, ese es.

Y aquellos, los soldados de Keller.

Prisca dijo que los campesinos fueron asaltados al amanecer.

Vamos. ¡A las armas! A por ellos.

(NIÑO) No te lo lleves, es mío, déjamelo.

-Quítate de en medio. -(LLORA) ¡No te lo lleves!

-Vamos, aparta.

-¡Vamos!

-A los prisioneros llevadlos a la carreta.

-Abre.

(Golpes de espadas)

-Vámonos, rápido. Lucio de Rialto nos ataca con sus hombres.

-¿Qué dices? ¿Quién habrá avisado a ese bandido?

-Capitán.

Gracias a tu aviso hemos llegado, te has portado muy bien.

¿Y Marco, dónde está? Míralo, muriéndose por ti.

¡Marco!

-¡Prisca!

Prisca.

-Qué miedo de pensar que no ibais a llegar a tiempo.

-¿Por qué dices eso? Nosotros nunca llegamos tarde.

-Gracias. Estos canallas lo merecían.

Nadie puede vivir en la comarca

desde que Keller se ha adueñado de ella.

-Mira, la insignia del miserable que manda esa tropa de ladrones.

Tenemos que estar precavidos contra sus posibles ataques.

Desatad a esos hombres y vámonos, que me espera Katia.

Vaya, ¿pero qué hay aquí? -Suéltame o te muerdo.

-¡Ah!

Yo te voy a domesticar. -Déjame.

-¿Qué haces? Suéltala. -La encontré dentro.

-Llevadme con vosotros, me han dejado sola.

-Vino con unos gitanos que salieron espantados

cuando llegaron soldados de Keller.

No le dio tiempo a escapar.

-Está bien, llévasela al capitán y que decida. Vamos.

Mirad en el bosque.

Una carroza. -No está en el camino.

-Algo habrá pasado, no hay nadie. Una emboscada.

-Nos servirá para las mujeres. Vamos a acercarnos.

Parece un accidente. -Me da que ha sido un asalto.

No, los equipajes están intactos.

(Grito)

Chis. ¿Habéis oído?

Es por ese lado. -Mujeres.

Quedaos aquí esperando, voy a ver de qué se trata.

¿Voy contigo, capitán? Pueden ser peligrosas.

No, gracias, no necesito niñera.

¡Floc, Floc!

¿Dónde se habrá metido?

Busca por allí. Si estaba aquí mismo.

Floc.

Floc.

¡Floc!

Nada, que no lo encontramos. Vamos por aquí.

Floc.

¡Floc! Vamos, no hagas que me enfade.

(Ladridos)

(Ladridos)

¡Floc, Floc!

Simonetta, ven aquí, ya lo he encontrado.

(Grito ahogado)

¿Qué es esto?

Soltadme.

Sois una desagradecida.

Quiero ayudaros y me tratáis a golpes.

Sois un villano.

Vos sois deliciosa, encantadora, y procuraré seros útil.

Dejadme, o mis hombres os darán una lección.

Aquí no hay más hombres que los míos.

No temáis.

Me honrará mucho ponerlos a vuestras órdenes.

Vamos, tratad de poner en pie la carroza de su señoría.

¿Ahora puedo pediros que me dejéis pasar?

Naturalmente, sois libre de hacer lo que os plazca.

Conejito, pero qué conejo. -Mi perro, dame mi perro.

-¿Pero este bicho es un perro? Y yo que pensaba comérmelo...

-No está mal, ¿eh?

-Me gustan más gordas. Te la regalo, anda con ella.

-Ya está.

-Fíjate qué collar, digno del cuello de una reina.

-Más digno es de mi bolsillo. -Mucho ojo, cuidado.

Eh, tú. Vamos a medias.

No hagas tonterías. -Ya hablaremos después.

Habéis terminado, ¿no?

Pues en marcha, al mesón de Pinta.

¿Queréis decirme por qué habéis tardado tanto tiempo?

Perdonad, señora duquesa. No hemos encontrado ayuda.

Pues yo sí, vamos.

Katia.

Katia.

¿Desde cuándo te has vuelto sorda?

¿Qué quieres? La respuesta.

No puedo más. Entonces ahórcate.

¿Te ayudo? No.

¿Cómo eres así?

Quiero casarme contigo para darte un hijo, dos hijos, tres hijos.

Sí, hombre, para que salgan tan guapos como tú.

No, como tú. ¡Quietas las patas!

Perdona, pero cuando te veo me entra como un fuego por dentro...

Con que sí, ¿eh? ¡Pues yo lo pagaré!

¡Ya han llegado!

¡Míralos!

Escucha. ¡Lucio!

¡Oh, Lucio!

Sube.

¿Qué te pasa, cariño? Habéis tardado más en volver.

Ya hemos llegado. Ven a mis brazos.

¿Me has echado mucho de menos? Mucho, demasiado.

Por eso he venido, ya no podía estar sin verte.

¡Viejo Pinta! Pero si es el capitán.

Vaya, hombre, yo tenía la esperanza de no volver a veros por aquí.

Te chinchas, prepara comida y bebida para mis hombres.

Hay también dos mujeres que están agotadas.

¿Dos mujeres? ¿Comida?

¿Cómo? No irás a dejarnos morir de hambre.

Los tiempos son malos. No para ti, te conozco.

Es a nosotros que no nos va bien hace algún tiempo.

Ya no hay guerras de 100 años. No hay una ocupación decente.

Vamos, padre, sé bueno, ya verás como algún día te pagarán.

No seas avaro.

Está bien.

¿Mi habitación está libre? Para ti siempre.

¿Pero estas dos mujeres que has traído quiénes son?

(RÍE)

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Pinta, canalla, abrid el tinto, ¡y que sea sin agua!

-Calma, muchachos. ¡Calma!

-Escucha, querido suegro.

Quiero hablarte de Katia. -Pero, hombre, ahora no es momento.

-Tengo que decirte que ella...

-Por Dios santo, ¿nadie me va a librar de este?

-¡Yo la quiero! -Vete al demonio.

-Quiero casarme con Katia. -Lávate primero.

-La quiero. La quiero. -Va.

-¡Katia!

(Risas)

No me gustan estas bromas.

No quiero volver a quedarme sola, llévame contigo.

¿Adónde? ¿A guerrear?

¿A vagar por esos mundos durmiendo bajo una tienda de campaña?

Bonita vida te esperaría, ángel mío.

No me importa, quiero estar a tu lado siempre.

En nuestro oficio no hay sitio para las mujeres.

Al contrario, tengo que dejarte a dos que hemos traído.

Se quedarán contigo en el pueblo.

¡Mira, Lucio, mira!

Una carroza, llegan nuevos clientes.

(RÍE) ¿De qué te ríes?

De nada, es que esa carroza la conozco muy bien.

Señora duquesa, qué honor hacéis a mi modesta casa.

-Tenemos prisa, di al herrero que cambie pronto la rueda.

De modo que es la duquesa Patrizia de Rivalta.

¿Qué te parece? Guapísima.

Apuesto que te gusta más que yo.

Pero qué dices, tú eres diferente.

Desde que se quedó viuda, está pasando apuros.

¿Apuros? ¿Pero no es rica?

Riquísima, pero no quisiera encontrarme en su pellejo.

¿Por qué? ¿Qué le pasa?

Keller, el eslavo.

Las tierras de la duquesa son muy golosas,

y a Keller se le han antojado.

¿Keller?

Keller... Estoy deseando encontrármelo.

Sí, claro. Una mujer sola es una presa fácil.

Es una lástima que hayas llegado tarde, capitán.

La duquesa ha elegido su protector.

En Venecia, mañana por la noche,

anunciará su compromiso nupcial

con el príncipe Esteban de la Serna.

No podrás ofrecerle ni tu corazón ni tu espada.

La compadezco.

Tener que casarse por un motivo así.

¿Dónde es la ceremonia?

En el palacio que tiene la duquesa en el canal grande.

(Gritos de ánimo)

¡Dale fuerte!

-¡Dale fuerte! Tírale al suelo.

-Vamos, Catalino. -¡Vamos!

¿Qué pasa?

(Cesan los gritos)

Basta ya, ¿qué hacéis?

Nada, un poco de ejercicio para entrar en calor.

¡He dicho que basta, no seáis idiotas!

¿De quién es esto? (AMBOS) Mío.

¿A quién se lo habéis quitado? Pero, capitán,

no pensará que somos unos ladrones...

Marco.

Dime, capitán. Castígalos como se merecen.

Bien.

-Duquesa, el collar ha desaparecido.

No me extraña.

El encuentro con esos hombres teníamos que pagarlo.

Por favor, avisa a los mayordomos.

Betina, sigue tú ayudándome.

No sé, pero este traje no me gusta.

No diga eso, señora, es una verdadera maravilla.

-Al príncipe Esteban le encantará, estoy segura.

Sí, es posible.

Puedes irte.

¿Sabes si ha llegado mi prometido?

Sí, señora, el primero de todos.

Y anda por el salón como un perrito, de un grupo a otro.

Me parece que no te hace mucha gracia, ¿verdad?

No, señora. Gracioso sí lo encuentro.

No me engañas. No te gusta.

No te preocupes, a mí me pasa lo mismo, tampoco me gusta.

¿Entonces por qué...?

Exigencias bien tristes.

El príncipe Esteban tiene un ejército poderoso.

Este matrimonio para mí es el único modo de alejar a Keller.

No os entiendo.

No amáis al príncipe, y os casáis con él.

Teméis a Keller, y le invitáis.

Al enemigo cuanto más cerca esté, mejor se le conoce.

Por fin, divina mía.

Venid, venid conmigo.

Vuestros invitados querrán vernos juntos.

Músicos, lucíos.

(Música)

Por el acontecimiento más feliz de este año.

-A la más bella dama de Venecia,

con todo aquello que su corazón anhele.

-Al príncipe Esteban, prodigio de refinamiento.

-Gracias. Señores, gracias infinitas.

Me habéis conmovido. Por todos.

-Sus excelencias, los condes de Keller.

-Keller. ¿Quién le ha invitado?

-Ese facineroso en esta casa. -Es inaudito.

Vuestra invitación nos ha dado un vivísimo placer.

Así tenemos ahora una ocasión de conocernos mejor.

Sois muy amable conmigo, conde.

Aunque ya la hemos tenido antes.

Especialmente mis campesinos.

Estoy segura, y así lo deseo, que seremos excelentes amigos.

Príncipe, ¿no conocéis al conde Keller?

Sí, desde luego. He oído hablar muchísimo de él.

Sé que sois un guerrero muy valiente.

Por favor, amiga mía, acompañadme.

Se conoce la potencia de vuestro ejército.

Me han llegado noticias de que habéis adquirido algo.

-Sí, un arma infernal, según parece.

-Ah, lo sabéis también vos. Sí, he adquirido un cañón.

Lo he comprado en Viena.

Lo habían fabricado expresamente para el rey de Francia, nada menos.

Cuando oí disparar, en una prueba, quedé casi sordo.

Me constipé y desde entonces tengo una jaqueca molestísima. (RÍE)

Vamos, vamos con las señoras, la fiesta va a dar comienzo.

(Sigue la música)

-Qué lástima que nuestro regalo no haya llegado a su destino.

-¿Cómo decís, señora?

Duquesa, príncipe.

Me veo obligado a disculparme y a informaros

que el regalo que os enviaba con mi escolta

no llegará jamás a vuestras manos.

¿Vuestros hombres han tenido un desagradable incidente?

Sí, cuando venían hacia aquí unos malhechores les asaltaron

y el capitán que los mandaba ha muerto.

Cuánto lo siento. Lástima.

Un regalo tan espléndido.

¿Cómo lo sabéis? (RÍE) Me lo imagino.

Viniendo de vos. (RÍE)

Increíble imaginación.

Desde luego era espléndido,

y ahora se lo quedará una banda de mercenarios

y de viles asesinos

capitaneados por un tal... Lucio de Rialto.

Algunos le llaman aún "el caballero de la verde luna".

Es un vulgar bandido.

Y vos, noble caballero, ¿conocéis al rebelde?

No, pero os aseguro que acabaré con él.

Las empresas de ese bandido en nuestros campos

terminarán muy pronto.

¿No os parece que exageráis un poco?

Lo mismo que exagerasteis con el espléndido regalo.

La vuestra es una invención bastante descarada.

¿Cómo osáis?

Yo no os conozco.

Pero yo sí.

Y también a vuestro capitán.

Le he matado en combate,

ya que siguiendo órdenes vuestras robaba a unos pobres campesinos.

La única cosa que les he quitado es un emblema poco glorioso.

Quizá sea este el regalo que enviabais.

Ya está bien.

Si sois un hombre de honor, demostrádmelo.

Soy Lucio de Rialto. ¿Vos?

Espadachín y capitán de ventura.

Lo siento, amigo, no me bato con un mercenario.

Entonces buscad a quien pueda sustituiros,

porque si no el mercenario os pondrá las orejas en la mano.

(Golpes de espadas)

¿Tenéis un traje de repuesto, señor?

Pronto os va a hacer falta.

Atención, va a volar la pluma.

(Risas)

Esto es una burla. Un ridículo completo.

¡Fijaos!

Vamos, príncipe, haced algo, es preciso que intervengáis.

Para que me estropeen el vestido. Qué rica.

Señores, esto se acabó.

Mi casa no es un campo de batalla.

Os lo mando yo, y la duquesa Patrizia sobre todo.

Como queráis,

pero os hago responsable de la ofensa que he sufrido.

Vámonos.

Oiréis muy pronto hablar de mí en vuestro propio castillo.

¡Es inaudito!, no sé cómo he podido contenerme, duquesa.

Por Dios, príncipe.

En cuanto a vos...

No recuerdo haberos invitado.

Claro que no.

Pero esto ha perdido a su dueña y he venido a restituírsela.

¿Es vuestro el collar?

Es un acto muy gentil de vuestra parte.

Lo perdí durante el viaje, mi carroza sufrió una avería.

Qué suerte en que el capitán lo haya encontrado.

Comience el baile, bailaremos el paso y medio.

Caballeros, preparados.

Músicos, desgranad vuestras notas.

(Música)

¿Me permitís el honor de este baile, duquesa?

Debería estar enfadada con vos.

Pero no lo consigo.

Simonetta.

Príncipe Esteban. -¿Sí?

-¿Queréis hacerme un señaladísimo favor?

Enseñadme el paso y medio.

-Encantado, condesa.

Vamos.

Con mucho gusto os enseñaré el paso y medio.

Y también la legua y media, que es más distancia.

Capitán, habéis estado a punto de deshacer mi fiesta.

Un poco ha sido debido a vuestra belleza...

Es extraño, creí que de verdad me lo habían robado.

¿Habéis sospechado de mis hombres?

Esto es imperdonable, mis hombres son...

¿Cómo diría yo?

¿Unos querubines? Sí, eso es.

Yo no encontraba la palabra.

¿Os ha divertido el espectáculo de Keller?

Estaba más verde que vuestra media luna.

(Risas)

Tened mucho cuidado, Keller es poderoso y vengativo.

Yo no le temo. Más bien vos.

¿Os casáis con el príncipe Esteban para defenderos de sus garras?

Creo, capitán, que...

Os pido perdón, por nada del mundo trataría de ofenderos.

No me habéis ofendido, es la verdad.

(SUSPIRA) ¿Pero qué debo hacer?

Organizar un ejército, un ejército solo vuestro.

¿Un ejército de campesinos?

No dispongo en mis dominios de otra cosa.

Los campesinos son muy buenos cazadores,

y estoy seguro de que también tenéis hombres armados.

Solo unos cuantos, pocos.

Y al mando de un viejo maestro de armas que ya no sirve para nada.

Pues si tenéis algunos soldados y campesinos,

solo hace falta un buen capitán y el ejército estará formado.

Pero es que yo...

Duquesa, el capitán Lucio de Rialto está a vuestras órdenes.

Esta vez sí que Keller se pondrá verde de miedo.

Todo eso está muy bien, pero... Nada de peros.

Yo soy un capitán de ventura y vos sois rica,

nos pondremos de acuerdo.

Iré a veros mañana al castillo, duquesa.

Oh. Querida mía,

sé que estaréis impaciente por anunciar a los invitados

la fecha de nuestra boda.

Calma, no corre prisa.

Preparados, tensad bien el arco, tirad.

(Sonido de flechas)

Muy mal, ¿pero dónde apuntáis, qué os pasa?

Tenéis menos fuerza que las viejas. Continúa tú.

Que alarguen el tiro tres pasos.

Voy a ver qué hacen los otros. Posición tres pasos atrás.

Apuntad.

De rodillas.

Disparad.

-Apunta bien.

(Risas)

-¡No das una! -Es la tercera que falla.

¿De qué os reís?

Una lanza no es una horquilla para el heno,

hay que apretarla firme. y no despegar el brazo.

Fijaos en mí.

¡Muy bien, bravo! -¡Muy bien!

-Uno, dos. Uno, dos. No se hace así, mira.

Uno, dos. Uno, dos... ¿Cómo va eso?

Qué lucha, esta gente empuña la espada como una garrota.

Uno, dos. ¿Dónde está Marco?

Creo que ha desertado, dijo que iba a ver a Prisca.

Ya le daré yo. Uno, dos.

Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos.

Hola, capitán. Hola, Pinta.

Descarga antes de que terminen con los ejercicios.

¿Por qué?

Dicen que en tu vino hay demasiada agua,

han jurado cortarte la lengua. Son ganas de broma.

Mi vino solo tiene el agua indispensable.

Será verdad, pero yo te he advertido por tu bien.

¿Qué diablos sucede?

Eso pregunto yo, querido capitán. ¿Tú?

¿Qué haces aquí?

Quería saber si sigues viviendo. ¿Por qué no has venido a verme?

Estás loca. ¿Por qué te has vestido así?

Si no hubiese órdenes tuyas de no dejar venir a mujeres...

hubiera venido con faldas.

No digo que las calzas te sienten mal.

Deja eso, tengo que hablar. ¿Quieres bajar o subo yo?

He venido a romper nuestro compromiso.

No quiero esperarte como una tonta día tras día.

¿No comprendes que no tengo un momento libre?

Estás enamorado de otra, di la verdad.

No digas tonterías. Estás enamorado, y sé de quién.

Seguro que es ella la que no te deja venir a verme.

Una moza de mesón, te habrá dicho.

¿Por qué dices eso, no ves cuánto trabajo tengo?

¿Te parece una broma enseñarles a combatir,

prepararlos a defenderse?

Estarás de nuevo en peligro.

No me preocupo por mí.

No piensas más que en ella.

Vamos, Katia. Ahora no tengo tiempo, debo irme.

Vuelve a casa, y te prometo que volveré.

Júralo.

Te lo juro.

¿Qué ha pasado? El capitán se enfadó contigo, ¿no?

¡Ya te advertí que no vinieras, testaruda!

-Miradlas, yo nunca las he visto tan trabajadoras,

parece que preparan su propia boda.

Y todo porque se lo ha rogado ese capitán.

¿Te gusta el capitán?

Muchísimo. Qué hombre.

¿Es que te parece tan irresistible?

¿Y a vos no?

Pues no.

Para decir "no" hay que decirlo con otra cara, duquesa.

(Risas)

(Corneta)

-44.

(Latigazo)

45.

(Latigazo)

46.

(Latigazo)

47.

(Latigazo)

Quieto, para un poco.

¿Ha hablado? No.

¿Y vosotros qué sabéis? ¿Es verdad que se preparan?

Es ya seguro.

-Lucio de Rialto ha movilizado a todos los hombres del poblado.

¿Y tú qué es lo que piensas?

Preparo nuestra táctica, señor. ¿Qué táctica ni obispos?

¡Ganas de perder el tiempo!

Hay que actuar enseguida. Tranquilizaos, que no me duermo.

He mandado requisar todos los caballos de la zona.

-Los mercenarios se quedarán sin caballería.

¡Estoy cansado de palabras, quiero hechos!

¡Quiero el castillo de Rivalta con sus tierras y olivos!

Quiero ser el más rico de los dominios.

¡Lo quiero!

Si fracasas, óyelo bien, tendrás el mismo fin que este.

Tú continúa.

(GRITA) ¡Continúa! No hace falta, señor, está muerto.

He dicho 50.

(RÍE)

49.

Y 50.

(Música suave)

(Tago tararea)

¿Qué tienes? Escucha a Tago.

Él también está enamorado.

Cuando siente nostalgia de su tierra canta,

pero entonces no es buena señal, presiente que algo va mal.

(Cesa la música)

Mira, Marco, un campo ardiendo.

Es un campo de Keller.

Hay fuego en las tierras de Keller. ¿Qué habrá pasado?

Querrás decir "quién habrá sido".

¿No os da pena ver cómo arden vuestros campos?

Déjame en paz.

Hacía falta algún pretexto, y va a ser este.

Vos sois el que mandáis, yo solo lo sirvo.

-Me manda Keller.

Vuestros hombres han quemado nuestros campos,

la cosecha se ha destruido. Keller está indignado.

Pero no es su intención romper las relaciones,

y hace llamamiento a vuestro buen sentido

para que reparéis el daño en la medida que creáis...

¡Basta ya!, vuelve y dile que no somos tontos.

El daño se lo ha proporcionado él mismo.

Su estratagema es ridícula.

Vete.

Vuestra actitud, capitán, temo que nos cueste mucha sangre.

Hubiera ocurrido lo mismo, estate segura.

¿Pero cómo vamos a defendernos? Él dispone de un gran ejército.

Y nosotros disponemos de un arma nueva

que inutilizará su caballería, dejadme a mí.

(RÍE)

De acuerdo, os dejo.

Empezarás el ataque con tus jinetes por la parte frontal del castillo.

Tú estarás con tu gente para atacar de improviso el campamento.

Yo iré detrás por si fuera preciso reforzaros, que no lo espero.

¡En marcha!

¡En marcha!

Ahí están.

-Quietos ahí, no moverse.

-Son los de Brann.

-Estos se encontrarán con la sorpresa.

Lleva las jaulas al foso.

Brann está al llegar.

¿A qué distancia? A menos de una legua.

Vienen tres grupos. ¿Por dónde viene Keller?

Por los encinares. Ilario viene al campamento.

Su maniobra es atacarnos por tres sitios.

¿Le sigue Marco? Sí.

Tocad la alarma. En seguida, capitán.

Vamos, nosotros. ¡Vamos!

(Campanas)

-¡La alarma, la alarma!

-¡Pronto! Todos allí, al castillo.

-Ya están ahí, nos ha tocado el jefe.

Va a agradecer vuestro saludo.

-Vamos, moveos. Tú con la duquesa, y tú por allí.

Vigilad bien el puente.

Tú, arriba.

Cuando divises la caballería de ese imbécil, avísame enseguida.

Sí, capitán.

Vamos, adelante.

-Ya está ahí la caballería.

Dentro de poco los tendremos delante.

-Verán lo que es bueno.

-El plan de Lucio no puede fallar. Se van a quedar de una pieza.

Sigue observando. Voy a avisar al capitán.

¡Capitán!

¡Todos a caballo detrás del puente!

Y ten cuidado de no abrir hasta el momento oportuno.

Rápido. Muy bien, capitán.

(Ladridos)

¿Qué es esto?

-Las jaurías del pergamino, perros muy peligrosos.

Adelante.

(Ladridos)

(Relincho)

Vuestra idea ha sido magnífica, capitán.

Yo os dije que confiarais en mí.

Tú, rodea el campamento por la izquierda.

Los otros, seguidme. Algo pasa y hay que ayudarles.

-Ya ha empezado la fiesta.

Al baile, amigos. (RÍE)

¡Al campamento!

¡A por ellos!

-Llévale este recado a tu maldito jefe.

¡Vamos!

(Ladridos)

-Toca retirada.

(Corneta)

(Gritos de alegría)

-Marco.

-Prisca, esto se acabó.

-Marco, no puedes dejarme, te necesito mucho.

-Era de mi madre.

Tómalo como recuerdo.

Marco, ¿qué te ha pasado?

No te preocupes.

Tú también estás herido.

No es nada, no tiene importancia. ¿Y tú cómo estás?

Lucio, nunca te he pedido nada.

Ahora te confío...

a Prisca.

Protégela. Te lo prometo.

¡No, Marco! (LLORA) No me dejes, Marco.

Cárgalo sobre un caballo, nos lo llevamos.

Desde hoy tomarás el puesto de Marco.

Gracias, capitán.

Procuraré no defraudar nunca tu confianza.

Idiotas.

Errores y más errores. Pero yo...

¿Yo qué?

Te has dejado sorprender como un imbécil por unos perros.

¡Eso has hecho!

Debería ahorcarte.

Semejante ataque era imprevisible.

Los caballos se asustaron y... Capitán de mis derrotas.

Basta una cosa de nada para hacerte perder la cabeza.

Desde ahora los planes los haré yo.

Ilario.

Haz pasar a ese hombre. Enseguida.

Ya puedes pasar.

Escúchame bien. Y tú pon atención a lo que digo.

Bebe.

¿Te sientes mejor? Sí, gracias.

Duquesa.

Vete.

Por favor, sentaos.

¿Por qué os habéis molestado en venir?

Hubiera ido a vuestro castillo.

Sois vos el que está herido, y no yo.

Capitán, nuestra situación no es muy brillante.

Me doy perfecta cuenta.

Voy a Venecia a pedir ayuda, ahora temo a Keller más que antes.

Durante mi ausencia cuidaréis de esto, tardaré poco.

Espero que no ocurrirá nada grave.

Si es por eso, duquesa, podéis partir tranquilamente.

La fiera ha quedado muy malherida.

Os doy las gracias,

nunca olvidaré lo que habéis hecho por mí.

No me tenéis que agradecer nada, duquesa.

Me pagáis bien y yo cumplo con mi deber.

¿Es un modo de recordarme

que tenemos que arreglar nuestras cuentas?

Para solucionar este asunto voy también a Venecia.

Mientras tanto, cuidad vuestra herida.

Así lo haré.

Procuraré cumplir vuestro deseo.

Gracias.

Quisiera conservar íntegros todos mis feudos.

Capitán, fuera hay un hombre que asegura que os curará.

¿Qué diablos dices?

Quiere decir, valeroso capitán,

que mi hierba cura cualquier herida en un santiamén.

"Lengua de mago" se llama.

Crece donde no da el sol y no se siente el frío.

Florece cada tres años,

y su infusión repone la pérdida de sangre,

ahuyenta mal de ojo, hace crecer las carnes

y devuelve la fuerza a los hombres. ¿Nada más?

Es cierto, capitán, también en mi país hay hierbas de esas.

-Qué sabio es este hombre.

Dejad que os cure y no os arrepentiréis.

Sois el capitán que ha vencido a Keller.

Y por eso...

Si es por agradecimiento, no puedo negarme.

Y si cura la herida, mucho mejor.

Traedme un poco de agua caliente

en un recipiente muy ancho y que sea de cobre.

-Enseguida.

-Ahora cerrar la entrada.

Estas cosas conviene hacerlas lejos de los curiosos.

¿Qué significa?

El oro no necesita muchas explicaciones.

Es solo un anticipo.

Y se llama "Keller".

Keller os estima y admira.

Al fin y al cabo, a la duquesa ya la habéis servido,

ahora solo se trata de servir a otro.

Sois capitán de ventura,

y vuestros soldados os seguirán con mucho más entusiasmo

si hubiera alguien que les pagara así como...

diez veces más.

¿No ves nada?

No.

Ni espero verlo.

¿Qué quieres decir?

Ese viejo se ha burlado de nosotros, no volverá.

¿Eso te parece?

El capitán es muy listo.

A mí no me han fallado todavía mis procedimientos.

Escucha lo que te digo.

Lucio de Rialto será mi capitán.

(RÍE)

¿A qué obedece esa risa?

Este, que me hace reír. Es como un niño pequeño.

Pero tu presencia es suficiente para quitarme el buen humor.

¿Qué quieres?, vete de aquí.

Este no es sitio para mujeres.

Di que te molesta verme en cualquier parte,

a veces tengo la impresión de que mi presencia te es insoportable.

Haz que se ría.

Ya he encontrado tu nuevo destino,

cuando me canse de soportarte como capitán te nombraré mi bufón.

Centinela.

Avísame cuando llegue el emisario. Bien.

Cada día se me hace más odioso. -Sí, os odia casi tanto como a mí.

Tiene que resultar muy penoso soportarlo.

-No sabéis bien hasta qué punto lo detesto.

Pero todo se paga en esta vida,

y ahora sabemos que Lucio de Rialto tiene un precio.

-¿Qué ha ocurrido? No sé.

Han levantado el campamento.

¿Dónde está el capitán Lucio?

Ayer le correspondía el turno de guardia,

pero al toque no nos ha despertado.

Al amanecer, estaba el campamento vacío.

Buscad al capitán, mirad en el mesón, seguro que está allí.

Ya lo hemos hecho, señora,

pero en el mesón tampoco saben nada de él.

No comprendo lo que ha pasado pero ya lo sabremos.

Vamos, Simonetta.

Mi espada está a vuestro servicio, conde Keller.

Y con ella os ofrezco la fidelidad y el valor de todos mis hombres.

A vuestras órdenes, conde.

No creeré en la lealtad de este aventurero

aunque lo jure ante la cruz.

-Y nos conviene que sea así.

Capitán.

(RÍE)

Volved a tomar vuestra espada.

Desde hoy este será vuestro cuartel.

Y sed bienvenidos.

Ponte a la disposición de nuestros amigos y atiéndelos.

Comida y bebida en abundancia.

(Gritos)

Os aseguro que las fuerzas de Keller serán aniquiladas.

Con ello, Lucio de Rialto

tendrá el castigo que merecen los traidores de su clase.

Os anuncio mi decisión de unirme en matrimonio

con el príncipe Esteban.

Con su poderoso ejército estaremos a cubierto de todos los peligros.

Y volverá a reinar de nuevo la tranquilidad.

Lucio es un traidor que merece mil veces la horca.

He visto a los hombres Keller con los de ese puerco mercenario.

-¿Habéis pensado si nos queda otra solución?

(LLORANDO) No, no me queda ninguna.

Hay que precipitar mi boda con el príncipe Esteban.

Su ejército es mi única salvación.

Me da pena de ella, y de todos nosotros también.

-¿Tú aquí?

Mujerzuela de mercenario, ¿qué quieres de nosotros? ¡Vete!

-Os juro que no lo sabía, estoy tan triste e indignada como vos.

-Con 20 años menos y a costa de mi vida,

iría a buscarlo al castillo y lo mataría como a un sapo.

-La culpa es de nuestro capitán, debería poner las cosas claras.

-¿Pero no veis cómo está?

Mucho más decaído que nosotros.

-Es verdad, parece otra persona.

-Siempre está enfadado, hace muchos días que ni me habla.

-Si no le gusta, ¿por qué ha cambiado?

-Por nosotros.

¿Queréis decir que estoy amenazado?

Es lo que estoy tratando de haceros comprender.

Os preocupa mucho mi persona.

Espero que vos os preocupéis desde ahora de la mía.

También yo estoy amenazada por alguien cercano a mí.

Ah, ¿sí?

Una amenaza de muerte.

¿Keller?

No seré ingrata con quien me defienda,

estoy dispuesta a darle una fortuna.

He comprendido, pero me preocupan los embrollos,

especialmente aquellos entre marido y mujer.

Os creía más valeroso.

No, me juzgabais más ingenuo.

¿Qué queréis decir? Está bien claro,

habéis intentado comprometerme ante los ojos de Keller.

Si así fuese, no creo que sea nuevo para vos tratar estos negocios.

Pudiera ser, pero a vos os digo que no, en ningún caso.

Y no tratéis de atacarme, os lo advierto por vuestro bien.

No insisto más, pero nada es definitivo en este mundo.

Vos no le conocéis todavía, y yo puedo esperar.

Estoy segura de que volveremos a hablar de esto.

Entretanto, sabed que desde ahora podéis contar conmigo.

Gracias.

Miriam.

Estaba ya impaciente, ¿qué ha dicho ese hombre?

-No he conseguido nada, al menos por ahora.

Al ver que tenía que enfrentarse a él se ha negado.

-Lo temía, ahora puede delatarnos.

-No temáis, será el mismo Keller quien lo pondrá de nuestra parte.

Aquí quieren sicarios, no soldados.

No tiene necesidad de combatientes, sino de gente capaz de estar

en un rincón con un puñal en la mano.

¿Nos han comprado para esto? No, no nos han comprado.

Los hombres lo creen así. -Están habituados a otros métodos.

Ya sé a lo que están habituados. Arrigo.

Tú que sabes de la tropa... ¿qué tienes que decir?

Un espíritu de rebelión domina todo el campo.

Sí, ya lo sé, estáis todos descontentos, decaídos.

Sin embargo, nunca habéis ganado tanto.

Capitán, el dinero solo no basta.

-La mayoría piensa que ha sido malo ponerse de su lado.

Está bien, es culpa mía.

He intentado favorecer el interés común, como siempre.

Quizá tenía temor de sacrificaros,

obedeciendo a mi sentimiento personal.

Ligándoos a la parte más débil y menos rica.

Y me he equivocado.

Estoy orgulloso de llevar tu bandera, capitán.

Mírame los ojos.

Eres el más joven.

¿No te has avergonzado un poco de mí en estos días?

Haber venido aquí nos valdrá para conocer cosas

que nos serán útiles para servir mejor la causa justa,

pero necesitamos esperar el momento oportuno.

Ahora recordad bien.

De vuestro silencio depende el éxito de esta empresa.

Perdonad, duquesa,

que sin previo aviso nos presentemos ante vuestra gracia.

La razón que lo ha motivado es de las más jubilosas.

-El príncipe Esteban,

seguro de la atención con que vos le honráis,

dulcemente os apremia a fijar la feliz fecha de vuestra boda.

-Por expreso encargo del príncipe, os traemos preciosos regalos

que representan simplemente un humilde obsequio

si se comparan con vuestra belleza.

Podéis decir al príncipe que le quedo muy agradecida.

Y respecto a la fecha, que él la determine.

(Música y gritos)

(Risas)

(Risas)

Prisca, ¿qué haces aquí? ¡Traidor!

¿Pero qué te pasa? ¿Te has vuelto loca?

¿Por qué has hecho esto? Calla.

Escúchame.

Vuelve al castillo de Rivalta.

Dile a la duquesa que Lucio no la ha traicionado

y que jura por su honor que Keller será vencido muy pronto.

Tago. Alejandro.

¿Qué ocurre, capitán?

Cuidad de que no la vea nadie.

Llevadla hasta pasar la guardia.

¿Qué ha pasado?

Han sido sorprendidos esta noche

mientras ayudaban a una espía a burlar la guardia.

Aquella mujer que veis allí.

¿Quién es?

La mujer de un mercenario muerto en el encuentro con nosotros.

Quiero que hablen.

Ilario, quiero que me informes de todo lo que digan.

¿Qué esperáis?

Veremos si ahora hablas.

Empieza ya. -No, no.

No...

(Grito)

Buenos días, conde Keller.

Buenos días, capitán.

¿Ya os habéis levantado?

Yo madrugo siempre mucho, capitán.

Decidme, ¿habéis quedado contento con la fiesta?

Contentísimo.

Pero me figuro que no me habéis llamado tan temprano para esto.

No, espero a un mensajero

que ha de traernos noticias muy interesantes.

¿No serán sobre el castillo de Rivalta?

(RÍE) Lo habéis adivinado.

Capitán, vuestros hombres están contentos, ¿no es verdad?

Nunca lo estuvieron tanto,

y puedo deciros que se llevan muy bien con los vuestros.

¿Qué ha habido? La mujer habló al fin.

Este os ha traicionado,

enviaba un mensaje secreto al enemigo.

¡Arrestadle!

Si me lo permitís, lo haré yo solo.

Tengo una cuenta pendiente que saldar.

(Golpes de espadas)

(RÍE)

Quieto. Tengo una idea mejor.

(RÍE)

(Música alegre)

Querida duquesa,

qué placer tan grande volver a veros de nuevo.

¿Por qué ese aire tan triste?

No es nada. Bienvenidos.

¿Creéis que a mi prometida le alagará el cañón?

-Seguro, es un regalo muy delicado.

-Sí, ha sido una feliz idea.

Hola. Sube.

¿Ya te marchas?

Qué guapa estás, pero no te irás sin mí, ¿no?

Espérame, enseguida estoy listo. Claro que no, príncipe.

¿Cómo iría a la boda sin vuestra compañía?

Gracias, Katia. Bicho raro...

(HOMBRE) Vamos. Las armas preparadas.

-¡Adelante! Vamos los jinetes.

-Vamos, adelante. Avance la caballería.

-Ah... Ah...

-¡Vosotros! A los caballos.

Ilario, escucha con atención lo que te voy a decir.

Te dejo el mando de la prisión y del castillo,

te hago responsable de todo cuanto pueda suceder durante mi ausencia.

A vuestras órdenes, conde.

-Este me parece el punto más débil del castillo.

-Mientras los de a pie atacan la parte frontal,

la caballería... (RÍE)

Generales.

Se sienten todos generales.

¿Pero contra quién creéis que vais a combatir?

Vencedores de un puñado de labriegos seréis hoy.

(RÍE)

Debo hablar con el capitán de los mercenarios, abrid.

-Nadie puede hablar con los prisioneros.

-Es una orden de Keller, abrid. -Pero no os entretengáis.

¿Qué queréis de mí?

Os advertí que volveríamos a encontrarnos.

Os traigo la libertad con un precio, Keller no debe molestarme más.

Con Keller tengo cuenta aparte,

es el responsable de la muerte de Prisca.

Escuchadme bien.

-Cochino borracho.

Arriesga tu cabeza, pero no la mía.

-Es la patrona, no quiero líos.

-Ahora verás líos, voy a avisar al jefe.

-Vete adonde te parezca.

Verás lo que haces.

-Eh, tú, ábreme, he terminado.

-No puedo abriros, han ido a avisar al jefe de la guardia.

No debes desobedecer a tu patrona, Keller se enfadaría.

Lo siento, pero tengo orden de esperar al jefe.

Si quiere, que lo haga él. ¡Ahh!

(Música de tensión)

-Lo ha conseguido.

Venga, las llaves.

Tomad.

Silencio. Id saliendo.

(Campanadas)

¡Aquí estamos, gandules!

(Golpes de espadas)

-¿Qué es lo que oigo?

-Alteza, las tropas de Keller atacan el castillo.

-¡Uf! Cuántos.

Vamos, esto se pone peligroso. -¿Y la duquesa?

-Tendrá que arreglarse,

nuestras tropas no vienen con traje de batalla.

A casa. A casa.

-¿Y qué hacemos con el cañón? -Que le fría un rábano,

para cañones está la cosa. ¡Vamos!

-¡Alarma, los soldados se acercan!

(Corneta)

-¡Vienen los soldados de Keller!

-¡Ataca Keller!

A las armas, seguidme todos.

Eh, tú, para un poco.

Mira allí.

Son los soldados de Keller.

No parece que vayan de paseo.

Van derechos al castillo de Rivalta.

Y aquello, ¿qué es?

Vamos a verlo. Vamos.

Un cañón. Qué hermoso.

¿Quién lo habrá abandonado? Keller seguro que no.

¡Lucio!

Lucio, lo han liberado. ¡Lucio!

Van a defender el castillo.

¿Pero qué pueden hacer contra todos los hombres de Keller?

Vamos, ayudadme.

(Sonido de flechas)

Adelante, al puente levadizo, vamos.

La situación no es buena,

contando con los soldados llegaremos a ser uno contra veinte.

Es una cuenta desagradable.

Estamos aquí para disminuirla.

Démosle la lección que se merece.

Lucio. Lucio. Capitán, capitán.

¡Es Katia!

(Grito)

Ayúdame.

Vamos, pronto.

A Keller le va a salir pelo.

(Risas)

A los caballos y a ellos.

Hay que aprovechar la sorpresa del disparo.

No pierdas esta ocasión, puedes pasar a la historia.

Sí, puedo.

(Explosión)

(Relinchos)

El cañón, ¿cómo es posible? Lucio nos ataca por la espalda.

Maldito, ha sido obra tuya y de Miriam.

Esta es la última traición que me haces.

¡Adelante!

Otro más.

(Golpes de espadas)

¿Qué pasa?, daos prisa.

¡Abajo esa puerta!

Al fin nos encontramos.

(GRITA)

(Aleteo)

Por fin ha llegado la hora,

vais a pagar todos vuestros crímenes.

De aquí no saldréis vivo, os lo aseguro.

(Golpes de espadas)

(Gritos y aplausos)

(Gritos de alegría)

¡Alto!

Katia, ven acá.

¿Crees que encontraremos cerca alguna iglesia?

¡Vamos, Valiente!

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