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CALLE SANGAMON, CHICAGO
¡Vamos, deme un respiro!
- ¿Pero qué dices? - Cállese.
- ¡Un momento! - ¡Las mejores verduras del mercado!
¿Cómo dice?
¡Eso no es verdad!
Eh.
- ¿Adónde vas? - A cualquier parte, lejos de aquí.
- ¿Piensas volver? - No, si puedo evitarlo.
EL TEMIBLE MR. CORY
- ¿Qué lago es ese? - Manitoca, un lugar de recreo.
- ¿Ha estado en Wisconsin? - No.
Esla primera vez que salgo de Chicago.
- Vaya. - Sí, es un club de campo.
Un club privado muy exclusivo.
Afloje un poco.
- Me bajo aquí. - ¡Eh!
¡Gracias!
PINOS VERDES HOSPEDAJE Y CLUB DE CAMPO
- Está buscando empleo, Sr. Earnshaw. - Está bien, yo hablaré con él.
- ¿Cómo se llama? - Cory.
- Señor. - ¿Qué?
Se dice "señor", si quiere trabajar, pula sus modales
- Sí, señor. - ¿Le divierte esto?
No, señor, conozco a dos tipos que trabajaron aquí.
Me hablaron de Ud. Debí haberlo recordado, señor.
Puedo emplearle como mozo, 27 $ a la semana.
- ¿Y las propinas? - Sin propinas.
Acepto, señor.
Esa es tu cama.
Te resultará dura, pero te acostumbrarás.
- El ropero. - Bien.
La ducha está ahí.
- ¿Cuántos huéspedes hay? - Está lleno.
Cory, ese es mi cajón, utiliza el de abajo.
- ¿Juegas a las cartas? - A veces.
Estupendo, jugaremos cada noche, pero no lo digas.
El viejo Earnshaw odia la suciedad y el juego.
Nos mataría si se enterara.
- ¿Juegas al golf? - Sí, pero no muy bien.
Puedes jugar al golf los lunes o ir a nadar si lo prefieres.
- ¿Bromeas? - También tenemos una playa privada.
- Estupendo. - Bueno, ya son las cinco.
- ¿Adónde vas? - Al comedor.
- Nos veremos más tarde. - ¿Qué tal es la comida?
Tenemos un nuevo miembro, el Sr. Cory
Búsquese una chaqueta y límpiese los zapatos.
- ¿Bromea? - No.
Y si uno se presenta con las manos sucias, ¿le linchan?
- Lo fusilan. - Qué estupidez.
Lo siento. Disculpe.
Discúlpeme, señora.
Tenga cuidado.
¿Qué haces? Apártate.
- ¿Qué haces? - Lo siento, amigo.
- ¿Por qué no miras adónde vas? - ¡No te enfades conmigo!
¡Basta ya! Recoged esto de una vez
Los daños serán descontados de su paga, Sr. Cory.
- ¡Ha sido culpa de él! - ¡No, ha sido él!
- ¡Basta! Cámbiese. - Ha sido culpa de él.
Recoja todo esto, y la próxima vez tenga más cuidado.
- ¡Échalo ahí dentro! - Muy amable.
Sr. Cory.
La próxima vez que le vea coger algo, le despediré.
Bueno, no había cenado, solo he cogido ese trozo de pavo.
Un caballero nunca coge nada.
Después de cerrar el comedor, podrá coger algo de la nevera.
Y no hable con la boca llena, es muy vulgar.
- Sí, señor. - Tenga modales es un requisito esencial.
- No, no puedo igualar. - Lo veo.
¿Tú vas?
25 centavos, 50 y 50 más.
- Yo paso. - Tus 50 y otros 50.
Podría dejaros sin nada, pero quiero veros mañana, así que...
Igualo.
Esta vez tengo color.
Un caballero tiene que esperar. Póquer.
Tenga modales, es un requisito esencial.
- Vaya. - Qué suerte has tenido.
- ¡Hola! - Buenos días.
- Qué elegante. - Gracias.
- ¿Cuál es el porcentaje? - ¿Cómo?
Cada semana juega al golf.
Esto no es golf, se necesita tiempo para aprender.
- Lo sé. - Se puede mejorar con la práctica.
- ¿Qué juegos prefiere? - Me encantan los de habilidad.
- Será mejor que se vaya. - No os molestaré.
- Pero... - Lo sé, nos vemos más tarde.
- ¿Por qué no baja a...? - Dentro de un rato.
Ese agujero era difícil.
- ¿Quieres otra oportunidad? - Por supuesto.
De acuerdo.
No sabía que estaban apostando.
- Puede participar si quiere. - Gracias, ¿a qué están jugando?
A cinco dólares el agujero, el doble si lo hace de un golpe.
Bien, de acuerdo. No, usted primero.
¡Maldición!
Yo puedo superar ese golpe.
Cumpleaños feliz,
cumpleaños feliz,
te deseamos, Abby,
cumpleaños feliz.
- ¿De quién es el cumpleaños? - Se llama Abigail Vollard.
- ¿Abigail? - De alta sociedad.
Apágalas todas.
- ¡Bien, lo has conseguido! - Felicidades, Srta. Vollard.
Así.
Siga usted, gracias
Recoja la mesa cinco sin dejar caer nada.
- ¿Has planeado tú esto, Alex? - No.
- Entonces habrá sido Jen. - Ha sido papá.
- He preparado el pastel. - Es un cumpleaños maravilloso.
- Hola. - Hola. Cory.
- Pensaba que íbamos a jugar. - Esta noche no.
- ¿Qué quieres decir? - Esta noche no, no tengo ganas.
- Pero nos vas a fastidiar. - Quizá mañana por la noche.
¿Me disculpa?
- ¿Qué os parece? - No me gusta.
Mirad esto.
Fijaos, los compró en el pueblo. 40 $ cada uno.
- Con nuestra pasta. - Qué presumido.
SEÑORITA ABBY
- No tropiece. - ¿Había que hacer todo este camino?
- No me gusta estar encerrado. - Hace una noche maravillosa.
Tengo que regresar dentro de pocos días.
- No te has divertido mucho. - Ha sido maravilloso verte.
- ¿Entonces por qué estas serio? - No quiero regresar sin ti.
- Eso es una tontería. - ¿Lo es?
No voy a quedarme aquí para siempre.
Te mancharás de carmín.
Abby, cásate conmigo.
- ¿Ahora mismo? - No bromeo.
- Alex... - Y deja ese aire protector.
No sabía que lo tuviese.
Lo siento, pero quiero una respuesta.
¿Quieres casarte conmigo y regresar conmigo?
Solo sí o no.
Si no quieres escucharme, entonces no.
- ¿Es por Larry? - Querías un sí o un no, ¿verdad?
No voy a discutir sobre Larry o sobre otra cosa.
- ¿Es por él? - Alex, no seas niño.
Está bien.
- ¿Vienes? - No, voy a quedarme aquí un rato.
No estoy preparada para casarme con nadie.
Si lo estuviera,
me casaría contigo.
Oh, el carmín.
Diles que tengo dolor de cabeza,
que tú me llevarás a casa y volverás luego.
Puede que quieran marcharse.
¿Dónde está tu espíritu emprendedor? Ve y regresa lo antes posible.
- Daremos un paseo por el lago. - Volveré enseguida.
Espero no haberla asustado.
Sí lo ha hecho.
No suelo escuchar a escondidas.
Usted ha sido muy dura con ese hombre.
Y es posible que haga alguna tontería.
Pero usted le conoce mejor que yo. Buenas noches.
- ¡Hola! - Hola.
- ¿Qué problema hay? - Se ha parado, y está nueva.
- Le echaré un vistazo. - De acuerdo.
- Me llamo Jen Vollard. - Y yo Cory
- Encantada. - Igualmente.
- Pruebe el motor de arranque. - De acuerdo.
- Nada. - No toque nada ahora.
- De acuerdo. - ¿Tiene unos alicates?
- No hay nada en la barca. - A ver, pruebe ahora.
- ¡Estupendo, muchas gracias! - De nada.
No llegaba la gasolina. No creo qué vuelva a dar problemas
- Perfecto. - Ha sido un placer conocerla.
- Le llevaré de vuelta. - Prefiero ir nadando.
Siento que le debo un favor.
Olvídelo.
Venga a casa a cenar.
Eso sería estupendo.
- ¿Esta noche? - ¿A qué hora?
- Nosotros cenamos sobre las siete. - No puedo.
Estaré ocupado hasta las ocho y media.
- Pero venga a tomar una copa. - Acepto.
Pasaré a recogerle a esa hora.
- Hasta luego, Jen. - Muy bien.
- Hasta luego. - ¡Que tenga un paseo agradable!
- ¿El Sr. Caldwell? - Sí.
- Deje el plato ahí. - Sí, señor.
- Jack, estamos esperando. - Apuesto 10.
- Lo veo. - Paso.
Tus 10 y 50 más.
Demasiado para mí.
- Lo veo. - Lo veo.
Y subo 10 más.
- Igualo tus 10. - Yo subo a 100.
Paso.
- Aquí tiene. - Gracias señor.
- Lo veo y subo 100 más. - Está bien, Sr. Caldwell.
Lo veo y pongo otros 100.
- Cierre la puerta al salir. - Sí, señor.
Coja la cuerda, ¿quiere?
Átela bien.
- Vaya casa, ¿es de sus padres? - Claro.
- ¿Quiere casarse conmigo? - Claro.
Qué fácil me lo pone.
- Va a conocer a mi familia. - Será un placer.
Discúlpame.
Te presento a mi amigo, el Sr. Cory. Mi padre, el Sr. Vollard.
- Me alegra que haya venido. - Gracias.
- Mi madre, la Sra. Vollard. - Es un placer conocerla.
- Y el Sr. Wyncott. - Hola.
Alex, el Sr. Cory.
- ¿Le apetece una copa? - Sí.
La primera copa para mí. ¿Qué desea tomar, un brandi?
- Sí, un brandi. Siéntese. - Gracias.
- ¿Dónde está Abby? - Arriba.
- ¡Abby! - ¡Jen!
Quiero presentarle al Sr. Cory.
- ¿En serio? - Claro, ¿estás celoso?
- Algún día te azotaré. - Lo estás.
- ¿Es su primera visita al lago? - Sí, es un lugar hermoso.
El más hermoso del mundo.
Venimos aquí cada verano desde hace 30 años
- ¿En serio? - También vendrá Ud. Si yo quiero.
- Hola. - Abby, este es el Sr. Cory.
- Mucho gusto, Sr. Cory. - Hola.
Mi hermosa hermana. Ahora Ud. No volverá a decirme nada.
- Sí lo haré. - Jen, te voy a dar un azote.
Ponte en la cola.
Alex lo ha pedido primero, va a azotarme.
- ¿Whisky? - Con hielo.
Yo haré algo más que azotarte.
Sr. Cory, hice un trato muy malo.
Yo quería un coche deportivo.
Hice todo tipo de promesas.
Será mejor que vuelva dentro de tres años,
cuando ande por ahí buscando colillas.
Y entonces hará que Scarlett O'Hara parezca tonta.
Es un argumento justo en favor de su hermana.
- ¿Qué dices de sus elogios? - Nada, excepto "buena suerte".
¿Buena suerte? ¿Quién la necesita?
Él salvó mi vida. Según los chinos soy suya.
- ¡Jen! - Como no me dejáis fumar...
¿Qué tal una partida de billar?
- ¿Billar? - Claro, ¿billar o ajedrez?
- Quizá prefiera quedarse. - No lo prefiere.
Y aunque así fuera, es mi invitado.
Soy demasiado joven para pasar la velada con los viejos.
Prefiero billar.
Primero le dejaré ganar para darle confianza,
y luego le dejaré caer la bomba.
- ¿Y si yo renuncio? - Nos achucharemos.
- De cualquier manera, va a perder. - ¡Hasta luego!
Te toca.
Pobre Sr. Cory. - Piensa que es tu hija.
Me gusta, le acepto.
- ¿Qué sabéis de él? - ¿De él?
No sé, vive en el club. Parece un buen muchacho.
- No es un muchacho. - Cualquiera debajo de los 40 lo es.
¿A qué se dedicará?
Debe de ser algo bueno para poder alojarse en Pinos Verdes.
¿No iba a dejarme ganar?
Como jugador de billar es peor que como mecánico de lanchas.
Las salas de billar nunca estuvieron en mi juventud.
- Después volvemos arriba. - No, lo estoy pasando bien aquí.
Debo reconocer que es muy astuto.
- ¿Con qué? - Con Abby.
¿Qué pasa con Abby?
Ninguno de los que tropieza con ella alcanza la primera base.
¿Piensa que no quiero llegar a la primera base?
Desde luego que no, usted hará un home-run.
No me engaña. Hoy se muestra frío,
pero anoche no apartaba los ojos de ella.
- ¿La noche anterior? - Durante su fiesta de cumpleaños.
Usted la observaba a ella y yo a Ud.
Y por si no lo sabe, es usted muy atractivo, Sr. Cory.
Le toca.
No se preocupe, no le voy a descubrir.
No hay nada malo en ganarse la vida trabajando.
- ¿Ni como mozo de comedor? - No estará allí mucho tiempo.
Gracias.
¿Estropeó la lancha para que no arrancara?
Se sorprendió de verme a mí en lugar de a Abby.
Usted en sí es sorprendente.
- No me dejo engañar. - No, ya veo que no.
La bola seis ahí,
la 12 en la derecha y la siete en esa esquina.
¿A quién intenta engañar?
Como dijo un sabio, uno nunca sabe lo suficiente de ciertas cosas.
Eso es. Lo he pasado estupendamente.
Me alegro. Creo que usted le gusta a Abby.
- ¿Eso cree? - Conozco a mi hermana.
- ¿Y qué hay de Alex? - Eso depende de Ud.
- ¿Cuál es el siguiente paso? - Déjeme pensar.
Dile que yo creo que no se casará con Alex.
Se casará conmigo.
Me encantará decirlo.
- Dígaselo así, exactamente. - Lo haré, lo haré.
- ¿De acuerdo? - Sí.
- Buenas noches. - Buena suerte.
Gracias.
Conduzca con cuidado.
- Buenos días. - Hola.
- Sal y pimienta, por favor. - Sí, señor.
Aquí tiene.
Se ha levantado temprano.
- La partida no duraría mucho. - Lo suficiente.
- ¿Quién ganó la última mano? - ¿A cuál se refiere?
Usted tenía dos dieces y yo me pregunté cómo acabaría.
Creo que la gané yo.
Lo que llamamos temporada de turismo... Discúlpeme.
Perdone, Sr. Earnshaw, no me encuentro muy bien.
¿Qué le sucede?
Siento algo en el estómago. Que le vea un médico.
No, me pondré bien. ¿Podría tener libre la mañana?
Sí, vaya a su habitación y acuéstese.
- Gracias señor. - Como le decía, en octubre...
ENTRADA A LOS SERVICIOS
¿Dónde puedo encontrar al Sr. Cory?
- ¿Cory? - Sí, es un cliente.
- ¿Un cliente? - ¡Buenos días!
Gracias, ese es el Sr. Cory.
- ¿Cómo están los Sres. Vollard? - Quiero hablar con Ud.
- Bien, ¿me acompaña? - Esta no es una visita social.
Lo comprendo. Pero es más bonito junto al lago.
Si va a reprenderme, preferiría que fuera en privado.
- Jen le habrá dado mi mensaje. - Sí, así es.
- Pensé que era otra gracia de Jen. - No, lo dije en serio.
- Está siendo ridículo. - No lo creo.
Pues yo sí.
¿Y por qué viene tan furiosa? Usted también está siendo ridícula.
Hay algo en usted que no me gusta.
En poco tiempo le ha causado una gran impresión a Jen.
Me siento halagado, es una mujer.
- Sí, y no entiende estas bromas - No eran bromas
Entonces está usted loco.
No veo nada de locura en esto.
Creo que si uno desea algo, debe ir tras ello.
En este país uno puede llegar muy alto.
- Incluso llegar a ser presidente. - ¿De verdad?
O casarse con la chica más hermosa.
Aléjese de Jen.
Hay una cala al otro lado del hotel, voy a nadar ahí esta tarde.
- La esperaré a las tres. - Usted está loco.
- ¡Sr. Earnshaw! - ¿Se encuentra mejor?
Estar acostado no me sirvió y decidí pasear.
- Con la Srta. Vollard. - Sí, ¿hay algo de malo en ello?
Quizá no conozca las normas
Los empleados no pueden tratar con los huéspedes.
Nadie me lo dijo.
Lo aceptaré, pero considere la virtud de estas normas.
La distancia entre su lugar en la cocina
y el de la Srta. Vollard es considerable.
Esto solo puede perjudicarle a Ud.
¿Me va a despedir?
De momento, solo voy a castigarle por mentirme.
De ahora en adelante, no podrá salir de la cocina.
- ¿Y si me niego? - Eso es cosa suya.
Si decide continuar aquí, le veré en la cocina antes del almuerzo.
Y una advertencia, Sr. Cory.
Si se queda, le sugiero que haga más amigos.
A mucha gente no le gusta Ud.
¿Quién le ha hablado de la Srta. Vollard?
No tiene importancia.
Debió haberse disculpado en vez de mentir acerca de su salud.
- ¿Usted me hubiera dejado ir? - Claro que no.
¡Hola!
¡Espere, iré nadando!
- Llega tarde. - Tuve que lavar los platos
- Abby no sabría aceptarlo. - Es normal.
Usted le causó una gran impresión esta mañana.
¿Eso le ha dicho?
Sí.
Se ha marchado a Chicago con Alex.
Pues sí que le causé una impresión.
Puede que fuera por Alex. Pero volverá en el tren de las 10.
- ¿Está usted enamorado de ella? - ¿Qué opinaría si le dijera que sí?
Es mi hermana y la quiero, pero...
¿Pero qué?
No creo que ustedes armonicen.
No me gustaría que le rompiese el corazón.
¿Cree que lo haría?
- ¿Tiene alguna sugerencia? - Claro.
Que ella se quede en Chicago y usted no vuelva a verla.
Pero eso no sucederá, así que puede olvidarse.
¿Por qué no coge el coche y va a buscarla a la estación?
¿No la meteré a usted en un lío?
Es la historia de mi vida. Una carrera hasta la lancha.
Jen no se encontraba bien. ¿Cómo le ha ido por Chicago?
Discúlpeme.
Quizá no le importe matarse, pero que sea sin mí.
- ¡Pues bájese! - ¿Qué intenta probar?
No intento probar nada, pero creo que usted sí.
- Estoy más furiosa que nunca. - Solo he venido a saludarla.
- Deme las llaves. - ¿Por qué ha vuelto?
- No es asunto suyo. - Yo creo que sí.
- ¿Quiere darme las llaves? - ¡No!
- Por Dios. - Nada de "por Dios", no soy Alex.
Usted ha vuelto por la misma razón por la que yo he venido.
No tengo la modestia de la alta sociedad.
¿Por qué ha vuelto?
¿Por qué?
No podemos quedarnos aquí.
Mi familia me espera. Les saludaremos y cogeremos la lancha.
Ya es muy tarde.
- ¿Nos veremos mañana? - Me temo que será imposible.
Los Wyncott vienen a pasar aquí dos semanas.
- ¿Alex? - Sí, y su familia, es mucha gente.
No tendremos tiempo para nosotros, a menos que nos vayamos
- ¿Adónde? - Tengo una amiga en Nueva York.
Se va a casar y quiere que yo sea su dama de honor.
- Serían dos semanas estupendas. - De acuerdo.
- Mañana hay un tren a mediodía. - Estaré en él.
- Jen me acompañará a la estación - Ella no me verá.
Tiene mucha suerte.
- Seguimos ¿no? - Sí.
- Hola. - Hola, Sr. Caldwell.
- ¿Qué puedo hacer por Ud? - Iba a jugar con unos amigos
Si voy, ganaré o perderé un poco.
¿Podría quedarme aquí y ganar o perder mucho?
- Ya somos cinco. - Podríamos ser seis.
Lo siento, caballeros,
pero me siento feliz y quiero ganar algo de dinero.
Por mí está bien. ¿Sr. Caldwell?
- ¿Está usted feliz? - Sí.
Yo voy a descansar un rato y dejaré que ocupe mi lugar.
- De acuerdo. - Gracias.
- Esta partida no tiene límites. - Por eso estoy aquí.
- El Sr. Davis - Encantado.
El Sr. Williams el Sr. Wallace y Sadley.
Mi nombre es Cory.
- Las fichas blancas son 10$. - Bien, empezaré con 400 $ .
- Gracias. - Bien.
Igualo y pongo 200 más.
- Lo veo. - Lo veo.
Trío de ases.
- Realmente es afortunado. - Ha ganado.
Lo ha hecho muy bien, voy a volver a jugar.
- Denos una oportunidad más con él. - Siéntese de todos modos.
- ¿No le importa? - En absoluto.
Siéntese, Caldwell.
- ¿No tiene que levantarse temprano? - Mañana no.
Un seis y una pareja de reyes. Dos sotas.
- No quiero luchar con Ud. - Adelante.
Pongo... 50... 90$.
- Doble de sotas y dieces. - Dobles de reyes.
Bueno, esto acaba conmigo.
- Gracias caballeros. - Ha sido un placer conocerle.
Suerte para la próxima vez
- Conozco la salida. - Ya nos veremos.
Creo que lo pensará dos veces antes de jugar de nuevo.
Aún así, lo volverá a hacer.
¿Diga? Estaba lavándome los dientes.
Abby está dormida. Está bien, ¡Abby!
¡Abby!
Es para ti.
¿Diga?
Hola, cariño.
Ha pasado algo y tendré que quedarme dos días más.
¿Se trata de algo grave?
No, te lo contaré más tarde.
Está bien, cariño, adiós.
- Oí que te ganaron anoche. - Las noticias vuelan.
Te han dejados in pasta, ¿qué vas a hacer ahora?
- Me estás dando una idea. - Has cometido un error.
- ¿Ah, sí? - Sí.
- Los chicos están enfadados. - ¿Por qué no preparas unas chuletas?
Sr. Cory.
Sí, señor, la noche pasada estuve jugando al póquer.
Me dieron una paliza y lo merecía.
- La Srta. Vollard pregunta por Ud. - Ese es el único Cory que conozco.
¿Qué significa esto?
Señor, ella me preguntó por un huésped llamado Cory
y yo le dije que aquí el único Cory trabajaba en la cocina.
Sospecho que a ella no le gustan los lavaplatos.
- ¡Cory! - ¡Dejadme a mí!
¡Quieto!
- ¡Basta, Cory! - ¡Suélteme!
- ¡Atrévete! - ¡Adelante!
RENO, LA CIUDAD PEQUEÑA MÁS GRANDE DEL MUNDO
- Hola, Biloxi. - ¿Qué tal?
- ¿Aún tomas eso? - Y seguiré tomándolo.
- ¿Cómo has podido coger una úlcera? - Jugando al póquer.
- ¿Hay ambiente atrás? - Partidas menores.
Ya nos veremos.
- Lo subo a cinco. - Lo veo.
- Cinco y cinco más. - Lo veo.
No es para mí.
Sus cinco y cinco más.
Cinco y cinco más.
- Demasiado para mí. - Una más.
Creo que solo tiene una pareja de seises.
Cinco y... diez más.
- Lo veo. - Dos ochos.
Usted gana.
¿Qué tal, Sr. Caldwell? ¿Podría irse a otro sitio?
- No quería ponerle nervioso. - No se trata de eso.
Solo preferiría que se fuera, a menos que quiera jugar.
- No, gracias. - Otra igual.
- Tres. - Deme una.
Pongo cinco.
Ha jugado muy bien.
Nunca creí que le encontraría de nuevo.
Siempre he sentido remordimientos por esa noche, Sr...
- Cory. - Quizá pueda compensarle.
Siéntese, le invito a una copa.
- ¡Eddy! Hace ya un año, ¿no? - Más o menos.
- Llénalo de nuevo. - Sí, Sr. Biloxi.
- Tomaré una cerveza. - ¿Qué ha estado haciendo?
He viajado mucho desde la última vez que le vi.
Oklahoma, Misuri, Texas y San Francisco.
Yo acabo de regresar de Texas. Allí se juegan partidas muy fuertes.
Yo he estado en los campos de petróleo.
He oído hablar de unas partidas en esa zona.
- ¿No se llamaba usted Caldwell? - Así es
Aquí me llaman Biloxi.
En Pinos Verdes soy Jeremiah Des Plains Caldwell.
- ¿Pero en realidad es Biloxi? - No, en realidad soy Caldwell.
Es un nombre familiar sureño. Me pusieron Biloxi y así ha seguido.
Es más fácil de pronunciar.
¿Es usted un jugador profesional?
Pensará que no fui honesto en aquella partida.
Eso estoy considerando.
La honestidad es la mejor arma de un profesional.
Yo podría ir a la tintorería y hacer el amor al mismo tiempo.
Usted tenía las cartas, pero no el dinero para respaldarlas
Aquella noche aprendí una lección. Uno no debe salir de su círculo.
Buena lección.
Le he estado observando y tengo una idea.
Hace un año, desarrollé un chivato.
- ¿Un qué? - Un chivato.
Un hábito inconsciente que ningún jugador puede permitirse.
Tengo una úlcera que siento cuando me descuido.
Usted se acaricia la nariz cuando algo va bien.
Quizá lo haga para hacerle creer eso.
Un profesional pagaría por descubrirlo,
como yo hice aquella noche.
Usted puede quitarse ese hábito,
pero yo seguiré tomando leche durante mucho tiempo.
Yo no podría jugar ni con un resfriado.
Pero usted juega mejor cuando algo le atormenta.
Usted podría ser mi solución, si está interesado.
- Podría estarlo. - Yo le concederé mi experiencia,
mis contactos, mi dinero y la mitad de las ganancias.
Tendré que pensarlo.
No hay prisa, me alojo en el Tyler House.
Si acepta, llámeme.
Pero no hasta mañana, pues me marcho a Las Vegas.
- Gracias por la cerveza. - Ya nos veremos.
Quisiera enviar unas orquídeas a Chicago.
- ¿A qué dirección? - A la Srta. Abigail Vollard.
El 1399 de Lake Short Drive. ¿La mandará desde aquí?
- Cablegrafiamos los encargos. - Quiero que se mande desde Las Vegas
- Está bien. - ¿Tiene una tarjeta?
Gracias.
- ¡Hola! - Buenos días.
¿Ha desayunado ya?
¿Qué hay de especial en los periódicos de Chicago?
Yo me crié en la calle Sangamon, quiero mantenerme al tanto.
¿Qué tal anoche?
Bien, gané unos 1.600. Esta noche debería ir mejor.
Y después, a Los Ángeles.
- ¿Qué hay ahí? - Apuestas más altas.
Usted se ha graduado ya.
Abby Vollard celebra su cumpleaños.
- Hola. - Hola, ¿cómo está?
- Le presento al Sr. Cory. - Encantado.
- ¿Jugaría una partida esta noche? - Me encantaría.
Hasta luego.
300$.
Subo a 50.
50 y... 700 más.
¡Cory! Venga, despierte.
- Subo hasta los 1.000. - Lo veo.
Vamos, levántese.
¿De qué está hablando, qué día es?
Martes no se ha movido en 20 horas.
Ni jugado al póquer desde hace 36. ¿A qué tanta prisa?
- ¿Ha oído hablar de Ruby Matrobe? - Nunca.
Entonces dúchese y le contaré todo sobre él.
Estoy aturdido, no sé si ganamos o perdimos
- Ganamos - Magnífico.
- Bueno, ¿cómo dice que se llama? - Ruby Matrobe.
Es un hombre importante y quiere hacer un trato.
¿Qué clase de trato?
Él dirige empresas ilegales en Detroit, Cleveland...
- ¿Dónde? - En Detroit, Cleveland, Chicago...
- ¿Chicago? - Sí, ahí tiene su cuartel general.
Se propone abrir un nuevo local. Es una empresa muy complicada,
necesita a alguien y ha oído hablar de Ud.
Jeremiah, ¿cuánto dinero tenemos en el bote?
Unos 18.000 por cabeza.
Podemos averiguar qué proposición tiene ese Matrobe.
Tiene derecho a saberla, pero aléjese de Matrobe.
- ¿Por qué? - Es una rata.
No pasa nada por escucharle.
No, le ofrecerá regresar a Chicago. ¿Cuánto hace de ello?
Lo suficiente.
BAÑOS DE VAPOR SÖLVESBORG
- ¡Biloxi! - Sí.
- ¿Qué es lo que lleva? - ¿A usted qué le parece?
Se va a asfixiar con eso.
Yo no he venido a Chicago para tomar un baño de vapor.
- Le sentará bien. - Pues a mí no me gusta.
Sr. Cory, el Sr. Matrobe.
Siéntese, se sentirá como un hombre nuevo.
O como un bistec asado.
Tengo tantas cosas que tengo que hacer esto.
Solo puedo dormir cuatro horas y esto me mantiene despierto.
- Con eso va a estar incómodo. - Pues hable cuanto antes.
He oído hablar de Ud, Sr. Cory.
- ¿Qué aspecto tiene con traje? - Un caballero.
- ¿Cuánto dinero tenéis? - No gran cosa.
Se necesita mucho dinero aquí.
Para eliminar a los intrusos porque no es lo mismo...
un campeón del peso pesado que otro del peso wélter.
Ambos son campeones, pero el grande gana siempre.
Usted necesita peso, yo lo tengo. Yo necesito talento.
Conviene que sepa que estoy en contra de todo esto.
Así se lo dije a Cory. Pero que él haga lo que quiera.
- ¿Usted está en contra? - Aún no sé las condiciones
- Es un fresco. - Es su mayor encanto.
En esta ciudad, a la gente le gusta jugar con mucho dinero.
Yo facilito el talento, y mis chicos les dan un juego bueno y limpio.
Si sus chicos ganan, ¿quién pierde?
Algunos pierden,
pero el porcentaje compensa siempre.
- Jamás he tenido una queja. - ¿Ni de los que perdieron la camisa?
Mis clientes tienen más de una camisa.
Estoy abriendo un nuevo local en el Lake Short Drive,
en el corazón de la Costa Dorada y necesito que alguien lo dirija.
- Nos repartiremos a 80-20%. - ¿Quién recibirá el 80?
Podría hacerse rico con su cara.
Ya lo ha hecho.
Le gusta el buen dinero.
- Mucho más que el 20%. - No podrá trabajar aquí sin mí.
¿Tendrá clientes en el local como los Vollard y los Wyncott?
- ¿De dónde ha sacado esos nombres? - De un sueño.
- Aceptaremos el 30% si nos gusta. - No me haga favores
No se los haremos.
- ¿Conocéis el Short Drive? - Sí.
Mañana a las dos en el 1318 del Short Drive.
Allí nos veremos.
- ¡Usted está loco! - ¿Quiere ahorrar dinero?
Sí, pero mis asociados y yo no queremos eso.
Quiere hacer un negocio que funcione, ¿no?
- Yo no estoy en el negocio. - Entonces deje la casa como está.
- Parecerá solo una casa. - Esa es la idea para este negocio.
Usted les impresionará y regresaran a por más.
Blackjack en el salón, ruleta en el estudio
y una mesas de póquer en cada habitación para partidas privadas.
Le quedará espacio en la terraza para que la gente baile.
- ¿Bailar? - Sí, para los que no deseen jugar.
- ¿Quién los necesita? - Así podrán cenar y bailar,
luego acabarán en la mesa de juego.
Ofrézcales un lugar de categoría y ellos jugarán.
Sigo creyendo que es una locura. Y usted no ha dicho nada.
- Debo admitir que tiene sentido. - Creo que tiene razón.
Y yo viviré aquí, supervisaré en todo momento.
Sí, por el 30%. Espero no tener que lamentarlo.
No lo lamentará.
- Salgamos de aquí. - Nosotros nos quedaremos.
- Nos vemos mañana. - De acuerdo.
Una vez estuve en un lugar así. Estaba en venta.
Entré con un par de chiquillos Nos persiguieron por toda la casa.
No lo olvidaré nunca.
- ¿Aún tiene familia aquí? - No.
Después de acabar aquí,
lo celebraremos en el mejor restaurante de la ciudad.
Pensé que habría alguien aquí a quien usted querría ver.
Aún no. ¿Echamos un vistazo a la bodega?
- Gracias, William. - Buenos días, William.
- Buenos días. - Hola, papá.
- Te levantas temprano. - Tengo un partido de tenis.
- Solo zumo y café, por favor. - Está bien.
Deberías tomar algo más si vasa jugar al tenis.
No si quiero conservar mi figura.
- ¡No revuelvas el periódico! - Solo las páginas deportivas.
- Vaya. - ¿Qué?
El Sr. Cory me invita a la inauguración de su club.
- Cuidado. ¿El Sr. Cory? - Hay otra para ti.
- ¿Qué es el Club Dolphin? - Es un grupo inversor nuevo.
Se llama Asociación Glenwood. Debe de ser un club privado.
"El Sr. Cory solicita el placer de su presencia".
¿El mismo Sr. Cory de Pinos Verdes?
Debe de serlo. ¿Hay también una para Abby?
Creo que sí. Sí, aquí, hay una para todos
Srta. Abigail Vollard". ¡Abby!
- Sr. Earnshaw - Me alegro de verle.
Gracias no pensé que fuera usted cuando leí la carta.
Usted es el hombre apropiado para dirigir el club.
- Me siento halagado. - Mi socio desea verle.
La última puerta de la escalera.
El Sr. Caldwell está abajo. Pregúntenle si hay algo más que hacer.
- Discúlpeme. - ¿De qué se trata?
- Soy el Sr. Earnshaw - Señor.
- ¿Cómo dice? - Aquí se me llama "señor".
Creo que hay un malentendido. No sabía que iba a trabajar para Ud.
Lo hará, Sr. Earnshaw.
Necesito su aire noble y distinguido
y su agudo sentido de esnobismo.
Tendremos cien invitados cada noche.
Contrate a los mejores cocineros, compre los mejores vinos
¿Se encuentra bien? Está pálido.
Le doblaré el sueldo que tenía en Pinos Verdes.
- Encantado de verle de nuevo. - Gracias señor.
Espero que...
Disculpe.
¿Diga?
Tiene visita, la Srta. Vollard.
El Sr. Cory bajará enseguida.
Gracias, no he podido evitar curiosear.
La mesa de blackjack está tapada en la otra habitación.
- Discúlpeme. - Sí.
¿Busca a alguien, Srta. Vollard?
¡Cory! ¡Valiente caradura!
- ¿Cuánto lleva en Chicago? - Tres semanas
¿Y ni una llamada?
En dos años solo dos míseros telegramas.
¿Qué tiene que decir?
- Cómo ha cambiado. - No se librará de mí tan fácilmente.
Yo diría que Scarlett me cansaba más rápidamente.
Tiene un aspecto magnífico.
Es usted un pícaro.
Cuando decida besarme, recuerde que soy una mujer adulta
y que mi nariz está reservada para mi familia.
- La próxima vez no fallaré. - Será mejor que no.
- Bueno... - Abby está bien.
- ¿Ah, sí? - No gracias a Ud.
Esas orquídeas eran perturbadoras.
Y cuando le enseñé el anuncio...
Llamó a Alex y le dijo que se casaría con él.
No está mal, ¿eh? Quizá le elijan como padrino de boda.
- Hablemos de Ud. - Bien, es mi tema favorito.
- ¿Comprometida? - No.
- ¿Sale con alguien? - No.
- ¿Se ha casado? - Seis veces el año anterior.
- Todos se suicidaron. - No.
Algo tenía que hacer mientras le esperaba a Ud.
- Es usted descarada. - Nunca lo he disimulado.
- Hábleme de Ud, ¿qué es esto? - El Club Dolphin.
Un club muy caro y exclusivo.
- ¿Es usted dueño? - Del 30.
Usted es un emprendedor.
- ¿Cómo lo ha conseguido? - Lavando muchos platos.
- No se ría de mí. - Lo siento, bromeaba.
- Yo soy un jugador. - Pensé que sería algo así.
- Espié un poco al entrar. - ¿Sí?
Y al darme cuenta, me sentí como una tonta.
Cuando papá me enseñó la invitación, no podía creerlo.
He cancelado un partido de tenis con un joven muy guapo y rico.
Y vine aquí corriendo. ¿Cree que soy ansiosa?
- No podría ser más feliz. - ¿Más que si fuera Abby?
¿Aún la ama?
- Prefiero hablar de Ud. - Estamos hablando de mí.
Abby es muy importante para mí.
Siento interrumpir, pero debemos irnos.
- Le estoy entreteniendo. - No, es un pequeño asunto.
- ¿Volverá? - Romperé la puerta si hace falta.
Sr. Caldwell, no le deje buscar a desconocidas.
Que llame a sus amigos
- Adiós. - Adiós.
- Me gusta. - Sí.
- Encantada de volver a verle. - Gracias, Srta. Vollard.
- Una casa preciosa. - Sí.
- Hola. - Sr. Cory, él es el Sr. Chambers
- Encantado. - He oído hablar mucho de Ud.
- Y mal, supongo. - No se deshaga de mí.
Ya le he dicho que soy la única mujer en su vida.
- ¿Van a cenar? - ¿Cenar? Vamos a saltar la banca.
Después trabajará para mí, si se le puede llamar trabajo.
Se le ha ocurrido esa idea.
- Bueno, tenemos blackjack, ruleta... - Blackjack, suena feroz.
Que sea blackjack.
- Abby va a su fiesta esta noche. - Lo he oído decir.
Alex quería venir con el grupo, pero Abby le hizo desistir.
- Sr. Cory. - Discúlpenme.
Discúlpenme, el Sr. Caldwell les atenderá.
- Hola. - Sr. Chambers, el Sr. Caldwell.
- Encantado. - Hasta luego.
- Adiós. - Le enseñaré dónde se juega.
Tengo 16.
- ¿Carta? - De acuerdo.
Esto sí que es bueno.
- Hola. - Hola.
- ¿Cómo van? - Normal del todo.
¿Cuánto debo ganar para saltar la banca?
- Medio millón. - Ahí está Abby.
Disculpen.
- Hola. - Sr. Cory.
- ¿Cómo está, Srta. Vollard? - Bien.
Creo que debo felicitarles
Gracias, no me hubiera perdido esto por nada.
- Bien. - Está lejos de Pinos Verdes.
Lo está.
Su hermana y el Sr. Chambers están jugando al blackjack.
No es posible venir aquí sin donar algo de dinero a Ud.
Si desea algo, pregunte por el Sr. Caldwell.
- Que se diviertan. - Gracias.
Hasta luego.
- Charlie, ocúpate de la mesa tres - He terminado mi turno.
- ¿Ves a ese joven? - ¿Con la rubia?
Se llama Wyncott y quiero que gane.
- ¿Cree que eso es honesto? - Trátale como si fuera tu hermano.
- No dejaría ganar ni a mi padre. - Entonces imagina que eres tú.
Eso es distinto.
Hagan juego, damas y caballeros.
- ¿Cómo va? - Bien, Alex está ganando.
- Lo está haciendo bien. - Nos vamos, tenemos un partido.
No voy a llevarme a Alex de aquí, lo está pasando bien.
- Claro que no, hasta mañana. - Adiós. Adiós, Ronnie.
Número seis, negro y par.
- Salude a su familia, Jen. - Lo haré, buenas noches
- Buenas noches. - Hasta luego.
- ¿Ganando? - Más o menos a la par.
No consigo que Alex deje el juego.
Pruebe a chasquear los dedos.
Me alegra verte de nuevo.
- ¿De verdad? - Te odié cuando mandaste las flores.
Odio las orquídeas
- Me hice odiar un poco. - Ha recorrido un largo camino.
Eso dicen todos. En realidad, no es tan largo.
- Vengo de la Calle Sangamon. - No la conozco.
Allí es donde me crié.
En el 41 de la Calle Sangamon.
A las dos, cuando esto se calme, iré a echar una última mirada.
Estaba preocupado.
- Enhorabuena. - Me aburría y probé en la ruleta.
Si esto sigue así, volveré todas las noches.
Arruinaría el negocio.
Y ahora discúlpenme, tengo una cita, buenas noches.
Buenas noches.
Quién diría que era un lavaplatos.
Se hace tarde, vámonos a casa.
Sí, espera a que cambie las fichas primero.
¡Eh, Cory!
- ¿Tienes25 centavos? - Tengo 10.
Está bien, 10 centavos
Nunca des por perdida una partida. Nunca se sabe.
Nunca había estado aquí. Ha sido difícil de encontrar.
Durante el día, no lo es.
Dentro de seis horas abrirán las tiendas.
Las calles estarán atestadas de vendedores ambulantes.
Nací en esa habitación de arriba.
Mi madre murió en ella. Mi padre murió en ese callejón.
Lo aplastó un camión de carbón.
Has venido a ver a un lavaplatos de la Calle Sangamon.
¿Sabías que vendría cuando dijiste que venías aquí?
Quería que supieras todo sobre mí. Ya no soy ningún lavaplatos.
Pero sigo siendo de la Calle Sangamon.
¿Tienes coche?
Las cosas van bien, hemos ganado 600.000 en tres meses.
Estaría dando saltos de alegría, pero tenemos gastos que reducir.
- No lo creo así. - Hay demasiada gente en el comedor.
No voy a reducir el servicio, solo así las mesas son rentables.
El beneficio es menor que en mis otros negocios.
Es el precio que se paga.
Quizá no estén bien repartidos los porcentajes.
Sí están bien repartidos. Y sin el servicio, no habrá ninguno.
Está bien, seguiremos así a ver si la cosa mejora.
- De acuerdo. - Una cosa más. Alex Wyncott.
- ¿Qué pasa? - Ha perdido dinero firmando cheques.
- ¿Cheques buenos? - ¿Qué sabe sobre su padre?
- Es rico y tiene influencias. - Eso es cierto.
Su voz se escucha en esta ciudad.
Ya me ha causado problemas. Nada que no pudiera manejar.
Tiene amigos interesados en un local como el Dolphin.
Los tipos así son duros de pelar, deshágase de él.
- ¿Quiere que le cierre la puerta? - No quiero que pierda más dinero.
No compensa los problemas que puede ocasionarnos.
Puede que se entere de lo de esa muchacha y Ud.
- ¿Qué quiere decir? - Tranquilo, hijo.
- Su vida privada es cosa suya. - No lo olvide.
Usted recibe el 30% de un negocio en marcha, ¡cuídelo!
- ¿Ha terminado, Ruby? - ¡Sí!
Ya nos veremos.
Abby.
Me alegro de que haga frío para encender el fuego.
Cory, no recuerdo cuándo he sido tan feliz.
Yo también soy feliz.
Alguien no puede entrar.
¿Diga? Ahora bajo.
Alex acaba de llegar, volveré enseguida.
Cuidado con el carmín.
- ¿Sucede algo? - Me han prohibido seguir jugando.
Ha cometido un error, Jeremiah.
Estoy seguro de que Biloxi estaba preocupado por sus pérdidas.
- Ha sido bastante embarazoso. - No volverá a ocurrir.
Gracias no pensaba que le importaran mis pérdidas.
¿Quién le ha dicho que le apretara las clavijas?
- Matrobe, usted le oyó también. - Yo dirijo este lugar, no Matrobe.
Yo no suelo opinar como él, pero esta vez tiene razón.
Yo creo que no.
Wyncott puede ocasionarnos muchos problemas.
- ¿Y qué hago, dejarle ganar? - Eso ya lo ha hecho.
- ¿Acaso está a favor de Matrobe? - No diga bobadas.
- Pues no me moleste. - Escuche.
Le hablo así porque me siento responsable.
No crucifique a Wyncott porque odie lo que representa.
Déjele fuera del juego y háblele de lo de la chica.
Todos se sentirán mejor.
No me mire por encima del hombro. Me pone nervioso.
Nunca lo he hecho.
- Whisky. - ¿Whisky?
Sí.
¿Qué hay de su úlcera?
La leche es para mí úlcera, el whisky es para mí.
- No has tardado mucho. - No había mucho que hacer.
- ¿Pasa algo? - ¿Cuándo vasa decírselo a Alex?
¿O no piensas decírselo?
- Tú no conoces a Alex. - Mejor de lo que crees
Está enamorado de mí desde los 10 años.
Si estás enamorada de mí, no puedes seguir teniéndolo así.
- Sí, lo estoy - Entonces díselo.
Estoy enamorada de Cory, búscate a otra mujer".
Es tarde, será mejor que me vaya.
- Odiabas las puertas traseras. - Alex está abajo, no hay otra.
Y no estoy de humor para escenas.
Entonces quédate aquí hasta que se marche.
- Alex, ¿qué haces aquí? - Apiadarme de mí mismo.
¿Sabes qué hora es?
Es una de las razones de que sienta lástima por mí.
Es muy doloroso estar prometido con una mujer
que se queda hasta las 4:30 con otro hombre.
- Estás borracho. - No vas a librarte de mí así.
- Es como un tópico. ¡Abby! - Vasa despertar a la familia.
- Hablemos de eso. - No tengo ganas de hablar.
Vas a hablarme de Cory, ¿cuánto tiempo llevas con él?
Te he seguido desde el club, sabía que algo pasaba.
- Y ahora ya lo sé. - ¿Quieres marcharte?
- ¡No! - Por lo menos baja la voz.
¿Quieres dejar de tratarme como a un chiquillo?
¡No te portes como si lo fueras!
No podía dormir y fui al club para ver si estabas ahí.
- No te creo. - No me importa que no me creas
Abby.
No te vayas.
Si es Cory, dímelo. ¡Sé sincera conmigo por una vez!
Debes irte a casa y dormir. Te sentirás mejor mañana.
Eres lo que más quiero.
Llámame cuando te levantes. Nos veremos para comer.
- Buenas noches, Abby. - Buenas noches.
Sr. Wyncott.
- ¿Dónde está Cory? - Arriba.
- ¡Sr. Wyncott! - Yo me ocupo.
- ¿Qué sucede? - No lo sé, avisa a Cory.
¿Diga?
Adelante.
- Quiero hablar con Ud. - Ha entrado como un relámpago.
Esto es privado.
Si quiere hablar en privado no irrumpa en mi habitación.
- Se trata de Abby - Escuche.
Déjele hablar, ¿qué pasa con Abby?
La vi con usted en el aparcamiento.
La seguía casa.
¿Y qué quiere, una medalla?
Al principio, pensé en darle a usted una paliza.
Pero después cambió de opinión.
Quizá no entienda esto, pero voy a decírselo.
- ¿Nos permite? - Quédese, Biloxi.
- La amo desde hace mucho tiempo. - Ya lo sé.
Nunca ha habido otra para mí.
Pero desde que la conozco,
siempre alguien se interpone entre nosotros.
- Voy a echarle. - ¡No bromeo, la amo!
Intento decirlo de la mejor manera.
Ella tendrá que renunciar a la vida que tiene.
Su familia no aprobará que esté con un jugador.
- No quiero parecer un esnob. - No podría parecer otra cosa.
Está bien, llámelo esnobismo. Yo lo llamo ambiente, forma de vida.
Si desea hacerla feliz, tendrá que darle eso.
Tendrá que entrar en un negocio que ella estime.
Le gusta esto, pero no durará.
Su padre le estima a Ud. Hará lo que sea por ayudarle.
- Yo conozco a sus amigos - Espere un momento.
¿Va a hacer esto porque quiere que ella sea feliz?
Pensará que soy estúpido.
Pienso que es un hombre muy débil e inútil.
Y además estúpido si piensa que va a conmoverme.
Y aún peor, un cobarde.
Solo es capaz de auto compadecerse.
Se emborracha y pierde dinero, no consigue nada sin él.
Ha sido un mártir durante mucho tiempo.
Pero esta noche se ha superado a sí mismo.
Con ese sublime gesto, usted se siente recompensado, ¿eh?
Pues yo no lo creo.
Pensaba que lo comprendería. ¡Estaba dispuesto a alejarme!
Usted no es bueno para Abby. Le diré a ella lo que es Ud.
¡Voy a hacer lo que pueda para apartarla de Ud!
¿Por qué no empieza saliendo de aquí?
¡Márchese!
- Le ha destruido. - Le he dicho la verdad.
- ¿Le hace eso sentirse mejor? - ¿Cómo dice?
¿Le hace eso sentirse mejor?
Si quería acabar con él, ya lo ha hecho.
Si tiene algo en la boca, escúpalo.
No tiene que convencerme, es usted un tigre.
- ¿Qué quiere decir? - Cuando un tipo tiene un problema
que no es capaz de resolver, es como montar a un tigre.
No es capaz de soltarse de él porque teme que le devore.
Estoy cansado de su filosofía doméstica.
No le volveré a molestar. Calcule mi parte y ya está.
- De acuerdo. - Le diré dónde tiene que mandarla.
- ¿Te gusta? Lo he comprado hoy - No sé qué decir.
- Di solo que sí. - ¿No me lo dejas pensar?
¿Qué hay que pensar?
El casarme contigo no se decide tan fácilmente.
He terminado con el club y con el juego.
Creo que podré montar algún negocio.
¿Por qué? ¿Vas a renunciar a todo esto?
- Pensé que era lo que querías. - Eso es ridículo.
¿No te importa estar casada con un jugador?
Escucha.
Te amo, y estar a tu lado es lo más maravilloso que hay.
- No puedo imaginarme estar sin ti. - Pero no casada conmigo.
- Yo no he dicho eso. - Es lo que piensas
- Cory, trata de comprender. - Lo estoy intentando, de verdad.
¿Debo decir lo que tú deseas que diga?
Déjate de excusas, di sí o no.
¿Por qué lo complicas en vez de dejarlo todo como está?
No es suficiente.
¿No lo es que yo te ame?
Yo quiero para mí todo tu tiempo.
Yo estoy aquí y vendré a ti siempre que pueda.
Pero no te casarás conmigo. Nunca lo has considerado.
Dices que me amas y te casarás con alguien como Alex.
Yo valgo mucho más que Alex, pero eres una dama.
Y una dama no se casa con un tipo como yo.
Tú vendrías aquí sin cambiar nada tu situación.
- ¡Ven aquí! - ¡Suéltame!
Tienes todo lo que yo creía importante.
Belleza, alta cuna... todo reunido en algo maravilloso.
Pero no tienes ni una pizca de moral.
Solo eres una golfa de alta categoría.
Y tú eres un emprendedor egoísta que no se detiene ante nada.
¡Eres basto y ordinario!
- Discúlpenme. - ¡Salga de aquí, Matrobe!
Vengo a despedirle.
Van a hacer una redada en este local y su parte es nada.
- ¿Me oye usted? - Biloxi ha recibido su parte.
Biloxi ha recibido la mitad y usted no recibirá nada.
Ya me han cerrado dos locales por su vanidad.
¡Ahora sea un hombre y atrévase a demandarme!
Sal de aquí tal como has entrado.
Bien, quizá no haya ninguna redada al final.
¿Dónde has aprendido a disparar? ¡Ponte ahí, vamos!
Estoy bien.
- Tiene más valor de lo que pensaba. - Intento de homicidio.
Lo tenemos donde lo queríamos.
- Deme el revólver. - ¡Por el amor de Dios!
- Cory. - ¡Cállate!
¡Fuera de aquí!
- No sabe hacer nada bien. - ¡Cory!
No te metas en esto.
Le pedí que se casara conmigo y me rechazó.
Se había librado de mí antes de dispararme.
¿Va a quedarse ahí hablando? Denunciemos esto.
- No, Ruby. - ¡Usted le ha pillado!
Yo no he pillado a nadie y usted tampoco.
- Solo estaba limpiando mi revólver. - ¿Su revólver?
Será mejor que se vaya.
- ¿Se ha vuelto loco? - Adiós, Ruby.
Su sombrero, señor.
- ¿Llamo a una ambulancia? - Sí, algo por el estilo.
Vuelvan al lugar que les corresponde.
Y llévese su revólver.
La próxima vez no mate a nadie. En lugar de eso, arrójelo al agua.
Tú conoces la salida trasera.
Enséñasela.
- La ambulancia está en camino. - Magnífico, deme una copa.
Por supuesto.
Gracias.
Van a venir muchos policías. ¿Le han arrestado alguna vez?
Una vez, señor, por bigamia.
¿Bigamia?
- ¿Me permite? - ¡Claro!
¡Cory!
¡Oh, Cory!
Me atasqué en el tráfico. Hola, Sr. Caldwell.
Srta. Vollard. Iré a guardar los asientos.
- ¿Tienes que marcharte? - Te escribiré.
- Llévame contigo. - No puedo.
Debo meditar un poco.
Jeremiah y yo vamos a relajarnos en el sol.
Intentaremos pescar y preparar el futuro.
Mándame a buscar.
Hazlo, yo iré de todos modos.
Apuesto diez contra uno a que te casarás conmigo.
- Una apuesta arriesgada. - Puedo permitírmela.
Hace tiempo que pienso en ti.
Si he esperado tanto, puedo esperar un poco más
Suba a bordo, señor.
Nos volveremos a ver.
FIN
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