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En el fondo también es su madre, ¿no?
Como quiera.
Contentos ustedes, contentos todos.
Beba, señora, le hará bien.
¿Qué tal está?
Su marido llegará dentro de poco.
Me voy, hasta mañana señora.
¡Qué mujer más pesada!
¡Eugenia, tu madre está mala!
Sí, ya lo sé. Ya lo he oído.
Detrás de la puerta de la cocina hay un trapo. ¿Quieres traerlo?
¡Vamos mamá, basta!
No gracias, ya no hace falta. ¡Anda vamos a la cama!
Perdone pero, sólo es nervioso. ¿Es una compañera tuya?
Y se llama Nicola.
- ¿Cómo es eso? - No lo sé.
También Emilio, mi marido.
Hubiera querido un hijo varón.
Podéis intentarlo otra vez.
Ya sabes cómo son los hombres, siempre quieren un hijo varón.
Sí mamá, tengo que ir ha estudiar. Di adiós a Nicola.
Hasta pronto. Vuelve cuando quieras.
Y Eugenia, necesita estar con chicas de su misma edad.
No tardo nada, sigue tú.
- Buenas noches doctor. - Buenas noches.
Están arriba.
Gracias.
¡Emilio!
¡Vale, lo haré yo sola!
¡Cálmate!
¡Eugenia! no le digas que me he puesto mala, por favor.
¡Apaga la luz!
- ¡Hola papá! - Hola.
¿Todo bien?
¿Pero qué hace? ¿Porqué no sigues?
¡Eugenia!
¡Se acabó!
- Si aún hay que hacer la ficha. - La haré yo, tú vete que es tarde.
Está bien, te pasaré a buscar por la mañana.
¡Pero bueno! ¿Aún no te has ido?
¿Y si le preguntan mañana? No tienes ninguna nota en ciencias.
No te preocupes, diafragma, vejiga, hígado colon… adiós.
- Deja, no tengo hambre. - Ven siéntate, ya tendrás hambre.
¿Quieres algo caliente?
¿Pero qué te pasa? No estás bien ¿Hago un poco de pasta? No tardo nada.
No, no… es mejor que no coma.
Además, tengo la boca amarga, se nota que he fumado demasiado.
- ¡Oye! ¿qué es este? - El cinturón.
Mira, como me voy a poner malo, es mejor que no coma.
¡Espera! ¿Dónde vas?
¡No! ¡Te he dicho que no quiero nada!
¿Me vas a dar de comer? ¿Eh?
No pierdas esta costumbre.
No está mal.
- ¿Lo has hecho tú? - Sí, ¿te gusta?
Sólo una cucharadita.
- ¿Usted es la amiga de Eugenia? - Sí.
Me ha llamado por teléfono. Espere, le avisaré.
- ¡Doctor! - ¿Sí?
La siguiente es una señorita, su hija llamó pidiendo la cita.
- Se me había olvidado decírselo. - Que pase.
- Haga el favor de pasar. - Gracias no se moleste.
- Buenos días. - Buenos días.
Por favor, siéntate aquí.
A ver, ¿de qué se trata?
Me duele aquí, sobre todo cuando lo toco. Yo digo que es el juicio.
¡Sí, esa muela del juicio!
Muy bien.
Ya has hecho tu diagnóstico, ¿eh?
Ahora, con tu permiso, haré yo el mío.
Abre la boca, ¡abre, abre, abre!
- Estese quieta. - ¿Qué le pasa? ¡Si ni siquiera le he tocado!
Abre bien la boca. Abre más,
más… más.
- ¡Abre más! - Si se pone así, el doctor no verá nada.
¡Oiga!, ¿no podría ponerme anestesia en lugar de discutir?
¡Si no tienes nada! ¿Para qué quieres anestesia?
¡Como no me ponga una inyección, me voy!
Lo que quieras.
¿Pero qué le cuesta? Póngame una inyección, lo prefiero.
Estas futuras mujeres, no soportan ni un simple dolor de muelas.
Es verdad, me gustaría verlas cuando tengan que traer hijos al mundo.
¡Vaya!, ¿tiene usted mucha experiencia en ese campo?
Calladita, ¡prepárelo!
Puede irse, la señorita prometió que va a ser buena.
Si hace falta, la llamaré. ¿De acuerdo?
¡Bueno!
¡Qué pasa! ¿tienes miedo? ¡Abre la boca!
¡Vamos, ábrela bien! ¡Relájate!
¡Note pongas rígida! Te aseguro que no sentirá nada en absoluto.
Calma, calma, quieta, calma.
Ya está. ¿Has sentido dolor?
Ahora un par de minutos, y ya está.
¿Qué te pasa?
¿Te ocurre algo? Tranquila. Respira profundamente.
Te quitaré el cinturón.
¡Vamos! ¡Vamos, vamos! ¿Te encuentras mejor?
Se le pasará.
¡Nicola! ¿Qué haces? ¿Te has vuelto loca?
¡Nicola, por favor!
¡Hay gente en la sala de espera!
¡Nicola!
¡Quieta!
¡Nicola!
Pero…
¡Mujer!
Nicola, abre los ojos. ¡Mírame!
Perdone lo de la anestesia, pero es que no soporto el dolor.
No hará falta que vuelva, ¿verdad, doctor?
- Buenos días doctor, hace tres horas que espero. - Perdone.
Es verdad que estoy jubilado y no tengo que hacer, pero eso no es siempre así.
Hoy por ejemplo le he prometido a mi mujer llevarla al cine. Si no lo hago, menuda se va a amar.
Además hay otra cosa. La sala de un dentista siempre impone.
Yo era jefe de contabilidad en el ministerio, bueno allí las salas de espera son otra cosa,
pero la suya, con todos los respetos, da un poco de miedo, por decirlo de algún modo.
En mi caso, no es diferente.
El mismo puente de siempre.
Todo iba bien, y al comerme una chuleta ¡crack!, el puente a la mierda.
- ¡Emilio! - ¿Qué?
Te dejo los perros.
Yo me voy por el río.
Hacia arriba es inútil que vayas. No hay nada de nada.
¿Si fuera una flor?
Pues… sin duda una margarita.
- La sandri. - No, eso como mucho es un crisantemo.
¿Y si fuera un animal?
Esta es la última pregunta, ¿eh? Un animal…
Un cervatillo.
- Pues no conozco a nadie así. - Pero si eres tú.
¡Ah!, ¿es que me parezco a un cervatillo?
¡Muy bien, Nicola!
Yo también he pensado siempre, que parecías un cervatillo.
- Ninguna de las dos tenéis ni idea. - ¿Porqué? ¿Tú cómo te ves?
No sé, yo diría... una pantera.
Una pantera… mi conejito.
¿Te gusta la tarta de manzana? Mamá acaba de hacerla.
Es para papá, ya lo sabes.
He mandado buscar bollos para nosotros.
Si quieres te la puedes comer esta noche y quizás... darle un poco a tu amiga.
La hice…
La primera vez que Emilio vino a la casa de mis padres, a esta casa.
Hacia poco que éramos novios.
Él dice que se casó conmigo por esa tarta.
Naturalmente, lo dice de broma.
Son esas pequeñas cosas en las que…
¿Tú también vas a empezar ahora?
Ten.
Vamos.
¿Te gusta?
Eugenia no está en casa, es mejor que me vaya.
No, no, ven aquí. La esperaremos juntas.
Ven a hacerme un poco de compañía. Siéntate.
¿Sabes hacer ganchillo?
- No se meda muy bien. - ¿No?
Es muy sencillo. Mira, primero un punto arriba, luego un punto abajo...
Inténtalo.
Sube el hilo así, eso es.
Ven, quiero enseñarle una cosa que te gustará mucho.
Aquí está.
Mira, mira qué bonito.
¿Es bonito, verdad?
Tenía…
Veinte años.
Arriba, arriba, vamos, quietos.
Quietos, bonitos.
¿Has oído hablar de las extrañas reacciones de la novocaína?
¿De qué tipo? Sé que hay gente a quien puede afectarle.
Pero eso lo sabes tú también, ¿no?
Y en esos casos se recurre a otras formas de anestesias.
¿Por qué ese interés?
No, por nada.
La anestesia es un arma de dos filos.
Mientras que en algunas personas provoca un colapso,
en otras no surte efecto.
Recuerdo que un paciente mío después de una inyección, tuvo un ataque de risa.
Un caso de histerismo.
Mi primer concierto.
Que fue también el último.
Esa misma noche
conocí a Emilio.
Tengo miedo de romperle.
Habría podido seguir, claro que sí,
porque Emilio, el pobrecillo, no se habría opuesto, estoy segura.
Fui yo, la que no quiso continuar.
No sé, me parecía que no me ocupaba de él, que no lo cuidaba lo suficiente.
Por ejemplo, cada va que me siento al piano, no sé…
Me parece como…
como si…
- le traicionera, ¿comprendes? - Mamá.
Tú no estabas, y he hecho un poco de compañía a tu madre.
Me ha enseñado sus vestidos.
Ha llegado papá.
¡Emilio, el vestido al armario!
¡Y vosotras, marchaos! ¿Qué hacéis aquí? ¡Vamos!
Hola, papá. ¿Has cazado algo?
Buenas noches.
Como siempre.
Hace años que va de caza, y jamás ha cazado nada, nunca,
No deberías cansarte también el domingo, ¿sabes?
No me canso.
Hoy en casa por ejemplo...
todo estaba tan dulce, tranquilo, tan silencioso
- Nicola me ha hecho compañía. - ¿Ah, sí?
¿Y se puede saber qué hace esa chiquilla todo el día en nuestra casa?
Pobrecilla, está tan sola.
Su padre es un diplomático, está siempre en el extranjero.
Vive con una tía. ¿Es mona, verdad?
Me parece mucho más adulta que Eugenia.
Mucho más madura, y además…
es tan sensible.
No sé, es una chica como cualquier otra.
Además, a esa edad son todas iguales.
Es posible.
Sin embargo Nicola me parece más, quizás…
porque está acostumbrada a estar siempre… tan sola.
No creo que vivir con una tía en lugar de vivir con lo padres...
sea suficiente para ser más inteligente y más sensible que los otros.
- ¡Oh no, no! - Nunca te apetece nada.
¿Estás segura de eso?
Hola.
Adiós.
¡Ah, Nicola!
Esta tarde van todas a casa de Francesca.
Estarán los amigos de su hermano. ¿Paso a recogerte?
No, no tengo ganas Eugenia. Gracias.
- Estás enfadada conmigo. - Pero qué cosas se te ocurren.
No, los que me molestan son esos niñatos estúpidos. Parecen pavos reales.
Además, no tengo ganas de ser la niñera de nadie. Créeme.
Adiós. Nos veremos mañana.
¿Has oído? Mariela irá con su paracaidista.
¿Ah sí? ¿Va a llevar el paracaídas?
- Yo no voy, tengo que hacer. - ¿La señora te ha hecho cambiar de idea?
A mi no me hace cambiar de idea nadie.
Me he cansado de estas reuniones de recién nacidos que juegan a los hombrecitos.
Son como niños que se lo hacen encima y manchan todo lo que tocan.
Nicola, ¿dónde te llevo?
Siete mil.
Gracias.
¡Eh, espere, el cambio!
- Hola papá. - Podías avisar de que te retrasabas.
¿Y quién iba ha hacer los deberes? - ¿Saber qué hora es? las diez y media.
¿Te das cuenta? Ha vuelto.
¿Cuándo dejarás de preocuparte?
- ¿Qué dices, perdona? - ¿Qué?
¿Qué es lo que pasa?
Vuelvo enseguida.
Sí, se empeñó.
Yo tenía prisa, pero me fui con él.
Entonces le dije: antiguo. Esto pasaría en tus tiempos, en el "varieté".
Y empezó a desnudarme, mientras me besaba por todas partes
y me decía un montón de tonterías. Pajarito mío, me vuelves loco, ¿le das cuenta?
Sí, seré su pajarito, pero mañana no sé que voy a ponerme.
Estoy llena de cardenales, en el pecho, en el cuello, en los muslos, por todo el cuerpo.
¡No sé qué hacer, de verdad!
¡Viene mi padre!
¡Eugenia, abre ahora mismo esta puerta, vamos!
¡Eugenia, abre te he dicho!
¡No es verdad! ¡Abre e echo la puerta abajo!
¡No he hecho nada! ¡Abre!
- ¡No he hecho nada! - ¿Qué no has hecho?
- ¡Era mentira, no he hecho nada malo! - ¿Qué era mentira?
Eugenia,
mi pequeña.
¿Porqué tienes que avergonzarte de tu padre?
Te he dicho que era mentira.
¿Por qué no me has creído?
No vuelvas a hacerlo.
Prométeme que no volverás a hacerlo.
Ten, tápate.
Es culpa mía, no debía, pero es algo que todas cuentan siempre,
y no quería que pensasen que yo era la única.
Tonta, ¿sabes que yo también a tu edad tuve relaciones con una señora que no existía?
Si no van a decir que soy la más tonta. ¿Comprendes?
Yo también empecé con una simple mentira,
pero luego me vi obligado a continuar.
Y todo porque al día siguiente los compañeros decían: ¡Qué, Emilio! ¿Cómo te fue? ¡Cuenta!
Y yo contaba, me inventaba cosas,
hasta que al final yo mismo empecé a creérmelo.
Y hasta estaba celoso, y me enfadaba si alguien se atrevía a insinuar algo grosero.
- ¿Y qué más? - ¿Qué más?
Que al fin tuve una mujer de verdad.
- Y fue una gran desilusión. - Para mí no habrán desilusiones.
Además, esas cosas no me gustan.
Quiero quedarme siempre aquí, contigo.
Tú no me echarás nunca, ¿verdad? Estaré siempre a tu lado.
Mi patito, verás como te echas a volar en cuanto te enamores.
En cuanto encuentres a un hombre.
No uno de esos chiquillos que dan vueltas a tu alrededor.
Te digo que no me importa.
El amor es una experiencia insustituible.
Recuerdo que tenía 22 años cuando conocí a tu madre,
- y los dos veníamos... - ¡Apaga la luz, tengo sueño!
- No has cenado, ¿le traigo algo? - No, nada. Buenas noches.
Buenas noches.
- ¿Dónde vas? - A buscar una píldora para Eugenia.
- ¿Es que le duele la cabeza? - No, debe de ser el periodo.
Le duele la tripa.
- No, me ha dicho que sólo… - Claro, es tan desordenada en todo.
Hasta en la comida.
Figúrate que la otra noche…
la otra noche me la encontré comiendo pescado frío de la nevera.
- Siempre es como si me mataran. - Exagerada.
- Ya verás, se le pasará enseguida - Claro, no va a durar toda la vida.
Es sólo una indigestión.
Te he preparado una manzanilla.
A ver si de una vez se te quita esa manía de comer fuera de horas. Ten.
Bébetela. Mi niña se la va a beber y se le curará la tripita.
¡No me duele la tripa! ¿Te enteras de una vez?
Tengo eso que tienen las gatas, Nicola, las criadas y que tienen todas. ¿Sabes de qué hablo?
¿Se te ha olvidado o no lo has tenido nunca?
Es tan delicada.
Y como no se priva de nada, es como Emilio, son dos golosos.
Fíjate, una vez cuando era pequeña
me la encontré chupando un tubito de manteca de cacao.
Y luego estuvo mala, mala.
Como ahora.
Y luego dirá que no le duele la tripa ¿No lo sabré yo que soy su madre?
¡Vamos, hombre!
¿Tú también tienes más ganas durante el periodo?
¿Ganas de qué?
De hacer el amor.
No sé cómo explicarlo pero…
cuanto más fuerte es el dolor…
no sé… más lo piensas.
¿Tú piensas en eso?
Algunas veces.
¿Piensas en hacer el amor con un chico que te gusta, del que estás enamorada?
¿O piensas en hacer el amor y ya está?
¿Y tú?
Yo primero pienso en hacer el amor
y luego imagino con quien.
¿Has hecho el amor alguna vez?
¿Y tú?
Sí.
¿Le conozco?
No, fue cuando vivíamos en Viena.
Y… ¿cómo era?
Uno de esos que no sueltan prenda.
- Pero dime ¿fue un flechazo? - Era guapo.
¿A ti te gusta hacer el amor?
¿Y a quién no? ¿Verdad, Matías?
Tu café.
No.
Papá.
Papá, son las cuatro.
Son las cuatro.
¿Porqué no me habéis despertado?
- ¿Dónde está mi chaqueta? - En la entrada.
Estás volviéndote viejo. Te duermes con el periódico en la mano.
Si tú lo dices, la verdad es que estoy muy cansado.
Yo también.
Sí, todos necesitamos descanso.
Oye. Eugenia, ¿y si mandáramos a mamá a una clínica?
¿Qué te parece?
Lo que tú quieras.
Habrá que pensarlo.
Ven a ver esto.
En este piso está mi obra de arte.
Habitaciones amplias, aisladas acústicamente.
De modo que el enfermo pueda gozar de toda tranquilidad. ¿Comprendes?
A veces a mí me entran ganas de meterme en una de estas habitaciones y descansar un poco.
Pero ya no hay tiempo de nada.
¿Lo ves? Aquí Elisa estaría como en su casa, y puede que mejor,
porque aquí tendría muchos cuidados que ahora ciertamente no tiene.
Una enfermera las 24 horas del día. Una alimentación equilibrada.
¿Te gusta?
Emilio, ¿qué pasa? ¿Algo no va bien?
No, es sólo que estoy atravesando un momento muy extraño.
Nada me atrae, nada me llama la atención.
Será que me estoy volviendo viejo, aunque no lo creo, pues me siento joven.
Muy joven, por ejemplo, Eugenia me parece mi madre.
No, regresar a casa y no encontrar a Elisa, no lo soportaré.
No podré soportar una responsabilidad tan grande.
Me gustaría estar sólo sin ataduras, pero luego me da miedo.
Emilio, yo te conozco mejor que nadie.
Tú lo dramatizas todo, eres un pesimista nato.
No te preocupes, tranquilízate. Ya verás como todo irá bien.
Trae a Elisa aquí una temporada y los malos momentos se te pasarán a ti también.
Señora, ¿a dónde va?
Voy a vera la señorita del 141.
- Pero si hay teléfono, ¿porqué no lo utiliza? - Pero yo necesito verla.
Sabe que no puede salir. Vamos, por favor, sea buena.
- Por favor, sólo un momento. - Llame a la enfermera.
- No puede ser, sabe que hay un reglamento. - Quiero verla ahora mismo.
- No es posible. - No puedo esperar.
¡Por favor, doctor!
Pero háblame. ¿Porqué no hablas nunca? ¡Habla!
¿En qué piensas? No haces más que pensar.
Yo no sé en qué piensas.
Luego, en invierno,
los árboles no tienen hojas.
Me hago vieja.
Qué triste está el jardín en invierno.
Y no va a cambiar. Las flores de plástico no hacen que sea primavera.
No, está mal. Se ve que no es de verdad.
- Eso es. - No tires, me cago en tu padre, que te mato.
- Ven aquí. - ¿Qué le haces a ese perro?
¿Qué le hago yo? Dirá lo que ha hecho él.
- ¡Suéltalo! - Si supiera lo que ha hecho.
- Qué manera de hablar es esa. - Para retorcerle el pescuezo.
Encima no se queje, y dé gracias a que no soy un guardia.
- Porque de lo contrario... - Pero qué dices, ¿es que te has vuelto loco?
¡Ya está bien!, ¿eh?
¡Qué amable, nos ha traído a Matías.
No tenía que molestarse.
Señora, perdone, pero me manda el jefe para decirle que este animal ha robado.
Por favor, pase. ¿Le apetece beber algo?
No gracias. Mire, señora, este animal ha robado.
¿Pero cómo? Un perrito tan mono y tan pequeño además.
No tanto señora, este perrito pasará sus buenos cinco o seis kilos.
Estaría de broma. Genin, trae un vaso de licor de guinda y una magdalena.
De broma no. Ha robado 1 kg de filetes de la bolsa de la señora Progetti,
y el jefe está enfadado porque dice que es una buena cliente.
Y además dice que no es bueno para su negocio que un perro robe en las bolsas de los clientes.
Vamos, no repita de nuevo esa palabra tan fea.
Él no sabía lo que hacía.
A lo mejor es que quería jugar. Usted es joven y debería comprenderlo.
Señora, si nos pusiéramos a comprender a los perros, estaríamos listos.
De todos modos, este perro tendrá dueño.
No se le puede tener como un perro vagabundo.
- Hay que tenerlo alado, así que… -¿Cómo?
Pobre Matías.
Él, que está acostumbrado a la libertad, y va siempre donde quiere. ¿Bromea usted?
- Menuda suerte. - Su vida es feliz, sin obligaciones ni horarios.
Y ahora, de pronto tendría que ponerle una cadena y decirle: Se acabó. De hoy en adelante ya no eres libre.
Porque a la gente no le gusta que sean libres ni los perros. ¿Tendría que decirle eso?
Lo que tenga que decirle, es asunto suyo.
A mi me han ordenado decirle, que si este perro vuelve por allí, se lo cepilla.
- ¿Qué? - Que sí, que se la carga con un cuchillo así de grande.
-¡Por el amor de Dios! - Son cosas del jefe.
Usted que es joven, no se da cuenta de la monstruosidad que está diciendo.
¡Basta! Todos siempre están aliados cuando se trata de quitarle la libertad a alguien.
- También la libertad de un perro es algo importante, ¿sabe? - Claro.
Yo anhelo escuchar
que surge de los deseos en la patria de los derechos,
yo escribe tu nombre y le encomiende mi vida,
Yo escribe tu nombre y le encomiende mi vida.
¿Qué le morté? Libertée, libertad.
La libertad es lo más importante.
Es importante disponer de nuestras vida, no tener cadenas al cuello.
Cuénteselo a su jefe. Explíqueselo bien.
Usted que es joven.
Señora, yo soy un chico de pueblo ¿Cómo voy a explicárselo si no he estudiado?
Si mi jefe me dice que venga, yo vengo. Si me dice que mate a su perro, le malo.
Y además, es mejor que usted le dé las explicaciones, que ha estudiado, yo no…
Debe usted explicarle que todos los individuos y todas las personas tienen sus derechos. ¡Emilio!
Y dale.
¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?
No, nada, Doctor.
Había venido a decirle que su perro ha robado un kilo de filetes de la bolsa de la Sra. Progetti.
- ¿Y te parece este el modo? - Y yo qué sé de qué modo se hace, doctor.
Y ahora la señora quiere que le explique no sé qué al jefe para que me sacude un guantazo.
- ¿Hay suficiente con esto? - Ya lo creo, sí señor.
Gracias. Adiós, señora.
- Elisa, ¿qué ha ocurrido? - Perdone, doctor.
Esta explicación sí que le va a gustar al jefe. A sus pies.
A sus pies otra vez.
Ya se ha pasado todo.
Dime qué te parece. ¿Te parece que está menos frío?
¿Te gustan estos colores verdad? Muy bonitas.
¿Lo has hecho por mí? Perdona.
Deja, yo lo pondré.
- Llegas tarde. ¿Dónde has estado? - He ido a la nueva clínica de Antonelli
a informarle de tu salud.
Qué bueno eres, siempre piensas en todo.
Ya verás como el invierno se acaba enseguida.
Sí.
Un momento…
Ya está.
- La señorita le dirá la hora. - Gracias.
- Mañana a las seis. ¿Le va bien? - Muy bien.
- Adiós señora. - Adiós.
Doctor, está el señor Barzini. ¿Le digo que pase?
Papá, ¿qué haces aquí?
No podía seguir mirando la boca a la gente, así que tiré las herramientas y me fui.
¡Ah, Nicola! ¿Quieres venir? La llevamos a casa, ¿verdad, papá?
- Si no tiene miedo a los dentistas, no ha vuelto. - No, gracias, prefiero irme andando.
Venga, así estaremos otro poco juntas. Ven.
No, tú delante.
Eres la invitada. Te toca a ti.
Pues como le iba diciendo, la Sandri me tiene más que harta.
- ¿Sabes lo que me ha dicho hoy en clase de mates? - Oíd chicas, se me ha ocurrido una idea.
¿Me escucháis?
¿Por qué no nos tomamos el día libre y nos vamos a comer a un sitio que conozco?
- En el mar. - Papá, ¿con este tiempo?
¿Y qué más dará el tiempo? No vamos a bañamos.
Y el mar siempre es bonito.
Yo la verdad no puedo. Mi tía me espera.
Eugenia, convéncela tú.
Sería divertido, pero tenemos que acabar los deberes antes de las seis para ir a ver a Susana.
¡Al cuerno los deberes!
Es mejor dejarlo para otro día, otro día, papá. Anda, vamos a llevar a Nicola a casa.
¡Vaya!, ¡Por una vez que he logrado librarme de esa maldita clínica!
¿Por qué maldita?
- No es tan fea. - Si no has vuelta por miedo.
Papá lo hace muy bien, y con la anestesia no se siente nada.
Espera.
En esa inyección no había anestésico.
Sólo agua destilada.
¿Qué pasa? no hace falta que finjas. Lo comprendo muy bien.
¿Qué es lo que comprendes? ¿Que puedes usar a los demás cuando te parezca?
¿Que eres aún capaz de seducir a alguien?
Ya, el doctor necesita que le hablen de amor para sentirse hombre.
No se trata de eso.
Te decía que no hace falta que finjas.
- Que me he dado perfecta cuenta de todo. - ¿Qué más quieres?
No te basta con hacer el amor, no. La picha del doctor necesita hablar, necesita explicaciones.
Quizá con el acompañamiento de música sentimental.
Es mejor que os deje solos. Juntos podéis daros todas la explicaciones que queráis.
Quieta.
No estés ahí en el suelo, que vas a coger frío.
¿Se puede saber qué haces aún levantada?
Los niños a estas horas deben estar en la cama.
¿Y tú?
¡Ah!, conque soy un niño, ¿eh?
- Y yo. - Levanta que vas a coger frío. Anda a la cama, obedece.
Acuéstate.
Quién sabe las de mujeres que tendrás.
¡Qué voy a tener!
¿Es que no tienes amantes?
Eugenia, ya está bien. ¡Basta!
Sí, no niego que he tenido relaciones.
Además, aunque quisiera ¿de dónde saco el tiempo?
Si yo fuera tú, tendría amantes por todo el mundo.
¿Ah sí?
En África…
en la India… en el Japón y en el Polo Norte.
- Allí hace mucho frío ¿no crees? - No.
Tú ¡rías a ver a tu amante esquimal a su iglú...
y allí lo pasaríais muy bien.
Eso contando con que no derritiéramos la habitación con el…
- con el calor de la pasión. - ¿Ves lo bien que estamos nosotros dos solos?
Si pudiéramos estar siempre solos.
No necesitamos a nadie.
Mañana es mi cumpleaños. ¿Qué me vas a regalar?
No sé, lo que quieras.
Tienes que venir conmigo Así lo elegiremos juntos.
Me voy a la cama, tengo sueño.
¡Qué lata, no sé qué ponerme!
Ni que fueras a salir con el príncipe azul. ¡Qué más da!
¿A qué viene eso?
¿Estás enfadada porque no vamos a salir esta tarde?
- Habíamos quedado ya, ¿no? - Ya conoces a mi padre, nunca tiene tiempo.
Si no aprovecho hoy, adiós regalo.
Bueno, qué se le va a hacer. Saldremos mañana.
- Adiós, Eugenia. - Ven, tengo una idea.
- Hola doctor. - Hola.
Hola, papá.
- ¿Y Nicola? - Estábamos de vigía porque temíamos no verte.
- La he traído para que me ayude a elegir. - ¿Entonces ya sabes lo que quieres?
- ¿Vienes? - Sí.
- Buenos días, ¿me enseña ese juego del escaparate? - Buenos días.
Sí, ahora mismo.
¿Cuál dice, señorita?
- Este. - ¿El del medio?
Entremos.
- Aquí tiene, son unas prendas finísimas. - A ver.
Elásticas. El color es el color de moda, Verde Nilo.
- Sí. - ¿Ve?
- ¿A ti qué te parece? - No está mal.
- Es la última moda, señorita. - El color no me acaba de llenar.
- Es muy llamativo. - Se han vendido muchísimo este año.
¿No tiene otros colores?
Sí, un momento, perdón.
Mira la liga.
Miren, como pueden ver ustedes, el surtido es muy variado, en todos los colores.
Naranja, rosa, amarillo y este otro verde.
Y el liguero, que está otra vez de moda.
- Sí, sí, se vende mucho. - Es muy incómodo.
No es feo, pero no sé, quizás…
- Yo quería algo de seda artificial. - Pues también hay.
- Fíjese qué maravilla. - ¡Negro!
Puesto resulta muy sexy, estoy seguro de que le gustará al señor.
Oiga, la señorita es mi hija. ¡Oh, perdone!
¡Qué papá más joven, enhorabuena!
- ¿No le gustan estos? - Es que no hay nada que me guste.
¿Por casualidad no tendrá un liguero negro de encaje?
Sí claro, precisamente debe estar por aquí.
- Este no. - Aquí está.
- Mire qué preciosidad, señorita. - ¿Cómo es el tuyo?, yo lo quiero igual.
Yo no me lo pongo, me lo compré porque me parecía divertido.
Pero son cosas que sólo le gustan a los viejos.
¡Oh, nada de eso, señorita! Si supiera los que vendemos. Gustan mucho.
- ¿Qué te parece? - Bien.
Pero si te lo tienes que probar, habrá un probador o un sitio donde…
¡Claro! Por favor, señorita.
- Mira que elegir una prenda de estas. - Perdone señor, es una prenda muy fina, de encaje.
- Primera calidad. - No me gusta este, me lo llevo.
- Bueno. nos veremos en casa. - ¿Os vais ya?
No, vamos a tomar algo.
Pero si me has hecho venir corriendo porque tenías una cita a las seis.
Pero lo puedo dejar para otro día. ¡Vamos!
No nada de eso, además tengo que llevara Nicola a casa, tenemos que hacer los deberes.
- Adiós. - Hasta luego.
- Adiós. - Adiós.
Oiga, ¿va a San Pietro este coche?
¿Que si me deja cerca de San Pietro?
Si no se rompe antes…
Esperemos que no.
Permiso.
Estoy muy contenta con este regalo.
No tenía ninguna esperanza, de verdad.
Menos mal que has venido tú, si no mi padre me hubiera comprado otro bolso.
No hace más que regalarme lo mismo hace años.
Se ha convertido en una pesadilla. Hasta sueño que me regala bolsos.
¿Sabes qué quiere decir eso? Piénsalo un momento.
¿Que qué quiere decir? Un bolso es un bolso.
¿Pero qué es un bolso?
- Oye, ¿me estás tomando el pelo? - ¿Qué es lo que se hace con un bolso?
¡Qué sé yo! Se meten cosas dentro.
¿Y una mujer qué es?
¿Una mujer?
¿Pero quiere estarse quieto con las manos?
- ¡Qué dice! ¿Está loca? ¡Pero si no he hecho nada! - Déjalo.
¿Cómo voy a dejarlo? Como le descuides, dentro de poco se te echarán encima por la calle.
No hay nada que ver, se acabó el espectáculo.
Usted no ha visto nada, ¿verdad?
- ¿Y qué va a ver? ¡Qué vergüenza! Que estudien más en lugar de… - Abran la puerta, queremos bajar.
Para un momento. Las señoritas quieren bajarse. No les gusta el ambiente.
- Ya estarás contenta... - Pero bueno, en lugar de darme las gracias.
Que si, pero has exagerado un poco, en el fondo no era más que un pobrecillo.
No hacía falta más que mirarle a la cara a ese viejo atontado para que se estuviera quieto.
¡Eugenia! ¡Eugenia!
¿A dónde vas?
¿Alguien quiere más? ¿Tú?
¡Eh, dame uno!
¿Sabes, Nicola...?
No me había dado cuenta…
de que hubiera pasado tanto tiempo.
Si no fuera por el cumpleaños de Eugenia.
Escucha ese disco, me lo regaló…
Emilio.
Qué bonito es hacer el amor…
¿Sabes? Mi madre no quería que lo escuchara. Decía que no estaba bien.
¿Querías algo, hija?
Voy a enseñarles tus vestidos a mis amigas, ¿no te importa, verdad?
¡Venga, los chicos fuera!
¡Venga, fuera todos!
Por qué no…
Tened cuidado, no los estropeéis, ¿eh?
No, ese es de puntilla,
de puntilla antigua, y se rompe.
¡Qué desorden!
No tenía que haberles dejado.
Es el cumpleaños de Eugenia, ¿comprendes?
Y además son tan guapas, tan jóvenes.
¿Pero qué estás haciendo?
¿No te parece una idea genial?
¿Iba a ser una de las fiestas aburrida de siempre?
¿Y tu madre no te importa nada?
Para ella estas cosas tienen mucho valor.
Son toda su vida.
Pareces Pepito Grillo, el de Pinocho
Que además era un pesado de miedo.
¡Vamos no seas tonta, ven con nosotros!
¿Me ayudas a abrocharme?
¿A ver?
Tienes que pintarte un poco más los labios.
Un poco más, así.
Y ahora un poco de música de la época. ¡Venga, vamos abajo!
No, tengo una idea mejor.
Chicas, mi madre y su piano.
Pero qué dices, cómo voy yo a…
Han pasado tantos años.
Anda mamá, te lo pido como regalo de cumpleaños.
¿No te das cuenta de que no quiere?
¿No podéis dejarla en paz?
Está bien, después de todo es su fiesta de cumpleaños.
¡Anda, nos divertiremos!
- No vaya, señora. - Sí mujer, ¿por qué no?
Pero formalitas ¿eh?
Perdone.
¿Te gusta la soledad?
¿Quieres que le apague la luz?
¡Eugenia!
Ahora voy.
¡Oye!
- Traiga. - Gracias.
Muy amable, déjelo ahí.
Llora.
Vamos.
Me he divertido mucho hoy con esos chicos.
Me alegro.
¿Eh? perdona, ¿qué dices?
No te oigo con el agua.
Al principio parecían… no sé.
Pero luego, no. Resultaron todos muy amables.
¡Ah, Eugenia!
¿Qué es todo este desorden?
Anda, vamos. Ponlo todo en su sitio.
- Oye, papá, lo haré mañana ¿eh? - Eugenia.
He dicho que lo hagas ahora mismo.
¿Qué tiene de malo que las reliquias del museo del tiempo perdido se queden fuera una noche?
Oye, niña, esa forma de tratar a tu madre no me gusta.
¡Ponlo en su sitio! ¡Deprisa!
¡Eugenia, dos minutos fuera!
¿Qué tenías que preguntarme que era tan importante?
¿Diez días de retraso quiere decir que estás embarazada?
¿Qué te pasa?
Es una amiga, no tengas miedo.
¡Eugenia, dime la verdad!
Pero papá… si se tratase de mí, ¿estaría aquí contándotelo?
Sólo quiero tu opinión profesional.
- ¿Quién es? - Una de la clase.
Lo que quería saber es si hay algo para cortarlo enseguida.
¿Puedo saber cómo se llama?
¿Qué más da? Se dice el pecado, no la pecadora.
He leído que en América han inventado una píldora especial...
¡Eso son tonterías!, porque después de diez días, no se puede hacer nada.
O sea, que la única solución es abortar.
Se lo diré.
¡Se me olvidaba! Alas cuatro Nicola pasará por la clínica.
Que pase la primera, si no estará toda la tarde y adiós deberes, ¿vale?
Bien.
¿Norma?, buenas tardes. Por favor, cancele todas las citas que haya para hoy. Gracias.
¡Doctor, espera por favor!
-¡Que se lo han llevado! -¡Qué pasa!
- ¿A qué viene esos gritos? - Se lo han llevado ahora mismo.
- ¿A quién se han llevado? - A Matías.
Ha venido el de la perrera con una cuerda. Yo le he dicho que lo dejara, que era suyo.
Díselo a Eugenia, yo tengo que hacer. - Vamos ¿no lo sabes? Esos matan a los perros.
- Los queman. - ¡Qué va, los matan con una pistola.
- ¡No, los matan con gas! - ¡Qué va!
- ¡Te lo aseguro, yo he estado allí! - ¡No me lo creo!
- Buenas tardes, doctor. - Buenas tardes.
¿Llego tarde?
¿Pero es que no la ha avisado la enfermera? Hoy no recibo.
Pero si llevo mala desde hace diez días, doctor.
- Estoy muy mal, tiene que hacerme algo. - Lo siento, pero ya me iba.
Si es cuestión de un minuto.
- Está sonando el teléfono, tengo que contestar. - ¡Doctor, ya no aguanto más!
- Llame mañana, la enfermera le dará una cita. - ¡Déjeme entrar!
¿Diga?
Eugenia, ¿eres tú?
¿Qué pasa? ¿Y qué puedo hacer yo?
¡Ve a la perrera municipal! ¿Cómo que no te lo quieren dar?
Amor mío tengo mucho que hacer aquí.
Demuestra que el perro es tuyo y ya verás como te lo dan.
Pues claro, sólo tienes que dar una propina y asunto arreglado.
¿Cómo que estás con Nicola? Tenía que venir aquí, teníamos una cita.
Está bien, diré a Norma que cancele todas las citas de hoy.
Iré, esperadme dentro de media hora.
Hace falta el certificado de la vacuna antirrábica y la del moquillo.
No se preocupe, el perro está sanísimo.
- De todas formas, haré que le vuelvan a vacunar y así tendrá los certificados. - Gracias.
Lo hago porque es usted, doctor.
- Vamos. - Menuda suerte tienes, hay quien te quiere.
Eugenia me lo ha dicho todo. ¿Es verdad?
¿Qué es lo que le ha dicho Eugenia?
Que estás embarazada. Si sólo son diez días, hay esperanzas.
Siento desilusionarle doctor, pero de momento por lo que a mi se refiere, Eugenia no va a tener un hermanito.
Bueno… no me dijo que fueras tú, pero…
- yo había pensado que… - Piensas demasiado.
- Nicola. - ¡No hagas eso!
Eugenia nos podría ver. ¡Quita!
¡Mira!
¿Estás cansado?
No, ¿y tú?
- ¿Qué tal te ha ido hoy? - Muy bien.
¿Qué te ocurre?
Nada, sólo que tengo mucha hambre.
Iré a comer algo.
- ¿Y Eugenia? - ¿Eugenia?
Debe estar en su habitación.
Habrá estado estudiando toda la tarde. No la he oído en todo el día.
No, no, ese no, el otro. El del bar del tenis.
En su casa. Si vieras qué casa tiene.
No, fui yo quien le llamó. Claro, como no se decidía.
Pero luego, qué furia chica.
¿Qué quieres que te cuente? Pasó de todo.
No había quien le parara Empezó por el cuello,
luego el pecho,
luego más abajo, rompiendo, destrozándome...
Parecía que me quería arrancar la carne con las uñas.
Con decirte que puta, fulana y zorra eran las palabras más dulces que me decía.
Caramba, una verdadera fuerza de la naturaleza.
¿Y quién es ese afortunado Nembo Kid?
Ha llegado mi padre. Hasta mañana.
- Con quién hablabas? - Con Nicola.
¿Y ella también le cuenta sus historias?
¿Cómo son? ¿Como las tuyas o diferentes?
Creo que son como las mías.
¡Qué actriz tan extraordinaria hubieras sido!
¿Pero qué haces con eso al cuello? ¡Quítatelo!
Vaya, vaya, conque hay algo de verdad, ¿eh?
Al fin has encontrado al chico dispuesto.
¡Para!
Eugenia.
Déjame.
¡Déjame, me haces daño!
¡Tápate inmediatamente!
¡Basta!
¡Basta! ¡Basta ya, no es hora!
Es tarde, tarde, tarde.
- Elisa. - Tarde, tarde, tarde.
Ven.
¡Tienes que dormir, sé buena, tápate!
Tápate, o mañana te dolerá la garganta.
- Elisa, vamos. - No seas impaciente, tenemos todo el tiempo que queramos.
Cierra los ojos.
- ¡Cierra los ojos! ¡Cierra los ojos! - Está bien, déjala en paz. Vámonos.
¿Ves?
Duerme.
Ya voy. Ahora podemos.
¿Por qué me has dado esa bofetada? Nunca te habías portado así.
Me has hecho daño, ¿sabes?
Aún me queda toda la cara.
Toda.
Tómate esto.
Tienes las manos grandes. Todos los hombres tienen las manos grandes.
Para apretarte. Manos de cobarde, de cerdo.
Que te faltan, y te entran dentro.
¡Dentro, y te dejan la señal!
Manos que pueden contener el pecho de una niña,
el de una perra, una fulana.
Yo soy tu niña, tu perra, dispuesta a llevarte a la cama.
¡No, espera!
- ¡Quítate la corbata, quítatelo todo! - Vamos a la cama.
Yo soy para ti tu único gran público.
- Sí, sí. - Acaríciame.
Bésame.
Con tu boca de macho simpático.
Apriétame fuerte entre tus brazos.
¡Sí, sí, apriétame fuerte, muy fuerte, hasta que me ahogues!
Tus manos son como mariposas.
Como el ramo de rosas que te mandan después de un precioso concierto.
¡Te odio!
¿Llores?
- ¡Te odio, te odio! - Si no te estás quieta, te dejaré sola.
Cualquier cosa para que todo se convierta en rosas, gladiolos y jazmines.
Como si no hubieran pasado 18 años y 4 meses.
Como si nos hubiéramos casado hoy.
Ven, quiero darte muchos hijos, todos varones.
Todos guapos, altos, cobardes, asquerosos y puercos como tú.
Para odiarlos como te odio a ti. Porque yo te odio, te odio.
Acaba de traerlas una joven.
Ha preguntado por la señora y ha dicho que saludara a la señorita.
¡Nicola!
Elisa ahora estará bien, en manos de buenos médicos.
En cierta manera todo acabó, y soy libre.
Es absurdo conquistar la propia libertad a costa de otro pero…
Tengo derecho a conocerla.
Lo nuestro, no puede ser un error.
No tengo tiempo para explicaciones.
Ven.
¿Sabes cuántos años hace que vivo en esta casa?
Más de 18.
Y me parece que ahora la veo por primera vez.
¿Tienes idea de lo que es una casa?
Se necesita un gran valor para admitir que todo va muy bien,
que no hace falta preocuparse por nada. Esta es la verdadera revolución.
Porque, ¿tú sabes lo que signiflcaría para un hombre comprender que no hay nada que le preocupe?
- ¿Tengo razón, no? - Estás cansado. Descansa un poco.
Cuando termine de hacer las maletas.
- Tengo prisa. - Hay tiempo. Échale un poco.
Si lo hago por ti, para que no estuvieras aquí.
Es una consideración que te debo.
- Te debo tanto. - No mires el reloj.
Lo importante es que estés tranquilo.
No pienses en mí.
Aún no sé si nos iremos en coche o en tren.
A mí me gusta mucho conducir, ¿sabes? ¿Me das un cigarrillo, por favor?
Aunque en los últimos kilómetros entre algo de sueño.
Qué extraño es esto.
Precisamente en esta cama, no puedo dormir.
Deben ser los errores que me rodean.
Las cosas en esta vida deberían usarse y después destruirlas.
- Los pañuelos se me olvidaban, ¿quieres ponerlos? - Luego, no te preocupes.
- ¿Qué hora es? - ¿Quieres algo de beber?
- Sí, gracias, un whisky. - Vuelvo en seguida. - Un poquito.
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