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Fonseca. Ya tengo el mapa.
Pase, pase.
Cierre la puerta.
Que no lo vea nadie.
No, al mapa.
Tome asiento, tome asiento.
Siéntese bien.
No sabe cuánto es. La acaban de arreglar.
Disculpe.
No sabe cuánto ha esperado este momento.
Pero tengo una pequeña duda.
¿Duda?
¿Cuál es el objetivo?
¿El objetivo?
Ah, aquí lo acaban de traer, sí.
Bueno, pero eso no importa ahorita. Lo importante es verificar si el mapa es el
correcto.
¡Qué listo! Ay, mi torta.
Es que no he almorzado. Sí, claro.
¿Ya leyó el último número?
No, luego me lo presta.
Se lo dejo. Gracias a mi pueblo.
Sí.
¿Ese es?
No sabe cuánto he esperado este momento.
Por fin voy a concluir mi investigación.
Sí es.
Sí es, Elías.
Usted se ha ganado mi confianza.
Y le voy a contar mi gran secreto. El secreto de mi investigación.
No son una tumba. ¿Qué digo una tumba, hombre?
Como un mudo sin lengua. ¿Ve usted estos papeles?
Es el diario de un niño.
¿El diario de un niño? Sí, de un niño.
¿Pero qué relación tiene el diario con el mapa?
La relación del mapa y el niño.
Bueno. No es desconfianza, Elías, pero esto es altamente confidencial.
Muy secreto.
Y para contárselo, tendría yo que pedirle que hiciera el juramento
de la profesión.
Pero, ¿cree usted que realmente sea necesario hacer el juramento?
Indispensable.
Profesor Elías, realmente necesario.
Yo le ayudo.
Un candadito nos vamos a poner.
Y el que se lo quite... Y el que se lo quite... ¿Pero cree que realmente sea
necesario hacerlo?
Bueno, si no quiere decirlo, no le cuento nada.
No, no, no.
Está bien, está bien.
Y el que se lo quite va a perder.
Uno.
Lo que le voy a contar está escrito en este diario. Le escribió un niño.
Y le voy a pedir de todos sus conocimientos para la localización de
la que está en el mapa.
los días, camino a casa, me detuve frente a aquel terreno baldío que tanto
llamaba.
Siempre veía que me producían un temor extraño. Sin embargo, no podía evitar
asomarme.
Ernesto, hasta pasado mañana, al rato voy por la mercancía.
¿Cómo te fue en la escuela?
Muy mal, porque no fui de blanco.
Entre los dos no hacemos una.
Esa noche supe por qué ese lugar me llamó siempre la atención.
Si queremos llevar a cabo nuestros planes en este país que
trabaja... Y al llegar me salí del árbol y escuché algo que jamás pude
olvidar. Y si no... Controlamos su producción para introducir la nuestra.
No podremos alcanzar la meta que nos hemos propuesto.
Nuestro producto es mejor que el de ellos.
Pero los habitantes de Calacán no lo saben.
Nosotros tenemos que dárselos a conocer.
Los agentes especiales, MADS y
MEDS, serán los encargados de destruir este centro de producción
y de infiltrar nuestro producto.
Calabazas de plástico.
Este es el lugar.
Pertenece al territorio de los lagos.
Mi padre vendía dulces típicos en la provincia y su próximo viaje era
precisamente al estado de Michoacán, territorio de los lagos. Era yo un bueno
para nada.
Que yo sepa, en Michoacán hay lagos, pero...
¿Talacán? ¡Sí, papá, Talacán!
Gracias.
¡Bajéale! Aero Calacan informa que el aterrizaje de su vuelo
701 se ha llevado a cabo con ligeros percas.
Muchas gracias por su preferencia.
Aterrizado. ¿Quién es?
¿Vacas y seres verdes en avión?
¡Ay, doctor!
¡Nos van a quitar el título!
No se me prejuicie, no se me prejuicie.
Apenas vamos en la página 3.
Tiene usted toda la razón.
Por cierto, compadre, ¿y su hijo, el chiquito?
Pues, asegúrese que ya tiene dos meses que camina en Penderá.
¡Pues ya de irle lejos, no, compadre!
Una, dos, tres, cuatro, cinco teleras.
¿Cinco teleras? Una, dos chamacas, digo.
¿Dos qué?
Dos chamucos. Ah. Que no hay mujer.
Y tres conchas. Listo. Llamalo, Felipe.
Llámalo. ¿A qué chamaco? ¡Felipe!
Dos migueles. Tres cenitas.
Tres cenitas.
Ocho campechanas. Ocho campechanas. Seis bolillos.
Seis bolillos.
Cinco trenzas. Y seis virotes.
¿Cuántos va a haber?
Y tenga cuidado.
limpiar las vitrinas que hay en los paredillos, ¿eh?
la semilla de donde nació el árbol del que sacaron la madera para hacer el
martillo con el que esculpieron la piedra donde te bautizaron, carbosa.
Jacinta, arpa.
Jacinta, arpa.
Arpa, Jacinta.
Arpa la pata que me estás pitando, hombre.
Ay, Jacinta, vamos al baile, manita, vamos.
Y uno, y dos, y uno, y dos.
Ahora son las casitas, vamos, son las, son las, son las.
Y tú,
Cuauhtémoc, quítame esas cajas cantadoras de aquí que ya no las
Pues verá, traigo trompadas, alegrías, petitorias, higos.
Oiga, disculpe, ¿cuánto falta para llegar a Calacán?
¿Cala qué?
Calacán.
Calacán.
Que suena.
No, no sabría dónde queda este lugar.
Pues sí, don Emilio, quiero unas trompadas.
Pues usted me dice cuántas.
quería venir conmigo por acompañarme.
¿Vas a pintar la panadería?
No, no voy a pintar la panadería.
Lo que voy a pintar es un mural.
¿Cuánto falta para la fiesta de muertos?
Otro día.
Tenemos que terminar las calacas.
buscaban un lugar apropiado para establecerse. Pero a Metz, como a todos
extranjeros, le encantaba tomar el sol del calacán bárbaro.
¿Y
qué
trabajo les costó entender que existía un mundo así?
Está re tieso. Ay, cuquita, si lo acaban de traer de la laguna. A ver, dime ese
que está ahí.
Este, ¿quiere que le pese? Ándale, ándale.
¿Cuál otro?
Este. Eso.
¡Indicado!
El monstruo, su líder, dijo, mientras lo observabas en la noche, los
agentes especiales Max y Max serán los encargados de destruir el
centro de producción de calaveras para poder introducir nuestro producto,
las calabazas de plástico.
Y por eso saliste corriendo, te sorprendieron, te persiguieron por toda
calle y por eso quedaste atrapado en la casa.
No, hombre.
¿Y ya vio cuántos huesos está el salario mismo?
Teor nos va a ir a nosotros.
Y con lo caro que da don Venancio, ya no sabe uno cómo estirar la falange para
que rinda el dinero.
¿Qué es la cosa, doña Cuca?
Que subieron la flor de Cepasúchil, doña Pili, está re cara.
Bueno, como a 300 huesos la recenó.
Yo no sé qué vamos a hacer esta fiesta de muertos.
¿Cómo vamos a adornar nuestras ofrendas?
Ah, no. Pero desde que se les ocurrió la moda del pollo amarillo en la capital,
ya no alcanza el cempasúchil para pintar tanto fregado pollo.
¿Cómo va a ser, Ophelia? El esposo de mi hermana Huesenia vendió toda su cosecha
de cempasúchil de este año a la Bandoki Chicharriquen.
¿A la qué? ¿Dónde, Gloria?
A la Bandoki Chicharriquen. La fábrica esa que pinta los pollos, los empaca y
luego nos los vende.
Diga cosas.
Si estos compran todo el cempasúchil, no van a dejar tu alfanada. ¡Cállese! Dice
la boca.
El año que entra no va a haber zampazuchil ni palabandoqui.
Dice mi cuñado que el cultivo de eso no le dejó ni palmas. Pues, ¿cómo va eso?
Pues eso a nosotros ni nos vale ni nos viene porque nosotros no utilizamos
hexaflón ni para el Día de Muertos.
Además, apúrenle. ¿Qué va a decir mi patrón? Que nada más viene aquí a echar
novio. Jacinta, yo no entiendo para qué diablos te manda tu patrón al pan acá
con cuca. Si en la tienda venden.
¿No será nomás por el chisme?
Yo vi a don Venancio muy platicado.
Pues fíjense que todo el pueblo sabe que el pan aquí es el mejor.
En casa es el que nos gusta. Además, el que lleva Felipe es para vender y
siempre llega frío.
¡Vieja loca!
¡Vieja chismosa!
¡Adiós, cascabelitos!
Pobre Felipe.
Nunca había visto a un ser tardeo y vivo. Era como para desarmarse del
formándose de valor, decidió investigar.
Max y Metz se habían instalado en una vieja casona. De repente, Felipe vio
horroroso. Un rostro humano.
Nada por acá.
¿Por acá?
¡Pácatelas!
Ya estoy viendo visiones.
Daigo borrosa las cuencas.
¡Qué diferencia!
No entiendo por qué te tardaste tanto, Metz. Esto no funciona sin pilas.
Pónselas.
Gracias, paisita. Los de fémur estuvieron muy sabrosos.
Ándale, mi reina, que le vaya bien.
A ver cuándo regresa.
¿Qué va a llevar, compa? Paisareme dos de uña y uno de palanque.
Sabá, ambas de uña y uno de palanque. Pero bien despachaditos, ¿eh? Claro,
siempre despachamos bien, hombre, no se preocupe.
Serviditos, bien servidos.
¡Ora, muchacho, carajo!
No, te amo, muchacho.
Ya está todo listo para los bolillos, Pancho.
¡Qué bueno, Juca! ¡Ya te estabas tardando!
¡Quiero volver a la mujer!
¡Ahora sí! ¡Ya estoy listo! ¡Échamelo para acá!
¡Derechito al bate!
¡Momento, momento, momento!
¡Hola, mujer!
¡Viene, viene!
¡Qué bárbara mujer! Tienes una mano tan pesada. ¡Qué bueno! ¿Para qué te cuento?
Ahora sí, Pancho. Voy a meterlos al horno.
Está bueno, cuca. Vamos a entrarle a las conchas.
Déjate, los preparo, Pancho. Me parece muy bien.
¿Lista, cuca?
Lista.
¿Qué te pasó, Felipe?
Afuera. ¿Afuera?
Afuera.
Lo espero con mis pepitones, ¿no? Ya ve que se venden mucho. Sí, no se preocupe.
Lo espero.
Se los traigo en el próximo viaje.
Vámonos, hijo.
Te dije que Calacán no existe, es más, ni siquiera parece... Pero yo tengo un
mapa en el que sí existe.
Ándale, ya vámonos.
Órale, Ernesto, apúrate.
En eso, mole.
Papá se dio un porrazo con una calabaza de la General Pumpkin Food. Y hasta
entonces me empezó a creer... No te las verás por todas partes.
Pero si Calacán no existe, son puros inventos tuyos. ¿Te lo demuestro?
¿Made in Calacan?
Ay, hasta no, que no.
A ver, déjame ver tu mapa.
Buenas tardes, Emilio. ¿Cómo le va?
Pásale, vamos a ver la mercancía.
Discúlpeme, nos vemos más tarde. ¿Más tarde? Vámonos. Pero apúrese, que ya voy
cerrar.
Escúchame bien, ¿eh? Dímelo.
La General Funky Poo, después de analizar serenamente las condiciones
mejorar la venta de nuestro producto, ha resuelto que es primordial localizar a
la competencia. Bien, dímelo, dímelo. Primero que nada.
No, así no.
Nosotros tenemos que crear una pequeña interferencia en sus planes de
producción.
En Caracal.
Siempre se han utilizado las calaveras de azúcar para el festejo del Día de
Muertos.
Como esta.
No sé cómo pueden comer esto.
Nosotros ofreceremos un producto moderno y mucho mejor.
Pero eso, pero eso en Calacán nadie, nadie lo sabe.
Por eso se los debemos de comunicar.
No, tonto, en Calacar nadie tiene teléfono.
Tenemos que echar mano de todos nuestros recursos y todos nuestros adelantos
científicos para llevar a cabo nuestros planes sin ser vistos ni
oídos por nadie.
Chau.
Sí, ya está prendido. A ver.
Ya ve, chamaco.
Eso le pasa por andar de tentón.
¿Qué pico primero, mamá?
La cebolla junta.
punto muerto? No, mi hijita. Es punto de cruz. ¡Qué puntada!
¡Ya ven, ya ven!
¡Ya ven!
¡A ver!
¡A ver!
¡Conción! ¡Caladera de azúcar! ¡En galactán!
¡En galactán!
Es muy fácil.
Lo harás esta misma noche, ¿eh?
¿Qué se necesita para que haya calaveras de azúcar en Calacán?
¿Me puedo repetir la pregunta?
¡Abtuso! ¿Qué se necesita para que haya calaveras de azúcar en Calacán?
Necesita... ¿Con qué letra empieza?
¡Esdrújulo! ¡Como dijeron los archis! ¡Sugar! ¡Sugar!
¡Eh! ¡Azúcar!
¡Ja, ja, ja!
Tú extraerás toda la que tengan de la panadería, Calacán.
¡Ah, fanerógrafo! ¡No es un juguete!
¡Esto es un detector de azúcar!
Con el extra gasto del azúcar, pero la quiero esta misma noche.
¿Entendido? Dimas.
Pero, ¿cómo funciona?
Solo pones dos baterías y oprimes este botón. En esta pequeña pantalla se te
indicará por dónde tienes que caminar.
Pero recuerda, tienes que poner las pilas primero.
Dimas, las pilas. Go away.
Panadería, panadería, panadería, panadería.
Panadería Calacán, sí, sí, aquí está.
A ver, vamos a ver qué dice.
Para entrar a la panadería Calacán sin ser invitado no se necesita nada en
especial, pues nunca cierran la puerta.
Solo basta con empujar y usted estará adentro.
Recuerde que en Calacán nadie le teme a nadie.
solo a los vivos.
Por cambiar las pilas del detector de azúcar a la lámpara sorda, en vez de
a la sorda junto a la lámpara con el detector, invirtió los polos, norteando
circuitos y los hemisferios con los componentes recóncavos que polarizaban
indicador y... ¡Papas!
Cargó con el costal equivocado.
¡Yo lo tengo! ¡Yo lo tengo! ¡Yo lo tengo!
O tener otra incapacidad.
Todo el tiempo retrasas la producción por tus constantes descuidos.
Voltece para la pared que estoy enojado.
No entiendo.
No logro entender.
Voltece para acá que le estoy hablando.
Confundir potato chips.
Papas. Papas con azúcar. Es inconcebible.
Es inaudito.
Hipotenuso. Pero te me advertí que pusieras primero las baterías.
Yo no conocía las papas.
Nunca había visto que de estas bolas sacaran algo tan rico como las papas.
Tú lo sabes, en casa no hay nada de eso.
Además, el manual no me dijo que iba a encontrar sacos y costales.
¡Tubitos de azúcar!
¡Tubitos de azúcar!
¡Antes no me trajiste sobrecitos!
¡Tenías todos los elementos de la tecnología a tu alcance para no fallar!
así no hiciste!
¡Ay, pero si tienes de luto la inteligencia!
¡Tendrán las ideas a rastras!
¡Para ti no hay máquina ni manual bueno!
¡Ah, pero esta noche, Mets, va a haber trompa de eso!
Pero si estás hueco, tú sos.
Para mañana quiero todo el azúcar de Calacán.
¿Entendiste?
¡Pimborean! ¿Qué me haces confuso?
La búsqueda había sido larga y mi papá, que ya pasaba de los 30, estaba cansado
de manejar e insistía en descansar, por más que trataba de convencerlo de que el
tiempo había.
Papá, papá, ya despierta que tenemos que llegar.
Espérate, Calacar no se va a ir.
Y todo el rato vas a estar vendiendo calabazos de plástico.
Está bien, a ver, déjame ver tu mapa.
Aquí está el lago, pero no dice nada de Calacan.
Debiste haberlo sacado mejor, ni siquiera el nombre del lago sabe.
Además ya me cansé de estar desayunando, comiendo y cenando alegrías todo el
día. ¿Y tú qué no eras?
¿Quieres combinar con las pepitorias?
Ya solo nos queda un lago.
Así que si no es ese, nos vale que nos demos por vencidos.
Ándale, apaga el fuego.
Ahora sí, con este método tendremos un aliado más.
¡Metz! ¡Pushele tecne!
¿Qué fue?
¡Que lo prendas!
¿Y ahora, con este super tratamiento?
Ese pobre ser quedará más verdecito.
Es que es muy poquito,
señor. Poquito, pero hombre, Tiso, lo que te ofrezco está bien.
Anda, déjalos ahí, testarudo.
No seas terco, hombre. Bueno, pero que son de un terco estos.
Que ya llegó el pan. Ya voy, ya voy, hombre, ya voy. Sí, sí, ya voy, ya voy.
Siempre llegando tarde y a la hora de la hora. Que ya llegó el pan, que ya llegó
el pan.
Pero si es que no saco cosas aquí.
Hombre, pero ¿por qué llegáis tan tarde? Ya han venido gentes a llevar pan.
Estábamos preparando las calaveras de azúcar.
Ah, ya les estoy haciendo un lugarcillo ahí en la vitrinilla esa que tenemos
allá. que le hemos sacado brillo.
¿Cuándo las tenéis?
No, entonces solo falta decorarlas. Ah, muy bien. Entonces le pones unos
nombrecillos ahí medio bonitos. Pues ahora verás como la Marielva, como la
Tomasa y la Pilarica, que yo le tengo mucha estimación.
¡Todo el corazón!
¡Caballita!
¡Buenas, Cuca!
Ay, Pancho, hazlo tú si tienes tanta hambre.
Pues, ¿qué hago? Ni papas hay.
Hay que ir a comprar algo.
Ya es muy tarde y tengo mucha hambre.
Ahora ve tú, pues.
¿Quién es la que se cayó por asomarse?
Ahora sí la liberación femenina llegó a Calatán.
Nomás eso me faltaba.
Ahí te encargo el changarro, mujer.
Metz tenía que reparar su error.
Y para sacarse la estaca, regresó a la panadería a llevarse sin ser visto toda
la reserva de azúcar.
A ver.
Vamos a llegar.
Y ahora, papá, hay que darle un grito.
En la tarde también te acompaña Radio Charquito. Ya es la una y media.
Solo esto nos faltaba.
¿Qué pasó?
Se nos ponchó una llanta.
Rápido, papá, hay que cambiarla.
Chamaco, no metas las narices.
Se terminó el azúcar.
Vete otra vez con don Menacho y que te dé más.
Me pidió que le llevara las calacas. Que dice que ya tiene un lugar para
venderlas.
No hay azúcar para terminar las calacas ni para el pan.
Ándale, vete con más.
Sí, papá.
¿Sí, verdad?
Así ríe.
Papá, ya apúrate.
Antes de que se agoten las calabazas plásticas, a la miscelánea la conquista
calacán.
¡Achilleón, esto lleva prisa!
Ya, déjate de cosas y ya vamos. Tenemos que llegar.
Pues ahora le ayudan, amigo.
Déjala ahí, John Azul.
ventas. Y podría colocarlo en esta piscina. Se verían muy bonitas. Y si
logra vender más de 4 .528 con dos pilones, le vamos a dar este bonito
animado. ¿Qué le parece?
Bueno, podría ser buen negocio, claro, si todas son de plástico.
Bueno, y claro, duran más que las calaveras.
Pues mire, me venimos a traer un bonito plan de veracruz para que traigan las
escarabajas. ¿Qué parece?
Doctor Mock, ¿me das un gotón de azúcar, por favor?
Sí, Felipe.
Allá trae uno, chico.
¿Chico?
Bueno, pues te traigo uno grande. Felipe, al reconocer a los brujos, se
encima de los botes.
¡Mis latas!
¡Largo de aquí, rapaz!
Así que, mire, estos tres tamaños... ¡No quiero mi azúcar!
¡Por favor, déjeme mi azúcar! ¡Mi papá lo necesita!
¡Mucha, mucha, niño!
¡Mira, no te han enseñado a respetar tus manchones!
¡Huero, huero, me doy un pedo, te tomo de dos, te levanto de tres, te remato y
de cuatro te llevo al campo, San Francisco!
¡Lo hice mal! ¡Qué grosero!
¡Y se fue sin pagar el azúcar tras el mes!
¡Traser! ¡Sí, Max!
¡Que tengaslo! ¡Se va sin pagar!
¡Ay, no
me toques, Max!
¡Porfe! ¡Trae el vehículo!
¡Sí, Max!
¡Ahora sí!
¡Por esto alcanzaremos al calachito ese!
¿Dónde se escondería?
¿Quién sabe?
Nos puede salir de cualquier lado.
¡Nada por el norte!
¡Nada por el sur!
¡Nada por el este!
¿Y este?
¿Y este quién es?
¡Una cosa verde y peluda!
¡Eres tú, obturzo!
¡De veras me corregieron en un vampiro!
¡Ay, Felipe!
¿De dónde sacas esas cosas?
¡Créanme!
No es bueno decir mentiras. Mejor pongo...
Ahorita vengo, voy al mandado.
que decía puras mentiras.
Sube, Pancho. Órale.
Súbete. Arriba.
Apúrale. Órale. Arriba. Ahí voy, ahí voy.
Órale.
Su producción es más grande que la nuestra.
Ellos apachurran un montón y salen cientos de...
En el último lago mi papá aventó el arpa. Bueno, mejor dicho, aventó la
al pasto y de plano se durmió.
Estaba rendido.
Yo pensé que ya no cumpliría la misión que me había fijado.
Desconsolado y triste, comencé a caminar.
¡No puede ser!
¡Tenemos que hacer algo!
¡Algo tenemos que hacer!
¿Qué podemos hacer?
hermosas calabazas, únicas en el mercado.
Yo no les pido diez huesos, yo no les vengo a estafar, solo les pido un hueso
por estas preciosas calabazas.
¡Piérdanle el balón a un hueso! ¿Y quién quiere una? ¿Y quién quiere dos? ¡Con
calma, señores, que para todos hay una, señora! ¿De qué hay dos?
¿De qué hay tres?
¿Cómo sale, la verdad, doctor?
Todo de llamar al hombre verde, gracias.
Porque es de ellos.
Claro. Superman.
Superman ya no sale desde que Luthor lo encerró en una jaula con kriptonita
verde. ¿En la película novena? Sí.
¡El papá del niño!
¿Ah? ¡El papá del niño!
¿El papá del niño?
Ay, profesor.
No, pero se la pasa siempre dormido, ¿verdad?
Sígame contando qué más pasa, doctor.
Pues ahí tiene.
Ya lo sé. No hace falta que vinieras a decirnos eso.
Lo importante es cómo lo vamos a evitar.
Pues bien fácil.
Échenles a la policía.
Y saquen los abalazos del pueblo.
¿Qué? En Calaca no hay policías, ni armas, ni nada de eso.
Desde hace mucho se ha utilizado el razonamiento.
Felipe tenía un plan muy bueno, pero peligrosísimo, pues podían perder la
muerte.
¡Joder! ¡Joder!
¡Las pinzas! ¡Las pinzas, mujer!
¡Rápido, chavacos!
Vamos a quitar los tornillos y listo.
No veo sombras más.
¡Eh! ¡Hay alguien dentro!
Ya, a la una.
Ya, a las dos.
¡Por favor!
¡No me opresores que me haces el lebro, mujer! ¿Por qué eres tan lento? ¡Ay,
Iván!
¡Tengo una idea! ¡Préstame el reboso!
¿Para qué quieres el reboso a estas horas? ¡Tú préstamelo, mujer!
¡Ahí está!
¡Suéltalo!
¡Agárralo en la punta!
¡Por aquí!
Vámonos, Pancho. Vámonos, Pancho. Vámonos.
Vámonos. Vámonos.
Ya, no pasó nada. No pasó nada. Ya no me digan nada.
Mejor ve a ver si ya salió la rampa.
¡Ya ves!
¡Ya ves!
¡Te lo dije! ¡Te lo dije!
¡Te dije que nos despedirían! ¡La General Funky Hood nos... permite
Nos hemos quedado sin ingresos, sin trabajo, en un país lleno de insensatos.
Insensatos, obtusos, eslúculos.
Un país de insensatos donde no aceptan nuestros productos.
A ver si vendes algo y no comemos hoy calabazate. Ándale.
Muy buenas tardes.
la última vez que los vimos.
Aunque ahora pienso y dudo si alguna vez existieron MADS y MEDS.
Pero si los ves en la ciudad... ¡No compres calabazas de plástico!
Faltan hojas.
Y todavía no puedo confirmar la existencia de Calacán.
Bueno, doctor.
Tal vez no sea muy difícil comprobarlo.
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