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Original subtitles

Vindonata Lore.

Hespir. Unamuno.

Montaigne. Pascal.

Leonardo da Vinci.

Baudelaire. Rilke.

Calderón. Proust.

Goethe. Schopenhauer.

San Agustín.

Filósofos. Poetas, teólogos, científicos que aun cuando ya no existen

nos aguardan en el reino de los muertos.

No, no, no, no, no.

¡Mamá!

Vanille, vanille, vanille, vanille.

Este es el resultado de tantas reuniones.

De tantos banquetes.

De tantos viajes.

De tantas conversaciones a alto nivel.

Criaturas indefensas achicharradas por el napalm.

Madres desesperadas.

¿Acaso importa saber quién tiene razón cuando el hombre llega a estos extremos?

Lo único que se me ocurre es seguir filmando imágenes.

Con la esperanza de que el ser humano se avergüence de su especie.

Si algún día se da cuenta de que no existe fiera capaz de superar su

Pregúntales qué piensan de esta guerra.

Solo eso.

Solo vivir.

Hoy es un día más de tragedia.

¿Qué importan los niños?

Ni las mujeres.

Ni los jóvenes.

Ni nadie.

Que importa nada.

Todo este caos debe ser rentable para alguien.

Porque sin duda, los responsables, los auténticos responsables,

no están aquí.

¿Cuándo vamos a decir basta?

No es hora de decir ¡Basta!

Ellos ya están muertos.

Muertos no.

Asesinados.

Porque esta no es la muerte que viene porque ha de llegar.

Esta es la muerte que el hombre da al hombre con su propia mano.

Y como un muchacho que seguramente dejó a su novia o no conoció al hijo que iba

a nacer, pudo atravesar con una bayoneta el vientre de otro muchacho que

seguramente se encontraba en sus mismas circunstancias.

Los dos debieron huir y decir, basta, basta a los listos mercaderes que

negocian con su carne, porque esos mercaderes se han quedado sin

Aunque nosotros también somos culpables.

Da la sensación de que no sucede nada.

Se pierde el miedo.

Y morir o matar se hace familiar.

Se convierte en una costumbre.

Tal vez sea la única manera de soportarlo.

Sí. Lo vemos a diario y vemos en las pantallas de la televisión.

Toda la desgracia que acontece en el mundo sin pensar en lo amarga que es la

vida para tantas criaturas humanas.

Un cigarrillo.

Estoy mal.

Tranquilo. Vuelves a casa.

Te has ganado unas vacaciones.

No quiero morir.

¿Dónde está ese Superman?

¡Qué sorpresa! Eso digo yo. Contigo no pueden ni las balas, ni los tanques, ni

los aviones, ni los helicópteros, ni las mujeres.

¿Y tu chica?

¿Cuál de ellas?

¿Pero cuántas tienes?

Ven aquí, conquistador.

Lucía, no me extraña que le tengas en un puño.

Estás más guapa cada día.

¿Cómo te va?

Bien. A mí siempre me va bien. Procuro trabajar lo menos posible. Que es lo más

sano que existe.

Y vosotros.

Llegué anteayer y me contaron tu odisea ambiental. Pero estás fenomenal.

Totalmente recuperado.

Completamente. Lo que no me explico es cómo dejaste que te hiriera.

Por estúpido.

¿Quieres un whisky?

Leche. ¿Leche? Sí, sí, sí, leche. ¿No tienes un vasito de leche?

Es que me he hecho astemio. Quiero participar en las próximas olimpiadas.

¿La quieres fiel? Estuve a punto de irme al otro mundo.

Vi la muerte de cerca.

Precisamente quería hablar contigo.

Necesito que me fotografíes la última parte de un reportaje que voy a hacer.

Comienzo preguntando a la gente que camina por las calles. Obreros,

comerciantes, mendigos, intelectuales, gente importante.

A todos ellos voy a hacerles la misma pregunta.

¿Tú qué has andado en los orígenes de la vida?

Pasando por todas las especies, ¿qué opinas de la muerte?

Bueno, pero realmente el tema de la muerte es apasionante y puede ser

bajo muchos aspectos, filosóficos, religiosos. Yo creo que lo que os

mi opinión de naturalista, de divulgador de las ciencias biológicas. Y me

gustaría contar algo que suele ser bastante desconocido, y es que la muerte

existió siempre en nuestro planeta.

Hubo posiblemente varios cientos de millones de años en que los seres vivos

reproducían dividiéndose en dos.

Aquellas células del mar primitivo se dividían en dos células, y estas a su

en otras dos.

Entonces no moría realmente ninguno de los individuos. Pero los avatares de la

evolución inventaron, y permíteme que emplee esta palabra, esos seres más

complejos, que son como repúblicas de células.

Muchas células que engloban y que guardan esas células primitivas,

capaces también de combinarse la del macho y la de la hembra y empezar a

dividirse, a dividirse, hasta formar un nuevo ser. Entonces, no resulta nada

raro que el hombre, a través de sus sentimientos religiosos, haya intuido la

inmortalidad desde el principio de los tiempos.

Porque yo podría y me atrevería a decir que el individuo no es más que un

eslabón, un pequeño eslabón en una larguísima cadena, cuyo origen se pierde

la noche de los tiempos y cuyo fin está todavía por formar. ¿Tú has pensado y

has detenido a pensar profundamente en que tú un día tienes que morir?

Bueno, por oficio, por profesión, vive aventuras.

No hace una semana estaba volando sobre la inmensa selva de Orinoco y se la

violeta. hubiera caído, pues seguramente no hubiera podido salir.

Esto hace que muchas veces me plantee el problema de la muerte.

Pero entonces pienso que las hojas que mueren en otoño nacen otra vez en

primavera. Pienso que de una informe oruga nace una bellísima mariposa.

Pienso que, por ejemplo, esta noche, pasada, exactamente a las 12 menos 5, ha

nacido mi tercera hija. Y entonces me planteo el problema de la muerte y de mi

paso por el mundo como una oportunidad.

Para que nazca una bella mariposa, para que nazca una niña, para que nazca un

mensaje que yo querría dejar.

Tú, Pablo Molinares, que te juegas la vida tan frecuentemente,

Estás parado a pensar que un día tienes que morir, que tienes que dejar de

existir.

Indudablemente que lo he pensado.

Y además es una cosa la cual para mí significa mucho.

A mí no me gustaría morir de muy viejo, por supuesto que no. Me gustaría morir

pues... una edad pues mediana, me gustaría morir.

Pues la plaza con el toro. Lo que yo me deseo en este mundo es que un día,

cuando ya me quede poco tiempo en la plaza, que está toreando, entonces

me gustaría morir.

¿Qué opina Emilio Romero de la muerte?

La muerte es el final atroz de la vida que está agravado por la razón.

Hasta tal punto que las religiones son las que han aliviado el pánico de la

muerte. solamente las dudas religiosas incrementan este pánico.

En España un caso muy expresivo fue el de Miguel de Unamuro.

¿Cree Emilio Romero que el ser humano toma auténtica conciencia del espacio

corto que existe entre la vida y la muerte?

La idea del tiempo no está concreta entre la vida y la muerte en el ser

Sabe que es un periodo extenso que puede ser acortado por enfermedades o

episodios. Pero no tiene la conciencia del final hasta muy tarde. Por lo tanto,

a lo largo de la vida se hace un proyecto de situación que tiene poca

con la muerte.

¿Se ha parado alguna vez Emilio Romero a pensar en que un día tiene que morir?

El periodista es cronista de dos formas de muerte.

La de las personas y la del tiempo. Pero aparte de eso...

Cada ser humano tiene su experiencia personal.

La mía, concretamente, pasó en una situación de estar en capilla

al lugar de ejecución.

En ese momento me familiaricé con el miedo y me parecía un poco como aquellos

personajes con la camisa fuera de Goya, es decir, sin arregancia. Pero en

cualquier caso noté una cosa especialísima, que el corazón...

Hacia la muerte va mucho más despacio.

Tú, Ángel Nieto, que te juegas la vida, ¿qué piensas de la muerte?

Bueno, yo ya que dicen que me juego la vida, es un tema que no me gusta tocar

hablar de la muerte.

¿Has pensado que un día tienes que morir?

Bueno, creo que sí.

A veces he pensado en ello, me entristece mucho, pero el mundo es así.

Tengo que morirme un día u otro, ¿qué le vamos a hacer? Que sea muy tarde.

¿Qué opina José María Pemán de la muerte?

Soy un hombre que tengo una cierta edad, que es lo que suele llamarse a esa edad

incierta, que parece que no la cumple uno, sino que la cumplen los amigos para

darse el gusto de recordárselo a uno. Y como me dijiste que ibas a preguntarme

sobre estos temas tan tremendos...

Me ha permitido incluso hacer unos apuntes porque no quería errar en nada.

A mi edad, ese pensamiento de la muerte es algo inevitablemente constante.

El condicionamiento del tiempo se mete en todo proyecto, en toda esperanza.

Todo se conjuga en verbo condicionado. Yo haría esto, yo escribiría lo otro,

pero tendré tiempo. El hombre es una criatura temporal y yo me preguntaría,

tiene el hombre cuando no tiene tiempo?

¿Cree José María Pemán que la gente toma conciencia del corto espacio de tiempo

que existe entre el nacer y el morir? No creo que haya una conciencia clara de

esto en los hombres actuales y en los hombres de siempre.

¿Ha pensado José María Pemán en su propia muerte?

Naturalmente. He pensado en ella y quizás piense cada día más.

Por eso lo que he hecho sobre la muerte no es llegar a conclusiones, sino

meditar.

Y puesto que me dijiste que ibas a venir a hacerme esta pregunta terrible, te

voy a leer unos versos que hace tiempo, pero lo he repetido constantemente, hice

incluyendo esa meditación.

Si había inmortal no hay, la muerte no existiría, porque apenas si sería

uno ser lo que ahora soy.

Ella que es tanto, no es nada si ella acaba toda vida, pues antes no fue

ni después es recordada.

Si a la nada he de volver, ¿qué es la muerte para mí?

Nada fui mientras viví y al morir dejé de ser.

Ni a la muerte que me espera yo puedo llamarla mía. Si aquel ser que yo tenía

deja de ser cuando muera. Sin vida no existe nada.

Luego el trance de morir, ¿sobre qué puede venir siendo la vida acabada?

Si un otro vivir no es cierto, el vivir es una pena que cabe en el alma ajena.

Más no en mí, que ya soy muerto.

La muerte no existe.

La vida es continua.

Dígame, ¿ha pensado alguna vez en su propia muerte?

Solo hay una pequeña transformación, pero seguimos viviendo eternamente.

No pienso demasiado en la muerte. El momento vivo, que es lo principal.

Vivir y disfrutar de la vida.

¿Por qué hace esas preguntas?

La verdad es que no sé cuál es mi opinión, pero no me gusta la muerte.

No sé, abuela, la gente me contesta.

¿Por qué no me contesta?

Yo no contesto nada, yo no pienso nada, ¡nada!

Yo digo que no pienso nada, ¡fuera, lárguese!

¡Váyanse a freír espárragos, hombre!

¿Y qué quiere que piense de la muerte? Que me tiene que llegar como a todo el

mundo. Lo único que me gustaría es morir de golpe sin sufrir una enfermedad.

Sí, sí, ya lo compré. Es una pregunta bastante desagradable.

Bueno, es mejor no pensar en la muerte.

Lo único que yo creo es que es el enemigo más terrible que tenemos.

¿Y tú? Bueno, vosotros. ¿Habéis pensado que tenéis algún día que... No hemos

pensado, ni lo queremos pensar.

Ambicioso y difícil el reportaje. Se equivoca.

Todo lo contrario.

Fui corresponsal de guerra en Vietnam por dos años.

Antes de eso estuve en Biafra. Una experiencia bastante útil para escribir.

Puede resultar un buen libro.

Da igual.

Pienso que...

El hambre, la miseria y especialmente la paz se han convertido en campañas

publicitarias. Creo que para valorar la vida es necesario pensar en la muerte.

Nadie reflexiona en su inmediato destino.

Por eso creo importante fotografiar una autopsia.

Estoy seguro de que esas imágenes invitan a pensar.

Y es necesario pensar, aunque sea de vez en cuando. ¿No cree?

No, no, muchas gracias, no fumo.

¿Mueve al cáncer?

Oh, no, no.

Simplemente es que no me gusta.

Cuente con mi colaboración.

Hola.

David.

David. David, ¿qué te pasa?

Contéstame.

David.

¿En qué frecuencia está ahora, señorita? Está en 170, doctor. No creo que

pueda... Traiga inmediatamente una ampolla de digoxina, deprisa. Sí,

¿Qué pasa?

¿Qué es? Antes por allá la vertiginación del paciente. Sí, sí.

Yo quisiera darle alguna esperanza, pero no puedo.

Quiere decir que va a morir.

Sí.

Le quedan horas de vida.

Serán casos inauditos.

Enfermos que, después de varios meses en coma, han podido recuperarse. Pero, su

hermano, no podemos hacer más de lo que se ha hecho.

Ya no está en nuestras manos.

La ciencia es limitada.

Sabemos muy poco.

Así que,

Quieto. Tengo un asedo horrible.

No te preocupes que ahora vamos a tomar algo.

Vamos a hacer estas otras dos cosas y pues tengo otro trabajito. Sí, ya me lo

has dicho. Ven aquí.

¿A qué hora has quedado citado con tu jefe? No es mi jefe, es mi amigo.

Areva. Que además de ser un periodista sensacional, es un tío fabuloso,

fenómeno.

Qué suerte.

¿Qué di?

Ay, suerte, sí.

Suerte loca.

Bueno, quieta. ¿Y qué trabajo es ese?

Pues es un trabajito que la... Bueno, prefiero no hablar de él.

Pase.

Siéntese, por favor.

la firma de su hermano.

Esta es su última voluntad.

En este documento cede sus ojos y cualquier otro órgano que pueda ser útil

un trasplante.

Permítame que le manifieste mi admiración hacia él.

Era un gran muchacho.

Precisamente por eso quiero pedirle un favor.

Usted dirá.

Durante la operación observamos que se trataba de un aneurisma poco común.

Merece la pena estudiar el caso.

Desearía practicarle la autopsia.

Sí, ya sé.

Ya sé que es muy duro para la familia.

Me atrevo a pedírsela a usted porque creo que puede comprenderme.

Además, pienso que su hermano lo aprobaría.

Merece la pena ayudar a la ciencia para que otros puedan ser salvados algún día.

¿Se da cuenta de lo que me está pidiendo?

Sí.

No me siento capaz.

Se lo ruego en nombre de otros enfermos.

Piénselo bien.

Además, yo no soy quien para eso.

Esta es su esposa. Ella es la que tiene que decidir. Ayúdame a convencerla.

Si es que usted está convencido de lo que su generosidad puede representar.

Solo de pensarlo me da escalofríos.

No puedo.

No tenemos derecho a ser tan egoístas.

Tú sabes lo que era mi hermano para mí.

Y sin embargo... ¿Pero qué van a resolver con eso?

La autopsia es el mejor medio de conocer las causas de la muerte.

Y yo creo que es importante ayudar a los que todavía están vivos.

Ven con papá.

¿Quieres un caballo?

Todos, todos para mi niña. No molestes a papá.

Pero si no me molesta. ¿Tiene que trabajar?

Vale, a jugar.

¿Por qué no descansas un poco?

Me avisarán de un momento a otro y prefiero llevar todo esto en orden. Será

fácil.

Acerrete al presente. Cada situación, cada momento, tiene un valor infinito

porque representa una eternidad.

Goethe. Nuestro amigo Goethe dice cosas muy interesantes.

Y a mi marido le ha dado por dedicar las horas presentes nada menos que a la

muerte. La perfección moral consiste en vivir cada día como si este fuera el

último. Sin temor, sin engaño. El ánimo sereno. Marco Aurelio.

Pollo a Marco, a Aurelio, a Gett y a todos tus filósofos. ¿Estás segura? En

serio, Juan.

¿Pero por qué te empeñas en hacer ese reportaje?

La gente quiere entretenerse, leer una historia amorosa, el problema de la

droga, cualquier cosa menos eso de una autopsia.

No sientes lo que dices.

El lector pasará rápidamente las páginas de tu reportaje.

Además, no sé cómo puedes llegar a casa después de ver tantas muertes y muertes

por todas partes y seguir con el mismo tema.

Mira, Lucía.

Efectivamente me paso dos años en África, en Vietnam.

Viendo las cosas más espanzas.

Niños quemados por el Napalm.

Ciudades bombardeadas. Hambre.

Desesperación.

Aquello hay que vivirlo, pero de cerca.

Mando reportajes como cientos de periodistas.

Todos. Todos damos la voz de alarma.

Pero nadie quiere escucharnos.

Y es que la gente no vive el problema.

Lo toman de una forma casi deportiva.

Dicen, qué barbaridad.

Es horrible.

Y luego continúan hablando de lo que les interesa a ellos.

Pero yo no puedo.

Después de lo que he visto, debo hacer algo.

Pero distinto.

Escuche.

No me conformo con decir, aquello está muy lejos, a mí no me toca.

Quiero que la gente vea la muerte.

Tal cual es.

Los reportajes filmados se ven como un puro accidente, Lucía.

Créeme, valorando la muerte, se valora la vida.

Dicen que lo peor de todo es el olor. Y yo, si no fuera por el olor.

Tranquilo. ¿Cuánto dura esa función?

Es la primera vez que voy a presenciarla y habla de otra cosa.

La verdad es que tu amigo solo te llama para las cosas malas.

Pobrecito mío, vas a enfermar del corazón.

Sí, él se va a Amsterdam, a París, por ahí, y yo a lo de la autopsia, solo lo

la autopsia. Claro, si no fuera mi amigo, es que soy tonto, David, tonto.

Que te sea leve.

Que sea lo que Dios quiera.

Bueno, hasta luego, ¿eh?

¿Dónde está?

Está aquí.

Chao. Adiós.

Si se marean, sálganse. No traten de aguantar que es mucho peor. Yo no me

A mí lo único es eso del olor. Pero me he traído un frasquito de colonia.

No le servirá de nada. Se habituará a los pocos minutos.

Seguro que si la prueba siempre será más fácil que el resultado de un bombardeo.

Al menos una investigación científica es para vencer el sufrimiento. Bueno, ten

en cuenta que yo no he estado en Vietnam.

Tú sí.

Pero yo no.

Y claro, a mí lo único que me preocupa es el olor.

Los milagros de la naturaleza se ponen de manifiesto ante la disección del

cadáver. Más que la vida alegre, la silenciosa muerte enseña.

Pónganse las batas. Volveré antes de que termines.

Oye, ¿y esa chica? Bien, va bien. Ahora la voy a operar. Les veré más tarde.

No piensen que es un cuerpo humano.

Solo recuerden que estamos investigando las causas de la muerte.

Considérenlo un objeto de estudio.

Les iré explicando la disección anatómica. Verán lo complicado que es

organismo. Yo le admiro, doctor.

¿Ahora qué?

¿Se ha buscado usted un trabajito que tiene mí? Sin un profundo conocimiento

la anatomía patológica, poco podría avanzar la ciencia médica.

La sistemática de la necropsia comienza por una inspección externa. O sea, una

impresión general sobre el tipo constitucional, manchas cadavéricas,

adiposo y rigidez muscular.

También examinamos cabello, dientes, pupilas, esclera conjuntiva, oídos,

mucosas, cuello, posas axilar y subeclavicular.

Cada uno de los que vivimos les haría presenciar lo que estoy presenciando.

Me veo a mí mismo, tumbado en esta mesa.

Es cosa de inquietar la naturaleza, la juventud, la primavera, la salud,

el sol, que emborrachándonos con la vida nos impiden pensar debidamente en la

muerte y despertar.

¿Cuántos al encontrarse moribundos se dirán?

Cuatro días más, ocho días más, un poco de tiempo, señor, que esto viene

impensado.

Es cosa terrible eso de que la muerte llegue impensadamente.

Pues que no es muy mala sombra. Muy mala, ¿eh?

Uy, esa muerte.

Yo solo pienso en el amor. A mí me encanta hacer el amor.

¿A ti no haces eso?

Pero habréis pensado que algún día hay que morir, ¿no?

Tiene gracia, tiene muchísima gracia. Hay chavalillos que gustan menos que un

comido. Están entre el hielo y no se mueren.

Yo, yo, porque si no muero, pues muero y queda otra cosa maricosa.

Ya,

ya, ya.

¿Qué piensa de la muerte?

Circule, circule.

Perdón. Oiga, ¿se ha parado a pensar que algún día tiene que morir?

¿Y quién no?

Cuando no hay algo por lo que vivir, irse al otro barrio es una solución.

¿De la muerte?

Pues que es como esta lotería. Anda, ¿por qué no juegas un numerito? Aquí no

pasa nada. Aquí no se muere nadie.

Si alguna vez se te ofrece ocasión de contemplar un cadáver, pregúntate, ¿qué

hay aquí de menos que en un dormido?

¿Qué género de sueño es este?

Si a un dormido le pinchas o hieres, se agita o se queja.

Al muerto le abren las entrañas, le cortan las carnes, le ponen al

las vísceras y queda inmortal.

Tiene su tiempo y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su hora.

Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar

lo plantado.

Dígeme también acerca del hombre.

Dios quiere hacerles ver y conocer que de sí son como las bestias, porque uno

misma es la suerte de los hijos de los hombres y la suerte de las bestias y la

muerte del humo.

Es la muerte de las otras.

Y no hay más que un hábito para todos.

Y no tiene el hombre ventaja sobre la bestia, pues todo es vanidad.

Unos y otras van al mismo lugar.

Todos han salido del mismo polvo. Y al polvo vuelven todos.

como una bailarina guapa que entre paso y paso le lleva a una huerta.

Este mal hay en todo cuanto existe bajo el sol.

Que sea una misma la suerte de todos y que el corazón de los hijos de los

hombres esté lleno de mal y de enloquecimiento durante su vida.

Y luego, la muerte.

¿Y quién es ese plano?

Mientras Hugo vive, hay esperanza. Que mejor es perro vivo que león muerto.

Pues los vivos saben que han de morir. Nada sabe.

Y la espera recompensa, habiéndose perdido ya a su vida.

Ador, odio, envidia.

Para ellos ya todo se acabó. No toman parte alguna en lo que sucede bajo el

Usted no es condenado a morir siquiera, ¿no?

Bueno,

la verdad es que yo no sé... No piense usted en eso, hombre, que no somos

jóvenes.

Existe.

Pues que como tenga que hincar uno tanto como en esta vida, menuda faena.

para el hombre que se siente satisfecho con sus riquezas para el hombre a quien

todo le sonríe y en todo prospera y quien puede disfrutar de los placeres oh

muerte bueno es tu fallo para el indigente y agotado de fuerzas para el

de años y de cuidados quebrantado el ánimo y sin esperanzas no temas bien y

de los que te seguirán

Póngame con la secretaria del doctor Azcona.

Señorita, avise al doctor Azcona, por favor.

El doctor Azcona no puede acceder. Está en la sala de autopsias.

Pues dígale que su esposa quiere hablarle. Es urgente.

Lo siento, señora. Nos tiene prohibido que le interrumpamos.

Bueno, está bien. Llamaré más tarde.

¡Mariela!

¿Mariela?

Dígame.

Regresaré sobre las nueve.

Ah.

Que sea la última vez que reciba al jardinero en esta casa. Pero señora, así

solamente un amigo.

Además, yo soy una chica formal.

No me interesan sus amistades, pero fuera de aquí.

¿Entendido? Sí, señora. Si llama a alguien, he salido de compras.

¿Qué tal va ese ánimo?

Muy bien, perfecto.

Es fácilmente ahondar en el misterio de la existencia.

Dígame, doctor, ¿cree usted en Dios?

Me gustaría estar convencido de ese más allá.

Es una suerte inmensa tener fe, sobre todo cuando se está en continuo contacto

con esta realidad tan efímera.

Ante esa realidad, doctor, comprendo que sea usted escéptico.

Bueno, ante la vida no, al contrario.

Cuando empecé mi profesión filosofaba a cada instante.

Vida y muerte estaban en mis manos y quería arrancarle su secreto. Me di

de que mi empeño era absurdo. La única cosa que estaba a mi alcance era hacer

trabajo.

Y hacerlo con el mayor interés.

¿Para qué intentar ir más lejos?

¿De qué ha muerto?

Por la rotura de un aneurisma.

Al menos eso es lo que dice el certificado de defunción.

¿Qué es un aneurisma?

Es bastante difícil de explicar en pocas palabras.

Pero si tiene interés en saberlo, cuando abramos el cráneo lo verá con todo

detalle.

En realidad las causas importan poco.

Si las almas sobreviven al cuerpo, ¿cómo puede desde la eternidad contenerlas el

aire? ¿Y cómo puede la tierra contener los cuerpos de los que se inhumaron

después de tantos siglos?

Así como aquí abajo los cuerpos, después de haber subsistido por algún tiempo,

se transforman y se disuelven para hacer lugar a otros cadáveres.

Del mismo modo las almas traspasadas a la región del aire después de haber

permanecido durante algún tiempo se transforman, se disipan y se abrasan en

razón generatriz universal que las recibe de nuevo.

En un abrir y cerrar de ojos no serás más que un poco de ceniza o un esqueleto

un nombre, o tal vez ni un nombre.

Y el nombre mismo es un sonido varo, un eco.

pues de mayor aprecio en la vida es vacío, podredumbre, bruindad, perros que

muerden mutuamente, pícaros que se pelean entre sí, que tan pronto ríen

lloran. En cuanto a la buena fe, al pudor, a la justicia, a la

sinceridad, subieronse al Olimpo desde los espaciosos caminos de la tierra.

Tú también estuviste Viste participando en el gran teatro del mundo.

Tus manos, ahora inmóviles, se articulaban ágiles en el fugaz sueño de

existencia. Ese sueño en el que conviven músicos, artífices, payasos,

banqueros, dictadores, verdugos y poeta.

Es verdad.

Pues reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición por si alguna

vez soñamos.

Y sí haremos, pues estamos en un mundo tan singular que el vivir solo es soñar.

La experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es hasta

Sueña al rey que es rey.

Y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando. Y este aplauso

recibe prestado en el viento escribe y en cenizas lo convierte.

desdicha fuerte y hay quien intenta reinar viendo que ha de despertar en el

sueño de la muerte sueña el rico en sus riquezas que más cuidado le ofrece sueña

el pobre que padece su miseria y su pobreza sueña el que a vivir empieza

el que afana y pretende sueña el que agravia y ofende y en el mundo en

conclusión

Todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.

¡Imbécil! ¡Está ciego!

Esta es su última voluntad.

En este documento pede sus ojos y cualquier otro órgano que pueda ser útil

un trasplante.

Señora Vincent, me alegro verla.

Pase, por favor.

Pase.

Siéntese. Gracias.

Acaban de notificarme el ocurrido.

En estos casos resulta difícil encontrar palabras que sirvan de consuelo.

La acompaño en el sentimiento.

Hay que ser fuerte, señora Vincent.

La vida es así.

De pronto, lo que no tiene remedio, no tiene remedio.

No, no lo tiene. Quisiera pedirle un favor.

Pues si está en mi mano, cuente con él.

Creo que puede ayudarme.

Vuelva a verme dentro de unos días y no se preocupe. La ley es la ley, pero los

amigos somos los amigos.

Una firma tiene mucha importancia. En asuntos financieros hay que estar

al día.

De todas formas, no desespere. Y vuelva a verme cuando esté más tranquila.

Muchas gracias.

No pudiste arreglarlo.

No, hace falta la firma de los dos.

Vaya, qué lástima.

Se lo advertí.

Nunca se sabe lo que puede suceder. Bueno, ya qué más da si no tiene

Pero lo mismo que dejó su documento para los médicos podía haberse acordado de

mí y firmarme una cesión.

¿Por qué no vas a hablar con el director?

Sí he estado hablando con él esta mañana, pero ya se habían enterado de su

muerte y... Lástima de dinero perdido y todo por una maldita firma.

Y el caso es que el pobre lo estaba solucionando todo, ¿verdad?

Cálmate.

Cálmate.

No quiero seguir hablando de esto.

Peor está él, con lo bueno que era. Lo sano y lo bien que estaba y de

Así es la vida. Ahora solo debes pensar.

Cuenta conmigo, Parker.

Te lo agradezco mucho.

Doctor, su esposa le llama por tercera vez. Insiste en que es muy urgente.

Pásame la llamada.

¿Qué hay?

¿Eres tú?

¿Qué ocurre? Por fin hablo contigo. Ha llamado Patrick. Quiere que vayamos a

fiesta que dan esta noche.

¿A qué hora vuelves a casa?

Pero, mujer... Les dije que iríamos.

Hemos rehusado dos veces.

¿Van a creer que no nos caen bien?

En lo que a mí respecta están en lo cierto.

Con una discusión estúpida no vamos a echar a rodar una amistad de años.

Además, a ti te interesa, nos pueden ser útiles.

Les he dicho que iríamos alrededor de las diez. ¿Y tengo que ir yo?

Oye, no querrás que vaya yo sola.

Llegaré a eso de las nueve. Si no, vuelves a interrumpirme con otra de tus

llamadas urgentes.

¿Por qué no escribe un libro que se titule Guerra fría del matrimonio?

Buen título.

Perdón.

No sé qué opinará usted.

Pero a mí me parece bastante complicado.

Sí.

Créeme, amigo mío. El matrimonio es muy complicado.

Bueno, la verdad es que complicado o fácil es la fusión de dos vidas.

Luego no debe existir una sin la otra.

Muy literario, pero nunca he visto un cuerpo que necesite dos cerebros o dos

hígados.

Veo que es usted escéptico, no solo ante la muerte.

Hoy más que nunca pienso que la vida tiene un sentido.

Ese cuerpo me da la medida del alma. Un alma que estuvo ahí, animando esas

vísceras. Tiene que ser así.

Cuando el cuerpo humano es atacado por agentes que superan sus defensas y los

posibles tratamientos, la máquina del organismo se rompe por razones puramente

físicas.

Si encontráramos la medicina perfecta, tal vez el alma de la que me habla

permanecería aquí.

Cuando la ciencia invente el agua, el aire y el sol, tal vez invente esa

medicina perfecta.

Nuestro amigo parece cansado. Dele un cigarrillo.

Además de reanimar, le servirá para contrarrestar el olor.

¿Un cigarrillo? No, gracias.

¿Por qué?

Ya sabes que no fumo.

No sé cómo se puede usted pasar la vida aquí.

Pues es muy sencillo.

Me interesa luchar para conocer las causas de la muerte.

¿Pretende conseguir que nadie muera?

Pretendo aminorar el dolor.

Aunque imagino que a más de uno le gustaría vencer a la muerte.

A mí, desde luego.

Y a mí.

¿Quién era?

Un futbolista.

Cortes la vida de quien alaba y de quien es alabado.

de quien se acuerda de alguien y de quien es recordado.

Además, acontece esto en un rincón del mundo.

Es en verdad increíble cuán insignificante y desprovista de interés

desde fuera y cuán sorda y oscura sentida en los adentros transcurre la

la mayor parte de los hombres.

No es más que un conjunto de tormentos, de aspiraciones impotentes.

La marcha vacilante de un hombre que sueña a través de las cuatro edades de

vida hasta la muerte con un cortejo de ideas triviales.

Usted que creó una ley admitiendo los anticonceptivos para controlar la vida,

¿qué opina de la muerte?

Estimo que la muerte es un fenómeno natural.

La vida nos es transmitida.

Nosotros la transmitimos.

Después desaparecemos.

Es el ciclo natural tal y como se desarrolla desde lo más profundo de la

naturaleza.

Personalmente yo no opino que la muerte sea un misterio, es simplemente otra

etapa en el equilibrio del universo.

Por lo que se refiere a la píldora anticonceptiva, puedo asegurarle que no

hecha para impedir la vida.

Más bien está hecha para permitir que la vida sea transmitida en el momento en

que una pareja decida hacerlo conscientemente.

Que un nacimiento no sea un accidente, sino la consagración y el más bello

resumen de un amor compartido.

La misma verdad del nacer es la verdad del morir.

Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales

conflictos que constituyen la herencia de la carne.

He aquí un término devotamente apetecible.

Morir.

Dormir. Tal vez.

Soñar.

Sí, ahí está el obstáculo.

Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir

aquel sueño de la muerte cuando nos hayamos librado del torbellino de la

He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio.

Porque, ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo?

La injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor

desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las

vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno.

Cuando uno mismo podía procurar su reposo con un simple estilete.

¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida

afanosa si no fuera por el temor de un algo después de la muerte?

Esa ignorada región.

cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno.

Al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cuando morimos.

Tan cortos el vivir.

La gloria y el amor tras que corremos.

Sombras de un sueño son que perseguimos.

Despertaré.

Por esto, en momentos de crisis y peligro, es cuando hay que juzgar a un

Y la adversidad nos da a conocer su carácter.

Pues entonces son sinceras las voces que brotan del fondo de su pecho.

Se arranca la máscara y queda la realidad.

la codicia y la ciega admisión de honores que fuerzan a los míseros

violar las fronteras del derecho y a veces haciéndose cómplices y servidores

crimen a esforzarse día y noche con empeñado trabajo para escalar el poder,

tales llagas de la vida, en no pequeña parte, son alimentadas por el temor a la

muerte.

Pues el desprecio infame Y la marca pobreza.

Se cree comúnmente que son incompatibles con la dulzura y estabilidad de la

vida.

Entre el sí y el no, ¿cuál es la diferencia?

Entre el bien y el mal, ¿cuál es la diferencia?

Sin embargo, es difícil no tener lo que otros temen.

Desconocemos el poder del mal.

Los hombres viven la vida como si disfrutaran de una gran fiesta.

Conserva como meta el vacío absoluto.

Permanece en estado de perfecta paz.

Todas las cosas entran en la existencia y desde allí las vemos regresar.

El cubo de la muerte da valor a la moneda de la vida y hace posible comprar

la vida lo que es verdaderamente precioso.

Sea hermosa la vida como la flor del verano.

Hermosa la muerte.

como la hija de otoño.

La muerte es de la vida igual que el nacer, como el andar está lo mismo en el

alzar el pie que en el volverlo a la tierra.

La bóveda de calcio protectora como una caja de reloj cubriendo con su espesor

de muro minúsculos tesoros, vasos, circulaciones increíbles, pulsos

de la razón, veras del sueño.

Gelatinas del alma, todo el pequeño océano que eres, el penacho profundo del

cerebro, las circunvalaciones arrugadas como una cordillera sumergida y en ellas

la voluntad, el pez del movimiento, la eléctrica corola del estímulo,

las algas del recuerdo.

¿Qué me pasa?

¿Qué me ocurre?

Sí.

Entonces cabe la posibilidad de que en caso de descender fiesta puede sufrir un

tumor semejante a una enfermedad social.

Lo único que podemos averiguar es quiénes y cuándo pueden enfermar o vivir

sanos.

Pero todos ellos estarían en peligro.

Al menos el que ustedes sigan buscando la forma de curar esas enfermedades tan

espantosas. Es un consuelo para el que la sufre, para el que la sufre y para

nosotros.

Pero mientras tanto, es bueno confiar en los milagros.

¡Qué alegría!

¡Soy el dueño del mundo!

¡Estoy vivo!

Era hora de que le largasen de una vez.

Tiene mucha gracia.

Un vegestorio trasnochado al frente de la sección literaria. Claro, así va el

país.

Pero no saben lo mejor. Le han dado el cargo al chaval ese nuevo que... Ese

enchufado que lleva cuatro días.

Mira, reconozco que dibuja muy bien. Pero la pluma en su mano parece una

Yo le he dicho siempre.

Hay que tener un buen padrino. Porque el que tiene un buen padrino, se bautiza.

Pero el que no tiene padrino, ¿saben lo que le pasa? Que ese se queda sin

bautizar. Lo he dicho siempre, hay que tener un buen padrino.

Paula, ¿dónde te habías metido? Dichosos los ojos. ¿Y tu mujer?

¿Pero qué te pasa?

¿Nunca has visto una autopsia?

¿Cómo dices?

¿Qué si nunca has visto una autopsia?

Ya decía yo que no te encontraba como de costumbre.

No, no la has visto.

¡Ja, ja, ja!

De estar de un alegre que das asco.

A ver, nenas mías, ¿quién de vosotras ha visto una autopsia?

Decidme.

Sí, hombre, está liado con aquella chavala francesa. ¿No os acordáis? La

Bueno, pues los niños se los ha quedado su madre.

Imaginaos la papeleta que le ha caído a la pobre vieja.

Me acuerdo cuando salí con ella. ¿Pero te ha salido con ella?

Hombre, claro, y me puse morado. Oye, está como un tren, ¿eh?

Oye, fíjate.

¿Dónde se ha metido?

Y yo qué sé.

Cuando quieras. Se nos ha hecho tardísimo.

No creas que a mí me hace ninguna gracia salir. Pero hay que vivir en sociedad.

Estoy rendida.

He llevado una tarde fatal.

No he parado ni un solo segundo.

Estoy agotada.

Claro, he tenido que hacer unas compras y ya sabes lo que son los almacenes.

Esta noche nos quedamos en casa.

Pero... Esta noche nos quedamos en casa.

Ya es hora de que hablemos un poco tú y yo.

Con la sepultura del muerto debe cesar la tristeza, pues la vida afligida

hace mal.

No te acuerdes ya más de él.

Aléjale de la memoria y piensa en lo porvenir.

No pienses más en él, pues no hay retorno.

Que al muerto no le aprovecha y a ti te daña.

Piensa en su destino, pues el suyo será el tuyo.

El suyo ayer, mañana el tuyo.

Con el descanso del muerto, descanse su memoria y consuélate de su partida.

Pienso que las hojas que mueren en otoño nacen otra vez en primavera.

Pienso que de una informe oruga nace una bella mariposa.

Pienso que esta noche miles de criaturas habrán nacido.

Que el sol continuará fecundando a la tierra. Que el agua seguirá brotando de

los manantiales.

Que soy partícipe de la naturaleza.

Y lo seguiré siendo

Más allá del infinito.

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