All language subtitles for las carinosas

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Original subtitles

un Volkswagen del gobernador. Sí, pero me casé con Nacho y me lo quitó. ¿Le

quitó a Nacho? Ay, qué tonta, me quitó el Volkswagen.

Ay, qué raro.

Pinche metro.

Mira que venir a vuelta de rueda.

Ay, mamacita, enjaúlalo.

¿Qué?

Y como siempre, el agarradero de naranja. ¿A ti también te agarraron las

naranjas? ¿Cómo que si a ti también? Si yo siempre soy la más agasajada de

todas. Hasta me sacaron un billete de cien bolas que caía aquí. ¿Y por qué te

dejaste meter mano, corchonata?

Pues porque yo creí que venía con buenas intenciones.

Y como juntos lo hacemos mejor, pues hay que darle chance de que se agasajen con

este bellísimo cuerrepito lagunero.

Oye, ¿se te olvidó ponerte ropa interior?

No se le olvidó, lo que pasa es que va de entrega inmediata.

No uso calzones porque es más higiénico.

Ay, pero aumentas la contaminación del ambiente.

Chicas, ¿qué pasa?

Tengo el cabaret lleno. Está lleno. ¿Y ustedes todavía no están listas? Es

de la corchulata, don Plutón. Ay, sí, ella, que nos entretiene.

Madre, que las entretengo. ¿Y yo desde cuándo estoy lista?

Mírame bien, Plutón.

Con un cuero como este, hasta te quitas de jotón. Ay, Dios me libre de él.

Ay, corcholate, es que no te aguanto, no te soporto. Mira, te tengo sentada en

la mera punta del caracol del ombligo. Ay, yo no sé cómo la aguanta. Así.

Ay, la aguanto, la sufro y la soporto, nada más porque es íntima de la patrona.

Pues aunque te apene, te acongoje y sufras, ella y yo somos

como la uña y la mugre porque anduvimos juntas en el talón, Plutón.

Sí, no te soporto. Mira, es mejor que te largues. No te aguanto. Fuera de aquí,

fuera. Fuera, fuera.

Si les encantaría ver a Roberto.

¡Vámonos!

¡Lárgate! Ya me voy a las afueras con el alma atormentada. Me corren ocho

ficheras y un hijo de la chingada.

¡Ay, ese soy yo! Me dijo que me...

Oh, mi cosita linda, preciosa.

Tan lindo, mi gordo.

Habla, tu Lawrence.

Sí, tu loquito.

Tu mago, tu brujo. Tu Lawrence de Arabia.

Sí, el ombligo del mundo, ese mismo habla. ¿Cómo estás?

¿Voy para allá?

¿Qué me vas a cocinar?

Sopa de murciélagos con tlaconetes, envinada y con...

También te tengo unas lagartijas adobadas que están como para chuparse

dígitos. Ay, lo que a mí me gusta.

Ah, también hay de postre.

Sí,

mi vida, te espero.

Ándale, ya se salvó la noche. ¿Por qué?

¿Por qué? Ya vino otra vez el magnate de la chatarra. Voy con mi hacha.

A la pasión del señor, don Apolinar Cuevas nos honra con su visita. ¿Cómo

Allá, campanita, allá, allá. Una mesa, por favor. Oh, cómo no, Capitán Garfio.

Pase por aquí, por favor, pase, pase.

Pase por aquí.

Chicas, cuida, cuida, cuida.

Con permiso, con permisito.

¿Deseaban algo, los señores? Una mesa.

Una mesa.

Aquella es de su tamaño. Síganme, por favor.

Las quiero rubias.

Rubiadas. Pero auténticas.

Rubias de arriba y rubias de abajo. Eso, ándale. Te las traigo.

¿Tú qué quieres?

Poca. Poca.

Yo también.

También. Una botella de vodka y agua quina.

Muy bien. Quiero empezar la variedad. Dentro de diez minutos.

Ahorita les mando el servicio.

Vas a ver qué belleza. Te cuelgo de mujer.

Pero es una rareza, mano.

Algo que no vas a creer.

Yo, fíjate, yo que no he dejado a una sola irse viva al corral.

No llegué con ella ni a primera base.

Y mira que ya picado le ofrecí.

Bueno, ¿qué no le ofrecí?

Joyas, minks, un coche sport y nada.

Yo empecé mandándole flores.

Guardarle el penthouse de mis condominios.

Y nada.

Yo que el año pasado en Italia.

Nomás pregúntale al güero de la reguera.

Misión cumplida.

Buenas noches.

Mamacita.

Bueno, estas dos rubias son para mí.

¿Y tú, Gaspar?

No, no, no. Yo quiero recordarle que nunca mezclo el placer con el deber. Y

ahorita mi deber es atender el placer de usted, señor.

Oye.

¿Es que no te gustan las mujeres?

Sí, lo que pasa... No, estoy sospechando que tú eres gordo.

¿Qué pasa, Jorge? ¡Eres gordo!

¡Dite la papea!

¿Por qué es eso?

Le suplico, no dude usted de mi virilidad, señor.

Sobre todo delante de las féminas.

¡Cero! ¡Champán para mis güeras!

quimera quimera soy quimera

un sueño como

el amor quimera

soy

Amén.

se pusieron a cantar eran voces de otro

mundo ilusiones para dar

rienda suelta

La quimera está donde quiera, la quimera es

la primera, la quimera va con quien quiera,

la quimera es primavera, la quimera es

una cualquiera, la quimera...

¿Quién eres tú?

¿Quién eres tú,

Señor?

¿Quién eres tú,

Señor?

que una bebé como ella es tan difícil.

Entrale.

Apúntate.

Digo que yo sufrí mi primer fracaso aquí.

Digo que el año pasado en Italia.

Ay, no mames, mano. Sí.

Pregúntale al güero de la reguera.

Pregúntale. Y que también te acostaste con Claudio Cardinale, ¿no?

No exactamente, pero por ahí va. Sí, sí. Por ahí va.

Salud, ¿eh?

Oigan, les digo una cosa.

No soy jota.

Lo que pasa es que mi patrón es el diablo.

¿Por qué? Porque tiene la cola roja.

No es usted necio.

Ya le hice la lucha ante noche y no quiso.

Confórmese con las güeras. Están muy guapas, señor.

¿Más guapas?

Me conforme.

Aquí tienes mil varos.

Y dos mil más.

Si me traes a Lina Lamont a tomar una botella de champán esta vez.

Difícilísimo. Ay, es que Lina es terrible.

De verdad, lo voy a intentar por...

Oiga, ¿pero a qué presión lo inflan?

Bueno, lo voy a intentar por tratarse de usted.

Lina, se dice que usted odia a los hombres. ¿Qué hay de cierto?

No, Carlitos, por favor. No los odio, simplemente no me ocupo, no me interesa.

Bueno, tendrá unos motivos poderosos, ¿no?

Poderosísimos. Me han tranzado toda la vida, me han engañado, me han

desilusionado muchísimo.

Y no es fácil este ocuparse de gente que te hace daño siempre.

El hombre tiene una educación muy arbitraria, Carlitos.

¿Sí? Sí, todo para sí de la del embudo.

Se ha inventado él y en su historia, ¿verdad? Que es polígamo y que está

permitido. La mujer no, la mujer es nonígama.

Nada de nada.

Entonces, esto pues no es posible. No compagina con mis ideas.

El hombre es el animal más infiel de la creación.

Y yo no soporto la gente infiel. Es parte falsedad.

En concreto, ¿qué es lo que te interesa, pues?

¿Cuál? Mi trabajo, por ejemplo.

Y eso sí es importante, Carrillo, porque mi trabajo sí me despide. No me

abandona mientras yo no lo abandone, ¿ves?

Eso sí importa.

¿Y con todos los hombres te ha pasado lo mismo?

Mira, tuve un primer marido maravilloso.

Un hombre que... Guapo, ¿eh?

Precioso, con una carrera brillante.

Sí. Me trató de maravilla. Bueno, me apantalló tanto que me casé con él.

La noche de bodas me robó un vestido y se fue a un cabaret.

¿Homosexual? Oye, qué barbaridad.

Pero ese no fue el último marido.

Por cierto, que tu último marido. Qué pena, ¿no?

Morir en un accidente de tránsito tan tonto.

Ese fue el hombre que más me quiso, probablemente.

Y el que más fiel me ha sido.

Murió acompañado de una bailarina. Y de cuarta, la pendeja, ¿eh? Ni siquiera

hubiera sido, no sé, la Alonso Cubana.

Y de eso no quiero hablar. Ya viste, ya me pusiste de mal humor.

Hombre, lo siento.

Ya sabes, invitación de la casa.

¿De veras? Sí, sí, tú mándate al cabo, que de todas maneras me trazo al dueño.

Ay, está bueno, gracias.

Te da buena hasta el gorro.

Mucha suerte. No te preocupes, yo no pago las cuentas, mi amor.

Ándale, ándale.

Ay, Carlillos, usted por aquí.

Hola, Plutón.

¿Cómo dijo?

No, a carajo, ahí más.

Pronuncie bien, hasta luego, que le vaya bien. Bye. Ay, el quinto poder.

Me acaban de dar mil pesos por venirte a hacer la lucha para que vayas a la mesa

17. No.

Bueno, pero yo como soy un joto honrado me vengo a ganar la lana a ley.

Espero tener la esperanza de que por lo menos no te pongas histérica y empieces

a aventar cosas.

No.

Bueno, pero es que esta vez se trata de un bruto soñado.

Un hombre de mundo.

Pero no de este mundo.

No. Ay, por favor. ¿Por qué no confías en mi buen gusto?

De perdida échale un vistazo. Que no.

No, no, no y no.

Se lo dijimos, ¿eh? Lo que pasa es que debe tener un amante o un marido celoso.

No, no, no. Ni marido ni amante.

Lo que pasa... Gracias.

Lo que pasa es que ella dice que los hombres nada más la quieren para una

cosa. ¿Qué cosa? Pa.

No sé a qué cosa se refiere.

Bueno, la verdad, la verdad es que la verdadera razón del porqué de su

abstinencia, yo lo sé.

Se lo dijo un periodista cuando estaban hablando en su camerino. Yo lo oí sin

querer porque estaba... ¿Cómo divierto al güerito, verdad?

Es sordo.

Sí, más vale sordo que mal acompañado, joven.

Qué barba. Bueno, pues ya le digo, lo oí sin querer. Le estaban preguntando

cosas. Ay, si quieren les repito la entrevista, ¿eh? Ay, porque yo tengo una

memoria de grabadora.

Tiempo terminado.

Para continuar, deposite sin colgar otra moneda.

Pues entonces Cabrillos, el de las barbitas de chivo, le dijo... ¿De verdad

usted a los hombres?

¿Y ella qué? ¿Creen que le contestó? ¿Qué?

Perdón, señor, señor.

Señor, perdón. Es que es hora de que me vaya a supervisar la entrega de la

chatarra. ¿Chatarra? Sí.

¿Los 20 tractores que desembargaron a los candidatarios? No, esos todavía

en trámite.

Me refiero a los 15 automóviles que le decomisaron a los turistas.

Pues vete. Gracias, señor. Gracias. Chao.

¡Qué miedo!

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Y yo dos mil pesos me he

Permítame.

Bueno. Bueno.

Mi vida, ¿por qué te tardaste tanto?

Ay, vidita. Es que estaba toda hecha una facha y tuve que arreglarme un poquito

antes de contestar el teléfono.

¿Dónde estás?

Estoy aquí en los cariños todavía.

Sí, sí, con tu marido.

Lo dejé con dos rubias buenísimas.

No, ¿qué pasó? Tú estás más buena. Claro.

Sí, fácil, para una hora.

No, hombre.

Toda la noche tiene él. En una hora, te digo, estoy contigo.

Voy para allá.

Chao, amor.

No quiero parecer sangrón.

Pero yo les apuesto el contrato de las obras de Cancún.

Que antes de 15 días yo me acuesto con Lina Lamont. ¿Qué hubo?

Ese contrato significa millones.

Ya lo sé.

¿Va?

Hecho.

¿Hecho? Supuestamente.

¿Y ahora qué tienes, amorcito?

Ay, mi miedo de que mi marido venga de pronto.

Pero si ya te dije que hoy, como anoche, como antenoche, como antes de

antenoche, lo dejé en las cariñosas con dos muchachas preciosas. Lo van a

entretener hasta el amanecer. Vas a ver, vas a ver.

Bueno.

Dile que estabas dormida.

Estoy dormida.

Estoy hablando porque me desperté.

Que estás con unos licenciados y con Gaspar. Ay, no puede ser. Si Gaspar está

aquí con... Estoy en un cabaret con unas viejas. Digo que no puede ser porque

Gaspar está en un cabaret con unas muchachas. Ahí va todas las noches.

¿Que quién me lo dijo?

Me lo dijo un pajarito.

¿Que a Gaspar no le gustan las mujeres?

¿Qué es, Joto?

Sí, ahorita me voy a ir a dormir.

Adiosito.

Cosas, cosas, cosas.

¿Qué tienes?

Hay algo más que me preocupa. ¿Qué te preocupa?

Que no me he enfermado este mes.

¿No? No.

Y eso significa que puedo estar embarazada.

¿Sí? Sí.

Y si lo estoy, es tuya la culpa.

¿Yo? Sí.

Es que apolinar no me toca desde que lo empezaste a llevar al cabaret.

Y de eso hace ya tres meses.

Está bien, era mi plan.

Que no te toque ninguna de esas noches.

Que se vaya y se gaste su parque en otros pájaros.

Porque no voy a permitir que me engañes con tu marido.

Ay, no me cambies de conversación.

Estábamos hablando de que estoy embarazada.

Ah, ya sé lo que podemos hacer.

Mañana te vas a ver al doctor Aquilino Cisneros.

Es un virtuoso del aborto. Es un mago, un genio.

Nada por aquí, nada por allá, y no aparece ni el papá.

¿Y tú cómo lo sabes?

Mi mamá es su cliente.

Mi vida, te estás quemando, el velludo es tu marido.

Mi mujer es una santa.

No sospecha nada.

Hoy llegué a las seis de la mañana de la casa.

¿A las seis?

A las seis. Y la encontré dormida, como una virgencita satisfecha de sus buenas

obras.

Bueno. Vente rápido al café de siempre.

No, no puede.

¿Quién es?

¿Es una vieja? No, no.

¿Está buena?

Sí. No, no. Es un señor.

Es el señor subsecretario. Sí, sí. Voy para allá inmediatamente, señor

subsecretario. Voy.

Estoy embarazada.

¿Y el aborto?

Imposible. ¿Por qué no se puede?

Porque tengo RH positivo.

No me digas.

Ay, qué mala suerte, RH positivo.

¿Qué es eso? No sé, es algo que tengo. Y dicen que si me hago el aborto me

desangro y me muero.

¿Quién dijo eso?

El genio, el virtuoso, el doctor Cisnero que tú me recomendaste.

¿Y estará seguro el pendejo ese?

Sí. Fíjate que me hicieron exámenes con análisis y conejos y todo.

Y llegaron a la conclusión que si me hago el aborto, me muero.

Sí, si no te haces el aborto, él te mata.

Sí, y a ti también.

Claro que yo voy a morir de un balazo en el corazón, pero tú vas a morir

estacado. ¿Qué es eso de estacado?

Agarran una estaca así de grandota, le sacan punta y luego...

Entre dos hombres te agarran, te sientan y te empujan.

Hasta los ojitos me lloraron, Carola.

Bueno, pero yo creo que el aborto siempre tiene una esperanza.

No hay esperanza, idiota.

Lo que pasa... Lo que pasa es que tú quieres que yo me muera sola.

Pero no, no me voy a morir sola.

Te vas a morir conmigo.

Sí.

Vamos a morir por nuestro amor.

Como... Como Ramiro. Como Ramiro y Jalapa.

¿Ramiro y Jalapa?

Pero mi Julieta, hombre.

Lo que hay que hacer es provocar que tu marido te haga el amor.

Eso es nuestra salvación.

Sí, pero lo vas a tener que convencer tú porque a mí no me hace caso. Ah, ¿yo?

¿Todo yo?

Está bien.

Hablaré con tu marido.

Pero lo tienes que hacer pronto.

Porque si no, se va a dar cuenta de mi estado.

Seguramente se te olvidó lo que tenemos invertido en estudios y proyectos para

conseguir los contratos que tenemos en Cancún.

Más de 650 mil pesos, Cris. Más de 650 mil pesos. Que ahora vamos a perder por

tus apuestitas de don Juan Tenorio.

Ellos han invertido más. Pero van a ganar. ¿Qué no lo entiendes, hombre?

Mira, mira, Cris. Cierto que tú tienes personalidad. Que te la sabes de todas

todas con las chamacas.

Tampoco me la sé de todas estas con las chamacas, ¿eh?

Bueno, mira, lo que quiero decirte es lo siguiente.

A una mujer como Lina Lamont, tan viviera, con tanta experiencia, no la va

engañar un tipo como tú. No la va a engañar, entiéndelo, por favor, hombre.

Estoy de acuerdo.

Pero yo tengo un plan que no puede fallar.

Digo, Richie, siempre andas hasta la madre. Esto te sucede por... Sí, sí,

idiota. Pero, ¿cómo no? Si siempre andas hasta el gorro.

Oye, pero si hoy no me he metido nada.

Y, además, ya se me atravesó y ni lo pude librar. Pues, ¿qué quieres que

Siempre yo, siempre yo.

Hay que hablarle a la Cruz Roja. No, no.

Mejor vamos a llevarlo a la casa, ¿quieres? Sí.

¿Qué tendrá?

Sangre no se le ve.

Debe tener golpes internos que son los más peligrosos.

Vamos a tener que llamar a un médico. Es mi agenda.

No, mira ya para qué ella volvió en sí.

Mis labas.

Aquí están.

Señorita Lina.

¿Usted me conoce?

¿Quién no la conoce?

¿La ha visto en la tele?

En el teatro y en el cine.

Y aparte tengo un póster bien grandote enfrente de mi cama.

¿Y mis Biblias?

¿Dónde están mis Biblias?

¿Sabe? Yo vendo Biblias. Se quedaron en la calle, amigo.

¿Cómo que en la calle? No, vamos por... No, hombre, ahorita ya la gente las

levantó.

Mire, qué pena tengo, ¿eh?

Aparte del golpazo, pues lo de sus Biblias.

Pero yo se las voy a pagar, no se preocupe.

Ay, Richie, en qué líos me metes. No,

señorita.

No se moleste. Por favor, no se moleste. Lo único que quiero es... es que me dé

una foto para mi mamá y la suya.

Una foto para mi mamá autografiada y otra para mí autografiada.

¿Una foto?

No más.

¿Cómo se llama usted?

Benjamín Bejarano.

Mucho gusto.

Pues mire, señor Bejarano, cuente usted con esa foto. Y no solo eso, sino que si

mañana tiene tiempo entre una y dos de la tarde y puede pasar por mí, yo misma

le llevaré esa foto a su santa madre, ¿qué le parece?

¿Cómo? Digo, le llevaré la foto a su mamacita.

Bueno.

¿Eh? Bueno.

Bueno, pues, Richie, por favor, lleva al señor a donde él te indique.

Encantada, señor Bejarán.

Mañana pasaré por usted.

Este ha sido el día más feliz de mi vida.

¿Pero cómo me iba yo a imaginar que una vedette como Lina iba a salir con la

cursilería de que quiere llevarle una foto personalmente a mi mamá?

El problema es que tú no tienes madre.

¿Qué me dijiste?

Que se murió tu mamá, ¿no?

¿Sabes cuál es mi único problema?

¿Cuál? Que tengo que conseguir una actriz que tenga la edad adecuada para

haga de mi mamá.

El sueño de mi juventud fue siempre llegar a ser triple y cantar en escena

dúo de los paraguas.

Mi padre, que en gloria esté, dijo que preferiría verme muerta que Vedette.

Mamá, Lina es Vedette.

Déjala. Su padre tenía razón, señora.

Y es que la vida de Vedette es muy dura, muy triste.

Sufren mucho.

Pues no veo que sufran, porque siempre que la retrapan, salen riéndose. Pues

señora, pero es una sonrisa de oficio.

Es parte del show.

La realidad es otra y muy distinta.

Digo, uno pasa por todo, ¿verdad?, para llegar a donde está.

Y cuando uno llega, pues empieza a estar a la defensiva. O sea que no es mucha

diversión tampoco.

Hay que estar a la defensiva sobre todo de los hombres que la siguen a uno como

perros.

Bueno, y hay todos tipos, ¿eh? Hay cada farsante que se acerca a uno.

Son capaces de inventar lo que sea con tal de lograr sus propósitos. Las peores

farsas, usted no se imagina. Pero yo ya me sé todos los trucos, señora.

A mí ya no me engañan.

¿Quieres más chocolate?

Sí, está bien.

¡Ay, señorita Lina!

¡Ay, Lina!

¡Qué barbaridad! No es nada, no tiene importancia. Además, háblame de tú.

¿De verdad, señora Refugio, que ya debemos tutearnos?

Seguro, hijo, seguro.

¡Mamá! ¿Qué?

Nos dijiste hijos.

¿Y eso qué tiene? No tiene ninguna importancia.

Bueno, pues son ustedes unas personas preciosas.

Pero fíjese, señora, que yo me tengo que ir. Me está esperando la modista. ¡Qué

bárbaro! No me haga eso.

Ya está limpia el vestido. Me está esperando la modista, señora.

Mire, aquí están las fotos que le prometí, señora.

Gracias.

Y le puse la mano en el seno.

¡Qué seno!

¡Qué redondez! ¡Qué contuberancia! ¡Qué pezón!

¡Qué cabrón!

Oye, tú nunca te activas de nada, ¿verdad? Es que me quedan cinco días

llevarme a la cama.

Bueno, ya me tengo que ir.

¿A dónde vas?

A ver los cisnes al lago, maestro.

¿A qué?

¡Los cisnes!

¡Los cisnes!

Para esta noche quiero dos pelirrojas.

No, esta noche no se puede, señor. ¿Por qué?

Tenemos cita con el señor subsecretario para el asunto de los tractores.

¿Recuerda? ¿Pero que no lo viste ayer en la mañana? No.

¿Sí? No me recibió. Me citó para ella una noche. Ajá.

Bueno, tú irás a ver al subsecretario porque yo no me pierdo mis pelirrojas.

señor. A propósito, Gasparcito, ¿me he dado cuenta?

Que siempre que vamos a las cariñosas sales huyendo cuando llegan las mujeres.

¿Por qué?

¿Que no te gustan las muchachas?

Sigo sospechando que eres joto. ¿Qué pasó, señor?

Caray, Gaspar.

Hemos tenido rubias, morenas, hasta negras. Y tú no le entras a ninguna.

Eres joto.

Eres joto.

Que no soy, señor.

Demuéstramelo. Yendo esta noche con las pelirrojas.

De acuerdo, como usted diga.

Pero si su mujer se entera... Mi mujer es una santa.

Además, ella no sospecha nada.

Sí, tiene usted razón, es una santa.

Además, usted la tiene muy abandonada, ¿verdad? La verdad.

Yo creo que ya es justo que tenga usted un heredero, un descendiente. Usted lo

necesita.

Dedíquele una noche a su mujer.

Esta, por ejemplo.

Su mujer es muy guapa, ¿verdad?

¿Verdad que sí? Sí, sí, sí. Una señora muy atractiva.

Está muy buena.

¿Eh?

Está muy buena la idea de que tengan un hijo.

Muy bien. Nada más que eso es mi vida privada.

Ahora lo que debes hacer es hablar con Plutón para que me tenga lista las

pelirrojas.

Habla.

Recuerdo que hablé de la calle, de un teléfono público. ¿Para qué?

Pues estamos en su casa.

¿Qué tal si su señora lo oye por la extensión?

Sí, y como te puedes dar cuenta, Plutón, pues para mí es un asunto debido a

muerte.

Sí.

Y ahorita que mi patrón me dijo, habla con Plutón, se me ocurrió contártelo

para que me ayudes.

Pues no sé, algo.

Pues ustedes, los puñalones, son más rápidos. ¿Qué es que sería bueno?

No, no, pero no, pero no, sin decirme, papacito. ¿Qué?

¡Muy bien!

¡Eso! Hoy en la noche lo ponemos en práctica con las peligrojas.

¡Eso!

¡Hasta luego, guapa!

Bueno, ¿cómo está, licenciado? ¿Qué se te ofrece? A ver, dime.

¿Aquí es a donde están las cariñosas?

Exactamente, aquí es.

Qué bueno, porque entonces me la voy a pasar.

Sí.

Sí, da día más.

Sí, qué bien, ¿eh? Ven, con permiso. Ándale, sí, pero... ¿Y qué dijiste? Ya

entré. Ven acá.

¿Me la vas a pasar? ¿Qué dijiste o qué?

Órale, condenado. Aquí no puede entrar cualquiera. No, no, yo voy a entrar.

Voy a entrar para adentro. ¿A qué vas a entrar?

Ahora te voy a hacer una pequeñita aclaración. ¿Qué?

Allá en tu pueblo vas a ver a las cariñosas que son de patita rajada.

Sin poco dinero.

Aquí es muy caro. ¿Traes con qué?

Ay, condena. Traigo a Zapata. Vete bailando encuerado allá afuera.

A ver, a ver, a ver. Mira, quiero ver. Aquí en el cinturón ese, en la víbora.

Traigo muchos centenarios. A verlos.

No, estos no te los puedo enseñar. ¿Por qué? Porque no quiero.

Acá sí traigo billetes que eres bebido. A ver, a ver.

Muchos, ¿eh? A ver.

Ay, cabrón, cuánta lana.

¿Qué se me hace que es de la liga este güey?

¿Tú crees que me alcance?

Híjole, pues yo creo que con eso te alcanza hasta para tres.

Bueno, ¿ya somos amigos?

Bueno. ¿Podemos hablar en confianza?

¿En serio, en serio? En serio, en serio.

Dime una cosa, ¿qué, asaltaste algún banco?

¿Cómo asaltaste un banco? Que me viste cara de ratero, que soy pobre,

pero honrado.

Perdóname, perdóname. Es que quería yo saber de dónde había sacado el dinero.

El dinero es que, mira, te voy a explicar que no debo dar tu explicación.

Yo era comunero en las hadas en Manzanillo. Ah. Entonces me compraron mi

parcela, me dieron dinero.

No, hombre, si hasta me dieron una permuta.

¿Aquí no hay permutas? ¿Cómo no? Nomás mira, mira, mira.

¡Permutas! Que te dan para que cambies tu tierra. Me dieron una permuta allá

la carretera vieja. ¿No sabes a dónde es?

Pues no, sinceramente no he viajado.

No, pues, ¿qué vas a ver viajar si estás bien chafarneca?

Bueno,

¿me vas a dejar entrar o no?

Momentito, te pido un favor.

Espérame aquí, no te muevas.

Voy a nomás hacer una preguntita y regreso por ti.

Sí, sí, no te muevas, no te muevas.

Ay, llegó buen cliente.

Patrón, ahí está un aborigen que quiere entrar.

Trae bastante oro y mucho en efectivo. Ay, ya está aquí.

Ay, Jesús del Huerto, pero si este es todo un aborigen.

Uy, me lo quieren correr estos güeyes.

Bueno, pues con todo y eso, en el morral trae un tambachón así de... Bonita, te

voy a salvar.

Ahí te va la mujer maravilla.

Así fuera el señor Serfín, se saca.

Sácalo de aquí, claro.

Un momento, Seferino.

Ay, Plutón.

Pero si crees que en México...

Puedes discriminar a un miembro de la raza de Cuauhtémoc.

Estás pendejo y malo de almorranas.

¿Almorranas yo, por favor?

¿Verdad que no, chaparrito? ¿Verdad que yo no tengo? Patrón, no me queme. De eso

yo no sé nada.

Sí sabes, sí sabes. No te hagas pendejo, sí sabes.

Sí sabes. Y volviendo a mi bellísimo ejidatario en vacaciones,

¿qué? No, pues mire, yo no tengo nada contra usted.

Mire, Juan Diego, lo único que necesitamos es que tenga corbata.

Ay, cabrón.

¿Qué pasó?

No, no, no te atrevas a ponerle corbata porque te acuso al Museo de

Antropología.

Y si no le das servicio, me cae de madre que voy y rajo a la

Procuraduría del Consumidor.

Está bien, que se quede.

Ay, papacito, agarraste a la mujer maravilla. ¿Por qué a la mujer

maravilla? Porque donde me siento todo lo desaparezco.

Pásele, pásele, pásele. Camínele, camínele.

¡Gracias!

¿Me entendieron?

Sí, Plutón. A ver. Vamos a la mesa de Napolinar.

Lo acariciamos, lo besqueamos y lo caldeamos.

Yo no sé para qué vamos a hacer tantas pendejadas. Nada más lo vamos a dejar

como cautín.

Se trata de llevarlo a la cama. Yo me rajo.

Soy fichera, no prostituta.

Yo también soy de hablador.

Ay, por favor, Maribel, si estás relumbras de pendeja. Bueno, no

Espejeas.

No saben que Gaspar nos va a dar la pura feria por poner al viejo al rojo vivo.

Y así dejarlo, así. ¿Qué van a tomar?

Por lo que a mí respecta, yo quiero una botella de champaña con su respectiva

ficha. Y aquí el caballero Águila a ver qué va a tomar.

¿Qué va a tomar el señor?

Dile que quiero tomar un curado de tuna.

¿Qué?

Un pul, que no te hagas pendejo. Dame dinero.

Sí, cómo no. Dinero. Te vas a mandar al chofer, le dices que se vaya a la

pulquería, las pompas de la morra, a traer tres litros de curado de tuna,

¿verdad, mi amor?

De tuna. De tuna.

Y te quedas con el cambio.

Apúrate.

¿Sabe una cosa, señorita?

¿Qué?

¿A qué es una mujer?

Sí, ya tiene madre.

¿Yo?

Sí.

Perdónenme, estoy nervioso. ¿Qué quieren que haga? ¿Por qué estás nervioso? No

sé, estoy pensando en la estaca.

¿Estaca? Está cabrón lo del subsecretario.

Pero si tienes problemas, ve a hablarle.

¡Vete con él! Sí, voy, voy.

Carolina.

Ay, hola.

¿Qué haciendo por aquí?

Quítate ese bate y ponte esto.

Ándale. Ay, no.

No, yo no me pongo eso. ¿Por qué no?

Es muy transparente.

Póntelo.

Que me va a dar mucha vergüenza que me vea así.

Carolina, escucha bien lo que te voy a decir porque en esto nos va la vida.

Hice los preparativos para que a tu marido lo despachen del cabaret como

en primavera.

¿Entendiste? Es normal, es necesarísimo que cuando él llegue te encuentre

irresistible. Así.

Total, nada.

Sí, nada.

Es inútil seguir haciéndole la lucha.

Es mejor prepararnos a morir.

¿Morirnos?

Tú llevas la ventaja.

Morirás en la estaca entre grandes sufrimientos que te harán ganar la

indulgencia. ¿Indulgencia? ¿Indulgencia madre?

Yo prefiero irme a vivir en el infierno que estacado al cielo.

No, no, no.

Se nos tiene que ocurrir otra cosa.

A tu marido le fascinan las ficheras, ¿verdad?

Pues tú vas a ser de fichera.

¿Cómo se hace a Montenegro en las ficheras?

No sé, porque yo no veo esas películas.

Es que yo no... No, yo no... ¿Por qué no?

No, no podría.

Yo no sé hacer esas cosas.

¿Eso qué importa?

Plutón te enseña.

¿Quién? Plutón.

Plutón es un genio.

Joto, pero genio.

Así es como cambian las hecheras.

¿Gustas, guapo?

No, soy vegetariano. Ay, no, es que así se dice.

Por favor, hazlo tú, nena. Pero con mucho gusto, ¿eh? Venga.

Desprendimiento corpóreo, mucho sexy.

Desparrámate, ¿eh?

Desparrámate. Venga de ahí.

Venga.

Y pareces mesera que te robaron la charola, hija, por Dios.

Tienes la gracia de una pala mecánica descompuesta.

Óigame. Ay, sí, pues no ve usted, parece un elefante con artritis.

Bueno, pero usted ya parece su madrastra. Perdóneme, pero así tiene que

Melchor. No, no, no, Gaspar.

Oiga, don Plumón. No, Plutón.

Bueno,

vamos a seguir.

Al fin. Ya solo falta transformarte.

Yo no puedo

vivir si a mi lado no está.

Dicen que soy cobarde, que tengo miedo de perder

tu cariño, de tus besos.

Yo comprendo que es mucho lo que te quiero, pero no

puedo remediarlo.

¿Qué voy a hacer?

Qué bonita.

¿Quién es, eh? Eres tú misma.

Ay, camínale, ándale, va.

Don Apolinar.

La Pantera Rosa.

Ay, que Don Apolinar siempre tan cotorro. Mire nomás lo que le traje.

Don Apolinar, le presento a Shasha Viborova.

Señorita Librova.

Siéntese, por favor.

Don Apolinar, con permisito, ¿eh?

Caramba.

Ay.

Esta es mujer.

Y no la cosa que tengo en la casa.

¿Y su esposa?

Muy fina.

No, no, no, no, no. Es muy bonita, es preciosa.

¿Por qué pasa que es panturrona, persinada?

Con decirles a ustedes que cuando yo quiero... Bueno, ustedes me entienden.

Ella primero se va a rezar.

Esto pasa con las mujeres casadas. Como ya aseguraron al hombre, se descuidan y

se vuelve una codonca. Y en la cama, dejan que el hombre haga todo el

Con razón, hace tanto que no me tocas.

Digo que hace un rato que estoy aquí y todavía no me has tocado.

¿Qué quieres beber, preciosa?

Champán. Para que vean, eso es hablar con propiedad. Champán. Lo que ustedes

saben decir.

Neoranje.

Oye, ¿y cómo quieres el champán?

Sin hielo.

Chicas. Papito.

Yo soy sueca.

Y me encanta ir al grano.

Oye, ¿tú tienes un lugarcito privado donde podamos estar tú y yo más

cómodos?

No. Sí.

Sí, sí La cuenta

Tendida...

¡Gracias!

¡Carolina!

Y entonces me reconoció.

Ay, qué mala suerte. Bueno, ¿y luego qué pasó?

Nada. Se enfureció y se le bajó el ánimo. ¿Se le bajó todo?

Sí. Y luego me maltrató. Y no me mató porque le dije que todo lo había hecho

para reconquistarlo. ¿Hiciste bien?

Nada puede salvarnos.

El 12 de noviembre estaremos descansando en paz.

No, no, no, yo no puedo resignarme a morir nada más así, no.

No, ánimo.

Tenemos que seguir haciendo la lucha, Carola.

Pues ya le digo, yo creo que lo mejor que podemos hacer es conseguir un brujo.

De esos que hacen elixires del amor.

¿Usted cree? Claro, mejor afrodisíaco que ese. Yo conozco uno que le hacían

afrodisíacos a Onásis. ¿A Onásis? ¿Cómo? Si se murió con viento en popa. Sí,

pero apunte para allá, para allá hasta el muelle, sí.

La damiana con ipecacuana.

Eso, eso.

Gracias. Y abre los ojos.

Ahora, pásame abrojo rojo para el mal de ojo.

Será terrible, será terrible.

Gracias, hermosa mía.

Y ahora, un poco de complejo de ostión concentrado.

Será terrible, será terrible.

Gracias.

Eso es. Ahora, por favorcito, si fueras traumable, concentrado de

huevos de caguama.

Qué susto me metió.

No esté jugando.

Ahora, cantabrida.

Rápido, cantabrida, para que después me des la yumbina.

Será terrible, será terrible.

Ahora la yumbina.

Y además, testosterona de oso.

De oso honoroso.

Esto es. Será terrible.

Será terrible.

Ahora, aleta de tiburón. Aleta de tiburón. Eso.

Eso es. Está a punto. Está a punto. Ya casi. Un poco de vitamina E concentrada

que le pongo yo aquí.

Y queda exactamente bien.

Vitamina E.

¿E?

Aparte de joto sordo.

Vitamina E.

¿E? ¿E? ¿De dirección?

Exactamente. ¿A qué erección se lo mando?

¡Será terrible!

¡Será terrible!

¡Ahora sí! ¡Ya está el menjurque! ¡Ahora sí, señores y señoritas!

¡Huele horroroso! ¡Pero su efecto es terrible!

¡Terrible! ¡Lo sabrán después!

¡Sí, ahora!

Un momento para allá. Les voy a enseñar mis secretos.

Ya está. Ya

está el menjurje.

Miren ustedes.

El verde contiene el poder para... hacer levantar el ánimo

a 50 hombres y un caballo de cartón. ¿El verde? Sí. ¿Y el rojo? También.

Bueno, ¿cuál es el efectivo?

Bueno, miren ustedes, es muy efectivo porque tiene 60 ingredientes

sexuales. ¿Y el rojo? También.

¿De cuál le doy? Pues dele del verde.

¿Y del rojo?

¡Pues también!

¿Cuál es el bueno?

¡El efectivo! ¡Sí, de verdad!

Se los voy a decir aquí entre nosotros.

¡El mero, mero efectivo! ¡Es el verde!

¿Y el rojo?

¡También! ¿Usted cree que soy idiota?

¡Pues sí!

Óigame, ¿y yo? ¡Pues también!

Necesito darle.

Ya le dije, denle del verde primero porque si le da del rojo... ¿Qué le

No le entendí nada. Muy claro está. Claro. Que si le

damos del rojo primero... Señor.

Sí. Para agradecer... la venta como chatarra de los tractores de los

ejidatarios, le dije al señor subsecretario que le íbamos a dar una

noche. ¿Se la darás tú?

Esta noche yo pienso ir a las cariñosas. Es que precisamente la fiesta va a ser

con chamacas de las cariñosas.

¿Y dónde va a ser la fiesta?

Aquí en su casa, señor.

¿Estás loco?

¿Traer cabareteras aquí, a mi casa, donde vive mi mujer?

No, no, no, por favor, no haga corajes. No, no, no, no se enoje.

Quizá usted no esté enterado, señor, que su virtuosa esposa sale esta tarde a

Cholula para asistir a unos ejercicios espirituales con las damas de la vela

perpetua y no regresa hasta mañana, señor.

¿Qué le pareció?

Si te digo que mi mujer es una santa, Gaspar.

Ahorita vamos a ir, si ya las tengo a todas en Cuernavaca. ¿Hasta allá vamos a

ir? No, hombre, en Cuernavaca, que no tienen ropa. Claro,

para que usted escoja, digo, al gusto de don Apolinar, ¿me entiende?

Ay, caray, hombre, cuánto lo siento. La acompaño en su dolor.

¿Por qué, eh?

¿Que no está de luto?

Así es.

Ya aprendí.

Así es.

No, esta sí está de luto para que vean. Ay, en paz goce.

Ella, apúntela.

Ponga su nombre, no su apodo.

Oiga, con tanta mujer desnuda, ¿a usted no se le...? No, a mí no me le. ¿Me le?

Está roja.

Es de vergüenza.

Pero nomás le da ahí, ¿verdad? Sí, es muy apenada.

Apúntenla.

No, no, no, no, no.

Usted bórrese. Oiga, pero si yo también voy a ir a la fiesta.

No, bórrese de aquí.

Vámonos. Ah, vámonos, vámonos.

Chicas, rompan filas.

¡Eso!

Dios quiere llegar pronto a la señora, porque si no este cachondo nos va a dar

un llegue a todas.

¡Señor! ¡Señor!

¡Señor! ¡Señor! ¡Señor! ¡Señor! ¡Señor! ¡Señor! ¡Señor!

¡Señor!

¡Señor!

¡No, señor! ¡Es el gobierno!

¡Es el gobierno,

señor! ¡Mujer, vístete! ¡Por favor, por Dios!

¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Yo no! ¡Ay, no! ¡Yo no!

¡Eh!

¡Su señor!

¡Mi mujer!

¡Huya! ¡Huya!

¡Huya! ¡Cuida bien!

Qué bueno que llegaste.

No te voy a olvidar la señal en la ventana, la veladora.

En cuanto te haga el amor, la veladora.

¿Y me hará el amor?

Claro que te lo va a hacer. Ya me lo estaba haciendo a mí.

Me lo quité gracias a que le puse un cachetadón.

Listo, ya despaché a las chicas. ¿Cómo va la cosa?

No sé, sigo en la terrible duda.

Carolina, ya deja de rezar.

Ya está, ya está ahí.

Estoy feliz, estoy feliz.

Ay, yo también. Y te juro que te voy a ser fiel toda la vida.

En cambio, mire esta traidora. Otra.

Bueno, otra.

¿Era necesario?

Ay, ¿era necesario que dobleteara?

¿No quedamos en que no?

Son tus perjúmenes, mujer.

Los que a mí me marean.

Los que a mí me marean.

Son tus perjúmenes, mujer.

Pues ahora yo también te voy a cantar. Ah, no. A mí

Lola me lo hace bola.

Tus labios son de boxeador. Como me

chupetellan. Como me chupetellan. Tus

labios son de boxeador.

Tus pechos son de calcetín.

¿Cómo que traen canicas?

¿Cómo que traen canicas?

Tus pechos son de calcetín.

Tus nachas llenas de sudor. Ay, cómo te

apedrean. Ay, cómo te apedrean. Tus

nachas llenas de sudor.

Los que a mí me marean, los que a mí me marean son

tus perjúmenes, mujer.

Son tus perjúmenes, mujer.

Los que a mí me marean, los que a mí me marean son tus

perjúmenes, mujer.

¿Vas a esperar a la cuarta?

Sácate de aquí.

Ahí te dejo sufriendo, masoquista.

Ay, no, no, no. Vamos a agarrar un taxi y nos vamos a ir a un hotelazo.

Pero hotelazo. ¿A cuál?

Al Camino Real.

¿Qué, qué, qué trae? Mírame.

Ay, güey.

¿Y estos qué son? Los preparados para el desfile.

¿Qué? Mucha risa, güey.

¿Son de la variedad del 00?

¿Qué variedad? ¿Qué cero cero ni qué madre? Somos huéspedes del hotel.

Claro, nosotros somos... ¿Qué somos?

Huéspedes, gordito.

Huéspedes, gordito.

Ah, ¿vienen algún baile de disfraces?

¿Cómo que disfraces? ¿Qué falta de respeto es esa, güey?

¿Entonces tienen cuarto en el hotel?

Todavía no.

Pero vamos a ocupar...

La suite nupcial.

Claro. ¿De qué se ríen con enas maguarros?

Les pedimos un favor.

¿Qué? No mamen.

Están ebrios.

No estamos ebrios. Estamos pedos. ¿Y qué?

No digas groserías. ¿Van a pensar que somos de la calle?

Hay que echarlos.

Mira tú, qué fuera.

¿Creen que no traemos para pagar?

Enséñales lo que traes en el morro. Ay, tan idiota, tía madre.

Ahí está.

¿Eh? ¿Cómo les quedó el oclayo? De todas maneras, el hotel no puede recibirlos.

Ah, chingao, chingao, chingao. Pues no saben en qué pedo se metieron, ¿eh?

Porque yo...

Óiganlo bien, yo soy la secretaria general del SUFRO. ¿Qué es eso del

Sindicato Único de Ficheras Revolucionarias Organizadas.

¡Ay, ay, ay, ay!

Y además, estamos en México, no en Texas. Y en este país

a ningún mexicano se le niega nada, siempre y cuando pueda solventar

económicamente. los compromisos derivados de su pinche situación,

cabrón. Bravo, bravo.

Hablaste como diputada.

¿Cómo? Habló puras pendejadas.

Tú también cállate, güey. Está bien, pueden registrarse. Carolina.

Ay, güey, los manzanos. Llegamos al

paraíso. Hombre, si está... ¡Qué bodia madre!

Pase, por favor, señorita.

Señorita.

este pendejo, hombre.

Oye, dime una cosa. ¿En verdad hay Dios que no eres, que no eres tú, Quinto?

Soy centenario y de puro orégano.

¿Están servidos los señores? Estamos servidos, estamos hasta la madre.

Gracias, mi sosteniente.

¿Hasta cuándo vas a aprender que no todos los monos uniformados son

Entonces, ¿esto qué es?

Pues este es un gritón de la lotería.

Y tú quieres tu propino, ¿verdad? Sí.

Yo te voy a dar un regalito para que alivianes a tu vieja. Gracias, señorita.

¿Estás en casa?

Pues ya estando aquí.

¿Qué chingados?

Ay, pero antes acabame de contar lo de la serpiente del paraíso. Ah, ¿los de la

historia ya dan lleva?

Sí, esos pinches güeyes, ¿sabes? Ah, bueno.

Siéntate.

Bueno, si quieres te cuido con los de la víbora. ¿Te acuerdas qué era?

Entonces se fue con Eva y le empezó a decir, a meter cosas en la cabeza, a

decirle, Eva, Eva, no te dejes de Adán. Dile que se coma la manzana. No seas

mensa. Dile que se la coma.

Dice, ahorita le voy a decir a Adán que se coma la manzana.

Y llega ese día, fíjate, a la recámara.

Era domingo.

Nuestro padre Adán estaba acá, feliz, viendo el fútbol, echándose una cheve. Y

entonces ahí llega ella, le dice...

y les amate, que le llegue a la manzana, te estoy diciendo.

Y nuestro padre Adán, pa' no pelear.

Ya ves que los hombres desde nuestro origen hemos sido nobles de amable.

¡Ching! Que le llegue a la manzana. ¿No ves que por eso nos castigaron a todos

los hombres con esta bolita de aquí?

La manzana de Adán.

No me voy a decir lo bueno que nuestra madre Banoli dijo.

¿Te imaginas?

¿Andaríamos todos como pelícanos?

Ah, bueno, de arriba.

¿Sabes? Que de arriba la más los estaban viendo y se enojaron mucho.

Que les mandan un ángel.

Pero no era un ángel tarú, como el que se cayó de la independencia. Ese era un

ángel.

Chido, chido, chido. ¿Ves? Y llegó volando. Y entonces ya los paró, les

Adán.

Sí, porque era jarocho. ¿Ves? Era jarocho. Y ya es que los jarochos son

güey. Dijo, tú, Adán, lo vas a pagar.

Todo lo que te comas de hora para adelante lo vas a ganar. Con el sudor de

frente. Y sáquese a chingar a su madre.

Pero nuestro padre Adán se salió feliz.

¿No ves que no tenía madre?

Y luego se va sobre Eva. Y dice, ¡Eva!

Y dice ella, ahorita, señor.

No, hombre, en cómodas mensualidades.

Ay,

güey, ¿ya se durmió?

Bueno, mejor, más mejor.

Porque a lo mejor de ver si era señorita y iba yo a tener luego problemas con la

policía.

Bueno, si era mío, güey.

que me la pasé.

Así que Benjamín le pidió que viniera a verme.

Pues sí, hija mía.

Me dijo que viniera a conocerte, a platicar contigo y a ver si es posible

orientarte.

¿Orientarme a mí?

Es sobre tu vida privada.

Mire, padre, yo creo que mi vida privada no le interesa a nadie, ni siquiera a

usted. Bueno, a Benjamín sí, porque te quiere.

Y yo vengo en cumplimiento de un deber pastoral.

Está bien, usted dirá.

Pues verás, nuestra santa madre iglesia en su infinita sabiduría no

quiere que una de sus ovejas se prive de las satisfacciones naturales de una

mujer joven como tú.

Ah, vaya.

Ay, y yo que creí que venía a regañar.

Mire, padre, yo hace muchos años que estoy en esto. Soy vedette desde...

He trabajado en bares, en cabarets, en teatros.

No soy ninguna santa, por supuesto, ni mojigate. Estoy muy lejos de ser eso.

Pero yo no sé cómo explicarle, padre.

Mire, la razón por la que yo no me enamoro es por miedo.

Tengo miedo de enamorarme, padre. No me va.

Hija mía, no debes aferrarte a esa idea.

Tú debes dejar tu corazón abierto para que alguien digno se acerque a él.

¿Alguien como Benjamín Bejarano?

Pues podría ser él precisamente, fíjate. Yo soy su confesor desde hace mucho

tiempo y puedo asegurarte que él todavía no.

¿No qué?

No ha cometido el pecado carnal.

¿No?

De modo que te cree virgencito.

Caray, oye, ¿no te da vergüenza?

¿Vergüenza? ¿Te qué o por qué?

Es exactamente el punto donde yo quería llegar.

Si ella me cree virgencito, no podrá resistir la tentación.

Qué bonita recámara.

Pues sí, es bastante cómoda.

¿No quieres un cigarro?

No fumo.

¿Una copa? No, menos.

No fumas y no tomas. Entonces, ¿qué haces?

Nada.

Pues eso no está bien.

Eso hay que remediarlo. Vamos haciendo algo.

¿Cómo qué?

Podemos hacer el amor.

¿El amor?

Ay, señorita, no se moleste.

No es ninguna molestia.

Me caes bien, tú eres muy tímido. Siempre ha sido así.

Y guapo, fíjate, eres muy guapo. De los hombres más guapos que he conocido.

Ya te lo habrá dicho tu mamá, ¿verdad?

Mi papá.

Papá.

Eh, mira, mejor desvístete tú, ¿sí? ¿Pero no quitamos la luz?

No, no, así con luz.

Sin luz, ¿no?

No, desvístete con luz.

Gracias.

Espere, espere.

Despacio.

Ahora nada más falta que Mar y Rafael escuchen esa grabación y vas a ver cómo

ponen. El contrato de Cancún es nuestro, mano, es nuestro.

Yo personalmente se las voy a llevar y voy a estar presente cuando la escuchen.

Vas a ver, dámela.

Espérate. No sé, no puedo, Mar.

¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa?

Es que eres maravillosa y no lo puedo hacer. ¿Y qué tiene que ver con los

contratos, ella?

Pues que prefiero perder los contratos a seguir con este sucio juego.

Y que a lo mejor si le digo la verdad me perdona.

¿Y yo qué, chiquito? ¿Yo qué?

Estás hablando como si fueras el dueño completo de la compañía, ¿verdad? Yo

represento el 40%, recuérdalo. Está bien, te compro tu 40%. Ay, sí, te

40%. Te compro tu 40%, sí, muy sencillo.

Sencillísimo.

Mira, Cris, la realización de los contratos de Cancún, para mí,

¿sabes qué?

No es dinero, no representan dinero, no tienen precio.

Yo soy un hombre casado, yo soy un hombre que tengo hijos, por ellos he

toda mi vida.

Es la culminación de mi sacrificio.

Tú eres un solterón empedernido que, claro, hoy tienes a Lina.

¿Cómo has tenido tantas? Mañana tendrás otra y otra y otra, pero yo no.

Ella es diferente.

Es lo que tú crees.

Bueno, eso es otra cosa.

Pero mira que conste, ¿eh?

Que conste muy claro.

Yo quise hacer esto completamente limpio, ¿eh?

Completamente a la buena.

Tú lo comprometiste con tus idioteses, tus apuestitas y tonterías, acuérdate.

Y ahora no tienes ningún derecho, pero ningún derecho a privarme de esta gran

satisfacción, de esta gran oportunidad que es la culminación de mi carrera. Tú

no tienes ese derecho.

Dame esa grabación.

Ay, hija, cómo eres pendeja, hija. Ya, ahorita está muy difícil que las mujeres

podamos ser felices con estos pinches. hombres.

Se han vuelto mañosos y mentirosos como nosotras las mujeres.

Y estamos jodidas, hija. No, mi concholate, esta vez no.

¡Pase!

Ay, es este ma... Amor.

Señora, la busca un amigo del señor Benjamín Benjarano.

Pues tráelo aquí.

Cómo no, señor.

Un amigo de aquel, ¿tú qué? ¿Del roperote? Yo no le conozco amigos. Si

ahorita de pasadita me lo checo a ver qué tal está.

Sí, una vez.

Oye, ¿me puedo llevar esta botita? Ya le queda poquito.

Sí, mi conchalate, llévate.

¿Sí? Nos vemos después para que me sigas platicando. Y te voy a traer la crema.

Sí, mi amor. Tengo que ir a ver a mis socias de azufro.

A ver cómo andan estas pendejas porque con eso del desempleo no me vayan a

quitar el trabajo.

Así que te va a quitar el trabajo.

Deja la puerta abierta. Sí, amor.

Señor, la señora lo espera. Es en el camerino número 4. Por este pasillo, por

favor.

De nada.

Muy amable, muchas gracias.

Ingeniero Mani López a sus órdenes.

¿Amigo de Benjamín?

Éramos amigos hasta que me ganó una apuesta.

Ah, caray. Pues no entiendo nada, pero sientes.

Gracias.

En primer lugar, Benjamín Mejarano es en realidad el ingeniero Cristóbal

Andrade, millonario y propietario de una compañía constructora.

A ver, a ver, no, no entiendo nada.

O sea que Benjamín, que yo conozco,

Se llama en realidad otro nombre.

Cristóbal, lo que sea.

Sí, señora.

Hizo la farsa de Benjamín Bejarano para ganar la apuesta.

¿Qué apuesta?

Apostamos un contrato de obras en Cancún de 20 millones de pesos de que

Cristóbal, o sea, Benjamín, no lograría acostarse con usted por un término de 15

días. He venido para que usted se entere de toda la verdad.

Si quiere venir conmigo a la carpa azteca,

Se va a dar cuenta de qué clase de farsante es el supuesto Benjamín

Usted, señor, venía yo a molestar un poco porque soy levantador de centros

públicos. ¿Usted levanta censos? Sí, señor.

Bueno, es que antes levantaba basura, ¿eh? Pero ya me ascendieron con el mismo

pinche uniforme porque no hay para más, pero ya me ascendieron.

Así que, con su permiso, le voy a hacer unas cuantas preguntas.

Está bien, hágamela. ¿Qué cosa?

¿De qué estamos hablando?

Vamos a ver, primeramente quiero saber cuál es su nombre.

Agapito.

¿Agapito qué?

Melorques.

¿Agapito Melorques? ¿En serio, en serio?

Se llama igual que un tío mío, Agapito.

También Melorques. No estés, me lo estrangules.

¿Me quiere decir cuál es la dirección?

Chopocho. ¿Y qué, Checho?

Chopocho, Chopo, número ocho, Chopocho. Oh, Checho, díganos, Chapocho.

Hay que hacer pausas. Yo vivo en calle de Abre, número ocho, y no digo me lo

abrocho, ¿verdad?

¡Ah, Salsado!

El último es el padre Francisco.

No quiero saber nada, vámonos. Sí.

Ahora viene lo bueno.

Porque dicen tus amigas que aquí nunca se te para.

El ingeniero está en una junta muy importante y no podemos interrumpirlo.

Pues interrúmpalo, por favor.

Dígale que se trata de Lina Lamont.

Se va a poner tan contento que a lo mejor hasta le sube el sueldo.

Interrúmpales por aquí, ¿verdad? El ingeniero Andrade está con un grupo de

técnicos examinando los planos de unas obras muy importantes que la compañía va

a iniciar en Cancún la semana que entra. De modo que, como usted comprenderá...

Ingeniero.

Está bien, señora.

Cristóbal Andrade, alias Benjamín Bejarán. Muy bien.

Lina, los señores no están al tanto.

Ah, ¿no saben los señores la clase de mierda que eres?

Por favor, Lina.

Tampoco les habrás dicho cómo conseguiste el contrato de Cancún.

Ellos no tienen por qué interesar. Vamos a la oficina. No vamos a ninguna

oficina.

Mejor cuéntales, platícales cómo ganaste el contrato de Cancún, acostándote

conmigo y grabando todo lo que hicimos.

Te voy a dar un consejo.

La próxima pendeja que te lleves a la cama, ya hazlo con público.

Vende boletos también.

Así de paso te puedes ganar un dinero para que tu madre deje de talonear en la

carpa Apolo.

¿Ah, no la han visto?

Pues vayan a verla. Ahí trabaja la madre de este.

Nomás no van a llevar a su familia porque es muy pelada la pinche vieja.

Escúchame. No, escúchame usted, señor ingeniero.

Con su sucia farsa me ha hecho sentir que la bondad y la ingenuidad humanas no

son más que pura payasada.

Y esto sí me ha hecho mucho daño.

No quiero volver a saber de usted, ni volver a verlo nunca.

¿Y ahora qué pasó?

Bueno, lo importante es que ya ganamos, ¿no?

Eso es lo que menos me importa.

La quieres mucho, ¿no?

Sí, mucho.

¿Por qué nomás se los atiende?

Aunque tú me has echado en el abandono,

aunque ya has muerto en todas mis

ilusiones.

tiene lágrimas

¿Cuál niño?

¿Soy el capitán? Ah, el capitán. ¿Y dónde está su barco? A ver. El capitán

cabaret, señora.

No soy señora.

Soy señorita. Perdón. ¿Quiere usted alguna mesa?

Seguro que sí. Pues páchale por la quinta.

A ver, la voy a ensillar por otro.

Ché, ché, ché.

Suélteme.

Perdóncito.

¿Qué pasa antes de entrar?

Ya toqué.

Ay, si yo no te veo con ojos de deseo. Al contrario, te veo con ojos de

¿Y qué quieres? Ay, estar como tú.

Ah, ¿qué quiero?

Es que ya llegó, ya está ahí tu brujo.

Ay, no es lindo mi gordo. Ay, pues yo creo que ni lindo ni gordo, tú. Está re

flaco. Ay, pues, ¿qué le ves?

Pero sí es el hombre más sexy, más guapo del mundo.

Las cejas me fascinan, son tan eróticas.

Sus labios carnosos y sensuales.

Su blonda y abundante cabellera.

Mamachita, al fin llegaste. Mi vida, mi tesoro, mi queridos, mi lindo, lindo.

Beso, beso, beso, beso.

Qué rico beso, qué beso pa' pan con queso. Dime, mi amor, ¿me quieres?

¿Qué quieres decir eso?

¡Que sí!

Pues vámonos, que el mundo de ilusiones desconocidas nos espera.

Habrá un paso que llevamos prisa. Vamos, vida mía, a nuestro paraíso terrenal.

¡Pase!

¿Puedo sentarme?

No he venido a pedirte perdón.

Ni a darte explicaciones.

Ah, no.

Entonces, ¿a qué ha venido, señor ingeniero? ¿Ingeniero?

He venido a decirte que me he enamorado de ti.

Es todo lo que me faltaba oír el día de hoy, cara.

Es que a mí me sucede de todo.

Con la buena persona que soy.

Si no tuviera sentido el humor, yo no sé qué sería de mi vida. ¿Y qué más,

maestro?

Lina, escúchame.

Lina, escúchame.

Quiero que sepas que yo no soy Benjamín Bejarano ni Cristóbal Andrade.

Bueno, de acuerdo, pero entonces, ¿quién eres?

Es más, fíjate que no me interesa quién eres.

Después de las trastadas que me has hecho, lo único que mereces es que te

Fuera de mi casa.

¡Fuera!

Policía judicial.

Tenemos rollado el cabaret.

Sal con las manos en alto, gato.

No intentes nada porque te mueres.

El trabajo nos costó dar contigo. Te hemos buscado mucho tiempo, pero más

vas a pasar a la sombra.

Y tú también, nena.

¿No sabes la bronca en que te has metido al asociarte con el rey de la droga en

México?

Lo que no me explico es una cosa, gato.

Si tu organización te tenía un yede especial para que huyeras, ¿por qué no

hiciste? ¿Por qué no huiste, gato?

Yo no quería irme sin volverla a ver.

Oye, qué pena.

Qué pena, ¿no? Te contesté el teléfono porque, pues, digo, ¿no?

Oiga, ¿y yo podré ir a visitarlo?

Imposible, chula.

Adelincuentes tan peligrosos como el gato Quiroz se desconfinan en un

secreto donde nadie puede visitarlos.

Y de donde nunca saldré con vida.

No.

Olvídame.

¡Vámonos! Tal vez te consigas otro vendedor de vivo.

No me digas eso, por favor.

¿Le perdonas todos los trucos que he empleado para...?

Para conseguir tu amor. Sí, te perdono.

¿De veras me perdonas? Sí.

¡Vámonos ya!

¿Me quieres?

Sí, te quiero, te quiero.

¿De veras me quieres? Yo te adoro.

Bueno, muchachos.

Muchas gracias.

Ya saben, vayan a Pocora y llame a oficina.

Y vayas al cabret que todo corre por mi cuenta.

Imposible, jefe. Pues tenemos la fusión de medianoche del Teatro Apolo.

De todas formas, muchas gracias, jefe. Nos vemos, ¿eh? Hasta luego.

Tranquila.

Traigo tu crema.

Agárralo de los huevos, manita. No te dejes, no te dejes.

Si te digo que está.

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