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Esta noche abordarás en Mazatlán el yate que te llevará a Panamá. El contenido
de este paquete es más importante que tu vida. En Panamá lo entregarás a Scorpio
en propia mano.
Tu nombre en esta operación es Blancanieves.
¿Blancanieves?
Blancanieves.
El norteño.
Mató a siete personas en varios asaltos bancarios con un botín de dos millones
de dólares.
Robó únicamente dólares.
No por malinchismo, sino por temor a otra devaluación del peso.
El sopilote.
Matón a sueldo, cumplido y trabajador, muy serio en sus tratos.
Asesinó a 37 personas de manera satisfactoria y con beneplácito de su
clientela.
Don Carlos.
Anciano bondadoso y amable.
Nunca había matado...
Una mosca. Hasta que mandó hundir un barco camaronero en el que perecieron
40 tripulantes.
Pero ya está arrepentido.
El ferallín.
Terrorista. Ingenuo y bien intencionado. Hizo explotar 11 bombas y mató a 47
personas por puro idealismo y amor a la humanidad.
Lo agarraron cuando trató de volar el metro por pura puntada.
El chavo.
Pasante de medicina, joven sensible y compasivo.
Las muchachas del talón le inspiraron una lástima irresistible.
Quitó de sufrir a 17 de ellas y les dio cristiana sepultura en el patio de su
casa.
El yucateco mató a su numerosa familia política.
Según él, la bronca era con el perico, pero se metió su suegra en el pleito,
luego su suegro, después su cuñada, su concuño, etcétera, etcétera, etcétera.
Florentino, alias Flor.
Homosexual casto y honesto, mató a veintitantas locas ofrecidas que daban
reputación al tercer sexo.
No está arrepentido, no está arrepentido, no está arrepentido.
Estos son los siete reos que escaparon la madrugada de ayer del penal de las
Islas Marías.
En su escapatoria, asaltaron el arsenal de armas, matando a cuatro celadores y
huyendo en un lanchón del penal.
Media hora después de su huida, se desató una tormenta tropical.
por lo que se da por hecho que el alchón naufragó y los siete asesinos
perecieron.
Sin embargo, están siendo buscados por cielo, mar y tierra, pues hay quien
piensa que pueden estar escondidos en alguna pequeña isla y no en la panza de
los tiburones.
Yo tiro primero, Zopilote. Ahí te voy.
Voy. ¡Ah, estás mordiendo rayas! ¿Cómo mordiendo rayas si no traigo calzones?
te hagas.
¡Órale, ahí está!
¡Caile!
¿Cómo que Caile? Si fue de Amentis. De Amentis, madre.
Fue de Devis, ¿eh? Está bien, está bien.
¿Cuánto?
Mil, no te hagas.
¿Tres cambio?
¿Cómo esto vale?
Ya cinco mil.
Dame cuatro.
Dame el de cinco.
Le doy el desquite.
Pero el de dos mil.
Juega.
Bien, otra vez.
¿Ya no juegas? Muy bien, muy bien.
Síguese raspando las rodillas y las nalgas en la arena.
Al cabo aquí está su pendeja para que les lave y les planche la ropa.
El yucateco no ha venido con la pesca. No tenemos nada para comer. Y ustedes
aquí de huevones.
Empiezan a irse de cacería. En pos de patos, hinderos y caveotas.
Mira.
Espérate, Fedeín. Es mío.
tienes para que no jodas, loca Fodonga, loca Fodonga, con
que Fodonga, con que te voy a partir la madre,
Florentino déjalo, qué
pasa con un carajo, me ofendió, me humilló, seré presidiario, asesino,
prófugo, pero Fodonga no, hasta ahora todo nos ha salido a la perfección, En
adelante nos necesitamos los unos a los otros.
Vamos, Floripondio. ¿Eh?
Florip... Florentino.
¡Ay!
Pinche sopi.
Apretan los jotos, ¿verdad? ¡Oh, no me estés fregando!
¡Chale, ya, hombre, ya!
¿Cuál fue la bronca, lindo?
Pinche joto.
Por poco me mata.
No lo provoques. Aunque lo veas así, es peligroso.
Acuérdate cómo ahorcó a los dos celadores del penal.
¿Pues yo qué le dije?
En primeras, él fue el que vino a joder.
¿O no, Zopilote?
¿O no?
Pinche Zopilote.
Píralo. Flores tan neuracénicas. Deba andar en su mes.
Pinche Ducateco.
¿Qué fue eso, huerco cabrón?
¡Ah, fuiste tú, mendigo yucateco mamón!
Fue una bromita amable, lindo, hermoso, para romper la monotonía.
Lo que te voy a romper es el hocico.
Pues a mí ya me lo rompió.
No fue nada, huerco, hombre, no sea usted delicado.
Está bueno pues, hombre, yo pago todo lo que rompo.
¿Cuánto vale tu rompida de hocico?
Mil.
Te has jodido, huerco, si no juez treno.
Que quede en un trescientón.
Quinientos.
Hecho, huerco.
Pero con derecho a partirte el otro día.
Da acá mi pantalón y los vales.
Vale por 500 pesotes.
Ojalá que sus vales no vayan a resultar balines.
¿Cómo que balines, chingao?
Son derechos, lleva mi firma. No, no se enoje. Si no es por desconfianza.
Yo sé que llegando a Miami usted nos paga. ¿Seguro? Ahí tengo la lana.
Oiga, don Orteño.
¿Y dónde tiene escondidos los dos millones de dólares?
¿Qué te pasa, vato?
Aguanté los toques que me dio la policía en los tompiates y no les dije nada.
Parece que te lo voy a decir a ti.
Le está saliendo un forúnculo en el glúteo derecho.
¿Qué? Que le está saliendo un barro en la nalga.
¿Y qué esperas para sacarlo, huerco?
¿Qué tal le para le hay?
Tú nomás ves un jundillo y al cuchillo.
¿Qué? ¿Quieres abrir el canal como a las 40 abuelas que mataste?
No exageres. No fueron 40.
Además, no las maté. Solo quité de sufrir a 17 muchachas que nada tenían
hacer en este mundo.
Si no soy asesino.
Está bueno, huerco, pero séscale por otro lado.
Pesqué tres robalos, dos huachinangos y un pargo de este tamaño. Ahí te los puse
en la cocina.
Gracias.
Me hubieras traído unas semillas de marihuana.
Me hubieras invitado al trabajo de andar buscando un sustituto.
¿A quién estoy yo?
Dije sustituto, no sustijoto.
¿Qué sembraste, Florentino?
Chiles. Mira, chile pasilla, chile piquín y chile ancho. Es el que más me
No vayas a abusar del chile.
¿Quién se ha muerto de eso?
Además, todo depende de ustedes.
No te entusiasmes mucho, ya ves que todos andamos pasando sin ver.
No importa, en esta isla muy pronto todos andarán de rogones conmigo.
Pendejo Florentino, para cuando den tus chilitos nosotros ya dejamos esta isla.
Mira, ya tenemos siete semanas.
Y acá que venga el barco camaronero que viene a recogernos.
Ay, recogernos.
Ya te aseguro que el famoso hermano de don Carlos o cree que estamos muertos o
ya se murió él mismo.
No le hagas, Florentino. ¿Entonces nunca vamos a salir de aquí?
Jamás. Yo ya estoy pensando muy seriamente en sembrar naranjitos.
No le hagas, Florentino. Tenemos que volver a la civilización.
Ajá. ¿Para qué? ¿O para qué?
Ahí hay marihuana, mariachis, tequila,
burritas. Yo me quedo con Luz María.
¿Qué pasó? ¿No que no te gustan las hembras?
Luz mariachis.
Qué buen chiste, ¿verdad? Sangro.
¡Cuidado, un acuaralillo!
¡Es Lolita! ¡Cuidado! ¡Espera, espera! La mordida de este animal mata como de
rayo. ¡Cuidado! ¡Hombre, no!
Este es mi patacha.
Somos íntimas amigas.
Lolita, ¿dónde la están haciendo sinvergüenza aventurera?
¿Dónde andas?
¿Dónde andas? ¿No te digo que ahora debes salir? Ahora te voy a... Cuidado,
cuidado, niña. ¿Dónde vas?
¿Dónde vas?
Tus nalgadas por grosera.
Vámonos a su casa a dormir con sus hermanas.
¡Vengan pronto!
¿Qué pasa, don Carlos?
¿Qué pasa? ¡Mi hermano!
en Miami y después en América.
¡Tenemos que matarlos más que puedan!
Ya no se me hizo ponerme un pedo de tequila, Ñejo, mariachi y vieja.
¿Y ahora qué iba a tener con qué, verdad, Zopilote?
Así pasa, viejo. Cuando el pobre tiene pa' carne, es vigilia.
¿Y tú qué ibas a hacer con tu dinero?
Iba a cerrar una feria de esas de los juegos todo un día pa' mí solito.
¿Y eso por qué?
Pues de chico estuve tan jodido que no conocí ni la rueda de la fortuna.
Ya no se te hizo conocer ni lástigo, cabrón.
Apunta para allá, güey. Me vas a dejar una nalga para el llavero.
Muero tranquilo porque dejo mi dinero en dólares.
¿Para tus herederos?
Yo no tengo herederos.
Pero sé que el pinche dólar va a subir.
Padre nuestro que estás en los cielos.
Ya no reces, chavo cabrón. ¿Por qué no?
No nos ha llevado la chingada hasta ahora porque... Dios anda muy ocupado y
se ha fijado en nosotros.
Pero si le rezas, le llamas la atención. Voltea pa' acá y en la madre.
ya está muy cacheteada. Sí, usted lo que quiere es estrenar y los estrenos
cuestan. A mí me vale.
Chavo, ¿qué pasa?
Ya pareces madrota.
¿Cuánto cuesta esta?
¿A usted cuándo le he cobrado, don Zopilote?
Entonces me arreglo con ella.
Llévesela, pero no me la rugue.
No, huercos, pues qué bronca traen.
Aquí el fedayín que se quiere llevar a una virgen. Y me la voy a llevar.
A huevo no te llevas ninguna.
Y menos a una virgen. Si no te hacen la revolución, vato. Lo que pasa es que la
quieres para ti solo, ¿verdad? Será el sereno.
Pero a esta no te la llevas.
¿Y quién me lo va a impedir? ¿Tú? ¡Tú, desgraciado!
¡Suelta! ¡A mí me vale! ¡Ya, coño!
¡Dejen dormir!
¿Qué pasa?
¡Con una chingada!
¿Se van a matar por unas monas de papel como si fueran mujeres de verdad?
¿Que se han vuelto locos o qué?
¡Claro, claro que sí, don Carlitos! ¡Están locos, loquísimos!
Andan desesperados en busca de hembra y a mí, ni quien me pele. A usted le
consta que me jugué la vida por traerme mis monas.
Usted hasta me regañó porque no traje agua y comida, pero eso sobra aquí en la
isla. En cambio, las chavas nos hacen falta.
¡A dormir todos!
Yo me voy a mi camarote.
Bueno, llévesela.
Nomás no me la haga mañosa.
Ay, monas impúdicas.
El día menos pensado, las agarro y las quemo a todas.
¡A dormir todos!
¡Una mujer!
¡Un cuero a toda madre!
¡Vengan a ver!
¡Una mujer! ¡Vengan!
¡Miren eso!
¡Está muerta!
¿Quién sabe?
¿Dónde está el chavo? ¡Chavo! ¡Apúrale!
¡Apúrale!
¡Está muerta!
¡Déjenme pasar! ¡Déjenme pasar!
¿Está ahogada?
¡Tú eres el médico, pendejo! ¡Ah, sí, tío!
¡Este cabrón se está mandando! ¡Se está mandando!
¿Qué vamos
a
hacer, don Carlos?
¿Para qué? Para que estos cachondos no se maten por ella.
¡Tactar cabrón!
Reacciona pronto.
No está tan mal.
Dale una sangoloteada para que resucite.
Mejor le ponemos los pies en agua.
Déjame darle respiración de boca a boca. Si no está ahogada, pendejo.
Bueno, ¿quién es el médico aquí?
Cielo no al infierno.
Dios, no.
Está delirando.
Está delirando.
¿Quiénes son ustedes?
Considéranos tus amigos.
Te encontramos desmayada en la playa y te trajimos aquí.
¿La playa?
¿Quién me trajo a la playa? Te aventaron las olas.
Estaba yo en mi camarote.
Estaba por acostar cuando de pronto oí unos gritos.
Abrí la puerta.
Nos estábamos hundiendo.
Apareció un marinero muy asustado.
Me llevó a cubierta, me puso un salvavidas y me echó al mar.
¿Qué no tienen una Coca -Cola bien fría?
¿Cómo Coca -Cola, huerca, pues?
¡Ay, hay plátanos!
¿Y qué lugar es este?
Esto es una isla, Rorra.
¿Y cómo se llama?
No le hemos bautizado todavía porque está chica.
¿Y cuántos habitantes tiene?
Pues nomás los que ves.
Hacemos siete.
Ustedes son los... los siete asesinos.
¿Que se escaparon de las Islas Marías?
¿Y cómo lo supiste?
Lo leí en el periódico y lo vi en la televisión.
Puta María, todos famosos, ¿eh? Nos sentíamos tan solitos, mamacita.
Pero qué bueno que llegaste cuando más te necesitábamos. ¿Dónde vas, huerco?
Estás buenísima.
Divina, nos hacía falta una mujer así como tú para... Para...
¿Para qué?
Para lo que servimos nosotras.
¿Qué te pasa?
Me siento mareada.
Ay,
pobre nena, ¿qué le habrá pasado?
Cuidado, cuidado.
¿Eso del desmayo no será que está embarazada?
Mareta, ya nos puso los cuernos antes de conocernos, ¿no crees, Flor? Yo no sé,
yo nunca he estado embarazada. Ay, no digan pendejadas.
Ya, ya, lo que pasa es que tiene una congestión.
Hacía muchos días que no comía y de repente se atraganta.
Sí, pero está buenísimo.
Bueno, ya, es una náufraga. Tenemos que dejarla que descanse. Sí, claro.
¡Vámonos!
¡Vámonos! ¡Vámonos!
¡Ahora sí que tenemos hembra!
¿Y qué hembra?
¿Tenemos?
¿Cómo que tenemos?
Pues ni modo que sea para ti solo, imbécil. Hay que tener en cuenta las
necesidades de la colectividad.
Yo soy socialista y sé compartir.
Ese cuero nos pertenece a todos por igual. Es propiedad comunal. ¿Y cómo lo
vamos a usar?
Pues entre todos y a la vez, como si fuera pues tractor de ejido.
Mi madre, yo fui ejidatario y siempre hubo muchas broncas por el méndigo
tractor. Y este tractor está muy bueno.
Estoy de acuerdo con el Fedayín.
Esa mujer es de todos.
Pero la tenemos que usar uno por uno.
Yo soy mano, yo la vi primero. ¿Y eso qué? Yo la reviví.
Párele, huercos.
Esto hay que tratarlo como si fuera un negocio.
Díganme cuánto quieren por dejármela para mí solo.
Órale, póngale precio, huercos.
Métete tu dinero por el culo. Sí, claro.
Un momento, un momento.
Voy a ver cómo sigue la muchacha. No vaya a ser que se haya empeorado.
Oye, su pilote, pues, ¿qué traes?
Pero si agarras un tractor y lo usas y lo descompones, después, ¿qué? El otro
que sigue... Pues yo lo pago, chingados. No, tú no. ¿Tú qué opinas? El que pega,
paga. A mí me importa más. Yo tengo
dos millones de dólares.
Vamos a hacer una rifa de calendario. ¿Cómo? A ti te toca...
al chavo el martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, y no, por mí, que
descanse los domingos.
Está
tardando
mucho el chavo ese.
O voy por ti.
¡Ahí voy! ¡Ahí voy!
¡Ahí voy!
¿Qué hubo, Esbarco? ¿Cómo está?
La resucitaste otra vez.
Estará buena para el viernes.
Tiene... Sigue en estado semicomatoso. Y además tiene la presión arterial muy
alta. Y el sístole diástole no le funciona bien. Porque tiene un ritmo
muy alterado.
Inestable. Inestable.
El sopilote no entendió.
¿Tú sí?
Yo ni madre.
Quiere decir que todavía está muy jodida.
Háblales en cristiano para que estos pendejos entiendan. Yo me aviento aunque
esté dormida.
Yo aunque esté roncando.
¡Ella está enferma!
Es mi paciente y les prohíbo tocarla.
Será tu paciente, pero nosotros estamos impacientes.
Tiene el corazón muy débil, don Carlos.
Si estos salvajes la violan, la matan.
Pues yo diría que... ¡Válgame Dios!
Pues si se nos muere, nos quedamos como el perro del carnicero. ¿Cómo?
Pues mirando la carne, lamiéndose el agujero.
No hay que tratarla como si fuéramos salvajes. Hay que esperar a que se
Don Carlos tiene razón. Si nos hemos aguantado tanto tiempo sin hembra, ¿por
no esperar unas horas? Claro. Está bien.
Yo me espero que al cabo es jueves.
Bueno, y llegado el momento, ¿dónde va a ser el agasajo?
Porque ella me amaca a la vista de todos, me chiveo.
Hay que conseguir una cabaña para ella. Claro, se las pongo más fácil, huercos.
Yo le cedo mi camarote de la lancha. ¡Bravo, buena idea!
¡Ya, un momento, eso sí!
Desde hoy dejo de pagar los cien pesotes diarios de renta. ¡No, no, no!
¡Ya basta, vamos a llevarle al camarote! ¡Vamos!
¿Por qué no se fueron a Mazatlán? Si tienen la lancha y suficiente gasolina
llegar. Es que el que más o el que menos debe como diez muertes.
Ay, no te asustes. Yo nada más maté a siete.
Bueno, eso sin contar los cuatro celadores del penal.
Esos me los eché de pilón.
¿No creen que se está tardando mucho Florentino?
Sí, tiene razón.
Ya, no van a desconfiar del Joto. A lo mejor batear por los dos lados.
Pues con un cuero a todo dar, a Flor lo Joto se le puede quitar.
Va, voy por él. ¡Escúchate!
Ya salió, ya salió.
Ya la dejé dormidita.
Mire nomás, calentándose alrededor de la hoguera para ver quién es el caliente
que le llega.
¿Se van a quedar como perros en brama?
Florentino. Lo digo por ellos, no por usted, don Carlitos.
Vamos a dormirnos.
Oigan, si la muchacha descansa bien esta noche, mañana la podemos usar.
Bueno, lindo, así me voy a dormir.
Buenas noches, que descanses, Yuka.
¿No vienes? No tengo sueño.
Entonces te espero.
¿Y tú qué?
Pues yo no tengo sueño.
Pues yo igual.
No nos hagamos pendejos, vatos.
No nos vamos a dormir por estar cuidando el pescado.
¿A poco no?
Estás muy guapo, cabrón. Pero ya pasa el espejo, que es propiedad colectiva.
¡Ay, qué tanta prisa traes, vato!
Bueno, digo, ¿no? ¡Dale!
¡Vámonos!
Oiga, don Yucca. ¿Qué?
Présteme su jabón. Usa la piedra, Pómez. Lo que queda de jabón se lo voy a dar
como presente de mi amor a la papaya de la discordia.
Oye, a propósito, no vea el sopilote.
No lo sabré ir a madrugar con la muñeca.
Despreocúpese. Allá está Flor cuidando de que no haya madrugueles.
Ahí viene el pendejo.
¡Cuidate! Tu barba está en un engañote. Ahí está él.
¿Qué haces aquí?
Los cachondos se fueron a nadar.
Yo me quedé aquí para cuidarte con el fin de que nadie aproveche las ausencias
de otros.
Si te agarran, pobre de ti.
Aquí entre nos, Florentino.
Yo te estorbo, ¿verdad?
Francamente, no sé.
A mí no me interesa ninguno de estos brutos. Yo soy fiel a la memoria de
Unos mafiosos me lo mataron.
Pero yo en venganza los maté con mis propias manos a los siete.
Pero tú me caes de pura parafina.
Entonces, ¿por qué no me ayudas a huir en la lancha? Mira, lo que necesito es
que me los tengas alejados tres horas para que pueda escaparme con la lancha.
tengo que empujar al mar.
No se puede. La lancha es muy pesada. Además, no tenemos llaves del motor.
No importa. Yo estoy preparada para cosas más difíciles. Mira, para mí
el motor de una lancha no es problema.
Ayúdame, por favor.
Lo siento, muñeca. No.
Si mis hermanos asesinos se dieran cuenta, moriría yo en sus manos presa de
terribles torturas.
No.
Tienes razón.
Ay, hace mucho calor aquí adentro.
Si quieres, aquí cerca hay un remanso de agua dulce y fresca, por si quieres
bañarte.
Vamos.
Por eso, Blancanieves, para hacer un buen mole, hay que ponerle chile
chile mascabel, chile piquín y chile yucateco. ¿Cuál es ese?
El mascabezón.
Espera.
¡Muchachos! ¡Oculten sus vergüenzas! ¡Ahí viene Blancanieves!
Esta isla es un paraíso.
Sí, pero con seis Adanes.
Siete.
Seis. Yo soy la víbora.
Pues no les pienso dar la manzana.
No se las vas a dar, pero ellos te la van a pedir.
¿Sabes qué? ¿Qué, Florentino?
Eres una albóndiga.
Porque eres un guay hecho bola.
Ya no aguanto más.
¡No me
agarres! ¡No me agarres!
Toma. ¿Y mis calzones?
Ni modo que pienses que los traigo yo. Los busqué y los busqué y no los
encontré.
¿Pero qué voy a hacer sin calzones y con esta bata transparente? ¡Ay, qué
delicada mujer!
Veré que te consigo.
jodidos, pero se acabó tu jueguito.
Madre, ni te peló, ¿eh?
Tienes que pensar que eres de todos y que nos tienes que dar batería a todos.
Claro, en total nomás somos siete.
Seis. Bueno, seis.
Este pasa sin ver.
¿Qué no son muchos?
¿Cómo va a ser?
Cualquier putita se echan ocho, nueve, diez cada noche. No les pasa nada.
¿Tú por qué no vas a hacer lo mismo?
Porque yo no soy putita.
Claro, fíjese que tienes razón.
¿Cómo comparas a una huila con esta belleza que nos mandó San Martín de
Ahí te hablan.
La regaste, pelado, la regaste.
Está bien, cagarles de humanos.
Bueno, entonces, ¿qué vamos a hacer, pues? Hay que afrontar este problema con
conciencia social.
Mira, hoy llegamos a un acuerdo.
O francamente, aquí va a ser una violación colectiva. No seas mamón.
¿Y con quién va a ser el acuerdo?
Pues con usted, muñeca. Pues con quién más.
Yo dije que el acuerdo es entre nosotros.
Y ella no cuenta, güey. No, ahorita no.
¿Qué te pasa, vato? ¿Te has jodido o qué?
Entonces, ella es la principal interesada.
Si ella dice que no, entonces es no.
Que ella no cuenta.
Es de a huevo.
No digas estupideces.
Mira, nena, no te queremos forzar.
Somos asesinos civilizados.
Civilizados, madre.
Déjame hablar, carajo.
De esta isla no vamos a salir nunca.
Pronto vas a necesitar macho.
Como nosotros necesitamos hembra.
¿Así la piensas convencer?
Oye, sopilote.
¿Tú sabes quién es tu padre?
Sí, no soy un hijo de puta.
Bueno, si yo me entrego a todos ustedes, voy a tener hijos y no van a saber
quiénes son sus padres.
Ah, chinga.
Entiéndanlo, yo solo puedo hacer feliz a uno de ustedes.
Pero pues es que todos necesitamos felicidad.
Si te dieran a escoger, huerca, ¿a quién elegirías?
Cada uno de ustedes está peor que el otro.
Gracias.
Bueno, lo bueno es que a mí nunca me han gustado los caritas.
Ya me fregué.
Como dijo Chilambalam, el hombre y el oso, mientras más feo, más hermoso.
Lástima que ustedes no me van a dejar escoger.
Sí, porque como buenos criminales, todos ustedes juntos son unos inseguros y
cobardes. Nada más no saben ni siquiera jugar limpio porque le tienen miedo a la
competencia.
Tienes razón, huerca.
Ella es coja.
Sí, me parece justo y equitativo que ella elija.
¿Y usted qué le tira, don Carlitos?
Ya déjense de pendejadas, románticos burguesas. La solución es el comunismo
erótico sexual.
Esta mujer nos pertenece a todos.
¡Tú no eres comunista!
¡Eres un méndigo montonero! Y no aceptas que ella escoja porque está seguro que
no te va a escoger a ti. ¡Estás muy feo, huerco!
¡Pinche capitalista!
Acepto combatir por ella nomás por darte en la madre.
Este cuero te lo voy a ganar con todo y tus dos millones de dólares. ¡Los
arranca, perro! No, nomás son ustedes.
Y yo no acepto.
Siempre sucede lo mismo. En su pilote le encanta llevar la contraria.
Debería de apellidarse su pilote Contreras. Siempre pasa lo mismo con
Es que el vecino siempre está en contra de todo.
Sí acepto. ¿Y tú qué dices, chavo?
Yo solo tendré sus encantos.
Si ella quiere dármelos.
Conmigo te equivocas, muñeca.
Yo estoy seguro de mí mismo y sé que te voy a ganar.
¿Por qué no me dan un poco de tiempo?
Para poder ir conociéndolos uno por uno y así puedo elegir. A mí no me vas a
conocer. Yo te voy a conquistar.
Yo voy a ser tu adorado y exótico enemigo.
¿Y ya se dio cuenta que eres un don Juan de azotea?
Hazte un lao.
Yo no me la jalo, rorra.
Sé que de entrada...
No te gusto, pero soy sólido y te convengo, ahora lo verás.
Los dos son un par de mamones.
Te voy a quitar los hijos.
¡Quietos!
¡Comportense! Estamos en presencia de una dama.
Gracias, don Carlos.
Hacía falta un caballero para reconocer a una dama.
No sé quién eres ni qué eres, pero has mostrado calidad y categoría.
Ella les pidió tiempo para conocerlos a todos y ustedes se lo concedieron.
Ahora le corresponde a ella decir quién va primero y quién va después.
Usted primero, don Carlos.
A usted lo quiero conocer primero.
¡Ah, chingao!
¿Ya vieron?
Va a ser la prueba del añejo.
¡Qué bueno!
Miren, ahí viene el abuelo y la hija.
Tú te pareces a mi papá.
¿Te gustaría que yo fuera tu hijita? Sí, claro.
¿Dónde está tu padre?
Murió hace diez años.
¿Lo querías mucho?
Yo estaba enamorada de él.
¿Eh? Sí. ¿Cómo?
Era el hombre más sexy, más guapo que yo haya conocido.
¿Entonces tú y él? No, no.
Murió y me dejó traumada, frustrada.
Desde entonces no he podido querer a nadie que no tenga la edad suficiente
ser mi padre y yo ser su hijita.
¿Por qué me dices todo eso?
¿Que no lo has entendido?
Creo que no.
No.
Que yo solo podría ser el amor contigo.
Tú eres el elegido.
¿Pero qué te pasa, muchacha?
Mírame.
Yo soy rara, loca, pervertida.
No me vas a decir que tú también eres raro y que no te gusto.
No, me encantas, me fascinas. Te deseo como todos esos imbéciles juntos que nos
están mirando.
Si tú y yo estuviéramos solos en esta isla.
Si ellos no existieran.
O si se murieran.
Mira, mira, viene.
muy mamote. Va a salir con que ya se la ligó. Me habrá convencido el pinche
rujo. No, hombre, le ha de haber platicado desde que nació hasta que lo
escaparon.
Vamos a cultivarlo como hacemos en Mérida con los peteos. ¡Dios, don
Así que usted es el mero mero, ¿eh? ¡No te burles! No, no me diga que ya se la
ligó. Ah, si yo tuviera la edad de ustedes, ninguno sería pieza para mí. Ya
pasó, pero no me quejo.
Yo hace edad tuve más cuerpos que todos ustedes, pero no le queda más que los
recuerdos.
Don Carlitos, ¿a usted ya ni con el himno nacional?
¿Ella? ¿Yo?
una señora y una señorita. ¿Cuál es?
Y que después de todo, una señora no es más que una señorita después de todo.
No lo entendí.
No lo entendiste porque este no es cuento para idiotas. ¿Y no te sabes uno
idiotas?
Ahí te va esta vez y lo agarra.
Mira, está quemando un hotel. Ese no te lo sabes.
En Las Vegas está quemado un hotel como de 20 pisos. Llegan los bomberos y
empiezan a bajar. los heridos y los quemados y todo el mundo corre y en eso
un cabrón de tamaño así grandote buscando a alguien y se encuentra otro
le dice oiga amigo le dice ¿no ha visto usted una güera grandota ella?
así chichona de pelo largo con la cinturita y así dice no, no la he visto
si la ve échesela porque ella está pagada
Mis bombas son originales, debidamente patentadas.
Las hago accionables a voluntad.
A tiempo firme, a tiempo variable o instantáneos. Junto a mí, Carlos el
Terrorista es un pinche principiante.
Mándigos.
¿Qué tanto manotea, ha? Se está espantando las moscas.
Tiene su labia. Está tratando de convencerla. Ay, a lo mejor se le hace.
No creo.
Las mujeres no se conquistan con puro bla, bla, bla.
Yo no dije nada.
A ver, explícate.
Ya lo sabrán.
Oh, pues, ¿qué trae este vato?
Se me hace que el ganón va a ser este.
Lo digo porque tiene ojos de rayita.
En este mundo todos, todos tenemos que ser iguales.
¿Tú qué eres?
¿Marxista?
¿Comunista? ¿Marx -leninista? ¿O pragmático de la escuela de Mao o de
Creo... Creo que te tengo que decir la verdad.
Viene la verdad.
Conste que es algo que nunca se lo he dicho a nadie, ¿eh?
¿Sabrás guardar el secreto? Claro, lo que tú me digas no saldrá de mí.
¿Lo juras?
Lo juro.
Soy un pendejo.
No.
No, no puede ser.
Parece increíble, ¿verdad?
Pero al menos yo no lo puedo creer.
Pues créelo, muñeca.
Todo. Todo lo hago a los pendejos.
De cinco bombas que pongo, una es la que explota.
Y esa, en lugar de matar a todos los ricos, mata a los barranderos.
Mi penúltima gran pendejada fue querer volar el metro.
¿Por qué?
Todo más por joder.
Pero falló.
¿Y qué me ha dado?
Bueno, esa fue la penúltima. ¿Y cuál fue la última?
Mi última gran pendejada fue haberme enamorado de ti.
Creer que yo soy el elegido.
¿Y si yo te dijera que tú eres el elegido?
Ahora sí me dejaste pendejo.
No, no te acerques, que nos están viendo.
Pues que nos vean, que nos vean. Ay, sí, se enteran que tú eres el elegido y
miran.
Bueno, quedamos en que tú ibas a escoger, ¿o no?
Bueno, pero nadie prometió que no iba a matar al elegido.
En el amor y en la guerra todo está permitido.
Inclusive matar al rival.
Y a los que estorban.
¿Te imaginas?
¿Te imaginas si tú y yo estuviéramos solos en esta isla?
Vamos, vamos a estar solos.
Nomás déjame, déjame agarrarlos a todos juntos.
Se me está ocurriendo otra pendejada.
Está coqueteando la huerca esta.
¿Cómo sabe que es a usted?
Pues no ves que está apuntando para el norte.
Pero aquí estábamos en el sur.
Pero yo soy del norte.
Y ahí le voy.
Pinches.
Es un pendejo. Ese es de ahí.
Luego lo calaste.
¿Qué pasó contigo?
Pues aquí nomás.
Haciéndote la lucha con escasas esperanzas. Pues ándale.
¿Ándale con qué, huerca?
Pues al grano, vato.
Tú sí eres de las mías.
Bueno, es un decir. Aunque todavía no canto victoria.
Así que, ¿tú eres el de la lana?
Dicen que estás cargadaso. Pues sí, ¿pa' qué es más que la verdad?
Tengo por ahí unos centavitos.
¿Y cómo cuántos?
Pues hay nomás dos méndigos milloncejos de dólares en Miami.
Pero no me malinterpretes, huerca.
No estoy tratando de comprarte.
Sé que tú no te vendes.
¿Y cómo lo sabes? Ah, pues, salta la vista.
Ay, qué mala vista tienes, ¿eh?
Bueno, además Miami está muy lejos.
Tú y yo lo hacemos de aquí hasta allá, mi amor.
¿Cómo? Pues viéndonos en la lancha Mazatlán.
Mazatlán no es Miami.
Además allá te agarra la policía. No, huerca.
La policía.
Buscan grupo de forajidos.
No una pareja de románticos enamorados.
Sí es cierto.
Tienes razón.
Nomás que ellos no van a dejar que nos escapemos. Me vigilan día y noche.
Bueno, pero está dispuesta a irse conmigo, mi amor.
¿Y tú qué crees?
¡Echo, huerca!
Y de esos pinchurrietos matones, no se preocupe.
Yo me encargo de ellos.
¿Que los vas a convencer?
No, huerca.
Nomás los voy a matar.
Se me hace que ella se decidió por el grandote. No lo creo.
Todavía no habla conmigo.
Pues como dijo Chilambalán, ahora o nunca.
Tú se ames suerte, lindo, hermoso. Voy tras ella.
Oye, si no te escoge a ti, échame una manita a mí. Esta te voy a echar.
Van a perder su pinche tiempo.
¡Ah, caray!
Ya no están horribles.
Claro que ya no están.
¿Dónde los pusiste, Fedayín? Con que querías matarnos a todos, ¿verdad?
Todo lo contrario, huerco. Vine a salvarlos de ustedes mismos.
Fedayín, dame esas armas. Ya te dije que yo no sé dónde están.
Alguien nos madrugó.
Óyeme bien, huerco.
Esto nomás te lo voy a decir una vez.
Dame esas armas o aquí mismo te desmadro, ¿verdad?
Así tan fácil.
Si tienes tanta urgencia de morir, pues órale.
Me importa madre tu dinero.
Yo tiré las armas al mar. ¿Y por qué las tiró?
¿Y por qué vinieron a buscarlas?
Por eso las tiré.
Yo te la llevo, linda.
Gracias.
¿Por qué tan callado?
No sé.
Yo siempre hablo mucho.
Mi fuerte es hablar.
Es la primera vez que me quedo callado.
Y yo creí que te iba a conquistar con mi labia.
Bueno, a una mujer se la puede conquistar de muchas maneras.
Yo siempre la he conquistado con la lengua.
¿Sí? No, no.
No lo me interpretes mal.
Me refiero a usar la lengua para... Para pegar estampillas.
Eso.
¿Tú dirás?
Sí.
Como te iba diciendo, es que... ¿Sí?
No, nada.
Womba, pensando en Chichen Itza, de gracia eterna y divina, yo te digo
una verdad. Tú también eres... ¿Una ruina?
No. Te busca mi pensamiento en una noche
preciosa. Todas las voces del viento gritan que eres...
¿Horrorosa? No.
No, ya la regué.
Fracasé. La cagué. Yo me voy. No, no, espera, espera.
Tú eres el hombre, el hombre más gracioso que he conocido.
Ay, sería tan lindo estar sola en esta isla.
Tú y yo.
¿Qué?
Tú eres el elegido.
¿Te pueden oír?
No importa, que me oigan. No, ¿cómo?
Si se enteran que tú eres el elegido, hasta te pueden matar.
Sería un desperdicio, ¿verdad?
Sí, eso creo.
Como dice Chilambalán, hay que ensartarlos donde están.
¿A poco los piensas matar?
No, creo que estoy inspirado.
Nadie sabrá dónde quedó la bolita.
Pues sí, misopi.
Usted y los otros son unos méndigos asesinos que mataron a los tarugos sin
lana.
Te equivocas conmigo, norteño.
Yo nunca maté de gratis.
Siempre fue por encargo.
¡Ay, pelado!
¿Y cuánto cobrabas?
Pues según el sapo es la pedrada, ¿no?
¿Y por qué me preguntas eso?
Pues es que quiero hacerte por ahí un encargo, huerto.
Más bien, cinco encarguitos.
¿Quieres que me eche a los cinco, verdad?
¿Por qué y pa' qué?
Pues pa' irnos a Miami, tú, yo y la huerca.
Y al final, ¿quién se va a quedar con la vieja?
Ay, pelado, no te preocupes por eso.
Por mientras, la necesitamos pa' despistar a la policía haciendo la pinta
es mi vieja.
Pero en llegando a Miami, te la suelto, huerco.
Allá lo que sobran son cueros.
Eres medio cabrón del lado, ¿verdad?
Y también del otro.
¿Cuánto, vato?
Pues tú dices.
Pues, ¿qué te parece?
Cien mil pesotes.
Veinte por cada, pelado.
Nunca me habían ofrecido tanto.
Hecho, huerco.
Entonces, a trabajar, pelado. A ganarse el pan.
Eh, mijo, ándenle.
Sígale trabajando. Y ya sabe que aquí tiene conmigo su lana segura. Nomás eso
faltaba, chingao.
Como dijo Chilambalam, uno por uno los voy a mandar hasta Vietnam.
¿Qué te pasa, muñeca?
¿Cómo que qué me pasa? Nomás están sentados. Nomás me miran y me miran.
Yo estaba viendo el pescado.
Yo estaba viendo el otro pescado.
Yo nomás lo estaba oliendo.
¿Por qué no hacemos algo para divertirnos?
A ver, Flor.
Tú, Flor, vas a tocar así.
Carlos, préstame su zapato.
Usted va a tocar así.
¿Está bien?
Vas a tocar esto.
Eso.
Tú, chavo.
¿Y tú, soplinote?
Tú, sopilote, haces así.
Tú, norteño, vas a tocar esto.
Así.
Mamacita, ¿y yo qué te toco?
Tú vas a bailar conmigo.
Mira.
Tú vas a ser el primero.
A la una, a las dos y a las tres. ¡Ya!
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Ni sabe nada, es buenero. ¡No, hombre!
¡El chavo es un gran médico!
No creo.
Y no nos hubiera hecho la circuncisión en la cabeza.
¡No estén fregando y dejen trabajar!
Tienes razón, estamos estorbando. Vamos a dejarlo trabajar.
¡Vente, Sopi!
estará bien.
Trate de incorporarte.
Me tiene miedo y asco, ¿verdad?
No.
¿Por qué habría de tenerte miedo?
Es que ya le han de haber contado que maté
a 17 mujeres.
Ya lo sabía.
Pero también sé que lo hiciste por misericordia.
¿De veras lo crees? Claro.
Sufrían mucho, mucho.
Su vida era muy dura, cruel,
cruel.
Ellas mismas me lo contaron.
Antes de matarla, yo traté de convencerlas de que
ya no tenían nada que hacer en este mundo.
Para que estuvieran de acuerdo y me dieran su consentimiento.
¿Y lo conseguiste?
No. ¡No, no!
¡Eran tontas, ignorantes!
Muy tontas.
Altas de imaginación. Ni siquiera se les...
se les había ocurrido rigidarse.
Comprendo tu misericordiosa eutanasia.
A todas, a todas les hice la autopsia.
Y te puedo asegurar que estaban peor por dentro que por fuera.
Sí, sí.
No creas que... No creas que las maté de una manera
burda o fea.
No, no.
Lo hice con cuidado.
Mucho cuidado.
Con delicadeza. Con ternura.
Al estilo quirúrgico.
Con mi bisturí.
Con mi bisturí.
Déjenlo, tiene el derecho a hacer su lucha.
A mí no me preocupa.
Nunca pensé ser yo el elegido.
Si te oyen aquellos asesinos...
Pueden matarte.
Entonces, ¿cómo?
Si tú y yo estuviéramos solos en esta isla.
¿Solo?
Me asustaste.
Conmigo te esperan sustos muy sabrosos.
A ver si como roncas duermes.
Ya verás que ni ronco, ni duermo, ni dejo dormir.
Con lo que me hacen falta esas desveladas.
Pues no te has desvelado porque no has querido.
¿Entendiste eso?
Oye, ¿ya desengañaste a esos pendejos?
Ya.
Solo me falta Flor.
¿Flor? Sí.
¿Flor?
Qué buen puntacho, Flor.
Entonces, ¿cómo que dice ya?
Que no.
Se enteran, los otros te matan.
A mí.
Pues puede que tenga razón, pero pues, ¿sabes qué?
Lo que sí es cierto es que esos nos estorban. A ti y a mí nos estorban aquí.
Entonces, ¿qué?
Me los echo.
Así de fácil.
Así de fácil.
Por ti, esos güeyes ya vuelen a muertito.
O si el norteño ya me había hecho ese encarguito.
Y a él, también le voy a hacer el servicio.
El norteño me propuso que nos escapáramos a Miami.
Sí. Con el cuento de la lana.
Se cree que nací ayer.
Llegando a Miami, mira.
Me hace así. No, te hace así.
¿Viste a tu príncipe azul?
Anda, suéltala.
Dime quién va a ser el feliz elegido.
Ninguno.
¿Cómo ninguno? ¿Tienes que escoger a uno? ¿O qué quieres que te agarren entre
todos?
Detesto a los hombres.
No sólo a estos asesinos, sino a todos.
Ay, no digas eso.
Ay, cada peludo.
Divino. A los peludos los aborrezco.
Tengo que hacerte una confesión.
Pero no se lo vayas a decir a nadie.
Soy lesbiana.
Pertenezco al tercer sexo igual que tú.
Jesucristo Superstar.
Mira qué confesión. Pero ahora, ¿qué vamos a hacer?
Acuérdate que tú querías escoger a uno de estos cachondos.
Si he de ser de alguien,
Quiero ser tuyo.
Y que tú seas mía.
Ay, tú me estás cotorreando.
¿O qué?
No, elegí a ti porque eres más, más mujer que yo.
Yo te puedo hacer muy feliz, más que cualquier hombre.
Yo sé cómo.
¿A lo macho? ¿Digo a lo hembra?
Las dos cosas.
Esa será mi venganza. Me han humillado, me han ofendido.
Uno de ellos hasta se atrevió a decirme Fodonga.
Pero van a ver.
Amor mío.
Nos pueden ver.
¿Y qué?
Si se enteran, nos matan.
No te preocupes. Nos quedaremos las dos solitas en la isla.
Los cachondos se irán. ¿A dónde?
Al infierno.
¿Los vas a matar?
No.
Ellos se van a morir.
Solitos. Ahora sí, muñeca.
Llegó tu agastajo.
¿Ya los mataste a todos?
Sí. Todos están ahogados en el mar.
Y ahora estoy listo para hacerte el amor.
¿Dónde? ¿Cómo dónde?
Aquí, en mi hamaca. No, no se puede.
¿Qué qué? No sabes lo que te has perdido, muñeca.
Como dijo Chilambalam, haciendo el amor en hamaca, me vale madre que llegue la
calaca.
Ahí te voy.
Ya empezamos a hacernos menos.
¿Murió a la yucateca? Sí.
¿En la maca?
No, murió a la dominó.
¿Cómo? Se ahorcó la mula.
Lolita, quiero pedirte un favor.
Quiero que muerdas de uno por uno a cada uno de los hijos. parechones que quedan
con... ¿Y Lolita?
Ellos te odian.
¿Puedes hacerme ese servicio?
Dijo que sí.
No me mates.
No te hagas pendeja.
Tenías que morder al sopilote y luego al otro y al otro y al otro como habíamos
ensayado. Pero ¿por qué no lo hiciste, princesa?
Si ya estaba tan bien hecho, tan bien arreglado.
A ver, a ver, vamos a ensayar. Muy bien.
Eso.
Solo era un ensayo, Lolita.
¡Lombriz de aguapuerca!
Haces tu cagada y luego te vas.
En fin, voy a morir como murió
Cleopatra.
¡Mamá!
Eso de la víbora fue una chingonería.
¿Tú crees?
Seguro, pelado.
De todos se nos fue el coto.
Falta que va a ser.
¡Ah, te va a hacer falta!
¡Qué callao te lo tenías, pelado!
¡Más respeto!
¿Qué estás haciendo, juzgado por Dios?
Oigan, ¿y los cotos se van al cielo o al infierno?
No, chavo.
Los cotos se van al limbo.
No, no tengo.
¿Está muerto?
Sí, sí, está muerto. Es que es la comida de hoy.
Ah, brindemos por la comida de hoy.
Brindemos por la comida de hoy.
¿Y esto qué es? Es una agüita que le acabo de poner vitaminas para que no nos
haga mal el sol.
¿Y qué?
¿Tú no te vitaminas? Ah, claro, yo también.
También me da el sol.
Salud. Salud. Salud.
Salud, salud. Oye, ¿qué nos vas a dar?
¿Conejo o coneja?
No me fijé, déjame ver.
Es machito. Es machito. Salud.
Como los machitos. Como los machitos. Salud. Salud.
Estás vengado, conejo.
Eres un vago, soplote.
Lo del veneno no tuvo madre.
Este iba a seguir destazando putas. Mejor que haya quedado aquí.
¿No? Una muerte es desgracia.
Dos, es fatalidad. Pero tres, ya son chingaderas.
Amén.
Se te está quemando algo, pícale.
Vas a ver, mi vida, cómo van a volar en cachitos.
Ahí, detrás del árbol.
¡Un helicóptero!
¡Aquí, hijo!
¡Se salieron!
¡Un helicóptero!
¡Estamos salvados!
¡Salvados, madre!
¡Voy a apagar esa fregadera!
que nos costó volver a armarlo. Y quedó incompleto. ¿Qué le faltó? Un ojo, una
oreja, una mano y un huevo.
Como mató, no tienes madre, pelado. ¿Qué crees? Eso de la bomba. Fue una pinche
genialidad. Ya que se sepa, pelado.
Honor a quien honor merece, no faltaba más.
Fíjate bien, muñeca.
Nuestra felicidad se la vamos a deber aquí al vato este.
Aquel sopilote está enteradazo de nuestro plan.
¿Cuál plan?
Pues nuestro plan de huir.
Tú lo hiciste ese plan, no yo.
Me lo propusiste.
Yo nunca te dije que sí.
No me vengas con mamadas, huerca.
En lo que quedamos, quedamos.
¿O qué?
¿Le tienes miedo aquí al huerco este?
¿Y crees que porque mató a los otros cuatro también me va a matar a mí? Es
yo no maté a los cuatro, norteño.
Te equivocas.
Pero si ella quiere que te elimine, pues ya estás, fíjate.
No hagas eso, sopilote.
No se meta, don Carlos.
Me decepcionas, pinche sopilote.
Eres un pobre güey.
Yo sí soy un asesino profesional enterado de las técnicas modernas de la
¿Dónde crees que me vas a matar con ese pinche cuchillito?
Y si te hice el encargo que mataras a los otros.
Fue porque soy muy huevón. No me gusta molestarme. ¿Cómo la ves?
¡No te metas, Blanca!
¡No eres un pilote!
¡Toma, carajo! ¡Toma, juez!
¿Quién te está creyendo?
¡Carajo!
¿Cuánto vamos?
¡Vámonos, huerca!
Sea por Dios.
Me apendejé.
Tengo que pulir mi técnica.
Ahorita mismo nos vamos.
Así no tenemos nada que empacar. ¿Y don Carlos?
Se va con nosotros, muñeca.
No le queda otra.
Mandates a volar, ¿eh? Yo no fui, fue la palmera. La palmera funcionó como
catapulta.
Nadie sabe pa' quién trabaja.
Don Carlitos, nomás quedamos a usted y yo.
¿Cómo le vamos a hacer?
Ella escoja, como habíamos quedado.
¿A qué, don Carlos? Míralo, se defiende. ¿Y a su edad?
La edad a veces es una ventaja.
No está usted para saberlo, pero está.
Me escogió a mí desde el principio.
Ni antes.
¿Tú los mataste a todos?
No.
Se murieron porque Diosito quiso.
¿Para qué, don Carlos?
¿Para que en este nuevo paraíso este y yo seamos Adán y Eva?
¿Verdad, Evita?
Estás loco, sopilote.
No, don Carlos.
Mire, el mundo con tanto smog y tanto megatón se va a acabar poniéndose en la
madre. No estoy tan loco. Y usted en la lancha se va a ir solito mucho a la
chingada. ¿Solo en la lancha?
Me mandas a una muerte segura.
Mejor mátame.
Fíjese que le voy a obedecer.
Adiós, cuate.
Gracias por haberme querido y deseado tanto.
Por haber sido tan tontos y tan buenos conmigo.
¡Don Carlos!
¿Pero si usted está ahí?
Carlos era mi hermano gemelo.
¿Cómo murió?
Lo mató ese que está ahí.
¿Y los otros?
Los otros murieron solos.
Yo venía a recogerlos, pero me parece que he llegado tarde.
Vamos, nena.
Ya me dirás quién eres y qué hacías aquí.
Siete otra vez.
¡En la madre!
¡Miren lo que mi hermano me heredó! ¡Hasta que voy a comer otra clase de
pescado! ¡El mar es un cuero a todo dar! ¡Me está coqueteando!
¡Está buenísima!
¡Pero será para todos! ¡Yo me la receto primero!
¡Ay, cómo serán cachondos! ¡Yo me la llevo a Mérida!
¡Está apuntando para el norte!
¡Está buenísima! ¡Yo le voy a hacer la autopsia!
¡Ay, carguen la lancha y lo estén fregando!
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