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¿Pero tú que haces aquí, ratón?
Yo tampoco puedo dormir.
Estos días estoy oyendo cosas.
¿Qué cosas?
Os creéis que no me entero, pero sí que me entero.
Sé que mamá vio algo al tocar esa piedra.
Es la misma que tenemos en casa.
Pero...
Pero esta piedra no tiene por qué preocuparte.
Es inofensiva.
¿Entonces por qué nos tiene prohibido acercarnos a la despensa?
Porque esta piedra oculta un poder... único.
Un poder que puede dar miedo,
pero que bien utilizado puede ser muy valioso.
¿Y mamá también puede utilizar ese poder?
Ella tiene un don,
un don que también tenía tu abuela
cuando descubrió el mineral hace muchos años.
¿A ti te gustaría conocer el lugar
donde vio esta piedra por primera vez?
- Sí. - Aunque creo que ya la conoces.
Pasa, ratón.
¿No era peligroso?
No si vienes conmigo. Venga.
La verdad es que entiendo por qué bajaste la otra noche.
A tu abuela le encantaba venir aquí.
Decía que en este lugar la ciencia daba paso a la magia.
¿Donde lo imposible es posible?
Donde lo imposible es posible.
Ahora prepárate... porque viene lo mejor.
¿Seguro que no es peligrosa?
A mí también me daba miedo,
hasta que comprendí que tu abuela no murió por culpa de este mineral.
¿Puedo?
Traemos una orden de registro para Esther Rubín.
- ¿Tenemos algo? - De momento nada.
El pueblo está perimetrado.
No ha podido llevarse muy lejos a Emma.
- Bien, ¿se puede entrar ya? - Sí.
Gracias, inspectora. Voy a hacer café.
Vamos.
Yo me voy a quedar.
Encontraremos a tu hija.
¿Tú no vas?
No, yo me voy a quedar contigo.
¿Y mi hija en manos de esa psicópata?
No, no, no, tú ahora mismo vas a ir a buscarla.
Gaby, hoy es día 21.
- Es el día en el que... - Que Emma vuelve a casa y punto.
Pero si esto está lleno de policías
y yo me sé cuidar sola.
Encuéntrala.
Vale.
Chicos, nos vamos. Las pruebas a laboratorio.
Vosotros os quedáis a vigilar.
¿Has conseguido rastrear el teléfono de Emma?
Nada, ni el de Emma ni el de la loca esta.
Joder.
¿Tú puedes llamar al teléfono de emergencia de un coche?
¿El del botoncito de SOS?
Necesito hablar con Esther.
No lo he intentado nunca.
- Eso lo lleva la DGT. - Sí,
y luego transfieren los datos al 112.
¿La matrícula?
La matrícula, la matrícula es...
0188LJF.
Pues a ver si con esto es suficiente.
¿Esther?
Esther, no me cuelgues, soy Gaby. Te juro que no estoy con la policía.
¿Y, entonces, cómo me has localizado?
Me ha ayudado el novio de Emma.
Necesito saber cómo está mi hija.
Emma está bien y está conmigo.
Déjame hablar con ella.
En serio, Gabriela, está bien.
Soy incapaz de hacerle daño a tu niña.
Entonces, ¿por qué coño estás haciendo esto?
De verdad que lo siento.
A ver, llevo años de estudio
y necesito a tu hija para terminar mi investigación.
Tiene la sangre de su abuela, con quien empezó todo.
No, no necesitas a mi hija, me necesitas a mí.
Yo he estado en contacto con la piedra muchos días.
Lo sabes, te he ido contando todo.
No soy como los otros, no soy un sujeto experimental.
Yo soy una mujer de ciencia, que necesito respuestas,
necesito saber qué está pasando, Esther.
Me pasa igual que a ti.
¿Me estás proponiendo un intercambio?
Sí.
Esther, ¿hace cuánto que somos amigas?
- Como diez años. - Pues acabemos esto juntas.
No te lo digo solo como amiga, te lo digo como médico.
¿Te acuerdas del acantilado donde mirábamos el mar?
Sí, claro.
Nos vemos allí en dos horas.
No quiero ver policías, Gaby,
porque me pondrías en una situación muy difícil
y yo ya no paro.
Vale.
¿Dónde está Emma?
Emma.
Mi amor.
Shh...
¿Estás bien?
¿Sí? ¿Estás bien?
Tenemos que irnos, Gabriela.
No, por favor.
Esther, está muy asustada. Déjame que la lleve a casa, ¿vale?
Mañana empezamos tú y yo con la investigación
en el hospital, en un sitio con medios.
Es que no hay mañana, Gaby.
Ya no puedo, Gaby,
ya no puedo echar marcha atrás.
Vale.
Vale.
Voy contigo...
pero deja que se vaya.
¿Sí?
- Corre. - No.
Emma, yo voy a estar bien, corre.
Voy a estar bien, ¡corre!
Vamos en tu coche.
No lo sé, solo sé que ha ido a reunirse con Esther.
¿Pero cómo se te ocurre ayudarla en algo así?
La vida de mi novia está en juego, inspectora.
Sí, y ahora también la de su madre, ¿entiendes?
¿Por qué coño no dijiste nada, Mikel?
Porque me lo pidió Gaby.
¿Gaby?
- Emma. ¡Emma! - ¡Emma!
- ¡Emma! - ¡Emma!
Hija.
Tranquila.
Emma.
Emma, sé que es difícil,
pero necesito que estés centrada en este momento, por favor.
Sí. Perdón, lo siento.
No, no, no. Tú tranquila, mi amor, ¿vale?
Nos estabas diciendo que lo último que recuerdas de anoche fue el pinchazo.
Sí, en el cuello, sí.
¿Debió ser algún tipo de narcótico o algo?
Lo sabremos cuando la científica tenga los resultados de su analítica.
Emma, después del pinchazo, ¿qué más?
Nada.
Nada.
Emma, piénsalo bien, por favor.
Cualquier detalle, por pequeño que sea, puede ser importante.
Le acaba de decir que no tiene ningún tipo de recuerdo.
Es que cuando me desperté, ya estaba en el coche de Esther.
Esther está loca.
Está loca, apuntó a mi madre con un arma.
¿Y después qué más?
- Piénsalo, ¿qué más? - Basta ya.
- Piénsalo. - Necesita descansar, ¿no lo ven?
Descansará cuando encontremos a Gaby.
No a costa de la salud mental de mi hija, ¿vale?
Quizá sea más importante la integridad física de su madre, ¿no?
Venga, que estamos todos muy tensos.
Tenemos que tranquilizarnos un poquito si queremos ayudar a Gabriela.
Está bien, está bien. Perdón.
El mismo don compartido
por tres generaciones de la misma familia.
Señores, el portátil tiene que aparecer ya.
¿De verdad es necesario destrozarme así la casa?
Solo están haciendo su trabajo, señorita Silva.
¿Esther tenía una consulta privada?
No.
¿Y dónde podría tener un quirófano?
- ¿Cómo? - En la visión de su muerte,
Gaby estaba en un quirófano. ¿Dónde podría ser?
En el hospital.
No, en el hospital no era, era otro sitio.
Es que no puede haber otro sitio.
Creemos que Esther mantiene su propio quirófano clandestino.
Esto es una locura, de verdad, es que no.
A lo mejor deberías haberte buscado una novia que no estuviera loca.
- ¿Perdone? - ¿Cinco años viviendo juntas
y nunca has visto nada raro?
Si Esther fuera una asesina en serie y yo hubiera visto algo,
lo que sí que sería raro es que no hubiera dicho nada.
Porque eso me convertiría directamente en una cómplice de asesinato,
y yo no soy cómplice de una mierda.
De verdad, no entiendo por qué me tienen a mí aquí retenida.
No lo entiendo.
Es un protocolo de seguridad.
¿Un protocolo de seguridad?
Hasta que sepamos qué relación mantenía con la sospechosa.
Somos lesbianas.
Eso ya.
Pero es que no hay otra relación.
Lo nuestro es una relación de amor, ya está.
¿Y dirías que es una buena relación?
Hasta hace unas horas era maravillosa.
Y fuera de esa relación, que seguro que era buenísima,
¿Esther tenía episodios depresivos o coléricos?
No.
No, nada.
Es que ella era luz, os lo juro, ella es luz.
Y yo le iba a pedir que nos casáramos y ya había elegido el anillo.
Y se lo voy a pedir, ¿eh?
Se lo voy a pedir porque esto se va a arreglar
y yo le voy a pedir que nos casemos.
El piso...
¿Qué piso?
Tenemos un piso que alquilábamos en el puerto.
¿Qué me vas a hacer?
Primero te voy a mostrar mi trabajo.
Me llamo Blanca Thompson,
tengo 65 años
y estoy aquí voluntariamente.
Muchas gracias por haber accedido a estas sesiones, Blanca.
Gracias a ti
por haber venido desde tan lejos para ayudarme.
En cuanto su marido me puso al corriente de su caso,
lo dejé todo en Argentina para venir a verla.
- ¿Es aquí? - Tercero B.
Con el alquiler de este piso pagamos parte de la hipoteca,
pero, de verdad, que no hay nadie.
No sé qué me está pasando, doctora.
- ¿A qué se refiere? - Todo lo que veo
me resulta extrañamente familiar.
Dígame lo que ve, por favor.
Me veo a mí misma en situaciones que no han ocurrido todavía.
¡Policía!
¡Nadie!
Limpio.
Andrés, ven.
Ven.
¡Arantxa!
¿Esto qué es?
No lo sé.
La última vez que estuve en esta casa no había nada de esto.
Yo nunca he visto nada de esto aquí.
Esther ha estado aquí hace poco.
Su marido me ha contado que tienen dos hijos.
Gabriela y Nacho.
¿Ellos saben algo de esto?
Nacho está muy ocupado trabajando para su padre en Geocorp
y Gaby...
Ella trabaja en Madrid.
Está muy centrada en sus prácticas de medicina en el hospital.
Una colega de medicina. Enhorabuena.
Sé lo que estás pensando,
que debería contárselo.
La enfermedad, las visiones...
¿Entonces?
No quiero que sufran, Esther.
¿Molesto?
No, claro.
¿Te preparo algo?
Sí, hazme una infusión de las de mi madre.
Gracias.
¿Puedo?
Sí.
¿Qué? ¿Cómo estás, hija?
Bien, mejor.
Me alegro.
¿Tú?
Bueno, muy contento de tenerte aquí de vuelta.
Ahora solo falta encontrar a tu madre.
- Papá. - Dime.
¿Por qué no la quieres?
¿Cómo?
Que por qué ya no quieres a mamá.
Hija, claro que la quiero, ¿cómo no la voy a querer?
Quiero muchísimo a tu madre.
Yo creo que no.
Mi amor, yo entiendo que para ti esto sea
complicado de gestionar, lo entiendo.
Pero, Emma, hay...
Mira, hay edades, como la tuya, en la que... todo se ve muy bien...
pero luego la vida pasa
y los años pasan y aparecen otras cosas,
como la rutina, las facturas, el trabajo,
- la responsabilidad, las obligaciones... - Los hijos.
Los hijos.
Y está genial, no digo que esté mal, es maravilloso también.
Pero tus prioridades cambian.
Sin darte casi cuenta, empiezas a descuidar
a tu pareja y lo que habéis construido en común.
Joder...
Vamos, que has sido un gilipollas.
Ven aquí, anda.
Escúchame una cosa.
Tu madre y yo nos queremos muchísimo, ¿me oyes?
Muchísimo.
Voy a hacer lo que esté en mi mano para recuperarla.
Pues... igual ya es tarde, papá.
¿Qué hiciste con Jon y Michal?
Michal Usachenko, no pude avanzar mucho con él, la verdad.
La mayoría de las veces toco esa piedra y no pasa nada.
¿Y por eso lo mataste?
Yo no maté a nadie, Gabriela, no.
El chico murió de una insuficiencia cardíaca
y no pude hacer nada para salvarlo.
Solo a mi hermana Amaia.
Ha venido a verme porque está asustada.
Y yo también, doctora.
¿También murió de una insuficiencia cardíaca?
Le cortaste la puta cabeza.
Después de su muerte.
Hay algo que no te he contado.
Llevo tiempo atascada en mi investigación.
Pero tú me vas a ayudar.
Como amiga y como médico.
Los exprimiste hasta reventarlos.
Todo avance científico requiere de unos sacrificios, Gaby.
Unas víctimas.
Sí, que a veces son necesarias.
Estamos hablando del futuro de la humanidad.
¿Pero a qué precio?
Yo también he dado mi vida por esto.
Esther, con ellos no has conseguido nada.
¿De qué te sirvo yo?
Contigo se cierra el proceso.
Tu madre me mostró el camino hace 10 años.
Los otros no tenían vuestras características.
En cambio, tu hija y tú...
La clave está en vuestro ADN.
Hoy es el día de mi muerte, Esther.
Lo vi.
Tú me vas a matar.
No, Gabriela, tú y yo vamos a cambiar el futuro de la medicina.
Los accesos están cortados, nadie puede salir de la ciudad.
No es suficiente, necesito que peinéis todos los entornos que sean sospechosos.
Locales comerciales abandonados, garajes, trasteros, todo.
Inspector, estamos en ello.
Es como buscar una aguja en un pajar, Andrés.
El pajar no es tan grande, Lucía.
Tenemos que encontrarla, Lucía.
Gaby vio perfectamente lo que le iba a pasar.
Hoy es el día.
Es día 21.
El día de su muerte.
¿Cómo estás, cabezón?
Bien.
Oye.
Sabes que van a encontrar a mamá, ¿verdad?
¿Qué pasa?
Teo.
Sabes que me puedes contar cualquier cosa, ¿verdad?
Que entre nosotros no hay secretos.
Ayer vi algo que no os he dicho.
¿Mamá?
¡Mamá!
No te oigo.
- C106, ¿y qué más? - Nada más.
¿Tú sabes lo que significa?
- Teo, piensa, por favor. - Que no me acuerdo.
¿Todo bien, chicos?
Mi hermano ayer tocó la piedra.
¿Y qué viste?
Vi a mamá.
¿Qué te dijo, Teo?
Escribió algo en el cristal.
- ¿El qué? - C106.
¿Qué puede ser?
¿Una coordenada, un código o algo así?
Esther ha estado aquí hace poco.
No, no es una coordenada.
Creo que sé dónde puede estar.
♪ Esa no soy yo. ♪
Hola, bella durmiente.
Suéltame.
No te pongas nerviosa, cielo, por favor.
¿Recuerdas quién era Thomas Harvey?
Sí que te acuerdas.
Si no hubiera robado el cerebro de Einstein,
nunca hubiéramos descubierto qué le hacía tan especial.
Acabó fileteando un cerebro en su cocina.
Y tiró su vida a la mierda, como tú.
En nombre de la ciencia,
para estudiar una de las mentes más singulares de la historia.
Probablemente un cerebro como el tuyo, Gaby.
¿No te das cuenta?
Estás como una puta cabra.
Todo lo que sabemos de ciencia,
de medicina,
nuestros conceptos de tiempo, espacio, pasado, presente, futuro,
vida, muerte...
Todo va a cambiar, Gabriela.
Y todo gracias a ti, amiga.
Lucía, tú con los de operaciones especiales.
Voy a hablar con la autoridad portuaria
por si pueden ayudarnos.
...localizada, fluctuación crítica...
Potencia absoluta,
potenciales cognitivos evocados, frecuencia...
Andrés, ¿todo bien?
¡Mierda!
Lucía, aquí no hay nada.
¿Cómo que no está?
No tengo ni puta idea. El 106 está vacío.
- Dame un minuto. - No tenemos un minuto.
¡Que aparezca ya!
Tiene que haber una variación.
¡Carajo!
Señores, cubrimos el flanco izquierdo
y abrimos todos los contenedores. ¡Ya!
Necesito acceder al listado de todos los contenedores
que estaban en la zona 106 en la última semana.
¡Aizpurúa!
¡Gaby! No, Gaby, otra vez no.
No, no. ¡Gaby! Fenitoína.
Fenitoína.
¡Despejado!
¡Ay!
Dame algo, Lucía.
Espera un segundo.
No tengo un puto minuto. Dame algo, Lucía.
Vamos, Gaby.
Hay un contenedor que dejaron
en el depósito de reparación, frente a los silos.
Voy para allá.
Gabriela, no. No, por favor. ¡Gabriela!
¡Gaby! ¡Gabriela!
Ay, Dios...
Fuera. ¡Fuera!
- Gaby, eh, Gaby. - Llévensela.
Gaby.
Gaby, vamos...
Se está bien aquí, ¿verdad?
Mi niña,
sabes que estamos en el mañana, ¿verdad?
Se está bien aquí.
Papá, ¿tú qué haces aquí?
Este es mi sitio, Gabriela.
No.
No, no, no, vámonos, papá.
Vámonos.
Por favor, ven conmigo, ven.
Vuelve tú.
No.
No, no, no, por favor, papá, ven conmigo.
- Gaby. - Andrés.
Gaby.
- ¿Estás bien? - Sí.
He llamado a urgencias, pero no llegan.
Apenas tiene pulso.
- ¿Qué ha pasado? - No lo sé.
Estaba bien. No sé qué ha pasado.
Me ha pedido que le llevara a la piedra de la despensa.
Por favor.
Vamos.
No, los niños no.
¿Por qué no haces nada, mamá?
Porque se quiere ir.
Y nos vamos a despedir.
Gracias por todo, papá.
¿Un poquito más?
- No. - Yo un vino me tomaba.
¿Un vinito más? O un licorcete.
- Ni hablar. - Mira, la pantxineta.
- Pero bueno. - Bravo.
Ole, ole, ole.
- Qué pintaza, ¿no? - Bien, ¿no?
La pantxineta, Gaby, bravo.
- La he hecho como la receta de papá. - ¿Sí?
No estará igual, pero bueno...
Seguro que sí.
- Voy a hablar con Gaby. - Venga, ¿quién quiere pantxineta?
Yo, yo.
- ¿Así? - Mucho, mucho.
- ¿Una grande? - Ahí, ahí.
- Gracias. - Gala, ¿pantxineta?
- Sí. - Dame tu plato.
Papá...
¿Te gusta?
Te quiero.
Y yo.
- Os quiero mucho. - Y yo.
- Toma. - Gracias.
Siento haber sido un capullo.
Olvídate de eso.
Mira, acércame tu plato. ¿Cómo estás?
¿Sabes que te pareces mucho a tu padre?
Llegas justo a tiempo. Ahí va.
¿Pantxineta?
- Sí. - ¿Quién más?
- Hola, familia. - ¡Ey!
- ¡Hombre! - Hola.
¿Está rica la pantxineta?
¿Qué tal estás?
Mejor,
desde que pude enterrar a mi hermano.
Gaby,
- ¿por qué no dices unas palabras? - ¿Cómo voy a decir unas palabras?
¿Bien?
- Claro que es el momento ahora. - Que no voy a decir unas palabras.
- Venga, va. - Nosotros no somos
- de decir unas palabras. - Que sí.
Chicos, Gaby quiere decir unas palabras.
- ¿Cómo voy a decir unas palabras? - Que hable.
Que hable, que hable, que hable.
Siempre lo dice Nacho.
Cabrón.
¿Y yo qué os digo?
Hoy mis padres celebrarían sus bodas de oro
y estarían encantados de estar aquí con todos nosotros.
Pero yo estoy feliz porque sé... que por fin lo están pasando juntos
después de mucho tiempo.
Y sé que la vida va mucho más allá.
Que de alguna manera, todos somos eternos.
Y sé que vosotros también lo sabéis.
Porque tenemos mucha suerte, mucha.
La vida no suele dar segundas oportunidades.
Porque puede que hoy no estén aquí,
pero están más cerca de lo que imaginamos.
Por la vida.
Por la vida.
- Por la vida. - Por la vida.
¿Cómo estás?
¿A ti qué te parece?
Gracias por venir.
Tenía ganas de verte.
Tú sabes que te quiero, ¿no?
Y yo, Esther, pero es que...
Es que ya no sé quién eres.
Necesito pedirte perdón
porque te he hecho mal a ti y a mucha gente
y no era mi intención.
Pero lo has hecho.
Me he equivocado, mi vida.
Y ahora lo puedo ver.
¿De verdad?
Desde que entré a este sitio
he tenido mucho tiempo para pensar.
Y al fin me he dado cuenta de dónde estaba mi error.
Lo tenía tan cerca que no lo podía ver.
Esther, no sé de qué me estás hablando.
Mira, todo comenzó hace 70 años con ese meteorito.
Desde entonces hay terremotos en una zona
donde no debería haber movimientos sísmicos
y gente que al tocar una piedra
rompe las leyes físicas del tiempo y el espacio.
Es magnífico.
Yo creía que esta gente tenía como un ADN especial,
diferente.
O que eran una especie de elegidos.
Esther, ¿y nosotras?
La investigación fallaba desde su punto de partida, Arantxa,
porque no hay un ADN especial,
son ellos los que eligen.
¿Quiénes son ellos?
Ellos, mi vida.
Ellos eligen quién tiene las visiones,
ellos eligen con quién se comunican.
¿Y cómo decide una piedra con quién se comunica, Esther?
Es que no es una piedra, mi amor.
Es un ser vivo.
Es lo más cerca que hemos estado nunca de un Dios.
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