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Escucha, Señor, nuestra súplica
y haz que tu hija, Blanca, a la que llamaste de este mundo,
perdonada de sus pecados y libre de toda pena,
goce junto a ti la vida eterna.
Y cuando llegue el gran día de la resurrección y del premio,
colócala entre tus santos y elegidos.
Blanca Thompson, hoy, tus familiares están aquí reunidos
como cada día desde hace diez años.
Y, como cada día, desde el cielo de los justos,
has sido testigo de ello.
Blanca, tu familia te sigue queriendo,
te sigue añorando y te recuerda.
Ahora voy.
¿Qué haces aquí?
Gabriela, por favor, ¿qué voy a hacer?
Presentarle mis respetos a tu madre, como siempre he hecho.
- ¿Como siempre? - Sí, como siempre.
Es que ya no es como siempre.
Pasa.
¿Papá vendrá hoy a comer con el abuelo?
Pues es que papá sigue de viaje, cariño.
Pero el abuelo va a alucinar con los fósiles que tienes.
¿Los pondrá en el museo?
Seguro que sí. Corre, sube a por ellos.
¿Cuándo se lo piensas decir?
Pues es que necesito tiempo.
¿Tiempo para qué?
Pues necesito tiempo para pensar cómo se lo digo...
- y para asumirlo. - ¿El qué?
- ¿Que papá es un cabrón? - Emma, que es tu padre.
Ya, y un cabrón.
Eso también.
Con la secretaria.
Es que mi padre es un cliché andante.
Supongo que no le ha sentado muy bien la crisis de los 40.
Lo siento.
Yo ya lo tengo.
Anda, ven aquí, cabezón.
- Id a cambiaros, que ahora voy yo. - Vale.
- ¿Andrés? - Gabriela, ¿te pillo bien?
Eh, sí, sí, dime.
Estoy con la inspectora Osuna, estás en manos libres.
- Buenos días, doctora Aizpurúa. - Buenos días.
¿Qué ha pasado?
El cuerpo de Michal ha desaparecido del depósito de cadáveres.
- ¿Cómo? - Se lo han llevado.
¿Pero cómo que se lo han llevado? ¿Quiénes?
En eso estamos.
¿Y las cámaras?
La empresa encargada de la seguridad
no libera las imágenes hasta pasadas 24 horas.
El caso, Gabriela, es que no sabemos de qué ha muerto
ni de dónde vienen las manchas azules.
Alguien se ha tomado muchas molestias en evitar la autopsia.
Y por eso necesitamos que nos envíes tu informe de su defunción.
Por supuesto. Ahora mismo voy al hospital,
- en cuanto llegue, os lo envío. - Gracias.
Y otra cosa más, estamos yendo a Geocorp.
Hemos encontrado pruebas
que relacionan al joven fallecido con la empresa de su hermano.
¿Qué pruebas?
Como policía, no estoy autorizado para darte esta información.
Solo te lo quería comunicar.
Gracias.
Vamos a por ese cabrón.
Tú tranquilo, ¿eh?
Déjame a la guapita.
- Buenos días. - Buenos días.
- Veníamos a... - Sin cita previa
no pueden ver al señor Aizpurúa.
Disculpe, pero somos...
La inspectora Osuna y el inspector Monreal.
Y yo miro aquí y...
no tienen cita previa.
Señorita, somos policías.
Y el señor Aizpurúa es un hombre muy ocupado.
Si quieren esperar ahí... Pero no les prometo nada.
Espérame aquí un momento. ¿David Velasco?
Inspector Monreal.
¿Todo bien?
Sí, sí, todo bien. No nos conocemos,
pero su mujer, Gaby, trató a la mía.
- Ah. - ¿Qué estás haciendo?
Es un alto cargo de Geocorp.
Pero no es Aizpurúa.
Bueno, un poco sí, ¿no?
- Soy el cuñado de Nacho. - De momento.
- ¿Cómo? ¿Perdón? - Inspectores.
¿Algún problema con el señor Velasco?
- No - En absoluto, nos estamos presentando.
David, por favor, si nos disculpas.
- Sí, sí, claro. - Encantado.
¿En qué puedo ayudarles?
- Señor, les he dicho que... - Está bien.
¿Le suena de algo el nombre de Michal?
- ¿Deberías sonarme? - Debería, sí.
- Debería. - Andrés.
¿Y por qué debería sonarme ese nombre, inspector Monreal?
Porque su cuerpo ha desaparecido del depósito de cadáveres.
Qué horror.
Un horror, sí.
Y no sé por qué, llámeme suspicaz,
pero es el segundo cadáver que nos conduce a Geocorp esta semana.
¿Tiene alguna prueba?
Tengo una teoría.
Pues es una acusación muy seria para sustentarse en una teoría.
Nos dijo que si queríamos una visita, tendríamos las puertas abiertas.
Como cualquier persona.
Y que la visita podría ser cualquier día.
- Efectivamente, sí. - ¿Hoy, por ejemplo?
Por ejemplo. O cualquier otro día.
No, no, hoy, ¿no?
Sí, hoy está bien.
¿Y qué tiene que ver esa visita con su investigación?
Bueno, eso es, precisamente, lo que estamos tratando de averiguar.
Si usted no tiene inconveniente, claro.
No. ¿Por dónde quieren empezar?
No pierdas a los policías en ningún momento.
Esto es un laberinto.
Conozco la salida, no se preocupe.
Aquí explotamos, procesamos y exportamos
materias primas de minerales metálicos y no metálicos.
Ni siquiera aquí descuidan la seguridad, ¿no?
Ni siquiera aquí.
Uno puede llegar a comprender lo que hizo ese chico...
- El hijo del ingeniero. - Mikel Minondo.
Los chavales ven una empresa como esta,
con tantos niveles subterráneos...
Y ya piensan que han encontrado el área 51.
El sueño de la razón produce monstruos.
¿No es así?
Hay muchas clases de monstruos, señor Aizpurúa.
A partir de aquí no tenemos cámaras, señor.
Y digo yo que si no recuerda el nombre de Michal,
tampoco recordará en qué departamento trabajaba.
Lo lamento.
Pero los accidentes laborales no deben de ser muy frecuentes.
Ocurren más de lo que nos gustaría.
¿Cómo el que acabó con la vida de Julen Minondo?
Gracias a Dios, las muertes no son tan frecuentes.
Ya, bueno, ni la desaparición de cadáveres.
Me gusta terminar aquí la visita.
Estos son los primeros niveles que excavó mi padre.
Estas piedras son los pilares sobre los que construimos Geocorp.
Y ahí es donde empezó todo, nuestra primera galería.
¿Por qué está sellada?
Porque allí es donde tenemos el laboratorio
con los marcianos disecados.
Le recuerdo, Señor Aizpurúa, que está hablando con la policía.
Disculpe, inspectora.
La realidad es mucho menos interesante.
Lo que hay tras esa puerta son 30 toneladas de roca.
¿Y qué pasó? ¿Se derrumbó?
Técnicamente colapsó.
¿Y eso fue...?
Pues yo acababa de terminar mi doctorado, imagínese.
¿Hubo heridos?
No, de milagro. Por eso la tapiamos.
Muy bien, pues muchas gracias por la visita, señor Aizpurúa.
Un placer.
- Yo creo que no, entonces no te metas. - No digo nada.
- Perfecto. - Calla, que viene.
¿Qué pasa?
- Siéntate, anda. - Chicas, tengo mucho lío.
- Queremos saber cómo estás. - ¿Por qué?
¿Por el cadáver que ha desaparecido, porque mi marido me pone los cuernos
o porque me voy a morir?
Bueno, como todas.
Ya, pero yo me voy a morir antes de que acabe el año.
¿No crees que esto está llegando demasiado lejos?
- ¿De verdad? - Puede que acumules
líquido cefalorraquídeo. Deja que haga una punción lumbar.
No, gracias. Tuve suficiente con la epidural de Teo.
Esther, no me mires así.
Ya sé que tu cabecita de neuróloga maravillosa
está a punto de explotar.
Pero quiero que me dejes de dar la murga de una puñetera vez
con tus explicaciones médicas, ¿vale?
Mi madre me ha enseñado mi propia tumba.
¿Cómo?
Es como si fuera una pesadilla. Estamos a unos centímetros
una de la otra, y yo no puedo hablar con ella.
Gabriela, las alucinaciones con tu madre son una manifestación de una patología.
Es de primero de Freud, querida.
Nosotras somos mujeres de ciencia, somos médicas.
Trabajamos con análisis, con diagnósticos, con pruebas, no con estas tonterías.
¿Y te parece una tontería que haya visto mi muerte?
- Me parece científicamente imposible. - Que haya paz.
- Pero esto no es ciencia. - ¿Entonces qué carajo es?
Esto es otra cosa.
Es que es algo sobrenatural.
Es que lo sobrenatural acojona un poco.
- Que no lo alimentes, carajo. - Vi lo de David.
No hay que ser vidente para ver lo de David.
- No te pases. - Vamos a relajarnos.
Estoy totalmente relajada, relajadísima.
Pero necesito que me aclares una cosita,
porque ayer era tu hija la que iba a morir.
- No vayas por ahí. - Y ahora eres tú.
Es que tu futuro, o no es coherente o es una puta mierda.
Vale, se acabó.
Lo que me faltaba.
Muy bien.
Gaby, por favor, no me gusta nada que fumes, ya lo sabes.
Ya, ni a mí que te folles a otras.
¿Qué haces aquí?
¿Por qué le has contado lo nuestro a ese policía?
Le cuento lo que quiero a quien me da la gana.
Ah, muy bien.
Mira, tengo que irme.
Tú también, ¿no? Tendrás que ir a trabajar.
Aunque será una excusa para irte al hotel.
- Gabriela, por favor. - Gabriela, por favor, ¿qué?
Mira, he estado pensando mucho en los niños.
Yo también. Por eso no te he arrancado la cabeza.
La he jodido, lo sé, mucho.
Y sé que no te puedo pedir nada.
Pues anoche bien que me pediste lo de Alicia.
Eso ha sido una cagada.
Otra.
Gaby, echo mucho de menos a los niños.
Es que, de verdad, quiero verles muchísimo, necesito verles.
Escúchame, por favor.
Es que quiero verles, ¿no lo entiendes?
Pásate esta noche.
¿Me vas a enseñar a usarla?
En cuanto termines las clases la estrenamos, ¿te parece?
- Mira, mira. - Qué suerte, ¿eh?
Yo creo que el abuelo debería decir unas palabras, ¿no?
- ¿Eh? - Emma, deja tranquilo al abuelo.
No, está bien.
Cómo le gustaría a ella estar hoy aquí, con nosotros.
Es que está aquí.
¿Verdad?
- ¿Qué es lo que siempre dices tú? - Que ella sigue aquí.
Que ella sigue aquí.
Cuando nos conocimos, no podía imaginar que acabaríamos juntos.
Ella, una americana tan sofisticada, y yo, un pueblerino.
Siempre imaginaba qué clase de pareja seríamos cuando fuéramos mayores.
¿Seríamos un par de gruñones
o seríamos como esos ancianitos entrañables
que van siempre cogidos de la mano?
Lo que no podía imaginar es que no estuviéramos juntos.
Papá, ella siempre estará aquí.
Es que si llego a saber que os vais a poner así, me callo, abuelo.
Ya está.
Está bien, venga ya, ya.
Por vuestra madre, por vuestra abuela
y por ti, cariño.
Bueno.
¿Qué se sabe de esa piedra de la despensa?
- Pues eso digo. - Joder, es verdad Gaby, perdona.
Me han mandado esta mañana el informe. No me acordaba, perdona.
Toma.
¿Me lo puedes explicar como si yo no fuera doctora en geología?
A ver, lo más importante de todo es que no es peligroso.
- ¿A ver? Déjamelo. - Claro.
Es la misma veta de siempre, papá. Nunca hemos sacado nada de ella.
Ajá. Esa veta que era única.
- Lo es, lo es. - Ya, pero no vale nada, ¿no?
- ¿Tú no ibas a presentarme a tu novio? - Se ha liado.
¿Con otro allanamiento?
Madre mía, tío Nacho, desvías las preguntas nivel político.
Con nuestra tecnología, al menos,
ni siquiera sabemos qué hacer con esa piedra, Gaby.
Papá, ¿tú qué opinas?
¿Eh?
Tu hermano sabe más de geología que yo.
Gracias.
Pues sí que te gusta a ti la pantxineta.
A papá le encanta, le estoy guardando un trozo.
Esa pantxineta la vamos a guardar en un táper.
A ver, déjamela.
- ¡Ah! Mira lo que tengo. - A ver.
- ¿Qué es? - Te va a encantar.
Pero, bueno, esto es un trilobite.
Esto hay que guardarlo ahora mismo en el museo, en un lugar de honor.
Vamos, un trilobite.
- Un trilobite, mamá. - ¿Un trilobite?
Vamos, mira.
Este es un mineral que tiene una cualidad muy especial...
- ¿Cuándo piensas decírselo? - Eso digo yo.
A ver, es el aniversario de la muerte de su abuela.
Bastante tiene el pobre, ¿no?
Le está guardando la pantxineta, Gabriela.
A ver.
Abre la mano. Con cuidado.
Pero si es una piedra normal.
Esto es una fulgurita.
¿Tú has tenido alguna vez un rayo en tus manos?
¿Un rayo?
Un rayo, cuando cae sobre la arena,
adquiere las formas más variadas.
Así o así, o hasta tamaños que no te puedes imaginar.
¡Zum!
Cariño.
Mira, ven, que te quiero contar una cosa.
¿Que papá y tú os vais a divorciar?
Sí, cariño.
Pero te prometo que todo va a estar bien.
¿Entonces no le guardo la pantxineta?
Claro que sí.
Corre, vete a guardársela.
Es un crío, pero no es tonto.
Y yo dando vueltas a ver cómo se lo contaba.
Hay cosas que no se pueden explicar, hija.
Ni como madre ni como mujer de ciencia.
Esa piedra que hay en la despensa no es lo que tu hermano cree.
¿Cómo?
Esa piedra...
nos pone en contacto con otro sitio.
Eso tú ya lo sabes.
A tu madre le pasaba lo mismo.
¿Y a ti también?
A mí ya me hubiera gustado.
Lo intenté durante años y...
¿Intentaste ver a mamá?
Yo la he visto.
- ¿Estás segura? - Sí.
Sí que la he visto.
¿A tu madre?
¿Cómo fue?
Abuelo, ¿dónde están los tápers?
¿Los tápers?
A ver, ya te lo digo, ven.
- ¿No hay más imágenes? - No.
- ¿Solo hay una cámara? - Sí.
Si me necesitan, estoy fuera.
Gracias.
El que se ha llevado el cadáver sabe lo que hace.
Te he dicho que sé quién es.
Ah, ¿el del kick-boxing de Geocorp?
El de la metralleta, sí, ese.
Andrés, no tenemos nada contra él.
Pero si ya te he dicho que le vi llevándose el cadáver.
Viste un calvo en una furgoneta.
Y un calvo en furgoneta no es una prueba sólida para detener a nadie.
Vale, estoy cotejando el informe de la doctora Aizpurúa
y creo que he encontrado algo.
¿Te acuerdas del que desapareció en Hondarribia hace dos meses?
- Sí, ¿y? - Vale.
Pues mira, misma complexión, altura, edad...
¿Y tú crees que están conectados?
¿Qué diría Andrés el paranoico?
Brother, dime rápido, que estoy en el trabajo.
¿Qué era lo de esta tarde?
¡Ah, coño! Venga, sí, pues luego nos vemos.
- Venga. - ¿Qué era lo de esta tarde?
Nada, mi hermano, que ha quedado con Amaia para ver el rugby.
¿La surfera?
La surfera, sí.
¿Y este?
- ¿Tú qué haces aquí? - ¿Puedo hablar contigo?
A solas.
La respuesta que buscas no está en el cadáver de ese chaval.
- ¿Perdón? - La clave está en Geocorp.
¿Cómo que en Geocorp? Ya he estado allí, ¿qué pasa?
- Hay una galería sellada. - La he visto. ¿Y?
Hay algo detrás.
- No se derrumbó... - Mi padre la descubrió.
Por eso lo mataron.
- ¿Qué vamos a hacer? - Tú nada, desde luego.
No, yo voy a entrar.
¿No has tenido suficiente con las manos?
- Sé cómo colarme. - ¿Cómo?
Porque soy el puto amo.
Sí, pues dime cómo.
Te lo digo si voy contigo.
Y si no quiero, ¿qué pasa?
Pues que no te lo digo.
- Pues no entras. - Pues tú tampoco.
Piénsatelo.
Que yo sé que Esther se ha puesto un poco burra esta mañana, pero...
Tía, no se lo tengas en cuenta.
Es que, a ver, que está preocupada por ti.
Estamos.
A mi madre también le pasaba, ¿sabes?
¿Lo de las visiones?
Gaby, es que yo, de verdad que yo te creo.
Yo te creo, tía, de verdad.
Arantxa,
prométeme una cosa.
Prométeme que cuidarás de mis hijos.
Es que eso no va a hacer falta, Gaby, porque tú vas a estar aquí.
Pero si me pasara algo...
Prométemelo.
Es que yo, Gaby, no soy una...
Tú eres una tía centrada, tienes un corazón enorme
y confío en ti.
Claro que sí.
¿Te quedas a cenar?
Jo, me encantaría, pero es que no puedo.
Esther acaba el turno ahora y tengo yo el coche, voy a recogerla.
Pero otro día, ¿vale?
Venga, te acompaño.
No, chica, tranquila. No hace falta, tú quédate aquí.
Que la casa es grande, pero no tanto.
Me llevo la cerveza.
Vale.
Gaby...
Que puedes contar conmigo para lo que quieras.
- Chao. - Chao.
¿Pero vosotros no ibais solo a por el pan?
Ya, pero como faltaban unas cosas, hemos aprovechado.
Estamos muy tristes, mamá.
Entonces, con esta direccionas y con esta giras, ¿vale?
Va.
Pero bueno, ¿todavía estáis así?
Que va a empezar el partido.
- Amaia. - Hola, cariño.
- ¿Qué tal, Amaia? - Hola.
- ¿Una birra? - Si queréis, voy yo.
¿Quieres venir conmigo? Que te he traído una cosa.
Es que...
¿Es que, qué?
- Que tengas cuidado, Huguito. - ¿Y eso?
- Coño, que tienes novia, cabrón. - Ah...
Oye, tu agudo instinto policial
lo dejas en comisaría con la pipa, ¿no?
¿Qué instinto policial? ¿Qué dices?
Vamos a ver, ¿cuántas veces ha venido Amaia a casa?
Un par.
¿Y antes de conocerte a ti?
Antes de conocerme a mí, ninguna.
Bingo.
Amaia está coladita por ti, tronco.
¿De verdad que no lo ves?
- Vamos a ver el partido, anda. - Ya va siendo hora, ¿no crees?
¿Ya va siendo hora de qué?
Han pasado tres años, hermano.
Eh, mírame.
Tienes que vivir.
Yo creo que he acertado con la talla.
Pues perfecto.
¿Te gusta?
- Me encanta, muchas gracias. - Nada, cariño, a ti.
¿Y tú cómo sabías que Francia es mi equipo favorito?
- Porque me lo ha dicho un pajarito. - Ya...
Oye, ¿dónde estaba el baño?
Al fondo del pasillo.
Vale. Pues ve a enseñárselo a los chicos, corre.
- Vale. - A ver si les gusta.
- No empecéis sin mí, ¿eh? - No.
Vale.
Mira qué me ha regalado Amaia.
- Qué guapa. - Epa.
- Tu camiseta favorita. - De Francia.
Vamos a estrenarla.
No, estrenarla no, que empieza el partido, venga.
Pásala rápido, que se va, que se va. ¡Vamos!
- Mamá, tenías razón. - ¿En qué?
Que Mikel es un gilipollas.
Lleva todo el día sin contestarme a los mensajes.
Bueno, pues tendrá vida más allá de su móvil, ¿no?
Teo.
¿Estás bien?
Solo estoy cansado.
Ya, es que hoy ha sido un día muy largo, ¿verdad?
Mira, vamos a hacer una cosa,
tú vas a ducharte y yo te preparo la cena, ¿vale?
¿Qué te apetece?
Que todo vuelva a ser como antes.
Voy yo.
Hola, hija. Oye, Emma, por favor, ¿eh?
- ¡Papá! - Hombre, ven aquí, ratonín.
Ay, mi ratón.
- Te he echado de menos. - Y yo.
¿Tú qué? ¿No me das un abrazo o algo?
Tú ya vas sobrado de abrazos.
- Emma. - No, tranquila, no pasa nada.
- Sí, sí qué pasa. - Emma, no es el momento.
¿Te importa que me los lleve a cenar?
- No, como quieran ellos. - ¿Te apetece?
¿Una pizza?
- Vale. - Venga, vamos.
Vente, anda, venga. Vente con nosotros.
No es el momento.
Vamos, venga.
No sé cómo lo haces.
Ya te tocará aprender.
Hoy te quedarás, ¿no?
No puedo, de verdad.
Ah, o sea, que yo he ido dos veces a tu casa
y tú todavía no conoces la mía.
Ya verás qué bonita, venga.
Muy bonita.
¿Y yo?
¿Soy bonita?
Sí, tú también eres muy bonita.
Vale.
Demasiado jipi para quedarte a dormir, ¿no?
Jipija, más bien...
Anda, vete a casa, que te están esperando.
- Adiós. - Adiós.
¡Hostia! Avisa, joder.
Siento el retraso. Estaba liado.
¿Qué eres un kale borroka ahora, o qué?
Quítate esto, coño.
Joder, que hay cámaras, tío.
Tú limítate a no joderla, que tienes manos de milagro.
- ¿Quién dice que la voy a joder? - A ver.
Si te digo que corras, me obedeces,
si te digo que te agaches, me obedeces, ¿estamos?
Recuerda que estamos aquí gracias a mí.
Eso me lo dices cuando estemos dentro.
La tarjeta de mi padre.
Estás de coña, ¿no? La habrán anulado ya.
¿Qué dices? La he reactivado.
¿Eh? ¿Soy el puto amo o no?
Pues sáltate la valla, puto amo. No, shh.
Es el turno de noche.
Venga, anda.
¿Alguna novedad?
Ahora.
- Quítatelo, cojones. - No, coño, está lleno de cámaras
- y ya me tienen fichado. - Y yo tengo fichadas las cámaras.
- ¿Todas? - Todas y los puntos ciegos también.
Joder, al final tú también vas a ser el puto amo.
Ahora.
Aumenta el pasillo central.
Son científicos del sector C, señor.
Bajo a hacer la ronda, no te duermas.
- Tú lo sabías, ¿no? - No.
A ver, espera un poco.
- ¿Tienes monedas? - Nunca traes, ¿eh?
- ¿Al final que pasó con esa chica? - ¿La sobrina del jefe?
- Está buena. - Podría ser tu hija.
- Eh, te gusta. - ¡Qué va!
Además he visto en Instagram que tiene fotos con un pringado.
Bueno, ella se lo pierde.
Vamos.
Ahora, a partir de aquí no hay más cámaras.
- Vamos, hay que darse prisa. - Vale.
Espera, espera.
- ¿Es necesario? - Ahora lo veremos.
- Tranquilo. - Sí, mis cojones.
A ver con qué nos sorprende el señor Aizpurúa.
No me jodas...
¿Te lo has pasado bien con papá?
Hemos ido a la pizzería que tanto te gusta.
Qué suerte. Yo he cenado acelgas hervidas.
¡Ah! Y me ha dicho que la semana que viene iremos a los karts.
Bueno, iréis, pero si vas bien en el colegio, ¿eh?
- Mamá... - Dime, cariño.
¿No podéis arreglarlo?
¿Te ha pedido papá que me lo preguntes?
Solo quiero que todo vuelva a ser como antes.
Y yo también.
Pero no quiero que te preocupes,
porque aunque nosotros ya no estemos juntos,
siempre vamos a estar a tu lado.
Venga, a dormir.
Vamos.
- Te quiero, mamá. - Y yo a ti.
Papá, ¿qué haces aquí?
¿Están los niños acostados?
La veo cada vez que toco la piedra.
¿Pero tú has hablado con ella?
Es que es como si ella intentara decirme algo, pero yo no puedo escucharla.
Es como estar en una pesadilla.
- ¿Y no podrías llevarme con ella? - ¿Con ella?
- No, no lo sé, es peligroso, ¿no? - No, no.
Yo pensaba que ella había muerto por causa de ese mineral.
Pero tú estás en contacto con él y estás bien.
¿Lo intentamos?
Por favor.
Por favor.
Mamá.
Te echo de menos.
Pero no puedo dejar a mis hijos solos.
No quiero.
Por favor, ayúdame.
El solsticio de verano.
Aurelio.
Te he echado tanto de menos.
Y yo a ti, cariño.
Y yo a ti.
Gracias.
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