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Lo único que podría salvarme es que Arturo se recupere. Que no se muera.
Arturo se va a recuperar.
Y va a volver a la casa como antes.
Como cuando olvidas del trabajo, usted va a conseguir esta plaza.
¿Con el señor Andrés Baeza?
Sí, con él. Estamos llamando del servicio de urgencia.
El señor...
¡Mierda! ¡Significa pecado!
Hola, Germán.
Lamento decirte que estás perdiendo tu tiempo.
La Javiera está castigada. No puede salir contigo.
Uy, tan mala soy.
No, no se trata de eso. Lo que pasa es que en esta casa hay normas. ¿Y quién te
dijo a ti que yo venía a buscar a la Javiera?
¿Cómo?
Te vine a buscar a ti, gente.
Tú vete.
Rosario, Rosario.
Ya, pues Germán, apúrate, que no tengo toda la noche.
Mira, jovencita, después de lo que pasó esta mañana, yo también tengo que hablar
contigo, y muy seriamente.
¡Ay, qué susto!
Ya, pues, entonces no me tramites más, y súbete, querido.
Mañana voy a llegar temprano.
Llama a tus papás, a lo mejor nos vamos con ellos mañana.
Bueno.
Mi amor.
No tan rápido.
No quiero que nos mate a los dos.
No te preocupes, Germán. No estoy ni ahí con morirme esta noche.
Relájate.
No insistas y está malo seguir el tiempo.
No sé cómo puedes reírte. No es gracioso andar infringiendo la ley. ¿La ley?
La ley, Germán, de día es para los cobardes y de noche para los tontos.
¿Te gustan las cornotes, hermano? No.
No vaya a decir que nunca he visto ni una, porque entonces no te la compro ni
baja. Yo no me subí a tu auto para hablar de mi cucho sin temate gráfico.
Ay, ya.
No te lo exigas.
Igual no puedes negar que es un tema interesante, ¿o no?
Mira, es que acepté subirme a tu auto fue porque necesito hablar seriamente
contigo. Yo también necesito hablar superen serio contigo.
Pero en este auto está prohibido ponerse la tele.
Bueno, si no quieres que hablemos aquí, para el auto en cualquier parte podemos
hablar.
No te calles, me da lo mismo.
Ah, pero a mí no me da lo mismo.
Ya, tranquilo, no te mojillas.
Que tú no olvides que eres un señor muy serio, que trabaja tanto, que necesitas
alcanzar lo que necesitas.
Pero tranquilo, yo te voy a llevar a un lugar increíble, en donde vamos a poder
conversar sin que nadie nos muerda.
Agárrate con el teclado cerca.
¿Sofía? ¿Me llamaste?
¿Quién habla?
¿Tan rápido te olvidaste de mí?
Gabriel. Voy a buscarte.
¿Qué? Ponte bonita.
Esta noche vamos a salir a bailar. ¿A bailar?
¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre?
Bueno, si no quieres ir a bailar, podemos ir al cine, ir a comer, bueno,
yo, tantas cosas.
Olvídate. Voy para allá. No me demoro nada.
¿Aló? ¿Aló?
No tan bien como usted, pues.
Oiga, ¿te va a quedar mucho rato por estos lados?
Uy, eso nunca se sabe, pues, don Víctor. Depende, depende.
Depende, depende.
Relájate, Germán.
Mira, don Víctor es el mejor cuidador de autos del barrio.
Trabaja harto más que mucha gente que conozco y que gana harta más plata que
Si lo dices por mí.
Ya, señor, ¿serio?
Llegamos.
¿Qué lugar es este?
Este es mi escondite secreto.
Aquí vamos a conversar como a mí me gusta.
Tranquilo, Germán.
Aquí vamos a poder conversar en mi territorio.
¿Qué
suena?
¿No estás completamente loca?
Sí.
Pero igual te gusto.
¿O crees que no me doy cuenta cómo me miráis?
Un whisky con poco hielo, porfa.
Ole, pero qué guapo que estás, Manolito.
Ole, tía, pero qué sorpresa.
Guapa. Un whisky. Con poco hielo, porfa. Venga.
Primero nos vamos a tomar los tragos.
Y después vamos a bailar.
Porque a mí me gusta conversar bailando.
Yo no vine a bailar mocosa.
Y que te quede bien claro, yo no soy un pendejo con el que tú puedas jugar
cuando se te ocurra.
Yo tenía que decirte que no te metas más con mi hija.
Y no te parezcas más con la casa.
¿Me escuchaste?
Cuando estés hecho un viejo de mierda, te vas a arrepentir de haberte perdido
esta noche.
Te equivocaste, sí está viejito.
La tanguería está en la otra esquina.
¡Uy, hay que durarse poco, Natita!
Venga, tía, parece que te dejaron solita. ¡Ey, déjamelo ahí nomás!
Mira, que esta noche tengo mucha sed.
¿Dónde vamos?
¿Dónde quieres que te lleve?
El cielo. El infierno.
Tú eliges.
Tú sabes que estás tan huevada.
Inventos de una mente enferma.
El paradero está bien entonces.
¿Qué se siente?
Andrés. Mal que mal, si estoy muerto, es por culpa tuya.
Nada.
Tampoco siento nada.
Y no tienes nada.
Porque yo me lo voy a llevar todo.
Todo conmigo.
Qué puntual.
Hola.
Hola.
Pasa.
Una semana más.
¿No crees que podrías haberme preguntado antes de decidir? Era eso, de fiantón
nos olvidábamos de la plata, Sofía. ¿Por qué crees que Arturo se demora tanto
con lo de la plata?
Bueno, no debe ser...
Tan fácil conseguir un millón de dólares.
¿Y qué tanto?
Aquí te tratan bien, ¿no?
Preferiría estar en un hotel.
Claro. Y dejar tu nombre estampado en un registro.
Mi amor, no puedes andar dejando huellas por ahí.
Ten paciencia.
Una semana se pasa volando.
¿Y mi mamá?
¿Cómo está ella?
Preocupada.
Pero vean, Arturo la está cuidando.
pones a ti.
Pero si es el doctorcito.
A ver, a ver, no, no, no me digas nada.
¿Tú también te viniste a vivir acá?
¿Ah?
No te veo cierto sarcasmo en sus palabras, Doc.
Es que no estoy entendiendo nada.
¿Qué viene después?
¿Mi familia es que va a vivir a la casa de ustedes? Ah, estamos jugando a las
cambiaditas, eso, eso es. No seas ridículo.
Andrés solo vino a verme.
¿Y ya me iba?
No.
Todavía no.
¿Por qué no, mi amor?
Si queda en buenas manos.
¿O me equivoco?
Sácate la chaqueta si quieres.
Ah, mira, traje esto.
Toma. Gracias.
Gracias.
Toma.
Me compré este perchero la semana pasada.
Lástima que no voy a ocupar tan poco.
No me acordaba si tomas vino blanco. ¿Te gusta?
Sí, me encanta.
¿No te dijo la Rosario?
No, la verdad que no.
Disculpa.
¿Cómo nos conocemos de chicas?
Sí, sí lo sé.
¿Ella quedó muy mal?
No, no sé.
¿No hablemos de ella, por favor?
Sí, claro.
¿Y tú cómo estás?
¿Ha visto algún otro doctor?
¿O el diagnóstico es definitivo?
Es definitivo.
Tanto es así que me he puesto media maniática, dividiendo los dos meses que
quedan por días, los días por horas,
las horas por minutos, los minutos por segundos, y ya tengo el total. ¿Qué te
parece?
Qué ociosa la mina irás tú.
No,
es terrible, ¿no?
Sí, es terrible.
Todavía no sé cómo manejarlo.
Por lo menos hasta que no encuentre un libro de autoayuda.
Ay, qué fome la talla. No, no.
Bueno, como ves, según los médicos, ya no hay nada que hacer.
¿No te has arreglado?
Ubícate ya.
¿Perdón?
Que te ubiques.
O además de pa' tú eres sordo.
Ah, ya.
Habló la cuica.
¿Perdón?
Va. Pensé que el sordo era yo.
Ten cuidado, porque muerde.
Mira, weón. Sí, weón.
No sé qué mierda de rollo te pasaste conmigo.
Es verdad que el asunto del parto fue, no sé, especial.
Pero si crees que eso te va a dar ventaja conmigo, olvídalo.
¿Por qué me llamaste?
¿Qué sé yo?
Quería hablar contigo. No sé, la verdad ya no me acuerdo.
Pero si crees que eso te da derecho para venir a buscarme, para salir... O sea,
qué onda.
Cada vez que una mina te llama por teléfono, ¿tú te la llevas a un hotel?
Oye, yo nunca hablé de ir a un motel, por favor.
Ahora, por lo que veo, parece que eso es lo que te está faltando.
Porque aparte de darte besos y agarrarte el poto, al buen de tu marido parece
que no le da pa' más.
¿Qué te creí, weón? Ni siquiera me conocí.
Tú no puedes hablarme así. No puedes.
Bueno, no sé.
Adelante. Bueno.
Arturo murió.
Te vine a buscar a ti, jefe.
Súbete.
Oiga, pare por aquí, por favor.
Estoy un poco alterado y necesito caminar un rato. ¿Cuánto es?
Ya no se preocupe, yo le... Quédese con el vuelo.
Gracias.
Yo te ayudo.
No, no, déjalo así, no importa. Yo te limpio. Oye, la sal no faña.
A ver, a ver, disculpa, perdóname.
¿No te parece un poco ridículo todo esto?
¿Pero por qué?
¿Cómo que por qué? Por todo, por... Esta comida, ¿eh?
¿Qué estamos haciendo? ¿Qué estamos jugando?
¿No te gustó la comida?
No, no se trata de eso. Sí, la comida estaba rica, pero...
Somos adultos nosotros, ¿cierto?
Se supone que yo vine aquí a hacer el amor contigo.
Pero no sé qué hacer. Estoy incómodo. Estoy como desencajado, desenchufado.
No sé ni qué hablarte.
Yo tampoco.
Bueno, pero dime tú. A ti se te ocurrió esta idea, ¿o no?
¿Qué quieres que haga?
Dime.
¿Qué hago?
¿Te doy un beso?
¿Me acerco?
¿Lo hacemos ahora o mejor esperamos?
Estoy incómodo, eso. Y además tengo la comida aquí atragantada.
Estoy nervioso, eso me pasa.
Yo también estoy nerviosa.
Señora, va a tener que ser muy breve porque el caballero va a mostrar la
para que usted posteriormente lo retire.
Despierta, mi amor.
Te vine a buscar.
Nos vamos a la casa.
Arturo.
No quiere venir, Andrés.
¿Qué pasa, Arturo?
¿Estás enojado por lo de la Sofía?
Levántate, mi amor.
Levántate, ven.
Te vine a buscar, vamos.
Vamos, vamos.
Esa es la duda.
No fui capaz de estar con él.
Le fallé, como siempre.
Lo dejé solo.
Ya.
Aquí se nos pasan los nervios, te apuesto.
No vaya a perder la apuesta.
No.
Oye.
Tú todavía no me has dicho por qué.
Yo.
¿Por qué será?
Porque siempre me gustaste.
Bueno,
en realidad no siempre.
Desde que me dio esa gripe tan fuerte.
¿Te acordás?
¿Cuándo? Cuando la Rosario se fue al sur por la empresa.
Y llegaste tú.
Trayendo una limonada espantosa que hacías tú mismo.
Llegabas todos los días a la misma hora.
Recuerdo de tu olor a calle.
De tu olor a perfume con tabaco.
Me dejabas loca.
Tanto que me tomabas toda la limonada para no tener que masturbarme.
Decías el tonto, ¿no es cierto?
¿Eso lo estás preguntando o lo estás afirmando?
Yo no me acuerdo de haberme pasado algún rollo.
No te había dado las gracias.
¿Las gracias?
¿Por qué?
Por este regalo.
Porque ya no me tengo que masturbar pensando en ti.
No hay que burlar, no hay que burlar.
Perdona, no sé qué me pasó. Traté de contenerme, pero no pude.
Tranquilo.
Lo último que quiero es que te sientas mal esta noche.
No vaya a creer que me pasa siempre.
No estés tonto, yo no creo nada.
Fue lindo mientras duró.
Pero no duró casi nada.
¿No quieres que me vaya?
Pero si ya te fuiste.
Es una broma.
Una lata, ¿cierto?
No.
Mira.
Si quieres podemos probar de nuevo.
De verdad.
No esta noche.
¿Pero qué va a pasar con tu último deseo?
Me lo debes.
Ven.
¿De dónde?
Yo sé que no es el momento, Isabel.
Pero Arturo... murió.
No volvió a la casa como tú pensabas.
Nos salvó a Sofía.
Tenemos que buscar otra forma de conseguir la plata.
Sí, lo sé.
Tenemos que pensar en tu hija.
No podemos arriesgar su vida.
Tú dijiste que no tenías nada que ofrecerle a los secuestradores.
¿No quisiste discutir conmigo lo de la cuarta de libre disposición?
Estaba ofuscada.
Pero ahora yo tengo la esperanza de que... de que Arturo me haya dejado
Y si así fuera, Isabel, tú... Yo estaría dispuesta a dar todo.
Para tu hija.
Todo lo que recibas me refiero.
Ya te lo dije.
Yo daría todo.
Todo.
¿Y sabes cuándo podrá hablar con el abogado?
Tiene que haber alguna forma de acelerar todo esto. La lectura del testamento,
esa excusa.
Mañana lo llamo.
Pero me imagino que no van a leer el testamento hasta que vuelva el hijo de
Arturo.
Pero tú sabes, pueden pasar meses antes de que ese tipo se entere de que murió
su padre.
Yo lo voy a llamar.
Ahora hay que dormir.
Mañana, a la iglesia.
Andrés.
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