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decir que estuviste toda la noche tomando.
Fue lo único que se me ocurrió hacer.
¿Sí?
Y además estuviste toda la noche pasándote películas, ¿o no?
¿Qué querés raja, Rosario? ¿Qué querés raja? Porque a ti se te ocurrió esta
A ti se te ocurrió que yo tenía que ir a la casa de Lucía y hacer el amor con
ella, ¿o no?
Y ahora estáis aquí esperándome.
Hacedme este numerito, ¿no? Porque me estáis esperando, ¿no? Estáis
para que yo vea la cara de víctima, la cara de chocnochada, la botella vacía.
¿Qué quería ahora? ¿Que te cuente detalles? No, no, no quiero saber
quiero saber nada. Te lo juro que no quiero saber nada. Y además no te monté
ningún numerito.
Simplemente me quedé aquí y se me pasó la hora. Eso es todo. No es primera vez
que lo hago.
¿A dónde vas?
A ducharme.
¿Estás sola en casa, baby?
Oye, ¿y el cabo?
¿Llegó o no?
No.
¿Cómo no?
Hoy día tenemos un partido súper importante.
No nos puede fallar nuestro pichiche. Anda a esperarlo afuera, querido.
No.
Y perderme este desayunito familiar.
Está bien loco, ¿sí? ¿Tenéis esto?
Hola.
¿A qué hora viene a sentarse a la mesa mi suegrito? ¿Sabes que tengo un diente?
Oye, córtala con lo de suegro, ¿ah?
O sea, que nosotros dos no tenemos ni onda siquiera.
¿Para decirle eso a mis viejos?
Bueno, pero es para ir entrando en confianza.
Ahora que vas a ser rico y famoso, seguro que te vas a decidir a tener algo
serio conmigo.
¿Rico y famoso tú?
¿De dónde, Perry?
Por ahora no te puedo decir nada. Es secreto.
Lo que sí te puedo adelantar es que, si todo sale como lo tengo pensado, en un
tiempo más voy a estar así, metido hasta las patas en el mundo de la extensión.
Ah, ya sé.
Te conseguiste pega de monga en Fantasilandia.
No.
Nunca. Y tú, mi amor.
Bueno.
¿Qué?
Ay, esto no puede seguir así, Toño. Mira cómo amaneciste. Todo molido, mi amor.
Es que la cama de Gao es re chica, po, vieja.
Pero, viejito, o sea, a ti nomás se te ocurrió pasarle la pieza a esa señora.
Y ahora vamos a tener que aguantarla una semana más, Gao. Y hasta... ¿Cuándo? Yo
no voy a aguantar. No voy a aguantar tanto tiempo.
Paciencia, abierta, ¿ya?
Paciencia.
Por lo demás, don Andrés me pasó una plata para que no se nos haga tan pesada
estadía de la señora Sofía. Antonio, a mí esa plata no me gusta. Yo la otra vez
te aguanté el salto y hasta te juro que he tratado de hacerme la amable con
ella, pero... Antonio, hay algo que no me huele bien en todo esto, mi amor.
Tú sabís que a mí el sexto sentido no me falla nunca.
¿Qué querís que haga?
¿Que la eche a la casa?
Bueno, pero al menos dime de qué se trata.
Ya te dije, ¿no?
Es un favor que le estoy haciendo a mi jefe.
Y punto.
Y ahora vamos a tomar desayuno que me deben estar esperando en la cancha.
¿Despertaste con muchos sueños?
Lo que pasa es que no te quise despertar para que siguieras durmiendo un
poquito.
Yo también.
Bueno, chao, beso.
¿Qué estás haciendo, Andrés?
No soy Andrés.
Soy el nuevo cura de esta iglesia.
¿Quieres confesarte conmigo, Isabel?
¿Tienes algo de que arrepentiste?
Por el amor de Dios, André, ¿qué es esto?
No me vas a decir que no lo sabías.
Pero aquí, en la iglesia, con el cuerpo de Arturo a paso de ti, es una falta de
respeto.
Perdón, mamá.
Mira.
Yo no quiero meterme en tu asunto con... con eso.
No tengo ganas ni cara para hacerlo.
Pero te ruego que te comportes.
Hay gente.
Va a empezar la misa.
Solo necesitas darme un poco de valor, eso es todo.
Pero... ya me siento mucho mejor.
¿Y tú cómo estás?
Mal. Pero te ves muy bien.
Eres la viuda más sexy que he visto.
¿Qué está haciendo acá, señora?
Soy yo la que tenía que hacer esa pregunta, señora.
Y no me importa que Antonio se enoje conmigo por estarle hablando así a la
esposa de su jefe.
Yo no soy tonta.
Sé muy bien cuando alguien anda en malos pasos. Así que no voy a salir de aquí
hasta que me diga qué cresta está haciendo usted misma.
Era la Lucía, ¿no es cierto?
¿Por qué?
¡Respóndeme!
Sí, era la Lucía.
Despertó y yo no estaba, entonces se preguntó... Ya, ya, ya, ok. Te estoy
preguntando quién era, nada más.
Bueno, y también supongo que quieres saber de qué estábamos hablando, ¿no?
yo no he dicho eso. ¿Por qué pones palabras en mi boca?
Ah, bien, entonces sí. ¿Quieres saber de qué estábamos hablando? No, no. Nada
más te pregunté si era la Lucía, sí o no. Y no.
No me interesa saber de lo que están hablando.
No tiene por qué interesarme.
Acuérdate que mis papás nos están esperando a almorzar.
Yo no quiero ahora.
¿Pero cómo? ¿Si a ti se te ocurrió? Bueno, pero ahora no quiero.
¿Pero querés salir solo?
¿Solo? No.
Bueno,
pero... Pero mis papás van a pensar que pasó algo raro. ¿Tú sabes cómo son de
Arroyén? ¿Quién importa en tus papás?
Rosario, mira.
Pasemos un domingo los dos juntitos, solitos.
No tengo ganas de ver a nadie.
Voy a hacer un café. ¿Quieren?
Tengo la sensación de que usted, señora Carmen, se ha estado imaginando una
verdadera película.
Y créame que lo que me está pasando es mucho menos sorprendente de lo que usted
se imagina.
Yo estoy escondida aquí porque me sigue la Bridec.
¿La qué?
Por favor, no se asuste. Yo sé que suena terrible, pero no vaya a creer que yo
soy una delincuente. No, para nada.
La Bridec es la brigada de delitos económicos.
¿Delitos económicos?
Es que usted no me va a creer lo que me pasó.
Fíjese que hace unos meses me robaron la chequera y alguien tuvo la mala
ocurrencia de hacer una estafa con ella. ¿Puede creer eso? No, no es estafa.
Pero, ¿y usted? ¿Usted no dio aviso?
Mire, mi abogado me dijo que yo estuviera fuera de circulación un
entiende? Y por eso yo estoy escondida acá.
Y no tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho usted, don Antonio
su familia.
Han sido tan amables en tenerme acá en su casa.
Bueno, hasta que todo se aclare, claro.
Señora, yo soy inocente.
Lo que pasa es que aclarar todo este enredo es muy complicado.
Bueno, y en eso estamos con Andrés.
No es fácil, pero no es imposible.
Hay que tener mucha paciencia.
Y eso es lo que yo le pido a usted.
Paciencia.
Por favor.
Isabel, quiero que sepas que estamos todos choqueados
con lo que pasó.
Y quiero que sepas que puedes contar conmigo y con mi familia para lo que
necesites.
Muchas gracias, Ricardo.
¿Y tu hija?
¿Qué pasó con ella? ¿Por qué no está aquí? ¿Qué pasó con Sofía?
Disculpa que insista.
¿Pero dónde está Sofía?
Sofía está de viaje.
¿De viaje?
Cuéntale, Isabel.
El viernes se fue a España y hasta ahora no hemos podido avisarle lo de Arturo.
Lleva poco, tú sabes.
Sí, claro, claro que sí.
¿Y Jaime, el hijo de Arturo, le avisaron?
Estamos en eso.
Seguramente muy pronto va a estar por acá.
Milagro. Estoy soñando.
Ahórrate las pesadeces.
Me levanté antes que tú. Eso es todo.
Va a llover entonces, cariño.
O tal vez tiembles, ya estamos en la fecha.
En vez de estar cuestionándome sobre lo que hago o lo que dejo de hacer,
deberías preocuparte mejor sobre qué vamos a hacer este domingo.
Porque es domingo, Emilia.
¿En serio?
Hoy no me había dado cuenta. Tal vez por eso no sonó el despertador a las siete
de la mañana.
Haz un esfuerzo, al menos por hoy.
Y compórtate como la madre que debes ser.
No empecemos con las recriminaciones, Germán.
Siempre sales perdiendo.
Te puedo sacar en cara cuestiones que ni siquiera tú recuerdas y que son la
verdadera razón del comportamiento de la Javierita.
Pero bueno, soy una mujer evolucionada que entiende que los hombres son
mononeuronales y que jamás recuerdan lo que no les conviene.
Ya córtala.
Te estoy hablando en serio.
Y por lo menos estarás de acuerdo conmigo en que a la Javiera le hace
escuchar cómo discute sus padres.
Porque eso no se escuchó discutir ayer. Es un hecho, ¿no? Nos guste o no.
Y con eso le estamos dando un pésimo ejemplo a nuestra hija.
Tenemos que aprender a controlarnos.
Tenemos que hacer algo.
Hacer algo.
Controlarnos.
¿No se te ocurre decir nada mejor?
A mí sí se me ocurre, fíjate, para variar.
Te digo de partida que tienes que aprender a cerrar las puertas, Germán.
Si quieres seguir agrediéndome como siempre.
¿Tú me escuchas de vez en cuando o solo te haces la imbécil?
Te estoy pidiendo una tregua porque es domingo.
Una simple y maldita tregua.
No maldigamos.
Es domingo.
Diosito te puede escuchar. Hoy vamos a ir a misa.
Después vamos a venir a almorzar con nuestra hija a nuestra casa.
Y vamos a tener una familia perfecta.
Eso es lo que quiero. Vamos a tener un domingo como Dios manda.
Sin ironías.
Sin sarcasmos.
Vamos a tratar de tener la fiesta en paz.
Amén.
Mañana yo viajo a España.
Si quieren puedo ubicar a Sofía.
Tendrán... ¿Alguna dirección de ella? ¿En qué ciudad está?
¿Madrid? ¿Barcelona? ¿Seville?
¿Barcelona?
Pónganse de acuerdo.
Está en Madrid.
Pero solo de pasada. Seguramente mañana viaja a París.
Se tomó unas pequeñas vacaciones.
El estrés, tú sabes.
De todas maneras, si le sirve de algo, yo estoy en Europa.
Avísenme.
Mal que mal.
Arturo quería a Sofía como si fuera su hija.
A todos nos extrañó mucho que ella no estuviera aquí.
Y a lo mejor ella querría saber qué pasó. Gracias.
Felicítame de antemano, vieja, porque este puré me va a quedar de miedo, como
dice el gao. No hay nada mejor que músculos...
Como los de este árbitro para moler papitas tan tiernas, señora Carmen.
Mire.
Antonio.
Esto no me está gustando nada.
Me extraña, araña.
Oiga, entonces no me la pelees más con el pebre.
No le echemos tanta cebolla, así no se nos... ¿Para qué queremos tartamuz en la
mesa? No.
No estoy hablando del pebre. Estoy hablando de la señora Justía.
Antonio, tengo miedo.
¿Miedo de qué?
¿Qué pasó, vieja?
Estuve hablando con ella.
Me dijo por qué está en esta casa.
Estuve hablando con ella.
Por la cresta. Si te pedí que no la molestara.
La molesté nomás, po.
¿Y sabéis qué más?
Quiero que se vaya de esta casa inmediatamente.
Que se vaya ahora.
La vida del hombre aquí en la tierra.
Es la de un soldado que cumple.
Recuerda, la de un peón que espera... Rita, me estaba acordando de ti.
Andrés, no aguanto más en esta casa. Esta situación se está volviendo
insoportable. Primero cálmate.
Dime qué pasó.
Esa señora Carmen se metió en mi pieza. Parece que intuye algo malo. Y me
preguntó, ¿sabes lo que eso significa, Andrés?
Tuve que alargarle la historia.
Cálmate.
Esto lo hemos planeado demasiado tiempo, Sofía. No te puedes poner histérica
ahora.
Necesito tu cabeza fría. No nada de pendejadas gratuitas.
¿Entendiste?
¿Entendiste?
Ahora dime.
¿Qué le dijiste?
Lo que habíamos acordado. La historia de los cheques. Que me persigue la
Veridec.
Andrés, dime qué hago por la cresta que hago.
Lo único que sé es que esa señora antes me miraba muy raro y ahora también me va
a mirar más raro todavía. Andrés, por la cresta que hago.
Puta, nos fie.
Dóblale la mano, sedúcela.
Intégrate a su mundo.
Ayuda con la casa.
Lava, plancha.
Corta el pan, qué sé yo.
La capacidad del perro alimenta el gato.
Cualquier cosa, menos estar ahí llenándole de fantasía en la cabeza de
Tienes que ganártela.
Ponerla de tu lado.
No te queda otra.
Son solo unos pocos días más, Rita.
Haz un esfuerzo.
¿Dónde estás, Andrés? ¿Por qué todo se escucha así?
¿Así cómo?
¿Así cómo?
Como si estuvieras en una iglesia. ¿Qué me está hablando ahí?
¿Qué mierda haces tú en una iglesia, Andrés?
No puedes perdonar el mal.
No me dijiste que la señora Sofía era una prófuga de la justicia. Y yo no
que en mi familia sean cómplices de algo como eso. Y menos por una persona
desconocida como Antoni. Carmen, no se trata de una desconocida. Es la esposa
mi jefe. Y tiene un tremendo problema. Y de verdad, yo tengo que saber estar con
ella. Es mi deber. Y no es mi deber solo como empleado de don Andrés. Es mi
deber como persona.
Yo no le puedo volver la espalda, perdóname. Ah, ¿y a tu familia le puedes
volver la espalda?
Tu deber somos nosotros y podemos caer presos, mi amor.
Oye, ¿te parece poco todas las calamidades que hemos tenido por culpa
tenido que hipotecar la casa?
De que estamos viviendo casi deprestados.
Toño, por Dios, piensa un poco, imagínate.
Una cosa trae a la otra, mi amor.
Lo de las deudas puede haber sido el comienzo de una cadena de calamidades
no sabemos para dónde nos va a llevar. Y lo de esta señora puede ser venir a
complicar más las cosas.
Te dais cuenta, mi amorcito, por favor.
Vieja, no te pongáis paranoica, ¿ya?
Te lo digo en serio.
Tú sabes que no te hace bien.
Acuérdate de la última vez, nada más.
Escúchame.
Mi jefe es un gallo inteligente.
Y no quiere que nada malo le pase a su señora.
La adora. La adora.
Una semana.
Una semana, te lo juro.
Y después, a ti no ha pasado nada.
¡Gracias!
Mamá me pidió que la acompañara a rezar por ti.
Pobrecita.
Debe estar hecha pedazo.
¿De qué te ríes?
De nada.
Tengo que cortar, zorrita. Hablamos luego.
Ay, vine de que te ríes.
Que yo también rezo por ti.
Como la canción de Charlie.
Rezo por vos.
Y yo me deshago por vos.
Llámame luego, pichón, ya.
Adiós, amor.
¿Con quién estabas hablando, Andrés?
¿A quién le dices adiós, amor?
Andrés.
Andrés.
Hablaba con mi secretaria.
Y le dice... ¿Amor?
La complicidad y seducción son imprescindibles. Yo no quiero tener
aliados. Por lo demás es una frase vacía.
Con el nombre de una calle.
Yo te puedo decir a ti.
Adiós, Bernardo Higgins. Es lo mismo que te diga adiós, amor.
¿Qué?
¿Me vas a decir que te pusiste celoso? Por favor.
Lo entendería.
Eres mi suegra, la madre de mi mujer.
Tienes que cuidarla de mí.
Ahora...
Distinto sería si te pusieras celosa por ti.
Estás loco, Andrea.
Completamente loco.
Volvamos a la mesa.
Apaga ese celular.
Deja de portarte como un pendejo.
¿La puedo ayudar en algo, señora Carmen?
No, gracias. Ya está todo listo.
Estamos esperando que Gabo termine de ducharse para sentarnos a la mesa. Pero
qué tontos fuimos, Carmen. No le pusimos un puesto a la señora Sofía. Ah, pero
no se preocupe. Yo puedo sacar los cubiertos y poner... No, yo prefiero que
almuerce arriba.
Yo pensé que después de nuestra conversación usted iba a confiar más en
está bien.
Mire, ¿quiere ayudarme en algo? ¿Por qué no le dice al gao que se apure y que
baje luego, ya?
Pero yo prefiero que usted se quede arriba.
Bueno, permítame.
La señora Sofía, lo único que quería era ayudar.
Integrarse. Lo siento mucho, pero yo ya te dije ya que no quiero arriesgarme.
¿Tú no quisiste echarla a la casa? Muy bien, que se quede.
Pero tiene que estar allá arriba, bien guardadita.
Ella no vino acá a hacer vida social con nosotros, así que ¿qué se queda arriba?
Así tenemos menos problemas nosotros y tiene menos problemas ella.
¿Qué pasa?
Está listo el almuerzo.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a la santa.
No tiene doce horas el día, dijo Jesús.
Si alguno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
Pero si alguno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él.
¡Estás muerto!
¿Qué estás haciendo, Andrés?
¡No me va a dejar en paz!
¡No me va a dejar en paz!
¡No me va a dejar en paz!
¿Qué dice?
Y así se levantará Arturo en el reino de los cielos con la gracia infinita de
nuestro Señor.
Amén. Todos juntos.
Olé.
Gabriel,
yo quería hablar contigo sobre lo que pasó anoche.
Que yo sepa no pasó nada.
Chao. Mira, yo sé que me porté como una tonta.
Y créeme que yo no estoy así tan bipolar.
Ya, en esta parte de la conversación se supone que tengo que decirte filo flaco,
¿sabéis qué? Ningún problema.
Mira, lo estuve pensando y me di cuenta que la cagué. ¿Ya?
No acostumbro ser tan histérica, pero... De hecho, conozco mucha gente que es
así e insoportable.
Mira, la verdad que lo que menos me interesa son las picas psicológicas de
gente de tu clase.
Es más, un amigo tiene una teoría.
Dice que los cuicos se inventan más problemas para darse más... ¿Cómo se
Parece más caché.
Yo opino lo mismo, fíjate.
Te estoy pidiendo disculpas.
¿No crees que podría ser un poco más educado?
Bueno, pero yo no te disculpo. Porque me pareció un berrinche latero y pendejo.
Ah, y otra cosa.
Déjate de andar de Lady Di por la vida.
Porque que yo sepa, esa mina se murió y vivía en Inglaterra.
No, ni nada.
Hola. ¿Cómo estás?
Bien. Aquí dándome un baño de cultura después de una noche un poquito
complicada.
¿Todavía te sientes mal?
No, mal no.
Con el amor propio un poquito por el suelo, pero supongo que se me va a
Pero... Ando con la Rosario, estaba por ahí.
Sí la vi.
Y no creo que le guste mucho vernos juntos.
Lo que tiene es que este es un encuentro casual, ¿o no?
Sí, absolutamente casual.
Pero yo puedo venir otro día al cine.
Todavía está todo muy fresco.
Pero ¿cuántas veces hemos ido al cine los tres juntos?
Entremos. No es justo que tú te vayas porque estamos nosotros.
Tonto.
Muy open mind será la Rosario.
Pero ponte en su lugar.
¿A ti te gustaría ir al cine con el hombre que se acostó con ella, no?
Todos juntitos, comiendo cabritas.
Mira, en primer lugar, yo jamás permitiría que algo así pasara.
¿Y tú?
Yo a ti no te habría prestado nunca.
Aunque me hubieran pagado mucha plata.
Bueno, me voy.
Chao.
Siempre grande y con mantequilla.
Vamos.
¿Qué pasa?
No, nada.
Vamos.
Pensé que no querías verme.
Se me pasó un poco la mano.
Es gracioso.
¿Qué cosa?
Esto.
Primero nos sacamos la piel.
Después nos pedimos disculpas.
¿Quién puede vivir así?
Mucha gente.
¿No ves las noticias de acaso?
El mecanismo siempre es el mismo.
Agresión, desmentido, agravio, desagravio. Y al final, aquí no ha
Eso no me gusta.
O se agrede siempre, o no se agrede nunca.
Como teoría suena a la raja, pero ni tú misma eres capaz de llevarla a la
práctica.
Debe ser que contigo me cuesta más.
Obvio.
A mí me pasa lo mismo.
Cuando hay atracción, no hay nada que hacer.
Ya.
Abre la boquita.
Como todos los mortales, bajar.
Bajarse los pantalones ante la muerte.
Bajar la autoestima para revolcarse en el barro.
Bajar para que los gusanos te coman los ojos.
Bajar.
Bajar hacia los deudores.
Bajar. Las lágrimas bajan a la tierra.
Baja el amor.
Baja el sexo.
Baja el cuerpo con silicona.
Baja el más pillo. Baja el más pobre.
Bajan para siempre los calzones de las mujeres que no te podrás tirar.
Baja tu cierre más de cien veces al día.
Yo no bajo.
Yo me desgrado.
Yo vengo de abajo por lo que tengo más tiempo para bajar.
Me bajo la tontera.
Estoy bajoneado.
Los pájaros bajan del cielo.
Tantas cosas bajan a la vez.
Baja el sol.
Me bajaron unas ganas terribles de dormir bajo el pasto fresco.
Pasto fresco.
Necesito pasto.
Can't find what you're looking for?
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