Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
¡Ah, sí, Pablo!
¡Javierita, abuela! ¡Abuela!
¡Mírame! ¡Estoy mirando!
Está buena la tibia, plaquita.
¿Qué nos desalpica ahí, no?
Oye, plaquito, mire.
Somos parejas, ¿no?
Sofía.
Sofía.
Entréguesela a Margarita.
lo de aquí a ahora.
Cálmate. En el estado en que se encuentra es imposible trasladarlo.
Tomate este café con punta mejor.
Te va a hacer sentir bien.
¿Venden café con trago aquí en la posta, Andrés?
Las bondades del planado, ¿qué puede ser? Por favor.
¿Qué broma?
La punta corre por cuenta de Valencia.
No. No sé cómo puedes bromear en un momento como este.
No imagino un día más espantoso.
La Sofía secuestrada.
Arturo aquí, en estado de coma.
Isabel, ahora quiero que me diga una cosa. ¿Te das cuenta, Andrés?
¿Te das cuenta lo que puede llegar a pasar si Arturo... Si Arturo se muere.
Por favor, dime que eso no va a pasar.
La sofría depende de que Arturo pueda conseguir esa plata para mañana.
Bueno, eso es precisamente lo que quiero hablar contigo.
¿Arturo alcanzó a hacer alguna gestión antes del accidente o no?
Lo dudo.
¿Lo dudas?
Entonces llama a su socio, al directorio de su empresa, para saber si logró
hablar con ellos. No tengo cómo hacerlo.
Toma, aquí está su celular.
¿Y por qué lo tienes tú?
Me lo traje de tu casa por equivocación.
Busca los números de su socio y llámalo. Pero no les hables directamente del
millón de dólares.
Solo pregúntale si saben de algunas gestiones hechas por Arturo para girar
dinero durante la tarde.
¿Y si no es así, Andrés?
¿Qué va a pasar con la Sofía?
Solo un milagro puede salvar a mi hija.
Un milagro que haga que Arturo se despierte y te entregue esta plata.
Porque Arturo se va a despertar, ¿cierto, Andrés?
Arturo se va a despertar y nos va a sacar a todos de esta mierda.
¿Qué? ¿Qué onda? ¿Queréis vomitar? ¡No!
¡Mira!
¿Esa casa?
La ven de la empresa de mi viejo.
¿Qué pasa?
No.
Oye, Toño, ¿no me has dicho cómo es la señora esa?
¿Quién?
¿La señora Sofía?
Sí, ¿no ves que yo no la he visto nunca?
Y tú siempre le dices señora, Sofía. Yo me he hecho la idea de que es una mujer,
hecha y derecha. Pero, ¿sabes qué? De repente me puse a pensar.
Y si es una niña joven, y si es muy buena moza.
Es así.
Porque si es así, no habremos dejado al gato cuidando la carnicería, ¿no?
Al gato no le gustan las cuicas.
Ah, es cuica.
Carmencita, es cuica, joven, buena moza y casada.
Así que no te preocupes por Gabriel, ya.
Jamás nunca va a pasar nada entre ellos dos. No va a haber onda.
Yo no sé dónde.
Sale ese convencimiento a ti, oye. Porque yo no pondría las manos al fuego
Gabriel.
Nunca. Perdóname.
Eso me gustó.
Díganlo de nuevo.
Fuego.
Fuego, fuego.
Díganlo de nuevo, díganlo de nuevo. Es que me encanta cómo ponen la boca. Es
no tuviste suficiente ya. No, todavía no. Fuego, díganme fuego, fuego, fuego.
Ya, díganme, díganme. Díganme fuego, ya.
Suerte, Margarita. Y felicitaciones. Tu hijo es precioso.
Le voy a poner Gabriel.
Igual que tú.
Gracias a usted también, señorita.
Muchas gracias.
Hacen una linda pareja los dos.
Gracias.
¿Vamos?
Ven.
¿Celebramos?
¡Ja, ja, Javi!
¿Cierto que sí?
¡Ay! ¡Mira el living!
¿Cómo está buena fiesta?
¡Bacán!
Oye, ¿y tu vieja no te dice nada?
¡Ay, mi viejo! ¡Mi viejo siempre dice tantas cosas!
¿Vos no me ves que hay mucho derecho en dejar?
No. ¿Y tú? ¿Qué onda con tu viejo?
Ninguna. Pero este no es tema para esta noche, ¿de hecho?
¿De hecho?
¿Alguien duerme aquí?
No sé.
Nosotras.
¿Qué onda, Javier? ¿No tenéis sueños? No.
Todavía estoy en el cielo, parece.
Todavía siento la música de la fiesta así en la cabeza.
Entonces bailemos, Javierita.
No hay nada más excitante que las dos solas bailando en una casa vacía.
La vida y la muerte, Sofía.
Y las dos en un solo día.
En la tarde tuve que dar un diagnóstico de cáncer a una mujer muy joven para
morirse todavía.
Y la noche, el pacto.
Pero tú debes estar acostumbrado a eso.
No. No, todavía soy nuevo en esto.
Lo del diagnóstico fue mi primera vez.
Y no me sentí nada bien.
Por un momento me sentí como...
Una especie de verdugo.
La pobre mujer me miraba como si yo tuviera la culpa y... Y de verdad pensé
la tenía en un momento.
Pero no la tienes.
No. No, claro que no, pero... Gabriel.
Se nota que eres bueno en lo que haces.
Se nota por tus manos.
Sí. ¿Sabías que las manos de los médicos son como las manos de los escultores?
Yo tenía un profesor de arte en la escuela y me gustaban sus manos.
Buenos días.
¿Dónde estabas?
Por ahí.
Necesitaba pensar un poco.
¿Y?
¿Besaste?
Sí.
En eso estuve toda la noche.
Rosario, voy a hacer lo que me estás pidiendo.
Voy a pasar una noche con Lucía.
¿Pudiste hablar con los socios de Arturo? Sí, pero nadie sabía nada del
de la plata, Andrés.
Arturo no alcanzó a hacer ninguna gestión ante el accidente.
Mierda.
¿Qué vamos a hacer, Andrés?
No hay plata y la Sofía... No te preocupes, Isabel. Ya se me va a ocurrir
He estado tan preocupada de mí misma.
Ni siquiera he pensado en... en tu dolor.
En lo mal que tú lo debes estar pasando con todo esto.
Nunca me habías hablado así, Isabel.
Nunca se había dado la oportunidad.
André.
Yo... quiero que sepas.
Discúlpame, no sé qué me pasó en la verdad. No, no te preocupes, Isabel.
Es solo cansancio.
Mejor que te vayas para tu casa.
Te acompaño.
Vamos.
Antes quiero ver a Arturo.
¿Estás seguro, mi amor?
Sí, estoy seguro.
¿No era eso lo que querían?
Sí, bueno, lo pensé y me voy a acostar con Lucía.
Sería buena que la llamaras hoy día mismo.
Entre más rápido salgamos, este cagüín mejor.
Sí, claro.
Como tú digas.
Dile que voy a pasar la noche con ella, hoy.
Ojalá que esto no nos sepulte, Rosario.
Por culpa de un capricho todo se vaya a la cresta.
Me voy a ir a duchar.
Bueno, estábamos conversando, celebrando con Sofía.
Eso. Ah, usted es la famosa señora Sofía.
Yo soy Carmen Arevalo, la dueña de casa.
Mucho gusto, señora.
Gabo, ¿celebrando, dijiste?
Sí, viejo. Es que nos pasó algo increíble. ¿Cierto, Sofía?
Hermoso. Todavía estoy como... como choqueado.
Bueno, pero, mijito, cuente. ¿Qué pasó?
Atendimos un parto, mamá.
Aquí, aquí en la casa, imagínate.
¿Un parto? No le puedo creer.
¿Y quién era la paciente?
La Margarita. La Margarita, la del pasaje al lado.
¿Acá? Sí. ¿Y no tuvieron problemas? ¿Cómo está ella?
Bien, bien.
Todo salió bien, viejo. Claro, después llamamos una ambulancia y todo, pero acá
todo salió perfecto. ¿Ah?
¿Y? ¿Cuándo se iba a imaginar que su hijo iba a tener un parto? ¿Ah? Bueno,
algo eres médico, ¿no?
¿Podemos hablar vosotros?
Eh, sí, claro.
Ya, mientras tanto yo voy a preparar un consome, algo reponedor. Permiso,
señora. ¿Usted me puede ayudar?
Necesito que te quedes a mi lado.
No puedes dejarme ahora.
La Sofía te necesita.
Yo te necesito.
Nunca pensé que alguna vez te vería así.
Tan desvalido.
Tan solo.
En un lugar como este.
No me dejes Yo sé que estás sufriendo Sé que estás luchando por tu vida
Te suplico que me des una señal Yo estoy contigo, mi amor
Me decías que las cosas pasan para mejor.
¿Te acuerdas cuando nos conocimos y nos fuimos de viaje?
Ya, ahora sí.
Tenía que despejarme un poco.
Entonces, ¿ahora sí podemos conversar?
¿Sí? ¿Qué pasa?
Pasa que...
Que me preocupé.
Tú me conoces, Gabo.
¿Con qué? ¿Qué onda?
¿Les pasó algo anoche?
Nada que ver. Lo pasamos muy requete bien con tu mamá. No es por eso.
¿Entonces?
Lo que pasa es que te vi muy acaramelado con la señora.
Y me pasé película.
Pero viejo, ¿cómo se te ocurre? Ya te conté cómo fue.
Yo estaba agradecido porque me ayudó. Eso es todo.
Igual.
Yo sé cómo te ponís cuando ves una chiquilla bonita.
Y dejándose de ser, la señora está bien encachadita, ¿no?
Pero vos, cachay, que a mí no me gustan las cuicas, pues, viejo.
También igual.
Si yo te conozco, cuica o no, donde ponía el ojo ponía la bala, cabrón.
¿A quién habré salido, ah?
Dejémonos de ser, hablemos en serio.
Escucha bien lo que te voy a decir.
No quiero que te metas con esta señora por nada del mundo.
¿Y por qué? Tú te dices que la cagaríamos.
¿Qué te preocupa hoy, Eva? Porque no es cualquier mujer.
Esta señora es la esposa de mi jefe.
¿Él es tu jefe?
Me casa.
Ya vamos a volver a hablar.
Con los ojos.
Como los enamorados que fuimos.
Estoy... Estoy paralizada
por el miedo de ser la verdad, Arturo.
Ya vamos a volver a reír.
Y a recordar todo lo que nos hizo felices.
Tremendamente felices.
¿Qué nos pasó, Arturo?
¿Por qué todo esto?
Tuvieron una noche muy agitada con mi hijo, ¿no?
Digo, por lo del parto.
Gabriel no debería haberla hecho participar de la operación.
Alguien tenía que ayudarlo, ¿no cree?
¿Lo había hecho alguna vez?
No, nunca.
¿Hijos tiene?
Debería tenerlo.
Con su esposo.
Son la alegría de la casa, el orgullo de una madre.
Usted debe estar muy orgullosa de su hijo.
Siempre que no se traiga el trabajo para la casa.
No, es una broma.
¿Sabe usted que Gabriel desde muy niño quiso ser médico?
Siempre. Siempre tuvo vocación de servicio a mi hijo. No, mejor todavía.
Siempre ha tenido vocación de espanto.
Tiene que salir, ¿no cree?
Ustedes son muy buenos. Han sido muy buenos conmigo. Yo, de verdad, estoy muy
agradecida.
¿Usted sabe revolver?
Ay, que soy tonta. ¿Cómo no va a saber revolver?
Atendió un parte y no va a poder revolver una cacerola. Si usted me
puedo poner la mesa y así nos podemos tomar luego un caldito reponedor.
Porque al parecer...
Tuvimos una noche muy agitada.
Todos.
¿Cómo que estuvo aquí?
Sí. Anoche vino a verla.
¿Y? ¿Me dejó algún recao?
¿Qué recao te iba a dejar?
Oye, ese hueón es un petulante de mierda. Cabo, no hables así.
Mi jefe ha sido un siete conmigo siempre.
Incluso cuando tu mamá tuvo la última crisis. ¿O no te acordáis? No, sí,
Pero acá entró como Pedro por su casa, po.
Permiso. No tiene una desgracia, nada, nada.
Bueno, habrá estado preocupado por su esposa.
¿Por qué la tenía acá, viejo?
Eh... Por favor, que lo estoy haciendo a don André.
Pero parece que hasta hoy no va.
Por suerte.
Pero ¿no te parece mucho que tenga que traerla hasta acá, viejo?
El trabajo, el trabajo y la casa, la casa.
No te vayas a meter en problemas, viejo. Esa gente no es de fiar y vos caché que
yo tengo buen ojo para esas cosas.
Chicos, vengan, ¿está listo el consomé? Ya, mamita, ya vamos, gracias.
Vamos a la cocina antes que se enoje tu mamá.
Y Gabo, acuérdate de lo que te dije.
No pienses meterte con esa señora.
Yo ya estoy viejo y no quiero quedarme sin pega, ¿ya?
Ya, apuremos.
Este es el recibidor, muy espacioso como podrá apreciar.
Son 200 metros cuadrados en total y todo con un excelente piso flotante.
Pase adelante, sí.
Calefacción losa radiante, no contaminante.
Comedor independiente y comunicado con la cocina.
Este ventanal aquí tiene una muy buena vista, como podrá apreciar hacia los
cerros.
Todo eso va a ser trabajado con un buen pasto.
Aquí tenemos un escritorio muy amplio.
También con su buen ventanal.
Tres dormitorios, como ya les mencioné.
Dos de ellos en suite. Y aquí tenemos el dormitorio principal.
¡Jabiela!
¡Levántese ahora mismo!
Perdón. ¿Es su hija?
No se preocupe.
Yo también tengo una hija adolescente.
Yo no soy adolescente.
Oye su palabra. A mí no me falta nada. De hecho, me sobra.
¡Xaviera, cállate!
Y despierta a tu amiguita.
Son una vergüenza.
Es lo más conveniente que yo vuelva en otro momento, ¿le parece?
Por ningún motivo, don Domingo.
Yo le voy a seguir mostrando el resto de la casa. Usted no tiene tiempo que
perder, menos en un día sábado.
Olvídese de lo que acaba de presenciar.
de su papá.
Esa es la diferencia entre tú y yo, ¿cachai?
Yo hago lo que yo quiero y dejo que me hagan lo que yo quiero.
En cambio tú, bueno, la diferencia está a la vista.
¿Qué va a hacer?
¿Me va a pegar?
Ya pues pégame, papá. Pégame.
¿No es eso lo que él quería hacer hace tanto tiempo? ¡Ya cállate!
Y no me provoques porque me pican las manos, jovencita.
Después vamos a hablar los dos.
Esta sí que no te la voy a dejar pasar.
¡Don Domingo!
¡Esto, pendeja! ¡Este culo!
¿Qué vayas haciendo a ti?
No lo puedo creer.
Tú mismo me dijiste que íbamos a estar juntas para siempre.
Ah, ya, no le pongáis ya.
La dura.
Estuviste bacán. Nunca te había visto tan heavy.
O sea, no leí ni la sombra a la monga que conocí a principio de año. Sí,
Pero la luma me va a llegar igual.
Ay, tu viejo se pasaría este. Porque te apuesto que el tipo le va a comprar
igual la casa.
Y cuando entre esta pieza, se va a poner muy cachondo recordando nuestros
cuerpos abrazados y perfectos.
Y su mina va a ser la más agradecida, te lo aseguro.
Ojalá y pura hueá.
Anoche dormí pésima.
¿Tú cómo pasaste la noche?
Para haberme enterado recién que me voy a morir, bien, re.
Dormí como tres horas.
Todo un récord.
Yo me tomé una pastilla para dormir, pero no me hizo nada.
A mí hace rato que no me hacen efecto las pastillas para dormir.
Yo creo que necesitamos una cura de sueño en la mejor clínica psiquiátrica
país. Toda la razón.
Te quiero pedir que no digas nada, Lucía.
Ay, no, Lucía, ¿cómo se te ocurre? Esto lo tienes que ver tú.
Ya
está
todo conversado.
¿Qué cosa?
¿Cómo que qué cosa?
Conversé con Juan Pablo.
Le conté lo de tu último deseo.
No te creo.
¿Le dijiste?
¿Y él qué te dijo? ¿Te mandó a la cresta?
No.
Me dijo que sí.
Hoy día en la noche va a estar en tu departamento.
Ven, Germán.
No te enojes
conmigo así.
No te enojes conmigo, papito.
¿Y tu amiguita?
Se fue.
Hace como cinco minutos.
Es el colmo de la desconsideración y la sinvergüenzura, Javiera.
Estuviste a punto de arruinarme un negocio redondo.
¿Cómo?
¿O sea que vuelve a irte a la casa?
Ya, entonces la Nati tenía razón.
Estaba ahí puro laraqueando nomás.
Paciencia.
¡Paciencia tiene un límite, mocoza!
¿Pero qué te has imaginado?
Ni tú ni nadie me habla en ese tonito, ¿me oíste?
No estoy sacándote de la universidad para que te comportes como una
¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa, hija? ¿Qué te pasa?
Perdóname, papito, por favor.
Perdóname. Yo no tengo que reírte de esta cuestión de perdón. No me lo
Lo que acabas de hacer no tiene perdón de Dios.
Ya, recoge tus cosas.
Ahora mismo.
Rápido.
Es que me dejaste con la boca abierta.
Pensé que se iba a enojar. Bueno, claro que se enojó. Me subió, me enojó, me
trató pésimo.
Pero hoy día no sé qué le pasó y me dijo que sí.
Así que... Esta noche va a ser todo tuyo, linda.
¿Y qué hago? ¿Lo invito a mi departamento? ¿Lo llamo?
No sé qué hacer.
Ay, no sé. Por Lucía, ve tú eso. ¿No crees tú?
¿Me enoja?
No. ¿Cómo se te ocurre? Te voy a acostar con mi marido, pero yo no tengo por qué
enojarme, ¿lo crees tú?
¿Qué te pasa? No lo pongáis tanto.
Oye, porque aparte de concertarte una cita con mi marido, resulta que queréis
que ahora que te la produzca, que queréis que te compre un vestido, que te
en el desayuno en la cama, que te compre condones también.
Porque supongo que hay que usar condones, porque no quiero sorpresitas
Entra a tu casa, Javiera.
¡No me obligues a usar la fuerza!
¡Entra, te digo!
Por Dios, Estado, pues, hombre, ¿qué te pasa?
Baja el volumen que vas a despertar a la niña. La niña.
La niña.
Aquí tienes a tu niña.
Mírala el Estado en que viene llegando.
Hola, mamá.
pidiendo esto.
¿Pero para qué?
Porque, Lucía, no se te pudo ocurrir otra cosa. Te vas a morir y no se te
ocurrir otra cosa.
Ay, pero... Disculpame, lo que pasa es que... es que... es obvio que me da
lata, Lucía. Si no hay que tener dos dedos de frente para darte cuenta que es
raro ser mi marido.
Porque no entiendo este amor inmaculado que te bajó ahora por Juan Pablo.
Ya se te olvidó que lo borreaste.
Oye, ¿pero eso qué tiene que ver?
Bueno, además sí, le puse el gorro una vez, pero... Pero yo nunca he tenido
ninguna relación seria con nadie, Lucía.
Yo estoy enamorada de él.
Tú lo dices.
Bueno, aunque no me creas, me da lo mismo.
Eso a ti no te importa. Lo único que te tiene que importar ahora es que hoy día
Juan Pablo va a estar en tu departamento enterito para ti.
Es que más se me quitó el hambre.
Hoy día te toca a ti pagar la cuenta. Voy al baño.
Javierita, escúchame, mi amor.
Mira, yo ahora no te voy a retar.
Después, cuando te sientas mejor, podemos hablar como madre e hija.
Pero ahora, por favor, gordita, métete a la tina. Te va a hacer bien.
Además, el agua está rica, como a ti te gusta.
Tú no tienes idea de lo que a mí me gusta.
Tú no has cambiado tanto, aunque creas que sí.
Mira, mi cielo, cierra los ojos y acuérdese cuando eras chiquitita y yo la
bañaba en la tina.
¿Ya?
No.
No me acuerdo.
¿Pero cómo que no?
Claro que te acuerdas.
Mira, ¿te acuerdas que tú tenías una esponja? Una esponja bien ridícula, con
forma de remita, que tú le habías inventado un nombre súper gracioso. Y
que más te encantaba de todo era que yo llenara con harto jabón esa esponjita
para que te diera mucha espuma cuando tú te bañabas. ¿Te acuerdas?
Sube, sube, sube la espumita.
Sube. Sube como cervecita. Eso.
Y mi corazón.
Se llamaba espumita espumosa. Sí, mi amor, levante los bracitos. Se llamaba
espumita espumosa.
Y era una esponja amiga y cómplice nuestra.
Cada vez que te pasaba algo en el colegio y tú no le querías contar a la
yo hacía que espumita espumosa, nuestra esponjita amiga, te preguntara.
Y tú terminabas contándome todo.
Yo ahora soy grande.
Y lo único que sé es que la verdad no existe.
Ni siquiera existe esa rana ridícula. Porque tú misma la botaste al basurero.
Y ni siquiera me preguntaste.
Cuando tú me preguntabas algo, yo le contestaba a ella.
Ay, Javierita, la boté porque tú la habías dejado botada porque no te
bañar más con ella. No tuvo la culpa. La culpa.
La maldita culpa.
La culpa tiene la culpa de todo en esta casa.
A ver, hagamos el intento, Javiera, por favor, ¿sí?
Yo te tuve en mi vientre. Mi amor, yo te conozco.
La niñita que creía en los cuentos que tú le contabas se murió hace tiempo,
mamá. Ya no existe.
Ahora solo estoy yo.
Yo.
Y no me conoce.
Está ya en los luces saber lo que me pasa.
Ay, por lo menos dime qué tomaste, pues, Javiera, para saber a qué atenerme, mi
hijita. Nada.
No tomé nada.
¿Qué? Tengo tu foto de aguacate.
No, mi amor, no tienes tu foto, es verdad, pero... No sé, estás tan rara,
Javiera. Vomitaste, le contestaste tan feo a tu papá. Él te adora, mi hijita.
Ay, ya, déjame sola, porfa, porfa.
No, no podemos hacer como que aquí no ha pasado nada, Javiera.
¿Sí? Yo soy tu madre.
Yo también te adoro como tu padre. Y yo no quiero que tú sufras, linda.
Si de verdad me quieres, entonces deja de decirme, Javierita. Pero yo te digo
Javierita porque te adoro, mi amor.
Me carga, me enferma.
Por favor, déjame tener un momento de vida privada.
¿Qué más querís de mí? Ya me desvestiste, me llenaste la tina. ¿Qué
más? Lo único que quiero, lo único que quiero, mi amor, es que...
Hablemos como antes.
Que podamos conversar como antes. No seas tan dura conmigo.
Eso es imposible.
Confórmate con haberme visto desnuda.
Porque es la última vez.
Está bueno, Isabel.
Basta. No puedes seguir escondiéndote en el trago, en tus pastillas.
Mírate.
Recapacita, piensa en tu hija. Andrés, no me hagas esto más difícil, por favor.
Devuélveme la botella. Va a ser el último, te juro por Dios que va a ser el
último. Parece que tú no entiendes que tenemos problemas.
Tu hija está secuestrada.
Tu marido en coma.
Dime.
¿De dónde vamos a sacar la plata ahora?
¿La vas a poner tú, acaso?
Arturo se va a recuperar.
Y va a volver a la casa como antes.
Como cuando volvía del trabajo y se va a conseguir esa plata.
¿Y eso cuándo, Isabel?
¿En una semana o un mes más?
A ti parece que se te olvida que hoy es el día que esos tipos esperan que les
traigamos la plata.
Hoy, y no mañana, ni pasado, ni el mes que viene.
Esto no es un juego, Isabel.
Sofía de verdad está en peligro.
Si no conseguimos esa plata hoy...
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.