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Es mi hija, Andrés.
No puedo.
Así no puedo. Por favor, déjame. Sí, Isabel.
Lo nuestro es más importante.
Por favor, no nos separemos. Llegamos juntos.
Acabemos juntos.
Andrés, ábreme ya. Andrés, ábreme.
Por favor, déjame.
Lo nuestro es más importante, Isabel.
Un segundo y para siempre.
Venga.
Andrés, ábreme. Necesito sacar unas cosas, por favor. Ábreme ya.
Esto ya no es tu casa, Sofía.
Tú decidiste irte. No tienes nada que hacer aquí.
Ay, no.
Me voy a hacer mucho porno.
Te voy a hacer dos.
Una acá al lado.
Tú me traicionaste, Sofía.
No quiero que pongas jamás un pie en esta casa. ¡Ándate!
Estás con una puta, ¿verdad? Por eso no quieres que se interrumpa.
Estoy con quien más quiero, ¿entendiste?
Seguro que recogiste una putita de la calle, la subiste a tu auto y te la
tirando como un animal guacho, hueón.
Tú no tienes derecho a opinar sobre lo que yo haga.
¡Ándate, Sofía! ¡No quiero hablar más contigo! ¡Te volviste una latera!
¡Sigue tu carrera de estrella porno con el doctorcito!
Andrés, yo no quiero que me uses por despecho.
No quiero esa clase de amor.
Si quieres terminamos todo esto aquí.
Pero yo no quiero que me uses.
Es lo único que te pido.
No, Isabel.
Sácate eso de la cabeza.
Yo te amo.
Tú eres mi mujer ahora.
Tú, Isabel.
Hola, princesa.
¿Viste? No te dije yo que la próxima vez que me vieras iba a ir a gritar como mi
fan number one.
¿Viste que me querís?
Bebé culo.
Ay,
qué rico, una chelita.
¿Qué onda?
¿Es idea mía o...?
¿Te hay orgía por algo?
Igual me conocía.
Tengo susto.
¿Susto?
¿Por qué?
Primero me... me tenés que prometer que no te vaya a reír.
Y que esto va a quedar entre nosotros.
¿Sí? Sí.
Los dos te lo juramos.
Dale.
Parece que le gusta a mí.
Que nos podíamos ver un par de veces a la semana.
Tomarnos una botella de ron y pegarnos un buen polvo.
Aquí estoy.
¿Puedo acostar?
Vine a comerte, doctor.
¿Cómo así?
A ver, espérate un poquito.
¿Le gustáis como secretaria o le gustáis como mina?
Como mina, yo creo.
Ay, no sé.
No estoy segura.
Ah, mierda.
Pero, ¿por qué pensáis eso? ¿Te tiró la mano o así algo?
No.
Bueno, sí.
Un poco.
Pero nunca tanto.
Ay, que no sé.
Es la manera en que me habla.
Que me mira.
Como me toma las manos.
O como te echó a ti el otro día de la oficina, ¿vos te acordáis?
Sí, tú la viste. Estaba... Hecha una fiera.
Y así mismo me... Me echó la foca a mí también, po.
Tapito de nada.
Bueno. Pero eso... Eso no es como para pasarse rollos, podrín.
¿Tú ahí hay?
O sea... O sea, los jefes te echan la foca, ¿cachai? Lo raro es que te traten
como antes desea.
Igual sería chacha trabajar ahí sabiendo que la loca es tu cachaypo.
¿Lely?
Bueno, pero ¿cuál es el problema? Mira, yo si querí te puedo echar una manito y
puedo hacer algunas averiguaciones por él. No le ando, ¿eh?
No, empecé a hacer tonteras. Yo te conté a ti porque no tenía nadie más que
contarlo. No va a que te ponga ahí a hacer las heras.
Tú siempre terminas metiendo las patas y yo quiero conservar mi pega, ¿ya? Ya,
pero tranquila, baja el decibel, tranquila. No, no, nada, baja el
Me tenéis que jurar que no voy a hacer nada.
No quiero saber qué le acabé con contarte, Leandro.
Júramelo.
Te lo juro.
Ya.
¿Puedo quedarme?
Voy a tener que tocar todas las puertas de Santiago esta noche.
¿Tienes hielo?
¿Quieres?
¿Tienes hielo? Cállate de ver tú, si tú no tenés nada de nada. Eres un pobre
doctor muerto de hambre.
Sirve uno bien fuerte.
Me siento una lavena.
¿Qué onda?
¿Vienes a hablar con el gurú de la autodestrucción?
No.
Pasaba por aquí.
Me acordé de las noches.
Con el doctor Cariño.
Pura nostalgia, weón.
Pura nostalgia.
Yo creo que es exquisito compartir tu cuerpo con distintas personas.
¿Y por qué no?
Compartir a nuestras parejas.
Hay que ser generoso con ellas.
No va a pasar nada si las prestamos. Por lo menos yo creo eso.
Hay... Hay que tener solo confianza.
Confianza en...
Tu pareja y en uno mismo.
En nuestro sentimiento.
Porque la tentación es mucha.
No hay nada mejor que los cuerpos mezclados.
Cuando uno cambia de pareja con gente que a veces no se conoce.
Uno, dos o tres.
Uno, dos o tres desconocidos.
Piernas desconocidas.
Brazos.
Labios.
¿Qué más excitante que eso?
Solo partes de cuerpos extraños y tú, ahí, solo, mirando al
vacío.
Me saco la ropa, doctor.
Sofía, Sofía está borracha.
Sofía, Sofía, escúchame, escúchame, escúchame. No confundas las cosas,
nos dimos un tiempo, es para que el loco de tu marido no arme un escándalo cada
vez que vienes para acá, ¿ok?
¿Estás segura que ese imbécil no está detrás de la puerta con una botella de
vino? No.
Esta noche soy yo la que está detrás de la puerta.
Lo entiendo.
¿Caso no te das cuenta?
¿Te das cuenta?
Dime con una embrenchera hasta tu puerta.
¿Qué tengo que hacer, doctor?
¿Qué tengo que hacer para que nadie me tome la temperatura?
El curso.
pedir hora para que otro la coja y la recoja.
Hola. Hola.
¿Cómo dormiste?
Supongo que bien, ¿y tú?
Bien.
Oye, es feo que nazca de mí, pero preparemos desayuno.
Sí,
claro. Vístete y yo te espero abajo.
No soy digno de tu compasión, mi Dios.
Tu bendición me quema, me duele.
No pusiste higiénica cuando nos creaste y yo lo sobrepasé.
Oh, Dios, no hay pecado más horrible que el mío bajo el aire de tu compasión.
Ninguno de estos hombres, ninguna de estas mujeres guarda en su interior un
monstruo más horrible que el mío.
Yo soy aún peor porque estoy protegiendo a este monstruo en el que me he
convertido.
¿Dónde se metieron?
No sé.
Desperté y ya no estaban.
¿Qué pasó?
Pasó que nos quedamos dormidos, abrazados.
Ay, disculpa.
Fui yo.
Me acuerdo cuando me acerqué a ti y media dormía.
Qué raro todo.
Me acuerdo que tuve dos orgasmos.
Conmigo.
Sí, contigo.
Pero me acuerdo como un foto, como todo muy confuso, fragmentado.
Me sentía mareada.
Bueno, pero esto lo vale todo.
Es como un sueño.
¿Qué cosa?
Esto, estar contigo aquí.
Los dos solos, desnudos, sin que nadie nos mire.
Y sin culpa.
siendo inmensamente feliz.
Podrás entender mi pecado de querer sentir de verdad en esta vida miserable.
Podrás perdonar tanta felicidad aunque sea una ilusión.
Yo ya no puedo con lo que siento.
Lucía.
Tú eres la mujer más hermosa que conozco.
Es la mujer más linda que hay.
Estoy mirando y mis ojos parpadean,
labrimean. Están ciegos y ausentes por
una ausencia que no logro entender.
En todas las azoteas se congela la luz,
tu luz.
Lo prometido es deuda.
Ahí está.
Gracias.
Papá.
Quédate.
Quiero conversar contigo.
¿Por qué ya no está ahí, papá?
¿Por qué ya no está ahí para mí?
No es que yo no quiera estar más tiempo contigo.
Es que no he podido.
Hay cosas que yo no puedo... que yo no puedo manejar.
Cosas que tú no entenderías.
Cosas que... Pero papá, para de pensar que yo soy una idiota que no entiende
nada.
Yo vivo con ustedes. ¿Quién más que yo puede entender lo que les pasa?
¿Te querés separar de la mamá?
¿Eso?
y yo encontré que todo estuvo tan revolucionario, tan maravilloso.
¿De verdad?
¿Tanto así como para repetirlo?
O sea, mañana mismo, si quieres.
Ah, cuidado.
Yo creo que detrás de esa carita de niña buena hay toda una fierecilla, ¿verdad?
¿Tú crees?
Eres el tipo de persona perfecta.
Vaya, despertaron los bellos durmientes. Parece que había mucho cansancio
acumulado. Yo dormiría tres días.
Oye, por favor, siéntense, está todo listo. Te estaba comentando a Jaime
Me pareció todo tan bien, lo pasé increíble, estuvo todo tan jugado.
ninguno se cortó. Yo pensé al principio que no sé, que se iba a ir todo a las
bailas, pero encuentro que todos nos portamos increíble, sin ningún tapujo.
creo que eso pasa sobre todo porque nos conocemos mucho, ¿eh? No sé, ¿a ustedes
qué les pareció? Yo lo pasé increíble, de verdad increíble. O sea, con una
seguridad, con una confianza. ¿Tú qué opinas, Lucía? ¿Lo pasaste bien?
Sí, sí.
Yo encuentro que estuvo adecuado.
Adecuado.
A mí el que me sorprendió fue Juan Pablo. O sea, jamás pensé que se iba a
embalar tanto acá mi socio. Yo siempre pensé que yo iba a ser el guía de la
noche, el capitán del equipo, pero al ver a mi socio tan entusiasmado no me
quedó otra que seguirlo. O sea, por donde andaba mi socio, después estaba yo
donde pasaban sus manos.
Después te vas a la cría, ¿o no?
Oye, por favor, ¿estás diciendo que yo fui el capitán del equipo?
Ya, no me lo molesten, que se me cohibe. No, no, no, no se preocupen, yo no me
cohibo, de verdad.
Yo también pienso que fue, sí, un buen momento.
También fue como todo un golpe energético. O sea, con esto me va a
para la noche, me va a ir bien en la exposición.
¡Tu exposición se me había olvidado! ¡No te pregunté nada!
¿Cómo está todo? ¿Está todo listo? ¿Necesitas ayuda?
No, nada. Solamente necesito vuestras presencias.
Cuento con usted por el lindo momento que he pasado.
Comprometa. Sí, Jaime.
Nos comprometemos.
No te creo.
Yo no soy tonta.
Yo sé lo que veo y lo que veo no me gusta.
Todas las parejas pasan por periodos de ajuste. Eso es todo. Créeme.
Lo mismo que me dijo la mamá.
Parece que se hubieran puesto de acuerdo para mentirme.
Pero es que es verdad.
No podríamos mentirte en algo tan delicado.
Mira, cuando tú te enamores y te caes, vas a entenderme lo que te estamos
hablando.
Pero si ya me enamoré.
La mamá no te ha dicho, ¿no?
No. O sea, sí.
Me dijo también que está muy contenta y todo eso.
Me alegro por ti.
Ojalá que este chiquillo sepa valorarte como merece esta chiquilla maravillosa
que hemos criado.
¿Qué te parece que salgamos a celebrar como en los viejos tiempos?
Son los tú y yo.
Padre e hija.
¿Qué me dices, ah?
Y pobre con la Nati.
Es que hace tiempo que no salimos juntas y la he hecho de menos.
¿Puede ser?
¿De dónde vienes, mamá?
Del departamento de Andrés.
Anoche me quedé...
¿Cómo?
Él no estaba muy bien.
Tuvo una sesión con un psiquiatra.
Y yo lo fui a cuidar.
¿A cuidar?
O sea que tú estabas ahí cuando yo tocaba la puerta como una loca.
Sí. ¿Y por qué no me abriste, mamá? Quise hacerlo, Sofía, pero Andrés no me
dejó.
Él se siente muy defraudado por lo que le hiciste.
¿Qué clase de relación tan enferma es? No es enferma, Sofía, ya te dije. Ah,
claro.
Él es como un hijo para ti.
¿Por qué me tomas, mamá?
¡Por una estúpida!
Sofía.
Andrés está muy solo. Necesita que alguien lo acompañe.
¿Por qué tú?
Tú eres mi mujer ahora.
Tú y Abel.
Porque tú, mi amor, lo abandonaste.
Y porque en mí ve un apoyo importante.
Pero tú serías incapaz de entender eso.
¡Me estás acostando con mi marido! ¡No, Sofía!
¡Sácate eso de la cabeza, por favor!
Somos amigos con Andrés.
Amigos. Yo lo cuido, yo lo apoyo. Él me acompañó mientras tú no estabas. No
existe nada más que eso. ¿Cómo mierda quieres que te lo diga? ¿En qué idioma?
Yo podría ser su madre y eso es lo que soy para él. Su madre.
Dime una cosa, mamá.
En esta relación tan... tan maternal de tu hija...
¿También le das pecho?
Porque hasta donde yo recuerdo, tú, a mí, no me diste pecho
nunca.
Sofía, yo ya estoy demasiado cansada para tener esta conversación contigo.
Entonces, ¿qué clase de madre eres?
Soy sencillamente tu madre.
Ridícula.
Pobre ridícula.
Nunca supiste ser madre.
Tú y la Nati me dejaron botar.
Me abandonaron.
Y yo los quiero reunir a los dos.
Porque los necesito.
¿Y en qué están ustedes dos?
Espero que poniéndose en la buena.
Mi papá me invitó a pasar toda la tarde con él.
Pero qué bien.
Pero yo quiero ir con la Nati.
¿No creéis que los dos me deben un poco de atención?
Por supuesto.
Me parece muy bien.
Poder ir al cine, después a comer o pasear. O ambas cosas.
Me parece una excelente idea.
O sea, hace tanto tiempo que no salgo con mi hija que eso es lo que me parece
excelente. Ya, Javiera.
Prepárate para la mejor tarde del mundo.
¿Y usted cómo está?
¿Mejor? Sí.
Hablé con el doctor de Luca.
¿Ah, y?
Me ayudó harto.
Qué bueno. ¿Y le contaste a tu papá lo de Luca?
No.
Estaba escribiendo y ni siquiera me preguntó.
No me atreví.
Ven, ven.
Ay,
ay, mono.
Esto del secuestro falso no lo cacho bien.
¿Cómo que no lo cacháis bien?
Pero si está claro, Juan Peter.
Ah, lo que pasa es que tú no entendís porque no me entendís la letra. Pues eso
es todo, ¿cacháis?
Mira, yo les cuento la historia.
Siéntate mal.
Imagínate.
Un gallo necesita un millón de dólares.
¿Qué es lo que hace?
Convence a su señora de que se muere en un secuestro falso. Y así pedirle
rescate al suegro.
¿Cachai?
¿Cómo parte la historia?
El tipo la lleva a una casa abandonada.
¿Cachai? La mala cueva es que esa casa abandonada es frecuentada por un
vagabundo. Que lógicamente, y ahí está la gracia de la historia, que al verla,
se lo pone.
¿Cachai, no? Sin que el marido sepa, lógicamente.
El marido cuando la va a ver al día siguiente, cuando la va a visitar,
Escúchame, es raro.
Pero igual le ha hecho el cambio a usted.
Y que nadie sabe entre ellos.
Al final, el último día, y este es como el final de la historia, cuando la llega
a buscar, se da cuenta que la mina no está.
Después con el vagabundo y el rescate, se nos fue a la espalda.
Me encantó, me encantó, me encantó, me encantó.
Oye, ¿y quién te contó esa historia? Porque tú dijiste que era una historia
real. No, lo que pasa es que es secreto sumario, ¿cachai? Pero podemos ponerle
el título, mira.
La captiva. ¿Cómo que, ah?
¿Qué pasa, corazón?
Estabas tan relajado en el desayuno y ahora estás como triste, melancólico.
Ah, pura hueva.
Disyuntiva estúpida que tengo.
Te vi durmiendo abrazada con la Lucía.
Se veían tan lindos.
De verdad.
Seis monos, me convenciste. Me gustó la historia.
Vos tenés que dedicarte a hacer los diálogos y toda esta guada que sigue
adelante y la próxima semana los ponemos a filmar al tiro nomás.
Ya, pero espérate un cachito.
¿Cómo vamos a ir con el...?
Porcentaje, sí.
Te estáis bailando, Jotleo.
Por tranquilo. Vamos a ver si te hacemos una gracia. Quizás te puedo echar una
parte de la sanancia.
50 -50, yo creo.
¿Qué pasó?
Felicitaciones.
Jotleo, yo sabía que todos los atributos que tenías aquí abajo los tenías
también aquí arriba, mi amor.
Así que esto tenemos que celebrar.
Además, o sea, aprovecho de decirte al tiro que yo te quería pedir una cosita.
Ay, ¿qué cosita sería esa?
Es un favor personal.
Pero eso te puede costar bien caro, Julián.
Pago lo que sea.
¿Lo que sea?
¿Incluso un polvito con amor?
Bueno, me podría conversar.
Yo creo que no hay problema.
Oye, mira, si lo que pasa es que a mí me suena muy raro que me digas que nos
veíamos bonitos. Pero si lo pensé de verdad, por eso te lo dije.
Ay, de mañana, qué mañana de mierda.
Esta mañana no se parece en nada a ninguna que haya tenido en mi vida
¿Por qué dices eso, Juan Pablo?
Porque desperté con esa sensación, con la sensación de que después de anoche,
después de lo que pasó anoche...
Nada va a ser lo mismo, que ahora vamos a comenzar a ser regidos por otros
parámetros, por otros paradigmas.
Y que todo lo que teníamos hasta ahora empieza a tambalear y se transforma en
algo inconsistente.
Pero mi amor, ¿por qué lo teorizas todo?
Mira, para mí no fue más que estar con otras personas por un rato, nada más.
Para mí nada tambalea, todo lo tengo claro, no dudo de ti ni de mí, ni menos
mis sentimientos.
Tengo susto, Rosario.
No sé en qué momento las cosas empezaron a transformarse. Perdí la claridad y se
confundió todo.
¿Cuándo? Mira, yo lo único que quisiera es que hubieran algunas cosas que no
cambiaran en ti. Por ejemplo, el amor que me tenías.
Juan Pablo, mi amor, tú todavía me amas.
Te dije que no sé nada.
Ya, no importa. A mí no me importa que no sepas eso porque un día, un día lo
a descubrir. Lo vas a descubrir como ese viento que sienten los deportistas
cuando van corriendo y van perdiendo y luego ganan.
Sí, lo vas a descubrir un día en tu trabajo, en la calle, te va a llegar así
como una iluminación. Vas a sentir un nuevo y renovado amor por mí.
Y ese día, ese día te vas a acordar de esa conversación.
Oye, ¿cómo puedes estar segura de algo después de lo que vivimos anoche?
Porque mi amor, aunque suene cursi, es inmenso y no se rinde, mi amor. Yo te
mucho más que ayer y para mí nada ha cambiado, al contrario.
Todo está mucho mejor que antes, Juan Pablo.
Yo te amo.
¿Hola?
¿Qué estás haciendo?
Deja eso, ¿ya?
Qué bueno encontrarte.
Qué bueno encontrarte en la agencia un día sábado.
¿Sabes?
Necesito pedirte un favor.
Necesito con urgencia un pasaje.
Quiero salir fuera de Santiago este fin de semana.
A Buenos Aires.
¿Puede ser?
Esto parece una pesadilla.
Si no es el desquiciado de tu marido, eres tú.
¿Qué juego es este, Sofía? ¿El de la canasta familiar?
No, Sofía, yo no te he pedido nada. Por favor, deja eso.
La verdad, Gabriel, es que no te entiendo. Por favor, no seas orgulloso.
tenías nada de nada en el refrigerador. Quiero que entiendas que las cosas no se
hacen así, Sofía. No soporto que me invadan de esta manera.
¿Acaso no te das cuenta de que estás actuando igual que tu esposo?
¡Cárrega esta hueá por la cresta!
A ver, primero que nada, yo todo lo hice pensando en ti. En que estás sin
trabajo, no tienes pega y que no hay nada de nada en el refrigerador.
Bueno, perdóname. A lo mejor debí haberte preguntado.
Y no estoy actuando como Andrés.
Mi propósito no es molestarte.
No sé qué pensar, Sofía.
De verdad no sé qué pensar.
Habíamos hablado del tema de estar separados y me encuentro con esto.
No son las cosas en sí las que me molestan. Lo que me molesta es esa
cuica prepotente que lleva ahí en la sangre. Esa especie de compasión
que me repugna, me imputece.
Lo siento, la verdad es que nunca lo había visto de esa manera.
Es que ese es el problema, Sofía.
Que no las veas así y no las veas de ninguna otra manera.
Si hay algo que me da rabia es exactamente esta forma de dar. Esa guay
repugna. No, Sofía, yo no quiero estas cosas.
Las cosas no funcionan así, de verdad. Yo arresto.
Bueno, a lo mejor me equivoqué, pero... ¿Pero de verdad que lo hice con la mejor
intención?
Yo lo hice porque... Yo creo que...
Que te amo, Gabriel.
¿Qué dijiste?
¡Ay, tierra, tráeme!
¿Crees que me amas?
¿O me amas?
Te amo.
Y no quiero hacerte daño.
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