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Autobús con destino Lyon...

Gracias.

...efectuará su salida en el andén 21.

¿Viajas sola también?

Vengo de ver a mi hijo.

España le gusta, pero ahora quiere irse a Alemania.

Dice que allí hay más trabajo.

No lo sé.

¿Conoces Alemania?

Un poco. Nunca he vivido ahí.

¿Y España te gusta?

Es un sitio como otro cualquiera.

Si os enseño eso y os digo: "Mapamundi de Berghaus, 1871,

creado para mostrar rutas de comunicación terrestres,

marítimas y aéreas",

¿qué pensáis?

¿Qué me decís?

Que no se puede comparar con las maravillas

que logramos con la tecnología actual.

Sistemas SIG, mapas colaborativos...

A ver, yo no cuestiono los sistemas actuales,

pero los mapas en papel tienen un valor especial

porque revelan mucho de la época en la que están hechos.

Y, además, tienen muchas cosas

que se han perdido con los sistemas digitales.

¿Como qué?

Como la escala, por ejemplo.

Y, a veces, el norte.

¿Sabéis cuál es la mejor manera de conocer el planeta?

Dibujarlo.

Yo, a vuestra edad, ya había dibujado medio mundo.

Mejor ir a recorrerlo en persona.

El mundo es demasiado grande y complejo,

demasiado caótico.

Y, cuando lo dibujas,

todo se ordena.

Hola, soy yo.

Nada, que cuando me he levantado, no estabas.

Ya sé que es una tontería,

pero estoy un poco... preocupado.

Llámame, ¿vale?

Simplemente para saber que está todo bien.

Había pensado en comprar unas empanadas para la cena.

Fernando. Te veo luego en casa.

El viernes es la cena de departamento.

¿El viernes? Sí. Vas a venir, ¿verdad?

Podría ser, oye. Fernando...

¿Milena?

¿Milena?

¿Milena?

Sí, nos conocimos hace tres años y nos casamos a los dos meses.

Aquí tiene el certificado de matrimonio.

Milena Marinovik.

Marinovic.

Sí. ¿Ha contactado con su familia?

No, no tengo ningún contacto.

Su familia está en Serbia, entiendo Supongo que sí.

¿Sabe en qué ciudad?

No.

¿Y dónde vivía su mujer antes de venir a España?

No lo sé.

Ella nació en Belgrado,

pero al padre lo trasladaron y cambiaron de ciudad.

Y, después de la guerra, ella se mudó varias veces.

Pero no sé dónde.

¿No lo sabe?

Ella prefiere no hablar de Serbia y yo no le pregunto.

No sé nada de ella.

Calentita me tiene, que no tengo gente

y estoy aquí haciendo más horas que un tonto.

¿Y no le ha dicho nada? Si tenía que irse por algo...

¿Qué me va a decir? Ni coge el teléfono.

Y que no me venga con excusas porque me va a oír.

Dos semanas lleva sin aparecer por aquí.

¿Dos semanas?

No ha venido esta semana.

Y mira que le guardé la lotería que me pidió.

Ya ha pasado el sorteo y nada, ni el reintegro.

¿Algún problema?

No lo sé.

¿Te pongo un vino?

¿Unas aceitunas?

¿Desde cuándo Milena compra lotería?

Su mujer ha salido de España.

¿Y dónde está?

Por favor.

Ha cruzado la frontera de Serbia.

¿Y qué pasa ahora?

Necesitaríamos una orden internacional

para seguir buscándola,

y no vemos motivo para ello.

Parece que se ha ido por voluntad propia.

¿No se puede intentar averiguar su dirección?

¿Conseguir un contacto o algo?

Nosotros no podemos hacer esa investigación,

y menos aún facilitarle los datos.

Solo le puedo decir que ha entrado en el país.

Pero es que no puede ser.

Sin decirme nada, no... Ni siquiera me ha llamado.

No lo entiendo.

Mire, esto es más frecuente de lo que parece.

Nos encontramos con muchos casos como el suyo.

Vienen a España buscando una vida mejor,

se casan para conseguir los papeles,

intentan adaptarse, pero no lo consiguen y se marchan.

A veces incluso se llevan dinero. No se ha llevado dinero.

No digo que no haya amor también.

¿También?

Usted parece un buen hombre.

Pero, a veces, no basta.

Usted no tiene ni idea.

Correcto.

Pero no lo digo yo, habla la estadística.

En este periodo, la...

definición de las fronteras entre países

se hacía según...

según unos criterios.

Unos criterios que poco tenían que ver

con la geografía.

Perdón, no entiendo lo de antes, sobre las fronteras previas.

¿No entiendes?

Yo tampoco entiendo.

¿El qué?

Nada.

No entiendo nada.

Se acabó la clase.

¿Sí? "Fernando,

estamos todos en la cena de departamento.

Perdona, no voy a poder ir.

Milena no se encuentra bien y nos vamos a quedar aquí en casa.

"Ah, qué pena.

A la próxima. Que se mejore".

Gracias. Sí, a la próxima. Adiós.

Adiós.

Voy a cerrar en nada.

¿Por qué no te vas a Serbia a buscarla?

No sabría por dónde empezar.

¿Tú nunca has estado en Serbia?

Milena no quería que fuéramos.

En la embajada igual te pueden ayudar.

No buscaré a quien no quiere que la encuentren.

Aquí tiene el postre: queso de la Sierra con membrillo.

Que aproveche. Gracias.

¿Me permite? Con permiso.

¿Le ha gustado?

Sí.

El menú turístico incluye también un licor digestivo.

Puede ser una copita de oporto, "medronho" o "bagaceira".

Uf, no sé.

Bueno, depende de si le apetece algo más suave o más fuerte.

Tráenos dos de "bagaceira".

Muy bien. Con permiso.

Gracias.

La "bagaceira" es casera, está rica.

¿Qué? ¿De vacaciones?

Sí, supongo.

Nadie viene en esta época y es cuando mejor se está.

Es el único hotel abierto, qué suerte.

Ya.

Manuel.

Fernando.

Con permiso.

- Gracias. - De nada.

Mañana es mi último día aquí.

Ya ves que mucho trabajo no hay.

Y en temporada alta ya tienen a gente.

¿Llevas mucho trabajando en Portugal?

Yo nací en Portugal.

Aunque he vivido siempre en Extremadura.

Mis padres eran españoles.

Y los últimos años, cuando puedo, vengo aquí a trabajar a Portugal.

Cosas pequeñas, lo que salga.

Me gusta esto.

¿Tú has venido para mucho?

No lo sé.

Esa es la mejor manera de viajar.

Gracias.

¿Y ahora te vuelves para Extremadura?

No, al interior de Portugal, a un pueblo, a trabajar allí.

Me gusta moverme.

Me da igual vivir en un sitio que en otro.

No tengo familia, no tengo que rendir cuentas a nadie.

¿Tú tienes familia? ¿Hijos o padres?

Tampoco. Pues ya me entiendes.

Mira.

Este es el lugar.

Es un lugar tranquilo, de otra época.

Para olvidarse del mundo.

Yo, cuando vi el lugar, me dije: "Manuel, esta es tu oportunidad".

La quinta la lleva una señora, no la conozco todavía.

Tenían a una persona que se encargaba de los terrenos,

de los árboles frutales y demás, pero se marchó.

¿Y tú siempre has trabajado de jardinero?

Sí, toda la vida.

¿Te gustan las plantas a ti? Mucho.

Solo tengo las de casa, en la terraza.

Pero en la ciudad es difícil.

¿Un bocadillo?

Pues las quintas portuguesas,

aparte del cultivo principal,

suelen tener variedades frutales:

limoneros, naranjos, ciruelos...

Olivos también, vides...

En general, son fáciles de cuidar,

pero hay que ir ojo:

no todos tienen las mismas necesidades.

Los ciruelos, por ejemplo, no soportan bien el viento.

Y hay que podarlos a finales de invierno,

cuando no haya riesgo de heladas. Ah.

Los naranjos y los limoneros, sin embargo,

es mejor a principios de la primavera.

Las plantas son muy agradecidas.

Solo hay que mirarlas y ver qué necesitan.

Como las personas.

Solo que mucho más fáciles de entender.

Eso seguro.

Mañana, como es mi último día, te llevaré a un sitio curioso.

Ah, ¿sí?

A no ser que tengas otros planes.

Aquí...

Manuel, despierta, que se te enfría el café.

Manuel.

¿Manuel?

Gracias.

Buenos días. ¿Qué desea?

Hola, vengo por el puesto de jardinero.

¿El jardinero? Un momento, voy a avisar a Amália.

Amália.

Amália. ¿Sí?

Ha llegado el nuevo jardinero.

Ah.

Buenos días. Eres Manuel, ¿no?

Qué alivio poder tener por fin a alguien

que me ayude con el jardín.

Hola, soy Amália. Bienvenido.

Supongo que estás de acuerdo con las condiciones que te mandé:

alojamiento y 15 días de prueba.

Te ocuparás del jardín, del huerto...

y harás tareas de mantenimiento de la casa.

Sí, me parece bien.

Pensaba que eras portugués de origen,

pero ya veo que es un error.

¿Es un problema? No, en absoluto.

Yo tengo que atender ahora a un cliente,

pero Rita te explicará todo.

Cuéntaselo todo a Manuel.

Yo estaré allí porque vienen por lo de las naranjas.

¿No venían mañana? Han adelantado la visita.

Ah, Manuel, una cosa solo: estos rosales ni tocarlos.

Me encargo yo personalmente.

¿Vamos?

Vamos.

Sí, todo recto.

Te alojarás aquí.

La llave está dentro.

Si necesitas algo, toallas, cubrecamas...

Lo que sea, avísame.

Normalmente estoy dentro de casa.

¿Dejo...? Sí, déjala ahí.

Allí al fondo tenemos el huerto.

Hay diferentes árboles frutales.

Aquí abajo, los olivos.

Y aquí, el viñedo.

Este es el taller.

Aquí está todo lo que necesitas: las palas, la ropa...

Aquí están los horarios de riego.

Para... regar.

Y de las intervenciones principales.

Hay que seguir el modelo y ya está.

Todo está aquí.

¿De acuerdo?

Si quieres, puedes darte una vuelta por el jardín

para ir familiarizándote.

¿Yo? Sí.

Bien. Y empiezas mañana.

¿Mañana? Mañana.

Bien. ¿Sí?

De acuerdo. Hasta luego.

Adiós. Gracias.

Buenos días. Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

Una copa de vino...

Y un pastel de bacalao, por favor.

Marchando.

¿No es de por aquí? ¿Cómo?

De aquí. No, he llegado hace poco.

Soy el nuevo jardinero de la Quinta das Amendoeiras.

El nuevo jardinero.

De la quinta de Amália.

Sí. Soy Manuel.

Camilo, un placer. Bienvenido.

Gracias.

Es una quinta preciosa, la de Amália.

Sí, muy bonita.

Pertenecía a su abuela materna.

Amália llegó un día siendo muy jovencita.

Llegó sola.

Venía de la capital.

Era una mujer con estudios, culta.

Su abuela ya era mayor.

Y Amália se encargó de todo.

¿Ella vivía en Lisboa?

En Lisboa, por Europa...

No se sabe.

¡Amália! ¿Estás bien? Hola.

¿Te ayudo a salir?

Vale.

Ven, apóyate.

Así, en mi hombro.

Así.

¿Te duele algo? ¿Algún golpe? No.

Vale.

Venga, vamos.

Cuidado.

Cuidado. ¿Estás trabajando todavía?

No, no.

Ya no.

Ay. Uy.

Ya puedo yo, gracias.

Entra.

Traigo "alecrim".

Déjalo ahí. Gracias, Manuel.

Estoy preparando café.

Ah, me espero.

¿Antes vivías en España?

Sí.

Buenos días, Manuel. ¿Todo bien?

Buenos días. Sí, muy bien.

Solo he estado una vez en España. Me gustaría volver y conocerla más.

¿A qué te dedicabas allí?

Nada interesante.

¿Tienes familia en España?

No.

¿Y por qué has venido aquí?

No sé...

Portugal es un buen sitio.

¿Y España no?

Sí, España también.

No sé...

No sé.

Rita, deja en paz a Manuel.

¿Dónde he dejado la miel?

Donde siempre.

¿Hoy no sales?

No, hoy trabajo desde casa.

Toma.

Gracias.

¿Amália se encuentra bien?

De maravilla. No te preocupes.

¿Fuiste tú quien aparcaste el coche?

El mes pasado lo tuvimos que llevar al mecánico.

Ahora solo tiene un "risco".

Un... ¿qué? Sí, un...

Ah. Nada importante.

Mira, prueba esto.

Riquísimo.

Llego tarde. ¿Qué? ¿Qué tal estoy?

Muy bien. ¿Bien? Hoy tengo concierto.

¿Concierto? Canto en un grupo.

¿Amália no está? No la he visto hoy.

No, salió esta mañana temprano. No sé a qué hora vuelve.

Buen fin de semana. Hasta el lunes.

"Entonces, la quinta era sublime.

Tenía campos de almendros

que llegaban hasta el norte del pueblo.

Almendros blancos.

Cuando florecían, era espectacular.

Aquí no había nada igual.

Hasta que un día hubo una plaga terrible

y los almendros enfermaron".

Enfermos. Ah.

Intentaron salvarlos, pero no pudieron.

Tuvieron que arrancarlos de raíz.

Ese mismo año falleció la abuela de Amália.

Poco después,

tuvo que vender parte del terreno de los almendros

para salvar la quinta.

Y eso fue lo que pasó.

Perdón.

Buenas noches.

Manuel.

Siéntate conmigo un rato. Hace buena noche.

Siéntate.

¿Te gusta esto?

La casa, el jardín...

Mucho.

Hace poco, cerca de aquí, sucedió algo curioso.

Un hombre mayor, rico, coleccionista de arte,

que vivía solo en una casa grande,

se resbaló al salir de la bañera,

se pegó con la cabeza en el borde

y ahí se quedó.

Desnudo y muerto.

Y así pasaron varios días.

Tenía poca familia, nadie lo echó de menos.

Una noche,

un ladrón se coló en la casa buscando una de las obras de arte

y se lo encontró en el suelo.

Debió llevarse un susto tremendo,

pero enseguida comprendió lo que había pasado.

Entonces, el ladrón

abrió el armario del hombre,

eligió un traje elegante,

lo vistió

y lo sentó en un sillón del salón.

Después, llamó a la policía y antes de que llegaran...

se marchó,

dejando la puerta abierta.

No se llevó nada.

¿De verdad?

No se roba a los muertos.

¿Era amigo tuyo?

Sí.

Lo siento.

No, al muerto no lo conocía.

Un buen hombre.

Exiliado.

En la antigua Escandinavia,

los exiliados se llevaban la puerta de su casa con ellos.

Desde el barco, la lanzaban al mar,

esperaban a ver dónde encallaba,

y entonces se dirigían a ese preciso lugar

y atracaban.

Como si fuera el destino

el que les había llevado hasta allí.

Así se fundó Reikiavik en el siglo IX.

Pasadlo bien.

Gracias, Rita. Que descanses.

A la próxima, no vienes conmigo.

- Vienes a pie. - De acuerdo.

¿Quieres uno?

No. Son de los buenos.

No, gracias. ¿No?

Adiós, Manuel. Adiós.

Que vaya bien.

Pero ¿lo estás diciendo en serio?

De momento es una idea que me ronda la cabeza.

Pero no es tan raro que quiera volver.

Mi hermano vive allí y tengo familia.

Pero es un país con conflictos.

¿Y Portugal no?

Hay conflictos en todas partes. Pero aun así...

- Son tus raíces. - También son las nuestras.

Angola ha cambiado mucho en los últimos años.

Ni siquiera vosotros la reconoceríais.

¿Dónde vive tu hermano?

En el norte, no muy lejos de Luanda.

Hace dos años vino a Portugal a visitarme.

No le terminó de gustar.

A veces me pregunto qué habría pasado

si nos hubiésemos quedado otro año más.

¿Sigues pensando en aquella época?

De vez en cuando.

A veces...

me vienen imágenes a la cabeza. - ¿Volverías?

¿Para qué?

Allí ya no queda nada para nosotros.

He visto algo.

Una sombra.

No hay nadie.

Deja abierto.

Hace una noche agradable.

En todas las casa grandes hay siempre un fantasma.

Era demasiado pronto para trasplantarlo.

Lo siento.

El verdadero Manuel no habría cometido ese error.

¡Buenos días!

Buenos días.

Manuel, ¿te importaría acompañar a Rita con la camioneta?

Hay que traer un pedido que pesa bastante.

Y, de paso, podéis comprar abono.

Parece que las adelfas necesitan un empujón este año.

Rita te enseñará dónde está el vivero de Antonio

para lo que necesites en adelante.

Pero conduzco yo.

¿Tú te has visto? Conduce Manuel.

No la dejes conducir, ¿vale?

¿Vamos?

Gira aquí a la izquierda.

Espera, allí está Isabel.

Para.

Venga.

Todas a casa.

"¡Rodrigo!

¡Rodrigo!".

Manuel, ¿has visto a Rodrigo?

Hace rato que no lo veo.

¿Has mirado en el leñero? Sí, y no está.

Este niño siempre está igual. Me saca de quicio.

Mira quién está allí, debajo de los naranjos.

Rodrigo.

¿No me oías llamarte?

Venga, hijo, levántate.

Con cuidado.

¿Me lo puedo llevar?

Puedes. Pero te lo lees entero.

¿Te gusta? ¿Está interesante?

Va, despídete de Manuel. Adiós.

Hasta luego. Hasta luego, Manuel.

He pasado por el olivar de Antonio.

¿Aún no ha contratado a nadie? No.

Le mandé dos chavales dispuestos y con algo de experiencia,

pero dice que no le gusta ninguno.

Ya.

Lo que quiere es que se ocupe su hijo.

¿Su hijo?

Su hijo no se aclara.

Está despistado, no sé qué le pasa.

Le pasa que no quiere saber nada del negocio del padre.

Quiere irse a Lisboa.

Discuten y Antonio, de vez en cuando,

desaparece unos días para obligarlo a ocuparse de todo.

¿Desaparece? Sí.

Dice que lo hace por el hijo, pero, en realidad...

va a visitar a su mujer.

Murió hace unos años.

Un accidente en unos acantilados.

Una desgracia.

Antonio no lo ha superado.

Cuenta que una noche

se le apareció.

Así que va ahí y pasa las noches buscándola.

Y, si no la ve,

por lo menos habla con ella.

Qué triste.

Bueno.

Cada vez, cuando regresa, tiene una energía especial,

un brillo particular en los ojos.

Un no sé qué que lo reconcilia con la vida.

Le dura un tiempo y luego se apaga poco a poco.

Y, entonces, ¿vuelve a desaparecer?

Exacto.

¡Manuel! Hoy voy a hacer bacalao.

¿Bacalao? ¡Cuenta conmigo!

Rodrigo. Venga, a comer.

Mamá tiene un novio nuevo.

Toca la guitarra,

pero no es una guitarra normal porque tiene cuatro cuerdas.

Me va a enseñar a tocarla. Eh, come y calla.

La cosa es que me ha surgido un concierto en Coímbra.

Una sustitución de última hora.

Tengo que resolver un asunto de trabajo en Lisboa.

Salgo temprano.

Uno, dos, tres,

cuatro, cinco, seis, siete...

¡No, cuento yo!

Ocho, nueve, diez,

once, doce, trece, catorce...

¿Cuántos pasos son? Noventa.

Muy bien, noventa.

Eres el mejor ayudante que he tenido.

Mira, se ve la casa desde aquí.

Sí, es verdad.

¿Es tu sitio secreto? Sí, uno de ellos.

¿Y tú? ¿Tienes un sitio secreto?

Sí, pero no puedo decírtelo porque es secreto.

Ah, claro.

Pero me lo puedes enseñar. Ya veremos.

¿Contamos ahora hasta allí? ¿Hasta dónde?

Hasta la otra roca.

Venga, vale.

Uno, dos, tres, cuatro...

Pero ¿dónde...? Rodrigo.

¡Corre, que te gano!

Buenas noches.

¿Necesitas algo del huerto?

Un poco de romero y perejil, pero ya lo cojo yo.

Gracias.

Me ha dicho Camilo

que te han ofrecido un trabajo en Guimarães.

Sí, es verdad.

¿Buenas condiciones?

Muy buenas.

Es un buen lugar.

¿Lo vas a pensar?

No hay nada que pensar.

¿Qué se me ha perdido en Guimarães?

"Nací en África.

Pasé toda mi infancia en Angola.

Cuando se declaró la independencia,

mis padres no quisieron abandonar sus tierras".

La guerra colonial había acabado,

pero estallaron conflictos entre varias facciones.

A mí me mandaron a Portugal,

pero mis padres se quedaron ahí atrapados

y acabaron matándolos.

Yo tenía 14 años.

Mi abuela, a la que yo no conocía,

tenía esta quinta y me acogió.

En Portugal, los retornados no fuimos bien recibidos.

Nos tachaban de explotadores, esclavistas...

Así que...

empecé a esconder mi origen.

Contaba que venía del interior y me inventé una infancia

a partir de las historias que me contaba mi abuela.

Terminé los estudios, viajé, viví aquí y allí...

Pero, al final, vine a ayudarla y...

me quedé.

Oculté mi pasado durante años.

¿Y nunca volviste a Angola?

Tardé casi veinte años en volver.

Sentía mucha nostalgia.

Yo era africana.

Pero cuando llegué ahí, recibí una bofetada de realidad.

Me sentí extraña.

Me sentí portuguesa.

Ya.

Fue desconcertante.

Yo no pertenecía a ningún sitio, ni aquí, ni allí.

Mi patria

era el colonialismo.

¿Y ahora?

¿Esta quinta?

Esta quinta...

ha sido mi libertad.

Y también mi prisión.

¿Por eso te escapas?

De vez en cuando, necesito ver mi vida desde lejos,

exiliarme un poquito.

Y sentir que tengo un lugar al que volver.

¿Y cortaste todos los lazos con África?

Todos no.

Conservo un pequeño grupo de amigos,

los has visto por aquí.

Las partidas.

Antiguos amigos de Angola.

Tenemos vidas muy diferentes ahora,

pero compartimos el pasado.

Te cuento todo esto

porque el sábado celebramos la partida anual

y quería pedirte algo.

Lo que quieras.

Luzia Oliveira no podrá asistir esta vez.

Me preguntaba...

si querrías sustituirla.

¿Yo?

Rodrigo, basta, te he dicho que no es para ti.

Venga, sal de aquí.

Oye, Rita.

La partida de esta noche...

No sé.

No te preocupes, Manuel. No son grandes jugadores.

Tampoco apuestan mucho dinero.

¿Te puedo hacer una pregunta? Dime.

Coge por aquí, venga.

Ayúdame a doblarlo, hijo, va.

¿Qué opinas?

La clara. Sí, opino igual, la clara.

Qué guapo, Manuel.

¿Ya sabes qué vas a apostar?

¿Eso lo hacen siempre?

Siempre.

Es el momento estelar de la noche.

No sé.

Es la mejor parte, no desaproveches la oportunidad.

¡Rodrigo José!

¡Rodrigo José! Sal de ahí, venga.

Parece que hayan pasado tres ratones.

¿Eres un ratón, Rodrigo? No.

Vaya, pues lo pareces.

¿Quién va a limpiar esto? Tú.

Ya decía yo.

Ya decía yo.

Subo.

Mi vida, creo que te estás tirando un farol,

pero...

con las cartas que tengo no puedo arriesgarme.

Pues me temo que nunca lo sabrás.

Gaustin, ¿has ido a Angola este año?

Voy dentro de poco.

Estoy trabajando en una nueva recopilación

de narraciones orales.

Cuéntanos una historia, una cortita.

"De repente,

un día, una nube libera una carga de agua sobre ti.

Empiezas a correr para resguardarte.

Corres y corres en la misma dirección

y velocidad que la nube,

por lo que estás siempre debajo de ella.

Pero no reparas en eso

hasta que, con los pulmones a punto de explotar, paras.

Y la nube sigue su camino,

dejándote atrás".

Es preciosa.

Es de una amiga escritora.

Su padre se la contaba.

Gaustin se dedica a comprar y a vender historias.

Recorre todas las aldeas de Angola

escuchando historias que cuenta la gente.

Un productor de recuerdos.

Algo así.

Chinchín. Chinchín.

Amigos míos,

llegó el momento de las apuestas de verdad.

Como tenemos a un nuevo miembro en nuestra reunión,

recordaré las reglas del juego.

Cada jugador pide algo

a otro jugador de la mesa.

Puede ser cualquier cosa excepto dinero.

La única condición es que los demás,

los que no estén implicados, lo acepten.

Quien gana la mano, se lleva la apuesta.

Y, claro,

todo lo que pase aquí

no sale de esta sala.

¿Gaustin?

Bernardo...

me prestará su casa de Lisboa durante una semana.

La trataré como si fuese mía y recibiré allí a unos invitados.

Al terminar la semana,

se la devolveré en perfectas condiciones.

Aceptada.

¿Bernardo?

Le pido a Constança...

que aloje en uno de sus hoteles

a algunas personas durante unos días el mes que viene.

Sin explicaciones.

Si gano,

tanto Amália como Bernardo

dejarán de apoyar a mi marido como candidato a alcalde.

- ¿No quieres que salga electo? - No.

Últimamente tienes unas ideas muy reaccionarias.

No entiendo ese cambio y no me gusta nada de nada.

Muy bien.

Manuel anunciará su apuesta en último lugar,

así que me toca a mí.

Mi apuesta es muy sencilla.

Me gustaría conocer la verdadera historia de Manuel.

Conocer su pasado antes de llegar aquí.

Es tu turno.

No sé.

Seguro que hay algo que quieres.

Me gustaría volver a plantar almendros en la quinta.

Muy bien, las apuestas están sobre la mesa.

Dos.

Una.

Dos.

Una.

Una.

Tres.

Brava.

Es imbatible.

Hoy la suerte está de tu lado.

De nuestro lado.

Por el futuro de este país tan curioso en el que vivimos.

Brindo por ello.

Mi mujer se marchó un día.

Desapareció.

Sin más.

Sin una palabra.

Dejó el país.

Me dejó a mí.

No sé con quién está.

No sé qué vida lleva.

Ni siquiera sé si está viva.

Al verdadero Manuel lo conocí de casualidad en la costa.

Y se murió.

De repente, ahí...

a mi lado.

Algo del corazón, dijeron.

Se lo llevaron enseguida,

pero se dejaron olvidada su chaqueta.

Y no lo pensé mucho.

Me la puse.

Me llamo Fernando.

Si no te importa, seguiré llamándote Manuel.

Ya me he acostumbrado.

Buenas noches.

Buenas noches, Manuel.

Manuel.

Cuando termines eso,

acércate un momento al estudio, por favor.

Siéntate.

¿Qué es esa idea de replantar almendros?

Espera, vuelvo enseguida.

Este es el perímetro actual de la quinta

y este es el que tenía antes con todos los campos de almendros.

No hablo de recuperar esos terrenos, obviamente.

La mayoría ya están ocupados.

Pero aquí hay una zona libre en venta

que, si la unimos con esta parte de la quinta

que está desaprovechada,

quedaría una superficie interesante para una plantación.

He hecho unos primeros cálculos

considerando unos 270 almendros por hectárea.

Mejor 250.

Mi abuela tenía 250 por hectárea.

Les llega mejor el sol.

Pues 250, muy bien.

¿Cuándo has hecho todo esto?

Esto es mucho trabajo.

Lo sé.

E inversión.

Yo sola no lo haría.

Necesitaría un socio.

Tengo algunos ahorros.

Y podría vender mi piso en España.

Por aquí.

Viví algunos años en Madrid,

en una época interesante para los negocios,

pero después decidimos abrir un despacho en Portugal

y volví a casa.

Mi socio se quedó con el despacho de Madrid.

Ahora trabajamos con clientes de ambos países.

Pasa.

Amália dice que es una de las mejores firmas.

Amália...

Amália es muy amable.

Toma asiento. Gracias.

Ya tenemos toda la documentación.

Está todo correcto.

Solo necesito que me firmes esta autorización.

Muy bien.

Ya tenemos la certificación del registro de tu piso.

Si quieres,

mi socio puede indicarte

algunas inmobiliarias con las que solemos trabajar.

Solo falta resolver la cuestión del inquilino.

¿Hasta cuándo se va a quedar?

¿Qué inquilino?

Pues...

por la información que tenemos aquí,

los recibos de agua, de luz y de gas están dados de alta

y se están pagando.

Eso no es posible.

Lo di todo de baja. El piso está vacío.

Un segundo.

Hola, Enrique, soy yo.

¿Qué tal?

Por aquí todo bien.

Necesito un favor. ¿Puedes hacerme una búsqueda rápida?

¿Tienes los datos del inquilino del piso del señor Fernando Quirós?

Sí, espero.

Sí.

Es rápido.

Sí, dime.

Sí.

Sí.

Es verdad.

Gracias, Enrique. Un abrazo, adiós.

Están a nombre de Milena Marinovic. ¿Te suena de algo?

¿Cuándo te marchas?

Amália...

A los fantasmas hay que atenderlos.

Perdona.

Un café solo, por favor.

Gracias.

¿Quiere comer algo?

¿Un cruasán? No, gracias.

¿Qué te debo?

¿Otra vez tarde? Tráfico. Lo sé.

Mesa 1.

Aquí tiene. - Gracias.

¿Qué ponemos?

Yo quiero un té frío. Gracias.

Para mí, un café solo. Uno solo, sí.

¿Qué le pongo? Un café con leche y una tostada.

¿Mantequilla y mermelada? ¿Tomate?

Solo aceite.

Y con el café,

¿leche normal, sin lactosa, de soja o almendras?

Normal.

¿Algo más?

¿Qué?

Perdona, nada más.

Milena.

Ya voy.

Este se cree que el bar es suyo.

Hola.

Hacía tiempo que no venía a la ciudad.

Está muy cambiada.

No sé.

Ahora todas las ciudades se parecen un poco.

¿No vives aquí? No, vivo fuera.

En otro país. Por trabajo.

No es fácil. Dímelo a mí.

¿De dónde eres?

De Serbia. Llevo dos años aquí.

Lo de camarera es un trabajo provisional.

Estoy estudiando. Ah, está muy bien.

A mi edad, fíjate.

Bueno, ¿por qué no?

Zumo y sándwich. 5,40 euros.

¿Con tarjeta?

Aquí.

Este hombre viene aquí todos los días.

Pide siempre lo mismo.

Todos los días le sirvo un zumo y un sándwich.

Y cada día llega y se marcha sin decirte nada.

Ni "Buenos días", ni "Adiós", ni "¿Cómo estas hoy?". Nada.

Me da un poco de pena.

Prácticamente es lo único que sé decir.

¿Y eso?

Estudié un poco, pero no llegué a aprender.

Durante un tiempo me interesó la cultura balcánica.

¿Tú hablas muchos idiomas?

Serbio, español, un poco de inglés y ruso.

Mi abuela era rusa, nos hablaba siempre en ruso.

¿Cómo te llamas?

Manuel.

¿Y tú?

Milena.

¿Milena?

Encantado.

¿Gratis?

Está cansado, está muerto. No.

Quiero ayudarte.

Tengo hambre, hombre.

Gracias.

¿Cómo puedes ser venezolano y del Real Madrid?

¡Venga ya! ¿Qué tendrá que ver?

Díselo tú.

Es el mejor equipo de este lado del mundo, ¿sí o no?

Hombre, el mejor, no sé. Uno de los buenos, seguro.

¿Qué tendrá que ver? No has vivido en Madrid en tu vida.

Soy de Belgrado

y soy del Estrella Roja de Belgrado desde que nací.

Esto sí tiene sentido, ¿o no?

Tiene un componente emocional fuerte, claro que sí.

Tiene lógica, no como este. Lo que tú quieras.

Les vamos a dar una paliza. En tus sueños.

Hola. ¿Me pones un rooibos, por favor?

Lo siento, la cafetera está apagada.

Pero ¿qué haces?

Falta como media hora para el cierre.

¿Quieres llegar al partido o no? Sí.

Pues eso.

¿Dónde lo vas a ver? En casa de mi primo.

Yo voy a ir al bar de Pepe. Está cerrado.

No... Sí, están de reformas.

Mierda.

Conozco otro bar donde se puede ver.

¿Sí?

No... ¡Vamos, vamos!

Falta.

¿Falta de qué? ¿De qué? Pero ¡si se ha dejado caer!

Puro teatro.

¡Mate en tu cara!

Sí, sí, sí.

Buena, buena.

El básquet me vuelve loca.

Ya lo veo, ya.

De pequeña iba mucho con mi padre a los partidos.

Tengo un hermano, pero le gustaba el waterpolo,

y eso mi padre lo odiaba.

Así que me llevaba a mí.

¿Y no tienes más hermanos?

No, solo ese idiota auténtico.

Somos muy diferentes.

Y encima se casó con una mujer insoportable.

Así que nada.

¿Y tú? ¿Yo qué?

¿Tienes hermanos? No.

¿Y mujer?

Tampoco.

¿Y eso?

Tuve, pero ya no.

Sí.

"¿Sí?".

¿Rita? Hola, soy Manuel.

"¡Ah, Manuel! ¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás?".

Bien, todo bien. ¿Y vosotros? ¿Y la casa?

"Está todo igual".

Quería hablar con Amália, pero no doy con ella.

"Amália está fuera, está de viaje.

Ya sabes cómo es, no se llevó el teléfono.

Y aunque se lo hubiese llevado, siempre lo tiene apagado".

Siempre igual, ¿no?

"Sí.

No sé cuándo volverá, pero le diré que has llamado".

No te preocupes, no era nada.

"Vale. Rodrigo, venga, ponte a hacerlos".

No te molesto más. Dale un beso a tu hijo.

"De tu parte. Te manda otro.

A ver si acaba con los deberes. Adiós, Manuel, besos".

Adiós.

Quiero sacarme el título. Quiero trabajar de lo mío.

¿Y qué estudias? Soy enfermera.

Pero no me convalidan el título de Serbia.

Supongo que fue muy duro cuando llegaste a España.

Sí, bastante.

Sin trabajo y sin nada.

Pero no me arrepiento.

Al principio tuve que compartir un piso con tres chicas más.

Lo odiaba.

Ahora vivo en una casa que me ha dejado una amiga.

Temporalmente.

¿Y te gusta?

Sí, es muy bonita.

Y tiene terraza.

Me gusta, me encanta la terraza.

¿Cómo conseguiste el trabajo? Bueno, ya, ahora me toca a mí.

¿Tú en qué trabajas?

Soy jardinero. ¡Anda!

No conozco a ningún jardinero. Ya conoces uno.

¿Y se gana bien como jardinero?

No me quejo.

Muchas gracias por la cena. A ti, por tu compañía.

Bueno...

¿Subes?

¿A tu casa?

Pasa.

Voy a abrir una botella de vino.

Siéntate.

¿Vino?

Gracias, aunque creo que ya he bebido demasiado.

Soy una mujer de palabra.

Vas a probar la "kartoshka" casera.

¿Qué es lo que quieres?

Solo quiero quedarme un rato más.

¿Milena?

¿Milena?

¿Quieres otro? No, gracias.

Siéntate.

Conocí a Milena, a tu Milena, hace seis años.

Entonces trabajaba en un hospital en Belgrado

de enfermera.

Milena ingresó por una enfermedad en los pulmones.

Pasó varios meses en cama. Yo la cuidaba.

Cuando tenía turno de noche,

me sentaba con ella a hacerle compañía.

Me enseñaba español.

Me contaba cosas.

Sobre todo, de su infancia.

Es lo que más le gustaba recordar.

Me habló de su vida en España.

Estaba casada con un buen hombre.

Tenía trabajo,

pero decía que este no era su sitio.

No era su vida.

Aquí no era ella.

Luego murió.

Y nadie vino a buscarla.

El hospital no encontró a ningún familiar.

Me quedé sus cosas.

Yo quería salir de Serbia,

buscar una vida mejor.

Así que, unos meses después, vine.

Busqué a su marido,

pero no lo encontré, había desaparecido.

Estuve días y días en esta cafetería esperando.

Pero nunca apareciste.

La casa estaba vacía.

No conseguía trabajo, vivía en un sitio horrible

Ya te conté, mi vida era un desastre.

Un día, me atreví a subir.

Las llaves de Milena todavía funcionaban.

Al principio, venía de vez en cuando,

limpiaba la casa, pasaba aquí la tarde...

Me quedé a dormir alguna noche... y acabé viviendo aquí.

Luego, encontré un trabajo con los papeles de Milena.

El resto ya lo sabes.

No tengo respuestas para ti.

No dejó ninguna carta.

No soy mala persona.

Adiós.

Espera.

¿Cómo te llamas?

Olga, como mi abuela.

Olga.

Para las chicas de la mesita 2. Sí.

¿Te pongo algo?

Un café.

Solo.

¿Dónde te estás quedando?

Por ahí.

¿Por ahí?

No te vayas.

No tienes por qué irte.

Quédate en el piso todo el tiempo que necesites.

Termina tus estudios, encuentra un trabajo con tu nombre.

Y, más adelante, hablamos.

Lo digo en serio.

¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?

Volver a casa.

¿Hola?

¡Rita!

Casi me matas del susto.

¡Manuel!

¿Cómo estás?

Bien, ¿y tú? También bien.

¿Y Rodrigo?

Rodrigo está en el colegio. Volverá más tarde.

Ay... Me alegro de verte.

Yo a ti también.

Amália está abajo.

Voy a hacer sopa de judías. ¿Te parece bien?

Me parece espectacular.

Subtítulos: Isabel Martínez Castelló Bbo Subtitulado

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