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¿Señora Gin?
¿Señora Gin?
¡Madre mía!
¿Para qué es esto?
Es para ti.
Has estado robándome bragas y sujetadores, ¿no?
Sé cuántos has cogido. Los pido por catálogo.
Hay algo oscuro en ti, Eddie Jean.
Dios los cría y ellos se juntan.
Sí, es verdad.
Pero no eres sincero conmigo.
Así que te voy a dar una última oportunidad para hacerlo.
Y si no me dices la verdad, te juro por Dios que te dejo.
He visto el cadáver ese, Eddie.
¿Es el de tu madre?
No. No es ella.
Dime la verdad.
Eso hago.
¿Y dónde está?
Lo desenterré.
¿Por qué?
Porque estaba interesado.
Me dijo que solo necesitaba los huesos.
¿Quién?
Madre.
Así es como llamas al cadáver ahora.
Sí, es que es ella, es madre, ella... Está adentro.
No sé cómo describirlo, la verdad.
Ese cuerpo es mi madre.
Te entiendo.
Eres muy macabro, Eddie Ginn.
¿Cómo fue la primera vez que tocaste la carne?
Era bastante fresca.
Llevaba una semana muerta.
Vi una foto de Luigi.
De una mujer que se tiró de un puente. Y al encontrarla vieron que tenía la cara
destrozada como una calabaza después de Halloween.
Estaba desfigurada.
¿Murió así?
No.
Creo que no fue caso.
¿Por qué la gente se pone tan quisquillosa con la muerte?
Polvo, iré si en polvo te convertirás. Como dice la Biblia, no hay nada humano
que me repugne.
Creo que el ser humano...
Ya sabe que tiene que tomarlo con las comidas.
Sí, sí, sí.
Démelo ya, Albert. Gracias.
¿Está bien?
Él no te había visto.
Sí, estoy bien, no te preocupes.
Solo vengo a por más cal.
No lo entiendo, ¿cómo es que necesitas tanta?
Es que se me ha muerto otra vez.
Una joven.
Ya casi era un ternero.
Y la cal acelera la descomposición.
Pues serán 29 centavos, por favor.
Vaya.
Solo tengo 25.
Apúnteme lo que falta.
Tranquilo, ya pondré yo lo que falta.
Te lo traeré la próxima vez. No, no te molestes.
Entras en la tienda y parece que la iluminas con tu luz.
Eres el único que siempre es amable conmigo.
No es verdad.
Lo es.
Lo es.
Yo lloro con la gente buena.
Mírame.
Tengo los nervios a flor de piel.
Estoy al borde de un ataque de nervios.
Está un poco pálida.
¿Ha comido algo hoy? No tengo apetito. No sé cuándo fue la última vez que comí
con las pastillas que me receta el médico.
Pero mírame, estoy quedándome hecha un figurín.
Ya lo creo. No he estado tan delgada desde que era una jovencita.
Lo malo es que estoy nerviosa todo el tiempo.
Le propongo algo.
¿Por qué no cierra la tienda una hora y le invito a una comilona?
Oh, no, Eddie. Si has gastado tu último centavo.
La llevaré a la farmacia. Allí tengo cuenta.
Venga. No puedo dejar a una señora llorando.
Vamos a por viandas.
¿Sabes qué?
Vámonos. Edwin, dejaré que me invites.
Bernie Ward trabaja demasiado.
Claro que sí.
En el nombre de Dios, amén.
Amén. Buena mesa, buen mantel. Gracias a Dios y a comer.
Albert, ¿me pones un poco más de café, por favor?
Como te decía, estoy muy orgullosa de mi hijo. Es ayudante del sheriff, sí.
Aunque nunca viene a visitarme.
Sé que tiene su vida, pero...
Yo tenía 17 años cuando lo tuve. Era prácticamente una cría. Y de repente
un bebé y me sentí atrapada.
¿No se ha comido el filete?
Sí, sí. Me fumo un cigarro y enseguida me entrará el apetito.
Ya lo verás.
Bernice.
Parece que no se encuentra muy bien. No, no, no, no.
Lo siento.
Es que me recuerdas mucho a él.
¿A su hijo? No, a Bert.
El hombre de quien estaba locamente enamorada.
Oh. Vino a la tienda.
Mi marido León ya llevaba muerto un año. Buscaba unas alcayatas, pero no sabía
el tamaño. Y yo, no es por nada, pero lo sé todo sobre alcayatas.
Y después nos quedamos charlando horas y horas.
Nos enamoramos hasta la médula. Y me dijo que se podía fugar conmigo si yo
estaba dispuesta. Y le contesté, Bert, dije, yo no voy a ser una buscona. Por
amor de Dios, tengo...
Tengo un hijo y es ayudante del sheriff y esta es mi última oportunidad.
Tienes que comprometerte.
No esperes que yo sea la Jezabel de la ferretería. Así que lo hizo.
Lo hizo, dejó a su mujer y se vino a vivir conmigo, le dijo Trudy.
Trudy, estoy enamorado de la mujer de la ferretería y nunca he sido tan feliz.
¿Y qué pasó?
Que me vio elegir a Eddie.
La mujer se suicidó.
Santo cielo.
¿Y no sabrás dónde la enterraron?
Solo por curiosidad. Ay, Eddie, fue un escándalo. No pude con todos los rumores
y las habladurías. Todos pensaban que yo era la culpable, claro.
Empezaron a decir que me faltaba un tornillo y... De repente, se fue.
Pum, desapareció sin más.
Y ahora estoy tomando unas pastillas y tengo miedo porque... Si dejo de
igual, pierdo la cabeza.
¿Estás mirando mi pecho, Edwin?
Lo siento.
No, no.
No te disculpes.
Es que es la primera vez que veo uno con tanto encaje.
Verte me lo compro.
Aunque me duele recordarlo, lo sigo poniendo.
Honra nuestro amor perdido.
¿Cree que podría probármelo?
¿Perdona?
¿Podría?
Bueno.
Sí.
Querida. Ha sido todo un caballero conmigo.
Cualquiera se resiste.
Eres como él.
Me incitas a ser un poco traviesa. A ser una desvergonzada.
Huélelo.
Tiene mi perfume.
Te lo digo en serio, Eddie. Me has animado toda la tarde.
No quiero que oja a mí. No tiene por qué.
Estoy desencadenada.
Ya sabes, muy despacito y con buena letra. Es verdad.
Nadie.
Voy a ir a por unos refrescos, ¿vale?
¡Qué bien!
Dos
colas,
por favor.
Aló.
Invita a la casa.
Está siendo algo mágico.
Hace años que no patinaba.
Me hace sentir como una jovencita. Es que yo te veo como una jovencita. No
eso.
¿Y si mejoramos la tarde?
Un día tomé una cosa que me animó mucho.
Un poco de vino.
Bueno, si lo que quieres es un buen vino, señorito.
¿Dónde podemos tomarnos uno?
¡Qué rico!
Muy rico.
Sí, señor.
Esto sí que anima. ¿Sí?
Te estás animando, ¿eh, Eddie?
¿Quieres animarte de verdad?
Ay, madre.
Qué bonito.
Toca.
Vale.
Vaya, eres un chico muy travieso.
¿Te lo pusiste antes de ir a patinar?
¿Te gusta?
Claro que sí.
Ven aquí.
¿Me estás llamando?
Sí, ven con mamá.
Si me lo haces bien, Evikin, te dejo ponerte
mis bragas.
Eso está hecho.
Me las voy a quitar.
Aquí están.
Venga, Eddie.
Vamos allá, Eddie.
Vale. Sí.
Allá voy.
Vale. Sí.
Sí.
Eddie.
Qué gusto.
Dame, Eddie.
Dámelo, Eddie.
Sí.
¿Puedes ponerte mis bragas?
¡Chico, qué gusto!
¿Así? ¿Así?
Bien,
bien. ¡No lo sé!
Me queda un poco apretado, pero creo que estoy muy guapo.
A ver, que yo te vea.
Pero bueno, eres un cochino muy travieso.
Bueno, ¿qué hacemos ahora?
Subimos a la habitación y... Me das un beso, un abrazo y
apagamos la luz y... Mañana irás a tu casa, harás las maletas
y te mudarás aquí.
¿Quieres que me mude contigo?
Claro. Ya está decidido. No puedes quedarte en esa casa que tienes.
Podríamos irnos a la isla de Mackinac.
Vivir el resto de nuestras vidas bajo el sol y
tumbarnos junto al lago.
Hemos pasado un día precioso, Eddie.
Sí.
Oh, espera.
¿Qué pasa?
Tengo... Tengo que decirte algo.
¿Qué?
Me parece que estoy enamorado... de otra chica. No creo que la conozcas.
¿Qué quieres decir con me parece?
Creo que lo estaba, pero luego... ya no sé.
Mírame.
¡Mírame! Al caballo regalado no le mires el diente.
Corre a casa y haz las maletas. Tú te mudas aquí, Edigin. ¡Eres mío!
Sí, señora. ¡Sí!
Sí. Señora.
Madre querida.
Hola, madre.
He venido a decirle algo importante.
Me voy de casa.
Me voy a vivir con una chica.
No la que traje a casa.
Sino otra. Una señora como usted.
Esta le gustará, seguro.
Ya sé quién es.
Y esperas que te diga que es una zorra y una Jezabel. Pero eso ya lo sabes tú.
No necesitas que te lo diga.
Desgraciadamente tengo que asumir que te crié muy mal, Eddie, y que fracasé.
No es verdad.
Dios sabe que lo intenté.
Sí, te ha cegado la lujuria como a tu hermano.
Y ahora me dejarás aquí sola igual que él.
Me vas a romper el corazón como él. Vendré a verla todos los días, dos
No, no, no.
Vete, vete ya.
Vete, deja a tu pobre madre sola.
Pero te prometo que esa mujer te traicionará.
Y la siguiente también. Te abandonarán igual que tú me abandonas a mí. Yo nunca
la abandonaría.
Y lo único que he hecho para merecerlo ha sido darte mi vida. Te he dado todo
que tenía.
Muy bien.
Ya está decidido.
Me quedaré. No, señor.
Vete. Fuera. Largo.
Ya me ha roto el corazón, así que... no lo empeores alargándolo más.
No quiero dejarla, madre. Pues ya lo has hecho.
Es la puta del pueblo.
Esa ferretera es como una bicicleta. Todos los hombres la han montado.
Fornicó con un hombre casado. Hizo que una buena cristiana se suicidara. Y por
su culpa arderá en el infierno por toda la eternidad. El diablo ha sido muy
astuto. Te ha tentado. Te ha engañado. El diablo siempre obra de maneras
misteriosas. Te ha enredado.
¿Qué quiere decir?
Mandándote unas venerias.
Es la fulana del pueblo, tiene enfermedades y ahora tú también.
A mí no me pasa nada.
Sí, puedo olerlo.
Es tan empalagoso como el líquido que sale de una ampolla.
Así que vete con ella, con tu novia diabólica.
Métele al demonio en su vientre seco, hijo mío.
Quítale las telarañas de esas flácidas ubres y hazla verte.
Con dos espaldas, con tu novia sifilítica. Te ha cegado, Eddie.
El diablo te ha cegado.
Yo puedo perdonarte.
Pero... No sé si el Señor lo hará.
Un momento, por favor.
¡Anda, Evie!
Justo ahora me estaba preguntando cuándo llegarías.
Hola, Bernice. Hola.
Quiero hablar contigo, Fern.
Adivina, que no sabes lo que tengo.
¿Cierras la tienda?
Hoy empiezan las monterías, así que de todas formas no vendrá nadie. Por eso me
he traído el rifle. Estoy pensando en ir yo también.
No salgas de casa hoy. El primer día alguno se lleva un tiro, no falla.
Y no puedo perderte, Diggie.
¿Qué tienes en la trastienda?
Ya lo verás.
Vaya, ¿vamos a beber vino a diario? Pues claro.
Es lo que hacen en la isla de máquinas, cariño.
Y he preparado unos bocadillos de salame italiano.
Fue lo mismo que comimos sentados en la orilla con un buen vinito.
Pero te prometo no volver a pensar en ese hombre.
Ahora solo tengo ojos para ti.
Ábrelo.
Son mis sartenes favoritos.
Antes ni en sueños... No se me hubiera ocurrido regalarlos.
Pero ahora, sabiendo que te los doy a ti... Es que la verdad es que me
gustó. Vale.
Por nosotros.
Bernie, tengo que decirte algo.
Sí.
Esto tiene que acabar.
¿Qué dices?
Hablé con madre y me advirtió de algo.
Dijo que tienes una enfermedad venérea.
¿Qué? Oye, chico, ¿de qué narices estás hablando? Cállate, por favor.
No lo hagas más difícil.
Estás propagando la peste por todo el pueblo.
Y ahora yo también la tengo. Yo no tengo ninguna enfermedad venérea, en serio.
Es solo un rumor perverso. Que se han inventado las malas lenguas porque no
tienen ni idea de lo que es el amor verdadero. Te he dicho que te calles.
Propagas la peste y me la pegarás a mí.
Estoy acabado.
Ahora no me querrá nadie.
Edith, si solo es un rumor.
Tendrías que habermelo dicho.
¿Tienes mala reputación? ¿Yo?
Sí. ¿No?
Sí. Y ahora me has deshonrado a mí.
Y por eso... Ahora por tu culpa la he deshonrado a ella.
¿A quién?
¡A madre!
¿Por qué no la escuché?
¿Por qué te dejé seducirme?
Por el amor de Dios, Eddie. ¡Ni se te ocurra hablar así!
¡El Señor me ve!
Fornicando con una mujer divorciada.
Bebiendo vino.
Y comiendo esos pecaminosos emputidos. Y tú, con tus turbios enredos, me has
seducido. Bernice, me obligaste a hacer algo que yo no quería hacer.
Eso es mentira, Eddie. ¿Cómo te he obligado a follarme? ¿Ves? A eso me
He cometido todos los pecados capitales en un solo día.
La ropa interior, la fornicación y el vino.
¿Y qué? ¿Prefieres ser un niño de mamá? ¿Eso quieres? Esa mujer...
Esta pobre mujer estará pudriéndose en el infierno por ti.
¡Qué pobre de la alejía! ¡Fuera!
Me voy.
Y tú también arderás en el infierno si propagas enfermedades venéreas a diestro
y a diestro. ¡He dicho que te vayas de aquí!
¡Y devuélveme mis sostenes!
¿Por qué tardas tanto? ¿Has cambiado de idea? Porque ya es tarde.
Voy a ir a cazar ciervos.
Enséñame este rifle.
¿Cómo? ¿Estás de broma? ¡Ni hablar!
No puedo matar un ciervo con un rifle del 22.
Eres la propietaria de esta tienda.
¿Hacemos negocios o no?
Aquí tienes.
Pero lo nuestro se ha acabado.
Yo creí que teníamos algo.
Que tendría la oportunidad de vivir otra vida contigo.
Me recordabas a él.
La misma cara.
Los mismos brazos fuertes.
Esto me agota.
Y me pone triste.
¿Cuánto cuesta?
Diecinueve dólares.
Entonces nada.
Fuera de aquí. Eddie, no quiero volver a verte.
No lo harás.
¿Reconoces que te has perdido?
No estoy perdido. Solo tengo que orientarme.
¿Y cuánto vas a tardar en hacerlo?
Porque se hace de noche y no quiero morir congelado. Oye, si seguimos en
recta, encontraremos algún camino que nos lleve hasta el pueblo.
Vale, pero sigo convencido de que estás perdido. Solo digo eso.
¡Mira!
Vaya, menos mal. ¿Ves?
No nos habíamos perdido.
¿Hay alguien ahí?
No veo a nadie.
¿Hola?
Vamos a entrar. Solo queremos calentarnos y nos iremos.
No os he dicho que paséis.
Perdónenos, es que... Estábamos cazando y nos perdimos.
¿Podría decirnos cómo volver al pueblo? ¿Qué?
No
tendríais que
haberlo visto.
He hecho algo muy malo.
Enséñamelo.
Lo que vas a ver, Adelaide...
Haría gritar a mucha gente.
Espero que tú no grites.
¿Me estás retando, Edwin?
Por aquí.
Eddie, no veo nada.
¿Se resistió?
No.
No se lo esperaba, así que... no.
¿Y ahora qué hacemos?
No es verdad.
Quieres que tenga pesadillas.
¿Qué va?
Pregunta a mi padre.
Tío Bill, ¿tú conociste al carnicero?
Claro.
Vivía en el pueblo de al lado.
Parecía un tipo normal.
Caía bien a todo el mundo.
Incluso cuidó a un niño que yo conocía. Bill, por favor, déjalo. Estamos
cenando. ¿Y qué hizo?
Cuéntaselo, papá.
Mató a gente.
Desenterró cadáveres. Los descuartizó y los desayó.
Bill. ¿Para qué los desayaba?
Para hacerse un traje. Bill.
¿Con qué?
¿Con qué qué?
¿Con qué los cortaba?
Con una motosierra Lombard del 40.
¡Gracias!
Así que de ahí surgió la idea.
Sí, era Navidad, estaba en los grandes almacenes y... Pero bueno, así la cola
avanzará mucho más rápido.
Es increíble. También me inspiró el carnicero, Ed Gein.
¿Quién?
Ed Gein. Ya te he hablado de él, el de Wisconsin.
Vivía cerca de la casa de mis tíos y de pequeño me cagaba con él.
Buenas noches, compatriotas.
Oye, Tiki, apaga esa mierda, por favor.
¿Qué dices, tío? Nixon dice que nos va a sacar de Vietnam.
Y déjate llamarme, Tiki.
Espera, ¿me estás diciendo que está basado en una historia real?
Bueno, más o menos. ¿No lo has leído? Al principio lo cuenta la voz en off. Ah,
sí, ya lo he leído, pero pensaba que la voz en off era una puta ironía.
Que estabas haciéndole una peineta a Nixon.
Y lo es, tío. Es lo que quiero que sea esta peli.
Contéstame una pregunta.
¿Cuál ha sido la última peli que has visto que te ha impactado?
Son cortinas de humo. Son solo bla, bla, bla, bla.
Son el opio del pueblo, colega. Es lo que son.
El gran hermano miente. Nos dice que todo va estupendamente mientras
contemplamos cómo el mundo se va a la mierda.
Quiero asombrar al mundo.
Quiero despertarlos a todos.
Sí, tío.
Eso mola.
¿Llegaste a ver Psicosis?
También estaba basada en Ed Gein en su vida.
La vi en la escuela de cine y ¿sabes qué? Me pareció un puto coñazo con la
de la madre. ¿Qué me estás contando?
Solo hay un plano de Janet Leigh desnuda y no se le ve el coño.
Hay una escena entera en la ducha y ni un solo plano del coño, ni de Ed Gein
desenterrando y follándose putos cadáveres. A Ed Gein le fascinaron las
que vio de la Segunda Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial.
Aquellas imágenes lo volvieron totalmente loco.
¿Tú te imaginas si viera lo que estamos haciendo en Vietnam, en la colina
Hamburger o en My Lai?
La gente lo ve.
Y siente indiferencia ante toda esa violencia y depravación. Ni nadie se
Es verdad, tío.
Pero, oye.
¿No puedes hacer una película de un tipo que mata a cinco personas con una mota?
¿Y por qué no? Y ellos están arrasando pueblos enteros. Y encima nos lo
televisan.
Hasta queman bebés.
Ya, es verdad. Te entiendo. Pero, Tommy.
Necesitamos pasta.
¿Quién nos la va a dejar?
Nadie nos dará dinero.
La haremos y punto.
Si no, me moriré, tío.
Vale.
Pues haremos Hedges.
No.
Hedges no me gusta.
Se llamará... Ya lo tengo. La matanza de Texas.
No quiero parecer pesada, pero es que todo eso apesta. Está así bonito.
No sabía que iban a usar animales, de verdad.
Pregúntaselo. Oye, Toby, ¿podemos hablar un segundo del olor? Toby, maquillaje
quiere que veas las máscaras. Un momento.
Ay, Dios, si quieres que una actriz te joda, dale trabajo.
¿Qué te parece?
¿Qué dices?
¡Qué barbaridad!
¡Joder! ¡Qué fuerte!
Toby acojona muchísimo.
No.
Leatherface tiene tres máscaras y con cada una adopta
una personalidad.
Está el trabajador, que es carnicero, lleva mandil y no le gusta trabajar.
Se siente culpable porque tiene miedo de su familia y de lo que puedan hacerle.
Luego está la señora.
Es un poco más pálida.
Lleva una peluca canosa y es la madre de la familia. Donde más a gusto se siente
es en la cocina.
Y solo quiere cuidarlos a todos.
Y luego tenemos a la chica guapa.
La favorita de Ed Gein.
Se ponía la cara de una mujer muerta.
Y el cuero cabelludo en la cabeza, como si fuera una peluca.
Lo fuerte era que no era homosexual.
Porque le gustaba follar con tías.
Así que, ¿en qué te convierte eso?
Soy una travesti caníbal.
voy a hacer la que se merece.
Ellos han creado la fealdad, la violencia,
la crueldad, la depravación, las mentiras.
Somos humanos.
Pero por otra parte hemos dejado de serlo.
Así que esto es lo que se merecen.
Sonido. Grabando.
56. Toma 4.
Cámara. Sí.
Claqueta.
Listos. Y... ¡acción!
¡Ajá!
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conmigo y caminar esta tierra por
favor tome mi mano
¡Gracias!
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