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EL JOROBADO
Una mañana del año 1701, como cada mañana desde hacía veinte años,
...el Rey Sol, después de despertarse, había recibido a sus cortesanos más íntimos,
...incluido el Príncipe Philippe de Gonzague, que había obtenido el supremo favor...
...de poder asistir al ritual del despertarse.
¿Cómo habéis encontrado al Rey al despertarse, señor?
Cada vez más autoritario.
Influenciado por Madame de Maintenon, y como todas las personas que envejecen,
...sólo piensa en casar a la gente.
¿Y quién es su última víctima?
Mi primo, Philippe de Nevers, al que quiere casar con una de sus sobrinas.
Y es a mí a quién su Majestad ha encargado el comunicar la buena noticia.
Mi querido Philippe, el Rey sabe lo que hace al daros en matrimonio a su sobrina.
¿No sois una de las personas más afortunadas de este Reino?
El más infeliz.
No os comprendo. La señorita de Savoie no es ciertamente una Venus,
...pero convertirse en sobrino del Rey de Francia es un gran honor.
Su Majestad me ha encargado el comunicaros este proyecto; cosa que ya he hecho.
Y no lo olvidéis: "Lo que el Rey quiere, Dios lo quiere."
Pero lo que Dios ha unido, el Rey no puede separarlo.
¿Qué queréis decir?
Desde hace dos años, estoy casado con Isabelle de Caylus.
¿Isabelle?
Ya conocéis la enemistad que separa desde hace siglos a las familias de Caylus y Nevers.
No podíamos amarnos a plena luz mi amada y yo.
Por eso aprovechamos la ausencia de su padre,
...para casarnos en secreto ante Dios por un capellán de mi familia.
-¿Un matrimonio secreto? -Sí.
Esperábamos con el apoyo de su Majestad, comunicar al Marqués este hecho consumado,
...para obtener de él un consentimiento tan tardío como ahora indispensable,
...ya que de nuestra unión ha nacido una hija, que ya tiene casi un año.
Conociendo su carácter, temo que el Rey no considere algo injurioso...
...que hayáis celebrado este matrimonio sin consultárselo.
¿Cómo podía yo esperar una decisión tan repentina del Rey con relación a mí?
Pobre Philippe, podéis esperar que os decrete una orden de exilio.
Lo sé.
Prometo que he de ayudaros en este trance. Podéis contar conmigo.
Gracias. Pero, ¿qué vais a decirle al Rey?
Que la enfermedad os obliga a buscar un sitio mejor para vuestra salud.
Porque el Rey se preocupa por los enfermos, ya que él mismo lo ha estado hace muy poco.
En un año o dos, muchas cosas pueden haber cambiado.
Debéis iros lo más pronto que podáis.
Sólo el tiempo necesario para despedirme de mi esposa y a mi hija.
-¿Cómo se puede avisar a Isabelle? -Mañana partiré para Caylus.
Gozo de la confianza del viejo Marqués. Allí os facilitaré el encuentro.
Gracias, mi fiel amigo.
-¡La bolsa, señor! -¡Atrás, patán! ¡Atrás!
¡La marca de Nevers! Hay que largarse de aquí.
-¿Qué haces aquí, ladrón? -¡Ah, el señor Lagardère!
-¿Eres tú, Passepoil? -Sí.
-¿Querías quedarte con mi caballo? - No, señor caballero.
Al pasar por la calle he visto a diez granujas que atacaban a un noble y...
-Y has pensado en coger mi caballo. -Sí, pero sólo para ver si encontraba ayuda...
-Bueno, lo hecho, hecho está. -Pero es que como mínimo son diez...
Exactamente. Así el encuentro está igualado. Muéstrame el camino. ¡Vamos!
-Por aquí. -¡A mí, vosotros dos!
-¡Gracias, señor! -¡Es un placer, caballero!
Les ganaríais con una sola mano. Sólo quiero hacer que perdáis menos tiempo.
Si yo conociera vuestra técnica, señor de Nevers, aún iría más rápido.
-Me encantará enseñárosla. -Sois muy generoso, señor.
¡Señor, éste el mío!
Ve a buscar mi caballo. Señor, estoy a vuestras órdenes.
Como gustéis.
-¡Bien hecho, señor! -¡Deteneos, caballeros!
Están llegando hombres armados y con todos estos cadáveres aquí...
-Continuaremos más tarde. -¡Rápido! ¡Rápido!
-Cuando os plazca, señor. -Hasta pronto.
-¡Mirad esto! -¡Qué masacre!
Es una verdadera carnicería.
¡Enhorabuena, Peyrolles! Habéis sabido contratar a asesinos maravillosos.
-No sé que puede haber pasado. -Me parece que alguien puede haber venido en su ayuda.
Quienquiera que sea, lo encontraremos.
En Caylus, nos será fácil hacer desaparecer tanto al padre como al hijo.
No puedo comprender como puedes aceptar un trabajo así.
Uno tiene que vivir. Y como la policía anda sobrada de trabajo ahora...
...los que tienen medios contratan a sus propios guardianes.
Yo ataco honestamente a las gentes deshonestas.
Nos habían dicho que ese noble era un conspirador.
-¿Un conspirador? -Sí.
Según nos dijeron, había tratado de asesinar al Príncipe de Gonzague,
...al que quizás ya había matado.
¿Y quien te paga por hacer este trabajo?
Un tal Peyrolles, el Capitán de la guardia del Príncipe Gonzague.
Quiero saber quien desea acabar con el señor de Nevers.
Mañana, debes averiguarlo, yendo a ver a Peyrolles.
Pero, ¿os dais cuenta de lo que puede pasarme?
Si descubren que he hablado con vos... Esa gente no es de la que olvida...
Tengo que darte un consejo, Passepoil. Debes de servirme lealmente.
-Sí, sí. -Si no...
Caballero, no tenéis nada que temer, usando tales razones sentimentales...
En resumen, señor, nadie conoce la existencia de ese niño.
Si el niño desaparece al mismo tiempo que su padre...
Tendré derecho a la herencia de Nevers.
Y seríais el hombre más poderoso del Reino.
-Después del Rey. -Provisionalmente, señor, provisionalmente.
-Bienvenido, señor de Gonzague. -Gracias, señor. -Por favor.
Estoy encantado de volver a veros, Isabelle.
Tengo noticias importantes que comunicaros.
No debéis estar triste. Me he ocupado de todo.
Tened confianza, Isabelle.
Vuestro marido, mi primo el querido Duque de Nevers, llegará esta noche.
Entrará por la puerta de detrás, que da al foso.
-¡Que Dios nos proteja! -Tened confianza.
¿Cómo podría agradecéroslo?
Podéis contar conmigo. Estoy presto a sacrificar mi vida por vuestra felicidad.
Ve hasta la Posada e infórmate de lo que están planeando tus cómplices.
Debéis de entenderlo. Ya no son mis cómplices, puesto que ahora soy vuestro servidor.
-¡Ah, sí! Haz lo que he dicho. -Y vos, señor, tened prudencia.
Por una vez que encuentro un buen amo, no quiero tener que perderlo.
Padre mío, es tarde. Os pido permiso para retirarme.
Buenas noches, Isabelle.
Oíd, señor de Peyrolles, lo que más me ha asombrado de Versalles...
...es la inmoralidad que reina allí.
Se han perdido nuestros principios y tradiciones.
En Caylus preferiríamos matar a nuestra hija con nuestra propia mano...
...antes que saberla deshonrada.
¡Déjame!
¡Marthe!
¿No creéis que exponéis a nuestra pequeña Aurore a un grave peligro?
Nunca estará verdaderamente segura, si no es bajo la protección de su padre.
Pero, ¿por qué no confesarlo todo?
Ante Dios sois la esposa de Philippe de Nevers y Aurore es vuestra hija.
Mi padre es enemigo de Nevers. Ya conoces su orgullo.
Su corazón es insensible a cualquier sentimiento humano.
Si se entera de mi matrimonio secreto con Philippe...
...y del nacimiento de Aurore,
...sería capaz de ejercer sobre ella y sobre mí la más cruel de las venganzas.
Quizás, el paso del tiempo pueda ayudarnos.
¡Pobre pequeña! Señora, ya es tarde. Pronto será medianoche.
-¡Philippe! -¡Isabelle!
¡Tened valor, Isabelle!
El destino no puede sernos tan contrario.
Tened confianza. Encontraréis la felicidad superando esta prueba.
Señor, debemos partir inmediatamente.
Una docena de hombres se dirige al castillo para asesinar al Duque de Nevers.
Lleváosla lejos de los peligros que la amenazan en este Castillo.
-Encontraréis un papel sujeto a su manta. -Sí
Es la página que he arrancado del Registro de la Capilla.
El testimonio de nuestro matrimonio ante Dios...
...y la prueba de la identidad de nuestra hija.
Rogaré por vos.
Adiós, amor mío.
¡Que Dios os proteja!
Señor, ¿creéis que un duelo es un espectáculo recomendable para esta niña?
-Otra vez vos, caballero. -¡Señor!
Si puedo daros un consejo, confiad esta niña a su nodriza, sin tardanza.
-¡Estáis loco! -Señor, vengo siguiendo vuestros pasos desde París.
Os buscan para asesinaros.
Doce hombres están preparados para atacaros de un momento a otro.
Os lo ruego.
-Espéranos junto a los caballos. ¡Y no te muevas! -Sí,sí.
¿Los habéis oído?
-¿Habéis oído, Peyrolles? -Están luchando junto al foso.
¡Mirad, señor! Alguien está luchando a su lado.
-Nevers debía sospechar algo. -¿Quizás alguno de vuestros hombres ha hablado?
En estos tiempos, verdaderamente, no se puede confiar en nadie.
Venid, Peyrolles. Bajemos a ver más de cerca lo que está pasando.
¡Otro más!
¡Ven más cerca! Si no voy a necesitar una alabarda para alcanzarte.
¡Venid, Peyrolles!
¡Señor, cuidado!
¡Cobarde! ¡Bellaco inmundo!
¡Señor ¡Asesino!
¡Vuélvete hacia mí o te la clavaré por la espalda!
¡De prisa, señor! ¡Rápido, por aquí!
¡Cobarde! Quien quiera que seas, podré reconocerte, porque te he marcado la mano.
Y cuando llegue tu hora, si no vienes a Lagardère,
...Lagardère vendrá a ti.
- ¡Señor, qué mala suerte! -Passepoil, llevémonoslo.
Es inútil. Demasiado tarde.
Señor, os vengaré.
Mi hija. Cuidad de mi hija. Lleváosla muy lejos de aquí.
Cuidaré de ella. Os lo juro.
¡Dejadme pasar!
Señora, una irreparable desgracia acaba de asolarnos.
Vuestro marido...
...mi querido primo y mejor amigo Philippe de Nevers ya no está entre nosotros.
Ha sucumbido ante una banda de banda de miserables bandidos comandados...
por un aventurero llamado Lagardère.
He vertido mi sangre intentando defenderle, pero ellos eran demasiados.
-¿Y mi niña? -Se la han llevado.
Antes de morir, el Duque os ha confiado, señora, bajo mi protección.
Os juro que haré todo lo posible para devolveros a vuestra hija.
Peyrolles, ensillad nuestros caballos y armad a nuestros hombres.
Y vos, señora, rogad por aquellos que sólo deseamos vengar a vuestro marido.
Rogad para que seamos el instrumento de una causa justa.
¡Señora! ¡Señora, es espantoso!
¡Déjame!
-Creo que los hemos despistado. -Pero, tengo la impresión de que no están lejos.
-¡Oh, una capilla! Es el mejor refugio para este angelito. -¡Vayamos allí! -Sí.
-¿Qué? ¿Nada aún? -Aún nada, Capitán.
¡Maldición! No es posible. ¿Estáis dormidos?
Hemos encontrado huellas en el cruce de Saint Honorine.
-¿Y entonces? -Las hemos vuelto a perder en la granja de Saint Jean.
¡Sois un atajo de imbéciles! ¡Volved!
Nadie se irá a dormir si no encontramos a ese ladrón de niños.
El Príncipe de Gonzague promete mil escudos a quien lo encuentre, vivo o muerto.
¡Id a buscarlo!
¡Mirad! Las huellas indican que ha dado la vuelta por aquí.
¡Sigámoslas!
EN ESTE DÍA, 6 DE DICIEMBRE DE 1969, NOS FRAY AGUSTÍN, CAPELLÁN DE LA IGLESIA DE CAYLUS,
HEMOS BAUTIZADO A AURORE ISABELLE MARIE DE NEVERS, HIJA DE PHILIPPE, DUQUE DE NEVERS
...Y DE ISABELLE ALEXANDRE MARIE DE CAYLUS, SU ESPOSA ANTE DIOS.
-¡Vamos! Observad las huellas. -No deben de estar lejos.
Acaban de pasar.
Señor, los hombres de Peyrolles están llegando al río y vienen en nuestra dirección.
Desata los caballos. Recojo a la niña y me reuniré contigo.
Mirad adentro.
Felizmente los hemos visto venir.
-Aquí no hay nadie. -Entonces, en marcha.
-Creo que podemos volver, ahora que se han ido. -Sí.
Por orden del Rey, se ofrece una recompensa de 5.000 escudos...
...a quien haga detener al Caballero de Lagardère,
...responsable del asesinato de su Alteza Real, el Duque de Nevers.
...y que ha sido condenado por este crimen a ser colgado hasta su muerte.
Han sido dadas órdenes a todas las autoridades...
...para ejecutar esta orden, sin que pueda oponerse ninguna solicitud de amparo.
-Debe de tener sed. -Muy bien; nos detendremos.
Ve hasta esa fonda, que está abajo junto al camino y tráete una jarrita de leche.
-Y procura hablar lo menos posible, -Sí, sí.
Procura averiguar el camino que hay que tomar, para cruzar la frontera.
Lo haré lo mejor que pueda.
Sed bienvenido, señor. Pasad, señor.
Aquí encontraréis buena comida, buen vino y buen alojamiento. Sentaos, señor.
Un buen vino nunca lo rechazo, pero por el momento querría una jarrita de...
Tengo un excelente vino rosado de Béarn. Una jarra de rosado para el señor.
-Señorita, querría un poco de leche. -¿Leche? ¿Para vos?
-No, no. - ¿Qué vais a hacer con una jarra de leche?
-Es para una niña que tiene sed. -Voy a ver si encuentro. -Gracias.
¡Sed bienvenido Capitán y todos vuestros elegantes compañeros!
¡Buenas tardes, viejo bribón!
¿Qué puedo ofreceros?
Estamos muertos de sed. Tráenos un rosado y que sea del bueno. ¡Rápido, tenemos prisa!
Dos jarras de rosado para estos señores.
¿A qué debo el placer de verles por aquí?
Buscamos a dos bandidos asesinos, que quiere cruzar la frontera. Han robado una niña..
-¿Una niña? -Una mocosa de diez meses.
-¿Habéis visto a alguien sospechoso por aquí? - No.
No tardaremos en atraparlos. Se han doblado todas las guardias.
No les será nada fácil llegar a España.
Desde luego. Dos hombres con una niña en los brazos, pronto han de ser atrapados.
-Eso espero. -¿Y quién se cuidará de alimentar a la pequeña?
Los hombre no sirven como nodrizas.
-¡Fuera de aquí! ¡Tened! La jarra de leche para la peque... -Ejem, ejem. Está bien.
Me muero de sed.
Hay una recompensa de 5.000 coronas para quien los traiga, vivos o muertos.
-¡5.000 escudos! Debe de tratarse de bandidos muy peligrosos. -Sí.
Si alguien se los encuentra, debe de matarlos inmediatamente.
No querría que fuera mi viuda, quien se quedara con la recompensa, ¿eh?
¿Encuentras divertido el que yo hable de mi viuda?
No, señor. Es que la risa es contagiosa.
-¡A vuestra salud, señor! -¡A la salud del Rey!
-¡Viva el Rey! -¡Viva el Rey! -¡Viva el Rey!
-Está bueno, ¿verdad? -Pero no es un vino de primera.
¿Dónde está mi cliente? Aquí esta su rosado.
Se ha bebido su rosado y lo ha pagado.
No era vino; era leche.
-¿Leche? ¿Ha bebido leche? -Aún queda un poco.
-Me la había pedido para una niña que tenía sed. -¿Conoces a ese tipo?
-Nunca lo había visto. -¡Canalla! ¡Vamos!
-¡Capitán, mirad allá abajo! -Son ellos. ¡Vamos, rápido!
¡Passepoil! ¡Rápido, por aquí!
Quédate aquí hasta que vuelva.
Espera, Sultán. Espera un poco más.
¡Arriba!
¡Estáis aquí!
Sí, aquí estoy. No te detengas o serás un hombre muerto.
¡Tira la pistola! ¡Vamos, rápido!
¡Detente!
¡Detente!
Baja del caballo. Esta mañana me siento generoso.
Ya que han puesto precio a mi cabeza, te voy a dar una oportunidad de ganar.
¡Vamos, amigo, en guardia!
Como actúas a las órdenes del Rey, te perdono la vida.
Pero has de saber que soy inocente del crimen del que se me acusa.
Y recuerda bien que el único interés que me guía es seguir la senda del honor.
Aquí está, leche fresca y cremosa para la señorita Aurore.
Está bien, está bien, pero esto no es lo mío.
Dejadme a mí, amo. Sé cómo hacerlo, porque fui el mayor de doce hermanos.
¿Qué sucede ahora?
Es un pastor con su rebaño de ovejas.
-¿Está aún lejos de aquí, España? -No comprendo, hombre.
-¿Está lejos, España? -España está aquí.
-¡Ya estamos en España! -¡Olé! ¡Olé!
¿Qué es esto que huelo?
¡Vaya! ¡Lo tenías que hacer!
Bueno, te juro que la vida es así.
Si me lo hubieran dicho esa noche en París, cuando me contrataron para atacar a tu padre,
...que su hija se mearía en mis rodillas en España, me habría reído mucho.
Pero así es siempre la vida...
Cinco años más tarde en París
-¿Habéis tenido un buen viaje, señor? - Excelente. Hemos hecho cuatro leguas al día.
¿Traéis buenas noticias?
Sabéis, mi querido Peyrolles, que mis viajes a Caylus no suelen ser muy alegres.
Tras cinco años de paciente espera, el marqués finalmente me ha concedido la mano de su hija.
Mis felicitaciones, señor.
¿Y qué piensa la señorita de Caylus sobre la decisión de su padre?
Me hará el honor de convertirse en la Princesa de Gonzague.
Dentro de tres meses nos casaremos.
Vuestro encanto, señor, garantiza vuestro triunfo.
No, Peyrolles. Ella simplemente está convencida de que perseguimos el mismo objetivo.
Encontrar a su hija Aurore es su máxima esperanza.
-Debemos no decepcionarla. -No la decepcionaremos, señor.
Según las noticias que me han llegado de España, Lagardère y la niña están en Segovia.
Y cuatro facinerosos, en los que podéis confiar,
...sólo esperan vuestras órdenes para ponerse en marcha.
No han de esperar más. Haced lo necesario.
Peyrolles, no os olvidéis de decirles que están al servicio de una noble causa.
Hasta los canallas necesitan tener ideales.
-¿Segovia? -¿Por aquí?
-¿Está lejos Segovia? -Una hora o dos.
-¿Y esa cuál es? -"A".
-"A". ¿Y esa? -"U".
-¿Y esa? - "R".
"O", "R", "E".
-¿Y qué palabra forman? -¡Aurore! -¡Aurore, bravo!
Y ahora que ya sabes leer tu nombre, vas a aprender a escribirlo.
Coge esto con tu mano.
Adiós, Passepoil. ¿Me traerás naranjas?
Sí, como siempre.
No bebas demasiado y no hables.
Como siempre. ¡Vamos!
"O" "O"
¡Vamos, en marcha!
¡Venga! Hay que tratar de buscar por todo el mercado...
...y encontrar a alguien que nos pueda dar información sobre esos dos fulanos.
¡Hola, señor! ¿Quiere las naranjas como de costumbre?
¿Quién es ese tipo de allí?
-Creo que he visto su cara en alguna parte. -¿Tú crees? No.
¡Eh, escucha! Quiero salir de dudas. ¡Ven!
-¿Quién es ese hombre? -¡Oh! Un pobre sordomudo.
Sin embargo estoy seguro de haber visto su cara en algún sitio.
Es uno de aquí. Eso se ve en seguida.
Espera. Vamos a ver si es mudo.
¿Qué estáis haciendo? ¡Dios mío, he hablado!
-¡Ese es nuestro hombre! -¡Lo sabía! Vayamos tras él.
¡Por aquí!
-No, otra. -No, ésta me gusta.
-No pasa nada. -Es que esa está muy madura.
-Está muy buena. -No. Déme otra.
-Pero si está muy madura. -Yo quisiera otra. -Otra...
Amigos míos, tengo una idea. Desatemos su burro.
Él nos conducirá a su casa, sin ninguna duda. Sólo tendremos que seguirlo
Así tomaremos por sorpresa al otro tipo y a la niña. ¡Venid!
-¡Genial, jefe! -No está nada mal.
Quita las cestas. Y tú, quédate aquí.
-Vuelve al mercado y trata de ponerle las manos encima. -Sí, señor.
¡Vamos, a la casa! ¡En marcha!
¡Vamos, sigue adelante! ¡Vamos!
¡Mira eso! ¡Maldito burro! Te juro que...
¿Se va a quedar ahí mucho tiempo?
¡Vaya idea!
¡Esperad que allá voy! ¡Te has decidido ya, maldito burro!
No hay nada que hacer.
¡Aurore!
No te vayas muy lejos.
¡Vuelve aquí!
¡Passepoil!
¡Passepoil!
¡Tú, ocúpate de la niña! ¡Vamos!
¡Aurore, mi pequeña Aurore!
¡Amo, no tenemos un momento que perder! Debemos irnos inmediatamente.
-¿Por qué? -No os preocupéis, he borrado mis huellas y deben buscarme quién sabe dónde.
Pero tengo el presentimiento de que no vamos a tardar en recibir visitas.
¡Tienes un presentimiento!
Por fin hemos llegado.
-Ahí tienes a Toledo. -Ya era hora.
-¿Qué desea? -El señor Don Miguel.
Aquí es. Entre.
-¿Está la espada del Duque de Alba? -Sí, señor.
No, no esa. Esta.
Señor, un caballero extranjero me ha entregado esta espada para que se la presente.
Acoge a este caballero con la más grande deferencia.
-Voy a venir en poco tiempo. -Sí, señor.
El señor Don Miguel va a recibir a los señores. Síganme.
¡Bienvenidos!
¡Don Miguel! El invitado que se presenta a vuestra puerta puede traeros problemas.
La justicia de mi país me acusa de un crimen que no he cometido.
He tenido que exilarme voluntariamente.
Pero no querría ser causante de ningún problema para vos.
-Y os comprendería perfectamente. -Esta es vuestra casa, Henri.
Mi casa será la vuestra hasta el momento que podáis ser tratado con justicia.
¡Mirad! No nos han esperado para conocerse.
Esta deliciosa niña rubia y mi hija Flor serán tratadas como hermanas.
1715. Muy pronto para alguno y muy tarde para otros.
Luis XIV había dejado de reinar.
La Corte había abandonado Versalles, para regresar al Palacio de las Tullerías.
Esperando la mayoría de edad del joven Rey Luis XV,
...el Duque Philippe de Orléans, regente del reino, presidía el baile.
Los grandes principios de la religión, la noble cuna y de los servicios prestados al país,
...habían dado paso a un furor de vida, muy al estilo de la regencia.
La moda era muy extravagante.
Comenzaban a construirse secretas residencias privadas,
...en las que los grandes señores convidaban a sus amistades más íntimas,
...para ofrecerles cenas privadas, con manjares y vinos muy especiales,
...que no eran los únicas delicias.
En su residencia privada, el Príncipe de Gonzague...
...daba las fiestas más refinadas de todo París.
El Tesoro estaba vacío, pero muchos franceses eran ricos.
Ricos en papel moneda y en esperanza.
France conoció esos días su primera inflación, en billetes en circulación.
El Príncipe de Gonzague había transformado su mansión de Marais...
...en una verdadera sede bancaria.
-¡10,000 luises de beneficio! -Un buen día, Peyrolles.
Mañana lo haremos aún mejor, señor. Reina la confianza.
¿Qué es eso?
Su alteza, la Princesa de Gonzague, pregunta si podéis recibirla.
Decidle a la Princesa que la estoy esperando.
Dejadme, Peyrolles. Debo escuchar de ella lo que ya conozco.
Vuestra vida privada no es de mi incumbencia, señor.
Pero, permitid que os exprese mi asombro, por este libelo que han repartido por la ciudad.
Al afortunado Gonzague, administrador de nuestros tesoros aquí,
...las bellas damas le abren sus brazos y los maridos sus cajas fuertes.
-¡Calumnias, sólo calumnias! -No quiero que mi apellido se mancille...
...por la corrupción, la deshonestidad y el libertinaje.
Os pido que hagáis lo necesario para que nadie pueda reprochármelo.
Señora, ¿quién se ha atrevido a insinuar tal cosa?
Aurore de Nevers, mi hija.
Ojalá, con la ayuda de Dios, pueda encontrarla algún día.
¡Ay, señora!
¿Habéis olvidado con el tiempo vuestra promesa, Philippe?
No, señora.
Durante dieciséis años, hemos removido cielo y tierra.
-Y temo que podamos seguir esperando... -Nunca hay que abandonar la esperanza.
-¡Qué hermosas son! -Sí.
¿En qué piensas, Aurore?
Flor, soy muy desgraciada.
Henri siempre me impide salir o ir a ver a nadie,
...sólo a ti. Todo le parece peligroso.
-¿No será que lo hace por celos? -¿Celos? ¿Estás loca?
Entonces, ¿por qué te ruborizas tanto? Dímelo en voz baja: ¿le amas?
-¿Por qué en voz baja? -Dilo en voz alta, si quieres.
-Sí, le amo. -¡Enhorabuena! ¿Y él?
Él me quiere... como a su hija.
-Imposible, no es tu padre. -Eso no lo sé con seguridad.
Passepoil mira siempre al cielo, cuando se lo pregunto.
-¿Y por qué no se lo preguntas a Henri? -¿Tú crees?
Escucha, Aurore.
-Si no es tu padre y no está loco de amor por ti, es porque... -¿Por?
-...porque ama a otra. -¿A otra?
Buenos días, Aurore.
Estás muy callada esta mañana. ¿De qué hablabas con Flor?
-De nada. -¿De verdad?
¿Y vos? ¿Dónde estabais? ¿Con quién estabais?
¿Desde cuándo los jóvenes bien educados hacen preguntas indiscretas a los mayores?
No me interesa ser bien educada.
Ya es hora de que os deis cuenta de que ya no soy ninguna niña.
-Así que... ya no es ninguna niña. -Sí, en efecto.
Y no se equivoca, Henri. Ahora es una hermosa joven.
¿No es tiempo ya de que conozca la verdad...
...sobre su nacimiento, su familia y su madre?
¡Henri, qué feliz que soy!
-Eres una niña. -De ninguna manera.
Sí, porque hace pocos días decías que estabas triste...
...y hoy ríes y eres feliz.
Sí, soy feliz, porque desde hace unos días no me dejas nunca.
-Eso prueba que... -¿Qué es lo que prueba?
-Que no amas a otra. -¡Vaya idea!
Siéntate junto a mí.
-Henri... -Sí.
¿Quién eres, para haber abandonado todo por mí...
...y para haberme consagrado tu vida, desde mi más tierna infancia?
Henri, ¿hay algún secreto de familia que te obligue aún a ocultarme la verdad?
¿Hay algún parentesco entre nosotros?
No, soy simplemente un amigo.
¡Henri, qué feliz me haces!
Aurore, trata de comprender.
Una noche me hallaba junto al foso del castillo de Caylus...
...y juré, ante vuestro padre moribundo, el Duque de Nevers,
...que castigaría a su asesino y te devolvería a tu madre,
...cuya única esperanza es la de encontrarte algún día.
Sólo ella tiene el poder de recibir todo el afecto de vuestro corazón.
¡Amo!
-¡Amo! -¿Qué quieres?
-¡Hace horas que os ando buscando! -¿Por qué?
Don Miguel me ha dicho que vengáis en seguida.
Ha recibido noticias de París. Parece que están sucediendo cosas muy raras.
Una reunión de familia o algo así. ¡Daos prisa!
Ten cuidado. Es muy frágil.
Aquí tenéis una lista de los amigos que pueden ayudaros por el camino.
Y la documentación de mi hijo, con la que podréis pasar fácilmente la frontera.
-Gracias, Don Miguel. -A pesar de los peligros que os amenazan...
...no puedo menos que aprobar vuestra decisión de partir.
Sí. Es absolutamente necesario que llegue a París, antes de la reunión de la familia.
Espero que lleguéis a tiempo para evitar lo peor.
¡Buena suerte, Henri!
Ponlo allí.
-Adiós. -Hasta pronto.
-Y a mí, ¿no me das un beso? -Adiós, mi pequeña Aurore. -Adiós, don Miguel.
Y gracias con todo mi corazón. Gracias por todo.
Átalo bien fuerte para que pueda aguantar.
-Adiós, Flor. -Adiós, Passepoil.
-Adiós, Don Miguel. -Adiós. -¡Vamos!
¡Toma! ¡Adiós!
En París, el atrio de la mansión de los Gonzague...
...se había convertido en el paraíso de los especuladores.
-¿Otra? -Sí.
-Vendo 100 acciones. -Pago al precio del mercado.
-Yo pago 100 más. -De acuerdo.
My joroba da buena suerte, señor.
Firmar algo sobre ella, garantiza una gran fortuna.
Acercaos, señor, acercaos.
Acercaos para que pueda firmar mi transferencia en vuestra espalda.
-¡Alto! Son dos libras, señor. -¡Dos libras! ¡Qué caro!
-Pero vuestro beneficio está asegurado, señor. -Eso nunca se sabe.
Paso a su excelencia, el Príncipe de Gonzague.
Quitaros los sombreros de la cabeza, inmediatamente.
Vuestra señoría prometió darme un consejo.
¡Comprad! Comprad hoy para poder vender mañana más caro.
-Buenas tardes, señor. -¿Qué tal estás, jorobado?
Muy bien, señor.
Pero...
...si yo tengo una joroba, vos tenéis otra.
¿Qué insinúas?
Señor, ¿acaso no tenéis la joroba de los negocios?
Algún día tendré que castigar tus impertinencias.
Señor, mi joroba sólo da felicidad al que la acaricia.
-¿Qué modales son estos, joven? -¡Oh, van a pelearse por mí!
Joven, exijo... exijo...
En fin, pídele perdón.
-Mis excusas, señora. -Eso esta mejor. Vete.
Gracias, Sr. Passepoil. La educación se ha perdido hoy en día.
En nuestro tiempo, la juventud respetaba a las damas. Pero hoy en día...
¿Permitís que os acompañe?
El cielo me permite que os sea agradable.
Perfecto. Entrad.
¡Vamos, daos prisa!
¡El sombrero!
Señor, aquí están los gitanos de los que os había hablado.
Han venido para agradeceros vuestra clemencia.
-Gracias, señor. -Que Dios os proteja.
Dan la sensación de ser falsos testigos. ¿No os parece que es demasiado evidente?
Al contrario, señor. El hecho de que parezcan tan sospechosos convencerá al Consejo...
...de que no les hemos escogido.
Así pues, vosotros afirmáis que la hija del Duque de Nevers está muerta.
Sí, señor. La hemos visto muerta tal como os vemos a vos.
Y ¿qué pruebas tenéis de ello?
Una mañana descubrimos en el bosque...
...el cuerpo de una niña medio devorado por los lobos.
-¡Algo terrible, terrible, terrible! -Por favor.
¿Que os ha llevado a pensar que era la niña de Nevers?
Llevaba una medallita al cuello con su nombre escrito al dorso.
"Aurore de Nevers." Y también su fecha de nacimiento.
-¿Guardáis esa medalla? -No, señor. La medalla era de oro...
...y como somos pobres, la vendimos para comer.
-¿La niña estaba sola? -No, señor, no.
Hemos encontrado en un barranco el cuerpo de un caballero,
...que sin duda murió en un accidente, yendo a caballo.
Está bien.
Si todo eso fuera verdad, parecería como un sueño.
Mi querido Peyrolles, aseguraos de que permanezcan a nuestra disposición.
Mañana, su testimonio convencerá al consejo de familia.
Sin duda alguna, señor.
Mi querido Peyrolles, me queda por cumplir una muy dolorosa misión.
Debo informar a la Princesa de esta terrible noticia.
Marchaos.
Señora, he esperado hasta hoy para confirmaros una terrible noticia,
...para la que he intentado prepararos desde hace varios meses.
Hace un momento acabo de recibir una prueba irrefutable...
...de que vuestra pequeña Aurore ya no vive.
No, no es posible. No es verdad.
Sí, señora.
Tres testigos gitanos la encontraron en un bosque.
Mañana presentarán las pruebas de su muerte ante el consejo de familia.
Es imposible. Algo dentro de mí me dice que mi hija aún está viva.
Los detalles que podáis conocer de su muerte, sólo aumentarán vuestro dolor.
Por eso os aconsejo afectuosamente que no asistáis a esta ceremonia.
Sí. Os obedeceré, señor.
Que la sinceridad de mis sentimientos y la seguridad de mi afecto profundo...
...pueda confortaros en esta dolorosa experiencia que estáis padeciendo.
¡Señora! Señora, ¿por qué lloráis así?
Dios os protegerá. No perdáis la esperanza.
Déjame, por favor, déjame. Todo se ha acabado.
-Todo se ha acabado para mí. -Ha llegado una carta para vos.
No, ya no hay nada que me interese.
Mi pequeña Aurore ha muerto. Déjame.
A su excelencia, la Princesa de Gonzague, por atención de la señora Marthe.
¿Ese es todo el pollo que tienes?
No encontraréis nada mejor, ni más grande ni más fresco. Muerto esta misma mañana.
¿Cómo te va la vida, jorobado? Ven. ¿Te gusta esta capa?
Cúbrete aún bien con la capucha. Podría haber enemigos por aquí.
Te pareces mucho a tu madre y nunca se sabe...
Precisamente esto es lo que andaba buscando.
¿Cuánto cuestan estos platos?
-¡Oh, mira a ese espantoso jorobado! -¡Dios mío, date la vuelta!
-¿Te da miedo? - No, pero date la vuelta.
Tiene un aire maléfico. ¡Fíjate, nos está mirando!
Bueno...peor para él. ¡Venga, vámonos!
¡Es curioso! Vive en la casa al lado de la nuestra.
Tiene derecho a eso. Vamos, no te preocupes.
Entra.
No me gustan los jorobados.
Le he visto a menudo merodeando por la calle.
-Un día incluso estaba mirándonos por la ventana. -¡Vaya, vaya!
-Deberíamos hablar con Lagardère. -Ven a ayudarme en la cocina. Vamos.
El amo se volverá a quejar de que almorzamos tarde.
Y seguro que no estará de buen humor.
-¿Cómo lo sabes? -Un presentimiento. Toma, limpia esto.
-Creo que ya está cansado de mí. -¿Eso crees? Son sólo ideas tuyas.
Nunca está conmigo. Seguro que ama a otra.
¿Esas son todas tus pruebas, mi pobre Aurore?
La gente joven como tú habla así.
¿Qué sabes tú del amor o de los hombres?
Nosotros, cuando amamos, solemos ser muy discretos. Eso es algo muy conocido.
Incluso los mayores seductores.
Yo, por ejemplo. ¡Dios sólo sabe cuántas conquistas he hecho!
¡Ah! Dicen que el amor es ciego.
Pero lo que es seguro es que a menudo suele ser mudo.
Así que la mesa aún no está preparada. ¿No vamos a comer hoy?
-¿Qué estabais haciendo? ¿Estabais soñando? -Exactamente, estábamos soñando.
-No te enfades, Passepoil ha llegado tarde. -Había demasiada gente en el mercado.
-Y seguramente una persona de más. -Sí, un espantoso jorobado...
-...con una mirada malvada. -¡Oh! Esto cada vez se pone mejor.
Aurore, has salido a pesar de mi prohibición. Lo tuyo, Passepoil, era previsible.
-No, ella lo ha visto desde la ventana. -¿Qué historia es esa?
-No vale la pena que intente explicarlo. -Vamos. Date prisa, que se hace tarde.
No es culpa suya. Si no tengo derecho a salir de esta casa,
...dime claramente que soy tu prisionera. ¡Enciérrame! -¡Aurore!
¡Aurore! Escúchame. La comedia ya se ha acabado.
Debes prometerme que no cometerás ninguna imprudencia.
-¿Qué quieres decir? -Te pido que tengas un poco de paciencia.
Dentro de pocos días habrás recobrado tu apellido y a tu familia y tu madre.
¿No estás contenta de conocer por fin a tu madre?
Estarás contento por fin... de poder librarte de mí.
Su Alteza, el Duque de Orléans.
Buenos días, primo.
Señores, sed breves y rápidos.
Las cargas del Estado nos abruman.
En el día décimo del mes de Mayo de 1717,
...su Majestad Luis XV Rey de Francia, bajo la tutela del Duque de Orléans, regente del Reino,
...se ha reunido el Consejo de Familia,
...a petición de su alteza el Príncipe de Gonzague,
...para determinar la existencia o la inexistencia...
...de descendientes del Duque de Nevers y la transmisión definitiva de sus bienes.
-Tengo una solicitud que haceros, señor. -Os escuchamos.
La Princesa de Gonzague, mi infortunada mujer,
...os solicita permiso para no asistir a estos debates,
...por traerle a la memoria recuerdos demasiado dolorosos para ella...
...que podrían causar daño a su ya delicada salud.
Concedido.
De acuerdo a la solicitud del Príncipe de Gonzague el Consejo de Familia autoriza a la Princesa de Gonzague...
...de soltera Isabelle de Caylus, a ser representada por el Procurador del Rey.
-¿Alguna objeción? - Sí.
-Una objeción: la mía. -¿Qué sucede, señora?
Señor, puedo certificar que mi hija, Aurore de Nevers, está viva.
Si dais vuestro permiso, yo misma tendré el honor y la alegría de presentárosla,
...en el baile que mañana daréis en vuestro palacio.
-Señora, el dolor os impide razonar. -No, señor.
-¿Se ha vuelto loca? -El dolor debe haber perturbado su mente.
Señor, ruego que me excuséis por este incidente.
Puedo aportar tres testigos que confirmarán que el bandido Lagardère...
...encontró la muerte en un accidente de caballo...
...y de la misma manera la niña que él había robado.
Al Tribunal le complacerá oír a estos testigos.
Haz pasar a los testigos.
Señor, los tres testigos han desaparecido...
...y lo mismo ha sucedido con quien los guardaba.
¡Qué hermosa línea del corazón! Nunca había visto una semejante.
¡Oh, cuántas mujeres veo en esta mano!
Sí. ¿A cuántas mujeres has hecho sufrir?
Sufrir no. Tampoco hay que exagerar.
¡Qué seductor!
-¿Ves todo eso en mi mano? -No, en tus ojos.
No intentes hipnotizarme como si fueras una bruja.
Mi querido Peyrolles, no puedo reconoceros.
¡Y vos queríais llegar a ser Jefe de la Policía!
Que se escapen prisioneros de verdad es algo que puede suceder.
Pero que lo hagan prisioneros voluntarios, admitiréis que no es algo frecuente.
El hombre que los vigilaba desapareció al mismo tiempo.
-¿Y a dónde han ido? -No tengo la menor idea.
Al menos tratad de tener alguna idea para encontrarlos. Para eso os pagan.
¿Qué quieres?
-Señor, un jorobado insiste en ser recibido. -¡Échalo afuera! -¡No!
Hazlo pasar.
Ese bufón me distrae a veces y su joroba siempre me ha dado suerte.
Y con todo lo que está pasando, suerte es lo que vos más necesitáis.
¿A qué debo el honor de tu visita?
Parece que te tomas grandes libertades.
Señor.
Es necesario para obtener lo que uno quiere de la vida,
...tener audacia...
...e incluso mucha audacia,
...cuando uno no posee ni hermosura ni inteligencia,
...ni el poder con que el Cielo os ha dispensado, señor.
¡Adulador! ¿Y qué esperas obtener con tu audacia?
El amor de una belleza incomparable.
Estoy enamorado de una criatura de ensueño,
...de una verdadera princesa.
Como no poseo encanto ni fortuna,
-...sólo puedo seducirla con una ilusión. -¿Qué ilusión?
La ilusión de ser importante.
¿Quieres que le pida que te nombren Duque?
¡No puedo ser duque, jorobado sí!
Así, ¿que quieres de mí?
Señor,
...si pudiera obtener invitaciones para el baile del Regente,
...estoy seguro de que mi princesa no se me resistiría más.
Verdaderamente, no puedo rechazar nada a un enamorado así.
Aquí tienes lo que me pides.
Gracias, señor, gracias. Tocad mi joroba.
Suavemente, porque hoy me duele.
Os dará fortuna por partida doble.
Espero que me presentes a tu princesa.
Podéis estar seguro de ello.
¡Cosa prometida, cosa hecha!
Vais a cometer una terrible equivocación. Ponerse al servicio de los malvados es estúpido.
No necesitáis ser muy listos para entender que con esta clase de gente,
...cuando ya no os necesiten... se acabaron los gitanos.
Por el contrario con nosotros, si sois listos, no os sucederá nada malo.
-¡Passepoil! -Aquí estoy. Perdonadme, vuelvo en seguida.
¿Me llamabais, señor?
Escucha, necesito de todo tu ingenio y no tienes precisamente mucho.
Si he entendido bien, se trata de algo nada fácil.
Esta noche, en el baile de máscaras que el Regente da a todos los nobles del reino,
...la hija del Duque de Nevers se encontrará por fin con su madre...
...y el parecido entre ambas quedará enmascarado para Gonzague.
-Todo está previsto. -Pero, lo que no habéis previsto, señor,
....es que podríais ser detenido y ahorcado antes de una hora.
No olvidéis que han puesto precio a vuestra cabeza.
Por ganar 5.000 escudos, muchos venderían a sus propios padres.
Gonzague es astuto y además un príncipe muy poderoso.
Hoy, la ley será mi fuerza.
-¿Qué sucede? - Mi pequeña Aurore...
...esta noche será tu primer baile.
-Aquí tienes tu vestido. -Mira, Aurore.
Quería que fueras la más bella.
¡Es maravilloso!
Esta noche serás la más elegante.
-Tu apellido lo exige. -El único apellido que deseo llevar es el vuestro.
Aurore,
...comprendo muy bien que una joven en su primer baile se pueda permitir cualquier capricho,
...pero el futuro sólo le pertenece a Dios.
Voy a probar a todo el mundo que eres la hija del Duque de Nevers.
Y debes demostrar que eres digna de él.
Una carroza vendrá a recogerte a las diez y te llevará al baile del Regente.
Y tú vigilarás la llegada de la carroza y la ayudarás a subir. Eso es todo.
-¿Y después? -Después, esperarás mis órdenes. -Está bien, está bien.
Y mientras tanto, nada de imprudencias.
Princesa, no es momento para soñar. Ponte hermosa. Yo subiré todo esto.
Lo he escuchado todo, señor.
Una carroza recogerá a las diez de la noche a la joven, para llevarla al baile del Regente.
Creo que aún tenemos tiempo.
Felicidades, mi querido Peyrolles, sabéis escogerlos muy bien.
Pero su desaparición quizás levante sospechas y pueda comprometerlo todo.
No, señor. Mis padres se han quedado abajo con mi sombrero, mi chaqueta y mi bolsa.
Así todo el mundo pensará que estoy dormido.
-¡Qué bella que estás! -¿Para qué me sirve ser bella, Passepoil?
El único hombre al que me gustaría oír estas palabras sólo me muestra indiferencia.
No debes de creer eso; yo te lo explicaré. La mano de una hija se le pide a su padre...
...y como juró a tu padre que sería para ti como otro padre; ahora no puede pedir tu mano a sí mismo.
Y como no sabe lo que tu madre pueda pensar...
...no dirá nada hasta que ella esté de acuerdo. Es sencillo, ¿lo ves?
-¿Crees que le agradaré así? -Eres maravillosa, Aurore.
Pareces una princesa. Larala lala
¡La carroza espera!
-Adiós, Aurore. -Adiós, Passepoil.
¡Aurore!
-¡Passepoil! -¿Sí?
-¿Qué pasa? -¿Aurore no está preparada?
-Sí, está preparada. -Y, ¿dónde está?
-Se fue en la carroza. -¿Qué carroza?
La carroza que vino a buscarla.
¡Oh, Dios mío! Han secuestrado a la pequeña.
¿Qué vamos a hacer?
Toma: ésta es la única prueba de la identidad de Aurore.
Si desaparezco, debes hacérsela llegar a la Princesa.
La suerte de su hija depende de esta página rasgada.
-¿Qué vais a hacer, señor? -Jugarme el todo por el todo.
Por las buenas o por las malas he de conseguir que Peyrolles o Gonzague me lleven hasta Aurore.
¡Por nuestros amores! ¡Que vivan nuestros amores!
Brindemos por un futuro que se presenta bajo los mejores auspicios.
Por la dicha de nuestra nación.
No estamos aquí para hablar de la grandeza del país.
Las mujeres aprecian más las virtudes cívicas.
Afortunadamente.
Me parece que esta noche nos dará otras alegrías, además del baile del Regente.
A propósito, ¿no sería conveniente, señor, que aparecierais por allí?
Lo haré pasada la medianoche, porque nunca se sabe.
Quizás tenga la suerte de ver a la hija del Duque de Nevers.
Me complace poder recibiros esta noche, Princesa.
Buenas noches, Peyrolles.
El Príncipe de Gonzague ruega a vuestra Alteza que excuséis su retraso,
...debido a una ligera indisposición.
Podéis decirle que le deseo lo mejor para su salud.
Y decidle de mi parte que no cometa ninguna imprudencia.
-Señora, ¿me harías el placer de acompañarme? -Sí, alteza
Parecéis preocupada, señora.
Me gustaría que vuestro más íntimo deseo fuera cumplido,
...para que vuestra sonrisa fuera la mejor joya de este baile...
...y mi mayor alegría.
Sí, sí, lo he comprendido, querido amigo. Luego hablaremos de ello.
-Ex..celentísimo señor de Peyrolles. -Buenas noches, jorobado.
¿Qué nueva insolencia has cometido?
-Busco al Príncipe de Gonzague para... -...para presentarle tu princesa, ¿eh?
Tal como le prometí, señor, y para expresarle toda mi gratitud.
-Pero, ¿dónde está? -El Príncipe sufre una ligera indisposición...
...y yo debo reunirme con él en seguida. Así que voy a ser vuestro mensajero.
Gracias, señor.
¡Ve los más rápido que puedas!
Más rápido, Passepoil. ¡Más rápido aún!
¡Adelántalos! ¡Adelántalos!
Señor, que se vaya al diablo el Regente. Quedaos con nosotros.
Una buena compañía debe abandonarse, para luego volver a ella.
Adiós, hermosa. No tardaré mucho.
Cuando suene la segunda campanada de la medianoche, ya habré regresado.
Peyrolles está aquí. Artémise, vuelve con nuestros amigos, por favor.
¡Oh, Señor, perdonadme!
¿Me has reconocido a pesar de mi antifaz?
-Yo, señor, os reconocería siempre. -¿Cómo has venido?
-¿Quién te ha dado la dirección privada de mi casa. -El señor de Peyrolles.
Y me ha encargado entregaros este anillo,
...que Lagardère llevaba en su mano hasta hace muy pocos instantes.
El señor de Peyrolles ha resultado herido levemente en la lucha.
-¿Y Lagardère? -Ha muerto, señor.
¡Mi querido Peyrolles!
Decididamente, tu joroba me da buena suerte.
Déjame una vez más que pase la mano sobre tu espalda.
Esta noche quiero que seas el rey de mi fiesta.
Señoras mías, quiero que esta noche el jorobado reciba todas las atenciones,
...como si fuera el más encantador de los príncipes.
Bebamos con el mensajero de la buena noticia:
Señores, Lagardère ha muerto. ¡Viva el jorobado!
Lagardère ha muerto. Lo mató, el querido señor de Peyrolles.
Celebrad como corresponde este feliz acontecimiento.
¡Bebamos a la salud del señor de Peyrolles y de su mensajero, el jorobado!
¡Viva Peyrolles! ¡Viva el jorobado!
Escuchadme amigos. El deber me llama, pero mi casa es vuestra.
Te dejo a la más bella de mis amigas. Artémise, sé tierna con él. Es un sentimental.
Me ha contado sus amores, que verdaderamente son enternecedores.
Y a vos, Señor, no os resultará fácil el esperar.
Sus ojos son tan bellos, que no podría ser cruel.
Tiene un aspecto orgulloso y una noble figura.
Le falta sólo una espada para ser un caballero.
Si me falta sólo eso, señor, creo que podré arreglarlo.
¡Vamos, en guardia!
Habrá tiempo para eso, señor.
Cuando llegue el momento, estaré listo.
-Mientras espero saciaré mi sed. -Mi bodega está a tu servicio.
-Gracias, señor. -Adiós, buen caballero.
No, adiós no, sino hasta pronto.
No acabaremos esta velada sin vos, señor.
¡Señora!
Señora, espero que perdonéis mi retraso, debido a una súbita indisposición.
Pero esperaba llegar antes de la medianoche.
-¿Tenéis alguna buena noticia que comunicarme. -No, señor.
Tengo una muy mala noticia, que os sorprenderá muy dolorosamente.
Vuestro amigo, vuestro fiel hombre de confianza,
...el señor de Peyrolles ha sido asesinado.
Le marcaron con una profunda herida entre sus ojos.
La marca de Nevers, fue lo que me dijeron.
Comprenderéis, señora, que la duda me embargue.
No sé qué es lo que os embarga, señor,
...pero dudar de todo es vuestro deber.
Caballero, ¿habéis jurado acaso que me dejaríais morir de sed?
No es culpa nuestra que vuestro jorobado tarde tanto en venir desde la bodega.
Debe estar probando todos los vinos, ese diablo.
¡Qué desagradecidos sois! ¡Deberíais haber ido vosotros!
Todos le rogasteis que os fuera a buscar algo para beber.
Ha sido él mismo quién nos ha propuesto hacerlo.
-Me parece que le gusta más beber que amar. -¡Al diablo los borrachos!
Me parece que lo encontraremos en la bodega, dormido dentro de un tonel.
¡Aurore!
¡Aurore!
¡Aurore!
¡Aurore! ¡Aurore!
No tengas miedo, te lo suplico. No grites.
Estoy aquí para salvarte.
Aurore, ¿no reconoces mi voz?
¡Henri! ¡Henri!
¿Eres tú?
Ten valor.
Ten valor, Aurore. Domina tus emociones.
Ven conmigo.
¡Aurore, sube!
¿Dónde está el jorobado?
Hay que encontrarlo. Debe pagar por su traición.
Venid, seguidme.
Tu engaño se ha descubierto, jorobado. Encomienda tu alma a Dios.
No, antes de haber entregado la vuestra al diablo.
Sube arriba y protégete.
Ríndete, jorobado. Estás perdido.
El jorobado ha muerto.
¡Viva Lagardère!
En cuanto a ti, príncipe traidor, criminal notorio,
...ya que no viniste a Lagardère, es Lagardère quien viene a ti.
¡Vamos! ¡Atacadle!
Tú, ve por allí.
Tú, ve por la escalera secreta, para atacarle por detrás.
¡Cuidado, por detrás!
Por favor, venid detrás de mí,
Caerá en la trampa. Seguidme, iremos por detrás.
Su alteza real, el Príncipe de Orléans, Regente del reino.
¿Qué sucede?
Ante todo, señores, dejad vuestras espadas.
Primo, perdonadme por esta inoportuna visita.
Constato que os habéis recuperado de vuestra indisposición.
Hay que respetar el protocolo en todas las circunstancias, ¿verdad?
Vos habéis llegado tarde a mi fiesta y yo temprano a la vuestra.
¡No es mi costumbre permitir que un proscrito, que un condenado se permita llevar una espada!
Hablaremos de eso, señor.
¡Mi niña! ¡Mi hija!
Así, señor, que esta joven vivía en vuestra casa y vos lo teníais en secreto.
Su notable parecido con la Princesa de Gonzague,
¿nos llamó nunca la atención?
Precisamente la iba a llevar al baile ahora. Sí, señora.
-Estábamos a punto de salir cuando Lagardère... -¡Asesino!
Te marqué la mano en el foso del castillo de Caylus.
¡Estaba defendiendo a Nevers!
¿Por qué lo niegas? Sabes bien que estás perdido.
Señora, me haríais el honor de entregarme el papel que os entregó mi criado.
Antes de morir, el Duque de Nevers ha escrito con su propia sangre....
...el nombre de su asesino en el certificado de nacimiento de su hija.
Ese nombre, como verás, es el tuyo. Quiero oírlo de tu propia boca.
¡Miserable! Has firmado tu propio crimen. No había nada escrito en ese papel.
¡Un momento, señores!
Que mi espada y vuestro brazo sea el ejecutor de la justicia del Rey.
Confiemos en el juicio de Dios.
¡En guardia, señores!
No es nada. No tengáis miedo.
¡Que Dios bendiga vuestra unión!
Caballero de Lagardère, la hija de nuestro añorado amigo, el Duque de Nevers...
...no podía haber elegido un esposo más digno y leal...
...que aquel al que hoy nombramos Conde de Lagardère.
El Rey pronto alcanzará la mayoría de edad y sólo el podrá haceros Duque.
Siempre pensé que todo acabaría bien.
Vtg
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