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EL VlAJE DE LOS MALDlTOS
Siéntese.
A su oficial de enlace quedó encantado
por la cantidad de información que nos ha suministrado.
Gracias, comandante.
Su misión en el próximo viaje es aún más importante.
- ¿Sabe cuál es su destino? - Sí, nos lo ha dicho el capitán,
un barco de pasaje a la Habana, Cuba.
¿Les ha dicho también quiénes serán sus pasajeros?
No.
Todos judíos.
Algunos procedentes de campos de concentración.
¿ Y se les permite salir?
Todo ha sido dispuesto por el propio doctor Goebels.
¿Judíos?
Este humanitario viaje será una cortina de humo.
Muchos de nuestros contactos han sido descubiertos
y todo el material de importancia se envía a Cuba a través de Miami.
Al llegar a la Habana, bajará a tierra mezclado con los pasajeros,
y se pondrá en contacto con Hoffman.
Es nuestro agente principal en la Habana.
¿Alguna pregunta?
Vamos, hable, hable.
Sí, no, perdone todo está claro, muy claro, pero...
Pero qué, diga.
A esos judíos,
¿tienen autorización oficial para marcharse?
Eso no le concierne.
Toda la atención se concentrará en ellos, no en usted.
Pero esas personas van a ir como pasajeros.
¿Atenderlos será un trabajo ofensivo para usted?
Ofensivo en extremo, capitán general.
Entiendo.
Es una violación de los principios del partido.
Escúcheme bien, idiota.
No se trata de un ejercicio de filosofía.
El servicio de espionaje le ha asignado una misión.
Lo único que tiene que hacer es cumplirla, sin fallos
y sin preguntar nada.
Perdóneme, señor...
¿Cómo son sus relaciones con el capitán Schroeder?
Desconfío de él.
Se niega a ingresar en el partido.
Por eso se lo eligió para ser el capitán en este viaje,
está por encima de toda sospecha.
Sí, pero...
la Gestapo me ha ordenado que lo vigile estrechamente.
Pues, vigílelo, pero evitará cualquier enfrentamiento directo con él.
Lo entiendo...
Y ahora, preséntese a su oficial de enlace.
Trata de ignorarlos. Trata de ignorarlos, Joseph.
¡Eh, vosotros! ¿De dónde sois?
Sábado, 13 de Mayo de 1939. Puerto de Hamburgo.
Perdone, por favor, nos falta una maleta.
Se trata de una maleta muy importante, por favor.
Vamos.
Todo lo que tenemos está en esa maleta.
Señor.
Camarote 373, cubierta D.
Camarero.
- Yo lo encontraré. - Como quiera.
Me siento como un payaso.
Estás guapo.
Todo está en orden, doctor Kreisler.
Profesor.
- ¡Joseph! - Aaron.
Salí corriendo y te dejé solo.
Vi que te habían cogido.
No sabía qué hacer.
Vine aquí, estuve al otro lado de la verja toda la noche.
Joseph.
Creí que no volvería a verte.
He subido al barco esta mañana.
Joseph.
¿Me permiten, por favor?
Preparados para zarpar, señor Kolmer.
¿Nos vamos?
¿Nos vamos de verdad?
Nos vamos. A nuestra hora.
Los alemanes siempre somos puntuales.
¿ Volveremos alguna vez?
Esto es una locura pasajera. Claro que volveremos.
Asesinos. Carniceros.
Mamá.
Déjale, ven.
Una nada más, cariño.
Ya ha terminado la pesadilla, cariño.
El clima de la Habana te sentará muy bien, ya lo verás.
¿Crees...?
¿Crees que nos...
que nos gustará la Habana?
Sí, creo que sí.
Nos gustará.
Mira.
Viajar a algún sitio,
a donde sea,
a veces basta con eso.
No ha tocado usted el caviar, señor Rosen.
¿No le gusta?
- Mi marido... - Mi padre...
Mi marido y yo no somos buenos marinos, doctor.
Entonces deben venir a verme, les daré algo para ayudarles.
Perdone, señor. ¿Qué tomará?
El pato asado o la ternera.
Pato asado o ternera marengo.
No quisiéramos ocasionar molestias.
No es molestia, señor. Lo que ustedes prefieran.
Lo que sea más fácil.
Yo creo que prefieren la ternera.
Lo que sea.
¿ Vendrá el capitán a cenar con nosotros?
Creo que tendrán que conformarse conmigo.
- ¿Quiere bailar Srta. Rosen? - Sí.
- Es una rumba, ¿no? - Sí.
No sé bailarla.
Es muy fácil, déjese llevar por la música.
¿Por qué baila con uno de ellos?
Ella no comprende eso, Carl, por favor.
Es una noche maravillosa. ¿Por qué no intentas disfrutarla?
Mucho mejor.
Muy bien.
No comprendo cómo primera clase puede ser mejor que esto.
Ya lo creo.
- Puedes averiguarlo. - ¿De qué manera?
Pues verás, el sobrecargo nos ha preguntado
si queríamos cuidar de dos niñas que viajan solas
pero cuidar de... es igual que cuidar de dos nenitas.
Dijimos que se lo preguntaríamos a usted.
Sí, me encantaría. Echo mucho de menos a los míos.
Los sacamos hace seis meses.
Me están esperando en la Habana.
En esta compañía hay una norma
que prohibe a los miembros de la tripulación utilizar las zonas del pasaje.
Están infringiendo esa norma.
El director Holthusen me ha autorizado
a utilizar el salón de fiestas siempre que sea razonable.
¿ Y cree que es razonable romper la armonía de este viaje,
provocando gran incomodidad a los pasajeros?
¿lncomodidad a los pasajeros?
¿Hay alguna ley que prohiba cantar las canciones del partido?
Fuera. ¡Todos fuera!
De ahora en adelante,
todas las zonas de los pasajeros están prohibidas para la tripulación,
excepto por servicio.
¡Fuera!
¿Qué significa eso?
¿Qué?
¿Funciona?
Sí, funciona.
- Dele una de éstas cada cuatro horas. - Sí, doctor, gracias.
Su situación, al menos, sigue estable, profesor.
Es grato saber que me estoy muriendo en situación estable.
- Cariño, no digas eso. - No se está muriendo.
Ha sufrido grandes emociones.
Vi quemar mis libros.
Arrasar mi hogar.
Tuvimos que escondernos de personas que creíamos amigas.
Sí, he sufrido emociones.
Ahora ya no tienen que esconderse.
Gracias, doctor.
Ya no tenemos que escondernos nunca más.
Me ha costado una hora que mamá se fuera a dormir.
Hace tanto que no nos permitían ir al cine que estoy entusiasmada.
Perdone, señor, le convendría comer algo,
no ha tomado nada en todo el día.
No, gracias, Gunter, estoy bien.
¿Más, señor?
Soy el doctor Egon Kreisler.
Vengo a presentar una protesta oficialmente.
Este recinto es privado, doctor, ¿no ha visto el letrero?
Presente sus quejas al sobrecargo.
Ya lo he hecho y declina su responsabilidad.
Sólo alcanzo a suponer
que usted no está al tanto de las actividades de su barco,
o lo que es peor, que ha tomado parte en la burla a sus pasajeros.
Déjenos.
¿Quiere sentarse, doctor?
No me distraerá con tanta ceremonia.
Como quiera.
He venido a pedirle una explicación personal.
Me encuentro en desventaja, doctor, no sé a qué se refiere...
Fuimos a ver una película, una comedia romántica.
En cambio, nos han pasado uno noticiario del Sr. Adolf Hitler.
¿Lo ha aprobado usted?
Ni lo he aprobado ni tenía noticias.
Le aseguro que no volverá a suceder.
Y admito que ha habido una evidente falta de buen gusto.
Gracias, capitán. Buenas noches.
Buenas noches.
Vamos, es hora de dormir.
¿Qué sabes de este hombre, Gunter?
Kreisler.
He oído que es un médico eminente.
Enseñaba en la Universidad de Berlín.
Egon Kreisler. Sí, profesor.
lnteresante.
De todos los pasajeros es el único que ha venido a verme.
Tal vez, señor...
¿Qué?
Tal vez si los pasajeros le conociesen mejor, señor...
No, no, no, no.
Debo mantenerme apartado,
es la única forma de ver los problemas antes de que empiecen.
- Buenas noches, señor. - Buenas noches.
Gunter.
Dile al señor Mueller que prepare el salón de fiestas
el viernes por la tarde y el sábado por la mañana
para el servicio religioso.
A bordo viene un rabino, notifícaselo, ¿quieres?
Sí, señor. Buenas noches.
Mensaje de Hamburgo, señor, es urgente.
Lo estamos descifrando.
Léalo.
"Eleve velocidad al máximo posible.
La situación en la Habana se hace crítica.
Una ola de antisemitismo está barriendo Cuba".
Jueves, 18 de mayo de 1939. La Habana.
Es responsabilidad suya que el "St. Luis" atraque, Clasing.
Sí, claro.
Yo soy el responsable,
pero sus agentes son los que han comprado a la prensa.
Usted ha sido quien ha iniciado esta ola de antisemitismo
y ahora cargo yo con la responsabilidad.
Manuel.
Luis, amigo mío, me alegro de verlo.
Permítame presentarle a mi ayudante, Hoffman.
- ¿Cómo está usted? - ¿Qué tal?
- Su ayudante, ¿eh? - Sí.
Su excelencia Manuel Benítez, director de lnmigración.
Por favor, por favor.
Hola Michelle.
Una chica preciosa. La del pelo corto.
Es francesa, eso dice ella.
¿Le gustaría conocerla?
Manuel, tenemos un problema urgente.
¿Un problema?
Por el decreto del presidente Bru.
Las autoridades afirman
que al "St. Luis" ni siquiera se le permitirá entrar en el puerto.
Por favor.
Hemos tenido nueve presidentes durante los últimos cuatro años.
Al último no le dio tiempo ni a salir de la bañera cuando fue destituido.
Bru no es problema.
Pero ha firmado este decreto.
Tenemos que conseguir que lo derogue.
Estamos perdiendo el tiempo.
¿Cuánto se tarda en sobornarlo?
Mozo.
Dos refrescos más, por favor.
No irá usted muy lejos en la Habana, señor Hoffman,
si insiste en pensar como un turista.
Tiene que aprender a comprender la mentalidad cubana.
Mire lo que ha pasado ya.
Primero nos dicen que esos refugiados son indeseables.
Y ahora protestan porque no los acogemos con los brazos abiertos.
Manuel.
Usted garantizó las autorizaciones de desembarque.
Hasta ahora, su colaboración con mi compañía,
le ha sido muy provechosa
pero no sé cómo vamos a poder continuar.
Le he dicho que no se preocupara, Luis.
Dígame, ¿cómo se llama ese famoso decreto?
No le comprendo.
Decreto número novecientos treinta y siete.
El número exacto de refugiados que hay en el barco.
Sí, pero la gente que viene en el "St. Luis",
si he entendido bien...
No, no, no, eso es lo bueno.
Los permisos se expidieron el 2 de mayo.
El decreto se firmó el 5 de mayo, por tanto, no les afecta.
El presidente queda bien y puede lavarse las manos.
Mentalidad cubana.
He de informarle que tiene derecho a no contestar,
pero si así lo hace, se trasladará el asunto a las autoridades superiores.
Ni siquiera sé por qué estoy aquí.
Ha desobedecido mis órdenes concretas
utilizando este viaje para hacer propaganda política.
Como representante del partido...
Eso no le confiere ningún privilegio especial, Schiendick.
Su expediente está lleno de quejas de los pasajeros.
Usted ha formulado acusaciones contra mis oficiales
e incitado a otros miembros de la tripulación a desobedecer mis órdenes.
Según el Derecho Marítimo, eso es un motín.
Todos mis actos son reflejo de mi deseo de servir al partido.
Se lo advierto, Schiendick.
Si recibo una sola queja más,
desembarcará usted en el primer puerto.
Capitán...
le pido perdón.
Nada más.
Deberíamos haber ido al servicio religioso, Carl.
Unirnos más a los otros.
Creo que deberíamos haber ido.
Forma parte de lo mismo.
¿Parte de qué?
- Querían comprobar quién acudía. - ¿Quién?
No lo creo.
El capitán procura facilitarnos las cosas.
¿Por qué? Es uno de ellos.
Llevamos muchos años pasando miedo.
Larguísimos años que ya han pasado.
Vendimos todo para escapar.
Pero jamás escaparemos si seguimos llevando ese miedo.
Tienes que ayudarme. Yo no puedo hacerlo todo.
Yo no puedo.
No puedo.
- No puedo evitarlo. No puedo. - ¿Qué le pasa?
Mamá. ¿Qué le pasa?
Quiero ayudarlo. Quiero ayudarlo.
Déjame volver con él.
- Escucha. - ¿Por qué llora?
- ¿Qué le pasa? - Escúchame.
Tengo que convencerlo.
Se esconde dentro de sí mismo. ¿Me comprendes?
¿Qué dices?
Si quieres ayudarlo, sube, busca gente joven y haz amistades.
- Mamá. - Si él ve que tú eres feliz,
le servirá de ayuda.
No soporto verlo llorar.
No te preocupes.
Venga.
Soy Lili.
Soy Lili.
Perdona, amor mío, no debí haberte hablado así.
Carl, esto es un barco.
Nada más que un barco, no es una cárcel.
Hemos tenido suerte.
Dentro de unos días, llegaremos a la Habana.
Estaremos en América.
Podremos pasear por las calles sin que nadie nos mire.
Y mientras tú te recuperas, yo encontraré trabajo.
Y Anna también.
Ya verás, Carl, la vida será maravillosa.
Y nadie...
nadie volverá a hacerte daño.
¿En qué estás pensando?
Sólo pienso.
¿En qué?
Lo pasado, pasado está.
¿Recuerdas que dijiste que empezábamos una nueva vida?
Egon.
¿Qué te ocurre?
Estoy cansado, nada más.
Eres encantadora.
Me doy cuenta de lo que te pasa.
Sigues pensando en esa chica.
Denise, por favor.
El gran...
Egon Kreisler.
Tan frío.
Tan indiferente.
En busca de la juventud.
¡Calla, Denise!
No hubo amor.
Tú no lo entiendes, no era como entre nosotros.
Fui un trofeo para ella.
¿No la querías?
No.
¿Me quieres a mí?
Estamos juntos.
Hace frío para ti, Joseph, vámonos.
Hola.
Hola.
¿ Viste las Azores?
No. No.
¿Cómo está tu padre? ¿Está mejor?
- ¿Por qué? ¿Hablan de él? - No.
No.
No, no.
Quizá piensan...
Mi madre está muy...
Bueno, nosotras estamos muy preocupadas.
Si creen que está verdaderamente enfermo,
las autoridades de Cuba podrían devolverlo.
¿Por qué iban a hacerlo?
Pues...
¿No dirás nada?
No. ¡No!
Lo prometo.
Durante los dos últimos años,
la Gestapo ha perseguido a mi padre.
La Gestapo.
No sabes lo que es vivir así.
¿Qué había hecho?
Era abogado.
Todo el mundo le quería.
Cuando prohibieron trabajar a los judíos,
me pasé meses sin verlo.
Cuando lo veía, no podía creer lo que había cambiado.
¡Viene alguien!
¿Tendrías problemas si te vieran hablando conmigo?
No. Sólo...
Sólo... pensaba en ti.
¿En mí?
Será mejor que me vaya.
¿Podré verte mañana?
No voy a ninguna parte.
Quiero decir aquí.
¿Aquí? ¿En este sitio?
Sí.
Sí, si tú quieres.
Bueno, entonces, adiós, Max.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- ¿Son tus hijas? - Sí.
- ¿Tienen permiso para desembarcar? - Y visados.
Bien.
Expedidos hace tres semanas por el cónsul de Cuba en Hamburgo.
- Bien. - Y firmados.
Y las autorizaciones de inmigración las firmó ese...
¿cómo se llama? - Benítez.
Ese hombre es un ladrón.
¿Un ladrón?
Al conceder así permisos de inmigración a refugiados,
no sólo está infringiendo la ley, si no haciendo una gran fortuna.
Comete un gran error al no compartir los beneficios con quien corresponde.
Sigue con el negro, querida.
No va más.
Veamos, doctor...
- Strauss. - Strauss, sí.
Suponiendo que desembarquen sus hijas,
¿dispone usted de dinero para mantenerlas?
Nosotros también tenemos fascistas en Cuba.
A mí me repugnan, porque son hombres mezquinos
que abusan de su poder.
Creo que podremos concederle esos visados.
Si es necesario, yo depositaré la garantía.
No sé como darle las gracias, señor.
Por favor.
¿Queda algún otro problema, doctor?
Bueno...
Se dice que al "St. Luis" no se le permitirá entrar en el puerto.
Tengo trescientas toneladas de azúcar consignadas para esa nave
y una parte de los beneficios irá a parar a manos adecuadas.
Soy hombre de negocios. Tomo mis precauciones.
¿Qué pasará con los pasajeros?
Utilizaré toda mi influencia.
Entonces, ¿es seguro?
En la Habana, doctor, de lo único que se puede estar seguro es de...
un cigarro.
Hola Berg.
¿Podemos hablar?
No. Lo siento Schiendick, no tengo tiempo.
Vaya, vaya.
Una actitud poco amistosa.
Estos momentos son un poco raros, Berg.
Yo tengo que asegurarme de que se mantiene la influencia del partido.
No siempre es fácil.
- Tenemos que ayudarnos. - ¿Qué pretendes?
Como representante del partido he de saber siempre lo que ocurre.
Y eso, ¿qué tiene que ver conmigo?
Verás,
tú eres muy amigo del camarero del capitán, Max Gunter,
probablemente él tendrá ocasión de ver los mensajes de radio.
- Un momento, me pides que espíe... - En tu propio interés, Berg.
Tengo que vigilar a los subversivos.
Y tu íntimo amigo, Max Gunter, está enamorado de una judía,
¿sabes lo que eso significa? ¿conoces las leyes raciales?
y también a ti te he visto arrastrarte ante ellos.
Si tuviera que decidir entre ellos y tú, no dudaría.
Tengo testigos de tu actitud.
¡Y crees que me importa! ¡Al infierno tú y tu partido!
Con vuestras promesas, hacéis que la vida sea imposible para todos.
Amenazas, espiarnos unos a otros.
¡Ya estoy harto!
Puede que a los demás les dé miedo decírtelo, pero a mí no.
Estás en mi lista.
Egon.
Esos hombres de la cabeza afeitada, ¿son criminales?
Son maestros.
He hablado con ellos.
Su único delito es ser judíos.
Perdón.
Es vergonzoso.
Están por todas partes. Como animales en la selva.
Es normal.
¿Cómo saben cuáles de ellos son nazis?
Son jóvenes. Tienen miedo.
Hacen el amor como forma de escape.
Es una afirmación de la vida.
Por amor de Dios, Egon, no hace falta que me lo digas.
- ¡Hombre al agua! - ¡Hombre al agua!
¡Hombre al agua!
Puente.
Hombre al agua. A babor, señor.
Hombre al agua, señor. A babor.
Preparados para virar.
¿Era un pasajero?
Yo le vi saltar, era Berg, Heinz Berg, de la sala de máquinas.
¿Un marinero?
Si está vivo, ya estará a kilómetros de distancia.
No hay posibilidad de encontrarlo en esta oscuridad.
Pobre Berg.
Señor Clasing.
Señor Goldsmith.
Le presento a Morris Troper, director de la Agencia Judía en Europa.
Luis Clasing, director local de la línea Hamburg-Amerika.
- ¿Estadounidense, señor Troper? - Sí, y muy sediento.
Lo comprendo.
Por favor, siéntense.
- ¿Qué quieren tomar? - Una cerveza fría, por favor.
- ¿ Y usted, Goldsmith? - Lo mismo, por favor.
- Dos cervezas frías, por favor. - Sí, señor.
- ¿Cuándo ha llegado? - A las dos de la mañana.
- Debe de estar cansado. - No.
Tengo entendido que viene usted de París.
Hermosa ciudad.
- ¿Lotería? - No, no, no. Gracias.
No, no, no. Gracias.
Señor Clasing.
¿Lotería?
Quiero respuestas concretas.
¿Respecto a qué?
A los permisos de desembarque
que su compañía facilitó a los pasajeros del "St. Luis".
No valen ni el papel en que están escritos.
Quizá sean limitados, en efecto.
Pero válidos para permitir que los pasajeros bajen a tierra.
¿Está seguro?
Tengo la palabra de honor del director de lnmigración.
Benítez, el director de lnmigración, no se distingue por su honradez.
- Es un político, señor Goldsmith. - Esto no me gusta.
De pronto se autoriza a mil judíos para que salgan de Alemania.
¿Por qué?
- ¿Por qué? - Ha sido un gesto.
- El comienzo del deshielo. - ¿Sí?
Y tan pronto como zarpan
comienza toda esa propaganda nazi, en Europa, en toda América.
- ¿Por qué? - ¿Por qué?
Ustedes recelan de todo el mundo,
siempre andan buscando intenciones ocultas.
Ustedes nos han enseñado con sus pistolas, sus porras,
sus campos de concentración.
No admito que nos ofenda.
Clasing.
En este asunto hay algo podrido y voy a averiguar qué es.
Lamento no poder ayudarlo, señor Troper,
no soy más que un consignatario marítimo.
Buenos días, señores.
23 de Mayo 1939. Palacio Presidencial.
Permitiré que el "St. Luis" entre en puerto y se avitualle.
Me sorprende usted, querido Remos.
Al principio apoyó firmemente esa decisión.
Porque era la única forma de parar a Benítez
y acabar con su chantaje.
Pero lo hice sin tener en cuenta los aspectos morales.
Ya he advertido en otras ocasiones
que a veces confunde usted lo moral con lo práctico.
No estamos obligados con esas personas.
Sus permisos de desembarco sólo son legales para turistas.
Y por mucho que uno esfuerce la imaginación,
es imposible que unos refugiados, obligados a abandonar su país,
se puedan considerar turistas.
¿Qué opina del general Batista?
Se dice que él está a favor de que desembarquen.
Pronto tendré más elementos de juicio
para decidir en un sentido o en otro.
Él esperará a ver qué decide usted y luego hará exactamente lo contrario.
También hay que considerar la actitud estadounidense.
Batista y Roosevelt.
Los dos pilares de la política cubana.
Batista no dirá nada, tiene miedo de perder su popularidad.
En cuanto a Roosevelt, tiene encima las próximas elecciones
y el paro que aumenta en Estados Unidos.
Sorpresa.
Creí que no vendrías.
Ojalá pudieras estar ahí.
¿No puedes colarte?
No.
No está permitido.
Disfrázate de bandido.
Ponte esta careta.
Piensa que dentro de dos días, llegaremos a la Habana.
Sí.
lntenté verte bailar.
- ¿ Y me viste? - Sí.
¿Te pusiste celoso?
Aunque así fuera, no te lo diría.
Anna.
Hay algo...
Hay algo que sí quisiera decirte.
Es...
Lo sé.
En cuanto lleguemos yo bajaré a tierra y tú...
Viena, Viena,
solamente tú eres la ciudad
de mis sueños.
Ciudad de edificios antiguos
y de mujeres encantadoras.
Viena, Viena,
solamente tú eres la ciudad
de mis sueños.
La ciudad donde soy afortunado y feliz.
Es Viena, es Viena.
Mi Viena.
Es curioso.
Estos judíos...
Añoran Alemania.
¿ Y por qué no?
Al fin y al cabo, son alemanes.
Toque música cubana, algo rápido y alegre. Una conga.
- Sí, enseguida. - Toque una conga.
Una conga.
¿Quién es?
Doctor Glauner. ¿Puedo hablar con usted un momento?
No te vayas.
¿Qué quiere?
El profesor Weiler acaba de morir.
Entonces, ¿para qué me necesita?
El capitán quiere que usted compruebe la causa de la muerte.
Ahora voy.
Sí, estoy de acuerdo con su diagnóstico.
Por lo que me ha dicho es una oclusión de coronaria.
¡Médicos!
Mi marido ha muerto porque se le ha roto el corazón.
Si me disculpan, me gustaría quedarme a solas con mi marido.
Gracias, capitán.
Gracias, doctor.
¿Quería hablar conmigo, capitán?
¿Cómo lo ha sabido?
Pues, el diagnóstico del doctor Glauner no requería confirmación.
¿Ha visto las gaviotas esta tarde? Ya estamos cerca de tierra.
- ¿Por qué quiere hablar conmigo? - Porque tengo confianza en usted.
Hace una hora, he recibido un mensaje
del director de la Hamburg-Amerika en la Habana.
El presidente de Cuba ha manifestado
que la presencia del "St. Luis" atenta contra sus leyes.
¿Quiere decir...
que podría negarnos la entrada?
- Dudo que llegue a ese extremo. - ¿Cuáles son sus planes?
Desearía formar un comité de pasajeros
a quienes consultar y contar con ellos para evitar el pánico.
¿Quiere usted presidir ese comité?
Profesor, necesito a alguien respetado por todos.
Lo siento muchísimo, capitán, no soy el hombre adecuado.
No obstante, estoy a su disposición si me necesita.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Sábado, 27 de Mayo de 1939. Entrada en el puerto de la Habana.
Mira. Mira a tierra.
Yo no veo. Yo no veo.
¿Qué miran?
La Habana, mira, allí está.
El práctico del puerto, señor.
Vengo para llevarle al embarcadero de la línea Hamburg-Amerika.
Atracará allí para repostar y luego fondeará en el exterior del puerto.
¿Por qué?
Yo sólo cumplo órdenes, señor.
Muy bien. Llévenos.
- ¿ Ves a tus niños? - No, estamos demasiado lejos.
Egon, ¿sabes una cosa?
Esto no es Berlín.
Me temo que no.
Estoy impaciente por desembarcar.
- Tienen ustedes una hija, ¿no? - Sí.
Sí, lleva aquí casi un año. Es profesora de idiomas.
- El capitán Schroeder, por favor. - Venga, señor.
Pasa, pasa.
Vengo con él, soy ayudante del señor Clasing.
- Sí, sí, ¿puede usted identificarse? - Sí.
Es el carné de un periódico alemán "Der Stuhrmer".
Sí, represento a ese periódico y también al "Hapag".
Lo siento, pero no puede subir a bordo,
sólo los que tengan pase de las autoridades cubanas.
¿Puede traerme a alguien de la tripulación?
El contacto entre los que están en el barco y los de fuera está prohibido.
Tiene que irse.
Verá, sólo quiero darle estas revistas a un amigo.
Tienen un gran valor.
¡Oiga! ¡Oiga, camarero!
Soy Robert Hoffman, amigo de Otto Schiendick.
Por favor, dígale que venga. Deprisa.
Otto Schiendick, por favor.
Oiga, ¿qué pasa aquí?
Gunter, ¿ha venido alguien de la línea Hamburg-Amerika?
Sí, dijo que se llamaba Hoffman.
- Preguntó por ti. - ¿ Y por qué no me has llamado?
- Tu obligación era buscarme. - No tenía tiempo.
Además, la policía lo echó del muelle.
Te crees muy inteligente, ¿verdad?
Alguien especial, camarero del capitán.
He estado observándote, Gunter.
¿Es usted quien está detrás de toda esta basura?
No entiendo.
Sus comunicados.
Una colección de pseudo-verdades, evasivas, advertencias.
Capitán, le comprendo y lo siento muchísimo.
No encuentro ningún placer en este desagradable asunto.
Por eso he venido a explicarle a usted lo que pueda.
Sí, tengo derecho a saber qué significa todo esto.
Escuche.
Los permisos de desembarque de los pasajeros no son válidos.
¡No son válidos!
Por desgracia es verdad.
Cursaron la orden justo antes de que saliera usted de Hamburgo.
¿ Y por qué nos permitieron zarpar?
Verá usted.
El señor Benítez, el funcionario que firma las órdenes,
nos aseguró que en este caso especial recurriría.
- Siéntese. - Gracias.
Pero ahora no logramos ponernos en contacto con el señor Benítez.
Se oculta y no contesta a las llamada telefónicas.
¿ Y qué ha hecho usted al respecto?
- ¿ Yo? - Sí.
He intentado localizarlo. ¿Qué más puedo hacer?
Capitán, si tuviera usted idea de mis problemas...
Sus problemas no me interesan, señor Clasing,
lo único que me importa es desembarcar a mis pasajeros.
Claro, capitán. Debería de analizarlo así.
Usted ha atracado su barco en el puerto de la Habana.
Su misión en este viaje ha terminado.
Los pasajeros ya no son de su incumbencia.
Piénselo de otra manera.
Son judíos.
A lo mejor pueden andar sobre el agua.
Estas personas, señor Clasing, sean judíos o no,
son responsabilidad mía hasta que abandonen el barco.
No lo olvide.
¡Y ahora, salga de mi barco!
¡Lleve a mis pasajeros a la Habana!
Y en nombre de Dios, hágalo deprisa.
- No se apure, yo lo arreglaré. - Gracias.
Seguid mirando, quizá vuestro padre esté ahí.
¿Tú crees?
Allí están mis hijos.
¡Dieter!
¡Helga!
Señor Estedes.
- Doctor... - Strauss.
Strauss, claro.
Ya sé que es desconsolador, pero...
acaban de decirme que incluso con los visados en orden
no se les permitirá desembarcar.
Usted dijo que sí, si se ocupaba de ellos la persona adecuada.
Sí, pero en este caso la única persona adecuada es el presidente
y él está ocupado jugando al gato y al ratón.
¿Por qué no te pones las gafas?
Pero dijo que había otras personas poderosas que podían hacer algo.
Batista está...
en la sombra vigilando.
Lo más seguro es que él haga de gato y el presidente de ratón.
¿ Y el ministro de Asuntos Exteriores?
Remos.
Un hombre compasivo.
¿Cómo dice?
Un hombre compasivo.
Tal vez sea su única esperanza.
Pero... pero.
Como los demás, no querrá ver a nadie.
Lo siento, ésta es la situación, doctor Strauss.
- Usted me dio su palabra. - Se la di, sí.
Es todo lo que puedo hacer.
- ¿Quién es, por favor? - Una persona...
de poca importancia pero tiene muchos contactos en el Gobierno.
Es un poco a la desesperada,
pero cuando ya no hay nada que perder,
hay que apostar a lo que haya, ¿no cree?
Señor Estedes, hace casi dos años que no veo a mis hijas.
Lo sé, lo sé, doctor.
Todo esto es más grave de lo que yo creía.
Ricardo.
Cuando un hombre como nuestro presidente
abandona los negocios por la política,
es que ha llegado el momento de invertir en el extranjero.
¡Socorro! ¡No me cogerán!
¡No me cogerán!
¡A mí no!
¡A mí no! ¡No me cogerán!
¡No me cogerán!
¡No me cogerán!
¡Apártense!
¡Papá!
¡No! ¡Por favor, mamá!
¡Sálvenlo!
Dice que los turistas son unos animales y que ésta es la forma...
Se me ha enganchado.
Ayúdame, ¿quieres?
Sí, se le ha enganchado la cadena en el pelo.
Tira.
- No quiero hacerle daño. - Dale un tirón.
Dame un cigarrillo, por favor.
Me han dicho que me esperabas.
Sí.
Tenía que verla.
Muy halagador.
Ponte cómodo.
¿Prefieres que te desnude yo?
¿Por qué tenía que ser yo precisamente?
Te recuerdo a alguien.
Mis hijas están en el "St. Luis".
José Estedes pensó que usted podría ayudarme.
Llevo dos años trabajando para traer aquí a mis hijas.
Y ahora no puedo sacarlas de ese barco.
¿Por qué piensa que yo puedo ayudarle?
No lo sé. Estoy desesperado.
El director de lnmigración no quiere recibirme y mis hijas tienen visado.
Es un cerdo.
Mi única esperanza...
La única esperanza que me queda es el ministro de Asuntos Exteriores.
¿Podría usted pedirle que me recibiera?
Yo no le conozco.
Perdone que le haya hecho perder el tiempo.
Doctor.
Conozco a muchos otros miembros del Gobierno.
A algunos muy bien.
No puedo prometérselo.
Pero intentaré concertarle una entrevista.
Gracias. Gracias.
Martes, 30 de Mayo de 1939. Puerto de la Habana.
¿Te lo habrías imaginado, Aaron?
¿Que nos pondrían policías para evitar que nos suicidemos?
El comité cree que son necesarios.
¿Otra vez?
Hace dos días era usted periodista.
- ¿Puedo subir a bordo ahora? - Sí.
Deje eso. Por favor.
No se permite subir nada a bordo.
- ¿De qué periódico es? - "Der Stuhrmer".
Yo esperaba al señor Clasing. ¿Por qué viene usted?
¿Hay alguna noticia?
Ninguna.
Le seré franco: sus pasajeros no me importan nada.
Soy el jefe del servicio de espionaje en el Caribe.
lnformo directamente al capitán general Canaris.
¿Espionaje?
¿ Y qué tiene usted que ver con el "St. Luis"?
¿Por qué está aquí?
Ha anulado los permisos de desembarque del personal
mientras esté anclado en la Habana.
¿ Y qué?
Pues, que volverá a concederlos a partir de hoy.
Cree que puede darme órdenes en mi barco.
Son órdenes de Berlín,
si las desobedece, dispóngase a sufrir las consecuencias usted mismo
y su familia.
No disfruto amenazándolo, capitán.
Usted es uno de los nuestros.
Si le digo que tenemos información
sobre un aparato que puede localizar submarinos mediante ondas sonoras,
información de importancia vital que hay que llevar a Alemania,
es porque confío en su sentido del honor como oficial de Marina.
El primer grupo desembarcará esta tarde,
entre ellos está el camarero Schiendick.
Bien.
Perdone, un caballero desea verle porque...
No, ahora no, Gunter.
Dígame, ¿qué va a ser de mis pasajeros?
A mí sólo me concierne la misión del espionaje.
Lo referente a la propaganda no es de mi incumbencia.
¿Propaganda? ¿Qué quiere decir?
Jamás se pensó en autorizar el desembarco de sus pasajeros.
Gran pérdida, ¿verdad?
Como puede ver,
obligamos al mundo a enterarse de que hay un problema con esta gente.
Buscamos métodos para tratar con ellos.
Y cuando libremos a Alemania del problema,
nadie tendrá derecho a oponerse.
Ha sido un ejercicio muy útil.
Buenos días, capitán.
No se imagina la cantidad de llamadas telefónicas
que he recibido de amigos y ministros,
rogándome que accediera a esta entrevista.
Todas debidas, según creo, a una amiga suya.
Una jovencita.
No parece muy misterioso y sentía curiosidad por saber qué...
Es absurdo.
Sus hijas son lo que importa, naturalmente.
Perdone.
Lo siento.
No pretendía...
He esperado tanto tiempo.
Todo lo que tenía lo he empleado en pagar los permisos, los visados.
He vivido sólo para volver a verlas.
¿Sus hijas tienen de verdad los visados?
Sí.
Los conseguí del cónsul de Hamburgo.
Mi mujer tenía que recogerlos pero,
pensó que con el permiso de lnmigración bastaría.
¿Cuenta con los ingresos suficientes para mantener a sus hijas?
Tan solo los siete dólares semanales que me da la agencia judía.
¿Cuál es su especialidad?
Pediatría.
Trabajo en el dispensario público cinco días a la semana.
Recibirá usted un sueldo.
Me dan de comer.
No estoy autorizado para ejercer la medicina aquí.
¿ Y por qué trabaja en el dispensario?
Vi que me necesitaban.
Quería pagar el favor de que me permitieran quedarme en Cuba.
Si es verdad que sus hijas tienen visados,
es una lástima que no haya constancia.
El señor Benítez, de lnmigración, se niega a escucharme,
a menos que le pague mil dólares por cada una.
Benítez.
Doctor Strauss.
Venga conmigo.
Firme usted dos visados inmediatamente.
¿ Visados?
¿Qué visados?
Para las hijas del doctor Strauss, que están a bordo del "St. Luis".
Eso es imposible. No se permite desembarcar a nadie.
Fírmelos.
Pero ese barco es una mina de oro.
Se le ha abierto una investigación, concederá esos visados
o se le trasladará inmediatamente a la prisión de El Morro.
Es un placer servirlo, señor.
Nombres, edades y lugar de nacimiento de sus hijas, por favor.
Nos veremos pronto.
Nos veremos pronto.
Adiós.
Adiós.
No se preocupen.
Saldrá bien para todos. Que nadie se preocupe.
- Sí, está vetado. - Allí está.
- ¿Qué impresión traes? - Mala, Milt.
Explícame.
Dice que la publicidad y las peticiones de gracia
le impiden tomar una decisión objetiva.
Ordena al "St. Luis" que salga de aguas cubanas.
¿Es definitiva?
No. Ha dicho que volverá a abrir las negociaciones
después de que zarpe, si depositamos medio millón de dólares.
Sí, una buena jugada.
¿Qué vamos a hacer?
Estamos contra las cuerdas, pero nos quedan algunos asaltos.
Tú sigue aquí, yo lo intentaré en otros países.
Primero iré a ver a esa gente del barco.
¿Cómo les explicare esto?
¿Qué les voy a decir?
¿Qué impresiones tiene, señor Troper? Díganos.
Estamos haciendo progresos. Seguimos presionando.
No queremos morir.
Queremos bajar.
No queremos morir.
Queremos bajar.
No queremos morir.
- Queremos bajar. - Por favor.
No queremos morir.
Queremos bajar.
No queremos morir.
Queremos bajar.
Me han pedido que os hable.
- ¿Cuándo desembarcamos? - Sí, ¿cuándo?
¿Cuándo?
Hermanos y hermanas.
No abandonéis la esperanza.
Tenemos visados, ¿por qué no desembarcamos?
- ¡Sí! - ¡Tenemos los visados!
La Agencia de ayuda, aquí y en Nueva York,
en todo el mundo,
estamos trabajando para llevaros a un puerto seguro.
- ¿Adónde? - ¿Adónde?
Queremos desembarcar aquí, en la Habana.
- ¡Sí! - ¡Tenemos visados!
El embajador norteamericano espera la decisión de Roosevelt
de un momento a otro.
Dígales que somos responsables
y no queremos caridad. - Tenemos derecho a desembarcar.
- Tenemos profesores... - ¡Tenemos derecho a desembarcar!
- Os digo que os salvaréis. - Pero, ¿cuándo?
Todo el mundo
os está viendo...
y reza por vosotros.
Somos una familia.
Sois mi familia.
A través de los siglos hemos sobrevivido porque
jamás perdimos la esperanza.
Que Dios os bendiga.
Y cuide de vosotros.
- Necesitamos ayuda no oraciones. - ¿Qué ha dicho?
Hora de comer.
¿No te vistes?
Hace demasiado calor para comer.
Me quedaré aquí.
Esa gente de los botes chillando.
Y este calor.
¡Egon!
¡Quietos! ¡Atrás! ¡Atrás!
¡Atrás!
¡Bajen las armas! ¡Bájenlas!
¡Bajen esas armas o haré que la tripulación los eche del barco!
Por favor, tranquilícense. Será mejor para todos.
¿Es verdad?
¿Nos vamos de aquí?
Por favor, vayan al salón de reuniones,
el comité les facilitará amplia información.
Adelante.
¡Mira!
Papá.
Miriam, es Mira.
¿De dónde has salido? ¿Cómo has llegado?
Estaba esperando a que desembarcaseis,
no he conseguido un pase hasta hoy.
Observábamos el puerto, los botes.
Papi.
Sólo dispongo de tres minutos.
¿Minutos?
Estás cambiada, no sólo pareces mayor, sino distinta.
Los tiempos han cambiado, papá.
Llevas ropa cara.
¿Maquillaje?
- ¿Qué te has hecho en los ojos? - Ahora no importa.
Yo quería veros, saber cómo estabais.
No entiendo cómo tienes tanto dinero.
¿Cómo lo has conseguido?
- Es mío. Lo he ganado. - ¿Cómo?
- ¿Cómo? - Miriam, por favor.
Lo gané para vosotros. Para ayudaros.
Y guárdalo, por amor de Dios.
Eres la única persona que ha conseguido un pase
y tienes aspecto de ser una...
No tenemos tiempo, lo estamos malgastando.
- No. - ¡No!
¡Miriam!
Es nuestra hija.
Para todo lo que haya hecho,
hay una razón.
No preguntes.
Gracias. Gracias.
- Quizá esa cruz, haga que la acepten. - Sí.
Es mi escudo.
Te quiero.
Mi amor por ti no ha cambiado.
Llevo esperando el día en que volvamos a estar juntos.
Tengo que irme. Tengo que irme.
Adiós.
No.
No, Mira. ¡Mira!
Que Dios te proteja.
Quería decirle tantas cosas.
Ni siquiera sé dónde vive.
Libres de botes, señor.
Bien.
Leven anclas.
Viernes, 2 de junio de 1939. Saliendo del puerto de la Habana.
Martes, 6 de junio de 1939. Esperando en la costa de Florida.
¿Cómo andamos de provisiones, señor Mueller?
En este momento tenemos comida y agua para diez u once días.
Para más si las racionamos.
¿Señor Ostenmeyer?
El problema es el combustible, señor.
Hay suficiente para volver a cualquier puerto de Europa,
pero tiene que decidirse en veinticuatro horas.
Señor, una embarcación oficial se acerca por babor.
Un guardacostas estadounidense.
Está transmitiendo. Aviso para recibir mensaje.
Señora Weiler, ¿es posible?
Es posible.
Mensaje concluido.
Léamelo.
"Atención, capitán del 2St. Luis".
Está usted violando las aguas jurisdiccionales estadounidenses.
No se acerque más. No intente desembarcar.
No se le permitirá, repito,
no se le permitirá atracar en ningún puerto de Estados Unidos.
Acuse recibo".
Transmita: "Mensaje recibido, enterado".
- Rumbo: Este Nordeste. - Este Nordeste, señor.
Mantenga la velocidad.
Sí, señor. ¿Punto de destino?
Miércoles, 7 de junio de 1939. En algún lugar del Atlántico.
Max. ¿Qué pasa?
Señor Pozner, ¿podría hablar un momento con usted?
Sí, pase.
En realidad, no sé si debería decírselo.
Todo el mundo cree que estamos volviendo a Cuba.
Pues, no es así.
Regresamos a Hamburgo.
No puedo creerlo, el capitán nos lo habría comunicado.
Sí, lo va a comunicar.
Lo comunicará,
pero no antes de que llevemos un día de viaje.
Y, ¿por qué me cuenta esto, Max?
¿Por qué?
Porque pensé que debería saberlo.
No sé. Yo...
Lo siento.
Perdóneme.
Señor Pozner.
¿Puedo hacerle una pregunta?
Por favor.
¿Qué significa ser judío en Alemania?
Es algo que te están recordando constantemente.
Eres judío.
¡Max!
Shalom.
¿Se lo has dicho?
Sí.
¿Qué va a hacer?
No lo sé.
No se puede hacer nada.
La única forma de salir del barco...
fue la que escogió mi padre.
No, por favor, por favor.
- Por favor, no digas eso. - Es así.
¿No te das cuenta? Es así.
Fue el único que se liberó.
Abrázame.
Estoy asustada.
No soy fuerte.
No soy tan valiente como lo fue mi padre.
Me dan miedo esos campos.
Las cosas que hacen allí.
No sé.
Nunca supe...
lo que es ser una mujer.
Prométeme...
Prométeme que no iré a uno de esos campos.
Prométemelo.
Te lo prometo. Te lo prometo.
¿No lo sabéis?
Prost.
Prost.
Os lo voy a decir. Estáis todos en mi lista.
Vamos a registrar este camarote.
¿Por qué?
Tengo autoridad para controlar a los que crean problemas.
No toque eso.
Ya os toca raparos la cabeza otra vez.
Gunter.
Gunter.
Gunter.
Abra.
Max.
Dios.
Perdone.
Señora.
Ese vestido, ¿no es de Anna Rosen?
La señora Rosen ha dicho que se limpie inmediatamente.
¿Dónde está?
Hace dos días que la señora Rosen no sale de su camarote.
- Démelo. - Pero...
Yo me encargaré.
Señora Rosen.
Señora Rosen, soy Denise Kreisler. ¿Puedo pasar?
¡Dios mío!
Se lo agradezco.
¿Le han quitado la mancha?
Se lo hice a Anna para que lo llevara en el baile.
Lo sé.
Yo hice de todo por ella.
Lo intenté.
De verdad que lo intenté, pero se ha ido.
Se ha ido. Yo no estaba allí cuando me necesitaba.
Era tan delicada que me preocupa que tenga frío.
Señora Rosen, por favor. Levántese. Venga conmigo.
- ¿Qué hace? - Venga conmigo.
- Vamos a salir de aquí. - ¿Qué hace aquí?
Salgamos de aquí.
Fuera. Apártese de mí.
- Señora Rosen. - Déjeme.
Su marido está vivo. Está en un hospital en Cuba.
Se pondrá bien.
La necesitará cuando salga, lo que hace usted no está bien.
No lo comprende, debo ser castigada,
Me equivoqué. Le fallé.
Ahora quiero que Dios vea que lo siento.
Que lo siento de verdad, por favor.
Por favor, tiene que devolvérmela.
Escúcheme.
Anna está muerta. Está muerta, ¿me oye?
Pero usted está viva. Su marido la necesitará.
¡No!
¿Qué dirá él cuando no la encuentre?
¡No! ¡No!
No, no siga hablándome, tengo cosas que hacer.
Tengo que hacer muchas cosas.
Muy bien. Muy bien.
Deme las tijeras. Yo la ayudaré.
¿Quiere humillarse a sí misma?
¿Quiere castigarse? ¿Es eso lo que quiere?
Diga, ¿es eso lo que quiere?
Mírese antes.
Mírese.
Lo sé.
Lo sé.
Dos idiotas sin valor para afrontar la vida.
¿Los conocías?
¿Sabías tú lo que sentían?
Tú los comprendes.
Comprendes que se rindieran. Comprendes el miedo.
Yo los desprecio.
Los desprecio.
- Denise. - ¡No!
Haces que me sienta culpable porque quiero vivir.
Estar contigo, no como ellos, ellos despreciaron su vida.
Pero sentirás algo por esos muchachos.
Sí, los compadezco.
Murieron como unos pobres niños temerosos de la oscuridad.
¡En eso nos han convertido!
¡Denise!
No lo aceptaré.
No lo aceptaré.
Yo quiero...
Yo quiero al hombre con el que me casé.
Antes eras arrogante.
Seguro de ti mismo.
- Ahora te has vuelto débil, indeciso. - Denise, he dejado de fingir.
- ¿Por qué te rindes? - ¿Sabes lo que nos va a pasar?
Aquí todo el mundo está haciendo planes.
lntentando encontrar una salida.
- Pero, tú... - Te das cuenta
de que dentro de dos días, cuando atraquemos,
la Gestapo estará esperándonos.
Mira.
Mira esto.
Así es como acabaremos todos.
No tenemos más tiempo.
Ve a ver al capitán.
Oblígalo a hacer algo.
¿Cuál es nuestra posición?
A unos cuatrocientos kilómetros oeste suroeste de Finisterre.
En la costa sur de lnglaterra.
¡Quieto todo el mundo!
¡La sala de radio!
¡Nos vamos a hacer cargo del barco!
¡No conseguirán nada!
Tendrán que controlar la sala de máquinas
y a toda la tripulación.
Le tenemos a usted y a todos sus oficiales.
¡Son nuestros rehenes!
- ¿Para qué? - Para salvar la vida.
La vida de todos nosotros.
Pondrá rumbo hacia cualquier lugar menos a Alemania.
Hagan ustedes lo que hagan,
no daré orden de cambiar el rumbo del barco
y sin ella no conseguirán nada.
Es el timonel, por amor de Dios, déjenlo.
No intenten oponerse
y no les haremos daño.
Todos nosotros sentimos la misma angustia.
Pero lo que están haciendo es un motín.
Bien.
Si sueltan las armas y se marchan,
les prometo que no se hará nada contra ustedes.
¡No!
¿Qué pasa aquí?
¿Se han vuelto locos?
- Suéltelo. - Si no está de acuerdo, salga de aquí.
Y consentir que sigan con esta estupidez.
¡Salga! ¡Salga del puente!
¡No pueden continuar con esta estupidez!
¡Están solos! Nadie les secundará.
No necesitamos a nadie más.
¡Fuera! ¡Lárguese!
Sí, y la tripulación atacará el puente y acabará con ustedes.
Por amor de Dios, mañana llegaremos a las costas inglesas,
después entraremos en el Canal, sólo queda un día para llegar a Hamburgo.
Capitán, a todos los que soltaron de los campos de concentración,
les dieron catorce días para abandonar Alemania
y les dijeron que el que volviese sería ejecutado.
Nosotros no volveremos.
Haré cuanto esté en mi poder para impedir eso.
Les doy mi palabra de honor.
¡Su palabra de oficial alemán!
De cristiano.
Los cristianos construyeron los campos de concentración.
Los cristianos nos hacía pasar hambre y nos asesinaban.
- Su palabra de cristiano. - ¡No!
Su palabra de hombre.
¿Saben lo que este hombre hizo por nosotros?
lntentó conseguir los permisos para que desembarcáramos.
Del presidente de Cuba.
De nuestro embajador en la Habana.
¿ Y saben lo que arriesgaba?
A sus hijos, a su familia.
¿ Y qué garantías tenemos de que no nos desembarcarán en Hamburgo?
Él es nuestra garantía.
¿Sabe usted cómo hay que llevar un barco?
Si toma el barco, nos hundirá a todos.
Capitán.
Aaron.
Tome el timón, Koster.
- Mantenga el rumbo. - Sí, señor, el mismo rumbo.
Este incidente ha pasado.
Lo olvidaremos todos.
Gracias, profesor. Estoy muy agradecido.
Quiero mostrarle algo.
Lo introdujeron por debajo de mi puerta
nada más zarpar de la Habana.
Está firmado por doscientos pasajeros.
Todos han jurado que antes de volver a Hamburgo,
se arrojarán al mar cogidos de los brazos.
Somos personas desesperadas, capitán.
Jamás he dudado de la sinceridad del mensaje.
Tiene que hacer algo inmediatamente.
De lo contrario llevará a Hamburgo un barco vacío.
Mañana estaremos a la altura de la costa de Sussex, en lnglaterra.
Hay un arrecife de rocas oculto, a un cuarto de milla de la costa,
por donde tenemos que entrar en el Canal.
Pretendo encallar mi barco en ese arrecife,
incendiarlo y llevar a mis pasajeros a la costa.
Sin embargo, es preciso que parezca un naufragio auténtico.
¿Se da cuenta de lo que nos pasaría si existiera la mínima sospecha?
Hágalo.
No se lo diga a nadie, pero hágalo.
Jueves, 15 de junio de 1939.
Emita el SOS.
Pronto veremos la costa de lnglaterra.
Estoy recibiendo algo.
Señoras y caballeros.
Acabo de recibir un cable.
Y dice...
Dice lo siguiente:
"Ultimamos con éxito arreglos finales para desembarco de todo el pasaje.
Los gobiernos de Bélgica, Holanda, Francia e lnglaterra,
acceden a admitir a todos los pasajeros.
El "St. Luis" atracará en el puerto de Amberes.
Nuestras plegarias han sido escuchadas.
Dios guíe al 'St. Luis"'.
Firmado: Morris Troper.
Dos meses después del atraque comenzó la Segunda Guerra Mundial.
Aaron Pozner fue capturado por la Gestapo en Holanda
y murió en Auschwitz.
Joseph Manasse fue capturado por la Gestapo en Francia
y murió en Auschwitz.
Alice Feinchild sobrevivió y se reunió con sus hijos en 1946.
Lili Rosen se reunió con su marido Carl en lnglaterra.
El Sr. y la Sra. Hauser utilizaron los 1.300 dólares de Mira,
como soborno, y sobrevivieron a la ocupación alemana de Bélgica.
El profesor y Denise Kreisler fueron enviados al campo de concentración
Westerbork, en Holanda, donde sobrevivieron.
Otto Schiendick fue fusilado por un pelotón inglés en Hamburgo en 1945.
El capitán Schroeder fue injustamente juzgado
por crímenes de guerra,
pero gracias al testimonio de los supervivientes del "St. Luis",
resultó absuelto.
El gobierno de Alemania Occidental,
le concedió una medalla por sus servicios humanitarios.
De los novecientos treinta y siete pasajeros,
unos seiscientos murieron en campos de concentración nazi.
El "St. Luis" fue destruido por las bombas de los Aliados
en Hamburgo, en 1944.
Esta película está basada en un hecho real.
Algunos nombres y circunstancias se han cambiado
para salvaguardar la intimidad de los supervivientes y sus familias.
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