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LA HECHICERA BLANCA
En el a�o 1907, el barco de vapor del gran R�o Congo llegaba
hasta N'zem, el �ltimo puerto de la civilizaci�n.
Jack, �c�mo se te ha ocurrido poner a estos dos juntos? Sep�ralos.
- �Sra. Burton? - S�. �El Sr. Huysman?
- A su servicio. Bienvenida. - Gracias por venir a recibirme.
Recib� carta anunciando su llegada y diciendo que me ocupase
de enviarla a la misi�n de la Dra. Mary.
Nuestra misi�n ha requerido con frecuencia mis servicios, pero
esta vez el encargo es muy agradable.
Cuando dijeron que enviaban una enfermera, no me figuraba que...
�Entonces ya ha hecho los preparativos?
Claro. Ya s� la importancia que tiene su labor.
En el Congo har�an falta muchas m�s como usted.
Por desgracia, la Dra. Mary ya no est� all�.
- �Le... ha pasado algo? - No. Durar� m�s que la selva.
Es que ha habido una epidemia grave r�o arriba. Casi en las monta�as.
- �Ser� posible que me re�na con ella? - Sab�a que lo deseaba.
Me tom� la libertad de hacer los preparativos necesarios.
Todo es poco cuando se trata de hacer algo por la misi�n. �Nos vamos?
- El equipaje de la se�ora. - En cuanto termine con esto.
Lonni, la Sra. Burton. El Sr. Douglas, mi �nico socio.
El Sr. Dauglas va ma�ana r�o arriba. �l la dejar� con la Dra. Mary.
�Es usted la nueva ayudante de la Dra. Mary?
- Vaya sorpresa para �frica. - Listo, Sr. Lonni.
�Arriba con ella!
�Vendr� su marido a reunirse con usted donde est� la Dra. Mary?
- No, claro que no. - Entonces siga mi consejo
- Y vu�lvase a Leopoldville. - No puedes desanimarla.
La Sra. Burton ha recorrido miles de kil�metros. No se va a volver ahora.
�Cu�ndo comprender�n los de la misi�n que lo que necesitan es un medico,
un hombre?
La Dra. Mary parece que no lo hace mal y es una mujer, �verdad?
- La Dra. Mary es un caso distinto. - �C�mo sabe que yo no lo soy?
No es de sabios juzgar por las apariencias.
Lo que me pregunto es por qu� raz�n ha venido usted aqu�.
�Fuera de aqu�!
Tapadle con unas mantas hasta que se le pase el sudor.
Si coge una pulmon�a, se nos va la ganancia.
- Me apresur� en sacar el rev�lver. - No te preocupes. No ha pasado nada.
Si ese animal hubiese conseguido escapar s� hubiesen ocurrido cosas.
Un gorila vivo vale 5 � 6 mil francos. Muerto no es m�s que una alfombra.
- �Y cu�nto vale un ser humano? - No capturo seres humanos.
Eso se lo dejo al consejo de la misi�n.
Cuando termines la carga quisiera hablar contigo.
No le juzgue mal. Lleva un d�a agotador.
�Me permite que la acompa�e a su humilde morada?
- �Y bien? - No encontrarle, bwana.
Esto no es Leopoldville, en alg�n sitio ha de estar. Mira en el barco.
- Puedes ahorrarte el viaje, Jack. - Gracias, Sr. Lonni.
Te estuve esperando. �D�nde has estado?
Por ah�, paseando desde el ayuntamiento a la �pera.
- Pensando. - No te va eso de pensar.
Vamos, s�rvete un trago.
�Por qu� no? El �ltimo.
- �Qu� quieres decir con eso? - Que me voy a Leopoldville.
Y de all�, en el primer barco que salga a donde sea.
- �Te vas de �frica? - En botas de siete leguas.
Tenemos un pacto hecho. Somos socios.
- �Qu� va a ser del oro? - �Qu� oro?
Te desalientas f�cilmente. No somos unos ni�os que sue�an con cuentos.
Sabemos que hay oro en esa comarca, en este viaje lo encontrar�s, seguro.
Si tan seguro est�s, �por qu� no vas t� mismo y lo traes?
�Yo? Fracasar�a. Por eso hicimos nuestro convenio.
Un comerciante y un hombre nacido en la selva que conoce cada �rbol
- Y cada piedra... - �Y qu� beneficios he obtenido?
Enviara fieras a los zool�gicos para que las vean los ni�os.
Los animales son mal negocio. Apenas cubren los gastos.
- Pero despu�s de este viaje... - No habr� ning�n viaje.
Te voy a dejar con tus fantas�as. Y dejar� en paz a las fieras.
Llevo aqu� tanto tiempo que ya he empezado a portarme como una.
Me voy antes de que ande a cuatro patas.
S� razonable. Conoces los rumores de que el gobierno belga se va a hacer
cargo de la situaci�n. Eso quiere decir ley y orden.
El estado libre del Congo no se crear�.
Ser� el fin para los hombres de iniciativa como nosotros.
- Nos quedan pocos meses. - �Cu�nto dinero tenemos guardado?
2.000 francos y cuando nos paguen este viaje...
Me conformo con mis mil ahora mismo.
Un viaje m�s y podr�s irte como un rey en lugar de como un aventurero.
Un aventurero puede llegar a ser rey en cualquier parte menos aqu�.
�No puedes abandonarlo todo por un momento de mal humor!
El dinero.
De acuerdo, Lonni.
- Pepitas, Lonni. - Eso puedo verlo.
Pepitas que no hay que arrancar de la tierra.
Se encuentran a pu�ados en los arroyos. Se tropieza con ellas
en las praderas de los elefantes. Oro puro. Pur�simo. Digno de un rey.
- �De d�nde has sacado eso? - Me lo dio un ind�gena antes de morir.
- �Cu�ndo? - Hace mucho tiempo.
- Siete a�os. - Y llevamos tres y medio de socios.
S� lo que est�s pensando. Pero has de comprender mi posici�n.
Toda mi vida est� ligada a ese oro. No pod�a fiarme de nadie.
Si hubiese corrido la voz hubieran venido tras �l miles de hombres.
Puede que vinieran a buscarlo, �pero d�nde?
No creas que estuve ocioso estos siete a�os. No dej� de investigar.
Fui reuniendo datos. Rumores, leyendas, falsas verdades, verdades...
Finalmente vi que todo apuntaba a una misma direcci�n. Esta zona.
- Donde he estado estos �ltimos a�os. - En todas partes menos aqu�.
- Donde vive la Dra. Mary. - Muy cerca del territorio Bakuba.
Si recelan que voy a ir por all�, terminar� insertado en una estaca.
Con este pretexto no, Lonni. Todos los ind�genas te conocen.
Sus tambores avisar�n que vas y el porqu�. Acompa�as a una enfermera
de la Dra. Mary. �Puede haber algo m�s inocente?
Es una oportunidad que nos depara el cielo.
Lonni, por favor... Adelante.
Ah, Sra. Burton, pase, por favor. Pase.
- �Puedo servirle en alguna cosa? - S�, en una.
Con el jaleo de esta ma�ana parecen haberse olvidado de mi viaje.
�Me va a llevar el Sr. Douglas y si lo va a hacer, cu�ndo?
Justamente est�bamos hablando de ello.
�Bien, Sr. Douglas?
Saldremos al amanecer. La acompa�ar� a su pabell�n.
No ser� necesario.
�frica es m�s peligrosa cuanto m�s segura se la cree.
No debe andar sola a estas horas de la noche.
- Tratar� de recordarlo. - �Nos vamos?
Antes de empezar el viaje quiero advertirle una cosa.
No me gusta sentirme protegida.
Parece creer que vine a �frica como Alicia al pa�s de las maravillas.
Como una ni�a que tropieza en la oscuridad.
Un defecto m�o es llegar a conclusiones prematuras.
Estoy bien preparada para mi labor. Soy enfermera diplomada. Y buena.
Adem�s s� respecto a �frica Central tanto como cualquier extranjero.
He le�do todos los libros que he encontrado. He estudiado el idioma.
�Cu�l de los 2.068 dialectos es el que domina?
- La lengua b�sica, el swahili. - Ese lo dej� r�o abajo.
- Aqu� se habla el cheluba. - Ya me har� comprender.
Estoy segura de hacerlo mucho mejor de lo que usted lo hizo esta ma�ana.
Aqu� amanecer quiere decir exactamente eso. Buenas noches.
Quisiera hacerle una pregunta. Sobre una observaci�n que hizo.
No me haga responsable de nada de lo que dije o hice esta ma�ana.
Se preguntaba por qu� hab�a venido yo aqu�.
- Ganas de hablar. Olv�delo. - �Qu� significaba?
Tenemos que emprender un viaje muy largo y quiero hacerlo en armon�a.
Insisto en querer saberlo.
Para poder contestar tendr�a que hacerle otra pregunta.
�Por qu� no ha venido su marido con usted?
Mi marido ha muerto. �Queda contestada su pregunta?
Es duro admitir que una mujer bonita
se entierre en la selva por amor a la humanidad.
Por amor a un hombre, quiz�. O a la memoria de un hombre.
Buenas noches.
- Jack, �qu� ocurre? - No queda sitio en la barca, se�or.
- �Cu�nto hay que dejar? - El peso de una jirafa peque�a.
Desemb�rcalo.
Llevamos exceso de carga. Debemos llevar aqu� esa caja.
- �Los libros de rezo? - Todo lo dem�s es imprescindible.
- Incluyendo ese co�ac, supongo. - Incluyendo ese co�ac.
He tra�do estos libros de Am�rica para la Dra. Mary.
El consejo de la misi�n los hizo traducir al idioma ind�gena.
De poco nos van a servir si nos hundimos.
Pero si tan importantes son, podemos dejar otra cosa de peso equivalente.
- Uno de esos ba�les, por ejemplo. - �Pero si son mis ropas!
�Por qu� se decide? Por la enfermera mejor vestida de �frica
o por esos libros de rezos en cheluba?
- Llevar� un solo ba�l. - Le guardar� el otro en mi almac�n.
Gracias, pero se me ha ocurrido una idea m�s pr�ctica.
Venid. Venid por estas ropas. Os las regalo.
Esto es muy bonito. Para ti.
Vamos, vamos, venid. No os asust�is. Llev�oslas.
Todas son para vosotras.
�Y bien?
- Jack, carga los libros. - S�, bwana.
- Adi�s, Sr. Huysman. - Adi�s.
- �Comprende mi amo lo que cantan? - Claro que s�.
Si la broma es a mi costa, tengo la desventaja de no entenderlos.
Cantan en loor de la dama que dio a sus mujeres tan bonita ropa.
Tambi�n dicen que es usted m�s bonita que la Dra. Mary.
La Dra. Mary tiene 68 a�os.
�Hablaba de eso los libros que ha le�do?
Pescadores de la tribu Uan.
Aqu� tenemos que descargarlo todo y seguir por tierra hasta donde el r�o
vuelva a estar tranquilo. Las canoas nos las dar�n los "Cabezas largas".
D�jame ver qu� tienes. Ser� s�lo un momento.
Dice que gracias, pero que prefiere que le cure la Dra. Mary.
La choza del jefe. Esa ceremonia es porque alguien se est� muriendo.
Al parecer est� enferma una de las esposas del jefe.
El brujo de la tribu ha diagnosticado que tiene demonios en la cabeza.
Siguiendo la terap�utica africana quiere matar al paciente
para librar al poblado de los malos esp�ritus.
- �Eso es pura barbarie! - As� opina el jefe.
- Es su esposa predilecta. - D�gale que me deje verla.
- Ser�a m�s prudente no hacerlo. - �Por qu�?
A los brujos no les gusta nada que otros intervengan en sus curaciones.
Pero no podemos dejar que la asesine.
�O aqu� se puede?
Pregunta si la magia de usted es tan poderosa como la de la Dra. Mary.
D�gale que tambi�n estudi� en un hospital de blancos.
Y que s� la misma medicina que la Dra. Mary.
Quieta, quieta, no te voy a hacer da�o. No tengas miedo.
Calma, no te har� ning�n da�o.
Es una infecci�n de la gl�ndula linf�tica debido a un flem�n.
Si no se le extrae el diente pronto, puede morir.
- �Qu� piensa hacer? - �Tiene alicates en sus herramientas?
- �Tambi�n sabe sacar dientes? - S�.
Con un trozo de cord�n atado al pomo de una puerta.
Yo ten�a nueve a�os.
Celos profesionales. Se pasa la vida cre�ndose una reputaci�n
y usted la echa por tierra con un par de alicates.
Lo raro es que sus pacientes no mueran de susto al ver su aspecto.
Pues es su traje de los domingos. Deber�a verle de hombre leopardo.
Cuando se dispone a realizar operaciones m�s grandes.
Como asesinato.
Ha causado muy buena impresi�n al jefe.
El cuerpo de baile local va a interpretar la gran distracci�n.
Jack, es mejor que vayas a dormir.
Di a Damu que vigile fuera de la tienda de la se�ora.
�No cree excesivas tantas precauciones?
Es mi costumbre. Desde ni�o me ha gustado ser precavido.
Siendo as�, tambi�n usted necesitar� vigilancia.
- Yo no extraje ning�n diente. - Buenas noches.
A prop�sito, por la ma�ana no se ponga muy deprisa las botas.
- Conviene sacudirlas antes. - S�, lo s�. Las niguas.
Dejan sus cr�as entre los dedos de los pies.
No son mayores que una pesta�a pero su picadura es mortal.
Tambi�n lo le� en los libros. Buenas noches.
�Cuidado!
Nuestro amigo, el brujo. Una gran incisi�n.
Buen cirujano, pero sin escr�pulos. �Se encuentra bien?
Creo que s�.
De haber acertado, hubiera dicho que su magia la habr�a matado.
- Hubiera impresionado a la tribu. - Comprendo que la hubiera hecho.
Esto es un ejemplo de lo que puede esperar aqu�.
Creer� que saldr� huyendo porque un brujo idiota ha intentado matarme.
- No ser�a mala raz�n. - No he venido de excursi�n.
S�, ya me he creado un enemigo, pero tambi�n he hecho amigos.
Y sigue viva una mujer que hubiera muerto por una b�rbara superstici�n.
Tal vez para usted no signifique mucho pero para m� s�.
Es el principio, el comienzo. Y quiero que sepa que soy muy capaz
de enfrentarme a cualquier cosa que se me pueda presentar.
Bien, esta noche no tendr� que enfrentarse con nada m�s.
Yo mismo har� la guardia. Buenas noches.
Mire. El final de su viaje. Justo en aquella revuelta.
- �Qu� ocurre? - Quiere que nos demos prisa.
La Dra. Mary est� muy enferma.
- �Tuvo las fiebres? - S�, bwana.
Fue una gran mujer.
La m�s grande.
No ten�a mucha impedimenta, �verdad?
No. Era mujer que gustaba de viajar con pocas cosas.
Un par de rifles, varias medicinas, la Biblia...
y un gran coraz�n que pertenec�a a todos.
En cuanto volvamos, enviar� sus cosas a la misi�n.
Debe tener alg�n pariente en los Estados Unidos.
�Qu� va a pasar ahora?
Supongo que la delegaci�n de Leopoldville la destinar� a otra parte.
No. Me refiero a aqu�.
Dentro de poco la selva habr� invadido todo esto.
- �Pero y los enfermos? - Utembo har� por ellos lo que pueda.
Si �l consigue curarlos, volver�n a sus tribus. Y si no...
Qu� gran homenaje a la memoria de la Dra. Mary, �eh?
Se�ora, se�ora. Venga. Venga.
Todos los hijos de Adanza mueren al nacer.
Dra. Mary prometi� que este vivir�a. Adanza lo desea much�simo.
Ten esto. �Quiere encender un buen fuego?
Todo ir� bien.
Dice que rezar� una oraci�n por la peque�a mam�.
- �La peque�a mam�? - La Dra. Mary era la gran mam�.
Usted la peque�a mam�.
Eso ha sido lo mejor que ha podido hacer usted en memoria de ella.
- Yo no puedo irme. - �C�mo?
- No puedo volver a N'zem ahora. - �Es que piensa quedarse?
- Durante alg�n tiempo s�. - �Qu� cree que puede hacer aqu�?
- No faltar�n cosas que hacer. - Para un m�dico.
No para una enfermera con su t�tulo reci�n obtenido.
No presumo de eminencia m�dica por haber extra�do un diente
y por haber ayudado a un parto
pero de algo servir� hasta que todos esos pobres se pongan buenos.
�Sabe diagnosticar las enfermedades tropicales? �Puede operar?
Las fiebres de esta tierra no son la viruela. Hay que tener experiencia.
Lo s�. Mire. La Dra. Mary dej� ficha de todos sus tratamientos.
Har� todo lo que ella hubiese hecho. Utembo puede ayudarme.
Debo intentarlo. Trabaj� con tanto inter�s...
Y eso la mat�.
No puedo irme.
Como quiera. All� usted. Dentro de un mes habr� dos cruces en la colina.
Ser� un chico muy hermoso.
S�, y todos los enfermos mejoran, peque�a mam�.
Me alegro. Aqu� tienes a tu hijo.
Le he tra�do sus cosas. �D�nde quiere que las ponga?
- �Se va usted? - Tengo mi trabajo.
S�, es natural.
A�n puedo decir a los muchachos que vuelvan a embarcarlo todo.
Suponiendo que la luz del d�a haya conseguido que vea usted claro.
Que pongan ah� dentro mis cosas, por favor.
- �Qu� te ocurre, Jack? - A�n me duele el pie, mam�.
- �Me curas? - Naturalmente. Si�ntate ah�.
Pasadlo dentro.
Ah� debajo, por favor.
- �D�nde quiere poner el co�ac? - En ning�n sitio, gracias.
Lo traje para la Dra. Mary. Ella lo pidi�, como medicina.
- Tambi�n ah�. - No. Alejado de los libros de rezo.
Me parece que le debo una explicaci�n.
Me lo hab�a imaginado borracho dando tumbos por la selva.
A veces ha pasado.
- Bueno, adi�s. - Adi�s, Sr. Douglas.
- Gracias por traerme. - Quisiera volv�rmela a llevar.
A prop�sito, me dice Utembo que no queda carne en la despensa.
La Dra. Mary acostumbraba a cazar gacelas, alg�n hipop�tamo...
- En fin, lo que la selva le brindaba. - Los ind�genas sabr�n cazar.
Aqu� s�lo est�n los cojos, los enfermos, el beb� reci�n nacido
y no son guerreros.
- �Se le ocurre algo? - S�, muchas cosas. Saldr� a cazar.
Lo que la selva me quiera brindar.
Mientras tanto hay algo que pueda hacer usted. Acabar de curarle.
Si no le molesta la indicaci�n, creo que las municiones le vendr�an bien.
Kapuka llevar arma.
�Usted me dej� coger las municiones que no eran!
Despu�s de esto recordar� lo que dicen los libros.
La soberbia acarrea la destrucci�n y la ira precipita la ruina.
De momento yo me ocupar� del problema alimenticio. Vamos.
Olfatea algo.
- Joven Bakuba. - �Bakuba?
Una tribu de aquellas monta�as. Tribu poco conocida.
- �No son amigos? - Es dif�cil decirlo.
Quien se acerc� bastante para averiguarlo, jam�s volvi�.
�No va a disparar? S�lo es un muchacho.
Es cosa ritual. Todo muchacho Bakuba ha de matar a un le�n.
No me agradecer�a que yo interviniera.
Deme su cintur�n.
Har� una camilla.
- �Qu� tal el paciente? - Las heridas son profundas.
Pero si no se infectan, dentro de un poco podr� volver a cazar.
Los bakuba no mueren f�cilmente.
- �Cu�ndo se le podr� transportar? - No lo s�. �Por qu�?
Podr�a esperarme unos cuantos d�as para llevarlo a su tribu.
�No dijo que nadie hab�a podido penetrar en territorio bakuba?
No creo que recibieran mal a quien llevase al hijo de un guerrero.
Incluso podr�an agradecerlo.
Dije a Utembo que enviase un mensaje a los bakuba diciendo que ten�amos
aqu� al muchacho y que lo llevar�amos en cuanto pudiera moverse.
Me sorprende usted cada vez m�s. Cre� que s�lo pensaba en su trabajo.
No interprete mal mis razones. Es puro ego�smo.
Empiezo a sospechar que no es tan c�nico como aparenta.
Procurar� poner peor cara. Buenas noches.
A prop�sito, todos me llaman Lonni.
Mi nombre es John, pero los ind�genas no sab�an pronunciarlo.
- Buenas noches, Lonni. - Buenas noches.
Peque�a mam� no est� bwana. Ha ido al r�o.
- �La has dejado ir sola? - No pasa nada.
Peque�a mam� es cristiana.
El r�o es zona prohibida despu�s de anochecer.
Todos los animales de la selva bajan a abrevar.
Perdone, ya s� que me lo advirti�. Pero deseaba tomar un poco el aire.
�Ha dormido algo desde que llegamos?
No he tenido tiempo para sentirme cansada.
Nunca imagin� que un r�o pudiera ser tan hermoso.
S�, es un gran r�o. "El regazo de Mungu", le llaman los ind�genas.
El m�s grande de todos los dioses de la selva.
Mi padre dec�a que si Mungu se pon�a de su parte
no habr�a nada en �frica que lo pudiera vencer.
- �Y se puso de su parte? - Siempre fue un cazador errante.
Al morir dej� una herencia muy particular. Un rifle,
dos monos, una jirafa tullida y un hijo de quince a�os.
- �C�mo se port� Mungo con el hijo? - A�n tengo el rifle.
- �Cu�l es su mayor deseo? - Irme lejos de aqu�.
Creo que si una persona pasa gran parte de su vida en un sitio
�sta acaba por darle como una sensaci�n de pertenencia.
La selva jam�s da nada de lo que tiene sin lucha.
Y esta es una lucha para perder.
�En qu� piensa ahora, en su mundo?
- �Por qu� lo pregunta? - No s�. La luna, el r�o...
la sensaci�n de no tener a nadie.
Lo natural en estos casos es tener compa��a.
S�.
- O pensar en ella. - Pensaba en mi marido.
- �Mucho tiempo de casada? - No lleg� a un a�o.
Era m�dico. Le conoc� en el hospital donde yo practicaba.
Ten�a �xito en su profesi�n, pero
quer�a venir a �frica, donde sab�a que m�s se le necesitaba.
Y un mal d�a ocurri� un accidente en el laboratorio.
Por eso vino usted sola.
�Cuando usted haya llevado al herido a su tribu volver� aqu�?
- Eso depende. - �De qu�?
De que si aqu� hay algo que me haga volver.
Me parece que va a ser mejor que nos vayamos.
Como quiera.
Ni usted ni yo debemos estar aqu�. La vida es algo m�s que vivir.
Me marchar� dentro de algunas semanas, venga conmigo.
No, no puedo.
- Mucho debi� de valer su marido. - Mucho.
- Si usted supiese como era... - Era el mejor. Pero ha muerto.
Tarde o temprano tendr� que darse cuenta de ello.
Compr�ndalo, Lonni, no puedo sentir de otra manera.
- Quisiera explicarle... - No hace falta explicar nada.
Lo �nico que desea es crear su propio mundo y compartirlo con un muerto.
L�stima que no haya medio de cazar esp�ritus.
- Ya no te necesitar� esta noche. - Bien, peque�a mam�.
Peque�a mam�, peque�a mam�, el muchacho bakuba.
- �Le ha pasado algo? - Algo va mal, peque�a mam�.
Llama al Sr. Lonni.
Tranquil�zate, no es nada.
�Est� demasiado grave para que le mov�is!
�No os lo pod�is llevar!
Se han llevado al muchacho. Debe detenerlos, puede morir.
Imposible en plena noche. Una pena, pero as� es.
�Lonni!
Qu� viaje tan infame. No hemos parado ni de d�a ni de noche.
- �Por qu� tanta prisa? - Tu mensaje.
El de los tambores, el mensaje que enviaste a los Bakuba.
Vaya buena suerte, tropezar con tan magn�fico salvoconducto.
- �Est� en condiciones de viajar? - Te dar� malas noticias.
Ya emprendi� el viaje. Se lo han llevado otros Bakuba.
�Has dejado que te lo quiten de las manos?
- Debiste haberle vigilado. - Hay muchas cosas que deb�a hacer.
- Pero se ha ido. - Comprende mi desencanto.
Pero no es tan grave el da�o.
Nunca pensamos que un muchacho Bakuba nos abriese el camino.
Ahora que no contamos con �l, podemos volver a nuestro plan inicial.
Ah� est�. Otra clase de salvoconducto. Vend� todo lo que ten�a.
Es un arsenal. Con menos se conquist� el �frica occidental.
- �Quieres ir all� a tiros? - Preferir�a ir con una rama de olivo.
Pero si no se puede...
- �Qu� es eso? - Tambores Bakuba, se�or.
�Tambores Bakuba?
- Los tambores te hablan. - �A m�? �Qu� dicen?
Peque�a Mam�, a territorio Bakuba. Ven, muchacho enfermo.
Muy grave debe de estar si han pensado en decirme que vaya.
- �Ir�s? - S�, pero alguien ha de acompa�arme.
- Yo, Peque�a Mam�. - T� no puedes, Utembo.
Tienes que quedarte aqu� a cuidar a los enfermos.
Har� que vayan contigo unos j�venes.
- �Qu� dicen ahora? - Siguen repitiendo lo mismo.
Le ruegan a ella que vaya para curar al muchacho.
Esto es magn�fico. La suerte no nos abandona.
Perdemos un salvoconducto y encontramos otro.
Le daremos escolta. Iremos bajo los auspicios de la misi�n.
No s�. Son los Bakuba. Si vamos muchos pensar�n que nos proponemos algo.
Si la cosa se tuerce siempre nos queda el arsenal.
No podemos buscar nada si tenemos que luchar para salvar la vida.
- Es un riesgo que hemos de correr. - No correremos ning�n riesgo
- Si la acompa�o yo solo. - �Solo?
Un hombre solo no es m�s que un simple gu�a.
Puedo ir viendo si hay oro por all� sin despertar sospechas.
Si lo encuentro te llamar�. As� todos juntos iremos sin dar pasos en falso.
No es mala idea, pero no olvides que la espera es dura para el impaciente.
Despu�s de siete a�os, unos d�as m�s no agotar�n tu paciencia.
Vamos, a desembarcar todo eso. Daos prisa.
Peque�a mam�, ninguno quiere ir.
Dicen que hay demonios en el territorio Bakuba.
Ya han o�do los tambores. Los bakuba nos invitan a que vayamos.
- Tienen miedo. - Diles que no hay peligro.
Prueba de nuevo.
He o�do los tambores. �Va usted a ir?
Los ind�genas tienen miedo a acompa�arme y yo no podr�a ir sola.
- �Cu�ndo estar�a dispuesta para ir? - Ya lo estoy, pero...
- �Me acompa�a? - Tiene que ir, �no?
A cumplir la gran misi�n de su vida.
Voy a preparar mis cosas.
Entramos en territorio Bakuba. Vamos.
Dicen que ellos llamaron s�lo a la doctora blanca sin escolta armada.
Le he contestado que vine para protegerla en la selva.
Y que adem�s necesitaba de alguien que hablase su idioma.
Al parecer ha quedado satisfecho.
- �C�mo est� el muchacho? - El brujo dice que morir�.
Pero �l le ha dicho al rey que la magia de usted es poderosa.
D�gale que har� todo lo que pueda.
Tendr� que hacer lo mejor que pueda. El herido es su hijo.
Los brujos han colaborado.
Gangrena.
- �Qu� esperanzas hay? - Pues muy pocas.
A no ser que pudiese dilatar las venas para evitar la embolia.
- �Puede hacerse? - Con novoca�na inyectada en vena.
O por ba�o en soluci�n salina.
Har�a falta un tubo de goma, un recipiente...
- No es posible. - No se desanime.
Lo del recipiente es sencillo. �Cualquier tubo vale?
- S�, algo que est� hueco. - Ir� a ver qu� encuentro.
Ayuda exterior. Danzas m�gicas para alejar los malos esp�ritus.
Ya funciona.
Si le suprimimos el dolor no tendr� tanto miedo.
En estos casos, el miedo es tan peligroso como la propia infecci�n.
Ahora s� que van a ver verdadera magia.
Tenga. B�balo. Versi�n ind�gena del caf�.
Procure dormir o pronto tendremos dos pacientes en vez de uno.
No puedo separarme de �l ni un minuto.
Pregunta que si mejora su hijo.
D�gale que lo sabremos dentro de unas horas.
�Qu� ha dicho?
Que sabe que est� haciendo cuanto puede por salvar la vida de su hijo.
Ha dicho que usted es la primera persona blanca que viene aqu�
para ayudar a su pueblo.
Todos los dem�s vinieron a robar, a matar y a destruir.
A�adi� que si todos los blancos fuesen como usted,
el territorio Bakuba se les abrir�a por completo.
�Qu� le ocurre?
Todo eso tuvo que hab�rselo dicho a la Dra. Mary, a cualquiera menos a m�.
Usted supo desde que me vio que yo no serv�a para esto.
La he visto actuar. Nadie lo hubiera hecho mejor.
�Imagina que mi idea de la vida consist�a en pasarla en chozas
junto a enfermos? S�lo de pensar que tuviera que pasar aqu�
el resto de mis d�as empezaba a temblar.
Cuando me enamor�, lo ten�a todo bien pensado.
�l iba a ser un eminente y joven doctor y yo su esposa.
Y entonces me habl� de sus proyectos de venir a �frica.
Yo no cre�a que estuviera dispuesto a arruinar su porvenir, el nuestro,
por venir a ayudar a unos salvajes. Le dije que yo no vendr�a.
Por m� rechaz� el nombramiento. Durante un a�o cre� que todo iba bien.
Hasta la noche del accidente. Se mor�a y le ten�a sin cuidado.
All� comprend� mi error. Le vi apartado del ideal de su vida.
Y su vida estaba vac�a. Intent� decirle que lo hab�a comprendido,
que le acompa�ar�a a cualquier parte si se pon�a bien.
Pero ya era demasiado tarde para ambos.
Y usted quiso hacer lo que �l hubiese hecho.
As� llegu� aqu�, pero ahora quisiera hacer algo
por primera vez en mi vida sin raz�n ego�sta.
Quisiera servir de ayuda a alguien sin pensar en m� misma.
- Lo dice en serio, �verdad? - Claro que s�.
- �Qu� ocurre? - Algo grave.
Convocan a consejo de guerra.
- Parece una herida de bala. - Lo es.
Nuestro avaro amigo es m�s impaciente de lo que yo cre�a.
�Se refiere a nosotros!
Dice que hemos tra�do a los dem�s blancos.
- Que todo ha sido una trampa. - Eso es absurdo.
Vaya y hable con ellos. Insista en que no es verdad.
Ojal� pudiera. Pero yo s� que lo es.
Y hablando de trampas. Yo me he servido de usted desde que lleg�.
No la llev� hasta la Dra. Mary por bondad de coraz�n.
Usted era una pantalla para que nadie descubriese que yo buscaba oro.
Acompa�arla aqu� fue por lo mismo.
He dicho que fue culpa m�a, que usted no tuvo nada que ver.
Tambi�n les he dicho que esos blancos obedecer�an mis �rdenes.
Que puedo hacer que se vayan y ahorrar vidas de sus guerreros.
Parece dispuesto a dejarme ir a parlamentar con ellos, pero...
Pero no se f�a de usted.
El brujo de la tribu le ha dicho que ha hecho mal en confiar en nosotros.
Que usted ha inyectado demonios al herido y yo he tra�do a los blancos.
El jefe dice que si su hijo muere...
En fin, que quiere que me quede aqu� como reh�n.
Por si yo no vuelvo.
No tengo miedo.
Hola, Lonni, empezaba a pensar si te volver�a a ver.
- Cre� que hab�amos hecho un trato. - Me fue imposible esperar m�s.
Como hac�a tanto que te hab�as ido, pens� que te habr�a pasado algo.
El territorio es muy extenso.
- �Y bien? - Ni rastro de oro.
- �Est�s seguro? - Lo he explorado palmo a palmo.
- �Qu� me dices de este collar? - Que es precioso.
Pero que no ha salido de territorio Bakuba.
Qu� descorazonador para un hombre ambicioso como yo.
�C�mo te crees que me siento?
Pero no hay nada que hacer salvo recoger las cosas y volver a casa.
- Yo opino que hay algo. - �Y es?
Est�s mintiendo.
Este lo encontr� en tu ba�l.
Ahora comprender�s que un descuido puede constituir un grand�simo error.
- �D�nde est� el oro? - No lo s�.
He sido pobre tanto tiempo que estoy impaciente por ser rico.
He dicho la verdad.
La �nica verdad es que en estos momentos tengo ventaja sobre ti.
Vamos, traed cuerdas y unas estacas.
- Quiere hablar con usted. - Eso est� mejor.
Me alegro de que hayas cambiado de opini�n.
El ego�smo es mal negocio.
No seas tonto, vete antes de que nos entierren a todos.
Necesito que me des detalles, no consejos.
Hay all� m�s de 2.000 guerreros esperando. No tienes bastantes balas.
No te valdr� ese truco.
La �nica raz�n por la que est�s a�n vivo es que hice un trato con ellos
- Para darte tiempo a huir. - No dudo de que hayas hecho un trato,
pero un trato que no me inclu�a a m�.
Somos antiguos amigos y podemos repartir tal y como hab�amos quedado.
- S� razonable. - Ya te lo he dicho. No lo s�.
Llevo esperando este momento varios a�os. Ni t�,
ni los Bakuba ni nadie de esta tierra podr� detenerme.
He llegado al l�mite de mi paciencia. Te concedo 30 segundos.
Qu� pena, pero voy a tener que disolver nuestra vieja sociedad.
�Todos para all�! �Hay que salvar lo que se pueda!
�Lo primero las armas, pronto!
- Largu�monos de aqu�. - �Eh, volved aqu�! �Volved!
- Sr. Lonni... - Jack...
�Oh, Lonni! He roto el recipiente...
Ahora s� que no podremos hacer nada.
Seg�n parece no va a hacer falta.
Te han ascendido. Desde ahora eres Gran Mam�.
Eso me hace muy feliz.
Subt�tulos adaptados por Juan Antonio Ribas.
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