All language subtitles for Canaris.720p.TV.8.8M.DE2-ac3.spanish.P1

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Original subtitles

ALMIRANTE CANARIS UNA VIDA POR ALEMANIA

Basada en la documentaci�n existente sobre la vida y el trabajo

del jefe de la Inteligencia alemana, el almirante Canaris.

Todos los personajes que no pertenecen

a los hechos de esta �poca son ficticios.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

LONDRES, 1935

- �Puedo subir con usted? - Por supuesto.

�Qu� ha sucedido?

�Atenci�n! �Atenci�n!

�Alarma uno! �Alarma uno!

�Se comunica a los visitantes que todas las salidas est�n cerradas!

Estos son los detalles:

El hombre vest�a una gabardina...

SE BUSCA. ESTATURA MEDIA...

ESP�A ALEM�N EN EL MINISTERIO

Ha llegado hoy de Praga, capit�n.

�Del hombre que enviamos al Ministerio de la Guerra?

- S�, mi capit�n. - �Y los detalles t�cnicos?

Tambi�n est�n ah�.

�Algo m�s?

No, eso es todo. �Luz, por favor!

Estupendo. Haga una copia para el Cuartel General.

�Qu� pasa con las nuevas microc�maras?

Necesitamos aparatos m�s peque�os. �C�mo va Neumann?

Respecto a sus nuevas c�maras, ah� vienen tres en una caja de cerillas.

- �Y funcionan bien? - Perfectamente.

- La �ptica ha sido... - Un momento, por favor.

Tenga, Holl.

Neumann no debe ahorrar. Esto es demasiado importante.

�Qu� le parece, Holl? Tomado a 12 km de altura...

Toda el �rea industrial del norte de Francia.

�D�nde est�n mis perros?

�Los perros del capit�n!

�Est�n ah�?

S�, mi capit�n. Aqu� est�n.

Gracias. D�jelos en el suelo. Pueden andar.

- �D�nde est� la carta de Lisboa? - Aqu�, capit�n.

Gracias.

Esto es para usted, capit�n Behrens.

S�, mi capit�n.

- No hable tan estirado, querido Behrens. - �C�mo dice?

- D�jelo estar. - Como ordene.

- Que le den los textos enseguida. - A sus �rdenes.

Su m�todo de los puntos funciona a la perfecci�n.

Ratke, saque el mapa.

INVESTIGUEN USO DE AVIONES CON RADAR CONTRA SUBMARINOS

Parece que los otros a�n no lo han descubierto.

- Ni lo descubrir�n, capit�n. - �Usted cree?

�Ha cogido alguna vez alguna hoja as�?

Le puedo encontrar cualquier punto que me diga.

Piense en algo nuevo, Ratke.

Se me ocurre que algo parecido a los sellos, �sabe?

Un c�digo mediante la extensi�n de los puntos de impresi�n.

�Se puede imaginar algo as�?

S�, por supuesto.

�S�? Bien, en realidad, yo no.

Pero yo no soy t�cnico. Hasta la vista.

Levantaremos una buena secci�n aqu�, especialmente el departamento t�cnico.

Pero para eso necesitamos al menos 40 millones.

D�gale a esos tipos de la Intendencia que el F�hrer lo quiere.

Si no me puedo sentar con mis colegas de Londres y Par�s en una mesa de juego,

por lo menos que me den dinero.

No juego por unos c�ntimos, y no soy un paleto al que puedan timar.

Buenos d�as, Fern�ndez.

- Buenos d�as, capit�n. - Venga con nosotros.

Y piense en los 40 millones.

S�, capit�n.

As� que es ese, Fern�ndez.

Es usted un poco peligroso.

�Por qu� es tan rudo?

�ter...

�Es esa ahora el arma de los agentes alemanes?

No me quedaba otra, capit�n.

Pero lo hice lo m�s delicadamente posible.

En cualquier caso, muchas gracias, nos ha prestado un gran servicio.

�Sabe qu� hab�a en el malet�n?

El programa secreto de construcci�n de la flota alemana.

Lo mir�. Quer�a saber por qu� me he jugado diez a�os de prisi�n.

Ha sido una mala pasada, pero ahora que tenemos los papeles,

muchas personas pueden dormir tranquilos de nuevo.

- �Hay m�s noticias de Londres? - Est�n nerviosos, capit�n.

Para ellos, Canaris es un hombre temible.

�Temible yo? Si soy inofensivo.

Totalmente inofensivo.

- Lo del �ter no me ha gustado. - La pr�xima vez llevar� nata, capit�n.

Quiz�s ser�a mejor... en algunos casos, mucho mejor.

�Qu� hace esta noche?

- Capit�n, �eso es? - Lo es, lo es, Fern�ndez.

Enchilada con carne.

La tabla, est� al fondo. Althoff, p�seme la bolsa azul.

- �Sabr� tan bien como huele? - S�, Fern�ndez. El capit�n podr�a ser

- jefe de cocina del hotel Adlon. - �Ojal�!

�Sabe, Fern�ndez? Me gusta cocinar mis propios platos. Cuando mi...

P�seme el colador, Holl. Cuando mi mujer y mis hijos no est�n...

�Ah, pero si es el se�or Dannhof! Mi vecino, el pianista.

La �nica forma de hacer que deje de tocar el piano es invitarle a comer.

Le presento a Fern�ndez, un amigo de negocios espa�ol,

un tipo peligroso, se lo aseguro. Ustedes ya se conocen.

Bien, y ahora, adentro, caballeros. Oc�pense un poco de los perros.

Althoff, ll�vese los platos, por favor, ya conoce la casa.

Mientras, yo escurro el arroz...

Bueno, caballeros, si�ntense, por favor.

Creo que Fern�ndez est� deseando contarnos su �ltima aventura amorosa.

- �Yo? - �C�mo se llama?

Vivian, ya me lo ha contado. Parece un �ngel.

Os puedo ense�ar una foto.

Vaya, vaya.

Disculpe, capit�n. Espero no...

Sr. Von Harbeck. �Ud. Aqu�? �No funciona el timbre?

- Veo que tiene visita. - Pero pase.

No, no me gustar�a... No puedo, ser�a peligroso para usted.

Me quieren detener.

Entre y no se preocupe.

Todos son amigos.

El se�or von Harbeck.

Fue el editor de una revista que han censurado hace poco.

Por favor, pase y qu�tese ese abrigo, est� empapado.

Capit�n, no me gustar�a molestarle.

Puede que piense que realmente he hecho algo...

S� que hoy en d�a pueden detener a cualquiera sin que haya hecho nada.

Capit�n, le ruego...

�Podr�a hacer algo por m�?

�Que si puedo hacer por usted?

Lo primero, hay que poner un cubierto m�s.

Espere aqu�.

R. HEYDRICH GENERAL

Observe este pasaporte.

�Le llama algo la atenci�n?

S�, general. Este es... por la foto, von Harbeck.

S�. El de repente desaparecido von Harbeck.

- �Y c�mo se llama el de la foto? - Weber.

Simple y llanamente Weber. Un pasaporte falso.

Muy bien hecho. �Hab�a visto alg�n pasaporte tan bien falsificado?

No, mi general. �De d�nde? Es decir, �c�mo lo han descubierto?

Han atrapado a von Harbeck en la frontera.

Quer�a ir a Espa�a, a trabajar en la importaci�n de frutas.

Le va a sorprender: Para una conocida empresa.

�Conoce usted Euhako?

S�, creo que s�.

�S�? Usted cree, qu� bien.

�Pero yo s�!

El propietario es el bar�n Trenti,

vaya usted a saber si es espa�ol o italiano o qu�.

Lo averiguaremos, mi general.

�Eso es todo lo que tiene que decir?

�Cree que cualquier frutero falsificar�a un pasaporte as�?

�Qui�n, Beckmann? �Qui�n podr�a hacerlo?

S�lo hay una persona.

Venga, diga ya el nombre. Sin miedo.

�Canaris?

En efecto, el capit�n Canaris, el jefe de la Inteligencia alemana.

�l hace esos pasaportes. Y �l ha hecho este.

�Y qu� podemos hacer?

Nada. Con esto, nada.

Contra ese hombre no se puede hacer nada, no con esta minucia.

Todos le admiran. Y �l es un hombre muy eficiente.

�Y muy peligroso!

- Pero, general... - Nos odia, Beckmann.

Es uno de esos viejos oficiales que no olvidan el pasado,

que hablan continuamente de la conciencia, y de Dios

y que no tienen ni idea de c�mo se hacen

la pol�tica y la historia... De c�mo se hacen hoy.

Canaris es uno de los alemanes m�s importantes.

Con un presupuesto millonario.

Puede ir y volver cuando le d� la gana.

Tiene red telef�nica propia, y su propia secci�n de pasaportes.

Posee pr�cticamente el poder de un jefe de estado,

nadie le puede controlar.

�Pase!

Bien, �qu� noticias hay de Canaris?

Desde hace semanas me dice que no hay nada nuevo,

y lo que nos cuenta lo puedo leer en el peri�dico.

Es demasiado cuidadoso, mi capit�n.

Todo est� muy organizado. No hay manera de averiguar nada.

Yo... de verdad, no s� como...

Bueno, est� bien. V�yase.

Yo le pillar�.

Tarde o temprano acabar� sucumbiendo nuestros m�todos.

�Han desordenado bastante ya los se�ores?

Parece que hubiera entrado un ladr�n.

Ocho a�os trabajando en esta casa, y jam�s vi...

Disculpe, Srta. Von Harbeck, cumplimos con nuestro deber.

- Y as� est� todo. Mira c�mo ha quedado. - Por favor, calma.

Cualquier d�a incendiar�n una casa alegando que cumplen con su deber.

- Tranquil�zate. - �Por qu�?

Siempre digo lo que pienso.

Entonces, pronto har�s compa��a a mi padre.

Buenos d�as, capit�n.

Perd�n, almirante.

- Le felicito por su ascenso. - Gracias.

Buenos d�as, Heydrich.

Me alegro de verle. Ten�a pensado visitarle un d�a de estos.

He tenido una gran idea que, creo, le interesar�.

- �S�? - Quer�a...

- Tiene unos caballos magn�ficos. - S�.

- Dicen que es un magn�fico jinete. - Gracias.

Por desgracia, estoy siempre en mi despacho.

- No hay m�s que observar su Inteligencia. - No exagere.

Se escuchan historias incre�bles sobre su departamento de documentos.

- Me halaga con sus comentarios. - Es mi sincera opini�n.

Ven aqu�, Fuss.

�Qu� piensa del ej�rcito rojo?

Seg�n mis informes, es un ej�rcito ejemplar.

Mire usted, eso es de lo que me gustar�a hablarle.

Existe un camino para debilitar al ej�rcito rojo

sin disparar ni una bala.

Me interesa, siga.

El jefe del ej�rcito rojo es el Mariscal Tuchatschewski.

S� que en los archivos secretos a�n existe correspondencia de la �poca

en que el ej�rcito rojo colaboraba con el antiguo ej�rcito del Reich.

�Y?

Si nosotros, digamos, manipulamos esas cartas,

de forma que parezca que Tuchatschewski

hubiera pensado en derrocar su propio r�gimen,

y quisi�ramos utilizar esas cartas contra los rusos,

�sabe lo que pasar�a?

Que har�an cuentas,

le llevar�an ante el juez,

y el ej�rcito rojo se quedar�a sin cabecilla.

Entiendo. Le quiere asesinar.

�Yo? Desde luego que no.

Stalin lo har� �en nuestro lugar!

Es simple.

No nos enga�emos, Heydrich.

No soy ning�n santo.

A veces mi trabajo requiere que permita robar, chantajear...

Yo soborno a las personas, especulo sobre las debilidades humanas,

pero todo tiene un l�mite, incluso para nosotros.

No puede hacer algo as�. �No lo entiende?

�Escr�pulos?

Si lo quiere llamar as�, s�.

No cuente con mi colaboraci�n en ese caso.

Almirante, con semejante forma de pensar,

se meter� en dificultades.

No ha entendido que los tiempos han cambiado.

�El peri�dico de la ma�ana! Pena de muerte para el mariscal ruso.

�El peri�dico de la ma�ana! Pena de muerte para el mariscal ruso.

�El peri�dico! �ltimas noticias.

El general Tuchatschewski ante el tribunal en Mosc�.

�El peri�dico! �ltimas noticias.

El general Tuchatschewski ante el tribunal en Mosc�.

�ltimas noticias...

Y usted est� orgulloso de que haya sido obra de su gente.

As� es... y lo han hecho de forma impecable.

Recon�zcalo.

De forma impecable...

�Qu� clase de persona es usted, Heydrich,

que encuentra estupendo algo as�? �Es un asesinato!

- Era un bolchevique, Almirante. - Era una persona, Heydrich.

No importa qui�n o qu� sean.

Interesante.

Siga hablando, por favor.

Estamos solos.

Ten�amos contacto con Tuchatschewski,

y Uds. lo han roto de una vez para siempre.

Le hab�a comunicado que colaborar�amos, pero parece ser

que su idea de nuestra patria le proh�be tal colaboraci�n.

�"Nuestra patria"? Tambi�n se trata de mi pueblo, de mi pa�s,

sobre cuyo futuro tengo que pensar.

Usted y su partido no son sus due�os y no estar�a mal que no lo olvidara.

- Me tengo que ir, Almirante. - H�galo.

- �Lo ha escuchado, Holl? - S�.

Pero �no ha sido una imprudencia? Heydrich no olvida f�cilmente.

�Tendr�a que haberme callado?

Pero tiene raz�n.

Heydrich es el �nico que puede ser peligroso para nosotros.

Estupendo, mi capit�n.

Beckmann, �se acuerda de nuestro amigo Harbeck?

- S�. - Ten�a una hija, �no es cierto?

- S�. - �Y c�mo es? �Tonta, lista, guapa, fea?

�Ella? Guapa. Muy guapa, dir�a yo.

Necesito a alguien en el despacho de Canaris. K�ppke, no, es un in�til.

Desp�dale. Ha de ser alguien cercano.

Tengo que saber lo que pasa all� dentro,

lo que dicen, lo que planean, lo que piensa.

- He de saberlo. - Y �c�mo?

Canaris es un viejo zorro, como lo prueba el caso Harbeck.

Pero a veces es un poco descuidado,

cuando pone en juego sus sentimientos,

S�, eso es. Lo intentaremos as�.

Usted es Irene von Harbeck,

23 a�os, hija de von Harbeck, ahora en Buchenwald... prisionero.

S�.

Su padre pidi� al almirante Canaris, conocido suyo, un pasaporte falso.

Quer�a salir al extranjero usando a la empresa Euhako como tapadera.

No s� nada de eso.

Naturalmente, su padre no ha hablado de eso con usted.

- No, yo... - Est� bien.

Usted miente, lo s�. �C�mo seguimos adelante?

�Conoce al almirante Canaris?

No.

Canaris conoci� a su padre en Espa�a.

Usted naci� all�.

�Habla todav�a espa�ol?

S�.

�Y otros idiomas? �Ingl�s, franc�s?

S�. Viaj�bamos mucho.

�No ha tenido noticias de su padre?

No.

No le est� permitido escribir.

No la quiero enga�ar. Le voy a contar c�mo le va.

Vive en barracones. Tiene que trabajar, muy, muy duro.

Construyendo caminos, picando piedra, cualquier tipo de trabajo.

No es una vida f�cil, algunos no los soportan.

�Y por qu� me lo cuenta?

Quiero proponerle algo.

Podr�a tener trabajos m�s f�ciles, mejor comida, incluso podr�a escribir.

�Y qu� quiere a cambio?

Encontraremos un modo para que Ud. Entre a trabajar con Canaris.

Desde all� nos informar�

absolutamente de todo sobre el almirante.

No puedo hacerlo.

Ni siquiera s� si mi padre sigue vivo.

Vaya a la habitaci�n contigua.

Vaya.

�Padre!

Arriba, en el segundo piso. Todo como acordamos.

Sabemos que Canaris se encuentra all�.

Haga bien su papel.

No estar�a de m�s alguna l�grima.

Ya sabe lo que se juega.

- Buenos d�as. - Buenos d�as. �Puedo ayudarla?

Me gustar�a hablar con el Bar�n Trenti. Se trata de un asunto personal.

Ver� lo que puedo hacer.

Los informes de Lisboa son magn�ficos.

Se hace lo que se puede.

�D�nde tienes los planos de los nuevos destructores franceses?

En la caja fuerte. Te los traigo.

Althoff vendr� a por ellos.

- Se va dentro de poco. - �A Francia?

S�. Para este asunto necesito a mi mejor hombre.

Sabe Dios por qu� participo en esta vida tan excitante.

Se�or bar�n, una se�orita quiere hablar con usted.

�Con qui�n quiere hablar?

- Con el bar�n Trenti. - Soy yo.

Me llamo Irene von Harbeck.

�Von Harbeck? �Y qu� es lo que le trae por aqu�?

Hace tiempo, usted ayud� a mi padre.

- Le consigui� un pasaporte... - No, debe de ser un error.

- Se lo ruego. Tiene que ayudarme. - Un momento. Espere un momento.

Buenos d�as, se�oras.

Vaya, Inge, cada vez est� m�s guapa. �Qu� hay de nuevo?

�Ha perdido el juicio ese hombre?

Le ped� encarecidamente que no dijera ni una palabra.

Despu�s de todo, es su hija.

�Qu� querr�? D�jala pasar.

Veremos ad�nde te llevan esas ganas tuyas de ayudar a todo el mundo.

Buenos d�as.

Buenos d�as, Srta. Von Harbeck. Yo conozco a su padre. �C�mo le va?

Bien... es decir, no tan bien.

Est� en Espa�a. Intenta comenzar all� de nuevo...

Le estoy tan agradecida por ello, Bar�n,

y no es justo que venga ahora s�lo para pedirle que me ayude, pero

cr�ame, no habr�a venido si hubiera tenido otra posibilidad.

Todo es tan...

Cu�ntenos.

Nos han quitado todo lo que ten�amos

y tengo que trabajar, y no s� d�nde.

�Por qu�? Hoy en d�a es f�cil encontrar trabajo.

S�, es cierto, pero se cuenta por todas partes

que buscan a mi padre e inmediatamente la gente no se f�a de m�.

�Entiende?

Aqu� tiene su t�.

�C�mo que el t�?

Ah, s�. Mi t�.

POLIC�A SECRETA

�C�mo se puede beber t� teniendo un vino as�?

Tienes raz�n. Adem�s, no sabe bien.

Si�ntese, por favor.

Me dec�a que quiere trabajar. �Qu� sabe hacer?

S� idiomas. Hablo espa�ol.

S�, cierto. Su padre vivi� diez a�os all�.

- �Lo habla fluido? - S�.

�Habla usted otros idiomas?

- S�. Ingl�s. - �Tambi�n fluido?

S�. Antes viaj�bamos mucho.

�Le gustar�a trabajar para m�?

S�. Estar�a encantada.

Ver� lo que puedo hacer por usted. Por favor, espere fuera un momento.

Gracias.

Por cierto, Althoff, �c�mo lo sab�a?

Ese Beckmann la ha tra�do en coche hasta la esquina.

Yo pasaba por ah� y la he visto al bajarse.

Reconstruyamos.

Si Heydrick est� detr�s de todo esto, �qu� es lo que pretende?

�Qu� piensa, Althoff?

Exactamente lo que le ha propuesto a ella.

Que trabaje para nosotros.

�Y qu� dice la vieja regla de la defensa?

Un enemigo conocido no es peligroso.

Hag�mosle entonces ese favor a Heydrick.

Pero hay algo todav�a m�s interesante, Althoff.

�Qu� es?

La forma, almirante.

�Por qu� la manda a ella precisamente aqu�?

Debe de saber que actualmente usted se encuentra aqu�.

�Ha visto bien a la muchacha?

Muy bien, almirante.

No tiene pinta de ser una agente.

Estoy de acuerdo.

Intente averiguar algo de ella.

Eso ser� una misi�n especialmente agradable, almirante.

No dice ni "mu". �Qu� le sucede?

- No tiene por qu� tener miedo. - No.

Y tampoco es tan malo lo que tiene que hacer.

Qu� pena.

�A qu� se refiere?

Que precisamente tengo que marcharme pronto.

Me gustar�a ver c�mo trabaja para nosotros.

Esto lo tiene que ver Holl antes de que se vaya.

S�, almirante.

Bien, Srta. Irene, ahora comienza para usted la vida de verdad.

Si�ntese con la Srta. Winter en la recepci�n.

Al principio quiz� le resulte dif�cil, pero en unos d�as se habr� acostumbrado.

- Eso espero, almirante. - Tenemos unas reglas especiales.

Gracias, Srta. Winter.

Observe estos tres animales. Son tres monos.

Tres monos que no son un simple pisapapeles.

Le ense�an el secreto de su actual ocupaci�n:

Ni o�r, ni ver ni decir nada.

Bien, esto es todo por el momento. Muchas gracias.

Se�orita Winter, espere un segundo, por favor.

�Qu� le parece la se�orita von Harbeck?

Venga. D�game lo que piensa.

Encantadora, almirante.

Pues esa chica encantadora trabaja para Heydrich.

�Quiere decir como agente?

S�.

No se ponga as�, mujer.

Lo que haremos es que no le daremos nada que no queramos.

Ya le dar� lo que quiero que Heydrich sepa.

Bien.

�S�?

Si me permite, almirante.

Pasen, se�ores.

Buenos d�as. �Vaya, una cara nueva!

�Desde cu�ndo la Inteligencia es tan encantadora? Soy Behrens.

�Usted? �El �ltimo?

- S�. Yo... - Pase, por favor.

No s�... Disculpen.

Bueno, �c�mo se siente?

No lo s�. En realidad, me gustar�a salir corriendo.

�Por qu�?

Tengo miedo de no poder hacerlo, de cometer alg�n error.

Yo me ocupar� de que no sea as�.

PROHIBIDA LA ENTRADA EXCEPTO PERSONAL DE SERVICIO

Y aqu�, se�ores, los planos del nuevo modelo n�mero 5.

Ya saben, se�ores, que el Ministerio ha insistido en una ejecuci�n r�pida.

Los del Ministerio... Nosotros trabajamos d�a y noche.

En cuanto al material, no tendremos sorpresas.

Todo est� previsto.

- S�. Har� un buen informe. - As� lo espero, y creo...

�El coronel!

F�jense especialmente en el nuevo m�todo

de construcci�n aplicado a la proa...

Haga venir enseguida al oficial que ha llegado hoy de Par�s.

�C�mo? �Desparecido? Haga sonar la alarma inmediatamente.

Naturalmente, usted es un oficial alem�n.

- Mis papeles est�n en regla. - Muy bien falsificados.

De los mejores trabajos que he visto.

Por cierto, hay algo que le ha delatado.

�No quiere saberlo?

Claro, mi capit�n.

Me encantar�a saberlo.

Cuando entr� el general, salud� mal.

Ud. Se ha inclinado, como le ense�aron, pero el ej�rcito franc�s saluda as�:

Echamos los hombros hacia atr�s cuando saludamos.

Pardon. Ser� mi educaci�n alemana.

- �Un cigarrillo? - No, gracias. No me gustan.

Es usted un hombre de courage.

Eso nos gusta a los franceses: El valor; tambi�n a los alemanes.

S�lo que no estamos seguros de que siempre hagan buen uso de �l.

Tengo otras preguntas.

No se moleste, no le voy a contestar.

�Cree usted que habr� guerra?

- Eso no tiene sentido. - Est� usted ciego, oficial,

si no ve la agitaci�n en Europa.

Ahora mismo, las tropas alemanas marchan en Austria.

Es algo �nico lo que estamos viviendo en estos d�as.

Por todas partes la misma imagen embriagadora.

Los gritos se oyen cada vez m�s alto:

"�Un pueblo, un Reich, un F�hrer!"

Escuche esto.

Bien escenificado, almirante.

�Escenificado? Naturalmente, s�.

Usted lo simplifica todo.

La emoci�n es verdadera.

Se ha cumplido un sue�o alem�n, tambi�n m�o, Holl...

aunque est� escenificado.

�Un sue�o?

Pero �c�mo ha llegado a convertirse en realidad?

A la fuerza.

Por la amenaza de las divisiones, �qu�, si no?

Un peque�o pa�s ha capitulado.

El resto es propaganda.

Una propaganda de primera, con la que se puede emborrachar al pueblo...

pero no a nosotros, almirante.

Lo nuestro son los hechos.

�Hechos! �Y estos no lo son?

Usted conoce las informaciones de Londres, Roma y Par�s.

Otra vez est�n jugando con fuego.

�Se acuerda de la ocupaci�n de Renania?

�De c�mo nos sentamos a esperar y tembl�bamos de miedo?

No.

Un hombre como Hitler, que toma decisiones as�,

no puede esperar lo mejor, sino temer lo peor.

Esos de ah� abajo,

todos ellos,

no tienen ni idea.

Pero nosotros estamos tras las bambalinas.

Todo pasa por nuestras manos, la pura verdad.

Y la han colgado all� como bandera.

Pero hasta ahora ha tenido suerte.

Seguramente un d�a de estos no se lo permitir�n m�s.

Pero esto... esto le tiene que volver loco.

I Viena!

�El F�hrer hace su entrada en la capital de Austria!

Como F�hrer

y Canciller de la Naci�n Alemana y del Reich,

anuncio la entrada al Reich alem�n

de la tierra que me vio nacer.

�Sieg Heil!

Capit�n, el prisionero Althoff.

- Qu�dese fuera. - S�, mi capit�n.

Ya ha sucedido.

Por favor.

�Qu� cree usted que le suceder�?

Diez a�os de prisi�n, me imagino.

�Un cigarrillo?

Gracias. Incluso me he acostumbrado a ellos.

�Quiere que le cuente algo de nuestras c�rceles en Marruecos?

No me quite el suspense, capit�n.

Entonces le contar� otra cosa.

Entender� usted que tambi�n los franceses

tenemos intereses en Alemania.

Por ejemplo, en f�bricas de aviones.

- Ah�rrese la palabrer�a. - Me tem�a que se lo tomar�a a mal.

Uno de los nuestros ha tenido mala suerte.

Le han detenido.

Precisamente porque no se pod�a acostumbrar a los cigarrillos alemanes.

El jefe de la Inteligencia alemana ha propuesto un intercambio:

Hombre por hombre, y lo hemos aceptado.

Tengo la misi�n de comunicarle que es usted libre.

Como, veo, la libertad significa algo para usted.

- �Cu�ndo puedo salir, capit�n? - Hoy al mediod�a.

A la misma hora, nuestro hombre saldr� de Berl�n.

- Llevo 15 minutos dando vueltas. - No he podido salir antes.

Me parece que ha olvidado su tarea. Los informes que nos da

no nos aportan nada. Es todo insignificante.

- Hago lo que puedo. - No lo creo.

No me interesan las cosas secundarias. Quiero saber lo que hace Canaris:

Sus conversaciones, sus visitas, lo que piensa. �Entiende?

- S�. - Canaris se ha entrevistado con Beck.

No son simples visitas de un antiguo jefe del Estado Mayor. Ah� hay m�s.

Pero �qu�?

Eso es lo que quiero que me haga saber, me da igual c�mo.

�Me ha entendido ahora?

S�.

Por favor, recuerde lo que est� en juego para usted.

Ha sido una idea estupenda la de venir aqu�.

Santo cielo, podr�a mirarla durante horas.

�No lo puede entender?

Y seguramente tampoco que en Francia, en la c�rcel, siempre me dec�a:

"Ojal� salgas de aqu� y despu�s...

y despu�s la tomar�s entre tus brazos,

temblando."

No sab�a que aqu� ten�an un franc�s de reserva para m�.

Pero si nos hemos visto apenas una hora.

A eso me refiero, que fue demasiado corto.

No s�. Es usted tan directo...

La mayor�a de las veces. He sido preparado para eso.

Por cierto, todav�a no ha aprendido a sonre�r.

Bien, eso ya es algo.

Me est� gustando este d�a. �A usted tambi�n?

S�. Hac�a tanto tiempo que no bailaba...

- �Y eso? �No le gusta bailar? - S�.

Y yo que me hac�a reproches.

�Por qu�?

Yo sab�a que hab�a algo extra�o en usted.

Le ten�a que haber dicho simplemente...

�Qu� sucede, muchacha?

Me puede contar lo que sea. La quiero ayudar lo mejor que pueda.

�Y por qu� me dice eso ahora?

Porque sigo pensando as�.

Le doy un consejo, Irene;

despu�s, haga con �l lo que quiera:

Hay que echarle m�s valor.

Simplemente levantarse y decir: "Hasta aqu� hemos llegado".

�Qu� quiere decir?

�Diga?

S�, Holl. �Qu� sucede?

Bien, hasta ma�ana.

Gracias. Buenas noches.

Sigue tocando.

�Qui�n puede ser a estas horas?

�Se�orita Irene!

Disculpe, almirante, s� que es muy tarde, pero vi luz y pens�...

No se preocupe, adelante. Este es mi vecino, el Sr. Dannhoff,

que de vez en cuando toca para m�. La Srta. Irene von Harbeck.

- Pase, por favor. - De todas formas, yo ya me iba.

Es tarde.

- Te acompa�o. - Gracias.

- Buenas noches, vecino. - Buenas noches.

Que descanses.

Hasta ma�ana.

Disculpe, se�orita Irene. S�lo le he acompa�ado hasta la puerta.

Si�ntese, por favor.

�Una copa de vino?

No, gracias. Almirante, tengo que confesarle algo.

D�game.

He abusado de su confianza.

Los perros.

Reconocen su voz.

- �Me ha o�do, almirante? - S�. Contin�e.

Entr� a trabajar con Ud. Por encargo de Heydrich.

Hago informes para �l, escribo lo que sucede en el despacho,

fotocopio documentos, le cuento todo lo que hace.

Pero si�ntese primero.

�Por qu� me lo cuenta ahora?

No puedo m�s. Sencillamente, no lo aguanto.

Ya lo he dicho. Es igual lo que pase ahora.

Pero, peque�a, eso ya lo sab�a hace tiempo.

Por eso me he cuidado de que informara a Heydrich s�lo de lo que yo quer�a.

�Lo sab�a?

No ha sido dif�cil.

Althoff la vio con Beckmann el primer d�a,

cuando vino a la oficina. Yo estaba con Trenti.

�Althoff tambi�n lo sab�a?

S�.

- Almirante, mi padre no est� en Espa�a... - Ya. Est� prisionero...

y Heydrich le hace chantaje.

No ten�a valor para cont�rselo.

Mire, Irene...

En el fondo, siempre sabemos lo que tenemos que hacer,

y s�lo un poco de miedo nos impide

seguir el verdadero camino.

�Usted?

S�. Yo.

�C�mo sab�a que estaba aqu�?

No era tan dif�cil adivinar ad�nde quer�a ir con tanta prisa.

Ahora todo va bien.

Y ahora hay alguien que puede cuidar un poco de ti,

para que nadie te haga da�o.

Lo digo en serio. �Qu� te parece?

Acabamos de conocer que el jefe de los sudetes alemanes,

Konrad Heinlein, ha comunicado esta ma�ana al gobierno del Reich alem�n

el fracaso de una soluci�n pac�fica.

El gobierno de Praga ha anunciado el estado de sitio.

Par�s ha dado la orden de movilizaci�n parcial del ej�rcito.

En cualquier caso, es el momento que siempre hab�amos temido.

- Estamos a las puertas de la guerra. - �Est� seguro de ello?

Absolutamente, almirante.

Pero el pueblo no quiere guerra.

No se lo preguntar�n. Nunca les preguntan.

Pero no nos podemos enga�ar sobre lo serio de la situaci�n.

�C�mo podr�amos, si no, convencerles de que

no somos nosotros quienes queremos la guerra,

que ni siquiera tenemos esa responsabilidad?

Pero la tenemos, almirante,

simplemente porque conocemos la situaci�n.

�Qu� quiere que le diga al respecto?

Almirante, ahora se requiere que tomemos una decisi�n.

O decimos am�n a todo lo que venga, aunque sea un desastre...

o...

�O qu�?

Hay algunos hombres cercanos al general Beck

que no quieren esperar m�s.

�Y qu� quieren?

Un cambio en el r�gimen.

El golpe de estado.

Tengo que preguntarle

si quieren participar.

Almirante...

- Los fotocalcos, almirante. - �D�jeme en paz!

Disculpe, querida Winter.

No quiero que me molesten hoy.

Se�ores, ahora es el momento de actuar.

No podr�amos encontrar uno mejor.

Es el �nico.

Estamos a un paso de la guerra.

Cada segundo nos acercamos m�s.

Y huelga decir lo que significa para nosotros la guerra:

El fin de Alemania.

Incluso la gente de la calle lo ve as�.

�Ha visto lo llenas que est�n las iglesias?

Tienen miedo, todos, no hay m�s que verlos.

Pero tenemos que hacer algo.

He tra�do algunos documentos...

Le esper�bamos, almirante.

Pero, se�ores, lo que tenemos por delante es ineludible y necesario.

�Lo consideran ustedes as� tambi�n?

�General von Witzleben?

S�.

�Se�or von Dochnany?

S�.

�Alcalde Goerdeler?

Por supuesto.

�Qui�n me iba a decir a m�, Holl, que un d�a iba a ser un conjuro?

Llevamos horas aqu� sentados.

La mitad de la vida de un soldado se la pasa esperando, ya lo sabe.

- �Sabe lo que est� pasando? - No.

Pero el jefe no lo da todo por perdido.

Quiero decir, porque estamos aqu�... Es todo tan extra�o.

�No vive all� detr�s el general Beck?

El jefe del Estado Mayor franc�s, Gamolin,

ha mantenido una reuni�n con el Presidente.

La l�nea Maginot est� ocupada.

El gobierno franc�s ha ordenado

la movilizaci�n del sexto cuerpo del ej�rcito a la frontera.

R�pida ocupaci�n de todos los edificios de tel�fonos y tel�grafos,

toma de la radio, reparto de peri�dicos extras,

interrupci�n de las comunicaciones exteriores del Ministerio.

- �Qui�n? - El teniente coronel Becker.

Ocupaci�n de la Canciller�a del Reich y detenci�n de Hitler

por parte de un grupo de oficiales.

El comando ir� a las �rdenes del general Degenhard.

- �Puede confiar en su gente? - Absolutamente, almirante.

Esas tropas de asalto saldr�n desde el antiguo museo.

- �Y si tenemos �xito? - Le detenemos y...

- deber� dimitir all� mismo. - Entonces, no habr� muertos.

- Si llegamos a tener que disparar... - No quiero muertos, Holl.

No podemos empezar con muertes.

Estos son los objetivos.

Todo est� planeado como pr�ctica militar.

LLAMAMIENTO AL PUEBLO ALEM�N

HITLER DEBER� RESPONDER ANTE LOS TRIBUNALES

Degenhard pregunta cu�ndo empezamos.

Dice que puede estar en la Canciller�a en cinco minutos.

�Pero qu� dice Brauchitsch? �Dar� �l la orden o no?

La tiene que dar. Sabe que todo est� listo.

Almirante, una llamada de Oskar.

Torgau 1.

S�.

S�. Gracias.

Creo que ya es la hora.

Definitivamente, Brauchitsch participa.

En la Canciller�a parece que todo est� controlado.

Desde las �ltimas noticias de Inglaterra, Hitler no sabe qu� hacer.

�Brauchitsch ha dado ya la orden?

Todav�a no. Quiere esperar un poco.

Pero Beckdorf ya ha avisado a toda su gente.

Tenemos tiempo suficiente.

Por cierto, que para algunos de ustedes esto debe de ser algo nuevo, supongo.

Vayamos avanzando.

Brauchitsch todav�a no ha dado la orden. Se nos pasa el tiempo, almirante.

�Qu� pasar� si Hitler cede ahora ante Inglaterra?

�Ceder? Eso no va con �l.

Brockdorf ha alcanzado sus posiciones.

Voy a ver si puedo saber algo de la Bendlerstrasse.

S�, comun�queme con la Bendlerstrasse.

Aqu� Torgau 1. �Hay nuevas noticias?

S�, d�me la situaci�n de Oskar.

Bien, espero.

�Qu� sucede, Althoff?

Nada, almirante. S�lo que...

- Que... - Hable.

Almirante... yo le admiro.

Usted sabe que no me podr�a imaginar un superior mejor,

pero no entiendo esto. Yo...

Siga, siga.

Naturalmente, hay mucho que hacer.

Quiero decir, est� claro que no todo marcha bien ah� arriba,

pero Alemania...

"Alemania ahora est� a la cabeza gracias a un s�lo hombre...

y si alguien hace algo en su contra es alta traici�n."

�Es lo que quiere decir, Althoff?

S�, ya lo s�, lo s�.

No s�lo usted piensa as�, sino casi todos.

Usted no puede entender que pertenezca

al grupo de ah� dentro, los que dicen "no"

y est�n dispuestos a derrocar a Hitler.

�No creer�, Althoff, que lo hago por ambici�n,

para llegar a ser ministro, o presidente del Reich,

o para entrar de alguna manera en la historia. No, no es as�.

Joven, le dir� algo, que quiz�s tenga que repetir ma�ana.

La pol�tica de esa gente nos conduce a la guerra.

Eso est� tan claro como el agua.

Y sabiendo eso, �qu� deber�a hacer?

�Debo decir que me da igual?

�Debo sentarme tranquilamente y ver c�mo un pueblo entero,

con toda su capacidad de amar,

y creer, y confiar, es enga�ado y conducido a la cat�strofe?

Una cat�strofe, Althoff,

cuyas dimensiones ni siquiera en sus peores pesadillas

se podr�a imaginar.

Y yo estoy aqu� para impedirlo,

con los hombres de all� dentro,

los que dicen "no".

Bien, se�ores. Si me permiten, ha llegado la hora.

�Estamos listos, general?

No lo s�, pero no podemos esperar m�s.

Almirante, una llamada de la Canciller�a.

- �Por fin! - �S�?

S�.

�Con qui�n hablo?

�Diga?

No le entiendo. Hable un poco m�s despacio.

�C�mo?

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