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Dice atrás de mí la criada y frente de mí Mucama, cuando yo no estoy la
sirvienta, pero yo me llamo Laura.
Dice atrás de mí la criada y frente de mí Mucama, cuando yo no estoy la
sirvienta, pero yo me llamo Laura.
¡Laura! ¡Que lo arrete!
¡Laura! ¡Para eso le pagas a la criada!
¡Deja que lo haga la criada! Trabajo en una familia de alta sociedad. Tienen
mucho dinero, pero poca dignidad.
Yo soy la que la mugre tiene que tallar con un sueldo miserable que no me
alcanza para nada.
Tengo cosas que están de caridad, pero a mí no me pagan el seguro social.
Son acaudalados, pero bien cochinos. No se limpian en el baño, pero usan
perfumes finos. Y a mí no me gusta vencer.
Y a mí no me gusta ver usted... ¡Que lo limpies!
¡Laura! ¡Que lo arregles!
¡Laura! ¡Para eso le pagas a la criada!
¡Deja que lo arregle a la criada!
Yo tuve una hija y me la... Me la arrebataron.
Me la arrancaron.
Esta carga me agobia todos los días.
Cada hora, cada instante...
Pienso en ella.
En mi Belén.
¿Belén?
Así solía llamarla.
Belén.
Como el lugar en donde nació la esperanza.
Perdóname.
Emilia, yo quisiera cumplir mi misión.
Pero es que me siento rara, me siento como si fuera un pecado. ¿Qué más
yo por las niñas del refugio, por usted?
Ay, soy una tonta. No, no, no, no, no eres ninguna tonta.
Sé que todo esto no es fácil para ti, pero tampoco lo es para mí, créeme.
Yo lo que menos quiero es hacerte daño.
Lina, ¿sabes qué?
Esto es una locura.
Esto... No te preocupes, esto ya terminó.
Tú estás sufriendo y yo lo que menos quiero es hacerte sufrir. Es más, nunca,
nunca voy a hacer absolutamente nada, nada que te haga sufrir.
Yo era una niña, Marta.
No sabía nada del mundo.
Nomás quería chambear, salir de la miseria, como todas nosotras.
Tener tantita esperanza.
Llegué a la agencia de Catalina como muchas más, con ilusiones, pensando que
la había hecho.
Aquí sí voy a salir adelante.
Qué tonta fue.
Ojalá hubiera sido eso nada más.
Una ilusión.
Luego todo cambió.
Doña Cata me propuso que trabajara con un tal Mario Espinoza. Me dijo... Me
que... Que pues él estaba buscando un hijo.
Y que yo podía dárselo.
Me ofreció harto dinero.
¿Y lo hiciste así nomás por el dinero?
Mi papá estaba muy mal.
El tratamiento para su leucemia era muy caro.
Caí en la tentación de aceptar.
Esta va a ser tu nueva casa.
Eran puras promesas.
Ignorancia, ingenuidad.
En fin, eran un montón de cosas.
En casos que terminé aceptando.
Buenas tardes.
Ella es Juanita.
Bienvenida, Juanita.
Pase, por favor.
Era una casa grande, en el campo, lejos de todo.
Fuera se veía tan apacible, como un paraíso.
Pasó lo que tenía que pasar.
Me embaracé sabiendo que el bebé no iba a ser mío.
Era así.
Como un...
Como prestado.
Fue hasta esa noche hasta que... Hasta que sentí las pataditas de mi Belén en
panza.
Ahí me di cuenta que no podía entregarla.
Que era mi hija.
Que era mi hija.
Esa noche me arrebataron a mi hija.
Me la arrebataron.
Te ayudo con...
Después no intentaste verla o ir por ella.
Intenté todo, Marta.
Nunca dejé de buscarla.
Cuando me recuperé, regresé a esa finta.
Y ya no vivían ahí.
Catalina nunca me dijo dónde habían ido.
Nunca más.
Nunca más supe de ellos y de mí.
Nada.
Nunca la vi.
Una especie de...
La culpa siempre me acompaña.
No dejo de soñar con ella.
La veo en cada cara de cada niña del refugio.
Ellas de cierta manera me ayudan a lidiar con ese dolor.
Pero no basta, Marta.
Nada cura este dolor de... de no saber de mi hija.
Ay, Dios mío.
Por las que has pasado, mujer.
Lo que no te he contado, Martita.
Pero es mejor así.
Mientras más sepas, más en peligro te pongo.
Y ya tenemos suficiente con lo que andamos cargando. No me importa, Anita.
Yo estoy aquí para ti, para lo que quieras, Doc. No tienes que cargar con
este dolor tú sola.
Tal vez ya sea tarde para mí y para mi Belén. Pero no para Esmirna.
Hay que sacarla de su lugar.
Tenemos que hablar.
¿Para qué?
Si ya me quedó muy claro que te importa mucho más la doméstica que nuestro
matrimonio. No digas tonterías, mi amor.
Tú sabes que lo más importante en mi vida eres tú.
¿Ves?
Como no quieres, como no me deseas.
Y estoy segura que es porque no puedo darte un hijo. No, no es eso, Gaby.
Claro que sí.
¿Entonces qué es?
Amor, un hijo es lo único que va a salvar este matrimonio. No, justamente
quiero hablar.
Eso se acabó. No podemos presionar a la muchacha. Pero no le estamos
presionando. Ella aceptó el trato.
Ey, Pishi.
Yo también tengo miedo, créeme.
Pero intentémoslo, ¿sí?
Por favor.
¿Qué se traen ustedes dos?
Les advierto que me duele muchísimo la cabeza. No estoy de humor.
Laura, la que te digo que tenemos que echar de dulce hogar. ¿Cómo que echarla?
¿Pero qué? ¿No vieron lo que pasó?
Ella estaba en el lugar donde ustedes tendrían que haber estado cuando llegó
mujer y se quiso meter.
Señora, yo estaba pendiente, como siempre he estado pendiente. Es mi
Ya, ya.
Si no fuera por Laura, hubiera llegado la policía.
¿Te imaginas, Giovanni, lo que hubiera pasado?
Deberías darle las gracias.
Laura, ven, por favor, acércate.
Ven acá.
De premio, Laura, vas a tener un bono a fin de mes.
Una cantidad que voy a descontar del salario de Rosa.
No, señora, discúlpeme, pero no me parece justo. Yo tengo mucho... Ah, no
parece justo.
Laura estaba donde tendrías que haber estado tú.
Hizo lo que tendrías que haber hecho tú.
Pues no es necesario, señora. Yo no lo hice por eso, sino para ayudarla a
Bueno, igual se va a hacer lo que yo digo.
Oiga, doña Catalina, ¿esa mujer dice que es la mamá de Esmirna? Pues yo creo que
es... ¡Esa no es mamá de Esmirna!
Es una mentirosa, una impostora.
Una delincuente que lo único que quiere es sacar dinero.
Esa mujer es muy peligrosa, ¿me entiendes?
¿Y dónde está Esmirna? Porque ya no viene aquí ni a cenar ni... Es que ella
tiene un trabajo especial.
Esmirna está de planta.
Un privilegio que con esfuerzo todas van a lograr algún día.
Ella vive en el cuarto de servicio de la casa, por eso no viene.
Y esta es la última vez que aguanto tu curiosidad.
Discúlpeme, señora.
No te vuelvas a acercar a esa señora.
Y espero que cuando yo la vuelva a ver, esté refundida en la cárcel.
Vente a cenar.
Yo no la voy a dejar en paz hasta que me diga de quién era esa bebita que usted
vendió.
Mira, yo no tengo la culpa que no te hayan explicado cuál era tu chamba. No,
no es mi chamba, señora.
Vender bebés no es un trabajo, es un crimen.
Y más para mí que yo soy madre.
Ahora dígame, ¿a qué pobre mujer le arrebataron a su bebita de los brazos?
Pues no sé, no sé.
Alguna de estas mujeres que abandonan a sus hijos, que no los quieren, de esas.
Diosito, que todo lo ve.
La va a castigar.
Porque usted se merece el meritito infierno.
Bueno, pues ya sabes de qué va la cosa aquí.
Entonces necesito que te prepares porque va a venir un bebé nuevo. Y lo tienes
que cambiar, bañar, limpiar, darle de comer, todo porque yo ya estoy hasta la
madre de darles biberón a estos renacuajos. ¿No sabe qué?
¡Muérase!
¡Muérase!
¿A dónde vas, Teresa?
¡Teresa!
Tú no entiendes, ¿verdad?
¿Qué se le ofrece, señorita?
Se me ofrece una noche como las nuestras.
Pero parece que ya ni para eso eres bueno.
Tal vez si no fuera tan exigente conmigo le podría dar noches todavía mejores.
Te advierto que si no dejas de estar rosa va a haber consecuencias para
y para ella antes que para ti.
¿Cómo crees que te voy a perder, mamacita, si tú eres mi reina?
Mi cosita deliciosa.
¿Qué estás haciendo, Cruz?
Eduardo me dijo que te quieres ir de aquí.
Sí, don Mario.
No puedo seguir con ustedes.
Por Dios, Cruz, no digas tonterías.
Mira, si es por la discusión con mi hijo, no te preocupes. Yo te aseguro que
le va a pasar.
Ya sabes que puede ser muy impulsivo.
No, no es eso, señor.
De veras, le agradezco todos estos años.
Todo este tiempo aquí.
Pero no puedo seguir.
Es lo mejor para todos.
No, no, es lo mejor para todos.
A ver, por favor, tranquila.
Tú me criaste, Cruz.
Criaste a mis hijos.
Esta es tu casa.
Así es.
Ustedes son la única familia que tuve.
Todo se termina.
Tal vez ya llegó la hora para mí.
Entonces, ¿qué, Diego?
La sociedad te abre los brazos, pero no lo hace con cualquiera.
La sociedad.
Así nos llamamos, Diego.
Somos una sociedad de amigos. De hermanos.
Hermanos.
Hermanos que nos apoyamos todo el tiempo.
Si necesitamos hacernos el paro, ahí estamos.
Le damos un poco de dinero, nos lo prestamos.
Un business, lo que sea. Contamos con el otro, siempre.
Y además es de por vida, porque nunca nos damos la espalda.
¿Y ese tatuaje tiene que ver con la sociedad, el que todos tienen?
Soy muy observador, ¿qué le digo? Todo a su tiempo, Diego.
Lo importante aquí es decidirte.
¿Le entras o no?
¿Y cuánto hay que pagar para entrarle a la sociedad?
El precio es razonable.
Por lo que vas a recibir, te vamos a dar las llaves del cielo.
Pero no todo es la cuota, Diego.
También tienes que demostrarnos que mereces pertenecer a la sociedad.
No tomes decisiones precipitadas, Cruz.
Tú has estado con nosotros toda la vida.
No puedes decirte así como así.
Ya no tengo nada que hacer aquí, don Mario.
Y menos después de lo que pasó.
Soy la responsable de todo esto, de que mi niña Laura se fuera.
Yo le conté lo de su mamá.
Que cuando la vi así tan triste, después de encontrar esas fotos, no pude
callarme.
Nunca me ha gustado que mi niña Laura sufra.
Y si me voy es porque de veras no puedo con esta culpa.
Pero sepa que jamás quise ofenderlo.
Y menos manchar la memoria de la señora Delia ni la de usted.
Ustedes han sido mi única familia.
Y yo les pagué de mala manera.
No, Cruz.
Ya deja eso, por favor.
Escúchame bien.
Lo que hiciste no fue con mala intención, yo lo sé.
Laura se hubiera enterado de una u otra manera. Es muy terca.
¿Qué pasa si regresa Laura de su viaje?
¿No ve a su Cruz?
Ya no me hagas robarte más.
Ya quédate.
Ay, don Mario, no sé.
Ya no es igual.
El niño Eduardo creció y usted ya no es el mismo. Claro que soy el mismo.
Mírame.
Tú me has creado desde muy chiquito. Tú eres mi nana.
Mi familia sigue siendo lo más importante y tú, Cruz, eres parte
esta familia.
Ya.
Solo prométeme una cosa. Te vas a olvidar del asunto de la madre de Laura.
Ese asunto está muerto, enterrado en esta casa.
¿De acuerdo?
¿De acuerdo?
Señora Catalina.
Señora. ¿Qué pasa?
¿Qué tienes? ¿Te hicieron algo?
Hombre, no, no, no sé ni cómo se lo voy a decir.
Bueno, pues dime, ¿qué te pasa? ¿No te quedas con la angustia?
La señora Genoveva vendió un bebé.
Esa señora vende niños.
¿Cómo?
¿Qué está diciendo?
Mire... Fuimos a un parque y llevamos una criaturita y la muy desgraciada la
vendió y yo no pude hacer nada, yo nomás me quedé así como congelada. Ay, Dios
mío, pero si estás segura de lo que estás diciendo, eso es muy grave.
Pues yo qué ganaría con inventarle cosas, con inventarle historias.
Vamos a llamar a la policía. No, no, no, espérame. Vamos a calmarnos, ¿sí?
Mira, ahorita ya es muy tarde, pero...
Yo siento que debemos de descansar antes de hacer una acusación tan terrible.
Hay que descansar, pensar las cosas. Pero es que esa señora va a seguir
vendiendo bebés y yo creo que... Ven, tú tranquila, ¿sí?
Vamos a pensar bien las cosas porque siempre es mejor tomar decisiones con la
cabeza fría.
Ven, acompáñame, Regina.
Teresa.
Teresa, por favor, ven.
Ya, no le grites a Teresa.
Teresa no está. Ya se fue.
¿Cómo que se fue? Así es.
Así que vas a tener que cuidar tú personalmente el piojo este.
Yo tengo un compromiso. No, no, no. A ver, Genoveva. Yo te dije que te podía
ayudar, pero temporalmente, ¿sí?
De verdad, no puedo con esto hasta que me... Bueno, tú sabes.
Pablo ya está sospechando, ¿sí?
Y hoy casi nos agarran. De verdad, no puedo seguir mintiéndole.
Tengo otros planes.
Pues tus planes...
Digamos que no son los mismos planes que el universo.
Ay, qué pena me da.
Jerónimo.
Oye, disculpa que te marque hasta esta hora. Lo que pasa es que en mi trabajo
me dejan usar el teléfono.
Cada vez que no puedo hablar contigo me preocupo muchísimo. No puedo dejar de
pensar en el peligro que estás pasando.
Quisiera estar allá contigo.
Yo lo sé, pero pues tú estás allá en Washington trabajando.
Pues sí, pero te extraño.
Mucho, Laura.
¿Tú me extrañas?
Mira, Jerónimo, yo entiendo que es importante para ti, para tu carrera.
Y espero que tú puedas entender que yo estoy haciendo esto porque lo tengo que
hacer. Pues sí, pero no deja de ser peligroso.
Sí, lo sé.
Y no creas que no tengo miedo, pero bueno.
Hoy estuve a punto de encontrar unas pistas sobre Amanda Rojas.
¿Qué cosas?
¿El doctor Julián Puga?
¿Puga, el dueño de la clínica del bosque?
Exacto, ese. Es muy, muy amigo de Catalina Basurto.
Y tenía un papelito con el nombre de Amanda Rojas y un número que obviamente
entendí, pero estaba a punto de saber qué es, pero casi me cachan. El caso es
que ya sé que es por ahí, entonces voy a tener que regresar.
Ten cuidado, por favor.
Por otro lado, Eduardo me llamó y me dijo... ¿Laura González?
¿Qué estás haciendo aquí?
Pues este, me tocaba sacar la basura y ahí se viene lo que estoy haciendo.
Hacia un lado.
Hacia un lado.
Pero es que de verdad yo no quiero regresar a casa de la señora Genoveva,
juro. Y pues ahora sí que siendo bien sincera, pues tampoco quiero estar aquí.
Y no me lo vaya a tomar a mal, señora, y no piense que yo soy una malagradecida,
porque no.
Pero, pues, es que yo extraño mucho a mis chamaquitos.
Y yo no me hallo aquí.
Dispénseme, de verdad, si le he hecho perder su tiempo.
Ven, acompáñame.
Siéntate, reina, por favor.
A ver.
Vamos a ver.
Aquí está.
Sí. Teresa Villa.
Aquí tienes.
¿Qué es eso?
Es la deuda que tienes con nosotros.
Los gastos médicos, tu entrenamiento, tu uniforme, por supuesto, tus gastos de
transporte. Solo tienes que liquidar esa deuda y ya. Te puedes ir a tu casa
cuando tú quieras.
Pero, pues es que es un chorro de dinero y yo no tengo para pagarle.
¿Y cómo te quieres ir entonces a tu casa, Reina?
Ni modo que yo te deje ir y que me dejes colgada con esta deuda tan enorme. Es
muchísimo dinero.
Bueno, yo puedo pedir un préstamo y le voy abonando ahí por mí. ¿Pero quién te
va a prestar?
¿Eh? ¿Tu mamá?
¿Que no tienen que caerse muerta?
¿O tus hijitos?
No los vas a poner a pedir limosno, ¿sí?
A ver, ¿cómo consiguió este y cómo sabe quiénes son?
Lucha, tu amiga.
Ella sabe todo de tu vida y ahora lo sé yo. ¿Pero cómo?
¿Por qué lucha haría eso? Porque lucha trabaja para nosotros.
Nos consigue muchachas necesitadas como tú y nosotros las ayudamos. Hasta
ahorita ha resultado maravilloso.
No se meta con mis hijos, señora.
No se atreva.
Fíjate que eso no está en mis manos.
Es que hay gente mucho más arriba que yo que son las que toman esas decisiones.
Y por lo que ves...
No son nada amables.
Pero, mira, esto es lo que vas a hacer.
Tú te vas a regresar a trabajar con Genoveva.
Y vas a hacer exactamente todo lo que te diga que hagas. Y lo vas a hacer
calladita y sin decirle nada a nadie.
Y te vas a quedar ahí.
Y te vas a aguantar hasta que pagues tu deuda.
Y lo vas a hacer sin caras, sin gestos, sin quejas.
A menos que quieras que Fabricio y Eloisa paguen los conceptos.
Pablo, ¿qué tal?
Tuve que salir de la oficina para poder hablar contigo.
Sí.
No, no, es que no voy a poder llegar en la noche a la casa.
No, hombre, una clienta que se puso como loca quiere que todo esté para mañana.
Me voy a tener que quedar aquí trabajando.
Oye, Silvia, ¿hay un bebé llorando ahí contigo?
No, no, ¿cómo cree?
Se nota que es caro.
Date de santos que no lo rompiste.
¿A quién se lo robaste?
A nadie.
Es mío ese teléfono. Ay, sí, te voy a creer.
A menos que te lo hayan dado como pago por otra cosa. Y eso seguramente a doña
Catalina no le va a gustar.
Quiero ver tu cara cuando te corra.
Ey, no digas nada, por favor, Rosa. Y no me toques.
En esta casa se cumplen las órdenes, niña.
Y tú ya van varias veces que te las pasas por el arco del triunfo.
Y la última vez, con tu lucimiento, yo salí perdiendo.
A ver, Rosa, no digas nada, por favor.
Mira, si quieres, yo te voy a dar el dinero ese que me ofreció doña Catalina.
ver, perdóname. Tú a mí no me vas a dar nada. Ese dinero es mío.
Quiero un mes de tu sueldo si quieres que me quede callada. ¿Qué?
Un mes, como escuchaste.
O si no, ahorita mismo te echo de cabeza con todo y tus llamaditas estas
extrañas. ¿Un mes?
Un mes.
Además, te escuché que mencionaste a Amanda Rojas.
Sí.
¿Por qué? ¿Tú la conoces?
¿Puede ser?
Rosa, yo estoy buscando a esa persona, ¿eh? Es un asunto familiar.
Por favor, familia. ¿Qué familia vas a tener?
Yo sé que Amanda Rojas trabajó aquí.
Estaba buscando información y no he podido encontrar nada.
Y es algo que es muy importante para mí.
Sí, ya veo.
Pues sí, tal vez consiga a alguien que te pueda dar información de esa fulana.
Si lo consigues, yo te voy a pagar no solo un mes, dos meses de mi sueldo por
que tú me pidas.
Seguro que me lo vas a pagar, mi hijita.
Porque esto se queda conmigo como ganancia.
Métete.
Es Mirna es una chica muy joven. Es normal que sienta miedo.
Eso pasa mucho con las vírgenes.
Pues puede ser, pero no sirve.
No está cumpliendo con su trabajo.
Además me está ocasionando muchos problemas con mi marido.
¿Tienes miedo de que la muchachita le guste más?
No, no se trata de eso, por supuesto que no. Si de algo estoy segura es del amor
que me tiene mi marido.
El problema es que yo a ustedes les pagué mucho dinero. Dinero que me dejó
papá. Y si mi mamá se llega a enterar, me voy a meter en un problema. No se va
enterar. No tiene por qué enterarse.
Yo te voy a ayudar.
Nosotras, en Dulce Hogar, siempre cumplimos lo que prometemos.
Pero si la niña no quiere, ¿cómo le van a hacer?
Mire, doña Cata, yo ya perdí todas las esperanzas.
Yo me siento que estoy a punto de perderlo todo.
No, sí.
Yo lo único que quiero en este momento es que usted me saque la muchachita de
aquí y me regrese mi dinero también.
Es que eso sí no se va a poder.
En este tipo de tratos, el dinero no es reembolsable.
Pero ella no está cumpliendo con la parte de su trabajo.
Bueno, pues, tranquilízate y... Y quiero que sepas que siempre, escúchalo bien,
siempre, en Dulce Hogar, se cumple con la palabra.
Déjame hablar con ella, ¿sí? No, no, no. Por favor, no.
Mire, doña Kata.
Es que yo ya vi cómo la ve mi marido.
Llevé demasiado.
Y ya no la quiero cerca de él.
Déjame hablar con ella.
¿Dónde está?
Joven.
Pues me hubiera dicho que quería desayunar y yo le preparo lo que usted
necesite. No pasa nada. Igual me desperté temprano. Ya estoy acostumbrado
prepararme el desayuno.
¿Te sirvo café?
Ándale, ven.
Siéntate, sí platicamos. No, no, de verdad, estoy bien, gracias.
¿Cuánto azúcar quieres? ¿Una o dos?
No, en serio, joven, no te preocupes. No, de verdad, es dulce.
Ya te vi la cara.
Ándale.
Siéntate.
Ahora... Oye, pláticame de ti.
Me dijo mi mamá que eras nueva en la agencia.
Ey. ¿Pero cuánto tiempo?
Acabo de llegar hace poco.
¿Y te gusta trabajar con Doña Cata?
Me dijeron que tiene un amor de la fregada.
Pues a veces, ¿no? Como todos, días buenos y otros, pues más o menos.
¿De dónde eres?
¿Yo? Ah, pues soy de Los Altos de Jalisco.
Es que tengo un amigo ahí por Tapatislar, en Los Altos de Jalisco.
¿Y no suenas como de la zona?
Ay, joven, a usted como que le gusta hacer muchas preguntas, ¿no?
Ya sé, perdóname, es que me gusta...
Conocer a la gente con la que convivo.
¿Sabes? Odio esa gente que trata mal a los empleados domésticos, como si fueran
inferiores.
Y ya que tú y yo vamos a convivir tanto tiempo, pues lo mínimo que podemos hacer
es platicar un poquito, conocernos.
¿Cómo sigue tu amiga la del hospital?
¿Yuridia?
¿Por qué no mejor le pregunta eso a su amigo, a Mateo?
Ah, Laurita, ya me voy a la clínica. Ya puedes pasar a limpiarme de cámara, ¿sí?
Sí, señora.
Bueno, nos vemos.
Chao, mamá. Buen día.
Con permiso, joven. Laura.
¿Tu cafecito?
No, joven.
Dale.
A ver, doctor.
Ay,
doña Cata, una disculpa. Mire, yo no quiero que se enoje. No quise perjudicar
nadie. No quise haberle fallado. No, no, no, niña.
Tranquila, ven acá, mi chiquita.
Sí, no pasa nada.
¿Cómo crees que yo voy a estar enojada?
Yo sé que Dios nos pone pruebas muy difíciles y peligrosas y hay que
sobreponerse, pero es que yo no puedo, no, no puedo.
¿De qué tienes miedo, mi cielo?
Del pecado. Pero si tú me dijiste que esto lo estabas haciendo para salvar a
niñas, que era para salvar al albergue, para rescatarlo, bueno, ¿eso es pecado?
No, además tú ya eres adulta, tú ya sabes lo que quieres.
Quieres ser independiente.
Y esto que te está pasando es parte de ese camino maravilloso y precioso que
que recorrer para convertirse en mujer.
Hijito, te quiero pedir un favor.
Lo que sucedió ayer con Cruz, que no se vuelva a repetir.
Cruz es como de la familia, y a la familia se le trata con respeto.
¿Y por qué no se lo dices a ella?
Fue ella quien te faltó al respeto.
Pero hijo, ¿qué quieres?
Tú no tienes fin.
Papá, ¿no te parece una falta de respeto que ella haya dicho que te acostaste
con la chacha?
Bueno, a menos que sea verdad.
A ver, ¿eso piensas de tu padre?
No sé qué pensar, mejor dímelo tú.
Claro que no, pero si vas a hacer preguntas estúpidas, yo creo que mejor
de esta casa.
La puerta está muy abierta para quien quiera cruzarla.
Ya se largó tu hermana, a lo mejor tú quieres hacer lo mismo.
Con tu permiso.
Yo no sé cómo explicarles que el señor Joaquín es tierno, amable.
Sí, Esmirna, es que eres muy joven y tienes tantas cosas que aprender de la
vida. Y de los hombres, sobre todo.
Doña Cata, pero la Biblia dice que una mujer ha de llegar virgen al matrimonio.
¿Cómo puedo estar yo con Joaquín sin ser su esposa, sin bendición alguna?
Bueno, Joaquín, como tú le dices, a lo mejor tiene una misión especial
en esta vida.
Y tú no has querido verla.
¿Yo? Sí, tú.
A lo mejor por miedo, por soberbia.
¿O no dice la Biblia que el miedo es la mejor cara del diablo?
Sí, en el libro de Job es el favorito de Mamanita. Siempre nos dolería.
Ya ves.
Bueno, en una de esas hasta Mamanita te estaba preparando para este momento.
¿No? Sin darse cuenta.
Y dime una cosa, nena.
¿Job venció la prueba?
Sí, salió triunfante y a pesar de que lo perdió todo.
Claro.
A lo mejor Joaquín es tu prueba.
Atraviesa ese túnel sin miedo, con dignidad.
Sea una triunfadora, Esmirna.
Entrégate a esa prueba que te están mandando.
Tú lo único que tienes que hacer es aprender las cosas que vino Joaquín a
enseñarte. Eso es todo.
Ya después un día vas a tener tus hijos, vas a casarte, vas a ser una mujer
joven.
Ay, doña Cata, pero yo no sé cómo entregarme. No sé cómo hacer. Fácil, muy
fácil. Así como entran las almas al paraíso,
desnuda, abierta, sin temores, sin resistirte,
dejándote sentir.
Te portaste muy mal, pero muy mal ayer.
Pero ya aprendiste, ¿verdad, mijita?
¿Ya no se va a volver a repetir?
Contéstame. ¡Te estoy hablando, carajo!
Sí, señora.
Mire, ya está lista la mamila.
¿Y a mí qué me das la manila?
La tienes que dar tú.
Tranquila, tranquila. A ver. Dios mío. Este niño siempre ha sido muy tranquilo.
Aunque sí le veo un poco pálido. ¿Cierto, Teresa?
Sí, pues tiene giotes.
Tiene giotes.
¿Qué es eso?
Miren, las manchitas blancas que le salieron por la desnutrición.
A mi Fabricio le salieron hace tiempo.
Entonces hay que darle la fórmula.
Pues sí, pero es que no quiere nada.
¿Cómo se llama?
No, no, no se llama de ninguna manera.
Y te encariñas, ¿eh?
Puedes salir perdiendo.
Pregúntale aquí a mi Silvio.
¿Cómo estás, Laurita?
Qué güey, ¿para qué pregunto, vas? Es obvio que estás re bien.
¿Ateo? Con permiso, joven.
Propio. ¿Qué hubo, Diego? ¿Qué haces por acá?
Pues aquí entrenándome para correr medio maratón. Este año me toca ir a Nueva
York y hay que ponerse en forma, pero pues andaba pasando por aquí y pensé qué
chance te interesaría conocer la casa de la soledad.
La casa de la suciedad está por acá. Está aquí unas cuadras. Nos podemos ir
corriendo. Y aquí bajas la panza.
Mi panza.
Me cambio y vamos.
Te quedas en tu casa.
Gracias. No te preocupes. Aquí hay mucho con que entretenerse.
¿Me das agua?
Correrme hace sudar como puerco.
Sí, joven.
Pero que esté bien fría, ¿no?
A ver si así se me baja este calor que me cargo.
Llego con mucho calor.
Ayúdame a bajármelo, ¿no?
A mí una gata jodida como tú no me toca.
Y a mí estúpido como usted tampoco.
¿Qué te pasa?
¿Que doña Cata no te enseñó cuál es tu lugar o qué? A mí se me hace que el que
no sabe cuál es su lugar es usted.
Patame.
No friegues.
Una gatita que habla.
¿Qué pasó?
Nada, que en el pedir está el dar.
No entiendo.
La táctica del terror no funciona.
Ya no le asustes más.
Esmirna no va a volver a dudar. Ya está convencida, preparada y puestísima.
¿Estás segura? Claro que estoy segura.
Si falla, te regreso tu dinero.
Con intereses.
¿Y con mi marido qué hacemos?
Ya no puedo hacer nada, ¿verdad?
Pero sí te puedo dar un consejo.
Hazle ver que al hacerle el amor a Esmirna, te lo está haciendo a ti.
Es más, puedes ir más allá.
Tú puedes estar ahí con ellos.
Puedes hacer de esto un placer, no una tortura.
Acevedo, justo voy en camino a la famosa casa donde se reúne la sociedad.
Nada más ten cuidado porque ya sabes que con esos tipos nunca se sabe.
Dime algo nuevo, colega.
Para empezar, que tengo fotos de Yuriria saliendo de la clínica.
¿En serio?
Yo creo que con eso Catalina no nos va a poder decir que nunca estuvo ahí.
Es más, estaba pensando que podemos ir a enfrentar a Catalina con toda esta
información. ¿Y de qué nos va a servir? Seguramente Catalina nos va a inventar
que la chica solita se hizo todo eso y que incluso ella pidió que la regresaran
al albergue. Nos va a inventar cualquier historia.
Bueno, ¿qué hacemos?
¿Nos quedamos cruzados de brazos o qué?
No, no. Al contrario.
Seguimos buscando pistas.
¿Sabes qué?
Yo siento que lo del albergue y lo de las chicas es mucho más grande de lo que
imaginábamos. Y que incluso arriba de Catalina hay alguien manejando todos los
hilos.
En estos tiempos, cuando la familia tradicional está bajo el franco ataque
sus enemigos, esos que, en nombre de una supuesta modernidad, atacan, sus
principios y sus valores para destruirlas.
Yo, Mario Espinosa, me comprometo a defender con mi vida si es necesario a
institución que es la base de todo lo que tenemos en esta sociedad.
¡Que viva la familia tradicional!
No, Chávez, cámbiame esto de virtuosa.
Me siento como que estoy en la iglesia.
Además, me falta un cierre con más fuerza.
Quiero que sepan que hablo en serio.
Que entiendan todos que quiero quedarme con la dirigencia del partido para
llevarlo de nuevo hasta arriba.
Para que vuelva a ser el más poderoso, el más influyente de todos.
De acuerdo. ¿Qué más? ¿Qué hay en la agenda?
Llegó una petición a la fundación. Es para el apoyo a un albergue para niñas
huérfanas que pronto va a ser desalojado.
Me parece que se llama Belén.
Creí que era una buena idea para su campaña.
Demostrar la conciencia social.
Sí, Paulita, pero...
¿Me viste cara de beneficencia? Estamos en una campaña política. ¿Qué negocios
son las huérfanas?
Perdón, licenciado.
Pensé que eso le podría dar... Sí, pero ¿qué hago con huérfanas?
Mínimo que tuvieran papás que votaran, pero ni eso.
¿Algo más?
¿Otra idea brillante?
Sí. ¿Lograste confirmar la entrevista con tu hija?
A la prensa le urge saber si va a tener esa llamada con ella.
Chávez, mi hija me ha apoyado siempre y esta vez te aseguro que no va a ser la
excepción.
¿Casa de la familia Espinoza?
Cruz, ¿cómo estás? Soy Jerónimo.
Señor Jerónimo.
Fíjese que ni el joven Eduardo ni don Mario están. ¿Quiere dejar algún recado?
No, de hecho es con usted con quien quiero hablar. Se trata de Laura.
Casi no he podido hablar con ella.
Ay, mi niña, ¿dónde se metió ahora?
Eso es lo que necesito saber, por eso quiero pedirle un gran favor.
Vaya a buscarla.
Voy a ver cómo le hago y voy a su departamento a buscarla.
No, no está en el departamento.
¿Qué? Mire, Cruz, necesito decirle algo, pero tiene que guardarme el secreto.
Laura está viviendo en una agencia de trabajadoras domésticas que se llama
Hogar.
¿Cómo? No, no, no estoy entendiendo nada.
¿Por qué la niña Laura haría algo así?
Es parte de lo que le conté y le voy a explicar todo, pero primero necesito que
ponga mucha atención y siga al pie de la letra las instrucciones que voy a dar.
Sí, sí, claro, sí.
Sí, dígame.
A ver, ahora a la puerta.
Colabore, hombre.
Venga, a trabajar.
A ver, descienda la cama.
Cuidado con la cabeza. Despacio, despacio.
Esta pelada sí pesa, hombre.
Hermanita, así tapadita te vas a sentir mejor.
Oigan, ¿ya denunciaron a los desgraciados que abusaron de la Yuri?
Y dale con lo mismo. No, pues no creo, ¿eh?
Alguien debería de hacerlo, ¿no crees?
¿Eso no se puede quedar así?
Juanita, no tengas miedo.
Ve a denunciarlos, yo te acompaño.
Ah, qué va, eso es puro cuento.
Hasta le debió haber quedado gustándose o qué lloriría.
Ustedes la pasan en la calle con los vestiditos ahí bien chiquiticos, bien
culiprontas y después le quieren quejar.
Es machista.
Ahora resulta que le pasó porque ella quiso, ¿no? Bueno, ya, párenle los dos.
¿Qué no se acuerdan lo que nos explicó doña Cata anoche?
A partir de hoy queda prohibido tocar el tema.
A trabajar.
¡Vamos!
¿Y tú qué?
¿Eh?
¿Qué, qué? ¿Cómo qué, de qué? ¿Te he perdido algo o qué?
Ya vamos a empezar, hombre, con los celos. ¿Sabes qué?
Aquí están las inyecciones que le tienes que poner.
Cuidado, te pasas pues de la raya porque la pones a ver duendecitos.
Son calmantes.
Mucho ojito alegre, ¿no? Ay, Dios mío, estás bien cansoncita, ¿no?
Oye, güey, tu muchacha... ¿Laura?
¿Qué tiene?
Te juro que yo la he visto antes en algún lado.
Seguramente Doña Cata la ha mandado a trabajar a tu casa o a casa de algún
conocido tuyo.
No, güey, no sé. Te juro, bro, que si así fuera yo me acordaría de ella.
Te lo aseguro.
¿Vas a seguir platicando o quieres un cafecito aquí en la sala?
¿Y qué, güey? ¿Ya te la diste o qué?
¿Perdón? A Laura.
¿Ya? ¿Ya cayó o sigues de nenita, güey?
No, todavía no.
Apúrale. Si no, yo ando bien puesto, ¿eh?
Cálmate, todas mías.
¡Vámonos!
Yo de verdad no entiendo de dónde sacan la mala sangre para hacer lo que hacen.
¿Y todo para qué?
¿Para qué los venden?
Para que mamás infértiles sean felices para eso.
Pues no les creo.
Ayer en mi pueblo le robaron a sus gemelitos a don Fidencio.
Y luego nos enteramos que fue para sacarle sus organitos a los pobres. A
no hago nada de eso, Teresa, ¿sí? Yo no hago nada de eso, ¿cómo no?
Pues si soy taruga, pero no tanto, si yo ya no me chupo el dedo. Bueno, a ver,
yo no soy un animal, Teresa, ¿sí?
Hay muchas familias que ayudan a estos bebés de mamás que los quieren
¿Entiendes? Pues no hay madre que tire a su hijo si no es porque no tiene para
darles de comer.
Así como yo que estoy sin mis niños. ¿Y por qué?
Pues porque no tenía para darles.
¿Y todo para qué? Para ponerlos en riesgo y sin poder mandarles un quinto.
Para esto, señor Silvio.
Para esto. Por favor, ¿te calmas? No, y no me diga que lo estamos haciendo por
bien porque no es cierto.
Yo misma vi con mis ojos la bolsota de dinero.
Se va a hacer rico con ese pobrecito indefenso, ¿verdad? Nadie se va a hacer
rico aquí.
Me gusta pensar que de alguna manera hacemos el bien.
Ellos van a recibir un techo, educación, amor.
Allá hay muchas familias que no pueden adoptar.
Bueno, a vemos.
¿Usted quiere adoptar un niño?
Sí, Teresa.
Mi... Pareja y yo queremos adoptar, pero nos han puesto trabas por prejuicios,
por ideas del pasado, ¿sabes?
La verdad es que yo siempre he querido ser papá.
Ven.
Oye, Mateo.
Las chicas que van a la casa de la sociedad.
¿Les manda doña Cata?
No te quedes atrás, vente. Vamos a darle que todavía falta... Con cuidado.
Y no lo vayan a ver.
Paz.
Me equivoqué contigo.
Pero ya entendí cómo le vamos a hacer.
Este kimono...
Me lo regaló mi marido cuando cumplimos un año de casados en Milan.
Es una joya. Y no por lo que cuesta, sino por lo que significa para mí. Tiene
valor sentimental importante.
Mira. Tómalo.
Con esto vamos a jugar.
¿Y cómo a jugar?
Pues vamos a jugar a que te vas a parecer cada vez más a mí. Necesito que
mis gestos, mi voz.
Incluso mi manera de hablar.
Así cuando mi marido esté contigo en la cama va a creer que soy yo.
Oigan, cuiden la cantidad de pollo que le echan a la sopa. Es demasiado pollo.
Las zanahorias se pelan, niña. ¿Cómo las partes así?
Esa usted a quien quería encontrar.
Ahora resulta que me mandan de enfermera a inyectar moribundas. ¿Qué tal?
No me parece justo.
Esa no es mi chamba. Tienes razón, Rosa.
Tú no naciste para cuidar la vida de nadie.
Aquí la doctora soy yo.
Bueno, de eso mejor ni hablamos.
Se le morirían los pacientes, como dice su mamá.
Qué ignorante eres, Rosa. No, señorita, no soy ignorante.
He sido leal.
He trabajado y les he servido por muchos años.
Y ahora resulta que en vez de agradecérmelo me están castigando. Sí,
leal. Pero también eres una amargada y una inconforme.
Y sabes muy bien que a mi mamá le chocan las malagradecidas. Pues discúlpeme.
Pero inyectar no tiene nada que ver con su mamá.
Eso viene de usted.
Y ahorita veo de dónde y por qué.
Está celosa.
Se muere de rabia. Porque el Jaime, mire, me prefiere a mí. Y me trata y me
cumple mejor que a mí.
Estoy harta de tus locuras, de tus groserías, de que inventes cosas.
¡Ya basta, Rosa!
¿Sabes qué?
Te vas a ir a trabajar a una casa.
Ya lo tengo.
Y si no estás de acuerdo, entonces atente a las consecuencias.
¿Sabes qué?
Llegamos.
¿Es aquí?
Sí.
Estaba caminando por la calle y vi la revista.
Y me dije, Jaime, ¿por qué no se la compras a la más mamacita del albergue?
Y aquí estoy.
¿Y para mí?
¿Ves a alguien más?
Ay, mamacita, si supieras cómo me mata esa sonrisa.
Es más...
Hasta me dan ganas de ponerte casa con patio y con perro.
Es que me imagino cómo quisiera verte lavándole la ropita a nuestros niños,
teniendo nuestra cama quinsada y yo tomándome una chela viendo televisión.
Es muy en serio, donita.
Mira, yo estoy convencido que tú estás desperdiciada aquí trabajando de chacha.
Tú deberías estar en un lugar glamuroso, fino, como si fueras la reina.
Llena de luces, llena de música.
Donde la gente cuando te vea, les tenga que limpiarse las barras por esas
piernotas, por ese color de piel.
¡No, ya!
Ya estate quieto. Mejor llévate de aquí nomás, no vienes a marearme.
Un poquito nomás.
¿Sí le gustó la revista?
Llévate de aquí.
Oye. Ah.
Gracias por la revienta.
Mucho cariño, mi amor.
Después le traigo un sí a esa musiquita que estaba escuchando.
Bienvenido a la sociedad.
La casa estaba un poco amoladona, pero le metimos lana y así quedó.
Algunos ajustes hay que hacerle por ahí y por allá, pero ya nada grave.
Adelante.
Tú no sabes las que se arman aquí, ¿eh?
Ha venido de todo, pero unas mujeres que te mueren.
¿Y hay gente que vive acá?
¿No?
Total y completamente para nosotros.
Buenos días.
Buenos días.
Bienvenidos a la sociedad.
Gracias. Se echan un buen rato corriendo, ¿no? Pasen. Sí, pues hay que
condición. Adelante.
¿Se puede, doña Cata?
Pásale. Con permiso.
¿Qué pasó?
¿Funcionó? Usted tenía toda la razón.
Esa peladita es una casquisuelta. Le fascina que le echen piro.
¿Y leíste la revista? Sí, señora, y se la quedó feliz. Casi que saltaba en una
pata. Por dicho, con todo respeto, esta vuelta va a ser más fácil de lo que
pensábamos. Si hubiera visto cómo le brillaban los ojitos cuando le dije que
iba a poner casa.
Yo no te ordené a que le dijeras eso.
Pues los hombres tenemos nuestras mañas, ¿no?
Sí, ya sé.
Bueno, necesito que me la vayas hablando.
Que me la prepares para lo que te conté.
Lo que usted necesite, doña Cata. Yo te voy a saber recomendar.
Permiso. Sí, pásale.
A ver, espérate.
A ver.
Mira.
Para que le invites un refresco.
Si sigues así, vas a llegar bien lejos.
Muchas gracias.
Lo mejor de todo es la privacidad que tienes aquí.
No está mal.
Vamos.
Además, aquí puedes echar todo el relajo que quieras en las fiestas sin que
nadie te diga ni pío.
De esto se trata todo.
Un club para hacer fiestas.
Ay, por favor, Diego, no seas ingenuo.
Las fiestas son solo un pretexto.
Imagínate esto.
Gente con mucha lana forrada en barro que le interesa invertir en un negocio.
Tienes de dos sopas.
O los invitas a comer y a echar un trago, como normalmente sucede.
O los traes a una fiesta con la privacidad necesaria.
a vivir sus excesos excesos donde todas tus
fantasías las legales y las ilegales se pueden cumplir
¿Tu hogar que deseas?
Disculpe, vengo a buscar a Laura González.
Laura González se encuentra trabajando en este momento.
Pero le puedo decir que vino a verla.
¿Quién la busca?
Su abuela.
El último toque.
Joaquín no lo va a poder creer.
Esta es nuestra última oportunidad, ¿eh?
Sí, yo lo sé, señora.
Y perdóname por lo que te voy a decir, pero esta vez sí no quiero que me
a fallar, Esmeralda. No, claro que no la voy a fallar. Que siempre me dices lo
mismo. Pues esta vez lo soy usted.
Aquí tienes todo al alcance de tu mano y nadie te va a juzgar.
La mejor manera de convencer a alguien es haciéndole creer que es omnipotente.
Les das lo que quieren y se vuelven algo más que tus socios.
Se vuelven nuestros esclavos.
Suena bien, ¿eh?
Deja tú que suena bien.
Lo mejor de todo es el poder absoluto.
¿Gabriela?
Ya llegué, mi amor.
¿La vi?
¿Qué haces aquí? Pensé que ya te había sido.
¿Y por qué te pones la ropa de mi mujer?
¿Ya se peinaba?
¿Dónde está Gabriela?
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