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Dice atrás de mí la criada y frente de mí Mucama.
Cuando yo no estoy la sirvienta, pero yo me llamo Laura.
Dice atrás de mí la criada y frente de mí Mucama.
Cuando yo no estoy la sirvienta, pero yo me llamo Laura.
Laura. Que lo arregles.
Laura. Para eso le pagas a la criada.
Deja que lo haga la criada. Trabajo en una familia de alta sociedad. Tienen
mucho dinero, pero poca dignidad.
Yo soy la que la mugre tiene que tallar con un sueldo miserable que no me
alcanza para nada.
Tienen lujosas fiestas de caridad, pero a mí no me pagan el seguro social.
Son acaudalados, pero bien cochinos. No se limpian en el baño, pero usan
percubes, ¿sí no? Y a mí no me gusta obedecer.
Y a mí no me gusta obedecer.
Día uno.
Son las 1 .47 de la mañana.
Y ya estoy dentro del albergue de Dulce Hogar.
Hoy ingresamos cuatro nuevas chicas.
Dunia, Esmirna, Teresa y yo.
Y conocimos las reglas a las que nos tenemos que someter en este lugar.
Catalina Basurto
¿Qué tienes? ¿Estás bien?
¿Qué te pasa?
¿Qué tienes? ¿Estás helada?
No te duermas.
No te muestres duermas. Escúchame. A ver, retártate aquí, por favor.
Voy por ayuda.
No te muevas. Voy por ayuda.
¡Ey!
¡Despiértense, por favor! ¡Ayúdenme!
Abajo hay una muchacha que está muy mala, pero es una emergencia. ¡Córranle,
favor!
¿Quién?
Vénganse, por favor.
¡Apúrenle, apúrenle, por favor!
¡Córranle!
Estaba yo ahí, escuché unos ruidos y bajé ahí.
Me la encontré en la cocina, pobrecita. ¡Ay, Churilla!
¡Ay, Churilla!
Necesitamos, por favor, que llamen a alguien, a un doctor, por favor.
A ver, a ver, a ver, niña, por favor.
¿Qué se traen aquí, ah? Es que está muy mal. Ayúdanos, por favor, porque está
muy mal. Si no, se va a morir aquí.
Santo Dios.
Voy a llamar a Jaime.
A la enfermería. Rápido, que se nos muere. Rápido.
Ayúdanos. Ayúdanos. Ayúdanos.
Ya.
Jaime.
Jaime.
No puede ser, mía, nada más.
Ni siquiera vienes a dormir.
¿Alguna vez habías sido así tan... ¿Tan?
¿Tan seducial?
¿Con una mujer antes?
Dios, ¿por qué preguntarle eso?
¿Acaso no estoy preguntando sus historias, doctora?
Doctora, ¿qué más quisieras?
Disculpame, pero tú atendiste muy bien a Yuridia como toda una profesional.
Es más, ¿por qué no estudiarte medicina o algo si te gusta tanto?
Pues, por la gente, ya sabes.
Me gusta.
Sí, pero es que esa agencia y esos negocios son de tu mundo.
No tuyo.
Tranquila, tranquila. No hay que lastimarla.
Tranquila, tranquila.
Ya va. Ya, chiquita.
Todo va a estar bien, ¿eh?
Todo va a estar bien.
¿Pero qué te hicieron?
Dios santo, está bien. Hay que ponerle unos trapitos mojados en la cabeza.
Está muy mal. Es que hay que avisarle a la señora.
¿Dónde la llamamos? ¿Dónde la llamamos?
¿Tú conoces qué? ¿Algún teléfono? ¿Dónde? ¿Dónde? Pero no me va a llamar.
está, no está. Jaime, no está.
a las señoras, decirles qué es lo que está pasando. ¿Cómo crees? No les voy a
hablar por una tontería. ¿Cómo que tontería? ¿Y si llamamos una ambulancia?
no. Nadie sale ni entra. Con orden. Rosa, ¿no estás viendo cómo está esta
Está muy mal.
Oigan, ya, pues yo sé dónde viven las Isladis. A ver, dame chance.
Llévame, por favor. Dije que no.
Nadie sale ni entra. En este momento soy la única autoridad.
Te estoy diciendo que no.
Mi mamá necesitaba una nana derecha.
Alguien en quien confiar y que no la fuera a traicionar. Yo soy su única
familia.
Ella dice que algún día voy a heredar a su madre.
Bueno, sí.
No te vas a morir de pobre, es cierto.
No vas a pensar en el desayuno de mañana.
Pero sí podrías haber sido una gran, gran amiga.
La que salga de aquí la van a correr, se los advierto. Rosa, esto es una
emergencia, ¿eh? Las cosas se pueden poner peor.
No, pues mejor yo no salgo, nomás te digo dónde es. Está bueno, como quieras.
ver, ¿dónde vive el asesor? Ay, no, pues aquí arribita.
Ándale, ándale, atrévete, atrévete a poner un pie por allá. Si no sabes en la
que te metes.
¿A dónde va? ¿Quién es usted?
Buenas noches, señor.
Yo trabajo en la agencia y estoy buscando a la señora Catalina.
Yo a usted no la conozco, pero de cualquier manera la señora no está
Y hasta donde yo sé...
Las empleadas no tienen permitido salir a estas horas de la noche. Así que
retírese, por favor. No, señor. Esta es una emergencia. Yuriria está muy grave.
Se puso mal en el albergue.
Ocupa atención médica, si no, se nos va a morir. Está bien. Yo le aviso a doña
Cata. ¿Cómo dice que se llama usted? Yo soy Laura González. Pero, por favor,
apúrese, de verdad. Está muy grave. Está bien, está bien. Yo le aviso a la
señora. Retírese, por favor.
Vas.
Van tus 200 y 200 más.
Está segura, Lidia.
Hoy no tengo más dinero para prestar. Julián, no eres niñera, ¿ok? Ay, bueno,
Julián. Si tu hermana quiere seguir, pues ya déjala, ¿no? Ya está grandecita.
Entonces, ¿qué, lista?
Sí.
Este policía es una de tus tonterías. Soy yo, señora Fermín.
Disculpe que la moleste, pero hay una emergencia.
¿Emergencia? ¿De qué hablas, Fermín?
Una de las empleadas está grave, señora.
¿Quién?
¿Dónde está mi hija? Déjala. Busqué a la señorita, pero todavía no ha llegado,
señora.
Es que nunca está cuando se le necesita. Voy para allá.
Ven conmigo.
Tenemos una emergencia en el barrio.
Es Yuridia.
Eh, pues, ¿saben qué?
La juzgada queda suspendida, señores.
¿A usted?
No, pues, ya no voy.
Contrúlate.
Toma, Irma. Lo de tu semana y un extra.
Sabes ser muy discreta y eso lo valoro.
Gracias, patrona.
Y ahora tú, ¿qué pasa? ¿Por qué tan al pendiente de tu celular?
No nada, los bancos que andan inmamables. Me quieren meter, mejor
mano de tarjetas de crédito. Sí, mira tú, como si pudieras pagarla.
Lechita tibia con manzanilla y miel. A ver si así puedes conciliar el sueño.
Tómatela tú, Marta. Yo no puedo ni quiero dormir.
Es mi no es una muchacha joven. A lo mejor salió porque debe tener sus que
por ahí con algún galán.
Tú la conoces muy bien. Te consta que la hemos educado con principios, con
valores. Y ya sabe lo estrictas que somos con ese tema.
No es tan serio.
Sí lo es. Y mucho.
¿Cómo es que no regresa ni nos llama?
Le debe haber pasado algo, Marta.
Ya le avisamos a todos en el barrio que la estamos buscando.
En la policía nos regresaron por lo del plazo ese forzoso para denunciar.
Ya hicimos todo lo humanamente posible.
A ver, acuérdate.
¿Dónde la viste la última vez?
Eres una estúpida.
¿Sí sabes que eres una estúpida?
¿Cómo se te ocurre salir de tu cuarto a hacer escándalos en tu estado?
Claro, eso querías, ¿no? Que todas se dieran cuenta de lo sucia que estás.
Ay, Catalina, por favor. Ay, por favor.
Ella se buscó todo lo que le está pasando.
Por su aborto, perdimos el negocio.
Gente como esta no merece la más mínima compasión.
Yo lo único que te digo es que hay que vigilarla bien, que no se mueva.
Ya con lo que le puse, va a estar bien calmada, bien tranquila muchas horas.
Pero eso sí, necesita una revisión constante.
Y esto cada ocho horas, ¿sí?
Y no dejes de avisarme.
No creo que quieras tener otro cadáver en tus manos.
Ay, ¿ustedes creen que la libre se vea re temal como si se fuera a morir?
Cállate, Mirna.
Nomás la vas a talar, hombre.
Pues si lo bueno es que Laura tiene buen oído y la escuchó.
Si está bien gacho lo que nos contaste de ella.
¿Dónde está?
Méndiga, Laura.
Es la última vez que me faltas al respeto, ¿oíste?
¿Qué diría que hiciera, eh? ¿Que dejara que te muriera la Yuridia o qué?
Que entiendas cuál es tu lugar en esta casa. Eso es lo que quiero.
Que se te bajen esos aires de grandeza que traes.
Porque si no, te los voy a bajar a puro trancazo.
A puro trancazo, sí como no. Pobre vieja canija.
Se veía bien enchilada.
¿Saben qué?
Tengo que ir a hablar con doña Cata.
No sé qué vaya a pensar otra cosa.
Laura,
ahora las veo.
Espérate, Laura.
Ay, Laura.
Te lo repito, Cata.
Esa muchacha necesita atención médica permanente.
En este lugar no se le puede dar.
¿Y tienes alguna sugerencia, Julián, o hablas por hablar?
Porque yo no veo alternativa más que atenderla en este lugar con discreción.
Bueno, a mí se me... ¿Qué pasa?
¿Qué haces aquí?
Buenas noches.
Disculpe que la moleste, es que quería pedirle disculpas.
Yo no quiero romper las reglas de aquí, menos que soy la nueva, pero es que esa
muchacha se veía re mal.
Hiciste bien.
De no haber sido por ti, esa muchacha no estaría con nosotros, ¿eh?
Además, mira, Catalina no está molesta contigo, ¿verdad? ¿Verdad, Cata?
Te agradezco tu ayuda.
Y por esta vez voy a pasar por alto el rompimiento de las normas. Pero no lo
vuelvas a hacer, Laura.
Te lo digo por tu bien y por el de todas.
No, no va a volver a suceder, señora.
Bueno. No te preocupe. Buenas noches. Buenas noches, chiquita. Que estés bien.
La próxima vez no les dirijas la palabra, si no te lo pido.
Me quitas autoridad delante de ella.
No te pongas así, Cata.
Debería darte gusto que entre tu rebaño hay una oveja que es capaz de resolver
situaciones como esta.
Oveja que, por cierto, no está de mal ver, ¿eh?
Ya es de madrugada.
Sin chillar, ¿no? A seguir chambeando.
Diego, no es como que me tengo que ir a mi casa porque me están esperando, pero
tú sí.
Tu mamá no vaya a ser que le ponga dos llaves a la puerta.
Pues lo dirás de broma, ¿eh? Pero sí, me sigue tratando como un niño chiquito.
¿Te conté?
Hasta en Guanajuato me marcaba todas las noches para ver si estaba bien. Hombre,
sí me acuerdo. No me tienes que contar, yo lo viví.
A veces me desespera, pero luego pienso en lo sola que ha de estar después de la
muerte de mi papá y... Nada, la debo entender y tener paciencia.
Paciencia. Esa es una palabra que no podemos permitirnos.
22 mujeres, Diego.
22 desaparecidas.
Lo sé también como tú, compañero.
Por eso estamos aquí.
Para evitar que siga pasando y para agarrar a los culpables.
¿Por qué no me contestaste el teléfono, Jaime?
¿Dónde estabas?
Buenas noches, ¿no?
¿Qué haces despierta?
¿Es así como me contestas?
¿Dónde estabas, Jaime?
¿Con quién?
A ver.
Vámonos de tres rayitas, ¿sí? Yo no tengo que darle explicación a nadie.
¿Ah, no?
¿Entonces me quieres decir qué diablos hemos estado haciendo todo este año?
¿Jugándole al tarugo o qué?
¿Dónde estabas? Rosa, Rosa, por favor, no son horas y todo. Hubo una
Yuridia se puso mal. Y claro, como tú ni tus luces.
Esta Laura fue buscar directamente a doña Cata a su casa.
Te vas a meter en problemas, Jaime. A ver, ¿qué vas a decir? ¿Qué vas a decir
cuando te pregunten dónde estabas? A ver, Rosita, la responsabilidad de que
chachas no salgan de aquí es tuya, no mía. Y así no me creas, yo estaba
trabajando, te lo juro.
Sí, cómo no.
¿Sabes qué?
¿Por qué me revisas, hombre?
Cállate, Jaime. A ver, un momentico, espérate, espérate un momentico. No,
no. Te lo juro que yo estaba trabajando, mi amor.
Mi reina.
Estoy muy cansado y tengo hambre.
¿Por qué no vas y me preparas algo de comer, sí? Por favor, te lo pido.
Y esta noche no te puedes quedar conmigo.
¿Por qué no?
Porque te vas a quedar en tu cuarto.
Mamacita.
¿Me puedes decir dónde estabas, Stephanie?
Ay, mamá, creo que ya estoy un poco grandecita para que me preguntes esas
¿Y por eso entras como tontita, escondida?
Ojalá estuvieses consciente de lo que estuviste a punto de provocar.
¿Ah, sí?
¿Y ahora qué hice?
Yuriria estuvo a punto de morir, sí.
¿Qué?
¿Cómo? Pero si tomé todas las precauciones. Qué bueno que no te dejé
medicina, mi hijita.
Ya tendrías un montón de muertos en tu haber.
Si no ha sido por esa muchacha que me vino a avisar.
¿Quién?
¿Laura? ¿Y te vino a avisar?
¿Cómo?
¿Desde cuándo las empleadas vienen a tocar la puerta de nuestras casas? Pues
me vino a buscar aquí.
Pues qué descarada. Eso no se hace. Mañana mismo le voy a poner un castigo
esa... No, no vas a hacer nada.
Porque si no has ido por esa muchacha, ahorita te entregamos a la policía.
Y a una muerta.
Mamá, esa Laura me da muy mala espina.
Es muy rara. Por favor, haz algo con ella. Aquí lo único raro... Es que esa
muchacha sin educación es mucho más hábil y mucho más inteligente que muchas
aquí.
¿Quién habla?
Jerónimo.
Soy yo. Una de las chicas me prestó su teléfono. No tengo mucho tiempo para
hablar.
Aquí están pasando cosas muy extrañas.
Una muchacha abortó y no la quieren llevar al hospital.
Laura, te lo dije, ¿no? No me gusta nada lo que me estás diciendo. Sal de ahí
inmediatamente. No, no, no. Yo no me voy a mover de aquí hasta conseguir la
información que me dio de encontrar a mi mamá.
Mira, podemos conseguir la información de otra forma y estoy seguro... Esta es
la mejor forma.
Me estoy ganando la confianza de la dueña y seguramente pronto va a empezar
hablar.
¿Pero a qué precio, Laura?
Te estás arriesgando mucho.
Jerónimo. No te preocupes por mí. Yo me sé cuidar sola.
Mejor preocúpate por ti.
Y... Te extraño.
Te amargo después.
¿Qué? ¿Yo le recojo el plato o qué? No, espérate, espérate, espérate.
Órale, órale. ¿Tú?
¿Qué pasó?
Hola.
Perdón, Rosa, ¿eh?
Discúlpame.
Te fueron a buscar y no estabas. Sí, ya sé. Lo que pasa es que, pues, me tardé
un poquito más en el baño.
Te recuerdo que aquí se desayuna a las seis.
Y a las siete ya estamos en entrenamiento.
Sí, me explico, ¿no?
Sí, claro que te explicas y te prometo que no va a volver a pasar.
No. Yo no creo en promesas, sino en actos.
Las reglas que valen para uno, señorita, valen para todas.
Está bueno.
Pues dame chance de desayunar y mira, mañana les hago unos omelettes a todas,
¿va? ¿Omelettes?
¿Qué es eso? ¿De dónde sacaste esa palabra, dominguera?
Pues...
Omelette a mí, allá donde trabajaba.
Mi otro patrón siempre me pedía que le hiciera sus omelettes. Son unos huevos
ahí, como en una tortita. ¿No está bien? Ah, la torta.
La torta de huevo.
Se terminó el tiempo de desayuno.
Laura González lavará los trastes de todas, así como también liberará la
completa.
Sola.
Ay, manita, pues te ayudamos a recoger aunque sea.
Órale.
Ay, Teresa, a ver, toma.
Nos vemos, ma.
Oye, no, no, no, no desayunaste, hijo.
¿Ya me tomo un café?
No, eso no es desayuno. Ven, te voy a hacer unos huevitos y una chilaquiles.
No es necesario.
Además... ¿No habíamos quedado que ibas a contratar a una muchacha para que te
ayudara con todo?
Sí. No quiero ser una molestia. No vas a ser molestia. Ya hablé con Catalina y
pronto nos va a mandar una chica que se adapte a nuestro estilo de vida. No
quiero que sea pronto. Necesita ser ya.
Tú eres la reina de esta casa. Necesitas descansar.
Por cierto, ayer llegaste tarde, ¿eh? ¿A dónde fuiste?
Ay, al Círculo de la Biblia.
Cierto, cierto.
Bueno, me voy al club que me quedé de ver con unos amigos y de ahí me voy al
trabajo y los chilaquiles quedan pendientes.
Ok, mi amor.
Chao, mamá. Un bonito día. Igualmente.
¿Y cómo están mis muchachitos, mamá? Todos un día preguntando por ti. Se la
pasan chille, chille.
Dígales que muy pronto los veré, de verdad, y que siempre pienso en ellos.
Si eso fuera cierto, no los hubieras abandonado como lo hiciste.
Eloisa ya no tiene zapatos.
Anda así, sin suelita, la pobrecita.
¿Y el dinero que le dejé a mamá?
Ya se acabó, Teresa.
El señor de la tienda manda cobre y cobre.
Ya no me quiere ni fiar unas rebanaditas de jamón.
Ni de mis medicinas.
Bueno, mejor ni te digo, ¿eh?
¿Y esa tos?
No, nada, nada, mamá.
Mire, yo le juro que bien pronto le voy a mandar dinero, mamá.
Y sabe que ya me tengo que ir, pero díganle, díganme, niños, que yo los
mucho, mamá, y que los extraño un torre.
Mamá.
Se acabó el tiempo.
¿Y ustedes qué hacen ahí para dotas? ¿Que no tienen nada que hacer?
Ya, no más llamadas el día de hoy. ¡Vamos!
Perdón, Chava.
Gracias, Teresa.
Perdón, Chava. ¿Y tú?
Se te hace tarde para el training. ¿Vamos?
A ver, a ver.
Cálmate, Genoveva.
Estoy buscando la candidata para el puesto.
Ya no aguanto más, Catalina.
Cuidar a estos piojos llorones no es parte de mi trabajo.
Eso no es la posición que yo tenía en esta empresa.
Es que no es tan fácil, mujer.
Hay que encontrar a la persona adecuada.
¡Silvio!
Permíteme, ¿sí?
¿Qué pasó?
Llévate esto, ¿sí?
A ver, ¿qué me decías?
Genoveva, sabes muy bien que la mujer que necesitamos necesita cumplir con
ciertas características.
¿No queremos a alguien que nos pueda meter en problemas, o sí?
No, por supuesto que no. Pero también quiero decirte que ya hay varias
agendadas. Y si tú quieres que este negocio funcione, tienes que mandarme a
nana hoy mismo.
Mira, las cosas se dan a su tiempo, ¿sí?
Pero antes de que me vuelvas a hablar así, acuérdate de quién está por encima.
¿Quién da las órdenes aquí?
Eh... ¿Doña Cata puede hablar con usted?
Entonces, recapitulando.
En el servicio de una mesa de etiqueta, una vez que la mantelería esté bien
colocada, lo primero que se pone es el bajo plato. ¿Rosa?
Y luego, a ver... ¿Dunia?
¿Qué sigue después?
El plato de la sopa.
Ay, no, ¿es en serio?
¿Cuántas veces se los tengo que repetir? ¿Cómo el plato de la sopa? No puede
ser. No, pues el de la ensalada y luego el de la sopa.
Ay, ya, Teresa, me tienes harta con esta tos. Me pones los pelos de punta. Si no
la puedes controlar, entonces salte. Ni que lo hiciera a propósito.
¿Perdón? ¿Y a ti quién te preguntó?
Cuando termine el entrenamiento te vas directo a la enfermería. ¿Todo claro?
¿Y tú?
¿Que eres la defensora de los desamparados o qué?
No, pero Teresa no lo hace a propósito, no la quiere interrumpir.
La tos es un reflejo involuntario, no lo podemos controlar.
¡Wow!
Demasiado discurso para una muchacha, ¿no?
Pues nosotros tratamos de hacerlo mejor. Solo queremos aprender.
Lo que tienes que aprender es a quedarte callada.
Durante mis entrenamientos no quiero que digas ni una sola palabra, ¿entendido?
Y cuando te hable yo o te hable tu patrona, miras al piso.
¡Al piso!
Bien.
¿Alguien más tiene alguna otra pregunta?
Yo.
¿Cuándo vamos a empezar a trabajar, señorita? Ay, niña, pero si apenas estás
empezando, no sabes hacer nada. ¿Cómo vas a trabajar?
Ay, Dios mío, por favor, dame paciencia con tu madre.
Fui a hablar con los familiares de Carmen y me dieron la dirección de la
donde trabajó aquí en México.
¿Cómo los fuiste a ver hoy?
Sí.
¿No dormiste?
Pues, prácticamente no.
Era la casa de la familia Altieri.
Altieri, no me digas que de casualidad es Rodrigo Altieri.
Sí. ¿Lo conoces?
Sí, lo conozco.
Ah, mira lo que conseguí. En una tienda de segunda mano, para que parezca más
real. ¿Qué es?
¿Ves? Dime si te gusta.
Ah.
Importaciones y exportaciones. Pues sí, delgatazo.
Y si nos cae un cliente, ¿qué le vamos a decir?
Señor importador, seguramente se le ocurrirá algo inteligente para decirles.
Señor licenciado exportador, aquel importador eres tú.
¿Qué me decías de los Altieri?
Ah, te decía que conozco al hijo de Rodrigo Altieri.
Iba conmigo en el club y nos veíamos en cosas de la escuela y así.
¿O sea que es como de tu gente?
Digamos que es de la gente de mi mamá.
Yo entre más lejos estaba de ellos mejor.
Entonces, hablaste con Rodrigo Altieri. ¿Qué te dijo? No, con Mateo. Tu amigo,
su hijo, ¿no? No es mi amigo.
Ok. ¿Qué te dijo?
Me dijo que no la conoce, que nunca trabajó ahí.
Luego le enseñé los mails y de pronto, como de la nada, se acordó.
Y me dijo que sí, que trabajó con ellos una temporada muy corta. Que literal se
fue como la chacha.
Obviamente no le creí nada.
Esos presos del club son muy raros mentirosos.
Por eso pienso y lo sabré otra vez. ¿No sabes qué?
Déjamelo a mí, va a ser mucho más fácil.
Mateo no suele hablar con gente que está fuera de su círculo.
Y una vez que estás dentro, como yo, se le suelta la lengua muy fácil.
Ahí le puedo sacar información sobre Carmen.
Buena idea.
O sea, el Thierry, qué loco. Amigos de mi familia. El mundo es muy chiquito.
Doña Cata, es que vine a confesarle que yo no le dije a Mamanita que venía aquí.
No me digas que eres una niña que guarda secreto.
No.
Es que me dio miedo que no me fuera a dar el permiso. ¿Y por qué le tienes que
pedir permiso?
Bueno, es que ya le dije que ella es como mi mamá. Yo la quiero ayudar.
Claro, por eso me contaste lo de la casa que les quieren quitar, ¿no?
Se ve que no entiendes la proporción del dinero, ¿es verdad?
Porque una casa no se puede pagar solo trabajando de doméstica.
¿Entonces no me va a alcanzar? ¿Así yo trabajo con todas mis fuerzas? No, yo no
dije eso.
Yo dije que no podrías hacerlo solo trapeando y lavando ropa.
Pero hay otras maneras.
Ven, chico.
Si quieres yo te puedo ayudar, pero necesitas estar dispuesta a trabajar en
un poquito más complicado.
Sí, doña Cata, ayúdame.
Mire, yo haría cualquier cosa por obtener ese dinero.
Para hacer ese trabajo tienes que ser independiente, que nadie se meta en tu
vida.
¿Estás dispuesta a hacer eso?
Muy bien, entonces vas a ir al albergue, te vas a enfrentar con...
¿Cómo se llama?
¿Mamanita? Y le vas a decir que ya no vas a regresar, que te deje en paz.
Le dices adiós y ya.
Yo te voy a ayudar a conseguir ese dinero que necesitas para que te
en la adulta independiente que quieres ser.
Quiero que me hagan un resumen de todo lo que aprendieron el día de hoy.
Una que se equivoque y todas pagan.
¿Todas? Pero si Esmirna no está.
A ver, Dunia, ¿cómo se dividen los cuchillos?
Ah, pues... Este es el de filetear.
Este para la ensalada.
Y este... Ese es el trinchador.
Ah, pero no te podías quedar callada, ¿verdad? Imposible.
Rosa, llévatelas a lavar las ventanas, por favor.
Sí, señorita. Vamos, vamos.
Unas cubetas, periódico, trapos.
Ey, tú, quédate aquí.
Respondona insolente.
Eres muy inteligente, ¿verdad?
Pues yo solamente quería ayudarla.
Yo no estoy jugando, Laura.
¿Vas a aprender a quedarte callada?
Si quieres ayudar, entonces ve a lavar las ventanas con todo.
¡Fuera!
Jerónimo, ¿de verdad te vas a llevar a Laura de viaje a Washington?
¿Estás bien de la cabeza?
Estoy mejor que nunca, Gonzalo.
Jamás me imaginé ver a Jerónimo Aguirre enamorado.
Bueno, y esta niña sí está enterada de lo que está haciendo.
Está dejando a su familia, su trabajo y todo para irse contigo. Sí, sí, lo sabe
perfectamente y está emocionada. No para de hablar del viaje.
Te dije que esa niña era volátil.
¿Cuántos meses me pediste que le diera una oportunidad aquí en el periódico?
tienes razón. Y yo te agradezco por haberle dado esa pasantía.
Y así es como me lo pagas.
Llevándotela de viaje. No, pero no se va de vacaciones. Va conmigo, va a
trabajar. Allá va a hacer algunos reportajes, va a madurar.
Y te digo algo.
Sí. Laura nos va a sorprender.
Vamos a verlo.
Mamita. Ey, con calma, vas a terminar con él.
Vamos. Le das los antibióticos y no me falles.
Porque así te va.
Si te pone mal, le da fiebre, lo que sea, le llamas inmediatamente al doctor
Morelos, ¿entendido?
¿Por qué me pones esa cara, Rosa?
Pues porque no tengo otra.
Lo suficiente con todo lo que hago en esta casa, ahora voy a hacer la chacha
la chaca.
Sabes que todo...
Este asunto de Lloriri es muy delicado y que hay gente muy importante que se
puede perjudicar si las cosas no saben.
Bueno, pues ellos se lo buscaron, señorita.
¿No? Si ellos querían divertirse, pues entonces hubieran ido a jugar tenis o yo
no sé con qué se diviertan esos mireyes en vez de estar aquí abusando. Cierra la
boca rota.
En lugar de estar quejándote, deberías encargarte de que las nuevas no se
enteren de lo que le pasó a Lloriri en el baño.
Pues eso sí que va a estar muy difícil porque aquí todas son re chismosas.
Pues encuentran la manera.
Y si no, entonces reconoce que no estás preparada y te regreso a tu trabajo
anterior. Lo de Yuriria no puede salir de aquí.
¿Tú a dónde vas?
Me voy, mamarita. Es por nuestro bien.
Es Mirna.
Pero qué locura es esta.
Yo me voy y ninguno de ustedes va a poder evitarlo. Pues yo no te doy
irte. Pero yo soy mayor de edad y ya no necesito su permiso ni el de nadie.
Tú nunca has sido así. ¿Qué te pasa, mi niña?
No es nada malo. Me voy. Me voy a trabajar en la agencia de domésticas.
Mamanita, nunca puede ir a buscarme.
¿Ok? Cuiden a mis hermanitas y ya es por el bien.
Por favor, por favor, no vayas a esa casa.
Doña Cata no es una buena mujer, yo sé lo que te digo.
¿Pero por qué? ¿Por qué hiciste que esa gente es tan mala? ¿Qué le hicieron?
Porque... porque lo son. Porque lo son, Esmirna, y no preguntes más.
Bueno, a mí no me lo pareció. Y lo que estoy haciendo es por el bien de todas.
Así que ya no se pongan en el camino porque de todos modos me voy a ir.
Pues yo no te lo voy a permitir.
Yo no estoy pintada aquí. Te he mantenido toda la vida.
Te he dado casa, comida, sustento.
Tú no te mandas sola, ¿eh?
Quítese de la puerta.
No. Esa mujer es una tramposa. Miente, manipula. Ella no te va a ayudar.
Bueno, yo vine aquí a avisarle para que no se quede con el pendiente. Vine aquí
para que no sufra por mí. Pero yo no vine aquí a pedirle ningún permiso. Así
que, por favor, quítese de la puerta.
Esmirna. Esmirna, escúchame, hija.
Esmirna.
Esmirna, no puedo dejar que te vayas con doña Cata, no puedo.
Usted no puede hacer nada, usted no me manda y no es mi mamá, que no tengo por
qué obedecerle. Yo soy libre, soy una mujer libre.
¡Esmirna! ¡Esmirna!
Yo te bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Felicidades. Gracias.
¿Te gustó la ceremonia?
Sí, sí, muy bien. Muy bonito, ¿verdad?
A ver cuándo le toca a ustedes, ¿no?
Quiero ser el padrino del primero.
Ah, eso por supuesto.
Santi se portó muy bien.
Sí, es una bendición.
Bueno, ¿y ustedes para cuándo? Lo mismo le pregunté a Joaquín. A ver, pues ya se
tardaron un poquito, ¿no?
Estamos en esto. Pues ya apúrenle, porque ya no son tan jóvenes y las cosas
ponen cada vez más difíciles. ¿Qué le pasa?
Ay, bueno. Perdón.
Bueno, yo me voy adelantando, ¿sale? Vamos.
Vénganse. Te ayudo, mi amor. Gracias.
Vente, Santi. Vamos, por aquí.
Gabriela.
Gabi, Gabi, Gabriela.
Contrólate, por favor. No te pongas así. No pasa nada, ¿eh? No pasa nada.
¿Tú crees que todo está bien?
¿Tú crees que todo está bien con nosotros, Joaquín?
Sí.
Vamos a encontrar una solución. ¿Cuál solución, Joaquín?
¿Cuándo?
Sueldo.
Aunque se quedaron húmedas, ¿no? Claro que no, si le puse jabón.
¿Qué pasó?
mi Teres, ¿eh? ¿Por qué andas chillando?
No, no, Laura, no marqué.
Pues ya me di cuenta que todo esto es un engaño.
¿Y por qué dices eso?
Pues porque no he trabajado, Laura, no le he podido mandar de nada a mis
tamaquitos y no tienen ni pa' comer, ni pa' la escuela. Yo me siento muy mala,
¿verdad? No se vale.
Mira, tranquila, tranquila, mira. Si quieres vamos a irte afuera para que
un poco de aire y platicamos.
Si no, te relajas, ¿eh?
Abre.
Abre, cuéntame.
Ay, pues dicen que al menos si lo sacas, pues te vas a sentir más tranquila.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué necesitas?
Aquí están adentro.
A ver, Doña, esto no está bien planchado.
¿Qué estás haciendo, Abelina? Esto no se dobla así.
No, pues es que, Rosa, yo nada más sola no me hallo.
Ay, esa es tu respuesta para todo. No me hallo.
Aprende a responder y si no, no digas nada.
¿Quién dejó esto así?
Ay, se ha quemado la camisa.
Les hice una pregunta.
¿Quién dejó la plancha así?
Yo fui, yo fui, yo fui. Qué pena, discúlpeme.
Me distraje.
Laura, es el colmo. ¿Tú otra vez?
Te lo advertí, ya no te soporto más.
Te acabó tu tiempo en Dulce Hogar.
Señorita.
A lo suyo.
Claro que sí, mi amor.
En la tarde te mandó alguien.
Pero por supuesto que va a ser la mejor.
No te preocupes.
Déjalo todo en mis manos.
A ver, luego te hablo, ¿sale?
¿Qué pasa, Stephanie?
Ahora sí ya es el colmo, mamá. Basta. Esta chacha es de lo peor. Stephanie.
Bueno, esta señorita, además de ser rebelde y grosera, es una tonta
mamá. Stephanie.
Quemó una camisa.
Pero ya le pedí disculpas a la señorita Stephanie.
Y también se las pido a usted, señora. Es que allá donde yo trabajaba, pues,
nada más hacía limpieza y cocinaba. Eso de la planchada a mí no se me da.
Ay, niña, por favor.
Si querías estar aquí, entonces tienes que aprender a hacerlo todo.
Ya basta.
Yo me encargo de esto.
Señora, discúlpeme.
Mire, si quiere, pues, descuéntamelo de mi sueldo o yo voy y hablo con la señora
de la camisa y le explico qué fue lo que pasó. Ya, ya.
Ni que fuera para tanto.
Ven acá, siéntate.
Siéntate, Laura.
A cualquiera le puede pasar una cosa así.
Finalmente, lo que importa es que me doy cuenta que no eres como las demás.
Lo que hiciste ayer no lo hace cualquiera.
Salvar a una compañera, reaccionar adecuadamente.
Tomaste una decisión arriesgada, pero muy oportuna. Y a mí me gusta mucho eso.
A mí me gusta la inteligencia, el arrojo, la iniciativa.
¿Sabes? Yo creo que estás lista para dar un nuevo paso.
¿Cómo digo?
Que estás lista para un trabajo muy especial.
Es que todos nos ven como bichos raros.
Somos la única pareja de nuestro grupo social que no tiene hijos.
Es como si Dios nos hubiera castigado.
¿Qué te pasa? Estoy trabajando, Gabriela. ¡No estoy hablando, amor!
Quiero ser mamá y se me acaba el tiempo. Pero claro, a ti no te importa porque
tienes tus cosas, tu trabajo, tus amigos. ¿Y yo qué tengo?
Yo no tengo nada.
No seas exagerada, por favor.
No, no estoy exagerando.
Quiero que le hables a la señora Bacurto.
A ver, si ella no nos ha hablado es por algo.
Quizás es lo que Dios quiere.
No. Lo que Dios quiere es que yo sea mamá. Porque si no, no hubiera puesto a
esta señora en nuestro camino.
Lo que nos ofrece la señora Basurto va más allá de cualquier límite. Es una
locura. Si le decimos que sí, ¿dónde van a quedar nuestros principios? Es que,
amor, yo ya no lo soporto más.
Siento que sin un hijo mi vida no tiene sentido. Me siento inútil, amor.
Mi vida.
Pishi.
Yo quiero un hijo este año, ¿sí? Y no voy a adoptar un amor.
Por favor.
Por favor.
Por favor.
Por favor, por favor.
Por favor.
Ya, Gabriela, Gabriela. ¿Sí?
Por favor, por favor, por favor, ¿sí?
Chao. ¿Viego?
¿Qué onda?
Mateo. Años sin verte. ¿En dónde te metiste o qué? ¿Ya ves? ¿Qué tal,
Mucho gusto.
Pues volviendo acá a la civilización.
Estaba en Guanajuato.
BP de una transnacional.
Ya sabes.
Ah, muy bien.
Oye, pues aprovechando que estás acá, ¿qué vas a hacer mañana o qué?
Por lo pronto, recuperar la condición física, entrenar.
Está bien.
¿Cómo ves si eres mi partner de tenis?
Encantado. ¿Tenías buen revés, me acuerdo?
Tengo. Ok, espero que no estés medio oxidado. Vas a ver mañana.
Ok, mañana en la cancha lo veremos. A la misma hora. A la misma hora. Ya estás.
Mucho mejor mañana. Muy bien. Nos vemos. Chao.
Vámonos.
¿Me vas a explicar por qué tienes tanto miedo de que Esmirna trabaje con esa
señora?
Déjame rezar, Marta.
No es normal.
Va a un trabajo, es su vida, es mayor de edad.
Sabíamos que algún día llegaría este momento. ¿Por qué te pones así?
¿No viste cómo se me reveló? ¿No la oíste cómo me habló? Esas no son sus
palabras, sino de esa mujer.
¿Qué mujer? ¿De quién estás hablando?
Nunca debí haberla llevado ahí.
Un error muy grande haber ido a remover las cosas.
No entiendo tu angustia.
Somos amigas.
Más que eso, somos familia.
Solo nos tenemos la una a la otra.
¿Por qué te has negado siempre a hablarme de tu pasado?
Porque te pondría en peligro. Como alguien que quiso ayudarme hace muchos
yo ya no puedo cargar con más tiempo sobre mi alma.
Pero créeme, tenemos que sacar a Esmirna de ese lugar.
Antes de que sea demasiado tarde.
Laura, ¿y mañana mismo te vas?
Sí.
Ay, pues ojalá te toque con una buena familia.
No como le tocó a la Yuriria.
No, ni lo mal de Dios.
No, hombre, a mí se me hace que lo de la Yuriria fue más que una relación con su
patrón. Es que si no, las señoras no tendrían por qué quererlo guardar como
fuera un secreto.
Eso sí.
Pero la verdad es que yo a veces no las entiendo.
Pero ustedes cuídense, ¿eh?
Hay que estar al pendiente la una de la otra. Aquí en la capital estamos solas,
no tenemos ningún pariente.
Oye, ¿y a dónde te van a llevar?
Sepa.
Oye, Laura.
Pues, de verdad, muchas gracias por echarte la culpa, ¿eh? Porque, pues, yo
había tenido que pagar las camisas y aparte pagar las medicinas.
Ya no me hubiera quedado dinero para mandarle a mi chamaquito. Yo lo sé, ¿eh?
te preocupes.
Teresa, sigues tosiendo re mal.
Oye. Al menos tú ya vas a tener chamba, ¿no? ¿Qué una?
Ya lo sé.
Pero pues la verdad a mí me gustaría quedarme aquí con ustedes, que ya no nos
separemos.
Pero bueno.
Oye, les encargo a la Yuridia, ¿eh?
Está re mala. Hay que cuidarla.
Sí.
Bueno, pero ya no hay por qué estar mal, porque todas tenemos alguien por qué
luchar, ¿verdad que sí? Y hay que tener fe en vez de miedo, porque la Virgen de
Guadalupe nunca nos va a abandonar.
Pues sí. Ya.
Tienes razón.
Ánimo, muchachas. En mi pueblo decían que cuando los problemas estaban más
fuertes, todo se curaba con una buena cumbia. ¡Ah!
¡Ah, ya deciste! ¡Vas otra vez!
¡Venga! ¡Ay, no!
¿Sabes bailar? No, yo no.
¡Ay, no!
¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no!
¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Ay, no!
¡Ay, no!
Salió a hacer algunas compras y de ahí se iba a ir a cenar con unas amigas.
Yo que pensé que mi niñita no tenía ganas de andar paseando con todo lo que
sufrido.
Sus amigas fueron las que insistieron y le están haciendo una despedida.
Yo también venía a eso, a darle un abrazo y la bendición.
Van a ser solo unos meses, doña Cruz.
Más pronto de lo que usted se imagina, seguramente ella va a estar de regreso.
Pues sí, pero quién sabe si yo siga por aquí.
Estoy llena de achallé.
Con un pie en la tumba, señor. No, no diga eso.
Le aseguro que usted está mejor que yo.
Yo soy solo una vieja tonta que no sabe quedarse callada.
Por eso quiero ver a Laura.
Porque quiero decirle unas cosas.
¿Hay más secretos?
Ay, señor Jerónimo, no me pregunte.
Son cosas que solo puedo decirle a ella.
Entiendo. Y mire, vamos a encontrar la manera que hable con ella personalmente
para que se lo diga, ¿ok? Antes de que nos vayamos de viaje.
¿Quiere dejarle sus cosas?
Sí, por favor. Pase, ahí en la recámara está su maleta. ¿Quiere un tecito, un
vaso de agua? Un té, por favor. Pase, en su casa.
Gracias.
y a empezar la peleita, papá.
Eso.
Qué canadera que estaba.
Ahí está.
Nos fuimos, papá.
A ver cómo baila este gallo esta noche, mijo.
¿No estoy?
No, no se puede poner un calzoncillo de hombre negro, negro. Hola, papi.
¿Se puede?
Eh, pues ya entraste.
¿Qué hubo, mijo? No se deje llevar a las cuerdas, no, señor. Varón, parado,
parado.
¿Todavía estás enojado conmigo?
Mamacita. Te traje un regalo.
Mamacita, de verdad, estoy viendo una pelea que quería ver hace mucho tiempo,
no me moleste.
¿Qué onda, hijo? ¡Uno, dos! ¡Uno, dos!
¡A la cara, a la cara!
¿Y qué querías?
Mamacita, ¿le pongo pausa aquí?
Sí.
¿Cómo que querías?
Rosita y... ¿Y tú ladrón de o qué?
Ay, ya, no te has mal pensado.
¿Te gusta? Es una chimba. Bueno, fregón, como dicen ustedes.
Pues es todo tuyo.
A ver.
Y tan tuya soy yo también.
O sea, si yo me equivoco, casi me mata. Pero si esa novata lo hace, la premia es
mandando a la casa de Lidia Puga.
No entiendo, mamá, te lo juro que no.
No tienes por qué entenderme.
Yo tengo mis razones. ¿Ah, sí? ¿Qué razones son esas? ¿Me las puedes
para que luego no me digas que no sé nada de lo que pasa aquí?
El hijo de Lidia le pidió que contratara a una trabajadora doméstica. Y tenemos
una docena. ¿Por qué precisamente esa?
Bueno, es que pidió la mejor, de buena presencia.
Y Laura, líder en este departamento, ¿no crees? Para mí toda esa niña.
No te hagas.
Ya sabes que digo la verdad.
Si solicitan a una chica guapa, la van a tener.
Si el hijito de Lidia Puga le quiere dar rienda suelta a sus hijitos, pues que
lo haga.
Ya le cobraremos más por el servicio.
Y qué mala capa.
Ay, por favor, no sea tonta.
Laura es hábil.
Y si llega a pasar algo, pues se lo cobramos. Y ya.
No entiendo, mamá.
Te lo juro que no entiendo por qué tanto trato especial con esta Laura.
¿Sabes por qué?
Porque siento que ella es inteligente, decidida.
Mi hija no va a cambiar nunca, Ramiro.
Rosita. ¿Qué?
¿De dónde sacaste el yete para comprar este reloj?
¿Cómo de dónde?
Tantas horas extras que llevo trabajando aquí para la Free Lady.
Arreando ahí toda esa bola de naca desbalagada.
Ajá.
¿Te das cuenta, verdad, Jaime?
Que yo soy la mejor mujer que puedes tener.
Porque no siempre voy a ser una gata, ¿eh?
Yo soy una mujer que tiene aspiraciones.
Que tiene meta.
Si tú me engañas, Jaime, yo te mato.
Con estas manos que hacen que se...
Segundo día.
En este lugar le hacen creer a las empleadas domésticas que las van a
pero en realidad las están explotando.
Yuriria, una de las chicas que trabaja aquí, está al borde de una terrible
situación.
A mí me gustaría quedarme a ayudarlas, pero no puedo desobedecer las órdenes de
Catalina Basurto.
Comienzo a ganarme su confianza y siento que eso me puede ayudar a conocer sus
secretos. Cada día que pasa estoy más cerca de saber dónde está Amanda Rojas.
Y de dónde está mi mamá.
Y por Dios, me lavas bien los baños. Que queden relucientes. Te juro que lo
checo todo antes de que te vayas, ¿eh?
Ay, esa mesa me trae loca.
Siempre se le ve el polo.
Usted no se preocupe, señora.
Que yo no le voy a fallar.
¿Será que tenga algún lugar donde yo me pueda cambiar?
Uy, tengo un cuarto de servicio, pero lo uso de bodega. Años que no contrato a
nadie que me ayude, pero... Ah, pues puede ser en el cuarto de huéspedes.
subiendo del lado izquierdo la primera puerta.
Está bueno. Gracias.
Doña Cata, ¿me mandó a llamar?
¿Cómo andas de salud, Esmirna?
Pues bien.
Digo, a veces me siento un poco cansada y se me nubla la vista, pero yo creo que
es porque trabajamos muy duro allá en el refugio.
¿Y te has embarazado alguna vez?
No, ¿cómo cree?
Yo soy decente.
A mí mamanita me enseñó muy bien los valores de la vida y los peligros del
pecado. Yo soy devota de la virgencita.
Sí, pero ¿has estado alguna vez con algún muchacho que te haya gustado, no?
Nunca, señora.
¿Cómo?
Entonces eres virgen.
Bueno, es que las muchachas ya no suelen ser como tú. Te felicito.
Ven, siéntate, siéntate.
¿Sabes?
La virginidad es un tesoro.
Las abuelitas tenían razón.
Te da vergüenza hablar de eso, ¿es verdad?
Pues es que ya les dije que eso es pecado.
Eso te lo enseñaron en ese refugio del que tanto hablas, ¿verdad?
Escúchame bien.
Cuando hay amor de por medio, ya no es pecado.
Porque el cuerpo de la mujer no es pecado, es bendición.
Y Dios nos hizo así para sacarle provecho.
Muchísimo provecho, mucho más del que te imaginas.
¿Y usted dice, doña Cata?
Es mi hernado.
¿A ti te gustaría tener un bebé?
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