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Ya están desgastadas todas las palabras Lo que queda entre tú y yo
no le alcanza el corazón Lo descubrieron, padrino.
Descubrieron que matamos a Leandro.
¿Él dijo el nombre de Leandro?
No.
Pero él dijo que sólo le diría el nombre del difunto a la policía.
Solo falta que pase aquí a la casa del inspector.
¿Y ahora, padrino?
Ahora tú irás hasta el fin.
Hasta el fin, pero ni conozco a ese hombre. No sé si tiene familia.
pudrirte en la cárcel, Joao?
No.
Entonces encuentra el modo.
Resuelve.
Y esta vez que sea bien hecho.
De acuerdo, padrina.
Entra.
Me dio tanto miedo que no vinieras.
Disculpa, me atrevé.
Ni te dio tiempo de arreglarte bien, que te conozco.
Creo que enloquecí.
¿Qué?
No, no es nada, tonterías.
Dime qué sucedió.
Necesito de tu ayuda.
No tengo nadie más a quien recurrir.
Celeste, ¿qué sucedió?
Nunca te había visto así.
Nunca estuve en una situación tan complicada.
Tú sabes que puedes contar conmigo.
Lo sé.
No sé cómo decirte.
Necesito 500 .000 ahora.
Es una cuestión de vida o muerte.
Pero es mucho dinero.
Disculpa.
Disculpa que te ponga en esta situación.
¿Y para qué necesitas tanto dinero?
¿Te acuerdas de mi amante?
Que mentía desaparecía, ¿recuerdas?
¿Y Cavalcanti? Cavalcanti está en la empresa, gracias a Dios.
Porque si estuviera aquí, no sé cómo me controlaría. Espera, espera.
Explícame con calma, no te estoy entendiendo bien.
Tu amante, él huyó, Isabel.
¿Tu amante huyó?
¿Para dónde tu amante huyó? Eso no tiene importancia.
Necesito ese dinero.
Es urgente.
¿Tu amante huyó para dónde?
Para Sao Paulo.
Para Sao Paulo. Eso no tiene importancia, pero quiero... ¿Cuál es el
tu amante? Eso que interesa.
Debo saber el nombre de tu amante. Dime.
Él es el empleado de tu marido.
Quiero saber el nombre. Dímelo.
Leandro.
¡Isabel!
¡Isabel! ¡Isabel!
Es importante para mí.
Y que mañana temprano haya un vuelo para Sao Paulo. No es caro. Pero piensa
bien. Piensa bien. No puedo pagar ese pasaje a escondidas de tu padre.
Sin entender que... Ya sé, abuelito.
Tengo un problema de dinero con mi padre. Sí, pero eso no lo justifica. No
hacer eso. Tú puedes hablar con él. Un minuto.
¿Qué?
Espero que no sea mi opción.
Menos mal que ya llegaron. Entren, entren.
Estaba conversando con tu madre y de repente se desmayó, cayó pálida y yo...
no sé.
Madre.
Madre, soy yo, tu hija Antonia.
Isabel.
No sé qué... Isabel.
Madre, dime algo. Llámame a alguien. Llamé a una ambulancia, solo que hasta
ahora nada.
Soy yo.
Voy a llevarla al hospital en mi auto.
Quítate, quítate.
Váyase de aquí, no quiero a nadie. Soy yo, soy yo. Quiero estar sola. Soy yo,
Antonia, tu hija.
¿Esto ya sucedió antes?
Madre, no.
Pero no te preocupes, va a pasar.
Antonia, cuida a tu madre y yo voy a llamar a su médico.
Celeste, ¿me puedes acompañar un instante?
Claro. Por favor.
Claro, no.
Celeste.
Señor Antonio, estoy tan... Celeste, estaban conversando y ella se desplomó
De la nada, señor Antonio. Si yo fuera usted, buscaría un médico para Isabel en
Sao Paulo, en Río de Janeiro.
Él llegó en medio, Celeste.
Me quiso tomar.
Me quería agarrar.
Comerme.
¿Quién? ¿Quién era?
¿Quién, madre?
Me va a matar. No te sucederá nada. Estoy aquí.
Tengo miedo de él.
Él vino por detrás de mí.
Por detrás de mí.
Él me agarró. Él me besó.
Mi padre, Mar.
¿Es mi padre?
Mar. Mar.
Mar.
Habla.
¿Qué sucedió? ¿Qué ocurrió, hija? ¡No!
¡Suéltame! ¿Qué está sucediendo?
¡Suéltame! ¿Qué ocurrió?
Solo quiero irme de aquí.
¿Qué dices, tranquila? Sal este pulgar.
Te vas a quemar en el infierno. ¿Qué sucedió?
¿Por qué? Leandro era amante de ella.
¿Qué?
¡Vete! ¡Vete!
¡Lárgate! ¡Lárgate, zorra! Isabel enloqueció. Me hace tanta falta.
Ya.
Basta.
Él me poseyó.
Él me poseyó.
Isabel está sedada. Debe tardar en despertar.
Entiendo. ¿Ella ha tomado toda la medicina que le receté, señor Antonio?
Claro que sí.
Isabel es muy disciplinada. Ella sabe que desde la muerte de su madre, ella
tiene que tomar el medicamento. Sí, porque hace años no tenía una crisis.
Pues sí, así es.
Ya hasta la había olvidado. No sé, no lo entiendo. Ella tiene una pequeña
parálisis en la pierna. ¿Parálisis qué? Pero, ¿qué debe pasar con el tiempo? No
se preocupe.
¿Isabel sufrió alguna situación de estrés en estos días?
Con permiso, voy a prepararles un café ahora.
Es probable, doctor, es probable.
¿Azúcar?
Celeste, no tenemos todo el tiempo del mundo.
Señor Antonio, lo que le voy a contar ahora no puede salir de aquí.
Por favor.
Confía en mí.
Hago esto por el bien de Isabel.
Roberto, no pueden imaginar que estoy teniendo esta conversación con usted si
estoy perdida.
Yo contraté a una mujer para ser empleada de la casa.
Y ella tuvo acceso a toda mi intimidad.
Pensé que te había perdido en medio del polvo.
Lo prometido es deuda.
¿Usted entiende ahora mi situación?
¿Por qué estoy tan desesperada?
¿Cómo podía adivinar que mi empleada era madre de mi amante?
Puede ser que ellos estén preparando estafarme a mí. Puede ser.
¿Pero cómo lo puedo adivinar?
De cualquier modo, señor Antonio.
Necesito 500 .000 en efectivo.
Es mucho dinero.
Sé que es mucho dinero.
Pero, por favor.
¿Y mi hija se involucró con ese hombre?
Ella nunca me dijo nada porque Isabel siempre fue tan cerrada, tan discreta.
Ay, Dios.
Yo y mi mejor amiga compartiendo el mismo amante, que es Leandro.
Basta.
Ya oí lo suficiente.
Calma, cabalcante, calma. Es un asunto mío y de Celeste. Usted, por favor,
Antonio, permítanos.
Celeste.
Disculpa. Celeste.
¿Cómo es que me hiciste una cosa de esta, celeste?
Discúlpame, Roberto.
Disculpa.
Fui una imbécil.
Me dejé seducir.
¡Mujerzuela! ¡Eres una mujerzuela!
¡Queriéndome hacer idiota! ¡Y yo todos estos años mimándote! ¡Y tú, encerrada!
¡Encerrada en la bodega!
¡Restregándote con aquel sommelier!
¡Con ese estúpido que yo traje! ¡Vas a tener lo que mereces!
¡Conmigo vas a aprender una lección para el resto de tu vida!
¡Mírame! ¡Mírame cuando te hablo!
¡Mírame!
¡Mírame!
Buen día, señor. ¿Cómo va el viaje?
Tuerto, no tengo tiempo.
¿Alguien de la policía apareció en casa buscándome?
¿Policía? Sí, Tuerto.
Ah, por causa del desfalco que Leandro cometió en la vinícola.
No, no vino nadie aquí. De hecho, Doña Isabel y la niña Antonia fueron a dormir
a la casa de su suegro.
Las dos se fueron, ¿eh?
Señor Jaime.
Su chofer ya está aquí.
Paró la nave espacial en la puerta.
Solo un minuto.
Bueno, tuerto.
Está bien. De acuerdo. Luego hablamos.
Muchas gracias por su hospitalidad, señor Filiberto. De nada. Oiga.
No espere otro accidente para venir, ¿eh, señor Jaime? No, no, enseguida
a verlo, ¿sí?
Muchas gracias, ¿eh?
Luego vendré a verlo.
Si me quedara aquí un día más, mataría a ese señor y a su mujer.
¿Dónde estaba Joao?
Resolviendo el asunto que usted me pidió, padrino.
¿Lo lograste?
Claro.
¿Estás seguro, Joao?
¿Cree que le mentiría, padrino?
Yo vi cuando Bigote de Alambre le dio un tiro en la cabeza.
Mi pequeña, ¿cómo tu madre me hace tanta falta en estos momentos?
Si ella estuviera aquí, todo sería menos difícil.
Descansa, mi amor, descansa.
Señor Antonio, por favor.
El delegado Gilberto está ahí.
¿El delegado Gilberto? Y dice que necesita mucho hablar con usted.
¿Y dijo cuál es el asunto?
No dijo nada, solo que es urgente.
Debe serlo, si salió de la delegación y vino hasta aquí.
¿Usted va a recibirlo?
¿Y hay otra opción?
Déjalo entrar.
Autista, soy Fortunato.
Aparta una barca para mí, ¿sí?
Sí, aparta una, voy a buscarla.
Sí, voy para allá ahora.
No, no la podré devolver hoy, ¿sí?
Aparta la que voy a buscarla ahora, ¿está bien?
Bueno, ya voy.
Señor, nuestra...
Nuestra región anda asolada por esos maleantes envueltos en el comercio
de estupefacientes.
Señor delegado, nos conocemos hace bastante tiempo, así que le ruego que
directo al asunto, por favor. Claro, claro, claro.
Pues resulta que intervenimos el teléfono celular de un miserable... ¿Y
brazo derecho de un traficante? ¿Y qué es eso que me atañe, maleante,
traficante? Directamente nada, señor, pero es que una particular llamada llamó
la atención de nuestros peritos.
¿Sí? ¿Qué tiene? Cuando usted escuche, lo va a entender.
Ah, el apodo de ese bandido que tuvo el celular intervenido es Bigote de
Alambre.
¿Bigote de Alambre? ¿Y qué?
Esta grabación fue hecha hace pocos días, señor.
No puede salir mal.
Se le ha entrado nada. Tiene que morir.
¿Usted reconoce esta voz, señor?
No puede repetir.
Puede salir mal.
Se le andó tanto que tiene que morir.
Es la voz de su yerno.
El señor Jaime Fabay.
No, no.
Él está ordenando un atendidato.
¿Es lo que Jaime fue a hacer?
Caramba, 500 mil.
Medio millón, qué dineral, qué dineral. Ahora, por favor, devuélvame los e
-mails.
Claro que sí, porque soy una mujer de palabra.
Aquí está.
¿Quién podía decir que una cosita chiquita como esta iba a valer todo este
dinero?
Todos esos e -mails están aquí.
Cada palabra.
Y un montón más de puntos de exclamación. Puede verificar si quiere.
necesario. Sé que usted no haría ninguna tontería.
¿No lo va a destruir ahora, señor?
No.
¿Qué es lo que usted pretende hacer?
Soy yo quien le pregunta.
Por todo el respeto que le tengo por su historia, por su familia, yo le
pregunto.
¿Debo o no debo investigar esa denuncia, señor? No sé qué decir.
Mi historia fue hecha con sudor.
No con sangre.
Padrino, voy a salir ahora para resolver un asunto.
Pero vuelvo rápido.
Quédate con el auto y tómate el día libre.
¡Cleonice!
¿Quién es ese pequeño?
Ay, señor Jaime, es hijo de un empleado de la vinícola. Debe estar solo por ahí
porque no tiene con quién jugar.
¿Quiere que lo eche?
No, déjalo.
¿Necesita alguna cosa? ¿Y doña Isabel?
Ella y Antonio están en casa del señor Antonio.
¿Tuvo buen viaje?
Estupendo.
¿Conseguiste la USB?
Está todo aquí, Celeste.
Sabía que lo conseguirías.
Podemos olvidar todo.
Volver a nuestra vida.
A nuestra vida porque te amo.
Me amas.
Siempre me amaste, Celeste.
Entonces tienes una manera muy particular de demostrar tu amor.
Me equivoqué.
Sé que lo hice.
Nunca dejé de amarte, nunca.
Fue todo un juego, una ilusión. ¿Un jueguito, Celeste?
¡Un jueguito!
¡Ilusión!
¡Un jueguito!
¡Fugaz! ¡Sencillo!
¡Empazado! ¡Como dicen los franceses! ¡Excelente!
¿Y por qué no me invitaste a participar de esa bromita?
Pues ahora yo me quiero divertir.
Me voy a divertir.
Yo me estoy invitando a la bromita. Tengo ese derecho, ¿sí?
Claro que lo tengo.
Nos vamos a divertir, Celeste.
Como nunca te has divertido en toda tu vida.
¿Quién es?
Fortunato, el amigo de Leandro.
¿Por qué no contestaste?
Puede tener noticias de Leandro. ¿Y hay alguna diferencia?
Tal vez sabe dónde está Leandro, ¿no?
Después habló con él.
No tengo cabeza ni para hablar, ni para decir nada.
Mi amor.
Por tus manos me siento mujer. No te estoy oyendo, Celeste. No te oigo,
bajo.
Por tus manos me siento mujer.
Leandro.
Mi amor.
Dormir a tu lado, sentir el calor de tu cuerpo. Más despacio, más despacio.
Piensa en él.
Piensa en él. Habla despacio y alto.
Piensa en él.
¿Tu voz susurrando?
Eso.
Ser tu amante.
Tu mujer.
Por favor.
Lee. Que leas.
Celeste, lee. Por favor.
Está comenzando a ponerse divertido.
Estás muy inhibida. Piensa en él.
No te ponías así con él en la cama.
¿O sí?
Lee alto.
¡Que leas!
Mi hombre.
Mi macho.
Basta.
No acabaré con lo que... Mi hombre.
Mi macho.
Roberto. Mi hombre.
¿Qué queda de nosotros, Roberto? Mi macho.
Si quieres me voy de aquí, desaparezco.
Mi hombre.
Mi macho.
Nunca vas a entender.
Mi hombre.
Entonces era así como hablabas con Leandro, ¿no?
Mi hombre.
Mi macho.
¿Qué vas a hacer?
Lo sabrás muy pronto.
Cuando tenga la respuesta.
Mi hombre.
Vas a tener que entregarte a la policía, Jaime.
¿De qué está hablando, señor Antonio?
Ellos tienen una grabación con tu voz.
Señor Antonio, ellos están haciendo un montaje contra mí. Ahora no entiendo
ponerlo usted en medio.
Yo sé que Isabel se involucró con este muchacho, lo sé. Los dos me
Lo entiendo.
Entiendo, pero nada justifica un asesinato. Señor Antonio.
Siempre lo consideré como un padre. Me tiene que ayudar.
Yo siempre te di como a un hijo.
Pero ahora aquí... No, señor Antonio.
Lo que veo es un...
Un criminal. No me juzguen en este momento.
¿No? No me juzguen. Estoy viendo que tendré que llevarme a la puerta. No me
pueden apresar porque si me apresan todo el mundo va a saber lo que Isafel hizo
conmigo, señor Antonio.
¡No lo digas!
¡No!
Debí haber matado a la mujer suela de su hija.
Yo dediqué mi vida a ella.
¡Yo viví para mi familia, de mi sangre!
¿Y para qué?
Que obtuve a cambio.
¡Nada!
Su hija no vale nada.
No hables así de mi hija, ¿entiendes? Ah, no, de saber usted no tiene
Ah, dígame una cosa, aquel maldito Leandro.
¿Será que él fue el primero o será que ella tenía una colección? ¡Cierra la
boca! Señor, es padre de una mujer suela, de una vulgar, de una lamera, ¡de
perra!
¿Se siente mal?
Señor Antonio, voy a llamar a un médico.
Llamaré a un médico, señor Antonio.
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