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Quisiera darle las gracias por venir a ver a Ana cada mañana.
Te agradezco que te preocupes por mí.
(PEDRO) Hay una carta a nombre de Phillipe Ray.
-Pedro, yo se la entrego.
(CARLOS) "Querida Ana: En el último momento decidí cambiar de rumbo
y perderme en un mundo desconocido."
(RAÚL) ¡Patricia Márquez! (PATRICIA) ¿Qué pasa?
-Quiero mi colección y la de Ana Rivera
en la entrada principal y en cada rincón de estas galerías.
(MATEO) Eres el menos indicado para hablar de Alberto.
-Ahora es el momento de...
¡Santa "Madonna"! ¿Qué fue eso? -Ana. ¡Clara!
¡Clara, llama a un médico!
-¿Qué te pasa? -Que Ana se ha levantado.
-Ana está embarazada. -¿Qué dices, Rita?
-Yo no puedo tener hijos.
Siempre habías dicho que te imaginabas
una casa llena de críos. -La casa sin ti no sería lo mismo.
Ayer vino a verme el médico después del desmayo.
¿Y qué te dijo? Estoy esperando un hijo de Alberto.
Me alegro mucho por ti.
(RAÚL) Enrique Otegui.
-Mañana presentamos la colección de joyas
e insiste hablar de ello esta noche.
-Previsible.
(ENRIQUE) Queremos ser sus ojos y sus manos allí.
-¿Qué me está proponiendo? -Enrique. Señor Cafiero.
Vaya casualidad. Eres un cabrón. Si Alberto estuviera aquí...
-Sí, pero no está.
(ENRIQUE) A ver cuándo asumes que está muerto.
-Los dos gallitos han decidido pelearse
en mitad del restaurante
y Cafiero incorporará a su hijo en las galerías.
-¿Y qué haremos ahora? -Intentar ganarse al hijo.
(CLARA) Se acabó, también sufro con esto.
No me harás más daño. -Un momento, un momento.
(MATEO) ¡Te quiero!
Clara Montesinos, ¿quieres casarte conmigo
y ser feliz a mi lado el resto de nuestra vida?
-Sí, sí.
-"Figlio mio".
(BÁRBARA) Patricia, relájate y disfruta
aunque sea por el futuro del hijo de tu hermano.
-El único hijo de mi hermano es el que espera Ana.
¿Estás embarazada?
¿No me has oído? Que si estás embarazada.
No es asunto tuyo. Alberto no es asunto mío.
Pues te recuerdo que soy su viuda y que espero un hijo suyo.
Ese hijo no es de Alberto. Deja esta guerra.
Ni lo sueñes. Esto acaba de empezar.
Te recuerdo que ya no le tienes a él
para protegerte aquí dentro. (CARLOS) Buenos días.
-Buenos días. -¿Va todo bien, Ana?
Sí. Cristina ya se iba.
Discúlpame, Carlos.
Ana, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?
Se ha enterado de mi embarazo.
Vamos, te vendrá bien un buen desayuno.
Te lo agradezco mucho, Carlos,
pero no hace falta que te preocupes.
No es la primera vez que discuto con Cristina.
Es difícil aceptar que tu marido tenga un hijo con otra mujer.
Exmarido. Perdón, no quería...
Alberto anuló su matrimonio con Cristina mucho antes de irse.
Él no la quería.
Quizá eso sea lo que le cueste aceptar.
Ana, ahora que Alberto no está, necesitas a alguien que te cuide.
Y no lo digo solo por Cristina, lo digo por ti y por ese niño.
Yo lo he estado pensando mucho
y estaría dispuesto a hacerme cargo de ti y de tu hijo.
Piénsatelo, no tengo prisa.
Le querría como si fuera mío.
No estoy tratando de sustituir a Alberto.
Quizás sea demasiado pronto para pensar en todo eso,
aún me estoy haciendo a la idea de lo que ha pasado.
Tranquila, no tengo prisa.
Tengo que irme, pero estaré pendiente de ti.
Don Emilio, buenos días. ¿Qué tal, Carlos?
Muy bien. Vengo de ver a Ana.
Le supongo al corriente de su estado.
Sí, sí, ha sido toda una sorpresa. Sí, para todos, para todos.
Supongo que estará de acuerdo conmigo
en que es una situación muy delicada,
siempre lo ha sido.
No va a ser fácil para su sobrina ser madre soltera.
Pienso en el pobre niño, que va a crecer sin un padre
que le proteja, que esté a su lado. Ana se crió sin padre
y luego perdió a su madre,
tuvo que venir aquí y creció junto a un viejo solitario y aburrido
que hoy no sabría vivir sin ella.
Y con todo quiero pensar que a Ana nunca le faltó nada,
ni cariño ni protección,
como tampoco le va a faltar a esa criatura que va a nacer.
¿Sabe una cosa? Después de tanta tragedia,
mi sobrina ha recuperado la sonrisa
y para mí eso es más que suficiente.
Don Emilio, tengo gestiones que hacer.
Buenos días. Buenos días.
(CARLOS) Disculpe. -Sí.
-¿Quién es usted? -¿Cómo que quién soy?
¿No lo ve? Soy el cartero. -Eso ya lo sé.
¿Dónde está el que viene aquí todos los días?
-Ah, Joaquín. Joaquín vendrá esta tarde.
Le cubro las horas de mañana, asuntos personales.
-Ya. ¿Usted tiene un teléfono donde le pudiera contactar?
Joaquín, soy Carlos.
Hoy no le he visto entregando el correo de Velvet.
¿Seguro que lo tiene todo bajo control?
No, perfecto.
¿Ha habido alguna carta para Phillipe Ray? Mejor.
Cuando reciba alguna, ya sabe qué hacer.
Estamos en contacto.
(SUSPIRA)
Ana, te estaba buscando.
Estaba con Carlos, que acaba de marcharse.
Lo que ha cambiado ese chico,
después de cómo se portó y míralo ahora.
¿Tú cómo estás? Mejor.
No puedo vivir obsesionada con ser madre.
Hay cosas muy importantes y bonitas por las que luchar,
como Pedro y Manolito. Claro que sí, mujer.
Bueno, y mi sobrina. ¿Cómo que tu sobrina?
El sexto sentido de las Montesinos.
Es ver la barriga de una embarazada y lo tengo claro.
Si no tengo barriga. Ya te saldrá.
Te pondrás como una vaca y los pies como botas.
Venga, vamos arriba, nos esperan.
No sabes la que montamos para los amantes de Teruel.
Sí, me alegro tanto por ellos. Sobre todo por el bigotitos,
que Clara será mucha Clara, pero no encontrará a otra igual.
(MATEO) Menos mal que el oro no se desgasta con mirarlo.
-Mira cómo brilla con la luz.
Es que es precioso. -Y muy caro.
-Mateíto, que el amor no tiene precio.
Voy a ser la señora de Ruiz Lagasca.
¿Qué? ¿Arrepentido? -No, no.
Quiero que seas mi esposa, que me cuides,
que me quieras y que estemos juntos el resto de nuestras vidas.
-Pues sí que empezamos bien la mañana.
-¡Felicidades!
-¿Qué se celebra? -El amor, Mateo, el amor.
A mis brazos, "chérie". -A ver que vea el pedrusco.
Dios mío del amor hermoso,
con esto le colocan a uno dos o tres muelas.
-Precioso, Clara. Enhorabuena.
-Muchas gracias. ¿Cómo os habéis enterado?
-La pregunta sería: ¿Quién no se ha enterado?
Es que... Don Mateo, usted muy discreto no es.
-Me han dicho que parecía Romeo declarándose en el balcón.
-Vamos, si don Mateo hace algo, lo hace a lo grande o no lo hace.
Debió ser una pedida espectacular.
-Espectacular, sí. Señores, hay que trabajar.
-Bueno, no seas soso, que nos falta información.
¿Cuándo es el día?
-Pues fecha no tenemos, pero va a ser la boda del siglo.
(RITA) Bueno, madre se va a hinchar como un pavo.
Lo que le va a dar el amor.
-Gracias por la sorpresa, pero tenemos una reunión urgente
que preparar. Si no os importa... -Para eso estamos.
-¿Reunión urgente por qué? Cafiero va a darnos una noticia.
-¿Cómo? ¿Ya ha venido junior? ¿De qué habláis?
-Va a nombrar un nuevo director de las galerías.
¿Quién es? Marco Cafiero, su hijo.
Carlo.
"Buongiorno". ¿Y mi padre? -Le está esperando arriba,
en el despacho. -Perfecto. "Grazie".
(CAFIERO) He sido testigo de la inestabilidad de la dirección
de la empresa.
Rencillas, luchas de poder... -¿Ah, sí?
No, para nada. (CAFIERO) Y por eso
he precipitado la llegada del nuevo director.
-¿Un nuevo director? -Ese no es el acuerdo
que tenía con Alberto. -Desgraciadamente,
Alberto ya no está, Ana. Si quieres que tu nombre
recorra el mundo entero tenemos que poner orden
antes de que vosotros mismos destruyáis Velvet.
Marco.
Ay, mi madre.
(CAFIERO) Les presento a mi mano derecha en los negocios,
mi primogénito Marco Cafiero.
"Buon giorno a tutti".
-Mateo. Quiero que estos días ayudes a mi hijo tan bien
como lo hiciste conmigo. -Cuente con ello.
Marco. -Mateo.
-Nuestros socios, los Otegi.
Cristina. -Encantada.
-Enrique y Bárbara.
-Será un placer trabajar mano a mano.
-"Grazie". -Patricia Márquez.
-Enhorabuena por la colección.
Todo un acierto. Las perlas siempre son una apuesta segura.
-Se ve que tiene usted buen gusto.
(CAFIERO) A este lado, el talento de las galerías, Raúl de La Riva.
-Raúl de La Riva. He seguido su trayectoria. Brillante.
-Gracias. (MARCO) Le felicito.
Tengo entendido que mi padre compró estas galerías por otro talento.
Ana Rivera.
Bueno, no sé si es así exactamente, pero encantada.
Encantado. -El talento es siempre necesario.
Raúl nos da la experiencia y seguridad,
y usted nos da el nuevo nombre.
La combinación perfecta.
A partir de aquí, hijo, Velvet está en tus manos.
-Claro. (CAFIERO) Tienes todo lo necesario
para triunfar. Por favor, hazles algún avance de nuestros planes.
-Bien.
Los Cafiero hemos tardado años en dominar este negocio,
pero desde hace una década, no hay otra empresa como la nuestra.
Será un placer enseñarles el camino hacia el éxito internacional.
(CAFIERO) Bravo, "figlio".
Pues muchas gracias por vuestra atención
y estoy seguro que haréis un gran equipo.
Marco, vamos. Quiero enseñarte las galerías. Hasta luego.
-Hasta pronto.
(RAÚL) Este galán italiano ha comenzado una guerra
que ya estamos perdiendo.
Aún es pronto para hablar.
(CRISTINA) Ay, mira.
El descubrimiento del año. Ella feliz de ser la protagonista.
(MATEO) Ana, tiene razón. Es un cretino.
-Más vale no volver a liarla porque esta es la respuesta
a vuestro numerito en el restaurante.
-¿Querías que te colocara de consejero delegado
en su firma? Aunque no hubiéramos estado allí,
nunca estarías al frente de su empresa.
-A mí me parece muy guapo.
A ver, que no es mi tipo,
pero entiendo que las cosas le vayan bien.
-Bárbara, ¿quieres dejar de decir estupideces?
-Bueno, ¿alguien tiene alguna idea?
Ya veo que no. Pues lo único que podemos hacer
es trabajar y demostrar que Velvet es una empresa competente.
-Pero ¿tú de qué vas? Patricia tiene razón.
Y quien no esté dispuesto a remar que se baje ahora del barco.
(MATEO) Señor Cafiero, ¿tiene un momento?
-Sí, pero tiene que ser breve. Tengo que ir al aeropuerto.
-Sí, seré breve.
¿De verdad cree necesario poner un nuevo director?
Nosotros podemos hacernos cargo de la empresa.
Sé que ha notado cierta crispación, pero es la falta de Alberto.
No nos comportamos así, confíe en mí.
-No dudo de tus capacidades, pero como tú dices,
aún se nota la falta de Alberto y yo ahora necesito a un empresario
con mente fría que tome decisiones con rapidez.
-Cafiero, escúcheme...
-Tenía previsto que mi hijo se hiciera cargo de las galerías.
Marco es el mejor gestor que conozco.
Y yo tengo que velar por mis intereses.
He pagado mucho dinero por esa empresa y no puedo permitirme
un error de ningún tipo. Te vas a llevar bien, tú verás.
Tenéis mucho en común.
-Padre, el coche está fuera esperando.
Vamos.
-Oh... No. Quédate. Así empezáis a estrechar lazos.
Ya me sé el camino.
Eh. Guárdate la espada. Tenme siempre en contacto.
-Sí. -Chao.
-Si quieres, nos ponemos al día con los números.
-Estoy al tanto. Estaría bien que avises a don Emilio
y a doña Blanca. -¿Perdona?
-Son los jefes de los empleados, ¿no?
-Sí.
-Quiero reunirles a todos al medio día.
¿Hay algún problema?
-No. No hay ningún problema.
-"Bene". -"Bene".
La entrega tiene un retraso de dos o tres días
sobre la fecha prevista. Habrá que insistir,
eso no puede ser. -Don Emilio. Doña Blanca.
¿Tienen un minuto, por favor? Sí.
Hemos tenido una primera reunión con el hijo de Enzo Cafiero,
Marco Cafiero, y... A ver cómo les explico esto.
Él va a ser el nuevo director de galerías Velvet.
Vaya.
No nos esperábamos algo así.
Ni nosotros, pero quiere reunirse con los empleados al medio día
para presentarse de manera oficial.
¿No se tratará de algún despido? Tenemos que saber a qué atenernos.
Entiendo su preocupación, yo tampoco lo sé.
Lo importante es mantener la calma y trasmitírsela a los empleados.
Les pido su colaboración. Por supuesto, don Mateo.
Así será. Iré a comunicarlo en el taller.
Gracias. Gracias, don Emilio.
Don Mateo, enhorabuena por su compromiso.
Gracias. Gracias, don Emilio.
Cuenta, cuenta, cuenta.
Pues para una primera toma de contacto no ha estado mal.
-Desembucha. -Os estábamos buscando.
-¿No habréis empezado sin nosotras? -¿Qué impresión te ha dado?
-Bueno, impresiona, ¿eh? Me parece un pedante.
-Lo sabía. Tiene pinta. -No. Tiene muy buena pinta.
-Cualquiera diría que estás comprometida.
A ver. Es pronto para hablar, pero echaremos de menos a su padre.
He tenido que relajar los ánimos porque nadie le traga.
Pues sí que estamos bien.
Doña Blanca nos va a reunir a todos ahora,
así que vais a poder opinar vosotras mismas.
-Marco, le presento... -Usted debe ser don Emilio,
un placer. El placer es mío.
Doña Blanca, mucho gusto. Encantada.
Aquí tiene a toda la plantilla como pidió.
-¿Dónde se ha metido tu primo?
Me llamo Marco Cafieri. -Está trabajando.
-Soy el nuevo director de Velvet. -El italiano ha dado órdenes...
-...Hasta hoy ha conseguido conservar su espíritu familiar,
así que ¿por qué cambiar nada? -¿Ves? No hay de qué preocuparse.
(MARCO) Si queremos que estas galerías sobrevivan en el futuro,
tienen que ser más competitivas. Tenemos que dejar a un lado
la familia y luchar por ser un negocio internacional.
-Ay, madre. -Tenemos que ser una empresa
eficaz, donde lo importante no es el individuo, sino el equipo.
Y hoy les reúno aquí no solo para que me conozcan,
sino para informarles de que pronto identificaré las tareas de cada uno
y sus capacidades.
-¿Qué ha querido decir? -No sé.
(MARCO) No se preocupen por nada.
Solo les estaré observando con el objetivo de reubicarles y así sacar
el mejor provecho a estas galerías.
Muchas gracias.
Y adelante con sus trabajos.
Ya han oído al señor Cafiero, cada uno a su puesto, por favor.
¿Qué le ha parecido? Pues no lo sé, hija, no lo sé.
Habrá que esperar.
¿Y tú cómo te encuentras?
Bien. Le parecerá una tontería,
pero siento que no le he perdido del todo.
Claro, mujer, es algo mucho más que un recuerdo.
Deberías comunicarle tu estado al nuevo director, ¿no?
Sí, pero necesito tiempo.
Eh, Ana, no te dejes amedrentar. Cafiero confía en ti.
Lo único que tienes que hacer es demostrar lo mucho que vales.
No me lo van a poner fácil. ¿Fácil?
¿Cuándo lo hemos tenido fácil tú y yo?
Vámonos de aquí.
Mírala, va lista si se cree que con esa carita de pena
va a conquistar al italiano. -Yo no estaría tan segura.
Ya has visto cómo la ha presentado. -Parece ser que a la cosebajos
se le da bien lo de la moda y también...
-Me da igual, no la quiero aquí, Bárbara.
Alberto la dejó igual que me dejó a mí.
Y ahora que se ha muerto,
se saca de la manga la pantomima del niño.
No voy a permitir que ocupe un lugar que no le corresponde.
-Ojalá esa decisión dependiera de nosotras, Cristina,
pero desgraciadamente el único
que puede ponerla de patitas en la calle es el nuevo.
-Pues yo no voy a parar hasta conseguirlo.
-Huele a azufre desde la calle, ¿qué estáis tramando?
-Nada que merezca la pena comentar. -Os necesito arriba.
Patricia ya está reunida con Marco Cafiero
y visto lo visto, van a querer sacarnos ventaja.
(MARCO) Patricia, estoy impresionado.
La calidad es muy superior a la que esperaba.
Hasta que tengamos la nueva colección de Ana
y la línea de hombres de De la Riva,
tus joyas tienen que ser la locomotora de estas galerías.
-Le agradezco la confianza. -No se trata de confianza,
sino de negocios, y en tu colección hay dinero.
Muéstrame alguna otra pieza. -Ahora mismo.
(MATEO) En esta casa nunca nos hemos movido por dinero.
-Y así os ha ido. -Tan mal no nos habrá ido
si ahora mismo estás tú aquí, ¿no crees?
-Esta es una apuesta de mi padre. Si fuera por mí,
el cuento hubiera sido otro.
Estoy pensando que tendríamos que crear una sección más grande
y permanente con la firma Joyas Velvet.
Quiero dependientes especializados en joyería.
-Me parece una gran idea,
pero habría que contratar a más dependientes.
-Habrá que redistribuir el personal que hay.
Estoy seguro de que podremos formar a alguno de ellos.
Me encargaré de hacer yo mismo la selección apropiada.
-Marco, de la elección del personal siempre me he encargado yo.
-Pues esta vez no.
-En España solemos esperar a que esté todo el mundo
para empezar una reunión.
-Pero esta empresa ya es más italiana que española
y además, si me reúno con la capitana,
¿por qué debo esperar a la tripulación?
Mi padre fue muy claro, Patricia está al frente de la colección.
Su marido, por lo que sé, es el proveedor de joyas.
-Joyas que están financiadas en parte
con el dinero de mi familia.
-Enrique, ¿por qué no nos calmamos? Podemos hablar en otro lugar.
-Sí, señor Cafiero, Patricia tiende a llevar a los hombres a su alcoba,
pero hay lugares más cómodos donde podemos reunirnos.
-No entres, no entres.
Señor De la Riva, ¿qué hace aquí?
Pensé que estaría dibujando los nuevos diseños.
Ja, dibujando...
No pienso coger un lápiz.
Mire, mire lo que hago con el lápiz.
El padre de ese señor me prometió el oro y el moro,
me dijo que iba a ser parte esencial de las galerías.
Mentira.
Y ahora tengo que conformarme yo con un discursito de bienvenida.
Por favor, qué falta de tacto, qué falta de todo.
Ahora está reunido con la dirección de joyería.
¡Joyería! Velvet es moda, por el amor de Dios.
Bueno, ayer se presentó la colección.
Supongo que es normal que le dé prioridad.
¿Normal?
Mire, doña Blanca, ese italiano nos va a traer
muchos problemas, y si no, tiempo al tiempo.
-Señor De la Riva, hay alguien que pregunta por usted.
-¡Mira, Jonás!
No tengo cuerpo de hacerle la pelota más a nadie.
No se preocupe, señor De la Riva, iré yo.
¿Sabe de quién se trata? Es un señor... raro.
¿Y está esperando fuera? Con las pintas que trae,
el portero no le habrá dejado entrar.
¿Está seguro que te preguntaba por el señor De la Riva?
Eso dijo.
¿Quiere que le acompañe? No, no es necesario.
Vuelve al trabajo, yo me ocupo de esto.
Buenos días.
¿Preguntaba por el señor De la Riva?
Sí.
Somos viejos conocidos, sí.
Ahora mismo está muy ocupado, no puede atenderle,
pero si quiere dejarme su nombre... No, gracias, ya vengo...
-Toni.
¿Qué quieres?
Doña Blanca, ¿nos puede dejar a solas, por favor?
Sí, por supuesto.
Raúl.
-¿A qué has venido?
-Raúl, estás... estupendo.
-Siento no poder decir lo mismo de ti.
¿Qué quieres?
-Yo...
Necesito tu ayuda.
-Ya, qué raro.
No podía ser de otra forma.
Me han denunciado, Raúl, me están buscando.
-¿Por qué?
-Maite...
Maite nos encontró a Joaquín y a mí.
Y no pude negarlo.
Yo creí que se había ido con los niños a casa de sus padres.
Y que estábamos solos, pero fue una encerrona.
Intenté razonar con ella y explicarle, pero...
Se lo contó a su padre.
A Joaquín lo ha detenido la Policía y...
Ahora van detrás de mí.
-Ya.
¿Y quieres que me compadezca?
No tienes vergüenza, Toni.
Venir aquí después de lo que me hiciste.
Y pretendes que te ayude. -Raúl, lo siento.
Sé que no me porté bien contigo.
Perdóname, perdóname.
Sé que he sido despreciable y no te imaginas
la cantidad de veces que me he arrepentido por ello.
Pero no tengo a nadie a quien acudir.
Sé que conoces a gente en París que podrían protegerme.
Ayúdame a salir de aquí, ayúdame a salir de España.
-Entra.
Bueno, este es un lugar seguro, aquí no suele venir nunca nadie.
Excepto yo cuando necesito abstraerme del ruido
de las máquinas de coser.
-Siempre necesitaste silencio para concentrarte en tus diseños.
-Apestas, ¿lo sabías?
Voy a por la palangana y algo de ropa.
-Gracias.
(LLORA)
Señor De la Riva,
¿se puede saber qué está haciendo aquí ese hombre?
Aquí no hay nadie.
Yo misma he visto cómo le metía en las galerías.
¿Me puede explicar qué está pasando?
Le persigue la Policía. ¿Cómo?
Pero ¿es que ha perdido el juicio? No puede estar aquí.
Ese hombre es un delincuente, tiene que marcharse ahora mismo.
No. No es un delincuente.
Su único delito ha sido amar a otra persona.
Esto son unas galerías de moda... Por favor, doña Blanca.
Por favor, no tiene dónde ir, solo me tiene a mí.
Me necesita para salir del país.
El hijo del señor Cafiero acaba de incorporarse.
¿Se da cuenta del riesgo que me está pidiendo que asuma?
No, yo lo asumo.
Yo me hago responsable de todo.
Por favor, doña Blanca,
solo le pido que me guarde el secreto.
No puede pedirme eso. Por favor, por favor, por favor.
24 horas de silencio, nada más.
Está bien, 24 horas, ni una más.
Maldito capuchino. Ahora no es el momento
de hacer limpieza con todo lo que tenemos encima.
-¿Qué limpieza? Son las cosas del nuevo.
Acaban de llegar de Italia y don Emilio me dijo
que las desembalara. Yo quiero estar
con los preparativos de la boda, que ni he abierto las revistas.
-¿Y se ha traído esto? -Es italiano, ¿qué quieres?
-Yo soy español y no tengo un toro en mi escritorio.
-No, pero tienes uno igual, que lo vi yo en tu cosa.
Debe ser que los regalan.
-No me lo puedo creer. -¿Qué?
-El Scramble Club. -¿Qué?
-Es un club de caballeros que había en mi internado en Londres.
-¿Sois de la misma hermandad? Si es que...
Dios los cría y ellos se juntan. -Hipólito el Gallito.
-¿Qué? -Hipólito el Gallito.
No me lo puedo creer. Este hombre es un gilipollas.
-Oye, Mateo, que tengo que dejar eso en su escritorio.
-¡Tú!
-Patillitas.
Al fin te das cuenta.
Reconozco que me dolió que no me reconocieras.
Yo a ti sí, a pesar de tu ridículo mostacho.
-Me pusiste un mote patético, me levantaste a una novia
y me hiciste desfilar delante del colegio mayor femenino vestido
de María Estuardo. Ni te olvido ni lo perdono.
-Yo era veterano y tú un novato, ¿qué esperabas?
-Además, hice de ti un caballero; pero no quiero
me lo agradezcas, el pasado pasado está, ¿no?
Ahora soy tu jefe y te necesito al 100%.
Quiero que informes a los empleados de esto.
Mi primer paquete de medidas.
-"Aumentar la jornada laboral,
limitar el..."
Esto no puedes hacerlo.
-Acabo de hacerlo.
-Esta empresa funcionaba perfectamente
antes de que tú llegases. -Pues ahora irá mejor.
Aumentaremos los beneficios en un 40%.
-¿A costa de los empleados? -Hazme caso y da la buena nueva.
Igual que hice de ti un hombre,
puedo hacer de ti un gran empresario.
Y no te levanté a una novia, te levanté a dos.
-Algún día nos encontraremos fuera de las galerías.
-Seguro, pero ahora estamos trabajando.
Comunica eso.
-Se ampliará al día en dos horas. Más jornada laboral.
-Si tú negociaste el toque de queda con don Alberto.
Todo iría bien, ¿no? Es injusto.
Si aceptamos, hará con nosotros lo que le dé la gana.
Voy a subir ahora mismo. Claro que sí.
(HABLAN A LA VEZ) Silencio.
Don Emilio... Ya hablaremos.
Ana.
Tío, ¿ha leído esto?
Todo lo que hemos trabajado para conseguir unas condiciones,
viene un tipo y se lo quiere cargar.
No lo consentiré. Ana, no es bueno
que tus compañeros te vean así. Tú ya no eres una más.
¿Cómo que no soy una más? No puedo permitir que perdamos
todo lo que hemos ganado durante todos estos años.
No voy a dejar... No quiero que dejes nada,
todo lo contrario. Escúchame. Ellos y yo seguimos aquí abajo
y aquí abajo al que grita se le calla a gorrazos.
Tú ya estás en la puerta de la planta 7.
Entra. Ahí se manejan todos los hilos.
Prueba por ahí y ya veremos. No puedo...
Escúchame, hija. No recuerdo dónde lo he leído,
pero decía algo así: "Quien tenga algo que decir,
que dé un paso adelante y calle". Adelante, hija,
y ya veremos.
Tiene razón. Si quiere mis diseños, tendrá que escucharme.
Bien.
Pedro. -¿Sí?
-Hay una carta certificada para ti. -Ah, gracias.
-Adiós.
-¡Ay, madre! ¡Ay, madre! ¡Ay, madre!
¡Ay, madre! Rita, escúchame.
"Por la presente, le comunicamos que habiendo recibido..."
El examen de reválida. Cuatro meses faltan.
-¡Pedrito! Por fin tu esfuerzo se ve recompensado.
Tal como está el panorama, mejor que hagas el examen ya.
-Yo me presentaría ya, pero el tema es aprobar.
-Quedan cuatro meses. Tienes tiempo de sobra.
-Si lo piensas, cuatro meses es una vida entera,
pero con las horas de más que nos ha puesto el italiano,
las horas de sueño, las horas para verte...
Porque necesito verte, Rita. Me falta una semana de estudio.
-Pedro, tranquilízate. Habla con don Emilio,
que seguro que te lo saca. -Ay, Dios mío.
De solo pensarlo... Me voy. Me voy de vientre. Me voy.
-A ver qué hacemos el día del examen.
-¿Me puedes explicar qué significa tener que trabajar todos los días
dos horas extras? ¿Y lo del toque de queda?
¿A qué viene? -Órdenes de mi amigo.
-¿Y cómo preparo la boda? Yo pensaba ir al pueblo para hablar
con el cura y con mis padres. -Hazlo por teléfono,
si nos dejan utilizarlo, claro. -Tú caliéntame.
-Clara, pónmelo fácil, que bastante tengo con el Polito de las narices.
Trata de pasar desapercibida. No la liemos ahora, ¿entendido?
(MADRE) Mateo. (MADRE) ¡Mateíto!
-¡Madres!
-Las que faltaban. -Pero...
¿Qué hacen aquí? ¿Por qué han venido sin avisar?
-No veo por qué deberíamos haberlo hecho.
Tú te vas a casar y no lo has dicho.
-¿Por qué no hablamos de esto en un sitio más tranquilo?
-Eso es lo que deberías haber hecho y no declararte a gritos
en mitad de unas galerías. -Sí, que ya nos han contado
cómo fue la escenita. (MATEO) La gente, que habla mucho.
(MATEO) Sé hacerme perfectamente el nudo de la corbata.
Vámonos, por favor. (MADRE) Entonces, ¿es cierto?
No sabes el disgusto que me das. -¿Qué dice? Es Clara, ya la conoce.
-Ya, la secretaria. -¿Cuándo pensabas decírnoslo?
-Hoy, mañana, dentro de un mes... -Una boda no se prepara en 2 días.
Tendré que hablar con el obispo, seleccionar el traje de la novia,
el de la madrina... -El convite, los adornos...
-Las flores... -Los novios tendrán que decir algo.
A la novia le hace ilusión hacerla en Porrillos.
-¿"Porriños"? -¿Dónde está eso?
-No, eso de ninguna manera. Por ahí no paso.
Bastante que me he tenido que enterar por las calles.
-No tengo tiempo para esto. Hay demasiados cambios en Velvet.
-Entonces prepararemos ya la pedida.
-De acuerdo. -En esa reunión familiar
podremos empezar a organizarlo todo.
-Me encantará conocer a los de "Porriños".
-¿Qué os parece pasado mañana? -¿Ya?
-¿Cómo se llamarán? ¿"Porriñeros"? -Porrillos, tía. Porrillos.
-Como sea que se llamen, quiero verlos en casa dentro de dos días;
si no, entenderé que te lo estás pensando.
-Gracias, madre. -Te lo advierto.
-Gracias. -Otro besito.
-Otro besito a la tita. Cariño, te veo muy flaco.
-Sí, estoy más flaco. -Debes peinarte mejor.
-Cómete un bombón. -Venga.
-Nos vemos en dios días. Lo tendremos todo listo.
-Gracias, muy amables.
-¿Sí?
¿Puedo hablar con usted, señor Cafiero?
¿De qué se trata? No me parece justo lo que hace.
Eso sí que es una sorpresa.
La diseñadora estrella es la líder sindical.
Mi padre no dará crédito.
No soy ninguna líder sindical. En esta empresa
llevamos muchos años rigiéndonos por una normas
y no puede cambiarlas a su antojo sin dar explicaciones.
¿Ah, no?
Si las Galerías Velvet han llegado donde han llegado
es gracias a los trabajadores. Esa gente de ahí abajo
merece recompensas, no sanciones. No fui yo
quien vendió las galerías. Si trata de decirme que...
No trato de decirle nada, señorita Rivera.
Lo que tenía que decir ya está puesto en el papel.
Ahora solo tiene que acatarlo.
El camino para hacerse con estas galerías es la lealtad
y comportándose así no se ganará el favor de nadie aquí dentro.
¿Lealtad?
¿Y cuándo iba a contarme lo de su embarazo, señorita Rivera?
Tenemos un contrato.
Si va a dejar a la colección a medias por su maternidad,
lo mínimo que podría hacer es comunicarlo, ¿no lo cree?
No faltaré a mis compromisos profesionales.
Eso lo decidiré yo, porque ahora mismo
podría entenderse que está poniendo en peligro nuestro contrato.
¿Me va a echar?
No es mi intención, de momento.
Vuelva abajo y ponga esto en un sitio visible.
Gracias.
-Ana. Ana, ¿qué ha pasado?
Has sido tú. Tú le has dicho a Marco que estoy embarazada.
-Alguien tenía que contárselo. -En tu estado te va a ser imposible
ser la estrella de Velvet. Sois unas víboras.
-¡Uy, víboras! Cuidado, que la cose-bajos tiene carácter.
Queréis acabar conmigo, pero no lo vais a conseguir.
-Si salir por esa puerta con una mano delante y otra detrás
no te lo parece... Para mí es más que suficiente.
¿Querías que Marco me echara? Pues no lo has conseguido.
Sigo en Velvet.
Y este hijo sí es de Alberto Márquez.
Toni.
Toni. (TONI) Raúl, estoy aquí.
Perdona. Creía que era un empleado y no quiero que me descubran.
-Para eso creo que ya es tarde. Toma.
La jefa del taller nos vio entrar en el almacén.
-¿Qué?
Pero si llama a la Policía... -No lo va a hacer.
No lo va a hacer.
Doña Blanca es muy estricta, pero tiene un corazón de oro
y he conseguido convencerla. Tranquilo, nos da más tiempo,
pero mañana tienes que irte.
Sé que es poco tiempo, pero he hecho unas llamadas
y tengo unos contactos. -Raúl, ¿te das cuenta
de lo que cuesta conseguir unos papeles falsos?
Yo me he arruinado para conseguirlos a tiempo.
¿Y para qué? Para nada.
Llevo...
Llevo días deambulando por las calles
como si fuera un pordiosero, sin comer, sin aseo.
No, es que no voy a volver a la calle.
Necesito más tiempo, por favor. -Mira, Toni,
estoy haciendo lo que puedo. ¿De acuerdo?
Pero es muy difícil hacerlo sin levantar sospechas.
Ya que todos nos jugamos mucho.
-Perdona, Raúl, es que...
Es que estoy muerto de miedo.
-Ya lo sé.
Ya lo sé.
Ya lo sé.
Lávate, venga.
Te he traído este traje.
Es tu talla.
Ahora vengo.
Señor De la Riva,
¿cómo va todo?
Me encantaría poder decirle que está todo arreglado.
No, tiene que solucionar esta situación lo antes posible.
Mañana mismo lo quiero fuera de las galerías.
No va a tener más tiempo, se lo advierto.
Nos está poniendo a todos en una situación muy comprometida.
¿Usted cree que yo no soy consciente de lo complicado
de la situación?
Llevo toda mi vida huyendo de esto.
Y aquí estoy.
No me presione más, por favor.
(MARCO) Señor De la Riva.
-Ah. Señor Cafiero. -Ese es mi padre.
A mí puede llamarme Marco. Lamento que nos veamos tan tarde.
-Bueno, es su primer día, es lógico.
Entiendo que tenga otros quehaceres.
Y no los cambie por mí. Si tiene otras prioridades,
lo comprendo perfectamente. -Se lo agradezco.
Ahora soy todo suyo.
Mi padre me contó muchas de las ideas que tenía
para la futura colección de caballeros.
Pero me gustaría ver algo en firme. -¿En firme?
-Sobre papel.
No me gusta trabajar sobre ideas abstractas.
Quiero hechos.
-Bueno, precisamente esta mañana he estado trabajando
en los primeros bocetos... Sí, yo misma he podido
echarles un vistazo y son espléndidos.
Gracias, doña Blanca. Sí, pero me gustaría darle
otra vuelta más. Quien dice una, dice mil vueltas,
porque no sería quien soy si no fuera...
Un perfeccionista. Rematado.
Muy bien, pero mil vueltas me parece un poquito demasiado.
Aprovecharé el tiempo para conocer Velvet a fondo.
Y espero que usted pueda ayudarme. Por supuesto.
¿Quiere visitar las galerías?
Todo buen empresario conoce hasta el último rincón de sus galerías.
Pero le seré sincero, me interesa conocer qué stock
guardamos en los almacenes. ¿En los almacenes?
Sí, quiero ver qué tejido tenemos de otras temporadas
y venderlos a pequeñas empresas de confección.
Para qué tenerlos criando polvo cuando pueden darnos beneficios.
Claro, es una idea excelente.
Pero ¿qué le parece si empezamos por ver las telas que guardamos
aquí, en el taller? Como quiera.
¿Qué le parecen?
Estas son telas que aún podemos usar nosotros.
Quiero ver el producto más antiguo,
el que tengan guardado en los almacenes.
Bueno, por aquí tenemos algunas telas que aún...
Doña Blanca, no me ha entendido.
Quiero telas de colecciones pasadas.
Lléveme a los almacenes.
Claro. Sígame.
Toni, Toni, vístete, viene mi jefe. Vístete, corre.
Corre.
Corre. La camisa. -Sí.
Y este es el último.
Aquí también hay stock.
Y por el polvo que acumulan las telas,
yo diría que de hace muchos más años que el anterior.
Sí, es que hace mucho tiempo que no usamos este almacén.
A partir de ahora empezaremos a hacerlo.
Muy bien. Vamos.
¿Alguna cosa más, señor Cafiero?
No, está bien. Haga inventario del material
y en cuanto tenga el informe páseselo a la secretaria.
Muy bien. Mañana mismo lo tendrá en su mesa.
(MARCO) Muchas gracias.
-¿Se han ido ya? -Sí, se han ido.
El corazón me va tan deprisa que habré perdido diez años de vida.
-Justo los que acabo de ganar yo.
-No tienes nada que ver con el mendigo que vino esta mañana.
-Lo que hace un buen traje, ¿verdad?
-Vamos a volver al almacén.
Que aquí nos pueden ver. Ven.
-Esa mujer es el demonio encarnado.
Como me la encuentre no me resisto. Juro que la cojo y la revoleo.
Toma, anda.
¿Creéis que podré sacar adelante al niño yo sola?
Claro, mujer.
Carlos me ha ofrecido cuidarnos al niño y a mí.
Pero tú no estás enamorada de él.
No.
Y él lo sabe y no le importa. Dice que solo quiere ayudarme,
que no pretende ocupar el lugar de nadie.
¿Y tú qué le has dicho?
Pues que no, Rita.
Pero después del día que he pasado hoy, me lo empiezo a plantear.
Bueno, tú no te precipites.
No vayas a tomar una decisión que no quieras.
-Además, yo te voy a poder ayudar. Que digo yo que mi familia política
me servirá para algo más que para darme disgustos.
Es que no sé si tendré fuerza para hacerme cargo del niño sin Alberto.
Te agradezco la compañía, Patricia.
No me apetecía pasar la noche en el hotel.
-Es su primera noche en Madrid, teníamos que brindar.
Aquí se han cerrado acuerdos para Velvet.
Me parecía el mejor lugar para hablar del futuro de las galerías.
-Por eso me has traído aquí, ¿verdad?
-Bueno, por eso y porque si vamos a trabajar juntos,
pensé que era mejor que nos conociésemos un poco más.
-Pienso exactamente lo mismo.
¿Y cómo está su marido? Estoy deseando conocerle.
-Bien, está bien, sigue en Guinea.
Pero hoy me ha llamado para decirme que está muy feliz
por el éxito de la colección. -Muy bien. Todo gracias a ti.
-Como ve, soy una mujer en la que puede confiar.
-Sí.
Patricia, Patricia...
¿Por qué no dejamos esa farsa y me dices de una vez lo que quieres?
Desde que he llegado, las mujeres de esta empresa
lo único que han hecho ha sido intrigar a mis espaldas,
intentar manipularme.
-Lo siento, Marco, pero no sé de qué me habla.
-Cristina Otegui ha venido a mi despacho para contarme
que Ana Rivera está embarazada. Quería que la echara, por supuesto.
-No me lo puedo creer. -Yo tampoco, pero...
¿Qué es esto?
¿Un patio de colegio?
No voy a tolerar esta clase de comportamiento en mi empresa.
Quiero un juego limpio en Velvet.
-Y yo también, pero con Cristina eso es imposible.
Verá, Marco, los Otegui no llevan la moda en la sangre como nosotros.
Usted y yo nos parecemos más de lo que cree.
Y se lo voy a demostrar.
-Perdona, me quedé traspuesto.
Lo siento.
-Toma, te he traído esto. Porque el viaje va a ser muy largo.
Quédatelo.
-Cuando pienso lo mal que me comporté contigo...
Y que ahora estés aquí, ayudándome.
Dame una calada, anda. -Pero ¿tú no lo habías dejado?
-Sí.
Le prometí a doña Blanca que en 24 horas estarías fuera
y ya ha pasado el tiempo.
He conseguido arreglar los papeles para que llegues hasta la frontera,
pero no te puedo asegurar
que la persona que esté esperándote fuera sea la adecuada.
De todas formas, durante el día de hoy
voy a seguir gestionando todos mis contactos
y creo que lo conseguiré.
Ahora mismo no te puedo garantizar nada.
-Es mucho más de lo que nadie hubiera hecho por mí.
-Si logras cruzar la frontera, quiero que me llames.
Es lo único que te pido.
-Cuenta con ello.
¿Y ahora qué tengo que hacer?
-Terminarte esto, que a mí me sienta fatal.
Ya está todo listo, el taxi debe estar en la entrada.
Tome, póngase esto.
Yo se lo agradezco mucho, de verdad.
-Toma, este es el billete a Hendaya.
Y el pasaporte falso.
-Muchas gracias, Raúl.
¿Listos? Vamos.
Ahí está.
Vamos, no hay tiempo que perder.
Ánimo. Vamos.
-Te llamaré desde Francia en unas horas.
-Sí, seguro que sí. Vamos.
Todo va a salir bien, vamos.
(TONI) Te quiero.
Vamos, entra, entra.
¿Mateo?
-Buenos días, mi amor. Estás bellísima.
-Uy, ¿a qué viene esto? -Siéntate.
Siéntate, esto viene a que te quiero muchísimo.
-No será una de esas veces que haces algo bonito
porque luego me vas a dar una mala noticia, ¿no?
-Todo lo contrario, esto viene porque hay una grandísima noticia.
Muy buena, mira, resulta que mi madre, mis madres...
-¿Ves? Lo sabía? ¿Qué pasa con tus madres?
-Nada, nada, si están encantadas. Encantadísimas.
Tanto que quieren celebrar la pedida mañana mismo.
-¿Mañana? Eso es una estupidez, mañana no se puede hacer porque...
-Ellas se están encargando de todo. -¿Cómo?
-Sí, lo único que tienes que hacer es llamar a tus padres.
Sería tan conveniente empezar con buen pie
los preparativos y todo... Solo tienes que traer a tus padres.
¿Qué digo traer? Invítales.
Cómete el huevo, que está buenísimo.
-¡Virgen santísima! Olé, olé y olé.
-¿Qué pasa? -Que se nos casa tu hija.
-¿Otra vez? -No, Fernando, Rita no, la otra.
Creíamos que se iba a quedar para vestir santos y mira.
(PADRE) Felicidades. (MADRE) ¿Has oído a tu padre?
Ay, hija, qué alegría más grande.
Encima con tu jefe, eso sí que ha sido un buen braguetazo.
-Mamá, por favor.
(MADRE) Hija, tú siempre has sido la más lista de las dos,
así que no podía ser de otra manera.
(CLARA) Mi suegra es impaciente, quiere hacer la pedida mañana.
Ya sé que es muy precipitado
y que es seguro que no pueden venir.
-Calla, no digas tonterías.
Ninguna precipitación, para las cosas buenas,
una siempre está preparada. Espera un momento.
Fernando, sal y pídele a Justino que nos reserve dos billetes
para el autobús de mañana para Madrid,
que nos vamos para la capital.
-Madre, tráigase el vestido de los domingos.
-Claro, hija, ¿cuál me iba a poner si no?
Venga, hasta mañana, hija, un beso. Dale un beso a tu hermana.
-Adiós, madre.
No sé yo si esto ha sido muy buena idea.
-Claro que sí.
(Golpes en la puerta)
Adelante.
Carlos, otra vez no.
Esta vez no. Ay, Pedro, pasa.
Disculpa. Cómo es este hombre, ¿eh?
Vamos, si yo tuviese detalles así con Rita
no se despegaba de mí en la vida.
Gracias, Pedro. De nada.
"Para que sepas que siempre os tengo presente.
Nada me haría más feliz que cuidaros.
Carlos."
(Golpes en la puerta) ¿Sí?
Buenos días. Buenos días.
He ido a hablar con Marco. ¿Y?
Creo que nunca me voy a acostumbrar a que esté en el lugar de Alberto.
¿Qué te ha dicho?
No he podido cambiar nada.
No nos queda más remedio que hacer las cosas como él quiere.
¿Y no te ha dado ninguna explicación?
No.
Bueno, se barruntan tiempos de cambio.
Cuando el viento sopla en contra
los hay que se ponen de su parte y reman a favor.
La cosa es mantenerse a flote.
Nosotros esperaremos a conocer bien la dirección, la fuerza
y ver cuánto dura.
El viento, digo.
Mientras tanto... Vamos a hablar con los chicos.
Vamos.
Atentos, un momento, por favor.
Atentos.
Ana tiene algo que decirles.
He hablado con el señor Cafiero.
He intentado convencerle de que sus medidas son excesivas.
Pero de momento vamos a tener que acatarlas.
¿Este señor qué se cree? -Esto no es justo.
-A ver... ¡Silencio!
Dejen de que termine. Sé que son unas medidas muy duras.
Pero os pido que entre todos creemos buen ambiente.
Eso no fue lo que dijiste, Ana.
-Es verdad. -Pedro.
-Es que, Ana, ¿tú por qué le das la razón?
No se trata de dar la razón o no, es que no nos queda otra, Pedro.
Esperemos que estos cambios sean para mejor.
Para Velvet, pero no para sus empleados.
-Para mí que este italiano te ha engatusado.
-¿Tú qué dices? -Es que no lo entiendo.
-No, no es eso, Jonás.
Es que ella no tendrá que sufrir tanto cambio, como es una jefaza...
-Bueno, ya, la primera en defendernos fue Ana.
Y poner el grito en el cielo. Os pido paciencia y confianza.
Vamos a demostrarle
que somos el mejor equipo con el que ha trabajado nunca.
Espero que con el tiempo todo mejore.
Bueno, y ahora cada uno a su puesto.
Hay mucho trabajo por hacer.
¿Cómo te sientes?
He apagado un fuego, pero vendrán más.
Has hecho lo mejor que podías hacer, hija.
Para todos.
Ahora a seguir adelante.
Aunque el viento siga pegando de cara.
Necesito ayuda. ¿Qué te pasa?
Que mañana es la pedida
y han organizado una pedida de alto copete.
-¿Quién ha montado el tinglado? -Las madres de Mateíto.
-¿Y madre y padre?
-Están de camino. No tengo tiempo para nada, ¿qué me pongo?
A mí mi me mires, que tengo muchísimo jaleo.
Pero es que te necesito, Ana, por favor.
Venga, anda, a ver qué te pongo.
Ay, muchas gracias, te debo una. Si fuera solo una...
No, por favor. (RITA) ¿Qué dices? Estás loca.
Que se te salen las domingas.
¡Bien! ¡Estás preciosa!
Qué guapa.
Rubia, ¿ha ido todo bien? -Sí.
¿Y lo tuyo? -Sí.
-¿Se puede saber dónde estabas?
Ya tenemos a las candidatas esperando en la sala de juntas.
-¿De qué estás hablando?
-¿No reclamabas un puesto en la selección de personal?
-No lo reclamaba, me pertenece. -Venga, patillitas.
Y bien. (MATEO) ¿Bien qué?
-Me encargué de hacer una preselección.
Ahora pactaré contigo a quién ponemos en joyería.
-¿Has preguntado a Patricia sobre sus necesidades?
-Me da igual Patricia, me importan las Galerías.
Sé que cualquiera de ellas vale para ese puesto.
-Cierto, cualquiera de vosotras es perfecta,
lo sabéis. A ver.
Maite tiene experiencia en ventas.
Lourdes es muy buena con los números
e Inés lleva toda la vida con nosotros.
Hará lo que le pidamos. -¿Y la rubita con cara de ángel?
-Demasiado joven; además, hace falta en el taller.
No es que se lleve muy bien con Patricia.
-Señoritas, pueden salir.
-Gracias.
Les iremos informando. Muy amables.
-Patillitas,
te creía más listo. -¿De qué hablas?
-Una cara tan bonita no puede estar encerrada en el sótano.
-Lucía no tiene experiencia en las ventas.
-Esa chica tiene clase. Se crió en un ambiente selecto.
No solo conoce la calidad de las joyas,
sino que las ha llevado puestas.
-Veo que te tomaste muchas molestias.
-El éxito no se regala.
Quiero a Lucía arriba.
Habla con don Emilio y ponlo en marcha.
-Marco, de verdad,...
-Mañana, no tienes tiempo que perder.
Ya me has oído.
Doña Blanca, el director quiere a Lucía
como dependienta para el departamento de joyería.
¿A Lucía? Ajá.
Pero llevamos retraso con los diseños.
Reducir el equipo no creo que sea la mejor opción.
Confío en que manden a otra modista.
Eso espero.
Lucía, queríamos comunicarle algo.
Mañana empezará a trabajar como dependienta.
¿Dependienta? ¿Por qué?
Órdenes.
¿Qué se supone que debo hacer ahora?
Lo primero, probarse su nuevo uniforme,
mañana conocerá a sus compañeros e iniciará un breve curso.
¿Lo saben mis compañeras? No.
Puede ir a contárselo usted.
Espero que estos cambios sean para mejor.
Yo también lo espero, doña Blanca.
Doña Blanca.
Muchas gracias por todo.
No hay de qué.
¿Sabemos algo?
No.
Aún no.
Bueno, aún es pronto. Ya.
Cada hora que pasa es una agonía.
Usted hizo lo que estaba en su mano.
Ahora solo queda esperar.
(MATEO) Te estaba buscando. Tengo que hablarte de Cafiero.
-Ya sé que no te hace gracia y a mí tampoco,
pero deberíamos darle un voto de confianza a Marco.
-¿Marco? ¿Ahora es Marco?
¿Hay algo que me he perdido? -Anoche fuimos a tomar una copa.
-¿Solo una?
-Estoy casada.
Por cierto, enhorabuena.
¿Será verdad eso
de que a todo cerdo le llega su San Martín?
-Gracias, muy amable, no me cambies de tema.
¿Qué tal con Cafiero?
-Hablamos del funcionamiento de las Galerías,
del futuro de la colección de joyas...
-Ya veo que intentas ganártelo.
-Todo lo hice por el bien de Velvet.
-¿Y cómo fue?
-Yo creo que hubo sintonía
y puede ayudarnos a cambiar unas cosas.
-Estarás al tanto de las nuevas decisiones.
-¿Cuáles?
-¿Por qué no vas y lo averiguas?
Faustino, Margarita, dejen eso, por favor.
Retiren estos mostradores, esta zona debe quedar despejada,
tiene que... Señora.
¿Se puede saber qué pasa?
Estamos reordenando los mostradores para hacer un espacio
a la nueva sección de joyería. Órdenes del señor Cafiero.
Ah.
¿Podría haberme preguntado qué personal quiere
para mi sección de joyas? -Patricia, la colección es tuya,
pero la sección es mía, como el reto de las Galerías.
-Ayer pensé que estábamos en sintonía.
-Y lo estamos.
-Marco,
aquí no estamos acostumbrados a hacer las cosas así.
-Ese es el problema.
-¿En qué momento dejé de ser socia de las Galerías?
Acabo de enterarme del personal para la sección de joyas.
Podríais haberme avisado.
-No estás al cargo, Cristina,
no tenemos que consultarte todas las decisiones que tomamos.
-Exactamente.
-Usted apenas me conoce, pero debe saber
que, por las buenas, podemos llegar muy lejos,
pero por las malas... -¿Me está amenazando?
-Ni mucho menos.
Solo quiero que se respete el lugar que la familia Otegui
ocupa en las Galerías y esto va por ti también, Patricia.
-Tengo mucho que hacer.
Si me disculpan.
-¿Por qué no la ha echado? -Tengo muchas cosas que hacer.
Si no le importa.
-Contésteme. ¿Por qué no la ha echado?
-¿De qué está hablando? -De Ana Rivera.
¿Por qué no la ha echado?
-Como socia, debería saber que Ana tiene un contrato blindado
que asegura su puesto aquí. -Por favor.
Entre los dos sumamos el total de las acciones.
¿De verdad espera que crea que no podemos hacer nada más?
Esa chica le ocultó su embarazo, se saltó a la torera
su autoridad, no le tiene respeto. -Señora,
no se atreva a echarme un pulso. -No le tengo ningún miedo.
Y puedo hacerle la vida muy difícil aquí.
-Me da igual lo que usted haga. -¿Ah, sí?
-Sí. -Mejor.
Así no me molestará cuando eche a Ana de las Galerías.
-Cuidado, señora Otegui, mucho cuidado,
no es tan fuerte como se cree,
hoy Ana tiene más valor que usted para las Galerías.
Ana tiene talento
y está aquí por méritos propios.
Usted es una niña de papá que tiene mucho que demostrar.
Estoy ridícula. Pero si estás preciosa.
No quiero ser dependienta.
Ahora resulta que quieres ser modista.
Bueno.
(RITA) Si dijiste que no te gustaba el taller.
Vaya con la señorita caprichos. -Me gusta estar en el taller.
Con vosotras.
A ver, Lucía, que todos los comienzos son duros
y es normal que tengas miedo, pero enseguida te acostumbras.
Pero aquí estabais vosotras.
Que te vas a la planta de arriba, no a Roma.
Mira a Clara, se fue a las oficinas
y ni con agua caliente nos la hemos quitado de encima.
(CLARA) A las nueve. -¿Lo ves?
-Que a las nueve te quiero ver en la puerta
con el vestido de los domingos.
Por favor, Rita, compórtate,
que las madres de Mateíto son unas arpías
y no les pienso dar munición.
¿Dónde está Pedro? Voy a buscarle.
(RITA) ¿No se te va la cabeza con la comida del compromiso?
-Al final es cena. -Lo que sea.
Nos pides que nos comportemos,
nosotras estamos acostumbradas a tratar,
es lo que hacemos todo el día. -Sí,
pero madre y padre no, para ellos es el mayor evento
que hay en Porrillos es la matanza del cerdo.
-No será fácil.
Tus padres os han criado y no lo hicieron tan mal.
No, pero ahora no hablamos de eso.
Pedro, que mis padres llegan a la estación sobre las diez.
Necesito que vayas a buscarles y les traigas aquí.
Por favor, no los lleves a hacer turismo.
-No, mi suegro...
-Por favor. -Que sí. Venga, vete ya.
-Joder. -¿Cuánto quedará de aquí a la boda?
-No sé, unos seis meses.
-Que Dios nos asista.
Venga. ¿Tú la has visto? No se callaba.
-¿Qué? -¿Qué haces?
Venga.
"Acabo de llegar a Londres y lo único que pienso
es que no estás aquí, Ana. Te echo de menos.
Han pasado ya tres meses sin una carta tuya.
Dime que no me has olvidado. Aquí es todo gris, las casas,
las calles, el cielo, no deja de llover
y yo no dejo de pensar en ti."
(Puerta)
¿Has sido tú?
¿Por qué has hecho eso?
Mierda.
Restos de una relación muerta, Ana.
Si yo no voy a tener un hijo de Alberto,
tú tampoco.
(GRITA)
(BÁRBARA) No puedes contar a nadie lo que ha sucedido esta noche.
¿De acuerdo? -Sí, sí.
(ENRIQUE) ¿Ayudarla? Has criado a un monstruo,
muy parecido a ti, por cierto. -Eres un desgraciado.
(MATEO) Aparentar, siempre igual.
Clara, si ese hombre viene esta noche, no me caso.
(CURA) ¿Cómo estás, Mateo?
¿Quieres aprovechar para confesarte?
-Padre, aunque no lo crea,
en el pecado me siento como en casa.
-Por Dios. -Ya voy yo.
-Le agradecería que se marchase.
Hoy es el día de mi pedida y me gustaría estar con mi familia.
Tranquilícese, por favor. Señor De la Riva,
¿podemos hablar con usted? Necesitamos hacerle unas preguntas.
(ENRIQUE) Lárgate y no vuelvas. -Chao, chao.
(PATRICIA) No estás solo. Sí.
Sí, Valentín. ¿Has recuperado las minas?
¿Puedo ayudar en algo?
(CRISTINA) ¿Dónde está esa, la mosquita muerta?
No te voy a consentir que me vuelvas a amenazar,
no te tengo miedo.
(GRITA)
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