Afrikaans
Akan
Albanian
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Ese Cortés ha derrotado un imperio.
¿Lo nombraréis gobernador de los territorios conquistados?
Todavía no.
(JUAN VELÁZQUEZ) Piensan que sabéis del tesoro.
Os creen aliado con Cuauhtémoc. -¿Dónde escondéis el tesoro?
Si lo decís, vos y vuestro pueblo dejaréis de penar.
Haré convocar un concilio. -Os dije que no debíais temer nada.
¿Hemos de creer... -Gracias.
...que Lutero se ha desvanecido en el éter, señor?
El plazo que le concedí se ha cumplido.
Lutero no se ha retractado y se le declarará prófugo.
-Pensaba que podría comunicar al rey que Castilla volvía a estar en paz.
-Padilla ha reorganizado sus fuerzas y eso ha alentado a los rebeldes.
-En Burgos, aún hay muchos fieles a la causa. Se puede reconquistar.
-Os proponemos un trato: ayudadnos a prender a los caudillos.
-Decidme, padre. -Prometedme
que no os casaréis hasta desposar a vuestra hermana con el emperador.
-Os amo, Leonor.
Vas a impedir mi boda con vuestro hermano.
¡Soy la reina de Portugal y deseo quedarme aquí!
El brazo de los príncipes alemanes es más largo de lo que pensábamos.
-¿Seguro que le han envenenado? Habremos de ser más precavidos.
(FRANCISCO) Atacaré al emperador por varios frentes.
-Tenemos la oportunidad de ganar la guerra con una única batalla.
¡Podríamos capturar al emperador! -Esperaremos.
-Hemos arrebatado el Milanesado a Francisco.
No sería apropiado volver a Castilla llevando en el vientre
al futuro rey de Portugal.
-¡El papa ha muerto!
¿Quién es el candidato con más posibilidades de sucederlo?
-El cardenal Wolsey, sin duda.
(SUSPIRA) También decían que Francisco sería emperador.
-¿Es grave, reverencia?
-Roma me comunica
que he sido elegido papa.
-Santidad...
Es una gran noticia.
Hay que informar de inmediato al emperador.
-No. Alzaos. ¡Alzaos!
(SUSPIRA) No lo entiendo.
Ni siquiera me había postulado para el cargo.
-Sois un hombre justo. Y así lo han sabido ver.
¿Cómo podrían honraros más? -¿Honrarme?
¿O sentenciarme?
Olvidáis en qué situación está Roma, asediada por el turco
e incapaz de detener una guerra entre cristianos.
-Con vos en la Santa Sede, Francisco no contraatacará.
-Pensad en la ventaja que representa para la Corona un pontífice afín.
Nada podría ser más beneficioso. -Eso es lo que más me preocupa.
Todos me supondrán al servicio del emperador.
La Cristiandad entera, el turco... ¡Todos!
Debo partir hacia Roma. -Si me lo permitís,
me encargaré de los preparativos. -No. Marcharé esta misma noche.
(Vítores)
¡Viva el rey Carlos! -¡Viva!
-¡Viva el rey Carlos!
-El pueblo os quiere, majestad.
¿Recordáis cuando desembarcasteis en Asturias?
Entonces acogieron a un extranjero.
Hoy vuelve su emperador.
(Vítores y aplausos)
-¡Viva!
¡Viva el emperador!
(SUSPIRA)
¿Dónde está su santidad?
Quiero darle un abrazo.
¿Se lo ha tragado la tierra?
Su reverencia ha partido hacia Roma.
¿No fue informado de mi regreso?
Sí, majestad.
-Pero, al recibir la noticia, quiso marchar de inmediato.
¿Qué mal trato le he dado para que me ofenda así?
-A decir verdad, no creo que ofenderos
haya sido la intención del regente. ¿Quién lo aupó al cardenalato!
¡Jamás lo habrían hecho papa sin mí!
¡Y así me lo paga! -De eso se trata, me temo.
-Creo que desea evidenciar su independencia de la Corona.
De vos, majestad.
Mi preceptor en el trono de San Pedro,
¿y tampoco vamos a contar con el apoyo de Roma?
(ADRIANO) Reverencias, queridos hermanos,
me siento honrado de estar aquí ante Dios y ante vosotros.
Sabed...
que la responsabilidad que recae ahora sobre mis hombros
no me nublará el juicio.
Es cierto que el rey católico y emperador fue mi pupilo
y que he servido con lealtad a sus demandas
como regente de las Españas.
-Santidad, con vuestro permiso.
A este respecto, hablo por muchos si manifiesto una preocupación.
Roma no puede hincar la rodilla ante el Imperio.
-Me agrada que veléis por nuestros estados.
Os aseguro que antepondré
mis deberes como defensor de la fe verdadera a cualquier otra causa.
Roma será neutral en las disputas entre reinos cristianos.
Os lo dije. Adriano es la mejor elección posible.
(ADRIANO HABLA DE FONDO) -Un hombre docto y sensato.
...las dos grandes amenazas que pesan hoy sobre nosotros.
Mas, igual que la guerra sin diplomacia se enquista
y arruina a los contendientes,
la hoguera no basta para erradicar la herejía.
Los pecados del pueblo tienen su origen en los pecados del clero.
Así lo dicen las Escrituras.
Soy un hombre austero.
Como austero era Cristo y austera debe ser su Iglesia.
Con este espíritu me propongo reformar la curia.
-Calma. No son más que palabras. (ADRIANO HABLA DE FONDO)
-Dejad que yo me encargue del pontífice.
-...de los papas a los prelados.
Y hace tiempo ya que no hay uno solo que obre bien.
(GATTINARA) Su Santidad ha cuidado bien de vos y vuestros intereses.
Estoy seguro de que seguirá haciéndolo desde Roma.
Os ruego que no os dejéis llevar por el rencor.
Muy bien. Si quiere independencia, tendrá independencia.
Vayamos a lo que acontece.
¿Qué ha ocurrido en mi ausencia?
-El nombramiento del nuevo gobernador de Nueva España
está pendiente de firmar.
Cortés tendrá lo que pide. ¿Qué más?
-El rey Manuel dejó embarazada a vuestra hermana antes de morir.
Su hijo, el rey Juan, os hace una propuesta.
Para mantener la alianza entre ambos, solicita desposar a Leonor,
de modo que vuestra hermana siga siendo reina de Portugal.
Es un ofrecimiento sensato y amistoso, pero debo rechazarlo.
Leonor regresará, de acuerdo con las capitulaciones, tras dar a luz.
De ser varón el niño, podrá quedarse en la corte,
si así lo desea el rey Juan.
¿En cuanto a los comuneros?
-La guerra no acabó con la ejecución de Padilla y de los suyos.
-Pero la revuelta ha sido sofocada
y sus instigadores, apresados. Más de 2000.
Muchos son.
Suerte hemos tenido de salir victoriosos.
No, majestad. El azar no ha mediado en este asunto.
Ha habido que someterlos por la espada.
La pregunta es qué hacer con ellos.
Actuar con mano dura o, por el contrario, ser clemente.
-Eterna cuestión, majestad.
En caso de duda, la balanza de la justicia debe inclinarse siempre
hacia la clemencia.
Así me lo enseñó Adriano.
(RESOPLA) Otorgaré un perdón generalizado.
Los presos serán liberados.
No se tendrá en cuenta el pasado comunero de ningún castellano.
-Vuestros vasallos lo agradecerán. ¡Aún no he terminado!
Liberaremos a la mayoría.
Pero todos los cabecillas, todos los que han conspirado,
¡serán ejecutados!
-Así se hará. Bastante me equivoqué con Lutero.
A partir de hoy, mi casa estará en mis reinos españoles.
Pero antes han de ser pacificados.
Por ello, evitaremos que este conflicto vuelva a avivarse.
Ni siquiera de sus rescoldos.
La que sigue desaparecida es María Pacheco, majestad.
Huyó de Toledo y no hemos dado con ella.
¡Maldita zorra!
Ante vuestra alteza me presento desnuda, pidiendo ayuda y perdón.
-¿Qué pretendéis que os ofrezca, señora?
-Solo busco refugio.
Un lugar en el que terminar mis días.
Volver a la tierra de mis antepasados.
(RÍE)
Veo que tenéis valor presentándoos aquí,
cuando el emperador ha puesto precio a vuestra cabeza.
Nada he hecho salvo defender lo que creía justo para Castilla, alteza.
(JUAN) Podréis quedaros en Portugal.
Y no os inquietéis.
Vuestros perseguidores nada sabrán de vuestro paradero.
Espero que sepáis agradecerlo.
Y que no iniciéis revuelta alguna contra mí.
-Gracias, alteza.
-Retiraos. (RESOPLA ENFADADA)
¿Dais cobijo a esa rebelde? Desciende de nobles portugueses.
Entregádsela al emperador.
¿Pretendéis que pase como un títere del Imperio ante todos?
Ante vuestros vasallos, en particular.
Es una decisión sensata.
Pero al emperador no le gustará. Ateneos a las consecuencias.
Mi hermano nunca olvida.
Estos son los principales cabecillas,
aquellos a los que decidisteis dar muerte.
Pero tenemos un grave problema, majestad.
Allí.
Es el obispo Acuña.
¿Qué ha hecho para estar ahí?
Saqueó iglesias para financiar la causa comunera
con un ejército de 200 clérigos.
Fue capturado en Navarra, pero intentó escapar.
Mató al alcalde que lo guardaba con un ladrillo.
¡Vaya con monseñor!
Merece lo que le pase. No lo dudo, pero...
En tiempos de incertidumbre, cuando cualquier apoyo es necesario,
¿conviene ejecutar a un obispo?
¿No ha de ser la justicia igual para todos en mis dominios?
Señor...
Os arriesgáis a que Roma os excomulgue.
(SUSPIRA)
Está bien.
Que permanezca preso.
Ejecutad al resto.
Fuisteis muy elocuente en vuestra exposición frente a la curia.
Estoy de acuerdo en la necesidad de una reforma de la Iglesia.
Confieso que yo mismo promoví vuestro nombramiento.
-Me alegra saberlo.
En la gobernanza, uno aprende que todo apoyo es poco.
-No obstante...
Temo que no os hayáis percatado que las cosas en la Santa Sede
se desenvuelven con un ritmo propio.
Los cambios no pueden producirse de un día para otro.
-En particular, cuando nadie quiere que se produzcan.
Roma debe dar ejemplo de virtud y honradez.
Hay que acabar con las indulgencias y los indultos.
Con el lujo y los gastos innecesarios.
El hambre y las enfermedades matan, mientras aquí se dilapida el dinero
en joyas y edificios suntuosos.
-Semejante reforma encrespará el ánimo de más de uno.
-Os agradezco la advertencia. ¿Algo más?
-Parece que vuestro pupilo, el emperador,
amenaza con ajusticiar a monseñor Acuña.
-Es un rebelde comunero.
Fue excomulgado por sus saqueos en tiempos de Fernando el Católico.
-¿Justificáis su condena?
-Estoy seguro de que Carlos no ajusticiará a un obispo.
-Si lo hace, confío en que vos seáis implacable.
Pues, como predicáis, Roma no depende del Imperio.
(RÍE) Cortés...
(TOSE)
-¿Queríais verme? -Sentaos.
Me temo que tengo malas noticias. -¿Le ha ocurrido algo a mi esposo?
-Me dicen que no lleva una vida cristiana.
(TOSE)
-Ambos sabemos que mi marido nunca fue un beato.
-Aquí sugieren que tiene otra mujer. (TOSE)
Una mujer que no solo os ha sustituido en el lecho.
Al parecer, Cortés no toma decisiones sin contar con ella.
(TOSE)
Una india.
-¿Qué decís?
¿Una india?
En ese caso, ese escrito solo contiene mentiras y difamaciones.
-Señora... Me temo que estáis equivocada.
Debo informar a Castilla.
Es mi deber. -¡No!
Lo hacéis por vuestro propio interés.
¡Para arrebatarle el gobierno de los territorios conquistados!
-Me ofendéis.
Bien sabéis de nuestras diferencias, pero os juro
que en esta ocasión solo me mueve la defensa de la decencia
y de la justicia. -Esperad.
No aviséis todavía.
Dejadme ir allí y que lo vea con mis propios ojos.
-¿Señora, emprenderéis un viaje tan peligroso?
-Si es verdad lo que ahí se dice,
tendréis mi testimonio y bendición para informar de todo al detalle.
-Pedís demasiado. -Os lo ruego.
¡Por mi honor!
Os lo suplico.
-Está bien.
Lo haré por respeto a vos.
(TOSE)
(LENGUA INDÍGENA) Madre...
No temáis.
No os odio.
Ya no lo necesito.
Ya me he vengado, madre.
Ahora basta una mirada mía
para que cuelguen de la horca a quienes desean mi mal.
Tenéis mi perdón.
¡Marchad!
(ESPAÑOL) No recibiré a nadie más. Que se vayan.
-¡Vamos!
¡Fuera!
¡Caminad!
-Contempladlo. No lo volveréis a ver.
Saldrá en el primer barco para Cádiz.
-Os he echado de menos. Y vuestro hijo también.
No para de mamar. Tiene la fuerza de un conquistador.
-Luego os veré. Ahora voy a dormir una siesta.
-Puedo dormirla con vos. -No.
-Mi señora, debéis saber que Catalina Juárez,
la esposa de Cortés, viene hacia aquí.
-¿Lo sabe él?
-No.
-No se lo digáis.
Hacedlo por mí.
(RESOPLA)
(Pasos)
El pequeño se mueve.
Siente cuándo estáis cerca.
Leonor...
Vuestro hermano ha respondido:
quiere que regreséis tras el parto como estaba escrito.
Contestad que es imposible. Así quebrantaría las capitulaciones
y me enfrentaría al emperador. Pero vamos a casarnos, ¿no?
¿Vais a permitir que regrese?
Llevo al heredero al trono en mi vientre.
¡Soy la reina de Portugal! (SUSPIRA) Vos sois propiedad de Castilla.
No. Vos sois mío y yo soy vuestra.
Ojalá fuera tan sencillo. ¿Dais refugio a una rebelde
a espaldas de mi hermano y pretendéis devolverme a mí?
No quiero perderos. No quiero que os vayáis.
Vive Dios que haré todo por evitar que nadie os arrebate de mi lado.
"Majestad,
nada, salvo salud, deseo en esta tierra para vos".
"Largas horas hemos compartido
con el pensamiento puesto en el día en el que os ceñiríais la corona
que hoy adorna vuestras sienes".
"Pero me es obligado advertiros
de que nuestra amistad no me impedirá cumplir con mi deber".
"Si decidís ejecutar a monseñor Antonio Acuña,
me veré forzado a excomulgaros".
-Aún estáis a tiempo, majestad. ¡Detened este horror!
Señor, si no teméis a Roma, por lo menos, temed a Dios.
Dios sabrá entenderlo.
(GUARDIA) Perdonadme.
-Yo os perdono.
Procurad apretar recio.
"Ego te absolvo. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti".
Confiscad sus bienes...
que falta nos hace.
-Que Dios nos proteja.
Avisad a su majestad. Es urgente.
¿Qué sucede?
Francia ha contraatacado en el Milanesado.
-Nuestras fuerzas no resistirán mucho. Necesitamos más hombres.
¿Podemos contar con Roma?
No nos prestará ayuda alguna.
Hemos de ganar esta guerra sin la bendición del papa.
-Yo digo que nosotros respondamos con todos.
Ya les ganamos una vez. -No, señor mío.
Os ruego que busquemos el modo de parar esta contienda
que nadie desea.
Una paz duradera conviene a todos. ¿Paz?
¿Creéis que no deseo la paz?
¡Que me entregue Francisco Borgoña
si quiere que esto acabe! Triunfamos en la Bicoca,
pero en Valenciennes rozamos el desastre.
No menospreciemos el poderío del francés.
-Hay algo que no hemos valorado y que podríamos intentar.
En la cadena que rodea al rey de Francia hay un eslabón débil,
un hombre capaz de reunir a 30 000 hombres en sus dominios.
Un militar con capacidad y experiencia
para cambiar las tornas de esta guerra
si vuelve sus armas contra Francisco.
¿Y quién es ese hombre?
Deduzco que un encuentro más formal no resultaría conveniente.
-Ambos somos hombres de mundo.
Vengo de lejos y no voy a andarme con rodeos.
Habéis acudido a mi llamada. Supongo que estáis interesado.
-Quizás dais muchas cosas por supuestas.
-En nombre del emperador, os propongo una alianza
para que Francia y España sean reinos hermanos
como corresponde entre cristianos.
-Me estáis proponiendo una traición.
-El vasallo no traiciona a su señor si este lo trata injustamente
y lo despoja de todo lo que es suyo.
-¿Qué diríais si me presentara ante vos con una propuesta semejante?
-No hablamos del mismo rey. El mío no se rodea de aduladores
ni castiga a quien le es fiel.
Poned vuestros hombres a disposición del emperador
y este sabrá agradecéroslo. -¿Cómo?
-Leonor.
La hermana del emperador ha enviudado y regresará a Castilla.
¿Qué mejor forma de sellar una alianza que con un matrimonio?
-Sin duda, vuestra propuesta es muy valiosa.
Pero debo pensarlo.
-Añadid una dote de 200 000 escudos a vuestras reflexiones.
Pero tened en cuenta que el tiempo corre en contra de todos.
¡Ah!
-(SORPRENDIDO) Catalina...
-¿Quién es?
-Soy su esposa.
-¿Una india?
¿Os habéis vuelto loco?
-Tengo nombre. -¡Hacedla callar!
Que no vuelva a dirigirse a mí.
-Marchad.
-No...
(SUSPIRA)
-Calmaos.
-No quería creer cuanto había oído de vos
y lo que he visto es mucho peor. -Bueno, basta ya.
No permitiré que me alcéis la voz.
Soy vuestro esposo.
He conquistado este mundo sin vos,
pero no os he olvidado.
-Guardad vuestros besos para esa salvaje.
¡Me dais asco!
¿Os vais?
-No puedo quedarme con esa mujer aquí.
-¿Así habláis de la que por ley es vuestra esposa?
-¿Os molesta?
-Me molesta más que me hayáis echado de mi alcoba
y que me tenga que esconder para dar el pecho a Martín.
-No os faltará de nada. Tened paciencia.
Se irá en el próximo barco con el oro.
-Llevadme hoy con vos. -No puedo.
-Debemos ser prudentes.
-¿Debemos? Solo pensáis en vos.
Ayer yo era una reina. Hoy me siento una sirvienta.
-Ninguna de las dos cosas es cierta.
Sois mi amante, y con eso debería bastaros.
(CATALINA) Esto es una locura.
-Señora, tratad de comprender a vuestro esposo.
-No. Necesito saber... ¡Quiero saberlo todo!
-A veces es mejor conformarse con lo que uno ha visto
y no indagar más.
-Esa mujer y su hijo deben irse de aquí.
Ella lo ha emponzoñado y ese hijo es fruto de la vergüenza.
-Doña Marina no es una india cualquiera.
Aquí es una mujer muy importante. -¡Pues eso se acabó!
A los ojos de Dios, solo puede tener una mujer.
-Hacedme caso:
regresad a Castilla y esperad a que todo esto pase.
-¿Y dejar que esa salvaje me arrebate
lo que me pertenece por derecho?
No... ¡Eso sí que no!
¡No pienso moverme de aquí ni renunciar a lo que es mío!
Sois el rey de Portugal. Debéis actuar como tal.
No tenéis corazón.
Tengo cabeza.
No podéis permitir que continúen las habladurías sobre lo que crece
en el vientre de la reina viuda.
No queréis entenderlo.
Yo la amo.
Si no lo habéis sentido nunca, no sabéis de qué hablo.
¿Qué puedo hacer para no perderla?
¿Tan decidido estáis a casaros con ella?
Ese es mi deseo. Proponed un trato al emperador.
Entregadle a María Pacheco a cambio de quedaros con Leonor.
El emperador se enojará al saber que María se refugia aquí.
Lo hará.
Pero acabará enterándose de igual modo.
Como de vuestro vínculo con su hermana.
Mejor que lo sepa por vos que por terceros.
Dad la cara
y apreciará el gesto de buena voluntad.
Os anticiparéis a un mal mayor
y tendréis ocasión de solicitar su bendición.
¿Pretende equiparar a esa traidora con Leonor?
Mi hermana vale mucho más.
Sobre todo desde que hemos ofrecido su mano al duque de Borbón.
¿Qué demonios ocurre en Portugal?
Tanto interés en casarse con vuestra hermana...
Quizá lo que Leonor espera no es de Manuel.
Tal vez sea otro el afortunado.
¡Además de resistirse a venir, va a avergonzarnos a todos!
Mandad por ella y traedla a rastras si hace falta. ¡Debe regresar ya!
Señor, os lo ruego: sed prudente. Necesitamos a vuestra hermana,
pero también a Portugal.
No hay que enemistarse con Juan. Haced lo que os digo.
El marqués de Denia os espera en la sala real.
(RESOPLA)
Espero que vuestro regreso a Castilla resultase satisfactorio.
Muchos anhelábamos vuestro regreso.
No hagáis que ambos perdamos el tiempo.
Decid de una vez qué se os antoja.
¿Sabéis que se han perdido cosechas por las revueltas?
¿Venís a pedir dinero?
Conozco vuestras cuentas y recibís más que suficiente.
Si el cuidado de mi madre y hermana supone demasiada carga para...
¡No, majestad!
Para mí es un honor irrenunciable.
Me ocupo personalmente de que reciban el trato que merecen.
¡No es eso lo que ha llegado a mis oídos!
¿Qué ocurrió entre vos y mi hermana?
No hagáis caso de rumores malintencionados.
Si traté con brusquedad a la infanta fue porque se juntó
con esos traidores comuneros.
¿Cómo osáis? Majestad,
no lo mencionaría si no lo hubiese visto con mis propios ojos.
¿A eso habéis venido?
¿A pedir y a injuriar?
No es mi intención ofender.
Si no me creéis, preguntádselo vos mismo a la infanta.
Retiraos... ¡Retiraos!
He de encomendaros una misión.
Pues vos sois la persona más indicada para llevarla a cabo.
Apelo a vuestra discreción.
Se trata de un asunto delicado. Podéis confiar en mí, majestad.
Averiguad cuanto podáis sobre la situación de doña Germana.
¿Sobre su matrimonio?
(Relinchos de caballos)
Dejad de moveros, hija.
Acercaos.
La última vez aún reconocía al niño en vuestros ojos y ahora...
No ha pasado tanto tiempo. ¿Cuándo habéis vuelto?
Debí haber venido antes. -¿Para qué?
¿Para aliviar vuestra conciencia?
(IRÓNICO) Os alegráis de verme, por lo que veo.
Si vais a encerrarnos de por vida,
os ruego que busquéis a otro carcelero.
Ese marqués repugnante nos trata
peor que a siervos. ¿Eso justifica
que conspiréis contra mí?
-Los comuneros nos han cortejado, sí.
Pero os hemos sido leales. No hablo de vos sino por ella.
-¿Os creéis los cuentos de esa rata vil?
Dice haberlo visto. Se dicen muchas cosas...
También mi hermano aseguró un día que me sacaría de este castillo...
¡Pero no tiene palabra!
¿Lo negáis entonces?
¡Me habría juntado con el mismísimo diablo
con tal de salir de aquí! -Callad.
-¿Qué teméis, madre? ¿Qué más puede hacernos?
Medid vuestras palabras. ¡No! Bastante he callado.
¡Dadme muerte si pensáis que lo merezco!
Pero tened el valor de hacerlo con vuestras manos.
-¡Basta!
¡Basta!
Si reináis es porque yo lo permito.
(Campanas)
Señora...
-!No os acerquéis!
-No es mi intención ofenderos. -Entonces, marchaos.
-Os sentís sola. Creedme que os entiendo.
-¿Vos?
Yo dejé ir a un marido
y vos lo habéis enloquecido,
a saber con qué conjuros y palabras de serpiente.
-Ojalá fuera así. Ojalá pudiera manejarlo.
Ojalá todo eso estuviera en mi mano.
Yo soy suya, pero él no es mío.
Yo no le basto. Ni vos. Hay muchas más.
Yo no soy la razón de su locura,
sino el poder.
Ya nada le sacia.
He de cuidar a nuestro hijo, mientras él...
se va con todas las que se le antoja.
Tiene un demonio dentro.
Vos, que lo conocéis mejor...
haced algo.
Os lo ruego.
¿Habéis visto, mujer? Esto hacemos aquí.
Sin nosotros, el emperador sería poco emperador.
-No me iré en ese barco. Ni en el próximo ni en el siguiente.
Necesitáis de mi ayuda.
-¿Vos creéis?
-Diego Velázquez desea acabar con vos.
Él me advirtió de lo que aquí pasaba.
-Esa rata... La envidia le corroe por dentro.
-Iba a informar a Castilla de vuestra vida licenciosa
y si no lo hizo es porque yo se lo impedí.
-Solo quería poneros contra mí. Nunca habéis sido una ingenua.
Si va con el cuento a Castilla, pensarán que me está difamando.
En cambio, si vais vos... -Olvidaré lo que he visto
si se acaba aquí y ahora.
De lo contrario, daré buena cuenta al emperador.
¿Cómo deseáis acabar vuestros días?
¿Como gobernador de Nueva España o deshonrado en una celda castellana?
¿En la hoguera quizá?
-¿Me amenazáis?
-No hemos llegado hasta aquí para perder todo por vuestros devaneos.
Elegid:
¿queréis que os ayude...
o que os arruine?
No se va a ir nunca.
¡No! Así, no.
Yo quiero al hombre que amo. No al que veo en sus manos.
¿Cómo os gobierna de esta manera si vos habéis derrotado un imperio?
-Las costumbres son distintas allá. -Pero vos sois grande.
Si ese Carlos es un emperador allá, vos aquí...
sois mucho más.
Sois un dios.
¿Vais a dejar que esa mujer eche por tierra
lo que vos habéis ganado con la espada?
Con vuestro arrojo, con vuestra inteligencia...
Sois la pura encarnación de Quetzalcóatl.
Sois el más grande.
Cortés, el más grande de los hombres.
Señor.
Mantengo a mi madre y a mi hermana encerradas en ese castillo.
¿Pensáis que soy cruel?
Sois... prudente, majestad. Nada más.
Gobernar conlleva sinsabores.
Muchas veces con los que más apreciamos.
¿Qué queríais? Johanna ha tenido una hija.
Su nombre es Margarita.
Sois padre... de nuevo.
Encargaos de que nada les falte a ninguna de las dos. Nunca.
Majestad, he estado pensando y...
Lo ocurrido en Portugal puede beneficiar mucho al Imperio,
si sabemos jugarlo a nuestro favor. ¿A qué os referís?
El rey Juan no desea renunciar a vuestra amistad
pero tampoco le conviene un escándalo.
Mucho podemos lograr de él ahora.
Desposad a la infanta Isabel.
¿Acaso no os sentís solo?
¿Por qué, si no, buscáis refugio
en los brazos de mujeres que nada os pueden aportar,
salvo una descendencia no deseada.
Pensad también que la dote
nos proporcionaría lo necesario para acabar con esta guerra.
¿Y romper la alianza con Enrique?
Portugal os será leal. ¿Podéis decir lo mismo del inglés?
(Pasos)
(Algarabía en el exterior)
Veo que no teméis a la peste presentándoos aquí.
-Todos estamos en mano de Dios. -(ASIENTE) Es muy tarde.
El pontífice descansa. Os recibirá en cuanto le sea posible.
-No vengo en búsqueda de su Santidad... sino de vos.
El cristianísimo rey de Francia está preocupado.
Siempre ha tenido una buena relación con Roma.
-¿Cabría ser de otro modo?
-Lo cierto es que mi señor teme que, con este nuevo papa,
esa amistad se enturbie.
-El pasado de su Santidad no lo hace siervo del Imperio.
-Quizás. Pero el turco acecha, reverencia.
Llegado el caso, Dios no lo quiera,
¿a quién acudirá Roma rogando por su salvación?
(PREOCUPADO) Santidad, debéis abandonar Roma.
La peste se ha apoderado de la ciudad.
La mayoría de los cardenales ya ha partido.
Vos debéis hacer lo mismo. -No abandonaré mi puesto.
Y tampoco excomulgaré al emperador.
"Vuestra majestad,
Rodas ha caído en manos del turco".
"Toda la Cristiandad está amenazada".
"Roma se encuentra desierta, asolada por la peste".
"Los cardenales han huido".
"Los pocos que aquí quedan desearían que yo también huyera".
"Me equivoqué aceptando sentarme en el sillón de Pedro".
"Nunca debí abandonar Castilla".
"Aquí no tengo aliados. Y mucho menos, amigos".
"Disculpad los quebrantos que mi marcha os haya podido causar".
(ADRIANO) "Acudo a vos, en esta hora terrible,
suplicando vuestra ayuda".
"A cambio, yo pongo Roma al servicio del Imperio".
"Siempre vuestro, Adriano".
Señora.
Os he convocado a vos,
aunque el asunto se refiera a vuestro esposo.
No es liviana la carga que aceptó el marqués con vuestro casamiento.
Y no pocas mercedes obtuvo a cambio de cuidar de vos.
Y de mi descendencia.
Me consta que lo hace con la entrega y el amor
que tan alta misión requiere.
Y es mi deseo recompensarlo por ello.
¿Por qué no habéis acudido a mí?
Majestad, conozco vuestras muchas tribulaciones...
¡Vos me importáis!
¿Acaso no lo sabéis?
¡Ha derrochado las rentas que os concedí,
ha vendido vuestras joyas cuando nada quedaba en las arcas
y ha osado alzar la mano contra vos! Señor, yo tengo tanta culpa...
¡No me mintáis! ¡Maldito bastardo!
¡Majestad, teneos! Pensad que vuestra hija lo considera un padre.
(RESPIRA AGITADO)
(SOLLOZA)
(SUSPIRA)
(RESOPLA)
¡Por san Jorge! -(RÍE A CARCAJADAS)
Parecéis Juana de Arco. -Confío en tener un final mejor...
-Eso es lo que yo quiero.
Arder en la hoguera con vos.
(Pasos)
(Puerta)
Hijo...
Vuestra esposa está muy enferma.
-Eso no es nada nuevo, madre.
-Se muere.
Puede ser cuestión de días. Incluso de horas.
Lo menos que vos podéis hacer es visitarla en su lecho de muerte.
-Tendrá el funeral que se merece. -No, alteza. Id a verla.
Ante la corte no basta ser rey. También debéis parecerlo.
Habéis venido...
-En cuanto lo he sabido. ¿Cómo no iba a hacerlo?
(RÍE CON ESFUERZO) No me hagáis reír. No tengo fuerzas.
Nunca me habéis querido.
Me habéis engañado y humillado delante de todos.
-¿Deseáis que lo último que recuerde de vuestros labios
sea un reproche? -Es la verdad.
Y además me habéis matado.
-Nunca quise haceros daño, Claudia. -Lo sé.
Sois así.
(TOSE)
-Bebed...
-He hecho lo que se esperaba de mí.
Os he dado descendencia. -No os he pedido más.
-Prometedme que cuidaréis de mis hijos.
Si algo les pasa, mi vida no habría servido para nada.
Prometedlo. -Lo prometo.
-¿Cuánto vale vuestra palabra?
-Lo haré. Por mi vida que lo haré.
-Ahora, marchaos.
Dejadme morir en paz.
No he tenido una vida digna.
Que al menos lo sea mi muerte.
(SACERDOTE ORA EN LATÍN)
-Alteza, siento mucho... -Ahorraos las condolencias.
Esto se promete largo.
(ASISTENTES MURMURAN ORACIONES) -¿Y vuestro hijo?
-Como podéis imaginar, está muy afectado.
He escuchado rumores que me preocupan.
Sé que el rey, llevado por sus caprichos,
ha sido injusto con vos.
-No recuerdo la última vez que me demostró su amistad.
-Vuestro primo os quiere bien. Yo lo sé.
-Siento mucho vuestra pérdida, alteza.
-Yo, en cambio, os felicito.
Parece que os habéis casado o estáis a punto de hacerlo.
¿No es cierto, primo?
-No sé a qué os referís. -Sí. Lo sabéis.
Conozco vuestras andanzas con el emperador.
-Retirad esa ofensa ahora mismo. -(RÍE)
Ahora tiene reparos. ¿Teméis que se sepa lo que sois?
-Este no es el momento. -Nadie me traiciona, primo. ¡Nadie!
Acordaos bien de lo que os digo delante de mi difunta esposa.
Y que se acuerde el emperador también.
-¿Eso es una amenaza?
Pues si es tal, ¡no merezco semejante tratamiento!
Señor marqués...
He decidido nombrar a vuestra esposa virreina del reino de Valencia.
Vos la acompañaréis y aconsejaréis en la gobernanza,
en calidad de capitán general de dicho reino.
Pues tal rango os otorgo desde hoy.
Sabed que todo cuanto sois se lo debéis a vuestra esposa.
Rango, fortuna...
Hasta vuestra propia existencia.
Probadme que la merecéis.
(Bailan al ritmo de la música)
(Risas y vítores)
¡Parad!
¡Parad! ¡Parad! (CHISTA)
(Para la música)
Me gustaría hacer un brindis, pero antes...
leed mi nombramiento otra vez. ¡Leedlo!
(SE ESFUERZA)
(LEE CASI SIN ALIENTO) "Por la presente
y por orden del emperador, se hace saber
que don Hernán Cortés Monroy Pizarro,
el conquistador, es nombrado ¡gobernador de la Nueva España!
(TODOS CELEBRAN)
-Nada de todo esto sería posible sin vosotros.
¡Sin cada uno de vosotros!
Brindemos con este vino del Viejo Mundo. (RÍE)
¡Salud! (TODOS) ¡Salud!
(Música)
-¡Salud! (RÍE)
Esta victoria también es vuestra.
(GIME)
(Jolgorio)
¿Qué hacéis?
-No os preocupéis. También tengo para vos.
-¡Estáis poseído! Esta ha sido la última vez.
Me pagaréis lo que me habéis hecho.
(ESCUPE)
-¿Cómo os atrevéis a hablarme así delante de mi gente?
-¿Acaso sois vos el humillado? -¡Mostradme respeto!
¡Soy vuestro esposo! ¡El gobernador de la Nueva España!
-No por mucho tiempo. Todos sabrán en qué os habéis convertido.
-Tengo un mundo entero a mis pies. Yo aquí soy un dios. ¡Un dios!
-Sois un demonio. ¡Un demonio enloquecido!
Escribiré a la corte y pediré el amparo de la máxima autoridad.
-¡No os atreveréis!
(GRUÑE) -(RESPIRA AGITADA)
(CORTÉS) ¡Ayuda!
¡Que alguien me ayude! -¡Señor!
Catalina...
(Pasos rápidos)
Catalina.
(VELÁZQUEZ SOLLOZA)
(Campanas)
Majestad... ¡Majestad!
Su Santidad... Adriano...
ha muerto.
¿Muerto?
¿Cómo? Lo encontraron en el suelo.
¿Asesinado? No podemos saberlo con certeza.
La peste ha hecho estragos. Se alía con el Imperio y muere.
Ha sido Francia o la curia romana. Podría ser una funesta casualidad.
Lo he forzado a tomar partido.
Su muerte recae sobre mí. Majestad, no os atormentéis.
Dejadme solo.
(ORA EN LATÍN)
¿Partís a la guerra?
-Los imperiales están acorralados en Pavía.
Y dado que el papa Adriano da cuenta ante Dios de sus buenas obras...
la providencia nos sonríe.
-¿Y debéis ir al frente de los ejércitos?
-No podría ser de otra manera, madre.
-¿El condestable os acompañará?
-No quiero saber nada del infame de mi primo.
-Un infame que puede reunir a 30 000 hombres.
Demasiados para que los toméis a la ligera.
La diferencia entre una victoria y una derrota.
Aunque nos duela, debéis contar con él.
(RESOPLA CON ESFUERZO)
(SUSPIRA)
-¿Tan mal estáis que no os levantáis a recibirme?
-Disculpadme, alteza. Apenas puedo moverme.
-Hacéis bien, amigo mío.
Nada como el reposo para recuperar fuerzas.
-¿Ahora me tratáis de amigo?
-Ahora y siempre, Carlos.
Si fui algo áspero en nuestro último encuentro fue porque...
estaba turbado por la muerte de la reina.
Parto hacia Italia con mis hombres.
Necesito saber si puedo contar con vos.
-Por supuesto, alteza.
Permitid que sane y estaré con vos, codo con codo.
-Aguardaré tres semanas. Suficiente para que os recuperéis.
Nos espera una gran victoria. Los poetas hablarán de nosotros
en tiempo venideros.
Seremos leyenda.
¡El emperador piensa casarme con el duque de Borbón!
Es razonable.
Podría cambiar el curso de la guerra.
Mi hermano vuelve a mostrar cuan hábil es... a costa de los suyos.
Os aprecio, Leonor. Pero nuestro destino es ineludible.
¿Qué destino?
(CON RABIA) ¡Ah!
Sosegaos.
Pensad en vuestro hijo. ¡Desposarnos y parir!
¡Ese es nuestro destino!
Y si morimos, ¿qué importa? Es lo único que se espera de nosotras.
¿Os parece poco dar un heredero al reino que asegure su futuro?
Si el emperador y yo... ¡Ingenua!
¡Mi hermano jamás se casará con vos! Nunca agraviaría así a Inglaterra.
Puede que la política impida mi boda con Carlos,
pero vos no desposaréis a mi hermano,
porque nos habéis avergonzado a todos.
(GRITA DE DOLOR)
(RESPIRA AGITADA)
¡Ayuda!
(RESPIRA DEPRISA Y SE ESFUERZA)
(GRITA DE ESFUERZO)
Decidme que no voy a morir. Decídmelo.
No puedo. Solo nos queda rezar y confiar en la providencia.
Empujad, Leonor. ¡Empujad! (GRITA Y SE ESFUERZA)
(SUSURRA) Empujad. (INSPIRA Y ESPIRA)
(GRITA DE DOLOR)
(Llanto de un bebé)
(GRITA)
¡Es una niña preciosa!
Es una niña preciosa... Dejádmela coger.
(Llanto del bebé)
Muy bien. Muy bien, Leonor, muy bien.
"Majestad, nuestros ancestros quisieron
que nuestros respectivos reinos fueran de la mano".
"Los errores de su alteza, mi hermano,
no han de truncar un designio inspirado por la providencia,
como tampoco habría de impedirlo el interés del Imperio".
"Que afectos y compromisos extraviados no quiebren
lo que la fatalidad no ha logrado desbaratar en tantas ocasiones".
(RESPIRA CON ANGUSTIA)
Atacaremos a Francia por tres frentes.
Inglaterra, desde el noroeste. Nosotros, desde el sur.
Las tropas del Borbón atravesarán los Alpes
para caer sobre Francisco en el Milanesado.
Este es el momento.
El francés espera a las tropas del duque, pero estas no llegarán.
-Si sale mal, no habrá más oportunidades.
Si sale bien, habrá paz entre los cristianos.
La paz cuya búsqueda Adriano siempre consideró mi primera obligación.
Las tropas del condestable vienen hacia aquí.
-¿Veis que no había que perder la esperanza?
Le di tres semanas y solo dos han hecho falta.
-Pero vienen contra nosotros.
-¿Cómo? -Nos atacan.
Alteza, ordenad la retirada. -¡Jamás! Que preparen mi caballo.
No soy como ese cobarde de Carlos.
Yo lucho al frente de mis hombres en el campo de batalla.
Honor o muerte. -¿Qué pretendéis hacer?
-Cargaré con mi caballería contra sus líneas.
-¡Que cese el fuego de artillería sobre el enemigo!
¡El rey va a entrar en el campo de batalla!
(Estallidos y ruido de caballos)
¡Dejadme!
¡Os aseguro que sobreviviré!
(GIME DE DOLOR)
Id a buscar a Montmorency. Decidle dónde estoy aquí. ¡Rápido!
(GIME DE DOLOR)
(DOLORIDO) ¡Ah!
(DOLORIDO) ¡Ah!
¿Dónde está ese gran señor que decís?
Bendita ignorancia...
¿No sabéis a quién hemos apresado?
No podríamos tener mejor botín, caballeros.
Es el rey de Francia.
Acertasteis. No podría haber salido mejor.
Con Francisco preso, esta guerra ha terminado.
Enhorabuena, majestad.
Inglaterra no atacó.
Enrique...
(RESOPLA) Mi padre...
Mi amigo, mi hermano...
¡Nos ha fallado!
(SUSPIRA CON RABIA)
Bien me lo advertisteis. Saboread la victoria, señor.
Voy a enviar un emisario a Portugal.
Yo también tengo una propuesta que hacer al rey Juan.
Empezaba a pensar que ya no vendríais.
Mirad, Juan. Es nuestra hija.
Y tiene vuestros ojos. Va a ser difícil ocultarlo.
¿No queréis tomarla en vuestros brazos?
Os amo.
Nunca he amado antes de conoceros.
Sabed que siempre fui para vos y vos para mí.
Perdonadme. ¿Por qué debería?
Debéis partir hacia Castilla.
Dios sabe que he hecho todo lo posible.
¡No seríais digno de la corona del reino más miserable de la tierra!
¡Entregadme a mi hija! No.
No podéis hacerme esto.
No os olvidaré.
(SE QUEJA Y RESPIRA CON DIFICULTAD)
(GRITA DESESPERADA)
¿Os doy miedo?
Ya no os parecéis al hermano que vino de Flandes.
¿Cómo sé que puedo confiar en vos?
¿Podéis demostrármelo?
No.
¿Qué más da lo que os diga?
Sois desconfiado, como buen flamenco.
Viviréis rodeada de víboras que intentarán regalaros los oídos.
Confiad más en la sangre.
Voy a cumplir mi promesa.
Os sacaré de aquí.
-(RÍE)
Me hacéis daño.
-Madre...
Me duele dejaros aquí.
¿Y si no volvemos a vernos? -¡No seáis necia!
Tenéis una vida por delante.
¡Corred, corred sin mirar atrás!
¿Es cierto que se han llevado a Leonor sin despedirse de su hija?
Voy a desposar a Catalina, la hermana menor del emperador.
Y vos al fin os casaréis con Carlos.
No hace falta que finjáis sorpresa. Lo sabíais.
Hermano...
Yo soy culpable de amar.
Pero vos...
Vos me habéis vendido.
(GATTINARA) Ya está aquí.
Habéis tomado la mejor de las decisiones posibles.
No os aflijáis.
(Puerta)
Os deseo mucha felicidad en vuestro matrimonio.
Porque cuando muráis, arderéis en el infierno.
¿Os han tratado bien, alteza?
Mis hombres y yo os acompañaremos a España.
No os dejaré solo. -Escuchadme, Montmorency.
Tenéis que hacerle llegar esto como sea, ¿entendéis?
Solo él puede ayudarnos. Solo él.
(FRANCISCO) "A vos, Solimán el Magnífico, sultán de sultanes,
me dirijo en situación desesperada".
"Ruego que aceptéis este presente, mi anillo, como símbolo de amistad,
para vencer a un enemigo común, el infame emperador Carlos V".
Necesito que un soberano leal al Imperio gobierne Francia.
¿Queréis otro rey para el trono de los Capeto?
-Gattinara intuye que vuestro hermano planea negociar
con el rey de Francia. -Jamás cederé la Borgoña.
¿Cuándo veré al emperador?
En breve nos separaremos para siempre. Así lo dispusisteis.
Necesito un servicio de vos.
-Es una orden del emperador. No la podéis desatender.
-En Europa él será un emperador. Aquí...
-Lo único que el rey desea
es un heredero varón que asiente su dinastía. Y no se lo he dado.
Recordad a Cortés que solo hay un rey en la Nueva España.
Y soy yo.
-¿Quién es la dama?
-La reina viuda de Portugal. -¿Estáis en tratos con el infiel?
-Por vuestro hermano, pactaría con el mismo diablo.
(SUSPIRA)
¿Quién anda ahí? -El sobrino de la reina
ha faltado a su compromiso por segunda vez.
-No repartirá el botín.
-(LLORA)
-¡Matasteis a Moctezuma!
¡Junto a él habría creado un imperio fuerte y rico!
-Me veo obligada a privaros de vuestra pensión.
¿Me habéis seguido hasta la frontera para que cambie mi decisión?
-Aquí tenéis los sellos de la cancillería.
No seré quien refrende tal engaño. (VELÁZQUEZ) ¡Sois mi prisionera!
-Vos, que os decíais mi amigo, sois la manzana podrida.
-Recibo a su alteza, en nombre del emperador, nuestro señor.
(FERNANDO DE ALBA) ¡Majestad!
El rey Francisco ha caído enfermo.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.