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Cuando la gente se contaba sus historias pasadas...
...explicaba su presente con historias...
...o predecía el futuro con historias...
...el mejor lugar junto al fuego estaba reservado para...
El Cuentacuentos.
LOS CUENTOS de Jim Henson
De un antiguo cuento popular alemán
JUAN SIN MIEDO
¿Qué? ¿Qué sucede?
No quiero ni que la mires ni que pronuncies su nombre...
...pero hay una enorme, y cuando digo enorme...
...digo más que enorme...
...digo súper enorme, y no es nada cómico...
...hablo de una cosa que empieza con "A"...
...y con varios asquerosos--
¿Acaso estás delirando?
¿Te refieres a esta arañita?
¡Oye! ¡Regresa!
¿La mataste?
Sí.
- ¿Lo prometes? - Lo prometo.
La apreté entre mis dedos.
Ven a ver. Es un asco.
Bien. Son espantosas.
Ni siquiera saben qué significa la palabra "hueso".
Qué tonto eres.
Te asusta una cosa pequeñita.
Tú le temes a las ratas.
Todo el mundo le teme a las ratas. Somos rato-fóbicos. Eso es normal.
¿Por qué? ¿Viste una rata?
- Estás temblando. - Igual que tú.
Y está oscureciendo. La oscuridad tampoco me gusta.
Ven aquí y ladra un poco.
Bien.
¿Qué haremos hasta la mañana?
Puedo contarte el cuento del niño que partió para aprender qué era el miedo.
- ¿Qué, no lo conocía? - No.
¿No le temía a las ratas, los murciélagos...
...los gatos ni a nada que comenzara con "A"?
No. Era un niño raro.
El segundo hijo del segundo primo de la segunda sobrina de mi segunda esposa...
...que murió y dejó a su esposo, un sastre...
...dos hijos, uno bueno...
...y el otro, bueno para nada.
Y ése se llamaba Sin Miedo.
¡Vete! ¡Bueno para nada!
¿Éstas son horas de llegar?
No sé, papá. ¿Lo son?
Dios, dame paciencia. ¿Tienes los botones?
- ¿Qué botones? - Los botones que te mandé a buscar.
¿Sabes, papá? Me olvidé por completo de los botones.
A decir verdad, me quedé tocando debajo de la ventana de mi amada.
- Es hermosa. - ¿Oíste eso?
Se le olvidó.
No temas, regresaré.
Y se te olvidará otra vez. No. Ve tú, hijo.
- Iré en la mañana. - En la mañana no sirve. Ve ahora.
Lo haría, pero está oscureciendo y no me gusta el bosque.
Está lleno de sombras. Y hay gnomos, y dragones.
Déjame ir.
A mí no me molestan las sombras y nunca vi un dragón.
Vete entonces. ¿Para qué vas?
No me lo digas. A ver dragones.
- No. Ogros. - ¡Botones!
Botones.
Y así partió Sin Miedo a buscar botones...
...pero los rufianes de la aldea observaban su paso y su sonrisa idiota.
Era el blanco de las bromas.
Sí, le iban a dar el susto de su vida.
Hola. ¿Eres un gnomo?
Soy un "wurdle". El doble de malo.
No importa.
- Quiero tu bolsa de botones. - Lo siento, son para mi papá.
Dámelos o te muelo a golpes.
¿Molerme a golpes?
Te dejaré aturdido.
Eso no suena bien.
Dame los botones.
Muy bien.
Y así volvió nuestro muchacho a la casa de su padre...
...con el cuento de un "wurdle"...
...el doble de malo, y lamentándose por los botones...
...y dijo: "¿Sabías que un wurdle tiene tres voces?"
Y su padre lo mandó afuera...
...con 40 chelines en su monedero, y le dijo que se fuera y aprendiera algo.
Sin Miedo lo consideró.
Siempre quiso saber cómo temblar.
Nunca había comprendido cómo hacerlo.
Emprendió un viaje para aprender qué era el miedo...
...y como única guía llevó una bolsa de chelines...
...un violín y una empresa descabellada.
Buen día, jovencito.
Vaya, qué encuentro afortunado.
Buen día, señor.
Por el brillo de sus ojos, puedo decir que tienes una amada.
- Así es, señor. - ¿Cómo se llama?
No lo sé.
Vaya, ¿cómo te llamas tú? Yo me llamo Mckay, pero eso no importa.
Me llamo Sin Miedo.
"Eso es", como decía mi pobre madre.
- ¿Tienes madre? - Me temo que no.
Bueno, todos tuvimos una alguna vez y eso es lo que vale.
- ¿Tu amada es morena o rubia? - Morena, señor.
- Como Arabia. - ¿Cómo Arabia? ¡Qué felicidad!
Es un día feliz para ti, jovencito...
...porque en esta bolsa tengo una chalina de seda...
...directo de las costas de Arabia.
Toma, insisto en que te la lleves. Y quizás aprendas su nombre con ella.
Gracias, señor.
Y como eres un muchacho tan bueno, sólo te pediré...
...que me pagues lo que yo pagué por ella.
- Un doble persa. - ¿Cuánto es eso?
- ¿Cuánto tienes? - 40 chelines.
Nada de eso. Casi la mitad. Menos de dos tercios.
Me gustaría la chalina...
...porque he emprendido este viaje para aprender cosas.
Y aprender un nombre ya es algo.
Pero le daré todo lo que tengo si me enseña qué es el miedo.
¿Me darás 40 chelines si logro asustarte?
Con gusto.
"Ya veo", dijo un ciego.
Déjame pensar. Cierra los ojos.
- ¿Pasa algo? - No. Sólo dame un minuto.
¿Qué crees que es esto en tu garganta?
No lo sé, señor. ¿Un cuchillo?
- Y es afilado. Corta un cabello en dos. - Eso es maravilloso.
- Corta el cuello sin tocar los lados. - Entonces, es un buen cuchillo.
Claro que lo es, y te cortará el cuello, jovencito...
...si no me das tu bolsa de chelines.
No puedo hacer eso, porque debo aprender qué es el miedo...
...y no le tengo miedo, Sr. Mckay. Usted es un amigo.
No. Ambos somos amigos. Por Dios, claro que lo somos.
Déjame llevarte al camino, donde creo que puedo arreglar...
...un pequeño asunto que te hará temblar.
Sígueme.
¿Adónde vamos?
A un estanque junto a una cerca, un campo, un molino y un pueblo.
Y en ese estanque hay algo aterrador.
Tan aterrador, como pensar en algo aterrador y sumarle diez.
- ¿Y voy a temblar? - Claro que sí.
Si sobrevives.
Y así partieron...
...en un viaje fantástico...
...hasta llegar al estanque junto a una cerca, un campo, un molino y un pueblo.
Como llegaron al final del día...
...vieron personas que salían corriendo del molino...
...todavía llenas de harina, que no se detenían a decir nada...
...sino que gritaban: "¡Váyanse antes de que llegue la noche!"
"¡Cuidado con el estanque!"
Y otros tantos saludos desalentadores.
¿Aquí? ¿Aquí aprenderé a temblar, Sr. Mckay?
El truco es que debes sumergirte en el estanque...
...y el terror vendrá nadando a recibirte.
Espléndido.
Está divina. ¿Me acompaña?
No, gracias.
Debo ir a conseguir camas para la noche.
Debes dormir después de un buen susto.
- Buena suerte. - Gracias.
Este estanque verde...
...no era sólo agua fresca y ninfeas.
En lo profundo de este agua verde había una cosa horrible...
...que espiaba entre el verde...
...y vio un par de pies.
Es un hombre.
Vaya, vaya.
Y ahí estaba él, nuestro hombre, Sin Miedo...
...chapoteando en el estanque, esperando temblar...
...y preguntándose cómo, cuando de repente, y quién lo creería...
...el agua comenzó a juntarse, hizo burbujas y formó un remolino.
Y, para sorpresa mía, aparecen una tristes bellezas...
...con ojos cerrados y melancolía.
Eran las hermanas de lo profundo...
...y su baile era una bienvenida a morir ahogado.
"Entra, entra", parecían decir.
Y Sin Miedo se quedó observando, encantado por su belleza.
Luego, hizo lo que siempre hacía cuando se sentía así.
¿Por qué la gente de la aldea evitaba esta bella escena?
¿Por qué los hombres temían cuando caía la noche...
...y la luna plateada se reflejaba en el estanque?
Porque, mis queriditos...
...éstas eran las hijas de una cosa terrible...
...con agua en sus venas, agua en sus ojos.
Sólo tenían dos misiones...
Ahogar a los hombres y ahogar a las mujeres.
"Entra, entra," parecían decir.
"Entra y bebe nuestra cerveza amarga.
"Entra y conoce a nuestro amo."
¿Sabes quién soy?
Creo que no.
No es un wurdle. ¿Es una cosa terrible?
Exacto. Éstas son mis bellezas.
Ellas tientan a los jóvenes como tú...
...y yo los ahogo.
¿Por qué?
Porque sí.
Pero primero, dame tu ave.
Su canción es hermosa.
No puedo. Tengo que tocar. Mire.
¿De dónde viene esa canción?
- De estos agujeros. - Déjame intentarlo.
Horrible.
Debe aprender a tocar.
Pero tu ave...
...¿de dónde viene su canción?
¿Su canción? De muy lejos.
- De Irlanda. - ¿Para qué lado queda?
Para allá. Muchos giros a la izquierda y muchos a la derecha.
¿Irlanda? Iré ahí.
¿Dices que es por ahí?
Así es.
Hazla cantar una vez más...
...y luego me iré.
Irlanda.
Y nuestro muchacho tocó un poco más...
...hasta que la criatura dejó a sus hijas...
...y su verde estanque, y su ahogo interminable...
...y partió en busca de Irlanda...
...y del pájaro cantor.
Y, según sé, aún vive ahí.
¡Todo un héroe!
No lo honraron con un banquete, sino 20...
...78 obsequios, cuatro proposiciones de matrimonio...
...y todo por tocar el violín.
En la mañana, el Sr. Mckay...
...autodenominado representante de héroes...
...e historiador de las hazañas de Sin Miedo...
...había anotado los detalles del paradero de gnomos y terrores...
...dragones, demonios y misterios inéditos sin resolver.
Los dos compañeros partieron en su misión...
...y no fue hasta tarde el día siguiente...
...aún mareados de tanto beber sidra...
...que Sin Miedo recordó, le aplaudió en el oído al vagabundo...
...recuperó los 40 chelines, y le preguntó adónde se dirigían.
Bueno, tengo la ruta para un buen susto, pero me merezco una recompensa.
Le prometí mis chelines cuando temblara.
Pero primero me diste un puñetazo, lo cual no me gustó.
Un pequeño malentendido y me castigan por mis esfuerzos.
Compárate conmigo. Tú estás bendecido con gran valentía...
...y yo estoy maldecido con un poco de astucia.
Yo engaño por poco dinero, mientras que tú puedes mover montañas.
Pregunto: ¿eso es justo?
Lo siento. Tome mi dinero.
- Lo he ofendido. - No. Voy a luchar en vano.
Vamos a ese castillo de ahí, donde nadie sobrevive de noche.
Al fin aprenderé a temblar.
Ahora, el castillo al que se acercaban era un cementerio de esperanzas.
El rey se había ido, las habitaciones estaba abandonadas...
...sólo los tontos buscaban refugio ahí.
Porque esta tierra es problemática y la maldad prospera.
Ahí estaba, en el horizonte...
...un lugar desolado.
Espere aquí.
Debo llevarme algunas cosas.
Toma una espada.
- Toma dos. - Estas tres cosas bastan.
O no, depende.
Y dejo 75 de mis obsequios, por si no regreso.
No los dejes aquí, porque sabes cómo soy yo.
Me veré obligado a robarlos y a abandonarte.
Tenga un poco de coraje, Sr. Mckay.
Buena suerte, Sin Miedo.
Encantador.
Todo es encantador.
Un poco de coraje, Sr. Mckay.
Vaya. Sólo hay una mitad.
¿Dónde está el resto de mí?
Así me gusta más.
Ahora, ¿qué tal si jugamos?
¿Por qué no? Tengo toda la noche.
¡Tiene toda la noche!
¿Sabes jugar bolos?
- Lo intentaré. - Lo intentará.
Mejor que así sea.
¡Definitivamente, éstas no son mis piernas! Son muy cortas.
Mejor gana, precioso...
...o te verás como la mitad del hombre que fuiste.
¿Qué medida de piernas son ésas?
No sé.
¿No tienes gota?
- ¿Callos? ¿Ampollas? ¿Morriña? - ¡No!
Bien. Ésas me sirven.
Yo primero, creo.
¡Ocho!
No está mal para un par de piernas prestadas.
Juega bien, precioso.
¡Cuidado! No querrás dañar esas piernas.
No se ofenda, señor...
...pero su pelota no es lo suficientemente suave para mí.
¡Nueve!
Hiciste trampa.
No, señor. Intercambié un poco de coraje por un poco de astucia, es todo.
¡Mírame!
Todo muy bien, mi amigo...
...pero eso no me ayuda a temblar.
Encantador.
Todo es encantador.
Sin Miedo, como miedo le faltaba...
...la noche dio por terminada.
Pero ¿qué es esto?
¿El Sr. Mckay?
Señor...
...¿está usted bien?
Está tan frío.
Usted fue mi primer y único amigo.
Mi amigo, y ahora está tan frío.
Lo calentaré un poco.
Así está mejor.
Ve, ¿no le he dado calor?
¿Sin Miedo?
Acércate más, demonio, y te cortaré la cabeza...
...y luego habrá tres partes para unir.
- ¿Qué? - Sé que no eres tú.
- ¡Soy yo! - ¿Estás muerto otra vez?
- No. - No te acerques.
Por favor, estoy aterrado. Vine a buscarte con el poco coraje que tenía...
...y ya se me acabó.
¿Cuántos obsequios dejé?
Yo sólo conté 74 para empezar...
...y comí dos. Bueno, dos y medio...
...pero aún queda bastante.
¿Cómo se llama mi verdadero amor?
¿Cómo he de saberlo yo si tú no lo sabes?
- Entonces es usted. - ¡Claro que soy yo!
- ¿Y vino a buscarme? - Es mi destino.
Intento cambiar y ser decente, y me agitan un cuchillo en la cara...
- Cállese y venga a darme un abrazo. - No.
Pero se abrazaron, y llenos de dicha...
...examinaron el castillo de punta a punta.
Y detrás de la puerta más lejana en el piso más alto...
...hallaron una habitación...
...y en esa habitación había oro.
Había tanto, que podrían haberlo...
...arrojado por la ventana por una semana y seguir llenos de él.
Y lo compartieron mitad y mitad...
...y un poco para la suerte, y nunca dos hombres bailaron con tanta alegría.
Y, a la distancia, habrían visto el castillo...
...despojarse de su gris desolación y sumergirse en un baño de sol.
¿Y él nunca aprendió a temblar?
El quid de la cuestión es que Sin Miedo le preguntó lo mismo...
...al vagabundo todo el camino a casa.
"¿Por qué no he aprendido a temblar?
"¿Qué le digo a mi padre?" y todo eso.
Y el vagabundo señaló su oro y dijo...
..."¿No te alcanza tanta riqueza que también quieres sentir miedo?"
Y así siguieron.
Sin Miedo quejándose de no tener miedo, murmurando...
...hasta que al fin llegaron a la entrada de la casa de Sin Miedo.
- Debemos despedirnos. - Debe conocer a mi familia.
No. No le caigo bien a las familias.
Claro que les caerá bien. Usted es mi amigo. Tiene que entrar.
Como decía mi querida madre...
..."Vete mientras quieran que te quedes". No, gracias.
- ¿Para qué es esto? - Debes darle eso a tu padre.
Así es, porque no he aprendido a temblar.
Adiós, Sr. Mckay.
Adiós, amigo.
¡Eres tú! ¡Al fin! ¡Ven rápido!
Ella perdió el conocimiento desde que supo que te fuiste.
Nada la revivirá.
- No sé su nombre. - Lidia.
Lidia.
¡Mira!
¡Mira eso!
Mi amada.
- ¿Qué pasó? - ¡Lidia, lo lograste!
- ¿Qué cosa? - ¡Me enseñaste!
He viajado tan lejos, tanto tiempo...
...y sólo necesitaba pensar en perderte...
...para aprender lo que era el miedo.
¡Temblé!
Y así, el niño que emprendió un viaje para aprender qué era el miedo...
...lo aprendió en casa.
Y se casó con su amada, con su nombre y todo, y nunca más se fue.
El Sr. Mckay me contó esa historia hace tiempo, cuando yo era muy joven...
...y no la conocía toda.
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