Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Julio de 1942, en un rincón remoto de Gales.
Los aliados prueban una bomba pionera de alto secreto.
Planean volar presas alemanas
para paralizar la creciente maquinaria bélica de Hitler.
Para llevar a cabo el peligroso ataque...
los Aliados consiguen lo último en aviones y pilotos de primera.
Pero también necesitan valor, ingenio y mucha suerte...
para realizar uno de los bombardeos más audaces de la historia.
En esta serie, investigamos eventos de la Segunda Guerra Mundial
desde una perspectiva totalmente nueva.
Mostramos documentación videográfica archivada...
fotos del frente de batalla
e imágenes de reconocimiento aéreo en sus ubicaciones originales.
Reconstruimos las batallas más importantes...
bombardeos temerarios...
y armas letales terroríficas...
que cambiaron el curso de la historia.
Sobrevolamos los campos de batalla...
para revelar los secretos de la Segunda Guerra Mundial...
desde arriba.
Junio de 1940, valle del Ruhr, Alemania.
Aquí floreció la industria bélica de Hitler.
Esta vasta extensión de agua se mantiene aquí
gracias a uno de los elementos clave de la infraestructura nazi...
la presa del Möhne.
Construida en 1913, la estructura colosal mide 40 metros de altura
y se extiende 300 metros a través del valle.
Las fábricas y molinos cercanos dependen de esta agua
como materia prima y para generar energía hidroeléctrica.
La presa del Möhne representa la fuerza y la escala
de la ingeniería y la industria alemanas
que apoya y alimenta la expansión nazi por Europa.
En el oeste, han hecho retroceder a británicos y franceses,
cientos de miles de personas huyen de Dunkerque a Inglaterra.
En junio de 1940,
los nazis continúan avasallando el oeste y el sur,
ocupando gran parte de Francia.
Los Aliados no son rival en el campo de batalla.
Los comandantes deciden atacar las industrias alemanas
que apoyan y alimentan a los ejércitos de Hitler,
muchas están concentradas en el valle del Ruhr.
Uno de los complejos industriales más importantes del valle del Ruhr
es la mina de carbón de Zollverein.
ZOLLVEREIN
La torre de 55 metros de altura de Zollverein
es conocida como la Torre Eiffel del Ruhr.
Es la mina de carbón más grande de Europa.
Este carbón es un ingrediente clave en la producción de acero,
lo necesitan para construir armas, tanques y submarinos.
La especialista residente, Hanna Lohmann,
explora esta estructura tan importante.
Alemania necesitaba energía, acero y carbón.
Lo llamaban, el oro negro.
Parece marketing llamarlo oro negro, pero realmente lo era.
Los mineros eran esenciales para que la guerra continuara.
Aquí trabajan siete mil personas, pero la vida de un minero es dura.
En los 40, era un trabajo duro que se hacía manualmente.
Este taladro, por ejemplo, casi no puedo con él,
no puedo sostenerlo mucho.
Si te imaginas que esto no vibraba, temblaba
y pasaban horas haciendo esto,
puedes hacerte una idea de cómo era trabajar en la mina.
Trabajaban en tres turnos para mantener esto en marcha.
No podían dejar que las máquinas se pararan.
En 1940, Zollverein produjo
más de 3,5 millones de toneladas de carbón al año.
Estas minas son el corazón de la maquinaria bélica nazi.
A este sitio lo llamaban la tierra de los mil incendios,
porque si venías por la noche,
el cielo estaba muy claro, con tonos naranjas y rojos,
de cuando trabajaban en las fábricas de acero.
Si los Aliados quieren derrotar a Hitler,
han de encontrar la forma de parar esta cadena de producción.
Por suerte, los comandantes han encontrado
el talón de Aquiles del valle del Ruhr.
Además de Zollverein, hay muchas otras minas de carbón
y decenas de siderurgias por toda la región.
Esta industria depende principalmente de dos cosas:
agua y electricidad.
Ambas proceden de los ríos locales,
que cuentan con enormes presas en las colinas del este.
El objetivo de los Aliados era volar tres de esas presas:
la del Möhne, el Sorpe y el Eder.
MÖHNE.
La historiadora Victoria Taylor investiga
por qué la presa del Möhne es el objetivo principal de los Aliados.
Si quieres paralizar a una nación,
tienes que ir a por el corazón de su industria bélica,
o sea, el valle del Ruhr y la presa del Möhne.
Puedes interferir directamente en las siderurgias
que fabrican tanques, aviones y demás.
Eso hace que los alemanes se paralicen por completo.
Al ver estructuras fuertes e imponentes como esta,
entiendes por qué el valle del Ruhr se conocía
como el "Waffenspiele des Reiches" o el arsenal del Reich.
Durante la guerra, esta presa fue un orgullo para la comunidad.
La presa tiene tres o cuatro metros de grosor.
Estando aquí, te haces una idea de lo sólida que es.
Puedes comparar mi mano
con este bloque de piedra de mampostería.
La mampostería caliza baja 40 metros hasta el fondo del embalse.
Un banco de barro protege la presa de cualquier filtración
y la base del muro se ensancha al llegar a los 34 metros.
Sus cimientos están atrapados en tres metros de pura roca.
Todo esto combinado, le da una fuerza colosal a la presa,
suficiente para resistir la presión de 100 millones de toneladas de agua.
Agujerear esta pared sería una hazaña muy técnica,
pero hay alguien preparado para afrontar el reto: Barnes Wallis.
Si hay un ingeniero aeronáutico cualificado
para intentar agujerear una presa como esta, ese es Wallis.
El problema es que es algo que nunca se ha hecho.
Tiene que crear una bomba
que pese poco y se pueda transportar,
pero lo bastante pesada como para hacer añicos la presa.
Wallis sabe que la única forma de producir suficiente destrucción
es crear una gran explosión en el agua, detrás del muro.
La cuestión es: ¿cuánta hace falta
y cómo de cerca tiene que estar?
No es una suma que pueda hacerse sobre el papel.
WATFORD
Wallis acude a un centro de investigación científica
a 30 kilómetros al noroeste de Londres.
Este recóndito bosque pasa inadvertido desde las alturas.
Un pequeño arroyo se cuela entre los árboles.
Pero bajo ese manto, el equipo de Barnes Wallis empieza
sus experimentos de alto secreto, en noviembre de 1940.
Dedican siete semanas a construir con minuciosidad
una réplica exacta de la presa del Möhne.
Usan unos dos millones de bloques diminutos _eos
para producir esta maqueta a una escala de 1:50.
Tiene que ser perfecta, para que los resultados sean válidos
La ingeniera Zainab Adigun explora el laboratorio de Wallis.
Qué guay, es muy pequeña.
Para empezar a probar tus teorías, ver los fallos
y entender el impacto que tienen en tu diseño,
hay que hacerlo así.
Al empezar con algo pequeño, puedes identificar los problemas.
Wallis tiene que calcular a qué distancia debía estar la carga
del muro para reventar la presa.
El agua es bastante densa, así que actúa como amortiguador.
Cuando lanzas cargas por el agua, se disipan bastante rápido.
Para aprovechar su efecto, hay que acercarse lo máximo posible.
Requiere mucha precisión.
Los científicos colocan una sonda de prueba contra el muro
para medir la desviación.
Usan un palo de madera para soltar la carga al fondo,
a 90 centímetros de la superficie.
No hace ningún daño.
Siguen con las pruebas, reduciendo la distancia con el muro.
Al final...
la presa se rompe.
Wallis y los científicos, lo tienen bastante claro.
Para que salga bien,
la bomba debe explotar lo más cerca posible del muro
y seguramente hará falta más de un golpe directo.
Al estar lo más cerca posible, podría usar menos explosivos,
para que la bomba no pesara, pero que creará el impacto
suficiente para volar la presa.
Ahora Wallis y su equipo tienen que confirmar los resultados
en una presa diez veces mayor.
Se dirigen a Gales.
Este rincón aislado del valle del Elan
es el lugar perfecto para ampliar su experimento.
NANT Y GRO
Las autoridades locales han dado permiso a los científicos
para usar la presa del Nant y Gro.
Está hecha de hormigón y mampostería,
como la del Möhne en Alemania.
Es cinco veces más pequeña.
En julio de 1942, los científicos preparan su aparato supergrande.
Igual que en las pruebas a pequeña escala, usan un palo
para poner la carga al lado del muro de la presa,
antes de sumergirla en el agua.
Unos 127 kilos de explosivos a una profundidad de tres metros,
Wallis sube a una colina cercana para observar desde la distancia.
Ha funcionado.
La bomba hace un agujero de 18 x 7 metros.
Ahora su principal reto será conseguir llevar los explosivos
al lugar indicado...
a las poderosas presas alemanas.
Sobre el embalse del Möhne, en el valle del Ruhr,
las fotos de reconocimiento de los aliados muestran dos barreras
junto al muro de la presa.
Los barreras sostienen un par de redes...
que se extienden al fondo del embalse.
Las redes están diseñadas para protegerse de torpedos submarinos
y sería casi imposible detonar una bomba a través de ellas.
Los aliados tienen que ponerse creativos.
Inspirándose en las piedras que saltan por la superficie,
Barnes Wallis traza un plan brillante.
Quiere inventar un nuevo tipo de misil
que rebote por el agua.
La idea de Wallis es lanzar la bomba desde un avión que vuele bajo
y hacer que salte por encima de las redes.
Pero para que salte, tiene que girar.
Si la bomba gira hacia delante,
acelerará cada vez que toque el agua...
y es probable que salte por encima del muro de la presa.
Así que, el equipo de Wallis sugiere que gire hacia atrás.
A medida que avance por el agua se ira ralentizando
y cuando llegue a la presa,
hará que la bomba se pegue a la pared al descender.
Un detonador controlado por presión se activará a la profundidad óptima.
Es un plan muy ambicioso.
Wallis tiene que calcular al milímetro la velocidad y altura
del avión que transporta la bomba.
También tiene que determinar cuándo debe soltar la bomba
y su velocidad de giro.
El equipo se dirige a la playa, para trazar un plan de ataque.
CHESIL
En diciembre de 1942,
Wallis y su equipo llegan a Chesil, al suroeste de Inglaterra.
La laguna aislada de 12 kilómetros que hay junto a la playa
es el escenario ideal para sus pruebas de alto secreto.
Convence al Ministerio del Aire para usar un bombardero Wellington
y lanzar uno de sus primeros prototipos.
La bomba de prueba esférica cuelga debajo del avión
para poder girarla antes de soltarla.
El 4 de diciembre, Barnes Wallis sube a bordo
del avión que se acerca a la laguna.
La ingeniera Zainab Adigun entiende la magnitud del reto
al que se enfrenta el creador de la bomba rebotadora.
Era la primera vez que lanzaban las bombas de verdad,
...que llevaban la teoría a la práctica.
Los científicos graban los ensayos a cámara lenta
para calcular con exactitud cómo debía caer la bomba.
Hay muchas variables
y, por lo tanto, muchas posibilidades de cometer un error.
En realidad, hay un punto donde quieres que la bomba pare.
Todo se reduce a la precisión, ahí no hay margen de error.
Como la laguna es poco profunda, pueden recuperar la bomba
para inspeccionarla y analizarla.
Dios, es literalmente como una bola de golf gigante.
Las hendiduras serían parte del plan,
debió ayudar a la aerodinámica de la bomba
cuando estaba por el aire y en el agua.
Es como cuando haces un backswing en golf
y así controlas la trayectoria.
Usó esa misma lógica
y la introdujo en su diseño, es una idea brillante.
Una pelota de golf y esto no tienen nada que ver,
pero si lo piensas, la física detrás es muy similar.
Las pruebas continúan.
La bomba rebota bien,
pero Wallis y el equipo no controlan el giro y la dirección.
LINCOLNSHIRE
En Lincolnshire, la RAF ha seleccionado
uno de los aviones más innovadores
para lanzar la bomba de Barnes Wallis.
El Avro Lancaster.
El avión mide 21 metros de largo...
y tiene una envergadura de 31 metros.
Con cuatro motores Rolls-Royce Merlin,
puede volar más de 4000 kilómetros sin repostar.
Así que las presas alemanas no son ningún reto.
El piloto y exmarine Arthur Williams
explora este bombardero pesado e innovador.
El Avro Lancaster fue esencial entre los bombarderos
durante la Segunda Guerra Mundial.
Necesitábamos un avión de largo alcance,
que entrara en territorio enemigo y llevara una gran carga.
También necesitábamos un avión que fuera fiable.
Los cuatro motores le daban esa fiabilidad a la tripulación.
Se ve el primer motor Merlin.
Es muy notable visualmente por el enorme radiador de barbilla
que va por debajo, impulsando esta enorme hélice.
Ahí arriba está la cabina,
y la posición del tirador de bombas está debajo. _eos
Una pieza de plexiglás, la parte plana está a 45 grados,
nos da una visión ininterrumpida del objetivo que hay debajo,
así que podía ver en qué momento soltar las bombas.
Uno de los rasgos distintivos del Lancaster es su cola doble.
Aquí está la parte importante, la torreta trasera.
Hay cuatro ametralladoras
porque el bombardero es más vulnerable por detrás.
Si un caza alemán ataca al avión,
suele venir desde atrás, por eso,
por desgracia, los artilleros traseros eran los más vulnerables.
En las redadas, solían ser los primeros en morir.
Además de los cuatro cañones de la torreta trasera,
hay dos ametralladoras en lo alto del avión...
y dos más al frente.
Estas torretas pueden girar, rotar y apuntar arriba y abajo,
así que la proporcionan al Lancaster una buena defensa.
Seguro que un piloto alemán se pensaba bien
cuánto tiempo quería estar tras el bombardero.
Al pasar por debajo, es imposible no fijarse en este espacio.
Esto era para un total de 6500 kg en bombas.
Pero para el ataque de Dambusters,
todo esto se sustituyó por una bomba que rebotaba.
Está claro que este avión puede lanzar las bombas de Wallis
contra las presas alemanas.
Pero para confiar en que todo saldrá bien en una misión tan audaz,
necesitan a los mejores pilotos.
Los comandantes reúnen a un equipo de élite de las fuerzas aéreas.
Forman una nueva unidad de la RAF llamada Escuadrón 617.
Sabía que el piloto medio del Mando de Bombardeo
no podría hacerlo, así que necesitaban a los mejores
para que la operación saliese bien.
Necesitaban pilotos con experiencia en operaciones sobre Alemania,
que no temiesen a enfrentarse al fuego antiaéreo.
Los planificadores eligen a un joven de 24 años, Guy Gibson
como líder del escuadrón.
Eligieron a Guy Gibson porque era un piloto muy competente
y había pilotado muchos aviones, bombarderos bimotor y multimotor,
en varios ataques.
Por eso el Mando de Bombardeo lo eligió, por su amplia experiencia
y sus dotes de líder.
Incluso contando con los mejores aviadores
y este nuevo avión de última generación,
la operación pondrá a prueba a la tripulación.
Los alemanes saben que sus presas podrían ser un objetivo,
así que han fortificado la presa del Möhne.
Han colocado un cañón antiaéreo en el extremo norte del muro
y uno en cada torre.
Juntos, pueden lanzar más de 2000 proyectiles de 20 mm
al aire, cada minuto.
Además de estas defensas, el Escuadrón 617 deberá evitar cimas
y otros obstáculos en su descenso para lanzar las bombas.
Victoria Taylor investiga las defensas naturales del valle.
El reto que supone lanzar una bomba contra esta presa son inmensos.
Aquí hay un enorme ejército de árboles
que debían estar bien frondosos en la primavera de 1943.
Hay que tener en cuenta que también es una región industrial,
así que siempre hay una neblina por encima
de todas las fábricas e instalaciones.
Y claro, eso también obstaculiza la visibilidad.
Incluso para llegar aquí, el viaje es muy peligroso.
Necesitan luchar sin armas,
evitando que el radar alemán los detecte.
Deben asegurarse de que los cazas nocturnos no los alcancen.
Si le añades eso a este reto,
suena casi imposible.
Primero, el Escuadrón 617 entrará
en el radar de alerta temprana de la costa nazi.
En cuanto estas estaciones detecten aeronaves enemigas,
los cazas de la Luftwaffe despegarán en pocos minutos
de los aeródromos de toda la zona.
Los nazis han construido una segunda línea de radares
y aeródromos al oeste de las tres presas.
Para que el escuadrón tenga alguna opción de escapar de las defensas,
deben cruzar el canal de noche.
Volarán por debajo de los 30 metros de altura,
que evitará que los detecten los radares alemanes.
Pero la oscuridad alberga otros peligros.
Unas dunas de arena de más de 50 metros de alto
se extienden por la costa norte de la Europa continental
y será difícil verlas durante la noche.
Los pilotos también han de esquivar cables eléctricos y árboles.
Es difícil expresar lo peligroso que es volar tan bajo.
Recordemos que el Lancaster no se diseñó como avión de baja altura,
sino como bombardero de gran altura o media altura.
Es una forma de volar totalmente analógica, mediante cadena.
Cuando giras la columna de control, hay un alambre y una cadena
que va hasta el ala y tira del avión hacia los lados.
Es como un autobús viejo londinense.
No solo los pilotos tendrán problemas para volar de noche
y a tan baja altitud.
Los navegantes necesitarán una gran destreza
para mantener el rumbo de un vuelo de tres horas.
Usarán la cúpula que hay en el centro del avión
para hacer lecturas del cielo nocturno.
Muchos de los navegantes de los bombardeos
estarían acostumbrados a volar a grandes altitudes, con tiempo
para ver dónde están la luna y las estrellas
y proporcionar una posición,
pero también tomando como referencia lo que ven en el suelo.
Navegar a gran altitud es mucho más fácil
que volar bajo.
Como vuelas tan rápido, el suelo pasa a toda velocidad,
es casi imposible ver dónde estás.
Verías unas vías, una carretera,
varios edificios, pero podrían estar en cualquier parte de Europa.
Saber dónde estás y hacia donde te diriges,
habría sido muy difícil.
A pesar de la gran escala del bombardero por fuera.
dentro es de todo menos espacioso.
Aquí es donde estaba toda la tripulación.
Se ven todas las posiciones.
Ahí está la torreta superior.
La posición del navegante, el operador de la radio.
La cabina del piloto está ahí arriba.
Y aquí abajo, este lugar solitario y sombrío,
es donde estaba el artillero de cola.
Da bastante claustrofobia,
pero si piensas en los siete tripulantes equipados para el frío,
con todo el oxígeno y demás atado al cuerpo,
eso es aún más claustrofóbico.
En estos espacios tan estrechos,
los hombres del Escuadrón 617 pasan cinco horas al día en el aire,
en misiones de entrenamiento durante la primavera de 1943.
Durante el ataque a las presas, su destreza para maniobrar
ese avión monstruoso a baja altitud
podría ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Mientras perfeccionan sus habilidades de vuelo,
han llevado el desarrollo de la bomba rebotadora hasta aquí,
a Reculver Bay, en la costa norte de Kent.
RECULVER
Barnes Wallis sigue convencido de que la forma esférica es crucial.
para mantener la trayectoria de la bomba.
Pero esta vez, las pruebas demuestran que se equivoca.
El prototipo de bomba sigue siendo difícil de controlar...
y se rompe al impactar con el agua.
Wallis decidió probar con un cilindro.
El 11 de mayo de 1943,
las primeras tripulaciones del Escuadrón 617 empiezan las pruebas
con su revolucionaria arma.
Los ingenieros han adaptado el chasis de los Lancasters...
y han colocado el último prototipo de Wallis bajo el avión.
En las primeras pruebas, algunas bombas se pasan de largo
mientras otras se quedan cortas.
Pero tras semanas de pruebas, el equipo por fin da con la fórmula.
El Lancaster debe volar a solo 20 metros,
con una velocidad de 370 kilómetros por hora...
con la bomba girando hacia atrás a 500 revoluciones por minuto
y liberarla a una distancia de entre 365 y 411 metros
de la pared de la presa.
Conseguir cada uno de estos precisos parámetros individuales
parece casi imposible.
A pesar de esto, en solo tres días,
el Escuadrón 617 volará 19 Lancaster hacia la Alemania nazi
con la esperanza de que al menos uno logre lo imposible.
Será de los bombardeos más audaces y de mayor riesgo de la historia.
La tarea en cuestión era increíblemente difícil.
La RAF, los pilotos y la tripulación lo saben,
pero no hay otra solución.
Tienen que entrar a puñetazos en Alemania
y hacer su trabajo.
Por la tarde, ese 16 de mayo de 1943,
los Lancaster del Escuadrón 617 salen de Lincolnshire,
cada uno armado con una bomba.
Uno de los bombarderos a bordo es Johnny Johnson.
Volamos bajo, hacia el mar del Norte iluminado por la luna.
Nos dirigimos a la costa holandesa.
Sabíamos que los artilleros reconocerían el ruido,
nos estarían esperando.
Si no sentías un poco de aprensión,
carecías de emociones o desconocías la verdad.
Los aviones toman dos rutas para confundir a los alemanes.
Cinco Lancaster toman la ruta más larga hacia el norte,
mientras otros 14 vuelan más al sur.
Al acercarse a la costa holandesa,
derriban un avión y otros dos sufren daños y tienen que volver a casa.
Hacia el interior, derriban a otros o alcanzan líneas de alta tensión,
así que, al acercarse a las presas, solo quedan 12 aviones.
Poco después de medianoche, ese 17 de mayo,
Guy Gibson llega al embalse Möhne.
Será el primero en intentar esta hazaña hercúlea.
Cuando se alinea con el muro de la presa,
se asegura de estar exactamente a 20 metros sobre el agua.
Para lograr este nivel de precisión,
el avión proyecta dos rayos de luz sobre la superficie del agua.
Cuando los rayos se alinean, sueltan la bomba.
Bajo el intenso fuego de los alemanes,
Gibson se eleva cuando la bomba de Wallis se hunde en el agua.
Explota cerca del muro.
Para los defensores alemanes es espantoso.
Uno de los artilleros es Alfred Lengert.
Cuando atacaron, vimos las máquinas a la altura de los ojos
los bombarderos Lancaster venían hacia nosotros.
Abrimos fuego y nos dispararon, pero no nos alcanzaron.
Los motores hacían tanto ruido que no nos oíamos entre nosotros.
Es imposible describir esas cosas enormes viniendo hacia ti.
Cae la segunda bomba.
Esta vez la sueltan demasiado tarde.
La bomba vuela por encima del muro
y explota en el valle de abajo.
Para colmo, el Lancaster ha sufrido daños
por el fuego antiaéreo alemán y se estrella.
Mueren cinco tripulantes.
Sin inmutarse, Gibson llama al siguiente avión
y da vueltas intentando atraer el fuego antiaéreo.
Llamaba a cada avión por turnos y él volaba al lado.
Era como decir: "Lo haces, lo hago, lo hacemos juntos".
Para mí, esa es la esencia de un buen liderazgo.
Cae la tercera bomba, desviándose bruscamente de su trayectoria...
y explota sin causar ningún daño.
Pero el piloto se une a Gibson dando vueltas
para cubrir el cuarto intento.
Tras saltar tres veces,
la bomba impacta en la pared...
y se hunde en el agua.
La explosión submarina no rompe la poderosa presa.
La redada está durando más de 20 minutos.
Cuatro de las bombas del escuadrón han caído sobre el Möhne sin éxito
y la amenaza de la Luftwaffe no deja de aumentar.
Gibson llama al próximo avión.
El equipo suelta la quinta bomba.
Cuando el piloto se eleva,
el efecto hace que la bomba se adhiera al muro de la presa,
tal y como predijo Wallis.
La explosión crea una columna de barro y agua de 300 metros
y abre un agujero de 76 metros de ancho en el muro de la presa.
Contra todo pronóstico, el Escuadrón 617 lo ha conseguido.
Los Lancaster restantes lanzan sus bombas sobre los otros objetivos.
La presa del Sorpe apenas recibe daños,
pero consiguen volar la del Eder.
Las tripulaciones supervivientes inician el largo viaje de vuelta.
La ruta de salida era justo por encima de la presa del Möhne.
Había agua por todas partes.
Seguía saliendo agua de la presa,
Habían pasado 20 minutos, quizá media hora, desde la brecha.
Así que al menos pudimos ver resultados reales
de los esfuerzos de esa redada.
Las inundaciones causan la devastación del valle del Ruhr.
Es un gran revés para Hitler a estas alturas de la guerra.
Fábricas, aserraderos y minas paralizadas, las ciudades inundadas.
Mientras los soviéticos en el este hacen retroceder a los nazis...
la Operación Chastise mata a casi 1400 personas,
casi todos son civiles.
el Escuadrón 617 ha sufrido numerosas bajas.
De los 133 tripulantes que atacaron las presas,
53 estaban muertos, la mayoría con veintipocos años.
A pesar de esto, la redada fue una victoria propagandística.
El rey Jorge se reúne con los supervivientes en Lincolnshire.
Son considerados héroes
y los comandantes aliados difunden la noticia para animar a la gente.
El curso de la guerra había cambiado.
Traductora: Andrea García Díaz
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.