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Alemania nazi, 1942.
En estas instalaciones secretas, los científicos desarrollan armas
que deben ayudar a Hitler a ganar la guerra.
Los aviones aliados se apresuran por descubrir sus secretos.
Es un arriesgado juego del gato y el ratón
que se desarrolla en estas bases militares secretas.
Los aliados deben parar a Hitler antes de que caigan horrores
del cielo.
En esta serie, investigamos los eventos más extraordinarios
de la segunda guerra mundial desde una nueva perspectiva.
Combinando vídeos de archivo poco vistos,
fotografías del frente
e imágenes aéreas de reconocimiento con las ubicaciones originales,
reconstruimos las batallas cruciales,
los atrevidos bombardeos
y las armas mortíferas que cambiaron el curso de la historia.
Sobrevolando los campos de batalla,
revelamos los secretos de la segunda guerra mundial
desde el cielo.
15 de mayo de 1942.
Un solitario Spitfire de reconocimiento en misión secreta
se acerca a la costa norte de Alemania.
Desde arriba, el piloto toma esta fotografía.
Muestra tres emplazamientos circulares extraños
en el terreno cercano al pueblo de Peenemünde.
Los aliados no saben para qué son,
pero están desesperados por resolver el misterio.
En 1942, los nazis ocupan la mayor parte de Europa.
Pero el curso de la guerra se vuelve contra Hitler.
Los soviéticos han parado el avance de los nazis en el este
y obligado a las tropas mal vestidas a sufrir el invierno ruso.
Al oeste,
la invasión fallida de Gran Bretaña ha diezmado las fuerzas aéreas.
Los aliados han ido sacando partido de su dominio del cielo
sobrevolando Alemania en cientos de misiones
y bombardeando sin descanso ciudades, pueblos y fábricas.
Hitler quiere venganza.
El lugar que debe conseguirla es Peenemünde.
En 1942, son unas instalaciones científicas secretas innovadoras.
Ocupan 25 kilómetros cuadrados.
Las inversiones nazis en este lugar no tienen precedentes.
Una gran trituradora de carbón y un puente de carga
alimentan la central eléctrica, la más grande de Europa.
También tiene su propio puerto
y aeropuerto,
estación de tren
y laboratorios, despachos
y alojamiento para las 12 000 personas que trabajan aquí.
Este personal está desarrollando
las primeras armas de destrucción masiva del mundo,
llamadas Vergeltungswaffen o armas de venganza.
Hitler cree que, si la investigación secreta tiene éxito,
podría ganar la guerra.
El historiador Guy Walters explora el lugar para descubrir sus secretos.
La magnitud de este lugar es enorme. No le falta de nada.
La razón de ello es que Hitler invirtió mucho dinero
porque sabía que si funcionaba
podría cambiar el rumbo de la guerra.
Una de esas armas pioneras
mide 14 metros y pesa casi 14 toneladas.
Es un cohete impulsado por líquido y lleno de potentes explosivos.
Estas armas no se parecen a nada que se haya visto antes.
Parecen de una revista de ciencia ficción.
Son totalmente radicales y modernas.
Podrían ser devastadoras si se utilizaran.
Hitler exige que estas armas sean capaces de llegar a Londres
desde la Europa continental, a unos 250 kilómetros de distancia.
Por eso, este cohete está lleno de tecnologías innovadoras.
Si empezamos por abajo, están las aletas,
que ayudarán a mantener la estabilidad durante el vuelo,
luego, está el motor, que es el tercio inferior.
Encima de él, hay dos tanques:
uno de oxígeno líquido y otro de alcohol y agua.
De hecho, la ojiva solo es la parte de más arriba.
Dos turbobombas harán que 58 kilos de alcohol
se mezclen con 72 kilos de oxígeno líquido
en la cámara de combustión cada segundo.
La reacción resultante debería ser capaz
de lanzar hasta su objetivo la ojiva de una tonelada.
Pero esto es investigación de última generación.
Es tecnología de cohetes.
Los alemanes graban sus avances meticulosamente.
Los científicos están bajo presión
para dominar esta tecnología aterradora y futurista.
Su primera prueba tiene resultados desastrosos.
Al menos ocho cohetes explotan en la pista de lanzamiento.
Pero, al final, su trabajo empieza a dar frutos.
Los mandos nazis están desesperados por mantener sus avances en secreto.
Pero Peenemünde tiene un talón de Aquiles.
Las nubes de humo de su central eléctrica
la delatan a los aviones espías aliados.
Sacaba humo las 24 horas del día
y producía toda la energía necesaria para las fábricas
que producían los componentes esenciales del programa.
Los científicos diseñan una solución para guardar sus secretos.
Equipan las chimeneas con unos paneles electroestáticos
que eliminan el 90 por ciento de las partículas de carbón creadas
y reducen el humo visible.
De los impresionantes 30 megavatios que genera la planta,
casi tres cuartas partes se consumen en esta fábrica.
Aquí, producen oxígeno líquido,
el ingrediente clave necesario para generar el impulso suficiente
como para lazar un cohete directamente a la estratosfera
y hacia su objetivo,
Londres.
Esta no es solo un arma de venganza, es un arma asombrosa.
Es como algo del futuro.
Viaja cinco veces más rápido que el sonido. ¿Qué significa eso?
Que explotará antes de que la hayamos oído llegar.
Este programa de armas es muy ambicioso y progresa rápido.
Hitler está encantado.
Si quieren pelea, la tendrán.
Quieren destruir Alemania desde el aire.
Les enseñaré quién va a ser destruido.
Si todo sigue su curso, en cuestión de meses,
los terroríficos cohetes de Hitler caerán sobre Londres.
Mientras los nazis innovan la tecnología de cohetes,
los aliados se apresuran por descifrar sus hallazgos.
Desperados por descubrir los secretos de Hitler desde el aire,
duplican sus esfuerzos para espirar en Peenemünde.
Es peligroso adentrarse tanto en territorio enemigo.
Pero tienen su propia arma especial perfecta para la tarea.
El Spitfire, el avión más emblemático de la guerra.
Sus finas alas elípticas
y su potente motor Merlin de Rolls-Royce
convierten al Spitfire en el avión más rápido y ágil del cielo.
El piloto Barry Hughes lleva 30 años pilotando,
pero le gusta especialmente el Spitfire.
He pilotado muchos aviones, pero este es uno de mis preferidos.
Tiene todo lo que un piloto quiere: eficiencia, maniobrabilidad,
la capacidad de elevarse con la superficie elíptica del ala.
Todo en este avión es genial.
El Spitfire se diseñó como avión de combate.
Pero en 1942, la RAF ha eliminado todas las armas y radios
de una pequeña flota de aviones.
Les han quitado todo el peso extra
para que puedan llevar más combustible y aumentar su autonomía.
En lugar de armas, cada Spitfire lleva dos cámaras
para fotografiar Peenemünde
y las máquinas de guerra nazis en Europa.
Tomar estas fotografías vitales es muy peligroso.
Los pilotos tienen que volar en solitario
y posicionarse directamente encima del objetivo.
El enmarcado de cada imagen debe ser preciso.
Deben volar rectos y a un nivel para evitar imágenes distorsionadas.
El Spitfire es un avión dinámico de alto rendimiento.
Para mantener el nivel del avión, tienes que ir haciendo ajustes
todo el tiempo para mantenerlo estable.
Sin armamento,
los pilotos dependen de la velocidad y maniobrabilidad del Spitfire
y de sus propias habilidades para evadir a los enemigos.
El Spitfire podía evadir bien. El avión de reconocimiento
debía llegar al lugar donde quería hacer las fotos
y luego volver rápidamente a casa.
Cuando el avión aterriza en Inglaterra,
empieza la carrera para recuperar las imágenes captadas.
Los carretes se recogen rápidamente, se revelan
y se envían a RAF Medmenham para su análisis detallado.
Cincuenta kilómetros al este de Londres, se ha requisado
la magnífica villa de Danesfield House.
En 1943, es el cuartel general de inteligencia fotográfica.
Los terrenos alrededor de la casa se han transformado en una ciudad
improvisada con edificios militares temporales.
Aquí es donde un equipo de investigadores de descifrado
trabaja todo el día en el más alto secreto.
Su misión es crear una nueva ciencia de interpretación fotográfica,
para descubrir las armas de venganza de Hitler.
Alan Williams es el director
de la Colección Nacional de Fotografía Aérea.
Estudia miles de imágenes de reconocimiento de la guerra.
La fotografía aérea que se estudiaba en Medmenham era irrefutable,
la fotografía no miente.
Con fotografías aéreas a lo largo del tiempo,
el análisis cronológico permitió a los aliados entender
la amenaza que representaban las armas de venganza.
Dentro de esta majestuosa casa,
los equipos de inteligencia aliados perfeccionan una técnica secreta.
El primer paso es colocar las fotos
tal como se capturaron durante el vuelo de reconocimiento.
Después, utilizan el llamado estereoscopio
para revelar los secretos ocultos en estas fotos desde el cielo.
Todo tiene que estar bien ajustado.
Cojo las dos fotografías aéreas del mismo lugar.
Miro la de la izquierda con el ocular izquierdo.
Y con el ocular derecho en el siguiente fotograma,
veo la misma ubicación.
El estereoscopio funciona gracias a una rareza del cerebro,
en la que viendo la misma ubicación por los dos ojos,
desde una perspectiva un poco diferente,
esta se transforma en una imagen en tres dimensiones
y llena de vida cada protuberancia y bache del lugar.
Los intérpretes en RAF Medmenham usan su ingeniosa técnica
en esta fotografía, tomada el 23 de junio de 1943.
Revela una imagen en 3D impactante e indiscutible:
dos de los letales cohetes de Hitler.
En cuanto las noticias de los cohetes llegan a Londres,
Churchill ordena bombardear Peenemünde.
La RAF se prepara para el mayor bombardeo de la guerra
contra un solo objetivo.
La noche del 17 de agosto de 1943,
salen 596 aviones.
Su objetivo es aniquilar Peenemünde
y matar al mayor número posible de su personal.
La exactitud es esencial para esta misión.
Los bombarderos vuelan a la mitad de su altitud normal,
a 2500 metros.
Así, las tripulaciones son mucho más vulnerables
a las defensas antiaéreas que protegen el lugar.
Las cámaras captan a la RAF lanzando más de 1800 toneladas de bombas.
Al día siguiente,
las imágenes de reconocimiento muestran los cráteres en Peenemünde.
Pero, aunque el lugar presenta un paisaje lunar,
los nazis consiguen salvar la tecnología clave
y empezar la producción en otros emplazamientos.
Solo muere un científico alemán notable, menos de lo esperado.
Además, el ataque ha costado 215 aviadores y 40 bombarderos.
Al cabo de poco, otro descubrimiento complica las cosas para los aliados:
los pilotos descubren otras instalaciones alemanas.
Por desgracia, cerca de Londres, junto al pueblo francés de Watten.
Los alemanes las esconden en el bosque.
Incluso están construyendo una línea de tren especial
hasta el lugar y alrededor de él.
En 1943, este complejo está en construcción.
Un ejército de trabajadores ha montado un entramado de andamios.
Cada día llegan 4000 trabajadores
para construir esta edificación en el bosque de Éperlecques.
Un pequeño tren transporta materiales por el lugar,
que incluyen hormigón, madera y acero.
Utilizan maquinaria pesada
para construir a una velocidad y tamaño sin precedentes.
Solo un arma podría requerir una construcción
de esta envergadura y complejidad.
El cohete de venganza de Hitler de Peenemünde.
La ingeniera estructural Zainab Adigun
examina el lugar para investigar cómo usaron el hormigón y el acero
para proteger sus armas de venganza.
Mira esto.
Esto son barras de diámetro H40, muy gruesas.
Tiene sentido porque el área mínima de acero que se necesita
depende de la profundidad.
Se necesitan estas barras tan grandes porque las paredes son muy gruesas.
Los ingenieros planean reforzar estas instalaciones
con paredes de 3 metros de profundidad y un techo de 5 metros.
Para construirlos, los alemanes usan 200 000 toneladas de hormigón
y 20 000 toneladas de acero.
Se puede ver por el volumen de hormigón y la cantidad de acero
que los alemanes intentaban proteger
algo realmente importante para ellos.
Los alemanes planean lanzar
hasta 36 cohetes llenos de explosivos al día desde aquí.
Funcionará del siguiente modo.
El tren transportará los cohetes hasta las instalaciones.
Una sala fuertemente reforzada guardará hasta 108 cohetes.
Los técnicos los llevarán a una sala de servicio
y los llenarán con combustible y oxígeno líquido.
Desde la torre de control,
los investigadores observarán cómo los cohetes se transportan
hasta donde se lanzarán apuntando a su objetivo.
Los alemanes construyen esta enorme edificación
para que sea a prueba de bombas.
Viendo la estructura y el grosor de las paredes
y la cantidad de hormigón,
sería imposible penetrarla.
¿Cómo pueden los aliados destruir lo indestructible?
Los aliados buscan desesperadamente una grieta en la armadura nazi.
Los ingenieros civiles británicos tienen una idea.
Se dan cuenta de que un ataque podría funcionar
si se lanza justo después de haber vertido el hormigón,
pero antes de que se endurezca.
Continúan enviando misiones de reconocimiento aéreo
para encontrar ese momento clave.
El 21 de agosto de 1943, los aliados reciben las noticias.
Se han levantado moldes de madera
para verter el hormigón de las paredes.
Ha llegado el momento de atacar.
Los mandos de los bombarderos aliados ordenan un ataque urgente.
Las fortalezas volantes B-17 lanzan 366 bombas de una tonelada.
Cuando las bombas caen sobre el hormigón, es devastador.
El hormigón se endurece
y congela en el tiempo el caos y la destrucción del bombardeo.
La idea de bombardear
después de verter el hormigón es muy astuta,
porque es la última oportunidad
de causar el mayor daño posible en la estructura.
Primero, los impactos de la bomba en la estructura
empiezan a debilitarla.
Pero, además, se forma un caos de hormigón,
porque, una vez endurecido,
no se puede mover ni recuperar.
Es un desperdicio de material.
Las bombas transforman las instalaciones
en un montón de acero y madera rotos y solidificados en hormigón.
Además, destruyen las vías de tren, lo cual corta el acceso al lugar.
Por ahora, se ha neutralizado la amenaza de los cohetes de Hitler.
Sus deseos de venganza parecen más lejanos que nunca.
Pero para los nazis, no todo está perdido.
En Peenemünde, en secreto, otra arma vengativa toma forma.
Es más pequeña que un cohete,
pero tiene casi la misma potencia explosiva
y también es innovadora: la bomba voladora.
Esta bomba es básicamente el primer misil del mundo.
Es muy interesante para los nazis.
Porque les empieza a faltar gente.
Los pilotos deben entrenar y eso cuesta mucho tiempo y dinero.
Si tienes un arma que no necesita personas a bordo,
es una ventaja enorme.
Delante tienes la brújula que te ayuda a guiarla.
Tienes las alas, que son de madera contrachapada,
muy barata y fácil de producir.
En la parte trasera, tienes la forma del cataviento del pulsorreactor
que va a lanzar la bomba a 350 millas por hora.
En lugar de un piloto, la bomba voladora tiene un sistema de guía:
dos tanques esféricos que contienen aire comprimido
accionan giroscopios y manejan motores neumáticos.
Estos controlan el timón y el elevador,
y regulan la altitud y orientación de la bomba voladora.
En la nariz, hay una brújula que flota en un cuenco de madera.
Mantiene la trayectoria de la ojiva para llegar al objetivo.
Para volar, la bomba necesita una fuerte corriente de aire
a través del motor y por encima de las alas.
Por eso, los alemanes construyen una catapulta enorme.
Una vez en el aire,
esta arma sin precedentes alcanza los 560 kilómetros por hora.
Los primeros modelos tienen un alcance de 240 kilómetros,
suficiente para llegar a Londres.
Si se lanzan desde aquí, en Francia.
Los nazis empiezan a construir varias catapultas.
Las vistas aéreas revelan que están conectadas a una red de edificios
que incluye un búnker de comando, una estación de generación de vapor,
salas de asamblea y estructuras extrañas con forma de esquís.
Los edificios con forma de esquís son los almacenes de las bombas.
Sus entradas curvadas están diseñadas para desviar la explosión
de cualquier bomba aliada que caiga fuera.
Dos paredes paralelas llenas de gravilla les dan más protección.
Los soldados alemanes transportan las bombas voladoras
desde estos edificios a las catapultas de lanzamiento.
Sus 48 metros de raíles de metal están entre dos paredes de hormigón.
La presión del vapor dispara la bomba voladora por la rampa.
Cuando llega al final de los raíles,
la bomba alcanza la velocidad de despegue.
Mientras los nazis construyen más de estas estructuras,
un agente de la resistencia francesa llamado Michel Hollard
se hace pasar por obrero de la construcción
y se infiltra en uno de estos lugares para ver para qué sirven.
Informa a los británicos
de que sospecha que las rampas sirven para lanzar armas secretas.
Pero los servicios de inteligencia aliados están desconcertados.
No entienden cómo esas estructuras podrían suponer una amenaza.
Los aliados encuentran finalmente la respuesta en Peenemünde.
El 28 de noviembre de 1943, un piloto de reconocimiento,
que sobrevuela las instalaciones, toma esta foto.
De vuelta en RAF Medmenham,
los intérpretes fotográficos se ponen manos a la obra.
Esta fue probablemente una de las fotos más importantes.
Esto es exactamente lo que se encontró,
esta pequeña estructura en cruz que señala mi dedo.
Una bomba voladora. Fue la última pieza del rompecabezas.
Aquí estaba la prueba de por qué se construían esas rampas.
Por fin, los aliados hacen la conexión entre la bomba voladora,
Peenemünde y los lugares en Francia, a unos 900 kilómetros.
Cuanto más buscan los aliados, más encuentran,
y van tramando su estrategia
y descubriendo nuevos emplazamientos casi diariamente.
Al acabar el mes, los aliados han encontrado 96 emplazamientos.
Y casi todos apuntan a Londres.
LONDRES
El 13 de junio de 1944,
para vengarse del Día D, ocurrido una semana antes,
la primera bomba voladora lanzada
rasga el cielo de Londres.
Se mueve hacia abajo de forma abrupta
y alcanza este puente ferroviario al este de Londres.
La explosión mata a seis personas, hiere a otras 42
y deja a cientos sin hogar.
Hitler obtiene su primera venganza.
La bomba voladora recibe el nombre de V-1.
El sonido característico de su motor cuando ruge sobre Londres
le vale el apodo de escarabajo o bomba zumbadora.
Para el londinense Eddie Moss, su sonido causa fascinación y miedo.
Eran como motos que venían por el cielo
con ese motor que sobresalía por detrás.
Pero eran bombas.
El sonido de las V-1 se vuelve algo cotidiano para Nancy Zentile.
Siempre me aterraba ese sonido.
Oías el trop, trop, trop.
Te llena, no puedes pensar en nada más.
Sobre todo, teníamos miedo de que parara.
Cuando paraba, sabíamos que había caído sobre alguien.
Las bombas llueven sobre Londres y sobrevuelan el sur de Inglaterra.
Derriban calles enteras con un solo impacto.
Un hombre llega a casa y se la encuentra bombardeada
con su mujer muerta dentro.
En el pico de la ofensiva,
los alemanes lanzan 200 bombas voladoras al día sobre la capital.
Los británicos necesitan encontrar el modo
de contrarrestar la nueva arma de Hitler.
Al este de Londres,
diseñan un plan para rediseñar sus estaciones de defensa aérea.
Una de ellas está en el estuario del Támesis.
Una mirada más detenida a estas aguas revela siete torres de acero.
Se elevan 25 metros por encima de la superficie del agua,
con sus patas de hormigón apoyadas en el fondo marino.
Son las fortalezas marinas de Redsand.
Se construyeron para proteger Londres de la Luftwaffe.
Ahora, están justo debajo de la ruta de vuelo
de muchas de las bombas voladoras que llegan.
En una de las torres hay cañones antiaéreos ligeros Bofors.
Un semicírculo de cuatro cañones antiaéreos pesados adicionales
rodea una torre de control central equipada con un radar.
Las estructuras están conectadas por pasillos de acero tubulares
que se extienden hasta la torre de vigilancia.
La torre de vigilancia está situada al norte
para poder divisar las amenazas que se acercan desde el sur.
El equipo de armas necesita acceso rápido a las municiones,
así que las guardan en estos armarios especiales
en los bordes de las plataformas,
justo encima de los alojamientos de la tripulación apostada aquí.
La historiadora militar Alexandra Churchill explora Redsand.
Es muy interesante.
Parece algo sacado de La guerra de los mundos.
Había pequeños extraterrestres, parece fuera de lugar.
Para la tripulación de las fortalezas, debía ser muy aburrido.
Además de aislados y aburridos, estaban bajo mucha presión.
Imagino que cuanto más tiempo pasabas en ellas,
más se deterioraba tu salud mental.
Es un entorno extraño.
En 1944, se traen tripulaciones en barco
y se apostan en las fortalezas durante seis semanas.
La vida en estas torres es muy incómoda.
Bajo las plataformas,
181 personas deben apiñarse en pequeños bloques de alojamiento.
Esta es la torre de control y también hay torres de artillería.
Esta tiene un tejado diferente,
así que es la de los Bofors.
La tripulación opera las torres de artillería continuamente.
La mayor parte del tiempo, solo esperan y vigilan.
Es como no hacer nada.
El 90 por ciento del tiempo no tienes nada que hacer.
Pero cuando te llaman, tienes que ser increíble.
Apunta a civiles.
¿Puedes imaginar la presión? Sabes adónde va la bomba.
Si le das a una, alegría absoluta.
Si fallas una y sigue volando...
es desgarrador.
Has fallado.
Como apoyo, la RAF envía Spitfires para interceptar a las V-1.
Darle a una bomba voladora que cruza el cielo a 560 kilómetros por hora
no es tarea fácil para un piloto de Spitfire.
Casi tienen que desafiar las leyes de la física.
Si fueras un piloto de la RAF, la mejor forma de cogerlo
sería subir muy alto y luego caer como una piedra
y usar la gravedad para conseguir la velocidad necesaria.
Una escena en esta increíble foto.
Una vez a su lado, el atrevido piloto usa su ala
para dañar el ala de la V-1 y forzarla a caer en picado.
Tienes que ser muy bueno en el vuelo de precisión,
y tienes que ser valiente para hacer eso.
Justo cuando los aliados encuentran maneras de eliminar las V-1,
los científicos nazis finalmente perfeccionan el cohete de Hitler.
El 18 de junio de 1944,
se convierte en el primer objeto humano en llegar al espacio.
El cohete recibe el nombre de V-2.
Después, los alemanes consiguen lanzar los V-2 desde camiones.
Ahora, los terroríficos cohetes se pueden lanzar desde cualquier lugar
y son realmente invulnerables a las medidas defensivas.
El 8 de septiembre de 1944 a las 6:40 de la tarde,
el primer imbatible cohete V-2
impacta al oeste de Londres, en Staveley Road en Chiswick.
Tres personas mueren al instante por la explosión.
Hitler consigue su venganza.
Ha empezado una campaña de terror.
Los nazis lanzan casi 7000 bombas voladoras V-1
y casi 1400 cohetes V-2 contra Gran Bretaña.
Durante los meses siguientes,
los británicos perfeccionan sus medidas de defensa contra las V-1.
En el suroeste,
colocan más artillería antiaérea a lo largo de la costa.
Echan a volar más de 1200 globos con cables de acero suspendidos
que están lo suficientemente cerca como para chocar con las V-1.
Al final, consiguen derribar el 80 por ciento de las V-1
que los nazis lanzan a través del canal.
Afortunadamente para los londinenses,
los lugares de lanzamiento de las armas vengativas
se desplazan cada vez más lejos de su alcance
después del éxito del Día D
y los subsiguientes avances de las tropas aliadas.
El 27 de marzo de 1945,
la última arma de venganza impacta en suelo británico.
Las asombrosas armas nazis han llegado demasiado tarde
como para cambiar el rumbo de la guerra.
Los aliados paran los planes de venganza de Hitler.
Con ello, se arruinan sus esperanzas de victoria.
Traducción: Alicia Tapias Soler
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