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[bocina de tren a lo lejos]
[hombre ronca]
[tictac de reloj]
[ronquido estridente]
[bocinazos distantes]
[mujer] Vamos, arriba.
Arriba, arriba.
[ronquidos]
A levantarse.
[chicos forcejean y discuten]
No peleen, no peleen.
Acomoden aquí la mesa. Cuidado con las tazas.
- [locutor da noticias en la radio] - [repiqueteo de gotera]
[chico] Ayuda mejor.
[apaga radio]
Un poco de silencio no le hace mal a nadie.
[chico 1] ¿Puedes correr la mesa más para allá?
[chico 2] Ve para atrás tú.
Van a llegar unos clientes, así que se me apuran.
[chico 1] No entiendo. ¿Por qué los tienes que citar tan temprano?
[hombre] No es que los cite tan temprano,
lo que pasa…
es que les digo que lleguen a esta hora
y así me evito estar esperando todo el día.
[chico 1] ¿Hay mantequilla?
[hombre] No.
¿Tienes muchos clientes hoy?
Es una estrategia de venta, Mechita.
Y, la verdad, son los únicos que tengo hoy día.
[bebé llora a lo lejos]
[voces de vecinos a la distancia]
Taza.
[vierte líquido]
[martilleo distante]
[continúa llanto de bebé]
No quedó nada. [ríe entre dientes]
Efraín, la enceradora. Casi me mato.
- Ay, es que estoy ocupado, Mechita… - En la tarde no tienes nada que hacer.
- Está bien, señora jueza, magistrada. - [timbre]
[Efraín] A ver.
[ladridos a la distancia]
[susurra] Ey, ey.
Ya, ya, ya.
[continúa llanto de bebé]
- Hola. - Hola, un gusto.
Mucho gusto, Efraín. Adelante.
- [Efraín] Están en su casa. - Hola.
- [mujer] Hola. - ¿Un vaso de agua?
- Sí, gracias. - [Efraín] Ah. Por favor.
Si la novia se quiere retocar, por favor, aquí tiene un lugarcito especial.
- Sí. - [Efraín] Por acá.
- De todas formas, está espléndida. - Muchas gracias.
- ¿Las fotos son para el recuerdo? - Para la invitación.
Ah, buena idea.
Van a quedar lindas.
La Mechita, cuando nosotros nos casamos,
a ella se le ocurrió, eh, escribir las invitaciones a mano alzada,
y la mitad de la gente se perdió porque no encontraba la iglesia.
No entendían la letra.
Después estudió mecanografía, sí.
[chico 1] Llegaremos tarde. ¡Apúrate!
- [chico 2] No es mi culpa! - ¿Cómo no? ¡Siempre es tu culpa!
[susurra] ¡Silencio, mierda!
[susurra] Efraín.
El joven viene con la piel muy mal.
- Ponle una luz de relleno. - Ya, ya.
Efraín.
La enceradora. Arréglala.
Ya, ya.
[chicos discuten a la distancia]
Eh, solo un par de detalles.
- [Mercedes] Adiós. - ¡Adiós!
[música suave]
[bocina de auto]
[mujer] El abogado nos dijo que él está con prisión preventiva,
pero que podemos pedir que le den libertad bajo fianza.
[Mercedes] Haré lo posible, pero no está en mis manos.
Espere un momentito.
- Buenas tardes. - Buenas tardes, dígame.
Hubo un asesinato en Agustinas 1035.
¿La zona del Crillón?
- En el Crillón, adentro del salón. - Ah.
[música intrigante suave]
Gracias.
[continúa música intrigante]
Don Tito, hágame el favor.
Gracias.
- [hombre] ¡Juez, juez! - [barullo]
[Mercedes] Déjenlo. No, no.
[vocerío de fotógrafos y reporteros]
[policía] ¡Abran paso!
[continúa vocerío indistinto]
[música de misterio]
[vocerío inaudible]
[continúa música de misterio]
[continúa música de misterio]
[música cesa]
Mercedita, ¿no la habían traído nunca al Crillón acaso?
Venga para acá.
[hombre] Gálvez, pásele el informe a don Aliro.
Tome. Llévese eso.
Georgina Silva Jiménez.
Sí, Silva le disparó de frente, a no más de uno o dos metros de distancia.
El arma era de ella, entiendo, ¿no?
Así es. Quiero mostrársela antes del peritaje.
A ver.
Mire.
- Fíjese. - Ah.
PN Baby de fabricación belga.
- Mmm. - Calibre 6.35.
¿Eh? Una maravilla.
- Mercedita. - ¿Mm?
Mire esta exquisitez.
- Sí. [ríe] - [Aliro] Mire.
Yo la metería en un joyero.
[Aliro ríe entre dientes]
¿Y se supo algo de la mujer del finado?
Según lo que se maneja acá, Silva era su pareja.
Ya, pero me refiero a la esposa.
No, la víctima no tenía anillo, señor juez.
- [Aliro] Que se lleven el cuerpo. - Mmm. Gálvez.
Mercedita, siéntese acá.
- Arnés, usted allá. - Sí.
Estire el brazo, tome la cuchara. Cinco balazos, ¿eh?
Esta mujer debe estar loca como una cabra.
Pero todo indica que la susodicha lo hizo de pie.
Que llevaba el arma escondida en un bolsillo del abrigo.
Más fácil para sacarla.
A ver, Mercedita, párese.
Es como de la misma altura que esta fulana, ¿no?
El tema es: ¿le disparó de pie porque era más fácil?
¿O porque quería tomar distancia de su víctima?
A lo mejor quería que la vieran.
- ¿Qué me dice? - Gálvez.
Traiga las cosas personales de la señora.
[Aliro] A ver.
Tome registro.
Sería don Roberto Pumarino Valenzuela…
[voz de Aliro se desvanece]
[música intrigante suave]
[diarero] ¡El diario!
¡Asesinato en el Crillón!
¡Mujer asesina!
¡Lea el diario!
¡El Mercurio! ¡El Clarín!
¡El diario!
¡La Nación! ¡El Clarín!
[Mercedes] Todos hablan de lo mismo.
María Carolina Geel mató a la vista de toda la aristocracia chilena.
Mire, aquí.
Primera plana, jefe.
Una persona de bien sale tres veces en el diario en su vida.
Cuando nace, cuando se casa y cuando se muere.
¿Y ser juez no es de bien?
Ya no, Mercedita, ya no.
[vocerío afuera]
Qué desastre este cardumen de pirañas.
Morbo en estado puro.
Entrando, un periodista me preguntó si hoy día venía a declarar "la vampira".
"La vampira". [ríe]
Sí, Domingo, sí, ya lo escuché.
[Domingo] Prepararé un café. ¿Le traigo otro?
- [Aliro] Bueno. - Ya.
[Aliro] ¿Qué me dice, Mercedita?
Siglos de tradición jurídica en esta institución,
y la gallada cree que es un circo romano.
Si me mataran en el Crillón, me gustaría que la gente se preguntara qué me pasó.
Para eso primero hay que ir al Crillón.
[juez gruñe]
Estos jetones morbosos van a despedazar a esta pobre mujer.
Le juro que casi me da pena.
Primero se vuelve loca, mata a su amante,
y ahora pasa a ser la villana del siglo.
Esta mujer está viviendo un infierno.
Nos vamos a hacer famosos, Mercedes.
Me debería haber puesto gomina, algo.
Si don Aliro quiere salir a almorzar, va a tener que cavar un hoyo.
La solución es condenarla luego, cuando termine este boche.
No, ese tipo de señoras a don Aliro le dan pena.
[sirena]
[vocerío caótico]
[reportero] ¡María Carolina! Por favor.
[reportero 2] ¡María Carolina!
[continúa vocerío caótico]
Señorita Georgina Silva Jiménez.
Me llamo María Carolina Geel.
No me suena.
Es el seudónimo público que mi defendida usa como escritora.
Y cuando mató al señor Pumarino,
¿era Silva o Geel?
¿Perdón?
Son la misma persona.
No entiendo.
¿Usted admite haberle pegado cinco balazos al señor Roberto Pumarino Valenzuela
el 14 de abril en el Hotel Crillón?
Señor juez, mi defendida se reserva el derecho a no responder esa pregunta.
- Al menos hasta que los forenses… - Sí.
Admito.
O sea, ¿usted también admite que llevaba consigo una PN Baby
con la intención de matar a su novio?
No era mi novio.
Y entonces, ¿qué es lo que era suyo?
No era mío.
Yo no quería eso.
[tintineo etéreo]
- [música de cámara evocadora] - [continúa tintineo]
[Aliro] A ver, Srta. Silva.
- [música cesa] - [Aliro carraspea]
[mecanografía]
Ayúdeme a ayudarla.
Le conviene, créame.
¿Él le hizo algo a usted?
[se abre puerta]
Montero está afuera, quiere verlo.
- Señor Concha. - Sí, claro.
[pasos se alejan]
¿Tiene un cigarrillo?
No se puede fumar acá.
Mi abogado estaba fumando.
¿Usted es abogado?
No.
Ah.
¿Usted es abogado?
No.
Ah.
[hombres murmuran afuera]
[Aliro] Mercedes.
Mercedes.
[Montero] En el Servicio Médico Legal están listos los documentos.
Pregúnteles para cuándo el peritaje psiquiátrico.
¿Peritaje psiquiátrico?
Si el crimen lo requiere, estoy abierto a disciplinas complementarias,
pero no para darle explicaciones a usted, señor Montero.
La imputada deberá comparecer mañana en el Servicio Médico Legal.
La van a escoltar desde acá a su entrevista.
Esta pajarita de Dios se queda en la comisaría
hasta que los peritos confirmen lo que ya todos sabemos.
Que se tiene que ir al manicomio. ¿Mm?
Ten, mira.
[Aliro] Mira.
[Mercedes] "Montero acusa.
La escritora mató con premeditación y alevosía".
[Concha suspira]
"Debe sancionársela en forma ejemplar".
[susurra] Pobre don Aliro.
[Concha] Sr. juez, la acusada no puede dormir en una comisaría.
¿Usted se dio cuenta de… de su estado mental?
Apenas sabe dónde está parada.
¿Por qué no la manda a su casa?
¿Sabe lo que vamos a hacer?
Llévensela al Buen Pastor.
Ahí tendrá una celda tranquila, lejos de la prensa, del ruido.
La cuidarán las monjas, fin del asunto.
Eso.
Bueno, usted se imaginará que…
que no es una mujer… que esté al corriente de los calabozos.
¿Y usted se da cuenta de que yo no soy el papa?
[ríe entre dientes]
Sí, pero…
Pero ¿por qué no permite que le lleven lo mínimo a la detenida?
- Ropa limpia… - [suspira] Está bien, autorizo.
Ya, el problema es que su hermana vive en Parral.
Y, bueno…
ya se imaginará.
Un abogado recogiendo pilchas… [resopla]
Pero entiendo que las llaves de su departamento
están en la custodia del juzgado.
[Aliro] ¿Sí?
¿Voy yo?
Yo voy.
[vocerío de reporteros]
¿Y hasta cuándo la va a tener en el Buen Pastor?
Hasta la sentencia.
¿Para qué dejarla en una celda común, a que se contagie de sarna
y me echen la culpa a mí todos los diarios?
[sirena de policía]
Ya. Hasta luego, señores.
- Adiós. - Hasta luego.
- Yo tuve sarna una vez. - Ay, Domingo. [ríe]
Lo dice y me empieza a picar.
[traqueteo de cerradura]
[música etérea suave]
[continúa música etérea]
[tintineo etéreo]
[continúa música etérea]
[música se desvanece]
[inhala profundo]
[exhala]
- [ladridos distantes] - [vecinos hablan a gritos]
[continúan voces de vecinos]
[continúa barullo distante]
La quemó.
Buenos días.
Buenos días.
Señor Concha.
- Sabe que los abogados no pueden pasar. - ¿Cómo?
Tome. Ahí están sus cosas.
Espérela ahí si quiere.
¿Tiene un cigarro?
Le van a hacer un examen forense para determinar su estado de salud.
¿Si estoy loca?
Si resulta que usted tiene algún trastorno,
no se va a ir precisamente a la cárcel.
- Yo no voy a ir a un manicomio. - [golpea puerta]
[hombre] Pase.
Buenas tardes.
¿Va a entrar?
El examen es privado.
Buenos días, gracias por venir.
Señor don Rolando de la Fuente.
Según el parte policial,
usted atendía la mesa que utilizó don Roberto Pumarino
y la señora Georgina Silva.
[Rolando] Sí. Exactamente, yo mismo los atendí.
[Aliro] Ya.
¿Y qué me puede decir de lo que pasó esa tarde en el salón de té del Crillón?
[titubea] El señor se sentó en la mesa número tres.
[titubea]
En la silla que da hacia el salón.
Después le ofrecí algo para tomar
y me contestó que estaba esperando a alguien.
Después de eso, llegó la señora.
[Aliro] Y…
¿cómo venía la señora?
Muy normal. Nada fuera de lo común.
¿Usted vio cómo se saludaron?
Todo muy normal.
Lo que sí, me llamó la atención dónde se sentó la dama.
[Aliro] ¿En la silla que da la espalda a las otras mesas?
[Rolando] Sí.
[música dramática]
Me llamó la atención porque, generalmente,
las damas prefieren sentarse mirando hacia el salón.
[mecanografía]
[Aliro] ¿Y cómo se comportaba ella?
[Roberto] ¿Qué te pasa?
Yo vi a Pumarino con un gesto, digamos…
de disgusto.
[Roberto] No me llames. No escribas ni vayas a mi casa.
¿Te vas a casar?
[mujer] Pero fue mi hermana la que parece que escuchó algo.
Le dijo: "Haz lo que quieras con tu vida".
¿Y van a tomar más tragos?
No soy chismosa. No me meto en la vida de los demás.
Pero escuché algunas cosas cuando levantaban la voz.
¿Como cuáles?
[Roberto] No me busques más.
Como "terminar con todo", "esto se acabó",
eh, "no hay ningún interés".
[mecanografía]
[continúa música dramática]
[Aliro] ¿No vio que la señora Silva explotara entre medio de estas frases?
¿O que perdiera sus cabales?
No, explotar no. Pero, al rato, todo se vino abajo.
[susurra] ¡Disimula!
[Mercedes sigue mecanografiando]
Y ahí fue cuando escuché la silla.
¿La silla?
[chirrido de silla]
[Aliro] ¿Y entonces?
Ella se pone de pie y, de pronto, está disparando contra el señor Pumarino.
- [gritos de pánico] - [disparos]
[música dramática aumenta]
[Rolando] Escuché los disparos, cómo no.
Pero, al principio, no sabía de dónde venían.
[gritos continúan]
Después la señora dejó el arma sobre la mesa.
[continúa música dramática]
Yo estaba detrás,
entonces dejé la bandeja y fui y tapé el arma con una servilleta.
[mecanografía]
[Aliro] ¿Por qué hizo eso?
No sé. [vacila] Para que ningún cliente se asustara.
O para que ella no la agarrara… No sé, la verdad.
[Aliro] ¿Usted vio si, en algún momento,
la señora Silva se demoró antes de disparar,
o fue todo de golpe?
No, fue todo muy rápido. Ella sacó el arma y se puso a disparar.
Lo tenía al lado, no tuvo ni que apuntar.
- ¿Murió de inmediato? - De manera instantánea, creo.
Y el pobre señor no alcanzó ni a gritar.
Murió en silencio, como un caballero.
¿Vio que la señora Silva intentara matarse o escapar después de los disparos?
No, no.
Todo lo contrario.
[música dramática aumenta]
Lo único que hacía era abrazar al caballero y darle besos en las heridas.
[María llora] ¡No, no, no!
Después ella se hincó.
Con las manos como rezando. empezó a decir: "¡Sálvenlo!".
¡Sálvenlo, sálvenlo!
- [diálogo inaudible] - [música dramática in crescendo]
[música se desvanece]
Suficiente. ¡Suficiente!
[Samuel] ¡Córtala!
[locutor en la radio]
- [Efraín] ¿Y adónde mandarán al Lucho? - [Samuel] A Iquique.
[Efraín] Ah, a cuidar la frontera.
[Gaspar] A ti deberían mandarte al servicio militar.
Quiere quedarse con la pieza para él solo.
No es verdad.
Gaspar, deberías empezar a preocuparte por tu futuro también.
Luego vas a estar en la misma situación de tu hermano.
¿Y tú?
¿De verdad quieres estudiar leyes?
[Samuel asiente]
Voy a ser actuario un año, después procurador,
y en dos años me voy a hacer juez.
- Como la mamá. - [todos ríen]
Tu mamá podría ser tu secretaria.
[chicos ríen]
[locutor radial] …más conocida como María Carolina Geel…
Apaga eso, hijo.
Pero queremos enterarnos de lo que está pasando.
La jueza no cuenta ninguna cosa.
[Samuel] Nos tenemos que enterar por la radio.
- Apágalo. - Hoy día salió en El Clarín también.
- La Mistral opinó del caso. - [Mercedes] Pero no vive en Chile.
No creo que esté muy preocupada por lo que hace una mujer en el Crillón.
Pero… se ganó el Nobel.
Pero de Literatura, no de Leyes.
¿Y no hay Nobel de Leyes?
¿No?
- Oiga, señora jueza, y… - [ríen]
Basta, basta.
Saben que no soy jueza.
Si fuera jueza, ustedes estarían presos.
- [Samuel] ¿Por qué? - Por desobedientes.
- [apaga la radio] - [ladridos]
[estrépito]
¡Ay, Efraín!
[ladridos insistentes]
La enceradora, Efraín.
[ríen en voz baja]
Ya. ¡Ya!
[ahogan risas]
Don Sergio Pumarino, buenas tardes.
Buenas tardes, señor juez.
[Aliro] Hábleme de su hermano.
¿Cómo lo describiría usted?
El mejor de todos los hermanos.
El mejor de todos nosotros.
[música jazz intrigante]
Tranquilo, don Walter.
[Walter] Disculpe.
[Aliro] Tómese su tiempo.
[solloza]
Cuénteme, ¿cómo era su hermana Georgina?
- Es muy sensible. - [Mercedes mecanografía]
Un poquito volátil también.
- [Aliro] ¿Explosiva, quizás? - No, no. No de esa forma, no.
No, ella le caía bien a todo el mundo.
Siempre la invitaban a reuniones, a fiestas.
Ella era terca.
Y cambiante.
Un día lo mandaba a freír monos… y al otro día lo llamaba llorando.
Roberto le pidió matrimonio muchas veces.
Cuatro o cinco veces.
- Siempre lo rechazó. - Una mujer compleja.
[Sergio] Esta señora era muy…
independiente.
Usted sabe.
Como las mujeres de ahora.
[Walter] Después lloraba para que lo fuera a ver, y él iba.
Siempre iba.
Pero Georgina no habla de sus problemas.
- A ella no le gusta dar pena. - [suspira]
La aguantó demasiado.
¿Alguna vez le comentó su hermano que quería separarse de ella?
No, él la adoraba.
Nunca entendimos por qué, pero siempre volvía con ella.
Por eso me alivió tanto cuando al fin la dejó
y se puso de novio con esta otra muchacha.
[continúa música intrigante]
¿Con quién?
Alicia Castro.
Una amiga de la familia.
Se reencontraron hace un par de meses con Roberto.
[Sergio] Estaba feliz de casarse con él.
Ella veía lo que todos veíamos.
Un hombre bueno.
Derecho.
Con ganas de ser padre.
Un poquito atormentada en el amor.
La Georgina…
no sabe estar sola.
[mecanografía]
Siempre necesita a alguien cerca, no sé si me explico.
Como si tuviera una fragilidad enorme.
[Sergio] Esa mujer era…
perversa.
Anormal.
Incapaz de ser como las otras.
Pumarino no sabía llevar a mi hermana.
¿Usted imaginaba que ella…
podía matar?
[Sergio] Matar, sí.
Pero no de esa forma, a sangre fría, delante de todo el mundo.
[mujer] La última vez que los vi juntos,
era muy frío con ella.
Y la Georgina parecía cansada.
[continúa música intrigante]
El error de mi hermano fue meterse con una vieja separada.
Porque por algo era separada, ¿no?
[Aliro] Usted conoce a la señorita Silva hace mucho tiempo, ¿no?
Sí, estuve casado con ella 13 años.
¿Y cómo describiría usted a la Srta. Silva?
Una buena mujer.
Inteligente.
Muy inquieta también.
¿Conflictiva, tal vez?
No. No.
Más bien curiosa.
Muy lectora, una gran conversadora.
¿Y como madre?
- ¿Qué tiene que ver eso con esto? - Conteste, por favor.
Una excelente madre.
[Mercedes mecanografía]
Muy dedicada.
Muy amorosa.
Okey, ella no fue violenta con usted y era una excelente persona.
Entonces, ¿usted me puede explicar por qué mató al señor Roberto Pumarino?
No lo puedo entender.
[Walter] Está muy claro.
No quería quedarse sin pan ni pedazo.
Lo mató por celos.
Si alguien le dice que no lo vio venir es porque no la conocía.
Ella trató de adaptarse.
[Walter] Rechazó a mi hermano cuando este le pidió matrimonio,
pero cuando él se quiso casar con otra,
lo mató.
Y esa es Georgina Silva.
[continúa música intrigante]
[música se desvanece]
[ronquidos estridentes]
[tictac de reloj]
- [vocerío de vecinos] - [bullicio del tráfico]
[continúan ronquidos de Efraín]
- [bocinazos] - [fragor del tráfico a la distancia]
- [martillazos] - [voces de vecinos]
[suspira]
[continúan ronquidos]
[repiqueteo de gotera]
- [voces de transeúntes] - [ruidos del tráfico]
[silencio]
[campanadas de reloj]
[campanadas se detienen]
[música evocadora suave]
[crujido de papeles]
[continúa música evocadora]
[música se torna melancólica]
- [música cesa] - [traqueteo de motor]
Señor juez, tenemos un dosier de testigos dispuestos a declarar
- del modo cruel en que Georgina… - [Aliro] Sr. Montero.
A todos nos gusta un buen chisme. Pero estamos en un tribunal.
El informe, por favor.
Gracias.
"La examinada se encuentra en el climaterio, factor muy importante…".
- Aquí continúa. - …en el sexo feme…".
"Lo que ha producido alteraciones en la conducta.
Se recomienda un segundo peritaje".
Toda la razón.
No se me entusiasme tanto, señor Concha.
- Señor juez, me disculpará… - Con su permiso, señores.
La copia del informe será enviada a sus respectivas oficinas.
Gracias.
[Aliro] Yo ya estoy listo para dictar sentencia.
Inimputable, dicen los testigos
y la ciencia.
Con eso, esta fulana puede pasar el fin de semana en su casa.
Muchas gracias. [sorbe]
Y este montón de garrapatas,
que se vayan a reportar algo verdaderamente importante.
Y que se acabe esta humillación de almorzar encerrado.
- No es tan terrible tampoco. - [resopla]
¿Cómo no va a ser terrible estar comiendo pollo escabechado metido en una oficina?
En todo caso, sabía que había sacrificios cuando decidí dar mi vida a la justicia.
[Aliro ríe entre dientes]
En realidad, es bien loable lo que usted hace.
Es cierto. Imagínate ver tu cara todos los días en las portadas.
Pero no solamente eso, Domingo. Mucho más.
Es impresionante el compromiso que usted tiene con la verdad, con la ley.
Domingo, donde nosotros vayamos,
podemos decir que trabajamos para un juez inquebrantable.
A pesar de que su reputación está en juego.
¿Cómo que mi reputación está en juego?
Usted va a dictar una sentencia justa, ¿cierto?
Aunque la opinión pública piense lo contrario.
- Eso es muy valiente, Domingo. - [ríe]
Es muy valiente.
A ver, a ver.
Mercedita, yo soy un juez de la república.
Esas manipulaciones le resultarán en su casa con sus hijos, pero conmigo no.
Pero es verdad, don Aliro.
Si la deja libre, los diarios se le tirarán encima.
¿En serio?
Mire, yo creía que me iban a felicitar.
No estoy tratando de convencerlo de nada.
Simplemente digo una verdad, como dice Domingo.
Si usted la libera, no creo que el circo se acabe.
Mercedita, ¿usted se quedó con el dosier de los testigos que le pasó Montero?
- Ajá. - ¿Sabe qué?
Llamemos un par de nombres antes de dictar sentencia.
Para estar seguros.
- ¿Se cubrirá las espaldas? - ¿Qué insolencia es esa? Por favor.
Sí, disculpe.
Un juez de la república no se cubre las espaldas.
Un juez mira su caso desde distintos ángulos.
Lo que usted diga.
[música jazz animada]
[continúa música jazz]
[música finaliza]
Ah, ¿vecina nueva?
No, no.
- No. - Ah, ¿la hermana?
- ¿No? - No, no.
- [carraspea] Está bien, buenas tardes. - Buenas tardes.
[Mercedes] Acá.
Firma corta.
- Firma larga. - Señor juez.
¡Ay, hombre! [risita]
No sabía que había que venir de gala.
De repente la veo tan arreglada, Arévalo.
- ¿Es por los periodistas? - No.
Es porque…
yo respeto al tribunal.
Ahí.
No se avergüence porque la piropean, pues, Mercedita.
[pasos de Mercedes se alejan]
¿Siempre ha usado perfume?
No sé.
Gracias, Domingo.
[Aliro suspira profundo]
¿Mercedita?
- ¿Sí? - ¿Qué perfume está usando usted?
Es jabón.
Mercedita.
[pasos de Mercedes se acercan]
¿Mmm?
¿Ave africana de cuatro letras?
Ibis.
Gracias.
De esa oficina salen todos los comunicados a los diferentes puntos de la ciudad.
Una coma puede cambiar el sentido de una oración completa.
- Mmm. - [música cómica suave]
Fascinante, don Fernando.
Oiga, y dejando un poquito de lado el tema del trabajo,
¿cómo eran las relaciones entre el señor Pumarino y la señora Silva?
Uf. Bueno, eso era complicado.
Complicado. Muy complicado.
A veces volvían de… del almuerzo y se notaba que habían peleado.
Que habían discutido. Con llanto, incluso.
¿Ella volvía con señales de haber llorado?
No, ella no. Él.
- ¿Él? - Sí.
Y en ese sentido, ¿usted era más cercano a la víctima o a la señora Silva?
A Roberto.
Por supuesto, él era un hombre muy bueno, muy gentil.
Roberto era muy buen jefe, en verdad.
Siempre… tan atento.
- Sí. - ¿Y ella?
Eh, no podría decir lo mismo de ella, señor juez.
Estaría mintiendo.
Ella nos miraba como por debajo del hombro,
como si fuéramos poca cosa.
Estaba siempre en su propio mundo, se aburría del trabajo.
¿Y cómo sabe que se aburría en el trabajo?
En cuanto se quedaba sola, se ponía a escribir otras cosas.
- [Aliro] ¿Sus libros? - Claro.
A nosotros también nos hubiese encantado ponernos a escribir tonterías,
pero nos habrían echado a la semana.
[Aliro] Yo diría que ella no lo quería.
[mujer] Yo diría que ella lo usaba.
Roberto corría cada vez que ella lo llamaba.
Es que era bien terrible la Niña.
- ¿La Niña? - Eh, Georgina.
Así le decía él. La Niña.
[hombre] Cuando ella necesitaba plata, ahí estaba Roberto.
Era él quien se metía la mano al bolsillo.
[mujer] Aunque de niña no tiene nada, es bastante mayorcita.
Lo que Georgina hizo con Roberto
fue exprimirlo.
[suspira]
Mi nombre es Rebeca Vizcaya Pérez.
Yo trabajo en la recepción de finanzas.
Y mi jefe directo era Roberto Pumarino.
¿Y qué me quiere decir, Srta. Rebeca?
Eh, ¿le contaron ya lo de la enceradora?
[exasperado] No.
No. A ver, cuénteme.
No sé si usted sabe, pero don Roberto le regaló a Georgina
una de esas enceradoras eléctricas.
No un chancho.
Digo, de las que se enchufan.
¿Una enceradora? ¿Realmente?
- Mercedes. - [Rebeca] Exactamente, una enceradora.
¿Y me pueden creer que la mujer esa se la devolvió?
[Roberto] ¡Sorpresa!
¿Y eso?
[Rebeca] Porque yo creo que don Roberto, en el fondo,
siempre quiso que ella fuera más…
no sé, de casa.
¿Me entiende?
[Aliro] Srta. Vizcaya, me dijeron que usted también traía un documento.
[Rebeca] Ah, sí.
[titubea]
Lo que pasa es que yo estuve revisando los archivadores de don Roberto
y, en un cajón, al fondo,
había un montón de papel picado.
Entonces, lo que hice fue…
pegar pedacito por pedacito.
[continúa música cómica]
Y le traje esto.
¿Qué sería eso?
¿Una carta?
[Aliro suspira hondo]
"Roberto, he meditado largamente
y he aquí la decisión que me demandaste anoche.
[música se torna dramática]
Ante todo, aprecio tu actitud, que, dentro de las convenciones de la sociedad,
se conceptúa caballerosa.
La estimo, pues es lo que vale.
Y si declino tu ofrecimiento
es porque las razones contrarias
a un resultado positivo en nuestro matrimonio…
son muchas".
¡Cualquier mujer de Chile quisiera una enceradora!
- ¡No soy cualquier mujer! - ¡Loca!
"Roberto, mi naturaleza,
mi carácter, mis aficiones,
mi edad, mi experiencia,
son contrarias al matrimonio.
[continúa música dramática]
Si agregas a todo ello una sensibilidad monstruosa,
siempre en conflicto con las cosas y los seres,
y un escepticismo absoluto respecto a la vida…
[música dramática aumenta]
…aceptarás que…
nada en mí responde a la llamada institución de matrimonio.
Y no soy yo la mujer
que a tu situación hace falta".
[música se intensifica y cesa]
[música jazz sugestiva en tocadiscos]
[se abre puerta]
[hombre silba]
[silba distraído]
[Mercedes gime débilmente]
[ríe entre dientes]
Menos mal que te regalé una bata finísima
y no una enceradora eléctrica de última generación,
porque si no me estarían velando en el bar de la esquina.
Yo no soy ella.
- Yo sé que no. - Ah.
Obvio que no. ¿Mmm?
Porque a la Mari, mi Marita,
la tienen en la cárcel pagando por el peor de los crímenes.
Ser artista y ser mujer.
[continúa música jazz]
¿Nos tomamos un pichuncho?
Mi Marita siempre me decía
que no le gustaba que llegara tan borracho a mi casa.
Por eso me dio esta llave.
[lanza risita] Mi Mari.
Me cuida incluso desde la cárcel.
¿Tú también estabas muy borracha como para volver a tu casa?
No, no.
Yo soy su prima. De Serena.
Ah, mira.
¿Cómo te llamas?
Dominga.
Mmm. ¿Y qué estás haciendo en el departamento de tu prima?
Ordenando, limpiando.
Que no se junte tierra.
Ah, mira.
Venir desde La Serena a limpiar.
En bata, curioso.
- ¿Me está interrogando? - [ríe]
¡Eres desconfiada!
Me gusta.
Dominga.
[música jazz finaliza]
- Matar por amor no es un crimen. - Ajá.
Menos mal nunca nadie me ha amado de esa forma.
O sea, mató por amor, pero no al hombre.
Fue amor al arte.
No fue un homicidio, fue un homenaje.
Fue una cita literaria.
En enero del 41.
La mejor novelista que ha parido nuestra nación.
- Mistral. - No.
Novelista, no poetisa.
María Luisa Bombal agarró una pistola
y le disparó a su amante.
¿Sabes dónde fue?
Ah, ah.
Aquí, en el brazo.
Pero lo importante es que fue en el mismísimo…
Hotel Crillón.
Ah, ¿sabía?
- No, se me ocurrió. - Mmm.
O sea, esta mujer se va a ir presa por un crimen que ni siquiera inventó.
[ríe] ¿Cómo es posible?
No seas tan filistea, mujer.
A ver, mira.
El arte de hoy se inspira en el arte de ayer.
La cita es tan directa que incluso le va a copiar a la Bombal el desenlace.
O sea, el indulto.
¿Qué indulto?
¿Cómo? A la Bombal la indultaron, pues.
¿No llegan las noticias a La Serena?
[ríe] Sí, llegan.
Pero la Bombal es la mejor novelista que tiene esta nación.
¿Quién va a querer indultar a la Silva?
- El presidente… - [ríe]
…cuando escuche la voz de un angelito.
No de La Serena, por supuesto, pero de Vicuña, que está cerca.
[suena "El merecumbé" de Orquesta Huambaly en tocadiscos]
Qué lindo es, ¿eh?
¿Lindo?
Se lo regalé a Mari.
- No, no. Es mío. - Sí, Dominga.
- Sí, no. Yo… - Es mío.
Dominga, tú no tienes cara de Dominga.
Dominique puede ser, pero ¿Dominga? No.
¿Y te cuento algo?
La Mari no tiene parientes en La Serena.
Pero no te preocupes.
Esta casa es como una embajada.
Tiene asilo para mucha gente.
[continúa "El merecumbé" en tocadiscos]
Yo me llamo René.
¿Cómo te llamas tú? Pero de verdad.
Mercedes.
Eso sí. [ríe suavemente]
Mercedes sí.
Mercedes.
Perdona.
Ya, no te preocupes.
Mañana se me va a olvidar todo.
Soy un poeta con pésima memoria, por eso no he llegado a ninguna parte.
Mercedes…
no importa que no seas su prima.
Porque estamos aburridos de ser quienes somos,
necesitamos un lugar donde podamos ser nadie.
¿Qué pasó?
♪ Te vas ♪
♪ y yo sé que vas a volver, ♪
♪ porque ♪
♪ a ti te gusta el merecumbé. ♪
♪ Te vas ♪
♪ y yo sé que vas a volver, ♪
♪ porque ♪
♪ a ti te gusta el merecumbé. ♪
♪ Me dicen: "Qué buen mozo", y yo no sé por qué. ♪
♪ Será el merecumbé, que yo bailo sabroso. ♪
♪ Tú me dices: "Negrito lindo, te lo ruego, no me abandones. ♪
♪ Si me dejas, no sé qué haré ♪
♪ si no dejo el merecumbé". ♪
♪ Tú me dices: "Negrito lindo, te lo ruego, no me abandones. ♪
♪ Si me dejas, no sé qué haré ♪
♪ si no dejo el merecumbé". ♪
[música cesa]
- [bocina de tren a lo lejos] - [tictac de reloj]
[exhala profundo]
[voces de vecinos amortiguadas]
[bocinas del tráfico a lo lejos]
[martilleo incesante a la distancia]
- [repiqueteo de goteras] - [voces de vecinos]
¿Hay té?
No, pero te puedes preparar más.
[Mercedes] Mmm.
Ángela confirmó.
¿Y dónde se van a quedar?
Acá con nosotros.
No cabemos.
- [continúa martilleo] - [gritos de vecinos]
- [Efraín] Mercedes. - ¿Mmm?
¿Llegaste con olor a trago anoche?
No, no llegué con olor a trago.
Te sentí olor a pisco.
- Qué extraño, no tomé pisco. - [timbre]
Viene una clienta con su hijo.
[bebé llora a la distancia]
- [continúa llanto de bebé] - [vocerío distante]
No, no. Mierda.
Las cabecitas un poquito más juntitas.
Ahí, siempre mirando aquí.
- [mujer] Sonrisa, mi amor. - Eso.
[Gaspar] Nos vemos, papá.
Nos vemos.
[Efraín] Que les vaya bien.
Yo también tengo dos niños.
Ah, mire.
Vamos a tener que hacernos las dijes con nuestras nueras.
Si no, nadie nos cuidará cuando seamos viejas.
- Claro. - [continúa llanto de bebé]
Sonría, mi amor.
[mozo] Hay cazuela y mechada.
Mechada.
- Cazuela para todos, por favor. - [mozo] Cómo no.
[todos] Gracias.
Bienvenido.
¿Qué le pasa, Mercedita?
Nada, estoy viendo si hay alguna entrada nueva.
Pero si encargué cazuela para todos.
- ¿Qué, está haciendo régimen especial? - La noto un poquito más flaca.
- [Aliro] Quizás el vestido nuevo. - No sé si se fijaron, pero…
Me tengo que ir.
¿Y su cazuela?
Me comeré algo a la pasada.
¿Desde cuándo se bota la comida en este país?
- No la boten. - ¿Le llevamos una vianda?
Cómetela tú.
[Aliro] ¿Qué le pasa a Mercedes?
Ay, no, Montero.
[Mercedes a lo lejos] Montero, no, no.
Me va a sacar canas verdes este hombre.
- Señor juez. - Lo siento, señor Montero.
Con el actuario estamos a punto de irnos.
A la familia Pumarino le llegaron rumores
de que la imputada está a cuerpo de rey en el Buen Pastor.
Celda privada, baño personal, hasta servicio de lavandería.
Parece un hotel 5 estrellas, caballero.
El Buen Pastor no es ningún hotel 5 estrellas.
Es una institución dirigida por las monjas.
- De todas maneras… - ¿Sabe qué? Ya, se acabó.
Se acabó. Se acabó.
Yo voy a tener que volver a la oficina
a terminar unos trámites pendientes.
Y si usted alguna vez me ve almorzando,
me va a dejar almorzar en paz.
Sí, señor.
Permiso.
Le dije, pero se me escapó.
- Mercedes. - ¿Sí?
Usted mañana va a ir al Buen Pastor
y va a ver en qué condiciones vive esta fulana,
y después nos dice.
Sí, jefe.
[diálogos indistintos de chicos]
[Samuel] Voy a ganar.
Hola.
[chicos] Hola, mamá.
Me atrasé.
No nos dimos cuenta.
[Gaspar] ¡Bah!
¡Qué elegante la jueza!
[Samuel] Nos morimos de hambre, mamá.
[Mercedes] Voy.
[vocerío de vecinos]
- Te toca, papá. - Pa.
[Gaspar] ¡Juega rápido!
[Gaspar] Pásame otra aquí abajo.
[Efraín] ¿Cómo te fue en el tribunal hoy?
[Mercedes] Mmm.
Me fue bien.
Estuvo ajetreado.
¿Nada fuera de lo normal?
[Mercedes] No.
Gracias a Dios.
[llanto de bebé a la distancia]
¿Qué estás haciendo con esa cámara?
Me pidieron que fuera a sacar unas fotografías al Buen Pastor.
¿Por qué tienes que ir tú a sacar fotos? ¿No puede ir alguien del tribunal?
Yo soy alguien del tribunal.
¿Vas a ver a la loca del Crillón?
No me parece que sea loca.
Yo creo que se hace.
[Gaspar] Qué injusto. Si ella la puede sacar, nosotros también.
Esta cámara era de mi papá.
Pero todas las cámaras eran del papá…
Pero esta me la regaló a mí.
Esta cámara es mía.
El rollo que tiene es para 12 fotos, para que lleves la cuenta.
- Y tienes que hacer una… - Gracias, Efraín.
[traqueteo de cámara]
[música intrigante suave]
[zumbido mecánico]
[campanadas acompasadas]
- [Mercedes] Hola. - Señorita, ¿cómo está?
Buenas tardes. Vengo a visitar a Georgina Silva Jiménez.
Ahí está la orden y la sentencia.
[diálogos indistintos]
Patroncita, ¿es una cámara?
¿Usted me podría tomar una foto?
Claro.
- Clic. - Gracias.
¿Usted es periodista?
No.
Yo trabajo en tribunales.
Ah, eso es lo que yo busco,
alguien que trabaje en tribunales para que me ayude.
Yo no la puedo ayudar, eso lo hacen los abogados.
Ah.
Pero yo no tengo abogado.
A ver, dícteme su nombre.
Rosa…
Janequeo Saavedra.
¿Y por qué está acá? ¿Qué hizo?
Maté a mi yerno.
Lo degollé como a un perro.
No se asuste.
Yo no soy gente mala.
Había que hacerlo porque él era muy malo con mi hija.
La pateaba como quien patea un burro en el suelo,
y estando embarazada.
¿Y ella está bien ahora?
Ahora está muy bien. Ella y el cabro chico duermen tranquilos.
Estamos a salvo.
Y yo estoy feliz aquí, duermo tranquilamente.
¿Y la vienen a visitar?
Todos los domingos, llueva o truene.
Qué bueno. Me alegra.
[mujer] Señorita.
Sígame, por favor.
- Gracias. - Chau.
- Hasta luego. - Hasta luego, señorita.
Que tenga buen día.
- Que le vaya bien. - Ya.
Adelante, por favor.
- ¿Esa? - Sí.
- Gracias. - De nada.
[repiqueteo de máquina de escribir]
Permiso.
[María Carolina] Pase.
[máquina de escribir continúa]
Buenos días.
Buenos días.
Soy Mercedes Arévalo, nos conocimos en el juzgado.
La señorita de los cigarros.
No le voy a quitar mucho tiempo. Vine a tomar fotografías de su celda.
Vamos a complementar el informe del Servicio Médico Legal.
En este caso, tomando fotografías del estado de su reclusión, ¿sí?
No hacía falta traer la cámara.
Se lo resumo.
Las noches son silenciosas.
Apenas interrumpe el sueño el vigilante que hace la ronda nocturna.
Él pasa…
y la quietud cae otra vez sobre los pabellones.
Los días, en cambio,
son de palabras sueltas,
carcajadas,
herejías.
Voy a comenzar. Permiso.
[música melancólica suave]
¿Es el diario de su reclusión?
¿Lo puedo leer?
Leí a Bombal.
¿Ah, sí?
Tienen harto en común usted y la Bombal.
¿Puedo?
[clic de obturador]
¿Y por qué lo hizo?
[continúa música melancólica]
Todos quieren saber por qué lo mató.
Yo estoy aquí por mis acciones. Lo que diga sobre ellas no importa.
Uno aprende a construir su libertad.
[charlas de reclusas afuera]
[continúa música melancólica]
[reclusas charlan animadamente]
[diálogos indistintos]
[clic de obturador]
[continúa música melancólica]
[música finaliza]
[Ángela] La zarzamora, el caracol…
[diálogos indistintos de comensales]
Buena tierra, el campo seguía para allá.
La parte de atrás era del finado José Dolores.
¿Se murió José Dolores?
- ¿De qué murió ese hombre? - [Ángela] Se murió de viejo.
[hombre] ¿Cuánto animal tenía ahí? Tendría harto chancho.
[ríen y hablan al unísono]
[Efraín] Acá los dos quieren irse conmigo para el campo.
¡Ay!
[hombre] Brindo por mi cuñado,
acá desde su cocina.
Santiago es harto embromado, ¡y viven como gallinas!
- ¡Oh! - [todos ríen]
- ¡Y sin respeto, oiga! - [ríen]
[Ángela] Discúlpelo, hermano mío,
es que lo extraña y lo llora.
En el campo tienen un tío que los espera y los adora.
[todos exclaman enternecidos]
[hombre] Sí, es verdad. Es verdad, cuñado.
[inhala temblorosa]
- [hombre] Ya, vamos a ver los regalitos. - [Ángela] Buena idea.
[Ángela] ¡Chiquillos, vengan! Van a abrir los regalos.
[diálogos indistintos]
- [hombre] Con harto cariño. - No era necesario.
¡Guau!
Oh.
- ¡Aguardiente! - Esa es pura, ¿eh?
Probémoslo.
- [hombre 2] Un último regalo. - Ah.
Para estar informado, ¿eh? [ríe]
[ríe] No. No, aquí, aquí.
"Estudio fotográfico García Arévalo.
Matrimonios, primeras comuniones, quinceañeros, bautismos".
¡Nos vamos a hacer famosos! [ríe]
- Felicitaciones, cuñadito. - Te pasaste.
- Mira, "García…". - Mire.
Te tengo una sorpresa, Mechi. Cierra los ojos.
Que no mire.
- ¿Qué? ¿Qué será? - [Ángela] Mechita, tápate los ojos.
[zumbido de motor]
Oh. ¡Ahí está! Mira.
[todos exclaman]
[Efraín] ¡La arreglé!
Esta tiene un motor americano.
- ¿La conocen? - [Ángela] Nunca la había probado, a ver.
- [zumbido continúa] - [diálogos indistintos]
[hombre] Le tengo miedo a la corriente.
Qué bien se pasa cuando uno está en familia, ¿cierto?
No hay para qué andar llegando tan tarde a la casa todos los días.
- [solloza] - [Efraín] Ey, ey.
No hay que emocionarse.
Hay que estar.
Hay que saber estar.
[se sorbe la nariz]
[Ángela] ¡Ya la dominé!
[diálogos indistintos]
[trueno]
[continúa trueno a la distancia]
[respira temblorosa]
[retumbo de trueno]
[música etérea]
[tictac de reloj]
[tictac se intensifica]
[truenos retumban]
[golpean la puerta]
[golpes]
[Efraín] Meche.
Soy yo.
¿Qué es este lugar, Meche?
Es un departamento que me conseguí.
Es por un tiempo.
Ábreme.
Por favor.
[música dramática suave]
¿Y esto?
¿De quién es?
Dame.
¿Te volviste loca?
¿Esta señora sabe que tú estás acá? ¿Sabe?
¿Eh?
Esta señora está en la cárcel.
Es como una especie de acuerdo.
Yo riego las plantas,
ventilo,
ordeno un poco.
Estás ocupando el…
el lugar de otra persona.
De una asesina.
Estás oc…
Estás ocupando sus cosas, hasta la ropa de ella.
[continúa música dramática]
Meche, yo…
Meche, yo podría entender si te enamoras de otra persona…
- No, no… - Pero ¿esto? ¿Qué es esto?
- Meche, ¿qué es esto? - Es lo contrario.
¿Qué?
Es la tranquilidad.
¿Qué tranquilidad? ¿De qué?
[trueno]
Hay mucho ruido.
Todo el tiempo.
Quizás yo soy muy débil y no aguanto.
Ustedes pueden.
Ustedes lo hacen.
Pero yo me cansé.
[continúa música dramática]
[música se torna contemplativa]
[tintineo etéreo]
[continúa música contemplativa]
- [música se desvanece] - [ronquidos estridentes]
[ronquidos continúan]
[se acercan pasos]
¿Qué estás haciendo, Meche?
Estoy limpiando la alfombra porque tiene barro.
Pero ni siquiera es tu alfombra.
Es que si no la saco ahora, mañana esto va a pegarse.
- Basta. - No van a salir.
Mercedes.
Tú no vas a volver mañana acá.
Meche.
Vístete y vámonos a nuestra casa. Esta no es la tuya.
Meche.
[pasos de Efraín se acercan]
[puerta se cierra]
[música jazz intrigante]
"Toda la culpa de un delito consumado con su hombre.
Largos años de cárcel.
Como consecuencia, el hombre buscó a otra".
- Oye, no escribe mal. - No.
Nos van a comer vivos.
Claro.
Esta tipa no habla con nadie,
pero escribe un libro.
Cuando todos la quieren colgar en la plaza de armas.
No.
Se acabó.
Yo tengo que dictar sentencia.
[bullicio afuera]
[Aliro] "En Santiago, el 11 de julio de 1956,
considerando el artículo 391 número 2 del Código Penal,
corresponde sancionar como autora de homicidio
a Georgina Silva Jiménez,
condenada a pena de 541 días de presidio menor en el grado máximo,
como autora del homicidio de Roberto Pumarino Valenzuela,
cometido el 14 de abril de 1955".
Por favor, esto es un abuso.
[música de tensión]
Archive esto.
Sí, señor juez.
- [reportero 1] ¡Georgina! - [reportero 2] ¿Qué dice el juez?
[vocerío frenético]
[música emotiva suave]
[clic de obturador]
[clic de obturador]
[continúa música emotiva]
[clic de obturador]
[clic]
[zumbido mecánico]
[música emotiva se intensifica]
- Buenos días. - Buenos días.
- ¿Cómo le va? - Bien, ¿y a usted?
Bien. Que le vaya bien.
[música se desvanece]
¿Quién?
¿Aló?
¿Aló?
Permiso.
- ¿Don Aliro? - ¿Mmm?
Llamaron del Club de la Unión.
Alguien lo espera en el bar. No dijo quién.
¿Alguien? ¿En el bar?
Mmm.
¿Le pido un favor, Mercedita?
Vaya a rescatarme en una hora más.
Bueno.
Ojalá me dejen entrar.
Hasta luego, don Tito.
Vamos, Mercedita.
Bien extraño este lugar.
A mí no me dejan entrar y a usted no lo dejan salir.
Te invito a almorzar al Don Pepe.
Pensé que usted almorzaba en el club.
Ojalá, Mercedita.
Era una emboscada presidencial, Mercedita.
- ¿El presidente lo retó por algo? - No. No.
Más bien tuvo la delicadeza de avisarme.
¿Qué cosa?
Que iba a quedar como un huevón.
¿Por qué va a quedar como un huevón, don Aliro?
Mercedita… un juez es la boca de la ley.
Pero, a veces, aparecen personas a las cuales la ley no aplica.
Entonces, todo lo que dijo el juez fue en vano.
Y la justicia… queda muda.
[locutor] Interrumpimos nuestra programación
para darles una noticia de último minuto.
El primer mandatario, Carlos Ibáñez del Campo,
ha concedido un indulto presidencial
a la escritora María Carolina Geel.
La decisión se produce tras una intensa campaña de apoyo
liderada por la célebre poeta Gabriela Mistral,
que le envió una carta al presidente solicitando…
[retumbo con eco]
[tintineo etéreo]
[continúa tintineo etéreo]
[música melancólica suave]
[clic de obturador]
[clic]
[continúa música melancólica]
[música cesa]
[música jazz suave]
[diálogos indistintos]
[continúa música jazz]
[diálogos indistintos]
[continúa música jazz suave]
[continúa música jazz]
[música finaliza]
[música jazz animada]
[música finaliza]
[música jazz intrigante]
[música finaliza]
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