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CALLE MARGANIT 31
Contesta.
Hola, llamo de la compañía de seguridad. La alarma de su casa se disparó.
- ¿Con quién estoy hablando? - Yael Danon.
Buenas noches, Sra. Danon. Necesito me diga su contraseña.
¿Sra. Danon?
- Eureka. - Gracias, que tenga buenas noches.
Lo siento, nuestro perro, Messi, debe haber activado la alarma.
Haré que lo entren a casa. Gracias.
42, aquí cuartel central. ¿Me copias?
42, te copio. ¿Por qué me hablas tan oficialmente, Sigali?
Pasa por el 31 de la calle Marganit y asegúrate de que esté todo bien.
- ¿Qué pasó? - Alarma silenciosa.
- ¿Y? - Nos dieron la contraseña.
¿Cuál es el problema entonces?
Dijo que su perro se llama Messi pero aquí dice "Ronaldo".
Obvio. Messi es mucho mejor que Ronaldo.
- ¡Qué gracioso, Eitan! - Está bien, estoy en camino.
Quiero las cosas en el cuarto de la chica en cinco minutos.
- Seguro. - Y luego, hazlo.
Estoy en el 31 de la calle Marganit.
Abre la puerta. No digas nada.
Buenas noches. ¿La Sra. Danon?
Recibimos una llamada. ¿Todo bien?
Sí, todo está bien.
- ¿Qué es eso? - Esto te pertenece, Yael.
¿Lo entiendes? Estamos en todos lados y sabemos todo acerca de ti.
Métetelo en la cabeza, por el bien de tu familia.
Ahora que nos entendemos...
podemos seguir adelante.
Debo ir al baño.
Assaf.
Ya salgo.
¿Qué sucede allí dentro?
¿Qué estás haciendo?
- Aléjate de mí. - Está bien, cálmate.
Quiero hablar con tu jefe.
Ya está bien, tranquila. Puedes hablar conmigo.
Soy muy buena en mi trabajo. Si corto, lo hago con mucha precisión.
Y entonces todos sus planes se irán por el fregadero.
Quiero hablar con él ahora.
Espera aquí y no hagas nada apresurado, ¿entendido?
- ¿Me buscabas? - Quiero hablar.
Baja esa cosa primero. Podrías lastimarte.
Deja ir a los niños.
Lo siento, pero no puedo hacerlo.
Son solo niños. ¿Acaso no tienes corazón?
Te prometo que si haces lo que te digo,
no les haremos daño.
Tráelo aquí.
Tienes diez segundos para bajar ese vidrio...
antes de que le dispare en la cabeza.
- Yael. - Nueve, ocho...
Yael, esto no es un juego.
Siete, seis, cinco...
Yael, haz lo que te dice.
Cuatro, tres, dos, uno.
¿Qué es lo que quieren de ti?
- Quieren que lo mate. - ¿A quién?
Al primer ministro.
Su cuerpo reaccionará cinco minutos después de que ingrese a su sangre.
Cuando eso ocurra, seguirás adelante con el procedimiento normalmente.
En unos pocos minutos, sus sistemas colapsarán,
y tendrás que declararlo muerto.
¿Cuál es la sustancia?
Digamos que no se consigue en las farmacias.
No deja rastro alguno ni se detecta en las autopsias.
Solo hacen falta...
un par de gotas en tu bisturí.
¿Y luego, qué?
ANALGÉSICO
¿Luego? Será solo otra operación que salió mal.
Si sigues el protocolo habitual, nadie te hará responsable.
Protocolo.
¿Sabes qué pasará cuando el primer ministro tenga convulsiones?
Me estás pidiendo que arruine mi vida.
Piénsalo de esta manera.
No estás matando al primer ministro,
estás salvando a tu familia.
Y una cosa más, Yael.
De ahora en más,
nunca estarás sola.
¿Qué es lo que quieren?
Dinero, probablemente.
Ni modo. ¿Todo esto por dinero?
- Como si nadáramos en billetes... - ¿Qué es lo que quieres de mí, Assaf?
Iré al hospital. Luego volveré y todo estará bien.
- ¿Quiénes son estas personas? - ¿Qué es lo que quieren?
Noa, tenemos que ayudar a mamá.
Tenemos que ser fuertes y esperar.
- Mamá... - Está bien. Volveré, cariño.
Cada llamada que hagas aparecerá en mi pantalla.
¿Está claro?
No olvides lo que realmente importa en la vida.
No sé por qué haces esto.
Pero te prometo algo.
Si algo les ocurre a mis hijos,
lamentarás el día que entraste a esta casa.
Está en tus manos.
- Siéntate, Assaf. - Debo estirar las piernas un poco.
Dígame cuán lejos puedo ir. Necesito caminar un poco.
Te dije que te sentaras.
Tengo la impresión de que tú no das las órdenes aquí.
¿Qué dijiste?
¿Hasta la mesa y vuelvo? Es todo lo que necesito.
- Si no te sientas... - Deja al muchacho tranquilo.
¿Qué?
Deja al muchacho tranquilo.
Adelante. Hasta la mesa y vuelves.
No le quites la vista de encima. No debemos subestimarla.
- Buenos días, Dra. Danon. - Buenos días.
¿Durmió bien?
¿Por qué conservan estas máquinas?
Este café turbio no parece ser muy saludable.
No. Parte de nuestra política es deshacernos de cualquiera que camine.
Le aseguro que funciona.
- ¿Oncología está en el segundo piso? - ¿A o B?
- A. - Sí.
Soy nueva aquí.
Ya pasaron dos semanas, pero aún me confundo.
Ya se acostumbrará.
- Doctora, ¿se siente bien? - Sí, es solo que...
Cuando me concentro en una cirugía, pierdo la paciencia.
Entonces me mantendré callado.
- Él está en buenas manos. - Estoy más tranquilo que de costumbre.
Él es su responsabilidad ahora.
No recuerdo cuándo fue la última vez que eso pasó.
- Lamento que deba pasar por esto. - Está bien.
- Buenos días, Dra. Danon. - Buenos días.
Adelante, por favor.
Regrese, por favor.
Vacíe sus bolsillos. Monedas, joyas...
Adelante.
Levante los brazos, por favor.
¿Me permite? Me duele la cabeza.
Nuestro café está surtiendo efecto.
- ¿Cómo va todo? - ¿Qué haces aquí?
Dos adolescentes y un profesor, ¿qué pueden hacer?
Pase lo que pase, nunca los dejes solos.
Regresa a tu posición.
Sí, señor.
Ese sujeto me aterra.
Por eso lo contratamos.
Buenos días, doctora. Ilana, de la oficina del primer ministro. Estamos listos.
- Buena suerte, doctora. - Gracias.
Arriba, debes hacer una llamada.
No quiero sorpresas.
Tercer grado. Un momento, por favor.
No me importa que sean ateos, estudiarán la Biblia.
Su madre la ve como ciencia ficción.
Que intente convencer a Aaron de que Dios no existe.
- ¿Sí? - Hola, Nurit, habla Eyal.
Eyal, ¿dónde estás?
Hoy no iré a trabajar, estoy enfermo.
¿Enfermo? La sala de profesores parece una sala de emergencias.
Anoche me contagié un virus. Estoy en cama, y Assaf también.
- ¿Le avisas a Liora? - Que te mejores.
Peleg, ¿qué haces ahí afuera? ¿Acaso no oíste la campana?
- Bebe mucho té y descansa. - Gracias.
Eres un profesional.
Se nota que no es tu primera vez.
- Shlomi, ella es la jefa de cirujanos. - Gusto en conocerla. Su bolso, por favor.
Gracias.
- Bien, buena suerte. - Gracias.
Señor primer ministro.
Buenos días. Puede llamarme Shmuel.
- ¿Cómo se siente esta mañana? - Ya me siento mejor.
Ahora puedo ponerle una cara al nombre.
De hecho, es usted tal cual me la imaginaba.
Yael Danon.
- ¿Empezamos con la revisión? - Adelante.
- ¿Qué está haciendo aquí? - Supongo que vino por sus herramientas.
Danon, ¿estás en casa?
¡Danon! ¡Abre, idiota!
Danon, abre la puerta. No juegues conmigo y abre la puerta.
Les contaré a todos que me rechazaron tus cheques.
Abre antes de que te haga quedar como un idiota.
Maldición.
Eran.
¿Estás jugando conmigo?
¿Qué pasa? Te ves muy mal.
Estoy enfermo. ¿Por qué gritas tanto?
¿Por qué crees? ¿Cuántas veces más vas a mentirme?
Tuve un problema de fondos, pero ya lo solucioné.
Eran, ¿alguna vez te fastidié?
- Conseguiré tu dinero. - Ya basta de mentiras.
Pagué por el jardín de tu esposa con dinero de mi bolsillo.
¡Yo manejo un negocio y tú me estás arruinando!
Tranquilo, no es un buen momento.
Te prometo que te daré tu dinero, solo que no será hoy.
Ya te lo dije, quiero mi dinero ahora.
- ¿Por qué no me escuchas? - ¡Ahora!
¿Cómo puedes ser tan testarudo?
- No me iré hasta que me pagues. - ¿Qué quieres que haga? ¿Que robe?
Roba, mata, no me importa. Solo dame mi dinero.
No esté nerviosa, Yael.
Sé que hará un gran trabajo en lo que es la mejor.
Por eso la elegí.
- La estás avergonzando. - ¿Por qué? Es la mejor.
¿Tiene hijos, doctora?
De 15 y 17.
Esta es de Yael, es una cuenta separada.
Falsifiqué su firma.
Pasará sin problemas.
Sea como sea, en algún momento, deberé lidiar con ella.
- Pensé que éramos amigos. - Un amigo nunca estafa a otro.
Esto dice calle Rabbi Kook 14.
Cerró hace un año, ahora hay una tienda de ropa, ¡hijo de perra!
¡Ven aquí! ¡Me estafaste!
Tranquilo.
Su examen de sangre dio perfecto,
así que lo llevarán al quirófano en media hora...
y lo veré ahí.
Yael...
Perdona si soy molesta,
pero es un procedimiento de rutina, ¿verdad?
Es muy sencillo. Lo he hecho docenas de veces.
Eso es exactamente lo que dijo el Dr. Eldar, pero...
él siempre dice lo que Shmulik quiere escuchar.
Fueron compañeros en las fuerzas especiales.
De no ser por eso, lo habría hecho reemplazar hace mucho tiempo.
Estoy segura de que el Dr. Eldar quiere lo mejor para el primer ministro.
Por supuesto.
Como sea, me aseguré de que tomara todas sus píldoras esta semana.
Tiene suerte de tener una esposa que se preocupe. Estará bien.
- ¿Invitaste a todo el vecindario? - Cierra la boca y camina.
¿Estás enfadado porque mi hermano te hizo quedar como un tonto?
¿Qué estás haciendo?
Oye, oye... ¿Estás bien?
¿Qué diablos te pasa?
Guarda ese cuchillo.
¿Dónde está?
- Ese Alex está loco. - Encuéntrala.
¿Ya lo has visto?
- ¿Sigues hablando de eso? - De hecho, sí.
- Tenías razón. - Lo sabía.
¿Razón acerca de qué?
Ella cree que el primer ministro tiene implantes capilares.
Obviamente.
¿Me permites?
Relájate, está todo numerado.
Es para mi tranquilidad.
Estaba con él hace solo un segundo.
La recepción de la guardia es mucho más interesante que el anciano.
Lamento haberlo averiguado.
No se puede confiar en un primer ministro que se avergüenza de su calvicie.
Estás exagerando, pero se lo haré saber.
Adiós, chicas. Nos vemos abajo.
Prueba con la entrada al quirófano.
¿Qué pasa?
Netzer. Presión arterial en ascenso, ritmo cardíaco acelerado.
¿Qué? Acabo de verlo.
Le haremos otro examen de sangre. No sé qué está pasando.
Creo que tenemos un problema.
Dame un reporte de situación. ¡Ahora!
Debo suspender la cirugía planificada para el primer ministro.
La cirugía está cancelada.
Vengan, vengan.
Hasta que averigüemos qué ocurre, no hablen con nadie.
Si somos responsables de este fiasco, quiero saberlo.
Ven conmigo, Bentzur.
¿Qué está pasando?
- Cancelaron la cirugía. - ¿Qué?
La cancelaron.
Muéstrame adónde estuvo.
Paso a paso.
Comienza con el quirófano.
Adelante. Ve a los pasillos.
Pasa a la enfermería.
- ¡Maldición! - ¿Qué?
Su mano.
- Dra. Danon, ¿se acuerda de mí? - Ahora no.
Assaf le envía saludos.
Creo que debería hablar conmigo.
Parece que no le importa su familia.
Quiero que me diga qué está pasando.
- La cirugía se canceló. - Eso ya lo sabemos.
¿Cómo está Netzer?
Le están haciendo pruebas. No saben.
Ahora, tome sus cosas...
y vuelva a casa.
No más errores, doctora.
¡Siéntate!
Estoy muy decepcionado, Yael.
Creo que no fui lo bastante claro.
Sé que ahora me entenderás.
La próxima bala será para alguno de tus hijos.
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