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Original subtitles

¿Qué estáis fumando?

¿Estáis de coña? Apagadlo.

No es momento.

-¿Tú también has fumado? Mírame. -Dos caladas.

-¿Estás loco? -¡Eh, para!

¿Qué os pasa?

Ven aquí.

Ven.

Cuando entremos, Kiki...

-Tú te quedarás junto al coche. -Pero ¿qué dices?

Escucha, es muy importante, ¿vale?

Te quedarás junto al coche. Sin defensa, no hay victoria.

¿Y me quedo aquí parado como un idiota? Ni de coña.

-Voy a liarme a hostias... -¡Harás lo que yo diga! ¡Lo que yo diga!

-¿Vale? -Sí.

No te muevas.

Para de una vez.

Para.

-¡Que pares, joder! -¡Que te den!

¡Ven aquí, hijo de puta!

¡Oye, me estás insultando a mí!

¡Dejad de correr por la casa, joder! ¡Ya basta!

-¡Que paréis de una puta vez! -¡Dejad de gritar!

-¿Qué cojones has hecho? -¡Estoy harto de él!

¡Te voy a matar!

-¡Daniel! -Tranquila.

Déjalo ya.

-¡Abre! -Solo si prometes no pegarme.

¡No voy a prometer nada! ¡Abre!

Cálmate, cariño.

-¡Estoy haciendo los deberes, joder! -¡Callaos!

Oye, ya basta.

Vale, venga.

¡Clotaire me está cabreando!

¿Tienes que romperlo todo?

-La salsa está muy buena. -Sí.

-Come un poco. -No.

-Come tú solo. -¿Quieres la mía?

-Ya he comido. -Un par de cucharadas más, venga.

-¿Sabes qué dice Stéphanie? -¿Quién es Stéphanie?

Su padre es el tipo grande y calvo.

Dice que tienes muchos hijos para cobrar las ayudas.

Pues dile a esa imbécil...

Oye, cuida ese lenguaje.

Dile a tu amiguita

que nuestros hijos son fruto del amor.

Vaya, vaya. Fruto del amor...

Cierra el pico. Y termina lo que estás haciendo.

-Sí, cállate. -Tú no te metas.

-Cállate. -Que no te metas.

Mirad, la jirafa se ha quedado atrapada.

¿Qué miras?

El charco. Es bonito.

Lo bonito no sirve de nada.

Créeme, en la vida, si nada te gusta, nada te decepciona.

-Perdona, ¿te he hecho daño? -Sí, papá.

No uses el peine. Mamá usaba el cepillo.

El cepillo, sí.

-¿Es este? -Sí.

Vale.

-¿Qué tal? ¿Te gusta? -Sí.

-¿Descongelo una pizza? -Sí.

Trae, dame el plato.

Caminas con Juliet junto al mar

con tus cuatro alas rojas a la espalda.

Cantas Alice de Lewis Carroll

en una cinta magnética que se vuelve loca.

Mamá, vamos a recoger margaritas

en el país de las maravillas de Juliet.

-¿Dos por tres? -Seis.

-¿Cinco más seis? -Once.

-Vale, y ahora: seis por cinco. -Treinta.

Jacqueline, dime si funciona ahora.

-No funciona. -Mierda. ¿Por qué narices no funciona?

-No funciona ni un poco. -Sí, vale. Ya te he oído.

-Pero ni un poco. -¡Ya te he oído!

Siéntate aquí si quieres.

Por tu estilo, diría que eres nueva.

¿Eres del barrio pijo?

No, estaba en un cole privado. Es por eso.

Era un colegio religioso. No podía más.

-La escuela debería ser pública, laica... -Te echaron.

Sí.

¿Por qué?

Por insolente.

Joder, siguen ahí.

-¿Quiénes son? -Clotaire y su pandilla de inútiles.

¡Zanahorio, te arde el pelo!

-¿Lo has metido en óxido o qué? -¡Que te follen, mago loco!

-¿Y tú se la has chupado a un vampiro? -¿Ha estado de vacaciones en la cueva?

Eres tan pequeña que pareces una hormiga.

¡Ahí sale Bertha la Grande!

-Te gusta la comida del comedor, ¿eh? -Ha venido con su abuela.

¿Has comprado esa chaqueta en la Edad Media?

-¡Casi no cabes por la puerta! -¡Eh, viejales!

¿Vas a misa? ¿A pedirle a Dios que mejore tu estilo?

¿Me hablas a mí?

Te he hecho una pregunta. ¿Me hablas a mí?

-¿Qué te pasa? Cálmate. -¿Que me calme?

A ver, imbécil, antes de pedirme que me calme,

piensa por qué estoy molesta, idiota.

-¿Idiota? ¿Me has llamado idiota a mí? -Sí.

Y si no entiendes por qué te lo llamo eres más tonto de lo pensaba.

¿Quién te has creído, bocazas?

Una tía a la que no se le insulta. Nunca.

-¿Te queda claro? -Porque ¿idiota no es un insulto?

No, no era un insulto, sino un hecho.

-¿Conoces la diferencia? -Sí, claro.

Los hechos hay que probarlos. Pero no dejaré que me pruebes.

¿Qué?

Lo que acabas de decir es penoso.

-Venga, lárgate. -Me iré cuando yo quiera.

¿Y ahora no quieres?

-Jacqueline, ¿nos vamos? -¿Jacqueline?

¿Aún queda gente viva que se llama Jacqueline?

Muy gracioso.

-¿Y tú cómo te llamas, idiota? -Clotaire, ya que preguntas.

Se ríe de mí y él se llama Clotaire.

Yo te llamaré Jackie.

Pues yo no te llamaré nunca.

-¡Tocado y hundido! -¡Callaos de una vez!

REPARACIONES

PELUQUERÍA

CARNICERÍA

¿De qué vais?

¡Gamberros!

Estoy reventado.

-Hoy me he tirado a muchas tías. -Pero si llevamos todo el día juntos.

Me refiero a esta mañana.

¡Jackie!

¿Qué quieres?

Toma, para ti. Es un regalo.

¿Por qué?

No sé. Porque sí.

Ya lo tengo. Los tengo todos.

-¿Qué? ¿Todos? -¡Todos!

¿Qué quería?

-Darme un álbum de The Cure. -Quiere ligar contigo.

-No, no creo. -Pues crees mal.

-A Clotaire le gustas. -No.

La perra de Pierre tuvo cachorros ayer.

Me preguntó si queríamos uno.

Imagínate.

Un perro, aquí...

Eso sí, la perra es preciosa.

Pero un perro te esclaviza. Si te vas de vacaciones...

Mierda.

¡Papá!

¡Papá!

¡Es Michael Jackson! ¡Y ahí está el sujetavelas!

Si la cocinamos, podemos alimentar a todo el país.

Esa seguro que bebe sangre.

Adiós.

-¡Joder, es enano! -¡Callaos!

-¿Dónde estabas? -He tardado en vestirme.

He perdido el bus y he hecho autoestop.

Me ha recogido una mujer a la que le apestaba el aliento.

La respiración es la clave.

-¿Es cierto que te regaló un disco? -Sí.

No te emociones, ha tenido ya 15 novias.

-Está con Tara, la peluquera. -Pero si tiene 19 años.

Sí, pero ya folla.

-¿Irás con él a la fiesta? -¿A ti que te importa?

-La nueva no se anda con rodeos. -Eh, idiotas, la nueva tiene nombre.

¿Y cómo te llamas?

Jackie.

¿Habéis follado ya?

Diez veces por lo menos. ¿Qué te crees?

-¿Diez veces? ¿Tú? -Sí, fácilmente.

Vale, pues danos nombres.

No soy un listín telefónico. Como que me acuerdo de todas.

En mi vida le he visto con una tía.

Mira, para empezar, es mi vida privada. Y fue durante el verano, así que cállate.

La última era de Estados Unidos. Iba en patines.

-Nos gustamos, empezamos a hablar... -Hablar dice.

-Pero si no hablas ni papa de inglés. -Lenguaje corporal, tío.

-Estábamos en la playa... -¿En patines por la playa?

Muy bien, pues paso de contarlo. A la mierda.

-Pues yo también he follado. -Nos importa una mierda.

Con mi prima.

¡Su prima!

-¿Con tu prima? -No me jodas.

-¡Con tu prima! -¡Qué asco, joder!

-¿Quieres? -No.

Vale.

-¿Quieres bailar conmigo? -No.

Vale.

-¡Pelea, pelea! -¿Cómo que pelea?

-¡Fuera! ¡Hay pelea! -¡Todo el mundo fuera!

¡Pelea!

Mis padres quieren cambiarme de colegio.

-Es un matón. -Mi hermana está traumatizada.

-Había sangre. Fue horrible. -Me da mucho miedo.

-Y tú vas y le das tu pañuelo. -¿Y qué?

¿No te das cuenta de que está loco?

¿Loco? Eran tres contra uno.

Mirad, es Clotaire.

-¿Y qué pasó con la policía? -No sé, no llegaron a verme.

Era solo una pelea. Somos un país libre.

-Odio la violencia. -No tuve alternativa.

Siempre hay una alternativa.

Venga, vamos. Monta.

-Tengo clase. -Pues no vayas.

Lo que me faltaba.

No hacer nada con mi vida, como tú.

¿En serio? ¿Piensas en el futuro y esas cosas?

-En el mío, sí. -¿Por qué?

-Porque sin un plan, todo es absurdo. -Mi plan es pasar el día contigo.

Yo tengo una presentación sobre Luis XIV.

¿Tu futuro depende de Luis XIV?

-Tengo que irme. -Espera, al menos dame tu número.

No.

-Venga, anda. -No.

-Va. -Vaya nivel de persuasión.

-No tengo. Vivo con mi padre. -¿Y qué?

Colgaré en dos tonos. Sabrás que soy yo. No hablaré con tu viejo.

Odio esa expresión: "tu viejo".

Vale.

-Bueno, nos vemos. -Espera.

¿Dos besos?

464...

¿Quieres postre? ¿Qué tal un flan?

No quedan flanes.

¿Qué haces con los flanes? ¿Traficas con ellos, los vendes o qué?

¿Sí?

-¡Venga, salta, Jackie! ¡Confía en mí! -"Confía en mí" dice. Está enamorado.

¿Puedes tirar el chicle, porfa?

-¿Ya estás aquí? -Sí.

-Ven. -¿Por qué?

Ven aquí.

Mierda.

¿Qué?

-¿Por qué me miras así? -Veo que tienes las mejillas rojas.

He corrido para coger el autobús.

Sí, y dentro del autobús también, por eso siguen rojas, ¿no?

He ido de pie, no había asientos libres.

¿Cómo ha ido el día?

¿Quieres que te diga la verdad?

Te la diré.

La profesora de francés me tiene manía desde que llegué,

porque vengo de un cole privado.

Cuando me preguntó por La Fontaine le dije que era una mierda.

Tranquilo, no dije eso. Dije que era aburrido.

Me dijo: "Si tanto sabes, danos tus argumentos".

Ya dimos a La Fontaine en infantil.

La cigarra, la hormiga, la liebre, la tortuga... Lo pillamos.

Usan animalitos para imponernos su moralidad de mierda.

Es cobarde, mezquino y poco inspirador, ¿no crees?

Has hecho pellas. Hoy no has ido a clase.

-Sí. -Tráeme una cerveza.

¿Estás enfadado?

-Papaíto, no te... -No, eso sí que no.

A partir de ahora, solo dos veces más. No es negociable.

-No hago más pellas. -Eso es.

Y no miento más.

Bien.

Vuelvo a preguntarlo: ¿cómo ha ido el día?

Bien.

¿Cómo se llama?

Clotaire.

Tienes razón sobre La Fontaine.

Hacer pellas no significa que no haya deberes.

-No. -Vale, pues...

-Ya voy. -Eso es.

Y no estoy nada contento.

Vale.

Clotaire...

Menudo nombre de mierda.

El corazón es un músculo hueco que hay en el lado izquierdo de la caja torácica.

En un día normal, el corazón late unas 100 mil veces.

En un año, 3 millones de veces. En una vida, 4 billones de veces.

Por norma general, el ritmo cardiaco de un ser humano es de unos sesenta...

Hola.

Hola.

-Parece que nadie le ha avisado. -¿De qué?

-De la inspección. -¿Qué?

-La inspección alimenticia. Viene el ICF. -¿El ICF?

-Instituto de Comida Francesa. ¿Qué trae? -Osobuco.

No, se dice ossobuco.

-Sí, osobuco. -No. Es ossobuco.

Kiki, los flanes.

-Vale, vámonos. -Es pollo.

-El osobuco es ternera. -No, es pollo, chef.

-Ossobuco. -Ya basta. Deja de tocarme los cojones.

Venga, hasta mañana.

-¿Qué haces tú aquí? -Nada, nada.

Que aproveche, mi amor.

-¿Qué haces ahí? -Pues no tengo ni idea.

Llegué al mercado de París de madrugada.

Mi padre vino a por mí. Condujo tres horas.

Y me dijo: "Esta vez te has pasado".

El muy hijo de puta me mandó a Tarbes a formarme como cadete.

No volví a ver a mi hermano en 10 años.

¿Por qué dejaste el colegio?

Cuando me hablaron de formación profesional y eso,

me largué.

Pero no soy retrasado ni nada.

No es para retrasados.

La formación profesional sirve para acceder al mundo laboral.

Es una gilipollez. Ni de coña. Eso es para idiotas.

La vida está hecha para gente como yo.

Es una pena, ¿no?

No, qué va. Yo no quiero vivir engañado.

Fui a clase de matemáticas. Sé contar hasta 1000.

Infinito negativo, infinito positivo, ¿de qué me sirve?

-Te enseña a usar la lógica. -La misma que usan todos.

Yo prefiero la mía.

Pero, tranquila, eso no me impedirá brillar.

Este hombre era bastante excepcional a su manera.

Detestaba la autoridad.

¿Por qué te peleas siempre por tonterías?

No mola.

Es que siempre me he sentido...

Joder, ¿cómo se dice?

-Nunca me siento... -¿Considerado?

-¿Te sientes juzgado? -Sí, eso, juzgado.

La gente me juzga sin conocerme.

Son las putas palabras.

Me cuesta encontrarlas, pero sé lo que estoy pensando.

Así que tienes un problema de vocabulario.

-Debería darte igual lo que piensen. -No, Jackie.

A todos nos importa lo que piensa el resto.

Cuando yo era niña,

leía "pobre niña" en la mirada de todo el que conocía.

Los profes me trataban como si fuera de cristal.

Tenía ganas de decirles: "No estoy enferma. He perdido a mi madre".

Nunca me he atrevido a preguntarte.

-¿Sobre qué? -Sobre el accidente.

¿Qué quieres que te diga? No hay mucho que contar.

Quería comprarme unos zapatos.

Me estaba hablando...

Segundos después, estaba cubierta de sangre.

La llamé, pero no respondía.

Pararon otros coches. La gente vino corriendo donde yo estaba.

Pero después... No recuerdo más.

Pensé que había olvidado esto que acabo de contarte.

Pero no pasa nada.

Ya sé que no pasa nada.

En serio.

Os dije que no lo tocarais. ¿Estás sordo?

-No es para mí, papá. -¿Que no? ¿Te crees que soy idiota?

-Es para mi novia. -¿Tienes novia?

Sí.

Pues ten cuidado y déjalo como estaba.

¿Te has enamorado, tesoro?

Dejadle en paz. Venid.

-Te quiero, cielo. -Y yo.

Vamos dentro.

Necesitamos una moneda.

Mierda. Va, déjalo, vamos a por unas birras.

-¡Lionel! -¿Qué?

-No me jodas. -¿Qué?

¡Hachís!

-¡Joder! -Calla, calla. Trae una bolsa.

-¿Qué? -Calla. Busca una bolsa.

-¿Dónde lo guardamos? -En el garaje de mi padre.

-¿Y qué hacemos con él? -No sé, pero en la vida necesitas un plan.

Y este es el nuestro, chaval. ¿Sabes cuánto vale esto?

-Mil, por lo menos. -¿Estás loco? Esto vale millones.

¿Puedo decirte algo?

Yo tampoco.

He preguntado y mi primo Hubert...

-¿Hubert? -El que parece chino.

Conoce a un tipo que nos comprará el hachís por 12 mil pavos.

-¿Son ellos los que han birlado el hachís? -Sí.

-No lo robamos, la puerta estaba... -Cierra la puta boca.

¿En serio? ¿Te han pegado un par de críos?

El chico pega fuerte.

-¿El negro? -No, el otro.

Pues que vayan ellos. Que espabilen.

No puedes llevárselos a Salah.

Hazlo. Así aprenderán la lección.

Decid que vais de parte del señor La Brosse.

¡Vamos!

PROHIBIDA LA ENTRADA A MENORES DE 18

¿Qué queréis? ¿No sabéis leer?

-Venimos de parte del señor La Brosse. -¿La Brosse?

Pasad.

Chicos, vienen de parte del señor La Brosse.

¡No, no, no!

Decidle a La Brosse que se vaya a la mierda.

A mí nadie me va a engañar. Venga, echadlos de aquí.

Venga, avanza.

Siéntate.

Tenga, La Brosse. Los sobres.

-Dale algo de pasta. Doscientos. -¿Qué? Me ha reventado el brazo.

A diferencia de ti, ha conseguido que Salah pague en 10 minutos.

Dale 200 pavos y que se largue.

Para ti.

-¿Vas al instituto? -No, lo dejé.

Bien hecho. La educación es para imbéciles sin imaginación.

A los 15 años, te piden que elijas un camino para la vida.

Nadie lo sabe. Es imposible.

Lo más importante...

es el dinero.

Ganar mucha pasta

tan rápido como puedas.

¿Fumas?

Es bonito el mechero, ¿eh? Te gusta todo lo que brilla.

Claro, porque parece caro.

Te entiendo. Yo era como tú.

Cuando era niño, mis padres y yo pasábamos por los escaparates

y veíamos cosas preciosas, como este mechero.

Las mirábamos, pero no pasaba nada.

Seguíamos nuestro camino.

Pero tú puedes entrar a la tienda...

si trabajas para mí.

¿Entiendes?

Toma, quédatelo.

Toma, cógelo.

Es un regalo.

Venga, largaos. Estamos en paz.

No te olvides al negrito.

-Toma, tus 100. -No los quiero.

-¿Eres tonto? Nos los hemos ganado. -Que no los quiero.

Y tú tampoco deberías quedártelos. ¿Has visto a ese tipo?

¿Has visto cómo me ha hablado? ¿Y lo que nos ha obligado a hacer?

¿Y te has visto con el hierro en la mano?

¿Acaso me has ayudado? No lo habría hecho si hubieras entrado.

-Eres un cobarde. -¿Qué?

¿Cobarde? ¿Cobarde yo?

-Retira eso. -Eres un cobarde.

-Eres un cagueta. -Yo un cagueta y tú un imbécil.

-¿Un imbécil? -Sí, un pedazo de imbécil.

Poco se puede hacer.

Sí, eso, lárgate. No necesito a nadie. Vete con tu madre. ¿Me oyes?

¡Vete a la mierda!

Llegas tarde. ¿Qué has estado haciendo?

Nada.

¿No estás harto de hacer el idiota?

¿Qué vas a hacer con tu vida?

¿Lo has pensado?

-Papá, yo... -Sí, sí.

No vales para nada.

¿Qué te pasa?

-¿Qué es todo eso? -Tuve una pelea.

-¿Por qué? -Porque sí.

¿Puedes quedarte conmigo hoy?

-Hace buen día para ir al río. -No puedo, ya lo sabes.

-Piensas que soy un idiota, ¿verdad? -No, ¿por qué iba a pensar eso?

¡Pasamontañas!

¡Arriba!

¡Agarraos!

¿Es ilegal casarse? ¿Eh? ¿A menos que lleves babuchas y una chilaba?

¡Sí, eso es! ¡Venga!

-¿Le han hecho eso en una boda? -Los curas son unos matones.

La Brosse, acompáñame.

-Le toca al jefe. -¡Un hurra por el jefe!

-¡Dejad de mirar, hostia! -¡Belin!

-Joder. Toma. -Gracias.

-¿Le explicas cómo va esto? -Sí.

Clotaire...

Cuando entres, te bombardearán a preguntas.

Usa la técnica de mi padre. No respondas. Tú solo mira a Bebel.

-¿Bebel? -Olvídalo. Tú solo mira el poster.

Entra.

¿Nadie nos ofrece un trago o qué?

Pensaba que esos cabrones no nos dejarían en paz.

¿Todo bien?

Sí.

-Supongo que te han preguntado por mí. -Pues sí.

¿Y qué les has contado?

Todo. He confesado.

¿Cómo que todo?

Les he hablado del atraco y la boda falsa, de la banda, de ti... De todo.

¿Por qué? ¿La he cagado?

Por supuesto, tengo otras certezas. Tengo otros hábitos.

Y han venido otras como tú, con labios tiernos y manos desnudas.

Por supuesto, susurré sus nombres, acaricié sus frentes

y compartí sus emociones.

Pero de aventura en aventura,

de tren a tren, de puerto a puerto, nunca más, te lo juro.

No pude olvidar tu cuerpo, pero de aventura en aventura,

de tren en tren, de puerto en puerto, no pude cerrar mi herida.

No pude olvidar tu cuerpo, pero de aventura en aventura...

-¿Desde cuándo es estibador tu padre? -Desde que nací.

-¿Bebe mucho? -No.

Bueno, un poco.

-¿Quiere a tu madre? -Sí.

Pero, bueno, nunca lo dice.

-La quiere con la mirada. -Le gusta la sinceridad.

Mi padre murió de cáncer.

Estuvo sufriendo durante meses.

¿Y sabes qué pensé cuando se murió?

-¿Que ibas a echarle de menos? -No.

No, no, no.

Que podría atracar la farmacia de la esquina.

Sí, tenía 15 años.

Pensé: "Nadie se imaginará que he sido yo un día como hoy".

Jamás, ningún hijo...

El sacrilegio...

es la mejor coartada.

Bueno...

Esto es para ti. Tu parte.

Quince mil francos.

POLICÍAS, HIJOS DE PUTA

-Hola, cielo. -¿Qué pasa?

Los han despedido a todos esta mañana.

¡Llevamos 25 años partiéndonos la espalda por ellos y nos tratan como basura!

Traigo café recién hecho, chicos.

-No servirá de nada. -¿Y vas a cruzarte de brazos?

El viernes, bloquearemos el puerto. Lo pararemos todo.

Nos han jodido, hay que hacer algo.

¡Chicos! ¡El viernes, bloquearemos el puerto!

Sube, Jackie.

-Creía que estaríamos solos. -Monta, anda.

-¿Adónde vamos? -Venga, cielo. Confía en mí.

-Hola. -¡Hola!

No sabía que tenías novia, Cloclo. Pero qué mona eres.

-¿Adónde vamos? -Ya os lo he dicho, al New Rod.

Eh, chicas.

¡Es enorme! ¿Es de verdad?

-Imposible. -Claro que sí.

¿Sabes qué le haría al que me regale un anillo falso?

Una mamada falsa.

Le abro la bragueta, se la saco, se la manoseo bien y...

Y cuando esté a punto...

Bien, escuchad.

El camión pasa todos los viernes a las seis de la tarde.

Hace la ronda. Lleva el sueldo de todos los estibadores.

Os lo explico.

Esto es el puerto. Nosotros intervenimos aquí.

El problema es que la aduana está aquí.

-¿Los has investigado? -Son unos 15 o 20 tíos.

He conocido a un par, pero lleva tiempo. Además, hacen turnos.

Básicamente, estamos jodidos. Es un infierno.

Es un despropósito.

Pero el viernes hay huelga. Van a bloquear el puerto.

La aduana estará cerrada. No habrá nadie.

-¿Estás seguro? -Sí.

No, espera.

¿Estás totalmente seguro?

Sí, estoy seguro.

-Son buenas noticias, ¿no, chicos? -Tenemos trabajo.

¿Dónde estabas?

¡Privatizar el puerto mata al estibador!

¡Privatizar el puerto mata al estibador!

¡Privatizar el puerto mata al estibador!

¡Privatizar el puerto mata al estibador!

¡Privatizar el puerto mata al estibador!

¡No, no, no, a la privatización!

¡No, no, no, a la privatización!

¡No, no, no, a la privatización!

¡No, no, no, a la privatización!

¡No, no, no, a la privatización!

¡No, no, no, a la privatización!

Parece que lo hacen por joder.

Putos escraches.

Obstáculo en el camino.

Vale. Recibido.

Id por la ruta B.

Vale, recibido.

¡No, no, no, a la privatización!

¡No, no, no, a la privatización!

¡Vamos!

¡Venga, vamos, salid!

¡Vamos, arranca, joder!

¡Arranca!

-¡A cubierto! -¡Bomba!

¡Vamos, a por el dinero, chicos!

¡Quieto o te vuelo la cabeza!

-¡Quieto, he dicho! -Todo en orden.

-¡Venga, deprisa! -¡Moved el culo!

¡Venga, rápido!

¡Venga!

¡Que no te muevas! ¿Estás sordo?

¡Seguid, chicos! ¡No paréis!

-Esperad. -¡Ya casi estamos!

¡Céntrate, imbécil!

¡Riton!

-¡Ya está! -¡Es el último!

¡Id entrando!

Pero ¿qué haces? ¡Ni se te ocurra!

¡Oiga!

No. No, no, no. ¡Oiga!

¡Oiga!

¡Venga, por favor! ¡Por favor! ¡No!

-¿Quién ha disparado? -Tu hijo.

Hola, mi amor.

¡Te juro que yo no he hecho nada!

¿Cómo? ¿Qué ha pasado?

-Yo no he sido. -Pero ¿qué ha pasado?

¡Han disparado a un tío! ¡Le han disparado! ¡Yo no he sido!

¿Qué ha pasado? ¿Dónde estás? ¿Qué has hecho? ¿Hola?

No he sido yo, tienes que creerme. Te lo juro, mi amor. Te lo juro.

¿Hola?

Clotaire, te juro por mi madre que les dije que fui yo quien... Ya sabes.

Tranquilo, todo irá bien. Ten paciencia y ya verás que...

Mantén la boca cerrada y mi padre te sacará de aquí enseguida.

¿No vais a abandonarme?

Te lo juro.

Llevas meses sin hacer nada.

No me atrevo a mirar tus notas ni a hablar contigo.

¿Crees que así vas a aprobar?

Cielo, no quiero darte la chapa, pero te juegas tu futuro.

No soy feliz, papá.

Nuestro amigo me ha pedido que te defienda.

Esto es lo que haremos:

tú no dices nada, no señalas a nadie, y yo me ocupo del resto.

En muy poco tiempo, te sacaremos de esta pesadilla.

Pero, ¿sabe que no fui yo?

Por supuesto. Pero lo importante ahora es mantener silencio.

¿Vale?

Gracias.

"Según lo poderoso o miserable que seas,

si eres juzgado, te harán parecer justo o culpable".

-Esto es... -De La Fontaine.

¿Eso es todo lo que te inspira?

¿Se da cuenta, jovencito, de que el silencio implacable

en el que se ha refugiado desde el comienzo del juicio

solo confirma su culpabilidad?

Pero sepa, joven,

que a nadie le importan los mártires.

Acaban olvidados.

Señor acusado,

¿algo más que añadir?

Se levanta la sesión.

NO HAY FORMA DE COMPROBAR QUÉ DECISIÓN ES LA CORRECTA...

Señor acusado, póngase de pie.

El tribunal le declara culpable de todos los cargos

y le condena a 12 años de prisión por orden de detención.

Se levanta la sesión.

Vamos.

Te he oído, ¿eh?

Joder, ¿ya estás despierto?

-Sí, ¿y tú? ¿Aún no te has acostado? -¿Tú qué crees?

Ya, bueno... En fin.

Joder.

Idiota.

Lo siento, Sophie, ahora te cuento.

Joder, qué follón...

Iba a ponerme una multa de 120 euros.

Le digo: "No puedo pagar ni la entrada, métete la multa por...".

Me di cuenta de que me había pasado, pero lo intenté.

Le digo: "¿Sabe? Es un niño". Un segundito, caballero.

Le digo: "Es un niño". Dice: "¿Qué?".

Le digo: "Sí, en el vientre". ¿Y sabes qué me responde?

-Me dice: "Qué curioso, porque...". -Disculpe.

No quedan coches, señor. Lo siento mucho.

Me extraña. Tengo una reserva.

-¿Su nombre? -Valrinck. Jeffrey Valrinck.

-¿Qué ha reservado? -Un Golf.

Ya.

Igual que todo el mundo. Quizás le toque uno de la misma categoría.

-No, quiero un Golf. -Y yo quiero ser rica. ¿Qué le hacemos?

¿Qué, joder?

DIRECTOR DE LA ZONA NORTE

-Bien, un Golf. ¿Cuántos días lo necesita? -¿De verdad cree que quiero un coche?

-No sé, dígamelo usted. -Le diré otra cosa.

-¿El qué? -¿No se lo imagina?

¿Estoy despedida?

Exacto.

Ya.

Por supuesto. Menudo día de mierda.

Sophie, ha sido un placer.

-¿Sabe qué? No va a despedirme... -Se va usted, ¿no?

Sí, exacto.

Debería haberlo adivinado.

¿Quién va por ahí con un paraguas?

-¿Alguien que odia mojarse? -Sí, lo que yo decía.

-Tranquilo. Ya sé que tiene coche. -El uniforme es de la empresa.

Espera.

Espera, ven.

No seas ridícula. Te vas a empapar. Te invito a una copa.

-¿Por qué iba a acceder? -¿Tienes algo mejor que hacer?

Hay formas mejores de perder el tiempo.

-No lo creo. -Ah, ¿no? Venga, te escucho.

Pero ¿qué digo? Paso de ti.

¿Sabes qué?

Antes de que me lleves a tomar algo,

antes de que me invites a un puto mojito

mientras te bebes seis para olvidar lo idiota que eres,

y de que digas que no has sentido eso por nadie

y te inclines con los labios abiertos, debes saber algo.

Ya no creo en nada.

En nada.

¡Espera!

-Bienvenido a casa, hijo. -Aquí sigue oliendo a cucaracha.

-Huele a rancio. -Basta...

¿Por qué no ponemos la cinta del Pájaro Loco?

-¿Tienes sed, cielo? -Enciende el reproductor.

¿Te pongo un refresco?

Siéntate, vas a flipar.

En serio.

Lo sé, es absurdo. No he podido deshacerme de él.

Es como si aún siguiera aquí.

¿Te gusta la tarta, cielo?

-La de chocolate es la mejor. -Sí, la he cogido para ti.

Ha abierto una nueva pastelería detrás de la torre.

Está bien, ¿verdad?

¿Y las tartaletas de albaricoque? Me encantan.

-Mañana te traigo un cruasán, ¿vale? -Pero de mantequilla.

-Luego podemos dar una vuelta. -Sí. Que te vean un poco.

-La leyenda. -Para.

-Es una leyenda. -No es el momento.

No, creo que voy a descansar un poco.

Todo bien, ¿hermano?

-¿Eh? ¿Todo bien? -Sí, estoy bien, Kiki.

-¿Puedo darte un beso? -¿Estás loco?

Mira, te he conseguido una chaqueta. De Estados Unidos.

No me digas que no mola, ¿eh?

Pero... No me jodas. ¿Qué color es ese?

Tiene un toque dorado, ¿no te gusta?

No.

-No puedes ir vestido como un vagabundo. -Oye, háblame bien.

-Espera. Trae, me la pruebo. -Vale.

Es de estilo boxeador, te resaltará los hombros.

-Es pequeña. -Mierda. Qué fallo.

-Muy apretada. Qué pena. -Sí.

-Gracias, ¿eh? -Estarías incómodo.

He hecho hueco en los cajones para tus cosas.

¿Aquí?

No, el tuyo es el de abajo.

-¿El de abajo? -Sí.

Hola.

Buenos días.

Mierda.

¿Qué haces aquí?

-Quiero ver a Jackie. -¿Y por qué vienes ahora?

Le dijiste que no fuera a la cárcel, la única idea buena que has tenido.

-No lo estropees ahora. -Necesito ver a su hija.

¿Te parece suficiente razón?

¿No te da vergüenza?

-Cometiste un asesinato, mataste a un... -No, yo no cometí nada. ¿Vale?

No fui yo.

Me han robado diez años de mi vida, por nada.

Si no me cree, es su problema, pero...

Necesito verla.

Señor...

Durante estos diez años...

he pensado en su hija a diario.

Todos los días. Incluso...

hice una lista con las palabras que me recuerdan a ella.

No iba mucho al cole, no aprendí a leer bien,

pero en la cárcel había un diccionario.

Un Larousse.

Y busqué las palabras.

Son 457 palabras.

Y me aprendí las definiciones de memoria.

Era todo lo que tenía para...

Para tenerla junto a mí.

Por lo demás, puede gritarme lo que quiera.

Está en su derecho. Era un idiota, era...

Era un gamberro, como quiera llamarlo.

Pero era joven y me junte con quien no debía.

Su hija era lo único bueno que tenía.

Mira...

Jackie no está, ya no vive aquí.

-¿Dónde está? -Está casada.

Y es feliz.

Es feliz, así que no vayas a joderle la vida, por favor.

Déjala en paz, ¿vale?

Lo siento mucho.

Eso es todo lo que puedo decirte, ¿vale?

No, lo acordamos juntos.

Dijimos el día 20. Ahora le llamo.

Cariño...

¿Qué pasa?

¿Qué pasa, mi vida?

Estoy aquí.

Estoy aquí.

Vamos a abrir un hueco en esta pared.

Ventana panorámica, la cocina irá allí, y aquí el estudio.

¿Para qué narices queremos un estudio?

-¿No te gusta pintar? -No, lo dije por decir.

Habré pintado dos veces como mucho.

O quizás podríamos poner una habitación extra. Quién sabe.

Sí. Quién sabe.

Yo lo sé.

Joder, con este sistema es imposible. ¿No puedes poner interruptores?

Esto es el futuro. Es lo mejor.

Haz que me corra o no habrá futuro que valga.

-¿Qué has dicho? -Mañana llamo al electricista.

¿Te acuerdas de mí?

Soy el hermano de Marco. Fuimos al cole juntos.

Joder, la cárcel. Os lo dije, el mayor matón de la zona.

Chicos, dejadle en paz. No es un puto mono de feria.

-Hacía mucho que no lo veíamos. -Hablad de otra cosa.

Mis manos dibujando al atardecer

la forma de la esperanza que se parece a tu cuerpo.

Mis manos cuando tiemblan de fiebre

es que aún recuerdan nuestros breves amores.

Mis manos acarician entre los dedos

pequeñas cosas de ti buscando un poco de alegría.

Mis manos se extienden en oración...

Has cambiado.

Sí, tú también.

Pero aún conservo la voz.

Pero me la tengo que cuidar bien.

Aquí tengo que gritar, están medio sordos.

Así que debo tener cuidado.

Pero que creo que, si pusieran a otro,

no se darían ni cuenta.

Nadie es irremplazable.

Nadie.

Sí, dímelo a mí.

No tuve alternativa.

Eras tú o mi hijo.

Si tuviera que repetirlo, lo haría.

Siento todo lo que has...

soportado, pero es así. Es lo que hay.

No, esto no queda así.

¿Qué quieres de mí, Clotaire? ¿Qué quieres que haga?

¿Quieres pasta? No tengo. Has llamado a la puerta equivocada.

Es mi hijo con quien debes hablar.

Él sí tiene pasta.

Vende pastillas, droga, coca...

Cualquier mierda.

No son delincuentes.

Son traficantes.

Yo ya no soy nada. Tan solo un recuerdo.

Incluso para mi hijo soy solo un recuerdo.

¿Qué? ¿Eso es todo?

Joder, Clotaire.

Hacedle un hueco. Ven, siéntate.

¿Cuándo has salido?

-¿La disco es tuya? -Sí, es mía.

No está mal.

-¿Quieres beber algo? Sírvete. -No, estoy bien.

Te veo bien.

Fue complicado.

Quería llamarte, hacerte un ingreso, pero mi padre me dijo que no lo hiciera,

que me traería problemas.

Quizás pueda darte curro.

¿Necesitas trabajo?

No quiero trabajar para ti.

Quiero que me pagues.

Que me pagues lo que me debes.

¿Que te pague lo que te debo?

¿Qué es lo que yo te debo, Clotaire?

Lo que os llevasteis, más el hecho de que no te delatara,

multiplicado por diez años.

Eso hacen 600 mil.

Pues sí que te debo pasta.

Vale, pues te doy solo la mitad, porque...

Espera, no es este bolsillo...

No, no tengo nada. ¿Y tú? ¿Llevas algo suelto?

-No, nada. -Yo tengo 100.

Genial, 100 pavos. Los restamos del total, ¿vale?

Y si no te gusta, denúnciame.

Pero cuidado. O consigues un buen abogado esta vez o...

Venga, pírate.

¡Quieto! ¡Quieto! Quieto.

¿Lionel?

¿Clotaire? ¿Qué haces aquí?

¿Y tú?

-Estoy muerto, ¿no? -No...

He oído el accidente, me ha pasado la vida por delante.

-He visto la luz al final del túnel... -Cálmate.

-¿Tú también has muerto? -No estamos muertos.

-Respira. -Joder.

Me he acojonado. No quiero morir. Me encanta la vida.

-¿Qué haces ahí dentro? -Es Tony.

Se cree que me tiré a su mujer.

-¿Te la tiraste? -Un poco.

Sal de ahí, anda.

-¿Y tenías tele allí? -Sí.

-¿Y tabaco? -Claro.

En serio, no puedo evitar pensar que la cárcel no es para tanto.

Vivías igual que yo, pero sin una madre que dé el coñazo.

¿Aún vives con tu madre?

¿Dónde quieres que viva? Muy gracioso.

-No soy el único que ha perdido 10 años. -No, lo siento. Yo al menos...

Bueno, es cierto.

Los chavales de los que nos reíamos de niños

están todos con tías buenas.

Con auténticos pivones, ¿eh?

Qué rabia me da. Me lo restriegan por la cara.

Son unos hijos de puta. Los veo conduciendo sus Cherokees

y los muy cabrones me guiñan el ojo.

Tienen pasta, ¿sabes?

-¿Sabes qué vamos a hacer? -No, ni idea.

Recuperar el tiempo perdido.

Es increíble.

La barbacoa es todo un arte en esta casa.

No os priváis de nada.

La carne bien hecha por fuera y tierna por dentro. Perfecta.

-¿Y usted tiene hijos, Myriam? -Sí, dos. Gemelos. Tienen 17 años.

-Yo no habría podido tener gemelos. -Papá...

Lo hemos hablado, ya lo sabe. No lo sé, me daría miedo.

¿Y cómo os conocisteis?

-¿Se lo puedo contar yo? -Papá, no pasa nada. Tranquilo.

No es una gran historia. Vino a arreglarme la tele.

Dicho así parece una peli porno.

Fue amor a primera vista.

-Fue hace seis años. -Siete en marzo.

¿Siete años?

¿Y por qué habéis tardado tanto en mudaros juntos?

Yo siempre he querido.

Pero...

No había prisa.

Bueno, ¿terminamos de comer y nos ponemos con las cajas?

-Ahora, seis por cinco. -Espera, me la sé. Son 35.

-No, mal. -Qué pasada.

-Toma. -Gracias, papá.

Cuántas cosas, es una locura. No me había dado cuenta.

Tu habitación era un desastre. Menos mal, un problema menos.

Al menos tenéis una casa grande. Suerte, amigo.

Odia el orden, ama el caos.

Esta mujer es un desastre.

-Qué mono, C+J. ¿Quién es C? -Es Clotaire.

-¿Nunca te ha hablado de él? -Qué va.

-¿Clotaire? Menudo nombre. -¿No es el que vino a casa el otro día?

-Sí. -¿Y quién es?

Fue un amor de juventud. Una historia complicada.

Nos dio un montón de disgustos.

-¿Y dice que vino aquí, a su casa? -Sí.

¿A hablar con Jackie? ¿Hacia cuánto que no le veíais?

¿Te acordarás de llevar la cinta al videoclub?

-Nos cobrarán un dineral. -La llevé ayer.

Cierran dos semanas por vacaciones.

¿Dos semanas de vacaciones? Caray, menudo chollo.

Debería haber abierto un videoclub.

¿Por qué no me habías hablado de él?

-¿De quién? -Del tipo que estuvo en la cárcel.

-Ah, no lo sé. -¿Cómo que no lo sabes?

Pues porque no lo sé. No tiene importancia.

Diez años de cárcel no es poca cosa.

Y después de diez años, lo primero que hace es ir a verte.

No te pasas diez años pensando en alguien sin motivos.

-¿Por qué fue a la cárcel? -No lo sé.

¿Tampoco lo sabes? ¿Me estás tomando el pelo?

No, no lo sé. Fue hace mucho.

-Sinceramente... -¿Qué?

-He intentado olvidarle. -¿Qué?

Que me importa una mierda. Ya está.

Nuestro padre iba a trabajar orgulloso.

Creía que trabajar daba sentido a su vida.

Todos los días se levantaba a las cuatro.

Cogía el coche y se pasaba el día lavando tanques.

Mi padre se pasó 27 años lavando tanques.

Todo el día haciendo lo que le decían, repitiendo lo mismo una y otra vez.

No tienes nada que contar. Dejas de hablar.

Eso no es vida.

Intentas sobrevivir para alimentar a tu familia.

Y a nadie le importa una mierda.

Y, después, lo echaron.

Así, sin motivo.

Esos hijos de puta lo echaron.

Nuestro padre siempre decía "hola, gracias, adiós".

Le gustaba el orden, que cada uno supiera cuál es su lugar.

-Pero se equivocaba. -Se equivocaba, eso se acabó.

-Que descanse en paz. -Sí, eso es.

¿Entendéis lo que digo?

Nuestros padres no tienen nada.

Y eso no me gusta, yo lo quiero todo.

No quiero quedarme en mi sitio.

No hay ni "hola", ni "gracias", ni "adiós". Nada.

-Ni "hola", ni "gracias", ni "adiós". -No, nada.

-¡Vamos! -¡Sí!

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva

o abrir los ojos y ver qué ya no está.

Tu corazón puede estar vacío porque ya no lo ves

o lleno con el amor que te entregó.

Puedes dar la espalda al mañana y vivir en el pasado.

O esperar el mañana a pesar del pasado.

EL SACRILEGIO ES LA MEJOR COARTADA

Puedes acordarte de él...

Me siento en la cima del mundo.

Imposible, estamos en el barrio.

-Es una expresión, idiota. -No, una metáfora.

¿Qué era una metáfora?

-Decir una mentira para decir la verdad. -¿Cómo?

Dices: "estoy en la cima del mundo", pero estás en lo más alto del barrio.

Como: "un pez que se muerde la cola".

-Mal. Eso es una expresión. -No, una metáfora.

¿Cómo va eso, tío?

¿Y esa mierda de zapatos?

Son ingleses. Hechos a medida. Es cuero invertido.

Llevo soñando con ellos desde los 14.

Ahora que tengo pasta, he pillado todos los colores.

¿Y sabes qué? No es para tanto.

Tengo los zapatos. Ya está. Estoy igual que tú.

-¿Igual que yo? ¿Qué coño dices? -Sí. Déjalo. Ya nada te hace feliz.

Seguimos siendo un coñazo.

-Pero ahora podemos elegir. -¿El qué?

Hacer lo que queramos, ir donde queramos. Somos libres.

Sí, pero no quieres.

Cierto, no quiero. No me apetece nada.

¿Y toda esta gente? ¿Qué pasa?

Va a haber un eclipse.

Ah, ¿sí? ¿Tú lo sabías?

No, qué va.

Nunca he visto uno. ¿Tú?

-Sí, una vez. -Tiene que ser precioso, ¿no?

-¿No? -Sí.

-Hay que comprar unas gafas especiales. -Yo las consigo, no hay problema.

Coloca eso. Mamá había puesto la mesa.

-¿Qué tal, Sam? -Bien, ¿y tú?

Has crecido, ¿eh?

-¿Qué os pasa? -Dejadlo.

-¿Qué? -Que he crecido.

-¿Nos servimos? -Sí, venga.

Sirve a tu hermano.

-Sí, come. -Gracias.

-Te estás quedando en los huesos. -Trabajo mucho.

Lo sé. Come y calla.

-¿Has tomado leche? -Sí.

Seguro que no. Te encanta la leche en el desayuno.

-¿Y bien? -No, no he tomado.

Lo sabía.

-¿Por qué me mientes? -No te miento, es que...

Ya no desayuno. Me levanto muy tarde.

Para, anda. Deja de hacer el idiota. No hagas el idiota.

Meterse en líos es una maldición, créeme.

-¿Crees que estoy maldito? -No.

Creo que puedes elegir.

¿Qué hacen esos idiotas mirando al cielo?

Pasa algo y no nos hemos enterado.

Hay una invasión alienígena o vuelven los alemanes.

Ya me jodería, ¿eh?

Va a haber un eclipse.

-Joder, qué locura. -Sí, mola.

-Estoy flipando. -Necesitamos gafas especiales.

-Conseguiremos tres pares. -No, yo paso, tíos.

-Se las quitamos a alguien joven. -Vale.

-¡Eh, Bilel, ven! -¡Bilel, espera, ven aquí!

-¿Estás llorando? -No, es el sol.

¿Estás llorando?

No, es el puto sol, que me...

¿Nos largamos?

¿Nos largamos?

-Oye, yo no he llorado. ¿Qué pasa? -Estaba lloriqueando el muy idiota.

-¿No se parece a...? -Sí, un poco.

¿Cómo sabes de quién hablo?

A ver, ¿qué queréis?

-¿Qué tienes? -Dos opciones. Azul, Batman.

Dura seis horas. Una locura, pero cuesta el doble.

O amarillo, la carita sonriente. Tarda 20 minutos en hacer efecto.

-Vale, dos amarillas. -¿Pagas tú las dos?

Vale, vale, ya basta.

Basta.

¿Quién eres? ¿Por qué vendes en mi zona?

-No tenemos éxtasis. ¿Quién te manda? -Nadie.

Registradle.

Vienen de Bélgica.

¿Eres belga?

Que si eres belga.

Que quién te manda, joder.

-¿Quién te manda? -No diré nada. Que te jodan.

Vámonos de aquí.

Cumpleaños feliz.

Te deseamos, Jackie,

cumpleaños feliz.

Espera, pide un deseo.

Gracias.

Gracias. Muchas gracias.

Qué horror.

Eres preciosa.

Gracias.

-¿Y bien? ¿Qué deseo has pedido? -No puedo decírtelo.

-Si no, no se cumple. Muchas gracias. -Sí, es cierto.

-Ambos sabemos que es una gilipollez. -Claro que lo es.

-Pues dímelo. -No te lo voy a decir.

¿Por qué?

-Porque es personal. -¿Personal?

-Y, sobre todo, porque es ridículo. -¿Qué es ridículo?

¿No decírmelo para que se cumpla o no decírmelo?

No entiendo, eres tú el que me ha dicho que pida un deseo. A mí me daba igual.

Pues si te da igual, dilo.

No quiero.

Pues dime por qué no quieres.

Porque me estás preguntando.

Me estás obligando.

Yo tengo otra teoría.

Hay un mundo de fantasía cuando cierras los ojos.

Y otro distinto cuando los abres.

Me gustaría saber qué hay... debajo de esos párpados, de tu piel.

¿Qué hay? ¿Quién está?

¿Qué ves que no me cuentas?

¿Qué quieres? ¿Quieres detalles? ¿Algo en concreto?

Mi cabeza no para.

Hay cosas bonitas, feas... Hay esperanza, ira...

Mi cabeza es un caos, no sé. No soy como tú, no lo tengo todo ordenado.

-No finjas que no lo sabes. Lo sabes. -Pues no, no sé nada.

Me gustan las historias sin resolver, el misterio.

-Y tú cada vez tienes menos. -Así que quieres misterio.

Cuando vives con alguien deja de haber misterio.

Quizás debería desaparecer también.

-¿Qué estás diciendo? -Nada importante, al parecer.

Solo digo cosas aburridas.

Y a nadie le gusta aburrirse, ¿verdad?

A no ser que seas idiota, claro.

Tomad, un regalito.

-Vamos a rascarlo. -Creo que tengo una moneda.

-Si alguien gana, lo repartimos. -Sí, vale.

Qué monada.

Perdona, ¿puedes ayudarme a subir esto?

-Sí, claro. -Pesa mucho.

-Yo se lo cojo. -Muy amable.

-No vivo muy arriba. -No se preocupe.

Está todo muy sucio.

Cuando nos mudamos, no se parecía en nada a lo que vimos.

En el folleto, las torres estaban perfectamente diseñadas.

Parecían un ramo de flores. Y míralas ahora.

Están destrozadas.

Como decía mi marido cuando aún vivía: "Mientras tengas un techo, todo irá bien".

Muchas gracias.

-¿Se lo dejo aquí? -Gracias. Muy amable.

-Que tenga buen día. -No, espera.

-Espera un segundo. Sí, espera. -No, no necesito nada. De verdad.

-De verdad. No hace falta. -No estaba segura.

Apenas has cambiado.

Me alegra conocerte por fin, después de tanto tiempo.

Me matará si se entera de que te lo he dicho,

pero cuando era joven, dormía a tu lado.

Mi hijo es un buen chico. No fue él quien hizo aquello.

No sé si tendré...

el valor de llamarle.

¿Está bien?

No lo sé.

Gracias.

Gracias.

-Buenos días, mi amor. -Buenos días.

¿Has descansado?

¿Sabes adónde voy? ¿Te lo dije?

No lo recuerdo. Me han convocado en la oficina.

Dicen que... Bueno, solo son rumores.

Bertot, el director, ha visto mis números y va a ofrecerme algo grande.

La vicepresidencia, quizás.

Significa que es importante. Pero, bueno, ya veremos.

¿Estás orgullosa?

¿Me deseas mucha mierda?

Mucha mierda.

Bueno...

Nos vemos esta noche entonces.

Pero ¿por qué le has dejado? ¿Por qué?

Nunca terminas lo que empiezas.

¿Por qué siempre tiras la toalla?

Todos estos años, siempre la misma historia.

Por una vez, parecía que te iba bien, que habías encontrado a alguien adecuado.

¿Lo haces a propósito? ¿Es el destino o qué?

Así solo arruinarás tu vida.

-Empezábamos a ser felices tú y yo. -Siempre lo hemos sido.

No, no me vengas con esas.

¿Qué me he perdido? No sé, explícamelo.

Dame una buena razón. Venga, solo una.

Clotaire.

-¿Qué? ¿Cómo? -Clotaire.

-No, no, no. ¡No! -Escúchame.

-¡Deja que te lo explique, joder! -¡No!

Al menos, escúchame. Ese es el problema. Que piensas por mí, no piensas en mí.

-¿Que no pienso en ti? -¡Sí! ¿No te das cuenta?

¡Esa es la prueba!

Que mi sonrisa no era mi sonrisa, porque...

Porque no era mi calle, ni mi casa, ni mis amigos.

Ni siquiera era yo, no era mi vida. Es que no es él.

Y, sí, estaba bien, pero nunca creí en ello, me obligué.

Me obligué a creer en ello.

Y que esté bien no es suficiente. Y lo sabes.

Joder, esto es una locura.

No me jodas.

¿Alguna vez vas a dejar de tener razón?

¿Qué quieres que te diga a eso?

Vale. Ven aquí.

Claro que no. Que este bien no es suficiente.

Crees que conoces París, pero hoy verás mi propio París.

El Metropolis: cuatro salas. Es enorme.

Salsa, funk , tecno... ¿Qué más?

-Crees que se tiró a un nazi. -¿Y por qué llaman "nazi" a la abuela?

Porque era insoportable, no una nazi.

-Bernadette no me lo dijo. -Porque es idiota.

-¡Eh, Kiki! -¡Ahora!

¡Harás lo que yo diga! ¡Lo que yo diga!

-¿Vale? -Sí.

-Salid del coche. -¿Qué?

-Que salgáis del coche. -¿Por qué?

-No vamos. -No podemos echarnos atrás ahora.

No vamos, se acabó.

Lo dejamos, ¿me oyes?

Vas a salir, vas a coger el otro coche y te vas a ir a casa.

¿Entendido?

¿Me has oído?

Vuelve a casa, ¿vale? Confía en mí.

Venga.

¿A quién llamas?

-¿Qué haces aquí? -Quería hablar contigo.

-¿Me has seguido? -No, qué va. Solo quiero hablar contigo.

Quería decirte que...

He pensado en lo que nos dijimos y...

Es ridículo que lo estropeemos todo ahora.

Nos queremos.

-Nos queremos. Sé que me quieres. -No hay más que decir.

-Lo veo cuando hacemos el amor... -Jeffrey...

No hay más qué decir. Lo siento, lo he intentado. No puedo.

¿Cómo que no puedes?

Ven a casa y lo hablamos. ¿Qué quieres que haga?

-¿Que me arrodille? -No, es eso. No quiero nada de ti.

No quiero nada, lo siento.

Lo siento mucho, pero déjame tranquila.

-¿Qué haces? -¿Estás esperando a alguien?

Respóndeme.

-Déjame en paz. -¡Responde!

¿Qué haces aquí a estas horas?

-¿Crees que soy idiota? ¿Eh? -Cálmate.

Sé perfectamente que le estás esperando.

-Para, me estás asustando. -Solo querías mi dinero, ¿no?

-¿A qué juegas? -Me estás asustando.

¿Te estoy asustando?

¿Que te estoy asustando? Pero si yo...

Te quiero con toda mi alma. ¿Qué te he hecho?

-¿Qué te he hecho? -Cálmate, por favor.

¿Qué coño te he hecho yo, joder?

-Cálmate. -¿Qué he hecho? ¿Por qué haces esto?

-¡No he hecho nada! -¡Para, para!

¡Suéltame, joder!

¡Para! ¡Para!

Para...

-Déjame. -Dime qué te he hecho. Dímelo.

¡Suéltame!

Señorita, por favor, échele un vistazo.

Deje que se lo explique. Está sangrando.

-Estoy bien. -¿Qué hago para que me atiendan?

-¿Estás bien? ¿Seguro? -Sí.

-¿Quieres un poco de agua? -Estoy bien.

No pueden dejarte así.

Estoy bien, te lo juro.

-Vamos a sentarnos. ¿Segura? -No, estoy bien.

No tengo ganas de hablar, eso es todo.

-Eh, oye... -Siéntante, ahora se me pasa, en serio.

-Le escocerá. Avísame si le hago daño. -Tranquilo, adelante.

Todos estos años he pensado mucho en ti.

En nosotros, en lo que éramos.

Pero nunca con nostalgia.

Apenas tenía recuerdos de nosotros.

No tenía recuerdos bonitos de ti.

No me alegraba pensando en lo que habíamos vivido.

Estaba destrozada, ¿sabes?

No era feliz.

Ni un poco. Estaba triste.

Más triste de lo que te imaginas.

Pensar en ti significaba preocuparme por ti.

Incluso cuando me obligaba a ver el lado bueno de las cosas,

me resultaba imposible.

Lo estropeaste todo.

Siempre has sido hermoso y horrible a la vez.

Pero dejaste que ganara el lado horrible. No pudiste callar la peor parte de ti.

La ira, la venganza,

la violencia, el desprecio...

Lo desprecias todo.

Incluso tu suerte.

Incluso a mí.

Estaba tan segura de que tú y yo nos entendíamos.

De hecho, es de lo único que estaba segura.

De que, juntos, nunca estaríamos solos.

Y de que podía confiar en ti, que tú y yo éramos iguales.

Que veíamos el mundo desde un lugar que era solo nuestro.

Pero no vi quién eras.

O quizás no quería creérmelo.

No podía creer que fueras tan idiota

y que yo fuera tan idiota de seguir preocupada por ti

después de tantos años, tanta mierda, tantos remordimientos.

¿Por qué?

-Soy demasiado idiota para responder, ¿no? -Eso creo, sí.

Pero creo que...

tienes razón.

Creo que...

estoy de acuerdo en todo lo que has dicho.

¿Eso es todo?

-Sí. -Espera.

¿No vas a decir nada más?

"Tienes razón", punto. ¿Eso es todo lo que vas a decir?

Joder, creo que la idiota soy yo.

No, espera.

No, no es todo.

¿Te acuerdas cuando me dijiste que me faltaba vocabulario?

-¿Te acuerdas? -No lo sé.

-Sí. -Puede.

Hice una lista de palabras...

que llevaba siempre encima por si...

me cruzaba contigo alguna vez.

Lo intenté, pero... el destino no quería.

Y aunque hubiera ocurrido, habría perdido el control.

Nunca estás listo cuando esperas algo.

Hice una lista con las palabras que me recuerdan a ti.

Memoricé las definiciones.

Te pertenecen.

Son lo que tú eres.

Y las que me gustaría haber inventado.

Son las palabras de Jackie.

Hay 457. ¿Te las leo?

-¿Hay 457? -Sí. ¿No son suficientes?

-Eres un cabrón. -Lo sé.

-Eres un puto cabrón. -Sí, ya lo has dicho.

Le toca a usted.

-No, no es nada. -Sí, vamos a desinfectarla. Venga aquí.

Vamos.

-No es nada, en serio. -Vamos a limpiarla un poco.

¿Quieres que te las lea?

No.

-Déjame leerlas. -No.

-Sí. -No.

-Sí, te las voy a leer. -No.

-Ya está, no era nada. -Ya se lo he dicho.

Vale, pues...

Les dejo.

Gracias.

Están un poco...

No están en orden.

URGENCIAS

Tienes un dedo enorme. Es imposible no atraparlo.

-Y se te da fatal. -¿Ahora?

Un, dos, tres, cuatro, ven que te atrapo.

-Espera. -¿Qué?

¿Todo bien? ¿Interrumpo algo?

Que te aproveche la bebida. Oye, ¿qué es eso que llevas en la muñeca?

Es un reloj.

¿Y para qué crees que sirve? ¿Para calentar comida?

No, mírame y responde cuando te hablo.

¿Sirve para calentar comida? Baja, te estoy hablando.

Gracias.

-Te escucho. ¿Para qué sirve? -No.

-Para ver la hora. -Eso es, muy bien.

Una más difícil: ¿sabes qué hora es?

-Claro. -Claro no. Sí.

-Sí. -¿Y qué haces descansando a la una y diez?

¿Te has liado con las agujas?

Pídele a tu chica un reloj de cuarzo para distinguir mejor la hora de descanso.

Estoy aquí. No me vengas con tonterías.

Los tipos como tú os creéis que nunca tendréis problemas.

Malas noticias: aquí tienes un problema y te está mirando.

¿Entendido?

Genial.

Pues coge la lata y vete.

Por cierto, ten cuidado.

Ándate con ojo.

¿Entendido?

Bien.

-Me quedan cinco minutos. -Sí, lo sé, tranquila.

¿Tienes un minuto?

-Veo que ahora nos tuteamos. -Sí.

El tema de la puntualidad, lo entiendo.

Es normal, es lo lógico en cualquier empresa.

Pero el tipo al que has insultado creyéndote un gánster

podría estrangularte con ese reloj.

-Espera un segundo... -No he terminado.

Porque en la cárcel aprendió...

Sí, estuvo en la cárcel, pero no es algo que pongas en el currículum.

Aprendió el peso de las palabras.

Es como tener una báscula en la mente, detrás de los ojos.

Te permite medir tus ideas y las de otros.

Por ejemplo, "ándate con ojo",

en tu balanza significa que irás al despacho,

rellenarás unos papeles y nos despedirás.

Sin embargo, en la suya,

significa que buscará tu dirección, irá allí una noche,

y te dará una paliza delante de tu mujer y tu hijo.

Es el clásico "doble rasero". ¿Lo conoces?

Y es solo un ejemplo, ¿eh?

Porque yo odio totalmente la violencia.

Y él prefiere tragar,

porque me prometió que mantendría la calma pase lo que pase.

Porque me quiere.

Esa es otra de las palabras que pesa. Pero, en fin, tengo que volver.

Así que mide las palabras la próxima vez que hables con nosotros.

¿Entendido?

-Claro. -No, claro no. Sí.

Sí.

Gracias.

Perdón otra vez por llegar tarde. No volverá a ocurrir.

¿Sabes qué he pensado viendo los rollitos de primavera?

¿Que has pedido mucho?

No.

He pensado que...

-Nunca tendremos nada mejor. -¿Que...?

Que nosotros.

Te quiero.

¿Qué has dicho?

-Has dicho algo. -No, qué va.

-Sí, has dicho algo. -No, nada.

-¿Seguro? -Nada de nada.

Sí que has tardado.

CORAZONES ROTOS

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