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Érase una vez, en un país muy lejano, una niña llamada Lur,
que vivía con sus padres en un palacio encantado en el Valle de las Sombras.
Un día un mensajero les envió una carta de los sabios del Monte del Fuego,
en la que advertían de un gran desastre que estaba a punto de ocurrir en el valle.
Gracias.
Yo soy Laura. Y estos vagos son Ura y Jon.
Lur. Encantada de conocerte
Que bonito nombre. ¿Hace mucho que vives aquí?
Vivíamos en el campo, pero la verdad es que no recuerdo mucho de eso.
Muy bien. ¿Y qué tal este barrio? Nos lo recomendaron mucho y parece tranquilo.
Es tranquilo, a veces demasiado.
Eso me vendrá bien. Necesito tranquilidad. Tengo que terminar ese artículo.
Pero me parece que Ura prefirió quedarse en la capital, donde están sus amigos.
A mí también me costó acostumbrarme.
Pero quizás si Ura se convierte en tu aliada las cosas no sean tan difíciles.
A mi tampoco me vendría mal. Si quieres mañana te enseño el lugar.
Me encantaría.
¿No te recuerda a alguien?
A Nerea
Es verdad. Te pareces mucho. Desde que se
conocieron en el colegio nunca se separaron.
Siempre estaban juntas inventando trastadas
Y no sólo en la cara.
¿En qué más me parezco?
Tienes la misma forma de poner los pies en el mundo.
Desde luego hija, a veces dices unas cosas... ¿Poner los pies?
¿Conciertos?
Y no es por falta de espacio. Cuando quieren, hacen
tonterías en el parque y se juntan todos como...
Como borregos.
Supongo que no es sólo aquí. Pero no creo que el nivel
de aburrimiento llegara a tanto donde vivías antes.
Deberías ver lo que hace el mar con las casas más antiguas.
Se come las paredes poco a poco, y parece que alguien se olvidara de ellas.
Es lo más hermoso que he oído en todo el año. Tienes alma de poeta.
El único cerca es un cine que sólo muestra comedias
románticas... y robots gigantes que se golpean unos a otros.
¿También montas?
No. Siempre he querido aprender, pero los que montaban
en mi barrio no parecían querer enseñar a nadie.
Claro, creo que el longboard ha cambiado mucho desde sus inicios.
Antes había un sentido de comunidad, la gente se ayudaba.
O eso has leído en alguna parte.
¿Qué ha pasado?
Gente como esta. Eso ha pasado.
Entonces, ¿por qué vas con ellos?
Vamos Katia. Vamos a pillar ya. Si no, llegaremos tarde.
Katia es maja.
Pero creo que es la única. Hay una competición
sin fin para ver quién usa menos neuronas.
Tienes madera de poeta.
Poeta urbana del desastre humano. Pero me esfuerzo porque no se note.
¿Qué ibas a decirme?
Alex va a organizar una acampada. ¿Quieres venir?
La van a organizar cerca de aquí para que pueda ir.
Sí, quiero ir. Necesito algo diferente, ya.
Las fiestas que monta esta gente, son diferentes.
¿Pero qué tipo de fiesta es?
Benditos sean los ojos.
Lo mismo digo, Don Rafael. Pensaba que ya se habría marchado de la ciudad.
A mí no me sacan de aquí. Los demás se han ido porque ya no tienen nada que hacer.
No he hecho más que empezar.
¿Puedo contar con usted?
Tráeme la espuela, anda.
¿Cuánto necesitas?
Todavía no hemos terminado las cuentas, pero creo
que será al menos la mitad que la última vez.
Es un buen pico. ¿Y quién está al mando ahora?
Bernat.
No es mal chico.
Pero es demasiado idealista.
Si sigue creyendo que las cosas pueden cambiar sin el apoyo
de los que ahora están en el poder, todo se irá al infierno.
Creo que ha cambiado su punto de vista, después de lo ocurrido.
Mejor para todos. Siempre y cuando recuerdes
que la vieja guardia no va a soltar las riendas,
aunque cambie el nombre del juego, por mi no hay
problema si quieres jugar a Gandhi, al Che o lo que sea.
Las cosas deben cambiar, de una forma u otra.
Pero sería mejor que lo hicieran según un plan, con un
consenso. Y ya que no nos dejan entrar en el juego político...
Y crees que la élite os va a dejar, cuando todo reviente?
No tendrán elección. No vamos a excluir a nadie, pero tampoco
vamos a permitir que el pueblo vuelva a ser esclavo del capital.
Hablas igual que cuando tenías veinte años. No has cambiado.
A mí me quitaron el idealismo a golpe de porra;
sólo tengo fe en la maldad inherente al ser humano.
Por el bien de todos, espero que se equivoque.
Ya sabes donde ir. Nos veremos cuando acabe la fiesta.
Cuando pienso en lo que pasó, en lo que hicimos y en lo que dejamos de hacer,
no sabíamos lo que estábamos haciendo.
Ura habla muy bien de ti. Espero que esta sea una noche como nunca has experimentado.
Yo también lo espero. Gracias por invitarme.
Tengo un regalo de bienvenida para ti, Lur, pero
tendrá que esperar un poco. Hoy hay mucho que hacer.
Queridos compañeros de fechorías, gracias por acudir a nuestra llamada.
Como siempre, en estos ilustres eventos, quien quiera acceder a las
instalaciones deberá pagar la friolera de 2 doblones, acuñados como marca la ley.
Qué payaso eres.
Muy bien.
Ya tenemos las llaves del reino.
No toques nada ni montes un escándalo, que me la juego por dejarte entrar.
¿Cuándo te hemos defraudado? Cuando llegue el
amanecer ni siquiera quedará el recuerdo de nosotros.
Gracias Zoilo. Cuando asuma el cargo, serás el primero en beneficiarte.
Éramos como niños jugando a ser adultos,
inventando reglas sobre la marcha y rompiendo las que
que se interponen en su camino para contar su historia.
Y también un unicornio.
Que parece que estás en otro mundo. Eneko, ¿es su nombre?
Ya no hay nada. Solíamos salir antes, pero creo que perdimos el interés.
¿Te molesta que esté con otra?
Queridos amigos, gracias de nuevo por venir.
No quiero hablar cuando lo que hay que hacer es escuchar. Así que
sello mis labios con lo único que realmente me hace humilde: la música.
Ahora me gustaría presentaros a Maialen y Gorka, personas que, no
importa cuántas veces vea en el escenario, nunca dejan de sorprenderme.
¿Cómo hemos llegado aquí, a este mundo entre dos?
Y así.
Nos perdimos. Nunca destacamos por tener miedo.
Y nadie supo cómo pararnos.
Y este calor puede matarnos. Aquí el único oasis es tu vida.
Gracias por ser siempre lo que necesitaba.
Ojalá pudieras verte a través de mis ojos.
Salvadora de mi ser.
La noche es fría pero tranquila.
Me gustaría refugiarme en tu piel.
Y este calor puede matarnos. Aquí el único oasis es tu vida.
Gracias por ser siempre lo que necesitaba.
Sin ti el mes de abril se me escapa.
Sin ti seguiría perdida en mí.
Sin ti este asiento sería el final.
Diez años es mucho tiempo. Me cuesta imaginarlo.
No digas tonterías; te pasas el día imaginando.
Tal vez esté en África. Haciendo de médico.
Eso estaría bien. E iría a visitarte.
Yo también. Si me pagas el billete, claro.
Veamos quien falta... ¿Leire? ¿Casada y con un par de hijos para batir records?
Los niños puede ser, pero yo no me caso ni loca.
Lur, ¿y tú?
No lo sé. Nunca lo había pensado.
Vamos, estás entre amigos. Aquí nadie te va a juzgar.
Creo que todos vuestros sueños ya están
sucediendo, de alguna manera, en algún lugar.
Me gustaría ser la tierra donde transcurren.
Qué bonito.
Sí; ahora creo que debería haber pensado antes de hablar.
En ningún momento nos paramos a pensar si eso estaba bien o no.
¿Crees que estará preparada?
Hacer el viaje no es fácil. Si se pierde...
No estará sola, eso seguro. Y es él quien tiene que decidir.
No conozco a Lur, así que no puedo responder.
Pero Ura, desde luego, no está preparada.
¿Y qué le digo a Alex, entonces?
Creo que él tiene que decidir. ¿No?
- Para. - Es ahora.
Lur, ¿puedes venir conmigo?
Espera aquí, ¿vale?
¿Quieres beber algo?
No, gracias. Estoy bien.
Como quieras. Pero recuerda que a veces tienes que aceptar lo
que se te ofrece. No sabemos cuándo tendremos otra oportunidad.
No hagas tonterías, por favor.
¿Hay alguien que no las haga? Es demasiado tarde.
Nunca es demasiado tarde; siempre podemos arreglar las cosas.
Déjame que te cuente y luego opinas.
Tenía trece años. Había quedado con Lara para ir al
río, a bañarnos, como casi todos los días en verano.
Lara vino con una amiga suya, alguien que yo no conocía.
Nos presentó; debía caerle bien, pero yo no la soportaba.
Ni siquiera lo intenté: Lara le había prestado el bañador que yo
le había regalado por su cumpleaños. Tampoco recuerdo su nombre.
En un momento en que Lara se había alejado un poco de ella me acerqué a aquella chica,
puse mis manos sobre sus hombros y la empujé hacia abajo.
Hasta donde no hay aire, ¿sabes?
Pataleó e intentó apartarme las manos, pero yo era más fuerte.
No sé cuánto tiempo pasó, pero de repente un golpe me derribó y caí al agua.
Lara... Lara y su amiga me sacaron del río. Y no te voy a
contar lo que me dijeron después, pero te lo puedes imaginar.
Ahora dime que no merezco morir. ¿Merezco la muerte?
No lo sé. Pero tu muerte no cambiaría lo que hiciste.
Tienes que dejarlo ir.
Has elegido vivir. Ahora tienes que visitar a Saturno.
¿Pero qué?
La primera noche, por ejemplo. Podríamos haberlas preparado,
haberles dado alguna pista de lo que estaba por venir.
Quizá se habría evitado buena parte del dolor que vino después.
Lo primero es tener agua. Y alguien con quien hablar.
En eso te doy la razón. Pasar semanas en un sitio
sin poder hablar con nadie tiene que ser horrible.
Bueno, hay gente que lo hace por diversión.
¿Morirse de sed?
No, tonta. Estar en silencio durante mucho tiempo.
Bueno, Leire, sin ir más lejos.
Tengo que hablar contigo.
¿Estás bien?
Ura, hay algo raro aquí.
Muchas cosas. Esta gente es así.
No, hay algo más. Antes, en la sala de
Saturno... No sé qué pasó, pero siento que...
Queridos amigos: Muchas gracias por hacer tiempo en sus
apretadas agendas para participar en esta humilde reunión.
Es para mí un placer indescriptible ver cómo, a pesar
de las muchas responsabilidades que nos ocupan a diario,
somos capaces de encontrar tiempo para recaudar
fondos para ayudar a los más necesitados.
Permítanme un brindis, queridos amigos, por
la incuestionable calidad humana que nos une.
Salud.
¡Rata!
Hoffman, permítame felicitarle.
Tus fiestas siempre contienen el equilibrio perfecto entre
la gente que tienes que invitar y la que quieres invitar.
Gracias Sr. Bettancourt. Ahora ya no tendrán excusas.
Estoy seguro de que firmarán.
Y si no lo hacen, siempre nos quedarán los payasos de la izquierda.
Espero que no tengamos que llegar a eso. Pero si no hay otra opción, no importa.
Katia, ¿no podrías ponerte algo menos...?
¿Menos yo? Por supuesto. ¿Pero dónde está la diversión en eso?
Si no tienes nada de lo que quejarte, no te lo pasas bien.
Tienes la lengua demasiado larga. Al menos deja el longboard en el guardarropa
y habla con los invitados. Muchos de ellos son clientes importantes.
Tus clientes, no los míos. Y ni siquiera estoy en mi casa. ¿Por
qué tengo que hablar con alguien? ¿Por qué tengo que estar aquí?
¿Porque yo lo digo? Si quieres que te dé permiso para ir al
concierto la semana que viene, sé buena y haz lo que te digo.
Así está mejor. Espera un par de horas y luego nos iremos a casa.
Tienes que practicar este tipo de torturas; cuando
tengas mi edad tendrás que soportarlas con regularidad.
Si llego.
No creo que merezca la pena pasar tiempo con gente que no está
interesada en probar cosas diferentes. No sé, quiero seguir buscando.
Te entiendo muy bien. Pero cuando sales ahí fuera es como
estar completamente sola; esa «búsqueda» les suena a chino.
Sí. Sola, rodeado de gente.
¿Crees que sería más fácil si estuvieras en medio de la nada?
Pero cuando hay alguien que da órdenes, la mayoría de la gente
tiende a obedecer, sin considerar el porqué de las cosas.
Pasamos el día hablando de la libertad, del arte, del espíritu humano,
el crepúsculo de los dioses, la estupidez del funcionariado y la tasa de paro.
Siento haberte metido en este jaleo, Lur.
- ¿Es idea tuya? - Por supuesto que no.
Entonces no me pidas disculpas. Estamos juntas en esto; lo arreglaremos.
Gracias. ¿Sabes? Conocerte es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Yo también me alegro de haberte conocido.
El camino es más fácil si no estás sola.
Ura, esto se mueve,
Podemos escalar una montaña. Quizás veamos algo.
O a alguien.
Esto es una mierda.
¡Esto es una puta mierda! ¿Por qué nos hacen
esto? ¿Se divierten atormentando a la gente?
Lur, ni siquiera sabemos si fueron ellos.
Sí, claro; entonces es que unos marcianos nos han
abducido. Mira... Sólo quiero salir de este desierto.
Pero tienes que tener un poco de paciencia,
Lur. Si no, nunca llegaremos a ninguna parte.
No me digas eso por favor. Es lo que mi
padre siempre me decía, y yo no lo soportaba.
Hola.
Estamos perdidas. ¿Hay alguna ciudad o pueblo cerca de aquí?
Tal vez ella no habla nuestro idioma
O quizás no sabe hablar.
Deberíamos llevarla con nosotros.
No sabemos quién es ni qué hace aquí. Es mejor continuar sin ella.
¿Qué hace en medio del desierto?
No lo sé. Pero parece saber adónde va.
¿Por qué piensas eso?
Está mirando el suelo, y no buscando algo en la distancia, como nosotras.
Tal vez esté loco.
¿Eneko?
¿Dónde quieres ir?
Quiero irme de aquí.
No has respondido a mi pregunta. Sin un objetivo claro
caminarás en círculos. Y ya sabes lo que eso significa.
Queremos volver a casa.
No puedo ir a casa. Pero quiero ir al mismo sitio que Ura.
Síguela.
Nunca hablamos de la moral de nuestras acciones.
¿Y ahora? ¿Sigues sin creer que fueron ellos?
No lo sé. Pero creo que no son los mismos.
Había alguien como ella en la fiesta.
Antes de entrar en la tienda. ¿No te acuerdas?
Uno o dos amigos con los que compartir la soledad.
Al menos podemos defendernos de alguna manera, pero ¿qué pasa con la pobre Luna?
¿Luna?
Es lo que ha escrito en el papel que le ha dado a Eneko. Luna.
Todos pensábamos que lo que decía era cierto.
Sandra.
Menos mal que te encontramos.
¿Y qué habéis traído?
No quiero decir que esto nos libere de parte de la culpa.
No queda mucha luz.
No puede ser.
No puede ser.
¡Pero si estaban aquí hace un minuto!
Tienen que estar escondidos en alguna parte.
Esto es absurdo.
Pero, ¿qué queréis de nosotras? ¿Por qué nos sigues?
Aunque no fueran nuestras ideas, teníamos elección.
Podríamos haber roto el círculo, dejarles escapar.
Hay agua.
Podemos descansar aquí.
Abandona la tierra de la irrealidad por tu verdadera
estación y habita bajo la sombra del árbol del conocimiento.
¡Oh tú, querido! Empobrécete, para que puedas
entrar a la sublime corte de las riquezas;
y humíllate, para que puedas beber del torrente de la gloria.
Has tenido suerte encontrando el manantial. Se
necesita una sensibilidad especial para encontrarlo.
A veces adopta formas insólitas: una colina que siempre está
lejos, un espacio entre dos árboles, un camino que nunca elegimos.
En realidad has sido tú quien nos ha guiado hasta este sitio. ¿Por qué nos seguías?
No os estaba siguiendo. Iba por mi camino.
En el desierto no hay caminos.
No, pero cada uno tiene su propio camino. Yo sólo seguí el mío.
¿Conoces a Luna?
Nos hemos visto antes, en otra ocasión.
Perdió el habla hace mucho tiempo, y desde
entonces tiene miedo de ver gente a lo lejos.
No reconoce a la gente.
Pero se ha quedado muda, no ciega.
No he dicho que no pueda reconocer a la gente porque sea muda.
¿Hay algún lugar por aquí donde podamos orientarnos?
Puedo acompañaros a una puerta. No está lejos. Desde
allí el truco es llegar al lago y seguir su línea.
De esta forma acabaréis llegando a algún lugar habitado,
sin el peligro de caminar en círculos por el desierto.
Pero eso será mañana. Es hora de dormir.
Hay muchas otras formas de entender que no conllevan tanto dolor.
Ya casi hemos llegado.
La última vez dejé algo aquí para hacer fuego, pero
ya no está. Supongo que alguien lo habrá usado.
¿Necesitamos hacer fuego?
Es para la luz.
Eso nos ayudará.
Espero que la batería dure.
Espero que no haya ratas.
Tened cuidado en esta parte. Si alguien se cae aquí no podrá salir.
¿No hay una forma más fácil de cruzar las montañas?
Supongo que hay caminos que van por encima. Pero no tenemos lo que hace falta.
¿Valor?
Ropa de abrigo.
No sé si prefiero la nieve... Este lugar me pone la piel de gallina.
Aquí no hay nada malo, si no lo traes tú. No hay nada que temer.
¿Has oído eso?
¿Cómo?
Un grito o algo así.
Es el viento que juega entre las montañas. No te preocupes.
¿Qué ocurre?
Pensaba que me ibas a dejar sola ahí dentro.
No digas tonterías. ¿Por qué iba a dejarte sola?
Todo el mundo lo hace, ¿no?
Hasta aquí puedo acompañaros. Si atraviesas la puerta
y sigues en línea recta, en unas horas verás el lago.
Gracias por acompañarnos, Eguzki. Sin ti nos habríamos perdido aún más.
O quizás habríais llegado a algún lugar más interesante.
¿Nos volveremos a ver?
Claro, pero no en este lugar.
Anoche el empresario Jesús Hoffman se encontraba en su casa, atendiendo a medio
centenar de invitados que habían acudido a participar en un acto benéfico,
con el fin de recaudar fondos para los más afectados por
el tsunami que asoló el sudeste asiático hace un mes.
Ya es suficiente. Así que a la mierda la huelga
de mañana. Ahora no hay ganas de protestar.
¿Por qué asesinar a ese buen hombre, que intentaba recaudar dinero para los pobres?
Aunque todavía no se ha podido confirmar quién estaba realmente en el edificio,
en la lista de invitados figuraban otros hombres de negocios de renombre,
así como varios miembros del gabinete de
ministros, y el propio presidente de la nación.
Otros líderes políticos del país ya han
mostrado su rechazo y condena a esta acción,
y aseguran que no se dejará piedra sin remover en la búsqueda de los culpables.
¿Qué estás haciendo?
Soy la lluvia que cae sobre la tierra. ¿Te acuerdas?
Podríamos subir esa colina. Seguro que hay algo.
Creo que sería mejor hacer lo que nos dijo Eguzki:
caminar en línea recta hasta llegar a algún sitio.
No nos vamos a perder.
Lo intentaremos mañana, ¿vale?
¿Eres buena amiga de Lur?
Los celos no son buenos, Ura. Nos llevan a hacer
y decir cosas de las que luego nos arrepentimos.
No sé a qué viene eso. Mi amistad con Lur no es incompatible con otras personas.
No te enfades. Te lo digo porque creo que eres
una buena persona y mereces ser aún mejor.
Si me enfado es porque dices tonterías.
No te preocupes. Me quedaré poco tiempo con vosotras, y
pronto todo volverá a ser como antes, para bien o para mal.
Es como si este lugar nos estuviera diciendo algo.
¿A qué te refieres?
Aquellas conchas que había recogido en la arena
eran mi pequeño tesoro, algo hermoso que admirar.
Pero cuando el mar se las llevó no me sentí triste: me dejó algo igual de hermoso.
Puede ser que, puesto que no podemos ver el final del camino,
no debamos sufrir cuando ocurre algo que nos parece malo.
Es más fácil decirlo que hacerlo.
¿De verdad tienes que lavarle la ropa?
Repetimos las ideas que habíamos aprendido, repetimos los gestos que habíamos ensayado.
Caminamos sobre las líneas que nos habían trazado en mapas y planos.
¿Pero qué haces? ¿Estás loca?
¿Qué? ¿No lo hacías en serio? No digas estupideces.
Lur, la prefieres a ella.
Supongo que crees que merezco morir, ¿no?
No quiero volver a verte nunca más.
¿Estás bien?
Lo extraño es que, a medida que avanzaban en su camino,
nuestra conciencia de pertenecer a este mundo era cada vez más difusa.
Esto no puede ser. Hemos caminado en línea recta.
¿Te consideras una pequeña y débil forma,
cuando dentro de ti está plegado el universo?
¿Y la historia termina así?
Si quieres entrar en el agua sólo tienes que ahogarte primero.
¿No tienes miedo de que se pierdan en la hierba?
Bueno. Tal y como yo lo veo, estas bolas ni siquiera existen.
Y si existieran, no serían mías para perderlas.
¿Y tú de qué tienes miedo?
Al dolor. Haga lo que haga, siempre acabo sufriendo.
Si quieres entrar en la torre vas a tener que soltar mucho lastre primero.
Y muchos de nosotros olvidamos quiénes éramos en realidad.
Y llegó el momento en que la puerta se abrió.
Suena difícil. ¿Qué hizo después?
Lo dejó todo. Era demasiado difícil seguir caminando
así, arrastrando el peso de todo lo que había hecho.
Y así fue como regresó al lugar donde todo
había comenzado. Había dejado atrás el dolor,
amor, amistad, arrepentimientos.
¿Y no se sentía vacía?
Tal vez no debería haber empezado.
¿Por qué piensas eso?
No estaba preparada.
Creo que, en el fondo, nadie lo está. Pero no se trata
de llegar a la meta, sino de caminar hacia ella, ¿no?
Para eso están las utopías, para caminar.
¿Quién dijo eso?
¿Importa?
Supongo que no. Al final, nada importa.
Ni tú misma te crees eso. ¿Qué importa?
¿Importa el dolor que has sufrido? ¿Importan las heridas que te han
causado? ¿Importan la ideología, los prejuicios, lo que diga la gente?
¿Qué importa?
Importa lo que hagamos a partir de ahora.
Sí.
Y podríamos volver a nuestro hogar, a nuestra vida,
bajo el espejismo de haber ayudado a alguien
a dar un paso más, a ver las cosas como son.
Y sin embargo, la mayoría de nosotros
estábamos perdidos, y no sabíamos cómo volver.
Sólo un puñado de idiotas despistados
fueron capaces de volver a cruzar el umbral.
Ellos fueron los que nos ayudaron a volver. A pesar de todo lo que habíamos
hecho, a pesar de que estaban a punto de olvidar, de ser olvidados, de morir...
No sé si eran conscientes de hacerlo o no,
pero yo no estaría aquí si no fuera por ellos.
Así que haz lo que tengas que hacer. Sea lo que sea, nos lo merecemos.
No hay un solo acto heroico en nuestra historia que pueda redimirnos.
Esto tiene mala pinta.
¿Entonces?
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