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El Ministerio de Salud ha presentado nuevas cifras oficiales.
Confirmó cerca de 37 000 contagios
y más de mil fallecidos a la fecha,
por lo que el gobierno ha decidido extender las medidas de confinamiento
y el toque de queda nocturno
entre las 9 de la noche y las 4 de la mañana.
Orlando.
Señor Ramón, ahí lo están esperando.
¿Señor Ramón Alcocer?
Por favor, verifique que todo esté correcto.
Rodrigo.
Hola.
Tanto tiempo.
Perdona que te mande este audio, sé que no debería.
Es que...
¿Puedo verte?
Un rato nomás.
No tiene que cambiar nada.
No tiene que significar nada.
Solo verte.
Me avisas si es posible.
Un beso.
Un abrazo.
Les da miedo contagiarla.
Las dos viven aquí en Madrid, pero...
Por la pantalla nomás le hablan.
La mayor la llama todos los días. Rosa.
La otra, de vez en cuando nomás.
Qué suerte que te tiene a ti.
Y ahora, sin tus caminatas, ¿qué estás haciendo?
Nada, pues... ¿Qué puedo hacer?
A veces salgo a comprar por aquí, me doy una vuelta...
Pero no me gusta dejarla sola mucho rato a la señora.
Tú no estarás saliendo, ¿no?
No uses esos cubrebocas de tela. Esos no protegen nada.
Ya conseguí una caja de las quirúrgicas.
Horribles son. Todas aburridas.
Pero esas sí te protegen, hijo.
¿Para qué van a ser bonitas?
Ya sé, ya.
-¿Estás tristón, Ramoncito? -No.
No, no estoy triste.
¿Tú estás triste?
Sí, claro. Me da pena.
Que haya estado solo, sin nadie.
¡Hey!
Contesta, pues.
Ya sé que no debo llamar.
Ya sé, ya...
¿Puedo verte?
¿Puedes venir?
¿Ahora?
Orlando.
¡Rodrigo!
¡Rodrigo!
¡Rodrigo!
-Señor, ¿no sabe que hay toque de queda? -Soy vecino, ya me voy.
-No puede estar acá, señor. -¡Rodrigo!
-¿Nos acompaña a la comisaría? -Ya me voy.
-¿Cómo dices? -¡Rodrigo!
-¡Suéltame! ¡Soy vecino! ¡Déjame! -Venga, carajo.
-¡Oye! -Entra ahí, carajo.
¡A ver, de pie!
¡Rápido, de pie!
Me hacen una fila india y me acompañan a la puerta, ¿ya?
¡Mantengan su distancia en tres metros!
-469... -Ya.
373...
-Número 3... -Orlando.
-Ahí tiene su llave. -Vale. Muchas gracias.
-Hasta luego, buen día. -Ya.
¿No estaban cerrados los aeropuertos?
Sí, yo vengo del hotel donde he pasado las dos semanas de cuarentena al llegar.
-No, no. -No, dale tú, que vas con mochila.
No, y tú estás...
De verdad, por favor.
-Bueno, yo soy Mateo. Encantado. -Ramón.
Cientos de personas que emigraron a trabajar a Lima, la capital de Perú,
buscaban el lunes regresar a sus pueblos
luego de que la cuarentena que se aplica en el país por el nuevo coronavirus
les dejara sin trabajo para solventar sus gastos.
Están caminando desde las cuatro de la mañana, están de hambre...
Hola, Ramón.
Hola, prima. No pude llamarte antes.
No te preocupes, primo.
Lo que pasa es que...
todavía no lo puedo creer.
Me da tristeza lo de mi padrino, que se haya ido así, que esté solito.
Y también estoy pensando mucho en ti.
¿Cómo está mi tío?
Igual. Callado. Era su hermano mayor, pues.
Su único hermano.
Ahora justo estábamos revisando unas fotos, un video.
Ahí justo te acabo de mandar.
Bueno, yo quería hablar contigo...
porque, como no ha habido sepelio,
estaba pensando en organizar algo virtual para que despidamos a tu papá.
Seríamos solo nosotros y los amigos más cercanos de mi padrino.
Poca gente nomás.
Mira, prima, yo te llamaba porque ayer me entregaron sus cenizas.
Yo creo que lo mejor es que ustedes las tengan.
Sus amigos están allá.
Él nació allá, es su tierra.
Aquí en mi departamento...
Nunca vino.
Sé que ahora es muy complicado mandarlas a Mito, pero
no sé, quizás en algunos días la situación cambie.
Sí, bueno...
De todas maneras, quisiéramos honrarlo.
Bueno, prima, me avisas. Yo te voy contando.
Yo te quiero mucho, primo.
Te cuento cualquier cosa, prima. Cuídate.
¿Dejaste los cuadros?
Sí.
¿No te vas a quitar eso?
¿Cómo estás?
Bien.
¿Seguro que estás bien?
Sí.
¿Estás tan bien que me vienes a buscar en la madrugada a mi apartamento?
Necesitaba verte.
Necesitaba estar contigo.
Ramón.
Ramón.
No puedo regresar a lo de antes.
Después hablamos.
-Quédate. -Suéltame.
-Quédate. -Suéltame.
-Quédate. -¡Suéltame!
Suéltame.
Hola.
Ramón, ¿no?
Mateo.
-¿Interrumpo algo? -No, no.
No te quiero molestar, pero es que he llegado a mi piso y no hay nada.
Entonces...
¿Que no tienes nada de comer?
No, la comida no es problema. Es que no hay nada de nada de nada.
Y me preguntaba, ¿no tendrás un saco de dormir o una colchoneta
o algo que me puedas dejar mientras veo cómo organizarme?
-¿Seguro? -Sí.
-No estaré dejando sin colchón a nadie. -No, aquí no se queda nadie.
Vale, pues mil gracias.
Ahí está.
-¿Te importa si me la...? -Vale.
Pues esto que ves es lo que hay.
Me dijeron que estaba desocupado, pero no me imaginaba que fuera literal.
Aunque, bueno, es un favor que me han hecho
y tampoco me puedo quejar.
¿Y a qué venías a Lima?
En realidad iba a Ucayali.
-¿Ayahuasca? -No.
No, iba a visitar unas plantaciones forestales.
Por un tema de la empresa de mi familia.
Entonces, te has quedado varado en Lima.
-Varado es colgado, ¿no? -Sí.
Pues sí, completamente.
¿Y tú? ¿Te has quedado muy parado con todo esto?
Estoy trabajando remoto. Trabajo para una firma de auditoría.
-Eso no para ni en pandemia, ¿no? -No.
Qué cabrones.
¿Y qué haces?
-Ajusto cuentas. -¡Epa! Suena duro eso.
No soy socio, soy un asociado senior.
O sea, que menos que socio.
Definitivamente, menos que socio.
¿Y tú? ¿Fotógrafo?
¿Menos que fotógrafo?
-¿Y tú cómo lo estás llevando? -¿Yo?
Acá...
Bueno, no he estado encerrado con un desconocido dos semanas.
Pero mi papá se murió el fin de semana
y me trajeron sus cenizas ayer.
Hostia, joder.
Lo siento.
No.
¿Ha sido por el virus?
Un infarto.
-Lo siento mucho, tío. -No.
Hacía mucho que no nos veíamos.
De hecho...
No sé, estábamos como...
desconectados.
-¿Y la maracuyá? -Seis el kilo.
Dame medio.
-¿Quieres? -No, esta semana no.
Más bien, te quería hacer una consulta.
¿Tú conocerás a algún camionero de confianza
que tome ruta así como para Huancayo?
¿Huancayo?
Sí, es para enviar una encomienda a unos familiares.
En el mercado central quizá encuentre.
-¿Cuánto te debo? -38.
Ahí está.
Quizá te puedo averiguar lo del camión.
¿De verdad?
Te dejo mi número.
No, no. No son créditos.
Es una garantía. El Estado garantiza hasta el 98 %.
O sea, prácticamente todo.
Está buena.
-Está buenísima. -¡Joder! ¡Está que flipas!
Esto es histórico.
Estamos viviendo un momento histórico.
No estamos viviendo. Estamos encerrados.
Pero hay una libertad en todo esto.
-¿Qué libertad? Estamos encerrados. -Estamos liberados de la vida ordinaria.
De la vida de siempre.
Yo extraño la vida de siempre.
Yo no.
A esta hora, esto sabe mejor que mi tortilla.
A cualquier hora.
¿Papá? ¿Qué pasa?
-Hola, Teito. ¿Cómo estás, hijo? -Bien, yo bien. ¿Vosotros bien?
Estamos bien, encerrados. Pero dentro de todo...
Joder, me has asustado. Son las dos de la mañana aquí.
Vaya, lo siento. Estamos bien.
Quería saber si tienes ya alguna novedad.
¿Novedad de qué?
Si has hablado ya con el consulado.
Ah, no. Lo tengo pendiente. Mañana lo miro.
Que te pongan en la lista del primer vuelo humanitario.
Primero voy a dormir. Mañana ya os llamo y hablamos con calma.
Buenas noches, tío. Me voy ya.
Espera, Mateo.
Bueno, hasta mañana.
Tío, para, para.
Para, para.
¿Qué haces, tío?
-No, ¿qué haces? -Perdón.
¡Joder!
El otro día me preguntó por un personaje.
"¿Dónde está el guapo? ¿Qué es de él?"
Yo no sé, pues, cómo se lo imaginará.
Que hace tiempo no sabía de él, que lo extrañaba.
A veces también le canto.
Una niñita parece.
¿Y qué le cantas?
¿Dónde se duermen los ojos chinitos?
Cariño bonito, ¿por dónde andarás?
Siento que vienen tus pies chiquititos,
cariño bonito, ¿cuándo volverás?
Duele tu ausencia, acá estoy solito.
Cariño bonito, ven, ven, te quiero más.
Si no sabes que te necesito,
pasa un ratito por mi soledad.
Yo sé que al verme cantando solito,
cariño bonito, tendrás que llorar.
Yo sé que al verme cantando solito,
cariño bonito, tendrás que llorar.
No voy a querer molestarlo,
pero necesito saber si va a querer seguir alquilando
el cuarto que ocupaba su papá.
No, en realidad no.
Porque es que tengo un señor interesado
y yo de verdad estoy necesitando ese ingreso.
Entonces, necesito que recojan sus cositas,
porque yo no tengo dónde ponerlas.
Y tengo que disponer del cuartito cuanto antes.
Hoy mismo, si es posible.
Uy, no, señora. ¿Pero cuántas cosas tendrá?
Hola.
Hola.
Necesito pedirte un favor.
Pero primero quería disculparme contigo por lo de anoche.
Me puse un poco necio.
-¿Necio? -Jodido, pesado.
Ah, sí, eso sí.
Pero bueno, tranqui. Si tampoco pasó nada.
-Bueno, eso fue tu culpa. -Joder.
¿Qué quieres?
-En distrito, ¿qué pongo? -Los Olivos.
-"Motivo de la licencia". Trámite, ¿no? -Sí, ponle trámite.
Ha llegado a su destino.
-Buenas. -¿Qué tal?
-Adelante. -Gracias.
-Hola. ¿Qué tal? -Adelante.
Pasen, por favor. Es hasta arriba. Suban.
-Hola. -¿Qué tal?
Hasta arriba.
Hola, permiso.
-¿Y esto? -Es su máscara de huacón.
La huaconada es una danza tradicional de Mito, el pueblo donde nació.
Allí los huacones a inicio de año salen a la plaza con su látigo
y castigan a las personas que necesiten limpiar sus culpas.
Impresiona.
¿Y vas mucho?
Cuando era niño.
¿Paramos un momento?
Un minuto.
Mírame.
Es un fotón, ¿eh?
No quiero.
Hostia, pareces James Dean, tío.
-El James Dean peruano. -¡Ya! No, no quiero.
Cuando era niño, mi papá trabajaba mucho.
No paraba en casa.
Entonces, yo le dejaba notitas en la puerta de su cuarto.
Todas las noches le llevaba una notita.
"Hola, papi", le ponía.
Con el "hola" así sin hache.
Me dibujaba a mí y a él, a un costado.
Y abajito ponía:
"Ramón...
y Ramón".
Al otro día me levantaba tempranito.
Me iba a la puerta de su cuarto para ver si me había contestado.
Y sí me contestaba.
Me ponía también...
un dibujito.
O si no, me ponía: "Hola, hijo", sin hache.
Y él también firmaba.
"Ramón y Ramón".
Pero una noche se acabó todo.
Mi mamá salió de su cuarto y me pidió que arrancara todas las notas.
Estaba con los ojos rojos
y estaba bien molesta.
Yo no sabía qué había pasado.
"Saca todo eso, ándate a dormir".
Y después de ese día, mi papá ya no vino.
Lo veía bien poco, de vez en cuando, pero ya no venía.
Yo creo que cinco o seis años después,
yo estaba en mi casa un día, con un amigo,
mi mamá se había ido a la tienda,
y se aparece mi papá.
Flaco estaba.
Tenía una camisa blanca,
bien planchadita, limpia.
Y había traído un queso.
Lo pone en la mesa,
lo parte en trozos
y empezamos a comer los tres.
Y me acuerdo que...
que mi amigo siempre me jodía.
Cada vez que me jodía, yo me acercaba a él, a su cara
y chocábamos nariz con nariz.
Me estaba jodiendo porque estaba comiendo el queso.
Y me acerco y le doy un beso.
Y volteo y mi papá me estaba mirando.
Horrorizado.
Con asco.
Decepcionado.
Como si lo hubiera traicionado.
Y yo sentía que me faltaba la respiración con su mirada.
Entonces yo subo corriendo a mi cuarto,
me encierro
y me veo en el espejo.
Mañana salgo. Tráeme las cosas tempranito.
No hay nada frágil, ¿no?
No, es una maletita con un atuendo tradicional
y un recipiente como de cerámica, mármol, algo así.
Ya, lo envuelves bien, nomás.
-Es una urna. -Ya, está bien. Está bien.
Son las cenizas de mi padre.
Eso tenías que habérmelo dicho antes.
Yo no te puedo cobrar, hermano.
¿Qué te voy a cobrar?
Tráelo mañana.
Y tranquilo, que yo te lo llevo...
bien cuidadito.
-Hola. -Hola.
Me han confirmado un sitio en el vuelo humanitario.
Salgo mañana.
Te vas a quedar solo, tío.
Bueno, son buenas noticias, ¿no?
¿El qué?
Que te puedas regresar pronto.
Sí, bueno...
No sé.
Para mí esto de la pandemia y el confinamiento
está siendo un poco como la cortada perfecta, ¿sabes?
¿Cómo?
Sí, pues... No puedo seguir con mi vida.
Me han enterrado.
Y menos mal, porque no tengo ni puta idea de qué hacer con mi vida.
Pero de repente llega el vuelo humanitario al rescate.
Yo me siento como el náufrago que está en una isla desierta
y ve aparecer un barco a lo lejos.
Y empieza a hacer gestos desesperados
pero para que se vaya.
Tampoco me quiero quejar porque está todo bien, es solo que...
¿Quieres irte?
Acompáñame a Mito a llevar a mi padre.
Son...?
¡Tranquilidad! ¡Calma, por favor!
Tengan un poco de calma.
Unos pasos atrás. Vamos a abrir la puerta. Calma.
-¡La escalera! -Cuidado.
-Vamos uno por uno. -Con calma.
Gracias.
-Mucha suerte. Buen viaje. -Chao, cuídense.
Adiós, Luciano.
El jueves debo regresar a Lima. Cualquier cosa, me llamas.
-Gracias por todo, César. -Muchas gracias.
-Nos vemos, cuídense. -Que vaya bien.
Vamos. Vamos, Félix.
¿Te ayudo?
No. Vamos.
Prima.
Ramón.
Lo siento mucho, primo.
-Estoy bien. -Lo siento mucho, de verdad.
¿Cómo es que estás aquí? Mira qué sorpresa.
Mejor esperamos a mi papá.
¿No está mi tío?
Está en la chacra, pero regresa en la noche.
Ya.
Mateo, mi prima Verony.
-Hola. ¿Qué tal? Mucho gusto. Perdón. -Encantado.
Pasen, por favor.
-¿Quieres...? -Yo lo llevo, yo lo llevo.
-Vamos. -Pasen.
¿Cuál de los dos es tu padre?
El de la derecha.
Os parecéis.
Le mandé un mensaje a mi papá para contarle que llegaste.
Falta ver si lo lee nomás.
-Matecito para la altura. -Gracias.
Mi padrino cuando venía, yo le preguntaba por ti.
"¿Cómo está mi primo?", le decía. "¿Cuándo viene?"
"No sé", me decía, "cuándo vendrá".
¿Y el gringo?
Tu novio es, ¿no?
-No. -Sí es tu novio.
No.
-¿No? -No.
Qué pena, quería que sea tu novio.
Pero sí tienes novio.
No, no tengo tengo.
¿Por qué?
-Cómo eres, ¿no? -Quiero saber, pues.
Sal.
Bonitos son.
Ese Poseidón me alucinaba.
Además, cuando era niño,
hasta le rezaba.
Cuando se celebra la huaconada, esto se repleta.
Toda la gente del pueblo viene.
La plaza me parecía el lugar más gigante del mundo.
Y empezaba a sonar la tinya.
Y de ahí sonaban los saxos, los clarinetes, los violines.
Y empiezan a aparecer los huacones,
enormes, fuertes,
con sus máscaras, con esa mirada dura,
con sus capas, su látigo.
Y empiezan a hacer un movimiento...
es bien particular porque pareciera que fuera juguetón,
pero al mismo tiempo es atemorizante.
Y se desplazan por toda la plaza
y abren los brazos como si fueran cóndores.
Ahora todo me parece como de cartón.
Ya llegó mi papá.
Quisiera estar conmigo
en mi última morada
para tener un cariño
donde nadie tiene nada.
Ay, la vida
se me está yendo como se fue mi suerte,
poco a poquito,
pero eso no me hará llorar.
A mí jamás me acobardó la muerte.
El olvido,
lo que sí me hace temblar es el olvido.
Llegará el día en que no me han de recordar.
Pobre, ay de mí, ni mis seres más queridos.
Pobre, ay de mí, ni mis seres más queridos.
¡Ramón Alcocer!
¡Presente!
Buenas noches, tío.
Buenas noches, Julián, Venancio.
Ramón
El mismo nombre de tu papá.
La misma mirada triste también.
Un amigo, Mateo.
Siento mucho la pérdida de su hermano.
Me comentó Verony que no quieres conservar las cenizas de tu papá.
Creo que es mejor que estén aquí.
Primo, ¿quieres decir unas palabras?
Padrino Ramón,
Bienvenido de vuelta a tu casa,
donde naciste,
donde creciste,
donde tantas veces cantaste
y lloraste.
Tantas cosas me enseñaste con paciencia, con amor.
Nunca te dije, pero por ti es que soy maestra.
Nunca me voy a olvidar de ti.
Te quiero mucho.
-¡Ramón Alcocer! -¡Presente!
Amigo Ramoncito.
¿Cuántas veces hemos correteado?
¿Cuántas veces hemos cantado?
¿Cuántas veces hemos bailado?
¿Cuántas huaconadas?
¿Cuántos años?
¡Ramón Alcocer!
-¡Presente! -¡Presente, carajo!
Apreciado caporal,
estimado paisano,
querido y recordado amigo,
fuiste tú quien me dio los tres latigazos para mi primera huaconada.
¿Te acuerdas? 1977.
Y desde entonces nunca hemos dejado de venir.
El año que viene estarás en espíritu.
¡Ramón Alcocer!
-¡Presente! -Presente, carajo.
Hermano mayor,
hermanito mío.
Cuando nací, tú ya estabas aquí.
Qué hacer, cómo hacer,
todo lo aprendí de verte a ti.
Cuando joven te fuiste a Lima buscando trabajo,
me sentí perdido por primera vez.
Pero siempre volviste
a visitar a la mamá,
a participar de la huaconada.
Después, a acompañarme
en mis años malos,
cuando quedé viudo y no sabía seguir.
Siento...
como si otra vez te hubieras ido a Lima.
En estos días sigo pensando...
"¿Cuándo será que regrese mi hermano Ramón?"
En los primeros años todo lo aprendí de ti.
Me sentía bien
cuando estabas cerca.
Todos los años veníamos por la huaconada con mi mamá
y te esperábamos en la plaza.
Desde lejos yo ya reconocía tu máscara.
Y llegabas bailando.
Parecía que flotabas.
Y le dabas latigazos a todos los que se ponían en tu camino
y los abrazabas.
Bailando, castigando y abrazando.
Pero un día viste algo en mí que no te gustó.
Algo que nunca quisiste aceptar.
Algo que yo siempre quise mutilar para seguir siendo tu hijo.
Cuando tenía 18 años fui a Huancayo.
Nadie se enteró.
Lo hice por mi cuenta.
Fui por Año Nuevo y me emborraché.
Y al otro día vine a Mito.
Me fui a la plaza
y desde lejos reconocí tu máscara.
Y me planté delante de ti.
No me reconociste.
Alto levantaste tu látigo.
Y ahí te diste cuenta que era yo.
Y te fuiste.
Te fuiste.
No dudo que fuiste un gran padrino,
un gran amigo,
un buen hermano.
Pero conmigo te seguiste de largo.
Ramón Alcocer.
Presente.
¿Qué haces?
Quítatela.
Quítatela.
Quítatela.
¿Ramón?
-Tío, buenos días. -Buenos días, Ramón.
Pasa, siéntate.
Una sola vez vimos a ese señor tu papá y yo.
Yo ni había nacido cuando se fue.
Años después, tu papá tendría siete y yo cinco,
la mamá nos dice:
"Su papá ha venido y está ahí en la esquina.
Vayan a buscarlo, pues".
Tu papá fue a buscar un peine y se peinó mirándose
en el reflejo de ese aparador.
Perfecta se hizo su raya tu papá,
derechita.
Después vino y me peinó a mí.
Luego me tomó de la mano y los dos nos fuimos a la esquina.
Ahí estaba él,
sentado en una piedra.
Paraditos nos quedamos mirándolo.
Tu papá fuerte me tenía de la mano.
Su mano le sudaba,
hasta ahora me acuerdo.
Nunca más lo volvimos a ver.
Yo no estoy molesto contigo, Ramón.
Tú estás molesto con tu papá.
Y está bien, lo entiendo.
Él ya no estaba para arreglar las cosas.
Ya no.
Es así.
Ahora solo estás tú.
Puedes venir aquí cuando quieras.
Esta también es tu casa.
¿Qué?
Me estaba acordando de la primera vez que te vi entrando en tu edificio.
Estabas hecho un desastre, macho.
Estaba mal.
Quién te ha visto y quién te ve.
Oye.
Yo me voy a quedar.
Voy a seguir mi viaje desde aquí.
Que tengas buena vuelta.
¿Te vas a Ucayali?
Puede ser.
Te va a ir bien.
Y a ti.
Toma, las llaves de mi piso, para que recuperes tu colchón.
Luego se las das al portero, ¿vale?
-Gracias por todo. -No, gracias a ti.
Cuídate. Cuídate mucho.
¡Ramón!
Te voy a echar mucho de menos.
Va, venga. Va.
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